Overblog Seguir este blog
Administration Create my blog

Presentación Del Blog

  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
  • Contacto

Buscar

Archivos

5 agosto 2012 7 05 /08 /agosto /2012 22:04

Marx-EngelsConciencia del Momento Histórico del Desarrollo de la Geografía en México (2/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

30 jun 12.

 

Los pocos materiales de que disponemos de Hettner, no obstante, este no parece definirse explícitamente como marxista o dialéctico materialista, pero no es necesario que así lo hiciese como para ser rescatado casi como tal; bastó en Hettner una definición científica, objetiva, determinista, hipotético-deductiva, experimental, y de capacidad de previsión científica (son falsas todas esas afirmaciones de Schaefer, luego difundidas y reproducidas una y otra vez con omisión de la fuente original directa), para que se diese su identidad con la dialéctica materialista.  Y, sin embargo, ese rescate no ha sido posible sino hasta hoy, aquí.

 

En nosotros mismos tuvieron que transcurrir treinta años para que el salto cualitativo se consumase.  Fue necesario en nosotros una madurez y formación más acabada, pero, también, fue necesario el fin de la Guerra Fría con la derrota del Bloque Socialista, lo que contribuyó a superar en nosotros mismos las limitaciones de la “ciencia ideologizada”, que aún en la década de los ochenta, nos imponía la dificultad de superar, bajo la pena de incurrir en “revisionismo” y “desviaciones metafísicas”, el concepto mismo de espacio definido como una “forma de existencia de la materia”, que si bien de carácter objetivo, el espacio en la literatura marxista de esos años, aún era la expresión de “orden de distribución de los objetos que coexisten simultáneamente”[1].

 

Como del tiempo y de la materia en sí –afirma Foroba–, la esencia del espacio es, a su vez, el movimiento, lo que los hace inseparables.  Sólo que aquí teníamos que afirmar que el tiempo y el espacio no eran algo distinto de la materia (no entendida ésta sólo como los cuerpos sustanciales).  Nosotros vimos en esto un problema, pero la dialéctica materialista de entonces lo resolvía con apego a la teoría einsteniana de la relatividad del espacio-tiempo, que implicaba la negación del vacío, y por lo tanto de la identidad del espacio con éste, en la teoría el continuum; y el que, por lo tanto, el espacio no era, entonces, sino un concepto en el que se reflejaba objetivamente las propiedades espaciales (geométricas) objetivas de los cuerpos sustanciales.

 

El que el problema estaba en que, al negar el vacío en la idea del continuum, negaba no sólo la existencia de dicho vacío, sino el que el enunciado de tal vacío así negado, por lo tanto, se identificaba con “la nada”, llevando a la crítica de incurrir en una posición idealista metafísica al pretender, primero, separar el espacio de los cuerpos (como la geometría de los substancial), en un “algo” aparte; y segundo –y esto era lo más esencial–, querer darle a ese “algo” una independencia de la materia misma (en donde se identificaba en consecuencia en el continuum, la materia con la corporeidad sustancial), en tanto ese “algo” era “la nada” (vacío).

 

Había allí, pues, dos premisas falsas: 1) la negación del vacío; y 2) como consecuencia, la identidad el vacío, metafísicamente, con “la nada”.  Y superar eso nos tomó treinta años; pero no fuimos sólo nosotros en nuestra ignorancia, sino que en ello estaba el batallar de muchos años atrás de un Guerásimov, e incluso del “proscrito” de la “ciencia oficial institucional” soviética, Kósiriev.  En Einstein mismo, el vacío (-p), tuvo que ser traducido como la “constante cosmológica” en oposición a la gravitación (+p); y todo ello no ha sido entendido, finalmente, sino en lo muy reciente.

 

Ahora entendemos que el espacio no sólo es la extensión o espacialidad de los cuerpos (su carácter discreto y de sustancia); sino que también es el vacío, absoluto o relativo, de la distancia entre los cuerpos (su carácter continuo y de campo).  Y, a partir de ello, es que hemos estado ya en posibilidad de elaborar una teoría del espacio geográfico (en lo que estamos ahora).

