Overblog Seguir este blog
Administration Create my blog

Presentación Del Blog

  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
  • Contacto

Buscar

Archivos

23 septiembre 2012 7 23 /09 /septiembre /2012 22:04

Gradiente de ConsolidaciónLa Geografía: su Contribución a la Previsión Científica, y al Progreso Social.  Ensayo, 2011 (3/3)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

 http://espacio-geografico.over-blog.es/

28 may 11.


Inteligencia colectiva

y sobrevivencia social.

 

Toda ciencia constituye la inteligencia colectiva para la sobrevivencia de la sociedad. Es decir, toda ciencia, está destinada a servir a la sociedad.  La Geografía, en tanto ciencia, constituye entonces inteligencia colectiva para la sobrevivencia social, haciendo previsiones acerca de lo que en esencia se ocupa, de lo que se ha ocupado a lo largo de su historia: del espacio terrestre, socialmente en forma del ordenamiento del espacio.

 

Lo que socialmente es esperable tanto de la ciencia como de la técnica, es que su operación práctica, resuelva problemas, en vez de crearlos.  Así, lo socialmente esperable de la ciencia, es su racionalidad.  Esta inteligencia y racionalidad de la ciencia se pierde, justo en la medida o proceso en que es enajenada a la sociedad, y puesta al servicio exclusivo de los intereses de las clases sociales en el poder. Entonces ya no es la ciencia la que está al servicio de la sociedad, sino la sociedad al servicio del condicionamiento de los usos de la ciencia y de la técnica.  De ahí que se hace imprescindible la transformación social, para que ésta recupere esa inteligencia colectiva a su servicio e intereses.

 

Este proceso de enajenación social al condicionamiento mediante la ciencia y la técnica a los intereses de la clase social en el poder, se inició con particular énfasis en función de los intereses del capital, a raíz de la Revolución Industrial dada en la transición del siglo XVIII al XIX, y, a partir de entonces a la fecha, se ha ido incrementando.

 

Así, siendo el fin último de la ciencia la previsión del progreso y desarrollo social de manera racional; esto es, en armónica consonancia con la naturaleza en la dialéctica de su necesario dominio en tanto que es la base material de ese progreso y desarrollo social; en el momento actual, esa posible previsión únicamente responde a los propósitos de los grupos de poder, que no es propiamente un progreso ni desarrollo, ni social, ni mucho menos en la esencia de esa racionalidad expresada en lo que geógrafos y economistas conocemos muy bien, como lo es la planificación geoeconómica regional para unos, o simplemente económico-social para los otros.

 

Refiriéndonos en particular y de la manera más esencial a la función social de la ciencia de la geografía, esta se expresa, en lo general, en el conocimiento de la estructura y orden del espacio terrestre, y en lo que denominamos, como consecuencia de ese conocimiento, como elordenamiento del espacio; lo cual tiene lugar en unidades regionales, y mismas que forman la base de esa, por ello llamada así, planificación geoeconómica regional.

 

En ese sentido, citamos de I. Andréiev en su trabajo La Ciencia y el Progreso Social: “La sociedad humana, cualquiera que sea la fase de desarrollo en que se encuentre, es siempre un complejo sistema de autodirección; ninguna sociedad puede existir sin dirección”[6].  Sólo que, en este momento, esa dirección está determinada por el modo de producción capitalista, que responde exclusivamente a los fines de la clase social en el poder, de donde se expresa toda su irracionalidad, y no de la sociedad en general.

 

Esa dirección es, en el caso más ideal, justamente el desarrollo planificado.  Sin embargo, el sistema capitalista no se sustenta, ni se puede sustentar en ello, dado que éste es, esencialmente, un sistema económico no sólo de mercado, y como tal, de producción excedente destinado a ser mercancía (en donde, en la competencia salvaje, se trata de producir más, para vender más, para ganar más, sin importar lo que pase con la naturaleza, que es la base material de esa producción misma; y de ahí elsummum de la irracionalidad del sistema), sino, además, de excedentes de mercancía especulativa.

 

No obstante, poniéndonos en el caso más ideal, podemos decir que esa planificación puede ser, y sólo puede ser, en un nuevo orden social fundado en otro modo de producción, en función del concurso de la inteligencia colectiva real dada de todas las ciencias contribuyendo con sus conocimientos a ese proceso complejo que es la planificación social; donde, hemos visto, la Geografía, en el conjunto de la función social de la ciencia, no tiene un papel menor.  Y ese es sólo uno de los aspectos, el más conocido por todos los geógrafos, en el que más se involucra en la participación colectiva con el conjunto de las ciencias, y lo cual es una de las funciones sociales de la Geografía, sin que esa sea ni la única, y quizá, ni la más importante.

 

 

Conclusión.

 

Iniciamos este ensayo haciendo una afirmación: “Toda ciencia tiene por fin esencial el servir al progreso y desarrollo social, ya que ésta constituye la inteligencia colectiva para la sobrevivencia de ésta.  La Geografía, en tanto ciencia, está al servicio del progreso y desarrollo social”.  Un juicio que a la luz de una simple revisión de las relaciones del progreso y desarrollo social con la ciencia, ha sido históricamente demostrado.

 

Así, ese antecedente histórico en el que hemos visto que todo servicio al progreso y desarrollo social, constituye inteligencia colectiva para la sobrevivencia de la sociedad, no es, a la vez, algo que discurra felizmente, sino que, en función de una sociedad dividida en clases, una ciencia que en un momento dado, el del surgimiento de una nueva manera de producir los bienes materiales para la sociedad, desempeña un papel progresivo; en otro, en el momento en que el desarrollo social demanda nuevos cambios sustanciales, se vuelve contra los intereses de la sociedad misma en su conjunto acaparada y controlada por la clase social en el poder.

 

De ello se derivaban tres aspectos esenciales: 1) el fin último de toda ciencia en la previsión, tal que ello dirija el armónico y racional progreso y desarrollo social; 2) la enorme necesidad de una conciencia social y política en el científico, que lo haga asumir una responsabilidad social concordante con la racionalidad que se espera de la ciencia misma; y 3) la necesidad de una geografía elaborada desde un cuerpo de teoría más riguroso en función de su real objeto de estudio, en que se elabore y desarrollo como ciencia, a partir de la investigación misma de la naturaleza de ese mismo objeto.

 

Una tesis es sustentada a lo largo del trabajo: el que “Toda ciencia tiene por fin esencial, hemos dicho, el servir al progreso y desarrollo social.  La Geografía, en tanto ciencia, ha de servir, por lo tanto necesariamente, al progreso y desarrollo social mediante sus contribuciones en el conocimiento del estudio del espacio terrestre; y, por supuesto, cuanto más objetiva sea su investigación en el conocimiento del mismo, tanto mayor, como más propia, será su contribución”; este juicio es el que necesitaba su demostración, y, en los límites de este ensayo, esperamos haberlo hecho; pero, aspecto enunciado a su vez, que implica la constante necesidad de la transformación social misma, y, ante ello, la necesidad de que el científico, a más de una conciencia social y política, va en ello una obligada y tácita o explícita definición ideológica, que no puede eludir, pues aún negando todo vínculo a la problemática social, ello constituirá una posición ideológica.

 

Y hemos visto que, no por definir un carácter social en la ciencia; incluso violentando su naturaleza misma; ello hace necesariamente del científico un sujeto consciente social y políticamente, definido per sé en una posición ideológica progresista, y, en esa medida, comprometido responsablemente con la sociedad.  Antes al contrario, hemos visto que ello constituye una confusión, propia al proceso de alienación a que es sometida la comunidad intelectual, para desviarlo de las transformaciones verdaderas.

 

En tanto que la conciencia se forma de la comprensión de la realidad, cuanto más esa comprensión esté fundada científicamente, mayor y más clara será dicha conciencia.  Pero una comprensión científicamente fundada, es aquella que se finca en la leyes, no sólo de la naturaleza, sino de la sociedad, pues con ello, y sólo es con ello que al científico le será posible prever los acontecimientos y contribuir a la mejor dirección de la sociedad.

 

Así, para demostrar tal tesis, enunciamos el juicio hipotético por el que, dijimos: Toda ciencia, a su vez, constituye la inteligencia colectiva para la sobrevivencia social; y brevemente, destacamos la función social de la ciencia desde fines del siglo XVIII en la Revolución Industrial en un proceso de inteligencia colectiva históricamente dada; misma que incluso hará decir a Newton que <<si podía ver más lejos, era sólo porque estaba parado sobre los hombros de gigantes>>.

