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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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6 abril 2015 1 06 /04 /abril /2015 22:02

La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo: la dialéctica del análisis a través de los métodos empíricos y teóricos (7/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio–geografico.over-blog.es/

 

a)      Los métodos empíricos.

 

Los métodos empíricos de la sistematización del conocimiento se constituyen por la observación, la medición y la experimentación o modelos de comprobación, más directamente vinculados al principio de descripción.

 

Observar, desde el punto de vista científico, no es, como se suele decir, sólo “ver”, sino el dirigir la mirada a algo específico que ha llamado la atención con curiosidad.  El primer resultado del conocimiento científico derivado de esa observación, es, justamente, la descripción, la capacidad de enumerar los elementos o partes componentes de aquello que se observa y sus características externas más relevantes.

 

Es aquí donde comienza a destacar todo lo teórico discutido anteriormente. Lo que faculta a dirigir la mirada a algo, es precisamente, la hipótesis; la hipótesis es lo que dirige la búsqueda de explicaciones (cusas); y como consecuencia de la descripción que se obtiene, se hace posible establecer comparaciones de aquello desconocido, con algo conocido, de donde comenzamos a ver lo semejante ahí donde parecía haber diferencias, o lo diferente ahí donde sólo parecía haber semejanzas, elaborando con ello el análisis comparativo cuya parte esencial es la analogía.

 

De manera natural en el inicio de una investigación, salta a los órganos de los sentidos la sensación de que nuestro objeto de estudio “se parece a…, o es como…, tal o cual cosa”, estableciendo con ello la analogía, que no pocas veces arroja fructíferos resultados en el desentrañamiento de los fenómenos.  La analogía, cuanto más acertada se muestra, mayores son los resultados que de inmediato se obtienen, pues de una analogía lo que interesa es “darse una idea” de por donde abordar el objeto de estudio, es decir, de qué posibles leyes rigen en él.

 

La medición, es el aspecto quizá más esencial de la investigación científica, a tal grado que la corriente filosófica positivista definió por la ciencia –absolutizando en hecho– aquel conocimiento capaz de medir un proceso y matematizarlo.  En otras posiciones filosóficas, como la dialéctica materialista que constituye el marco teórico gnoseológico del autor de este apunte, ese hecho de la medición y matematización no se absolutiza, pues hay conocimientos rigurosos en calidad de ciencia, que no necesariamente suponen la medición ni la matematización (y es el caso de la filosofía misma).  Sin embargo, no deja de asignarse un papel esencial a la posibilidad de medición.  De hecho, la ciencia moderna nació, en forma práctica, con el hecho de la medición, ya por Galileo (1564-1642), al poder determinar la velocidad de la caída de los cuerpos; pudiendo determinar la primera ley de la ciencia en la aceleración de la gravedad; ya por Kepler (1571-1642), al poder determinar las órbitas de los planetas, de las que derivó sus dos primeras leyes en 1609, y la tercera en 1619.

 

La medición no hace, pues, la ciencia por sí misma, sino bien e da su carácter esencial de precisión, que simple y sencillamente significa, en principio, un proceso de descripción más profunda, cualitativamente superior a la observación empírica de lo externo, en tanto que nos da a conocer aspectos que no están a la vista, es decir, que no son sensorialmente perceptibles de manera directa.  Se forma así, el análisis cualitativo, como el primer nivel del conocimiento abstracto de los fenómenos concretos.

 

Pero si la medición presenta un descripción más fina; también da las bases para la explicación cuantitativa y la matematización.  La explicación cuantitativa a lo que se refiere, es a la causalidad definida por medición (justo lo que encontraron Galileo y Kepler), donde la matematización del fenómeno sólo significa precisamente esa descripción más fina de precisión, de lo no dado directamente a los sentidos.  No casualmente es que la medición y matematización representa, como se suele decir figurativamente, “la joya de la corona” de la investigación.

 

El experimento y los modelos de comprobación, por su parte, son, en el método de la ciencia, fundamentalmente, comprobación, y en ese sentido, demostración de lo que se investiga.

 

No todas las ciencias son ni pueden ser experimentales, en la forma en que el experimento de entiende en las ciencias naturales.  No obstante,, ello no quiere decir que las ciencias sociales no sean experimentales, sino que su forma de experimentación es otra muy diferente a la de las ciencias naturales.  Por decirlo así, en las ciencias naturales el fenómeno (la realidad), es llevado a los instrumentos de medición y experimentación (al laboratorio); en las ciencias sociales, por lo contrario, son los instrumentos de medición y experimentación lo que han de ser llevados al fenómeno; y eso significa que lo experimental se expresa como la elaboración de “modelos de comprobación”; es decir, de elaboración teórica (por lo regular, matemática), a través de los cuales se trata de comprobar la veracidad de un proceso.

 

La medición, el experimento, la matematización, son procesos de orden cuantitativo; mediante ello, pasamos de la observación y descripción simple del análisis comparativo, como de la descripción explicativa del análisis cualitativo, a la explicación rigurosa misma del fenómeno, con el análisis cuantitativo.

 

Nada de lo anterior ocurre, por el hecho de que didácticamente lo hayamos expuesto así, ni en un necesario orden jerárquico, ni en una secuencia ordinal, ni mucho menos en sus aspectos, de manera aislada el uno del otro.  Todo ocurre simultáneamente en la cabeza del investigador, y éste sólo da prioridad a aquello que le permite ir entendiendo las cosas.  Al final, con todo ello, lo que ha hecho, ha sido verificar una hipótesis, y dejar asentado, en su caso, su demostración.

 

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5 abril 2015 7 05 /04 /abril /2015 22:05

Editorial

 Modelo del Espacio Terreste en el Continuum, Proyectado en

Comúnmente se habla de tres estados de la materia: sólido, líquido y gaseoso.  Para los más entendidos se mencionan otros dos estados de la materia más: el coloidal y el plasma.  Y ya para los especialistas se agregan otros dos estados de la materia más: los condensados Férmico-Íonico, y de Bose-Einstein.  En total, siete estados de la materia; y se considera que puede ser añadido uno más: el llamado supersólido.  El caso es que no vemos objeción para que, como noveno estado de la materia, se considere al vacio.  Ahora, geográficamente, tales estados de la materia, los hemos de considerar como estados de espacio.

 

*

 

Las cinco sustancias: tierra, aire, agua, fuego y ápeirón, históricamente consideradas (y no siempre la última presente en todos los casos), están directamente asociados a los estados básicos de la materia: sólido, líquido y gaseoso…, y ese estado indefinido (exactamente como el concepto de ápeiron), dado por la energía, y en particular una que ha resultado de particular dificultad de identificación: la gravitacional.