 

Nos tocó a nosotros, en estas circunstancialidades históricas, hacer la necesaria tercera abstracción y generalización teórica del concepto de espacio luego de la primera con De la Blache en un conjunto restringido de propiedades; y de la segunda con Hettner, en donde aún se conceptualizo limitadamente el espacio como lo corográfico; superando incluso la propuesta de los Elementos, de Riábchikov-Sáenz de la Calzada, que hasta 1995 el compañero José C. Martínez Nava, consecuente con la dialéctica materialista del momento, intentó desarrollar.

 

Quedó echada así sobre la mesa, una “ciencia geográfica proletaria” (del futuro), identificada en el contexto del método de la ciencia de la modernidad ilustrada, llamada a <<avanzar a la luz del conocimiento y en la certeza de sus leyes>> (Bacon-Descartes); frente a una “ciencia geográfica burguesa” (del pasado), identificada ésta por autodefinición, en el contexto del método dialógico de “los saberes” de la llamada “posmodernidad”, que asume como principio fundamental, el <<avanzar en la oscuridad y en la incerteza>> (Morin).

 

Esa “ciencia geográfica proletaria”, no lo ha sido así tanto por si misma, como por su condición de “proscripción” a la que le sometió el Tribunal del Santo Oficio geográfico; esto es, que, lo que “quedó fuera”, se definió por oposición a lo que “quedó dentro”, ; y lo que “quedó dentro”, acabó siendo –y no podía ser sino así–, ese <<“saber” burgués>> de la “geografía literaria, en la narrativa del hacer de las ciencias acerca del conocimiento del mundo.

 

Ese “saber burgués” de la “geografía literaria”, renunció a la ciencia, y se quedó en la historia.  La “ciencia geográfica proletaria” de nuestra “geografía espacista realizada”, difícilmente va a poder ir a más en las limitadas posibilidades de nuestras condiciones y momento histórico; de pronto, tampoco hay lo que suele llamarse una “masa crítica” de la que pueda extraerse el diamante; pero esta ciencia de la geografía expuesta en lo histórico en general en este Blog, como en la lógica en particular de nuestra Revista “Espacio Geográfico”, es, por definición, sin duda, la “geografía proletaria” depositaria del futuro.



[1]        Foroba, N.T; Diccionario de Filosofía; Editorial Progreso, Moscú, 1984.  (v. Tiempo y Espacio).

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Historia de la Geografía en México
Comenta este artículo
5 agosto 2012 7 05 /08 /agosto /2012 22:03

Velero IndicopleustesConciencia del Momento Histórico del Desarrollo de la Geografía en México (1/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

30 jun 12.

 

La geografía “oficial” institucional; “fenomenista y literaria”; que tuvo en Ritter y Humboldt en la primera mitad del siglo XIX a sus máximas expresiones, y a partir de donde comenzó a declinar sin poder encontrar sus fundamentos como “geografía fenomenista”, en el método científico de la ciencia de la modernidad (o huyendo espantada cuando con De la Blache, y más aún con Hettner, se había, finalmente, encontrado con ellos, aun cuando en una “geografía espacista”); y de una “geografía fenomenista”, como la caracterización de sus esenciales preocupaciones, con tintes positivistas, que ya no pudo sobrevivir más alá de fines del siglo XX, ha transitado en los últimos tres lustros, sin abandonar su culto a los fenómenos, a una “geografía literaria”, como ahora la denominamos, dado el conjunto de sus postulados y propósitos preeminentemente subjetivos, en el contexto de la llamada “posmodernidad”; que satisface, ya no al concepto científico riguroso, sino sólo al “saber divulgativo” con fines de cultura (con la infinita contradicción en aquellos que aún pretenden defenderla como ciencia en esas condiciones, en la que, cuanto más profundiza en las ciencias particulares, tanto más hace esa ciencia especial, como cuanto menos geografía reivindica, lo cual acaba, o identificando con los conocimientos científicos más insospechados, o indefinida; repitiendo una y otra vez, esa profunda discusión dada desde mediados del siglo XIX, pero resuelta a fines del siglo XX; y donde, quien así lo pretende, tendrá que empezar por corregir la pueril definición tautológica de la “ciencia del espacio, en donde el espacio, es el espacio…”, con la particularidad subjetiva de ser  “socialmente construido”, en que hace quince años fundamentó esa geografía; amen de luego tener que criticar todo el absurdo subjetivista de la “posmodernidad”).

