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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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20 enero 2013 7 20 /01 /enero /2013 23:01

Criterios para la Evaluación de una Propuesta de Proyecto Educativo*.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

14 ene 13.

 

Introducción.

 

Nada más complejo que el fenómeno educativo, no sólo porque en él convergen todos los aspectos de la naturaleza humana, tanto en su forma social como individual; sino porque, además, no es un fenómeno externo del cual el educador o el investigador queda a distancia para poder examinar, sino en el que él es parte del problema.  Pero, a la vez, nada más trascendental en la vida de la sociedad, puesto que de la educación; en cualquier sentido que sea, dicho en sentido amplio, y más aún cuando ésta se refiere a su parte formal de preparación científica en cualquiera de sus campos; depende la misma garantía de la sobrevivencia de la sociedad, e incluso de la continuidad misma de la especie humana.

 

En ese sentido, de la educación haremos, o un arma para la emancipación humana contra las fuerzas oscuras; o el más sutil medio de control para su alienación, esto es, por lo que ello quiere decir, para confundirla y poner al conjunto de la sociedad al servicio de los intereses de unos cuantos detentadores del capital, que la han despojado de su poder y su riqueza.

 

Evaluar (de ex, extraer; y valuare, valor), es considerar aquello que hay de valioso, en este caso, en el sentido de lo valioso no como el valor económico o material, sino como lo bueno para la sociedad, e implica, en principio, definir, precisamente, lo que es socialmente bueno.

 

Lo que determina aquello que ha de ser bueno para la sociedad es, pues, el patrón de referencia para juzgar acerca de lo valioso, de manera especialmente importante, en este caso, en su educación formal.  De ahí que se suela decir que, <<evaluar es “medir”>> (donde “medir” no implica necesariamente una referencia numérica, pudiendo ser un simple recurso comparativo cualitativo), toda vez que esa valoración se hace, precisamente, con respecto a la comparación con un “patrón de referencia o medida”.

 

De este modo, evaluar la propuesta de un proyecto educativo, cual fuere, implica que antes tengamos, así sea puntualmente en general, una firme idea de la educación que juzgamos buena para la sociedad.  Esa “firme idea” no es otra cosa que un criterio o juicio científicamente fundamentado (ese será nuestro “patrón de medida” para valorar).

 

Existen en el pensamiento humano tres –y sólo tres– tipos de juicios de valoración: 1) el intelectivo, referido a la razón o y la ciencia; 2) el moral, relativo a lo bueno social; y 3) el estético, el cual se hace respecto a lo bello y a la naturaleza humana.  Y en cuanto a la valoración educativa, los tres juicios se hacen obligados.  En este breve apunte, nos habremos de referir muy puntual y generalizadamente, al contenido esencial de cada uno de esos tres juicios, que han de formar nuestros criterios científicos fundamentados a aplicar a la valoración de una propuesta de proyecto educativo.

 

 

 

1         Juicio Intelectivo.

 

a)      Teoría del Conocimiento y Criterios de la Verdad.

 

Debemos decir que, en principio, hablamos aquí de la teoría del conocimiento como la teoría del reflejo, y de la “ciencia de la modernidad ilustrada”, esa ciencia galileano-kepleriana y baconiana-cartesiana, la cual se rige por los criterios de la verdad, en tanto que la ciencia es el único conocimiento susceptible de ser verdadero, y que tiene en ello su finalidad al servicio de la sociedad.

 

La fuerza de la dialéctica materialista, está precisamente en que su teoría del conocimiento (gnoseología o epistemología), se identifica plenamente con los criterios de la ciencia (o de la ciencia de la modernidad ilustrada, si se ha de ser precisos).

 

En la teoría del conocimiento dialéctico materialista, la relación del sujeto pensante con la realidad, se define como una relación  “sujeto-objeto”, donde el sujeto, mediante sus sensaciones o aparato sensorial, percibe la realidad el mundo de los objetos materiales (ya sea que la realidad se le eche encima, ya que él incida sobre la realidad, pero lo cierto es que ocurriendo ello simultáneamente), de donde se forma en su cerebro un reflejo de esa realidad a manera de su representación en conceptos e ideas, siempre incompletas, de dicha realidad; viéndose siempre en la necesidad de incidir infinitamente sobre los objetos de su conocimiento, los cuales en su movimiento y transformación natural, van siempre adelante del conocimiento posible del sujeto, haciéndose necesario, por ello, la ciencia.

 

Si ha de impartirse una enseñanza científica de la ciencia, la educación ha de tener un fundamento teórico y una práctica científica para el conocimiento verdadero.  Pero más aún, la educación científica hoy en día, está reclamando el combate a los embates de la anticiencia, que despoja al proletariado del arma más poderosa para la transformación de la realidad, y de ahí que se debe ser explícito en una propuesta de proyecto educativo, en el responder a los criterios de la verdad:

 

1        La objetividad; concepto por el cual no debe entenderse “neutralidad”, sino que, aún teniéndose una posición definida, la objetividad se da cuando: 1) se reconoce la existencia de una realidad exterior a nuestro pensamiento, 2) cuando se entiende que esa realidad está formada por el mundo de los objetos materiales, 3) cuando, dando primacía a la realidad objetiva, en nuestro pensamiento se procura reflejar en lo más posible de la manera más fiel, esa realidad, independientemente de nuestros deseos o voluntad.

2        La causalidad; o también el llamado determinismo; es decir,  por lo cual podemos saber qué origina un efecto dado, y que por lo regular, será sólo eso lo que lo origina; de modo que conociendo la causa, y en la eventualidad el poderla modificar, se obtendrán los efectos deseados.

3        La lógica; de lo cual se sigue esencialmente el método hipotético-deductivo en la investigación científica, pero en lo que se expresa la necesidad ineludible de la argumentación demostrativa  con arreglo a las leyes de la lógica misma.

4        El experimento o comprobación en los hechos; del cual, dependiendo de la ciencia particular, existen diversas formas, pero sin cuya  aplicación no habrá demostración rigurosa, en tanto el conocimiento de un fenómeno que bajo condiciones controladas, sea susceptible de reproducirse.

5        La previsión científica; la capacidad de, dados los conocimientos objetivos, de poder predecir los acontecimientos a un plazo dado futuro bajo ciertas condiciones, como fin último de la ciencia en beneficio de la sociedad.

 

Todo lo que no se apegue rigurosamente a ello, sencillamente no es ciencia en el contexto de la ciencia de la modernidad.

 

La teoría del conocimiento dialéctico materialista en general, como el método de la ciencia en particular, han de ser el fundamento de una educación científica (en la modernidad ilustrada), en la que se enseñe la ciencia misma, formando; no sujetos esencialmente con ciertas habilidades y capacidades o competencias; sino sujetos pensantes, críticos, capaces de transformar la realidad y emanciparse, como condición humana necesaria.

 

 

b)      Teoría Sociopedagógica.

 

La educación es, en principio, un fenómeno social; externamente responde a leyes económico-políticas; e internamente a la ley tanto intelectiva o de la teoría del conocimiento; como a las leyes éticas o morales, acerca del consciente acto del individuo ante la sociedad; así como a las leyes de la estética, o de la percepción emotiva.

 

El ser humano, un sujeto altamente complejo, es, no obstante, algo más que relaciones económico-políticas, que procesos intelectivos, que relaciones morales y apreciación estética; es, también, una psiquie; esto es, una conducta inconsciente determinada por innúmeros e insospechados factores sociales, como por factores internos del carácter del individuo.  En ese sentido, la psicopedagogía es una herramienta importante, particularmente para el tratamiento de casos especiales relevantes en el comportamiento común y socializado en la educación.

 

La psicopedagogía, pues –a nuestro juicio–, debe entenderse como lo excepcional en el proceso educativo, y no como la regla.  Es la teoría sociopedagógica lo que debe regir el proceso educativo; es decir, de los principios de la socialización y la conciencia social; esto es, de la conciencia de la obligatoriedad moral y de la responsabilidad y compromiso social que ello impone; de los principios de la estética en el reconocimiento de la naturaleza humana y su propósito social consciente.  Estos principios deben ser, pues, la base de la educación.

 

 

2        Juicio Moral.

 

a)      Socialización.

 

Suele creerse que lo moral es inherente, o pertenece exclusivamente, al ámbito de lo religioso; y este error se sigue del hecho de que más de tres cuartas partes de los seres humanos profesan una religión, desde la cual se les impone una norma de conducta en el deber ser, en la búsqueda de expresar la mayor bondad entre los seres humanos en sociedad.  Pero menos de una cuarta parte de la población mundial no profesa ninguna creencia de orden religioso o teológico; son los ateos y no-religiosos (este último creyente en Dios, pero no prácticamente de ninguna religión),  Así, si lo moral fuese inherente a la religión, los ateos y los no-religiosos tendrían que definirse como no-morales o amorales (que no necesariamente inmorales, lo que significa obrar en contra de lo moral), lo cual, como veremos a continuación, no es posible.

 

De todas las relaciones posibles entre los seres humanos (económicas, políticas, jurídicas, educativas, comerciales, etc), las relaciones morales son las más esenciales, al punto de que le son imprescindibles.  Es decir, entre dos seres humanos podría dejar de haber cualquier otro tipo de relación, y ello no alteraría en lo esencial su condición humana.  Pero entre dos seres humanos, por su sola presencia, y aún siendo ajenos el uno del otro, se establece necesariamente, una relación moral; esto es, un acto de responsabilidad y compromiso de uno para con el otro en forma mutua o recíproca (así sea que esa responsabilidad y compromiso sea nulo, ello será ya un acto moral).  Lo moral, pues, es independiente de la religión.  Lo que la religión hace, es imponer un código moral (un conjunto de reglas de conducta) especial en las relaciones entre los seres humanos; de modo que a los sujetos religiosos, además de la normas morales sociales en general, les norma un determinado tipo de conducta especial en medio de esas normas sociales más generales, y a las que, por lo regular, no contraría.  El ateo y no-religioso, pues, es un sujeto moral necesariamente, en el código de la normas morales sociales más generales y esenciales, independientemente de todo código moral religioso.

