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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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3 febrero 2013 7 03 /02 /febrero /2013 23:02

Teatro; LarousseEl Nuevo Teatro Geográfico.  (1/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

07 abr 12

 

La geografía renacentista se llama así, porque ella representa, precisamente, el renacer, entre otros tantos aspectos, de la geografía clásica griega: la geografía de la cartografía proyectiva, luego de quince siglos de abandonada.  Basándonos en este hecho, para la discusión de este artículo no será necesario remontarnos en la historia más allá del siglo XV.

 

La discusión de este artículo consiste en establecer la analogía que, por lo demás, gustó mucho de hacerse entre el renacimiento y la ilustración, del siglo XV al siglo XVIII, del símil de la geografía con el teatro.  El teatro (del gr. Theátros, mirar), idea muy apropiada para tratar de entender la naturaleza, y principalmente, el objeto de estudio de la Geografía, que no trivialmente fue usada en esa época en que, con la exactitud que animaba al hacer de la ciencia, se buscaba con ello hacer entender esa naturaleza y objeto de estudio de la ciencia de la Geografía.

 

Dicha analogía con el teatro, va desde el teatro entendido como el todo del edificio o la infraestructura, al fin, el mundo mismo, y todo lo que ello implica en lo material y lo espiritual, a la identidad con alguna de sus partes, e incluso con la obra teatral representada y hasta con el autor literario de tal obra dramatizada.  Ello no es casual, habla de la enorme complejidad de esta ciencia tanto por su naturaleza como por lo que se propone como objeto esencial a resolver.

 

El teatro, entendido así en todos sus aspectos, es el mundo, el todo de la realidad tanto objetiva (lo dado como el edificio o infraestructura, y lo representado a escala), como subjetiva (lo creado y recreado en el drama).  La complejidad de la Geografía está en que pareciera ser a semejanza de ese teatro; ya en el todo, ya en la parte, o bien en cierta forma; y de ahí la analogía y la búsqueda de la identidad en ella.  Esa complejidad es tal, que no por otra cosa ha consumido más de dos mil años aclarar su naturaleza y objeto.

 

Ahora aquí, habiendo llegado a conclusiones plenamente acabadas en nuestro planteamiento teórico acerca de esta ciencia, habremos de volver a la idea de esa rica analogía dieciochesca ilustrada.

 

Hagamos, pues, una breve revisión histórica de la geografía desde la Grecia clásica reproducida y aumentada en el Renacimiento, y a partir de ahí en sus grandes saltos, en función de esta analogía.


Teatro; Larousse
Sección del Teatro Nacional de la Coline de París.
[Fuente: Diccionario Pequeño Laeousse Ilustrado; v. Teatro (clik sobre la imagen para ampliar)]


Teatro--Planp-Interior--Larousse.JPG
Plano del Interior de un Teatro (Italiano)
[Fuente: Diccionario Pequeño Larousse Ilustrado; v. Teatro]

 


Así, en consecuencia, la Geografía del Renacimiento entre los siglos XV y XVII, se identificó en el teatro con la parte, y en éste, con el proscenio, esa área del escenario en que se mueven los actores, delimitada tras el frente escénico por le montaje de una escenografía en bastidores; pero en donde, a la vez, si quizá no se hacía abstracción absoluta  de la escenografía, entendida en ella la representación de la realidad dada en los fenómenos naturales y sociales, ciertamente era un plano secundario, una mera referencia de fondo; el objeto de estudio, de algún modo, era el proscenio mismo, y ese modo eran las dimensiones: las distancias, la superficie, las posiciones, la extensión, o aquello cuyo predominio estaba dado en los mapas, en la cartografía.  Eso constituyó el hacer geográfico desde Toscanelli hasta Carlos de Sigüenza y Góngora.

 

Luego vino el despliegue de la Ilustración entre los siglos XVII y XVIII, que se divide en dos etapas.  En la primera, la Geografía había dado un viraje guiado por la necesidad; ahora, en la analogía, se le entendió como la escenografía.  Más aún, específicamente como la descripción de la escenografía, lo cual dio como producto las llamadas Relaciones Geográficas.  De la misma manera, si bien no se hacía abstracción absoluta de todo lo demás, el hacer geográfico en ese teatro centró su atención en la escenografía.  En ella podía estar la representación del todo, no sólo de las cosas de la naturaleza, sino también de la sociedad, lo demás, el proscenio e incluso los actores y obra misma, eran el medio en función de lo cual la escenografía (el conjunto de fenómenos naturales y sociales) adquiría significado y propósito.

