Overblog Seguir este blog
Administration Create my blog

Presentación Del Blog

  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
  • Contacto

Buscar

Archivos

9 septiembre 2012 7 09 /09 /septiembre /2012 22:05

Editorial

Dirigible-de-Dupuy-de-Lome.jpg 

Dirigible de Dupuy de Lome.  A diferencia del Globo Aerostático que navegaba al garete según las corrientes aéreas, este nuevo globo aerostático modificado en forma aerodinámica y propulsado, ya podía responder a un mando en su dirección (de ahí su nombre).  Lo que el Globo Aerostático en “océano atmosférico” fue a la rústica Balsa del océano marino, el dirigible lo fue ya al Velero.

Hacia mediados de 2011 recibimos un amable correo invitándosenos a participar en una publicación de una de las facultades de la geografía “oficial” institucional, ciertamente con un origen más abierto y progresista, en donde ya desde los años ochenta se impulsó el hacer de una nueva geografía en un contexto espacista.

 

Respondimos positivamente aclarando que no podíamos dejar de ser críticos al orden de cosas, aún sin saber cuál sería el real contenido de nuestro artículo, pero que apuntaba a una situación obligada de crítica, tanto más, que el tema era la Función Social de la Geografía.  No hubo objeciones y se ratificó la invitación.  Elaboramos el documento y lo entregamos en tiempo y forma.

 

En la Convocatoria se anticipaba un proceso de revisión y correcciones y una fecha final de aprobación.  Nunca más, en los términos de la Convocatoria, volvimos a tener conocimiento del proceso.  Concluimos, necesariamente, que se había rechazado (y no nos extrañaba), era la única y más lógica explicación.

 

Tres meses después de entregado el escrito, ya le teníamos adecuaciones que lo superaban, pero dejamos pasar.  Seis meses después, por fin, recibimos un correo notificándosenos que el documento estaba en imprenta, pero que las imágenes (un par de gráficas que acompañaban al artículo), tenían un problema técnico y era necesario reponerlas.  Así lo hicimos, y continuó el proceso.  Indirectamente pudimos entender que el problema no respondía a nuestra paranoia de “proscripción” en el supuesto rechazo del trabajo.

 

Han transcurrido seis meses más, y va ya un año de aquello, y superando nuestra paranoia, queremos creer que ya se ha publicado.  Nos habíamos reservado el duplicar su publicación en nuestro Blog, por no “sabotear” la edición institucional; pero cuando nosotros pudimos haberlo publicado a la semana siguiente, y a los tres meses ya le teníamos observaciones que lo superaban, a ese paso (más aún si no se ha publicado todavía), ya podremos ver operar la constante cosmológica en le colapso del Universo, de modo que, no duplicar su publicación ahora que estamos aprovechando para sacar documentos atrasados, significa tanto como no avanzar conforme lo demanda y posibilitan los tiempos.

 

*

Ícono Educación (enlace)Sociología de la Geografía.


[___]  La Geografía: su Contribución a la Previsión Científica, y al Progreso y Desarrollo Social.  Ensayo, 2011 (1/3).


 Ícono Filosofía-copia-1Filosofía.

 

[___]Ética: La Teoría de la Moral, en los Fundamentos de la Dialéctica Materialista.  El Acto Moral.  (3/12) 

 

 

Respuestas a "Post":

 

[___]  Cuestionamiento Geográfico en la Contradicción Esencial de la Geografía, de un Navegante de este "Espacio...". (1/3).

 

[___ Cuestionamiento Político Acerca de "Ellos Son 132", de un Navegante del Espaco Geográfico (1/...). 

 


 

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Bitácora Navegación Espacio Geográfico I Época
Comenta este artículo
9 septiembre 2012 7 09 /09 /septiembre /2012 22:04

002 2500 ane Tablilla de Ga-SurLa Geografía: su Contribución a la Previsión Científica, y al Progreso y Desarrollo Social.  Ensayo (1/3)

 Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.* 

 http://espacio-geografico.over-blog.es/

28 may 11 

 

Introducción.

 

Toda ciencia, independientemente de su caracterización como natural, social, exacta o humanista, tiene por fin esencial el servir al progreso y desarrollo social, ya que ésta constituye la inteligencia colectiva para la sobrevivencia de la sociedad.  La Geografía, en tanto ciencia, está al servicio del progreso y desarrollo social.

 

Elaborado este ensayo en el ámbito de la geografía, independientemente de la definición que se haga de ella, el juicio anterior ha de aplicarse en concreto a esta ciencia, que, como toda ciencia, sus conceptos y teorías son la representación del reflejo objetivo de una faceta de la realidad objetiva, que, cuanto más se corresponda con esa realidad, tanto más estará en capacidad para comprenderla y contribuir a su transformación racional en beneficio de la sociedad.  Ello constituye el fundamento de la capacidad de la previsión científica, como el fin último de toda ciencia para el progreso y desarrollo social, y, en ese sentido –y sólo en ese sentido– es que puede decirse que, al final, toda ciencia es “ciencia social”.

 

La educación en la ciencia constituye la más elevada cualificación de la fuerza de trabajo, y, en consecuencia, es el más poderoso elemento de producción económico-social y por lo mismo, de la transformación de la realidad.  Ello es inherente a todas las ciencias, de modo que no tienen que ser “ciencias sociales” para cumplir esta función social.  Del mismo modo, la Geografía en particular, no tiene por qué ser necesariamente “Geografía Económica”, o definirse como “ciencia social”, para cumplir con una función económico-social.  Por lo contrario, es definiendo su objeto de estudio, así sea éste eminentemente físico, como no sólo mejor, sino como realmente estará en posibilidad de cumplir su función social.

 

La ciencia y su función social, deviene, entonces, de entender a la ciencia como el esfuerzo colectivo histórico de la inteligencia humana, dirigida a la previsión para la sobrevivencia de nuestra especie, y es por ello que esencialmente en este ensayo tratamos acerca de esos aspectos determinantes de la ciencia y de la Geografía en tanto ciencia, y su función social.

 

 

La Geografía, y su contribución

al progreso y desarrollo social.

 

Todo servicio al progreso y desarrollo social, constituye inteligencia colectiva para la sobrevivencia de dicha sociedad.  La ciencia, hemos dicho, es esfuerzo histórico de la inteligencia humana colectiva; su desarrollo progresista o positivo, se basa precisamente en que sus aportes antecedentes y vigentes, son fundamento de su propio y ulterior desarrollo.

 

La ciencia y su expresión técnica, constituye la base de la producción de los bienes materiales de la sociedad, y ese argumento del desarrollo positivo de la ciencia como el continuado desarrollo de la producción de bienes materiales, por sí solo, es suficiente para hacer ver la esencial función social de la misma.

 

En el proceso de transformación de una realidad material en constante cambio y transformación, misma que en este ensayo se reconoce como existente independientemente del pensamiento, su conocimiento científico de modo que de ella se entiendan sus regularidades y leyes esenciales, es de fundamental importancia para poder conocer las tendencias de su desarrollo, y en función de ello, poder prever científicamente.

 

La previsión científica tiene como base el conocimiento de las causas de los procesos, de modo que, imprimiendo variaciones en éstas, los efectos sean otros y los esperados; en ese sentido, la previsión científica, no siendo un acto pasivo, tiene por fin propiciar efectos en el desarrollo natural y social, de tal manera que con ello, racionalmente, hemos dicho, se garantice la sobrevivencia de sociedad humana.

 

Si bien es cierto que la historia nos demuestra que la ciencia ha tenido esta función esencial en el progreso social, también es cierto que la misma historia nos hace evidente que tanto la ciencia como la técnica, que en un momento dado han sido garantía del bienestar y la sobrevivencia de la sociedad, en el momento actual parecieran, por ellas mismas, ponerse en contra de los intereses de ésta.  Y culpar a la ciencia y a la técnica de los perjuicios naturales y económico-sociales, deriva de un análisis unilateral de la historia, en la que ésta no se ve como lo que ha sido, dicho por Marx: no más que <<la historia de la lucha de clases sociales>>.  El problema no es, pues, en abstracto, de la ciencia y la técnica, sino, en concreto, de quienes se han convertido en detentadores de ellas, de quienes las poseen y administran, y que no sólo las ponen al servicio de sus mezquinos intereses, sino que las usan volcándolas en contra de los intereses mayoritarios de la sociedad.