 

Otro aspecto de este mismo problema, es el que lo moral, sólo es inherente a los seres humanos y entre los seres humanos.  Un individuo solo, aislado en el mundo sin la presencia en éste de ningún otro ser humano, no está en posibilidad de expresar ningún acto de orden moral.  Suele creerse, también erróneamente, que ese individuo podría expresar su acto moral ante otros seres, como los animales o las plantas; pero ello es equívoco, dada la falta de reciprocidad en esos seres en un acto de conciencia.

 

Podría pensarse, no obstante, que bastaría el acto de conciencia del individuo humano frente a esos otros seres del reino animal o vegetal procurándoles el bien, para que el acto moral se diera; sin embargo, más allá del conflicto moral que enfrentaría a tener que depender de esos seres para su subsistencia causándoles el mal en un daño irreparable (los ha de matar, y se los ha de comer), está en el hecho de que, si un individuo ha de prodigar cuidados a la naturaleza, ello será en razón del respeto que debe, no en sí a la naturaleza (como erróneamente se expresa), sino a los demás seres humanos que vivimos inmersos en ella y de ella depende nuestra existencia colectiva.  Lo moral es, pues, un hecho exclusivamente humano, y el hecho más esencial de todos: la relación que en nuestro trato mutuo nos hace ser seres humanos (o que en su ausencia, nos despoja de tal condición).

 

Si lo moral es lo esencial de las relaciones humanas, la esencia de la moral es la conciencia de un acto para con los demás, en libertad y responsabilidad, que será tanto más valioso, cuanto más ello contribuya a la humanización del ser humano, esto es, cuanto más contribuya a su dignidad.

 

La conducta moral, pues, ha de tener siempre por principio, en consecuencia, la obligatoriedad de la dignificación del otro (la otredad), el saberse obligado en el deber del hacer yo, del otro, un ser humano cada vez más digno de considerarse como tal, de hacerme responsable por esa dignificación del otro, de mi semejante.  Cuando el acto íntimo realizado así se generaliza socialmente, la sociedad alcanza mayores niveles de desarrollo moral.

 

La conducta moral ha de distinguirse, entonces, de la conducta vista desde la psicología, la cual es de carácter pulsivo o inconsciente, pues en lo moral, la conducta se basa en el acto libre y consciente del individuo, en la cual éste eleva en las más altas cualidades a la otredad, y por ello mismo se ve dignificado.

 

En nuestra sociedad actual, bajo el régimen capitalista profundamente egoísta, del culto a un individualidad mezquina y del aprovecharse de los demás, todo lo cual se complementa con una forma de vida ampliamente coercionada por el Estado en beneficio de la clase social en el poder, la decisión por el deber y la responsabilidad es en algo en exceso mermada en las convicciones del individuo, pero más aún, a lo que se ha de enfrentar bajo un aparato coercitivo que unas veces sutilmente y otras de la manera más burda, se lo impide.

 

 

b)       Obligatoriedad debida.

 

El acto moral, dado en condiciones de libertad y en apego al a responsabilidad se expresa como una obligatoriedad en el deber ser frente a la sociedad, no es el simple propósito de actuar conforme a lo que se cree bueno, o en el simple hecho de “hacer el bien”.  Se enfrenta en ello el problema de distinguir en un dilema, qué es lo bueno y qué no, cuándo es que se hace un bien, cuándo no, sometido al juicio social.

 

El despliegue del acto moral discurre por tres fases: 1) los motivos que llevan a asumir la voluntad dada en la toma de una decisión; 2) el grado de conciencia social, manifiesta en los fundamentos de la responsabilidad que se asume, y el compromiso que se expresa; y 3) las consecuencias del acto moral, es decir, allí donde el mismo se consuma, las cuales podrán ser ya en correspondencia con el propósito, juzgándose entonces como un acto positivo y valioso; o bien en contra del propósito, juzgándose entonces como un acto negativo y despreciable, de donde el sujeto del acto moral puede sentirse orgulloso de su acción, o bien quedar abatido, no obstante el motivo y propósito hayan sido buenos.

 

En la primera fase, el motivo está determinado por la obligatoriedad del acto moral dado por conciencia, y el dilema es asumirlo o no.  En la segunda fase, el grado de conciencia social, significa el grado de conocimientos fundados lo más científicamente, los cuales norman el criterio en la responsabilidad y determinan el compromiso para con el otro (satisfaciendo esa obligatoriedad de conciencia).  Finalmente, en la tercera fase, está el caso especial de la sanción.  En el acto moral, a diferencia del acto jurídico, la sanción no implica un castigo corporal como en el ir a prisión, o un saldo de la pena en una multa económica, sino, no obstante, hay una sanción aún más fuerte y poderosa: el cargo de conciencia.

 

Tales son, pues, las complejas componentes de la estructura del acto moral; pero, como hemos visto, por el cual el sujeto ha de ser juzgado; y ese juicio nunca lo podrá ser por el propio sujeto, pues en el juicio de valor nadie puede juzgar acerca de sí mismo, sino por terceros y por los hechos, desde fuera del acto moral dado.  Tal es pues, el juicio de valoración moral.

 

Ante la necesidad de ajustar la conducta de cada individuo a los intereses de la comunidad (a los intereses de los que se asumen en igualdad), ello determina qué es lo que ha de considerarse como lo valioso, en tanto ello refuerza la unidad, la organización y el desarrollo de esa comunidad.

 

Todo acto moral, ya sea que se haga o deje de hacer; y dejando de hacer sea lo correcto; tiene consecuencias dictadas por las normas de costumbre, y es en función de las mismas que se toma la decisión.  Suele suceder, en ciertos casos, que se toma la decisión en contra del dictado de la norma de costumbre, y no por error, sino con conciencia deliberada.  Ello es plenamente válido, y se legitima, en su caso, en el acierto del acto.  Justo este tipo de decisiones son las que van a determinar el desarrollo de la sociedad en función del progreso moral, rompiendo ciertos atavismos.

 

Un valor moral, aquello bueno socialmente considerado, es, pues, un satisfactor social.  Objetivamente, aquello de la realidad material portador de tal valor, es el propio ser humano.  Subjetivamente, por lo que está en la capacidad del sujeto, se ha de reconocer y diferenciar las cualidades que da el satisfactor, socialmente.

 

Y aquí hay un aspecto de esencial importancia, que sólo se deduce en el análisis dialéctico.  La relación moral: 1) es sólo entre humanos, y 2) que ello se da en una mutua reciprocidad, necesariamente.  Ello quiere decir, entonces, que lo que yo (sujeto), reconozco como valor en el otro (objeto de valoración), es algo que, a manera especular, me realiza como ser humano, es decir, que nos hace ser  seres humanos reales, tanto más reconozco en el otro no sólo a mis semejantes, sino a mi mismo perfeccionado.  Se vuelve al punto: en la medida que positivamente yo veo a un ser humano cada vez más humanizado, ello me humaniza a mi mismo (lo cual puede expresarse en forma negativa), y así, en la medida que veo en la otredad la deshumanización constante en la pérdida de sus valores morales, el deterioro de su perfección, en esa medida yo mismo me deshumanizo, yo mismo formo parte del deterioro social y de mi pérdida de la condición humana; y ello ocurre así, por más que las personas pretendan refugiarse en el ámbito de códigos morales que parecieran más sólidos, como ocurre en el caso de la religiosidad; ello no los abstrae de la vida social, y ello determina a su vez su deterioro en su calidad humana.  Su religiosidad, dijese Marx, sólo se convierte en “denuncia de la miseria real”.  Lo que se impone, es la necesidad de un cambio social radical o sustancial, hacia una sociedad en la que opere una más profunda y amplia socialización, que imponga los nuevos valores que hagan la calidad humana.  Así, no es con los valores morales como se tendrá una sociedad distinta, sino que será con una sociedad distinta, que se tendrán los verdaderos valores morales, como esa relación social concreta, dada por esas cualidades que dignifican a condición humana.

 

 

3        Juicio Estético.

 

a)      Identidad con el alter ego.

 

La Ética, la teoría de la moral o teoría de ese tipo de conducta humana obligada y debida, constituye en sí mismo en un juicio de valoración moral; pero, como hemos visto, en tanto la conducta moral ha de ser con plena conciencia, hasta el punto del fundamento científico de los actos, ello implica, además, un juicio intelectivo de certidumbre.  Pero el acto moral, sin embargo, implica algo más; de un orden muy sutil: el juicio de apreciación estética.

 

La Estética se refiere a la ciencia acerca de lo bello y el arte; es decir, elabora la teoría de lo bello (no de qué cosa es bella), y la teoría acerca del arte como acto de la capacidad creativa humana.  El arte es pues, no sólo el acto creativo de lo bello (de lo que es armónico y proporcionado en todos sus aspectos), sino el acto creativo que nos embellece a nosotros mismos, a nuestra espiritualidad humana, y que nos perfecciona.

 

Es a través del arte y sus cualidades de lo bello, que aquel que lo elabora se reconoce a sí mismo en su obra, y tanto más aún, reconociéndose perfeccionado.  Otro tanto ocurre en el trabajo productivo, en donde el obrero se reconoce a sí mismo en el producto de su trabajo, el cual lo ennoblece y dignifica.

 

Pero cuando el ser humano es capaz de reconocer en el otro no sólo a su semejante, sino a sí mismo, y más aún a sí mismo perfeccionado, ese otro se transforma en su alter ego, en su “otro yo”, y el juicio de valoración moral, se complementa en su caracterización al aplicar el juicio de valoración estética.