 

Vino entonces una segunda etapa, propiamente la segunda mitad del siglo XVIII; se produjo otro viraje, ahora de retorno a la geografía como el proscenio, esto es, que los mapas en representación del espacio terrestre volvieron a ser el centro de interés, aportando con mayor exactitud las posiciones, la localización; esclareciendo bien el isomorfismo o anamorfismo ante la conformalidad y equivalencia en el mapa.  Fue el período de la geografía de Nicolás Sanson D’Aveville y Philippe Bauche, a José Antonio de Alzate y Ramírez y Joaquín Velázquez Cárdenas de León.

 

Este fue el período más fértil e importante para la geografía como ciencia; en él, elaborado por José Antonio de Alzate y Ramírez, se sintetizó el objeto de estudio y método de esta ciencia.  Si bien aún un objeto de estudio vagamente definido en el hacer cartográfico como representación y análisis del espacio terrestre, sí una metodología que se cifraba en la Relación Geográfica como condición del Mapa.  Esto es, en la analogía, tener por esencial al proscenio, pero en función éste de la escenografía, que es determinación de sus atributos.  Con ello, la geografía pasó a ser el escenario (del gr. skiné, choza, tienda, lugar de un suceso), la combinación del proscenio y escenografía en su relación funcional.  En esta relación funcional, el proscenio podía ser por su propia naturaleza y dimensiones, tal como la escenografía podía existir por sí misma; sólo que la escenografía por sí misma se empezó a diluirse como los objetos de estudio de las más diversas ciencias, a su vez, en su proceso de nacer moderno en ese entonces, y el proscenio por sí solo, perdía significado.

 

La combinación, entonces, de proscenio y escenografía en un escenario, se transformó, primero, en un ambiente, e inmediatamente después, en el Todo.  Surgió así la concepción de la Geografía propia la siglo XIX.  Con Kant, efímeramente fue el ámbito o ambiente escénico; pero con Ritter y su Erkunde, Humboldt y su Cosmos, la geografía pronto se hizo el Todo del Teatro en sí.

 

En el siglo XIX, en su primera mitad, ir a la Geografía (al teatro), ya no fue sólo ir “a mirar” desde una platea lo que ocurría en “el mapa” o escenario, sino asumir la consecuencia de que las cosas estaban siendo re-presentadas, es decir, vueltas a presentar a partir de una realidad en la que como espectador, se era, a su vez, parte actuante.

 

Así, de la “Geografía Física” de esa geografía decimonónica fenomenista, n la que del proscenio (del mapa) como lo esencial, se pasó a la “Geografía Humana” no sólo del ámbito escénico destinado a ser mirado por un espectador, sino del vestíbulo de encuentro de éstos y el foyer para el esparcimiento en los entreactos, los comentarios y las reflexiones de la obra, como una geografía cuya función –así se entendía– era explicar el Todo de lo humano (y así, donde las muchas otras partes del teatro en su totalidad adquieren un significado).

 

A mediados del siglo XIX, se vio ya que la geografía no aparecía como una ciencia más en el conjunto de éstas, sino sólo como un cuadro de su repetición en forma esencialmente empírica y descriptiva.  Como consecuencia, se inició un nuevo viraje.  En la analogía, ahora ir al teatro, era ir a la ciencia en general; entrar en él, instalarse, y centrar la atención, ya en lo humano de la obra en su determinación por lo físico de la escenografía (la Antropogeografía de Ratzel); o bien en lo físico de la escenografía en función de lo humano en la obra (la geología-geomorfología de Richttofen), fue en lo que se centró el debate del significado y propósito de la Geografía.

 

 Lo que una errónea generalización había dado a la Geografía en el Erkunde o el Cosmos, ahora una errónea particularización, la daba la “Geografía Física” de Rrichtthofen, y peor aún, la “Geografía Humana” de Ratzel.  En la analogía, esa particularización volvió la mirada, por un lado, a la obra; y por otro, a la escenografía.  En un caso, en donde la obra estaba plenamente determinada por la escenografía; y en el otro caso, donde de la escenografía importaba no el bastidor describiendo el paisaje natural montañoso (impensable entonces), sino el análisis de la montaña como una orografía por vulcanismo, fallamiento o tectonogénesis de plegamiento.