 

De ello deriva la enorme responsabilidad actual del científico y en general del intelectual, en su inconsciencia convertido en mera fuerza de trabajo altamente cualificada, vector de la realización de los intereses de la clases social en el poder; o en su conciencia social y política, convertido en una poderosa fuerza de transformación social.  De ahí que no sea casual el ataque a la ciencia agudizado en los últimos años, y la profunda alienación a que han sido sometidas las últimas generaciones de estudiosos en el ámbito científico en el método de la modernidad, es decir, en el método de la ciencia originado con Galileo y Kepler, y con Bacon y Descartes.

 

Esto es que, analizar la función social de la ciencia, en un estudio multilateral de la historia, y en tanto que la ciencia no se hace en abstracto, pasa, necesariamente, por analizar, a su vez, la función social del que hace esa ciencia.  El progreso y el desarrollo, cifrado en esa inteligencia colectiva e históricamente dada al servicio de la sociedad para garantizar el bienestar y sobrevivencia de la humanidad, moralmente se ve comprometida en denunciar todo cuanto atenta contra la sociedad y la dignidad humana.

 

Si atendemos en esto a la función social de la Geografía, es notable el proceso de alienación ahí donde “algunos” geógrafos, en realidad la mayoría absoluta (Plerumque fit ut maior pars meliorem víncat[a]);definen a esta especialidad con fundamento en el idealismo subjetivo, es decir, no reconociendo la existencia de la realidad de manera objetiva, independiente del pensamiento, sino como producto del mismo proyectado a través de las sensaciones; es decir, como una “ciencia del espacio humanizado”, de un “espacio que se crea por la acción humana”, y de un espacio que sólo tiene sentido en tanto la interpretación de esa acción humana; así como del “espacio” como un “constructo social”, esto es, de un espacio que no se toma dado de la realidad del mundo de los objetos materiales, sino que sólo es “construcción del proceso social”; con lo que, por ende, estos geógrafos, a los que desde hace tiempo hemos denominado “geógrafos fenomenistas”, acaban haciendo una especie de “sociología de los lugares”, reducida al censo descriptivo y una confusa crítica, cuado mejor es el caso, donde el sistema económico-social capitalista, como tal, con toda su naturaleza de rapaz explotación, queda, al final, invulnerable.

 

No obstante, esa crítica sociológica así fuese lo más certera, sólo hablará bien del geógrafo como intelectual con una cierta conciencia social y política, pero no dirá nada en cuanto al rigor científico de la geografía en la ciencia de la modernidad y de la investigación objetiva del espacio terrestre como su propio objeto de estudio; a lo más, esa crítica sociológica ya podrá decir lo que se quiera en cuanto a la subjetividad del espacio terrestre y del hacer de esa geografía, justificable sólo en términos del llamado “paradigma de la ciencia de la posmoderidad” y su método “dialógico”.  Por lo demás, todo ello ampliamente impulsado con los intereses del gran capital monopólico internacional, desde la misma Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO), y financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a través del periodista y sociólogo investigador francés, Edgar Morin, en la llamada “Cátedra Itinerante <<Edgar Morin>> para el Pensamiento Complejo”, y fundando con ello por toda América Latina los “Institutos para el Pensamiento Complejo”.

 

Una geografía científica, fundada en el principio de objetividad de la ciencia de la modernidad (esa ciencia fundada con el método galileano-kepleriano y baconiano-cartesiano), es aquella que, definiendo como su objeto de estudio al espacio terrestre, se aboca a la investigación de éste mismo entendiéndolo como parte material (ya en forma de sustancia o bien de campo) de la realidad objetiva; es decir, tratando de tomarlo dado de la realidad del mundo de los objetos materiales fuera del pensamiento, tal cual es, independientemente del acto subjetivo humano, y de lo que éste haga o deje de hacer con él.

 

Una geografía fundada, por lo contrario, en el principio de subjetividad (diría Bacon: utilizando sus ideas a la manera en que las arañas tejen sus telarañas), ya podrá ser como se quiera en las infinitas maneras de pensar del sujeto.  Pero, la realidad objetiva seguirá siendo esa necia realidad, a la cual debe adecuarse el pensamiento, y no al revés.

 

Por lo contrario, una geografía fundada en el principio de objetividad, será, y sólo podrá ser, derivando sus conocimientos como reflejo en el pensamiento de esa realidad misma; en donde los conceptos son las representaciones del mundo material fuera del pensamiento, y, en particular, las representaciones de las propiedades de esa faceta del mundo material observada por el geógrafo: el espacio terrestre.

 

Así, la función social de la geografía, hoy, en los hechos, se plantea de dos formas: 1) como la contribución al progreso y desarrollo social mediante la previsión científica, dada en la interpretación y sentido de la “sociología de los lugares” o el subjetivo “espacio humanizado” (un planteamiento eminentemente dado en la filosofía oficial norteamericana: el pragmatismo); o, 2) como la contribución al progreso y desarrollo social mediante la previsión científica, dada en la interpretación hipotético-deductiva objetiva, de la estructura, composición y ordenamiento del espacio terrestre objetivo; lo cual ha sido así históricamente, y en realidad no puede mas que ser, hoy, el verdadero campo de las contribuciones de la geografía en su función social.

 

<!--[endif]-->

*   Editor de “Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica (fundada en 2009).  Representante de la Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía, sc (fundada en 1989).

    Ensayo presentado a la Convocatoria por la Universidad Autónoma del Estado de México, la Universidad de Costa Rica, y la Universidad Nacional de Costa Rica, para la publicación del libro “La Función Social de la Geografía”; México, 2011.

[a]     «Casi siempre ocurre que lo más vence a lo mejor», Livio, Historia, 3, 1.  Sólo esperemos que, en este caso, al final no sea así.  www.elcastellano.org.

 

 

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Sociología de la Geografía
Comenta este artículo
9 septiembre 2012 7 09 /09 /septiembre /2012 22:03

Cuestionamiento Geográfico en la Contradicción Esencial de la Geografía, de un Navegante de este “Espacio…”. (1/2)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

5 sep 12.

 

El cuestionamiento al artículo sobre la investigación en geografía ha resultado muy interesante y oportuno, primero, dado que se aborda con ello la problemática esencial de la Geografía, en un momento en el que todo ello está dando un giro.

 

Si la Geografía es la ciencia del estudio del espacio terrestre, su investigación, por definición, es acerca de la exploración de las propiedades y leyes del mismo.  Luego, si el espacio terrestre es representable en mapas, ello hace de la geografía esencialmente un estudio cartográfico.  Por otra parte, no queda del todo claro que debe entenderse por el concepto “almacén conceptual”, pero si se refiere a la delimitación que llego a denominar por ahí como “aparato de categorías”, entonces no sólo la Geografía, sino todas las ciencias, en tanto eso, ciencias rigurosas, son de suyo “almacenes conceptuales”; no en el entendido del lugar en el que se arrumban cosas, sino en el que se divide, clasifica y ordena en un determinado sentido, el cual es reflejo del objeto de estudio (un “almacén conceptual” en calidad de esa bodega de todo tipo de cacharros, es precisamente la “geografía fenomenista” que llegó hasta fines del siglo XX, y que hoy ha derivado en una “geografía literaria”, precisamente en donde se habla de todo sin orden ni concierto).  Más aún, el concepto de “almacén conceptual” se aplica bien a esa vieja geografía; basta para ello considerar un Diccionario de Geografía de a época: lo que cada geógrafo puede utilizar de él, es una pequeña fracción según el área de sus estudios, y en el mejor de los casos, preferentemente revisará el Diccionario de la especialidad.  Eso hace de los Diccionarios de Geografía de la vieja “geografía fenomenista” de la Totalidad (la Miscellaneus Geographicorum, de que hablo en otro artículo con la misma idea), verdaderos “almacenes conceptuales” en calidad de bodega de cacharros arrumbados sin utilidad.

