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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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11 noviembre 2012 7 11 /11 /noviembre /2012 23:04

El Por Qué del Dónde 3Comentario a, Teorías, Leyes y Modelos en Geografía, 1983, de D. Harvey.  Artículo, 2012 (4/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

12 jul 12.

 

Harvey habla de “los metodólogos”, entre ellos, quienes estamos interesados en la geografía teórica en México, difícilmente llegaríamos a sumar diez (entre estudiosos de la filosofía de la geografía, y hacedores de la historia de la misma, como del análisis de la sociología de la ciencia, entre otros posibles aspectos), surgidos en los últimos treinta años, y de los cuales, bien tiene razón Harvey, sólo dos exponen su postura filosófica definida, y, para más, precisamente de la dialéctica materialista o marxista; en los demás, “sus supuestos metodológicos…, tienen poca relación con las amplias investigaciones acerca de la naturaleza del conocimiento”.  Lo que, en otras palabra dicho, equivale al trabajo en la empíria pura, disfrazada de algo de racionalidad.  En tiempos de Harvey, éste decía que el geógrafo no estaba siendo formado en la ciencia y el método científico, y que, por lo tanto, no estaba preparado para hacer una geografía  científica cono ya lo reclamaba la “revolución científica”.  Pero, cuarenta años después, no sólo no avanzó en esta formación y preparación, sino, peor aún, acabó renunciando a la geografía como ciencia.  El trabajo de buena parte de “los metodólogos”, no está ya en la orientación del hacer científico de la geografía, sino en “el arte” de “un saber” más, en el <<diálogo de “las artes” de los saberes>>.  De un idealismo subjetivo en Harvey, “los metodólogos” de hoy, en buena parte, pasaron a un idealismo metafísico.

 

La paradoja, hemos dicho, es que la simiente de ello ya estaba en Harvey mismo; y aquí nos referiremos a la esencia de todo su trabajo: “En general –expone Harvey–, el objetivo de la geografía no está en desacuerdo con la investigación científica…”[1], y el problema de esencia en esta cita, no está en el vínculo o no de la geografía con la ciencia, sino en el concepto: “el objetivo de la geografía”, por el cual Harvey reduce el problema teórico-metodológico de la geografía de su verdadero objeto de estudio, a una mera definición adecuada de lo que se quiere.  Y es la inducción subjetiva a partir de estas particularidades subjetivas, lo que hace de los planteamientos de Harvey un verdadero marasmo teórico.  En ese sentido, no era posible que la geografía encontrara una determinación como ciencia, sino justo sólo aquello a lo que ha llegado cuarenta años después.

 

Harvey no escapa, y hablando de geografía teórica no podría hacerlo, a la consideración de los aportes de Hettner, e incurre, como todos, sin estudiar las fuentes originales, en adjudicar la falsa tesis de una postura kantiana en éste.  Sin embargo, por lo menos en un pasaje, con honestidad intelectual, Harvey reconoce lo dudoso del hecho: “Aparentemente –apunta Harvey–, Hettner utilizó la tesis kantiana…”[2], y efectivamente, la usó, pero, primero, para deslindar, y segundo, para tomar de ella lo que había de positivo; pero justo lo que lo que no se rescata por nadie, ni por Harvey, no obstante éste hace una separación clara de la tesis de Kant; dice Harvey, y citamos: “La tesis kantiana también supone que puede analizarse el espacio y desarrollarse conceptos espaciales independientemente de la materia”[3].

 

Y aquí Harvey aborda ineludiblemente el problema del objeto de estudio de la geografía: el espacio.  Y resultará enormemente valioso detenerse en ello.

 

La manera en que se expresa dicha tesis kantiana, establece una premisa falsa, entendible en Kant y en general en el idealismo, pero justo de la que se valió la crítica marxista, pero no para hacer la crítica consecuente, sino para deducir, por oposición, su propia definición del espacio.

 

La crítica consecuente con esa tesis kantiana radica en corregir un concepto, y luego poder aceptar que no había objeción alguna para elaborar un concepto de espacio absoluto vinculado al campo, como un concepto de espacio relativo vinculado a la substancia.  Ese concepto a corregir es, en consecuencia, el concepto de “materia”, por el cual el idealismo en general identifica la sustancia.

 

Cuando el espacio se separa de la materia, evidentemente el espacio, como “la nada”, se convierte en atributo de algo sobrenatural, es decir, metafísico.  Pero he ahí que, cuando el espacio sólo se separa de la sustancia, en primer lugar, el espacio sigue siendo “algo” objetivo y material, y, en segundo lugar, atributo, por lo tanto, lo mismo de las propiedades geométricas relativas de lo discreto o cuerpos sustanciales, como de la geometría absoluta del campo continuo, en general, representado éste por el vacío.

  


[1]        Ibid. p.87.

[2]        Ibid. p.90 (subrayado nuestro).

[3]        Ibid. p.91

 


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4 noviembre 2012 7 04 /11 /noviembre /2012 23:05

Editorial


 Obserevatorio Solar y Heliosférico (SOHO)

Observatorio Solar y Atmosférico (SOHO).  La exploración del espacio geográfico encontró un descomunal escollo en el Sol, no sólo por su campo gravitatorio en el cual el espacio geográfico es una burbuja, sino por su radiación de energía, cuyo poder hoy se estudia como causal de los procesos tectónicos mismos.