 

Entre ambas soluciones de identidad, la Geografía desaparecía; en un caso, quedando como no-ciencia, dado su determinismo geográfico; y en el otro, quedando como una ciencia que ya era la otra misma que tenía por objeto de estudio propio un hecho de la escenografía.  Toda la claridad acerca de la identidad de la geografía en cuanto a su objeto de estudio y método, tal cual a lo que se había llegado en el siglo XVIII, se extravió y perdió por completo en el curso del siglo XIX.  No fue, por supuesto, hasta aquí, producto de la incapacidad de los geógrafos, sino de su objeto de estudio complejo insuficientemente procesado aún.

 

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20 enero 2013 7 20 /01 /enero /2013 23:02

D Harvey (pablotaricco.blogspot.comLas Cajitas Detrás del Geógrafo D. Harvey

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

05 nov 12.

 

 

 

Determinado y definido el objeto de estudio; determinado y definido el método hasta su axiomatización; descubierto el proceso histórico de abstracción y generalización de los conceptos de “espacio” y “fenómenos”, e introducida en una lógica consistente con ello, la categoría de “estados de espacio”; determinado y definido el carácter de su síntesis; determinado y definido en función de ello su teoría unificada, y a su vez, en función de ello precisada  su clasificación en el cuadro de la clasificación de las ciencias como una ciencia única, producto de un cierto grado de conocimientos antecedentes necesarios, y ella a su vez, antecedentes necesarios de otras ciencias; quedaba por delante el siguiente paso: formalizar la teoría científica de su objeto de estudio, la teoría del espacio geográfico o terrestre.

 

Entonces, entre otros materiales, tuvimos que volver al de David Harvey: Teorías, Leyes y Modelos en Geografía, 1983 (publicado originalmente en inglés con el título de “Explanation in Geogrphy”, 1969); un buen trabajo explicativo en la parte que corresponde a ello, acerca de los elementos de formalización de una teoría científica.  Hasta entonces, nunca habíamos tenido necesidad de ello.

 

Hicimos un comentario bibliográfico general a las primeras partes de su obra, y a manera de análisis crítico, tratamos con las partes significativas  restantes, ahí donde aborda la “teoría de la teoría”.  Luego nos dispusimos a mostrar dicho documento en nuestro Blog, y para ilustrarlo, intentamos una búsqueda de Harvey en la Red.  Y lo encontramos, entre otras muchas imágenes, posado en el sillón de su mesa de trabajo, y apareciendo en la imagen, detrás de él, un misterioso armario de pequeñas cajitas.  Ello, de golpe, nos trajo a la memoria la anécdota de geografía teórica que aquí narraremos.

 

Era el año 1979, éramos aún pasantes de la Licenciatura en Geografía, preparábamos apenas nuestra tesis, cuyo propósito era dar un orden lógico, con fundamento científico suficiente, a esa geografía en que habíamos sido formados, y que, de buen grado, la asumíamos así necesariamente; quedaba en ello, hacerle avanzar, propiciar su desarrollo elaborada más rigurosamente su lógica.

 

Recién egresados, un primer empleo como profesionales, se nos dio como docentes en el relativamente reciente Colegio de Bachilleres, para impartir el curso de Ciencias de la Tierra (la Geografía en esa institución en ese entonces).  Y, con convencimiento propio, comenzamos así nuestra recreación en la enseñanza –como diría la crítica de Heráclito–, de la “mucha ciencia”.

 

Terminó el año escolar y calendario, y se invitó por la Coordinación (no todo el plantel), a un convivio de fin de año en el domicilio de algún profesor.  Se invitó al mismo a algunos funcionarios de la Dirección General, y ya ahí reunidos y departiendo, uno de tales directivos ubicado próximo a mí, haciéndonos platica, incidió de lleno, ni más ni menos, en esa crítica –hasta entonces exclusivamente dada en forma externa a los geógrafos, por aquellos que “no podían entendernos”, sobre el problema esencial de la Geografía: <<A mi me cuesta trabajo entender –dijo más o menos aquel directivo con enorme perspicacia–, cómo es la Geografía; me imagino a los geógrafos ante un anaquel lleno de cajitas en que clasifican y guardan todos los fenómenos, y cuando necesitan de uno van y abren esa cajita, y cuando necesitan de otro van y abren esa otra cajita>>…  Ahí estaba, habíamos recibido sutilmente la primera crítica, el primer cuestionamiento a nuestro ser profesional.  Cómo es que podía haber una ciencia tal, con tal mecanismo de conocimientos tan pobre, y más aún, que se asumiera como ciencia.