 

La Geografía, como una ciencia natural físico-matemática, está vinculada históricamente a este problema de los elementos y los estados de la materia, tratando con la que históricamente ha sido la más compleja: esa, la llamada quintaesencia, el ápeiron, el vacío (que como constante cosmológica, se hace equivalente a algo igualmente complejo como lo es la gravedad), que recientemente se ha visto vinculada al llamado “campo de Higgs”, y –veáse la esencialidad y complejidad–, a la llamada “partícula de Dios”, por ser la partícula última…, o primera, que aparece en el vacío, cual una partícula y su antipartícula aparecen de la energía fotónica al pasar por un campo magnético dado.

 

*

Modelo-del-Espacio-Terreste-en-el-Continuum--Proyectado-en-.jpgFilosofía  de la Geografía.

 

[____]  El Espacio Terrestre como el Continuum Einsteniano, en José C. Martínez Nava, 1995. (3/…).

 

SIG Google EarthFilosofía.

 

[____]  La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo: (7/10).

 

Estructura de la Materia, F. Salvaggi, 1966Comentario Bibliográfico en Geografía Teórica.

 

[____]  Comentario a, La Estructura de la Materia, de Filipp Salvaggi, 1966.

 

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5 abril 2015 7 05 /04 /abril /2015 22:04

Molusco-Fumando.jpgEl Espacio Terrestre en el Continuum Einsteniano, en José C. Martínez Nava, 1995. (3/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

30 ene 13.

 

Caracterizar el espacio terrestre como la espacialidad del continuum terrestre, debe resolver su fiel objetividad en esa “prueba de fuego” que resulta se la determinación de la Geografía en el cuadro de la clasificación de las ciencias, en función de sus objetos de estudio, o más esencialmente dicho, como lo establece Engels, en función de las formas de movimiento de la materia; dando un cuadro de la lógica del mundo debe explicarse, pues, el lugar de la geografía como ciencia de la espacialidad del continuum.

 

José C. Martínez Nava enfrenta entonces el problema de la función lógica de la Geografía en el conjunto de la lógica de la realidad objetiva, y establece: “La Geografía…, no estudia algún tipo específico de materia…  No es, pues, ni una ciencia natural…, ni una ciencia social... (y aclara también que no ha de ser clasificada absurdamente como “ciencia mixta”).  Así, afirma: “En suma, la Geografía íntegra no entra en la clasificación de las ciencias por especie de (forma de movimiento de la) materia…”.

 

Y entonces asume otra posición: si la geografía no encuadra en el cuadro de la clasificación de las ciencias, entonces habrá que hacer algo semejante a encuadrar la clasificación de las ciencias a las necesidades de la geografía; es decir, adopta lo que Kedrov en su obra sobe la clasificación de las ciencias denomina como “clasificaciones geográficas” (concepto que encierra diversos matices); y propone una clasificación que divide a las ciencias por especies de materia (de formas de movimiento de la materia), la clasificación clásica, y a ella agrega una clasificación de las ciencias por regiones del Universo, que divide en dos, el Universo, y la Tierra.

 

En las ciencias por regiones del Universo, menciona a la Astronomía, la Cosmología, la Cosmografía, la Astrofísica, y la Astrobiología; y en aquella referida a la Tierra, relaciona a la Geografía, Geología, Geodesia, Geoquímica, y Geofísica.

 

Pero el desconcierto se hace evidente: si bien hay un conjunto de ciencias del Universo, es claro, por otra parte, que en ellas se estudia diversas formas de la materia dadas en los astros (su física, su química, etc); como en el conjunto de las ciencias de la Tierra a su vez, es evidente el estudio de las mismas formas de movimiento de la materia, ahora, referidas a la Tierra (geofísica, geoquímica, geobiología, etc)

 

Junto con la Geografía, sólo hay otras dos que parecen no referirse a formas de movimiento de la materia: la Cosmografía, y la Geodesia.  Pero aquí vuelve el inasible “fantasma del espacio” que se presenta como algo más que formas de movimiento del continuum.  La Cosmografía estudia la estructura, como los movimientos relativos y absolutos que determinan las propiedades de la espacialidad tanto del Universo, como de la Tierra; y la Geodesia es la ciencia de los “cortes espaciales” que determinan las medidas de la Tierra (la posición de un punto, la distancia entre dos o más, la determinación de un plano de referencia, etc).  Y ese fantasma salta gritando: <<¡Soy no sólo forma o condición de existencia, sino también forma de movimiento de la materia; desarrollad la dialéctica de Engels!>>.  Pero he aquí que desarrollar la dialéctica de Engels en este aspecto, implicaba, en 1995, romper con el dictatum “oficial”, a riesgo de ser acusado de “revisionista” y de desviación ideológica al idealismo.  Y eso, a pesar de un lustro del derrumbe de la URSS, por consecuencia con los principios ideológicos, no era un asunto cualquiera; de hacerse, tendría que hacerse con plenos fundamentos.

 

En su esencia, esta valiosa reflexión de Martínez Nava, reflejaba que aún hacía falta una mayor abstracción y generalización en las categorías fundamentales: espacio y fenómenos.  La insuficiencia en el planteamiento de José C. Martínez Nava, no detectado en el momento, sino visto luego de una práctica histórico social, no es otra que la misma que ya se expresaba en la teoría de los elementos genésicos de Carlos Sáenz de la Calzada, como en la teoría equivalente de las “fases” de Riábchikov: aparte del espacio limitado a la espacialidad, el que “el espacio terrestre es el espacio de los objetos y fenómenos terrestres”, como el que para que el espacio adquiriera estatus de materia tenía que identificarse con las formas sustanciales, y el que se seguía atado a las leyes de los fenómenos como tales expresado en la idea de que a la geografía, “le hace falta el material proporcionado por las ciencias que estudian las especies de materia, sobre todo para completar el cuadro geográfico del mundo”; y esta idea, en 1995, aún también la compartíamos así.  Casi a veinte años después, esta idea también la hemos superado, dado que precisamente hacía falta un mayor grado de abstracción y generalización tanto del espacio como de los fenómenos, en una teoría única, que el compañero llama teoría integral, y que sólo recientemente (2011.2012) la hemos podido generalizar.

       Ibid. p.11.

       Ibid. p.12.

       Ibid. p.13

       Ibid. p.13.

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5 abril 2015 7 05 /04 /abril /2015 22:01

Estructura-de-la-Materia--F.-Salvaggi--1966.jpgComentario Bibliográfico a, La Estructura de la Materia; de Filippo Salvaggi, 1966.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio–geografico.over-blog.es/

08 feb 13.