 

*

 

El texto de Harvey se convierte en una pieza clásica de la geografía teórica en el campo metodológico geográfico, desde el momento en que esta establece la importancia de la filosofía en la investigación geográfica.  A la filosofía, Harvey, se va a referir como un “sistema de creencias”; o, dicho en una forma más rigurosa para dejar de lado el acto de fe, como un sistema de interpretación del mundo; a la vez que por ella habrá de entender a su vez la lógica, esa consistencia que va del objeto al método y finalmente a la teoría, dando forma y contenido a la explicación científica.

 

Desgraciadamente, el fundamento de Harvey en el positivismo, hace su fundamento en el principio del subjetivismo, concibiendo a la ciencia como un mero convencionalismo; y ello lo lleva a considerar la lógica igualmente, como un recurso meramente subjetivo, en donde la diferencia entre la hipótesis y la teoría sólo es el grado de conocimientos.

 

Este Blog, como nuestra persona en los últimos treinta años, exponentes de la geografía teórica, nos centramos en la crítica a los fundamentos lógicos de la geografía, en lo cual nosotros hemos hecho afirmaciones muy severas en cuanto al carácter no sólo acientífico de esta disciplina de conocimientos, sino de un carácter que ha derivado francamente a la anticientificidad.  Nuestra crítica pudiera calificase de “agresiva”, de “ofensiva” a la propia comunidad de geógrafos, y  uno quedar en “calidad de villano”.  Pero más atrás aún, ya desde los años sesenta, un antor como Harvey, entre otros, ya decían exactamente lo mismo en cuanto a la carencia de fundamentos y método científico (ciertamente, por entonces, aún no se desbordaba a la anticientificidad, fenómeno particularmente enfático de los últimos quince años).

 

La geografía no llega a dar explicaciones, dice Harvey, se limita a la descripción; no explica con rigor lógico, y, dice Harvey y no nosotros, no por ignorancia o displicencia, sino por lo que ya en nuestro tiempo hemos calificado abiertamente de oscurantismo: no saber, no querer saber, pero afirmar que se sabe.

 

*

 

El Por Qué del Dónde 3Comentarios Bibliográficos en Geografía Teórica.

 

[___]  Comentario a, Teorías, Leyes y Modelos en Geografía, 1983; de D. Harvey (3/6)

 

Ícono Filosofía-copia-1Filosofía.

 

[___]  Ética: Teoría de la Moral, Desde los Fundamentos de la Dialéctica Materialista.  La Compleja Dialéctica de la Libertad Realización Moral. (9/12)

 

 

 

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4 noviembre 2012 7 04 /11 /noviembre /2012 23:04

El Por Qué del Dónde 6Comentario a, Teorías, Leyes y Modelos en Geografía, 1983, de D. Harvey.  Artículo, 2012 (3/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

12 jul 12.

 

El principio de subjetivismo en Harvey, lo lleva a considerar a la filosofía como un asunto de posibles verdades científicas objetivas, sino de creencias, por lo que –continúa Harvey–: <<considerar más “el soporte subjetivo de esta filosofía de la geografía”, y pasar a considerar su utilidad”[1]; y, no obstante, Harvey procederá a hacerlo con rigor lógico.

 

Sin embargo, esa es también la razón por la cual Harvey va a distinguir, siendo para él de primordial importancia, entre el filósofo y el metodólogo.  El primero nos dará –dice Harvey– un sistema de creencias y valores, y el segundo, la lógica de la explicación en geografía.  Y este criterio lo llevará a una contradicción de principio: “…la adopción de un enfoque metodológico –apunta Harvey–, no lleva consigo necesariamente la adopción  de la correspondiente postura filosófica”[2].  Y es que, si Harvey no nos hubiese expuesto los supuestos filosóficos de que parte, nos hubiese puesto en un doble problema: primero tener que inferir cuáles eran éstos; y segundo, con base en ello, hacerle la crítica consecuente.  De donde se sigue que un “enfoque metodológico” necesariamente, se define a partir de la correspondiente postura filosófica, y el propio Harvey, unos párrafos más adelante, en esa contradicción, afirma: “postulados sin filosofía no tienen, por tanto, sentido”.[3].  De otro modo, sería ocioso, sería una mera erudición intelectualoide, el que el mismo Harvey insistiera tanto en la fundamentación filosófica del método.

 

Pero ese principio subjetivista en el análisis lo va a llevar a un defecto más esencial: “Ya hemos apuntado la esterilidad de la geografía sin objetivo –apunta Harvey–.  Veremos…, que no es posible evaluar la mejoría de los métodos prescindiendo de sus objetivos y de su propósito.  Veremos también, que la elaboración de una teoría, asimismo elemento clave en el proceso explicativo, depende en grado sumo de los objetivos especulativos que se hayan fijado los propios geógrafos”[4].

 

Para Harvey, pues, bajo el principio del subjetivismo, el criterio de objetividad en la ciencia se establece por convencionalidad en la comunidad científica, y de ahí que las demás tareas de la ciencia quede en igual situación.  Pero, más aún, como se ve de la última cita, Harvey reduce incluso el supremo objeto de estudio, a manera de objetivos operativos, por demás, fijados a su vez al arbitrio de la subjetividad.

 

Y fijado así el marco de referencia filosófico, sobre ese fundamento Harvey pasa a una segunda parte para discutir el método y la explicación en Geografía.