 

Disponíamos, para entonces, pertrecho teórico, del que nos habíamos hecho personalmente durante todos nuestros estudios , por lo menos en lo histórico; y salvamos la situación dignamente trayendo a cuento desde Estrabón a Jaldun, y de éste a Varenio, enfatizando con la autoridad de Ritter y el ampliamente conocido Humboldt, y justificamos así, con cierta lógica histórica, el asunto – ya criticado desde Heráclito como “la mucha ciencia”– de las cajitas.  Pero en el fondo, cierto era, en tal lógica histórica, no había, a su vez, correspondientemente, una lógica teórica.  Si aquel directivo se dejó adormecer por nuestro extenso discurso histórico que parecía dar amplios fundamentos, o si a pesar del “suficiente argumento histórico demostrativo” aún veía la ausencia de lo teórico, es algo que ya no se dejó ver, más allá de mostrar una actitud condescendiente, abrumado de datos históricos que obnubilaban los fundamentos teóricos.  No obstante, nosotros estábamos plenamente conscientes, tanto del artilugio, como de las limitaciones, pero justo ello era por entonces el motivo de nuestra investigación de tesis.

 

Un año después, justo (a fines de 1980 en que reportamos al Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, director de nuestra investigación de tesis, la falsedad de la hipótesis investigada), las cajitas del armario detrás del geógrafo Harvey y todo su artilugio histórico dejaban de ser sólo de la crítica externa al geógrafo (de esos que por no ser geógrafos “no nos entienden”), para empezar a ser autocrítica; la crítica interna y del propio geógrafo más o menos bien entendido en la materia, a lo que se reconocía no sólo infundado teóricamente, sino en la imposibilidad de darle una lógica en términos de una ciencia.  Y todo, impensadamente, comenzó a dar un giro.

 

Durante 1981 rehicimos la investigación, y hacia el último tercio del año, nos replanteamos la interpretación histórica sobre la base de otra categoría esencial (el primer intento lo habíamos hecho sobre la base de la categoría de relación), ahora sobre la base de la categoría de espacio; y así, justo otro año más después, teníamos ya la base de la “nueva teoría”, que, en realidad, como lo anotamos desde nuestra tesis, todo lo que tenía de “nueva”, era ser sólo la vieja teoría bien olvidada.

 

Treinta años después, estamos culminando dicha vieja teoría de la Geografía que aún hoy se sigue viendo de soslayo, con la realmente nueva formalización de la teoría del espacio geográfico; poniendo fin así, a la demostración rigurosa de la totalidad del conjunto de sus fundamentos teóricos necesarios y esenciales como ciencia moderna.

 

Y a todo esto…, ¿será la “mucha ciencia”? o, ¿qué habrá en el misterioso armario de las cajitas detrás del geógrafo “fenomenísta” (a pesar de su Explanation in Geography), David Harvey?

 

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13 enero 2013 7 13 /01 /enero /2013 23:02

Pavorreal.jpgLa Geografía, una Ciencia, por su Método, Panóptica, Emblematizada en el Pavorreal.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

01 nov 12.

 

Cuenta la leyenda que Zeus, enamoradizo de toda mujer que quedara a su vista, se encontró con una de ellas, que, de alguna manera, será representativa a su vez de toda mujer vinculada a Zeus, nombrada Ío (en griego, ir).

 

Hera, la esposa de Zeus, con más que suficiente razón para estar celosa, conjuró entonces contra Ío para ponerla en su lugar, y Zeus, para proteger a Ío, la encubrió metamorfoseándola en vaca (de donde lo de “vaca sagrada”, y por ello representativa de toda mujer).  De cualquier manera, Hera descubrió la elusión, y encargó al Gigante Argo que la vigilara, y el que la mantenía atada.

 

Sin embargo, Hermes, poniéndose de lado de su padre Zeus, se disfrazó de pastor, se aproximó a Argo, y tocando una flauta, finalmente lo durmió, lo que aprovechó Hermes para darle muerte y dejar libre a Ío.