 

Filippo Salvaggi, en su obra, La Estructura de la Materia, 1966, apunta desde su Introducción las primeras ideas acerca de ello en lo que culminó siendo la teoría de los elementos de Empédocles, retomada por Arsitóteles en su doctrina del hilomorfismo, es decir, por la cual se entendía que la  estructura de los cuerpos está dada por su sustancia y su forma, gracias a lo cual, son transmutables entre sí, formando compuestos a manera de transformación de un estado continuo que no admite el vacio.  Frente a tal teoría, estaba la teoría atomística de Demócrito, por la cual, por lo contrario, los cuerpos serían un  agregado discreto de partículas discretas, innúmeras en un medio continuo entendido como el espacio vacío.

 

El tema que Salvaggi trata tiene de origen un gran problema, que ciertamente no se da en él, y eso es aquí lo importante: prescindir del fundamento filosófico, sin el cual es muy susceptible identificar, equivocadamente, materia con sustancia.  Así, cuando tantos otros autores hablan de la estructura de la materia sin más aclaración y trámite, hay que salvar la posible confusión, entre que se estén refiriendo en una falsa identidad sólo a la “estructura de la forma sustancial”, o bien a la estructura tanto de la sustancia como del campo.  El  problema, pues, y que Salvaggi entiende bien, está en que el concepto de materia, es esencialmente una categoría filosófica, por la cual se entiende el todo de la realidad objetiva, y donde tanto la sustancia como el campo, son sólo dos de sus variedades o estados fundamentales más generales y esenciales.  Sólo que, ante ello, Salvaggi va a adoptar una posición muy especial que deriva de su formación como teólogo y filósofo, como catedrático durante los años cincuenta a sesenta, de la Universidad Pontificia Gregoriana en Italia.

 

A lo largo de seis capítulos estudia la teoría atomística, y en el séptimo y  último capítulo  aborda el punto de la “Estructura del Espacio y del Tiempo”, que es, finalmente, el tema de nuestro interés especial.

 

Sin embargo, al capítulo de sus conclusiones le asigna un título: “Estructura Física y Estructura Metafisica de la Materia”, y es ahí, en donde está la exposición filosófica necesaria para entender su disertación sobre el concepto de “estructura de la materia”.

 

Y como era de esperarse, no deja de ser asombrosa la argumentación de su fundamentación teórica.  Cuando empieza a exponer sus fundamentos gnoseológicos, uno creería estar leyendo a un científico materialista filosófico de los más puros: “Uno de los aportes más netos, universales y maravillosos –apunta Filippo Salvaggi–, que  nos presenta la concepción actual de la materia es el de una realidad material dominada fundamental y universalmente por leyes racionales y matemáticas, mediante las cuales incluso la casualidad, que no queda en modo alguno eliminada, viene regida por  rigurosas leyes estadísticas…, pero medidas, que  lamente humana no impone a las cosas nomotéticamente, sino las lee impresas en ellas…”[1].

 

Cualquier filósofo o pensador materialista bien podría  suscribir tal afirmación.  Pero he ahí quela cita remata con una idea adicional que  lo invierte todo: “…impresas en ello por una racionalidad superior e invisible”[2].  Y la ciencia se hace teología, y la física metafísica, como la luz oscuridad.  Es la forma en que el pensamiento idealista, la teología y el oscurantismo se actualizan, se adecuan a las nuevas ideas, y vuelven, una y otra vez, a su propósito alienante.

 

Así, Según Salvaggi, el concepto de sustancia, es una categoría metafísica, reducida a “sustancia material”  A partir de aquí Salvaggi se adentra en una disertación metafísica discutiendo el concepto de Parménides, para llegar a la conclusión de que la metafísica, debe complementar a la física para un conocimiento verdadero.

 

Aclarado tal fundamento de interpretación, entonces puede entenderse más  fácilmente su  posición respecto a la estructura del espacio y del  tiempo.  Remitiéndonos al origen empírico de las formas de espacio y tiempo, Salvaggi apunta la primitiva pregunta: “¿Dónde está puesta la Tierra?”, y seguidamente da la antigua respuesta: <<Sobre los hombros de Atlante…, parado sobre un elefante…, puesto sobre una tortuga…>>.  Y  citando textualmente a Salvaggi, éste dice: “…Kant hizo ya notar que si tratamos de eliminar de la fantasía todo  objeto  particular, todavía quedaría siempre, mientras la fantasía esté en acto, un espacio imaginario, como el vago fantasma de un vacío  oscuro e indefinido, capaz de ser nuevamente rellenado con objetos imaginarios”[3].  Empíricamente, pues, en una milenaria y espontánea práctica social, intuitivamente el espacio se convierte en sistema de referencia de las posiciones y movimientos de las cosas.

 

Con  el paso de los sistemas geocéntrico de Ptolomeo al sistema heliocéntrico de Copérnico, ese empírico espacio momentáneamente pasó de ser empíricamente absoluto, a empíricamente relativo; pero con Newton recobró nuevamente su carácter absoluto al desechar ambos sistemas, supliéndolos por la noción, ahora, del vacío absoluto.  Y sólo un  eterno horror vacui, volvió a llenar el vacío con el  misterioso éter.

 

Demostrada la inexistencia del éter, el terror del vacío se volvió a apoderar de aquellos que corrieron a asirse de cualquier cosa para no caer en ese “tenebroso”, “oscuro” y “abismal” medio, y pronto Einstein dio la solución a esos temores: logró identificar la masa inercial con la masa gravitacional, y con ello se pudo prescindir de todo sistema de referencia exrtínseco y privilegiado, para solo expresar el fenómeno –dice Salvaggi– mediante coordenadas intrínsecas llamadas gaussianas.

 

Si la relatividad particular había fundido en uno el espacio y el tiempo como el espacio-tiempo cuadridimensional; la relatividad general, fundió ese espacio-tiempo con la masa.  Así, la masa dejó de ser extrínseca al sistema espacio-temporal, formando un único continuo gaussiano, como Salvaggi lo refiere, de modo que el campo gravitacional de dicha masa, determina la geometría intrínseca del sistema.  El sistema de coordenadas de referencia dejó de ser rígido y de patrones invariables, para ser flexible y alterable; y, a decir de Salvaggi, denominado metafóricamente por Einstein como “molusco de referencia”.

 

Ese “molusco” es el continuum einsteniano, el cual no admite el vacío, y el movimiento debido a las diferencias de densidad entre los diversos estados de la materia.

 

Como puede verse en la gráfica siguiente, esos estados de densidad caen muy rápidamente del sólido: 5,515 kg/m3 para el planeta Tierra, a 1.0 kg/m3 para el agua, y a 1.2 kg/m3 para el aire.  Para el plasma y estados de inferior densidad, se expresan en valores superiores a 10-6 kg/m3.  Se llega al punto en que desaparece la masa, o esta se expresa como masa en reposo nula, siendo allí el “molusco” todo energía.