 

Para Harvey, correctamente, la explicación científica queda dada en el rigor lógico: “la estructura lógica de la explicación constituye nuestra preocupación principal actual…”[5], en el entendido, según el mismo Harvey, de que nada hay en el silogismo, que no sepamos previamente: “El problema que plantea los sistemas deductivos de explicación es que la deducción no prueba, en sí, nada que no sepamos ya”[6]; de donde se entiende que Harvey no reconoce en el silogismo el hecho mismo de la síntesis del conocimiento nuevo que en dicho silogismo, con el rigor de las reglas de la lógica, es afirmado en su demostración (es decir, en donde ciertamente hay algo que ya se sabe, pero con la diferencia de que en el silogismo se afirma y demuestra como un conocimiento nuevo).  De ahí que identifique hipótesis y teoría, con la diferencia, en un momento dado, de un mayor grado de generalidad, y no como el movimiento de la hipótesis a un mayor grado de certeza en el proceso del conocimiento verdadero.

 

Dadas esas divergencias idealistas y subjetivistas en Harvey, lo que quizá sea el aporte más significativo de su obra, es el mostrar el atraso de la geografía en cuanto al método de explícita negación oscurantista, que se fue haciendo tanto más explícita, cuanto más avances en la aportación teórica.  A partir de 1992, en el seno del IX Encuentro Nacional de Estudiantes de Geografía en México, abiertamente se rechazó la teoría, bajo el absurdo e irracional argumento de que: <<ello sólo los confundía más>>.

 

De ahí en adelante, y más aún luego de las actuales condiciones sociales que se empiezan a vivir en el país luego de 1994, esa “teórica" declaración oscurantista se transformó en sistemática práctica oscurantista (bajo plagio y usurpación de nuestras ideas, se deformó lo que proponíamos, y todavía más, poco a poco se transitó subrepticiamente, de la ciencia y del método de la ciencia de la modernidad –esa ciencia y método galileano-kepleriano y baconiano-cartesiano–, al llamado “paradigma de la <<posmodernidad>>” en donde la geografía ha quedado justificada, reduciéndola a un mero “saber literario” acerca de la Tierra, a través de las múltiples ciencias que tienen que ver con ello.  De ello ya no se desprenden conocimientos que dan un saber riguroso y verdadero, sino, por lo contrario, ella misma constituye un “conjunto de saberes”, de cuya dialógica se desprende un conocimiento consensuado y válido en ese sentido (sin importar que sea o no verdadero).  Y, paradójicamente, ya en los fundamentos idealistas subjetivos de Harvey de los años sesenta, se plantean así las cosa, si bien, aún en el contexto de la ciencia.  Lo que hace poco más de cuarenta años ya era preocupante para Harvey, y no obstante él mismo lo propiciaba, hoy ya es una abierta tragedia en geografía.



[1]        Ibid. p.29.

[2]        Ibid. p.31.

[3]        Ibid. p.32 (y cuesta trabajo entender cómo puede cometer una contradicción tan flagrante, cuando en un párrafo se afirma una cosa y apenas unos párrafos después se afirma lo opuesto).

[4]        Ibid. p.31.

[5]        Ibid. p.67.

[6]        Ibid. p. 59.


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28 octubre 2012 7 28 /10 /octubre /2012 23:05

Editorial

Y.--Gagarin--1961.jpg 

Y. Gagárin, 1961.  Primer ser humano en navegar por la “Mar Vacui”.  En la exploración del espacio se trata de que el ser humano vaya físicamente, pero ahora, detrás de aquel arrojado, la verdadera exploración se hace indirectamente desde la Tierra.

 

*

 

Lo que más sorprende al hacer la lectura minuciosa de la obra de Harvey, “Explicación en Geografía”, 1969, es que ya un autor como él, entre otros contemporáneos como Chorley o Haggett, quince años a nosotros y desconociendo sus trabajos aún no publicados en español, ya estaban planteando los problemas esenciales de la Geografía en cuanto ciencia formal y rigurosa.

 

Ciertamente en Harvey había una limitante: su positivismo explícito en la línea de Stuart Mill, pero no obstante, en general, el entredicho de la geografía como ciencia ya estaba desde ahí.

 

Ese cuestionamiento nuestro en forma independiente, elaborado una década después de Harvey y un lustro antes de conocer su obra, cuestionamiento que sonaba a una enorme blasfemia en los años ochenta en México, no era tal; nosotros apenas estábamos redescubriendo en el hacer geográfico teórico por primera vez elaborado en México, lo que hacía décadas era de lo más común en la geografía teórica en Europa.  Lo que el espanto ante esa aparente “blasfemia” revelaba, era el abismal atraso en nuestro hacer geográfico en este país, por una comunidad de geógrafos profundamente prejuiciosos, conservadores, retrógradas.  En su momento no teníamos la suficiente referencia para denunciarlo, pero ello no los eximía de nuestra percepción como una comunidad reaccionaria y oscura.

 

Parecería que los investigadores y docentes de posgrado del Instituto de Geografía de la UNAM, desconocían los textos de estos autores tanto como yo miso, y por ello se alarmaban tanto de oírnos esos argumentos como si fuesen dichos por primera vez.  No fue casual, pues, que su cerrazón y obcecamiento anticientífico y reaccionario nos impidiera la cátedra en la Universidad en 1987, e iniciara una “proscripción” como dictada por el Tribunal del Santo Oficio geográfico, que nos convertía en “no-existentes”.

 

Pero si esa es una situación muy vergonzosa para la comunidad de geógrafos de aquel entonces…, tanto más, inconmensurablemente tanto mayor es ya la desvergüenza, cuando treinta años después, aún sorprende la existencia de una medrosa comunidad bajo el temor a esa vieja inquisición.

 

*

 

D Harvey (pablotaricco.blogspot.comComentarios Bibliográficos en Geografía Teórica.

 

[___]  Comentario a, Teorías, Leyes y Modelos en Geografía, 1983; de D. Harvey (2/6)

  

 

 

Emblema del ComunismoGeopolítica.