 

Hera, agradecida por los servicios de Argo, lo honró poniendo sus ojos en el plumaje del Pavorreal; pero, a la vez, enfurecida contra Ío, la mandó perseguir por uno o dos tábanos que la picaron hasta enloquecerla, y tratando de huir de ellos, acabó arrojándose al mar, el cual hoy lleva su nombre: el Mar de Ío, o Mar Iónico (mar en el cual “se van” los electrones y se efectúan transformaciones de las sustancias en energía), que por deformación acabó denominándose Mar Jónico.

 

Esta breve historia pasional encierra en sí misma el problema teórico-metodológico esencial de la Geografía.  Nos dimos cuenta de ello cuando hicimos conciencia del sobrenombre de Argo; llamado el Panópte, “el que todo lo ve”, pues cuya característica era el tener cien ojos, y con cincuenta vigilaba a Ío de día, y con los otros cincuenta la vigilaba de noche.  Y más nada con un carácter panóptico, que la geografía; y Argo representaba entonces así, no la geografía propiamente dicha, cuya representante es Gea, sino el método de ésta, en el que todo lo ve; en donde, por lo demás, el Pavorreal o Ruán, aparece entonces como el ave emblemática del método de la geografía.

 

Si sustituimos en esa historia a los personajes por ciertos elementos esenciales de la geografía y su método en relación con las ciencias y los fenómenos que éstas estudian, frente a lo cual la geografía muestra su carácter panóptico, entonces este pasaje mítico muestra con toda belleza y precisión la naturaleza y método de la geografía.

 

Así, en consecuencia, el conocimiento (Zeus), enamoradizo de toda ciencia (mujer), se enamora de una que representa la generalización de todas las ciencias (Ío), que pretende confundirse con la geografía (vaca sagrada).

 

La clasificación de las ciencias (Hera), esposa del conocimiento, conjura contra aquella que pretende en sí misma la generalización de las ciencias, poniéndola en su lugar, atada a un árbol y vigilada (clasificada), a pesar de que el conocimiento la encubrió como los fenómenos de las ciencias de la tierra (la geografía o vaca sagrada), encargando la organización de las ciencias (Hera) su observación al método panóptico (Argo), propio de la geografía.

 

Sin embargo, la confusión (Hermes), disfrazado de geografía aplicada (el pastor), se apoderó del método y lo destruyó, liberando los fenómenos reflejados en todas las ciencias.  Entonces la clasificación de las ciencias honró al método de la geografía reconociéndolo por su utilidad y función panóptica respecto de todas las ciencias, y, a la vez, volvió contra esa pretensión generalizada de los fenómenos (la falsa geografía), que persiguió con la geografía teórica (con su filosofía y con su historia, o los tábanos), obligándola a arrojarse al mar (el Mar Iónico) en el cual los fenómenos se abstraen y generalizan (son “ionizados”, y transformados), en estados de espacio.  Como los fenómenos que eran, pierden su naturaleza (se “ionizan”), y se transforman de sustancias en campos (en formas de energía), y viceversa, en la dialéctica de la dimensionalidad material continuo discreta.

 

Cierto es, la geografía es una ciencia, por su método, panóptica, todo lo ve, todo es del interés de su tratado, pero porque todo es, finalmente, por su sola existencia, un estado de espacio.  La geografía no puede tratar con  los fenómenos como tales, que son objeto de estudio de otras tantas ciencias.  Si “los ve”, es en su “estado ionizado” por el que algo han perdido, generalizándose en una categoría propia abstraída para la geografía: los estados de espacio.

 

Así, el que reconocidamente la geografía sea panóptica, no le autoriza a ser, dicho coloquialmente, al mismo tiempo, “pannásica” (como se suele decir popularmente, capaz de “meter la nariz en todo”).

 

Ya David Harvey en 1969, denunciando a Hermes disfrazado de buen pastor, hacía ver el absurdo de la “moda de modelos” para la elaboración de la geografía, que si bien en principio algo válido buscando extraer del modelo analógico los fundamentos teóricos para la geografía, se acabó invirtiendo la situación, haciendo del modelo a la geografía misma en calidad de “geografía aplicada”, y a esa idea de la geografía aplicada se le acabó haciendo “La Geografía”.

 

Tuvo que aparecer y organizarse con rigor la geografía teórica para poder poner orden en todo ese absurdo.  Treinta años llevó perseguir a Ío por toda Tesalia hasta el Mar Jónico.  Al final, descubrimos el proceso de abstracción y generalización en que había venido siendo tratados tanto el espacio como los fenómenos; y en un cierto momento histórico de esa “ionización”, los fenómenos, “perdidos sus últimos electrones”, quedaron transformados en estados de espacio, y de esa manera, susceptibles de ser tratados en sus propiedades y leyes como tales: como formas de espacio.