 

Así, lo que finalmente despoja a esa valoración moral de todo viso de interés por más abstracto que sea, es precisamente el agregado del juicio de valor estético; ese en el cual lo socialmente satisfactorio como positivo, lo bueno, es, por decirlo de momento así, la proyección de uno mismo.  Ya no será lo bueno o lo malo del otro que socialmente nos afecta positiva o negativamente, sino lo bueno o lo malo de nosotros mismos reconociéndonos en el otro, proyectados en nuestro alter ego, ya negados o ya realizados en el otro.  Ya no sólo será la valoración positiva o negativa del acto moral del otro, sino, además, el placer estético, en su caso, de su acto moral, y en ello, el exquisito deleite espiritual que nos recrea (literalmente dicho, que nos “vuelve a crear”) socialmente, haciendo nuestra armonía en la humanización mutua.

 

 

b)      Humanización del ser humano por el ser humano mismo.

 

Lo estético tiene por esencia el arte, la capacidad creadora humana en lo bello, en lo armónico en lo estilizado y proporcionado.  Así, cuando el juicio de valoración estética se vincula a la valoración moral, lo bueno o lo malo simple que está en el acto moral del otro y de su entera responsabilidad en interés de la sociedad, se convierte en lo bueno o lo malo, producto de la vida social misma, y, en ese sentido, en el más profundo acto de conciencia social.  El responsable del acto moral seguirá siendo el otro, pero ese otro ya no será un ajeno, sino –hemos dicho– un alter ego, un “otro yo”, alguien producto de la sociedad, alguien creado por esa sociedad de la que yo mismo forma parte, y, en consecuencia, que me hace corresponsable del acto moral.

 

Sentir la satisfacción por lo bueno, implicará, además, la admiración por lo positivo que ennoblece y dignifica a la sociedad humana, y, por lo tanto, que la humaniza.  Por lo contrario, sentir la reprobación por lo malo, será nuestra propia negación ante aquello que nos envilece y nos despoja de nuestra propia condición humana.

 

Hay, en la redacción anterior, un cierto dejo de lo que habrá de ser a futuro; y ello es así, porque en la sociedad capitalista actual, del culto al relativismo extremo, al individualismo y a la mezquina propiedad, de explotación y abuso del uno por el otro, es del todo imposible aplicar el juicio de valoración estética en la relación moral.  De ahí que en la sociedad capitalista actual, la moral tiende a quedar vinculada, más que al juicio de valoración estética de mi alter ego, al juicio legal de orden jurídico que se ejerce sobre el otro que obra mal.

 

Lo ético-estético es pues, el juicio más elevado de la sociedad acerca de sí misma; pero ese juicio requiere de otra condición de necesidad muy distinta a las actuales: requiere de las condiciones objetivas y concretas de un nuevo orden social de una sociedad superior en la que puedan manifestarse libremente las capacidades creadoras de la sociedad consigo misma.  Hasta entonces, la valoración ético-estética no sólo se ha de reducir a lo íntimo de las capacidades individuales, sino que quedará reducida a su vez, a su mera expresión como satisfactor social con un cierto carácter utilitario, dado en la valoración uso.  En la sociedad capitalista, mi pobre condición humana, no es sino un pálido reflejo de la depauperada condición humana de mi alter ego reducido a ser el otro (una alteridad simple), que moralmente me corresponde (y en lo satisfactorio de mi íntimo deleite subjetivo), en calidad de valor de uso en lo humano, pobremente realizado.

 

Hemos visto que la estética es, en su esencia, la capacidad humana de reconocerse a sí mismo en su obra y de verse en ella perfeccionado.  El ser humano ha evolucionado de su existencia como un grupo símido-antropomorfo, a las distintas especies de homínidos, y entre ellos, a aquel del cual ha devenido nuestra sociedad actual.  El ser humano, desde siempre, ha nacido en sociedad; así sea que esa sociedad haya sido la de los pequeños o grandes grupos tribales de simios; es por ello, como lo dijeran Marx y Engels, que el ser humano es un ser social por excelencia.  Más aún, el ser humano se hace un ser humano, no sólo por nacer en sociedad, sino porque es la sociedad la que lo crea como un ser humano.  El ser humano, fuera de la sociedad, dependiente por entero de sí mismo y de la naturaleza, se animaliza, pierde su condición de ser humano, precisamente en la medida que pierde su dependencia a las relaciones humanas (económicas, sociales, políticas, científicas o culturales).  Todavía más, la sociedad humana misma también pierde algo de su riqueza dada en la diversidad, con la exclusión de aquel.  En esta conclusión de origen estético, es el ser humano el que hace al ser humano, en sociedad.

 

 

 

Conclusión.

 

Establecimos desde el primer momento, que evaluar la propuesta de un proyecto educativo, cual fuere, implicaría el que antes tuviésemos, así fuese puntualmente en general, una firme idea de la educación que juzgamos buena para la sociedad.  Y adelantamos que esa “firme idea” no sería otra cosa que un criterio o juicio científicamente fundamentado como nuestro “patrón de medida” para valorar.  Ese criterio o juicio científicamente fundamentado en lo general, ha quedado, pues, expuesto en su aspecto intelectivo o de certidumbre; en su aspecto moral o de responsabilidad y compromiso social; y en su aspecto estético o de identidad del ser social con la sociedad, y de ésta con el individuo mismo.

 

No se trata de formar sujetos simplemente habilitados y capacitados para la producción capitalista, sino se trata de formar sujetos humanos que han de luchar por su emancipación transformando su realidad, no sólo al infinito respecto de la naturaleza, sino, principalmente, erradicando para siempre, la opresión y explotación de una clase social por otra.  La educación ha de ser, así, necesariamente, un proceso de humanización del ser humano por el ser humano mismo, como una propuesta del proyecto de sociedad que queremos.

 

Este es pues, el “patrón de medida” mediante el cual una propuesta de proyecto educativo ha de ser juzgado.  Otra cosa será cuando dicho proyecto opere, entonces el proceso de evaluación en su mejora continua habrá de implicar otras técnicas específicas.
____
*  Ponencia al I Congreso Nacional Popular de Educación, Cultura, Arte, Ciencia e Investigaciòn, Convocado por el "Comité Ejecutivo Nacional Democratico", del SNTE; 2-4 de febrero, 2013.
 

 

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13 enero 2013 7 13 /01 /enero /2013 23:05

Editorial

   

Espacio Geográfico Natural, Voyager

El Espacio Geográfico o Terrestre, un espacio físico objtivamente dado, delimitado por su interacción con la Luna

[Fuente: Imagen de la NASA; imagen natural  de la Tierra (parte inferior), y de la Luna (parte superior izquierda), tomada por el Voyager] 

*

 

Nuestro desarrollo profesional incursiona ya por su año 33.  Observar el Cosmos no con la mirada del astrónomo, sino del cosmógrafo (sin saber que era así); el que todo el disgusto que teníamos por el álgebra, se hacía un placer en la trigonometría, en la geometría plana, esférica y analítica; lo cautivante del conocimiento en los misterios del mundo físico, más que del químico, el biológico, o el social, sin desdeñar, no obstante, éstos…, y el placer de “navegar” desde una posición en el espacio tridimensional sobre la representación del mismo a escala en un espacio bidimensional; o dicho simplemente, leer e interpretar un mapa en el que estaba implicada la orientación y el misterio de la brújula; ello hacía, poco a poco, y en distintas formas y grados, desde nuestra más temprana infancia, la formación, sin saberlo, por el conocimiento geográfico.

 

Cuando, para elegir nuestra profesión (1972), explorábamos en la Guía de Carreras en cuál de ellas cristalizaba todas esas inquietudes (incluyendo nuestro disgusto por el álgebra, que nos obstaculizó entender el Cálculo Diferencial e Integral), por exclusión quedó la Geografía, que se nos presentaba con un abanico de conocimientos aún mayor.  Y ya desde el área de Bachillerato afín a dichos estudios, comenzó la incidencia sobre lo primero, lo más elemental y en lo cual necesariamente  teníamos que empezar a incidir: ¿Qué era la Geografía?; ¿cuál su objeto de estudio, su método, sus teorías, su instrumental propio?  Y, sin saberlo, en ese momento habíamos comenzado nuestra formación profesional propia en todo lo que hoy somos.

 

¿Cómo pretender hacer los estudios profesionales en algo de lo que nadie da cuenta racional de lo que ello mismo es?; ¿cómo es que una disciplina de tan antigua acerca de un conjunto de conocimientos “bien definidos”, podía permanecer en tal desorden?  Y lo que fuimos descubriendo a lo largo de nuestros estudios, es que ese desorden infernal, era producto, precisamente, de que en realidad ninguno de sus conocimientos estaba “bien definido”, ninguno.  Más aún, tomando como propósito en nuestra tesis de licenciatura, en un primer momento (1979-1980), el poner orden a toda esa geografía en la que habíamos sido formados, y en lo que no podíamos sino creer de buen grado; lo que encontramos, fue la conclusión de que, a esa geografía planteada así, no se le podía poner orden en la lógica científica (y no éramos los primeros en llegar a esa conclusión, sólo que, armados de la dialéctica materialista, creíamos poder ser los primeros en descifrarlo).

 

Las cosas tenían que replantearse totalmente.  Y entonces, impensadamente, “soltamos amarras” (1981); y la búsqueda de la esencialidad en el ser de La Geografía, se constituyó en el ser de “nuestra personal geografía”.  Es decir, es claro que teóricamente son dos cosas distintas, pero que en su determinación histórica se identifican; y poco más de tres décadas después, finalmente nos sentimos y sabemos en posibilidad de responder con entera fuerza de convicción dada en nuestros fundamentos teóricos, a qué es la Geografía.  Esa Geografía en su esencia, histórica, teórica y objetivamente dada, a la que por toda nuestra vida profesional nos hemos dedicado, y razón por la cual se da esa identidad.

 

Publicamos, en este primer número de la “Bitácora de Navegación por el Espacio Geográfico”, del ciclo enero-junio de 2013, la primera entrega de la exposición acerca de “¿Qué es la Geografía?” en su síntesis de lo lógico; y ya luego continuaremos con su exposición en lo histórico.