 

En el espacio interestelar, en 10 kp (un volumen de 30,000 años-luz por lado), puede encontrarse un solo átomo…; tenebrosamente, otra vez, todo lo  demás será el terrorífico vacío (-p), un vacío relativo, pues estará lleno, por lo menos, del campo gravitacional (+p); de donde el mismo Einstein explicó (y cómo entenderle cuando dice que sí, pero que siempre no), en función del vació (-p), la constante cosmológica, por la cual el vacío es una energía que tira opuesta a la gravedad; es decir, podría decirse, que el vacío es una gravedad con signo opuesto…; o bien, que la gravedad es el vacío con signo y sentido opuesto.  Y el angustiante horror vacui, es que su fantasma representa poco más del 70% de la composición del Universo.

 

Siguiendo la metáfora del continuum de Einstein como un “molusco”, resultaría que ese “molusco”, en un 70%, “no existe” (es metafísico); o bien, existe, pero sólo como campo de gravedad.

 

Quien tema al fantasma del vacío, la próxima vez que vea un átomo, habrá que asirse firmemente a él y ya no soltarlo jamás, pues es la única garantía de no precipitarse al insondable y frío abismo del vacío… (aun cuando la mayor parte del átomo mismo, tiene a su vez, dicha condición*).  O la otra opción, será aceptar el vacío, entendido como una forma más de las infinitas formas de movimiento de la materia, y gravitar en él, como quien se sumerge y flota en las aguas de un placentero estanque.

 



[1]        Salvaggi, Filippo; La Estructura de la Materia; 1° edición, 1966; 2° edición, Editorial Herder; Barcelona, 1970; pp.252-253.

[2]        Ibid. p.253.

[3]        Ibid. p.221.

*        Claro que, luego de este dato, solo queda escuchar un aterrador grito que se pierde en la oscura y fría lejanía…

 

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4 abril 2015 6 04 /04 /abril /2015 22:04

Comentario a, La Faz de la Tierra y su Origen, de Gennady Nikolaevich. Katterfeld, 1962 (4/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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05 mar 13.

 

Del Cap. 2. La causa de los movimientos tectónicos.

 

El punto de partida en el análisis del origen de la superficie terrestre, en la deducción a la que llegó luego de todas las diversas mediciones de la esfericidad de la Tierra a lo largo de la historia, es el carácter triaxial de la masa planetaria, determinado no sólo por la actividad tectónica interna, sino por las condiciones cósmicas de la Tierra, esencialmente, en relación con la masa de la Luna.

 

Katterfel va a destacar un hecho que por bien sabido, suele pasar desapercibido en la relación causal planetaria: los cambios de velocidad en los movimientos de la Tierra, tanto en el muy conocido en la órbita de traslación, como en lo no bien precisado del movimiento de rotación.  Katterfeld vuelve a Kant para destacar el efecto de retardación de la rotación debida a la marea de la Luna.  Pero, además, Katterfeld aplica la hipótesis de la pulsación de la Tierra (como consecuencia de la actividad fisco-química interna expansiva, y la acción gravitatoria compresiva), y en este proceso, a su vez, se producen oscilaciones en la variación de la velocidad de rotación, de lo cual da la cifra de la variación del radio terrestre medio, en 12 cm (1897).

 

Así, en este juego de expansión-compresión se d, a su vez, un acomodo de la masa terrestre general, de modo que, dice Katterfeld, “una protuberancia que se hunde en la región ecuatorial, tiene como consecuencia necesaria una reducción prolongada en la compresión polar”.

 

Que la Tierra tenga estas variaciones en su forma y movimientos debido a sus causas físico-químicas internas como gravitacionales externas, se hacen lógicamente entendibles; pero donde la hipótesis de Katterfeld se empieza a dificultar, es cuando incluye causalidades tan sutiles como las variaciones de temperatura anuales como consecuencia de las posiciones de la Tierra respecto al Sol en su órbita elíptica; pero, más sutil aún, por la temperatura zonal del planeta.

 

Katterfel da hasta aquí una descripción meramente cualitativa, la cual simplemente nosotros traducimos en sus aspectos esenciales, de lo que +el llama “la historia del paneta dual Tierra-Luna”.  Éste considera que la Luna –dice él– “evidentemente” no ha estado siempre con nosotros, sino se formó cuando ya la Tierra tenía entre 800,000 millones y 1,000’000,000 de años de existencia, formada igualmente de la nube de gas y polvo protoplanetario, siguiendo la teoría de O.Y. Smith del “origen frío” de tal agregado.

 

En ese entonces, ambos astros se encontraban más cerca el uno del otro; a decir de Katterfeld incluso, a poco más del límite de Rochd, esto es, a poco más de dos diámetros de la Tierra medidos a partir del centro de la misma.

 

En la descripción de su hipótesis, Katterfeld, de momento, no nos da más datos.  Nada sabemos hasta aquí acerca de por qué o cómo la Luna se ubicó en esa posición sincrónica; pero tampoco nada sabemos acerca de lo que ocurrió (que no sea el alejamiento de la Luna), en el proceso de desfasamiento y retrogradación de la traslación de ésta.  Todo ello, hasta aquí, sólo se menciona como causa inicial, pero no como un proceso.

 

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29 marzo 2015 7 29 /03 /marzo /2015 22:05

Editorial

 Modelo-del-Espacio-Terrestre--Continuum--Proyeccion-Polar.jpg

Modelo del Espacio Terrestre en Proyección Polar en la Teoría del Continuum.  Los cuatro hemisferios son los cuatro elementos (tierra, aire, agua y fuego o energía), de cuya interacción y mezcla se forma el círculo central, el cual representa la integración de la Tierra como planeta y como espacio terrestre.  Las líneas radiales que emergen de uno de los polos, son las líneas del campo magnético.

Dicho modelo implica un aspecto de particular importancia: la proyección del campo magnético (como del campo gravitacional, +p), a un medio A’, del que se niega su condición como vacío y se asume como de posible densidad infinitesimal, siempre completamente llena de campos.

No obstante, en un experimento mental podríamos suprimir el campo magnético e incluso cualquier otro campo, aun cuando no el gravimétrico, el cual, al final, quedaría identificado con A’ con valor (–p).

 

*

 

“Hacer una geografía de los cuatro elementos”, tal como nos lo sugirió el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada en aquellos años de estudiantes (1977 o 1978), resultó ser, históricamente, condición necesaria en el proceso de abstracción y generalización de esas categorías esenciales del pensamiento geográfico: el espacio y los fenómenos.  Tal geografía tuvo finalmente su expresión en la teoría del continuum einsteniano, cuya principal virtud fue la unificación de aquellas dos categorías esenciales identificadas en dicho continuum.  Pero si ello fue su virtud, su principal defecto fue el dejar una geografía como ciencia del espacio terrestre, sometido éste aún a las leyes de los fenómenos, así fuesen generalizados en los elementos del continuum.