 

Ello lo comparo ahora con el Diccionario Enciclopédico de Geografía del Blog “Espacio Geográfico”, y lo que hay allí, ciertamente, es un “almacén de conceptos”, pero todos útiles en calidad de elementos metodológicos que reflejan el objeto de estudio de la geografía.  Y siendo el espacio una propiedad física de la realidad objetiva, ese aparato o “almacén conceptual”, ha de ser necesariamente de elementos metodológicos en el ámbito físico-matemático (pero no más).

 

El problema que se plantea, es el problema esencial de la Geografía, el cual aparece como una diferencia que rompe la identidad, con Hecateo; pero que se vuelve ya una contrariedad con Estrabón en la Antigüedad, con Jaldún en la Edad Media, y por el mismo Varenio en el inicio de la Época Moderna; así como por Ritter y Humboldt en la primera mitad del siglo XIX.  Luego de estos últimos, luego de la segunda mitad del mismo siglo, el problema se convierte en una franca contradicción que empieza a debatirse con Ratzel, con Richthoffen, durante los primeros Congresos Internacionales de Geografía, hasta adquirir un nuevo sesgo a partir de Vidal de la Blache para el ámbito occidental, y que ya se daba en Rusia con Krasnov y Chizov.

 

El problema que se plantea en esa contradicción histórica, en resumen, es el tratar, en geografía, inevitablemente con todos los fenómenos.  Hasta la época de Humboldt y Ritter se creyó un problema inherente al conocimiento geográfico, a resolver en el estudio de la Totalidad, siendo que el nivel de generalidad de los conocimientos aún eran abordables por cualquier mete preclara de su tiempo.  La cada vez mayor especialización de las ciencias particulares, hizo ya imposible tal propósito en geografía; y entonces se expresó la contradicción como los fenómenos como un conocimiento inherente a la geografía, en el que tener que tratar con ellos en su particularidad; o, el cómo tratar con todo cuanto existe en el espacio terrestre y determina sus propiedades, no siendo inherente el estudio de los fenómenos como tales, por sus leyes y propiedades particulares, sino a las ciencias especiales particulares.

 

Llevó siglo y medio resolver ese problema, la mitad del XIX y todo el XX; y, sin jactancia, simplemente así se han dado los hechos; nos tocó  a nosotros esta etapa final de su solución y, al pensar en ello, el resolverlo.

 

Primero entendimos, independientemente, que el objeto de estudio de la geografía era el espacio terrestre.  Luego sólo nos preguntamos qué era eso como tal, como espacio, y cómo se podría estudiar.  Resultó que el concepto de espacio era altamente complejo, y ninguna de las ciencias involucradas con él; la filosofía, la cosmogonía, la astrofísica, la física, la matemática, y otras derivadas como la geofísica y la geodesia, no tenían, aún a mediados de los años noventa, la suficiente claridad acerca de él.

 

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
Comenta este artículo
9 septiembre 2012 7 09 /09 /septiembre /2012 22:02

Cuestionamiento Político Acerca de “Ellos Son 132”, de un Navegante del “Espacio Geográfico”. (1/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

1° sep 12.

 

Es interesante el cuestionamiento al ensayo El Movimiento Político-Estudiantil “Yo Soy 132”, del 2012, fechado el 2 de junio de 2012, porque justo da lugar al análisis de la situación de ese movimiento estudiantil al término del proceso electoral, casi cuatro meses después de iniciado (11 mayo 2012), y a tres de su primera caracterización.  Dicho ensayo lo redacté, como se indica al pié de página, a solicitud de un grupo de estudiantes de una Universidad privada que me pedían su caracterización a un mes de ello, prácticamente recién iniciado, en donde tenía aún un evidente fin electorero (por definición), al ponerse en contra del candidato del PRI.

 

En el ensayo expongo a esos estudiantes las condiciones para superar esa limitación electorera, rescatando a su vista las experiencias de otros movimientos estudiantiles en México (el ensayo se delimita exclusivamente a verlo en el contexto nacional, siendo ello plenamente válido); y en esa condición, de lo que se trataba, era de generalizar socialmente las demandas (es decir, de romper los límites electoreros de ese momento).

 

Que en ese momento (inicios del movimiento, 11 de mayo, y el artículo fechado 02 de junio), ese movimiento estudiantil se limitaba a las escuelas privadas, estaba reafirmado por el hecho de que los estudiantes que solicitaban mi opinión, eran de una escuela privada.

 

Un movimiento que aún no se desplegaba, pero que inicialmente se lanza  en contra exclusivamente de un candidato (por las razones que sean), lo menos que despierta son sospechas acerca de quién está detrás, pudiendo ser, por definición, cualquiera de los candidatos opositores.  De ahí que la legitimidad sería aún cuestión de tiempo.

 

La legitimidad del movimiento, pues, no es un asunto subjetivo, sino tan objetivo como el respaldo popular que tuviesen, en función de que tal movimiento expresase demandas esenciales sentidas por la sociedad; y de ahí, justo ahora, se hace necesario valorar lo hecho varios meses después.

 

Ya que ahora, si en dicho ensayo se aplica o no el marxismo consecuentemente, eso, más que acusarlo de dicho, tendría que señalarse en dónde no lo es y por qué.  Dicho así nada más de palabra, no son más que emotivas palabras al aire.  Vayamos pues, al análisis de la valoración del movimiento a cuatro meses de su insurrección.

 

Al hablar de los recientes movimiento sociales a partir de llamada “Primavera Árabe”, que empieza en una situación espontánea en Túnez y culmina con el derrocamiento del gobierno de Kadafi en Libia, pasando por los casos de Egipto (25 enero 11), Yemen, Bahrein y Siria; para luego expresarse en el llamado movimiento 15-M en España (15 mayo 11), que se generaliza mundialmente como la movilización de “Los Indignados” en donde fue posible, principalmente en Estados Unidos, es hablar también del movimiento estudiantil en Chile, hasta tomar forma en el movimiento estudiantil que se origina en una de las más prestigiadas universidades privadas en México (por el nivel económico de sus estudiantes), denominado por las características con que surgió, como “Yo Soy 132”; es hablara, pues, de la caracterización de la lucha social en el inicio del siglo XXI (y al respecto, en otro artículo, en su momento, nos referimos a la insurrección en Egipto como la “primera insurrección proletaria del siglo XXI”), que se hace notablemente diferente de las luchas sociales durante la Guerra Fría y sus posteriores secuelas no más allá del 2000; es decir, hasta hace no más de unos quince a veinte años.  En ese sentido, no tuvimos reserva en calificar a los acontecimientos en el mundo árabe como la “primera insurrección proletaria del siglo XXI” (no proletaria en el sentido de la acción de su vanguardia, los obreros, sino en general, como un movimiento social formado principalmente por la clase asalariada (el proletariado en general), si bien dirigido por la iniciativa de la pequeñaburguesía (la llamada “clase media”, en un intenso proceso de proletarización).

 

El llamamiento “Twitter” a la “Plaza Tahrid” en enero, surgió de una situación eminentemente espontánea, pero luego del caso de Egipto, todo lo demás, incluyendo lo de fuera del mundo árabe, ya no tuvo, ni podía tener, absolutamente nada de espontáneo, a pesar del llamamiento “Twitter” a la “Plaza del Sol” en mayo, echándose mano de la nueva tecnología de comunicación.  No casualmente comienza a ser diferente lo que ocurre en Libia de lo que ocurre en Yemen, o lo que se da ya en Bahrein o ya en Siria.  La movilización internacional de Los Indignados, no convocó en México a más de 80 manifestantes, cuando en Estaos Unidos esa fue la principal expresión de cientos de miles de manifestantes.  Esto hay que explicarlo más detenida y ampliamente, en lo esencial de una caracterización política del movimiento “132”.

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Política
Comenta este artículo
9 septiembre 2012 7 09 /09 /septiembre /2012 17:35

Ícono Filosofía-copia-1Ética: la Teoría de la Moral, en los Fundamentos de la Dialéctica Materialista.  La Metaética.  (12/12).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

12 sep 12.