 

Y en el seno de la contradicción histórica de la sociedad en la lucha de clases, hicimos ver la esencial función social de la ciencia en la procuración de la sobrevivencia misma de la sociedad, en lo cual desempeña ese papel esencial la previsión científica; y referido a ello, ubicamos en particular la función social de la Geografía, no como una descriptiva “sociología de los lugares”, sino como una ciencia del análisis del espacio como tal, del estudio de su estructura y composición, tal que le permita dar argumentos en torno al ordenamiento del mismo, base fundamental de lo que aquí hemos usado como ejemplo de una aplicación de la función social de la Geografía, en la planificación geoeconómica regional, como uno de los aspectos más comunes e históricamente evidentes de la incidencia de esta ciencia en la sociedad.

_________

 

Bibliografía.

 

Alzate y Ramírez, José Antonio de; El Estado de la Geografía de la Nueva España y Modo de Perfeccionarla; Asuntos Varios Sobre Ciencias y Artes Nº 7, del 7 de diciembre de 1772.

Andréiev, I; La Ciencia y el Progreso Social; Editorial Progreso, Moscú, 1979.

Colegio Mexicano de Geógrafos Posgraduados; Tendencias y Perspectivas de la Problemática Profesional y Académica de la Geografía; Geosofía, Apoyos a la Investigación y Docencia, Instituto de Geografía, UNAM; México, 1989.

Estrabón; Geografía, Prolegómenos; Editorial Aguilar; Madrid, España, 1980; p.26 (Estrabón, I,23).

Foroba, T; Diccionario de Filosofía; Editorial Progreso, Moscú, 1984.

Hernández Iriberri, Luis Ignacio; Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento; Memorias del IX Congreso Nacional de Geografía, Guadalajara, Jal; 1983.

www.elcastellano.org



 

[6]      Op. Cit, p.144.

 

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Sociología de la Geografía
Comenta este artículo
23 septiembre 2012 7 23 /09 /septiembre /2012 22:03

Cuestionamiento Político Acerca de “Ellos Son 132”, de un Navegante del “Espacio Geográfico”. (3/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

1° sep 12.

 

Las demandas de mi clase social son otras, y una de primordial necesidad que en el pliego de los “Chicos Ibero” (buenos, malos o feos), ni siquiera se enlista: empleo, trabajo; trabajo productivo dignamente remunerado.  Ciertamente educación científica, pero educación científica donde puede y debe ser, en la educación pública y en la formación en el método hipotético-deductivo de investigación…

 

Las demandas del “132” (buenos, malos o feos), son pues, el embaucamiento pequeñoburgués, cuando no francamente burgués de derecha, al movimiento social de inconformidad.  He ahí el resultado luego de terminado el proceso electorero; esa es su caracterización final por sus objetivos.  ¿Y ese movimiento de derecha con esas demandas embusteras es el que dirige el movimiento proletario de hoy?  ¿Ha mostrado el movimiento proletario, su organización “revolucionaria”, alguna alternativa?  ¿O esto no es sino la farsa misma del reformismo de “izquierda” que hoy ha fracasado históricamente?

 

Cada lucha tiene sus condiciones históricas concretas que le determinan, y aquí, esas condiciones imponen el que los comunistas pasáramos a la iniciativa…; pero ahora el problema es: ¿Y los comunistas…?  ¿Dónde quedó la verdadera izquierda?

 

La correlación de fuerzas, pues, enteramente adversa, y en tal condición, no queda más que esperar a que el llamamiento a la insurrección venga de la verdadera gran revolucionaria: la hambruna, y sus conspirativas camaradas, la carestía, el desempleo, el desamparo; actuando en su complicidad la violencia, la corrupción, la impunidad.

 

Concluyamos.  Tenemos que preguntarnos, y respondernos con mucha frialdad y seriedad, por qué el movimiento de inconformidad se ha reducido, según cifras “oficiales”, a 250 manifestantes, pero cuadrupliquémosla, multipliquémosla por lo que razonablemente se quiera.  No con mucho está ahí la movilización social del 2006 del “Plantón de Reforma”.  ¿Por qué?  De las posibles respuestas que pudieran darse, hay una que se relaciona con la diferencia de votos de 3 millones o más (sean comprados o de repudio): el fracaso histórico de la “izquierda” reformista, el rechazo a su reiterada traición (1988, 2006, 2012), en no atreverse a defender con entereza revolucionaria (y no reformista en el jueguito de la legalidad burguesa), la voluntad popular depositada en ellos.

 

Hasta aquí, todo lo redactamos de una sola vez a principios de septiembre, y aprovechamos su publicación diferida para esperar la convocatoria del domingo 9 de septiembre y concluir con el agregado de ello.

 

Andres Manuel López Obrador, hizo ahí, un reconocimeito al "movimiento estudiantil de nuestro tiempo, #Yo Soy 132, que levantó el orgullo de muchos otros y ha dado poderosas razones para luchar por el derecho a la información, la justicia y la demoracia.  Es un movimiento limpio, auténtico, independiente y creativo.  Al grado de proclamar que ya se tiene relevo generacional" (La Jornada; discurso del 9 de septiembre de 2012).  "Ya hay relevo generacional", ya podemos vislumbrar el próximo futuro (estabamos jodidos..., pero ahora...). 

 

A la luz de nuestro análisis critico, profundamente vergonzoso...; ¿orgullo; en dónde está la demanda fundamental que hace a la dignidad humana: el dercho al trabajo?, ¿luchar por el derecho a la información, cuando el que ha de luchar, sin trabajo, se muere de hambre?, ¿hay ahí lucha por la justicia; o todo no es más que la más ofensiva patraña al proletariado?; ¿movimiento limpio!..., auténtico!..., independiente!...  ¡farsante, embustero, os burlais del proletariado!

 

Aquí concluye todo.

 

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Política
Comenta este artículo
23 septiembre 2012 7 23 /09 /septiembre /2012 22:03

Ciclo.  Cambio de estado en los estados de espacio en los que, luego de una serie de etapas, se vuelve a la condición original.  El estudio de los posibles ciclos en un estado, es importante porque mediante ello se hace posible descubrir las leyes que rigen en el mismo, y en función de ello puede predecir los acontecimientos.  Ejemplo de ciclos de importancia geográfica se tienen en la sucesión del día y la noche, de las Estaciones del Año, o de la transformación de los estados de espacio  de la litosfera (ciclo de erosión), de la atmosfera (circulación de los vientos), de la hidrosfera (ciclo del agua), o de la biosfera (del suelo, de la vegetación).  El ciclo facilita el proceso de descripción matemática  y de precisión de un cambio de estado.  De hecho, la ciencia nació con el descubrimiento de un ciclo: el de la aceleración de la gravedad conforme al cuadrado de la distancia, descubierto por Galileo.

 

 

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Diccionario Enciclopédico de Geografía
Comenta este artículo
23 septiembre 2012 7 23 /09 /septiembre /2012 22:02

Corriente Marina.  Seguramente los antiguos navegantes conocían de la existencia de corrientes en los mares y océanos; pero acerca de la verdadera importancia de estas para la navegación, ello no se descubrió sino hasta los viajes de Cristóbal Colón en el Atlántico a partir de 1492.

 

Luego, lo semejante se descubrió de manera simétrica en el Pacífico con Antonio de Ulloa y Javier de Urdaneta.  Más tiempo se llevó aún el descubrir la función que tales corrientes  tenían en la regulación del clima terrestre y su influencia en la biósfera.

 

Las corrientes marinas son verdaderos ríos caudalosos fluyendo en medio de la misma agua oceánica bajo las leyes de la rotación de la esfera terrestre.  Es decir, que la masa de agua en ele  ecuador en donde la velocidad de rotación es mayor, se retrasa con respecto a la masa terrestre iniciándose el movimiento de corriente que fluye en el hemisferio norte en el sentido de las manecillas del reloj (a la derecha), en tanto que en el hemisferio sur lo hace en sentido inverso en cada océano.

 

En el ciclo de las corrientes marinas incide una componente más en función de la temperatura, pues con su desplazamiento hacia los polos se enfrían, se hacen densas y de fluir superficialmente, se precipitan al fondo de las cuencas oceánicas, para emerger nuevamente en las zonas tropicales.

 

Se conocen con los nombres, en el Atlántico, de Corriente del Golfo en el Hemisferio Norte; Corriente del Brasil o de Bengela en el Atlántico Sur; Corriente Ecuatorial del Norte-de las Aleutianas-California, en el Pacífico Norte; y Corriente Ecuatorial de Sur-Corriente de Humboldt, en el Pacífico Sur; así como la Corriente de Bengala en el Índico.