 

A partir de allí, al pensamiento geográfico le quedaría ya sólo un paso para resolver su contradicción histórica esencial; y éste se dio con un nuevo esfuerzo de abstracción y generalización mayor, dado entre fines de 2011 y principios de 2012, en una solución aparentemente simple (particularmente visto así cuando el problema ya está resuelto): invertir la situación teórica planteada mediante el modelo del continuum.

 

Remitiéndonos al origen empírico de la noción de espacio, ésta se expresa como la idea de lugar; de ahí la necesidad de Atlas…, sobre un elefante…, sobre una tortuga…; o llenando el vacío absoluto de Newton con el éter, eludiendo siempre el vago fantasma de un abismal vacío frío, oscuro, indefinido.  Así, el espacio, como lugar, se convierte en sistema de referencia de posiciones y movimientos.

Demostrada la inexistencia del éter, el terror del vacío se volvió a apoderar de aquellos que corrían a asirse de cualquier cosa para no caer en el “tenebroso” vacío infinito; y pronto Einstein dio la solución a esos temores: todo no era más que un continuum, aun cuando en el espacio interestelar en un volumen de 10 kp (30,000 años-luz por lado), sólo pueda encontrarse un átomo…; “tenebrosamente”, otra vez, todo lo demás será “terrorífico vacío” (-p), un vacío relativo, pues estará lleno, por lo menos, del campo gravitacional (+p).

 

Quien tema al fantasma del vacío, la próxima vez que vea un átomo, habrá de asirse firmemente a él y ya no soltarlo jamás, única garantía de no precipitarse al insondable vacío infinito (aun cuando la mayor parte del átomo mismo, tiene dicha condición, en su mayor parte, no es más que vacío).

 

*

Modelo del Espacio Terrestre, Continuum, Proyección PolarFilosofía de la Geografía.

 

[____]  El Espacio Terrestre como el Continuum Einsteniano, en José C. Martínez Nava, 1995.  (2/…)

 

Estrabón; GeografíaHistoria General de la Geografía.

 

[____]  Estudio a los Prolegómenos de la Geografía; Estrabón.  (6/6)

 

 

 

 

Cuadrante SolarFilosofía.

 

[____]  La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo (6/10)

 

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29 marzo 2015 7 29 /03 /marzo /2015 22:04

Modelo del Espacio Terrestre, Continuum, Proyección PolarEl Espacio Terrestre como el Continuum Einsteniano, en José C. Martínez Nava, 1995. (2/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

29 ene 13.

 

En esencia, la exploración consecuente que José C. Martínez Nava hace de la propuesta de Riábchikov, no sólo se refiere a apegarse estrictamente a los planteamientos de éste, sino al hecho de que tanto Riábchikov como nuestro autor, desarrollan la geografía desde una posición dialéctico materialista o marxista, en los desarrollos alcanzados en ésta hasta los años ochenta; preeminentemente, en cuanto a los fundamentos filosóficos relativos al concepto de espacio.

 

Eso explica el contenido de lo expuesto por José C. Martínez Nava en las dos primeras líneas de su texto: “el espacio terrestre, es decir, los aspectos espaciales de los objetos y fenómenos naturales y sociales…”[1].

 

El pensamiento marxista con los fundamentos filosóficos dados hasta los años ochenta, al antiguo problema democritiano de qué habría entre dos átomos (en su sentido etimológico literal de dos partículas infinitesimales indivisas, se responde con los fundamentos einstenianos de su teoría del continuum, es decir, de la existencia de más formas de sustancia y campos entre ambas partículas, excluyendo en ello la posibilidad del vacío.  De este modo, el espacio no podría ser una tridimensionalidad del vacío entre esas dos partículas, sino la tridimensionalidad misma del continuum.  En ese sentido, el espacio dejaba de ser un “algo” distinto de las cosas o el conjunto de las cosas, sino las cosas y el conjunto de las cosas mismas.  Así, el espacio terrestre, dice José C. Martínez Nava, no es algo distinto de las cosas, sino las cosas, los objetos o fenómenos naturales y sociales, en sus “aspectos espaciales”, esto es, en las propiedades de su tridimensionalidad, incluso, einstenianamente, de su tetradimensionalidad o condición de espacio-tiempo.  En los términos en que a su vez lo expresa el Dr. Eli de Gortari, decía éste: “no es que las cosas existan en el espacio, sino que su existencia es espacial[2].  Si bien la práctica histórico social hasta ahora no ha desmentido este hecho, sí hizo ver su insuficiencia teórica aún en un acierto parcial, en el concepto de espacio, al referirse a sólo un aspecto del mismo: su estado discreto plenista.

 

Hasta aquellos años ochenta-noventa del siglo XX, esa era la manera en que la dialéctica materialista daba respuesta al difícil problema del concepto de espacio (y a lo que volveremos en detalle más adelante), que en su esencia, involucraba al vacío, al que no se le daba un reconocimiento en forma material objetivamente existente, sino al cual se identificaba con el concepto de “la nada”, no obstante entonces, en el supuesto metafísico, donde esa “nada” sería realmente existente en forma independiente de la materia; y de ahí su rechazo en la dialéctica materialista.

 

Que en José C. Martínez Nava había ya un desarrollo teórico del concepto de espacio en la teoría del espacio terrestre en esos términos consecuentes a la dialéctica materialista de aquel entonces, se trasluce con toda evidencia cuando, con todo acierto en ese contexto, apuntaba que: “Hacía falta no sólo la teoría del conocimiento geográfico”, sino una teoría del espacio terrestre; y refiriéndose a sí mismo, nos dice: “…hasta el surgimiento de la teoría del espacio terrestre más acabada aunque inédita aún, construida por el autor de estas líneas”[3], deja ver con tal expresión, que tenía ya una propuesta teórica del mismo.  Sin duda, pues, José C. Martínez Nava tenía ya en 1995 un planteamiento propio de la teoría del espacio terrestre, cuyo contenido concreto desconocimos, pero que podemos deducir en sus principios en la teoría plenista del continuum, tal como está dada, en el supuesto teórico, en la Estructura y Dinámica de la Esfera Terrestre (1976), de A.M. Riábchikov, de la cual José C. Martínez Nava parte y desarrolla en una abstracción y generalización mayor, llevando a más el supuesto teórico de aquel en un fundamento teórico concreto, independientemente de que en  ello falta aún su formalización teórica como axiomatización lógica.