 

 

12  La Metaética.

 

Terminamos este breve esquema general de la Ética, refiriéndonos en su último capítulo, a aquellos problemas de la moral que aún, en la segunda década del siglo XXI son motivo de duda acerca de si en el acto moral que representan, son buenos o malos, si hay en ellos lo positivo o lo negativo.  Y la duda radica en la magnitud de sus implicaciones teleológicas, pues un común denominador en todos estos casos, es la vida humana misma.

 

La metaética se refiere, pues, a aquellos problemas de orden moral que están en el límite, e incluso más allá, de una solución clara; no por lo abrumador que puedan ser en un momento dado ciertos prejuicios sociales, sino simplemente por los elementos teóricos aún limitados de dispone la ética contemporánea.  Ejemplo de ello, en un cierto orden convencional ascendente en su dificultad, son: 1) la legalización de las relaciones homosexuales; 2) la legalidad del aborto; 3) la legalización de la droga; 4) la eutanasia; 5) la equiparación de culturas; 6) la manipulación genética; 7) la clonación; y 8) el suicidio.

 

Todos estos problemas tienen que ver con las normas y costumbres de la sociedad y su cultura, su sola existencia afecta a la vida social, la perturba; pone en duda el deber ser de su acto moral, en a medida de que el mismo se convierte en derecho moral de otros; legítimo a la vista de todos en nombre de ese derecho moral del otro, pero sancionable por sus implicaciones teleológicas, no sólo de forma moral, sino incluso legalmente.

 

El problema que de fondo se debate en la respuesta a estos problemas (y otros más de semejante índole), es el si el reconocimiento moral de los mismos significa progreso moral de la sociedad, o si son indicativos de la descomposición social.

 

Como lo hemos estudiado, tales problemas no pueden  resolverse al margen de sus determinantes sociales, de las condiciones económico-políticas de la sociedad, e incluso de sus posiciones ideológicas en la interpretación del mundo, es decir, incluso en función de ciertas determinantes filosóficas; pero tampoco podemos resolverlos al margen de das determinantes individuales, en tanto que ellas afectan, más o menos, profundamente a los individuos involucrados en el acto moral.

 

La solución correcta de estos problemas, se complica todavía más, no sólo porque se traducen en asuntos que se dirimen políticamente, sino en tanto que en ello opinan todas las partes, pero en donde no se deja escuchar –quizá incluso porque hoy en día ni siquiera existe– el especialista en Ética.  A éste lo suple vagamente una opinión moral progresista, la más de las veces de falsa liberalidad de unos, frente a la opinión de una moral conservadora y prejuiciada de otros.  Esto es que, en su discusión, no se emite una lógica sólida y consistente del juicio de valoración moral, que  no únicamente implique de manera necesaria el juicio intelectivo de certidumbre científica, sino el juicio de valoración estética, en los rigurosos términos de conciliar con las condiciones de necesidad explicándonos históricamente la forma en que se afecta el proceso de transformación social que realmente implica el progreso moral de la sociedad, frente a una reducción, la más de las veces snobista y libertarista, de opiniones “liberales desprejuiciadas” y “fundadas en los derechos humanos”; que en el fondo, en ese contexto económico-político e ideológico, no son, en realidad, más que posiciones conservaduristas revestidas, simuladoras de un pensamiento avanzado, que inconscientemente, en la lógica del desarrollo de la sociedad capitalista, conduce al acrecentamiento de la descomposición social de la que de inmediato se espantan.

 

La afectación a la sociedad de dichos problemas es tal, que sentimientos aletargados se concitan, despertándose viva y violentamente: prolifera, en el uso de un no muy adecuado término, la llamada homofobia; se condena con los más graves cargos de conciencia a la mujer que aborta; se esgrimen dudosos argumentos económicos y políticos, para inducir la legalización de la droga, y en ello se omite toda razón moral; se hacen vivos pronunciamientos políticos por el derecho de nacer, pero, a la vez, se coarta con la misma moralina al individuo en su derecho de una voluntaria muerte digna; se condena mutuamente la condición la mujer (unos por exceso de sometimiento, y otros por una liberalidad que raya en la prostitución), entre los pueblos musulmanes y cristianos, pero no se consideran las determinantes culturales, y esas condiciones de necesidad a superar históricamente en una larga lucha de la humanidad en su conjunto; se contempla atónitos los beneficiosos avances de la ciencia en la manipulación genética, pero se despiertan las más terroríficas sospechas que generan incluso un sentir y natural pronunciamiento en contra de la ciencia en general; y ello converge precisamente en la capacidad de clonación de los seres humanos mismos, en donde se llega a límite de la consideración misma del ser humano como ser humano; y se condena ferozmente el autoatentado a la vida, a la vez que con ello se coarta el sentimiento de honor y dignidad de la persona sobre sí misma.

 

De todo ello se concluye que los problemas de la metaética deben tener como necesaria condición en su análisis, la capacidad de abstracción para concebir la sociedad en un próximo futuro; pero no para imaginar lo que la sociedad será como consecuencia de las implicaciones a la solución de tales problemas en uno u otro sentido; sino, inversamente, imaginar la sociedad deseable,  y en función de ello determinar sobre las implicaciones positivas o negativas de los problemas metaéticos.

 

Más aún, no sólo imaginar la sociedad deseable en forma de una utopía, evidente y necesariamente, de una sociedad en la que reinan los mejores y más elevados valores morales, que ello será de fundamental necesidad (absurdo resulta imaginar una sociedad futura en la que reina la proyección de los mismos valores de la sociedad actual); sino imaginar la sociedad en términos de su necesario desarrollo económico-político, que implica el juicio intelectivo de certidumbre, y los valores más elevados que serán el fundamento moral de esa sociedad, que plenamente humana, hará más por su humanización, incluyendo el juicio de valoración estética.

 

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía
Comenta este artículo
9 septiembre 2012 7 09 /09 /septiembre /2012 17:34

Ícono Filosofía-copia-1Ética: la Teoría de la Moral, en los Fundamentos de la Dialéctica Materialista.  Lo Ético-Estético en las Determinantes Individuales.  (11/12).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

12 sep 12.

 

11  Lo Ético-Estético en las Determinantes Individuales.

 

Hemos visto que la estética es, en su esencia, la capacidad humana de reconocerse a sí mismo en su obra y de verse en ella perfeccionado.  El ser humano ha evolucionado de su existencia como un grupo símido antropomorfo, a las distintas especies de homínidos, y entre ellos, a aquel del cual ha devenido nuestra sociedad actual.  El ser humano, desde siempre, ha nacido en sociedad; así sea que esa sociedad haya sido la de los pequeños o grandes grupos tribales de simios; es por ello, como lo dijeran Marx y Engels, que el ser humano es un ser social por excelencia.  Más aún, el ser humano se hace un ser humano, no sólo por nacer en sociedad, sino porque es la sociedad la que lo crea como un ser humano.  El ser humano, fuera de la sociedad, dependiente por entero de sí mismo y de la naturaleza, se animaliza, pierde su condición de ser humano, precisamente en la medida que pierde su dependencia a las relaciones humanas (económicas, sociales, políticas, científicas o culturales).  Todavía más, la sociedad humana misma también pierde algo de su riqueza dada en la diversidad, con la exclusión de aquel.  En esta conclusión de origen estético, es el ser humano el que hace al ser humano, en sociedad.

 

Expongamos algo que, por su naturaleza, parecerá una digresión, pero que, al final, adquirirá pleno sentido afín a este análisis de la esencia de la relación ético-estética en las determinantes individuales humanas; y ello es esa discusión teologal en la mitología hebrea, acerca de la creación divina del ser humano.

 

Según tales consideraciones, Dios tomó arcilla de la tierra, el humus (de donde el concepto humano), y, cual artesano en una labor estética escultórica, creó al ser humano.  Sin tal acto, hoy no estaríamos pensando a Dios, ni Dios, como lo hemos dicho en las primeras líneas de este artículo, se reconocería a sí mismo en aquello creado a su imagen y semejanza, capaz, en consecuencia, de pensarlo.