 

Más allá del fenómeno oceanológico, las corrientes marinas se constituyen en las unidades geomórficas de la hidrosfera, pro en su análisis geográfico más contemporáneo, son la base de la concepción del estado de espacio que pudiera llamarse hidrosférico, a reserva de una clasificación más ad hoc a la teoría del espacio geográfico y de los estados de espacio.

 

 

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Diccionario Enciclopédico de Geografía
Comenta este artículo
23 septiembre 2012 7 23 /09 /septiembre /2012 22:01

Día.  Período de una rotación de la Tierra sobre su propio eje en el lapso de 24 horas.  Unidad de la medida del tiempo.  Se distingue entre el día solar, como el paso aparente del Sol por el mismo punto o meridiano de observación, el cual tiene una duración media de 23 h 56 min 4.1 seg; y el día sidéreo, como el paso del Sol por el mismo meridiano en el momento del Equinoccio de Primavera, o respecto del Punto Vernal, el cual tiene una duración de 24 h 3 min 56.5 seg.

 

Luego, en la cotidianidad, por día se ha entendido el lapso del hemisferio iluminado por la radiación solar, distinguido del lapso de la noche.  Desde ese punto de vista, el día como lapso iluminado varía no sólo en horas, sino hasta en meses, dependiendo no sólo de la latitud del lugar, sino de la Estación del Año.  Ello explica el caso extremo de la duración del día como iluminación, por el lapso de seis meses alternadamente en cada una de las regiones polares de la Tierra.

 

Se han conocido cuatro sistemas para computar el día: 1) el sistema babilónico, en donde el día se contaba desde la salida del Sol completando ese ciclo; 2) el sistema judaico, en donde, por lo contrario, se computaba por el ciclo de la puesta del Sol; 3) el sistema arábigo, por el ciclo del paso consecutivo del Sol por el Zenit; y 4) el sistema egipcio, considerado en su ciclo a partir de la media noche, el cual es, finalmente en el convenio internacional.

 

En la mitología griega, Día fue la esposa de Ixión, y de sus amores con Zeus nació Peritoo, amigo de Teseo; en el viaje al Hades de ambos, acompañando Peritoo a Teseo en busca de Perséfone, Vulcano los descubrió atrapándolos.  Lugo Herácles fue en su rescate pudiendo salvar sólo a Teseo tras un derrumbe provocado por Vulcano sepultando a Peritoo.

 

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Diccionario Enciclopédico de Geografía
Comenta este artículo
16 septiembre 2012 7 16 /09 /septiembre /2012 22:05

Editorial

 Avion-de-Adler--1897.jpg

Primer Avión: el Avión de Adler, 1897.  Se avanzaba en la navegación aérea, se aprendían las leyes que le rigen, y apareció el primer avión, rústico e inestable, pero la conquista de la nueva “Mar Océana” (el agua del Dios Océano), ahora quizá como la “Aérea Eola” (el aire de Dios de los Vientos, Eolo), estaba en marcha.

 

*

    

Como se expone en el artículo, para aclarar la función social de la geografía, prescindimos de su definición misma, partimos para ello de las condiciones mismas en que se practica.

 

En esencia, su función social ha radicado en aportar a la sociedad el conocimiento de la faceta espacial del lugar en que habita la especie humana, no obstante, siendo dicha faceta de un alto grado de comprensión, que hasta hace no mucho , fines del siglo XX, estaba inmersa en la primacía de diversas formas del horror vacui; y un limitado entendimiento de la teoría del espacio geográfico, hacía dirigir la atención a las relaciones entre los fenómenos en el espacio, a partir de las leyes propias de los mismos.  Era un estudio del espacio al revés, por las particularidades y leyes de lo particular concreto (los fenómenos), y no por las propiedades y leyes de lo general abstracto (los estados de espacio); y de ahí que la función social se limitase a los estudios de regionalización, ya de las propiedades de las geoformas de la litosfera, ya de las propiedades de las unidades morfológicas de la atmosfera o de la hidrosfera, ya por la morfometría de la propia biosfera en estudios de carácter naturalista (de la “Geografía Física”), o en estudios de carácter sociologista (de la “Geografía Económica”).

 

La Geografía acababa así, reducida a ser una auxiliar básico de las “ciencias de empalme” (geomorfología, climatología, hidrografía, geobiología o geoeconomía); sin duda con una clara función y utilidad, pero que aún no desplegaba su verdadero potencial.  En el siglo XXI se ha abierto otra expectativa, resuelta la contradicción histórica esencial de la Geografía: el horror vacui ha sido suplido por el tribuare vacui de los fenómenos abstraídos y generalizados en las propiedades y leyes de los estados de espacio.

 

Como se deduce de lo anteriormente expuesto, este artículo no podía esperar más a su publicación.  Cierto que es muy importante en función del rigor científico el proceso de las publicaciones con un mayor o menor arbitraje, pero vayamos dejando a la sociedad, a la par (no obstante los peligros), la libertad al uso de criterio del lector.  La fuerza de las ideas objetivas que reflejan la verdad del conocimiento, se impondrán siempre…; más aún, ese es precisamente el temor de los excesos en las restricciones, censuras y “proscripciones” inquisitoriales.

 

*

Ícono GeoeconomíaSociología de la Geografía.


[___]  La Geografía: su Contribución a la Previsión Científica, y al Progreso y Desarrollo Social.  Ensayo, 2011 (2/3).

 

Geopolítica del Nuevo Orden MundialGeopolítica.

 

[___]  ¡De la Tragedia a la Farsa!

  

Ícono Filosofía-copia-1  Filosofía.

 

[___]  Ética: La Teoría de la Moral, en los Fundamentos de la Dialéctica Materialista.  La Valoración Moral.  (4/12).

 

Respuesta a "post":

[___]  Cuestionamiento Geográfico

[___]  Cuestionamiento Político

 

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Bitácora Navegación Espacio Geográfico I Época
Comenta este artículo
16 septiembre 2012 7 16 /09 /septiembre /2012 22:04

hettner-alrededores-de-zipaquira-90aLa Geografía: su Contribución a la Previsión Científica, y al Progreso Social.  Ensayo, 2011 (2/3)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

20 may 11


 

La previsión científica.

 

Toda ciencia tiene por fin esencial, hemos dicho, el servir al progreso y desarrollo social.  La Geografía, en tanto ciencia, ha de servir, por lo tanto necesariamente, al progreso y desarrollo social mediante sus contribuciones en el conocimiento del estudio del espacio terrestre; y, por supuesto, cuanto más objetiva sea su investigación en el conocimiento del mismo, tanto mayor, como más propia, será su contribución.

 

Desde el punto de vista marxista, nuestro marco teórico gnoselógico, la ciencia se entiende como una forma de la conciencia social.  “Un fenómeno espiritual, en tanto que forma de la conciencia social, y un fenómeno material cuando deviene fuerza productiva directa”[1].  Y una peculiaridad de la conciencia social, es que, dice Foroba: “…se manifiesta en forma de ideología política…”[2].  Así, el intelectual del hacer científico contemporáneo, y en particular el geógrafo, debe cuestionarse seriamente acerca de su ideología política, desde la cual somete a crítica la realidad social actual, como de todos los tiempos; y, reiteramos, independientemente del carácter natural, social o del pensar, de su ciencia.

 

La función social de la ciencia, sobre la base de los elementos antes mencionados, tiene por fin, por sorprendente que parezca, contribuir a hacer la revolución; particularmente cuando es evidente que el orden de cosas está ya caduco; resultado necesario del progreso y desarrollo al que le salen al paso las clases sociales en el poder, deseosas de que todo permanezca inamovible y sin cambio alguno. Hacer la revolución no sólo implica la toma de las armas en el extremo de su violencia en respuesta a la violencia del Estado al servicio de la clase en el poder, sino, antes, implica por una parte, tanto la crítica al sistema imperante, como, por otra parte, la elaboración de las alternativas a las nuevas formas de organización social.  Así, a su vez, debemos cuestionarnos seriamente, ya no sólo acerca de nuestra ideología política desde la cual, en mucho con sentido pasivo, se somete a crítica la realidad social; sino, más aún, debemos cuestionarnos nuestro trabajo intelectual y proceder político activo en el proceso de transformación social, en la medida en que con nuestros conocimientos contribuimos a fundamentar la alternativa del futuro de la sociedad.