 

*

002 2500 ane Tablilla de Ga-Sur  Filosofía de la Geografía.

 

[____]  Qué es la Geografía: su Definición, Objeto de Estudio, Clasificación y Método General  (1/…)

[____]  La Formación del Geógrafo en el Método de la Ciencia. 

 

 

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana (1651-1695);  Historia de la Geografía en México.


[____]  Juana Inés de Asbaje: La Rotación de la Tierra, Primero Sueño (1/2).

 

 

 

 

Pavorreal  Divulgación Científico-Geográfica.

 

[____]  La Geografía, una Ciencia, por su Método, Panóptica, Emblematizado por el Pavorreal.

 

 

 


 

Promocional de la Revista "Espacio Geográfico":

 

[____]  La Primera Representación del Espacio Tridimensional de Simetría Regular.  Anaximandro. (1/2)

 

[____]  La Primera Representación del Espacio Tridimensional de Simetría Regular.  Anaximandro. (2/2)

 

Disponible la Colección julio-noviembre, 2012 ($900 Mx).

Suscripciones y Renovación de Suscripciones para el ciclo enero-junio, 2013 ($750 Mx).

 


 

 

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13 enero 2013 7 13 /01 /enero /2013 23:04

La Geografía InvertidaQué es la Geografía.  Definición, Objeto de Estudio, Clasificación, y Método General.  (1/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

01 nov 12.

 

La Geografía (del gr. Gea, la Tierra, deidad mitológica; y grafé, trazo, dibujo), etimológicamente es el “Dibujo de la Tierra”, lo cual no es otra cosa que su representación en un mapa.


Ga-Sur--henrydavies.com-.jpgMapa de Ga-Sur, noreste de Irak; mapa más antiguo conocido.[Fuente: http://henrydavies.com].

 

 

Por grafé se ha traducido también descripción, y ciertamente, los trazos o dibujo de la representación de la Tierra en un Mapa o Carta Geográfica, fruto de la observación dirigida a algo, tiene como consecuencia, hacer la descripción de la misma.  Evidentemente, erróneo sería limitar a esta ciencia a su histórica literalidad  etimológica sin entender que, metodológicamente, esa observación dirigida a algo y esa descripción, gráfica o cartográfica, son la condición primera y necesaria para, como en toda ciencia, en este caso, poder explicar la Tierra; y haciendo tal explicación causal, justo por cuanto lo que está en el mapa, analizando precisamente lo representado.

 

La descripción aquí, como esa cualitativa relación enumerativa, tiene no obstante, más que un sentido metodológico, un sentido de objeto de estudio en el hecho enumerativo de considerarse todo cuanto existe en el espacio terrestre.

 

De esto último surge consecuentemente el problema del objeto de estudio de la Geografía.  En el mapa está la Tierra representada, toda ella o en una de sus partes; pero ese mapa no es exactamente una fotografía  (y aún lo fuera, se perderían muchos detalles); sino una abstracción y generalización de la realidad objetiva y concreta; y en ello hay una relación muy específica de datos e información a ser estudiados, sujetos precisamente al análisis científico por el cual se busca conocer la verdad acerca de eso que se estudia; es decir, las causas y esencialidad ocultas en el fenómeno aparente.

 

Por lo tanto, responder a qué es la Geografía más allá de lo meramente etimológico, el hacerlo en los términos de la rigurosa ciencia moderna, implicará responder, finalmente, a qué es eso que se abstrae y generaliza en el mapa, de qué datos e información se esta hablando, de modo que se entienda con más precisión qué es lo que realmente se estudia y analiza buscando explicar sus causas y esencialidad en un conocimiento verdadero.

 

Y, en consecuencia, a lo que se refiere todo ello, es a la respuesta al dónde, y más generalizadamente aún, a la respuesta a la condición o forma de existencia: al lugar y situación, a la localización y distribución, a los límites y extensión, a las conexiones y relaciones, a la forma y estructura, a la simetría y asimetría, a la homogeneidad y heterogeneidad, al movimiento isotrópico y anisotrópico, entre otras propiedades más.  Dónde está, cómo, por qué, cuándo; todo ello como atributo de la forma y estructura dada en las condiciones de existencia.; eso que está o no está, es determinante, pues, de ciertas propiedades de eso que constituye el verdadero objeto de estudio de la Geografía: el espacio terrestre; esto es, finalmente, el mapa.

 

Esa relación de conceptos esenciales, es, pues, el conjunto de categorías fundamentales por las cuales el objeto de estudio puede ser entendido (y sin las cuales nada de él puede ser teorizado científicamente).  Dichas categorías fundamentales que como tales habrán de estar siempre presentes, forman, entonces, la base metodológica del conocimiento geográfico; forman el método general del conocimiento del espacio terrestre.

 

La Geografía como ciencia del estudio del espacio terrestre, por todo lo antes dicho, estudia en ello una faceta de la realidad objetiva.   El espacio terrestre es algo objetivamente dado, es parte de la naturaleza inorgánica, parte de la realidad física del mundo, que, como tal, antecede a la presencia misma del ser humano en éste, y por lo tanto, a sus mismo deseos o voluntad.  El espacio terrestre no es, ni creado por Dios, ni construido subjetivamente a modo, de manera social por la humanidad.  A lo más, se ha dicho teóricamente y se verifica en la práctica, a esa sociedad le está dado el poder de transformar ese espacio de la misma manera en que puede transformar todo en la naturaleza, y en ese sentido, esa transformación implica el organizar dicho espacio; pero la geografía no se reduce a estudiar esta función social del espacio; ello es sólo un caso particularmente complejo del estudio del mismo; como lo sería el caso particular de la transformación del espacio terrestre en su función química o biológica.  La geografía se establece desde el estudio del espacio terrestre en su forma y contenido en general, siendo desde esa generalidad hasta sus casos particulares complejos, lo que constituye la esencia de sus investigaciones.

 

Al determinar que el espacio terrestre es su objeto de estudio, la siguiente pregunta consiguientemente lógica y natural, es, en consecuencia: ¿qué es el espacio?  De la respuesta que el geógrafo de a esta pregunta específica, en cuanto a la realidad y naturaleza del espacio objetivamente dado, hará toda la teoría del espacio terrestre y, por lo tanto, de la ciencia de la Geografía.

 

El espacio, como un atributo físico de la realidad objetiva, determina a la Geografía en su clasificación en el cuadro de la clasificación de las ciencias, como una ciencia natural de la naturaleza inorgánica, o ciencia físico-matemática.


Espacio Geográfico Sector Tridimensional
El Espacio Terrestre o Geográfico
, el Vacuum como la Dialéctica de la Dimensionalidad Material Continuo-Discreta.

  

  

En el desarrollo y subordinación de las ciencias, o del proceso del conocimiento humano –de acuerdo con Engels–, al conocimiento geográfico antecede la comprensión de la “mecánica celeste” en la Astronomía y Cosmografía, y justo ello, trasladada a la “mecánica terrestre” de la Matemática hecha Geometría y Geodesia, y de la Física hecha Geografía  y Geofísica; es decir, que estos conocimientos son condición necesaria para el estudio del espacio terrestre.

 

Luego, los conocimientos geográficos, precisamente esos acerca del espacio terrestre, serán, a su vez, condición necesaria para la comprensión del resto de los fenómenos, químicos, biológico, o sociales, y, en consecuencia, de los conocimientos dados  en las ciencias derivadas sucesivas.

 

Así, la Geografía es una ciencia única, con sus lugar rigurosamente lógico en la clasificación de las ciencias; no está dividida ni anda fragmentada y desperdigada como “muchas geografías” siendo “todo y nada” en el cuadro de la clasificación de las ciencias.

 

De ello deriva o se deduce lógicamente, el conjunto de sus elementos científicos metodológicamente esenciales, dados en sus postulados, principios, axiomas y teoremas.  Esto es, que, el conocimiento geográfico se postula, entonces, como un conocimiento acerca del mundo físico de la materia, y, por lo tanto, como un conocimiento físico-matemático acerca de la naturaleza inorgánica, cuyos principios (o leyes más generales y esenciales) son: 1) el principio de coexistencia, 2) el principio de interacción física externa, y 3) el principio de localización.  Es en función de ello que se establece el conjunto de los axiomas o enunciados básicos producto de la reiterada experiencia históricamente dada, por los cuales se puede referir:  1) el que todo cuanto existe, existe necesariamente en el espacio y determina sus propiedades; 2) el que todo conocimiento geográfico es reflejo de la unidad espacial del mundo; 3) el que toda forma d existencia de la materia constituye un estado de espacio; 4) el que toda conexión y relación universal de coexistencias entre los estados de espacio, se resuelven en la síntesis dialéctica; y 5) el que todas las formas de existencia de la materia se reducen, en lo más general y esencial, ya a los estados de espacio continuos, o bien a los estados de espacio discretos.

 

De la misma manera, con un grado más de generalización y obligada su demostración, se tiene los teoremas geográficos fundamentales: 1) el espacio terrestre es geocéntrico; 2) la condición geocéntrica del espacio terrestre determina el carácter absoluto del mismo; 3) la masa de la Luna en relación con la de la Tierra, determina la variación geocéntrica del eje del espacio terrestre; 4) la masa de la Tierra, determina la curvatura del espacio, 5) la interacción de la masa de la Tierra y otros estados de espacio, determinan las propiedades cambiantes de la simetría del espacio terrestre; y 6) la simetría del espacio terrestre es expresión de su movimiento.

 

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13 enero 2013 7 13 /01 /enero /2013 23:03

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana (1651-1695);Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana; Primero Sueño…: El Movimiento Aparente de Rotación de la Tierra.  Artículo, 2012 (1/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

13 feb 12.

 

Juana Inés de Asbaje y Ramírez (Sor Juana Inés de la Cruz, 1648-1695), la “Décima Musa”; y no hay en ella ningún “virtuosismo ecléctico”, tal como los estudios en general de la Ilustración novohispana pretenden minimizar al avanzado pensamiento dialéctico y materialista de los primeros mexicanos hacedores de la ciencia en estas tierras.  Y si algo ha de desmentir eta afirmación, es precisamente el Primero Sueño, obra maestra de Juana Inés de Asbaje y Ramírez.