 

Frente a esa “geografía literaria”, “posmoderna”, “oficial” institucional, como “ciencia burguesa” en tanto al servicio del capital ya obsoleto, se erige nuestra geografía como una “ciencia proletaria”, de ideología socialista, al servicio de la sociedad, que explícitamente, en el reiterado esfuerzo en que cada vez intenta hacerlo mejor y de manera mas completa, se define como una ciencia que pretende alcanzar esa rigurosidad en le método científico de la ciencia de la modernidad ilustrada.   En ese sentido, se funda en el principio de historicidad, por el cual se entiende, no sólo en la misma línea de pensamiento, sino incluso del conocimiento positivo rescatable en el ámbito mismo de esa “geografía literaria” y sus antecedentes.   Se sigue así, como una síntesis lógica de los esfuerzos de abstracción y generalización teórica dados ya desde De la Blache y De Martonne, a Hettner, pasando por las propuestas de Riábchikov y Sáenz de la Calzada, para culminar en los trabajos de José C. Martínez Nava y nuestros, en los cuales aplicamos consecuentemente la dialéctica materialista a la ciencia de la geografía.

 

Tuvo que ser así, y en el autor de estas líneas, no por jactancia (ya la historia dirá, si es que algo tiene qué decir), sino porque se reunieron en nosotros una enorme serie de condiciones que en su conjunto, ellas, y sólo ellas, lo posibilitaron.

 

En primer y eminente lugar, necessitate statu, condición de necesidad ineludible, nuestro origen de clase proletaria que nos dio unas condiciones materiales de vida que determinó nuestro pensamiento en una específica y privilegiada interpretación del mundo.  En segundo lugar, el habernos formado intelectualmente en un país más o menos avanzado del Tercer Mundo.  En tercer lugar, el haber asimilado de manera natural dadas nuestras condiciones de clase social, la dialéctica materialista, aplicándola consecuentemente a la interpretación del mundo que nos rodea, y en particular, al hacer de la ciencia de la geografía.  Elaboradas independientemente entre sí, ya nuestras tesis de grado de Licenciatura; “Geografía: Fundamentos de su Teoría del Conocimiento” (1979-1983; Luis Ignacio Hernández Iriberri); y “El Método Dialéctico como Método de la Geografía” (1985; de José C. Martínez Nava); a más de ser los primeros en abordar la problemática de la geografía teórica en casi siglo y medio de existencia de la Geografía institucionalizada, lo hicimos en el marco teórico gnoseológico de la dialéctica materialista o marxismo.  Entre esas otras condiciones que posibilitaron una interpretación correcta, fue el momento histórico que nos tocó vivir, dado en una transición de tres décadas.

 

Lo que explica que esa síntesis lógica del conocimiento geográfico se haya dado en nosotros y no, por ejemplo, en algún geógrafo de la renombrada Unión Soviética, fuente misma de nuestras lecturas sobre el marxismo y nuestra identidad socialista, estuvo en el hecho de que allá operó  con suficiente éxito aquella “geografía fenomenista”, dada la necesidad imperiosa de un conocimiento de conjunto, allí donde aún había enormes carencias de especialistas, para las urgentes políticas de planeación económico-social.  La Geografía, tal como estaba, no sólo se resolvió con éxito, sino como un conocimiento aplicado y operativo directo en las necesidades del Estado; no hubo necesidad de geografía teórica alguna.

 

Más aún, lo que pudiera haberse discutido al respecto en aquellos años treinta a ochenta (los trabajos de planeación comenzaron en 1925, y dirigidos a sectores específicos y no aún como políticas económicas de conjunto), pasaría necesariamente por las tesis de De la Blache-De Martonne y de Hettner; pero frente a una “geografía fenomenista” exitosa soviética, las disquisiciones teóricas de De la Blache se habrían visto como producto de la “crisis de la ciencia burguesa”; y particularmente respecto al alemán de os años de entreguerras y ya en su madurez y obra más importante  en el lapso de ascenso del nazismo, Alfred Hettner, se hace, evidentemente, el resurgimiento de la “ciencia nacionalista” que otrora enfrentó a la “ciencia inglesa” newtoniana, y la “ciencia francesa” cassiniana, pero que en el caso de Hettner no sólo era enfrentar la “ciencia alemana” en general, sino una “ciencia alemana de un Estado nazista”, esto es, altamente politizada e ideologizada, que aún en los primeros años de la década de los cincuenta, bajo la filosofía oficial norteamericana, el pragmatismo, Fred K. Schaefer criticó, severa, pero falsa e inconsecuentemente, ya no bajo los prejuicios de una “ciencia nacionalista”, como bajo los prejuicios ideológicos en contra del marxismo.