 

Aquí, para los asuntos de la Geografía en particular, resulta paradigmático el caso en el que se confunden e identifican, los conceptos de “toma de partido en la ciencia” (la definición explícita y consciente de un fundamento gnoselógico e ideológico en el hacer de la ciencia), y la “partidización política de la misma” (el pretender hacer de la ciencia una “ciencia militante en una posición política”, incluso para poder definirla como tal), de la corriente de geógrafos de la llamada “geografía radical” (caso extremo de las definiciones de la Geografía como ciencia social), en donde, con una ideología que se dice “marxista” (reduciendo el marxismo a sólo una de sus consideraciones: la política), y por ello revolucionaria, se somete a crítica al sistema; pero en donde el proceder político activo en el proceso de transformación social, se reduce precisamente a la politización de la ciencia, desviándola con ello, como consecuencia, de sus verdaderos fines, y desarmándola como conocimiento verdadero en el fundamento de sus contribuciones a soluciones a futuro; y, “salvando la conciencia”, el “geógrafo radical” descarta una “geografía burguesa” (lo que ello sea), y hace una “geografía proletaria” (de crítica político-social al sistema); cuando lo que debiera hacer, es una geografía científica en la investigación de su verdadero objeto de estudio (el espacio), e insertarse, ya como individuo con conciencia social, en la política social real, aportando con esa ciencia y los conocimientos de ella, a los fundamentos de la transformación de la sociedad en la que vive.

 

La función social de la ciencia es, así, de un enorme compromiso y responsabilidad social, y, en consecuencia, se hace necesario, para todo intelectual independientemente de su especialidad, el conocimiento de las leyes del desarrollo social, superando las interpretaciones populares fundadas por lo regular en falsas asociaciones (algunas de las cuales, no obstante, que llegan a ser de notable acierto), como de las interpretaciones utopistas, éstas hace más de un siglo ya superadas.

 

Más arriba hemos hecho ver que la “geografía fenomenista”, por excelencia reduccionista al plantear el estudio del espacio no por sus propias leyes, sino, en la práctica, por las leyes, ya de cualesquiera de los fenómenos naturales, o bien, de cualesquiera de los fenómenos sociales, tiene como fundamento gnoseológico general el dado en el idealismo subjetivo (conocido como la fenomenología, y que debe distinguirse aquí del concepto de “fenomenismo” que hemos aplicado a una vertiente del pensamiento geográfico), que se traduce en particular, en la mayoría de los casos, en la gnoseología del pragmatismo.  Este fundamento, que suele mezclarse, ya por desconocimiento, ya como método consciente, con otras posiciones; principalmente con el existencialismo, el estructural-funcionalismo, y el análisis de la superestructura (o también conocido por su autodenominación como “neomarxismo”), forman en su conjunto el planteamiento ideológico del llamado “posmodernismo”.

 

Todo ello es, hoy en día, una acoso al intelecto de las jóvenes generaciones, pretendiendo desarmarlas de las herramientas, del método y de la verdadera ciencia objetiva, causal, lógica, de corroboración en la práctica y de real capacidad de previsión científica fundada en el conocimiento de la verdad objetiva, ante el potencial transformador de la realidad social que ello representa.

 

Inmersos en ello, bien se hará una geografía “oficial”, “institucional", cómoda y apacible, en consonancia con los deseos de la clase social en el poder como esencial función social, y todo discurrirá en una “crítica revolucionaria altisonante”, al mismo tiempo inocua.

 

De otra parte, nosotros hemos planteado desde principios de los años ochenta*; expresando independientemente ciertos planteamientos de Alfred Hettner (1927), cuya obra en ese momento desconocíamos; el que la verdadera naturaleza de la Geografía, es la de ser una ciencia del estudio del espacio terrestre.

 

Y así, sin saberlo, dados nuestros fundamentos gnoseológicos en la dialéctica materialista o marxismo, fuimos más allá de las consideraciones del empirismo materialista con ciertos atisbos de dialéctica de Hettner; y, por nuestra parte, superamos esa insistente vuelta, a pesar de todo, al “fenomenismo”, en el que, invariablemente, en un eterno retorno, incurrían De la Blache, el mismo Hettner, De Martonne, y Hartshorne, hasta mediados del siglo XX.

 

En los años ochenta de ese siglo, ante la resistencia de la comunidad de geógrafos en México, teníamos los fundamentos de la definición de la Geografía como ciencia del estudio del espacio, pero nos ocupamos más en consolidar dichos fundamentos y defender la idea, que en avanzar en el conocimiento del espacio en sí y en la elaboración de su teoría.  Finalmente, hacia fines de 1989, en el I Seminario sobre las “Tendencias y Perspectivas de la Problemática Profesional y Académica de la Geografía”[3], la “oficialidad institucional” aceptó redefinir el objeto de estudio que preferentemente se retomaba en México de la definición martonniana, de los “fenómenos tanto naturales como sociales en su consideración en la superficie terrestre, de sus causas y relaciones”, al de la ciencia del estudio del espacio terrestre.

 

Atendíamos por entonces el desarrollo y trabajos de la Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía, sc (fundada a principios de 1989); y poco después (1994), de manera infortunada, se dio en México la mayor crisis económica de su historia, que, involuntariamente, nos obligó a ausentarnos por quince años de aquella actividad profesional.  Todo se estancó, y con ello, la posibilidad de continuar en la teorización del espacio geográfico, de lo cual sólo habíamos dado sus elementos más generales y esenciales.

 

Y todo se estancó a pesar de la usurpación de la teoría y como consecuencia de la deliberada distorsión de la misma para hacerla pasar como fundamento teórico de lo mismo que se criticaba, ante lo cual nada pudimos hacer, pero donde quienes plagiaban las ideas (pues nunca nos citaron, nunca refirieron la fuente, jamás nos dieron el menor crédito), ideas que no siendo suyas, por supuesto, tampoco las pudieron desarrollar.

 

No obstante, justo veinte años después, nos encontramos, impensadamente, creando nuestro Blog: <<“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica>>, en el cual hemos recogido todo nuestro trabajo intelectual, y ahora nos disponemos, por fin, a empezar a elaborar esa geografía fundada en la teoría del espacio geográfico, en donde, esta última, de consuno habrá de hacerse.

 

A lo largo de la historia de esta ciencia eso ha sido la Geografía: ciencia del estudio del espacio terrestre; entendido éste en la Antigüedad en la forma más general y esencial de las propiedades del espacio; donde en particular, con Eratóstenes, quien introduce el término de “Geografía” para este tipo de conocimientos, se da en el aristotélico “límite que abraza un cuerpo”: la superficie terrestre, con la descripción o “graphe” griega dada en la corografía de las esfrágidas o zonificación y regionalización del mapa, a manera de un espacio bidimensional (s.III ane)*.

 

Luego, durante la Edad Media, en la parte inicial, la Geografía ha sido, de manera sorprendente, la “Topografía Cristiana” de Cosmas Indicopleustes, de una espacio euclidiano tridimensional (s.VI); y ya en la parte final, de la localización y distribución en El Idrisi, Fra Mauro, los hermanos Germano, hasta Juan de la Cosa.

 

En el momento ya propiamente renacentista (ss.XV-XVII), desde Toscanelli y Behaim, como de Vespucio y Colón entre fines del siglo XV y principios del siglo XVI, hasta todos los demás en una pléyade de estudiosos durante los siglos XVI a XVII, la preocupación geográfica fue la representación en la proyección bidimensional del hiperplano, hasta Bauche, con el cual comienza una transición a la consideración tridimensional del espacio terrestre tomado como ese hiperplano.

 

Inmediatamente después están los trabajos de mexicano José Antonio de Alzate y Ramírez, que en 1772 espera de las Relaciones Geográficas en poder de José Antonio Villaseñor y Sánchez, los datos censales levantados a mediados de ese siglo, para poder hacer la exposición de espacio geográfico elaborando la nueva carta geográfica de Nueva España o de la América Septentrional, y en cuyo enunciado de su tarea expone, en la más breve y brillante síntesis: El Estado de la Geografía de la Nueva España y Modo de Perfeccionarla[4], la más vasta y compleja teoría acerca del objeto de estudio (en Alzate, el espacio bidimensional dado en la Carta Geográfica), método y finalidad social de la Geografía.  Hasta llegar a Humboldt y Ritter, en uno el hiperplano dado en el Cosmos (la armonía de la totalidad), y en el otro como la totalidad misma en el Erdkunde, y en cuyo planteamiento, en ambos, subyace ya la dialéctica de lo continuo-discreto.

 

Humboldt y Ritter, finalmente, habían llevado hasta sus últimas consecuencias la idea de la geografía estrboniana, para quien, miembro de la aristocracia esclavista, partidario de la filosofía oficial del Imperio, el estoicismo, y del cual contaba con todo su respaldo, eminentemente historiador, dice al final de su Capítulo Primero luego de haber examinado a su criterio a lo que se refiere el saber geográfico: “Por eso nosotros, luego de haber compuesto nuestras Memorias históricas, útiles, según creemos para la filosofía moral y política, hemos decidido añadir también esta obra, que posee la misma forma y está referida a las mismas personas…”[5]; esto es que, así como había una Historia como la “historia en el tiempo”, su paralelo era la Geografía, como la “historia en los lugares”; esto es, llevado ello a su máxima abstracción y generalización en Humboldt y Ritter, fue; ya en el Cosmos, en tanto la armonía del todo de la naturaleza, o bien el Todo mismo concebido en el Erdkunde; la historia de los fenómenos ya naturales como sociales, en su distribución en la superficie terrestre.