“Es un poema –nos dice F. Díaz Rejón en su sinopsis para el Parnaso, Diccionario Sopena de Literatura– llena de resonancias filosóficas: el glorioso mundo material y superficial de Góngora se convierte para Sor Juana en un profundo problema epistemológico”[1].  El mundo material y “superficial”, es decir, corrigiendo la distorsión, el mundo de los objetos materiales dados a la percepción sensible, principio, condición primera del pensamiento materialista filosófico.  Y ello, como “problema epistemológico”, no es otra cosa que el profundo análisis gnoseológico (o de la teoría del conocimiento), en la filosofía dialéctica.  Eso es, en su esencia, el pensamiento ilustrado, que en Juana Inés de Asbaje, esa ilus, ese “dar luz”, “…es la hondura de pensamiento siempre revestido con un ropaje deslumbrador”[2], que adelantaba en casi dos décadas al inicio de la Ilustración en Europa, reconocida apenas como consecuencia de la Revolución Inglesa de 1688.


El Primero Sueño, es un poema de geografía teórica, deslindador del espacio terrestre, de su subordinante espacio cósmico.  Es, en términos literarios, elaborado en la mitología; el alma, “entre sueños se eleva a una contemplación del Universo e intenta abarcarlo todo con un simple acto del intelecto intuitivo; pero no puede y retrocede deslumbrada.  Recurre luego al conocimiento discursivo, examinando las cosas una por una, haciendo abstracción gradualmente de los universales y acercándose así, poco a poco, a otra visión total del cosmos”[3].


Ni qué decirle al conocedor de la historia de la Geografía, cómo ahí Juana Inés de Asbaje y Ramírez anticipa los afanes teórico geográficos “totalizadores”  de Ritter y Humboldt de dos siglos después, y ese “retroceder deslumbrados”, de Richthoffen, Ratzel, Davies y Kjelen, que intentan luego el conocimiento examinando las cosas una por una.  Y lo podrían hacer, tanto más, cuanto mayor se su especialización en cada cosa.  Y he ahí una nueva y desconcertante tragedia: pretendiendo así el conocimiento geográfico, cada vez se ven más impelidos a abandonarlo.  Cuanto más geólogo es Richthoffen, más conoce el fenómeno, pero, misteriosamente y en forma cada vez mayor, se aleja de la geografía; cuanto más geomorfólogo es Davies, más entiende los procesos de las cosas de la litósfera, pero, paradójicamente, más se pierde la idea, o el espíritu de lo geográfico; cuanto más sociología hacen Ratzel o Kjellen, más aportan a esas especialidades de la sociología o la política, pero, menos aún se estudia la geografía.


Aún en la segunda mitad del siglo XVII, para el pensamiento ilustrado en Juana Inés de Asbaje y Ramírez, es una necesidad la crítica a la escolástica y a los universales.  Lo universal, como la naturaleza creada por Dios, la teísta “causa primera” en el ante rem de la contemplación y el intelecto intuitivo del realismo medieval, ha de ser desechada y suplida por la aristotélica y deísta “causa eficiente”, que poco a poco aproxima a la causalidad científica del conocimiento discursivo o racional, que prescinde de todo acto divino en el ateísmo, y, en una naturaleza cuyo movimiento divino sólo es mítico.


Y es justo aquí donde resuena en nuestro recuerdo cualquier clase impartida por el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada: ahí, ese conocimiento discursivo, en la dialéctica, aparece en Juana Inés de Asbaje y Ramírez la apolínea ciencia.


Cuando, luego de hundida en el sueño, el alma despierta, empieza ahí el “conocimiento discursivo”; el ciclo de la noche y el día, es la metáfora del ciclo de la edad oscura medieval, a la ilustración de la época moderna y la ciencia; y con ello, Juana Inés de Asbaje y Ramírez, lo hace separando del espacio cósmico, el espacio terrestre, entendido por el movimiento de rotación de la Tierra expuesto por su efecto en el movimiento aparente.

 


[1]        Díez Rejón, F; Parnaso, Diccionario Sopena de Literatura; Tomo I, Editorial Ramón Sopena, Barcelona, 1982 (v. Juana Inés de la Cruz).

[2]        Ibid. (v. Juana Inés de la Cruz) (p.423)

[3]        Ibid. p.423.


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13 enero 2013 7 13 /01 /enero /2013 23:02

Pavorreal.jpgLa Geografía, una Ciencia, por su Método, Panóptica, Emblematizada en el Pavorreal.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

01 nov 12.

 

Cuenta la leyenda que Zeus, enamoradizo de toda mujer que quedara a su vista, se encontró con una de ellas, que, de alguna manera, será representativa a su vez de toda mujer vinculada a Zeus, nombrada Ío (en griego, ir).

 

Hera, la esposa de Zeus, con más que suficiente razón para estar celosa, conjuró entonces contra Ío para ponerla en su lugar, y Zeus, para proteger a Ío, la encubrió metamorfoseándola en vaca (de donde lo de “vaca sagrada”, y por ello representativa de toda mujer).  De cualquier manera, Hera descubrió la elusión, y encargó al Gigante Argo que la vigilara, y el que la mantenía atada.

 

Sin embargo, Hermes, poniéndose de lado de su padre Zeus, se disfrazó de pastor, se aproximó a Argo, y tocando una flauta, finalmente lo durmió, lo que aprovechó Hermes para darle muerte y dejar libre a Ío.

 

Hera, agradecida por los servicios de Argo, lo honró poniendo sus ojos en el plumaje del Pavorreal; pero, a la vez, enfurecida contra Ío, la mandó perseguir por uno o dos tábanos que la picaron hasta enloquecerla, y tratando de huir de ellos, acabó arrojándose al mar, el cual hoy lleva su nombre: el Mar de Ío, o Mar Iónico (mar en el cual “se van” los electrones y se efectúan transformaciones de las sustancias en energía), que por deformación acabó denominándose Mar Jónico.

 

Esta breve historia pasional encierra en sí misma el problema teórico-metodológico esencial de la Geografía.  Nos dimos cuenta de ello cuando hicimos conciencia del sobrenombre de Argo; llamado el Panópte, “el que todo lo ve”, pues cuya característica era el tener cien ojos, y con cincuenta vigilaba a Ío de día, y con los otros cincuenta la vigilaba de noche.  Y más nada con un carácter panóptico, que la geografía; y Argo representaba entonces así, no la geografía propiamente dicha, cuya representante es Gea, sino el método de ésta, en el que todo lo ve; en donde, por lo demás, el Pavorreal o Ruán, aparece entonces como el ave emblemática del método de la geografía.

 

Si sustituimos en esa historia a los personajes por ciertos elementos esenciales de la geografía y su método en relación con las ciencias y los fenómenos que éstas estudian, frente a lo cual la geografía muestra su carácter panóptico, entonces este pasaje mítico muestra con toda belleza y precisión la naturaleza y método de la geografía.

 

Así, en consecuencia, el conocimiento (Zeus), enamoradizo de toda ciencia (mujer), se enamora de una que representa la generalización de todas las ciencias (Ío), que pretende confundirse con la geografía (vaca sagrada).

 

La clasificación de las ciencias (Hera), esposa del conocimiento, conjura contra aquella que pretende en sí misma la generalización de las ciencias, poniéndola en su lugar, atada a un árbol y vigilada (clasificada), a pesar de que el conocimiento la encubrió como los fenómenos de las ciencias de la tierra (la geografía o vaca sagrada), encargando la organización de las ciencias (Hera) su observación al método panóptico (Argo), propio de la geografía.

 

Sin embargo, la confusión (Hermes), disfrazado de geografía aplicada (el pastor), se apoderó del método y lo destruyó, liberando los fenómenos reflejados en todas las ciencias.  Entonces la clasificación de las ciencias honró al método de la geografía reconociéndolo por su utilidad y función panóptica respecto de todas las ciencias, y, a la vez, volvió contra esa pretensión generalizada de los fenómenos (la falsa geografía), que persiguió con la geografía teórica (con su filosofía y con su historia, o los tábanos), obligándola a arrojarse al mar (el Mar Iónico) en el cual los fenómenos se abstraen y generalizan (son “ionizados”, y transformados), en estados de espacio.  Como los fenómenos que eran, pierden su naturaleza (se “ionizan”), y se transforman de sustancias en campos (en formas de energía), y viceversa, en la dialéctica de la dimensionalidad material continuo discreta.

 

Cierto es, la geografía es una ciencia, por su método, panóptica, todo lo ve, todo es del interés de su tratado, pero porque todo es, finalmente, por su sola existencia, un estado de espacio.  La geografía no puede tratar con  los fenómenos como tales, que son objeto de estudio de otras tantas ciencias.  Si “los ve”, es en su “estado ionizado” por el que algo han perdido, generalizándose en una categoría propia abstraída para la geografía: los estados de espacio.

 

Así, el que reconocidamente la geografía sea panóptica, no le autoriza a ser, dicho coloquialmente, al mismo tiempo, “pannásica” (como se suele decir popularmente, capaz de “meter la nariz en todo”).

 

Ya David Harvey en 1969, denunciando a Hermes disfrazado de buen pastor, hacía ver el absurdo de la “moda de modelos” para la elaboración de la geografía, que si bien en principio algo válido buscando extraer del modelo analógico los fundamentos teóricos para la geografía, se acabó invirtiendo la situación, haciendo del modelo a la geografía misma en calidad de “geografía aplicada”, y a esa idea de la geografía aplicada se le acabó haciendo “La Geografía”.