 

 


Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Historia de la Geografía en México
Comenta este artículo
2 agosto 2012 4 02 /08 /agosto /2012 20:47

Ex-Libris Invertido

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en "Espacio Geográfico" - Revista; Primera Ëpoca
Comenta este artículo
2 agosto 2012 4 02 /08 /agosto /2012 20:46

Vivó Escoto, Jorge A. (1906-1979): De origen cubano; miembro del Comité Central del Partido Comunista Cubano hasta 1936; viene a México en 1929 con motivo del asesinato del revolucionario cubano Julio Antonio Mella, y a partir de ahí se queda en este país.  Licenciado en Derecho (1924) y en Economía (1929) en Cuba, y antropólogo (1935); cofundador de la Sociedad Mexicana de Antropología y director de los “Anales del Museo Nacional de Arqueología…” (1936-1940); Profesor Normalista en Geografía (1939), y geógrafo mexicano (1952).  Director de la Biblioteca del Instituto Panamericano de Geografía e Historia (IPGH, 1938), y de las publicaciones del mismo (1944).

Titulado ya en la Maestría en Geografía (1952), elabora su trabajo: La Integración de Chiapas y su Agregación a la Nación Mexicana, 1954, de donde se ven claramente las influencias con que va a nutrir a la geografía en México en las siguientes tres décadas.

En 1960 logra transformar el Departamento de Geografía e Historia de la Facultad de Filosofía y Letras,UNAM, en Colegio de Geografía, reformando su plan de estudios y estableciendo su División de estudios de posgrado.

Un año después, en 1961, funda la organización gremial de los geógrafos mexicanos en la “Asociación Mexicana de Geógrafos Profesionales” (AMGP), que cumple inicialmente con el propósito de consolidar los estudios superiores de la Geografía en México, pero que al final, constituirá una fuerte resistencia al cambio que reclamaban ya los años setenta-ochenta, y lo cual hizo de los años ochenta, una década de transición difícil, operada al margen de la institucionalidad (a diferencia de lo que estaba ocurriendo en Estados Unidos y Europa).

En 1964 produce su trabajo de geografía teórica, en el análisis histórico necesario, titulado La Geografía en México, Aspectos Generales de su Evolución,

En 1965, luego de 23 años, organiza el IV Congreso Nacional de Geografía, y a partir de ahí, con regularidad, se efectuarán dichos Congresos hasta el VII en 1978, antes de su fallecimiento.

Sus trabajos, durante los años setenta, se caracterizaron más por su aspecto naturalista, trabajos geológico-geomorfológicos o meteorológico-climáticos.

Su pensamiento geográfico fue, pues, eminentemente de una geografía fenomenista, compartiendo la definción del objeto de estudio según Emanuel de Martonne, pero que ya para los años setenta en que se empezó a reclamar el ir más allá del ámbito educativo el vínculo de la geografia a la producción económico-social, esa concepción de la Geografía se empezó a ver obsoleta, y justo a su fallecimiento en 1979, e independientemente de ello, se inició una difícil etapa de transición de ese viejo pensamiento geográfico, a una nueva concepción de esta ciencia.

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Diccionario Enciclopédico de Geografía
Comenta este artículo
2 agosto 2012 4 02 /08 /agosto /2012 20:45

Vespucio, Américo (1454-1512): Américo Vespuccio sale de Florencia a fines de 1491, rumbo a Sevilla, España, en cumplimiento de asuntos de negocios de Lorenzo de Médicis; y arriba a ésta, a principios de 1492.  En abril Colón está firmando ante Fernando el Católico las capitulaciones para su primer viaje, en el cual zarpa a principios de agosto.

En marzo de 1493, Colón está de vuelta con las noticias de sus descubrimientos, y Américo Vespucio lo conoce personalmente, de donde nacerá la atención de Vespucio por las nuevas tierras.