 

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18 septiembre 2011 7 18 /09 /septiembre /2011 23:01

Ícono Filosofía-copia-1Una Interesante Anécdota.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

19 sep 11.

 

Cuando entre 2003 y 2005… (bueno, no se debe empezar una redacción con algo que suena a gerundio, pero las anécdotas empiezan a platicarse así), hicimos una Maestría en Educación Superior que en ese momento se abría en una Universidad privada en la que a su vez laborábamos, en una ocasión, durante un receso, una profesora, externa y recién contratada, quizá de nuestra edad, que nos impartía algún curso y que en la Universidad pública pasaba por “democrática” y quizá hasta “revolucionaria” por su participación “sindicalista” y por ello de “pensamiento avanzado”, nos hizo una pregunta un tanto a discreción…, bueno, el “nos”, por costumbre de redacción, pero es un “me” a mi en lo personal…, y conste, por lo tanto, una pregunta dirigida a un geógrafo, y a mí como teórico del espacio, incluso como ningún otro geógrafo especialista en ello; y la pregunta fue:

 

_ “Oye, y ¿aquí los profesores tienen algún espacio de discusión para la crítica?”

 

De eso hace ya siete años, y cada vez que me acuerdo, como ahora, no puedo sino echarme a reír cual idiota.  Sin pensar en la pregunta, con la mente ocupada en algo que hacía, con la más absoluta ingenuidad (manera elegante de decir idiotez), le respondí:

 

_ Sí, no hay una Sala para Profesores, pero en los jardines hay distribuidas suficientes mesas con sombrillas, o están las cafeterías (había dos, la de los ricos y la de los menos ricos…, es broma).

 

Pero entonces percibí una conjugación gestual entre su mirada un tanto sorprendida y sus labios que tendían a emular a la Giconda, a la vez que me cambiaba el tema abruptamente.  Transcurrieron varios minutos –ni modo, uno es de lento aprendizaje, qué le vamos a hacer–, y entonces me di cuenta de la estupidez de mi respuesta (y a reír, y desde entonces no para cada vez que me acuerdo).

 

Como “teórico del espacio”, como “hombre de ciencia al respecto de un concepto rigurosamente categorizado”, donde ese espacio es E = f(x,y,z,t) como el vacuum cuadridimensional (¡glup!); esa profesora me preguntaba si había “espacios para la crítica”, y yo no podía responder sino haciéndole referencia a los lugares, a los sitios en esa condición de las coordenadas x,y,z, como espacios, en un momento dado, vacíos, que los profesores podían llenar, ya fuese para la “crítica”, o simplemente para calificar exámenes.

 

Pero la giocondina sonrisa y la indulgente mirada condescendiente, me permitió descubrir, “un poco después”, que esa profesora, como buena intelectual pequeñoburguesa, “revolucionaria” sindicalista de la Universidad pública, estaba usando un lenguaje  intelectualoide, engolado (una especie de caló burgués), en el que por “espacio”, en realidad usaba la metáfora de “libertad”: <<Y, ¿en esta Universidad privada, tienen los profesores libertad para la crítica?>> (¡diablos!; todo por haberle hecho caso a mi mamá e ir a la escuela; si me hubiera dedicado a vago, no me hubiera visto jamás en estos enredos de engolados tropos intelectualoides).

 

Sin duda –porque, para más, ella, por aquello de las apariencias, me tomaba por “muy inteligente”; tanto, que precisamente por eso a discreción me hacía esa pregunta–, dicha profesora debió asumir por mi respuesta, que yo , “astuta e inteligentemente”, eludía el compromiso de responder, o que en esa respuesta iba el mensaje de que los “espacios para la crítica” eran nulos (¡diablos, y rediablos!).

 

Había transcurrido tanto tiempo entre lo que me preguntó, respondí y luego entendí, que, estando ya en otra cosa, se me hizo ridículo tratar de componer la idiotez, y así quedó aquello, ya como una ingenua idiotez, o bien como un “muy astuto e inteligente mensaje” para que ella se condujera en ese “hostil” ambiente…; es decir, en ese “espacio”.