 

Una vez que se establece un marco teórico gnoseológico explícito, el objeto de estudio claramente determinado en forma lógica e históricamente que se entiende en un conjunto categorial, dados los elementos del método propio, así como la definición de la teoría misma de su objeto de estudio, se está en una lógica plenamente consistente para determinar aspectos subsecuentes tales como la consiguiente estructura de conocimientos; y de una masa de datos históricamente dados, Martínez Nava procede a establecer la categorización de esa estructura y de la teoría geográfica que le corresponde.

 

Es pues, se puede decir, una propuesta que, como en todos los casos, será tanto más certera, cuanto más objetivamente refleje la faceta de la realidad que dice estudiar: el espacio terrestre; y, en consecuencia, el que dicho espacio sea ciertamente la espacialidad del contiunuum terrestre (en la que particularmente se prescinde de la noción del vacío), como verdadero reflejo objetivo de lo que el espacio terrestre es en la realidad.

 

Ello no es verificable sino en el contexto de una práctica histórico social.  En su momento ya diferíamos en este punto, pero a casi veinte años después, esa práctica histórico-social, se hace concreto fiel de la balanza: en la propuesta había aún insuficiencia, en ella no se estaba abarcando aún la noción del espacio en el máximo contenido y extensión posible, que no le hiciese caer en contradicción o insuficiencia.

 



[1]       Ibid. p.1

[2]        De Gortari, Eli de; Dialéctica de la Física; Grijalbo, México, 19; p. (subrayado nuestro)

[3]        Martínez Nava, José C; Geografía Integral; Ediciones Especiales, SMTHG, México, 1995; p.2

 

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29 marzo 2015 7 29 /03 /marzo /2015 22:03

Estrabón; GeografíaEstudio a los Prolegómenos de la Geografía; Estrabón. (6/6)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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18 dic 12

 

Estrabón podrá ser miembro de la aristocracia esclavista, participar de la filosofía oficial del Imperio, el estoicismo, y estar infundido del poder del Imperio mismo; sin embargo, no puede abstraerse a lo que caracteriza su tiempo y circunstancia: la ciencia clásica griega.  Bajo esta condición, luego de establecer sus postulados, elabora la axiomatización de los fundamentos del método, que siendo propio a la geografía, lo hace ver como aditamento externo, mismo que por su importancia nos tomaremos la libertad de transcribir íntegro:

 

“Ahora bien, lo que los físicos demuestran es lo siguiente: el Universo, e igualmente el cielo, son de forma esférica; el movimiento de los cuerpos pesados se dirige hacia el centro; la Tierra en forma esférica, permanece inmóvil alrededor de éste y posee un mismo centro junto con el cielo, e igualmente un mismo eje que pasa a través de ella y se prolonga por el medio del cielo.  El cielo gira alrededor de la misma y alrededor del eje, desde Oriente, hacia Occidente, y junto con este también las estrellas fijas con la misma rapidez que la bóveda celeste.  Las estrellas fijas giran sobre círculos paralelos, de los cuales los más conocidos son el equinoccial, los dos trópicos, y los círculos árticos.  Las estrellas errantes (planetas), el Sol y la Luna giran sobre círculos oblicuos que están dentro del zoodiaco”[1].

 

Luego Estrabón, sin referir a esta axiomatización con los términos rigurosos, una vez que ha planteado postulados, principios, y axiomas, comenta en general sobre algunos posibles teoremas:

 

“Haciendo fe a todos estos principios, o a una parte de los mismos, los astrónomos tratan luego de lo demás, a saber, los movimientos, las revoluciones, los eclipses, los tamaños, las distancias, e infinitas cosas más.  De igual manera, los geómetras que miden la Tierra, se valen de las opiniones de los físicos y de los astrónomos, y a su vez los geógrafos emplean las conclusiones de los geómetras…, partiendo de la base de que el cielo está dividido en cinco zonas y de la misma manera que la Tierra… (en particular), la Tierra habitada…  Luego deberá tratar adecuadamente de cada una de las partes de la Tierra y del mar”[2].

 

El principal defecto de esta axiomatización de Estrabón, es, primero, separar en ciencias distintas, y luego, el reunir mecánicamente partes que juzga  separadas, en una simple yuxtaposición que las conecta.

 

Finalmente comenta muy en general sobre los instrumentos, mencionando en particular la esfera terrestre de Crates, y la cartografía que se deriva de la transformación de la esfera en el plano; y a continuación expone el método de construcción de la Proyección Equirrectangular de Hiparco, partidario de que  ello sea –dice Estrabón– de la manera más simple posible; evidentemente, primero, no comprendiendo el significado real de un proyección cartográfica, y, segundo, entendiendo esa cartografía como recurso empírico de la historia.

 

En el método de la geografía de Estrabón, se culmina con la aclaración de que, dice éste: <<Los geógrafos no tiene por qué preocuparse de aquello que está fuera de nuestra tierra habitada>>[a].

 

 

Conclusión.

 

1               Finalmente, nos parece que si la noción de geografía de Estrabón ha prevalecido una y otra vez a lo largo del tiempo, ha sido no tanto por lo supuestamente correcto de la contrariedad que afirmaba frente a la geografía de Eratóstenes (o bien clásica u ortodoxa, objetivamente dada), como por la insuficiencia histórica que dicha geografía ortodoxa mostró siempre producto de un complejo objeto de estudio (el espacio terrestre entendido como tal, como espacio).

2               En última instancia, a pesar de un Aristóteles, de DIcearco, de Eratóstenes, de Hparco, de Crates, o de Apolodoro, en esa geografía  ortodoxa o no se hizo (y no hay comentarios recogidos por otros autores al respecto), o bien se perdió con sus escritos, esa fundamentación metodológica, que, por lo contrario, Estrabón si hace, o por lo menos de él si se conservó, si bien poco rigurosa.

3               Al final, si de la propuesta de Posidonio y Estrabón de completar la geografía con el conocimiento de la historia de la tierra habitada y limitada al ecúmene, se quitara precisamente ese complemento, lo que quedaría sería esa geografía clásica ortodoxa de treinta siglos de historia, cinco de ellos entre los propios griegos luego de Anaximandro, y por lo menos de desde que Eratóstenes hace la síntesis de tales conocimientos dándoles la denominación de Geografía, y en todo lo cual nunca estuvo la inquietud que Posidonio primero, y luego Estrabón, manifiestan; y que en los casos de Hecateo o Herodoto, claramente son historiadores auxiliándose de la geografía.