 

Al fallecimiento de éstos en 1859, la geografía no será ya más viable por ese derrotero, y se planteó más bien la necesidad de su particularización, tanto por la necesidad dada de su desarrollo interno, como al impulso mismo del factor externo dado en el deslinde que se hacía en el conjunto de las ciencias en su proceso de especialización.  Y poco más de veinte años después, por un lado, en la figura de Ratzel, se propone una primera idea de la particularización de la Geografía como ciencia política, en su Antropogeografía (1882), una variante extrema de la línea de pensamiento estraboniano; pero, prácticamente de manera simultánea, en la figura de Richthofen (1883), se propone una segunda idea de dicha particularización de la Geografía, en éste, como ciencia natural del estudio de la Corteza Terrestre y lo dado sobre ella, en una primera versión de la ciencia de la geomorfología.  Pronto los seguidores de éstos mostrarán las limitaciones e insuficiencias en esas parcialidades dirigidas ya a lo social en función de lo natural (Ratzel), o ya de lo natural en función de los social (Richthofen).

 

Concurre simultáneamente en ese primer lustro de los años ochenta del siglo XIX, la celebración del I Congreso Internacional de Geografía, en donde lo relevante ha sido el resolutivo de declarar a la Cartografía como una ciencia aparte, dejando a la Geografía, entonces, como un “sistema de ciencias”.  Durante el lapso de los primeros cinco congresos hubo resistencia a cumplir con tal declaración, pero justo en el V Congreso, se exigió el cumplimiento de la misma; de donde brotó el pronunciamiento de Vidal de la Blache, de que la Geografía era, en consonancia con la cartografía: <<una ciencia de la localización, de los lugares y no de los hombres>>.

 

Así se llega a la vidaliana localización o lugar (fines del s.XIX), de lo cual se pasó, en 1909, a las martonnianas relaciones de los fenómenos considerados en la superficie terrestre, y casi veinte años después, a las unidades regionales hettnerianas (1927), o del paisaje hartshorniano (a mediados del s.XX).  Hasta llegarse a nosotros, al autor de estas líneas, en el que el espacio geográfico, en un escalón más en el proceso histórico de abstracción y generalización del objeto de estudio de esta ciencia, éste es teorizado directamente en su esencia como lo que finalmente es: el vacuum, en el cual se manifiesta esa dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta de los estados de espacio; esperando ahí a las nuevas generaciones de geógrafos para el estudio consecuente de ello en el siguiente paso en el escalón histórico.

 

En ese proceso histórico, hasta Vidal de la Blache, el concepto de espacio geográfico dependió exclusivamente de su noción empírica.  A partir de este último autor, se presentó ya la necesidad de teorizarlo en función de la necesidad misma de definir el objeto de estudio de la Geografía; por un lado, ante el deslinde histórico de las demás ciencias; pero por otro, dadas las limitaciones reduccionistas como la de Richthofen, que hacían de la geografía una geomorfología, o dados los absurdos a que se había llegado tanto con Ratzel en su Antropogeografía (1892), como con los resolutivos de los Congresos Internacionales de Geografía entre 1881 y 1885.

 

Esa teorización del espacio geográfico, pues, viene apenas, en cierto modo, de Vidal de la Blache y su seguidor, Emmanuel de Martonne; pero ya plenamente, apenas de manera por demás muy reciente, de Alfred Hettner a nuestros días; y de la consumación de su teoría, y sólo de la consumación de su teoría, es que la Geografía estará en una nueva posibilidad histórica de hacer real su verdadera y responsable función social, contribuyendo con el conocimiento de lo propio históricamente dado, a la transformación de la realidad objetiva.

 

Desarrollo-Positivo-del-Concepto-de-Espacio-Geografico-1.JPG 

El progreso histórico o desarrollo positivo del concepto de espacio, esta considerado aquí, exclusivamente por cuanto a su objetividad.  En la gráfica destaca el punto 11, que es la propiedad esencial de la tridimensionalidad del espacio, expuesta una sola vez, sorprendentemente, en el siglo VI, por Cosmas Indicopleustes.  Del punto 13 en adelante, es el proceso histórico que llevó a la noción de tridimensionalidad, ya en forma del continuum einsteniano, o bien del vacuum tal como nosotros hemos propuesto.

La línea curva uniforme que cruza la gráfica es la tendencia polinomial de la integración histórica de las propiedades esenciales del espacio geográfico.

 

  Desarrollo-Positivo-del-Concepto-de-Espacio-Geografico-2.JPG

 

La gráfica tiene una secuencia cronológica, pero no hay escala de tiempo. La línea curva continua que cruza la gráfica en forma ascendente, es la tendencia polinomial del desarrollo positivo del concepto de espacio geográfico.

Autores: son aquellos que explícitamente han expuesto una noción de espacio, o de los que se conoce su trabajo lo suficiente como para hacer una generalización teórica.

Generalización teórica: está dada en función de 22 propiedades del espacio geográfico históricamente integradas.

Entre los puntos 10 y 11, es el lapso de la Edad Media.  Entre los puntos 15 y 23, es el lapso en que se tardó en resolver el misterio de "La Cuarta Península y el Paso del Sur".  Las oscilaciones entre los puntos 25 y 32, es el lapso entre los siglos XVI y XVII, la Ilustración, en que, a la vez que se está en el proceso de abstracción de las complejas propiedades del espacio geográfico, aparece el concepto de espacio de Newton.  El punto 31 corresponde a José Antonio de Alzate y Ramírez; en su caso generalizamos dos propiedades del espacio en él (isomorfismo y simetría), que ya por su trabajo exclusivamente en la región de Nueva España, dichas propiedades no son explícitas.  El lapso entre los puntos 33 a 37, constituyen básicamente el siglo XIX.  Del punto 37 en adelante, propiamente el siglo XX y lo que va del XXI, es ya la etapa del desarrollo teórico del objeto de estudio de la Geografía.


_____

[1]      Andréiev, I; La Ciencia y el Progreso Social; Editorial Progreso, Moscú, 1979; p.11.

[2]      Foroba, T; Diccionario de Filosofía; Editorial Progreso, Moscú, 1984; v. Formas de la Conciencia Social.

*      Hernández Iriberri, Luis Ignacio; Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento; Memorias del IX Congreso Nacional de Geografía, Guadalajara, Jal; 1983.

[3]      Colegio Mexicano de Geógrafos Posgraduados; Tendencias y Perspectivas de la Problemática Profesional y Académica de la Geografía; Geosofía, Apoyos a la Investigación y Docencia, Instituto de Geografía, UNAM; México, 1989.

*      Para el análisis en detalle de los aportes de cada autor de la Antigüedad como de las posteriores etapas históricas, véase el ensayo: “El Desarrollo Positivo de la Geografía”, en “Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica; http://espacio-geografíco.over-blog.es/.

[4]      Alzate y Ramírez, José Antonio de; El Estado de la Geografía de la Nueva España y Modo de Perfeccionarla; Asuntos Varios Sobre Ciencias y Artes Nº 7, del 7 de diciembre de 1772.

[5]      Estrabón; Geografía, Prolegómenos; Editorial Aguilar; Madrid, España, 1980; p.26 (Estrabón, I,23).

 

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Sociología de la Geografía
Comenta este artículo
16 septiembre 2012 7 16 /09 /septiembre /2012 22:03

Cuestionamiento Geográfico en la Contradicción Esencial de la Geografía, de un Navegante de este “Espacio…”. (2/2)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

5 sep 12.

 

Entre tantas lecturas, alguna vez nuestra vista pasó por el concepto de “estado de espacio”, puesto por ahí, dado por supuesto su significado.  Se refería al espacio, lo tomamos y lo guardamos, sin entender a qué se refería (pero que, refiriéndose al espacio, “para algo habría de servir”).  Así llegó el siglo XXI y arribamos al año 2012.  Y tras la historia de este Blog expuesta en desde sus primeros artículos hasta el último, llenando con el estudio los vacíos que nos habían quedado de tiempo atrás, uno de ellos, fundamental, fue el de la teoría geográfica en las dos terceras partes iniciales del siglo XX; en cuyo contexto, el último tercio hasta hoy, comprende lo que ya es nuestra propia historia.