 

[___]  Ensayo Marxista Sobre la Transición a un Modo de Producción Superior (3/3)

 

 

 

Ícono Filosofía-copia-1Filosofía.

[___]  Ética: Teoría de la Moral, Desde los Fundamentos de la Dialéctica Materialista.  La Realización Moral.  (8/12)

 

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28 octubre 2012 7 28 /10 /octubre /2012 23:04

D Harvey (pablotaricco.blogspot.comComentario a, Teorías, Leyes y Modelos en Geografía, 1983, de D. Harvey.  Artículo, 2012 (2/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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12 jul 12.

 

Reinterpretamos la historia de una manera original completamente distinta; nos hicimos de un esquema teórico propio; y entonces lo histórico pasó a ser lo secundario, y lo teórico centró entonces toda nuestra atención.

 

Sólo que, a diferencia del tortuoso camino inductivo de Harvey, nosotros seguimos una lógica deductiva, derivada de la determinación del objeto de estudio, y seguimos el camino de la particularización a partir de la teoría, en todos los vínculos y relaciones del espacio.  Los resultados en la diferencia del método aplicado, fueron notables.

 

Pero ello nos puso lejos de abordar las particularidades de la elaboración de una teoría en Geografía, de sus leyes y modelos.  Pero tanto como a Harvey su método seguido lo puso lejos de la generalización del objeto de estudio; y es por ello que no ha sido sino hasta, que, demostrado empíricamente el espacio como el objeto de estudio, se haga necesaria ya la elaboración de su teoría; y ello es justo lo que nos ha devuelto a la lectura detenida de la obra de Harvey, para dotarnos de los elementos de la “teoría de la teoría”, de lo que en filosofía se conoce como la metateoría: el saber cómo se elabora y formaliza un planteamiento en un cuerpo de teoría.  Y ahora, si no fue en los ochenta como lo deseaba Harvey, está empezando a ser hasta la segunda década del siglo XXI, pero, finalmente, ya podremos empezara a decir: <<Por nuestras teorías nos conoceréis>>.

 

Harvey narra en su prólogo haberse visto influido por lo que se dio en llamar “la revolución cuantitativa en geografía”, y ciertamente, como él concluye: “lo que estaba implícito en la cuantificación era la filosofía del método científico”[2], lo que, agrega, dio como efecto más importante, el pensar lógicamente, como uno de los aspectos más decisivos en el método científico; algo de lo que, dice, el geógrafo es por su formación, ajeno: “hay muchos geógrafos que necesita una (…) enseñanza formal porque, como yo –dice Harvey–, no fueron educados en el método de la ciencia”[3].  Y esto que ya Harvey reconocía así a fines de los años sesenta, cuarenta años después, sigue tan abrumadoramente ausente como entonces.

 

Harvey va a reconocer algo aún más importante en cuanto al método científico: “…comprender los fundamentos filosóficos del método científico”[4].  Así, reconociendo la consistencia lógica desde estos supuestos filosóficos, Harvey mismo lo hace en un campo gnoseológico muy definido: el idealismo filosófico, siguiendo postulados, lo mismo del empirismo lógico de Stuart Mill, que del positivista lógico de la filosofía lingüística, Rudolf Carnap, o del racionalismo crítico de Karl Popper.  Todo ello queda enfrentado ideológicamente al materialismo dialéctico de Marx, pero, justamente será de fundamental importancia esa definición filosófica, para la elaboración crítica de sus planteamientos.

 

La obra de Harvey, Teorías, Leyes y Modelos en Geografía, está dividida en seis partes, a través de las cuales va de los fundamentos filosóficos, a sus implicaciones en el intento explicativo en el hacer geográfico, en donde asigna, por demás correctamente, un papel relevante a la elaboración de las teorías en esa explicación, y, luego, donde en la elaboración de las mismas, las leyes y modelos, van a ser determinantes en esa función.

 

Hay, no obstante, un serio problema al intentar comentar su obra siguiendo su propia estructura, dado el procedimiento inductivo de Harvey; de ahí que, para no perdernos en un mar de minucias particulares, invertiremos el método y analizaremos de conjunto la esencia de su trabajo, dada en las primeras tres partes.

 

Significativamente, Harvey parte de la definición de Hettner de la Geografía: “ciencia de la descripción y explicación de áreas diferenciadas en la superficie terrestre”, y la somete a discusión.

 

El primer problema que destaca, son los fundamentos filosóficos de su crítica, dados en el idealismo subjetivo, es precisamente el juzgar la definición de Hettner, no en la veracidad como reflejo objetivo de la realidad objetiva y sus implicaciones, ni siquiera como un juicio intelectivo, sino, por lo contrario, el juzgarlo subjetivamente bajo un juicio moral: “Con arreglo a nuestros valores –dice Harvey–, discutiremos la validez de las <<áreas diferenciadas en la superficie terrestre>>”[5].



[2]      Harvey, David; Teorías, Leyes y Modelos en Geografía; Alianza Editorial; Madrid, 1983; p.19.

[3]        Ibid. p.19.

[4]        Ibid. p.19.

[5]        Ibid. p.28 (subrayado nuestro).