 

Tuvo que aparecer y organizarse con rigor la geografía teórica para poder poner orden en todo ese absurdo.  Treinta años llevó perseguir a Ío por toda Tesalia hasta el Mar Jónico.  Al final, descubrimos el proceso de abstracción y generalización en que había venido siendo tratados tanto el espacio como los fenómenos; y en un cierto momento histórico de esa “ionización”, los fenómenos, “perdidos sus últimos electrones”, quedaron transformados en estados de espacio, y de esa manera, susceptibles de ser tratados en sus propiedades y leyes como tales: como formas de espacio.

 

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13 enero 2013 7 13 /01 /enero /2013 23:02

003 Mapa de Anaximandro con Ejes de SimetríaLa Primera Representación del Espacio Geográfico Tridimensional: el Espacio de Simetría Regular de Anaximandro (s.VI ane).  (2/2)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

14 ene 13.

 

El mapa de Anaximandro, el Primetrón, cuyo original no se conservó y la idea de éste trascendió por su reproducción en el mapa de Hecateo y luego de Herodoto, de haberse reproducido fielmente en su base, carece, a pesar de su nombre, de toda magnitud métrica del espacio terrestre.  No posee aún un sistema de coordenadas, no hay referencia de escala, y entre esas magnitudes básicas en la métrica del espacio terrestre, apenas vagamente queda insinuada la orientación en la disposición de la configuración del mapa: está “orientado” al norte, teniendo como referencia la Estrella Polar, y ésta, más que por ella misma, por ser aproximadamente el centro de giro del Eje del Mundo.  Es decir, un eje invisible de la esfera celeste móvil en torno al cual ésta rota diurnamente en un movimiento no aparente, sino, en la cosmogonía de Anaximandro, con un movimiento real de Este a Oeste.

 

Dicha orientación del mapa, es el primer dato trasladado de la mecánica de la esfera celeste dada en la Cosmografía, a la mecánica del espacio terrestre estudiado en la “grafía” o dibujo descriptivo de la Tierra en el mapa, que para ese momento es apenas un conocimiento empírico-intuitivo (es decir, por el que se entiende que el propio Anaximandro no sabía que había empezad a hacer la ciencia de la Geografía), pero que tres siglos más tarde, dicho conjunto de conocimiento será sintetizado por Eratóstenes, dándole la denominación natural a su hecho, precisamente, de: Geografía; la “descripción” o conocimiento de la Tierra, por cuanto a su consideración espacial; literalmente dicho, de “con-sidereos”, es decir, de hacerlo “con las estrellas”, lo sidéreo.

 

El mapa de Anaximandro es, pues, primero, un reflejo objetivo de la realidad objetiva; y más exactamente dicho, de una faceta de la realidad objetiva: el espacio; y, segundo, como tal, la representación –en esos términos literales de “volver a presentar”–, del espacio terrestre tridimensional (en una proporción o escala no definida), en forma bidimensional; esto es, es sólo ya el Perimetrón (la “medida alrededor o circular”), de la esfera celeste, para expresar la configuración, y con ello el conocimiento, de una Tierra plana.

 

La representación del espacio terrestre en el mapa de Anaximandro, es, en principio, la de un “espacio vacío”, que está empezando a conocer por su forma y estructura dada apenas en su configuración desde lo externo.  Dicho mapa se conservó a través de su utilización, primero por Hecateo, y luego por Herodoto, quien, principalmente este último, en una segunda instancia, centró su atención, ahora, en su composición interna, analizando un “espacio lleno”, cuya principal preocupación se centró en la localización y distribución dada por referencia física respecto de las grandes cordilleras y ríos, de los restantes grupos humanos conocidos, habitantes del planeta.

 

 004 VI ane Perimetrón Mapa Anaximandro-Herodoto

Mapa de Anaximandro reproducido por Herodoto.

[Fuente: Terán, Manuel De; La Tierra; Enciclopedia Labor; México, 1976] 

 

El interés de Anaximandro era, de manera natural, eminentemente geográfico; pero si el interés de Herodoto ya era de una “geografía etnográfica” (lo etnológico con un apoyo geográfico), apenas lo podemos inferir del interés de Herodoto como historiador; el trabajo de éste pareciera reflejar tal hecho.  Luego de la idea de “nosotros”, evidentemente lo más importante es la idea de “los otros” nuestros semejantes, dispersos por lugares lejanos e ignotos, y de su conocimiento sería, ciertamente con un trabajo etnográfico que ahí estaría originándose, de importancia como tal para los antropólogos y etnólogos; pero, geográficamente, su importancia no va más allá del conocimiento de sus propiedades espaciales: dónde se localizan o están, cómo se distribuyen, qué tanto abarcan o es su extensión, cuáles son los límites de sus reinos, sus conexiones y relaciones posibles, sus movimientos.  Cierto, ello es un apoyo de conocimientos a la etnología, y la etnología en su conocimiento propio nos abundará en su complemento.

 

A esas relaciones de conocimiento, en la “geografía fenomenista” que llegó hasta fines del siglo XX, equívocamente se le denominaba “geografía etnográfica”, siendo que ello es sólo la “etnografía” de los etnólogos.  A pesar de ello, el verdadero conocimiento geográfico, el conocimiento del espacio terrestre objetivamente elaborado, continuó desarrollándose desde Anaximandro, y superando esas incesantes y pueriles desviaciones, lo ha seguido haciendo a lo largo de la historia.  Este artículo, es parte de un nuevo esfuerzo por ese rescate de la verdadera ciencia de la Geografía.

 

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13 enero 2013 7 13 /01 /enero /2013 23:01

Ícono Filosofía-copia-1La Formación del Geógrafo en el Método de la Ciencia.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

14 ene 13.

 

Vaya dedicado

al proletariado del mundo,

esta que es el arma más poderosa

para ganar su futuro.

 

Preámbulo.

 

Es un hecho, históricamente evidente, que el geógrafo no sabe acerca del método de la ciencia, y no sólo ello, sino que, excepción hecha de ciertos momentos con autores aislados trabajando en la geografía teórica, prácticamente nunca se ha interesado seriamente en ello.  Más aún, ha confundido ciertos avances en esa dirección, tal como el análisis cuantitativo, con opcionales “modas” temporales en el hacer de la geografía, como variantes o “corrientes” alternativas “ingeniosas”.

 

El geógrafo se llena hablando de la “ciencia de la geografía” (asumiendo que ello fue válido como “ciencia en general” hasta los años setenta del siglo XX, luego de esos años, ello tiene que demostrarse); pero su “ciencia”, no pasa de ser una empírica descripción enunciativa y cualitativa de lo concreto,, de carácter enciclopédico y subjetivista recopilando de otras fuentes como principal contenido, apropiándose de la ciencia del otro, creyendo que la puede hacer pasar como propia, por anteponerle la partícula “geo” a todo.

 

Todo ello tuvo una explicación realmente lógica hasta el hacer del la geografía de los años setenta del siglo XX; quizá por inercia y las necesarias etapas de transición en que lo viejo no acaba de irse y lo nuevo no acaba de fundamentarse plenamente, ello se prolongó hasta por todos los años ochenta e incluso parte de los noventa del siglo pasado.

 

Pero si ya desde entonces, en que el objeto de estudio estaba claramente determinado e imponía hacer claridad en el método para abordarlo, se obligaba el aplicarse al estudio y comprensión del riguroso método de la ciencia, hoy, en la segunda década del siglo XXI, con infinita mayor razón el geógrafo debe trabajar intensamente en ello.  Hablar ya de la “ciencia de la geografía”, implica demostrarlo con todos los elementos de lo que es la ciencia, esencialmente, referidos a su método, a su manera de hacer, a sus procedimientos para descubrir la verdad objetiva acerca de la faceta de la realidad objetiva que estudia.

 

Al respecto, es importante una breve anécdota: de forma circunstancial, a principios de diciembre de 2012, conocimos un compañero trabajador de una empresa ensambladora que había dejado interrumpidos sus estudios universitarios apenas los empezaba.

 

Platicábamos informalmente, con displicencia, sobre ese asunto predicho para fines del 2012, de la “profecías mayas” y el “fin del mundo”, con motivo de la serie de sismos ocurridos entre septiembre y noviembre de ese año.  Luego derivamos a mi interés por la producción de la ensambladora donde laboraba, y de ahí pasamos al tema de la reforma a la ley laboral que por entonces se discutía en el caso de la “contratación por fuera” y cómo esto afectaría a la clase trabajadora en el pago por horas parciales y ya no por jornada de ocho horas.  Para expresarle mi opinión, le hice saber que yo había sido docente universitario, en donde el pago es precisamente así, por horas/clase, y que ahora todo el mundo estaría en las mismas condiciones, agudizándose las contradicciones entre la clase patronal y la clase trabajadora, y que, en consecuencia, ante la necesidad de un cambio drástico a un nuevo orden económico-social, ello, como opresión y explotación extremas, ya se transformaba en algo positivo, pues debería propiciar ese drástico cambio.  Obvio, se sorprendió de mi postura “tan reaccionaria”, y ello me obligó a una explicación más amplia con fundamentos en la teoría económico-política, de donde se sorprendió todavía más.

 

A su vista hice un muy breve y rápido ejercicio de relación causal por concordancias, para hacerle ver cómo todo conducía a una sociedad basada ya no en la teoría del capital y la economía mercantil, sino en una teoría de la sociedad y una economía de intercambio planificado de la producción.

 

Simplemente le fui preguntando qué juzgaba como lo ideal para una sociedad: 1) trabajo productivo; 2) atención a la salud; 3) abasto alimenticio nutricional; 4) vivienda en polos de desarrollo planificado; 5) estudio y capacitación; y 6) recreación.  De todo ello debería responder el Estado, no el capital; ea era la doctrina de la teoría social.  Luego confrontamos todo ello con la situación actual del reino omnímodo del capital, y fuimos viendo que el único punto en que el capital parecía responder en el interés de la sociedad, era el relativo a la salud…, pero no casualmente: en todo quiere hacer negocio, pero en la salud, eso sí lo deja como responsabilidad al Estado, ahorrándose las responsabilidades del caso.  De la cuantificación y ordenamiento de las concordancias y diferencias, elaboré una rústica gráfica, la cual confronté con otra, resultado de preguntarle su opinión acerca de <<cuándo la sociedad estuvo en mejores condiciones, si en los años cuarenta, u hoy>>.