 

Y entonces descubrimos un hecho trascendente.  La geografía teórica en el curso del siglo XX, había sido un proceso ascendente en el esfuerzo intelectivo de abstraer y generalizar no sólo el concepto de espacio, sino también el de los fenómenos.  Y pudimos darnos cuenta que a nosotros nos antecedían tres grandes momentos (al principio habíamos ubicado sólo dos), en ello: 1) el primero, de Vidal de la Blache y Emmanuel de Martonne, en el que, dejando los fenómenos intactos, sólo se priorizó por sobre de ellos el espacio como un conjunto limitado de propiedades, respecto de las cuales quedaban los fenómenos; el segundo, en un proceso teórico que venía de Krasnov, Chizov y Lukashevich, que cristaliza en Alfred Hettner y Richard Hartshorne, en el que el espacio geográfico se generaliza como la región o el paisaje, y el concepto acerca de los fenómenos comenzó su propia abstracción y generalización dada en las “unidades morfológicas” (las geoformas, no sólo de la litosfera, sino de la atmosfera, hidrosfera y biosfera); pero de las cuales –hasta donde hemos visto– no se elabora más teoría, y quedan sujetas a su entendimiento por las mismas leyes de los fenómenos.  Luego, recientemente, hemos descubierto la manera en que se dio un tercer momento histórico de abstracción y generalización del los conceptos de espacio y fenómenos en geografía: el dado en la obra de Alexandr Maximovich Riábchikov a mediados de los años setenta.

 

Llegó así a nosotros el esfuerzo histórico de todos esos pensadores de la geografía, y sumándonos a ellos, por fin entendimos “para qué servía” aquel concepto acerca de los “estados de espacio”.  En él cristaliza lo que ahora tenemos que ubicar como el cuarto momento histórico en ese proceso de abstracción y generalización, en el que de manera simultánea lo resolvimos tanto para el espacio como para los fenómenos.

 

Los estados de espacio son los fenómenos hechos unidades morfológicas (o geoformas), y aún abstraídos a una generalización más esencial en la que, despojados dichos fenómenos, así, de sus propiedades particulares objeto de tratamiento por otras ciencias, esta vez, ya estudiados bajo las propiedades y leyes de la teoría del espacio (en principio, la geometría).

 

Con ello pudimos resolver la contradicción histórica esencial de la Geografía dada en la tesis del espacio y su antítesis en los fenómenos, en una síntesis lógica por subsunción.  Desaparecieron así, tanto la antigua “geografía fenomenista”, como su opuesto, la “geografía espacista”.  La antigua “geografía espacista” derivó, por definición, en lo que ahora es simplemente la Geografía como ciencia formal en el ámbito de la ciencia y el método científico de la ciencia de la modernidad; y la “geografía fenomenista”, por su parte, derivó, en el ámbito del “paradigma de la posmodernidad”, en lo que, siguiendo las definiciones de uno de los principales teóricos de la “posmodernidad”, Edgar Morin, podemos denominar ahora como “geografía literaria” (en los términos de la “ensayística” no lógico formal, sino literaria, que Morin propone, por ejemplo en su Sociología); un saber que ya no necesita de la formalización de la ciencia (lo que se conoce como la axiomatización), y que, por lo tanto, se ubica entre el hacer científico de la divulgación de la ciencia, a la que en tanto ciencia la “geografía literaria” no se compromete; y el hacer de la novela histórica o de la ciencia-ficción, que implican dosis de fantasía, a lo que la “geografía literaria” tampoco llega.

 

El desarrollo de la geografía como ciencia formal en el método de la ciencia moderna (así haya llegado a ello muy tardíamente), impone la necesidad, como condición primera de toda condición, la formalización, de la teoría, en este caso, de la teoría del espacio geográfico.  Y justo acerca de ello es que, asumiendo la responsabilidad ética e intelectual por ello, ahora elaboramos en nuestra revista <<“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica>>.

 

Este último documento ya no es para todos, es sólo para el geógrafo por lo que el geógrafo históricamente es, y que evidentemente tendrá su despliegue en el futuro.  Documento que, entre quien lo redacta y quien lo lee, sustituye nuestra mutua presencia en el aula (incluso con lo que ello implica en la remuneración al trabajo intelectual).

 

Explicar en un lenguaje más claro todo lo antes expuesto, implica dos grandes cosas: 1) el no ir hacia atrás, explicando lo que ya está expuesto con profusión en todos las publicaciones sistemáticas de este Blog (desde luego, en lo concerniente a la geografía y filosofía); y 2) el ir hacia adelante, explicando con detenimiento y particularidades, lo que ahora estamos exponiendo en “Espacio Geográfico” como la Revista, que supone ese compromiso (y un sacrificio incluso si así se quiere ver), en el carácter de su servicio profesional, más allá de lo puramente moral en el intercambio de conocimientos.

 

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
Comenta este artículo
16 septiembre 2012 7 16 /09 /septiembre /2012 22:03

Cuestionamiento Político Acerca de “Ellos Son 132”, de un Navegante del “Espacio Geográfico”. (2/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

1° sep 12.

 

Lo Esencial de una Caracterización Política.

 

La caracterización política esencial de los movimientos sociales, es por sus objetivos, puesto que por ellos se responde a los intereses primarios de unas u otras clases sociales o sectores de transición entre ellas.  Todo ello deriva de la condición histórica antecedente por la cual un movimiento social dado es, pero a su vez, por la cual se diferencia de otros; esto es, por aquella condición en la cual, todo objetivo de un movimiento social, naturalmente, responde no a una sociedad en abstracto que se enfrenta al poder de un Estado en abstracto, como lo creyera Hegel; sino a los intereses concretos de las clases sociales concretas que se debaten en esa lucha social, como lo concluyera Marx.  En ese sentido, políticamente todo se reduce a comprender quién (qué clase o sector de clase social) y cómo, domina en la correlación de fuerzas de esa lucha social.

 

Lo primero a entender aquí, es que ningún movimiento social se puede comprender ajeno a ciertos antecedentes históricos que son los que le determinan.  El 15-M, contra todo lo que se diga, no surgió al llamado del espontáneo “Twitter”, como lo había sido en el caso de la Plaza Tahrid en Egipto.  Hubo el “Twitter”, sin duda, eso es lo que congregó en la Plaza del Sol, pero en el teclado también estuvo la mano del Estado.   El problema estaba en que, de mano del Estado o no, esa insurrección se iba a dar; lo que hizo el Estado fue adelantarse, tratar de montarse en el proceso y dirigirlo; y el acertijo se transformó en cómo dar la lucha por los propios y verdaderos intereses populares a pesar de ello.

 

Que el Estado interfiera es inevitable; él mismo, en ciertas circunstancias, genera movimientos para “desactivar”, “descabezar”, “distraer”, etc; plaga de agentes, infiltra espías, intimida con provocadores.  El reto del Estado es contener y derrotar el movimiento (empezando por controlar su “espontaneidad”).  El reto  de la insurrección popular es sortear esos escollos y avanzar a pesar de todo…, hasta donde se pueda.  Y se podrá, tanto más tanto menos, tanto con ciertas cualidades o con otras, dependiendo de la correlación de fuerzas entre las clases sociales.

 

Examinemos lo que, siendo de acá, podemos y debemos entender mejor, y puntualicemos los antecedentes evitando la innecesaria narrativa de lo que todos se supone sabemos: 1) el origen de clase social del “movimiento 132”, es eminentemente pequeñoburgués, cuando no, francamente burgués, son pues, los hijos de los empresarios o comerciantes de mediana empresa, o simplemente jóvenes que añoran un futuro en esa condición (lo que se da en llamar ambiguamente como “clase media alta o acomodada”), y en su inevitable proceso de proletarización, se declaran como “futuros empresarios con conciencia y responsabilidad social”; es decir, como “capitalistas, como explotadores, buenos”, al final, simples capitalistas que forman parte de un orden de cosas ante el cual el proletariado históricamente lucha por destruir; 2) luego, en el proceso de socialización y lucha, se ha dicho que el “132” ya no es el original (el “feo burgués”), que se hizo “Generación.mx” (el “malo burgués”), y que ahora es un “132 legítimamente social” (el “bueno”, el proletario); en realidad, todo eso, sean los “buenos” los “malos” o los “feos”, para efectos prácticos, es absolutamente irrelevante; recordemos que hemos dicho que lo importante es cómo, a pesar de todo, se impulsan los objetivos en el interés del proletariado (la amplia mayoría de la sociedad); y luego se ve la correlación de fuerzas para lograrlo; de modo que, 3) expongamos los seis objetivos de su lucha expuestos en su llamado “Pliego Petitorio”:

 

1      “Democratización de los Medios”  A mí, como méndigo desarrapado de esta sociedad con el Carnet Nº 1 como tal, sin empleo, sin ingresos, sin nada, ¡qué rayos me puede importar que los medios estén monopolizados o no!, cuando que los medios, por ser de interés social, ni siquiera deberían de estar en manos de particulares, sino del Estado en nombre e interés de la sociedad, siendo esa su verdadera democratización.  Esta patraña es confundir la democracia (el poder del pueblo), con la “libre competencia” (el mercado capitalista).