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21 octubre 2012 7 21 /10 /octubre /2012 22:05

Editorial

 

Sputnik-2--Laika.jpg

Laika, 1957.  Primer ser vivo en orbitar la Tierra; primer ser vivo en navegar en la “Mar Vacui”.   Primero fueron los mecanismos, como el Sputnik-1; luego los seres biológicos, el primero de ellos, el envío de Laika en el Sputnik-2; controversialmente en sacrificio experimental.   Adentrarnos a la nueva mar de la “Mare Nostrum” (nuestro espacio geográfico), no fue ahora de simple tecnología y arrojo, requirió de un estricto proceso científico.  Todas las ciencias estuvieron presentes…, menos la geografía; y desde entonces, algo falta de la nueva exploración.

 

*

 

Iniciamos ahora una nueva serie de varias entregas, del cometario a la obra de David Harvey, Teorías , Leyes y Modelos en Geografía, 1983, en su edición en español; publicada en inglés con el título de “Explantion in Geography”, 1969.

 

La obra nos habrá llegado a las manos muy seguramente hacia 1984 o quizá 1985; devímos haberlo leído “por encima”, destacando apostillas que revelan nuestra sorpresa de que dicho autor, ya en los años sesenta  (unos quince años antes de nuestras reflexiones), tenía claro, tanto como Hettner y otros, que el problema esencial de la geografía era el estudio del espacio, tanto porque ese se vislumbraba como el objeto de estudio, como porque si aún no se definía plenamente así por Harvey, era por la complejidad misma del concepto de espacio.  Apostillas de lecturas posteriores, aún en 1990, no dejan de revelar nuestra admiración en cuanto al objeto de estudio de la Geografía, y de la lectura de Harvey entonces, no necesitábamos más.

 

Luego vino el vacío de quince años, al cabo de los cuales, hoy, en el 2012, hemos hecho nuevamente su lectura, pero ya no “por encima”, sino completa y detenida, con una crítica de fondo.  Y la razón por la que volvimos a la obra de Hearvey, fue porque ya nuestra necesidad ha sido otra, no es más el objeto de estudio (más que claro), sino ahora: la formalización de la teoría.

 

Cómo se elabora y formaliza una teoría, que en geografía, y particularmente por nuestra parte, no podría ser otra que la “teoría del espacio geográfico”.  Para fines de 2011 sentíamos que ya teníamos todos  los elementos para ello, pero desconocíamos el protocolo formal, y al investigarlo, teníamos que volver a este clásico de Harvey, cuyas dos primeras partes comentamos ahora (las tercera y cuarta partes, de especial importancia en la teoría acerca de la formalización de la teoría y la crítica geográfica teórica, la dejamos para publicar en la Revista “Espacio Geográfico”).

 

*

 

Carátula; Teorías, Leyes y...; Harvey 1983Comentarios Bibliográficos en Geografía Teórica.

 

[___]  Comentario a, Teorías, Leyes y Modelos en Geografía, 1983; de D. Harvey (1/6)

 

  

 

 

Emblema del ComunismoGeopolítica.

 

[___]  Ensayo Marxista Sobre la Transición a un Modo de Producción Superior (2/3)

 

 

 

Ícono Filosofía-copia-1Filosofía.

 

[___]  Ética: Teoría de la Moral, Desde los Fundamentos de la Dialéctica Materialista.  Deontología: el Acto Moral Independiente de las Consecuencias.  (7/12)

 

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21 octubre 2012 7 21 /10 /octubre /2012 22:03

Carátula; Teorías, Leyes y...; Harvey 1983Comentario a, Teorías, Leyes y Modelos en Geografía, 1983, de D. Harvey.  Artículo, 2012 (1/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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12 jul 12.

 

Después de La Naturaleza de la Geografía (1939), de Hartshorne, la Explicación en Geografía (1969), título de su publicación en inglés, o Teorías, Leyes y Modelos en Geografía (1983), como su título en su publicación en español, de David Harvey, sea la obra más importante en el desarrollo del pensamiento científico geográfico.

 

Es de hacer notar, que la geografía teórica se está desarrollando en el mundo en el curso del siglo XX, a partir del pensamiento geográfico en Francia con De la Blanche y De Martonne; luego, y principalmente, en Alemania, con Hettner; y de ahí, pasando a los Estados Unidos con Hatshorne, y a Inglaterra con Harvey (entre otros), hasta fines de la década de los sesenta.  Luego, en los años setenta, vuelve a Francia y aparece en España, y de pronto, por primera vez, surge su discusión en nuestra persona, en México entre fines de los setenta y durante los ochenta.

 

A mediados de los setenta se publicó en español la obra Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica (1976), de A.M. Riábchikov, como un trabajo en el que, sin discutir los aspectos  inherentes a la geografía teórica (la interpretación de la historia de la ciencia, la filosofía de la geografía, o algún aspecto de su sociología, etc), se publica como la propuesta, a manera de una teoría aplicada, de la geografía como ciencia de los balances de energía entre los Elementos propuestos desde la antigua Grecia clásica: Tierra, Aire, Agua, y Fuego.

 

De este modo, la voluminosa obra de Harvey que ahora aquí comentamos, está a medio camino entre los desarrollos teóricos de los años cuarenta-cincuenta, al estado de los mismos ya para los años setenta-ochenta; de modo que, siendo una consecuencia del desarrollo positivo de aquella, es antecedente necesario para entender el estado de ésta.

 

Harvey, conforme al título de su obra en inglés, va a centrar su atención en la explicación en geografía.  De la explicación más allá de su esencialidad causal, desplegada en su exposición en la teoría y de la función, principalmente, de los modelos en relación con dichas teorías.