 

Yo le argumentaba en función de hacer en él la conciencia social, pero él había estado centrando su atención en otro aspecto para mi insospechado: el procedimiento que yo empleaba para fundamentar y argumentar todo lo que le exponía; es decir, en el método.  Y fue entonces cuando, saltando a otra cosa, me planteó que a él le gustaría saber hacer todo eso que yo hacía a su vista (la Tabla de Relación Causal, y las gráficas).  Esto, aparentemente nada tiene que ver con la geografía, pero en su base, está el mismo problema en común: el método de la ciencia para comprender acertadamente la realidad y poderla transformar racionalmente.

 

Y a mi condescendencia por enseñárselo implicando un trabajo sistemático durante algún tiempo determinado, él accedió a remunerarme ese trabajo intelectual de docente en calidad, ahora, de asesor.

 

Había dado ya antes algunas asesorías de tesis a estudiantes de maestría o doctorado, asesorías muy específicas en la solución de problemas de investigación; no, como era en este caso, una asesoría sobre el método de la ciencia en general, a una persona con nivel de licenciatura; y el costo lo convinimos en el pago común por hora al docente universitario (mal pagado), quedando de reunirnos dos horas el sábado de cada semana, por doce sesiones, a partir del 12 de enero, hasta el 30 de marzo; tres meses que su cambio de turno en su centro e trabajo se lo permitía (en total, un curso teórico-práctico de asesoría sobre el método general de la ciencia, en 24 horas, $2,400).

 

Como quedé de hacerlo, a principios de enero de 2013, como primer material, le entregué un temario y plan de trabajo teórico-práctico para las doce sesiones, empezando por unos dibujos que representaban las diversas teorías del conocimiento, y un cuestionario acerca de todo lo esencial que implica la ciencia; y el primer ejercicio para que con sus resultados se presentara a la primera sesión, consistió en que respondiera: 1) con qué dibujo se identificaba en el proceso del conocimiento, y 2) su respuesta con un sí o un no a cada una de  las preguntas del cuestionario.  Y en la siguiente sábado, comenzó formalmente la asesoría…

 

Los apuntes de este curso irán siendo instalados de manera programada a la vista de los suscriptores a la Revista “Espacio Geográfico”, cada semana, conforme avance la asesoría, y serán ampliamente publicados para el primer semestre del año 2018 en este Blog.  En consecuencia, el lector interesado podrá consultarlos desde ahora, suscribiéndose a la Revista por la tercera parte del costo del curso ($750 el semestre, por lo que, finalmente, el costo de la asesoría indirecta le saldrá en $30/hora), con el agregado de obtener adicionalmente, los materiales publicados.

 

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13 enero 2013 7 13 /01 /enero /2013 23:01

Ícono Filosofía-copia-1El Método General de la Ciencia.  Introducción (1/10)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

07 ene 13.

 

 

 

Introducción.

 

Lo primero que debemos resolver aquí, es qué se entiende por método, y qué se entiende por ciencia.  Y por cuanto al método (del gr. Meta, fin; y odos, camino), los fundamentos teóricos dela ciencia moderna ilustrada desde principios del siglo XVII con Francis Bacon (1561-1626), en su Nuevo Organon 1620) y René Descartes (1596-1650), en su Discurso del Método (1637), establecieron que el procedimiento para producir el conocimiento científico, era: “Avanzar a la luz del conocimiento antecedente, y en la certeza de sus leyes”.  Y por cuanto a lo que hay que entender por ciencia, ésta se refiere al conocimiento capaz de demostrar lo verdadero.  En esos términos debemos entender el método de la ciencia: el procedimiento para demostrar la verdad.

 

Es el conocimiento científico, y sólo el conocimiento científico, el único capaz de establecer un conocimiento verdadero.  Todo cuanto no es posible demostrar con rigurosidad como algo verdadero, cae fuera de la ciencia, y pertenece a otro tipo de conocimientos que pueden ser igualmente válidos, pero no verdaderos.  Todo cuanto se afirma como verdad y sea demostrado en los hechos, en el experimento y en la práctica histórico-social, pertenece al campo de la ciencia.

 

De ahí que la ciencia y la verdad sean una identidad, en la que lo que se dice de una, vale para la otra; y en ese sentido, los criterios de la verdad, son los mismos que los criterios de lo científico.  Y por tales criterios de la verdad se entiende: 1) la objetividad; concepto por el cual no debe entenderse “neutralidad”, sino que, aún teniéndose una posición definida, la objetividad se da cuando: a) se reconoce la existencia de una realidad exterior a nuestro pensamiento, b) cuando se entiende que esa realidad está formada por el mundo de los objetos materiales, c) cuando, dando primacía a la realidad objetiva, en nuestro pensamiento se procura reflejar en lo más posible de la manera más fiel, esa realidad, independientemente de nuestros deseos o voluntad; 2) la causalidad; o también el llamado determinismo; es decir,  por lo cual podemos saber qué origina un efecto dado, y que por lo regular, será sólo eso lo que lo origina; de modo que conociendo la causa, y en la eventualidad el poderla modificar, se obtendrán los efectos deseados; 3) la lógica; de lo cual se sigue esencialmente el método hipotético-deductivo en la investigación científica, pero en lo que se expresa la necesidad ineludible de la argumentación demostrativa  con arreglo a las leyes de la lógica misma; 4) el experimento; del cual, dependiendo de la ciencia particular, existen diversas formas, pero sin cuya  aplicación no habrá demostración rigurosa, en tanto el conocimiento de un fenómeno que bajo condiciones controladas, sea susceptible de reproducirse; y 5) la previsión científica; la capacidad de, dados los conocimientos objetivos, de poder predecir los acontecimientos a un plazo dado futuro bajo ciertas condiciones, como fin último de la ciencia en beneficio de la sociedad.

 

Todo lo que no se apegue rigurosamente a ello, sencillamente no es ciencia en el contexto de la ciencia de la modernidad.  Y en los últimos treinta años, se ha dado un planteamiento que no sólo no se apega a ello por defecto, sino no se apega como explícita negación absoluta, tal cual se presupone desde su denominación: la “posmodernidad”, esto es, lo que está más allá de la modernidad, en el sentido, no de la dernière,  sino en el supuesto de que “ha superado las limitaciones” de lo viejo.

 

La “posmodernidad”, una ideología sustentada por un conjunto de sistemas filosóficos tales como el existencialismo, el pragmatismo, el estructural-funcionalismo, y el superestructuralismo (la Escuela de Franckfurt, autodenominada también con falsa bandera, como “neomarxista”), en la negación absoluta de la modernidad y todo lo que ella ha implicado; “posmodernismo” que se sustenta por su parte en:

 

1         La subjetividad; atribuyendo con ello no sólo la primacía del papel activo al sujeto en el proceso del conocimiento, sino incluso su exclusividad, por encima, y hasta prescindiendo de la realidad.

2         El indeterminismo; actitud que no sólo niega la unicedad de la causalidad rigurosa, sino que propone el que la realidad puede explicarse (o determinarse causalmente), desde distintos “puntos de vista” (subjetividad), remitiéndonos ya a la idea de Hume de que lo que entendemos como relación de causa-efecto, es sólo en realidad, según él, un hecho de costumbre, producto psicológico de la experiencia, pero no  una necesidad lógica; o bien, remitiéndonos a la física cuántica en Heisemberg, en donde de una partícula en movimiento no puede conocerse simultáneamente su posición y su trayectoria

3         La dialógica; concepto que hace alusión a la importancia del diálogo, en donde lo esencial en el método de la posmodernidad, es el acto comunicativo.

4         La negación del experimento como condición necesaria en la demostración (dados, precisamente, los argumentos del indeterminismo).

5         La negación, en términos agnósticos  (de la negación de la posibilidad del conocimiento), de la capacidad de la previsión científica (nuevamente, dado el indeterminismo).

 

La posmodernidad suple la ciencia de la modernidad con lo que denomina: “el paradigma de la ciencia de la posmoderidad”, donde tal paradigma lo constituye “el saber”.  En la ciencia (la modernidad), el saber deriva del conocimiento; pero en “el saber” (la posmodernidad), es el conocimiento el que deriva de aquel.   Es la “socialización o el encuentro de saberes” –como se expresa en la Convocatoria a este evento–, lo que arroja el conocimiento; cuando en el contexto de la modernidad, se diría que es de la socialización o encuentro de la ciencia, lo que producirá el saber.  Como quiera, el posmodernismo, predominando en “el saber”, pretende erradicar la ciencia de la modernidad ilustrada.

 

Por los demás, pero que simplemente es lo más esencial, en tanto la preocupación que está en el centro de a ciencia (la modernidad) es el conocimiento objetivo de la verdad, según los criterios antes expuestos; la preocupación que está  en el centro de  “el saber” (la posmodernidad), es sólo el de un conocimiento subjetivo (o de “la verdad de cada cual”), tanto más o menos válido, en el encuentro dialógico o comunicativo.

 

La fuerza de la dialéctica materialista, está precisamente en que su teoría del conocimiento (gnoseología o epistemología), se identifica plenamente con los criterios  de la ciencia (o de la ciencia del modernidad ilustrada, si se ha de ser precisos).

 

En la teoría del conocimiento dialéctico materialista, la relación del sujeto pensante con la realidad, se define como una relación  “sujeto-objeto”, donde el sujeto, mediante sus sensaciones o aparato sensorial, percibe la realidad el mundo de los objetos materiales (ya sea que la realidad se le eche encima, ya que él incida sobre la realidad, pero lo cierto es que ocurriendo ello simultáneamente), de donde se forma en su cerebro un reflejo de esa realidad a manea de su representación en conceptos e ideas, siempre incompletas, de dicha realidad; viéndose siempre en la necesidad de incidir infinitamente sobre los objetos de su conocimiento, los cuales en su movimiento y transformación natural, van siempre adelante del conocimiento posible del sujeto, haciéndose necesario, por ello, la ciencia.