2      “Reforma en Educación” o “Educación Científica”.   Expuesta la demanda como petición de reforma, su solución es simple: <<Decreto de Rey; “Hágase la reforma educativa…”, (firma al calce bajo sello lacre: “Yo, el Rey”)>>.  ¿Y…?, ¿cuál, cómo , dónde, por qué, para qué?  Esta no es una “demanda concreta”.  Si se piensa como demanda de “Educación Científica”, ¿qué la que se imparte no lo es?, ¿por qué, cómo, para qué, dónde?; ¡y claro que no es científica!, pero, entonces, ¿qué es una educación científica, cómo, cuando, dónde, por qué, para que?  Tradúzcase, pues, a lo concreto: <<Queremos una educación científica consistente en a, b, c…>>, no hacerlo así, suena a embuste demagógico.

3      “Reforma al Modelo Económico Neoliberal” o “Cambio del Modelo Económico Neoliberal”.  No se hable más, <<Decreto de Rey: “Que se haga la reforma neoliberal…” (firma al calce bajo sello lacre: “Yo, el Rey”)>> .  Pero aquí hay algo de fondo: al “reformar”, lo que se pide, es lavarle la cara y las manos al mismo modelo económico neoliberal (para que sea más bueno, o para que sea mejor), cuando de lo que se trata es de abolir el capital mismo.  O si la petición es “Cambiar el Modelo”, entonces, ¿por cuál, cómo, dónde, por qué, para qué?, etc.  Si no se expone en lo concreto la petición, basta con el <<Decreto de Rey: Sí,  a petición del pueblo, que cambie el modelo  (firma al calce bajo sello lacre “Yo, el Rey”)>>  ¿Y…?  No más que un mero embuste demagógico.

4      “Cambio a la Política de Seguridad Nacional”…  “Díganme cuál, cómo, y lo hacemos (“Yo, el Rey”: Felipe Calderón)  He ahí el decreto de rey.  Esta demanda, a más de ser una patraña, es estúpida.

5      Reforma al Sistema Político.  <<Cancelada>>.   La Reforma Política ya se hizo (fines de julio a principios de agosto).

6      Reforma al Sistema de Salud.  Pues salud!, porque aparte de la que ya se ha venido haciendo de cobertura universal, de qué otra reforma se habla, cuál es la propuesta concreta.

 

¡Esta no es más que una farsa de pedigüeños!

 

¿A qué intereses sociales responden esos objetivos y la lucha por  ellos?,  ¿a la de los desarrapados proletarios como yo?  No.  Esos objetivos ya no responden siquiera a un rumbo táctico en el avance del movimiento proletario, sino son una desviación de su verdadera lucha y objetivos.

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Política
Comenta este artículo
16 septiembre 2012 7 16 /09 /septiembre /2012 22:01

¡¡De la Tragedia a la Farsa!!

 

En todo caso, para todo efecto práctico, luego de treinta años de reformismo de “izquierda” que derivó en una mayordomía de sátrapas, ha sido el más estrepitoso fracaso histórico de esa “izquierda” en México; y no en los hechos de este 2012 que sólo son confirmantes, sino dado desde el 2006.

 

Ahora, al igual que los sicilianos en la “Caravana del Este” yendo a suplicar a Washington, esta “izquierda” liberal a modo de a left glove upside down, se va a las “Cortes de Europa”…; buen viaje!..., aun cuando el asunto ahora es al revés, pero, no dejéis de visitar Miramar.

 

Finalmente, ha sido no sólo el fracaso histórico del reformismo de la “izquierda” mexicana, sino el fracaso histórico de la misma democracia liberal burguesa aquí, y con ello, del último hálito en el sentido progresivo de la sociedad capitalista.  La involución no puede ser más que al fascismo más o menos disfrazado.

 

Terminaron así, contrariados con las masas proletarias demandando la revolución, quienes no fueron los primero en ofrecer y dar su sangre por la defensa de la voluntad popular; que en el 2006 antes que responder por la ira del pueblo, la atenuaron en la simulación de la protesta; y que en el 2012, de los que se esperaban los estadistas que ante el despojo a la voluntad popular, ni en 1988, como tampoco en 2006, respondieron consecuentemente en su defensa; hoy, a ese pueblo, en vez de levantarle y enseñarle a no ponerse de rodillas, del que se esperaba el estadista diez siglos lejos de Canossa, de Enrique IV y Gregorio VII, fue y se arrodilló ahí, ante Benedicto XVI, donde se envilece la ignominia.  Lejos, muy lejos todos de un Vicente Guerrero, de un Juan Álvarez, incluso de un Ignacio Comonfort; ya no se diga de un Juárez o unos hermanos Flores Magón; pero ni siquiera de un Madero o de un Carranza.  De esa tragedia del 2006, se pasó a la farsa del 2012.  Y la historia no perdona.  Bien dijo Marx acerca de la repetición de la historia, que cuando lo primero ocurre como tragedia (2006), lo segundo ocurre como farsa (2012).

 

Finalmente, una Plaza Mayor llena, proporcionalmente representó la respuesta a la convocatoria del 17 millones de mexicanos (17 millones de votantes, 1 millón de ellos en forma de analistas).  Allí nos congregamos para dos expectativas: 1) la vana esperanza del llamamiento a la revolución; o, 2) el punto final a la alternativa reformista.  En cualquier caso, un adiós a una época.

 

A tercios, si bien no iguales sino proporcionales, electoralmente en el juego democrático burgués, por simple aritmética, la izquierda, como izquierda, no arribará nunca al poder (acaso en forma de una “izquierda moderna”, tanto, como convertida en derecha); dos tercios de conservadores que cerrarán filas siempre en su contra, prácticamente le duplican la votación (19 millones de votos del PRI, más 13 millones de votos del PAN).  Por simple aritmética, ya no se diga ideológica y programáticamente, la “izquierda” reformista y  ha perdido sentido, ya no representa ninguna táctica ni estrategia del proletariado; pero, con ello, a su vez, también toda la democracia burguesa fraudulenta, por la que –dijo, tomado entre líneas, acertadamente Javier Jiménez Espriú– “hemos sido sentenciados por el Tribunal Federal Electoral sin derecho a fianza, a seis años de regresión, opresión, corrupción y trabajos forzados… (en) una democracia que se desmorona, un patrimonio que desaparece, una soberanía que se remata al mejor postor y una dignidad nacional que se avasalla…”; sólo que, el que esto último sea, está en la naturaleza del hacer de ese enemigo histórico, pero ante lo cual no hay la respuesta correspondiente: la revolución, sino sólo eso, “una dignidad nacional que se avasalla…”, porque se deja avasallar, porque una mayordomía de sátrapas la hace vasalla.  A lo que la “izquierda” reformista llama, es a la “resistencia civil”…, a la resistencia, a aguantar, a soportar, a conformarse…, a resignarse (¡luego, ya Dios dirá!).

 

En Morelos, el gobernador electo de “izquierda”, aún no toma posesión, aún no tiene los problemas encima, y en el de la educación, ya resolvió mal: ha hecho la declaración de que en la Secretaría de Educación Pública local, nombrará como secretario a un prestigiado Rector de una Universidad…, privada!  Ni la menor idea del problema educativo.  Anunció, no la prioridad de generar fuetes de trabajo productivo, sino que, en vez de construir prisiones, construirá escuelas y dará becas a todos (para que transfieran el presupuesto del Estado al capital privado), y eso si hay quién pueda estudiar, pues lo hace sin entender que para estudiar, primero hay que comer, y para poder comer, primero hay que trabajar…, y del trabajo no ha dicho una palabra.

 

En el arte de hacer de la revolución un revoltijo, esa “izquierda” ahora vuelve al reacomodo, pero en ninguna variante ni responde, ni puede responder ya, a objetivos tácticos de lucha proletaria, eso se agotó, ese ya no es el camino del proletariado, si es que en algún momento lo fue alentando esperanzas vanas.  Ha quedado convertida ahora en una filantropía apiadada de los pobres sin interesarle realmente resolver la pobreza y las necesidades del proletariado, con la que sólo medra por mezquinos intereses.