 

Pero este anécdota ha venido a cuento, justo porque lo mismo nos ocurrió (y aquí el “nos” es correcto para todos los geógrafos), en aquellos años ochenta a noventa del siglo pasado, en que yo defendía la tesis de la Geografía como ciencia del estudio del espacio, por oposición a la históricamente dominante tesis de la Geografía como ciencia de las relaciones entre los fenómenos.

 

Por el lapso de una década, justos los años ochenta, toda discusión se centró en afirmar esta tesis, al mismo tiempo que nosotros mismos tratábamos de entenderla en todas sus dimensiones e implicaciones; es decir, en todas sus propiedades.

 

Y como una definición se hace precisamente por la máxima generalización y esencialidad de las propiedades de lo que se quiere definir, la década de los ochenta se fue, conforme comprendíamos el enunciado de todas esas propiedades generales y esenciales de lo que se quería definir: el espacio geográfico; pero sin que ofreciéramos entonces, el enunciado mismo de su categórica definición, la cual ya teníamos hacia el final de esa década.

 

Luego, en el curso del primer lustro de los noventa, vino el deterioro en todo, hasta la consumación del desastre que anuló la actividad profesional que veníamos desarrollando.  Quedamos al margen, de hecho, desaparecimos del escenario por quince años.  Y –como el asiduo lector de esta revista ya sabrá–, esa fue la ocasión para los plagiarios de ideas, dándose la usurpación de nuestra teoría entre dos profesoras normalistas de Educación Básica, y su vocero, a su vez, un profesor normalista de Educación Básica, que dirigió los Cursos de Capacitación para Profesores en las nuevas ideas*; prestándose así, a lo Eróstrato, para que la institucionalidad pudiera salir de su viejo embrollo teórico de la relación entre los fenómenos.

 

En esos profesores fue la estupidez, misma que fue en nosotros en la anécdota narrada.  En su caso, por sus ignorantes y oscurantista oídos.  Escucharon “espacio geográfico”, y por ello entendieron: “el ámbito” de lo geográfico, “el lugar” de lo geográfico a manera de diorama de un museo de ciencias, y el diorama mismo; sus vulgares oídos escucharon “espacio geográfico”, y por ello entendieron esa intelectualoide metáfora de una especie de “escaparate” de lo geográfico.  Y como en esa “geografía de los profesores” de Educación Básica la Geografía era aún la ciencia de las relaciones de los fenómenos de los viejos libros, pues las nuevas ideas aún no se mostraban en los Libros de Texto dado que ello había sido negado oscurantistamente hasta la proscripción, pudiendo saber de didáctica y de teorías pedagógicas, qué podrían saber acerca de las disquisiciones teóricas de los geógrafos elaboradas quince años atrás, más allá, que no fuera, precisamente, lo dado en el plagio de las ideas de nuestro documento de tesis, mismo que precisamente obsequiamos hacía esos tres lustros atrás, a ese “Instructor de los Cursos de Capacitación para Profesores”, en amistad.  Así, el “espacio geográfico”, resultó sólo la forma intelectualoide para referirse al adornado fundamento del “escenario” o “escaparate” de los fenómenos.

 

Hoy hemos expuesto ya no sólo la definición de “espacio geográfico”: la dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta o el vacuum determinado por le campo terrestre; sino incluso ciertos desarrollo de ello, que aquellos plagiarios de ideas  y usurpadores de teorías, por supuesto, no supieron ni pudieron elaborar, simplemente porque esas ideas ni venían de ninguna otra fuente, ni mucho menos eran elaboración suya.  No dieron los créditos correctos, en honesta ética profesional, y se condenaron históricamente.

 

Resultó, pues, que el “espacio geográfico” o terrestre, no es ningún “diorama de las curiosidades  del mundo”, sino como un objeto concreto de estudio, es algo altamente complejo, tanto, que ha consumido toda la historia del pensamiento humano por más de veinticinco siglos, para llegar a nosotros en un desarrollo tal, en donde, antes que entenderlo como algo ya acabado, es apenas que su estudio en sí mismo comienza.

 

Esto, desde luego, con todo, no habrá de ser para todos los geógrafos, sino sólo para aquellos de las nuevas generaciones, que más que hacer sus conocimientos exclusivamente en el tedio de lo ya dado de los fenómenos, los habrá de hacer en la investigación hipotético-deductiva de lo que está por descubrirse del espacio terrestre.  Ese geógrafo que requerirá, entonces, de su verdadera formación en el método científico  de la modernidad (el método galileano-kepleriano, y baconiano-cartesiano), de una sólida formación en el aparto teórico físico-matemático, y del conocimiento bien fundamentado en la dialéctica materialista.