 

Dicha obra llegó a nuestras manos unos dos años después de su publicación en español (hacia 1985), que aun cuando quince años después de su publicación en inglés, no había perdido vigencia alguna, y sí, antes al contrario, comenzaba ya a cuestionar la capacidad de los desarrollos ulteriores, a los que Harvey se había referido en las últimas líneas de sus conclusiones finales: “Ojalá –dijo Harvey ahí a fines de los años sesenta– que nuestra divisa para la década de los ochenta rece así: <<Nos conoceréis por nuestras teorías>>[1], y la década de los ochenta estaba ya en pleno , y ante la continuada ausencia de teorías seguían, pues, sin poder conocer al geógrafo y a la Geografía.

 

Aun cuando Harvey había escrito esta obra unos cinco años antes de que nos interesáramos por la Geografía, no la conocimos sino unos cinco años después de egresados de los estudios.

 

Todo nuestro interés durante laos estudios de la Licenciatura, se centraron en el conocimiento de la historia de la Geografía, y la teoría era el complemento.

 

Egresamos creyendo en lo que se nos había enseñado, viendo su inconsistencia en el rigor de la definición como ciencia, y nuestra tesis de grado se dirigió a intentar aportar en algo en ello.  Las categorías fundamentales en torno a las cuales giramos entre 1979 y 1980, fueron la síntesis y la relación; y tal tesis se hizo indemostrable.

 

Veíamos que la categoría de relación no podía referirse a las relaciones internas entre los fenómenos, objeto de estudio de otras ciencias, sino a las relaciones físicas externas entre los mismos, y la abstracción y generalización de ello, nos condujo a la categoría de espacio, que subyacía en el fondo de tales relaciones.  Reinterpretamos entonces toda la historia en torno a esta categoría fundamental, y el rompecabezas comenzó a armarse con sorprendente lógica.  Habíamos “redescubierto” independientemente cuál era el real objeto de estudio de la Geografía.

 

 


[1]      Harvey, David; Teorías, Leyes y Modelos en Geografía; Alianza Editorial; Madrid, 1983; p.481.


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14 octubre 2012 7 14 /10 /octubre /2012 22:05

    Editorial

Argo--Construccion.jpg 

Construcción de la Nave Argo en el Astillero de Yolcos

De ahí el nombre de "los argonautas".  Ahí, en dicha mitología, empezó el conocimiento del espacio geográfico como la “Mare Nostrum”, en su navegación y exploración en extensión.

[Fuente: Guirand, F; Mitología General; Editorial Labor, 3a reimpresión, México, 1971; p.262] 

 

*

 

La mitología de Los Argonautas, como un evento ocurrido 35 años antes de la Guerra de Troya, antecede en unos siete siglos al trabajo geográfico de Anaximandro expuesto en su Perimetrón.

 

La historia de Heracles, el amotinamiento de Jasón, el arrojo de los 52 argonautas, la mujer en esta historia en representación de Medea, la compleja e irreproducible secuencia de la expedición, el viaje hasta la Clóquide por la piel de lana de oro, o vellocino de Aries; todo ello hace, más allá del mito, un paralelismo con la condición humana real en toda la esteticidad de sus emociones, sentimientos, capacidades intelectuales, valores morales y sexualidad; un mito que, como lo fue por mucho tiempo el mito mismo de Troya, la antigua Ilión, tiene al parecer mucho de realidad histórica.

 

En la expedición de los argonautas estaría, entonces, el origen del conocimiento geográfico como referencia para el “mundo occidental”, cuenta de tal conocimiento, es el mapa de Anaximandro, su Perimetrón, a partir del relato miso que los habitantes de Colchis y de la lejana Persia habrían de darle a Jasón y sus compañeros de aventura.

 

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    Argo, Construcción Historia General de la Geografía.


[___]  El Espacio Geográfico como la “Mare Nostrum”, y la Constante Expansión Histórica de sus Horizontes.

 

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14 octubre 2012 7 14 /10 /octubre /2012 22:04

Argo, ConstrucciónEl Espacio Geográfico como la “Mare Nostrum”, y la Constante Expansión Histórica de sus Horizontes.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

13 oct 12.

 

El Perimetrón de Anaximandro, no podía ser sino como resultado de los Ulises de su tiempo, esos grandes navegantes de los Siete Mares de la “Mare Nostrum” antigua, centro de conocimiento del mapa de éste y reflejo del espacio geográfico hasta entonces explorado, y en donde “lo demás”, lindaba en la hipótesis.

 

Todo comenzó allí donde el padre de Teseo, creyéndolo destruido por el Minotauro, decidió ahogarse, y de ahí el mar que lleva su nombre, el Mar Egeo.

 

Zarpó de Yolcos la nave “Argos”; nombre en honor a Panoptes, a Argón, el que, con sus cien ojos, todo lo ve; con sus cincuenta y dos míticos expedicionarios, rumbo a la Clóquide (el lugar de “los otros”), en pos de la aurea piel de lana de Aries.

 

Al frente de la expedición estaba Herácles, pronto desplazado por el amotinado Jasón en Misia, donde fue abandonado.  De ahí la exploración se extendió al Mar de Tracia, y atravesando el Helesponto, el Estrecho de los Dardanelos, descubrió el Mar Mármara; y tras el Estrecho del Bósforo, el “Ponto Euxino”, el extremo Mar Negro, en cuyo profundo horizonte de tinieblas estaba el Vellocino de Oro, objeto de su viaje.

 

En el extremo opuesto, del Egeo Meridional o Mar de Creta navegado por el argonauta Teseo, en otras exploraciones se desembocó en la “mar abierta” (ciertamente, aún dentro de la “Mare Nostrum” antigua), el Mar Jónico; y de ahí, el séptimo y “lejano” mar, el Mar Adriático.