 

Pero ahora, ya como ese par de Adán y Eva, simbolización de la humanidad, ingenua y absolutamente dependiente de las reglas del Paraíso, es como un animal más de esa naturaleza, sin mayores necesidades, ni de esfuerzo físico ni de pensamiento, para frustración de su creador, pues su creatura no despliega todo el potencial que debe reflejar lo que Dios quiere ver de sí mismo en él, hasta su propia perfección, que para eso lo creó (esa es, hemos visto, la razón de la estética en el arte).  Y entonces, “los condena” a hacerse seres humanos: habrá de trabajar y pensar por sí mismo; dejará de imitar a la naturaleza, para ponerse a construir ahí donde la naturaleza dejó de hacer lo que esté en su cabeza, en su pensamiento; hasta tal punto, que producto de su ingenio, ya no sólo construirá donde no había, sino que ahora creará lo que no existía, creará lo que Dios no hizo, se convertirá en un demiurgo…, que, en la conciencia de sus propias capacidades, se atreverá a negar a su propio creador, afirmando que este es sólo producto del pensamiento humano; es decir, que el creador de Dios, es el propio ser humano.  Ello, tal osadía, ¿lo hará merecedor del castigo divino?  No; por lo contrario, es ahí donde Dios, finalmente, se reconoce a sí mismo plenamente, ese ser humano ha quedado formado finalmente a su misma imagen y semejanza; ese ser humano independiente, cuasiomnipotente y ateo, expresa en sí mismo lo que Dios es, y es Dios mismo perfeccionado.

 

Así, en esa figura alegórica, Dios y el ser humano (tesis y antítesis), forman dialécticamente una indisoluble unidad de contrarios no-antagónicos, es decir, no en donde un opuesto, para ser, ha de excluir al otro, sino por lo contrario, en donde un opuesto, para existir, para ser, ha de presuponer la existencia y ser del otro; y más aún, en tal dependencia mutua, que para ser, ambos tienen que entregarse el uno en el otro (en la síntesis), para reconocerse a sí mismos, incluso, perfeccionados.  El uno para el otro, representan una condición de necesidad (eso objetivo y concreto que coarta la libertad plena de cada uno por separado, y que va cambiando progresivamente en la historia, en la transformación que el ser humano hace de sí mismo en sociedad), por cuya consciencia mutua y recíproca, se otorgan mutua y recíprocamente la libertad en tanto luchan por transformar las condiciones de necesidad que les limitan (de ahí que Dos “abandone” al ser humano reconociendo su divinidad, y éste a su vez lo niegue como un ente real en un mundo sobrenatural, por supuesto, igualmente real; pero que acabe reconociendo la magnificencia de lo divino en lo valioso del concepto de “Dios” como aporte de la cultura, y aquello a lo que aspira en lo individual (tal como las utopías son su aspiración ideal en lo social).

 

Tal discusión teologal en función de la estética, nos permitirá ahora entender las relaciones ético-estéticas en sus determinantes individuales, y, principalmente, en aquella relación individual esencial. La relación natural, mujer-hombre.

 

Súplase en la contradicción “Dios-Ser Humano”, en el orden que sea, dialécticamente será ello alternante, los opuestos “mujer-hombre”.  Ya sea la mujer representada en Dios, ya en el Ser Humano en ese pasaje mítico; o bien ya sea él representado en Dios o en el Ser Humano –el lugar que se ocupe es irrelevante dado que la esencia del problema está en que uno es en el otro–; el otro no es más que el reconocimiento perfeccionado de uno mismo.  Y la solución para la esencia moral de su libertad mutua, radica en su lucha por romper y superar históricamente las condiciones de necesidad que les limitan; esto es, esa forma de ser el uno para el otro en una entrega obligada para reconocerse perfeccionados, mutua y recíprocamente, en su propio ser, en el ser del otro.

 

Resulta evidente que en tal contradicción dialéctica, por la propia naturaleza de ésta, hay una negación mutua y recíproca de los opuestos; pero no siendo ninguna negación antagónica, excluyente un opuesto del otro, su solución necesaria se da en la síntesis, en donde uno se funde en el otro formando un tercer ser nuevo y diferente: la creación del ser humano dado en ellos mismos en el proceso de su humanización; y en donde los hijos en que se reproducen, a los que cuidan y educan, son el símbolo de tal síntesis lógica.

 

Así, la humanización plena, estará en la entrega plena, absoluta e incondicional, del propio ser, en el ser del otro; el otro, ahora ya no sólo ha de ser el alter ego, no simplemente “otro yo”, sino “yo mismo” en ese otro ser.  Esta profunda unión mujer-hombre, expuesta así, implica una de las más difíciles luchas para superar las condiciones de necesidad, entre ellas, lo que uno significa en la negación del otro; pero la superación de esa lucha, es, precisamente, lo que les otorga la mutua y recíproca libertad.

 

Paradójicamente así, cuando una unión mujer-hombre fracasa, se condena a lo opuesto a la libertad: a la esclavitud eterna.  Pero hemos antepuesto el concepto de, “paradójicamente” (es decir, como una contrariedad del sentido común), porque, si bien se ve, antes hemos hablado de la humanización plena como la entrega plena.  Y qué es la “entrega plena”, si no eso terrible denominado “esclavitud”.  Con la diferencia, en este caso, de que no se habla de la esclavitud impuesta por el otro en contra de nuestra voluntad, sino, por lo contrario, de una esclavitud por propia voluntad: ella es, precisamente, la conciencia de la necesidad; la conciencia de lo que es obligado para que, luchando por superarla, no se convierta en esclavitud real, contra la propia voluntad, sino se convierta en humanización plena.  De ello se sigue, dicho con ese término, que la mujer ha de entregarse al hombre por propia voluntad en su esclavitud plena, absoluta e incondicional; pero no más, no menos, que el hombre, mutua y recíprocamente, habrá de hacer exactamente lo equivalente: entregarse a la mujer por propia voluntad en su esclavitud plena, absoluta e incondicional.  La paradoja está en que, esa esclavitud mutua y recíproca de sus seres, haciendo su humanización en dramática lucha por superar la adversidad, les otorga simultánea, mutua y recíprocamente, su simultánea, mutua y recíproca libertad.

 

Por lo demás, es a esa entrega en esclavitud por propia voluntad, a lo que se le conoce como, el amor.

 

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía
Comenta este artículo
9 septiembre 2012 7 09 /09 /septiembre /2012 17:33

Ícono Filosofía-copia-1Ética: la Teoría de la Moral, en los Fundamentos de la Dialéctica Materialista.  Lo Ético-Estético en las Determinantes Sociales.  (10/12).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

12 sep 12.

 

 

10  Lo Ético-Estético en las Determinantes Sociales.

 

La Ética, la teoría de la moral o teoría de ese tipo de conducta humana obligada y debida, constituye en sí mismo en un juicio de valoración moral; pero, como hemos visto, en tanto la conducta moral ha de ser con plena conciencia, hasta el punto del fundamento científico, de los actos, ello implica, además, un juicio intelectivo de certidumbre.  Pero el acto moral, sin embargo, implica algo más; de un orden muy sutil: el juicio de apreciación estética.

 

En este artículo analizaremos las determinantes sociales de esa apreciación ético-estética en las relaciones humanas, que expresan el más elevado juicio de valoración, y, en ese sentido, ya no sólo del valor moral como un satisfactor social abstracto en el que, juzgándose bueno o malo, ello aún, moralmente por sí solo, conserva un dejo de mezquindad en tanto que siendo bueno o positivo para la sociedad, ello es porque, o no le afecta, o, en su caso, esa afección es positiva; es decir, que se valora con un cierto interés, si bien enteramente legítimo dado que partimos del postulado de que es la realidad social lo que norma.

 

La Estética se refiere a la ciencia acerca de lo bello y el arte; es decir, elabora la teoría de lo bello (no de qué cosa es bella), y la teoría acerca del arte como acto de la capacidad creativa humana.  El arte es pues, no sólo el acto creativo de lo bello (de lo que es armónico y proporcionado en todos sus aspectos), sino el acto creativo que nos embellece a nosotros mismos, a nuestra espiritualidad humana, y que nos perfecciona.