Sin embargo, en medio de mucha confusión y dudas de los investigadores acerca de la veracidad de los datos vespuccianos; éste no dejará constancia de sus viajes sino, primero, hasta la carta titulada Mundus Novus, de 1503, dirigida a Lorenzo de Médicis; narrándole un tercer viaje realizado por él, de mayo de 1501, a septiembre de 1502, describiéndole la región de las Guayanas, a las que había arribado directamente, en función de que el Paso del Sur se sabía que estaba entre los 0º y 5º de latitud norte.  Un año después, redactará una segunda carta, conocida como la Lettera de Amerigo Vespuchii...; esta vez, dirigida a su amigo Piero Soderini, narrándole de conjunto cuatro viajes; los dos primeros al servicio de Portugal, y los dos segundos al servicio de España; entre ellos, el efectuado como el tercero, es el ya descrito en el Mundus Novus.

Dichos cuatro viajes son: 1) el de mayo de 1497, a octubre de 1498 (justo cuando Colón está ya en su tercer viaje); 2) el de mayo de 1499, a septiembre de 1500 (lapso en el cual Colón está volviendo a España de su tercer viaje), en el cual comienza la exploración al sur del ecuador, llegando a los 5º de latitud sur, de donde se devolvió no pudiéndose aceptar que el Estrecho de Basmán estuviese tan al sur, recorriendo nuevamente las costas hasta Honduras; 3) el ya descrito del Mundus Novus, de mayo de 1500, a septiembre de 1502, que llega hasta los 52º de latitud sur (en el lapso en el cual Colón ha regresado de su tercer viaje, y ha iniciado su cuarta exploración); y 4) el de mayo de 1503, a junio de 1504 (en un breve período cuando Colón está a su vez en su cuarto viaje).

El escrito del Mundus Novus había sido publicado de inmediato en 1504, y fue así ampliamente conocido.  Pero la Lettera..., en copia, pasó al monasterio de Saint-Dié, en Francia, hasta 1507, en donde, entre otros geógrafos, estaba Martin Walseemüller, preparando una nueva Geographia de Ptolomeo más actualizada con la última información; y el contenido de la Lettera, que reforzaba lo dicho desde el Mundus Novus, era lo más novedoso.  Y con tal información en nueve capítulos, una reproducción de un mapa recortable que elaborado por Vespucio para Lorenzo de Médicis, podía adosarse a una esfera, y los mapas de Waldseemüller, se confeccionó, en lugar del Ptolomeo, la Cosmographiae Introductio, que se publicaba desde abril de 1507, prácticamente a un año del fallecimiento de Colón.

En el último capítulo de la Cosmographiae Introductio, aparece; como dice Consuelo Varela Bueno, “el texto que hizo famoso al florentino”; y citamos de ella las palabras de Waldseemüller: “Mas ahora que esas partes del mundo han sido extensamente examinadas y otra cuarta parte ha sido descubierta por Americus Vesputius (como se verá por lo siguiente), no veo razón para que no la llamemos América...”[1].

El texto es absolutamente correcto; debe examinarse sin ideas preestablecidas: 1) las nuevas tierras habían sido, por 15 años y una diversidad de exploradores, ciertamente, extensamente examinadas; y, 2) otra cuarta parte ha sido descubierta.  He aquí el histórico problema, que quedó del simple hecho de dar por supuesto a qué se refería Vespucio; pero que en el contexto de ese momento histórico (asunto que debe, en todo caso, rescatarse), debía ser a la validez del perímetro de la Tierra dado por Estrabón, y “dejado pasar” por Ptolomeo.

Resulta del todo absurdo, que Vespucio pretendiese atribuirse el “descubrimiento de un nuevo mundo”, cuando, en todo caso, el primero en afirmarlo había sido Colón, y para mediados de la primera década del siglo XVI, ya para nadie era extraño que aquellas tierras eran un nuevo continente.  El problema, la contrariedad, era que en ese mundo estraboniano de un perímetro terrestre de 30,000 km, ese nuevo continente no cabía, a menos que se reconociese como parte de Asia.  Por lo tanto, lo que Vespucio descubre, es que tras ese nuevo mundo, deben haber aún 10,000 km, una cuarta parte más del perímetro de la Tierra, para llegar al Asia.  La cuarta parte faltante del perímetro de Eratóstenes (e incluso del cálculo de Posidonio).