 

La teoría del conocimiento en la posmodernidad, se preestablece, no en la relación directa sujeto-objeto, sino en la relación sujeto-sujeto en el “diálogo de saberes”, de lo cual deriva, en segunda instancia, el conocimiento del mundo de los objetos de la realidad.

 

Tal gnoseología es conocida como la fenomenología (cuando no, como la plena metafísica), por la cual el sujeto trasciende de su cerebro lo que tiene como “el saber”  (y el problema es entender cómo se origina ese saber en su cerebro), para darle orden y sentido al mundo de los objetos, conociendo con ello la realidad.

 

Si ha de enseñarse la ciencia, la educación ha de tener un fundamento teórico y una práctica científica.  Pero más aún, la educación científica hoy en día, está reclamando el combate a los embates de la anticiencia, que despoja al proletariado del arma  más poderosa para la transformación de la realidad.

 

La teoría del conocimiento dialéctico materialista en general, como el método de la ciencia en particular, han de ser el fundamento de una educación científica (en la modernidad ilustrada), en la que ese enseñe la ciencia misma, formando; no sujetos esencialmente con ciertas o competentes habilidades y capacidades; sino sujetos pensantes, críticos, capaces de transformar la realidad y emanciparse.

 

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13 enero 2013 7 13 /01 /enero /2013 23:01

Modelo-de-la-Cosmovision-de-Anaximandro-copia-1.jpgLa Primera Representación del Espacio Geográfico Tridimensional: el Espacio de Simetría Regular de Anaximandro (s.VI ane).  (1/2)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

14 ene 13.

 

Anaximandro (611-545), filósofo jonio, discípulo de Tales de Mileto.  Los geógrafos lo tomamos como el primer geógrafo de la historia, en tanto que, derivado de su cosmovisión, dio la primera interpretación del espacio geográfico: la semiesfera formada por la bóveda celeste, teniendo como base la superficie terrestre plana y circular.

 

 Modelo-de-la-Cosmovision-de-Anaximandro.jpg

Modelo de la Cosmovisión de Anaximandro (s. VI ane)

[Fuente: Hathway, James A; Historia de los Mapas; Organización Editorial Novaro, Col. Libros de Oro del Saber, 6ª edición; Ilustración: Harry McNaught; México, 1981; p.5]

 

De ello elaboró el primer mapa del mundo, conocido como el Perimetrón: la masa continental euro-asiático-africana que aproximaba sus verdaderas formas, mostrándose completamente por el océano mundial.

 

 003-Mapa-Original-de-Anaximandro--Autor-.JPG

El Perimetrón de Anaximandro (s.VI ane), primer mapa de todo el mundo conocido.

[Fuente: Hernández Iriberri, Luis Ignacio; http://espacio-geografico.over-blog.es/; modificado por el autor del Mapa de Herodoto, con base a los datos de que Anaximandro consideraba el Mar Caspio abierto, y, derivado de su modelo cosmovisivo, la relación de sus ejes de simetría era 1:1]


 

En la historia de la astronomía, lógicamente, se ha puesto más atención a la representación de su cosmovisión, como en la historia de la geografía se ha remitido a su mapa.  Sin embargo, considerada la geografía como ciencia del estudio del espacio terrestre, en tanto este es por su realidad objetiva tridimensional, el rescate histórico del origen de tal noción, se remite necesariamente a la cosmovisión de Anaximandro.

 

Luego, a partir de ahí, en una reinterpretación a la luz de la moderna teoría del espacio, destaca la teoría de éste en el proceso empírico-espontáneo del origen de la Geografía como ciencia del estudio del mismo.  Y, en consecuencia, brevemente eso es lo que a continuación procederemos a hacer.

 

La noción de espacio y su propiedad tridimensional, ciertamente como han dicho los estudiosos de ello, es un hecho de experiencia a lo largo de la historia de la humanidad.  Para Anaximandro, ocupando la Tierra en forma de disco plano el centro del Universo, la representación del espacio geográfico tridimensional corresponde a una semiesfera, y, por lo tanto, de igual radio en sus tres direcciones.

 

  003-Mapa-de-Anaximandro-con-Ejes-de-Simetria.jpg

El Espacio Geográfico tridimensional de Anaximandro definido por sus tres ejes de simetría básicos.

 

Esta condición hace de suyo al espacio geográfico, como un espacio de simetría regular; es decir, en el cual, sus ejes (r1 = r2 = r3 = x) son perpendiculares entre sí, de modo que los ángulos en el vértice central son: a = b = g = 90°.

 

Esos tres ejes, a su vez, subtienden planos diedros (a = b = c), dado que sus aristas son de igual magnitud.

 

003-Mapa-de-Anaximandro-con-Planos-de-Simetria.jpg 

El Espacio Geográfico Tridimenisonal de Anaximandro definido por sus tres planos de simetría regular.

 

Por ambos hechos, ángulos iguales entre sí y planos iguales entre sí, el espacio geográfico tridimensional de Anaximandro se clasifica como un espacio de simetría regular, que es la forma más básica de la clasificación de la simetría del espacio, dados hasta en siete formas posibles de acuerdo a los parámetros básicos expuestos.

 

Una característica adicional, que formalmente omitimos en principio ya que en la teoría geográfica del espacio se define con posterioridad, es su condición euclidea.  Haciendo la reinterpretación, hemos dicho, a la luz de la teoría moderna, el espacio geográfico de Anaximandro, completamente definido, es entonces un espacio tridimensional euclidiano de simetría regular.

 

Tal espacio tiene una particularidad: la condición plan a de la Tierra, pero donde la bóveda celeste se considera como parte de ella.  Bajo ese parámetro, el espacio geográfico de Anaximandro es un espacio absoluto.  Mas, luego de descubierta la esfericidad de la Tierra, se convertirá en un espacio geográfico relativo y sus ejes de simetría quedarán determinados ya no por la magnitud, en este caso indefinida, del radio de la semiesfera, sino por otros criterios.

 

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9 enero 2013 3 09 /01 /enero /2013 23:01

Relación de Publicaciones, Ciclo enero-junio, 2013.

 


    Fecha     Tema Editorial y Artículos


 

 

01  14 ene 13  La Dialéctica de las Transformaciones Genésicas; Dr. Carlos Sáenz de la Calzada.

                        “Las Transformaciones de unas Sustancias en Otras”: una síntesis teórico-geográfica de la contradicción histórica esencial de la geografía, del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, 1954 (1/4)

                        Estudio a los Prolegómenos de la Geografía; Estrabón (1/6)

                        La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo (1/10)


02  21 ene 13  El Geógrafo del Futuro (I)

 

                        “Las Transformaciones de unas Sustancias en Otras”: una síntesis teórico-geográfica de la contradicción histórica esencial de la geografía, del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, 1954 (2/4)

                        Estudio a los Prolegómenos de la Geografía; Estrabón (2/6)

                        La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo (2/10)


03  28 ene 13  El Geógrafo del Futuro (II)

 

                        “Las Transformaciones de unas Sustancias en Otras”: una síntesis teórico-geográfica de la contradicción histórica esencial de la geografía, del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, 1954 (3/4)

                        Estudio a los Prolegómenos de la Geografía; Estrabón (3/6)

                        La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo (3/10)


04  04 feb 13  El Geógrafo del Futuro (III)

 

                        “Las Transformaciones de unas Sustancias en Otras”: una síntesis teórico-geográfica de la contradicción histórica esencial de la geografía, del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, 1954 (4/4)

                        Estudio a los Prolegómenos de la Geografía; Estrabón (4/6)

                        La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo (4/10)


05  11 feb 13  El Espacio Terrestre como el Continuum Einsteniano, en José C. Martínez Nava, 1995.

 

                        El Espacio Terrestre como el Continuum Einsteniano, en José C. Martínez Nava, 1995. (1/…)

                        Estudio a los Prolegómenos de la Geografía; Estrabón (5/6)

                        La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo (5/10)


06 18 feb 13   Una Geografía de los Cuatro Elementos.

                        El Espacio Terrestre como el Continuum Einsteniano, en José C. Martínez Nava, 1995. (2/…)

                        Estudio a los Prolegómenos de la Geografía; Estrabón (6/6)

                        La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo (6/10)


07  25 feb 13  De las Cinco Esencias, a los Nueve Estados de Espacio.

                        El Espacio Terrestre como el Continuum Einsteniano, en José C. Martínez Nava, 1995. (3/…)

                        La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo (7/10)

                        Comentario a, La Estructura de la Materia, de Filippo Salvaggi, 1966. 


08  04 mar 13  Un "Molusco" Fumando "lo que no es una Pipa".

                        El Espacio Terrestre como el Continuum Einsteniano, en José C. Martínez Nava, 1995. (4/…)

                        La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo (8/10)

                        Comentario a, La Estructura de la Sustancia, de Karapetiants-Drakin, 1979. 


09  11 mar 13  Una Teoría que Necesitaba ser "Puesta de Pie".

 

                        La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo (9/10)

 

                        El Espacio Terrestre como el Continuum Einsteniano, en José C. Martínez Nava, 1995. (5/5)

 


10  18 mar 13  El Espacio Geográfico en la Teoría del Vacuum, de Luis Ignacio Hernández Iriberri. 

                         El Espacio Geográfico en la Teoría del Vacuum, de Luis Ignacio Hernández Iriberri.  Prefacio (1/...)

                        Comentario a, El Origen de la Superficie de la Tierra, de G.N. Katterfeld, 1962. (1/...)




11  25 mar 13 

                        El Espacio Geográfico en la Teoría del Vacuum, de Luis Ignacio Hernández Iriberri.  Introducciòn (2/...)

                        Comentario a, El Origen de la Superficie de la Tierra, de G.N. Katterfeld, 1962. (2/...)


 

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