 

Es a través del arte y sus cualidades de lo bello, que aquel que lo elabora se reconoce a sí mismo en su obra, y tanto más aún, reconociéndose perfeccionado.  Otro tanto ocurre ene l trabajo productivo, en donde el obrero se reconoce a sí mismo en el producto de su trabajo, el cual lo ennoblece y dignifica.

 

Pero cuando el ser humano es capaz de reconocer en el otro no sólo a su semejante, sino a sí mismo, y más aún a sí mismo perfeccionado, ese otro se transforma en su alter ego, en su “otro yo”, y el juicio de valoración moral, se complementa en su caracterización al aplicar el juicio de valoración estética.

 

El juicio de valoración estética tiene, a su vez, sus propios conceptos esenciales (o categorías propias), mediante las cuales se hace posible esa apreciación sensible de lo bello.  Así, al apreciar lo bello de algo, ello ocurre sin juicio intelectivo alguno; lo que expresa, por demás, el carácter objetivo de aquello que hace bello a ese algo; pero para emitir el juicio de valoración estética se hace necesario definir el objeto de lo bello por su carácter, gracioso o grotesco, o bien cómico o trágico; sublime o despreciable; soberbio o carente; armonioso o monstruoso; simétrico o asimétrico; isotrópico o anisotrópico; homogéneo o heterogéneo; uniforme o disforme; con contenido concreto o de forma abstracta, etc; apreciando ello tanto en su forma como en su contenido.

 

Así, lo que finalmente despoja a esa valoración moral de todo viso de interés por más abstracto que sea, es precisamente el agregado del juicio de valor estético; ese en el cual lo socialmente satisfactorio como positivo, lo bueno, es, por decirlo de momento así, la proyección de uno mismo.  Ya no será lo bueno o lo malo del otro que socialmente nos afecta positiva o negativamente, sino lo bueno o lo malo de nosotros mismos reconociéndonos en el otro, proyectados en nuestro alter ego, ya negados o ya realizados en el otro.  Ya no sólo será la valoración positiva o negativa del acto moral del otro, sino, además, el placer estético, en su caso, de su acto moral, y en ello, el exquisito deleite espiritual que nos recrea (literalmente dicho, que nos “vuelve a crear”) socialmente, haciendo nuestra armonía en la humanización mutua.

 

Lo estético tiene por esencia el arte, la capacidad creadora humana en lo bello, en lo armónico en lo estilizado y proporcionado.  Así, cuando el juicio de valoración estética se vincula a la valoración moral, lo bueno o lo malo simple que está en el acto moral del otro y de su entera responsabilidad en interés de la sociedad, se convierte en lo bueno o lo malo, producto de la vida social misma, y, en ese sentido, en el más profundo acto de conciencia social.  El responsable del acto moral seguirá siendo el otro, pero ese otro ya no será un ajeno, sino –hemos dicho– un alter ego, un “otro yo”, alguien producto de la sociedad, alguien creado por esa sociedad de la que yo mismo forma parte, y, en consecuencia, que me hace corresponsable del acto moral.

 

Sentir la satisfacción por lo bueno, implicará, además, la admiración por lo positivo que ennoblece y dignifica a la sociedad humana, y, por lo tanto, que la humaniza.  Por lo contrario, sentir la reprobación por lo malo, será nuestra propia negación ante aquello que nos envilece y nos despoja de nuestra propia condición humana.

 

Hay, en la redacción anterior, un cierto dejo de lo que habrá de ser a futuro; y ello es así, porque en la sociedad capitalista actual, del culto al relativismo extremo, al individualismo y a la mezquina propiedad, de explotación y abuso del uno por el otro, es del todo imposible aplicar el juicio de valoración estética en la relación moral.  De ahí que en la sociedad capitalista actual, la moral tiende a quedar vinculada, más que al juicio de valoración estética de mi alter ego, al juicio legal de orden jurídico que se ejerce sobre el otro que obra mal.

 

Lo ético-estético es pues, el juicio más elevado de la sociedad acerca de sí misma; pero ese juicio requiere de otra condición de necesidad muy distinta a las actuales: requiere de las condiciones objetivas y concretas de un nuevo orden social de una sociedad superior en la que puedan manifestarse libremente las capacidades creadoras de la sociedad consigo misma.  Hasta entonces, la valoración ético-estética no sólo se ha de reducir a lo íntimo de las capacidades individuales, sino que quedará reducida a su vez, a su mera expresión como satisfactor social con un cierto carácter utilitario, dado en la valoración uso.  En la sociedad capitalista, mi pobre condición humana, no es sino un pálido reflejo de la depauperada condición humana de mi alter ego reducido a ser el otro (una alteridad simple), que moralmente me corresponde (y en lo satisfactorio de mi íntimo deleite subjetivo), en calidad de valor de uso en lo humano, pobremente realizado.

 

La burguesía, por su propia naturaleza abusiva y egoísta, no está en capacidad de expresar ninguna relación moral más elevada (no más que la que logró hasta el siglo XVIII).  Sólo aquel que ha sido despojado de todo, incluso hasta de su propia condición humana, el proletario, está en capacidad de expresar en todo su potencial  y plenitud una relación moral más elevada.  Por ello, la valoración ético-estética es propia del reino de la sociedad proletaria, y es la realización misma de ella.  Ello constituye la esencia de la llamada “moral comunista”, la moral de esa sociedad superior (hoy, apenas vagamente manifiesta en la expresión de los valores de la clases social proletaria; pero, como diría Engels, por lo que esa clase social proletaria históricamente es; sin confundir a la misma con sus muestras concretas actuales deshumanizadas por el capital).

 

 

 

 

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía
Comenta este artículo
9 septiembre 2012 7 09 /09 /septiembre /2012 17:32

Ícono Filosofía-copia-1Ética: la Teoría de la Moral, en los Fundamentos de la Dialéctica Materialista. La Compleja Dialéctica de la Libertad.  (9/12).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

12 sep 12.

 

 

9  La Compleja Dialéctica de la Libertad.

 

Hemos visto cómo la relación sujeto-objeto en la determinación del valor, no podía entenderse sin la aplicación de la dialéctica materialista; pero, a la vez, otro concepto que no puede entenderse sin la dialéctica, es el concepto de la esencia de la moral: la libertad, bajo la cual, y sólo bajo la cual sin coacción alguna, el individuo puede ser la causa de sus propios actos, y hacerse moralmente responsable de los mismos.

 

Sin embargo, hemos visto también, que el acto moral no ocurre ni en lo puramente subjetivo, ni mucho menos en abstracto, sino por lo contrario, determinado por las condiciones objetivas y concretas mismas que en un momento dado son, pues, causa, y pueden impedir la libertad y voluntad del sujeto en la realización misma del acto moral.  A estas condiciones objetivas y concretas se les denomina como “condicionantes de necesidad”, estarán ahí siempre, independientemente de los deseos o voluntad del sujeto, en calidad de causa; y así podemos ver, entonces, que ciertas condiciones de necesidad, se convierten en factores coactivos que restringen e incluso anulan el pleno uso de la libertad, bajo la cual, y sólo bajo la cual, hemos dicho, el individuo puede ser la causa de sus actos y responsable de los mismos.

 

Esto plantea uno de los más complejos problemas en la teoría de la moral: para que el acto moral sea, tiene que darse en libertad; pero cómo puede darse en libertad, ahí donde ciertas condiciones de necesidad la coartan.

 

La solución de dicho problema supone, en consecuencia, el análisis del concepto de libertad; y al respecto, a lo largo de la historia del pensamiento humano, se han dado tres respuestas a la definición del concepto de libertad.  En los tres casos, y difícilmente podría haber sido de otra forma, se reconoce la conciencia de la necesidad causal o determinante en la conducta humana, pero en los tres casos se ofrece una solución distinta.