 

Ante la demanda popular del llamamiento a la revolución, la respuesta fue: ¡Sí, revolución pacífica!; y ahí quedó (por tercera vez de igual manera, 1988, 2006, 2012), uno, el pueblo, la masa proletaria; y otro, una “izquierda” reformista en no más que en calidad de mayordomía del capital; nada que ver ya lo uno con lo otro.

 

Ciertamente es triste, ahí quedan comprometidos amigos, compañeros de lucha y de ideología, familiares…, y todo lo que conlleva en sueños y anhelos.  Élpiz ya no bate sus alas, es una imperceptible y tenue ráfaga de viento seco lo que las hace tremular.  La falta de legitimidad ahora, es ya en todo.

 

El espurio se va, dejando al país en el desastre total, pero ello está en la naturaleza de la reacción conservadora burguesa a la que no le preocupa en lo mínimo la sociedad; pero lo que está en la naturaleza de la acción y carácter progresista del proletariado, es algo moralmente supremo, y estéticamente sublime: la revolución.

 

Este obsceno Estado “ni-ni”, que ni garantiza el derecho al trabajo, ni ofrece una educación pública real, es ya, de antemano, pura y exclusiva demagogia.  La salida ya es única, y la burguesía virreinal y sus modernos encomenderos la obstruyen; luego, la opción es única.

 

Quedada de lado la insulsa mayordomía, detrás, a lo lejos, se ha puesto en marcha el proletariado; como dijera Engels, el proletariado, por lo que el proletariado históricamente es.  Apenas tenues ráfagas de viento hacen llegar las disonantes notas  y compases de una banda musical; sus platillos, su tambora, la tuba, el trombón, el tambor y demás instrumentos ejecutados en movimiento, con los cuales, en la más profunda introspección, con los puños cerrados, decidido, los harapientos, los hambrientos, los deshumanizados por la opresión y explotación, el proletariado, marcha a paso lento, de frente, a su inevitable encuentro con la historia; no sólo hombres, sino mujeres, sus hijos, ancianos (quizá por ello el paso lento); entonando el canto de “La Internacional” al flamear de las tintas banderas con la sangre de las pasadas luchas y el ondular que dificulta la lectura de las demandas al Estado en las pancartas, que de cualquier modo todos y el mismo enemigo histórico, saben: ¡Trabajo!, ¡Salario Justo y Digno!, ¡Educación Científica y Popular!, ¡Respeto a los Derechos Laborales!, ¡Salud!, ¡Seguridad Social en la Vejez!, ¡Vivienda!, ¡Alto a la Carestía!

 

Nada de eso está ya en posibilidad de satisfacer el Estado, ¡ha sido el primero en renunciar a esa responsabilidad!  Y la descubierta de ese contingente de protesta proletaria lo sabe, y marcha; sabe que va a su encuentro, con el más profundo honor y dignidad, con la muerte; pero sabe también, plenamente consciente de ello, que la pura existencia en el oprobio, la ausencia del menor atisbo de la plenitud de la vida, es enteramente equivalente a esa muerte segura bajo la metralla, y ante ella permanecerán a pie firme.

 

Con su sangre se entintarán las nuevas banderas de los viejos ideales, que empuñan ingentes columnas de obreros, campesinos y todo tipo de trabajadores asalariados que componen al proletariado, hasta que, moralmente exhausto, el capital deje de estar presente para siempre.  La grandeza de su más amplia y profunda integridad y entereza moral, hace, en forma inversamente proporcional, la miseria de espíritu, la vileza, la ruindad y la derrota histórica de su enemigo histórico, que, como lo dijera Benito Juárez, “está de antemano moralmente derrotado”, en este caso ahora: el capital y quien lo encarna, la burguesía.

 

Surgirá entonces un nuevo orden de cosas, un nuevo Estado eminentemente social y una nueva manera de organizar la producción de los bienes materiales la sociedad.  Ello ya se puede adelantar, nos lo dejaron no sólo en teoría, sino en una diversidad de experiencias prácticas durante el siglo XX, Marx, Engels, Lenin y sus seguidores.

 

Estamos ahora, pues, al borde del desastre: el derrumbe del capitalismo.  Que la izquierda, aún con su estrategia reformista, arribara al poder, era de suma importancia, no para evitar el caos, sino para minimizarlo, para garantizarle ciertas salidas; un gobierno sin legitimidad, nos conducirá, inevitablemente, al fascismo.

 

Tres millones de votos o más, son la expresión del desprecio a quien ha traicionado una y otra vez.  Si esta opción de “izquierda” ya no es la opción, si ya no es el camino del proletariado, quizá se está contra el tiempo.  Pero si en lo cual es ahora la forma natural del movimiento social, o el tiempo se consumirá en ello, o es un futuro que ya escapa a nuestra comprensión, tanto como a las leyes económico-políticas del desarrollos social previsto por Marx.  De modo que, en general, o ya no hay más teoría, o ésta está por realizarse plena.

 

 

Son nuevos tiempos, quizá la vieja teoría político-social de la revolución ha caducado.  Ciertamente, hoy la tecnología militar de represión está ya en el ámbito de la ciencia-ficción hecha realidad; y en correspondencia, otros tienen que ser ya los nuevos métodos de lucha, los cuales ya escapan a nuestra comprensión.  Habrá que estudiar de nuevo la práctica político-social a la luz creativa de la dialéctica materialista, y hacer las nuevas abstracciones y generalizaciones teóricas que guíen las nuevas formas de lucha.  No obstante, hay ciertos principios universales que no son asunto de forma, de táctica, sino de contenido, estratégicos, como todo lo que tiene que ver con la dignidad humana (de ahí nuestra crítica, aun cuando a su vez, nuestro paso a atrás).

 

Leíamos por ahí una frase del "Che" Guevara : "La lucha se pierde sólo cuando se abandona", y nosotros como proletarios, no podemos agregar sino: Y cómo se podría abandonar la lucha que se da históricamente por nuestra sola existencia, aún abandonándola en una forma, sólo se da en otra, estemos conscientes de ello o no, y dada en infinitas formas y trincheras; si bien de lo que se trata es de ir más allá de ser como en su propia condición "denuncia de la miseria real".  Todavía más, ese aparente abandono reduciendo la política concreta a la moral, en una aparente impotencia que renuncia a la acción, sea quizá ahora, no sólo la forma más elevada de laucha, sino la más esencial y efectiva, sobre la base del pensamiento juarista de que ese enemigo histórico está, de antemano, moralmente derrotado.  Luchar desde la moral incide en lo más general y esencial: la entrega de la vida por todos los demás y el futuro.  No la entrega gandhiana de la vida dejándose apalear, sino con las armas en la mano, desde una piedra, una herramienta de trabajo, o un fusil, dando la vida con entera dignidad a pie firme, con honor e integridad, dispuesto a morir: el cargo de conciencia en el soldado raso que volteará -como en tantos casos de la historia- sus armas a los asesinos, dará el triunfo.  En la lucha moral, es marchar a la muerte sin miedo alguno, y con el más absoluto decoro; es cambiar la inanición por la dignidad humana.  ¡Marchemos, pues, los viejos por delante, es nuestro atributo!, así sea a paso lento.  Los grupos de poder del capital monopólico mundial, está por poner en acción la fase decisiva de su plan para establecer el “Nuevo Orden Mundial”: no van a hacer nada, no están ya haciendo nada, para tratar de contener el desastre; paradójicamente, al contrario, van a hundir a la sociedad en un terror mayor en la barbarie, de modo que su clamor sea ya no por un orden de cosas proletario, sino por el mismo “Nuevo Orden Mundial” capitalista.

 

El recurso para ello, es una poderosa tecnología de geoingeniería, que en manos demenciales está convertida en arma geoterrorista.  Opera en ciertas condiciones planetarias y de la situación del campo geomagnético, entre otros factores, como la energía solar.  Un momento crucial de esos factores se observan en el próximo momento del Equinoccio de Otoño.  Nada tiene que ver con esoterías de “profecías mayas”  o pamplinería semejante.  Los entendidos en el asunto, han hecho un llamado a denunciarlo para tratar de contener su acción, que no obstante, al parecer, un primer caso de este período, se ha dado en el sismo de 7.6ºR del 5 de septiembre en Costa Rica; no es porque esos grupos de poder hagan demostración de su armamento para someternos, sino impelidos por la necesidad de conservar el orden económico social en que impone su poder.

 

México, sede de esas esotéricas “profecías mayas”, está convertido en el campo propicio para que ese geoterrorismo pase a una siguiente etapa…; y al buen entendedor, omisión de lo innecesario.

 

Y pongamos, pues, por último, el grafo más racional e importante de todos: .

 

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Política
Comenta este artículo