 

Navegar al Mar Tirreno y al Mar de Liguria, fue poner fin a la leyenda de los míticos Siete Mares, y pronto la “Mare Nostrum”, ese centro de exploración del espacio geográfico de la Antigüedad, sólo fue ya el Mar Mediterráneo, de una tierras, a su vez, rodeadas completamente por la “Mar Océana”.

 

Más allá de las Columnas de Hércules, en un nuevo horizonte profundo, estaba lo insondable: el Océano Atlántico; pero en el otro extremo del Mediterráneo, cruzando el corredor de Port Said, se desbordó al Mar Rojo, y cruzando la “Puerta de los Lamentos”, el Estrecho de Báb el Mandab, se desembocó en el Golfo de Adén, y un nuevo horizonte sin límites mostraba la extensión del Océano Índico.

 

La exploración de la nueva “Mare Nostrum” ampliaría el conocimiento del espacio geográfico, llegando en un extremo a Thule, y en el otro a Taprobana; sólo para saberse que aún había más espacio por recorrer; y tánto más aún, que el que habían navegado hasta ahí.  La antigua “Mare Nostrum” del Mar Mediterráneo, fue suplida por la nueva “Mare Nostrum” del Océano Mundial; como los Siete Mares antiguos, ahora éste estaba formado por cinco grandes Océanos, que llevó toda la Edad Media y aún hasta hace apenas un siglo, el acabar de descubrirlos por completo.

 

Y no habiendo más “Mar Océana” que navegar, nos aventuramos entonces a una nueva “Mare Nostrum”, un espacio geográfico que ampliaba sus horizontes ahora en la plena tridimensionalidad del espacio: la “Mar Eola”.

 

Que cada uno de esos nuevos espacio descubiertos están llenos de cosas sorprendentes y maravillosas, pues sí; pero eso era una consecuencia secundaria de lo esencial: avanzar en el conocimiento del espacio, ampliar la cartografía hasta cerrar el Globo Terráqueo, y enfrentar el hacer de nuevos mapas, porque el espacio geográfico aún iba más allá en un horizonte cada vez más extraño.

 

Muchos quedaron en el camino, extasiados, embelesados en el encanto de tanto portento (lo mismo de las Amazonas que del Canto de las Sirenas; y hoy se ostentan como geólogos, que no lo son, haciendo “geomorfología”; como meteorólogos, que no lo son, haciendo “climatología”; como biólogos con dos cursos, haciendo “ecología”; como edafólogos, haciendo cultivos en microclimas cual agrónomos que no lo son; como ecónomos, que ante los economistas son “geógrafos”, y ante los geógrafos son “economistas”; como etnólogos, como demógrafos, etc, etc.  Y que cuanto más ha de reconocerse su alto nivel de especialización, tanto más alejados y olvidados de la geografía); abandonaron el conocimiento geográfico y su interés por el espacio; esto es, por lo que aún había más allá de la “Mar Océana”; y se convirtieron en una multitud de especialistas en otros conocimientos que dieron lugar a otras tantas ciencias.  Los verdaderos geógrafos, en el espíritu de los argonautas, continuarían su navegación.

 

Y entonces se comenzó a navegar por la “esfera del movimiento del aire”, la troposfera; y pronto se descubrió que había otras “esferas” más allá: la estratósfera, la magnetosfera, y la exosfera.

 

Nuevas exploraciones avanzaron en el conocimiento de la “Mar Eola” de la que los geógrafos fueron dando cuenta en la nueva cartografía, y pronto se descubrió que la “Mar Eola” daba tránsito, a “muy corta distancia”, a una “Mare Nostrum” que se ampliaba inconmensurablemente.  El espacio geográfico, en un nuevo mar extraño, abría un nuevo horizonte aún más insondable que todo océano antes explorado.  Más allá de la estratosfera, comenzaba la “Mar Vacui”.  Desde siempre, el nuevo horizonte intimidó a los más; pero esta vez, lo hizo a tal punto, que todos los geógrafos concluyeron que la “Mar Vacui” ya no era una nueva ampliación de la “Mare Nostrum”; que ese ya no era propiamente espacio geográfico, sino ya espacio cósmico.

 

De ser así, cesaba el conocimiento del espacio geográfico en extensión, y era hora de pasar de lleno al conocimiento de su estructura y propiedades internas.

 

Pero, otra vez, nuevos argonautas exploradores se aventuraron en empresas colectivas de una enorme complejidad; los nuevos Colón, los nuevos Vespucio, los Magallanes de hoy, siguieron siendo importantes, la clave, lo significativo de la exploración, pero tanto más que ellos, ahora lo son la “Escuela Geográfica Mallorquina”, la “Escuela Geográfica de Saint Dié”, la “Escuela Geográfica de Sagrés” o la “Escuela Geográfica de Flandes” (más conocidas como "Escuelas Cartográficas"), en donde los Cresqués, los Waldseemüller, los Mercator, son tanto o más importantes que aquellos; es decir, la forma antigua de la actual Baikonur o la forma antigua de la actual Agencia Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA); para incursionar en la navegación de la “Mar Vacui”.  Cada época plasmó el conocimiento del espacio en sus Cartas Geográficas, sólo que esta vez ya no estuvo presente el geógrafo dando cuenta de ese espacio en sus mapas.  Y los nuevos navegantes, incluso, desde un Y. Gagárin a un N. Armstrong, ya no se dijeron a sí mismos “Pilotos” de una náutica marina o aérea, sino “cosmonautas”, navegantes del cosmos; o “astronautas”, navegantes de los astros.