 

En el primer caso se plantea un determinismo absoluto, por esa coactiva causalidad absoluta no puede hablarse de libertad, y por lo tanto, de responsabilidad moral.  En ello, el acto aparentemente “libre”, no es sino el efecto de una causa y no de una libre voluntad, y en ese sentido, el ser humano es sólo un instrumento posible en la realización del efecto.  Ese determinismo absoluto queda dado, por ejemplo, en la predestinación de Dios.

 

Se hace interesante destacar el hecho de que esta posición, muy propia a su vez del mecanicismo materialista del siglo XVIII, es coincidente con la concepción teológica de la libertad como atributo exclusivo de Dios (único verdaderamente libre), el cual es causa, en tanto ha predestinado la vida de los sujetos.  En este ámbito, a ello se le contrapone la idea del “libre albedrío”, que nos devuelve a uno de los casos de la definición científica, y precisamente al segundo de ellas.

 

El segundo caso se plantea en el libertarismo (la doctrina de la plena libertad): ser libre, significa decidir y obrar de manera plenamente conforme a nuestra voluntad (o, teológicamente, lo que se llama en el “libre albedrío” o plena libertad de elección).  Aquí, evidentemente, se anula la causalidad o determinación, por lo menos en el ámbito de la moral.  El libertarismo, en última instancia, es autodeterminativo, es decir, donde el sujeto es su propia causa y causa única ajena a toda determinación exterior posible.

 

Pero, toda vez que existe una condición determinativa, se da en ello una condición de necesidad.  Pretender que ni el sujeto sea causa de su decisión, sólo conduce al absurdo.

 

No hay, pues, manera de eludir la determinación, y con ello la condición de necesidad.  De ello se sigue un tercer caso, en el cual se reconoce simultáneamente tanto la libertad como la necesidad, que negándose mutuamente como se ha visto en los casos anteriores, esa negación o contradicción, sólo puede tener solución en la dialéctica.

 

Así, el tercer caso es el de la dialéctica de la libertad y la necesidad, como dos opuestos no-antagónicos, sino de cuya síntesis lógica en la que no se prescinde ni de lo uno ni de lo otro, sino que en su conjugación se da la solución.

 

Dicha definición pasó por tres momentos históricos de abstracción y generalización teórica.  El primero de ellos correspondió a B. Spinoza, que viendo al ser humano como parte de la naturaleza, ésta ha de ser condición de necesidad.  Luego, para Spinoza, ser libre, es tener conciencia de la necesidad, esto es, de que obligadamente estamos sujetos a algo que una vez tenemos conciencia de ello, ello mismo nos libera.  La limitación en la definición de Spinoza, es que por más que el esclavo haga conciencia de la necesidad, ello por si sólo no lo libera.

 

El segundo momento histórico de abstracción y generalización vino con Hegel, que retoma a Spinoza, pero poniendo a la libertad en relación con la historia.  El conocimiento de la necesidad depende de la época histórica, y en consonancia con ello, la libertad es histórica.  Más allá de esa diferencia entre Spinoza y Hegel, Adolfo Sánchez Vázquez hace ver que entre ambos hay un punto en común: ambos son sólo planteamientos teóricos.

 

Y en este punto se da un tercer momento histórico de abstracción y generalización en los conceptos de libertad y necesidad, ahora, con Marx y Engels.  Estos retoman a Spinoza y Hegel: la libertad es, pues, conciencia histórica de la necesidad; pero donde el esclavo, inmerso en la pura teoría, deja de permanecer en una esclavitud consciente.

 

“La libertad –apunta Adolfo Sánchez Vázquez– entraña un poder, un dominio del hombre sobre la naturaleza y, a su vez, sobre su propia naturaleza”[1].  Ello implica la capacidad práctica de transformación del mundo sobre la base de su interpretación científica.  De ahí la importancia del trabajo productivo; esto es, donde la tesis de la libertad, antes que excluir a la antítesis de la necesidad, la supone obligadamente.  La revolución social (práctica histórico-social siempre), al final, se constituye como síntesis de esa tesis-antítesis, en donde se consuma la libertad en un grado nuevo y superior.

 

La libertad, pues, es hacer conciencia de aquello que nos obliga a lo que estamos obligados ineludiblemente en cada momento histórico en un proceso de transformación de la realidad.  En ese sentido, la libertad ha de ser conciencia misma de la esclavitud (cualquiera que sea la forma en que esta se dé), no eludiéndola, no pretendiendo –ofendidos en nuestra condición de esclavitud– hacer abstracción de ella, sino, por lo contrario, asumiéndola y haciéndola conscientemente, con conocimiento de causa, objeto de transformación.

 



[1]        Ibid. p.111.

 

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía
Comenta este artículo
9 septiembre 2012 7 09 /09 /septiembre /2012 17:31

Ícono Filosofía-copia-1Ética: la Teoría de la Moral, en los Fundamentos de la Dialéctica Materialista. La Realización Moral.  (8/12).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

12 sep 12.

 

8  La Realización Moral.

 

Por realización de la moral; esto es, por el hecho de una moral real; no nos referimos ya ni al acto moral, ni al progreso moral, sino a la realidad moral concreta de una sociedad dada.  Nos referimos con ello, a los principios o valores más apreciados o normas que rigen la vida de una sociedad concreta.  En el tema de la realización moral, de lo que se trata, es de la práctica moral.

 

La práctica de la moral se sustenta en uno o varios principios fundamentales bajo los cuales se interpreta el mundo de las relaciones sociales morales.  En la comunidad primitiva, ese principio esencial era el de la disolución del individuo en la colectividad.  En la sociedad esclavista, el principio moral esencial, determinante de todas las demás relaciones morales, era el del deber de la sujeción al amo esclavista en pago de las deudas.  Durante la Edad Media, en la sociedad feudal, ese principio básico, lo fue el “honor de caballería”, que imponía un rígido orden social estamentado.  Hoy, en nuestra sociedad moderna, el capitalismo, mismo que nace hacia el siglo XVI, el principio básico que rige el orden moral social, es el culto al individuo y a la propiedad, la doctrina del individualismo y la propiedad privada.  El individuo y su propiedad lo determinan todo.  Pero la historia no se detiene, las necesarias transformaciones sociales imponene nuevas formas de organización económico-social para producir sus bienes materiales, y de ello aparece un orden social superior al capitalismo: el comunismo, cuya etapa de transición del capitalismo a él, se denomina socialismo.  En el socialismo, expreimentado socialmente en el siglo XX desde la Revolución Socialista en Rusia en 1917, se plantea como principio moral esencial, contrario al capitalismo, el colectivismo y el sacrificio en bien de a sociedad.

 

Así, los principios morales básicos y determinantes, surgen de la necesidad fundamental del régimen económico-social.  Está dado a la sociedad para que ese régimen funcione de una determinada manera.  Evidentemente, esos principios cambian con los cambios de los regímenes económicos.  Sin embargo, ni el régimen económico-social cambia de pronto, ni los principios que fundamentaban costumbres desaparecen en el acto; como tampoco los principios de una nueva sociedad se estatuyen y se practican por decreto.  Pero en el lapso de esa transformación social y moral en que lo viejo entra en crisis y lo nuevo no acaba de establecerse, la sociedad vive situaciones de enorme ambigüedad.  La anterior moralidad se derrumba provocando el abandono, la desilusión, el desapego, la protesta sin contenido (ya en las marchas de ello, o bien en el modo de ser enfrentado por cierto sector de la sociedad), la irresponsabilidad, las actitudes de negación de todo en absoluto (el llamado nihilismo de la actual “contracultura”), el caos y el desorden, hasta la quiebra moral en las relaciones familiares y entre los sexos.

 

Hasta en tanto los nuevos principios aparecen fundando nuevas relaciones morales sobre la base de una nueva organización económico-social, dado que toda expresión de un valor moral requiere las condiciones necesarias para que se haga real, la honestidad, la sinceridad, la veracidad, lo justo moral, no pueden darse, dado que ello no es posible en un régimen de corrupción, en el que, además, prevalece el culto al egoísmo individualista.