En la parte superior de la orla de la Carta en Proyección Cordada de Walseemüller, como con toda agudeza lo observa la autora Consuelo Varela Bueno, de la cual citamos: “Enfrentados, puesto que son dos concepciones diferentes, aparecen los retratos de Ptolomeo y de Vespucci, bellísimamente dibujados, colocados al lado de sus mudos: a la derecha, junto a Amerigo, el Nuevo Mundo, y a la izquierda, junto a Ptolomeo, el Viejo...”[2].  No podría decirse mejor.

Pero en ello hay un detalle de la mayor importancia, que revela que en el mismo Waldsemüller hay aún una confusión, misma que explicaría aquello que parece dado por supuesto: en el mundo de Vespucio, lo realmente descubierto por él, a nuestro entender, no se muestra (la extensión, entonces, del Océano Pacífico), a pesar de que en dicha ilustración del mundo de Vespucio en la orla, la península de Cattigara ha desaparecido.  Y hasta el mapamundi de Stobnicza de 1512; que no es sino la reproducción de ese en la orla del mapamundi cordado también conocido como la “Carta de Dié de 1507”, o el Universalis Cosmographia Secundum Ptholmaei Traditionem et Americi Vespuci Alioruque Lustrationes, de Waldseemüller, la Cuarta Península, Cattigara, en él, tampoco se traza; pero, aún a pesar de que Waldseemüller anota que su Carta de 1507 está construida <<según la tradición de Ptolomeo, aunque con otras ilustraciones>>, ello no deja de ser paradójico, al aparecer Cattigara todavía en el mismo cuerpo de la Carta de Dié; y ahí, la cuarta parte faltante, a pesar de haber sido descubierta, seguirá faltando..., por lo menos, y aún siete años después del periplo de Magallanes, hasta el Planisferio Portulano de Diego Ribero de 1529.

El mapa portulano daba libertad para representar el vasto Océano Pacífico (así sea por omisión, aún suponiendo la falta del dato empírico; la omisión de la rigurosa geometría que se suponía de la Tierra).  La cartografía proyectiva moderna, pretendiendo ser, acorde a su tiempo, científicamente rigurosa, no podía violentar la geometría del espacio terrestre que venía aceptada de quince siglos atrás con la autoridad de Ptolomeo hasta ese momento aún firme; y ello explica el que en otro mapa de Walseemüller, en el Ptolomeo de 1513, denominado Terre Nove, el nombre de “América”, es sustituido por el de “Terra Incógnita”, atribuyendo su descubrimiento, correctamente en lo empírico, a Colón; y aún el Mapamundi en Proyección Oval denominado Typus Cosmographicus Universalis, de Sebastián Münster, de 1532, todavía no muestre la cuarta parte descubierta por Vespucio, pues de las tierras de “Temiftitan” (Tenochtitlan), a Cipango, hay 10º de longitud, y a las costas de Asia, en Catay, 40º de longitud; esto es, apenas un poco menos que la extensión del Mediterráneo.

No bastaba, pues, el dato teórico de Vespucio, científicamente, tenía que aportarse la prueba empírica; y ello no comenzó a ser, sino hasta que, caída la Gran Tenochtitlan en 1521, Hernán Cortés continua avanzando hacia el oriente por el occidente, y en 1522; cuando también se ha completado el periplo de Magallanes-Elcano; pone pie en el litoral del Pacífico, creyendo que en breve recorrido, estaría en las Molucas.  De las exploraciones entre 1522 y 1542, se obtiene todo ese conocimiento empírico que permitirá comprender lo dicho por Vespucio.  La versión completa del mapa portulano titulado Mundo Nuovo e Oceano Pacifico, de 1542 de Battista Agnese (que no obstante mapa portulano muestra una graduación de longitudes sobre el ecuador, muy probablemente agregadas en tiempos recientes),  muestra por fin aquella afirmación, pues extiende el espacio geográfico del Océano Pacífico, aproximadamente, y ese el infortunio de que sea un portulano, por 105º, 11,000 km.