4               Luego entonces, separada esa desviación del conocimiento geográfico hacia los fenómenos, la corografía que se deja ver que la hubo en todos los casos, tendría su fundamento lógico en el estudio exclusivo de las propiedades del espacio terrestre entendido como tal, como espacio, y, en ello, los fenómenos en el mapa, no serían sino estados de espacio a tratar bajo ls propiedades y leyes mismas de la teoría del espacio.  Si tuvieron que transcurrir veinte siglos para llegar a esta conclusión, es porque entender que el objeto de estudio de la geografía era el espacio, no fue sencillo, dado lo complejo de la comprensión de la realidad y naturaleza del espacio a lo largo de la historia del pensamiento humano.

5               Toca ahora replantear la axiomatización de Estrabón en términos de una geografía única como ciencia del espacio terrestre[b], y avanzar en o subsiguiente en el conocimiento geográfico, exactamente de la misma manera que lo han hecho todas las ciencias en el método de la ciencia de la modernidad desde los siglos XVII-XVIII: profundizando y ampliando el conocimiento en cuanto a su objeto de estudio por sus propiedades y leyes.  El geógrafo no debe esperar más que el conocimiento le venga dado de otros campos de las ciencias, sino que ha de aplicarse en la investigación y descubrimiento de las propiedades y leyes de su objeto de estudio, a la luz del conocimiento antecedente, y en la certidumbre de lo rigurosamente demostrado, pasando de la descripción corográfica cualitativa, empírica concreta (de los fenómenos), a la descripción explicativa, cuantitativa y abstracta del espacio terrestre, de la misma manera que lo hacen los demás especialistas en lo suyo.

La Geografía, una ciencia maravillosa, uno de los conocimientos tan antiguos como la necesidad de la ubicación espacial del ser humano; tardó poco más de veinte siglos en precisar sus elementos como ciencia, lográndolo apenas hasta ahora; sin poderlo hacer como en el caso del conocimiento de las demás ciencias, en el curso de la Ilustración; pero, finalmente, lo ha logrado, y puede ahora erigirse como una ciencia plenamente rigurosa.

6               Cuando Estrabón define el objeto de estudio de la Geografía, haciendo a un lado la parte utilitaria que acompaña a la misma, para él, en su esencia, la Geografía es: “el conocimiento de los fenómenos celestes y de los que ocurren en la tierra y el mar, de los animales, plantas, frutos, y de todo lo que se pueda conocer en cada uno de los lugares”; Estrabón da un giro a la ciencia de la geografía, del estudio de los lugares (el espacio; tal como lo había sido por los treinta siglos anteriores), al estudio de todo cuanto ocurre en él: los fenómenos.

 

Ante esa nueva idea de la Geografía, no hay réplica, ni de Marino de Tiro, ni por Ptolomeo, y ello no sólo como consecuencia de la autoridad que el Imperio confirió a la obra de Estrabón, como por el que la descripción corográfica, tal como la entiende Ptolomeo, a decir de Ignacio Granero, es la descripción de la tierra habitada por todo cuanto hay en ella.  Y eso era ya la corografía para Eratóstenes e Hiparco mismos, pero sin restringirla a la tierra habitada, por lo que, en su caso, Ptolomeo estaría haciendo una concesión a Estrabón, lo que contribuyó a la propagación de esa noción de la geografía hasta nuestro tiempo.

 



[1]        Ibid. pp.205-206.

[2]        Ibid. p.206-208.

[a]       En esta sección (Libro II, Cap.V,34; p.244), se encuentra un pasaje desconcertante: Estrabón aclara que no es posible “comprender tantas y tales diferencias de nuestra tierra habitada”, y que, por lo tanto, “será suficiente considerar las principales y las más simples que Hiparco propone, partiendo del mismo supuesto que él, a saber, que la magnitud de la Tierra es de 250,000 estadios, conforme lo consigna también Eratóestenes”.  Este hecho nos había pasado desapercibido, como también lo fue para Ignacio Granero, que no consigna ninguna nota al respecto, y quizá, porque tampoco ha sido comentado por Geranie Aujac, pero este pasaje deslinda a Estrabón del error histórico de la reducción del perímetro de la Tierra, recayendo ello exclusivamente en Posidonio.

[b]       En realidad, al respecto, ya en nuestra tesis de licenciatura, “Geografía: Fundamentos de su Teoría del Conocimiento” (Tesis, UNAM, México, 1983), ya adelantábamos los elementos básicos y esenciales de ello, en cuanto a sus postulados, principios y categorías fundamentales, y ya en el trabajo reciente abundaremos sobre sus axiomas y teoremas.

 

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29 marzo 2015 7 29 /03 /marzo /2015 22:02

La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo: Verificación del método hipotético-deductivo.  (6/10)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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a) La lógica de los juicios en las premisas.

 

La “lógica” de los juicios en las premisas, radica en que dichas premisas son afirmaciones de lo verdadero (ya como una negación o como su afirmación), que se demuestran mediante el consiguiente en calidad de hipótesis.

 

A partir de aquí, todo el proceso de investigación consiste en reunir y argumentar las pruebas históricas en la premisa antecedente; y en la premisa de tesis, esencialmente, las pruebas teóricas (pudiendo darse el caso de pruebas prácticas), de todo cuanto se afirma.

 

No obstante, todas esas pruebas históricas y teórico-prácticas, por sí solas, son apenas la argumentación que muestra (de monstrare, exponer, enseñar), la razón de las afirmaciones, sin embargo, ello no será suficiente como demostración (de demostrare; de de, que indica la derivación de arriba abajo o deducción; y monstrare, exponer), razonamiento en el que se deduce de un conjunto de axiomas.  Más aún, en este caso, suele criticarse lo que se denomina como “círculo de la demostración”: la argumentación y pruebas de la tesis que se quiere demostrar, que en esa condición, se convierten en argumentos de lo que requiere a su vez, ser demostrado.  En consecuencia, la demostración requerirá de un juicio externo adicional, que en otra condición (diferente a las condiciones de la tesis), pruebe a su vez todo lo afirmado: ese juicio es el de la hipótesis.

 

De este modo, el error lógico de la demostración conocido como círculum indemosnstrando (círculo vicioso de la demostración), es un error en el que incurre necesariamente todo aquel investigador que no aplica y trabaja sobre la base de la hipótesis.

 

Suele creerse –y aquí entraremos en una digresión filosófica– por algunos críticos de la lógica, que el círculo de la demostración se produce entre los argumentos de la tesis y la hipótesis.  Esto es, que la tesis que requiere ser demostrada, se pretende demostrar mediante algo, la hipótesis, que a su vez requiere de demostración.  Pero esta es una versión falsa del círculo de la demostración, pues si bien la tesis requiere ser demostrada, ello ha de ser mediante la verificación de la hipótesis; esto es, el que básicamente la demostración de la tesis es una corroboración o no, de su certidumbre; en lo que, por su parte, la demostración de la hipótesis es la comprobación de la veracidad de los argumentos de la tesis (dada en el sujeto (S)), en otras condiciones distintas designadas por el predicado (P) diferente.  Dicho en otras palabras, se están mostrando dos cosas distintas (una tesis y una hipótesis), con algo en común (un sujeto), pero donde los argumentos y pruebas de la tesis que se refieren a un predicado (M), no forma parte de la demostración de la hipótesis, que por su parte se refiere a un predicado (P), con sus propios argumentos y pruebas inherentes a (P).