 

Ciertamente, los nuevos principios morales no surgen de la nada, espontáneamente, a pesar de que estén dadas las nuevas condiciones económico-sociales; ello presupone la necesidad social de practicar una nueva forma de relación social moral: abandonar, por ejemplo, el egoísmo individualista que anula el bienestar social, suplido por el principio del colectivismo y la atención al otro; y para ello, la sociedad se tendrá que ver obligada por las circunstancias reales y concretas necesarias que se lo impongan.

 

El problema esencial de una moral real, es el de la real humanización del ser humano.  El egoísmo individualista, la mezquindad, el otro o la sociedad como medio del cual valerse en provecho propio, el oportunismo para abusar y aprovecharse del otro, la falacia, el cinismo, la simulación…, todo ello y más negativamente, quebrantan la condición humana, no hacen al ser humano ser mejor, sino, por lo contrario, expresan su ruindad y desapego a lo humano.

 

El colectivismo, el sacrificio por el otro, el otro o la sociedad como aquello a lo cual nos debemos en nuestros conocimientos y capacidades, el respeto y la igualdad de condiciones, la sinceridad y la integridad moral…, todo ello y más positivamente, integran la condición humana, hacen al ser humano, cuya naturaleza es ser cada vez mejor, expresando su dignificación.

 

Si hay algo en lo básico que hace al ser humano, eso es el trabajo, su carácter eminentemente productivo.  En el trabajo el ser humano se hace un ser creador, que humaniza cuanto toca, y a la vez, por la transformación de lo que toca, se ve humanizado.

 

“El que no trabaja –dice el filósofo Adolfo Sánchez Vázquez– y vive, en cambio, a expensas del trabajo de los demás, tiene una humanidad que no le pertenece, es decir, que él mismo   no ha contribuido a conquista y enriquecer”[1].  Y que tanto más ha de conquistar y enriquecer, cuanto más transformador y productivo sea el carácter de su trabajo.

 

Visto ello en su conjunto social, agrega el mismo autor: “una sociedad vale moralmente lo que vale en ella el trabajo como actividad propiamente humana”[2], y, agregamos nosotros nuevamente, cuanto más transformador y productivo sea su trabajo social, tanto más valor tendrá moralmente esa misma sociedad.

 

Sin embargo, hay en ello una agravante: si el trabajador no se apropia del producto de su propio trabajo y de la riqueza que ello genera, y por el contrario, se ve despojado de ello mediante la enajenación no sólo de su trabajo (en donde el trabajador pasa a ser una parte o una pieza más de la máquina de producción), sino del producto y la riqueza del mismo que el patrón capitalista se apropia; en ello el ser humano vuelve a ser sujeto de deshumanización, si bien ya no en calidad de un ser que pierde toda condición humana, sí ahora en términos de ser que se humaniza, pero que es despojado de ello.



[1]        Sánchez Vázquez, Adolfo; Ética; Editorial Grijalbo; México, 1969; p.181.

[2]        Ibid. p.181.

 

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía
Comenta este artículo
9 septiembre 2012 7 09 /09 /septiembre /2012 17:30

Ícono Filosofía-copia-1Ética: la Teoría de la Moral, en los Fundamentos de la Dialéctica Materialista. La Deontología: el Acto Moral Independiente de las Consecuencias.  (7/12).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

12 sep 12.

 

7  La Deontología: el Acto Moral Independiente de las Consecuencias.

 

La deontología (del gr. deón, deber; y logos, tratado), es la parte de la ética relativa a la obligación moral, que no se hace depender de las consecuencias.  Se refiere, pues, a un deber de conciencia en la obligatoriedad moral, que, independientemente de las consecuencias, asume la más elevada responsabilidad del acto moral.

 

Se entiende que esa responsabilidad sólo puede ser asumida por un individuo común en casos muy extremos, pero, en lo general, ese individuo común ha de atenerse a las normas morales que dicta lo teleológico: las consecuencias de sus actos.

 

Quien ha de estar facultado para asumir la responsabilidad que omita la regulación de las consecuencias, ha de ser sólo alguien con una clara conciencia de sus actos ; esto es, que entiende con profundidad los fundamentos científicos de lo que está determinando su acción (en el campo de cualquier ciencia especial; además de los fundamentos científicos de carácter económico, social y político que estuviesen implicados); si alguien se compromete así, será sólo porque sabe bien lo que hace.

 

Su acto moral, no obstante, no omite lo teleológico, asume un deber que está ahí regido por la norma de las consecuencias, pero, deontológicamente, en su deber moral, dados sus conocimientos, asume la responsabilidad de ir más allá de lo que le limitan dichas consecuencias.

 

Ello no deja de tener una implicación fatal: si acierta en su decisión, saldrá airoso, podrá sentirse orgulloso de su acto y por ello la sociedad lo tendrá en alta estima.  Pero si se equivoca, el abatimiento en el cargo de conciencia podría ser –aun cuando en ciertos casos no necesariamente– descomunal.

 

Resultan claras dos cosas en todo ello: 1) el acto moral deontológico, es atributo del que sabe con fundamentos científicos; y, 2) el acto moral deontológico, es concedido socialmente a aquel que podrá decidir así en su responsabilidad, liberándolo del cargo de conciencia, en tanto es previamente autorizado para ello, cuando se le ha otorgado un permiso o licencia para obrar así.  De ello se sigue, entonces, que la deontología es la llamada ética profesional.

 

La deontología tendrá así, dependiendo de la naturaleza de cada profesión, un determinado código ético, es decir, un determinado conjunto de estatutos que, a la vez que lo facultan para actuar de acuerdo con su criterio, le impone cierta normatividad especial.

 

Telelógicamente, por ejemplo, el deber ser, es “no mentir”, se aplica para todos; pero en la profesión del comunicador social, la aplicación restricta e esta norma, podría acarrear más mal que bien.  Decir plenamente la verdad, cuando convendría matizarla con una “mentirijilla” y atenuar con ello posibles efectos, es algo que, deontológicamente, a su criterio profesional, ha de someter a control el comunicador social.  Mas, abusando de esta libertad para mentir deliberadamente cuando lo que habría que decir es la verdad, lo conducirá moralmente en el falseamiento de su código ético.  Esto es lo que hace la complejidad de la ética profesional.  No obstante, al final, lo que ha de regir invariablemente, es la responsabilidad social; esto es, el responder a satisfacción de la sociedad.  Si el acto moral deontológico no existiese, y todo tuviese que ser telelógicamente con apego a las consecuencias, la sociedad se vería impedida del progreso moral.  Es el reiterado acto moral deontológico el que, en el reconocimiento social, modifica la norma telelógica viendo en ello mayor beneficio y un mayor satisfactor social, perfeccionando así el progreso moral de la sociedad, y dejando atrás atavismos que limitaban sus condiciones de vida.

 

Lo anterior explica que el acto moral deontológico se entienda, entonces, como un acto de necesidad, determinado socialmente.  Tal acto moral, por lo tanto, no es ajeno a la valoración moral, a la axiología, sino por lo contrario, una plena determinación de ello.  Así, la deontología es, hemos dicho, el acto moral independiente de las consecuencias, mas no independiente de los valores.  Sin ellos, no hay acto que pueda considerarse recto.

 

Si bien ya Aristóteles elaboró un texto de Ética, este se redujo a ser un compendio de consejos morales, es decir, de consejos acerca del deber ser bueno o valioso.  Y la ética se mantuvo básicamente así, agregándose la relación de los valores normativos del deber ser, prácticamente hasta el siglo XIX, en que empezó a teorizar el acto deontológico.  Ello no quiere decir que antes no hubiese en la sociedad el acto moral independiente de las consecuencias, sino sólo que ese acto moral independiente de las consecuencias, sino sólo que ese acto moral no estaba estudiado o teorizado (particularmente es ello lo que no permitió entender correctamente la teoría del Estado expuesto en El Príncipe, por Maquiavelo en el siglo XVI).

 

El desarrollo propio de la Ética como ciencia, la organizó en sus tres apartados básicos actuales: la Axiología, la Teleología, y la Deontología, esta última como un apartado relativamente reciente, del cual se desprende la mayoría de los problemas del campo final de la Ética, que es la llamada Metaética.

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía
Comenta este artículo