Finalmente, en ese mismo año de 1542, el mismo Battista Agnese elabora una carta planisférica en proyección oval con un canevá cada 15º.  No obstante, aparentemente ya un mapa proyectivo, Agnese no configura de acuerdo al canevá, sino monta directamente en él su portulano anterior, con evidente error; pero ahora entre América y Asia se extiende un ángulo de 75º de longitud, dando poco más de 8,000 km de distancia.  Como quiera, la cuarta parte faltante había quedado también, empíricamente demostrada.  Pero por los poco más de cuatro siglos y medio siguientes, quedó un problema...; nunca nadie entendió, sin ideas preestablecidas, las afirmaciones de Vespucio; y, por lo tanto, no se entendió lo que realmente éste había descubierto, hasta su explicación, ahora, aquí.



[1]    Varela Bueno, Consuelo; Amerigo Vespucci, un Nombre para el Nuevo Mundo; Ediciones rei, Colección Biblioteca Hispanoamericana; México, 1991; pp.112-115.

[2]    Ibid. p.116.

 

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Diccionario Enciclopédico de Geografía
Comenta este artículo
2 agosto 2012 4 02 /08 /agosto /2012 20:44

Vectorial: Se llaman vectores a los elementos de comportamiento lineal y direccional en el espacio, que pueden ser adicionales, o multiplicables escalarmente.

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Diccionario Enciclopédico de Geografía
Comenta este artículo
2 agosto 2012 4 02 /08 /agosto /2012 20:43

Vacuum: espacio vacío; en ausencia de estados plenos o discretos, o como estado de la materia opuesto a éstos; por lo tanto, donde el "vacío" es algo, en tanto una de las infinitas formas en que la materia existe, o formas de movimiento de la materia.

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Diccionario Enciclopédico de Geografía
Comenta este artículo
2 agosto 2012 4 02 /08 /agosto /2012 20:42

Vacío: desde la antigüedad griega; con excepción de Aristóteles; el estado vacuo, es el concepto asociado a la propiedad esencial del espacio.  Así llega hasta Newton, quien prácticamente los identifica.  Pero será con Einstein, que, a partir de establecer la imposibilidad del vacío absoluto, define el espacio como el continuum mismo.  Para nosotros, en la autoría de este Diccionario, tal planteamiento einsteniano da lugar a establecer, desde una posición dialéctico materialista, precisamente al espacio, como esa dimensionalidad material de la dialéctica continuo-discreta.  El espacio es, pues, en ese sentido histórico, no sólo una forma más de las formas de existencia de la materia, y condición material de existencia, sino una forma más, de las infinitas formas de movimiento de la materia.

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Diccionario Enciclopédico de Geografía
Comenta este artículo
2 agosto 2012 4 02 /08 /agosto /2012 20:37

Unidimensional: espacio de una magnitud, y en ese sentido, el espacio entendido como una distancia lineal.

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Diccionario Enciclopédico de Geografía
Comenta este artículo
2 agosto 2012 4 02 /08 /agosto /2012 20:34

Trópicos: paralelos especiales, cuyas latitudes corresponden al valor del ángulo de inclinación del eje de rotación de la Tierra, en los puntos solsticiales de 23º27’, ya que hasta ellos se da la máxima incidencia de perpendicularidad de los rayos solares en el curso de un año o ciclo del movimiento de traslación.  Los Trópicos, cuya etimología quiere decir, “lugar de donde se vuelve”, se refiere al punto extremo norte o sur, que alcanza el Sol en su movimiento aparente, desplazándose diario aproximadamente 0.3º, lo que hace un desplazamiento de aproximadamente 1º en poco más de cada cuatro días; como el valor del diámetro solar en grados, es de apenas medio grado, 0.5º (un poco mayor al desplazamiento diario); esto cusa el efecto aparente, por poco más de tres días, del “estacionamiento del Sol”, de donde viene la palabra Solsticio.  Los Trópicos son dos: el Trópico de Cáncer en el hemisferio norte, y el Trópico de Capricornio en el hemisferio sur.  Reciben esos nombres particulares, dado que el Sol ocupará esas posiciones en cada una de ambas constelaciones alternativamente, en el Solsticio de Verano el 21 de junio en el hemisferio norte, fijando la posición del Trópico por la Constelación de Cáncer; y en el Solsticio de Invierno el 21 de diciembre en el hemisferio sur, fijando la posición del Trópico por la Constelación de Capricornio.

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Diccionario Enciclopédico de Geografía
Comenta este artículo