 

Hasta que apareció un geógrafo* que estudiando las propiedades de lo suyo, el espacio, se dio cuenta de que la “Mar Vacui” era aún extensión de la “Mare Nostrum”, y, ciertamente, la última mar del espacio geográfico a navegar.

 

Los nuevos exploradores, cierto es también, a su vez, nautas más allá de los 320,000 km de distancia de la Tierra, dejabn de ser nautas de la “Mare Nostrum” geográfica o terrestre, y se converten, efectivamente, en astronautas o cosmonautas, en navegantes de más allá de nuestro espacio terrestre en pos de la nueva Clóquide misteriosa ahora en la estrella de Aries; no obstante ya en una “Mar Vacui” de un cosmos infinito y de infinitos mundos para los inacabables aventureros, de los inagotables Laertes, Heracles, Jasón o Ulises de todos los tiempos en la condición de la naturaleza humana: ir al espacio.



*   Declarado risiblemente como no-existente por una cerrada y acientífica comunidad de geógrafos que “no entiende” la función de la geografía teórica (pero que en realidad la omite porque afecta sus mezquinos intereses), dada la herejía de insistir en el estudio del espacio, por lo que no le queda más remedio que identificarse a sí mismo: ese geógrafo, es el autor de estas líneas (todo lo cual, más que “lamentar” una “misantropización”, expresa la pobreza intelectual y moral de esa comunidad de “geógrafos” que se ha autocondenado históricamente).


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7 octubre 2012 7 07 /10 /octubre /2012 22:06

Datos Colegio Minería, Santiago Ramírez, 1890

Datos para la Historia del Colegio de Minería, 1890, de Santiago Ramírez, obra que se inicia con mucha modestia por parte de su autor, pero que se convierte en obra funamental para la historia, en general, de la ciencia en México.  De ella hemos rescatado críticamente la historia de la Geografía en México en el Siglo XIX (particularmente hasta 1867), haciendo a más de historia -asunto que no es propoiamente nuestro-, sociología y filosofía de la ciencia

 

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La primera vez que tuvimos oportunidad de leer un trabajo en un Congreso, fue en el IX Congreso Nacional de Geografía en México, en 1983; luego participamos en los X y XI congresos de 1985 y 1987 respectivamente.  Veinte años después, a pocos meses de creado este Blog, se presentó, pues, la oportunidad de presentar (virtualmente) nuestra ponencia al XIX Congreso Nacional de Geografía, 2009; y en la inercia de nuestra pasión por la simetría, quedamos obligados a participar en los trabajos del XX Congreso de 2012.

 

Ahora presentamos un trabajo de historia de la Geografía: “La Historia de la Geografía en México en el Siglo XIX: sus Determinantes Teóricas y Sociales”, elaborada a partir de rescatarla de la valiosa obra para la historia de la ciencia en México de Santiago Ramírez, “Datos para la Historia del Colegio de Minería”, 1890.  Al respecto teníamos ya un trabajo en términos más generales (que próximamente publicaremos ya en este Blog), y ahora en esta ponencia destacamos enfáticamente en las determinantes teóricas y sociales de su desarrollo desde principios del siglo XIX, hasta 1867, en que desaparece el Colegio de Minería, y hasta donde llegan los datos de Santiago Ramírez.  A partir de ahí, la historia de la Geografía en México tendrá una etapa diferente, ahora en el seno de la Escuela Nacional de Ingeniería de la Universidad Nacional, en forma de “Ingeniería en Geografía e Hidrografía”, proyectándose hasta todo el primer cuarto del siglo XX, desapareciendo difusamente de la escena (otra historia).

 

Sin duda es una historia inconmensurablemente aleccionadora, tanto para comprender la naturaleza de la geografía, su función socio-económica, como, no menos relevante, la sociología de la ciencia que aún explica nuestro tiempo.

 

La historia de la Geografía en México en el siglo XIX se desarrolla en cuatro momentos históricos, de los cuales sólo examinaremos, pues, los tres primeros: 1) el período que va de 1802 con la reforma al Colegio de Minería, en la cual la Geografía adquiere relevante importancia, a 1843 en que se funda la carrera de “Geografía y Naturalista”; 2) el período de 1843 a 1855, fecha última en que se da una nueva reforma al Colegio de Minería, consolidándose la carrera en el grado de “Ingeniería Geográfica”; y 3) el período de 1855 a 1867, año último en que desaparece el Colegio de Minería, y en la Escuela de Ingeniería que le sustituye, se crea la carrera de “Ingeniería en Geografía e Hidrografía”.  Dividimos la exposición de esta ponencia en dichos períodos, anteponiendo una Introducción y ciertos fundamentos, más su parte conclusiva.

 

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1847 Batalla de Sacramento, Pedro García Conde; 1847Historia de la Geografía en México.

 

[___]  Historia de la Geografía en México en el Siglo XIX: sus Determinantes Teóricas y Sociales.  Primera Parte, Introducción y Fundamentos.

[___]  Historia de la Geografía en México en el Siglo XIX: sus Determinantes Teóricas y

 

1866 Desagüe del Valle de México, 1866 Sociales.  Segunda Parte, 1802-1843. 

[___]  Historia de la Geografía en México en el Siglo XIX: sus Determinantes Teóricas y Sociales.  Tercera Parte, 1843-1855.

[___]  Historia de la Geografía en México en el Siglo XIX: sus Determinantes Teóricas y Sociales.  Cuarta Parte, 1855-1867.

[___]  Historia de la Geografía en México en el Siglo XIX: sus Determinantes Teóricas y Sociales.  Quinta Parte. Conclusiones.

 

 

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