 

Otra forma de esta crítica a la lógica y a la demostración mediante la hipótesis, se da cuando se dice que, al final, la hipótesis está de sobra, porque sólo sirve para “demostrar lo que ya se sabe verdadero”; pero esta crítica al método hipotético-deductivo, antes que refutarlo, lo confirma, pues, de manera justa, por lo regular, lo que se afirma en la tesis, suele ser ya mostrado como intrínsecamente verdadero, y queda sólo verificar la hipótesis para demostrarlo.

 

 

b) De la hipótesis a la teoría.

 

Cuando se usa el método hipotético-deductivo, siguiendo rigurosamente la argumentación con arreglo a las leyes de la lógica (y de lo cual hemos referido aquí sólo un aspecto), tanto el proceso de investigación como la posterior exposición del trabajo, se encuentra en dicho método el equivalente al mapa y la brújula del geógrafo: con ello se sabe exactamente en dónde se está, y puede determinarse sin dificultad a dónde y con qué rumbo dirigirse.

 

Una investigación amplia, suele ser, incluso, una cadena de inferencias, lo que se llama un polisilogismo, con las cuales se va armando cada parte de la investigación, guardándose plena coherencia en el conjunto.  Con el método hipotético-deductivo, el investigador no tiene que quebrarse la cabeza para “adivinar” qué hacer, cómo organizar el trabajo, y por dónde ir; todo eso es algo automáticamente dado por el propio procedimiento deductivo, a cuyas premisas sólo queda darles la argumentación demostrativa correspondiente (aun cuando, como hemos visto, esa argumentación es sólo intrínseca, en su caso, una verdad en sí misma por sus argumentos y pruebas, pero que requiere de demostrarse, cuando, con algo en común, se aplica a otra cosa).

 

Como consecuencia, en el método hipotético-deductivo, básicamente todo se centra en la argumentación y demostración de la hipótesis; es decir, en el hacer del juicio consiguiente una verdad intrínseca.

 

Una hipótesis finalmente demostrada, no sólo por sus pruebas intrínsecas, sino como un consiguiente verdadero en tanto sus premisas son verdaderas; está destinada a convertirse en teoría; esto es, como un sistema de conocimientos ordenados, armónicamente integrados, que ofrece una explicación íntegra de las leyes y relaciones esenciales de aquello que explica, estando, incluso, en capacidad de predecir los hechos.

 

La hipótesis convertida ya en teoría, constituye un reflejo más preciso de la realidad, y por ello, como fundamento de la práctica, permite incidir más certera y racionalmente sobre la realidad para transformarla; y esa práctica comprueba o no, la veracidad de la teoría.

 

En ese sentido, el objetivo último de la investigación es llegar a la elaboración de la teoría acerca de aquello que se estudia.  Y ya la elaboración de la teoría en sí misma sigue un propio proceso, el cual desborda la esencia de estos apuntes y dejaremos aparte.

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29 marzo 2015 7 29 /03 /marzo /2015 22:01

Comentario a, La Faz de la Tierra y su Origen, de Gennady Nikolaevich. Katterfeld, 1962 (3/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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05 mar 13.

 

Del Cap. 1.  La figura de la Tierra

 

En realidad no es un capítulo con algo que sorprenda, es el obligado antecedente, que en su estilo de libro académico, pareciera que esos antecedentes, más que como una necesidad intrínseca de la teoría, se establecen como un protocolo formal en el que se recoge en ello una muy breve y general historia de la geodesia.

 

No obstante, en unas breves líneas en un pasaje, Katterfeld comenta que, a la acción de fuerzas continuas como la gravedad, los cuerpos sólidos se comportan como si fuesen líquidos, mientras que éstos lo hacen como si fuesen sólidos.

 

Este breve pasaje es de notable importancia en nuestra teoría del espacio geográfico como el vacuum de un radio de 320,000 km desde el centro de la Tierra, ya que en éste lo determinante es precisamente esa fuerza continua del campo de gravedad, en el cual, en consecuencia, el estado sólido de la Tierra, estaría comportándose como líquido, en todo caso, quizá de una alta densidad y por lo tanto de elevada viscosidad, y ello constituye un importante principio en la teoría de los estados de espacio.

 

En esta historia, Katterfeld se detiene, por supuesto, en el caso de Newton y luego en su polémica con Cassini y Huygens.  De todo ello, Katterfeld llega al punto de que la Tierra posee un carácter triaxial, pues, aparte del eje polar (de rotación), tiene dos ejes ecuatoriales, de modo que éste no es incluso un elipsoide regular, sino un ovoide.

 

Katterfeld da cuente de los elipsoides de referencia usados, pasando de ahí a la explicación de la asimetría de los hemisferios, en donde al ser más comprimido el hemisferio sur, ello da lugar a que, sobre la base del elipsoide  que en su condición triaxial adopta la forma ovoide, la asimetría del hemisferio hace luego del ovoide una figura cardioide, estableciendo, en consecuencia, que debe haber una distribución de fuerzas gravitacionales diferenciadas en los dos hemisferios; y ello como consecuencia de las fuerzas centrífuga en el movimiento de rotación, una fuerza asimétrica de la misma, y la acción de la marea lunar que hace hasta el cinco porciento de diferencia entre ambos hemisferios (mencionando que cuando la Luna estaba más cerca, esta diferencia era decenas de veces mayor).

 

Luego Katterfeld pasa al examen de la estructura interna de la Tierra, deteniéndose en el examen de la estructura particular de la Corteza Terrestre.

 

En ello, para los inicios de los años sesenta en que Katterfeld exponía este análisis, recién se descubría la diferencia litológica entre el fondo oceánico y las masas continentales.

 

Se afirma, en el punto en que se hacen algunas comparaciones estructurales entre la Tierra y particularmente con la Luna y Marte, que Marte carece de Núcleo, y que la Luna carece de campo magnético.

 

De todo este último análisis, establece que la “litosfera no es el resultado de una corteza de escoria solidificada rápidamente en la superficie del material ígneo, sino más bien el producto de un prolongado proceso físico-químico y de gravitación diferencial dada desde la sustancia del manto”, con lo que Katterfeld descarta así, finalmente, una a una las anteriores hipótesis del origen de la superficie terrestre.

 

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