 

Sea, pues, este anécdota, como antecedente de la exposición de esos trabajos de la investigación hipotético-deductiva del espacio geográfico, hecha por nuestra parte.  Aún en medio de las dificultades, trataremos de exponer dos documentos necesarios, obligados, para entender la investigación: 1) La Teoría del Espacio Geográfico: su Desarrollo Histórico; y 2) Sobre la Naturaleza del Espacio, y su Interpretación como Espacio Geográfico o Terrestre.  Y ¡bienvenida la nueva generación de geógrafos!

 



*       En un verdadero acto de magia, intentaron hacer pasar nuestros planteamientos como extraídos de otras fuentes documentales (unas de difícil adquisición con un vago título que haría suponer las cosas, y otras, en las que, por supuesto, no había nada de ello); omitiendo así la real fuete de referencia y única en la que hasta entonces, en el mundo, se exponían esas ideas en el tratamiento del concepto de espacio geográfico, despojándonos de los créditos verdaderos.


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22 septiembre 2010 3 22 /09 /septiembre /2010 23:06

Un Artista del Pincel

para el Museo de las Ciencias.

  Artículo, 2010 (6/6).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 11 oct 10.

 

Sí, ¡claro!, basta que ustedes agreguen eso último: al Globo Terráqueo y el Mapa, “¿Habría algo más que se desee agregar…?, y la confusión se hará presente.  <<Bueno, la Tierra, unas montañas, un río, la selva y el desierto…, una ciudad…>>, y acabará haciéndose una fotografía de la realidad completa.  La confusión en todos al momento de pensarlo un poco más, deriva de la confusión a partir de los propios geógrafos.  Cuando éstos no han tenido claro su objeto de estudio y lo han identificado por confusión con el todo, así se enseña en las escuelas y en lo libros, y la gente, luego de pensarlo, recuerda sus notas escolares y acaba en lo mismo.  Por ello, lo esencial, en la mayoría de los casos, estará en la respuesta inmediata, que invariablemente será eso: <<un Globo Terráqueo, un Mapa; una brújula…>>.

 

Ahora concluyamos el ejercicio con una generalización teórica.  El asunto es que todo el mundo parece tener más claro de qué trata la Geografía, que el propio geógrafo; y no porque el geógrafo sepa menos, sino justo por lo contrario, porque sabe demás; y el problema es que ese exceso de conocimientos se ha dado en una desviación, ante la imprecisión del objeto de estudio.

 

Algo muy peculiar ocurrió en estos últimos veinte años, que ha dividido el proceso de la comprensión del objeto de estudio en dos fases: primera, acabó por aceptarse, por la sola fuerza de la verdad objetiva, que dicho objeto era el espacio terrestre; pero el proceso singular de cómo ha ocurrido (en lo subrepticio, en la exposición por otros y no por el autor de las ideas), dio lugar a que el verdadero contenido de ello no se entendiera (o deliberadamente se escamoteara confundiéndolo); y, en consecuencia, ahora –dada la oportunidad de este Blog– se abre una segunda fase, precisamente, la de la comprensión del contenido de la idea expuesta por su propio autor.

 

Y ello empieza por la conclusión de este ejercicio didáctico.  Como lo vimos en los primeros ejemplos, el mundo real y concreto, en este caso ahora, de la Geografía, es el de la Tierra en su conjunto; incluso desde su delimitación en el Universo.  Pero en la representación del proceso de aprehender ese mundo real y concreto, como reflejo en el mundo del conocimiento científico abstracto, esa Tierra real y concreta en tres dimensiones, se transforma en el Globo Terráqueo, como esa Tierra científica abstracta.  Más aún, en ese proceso de abstracción que va, por ello, separando del objeto concreto y descubriendo las propiedades esenciales del mismo, aparece luego el mapa como la transformación de la esfera terrestre en un plano.  El mayor grado de abstracción se da en el hecho de pasar del modelo tridimensional de la Tierra en el Globo Terráqueo, al su representación bidimensional en el mapa o Carta Geográfica.  Será necesaria toda una simbología especial en ello, para poder ver e interpretar el espacio tridimensional en su proyección segunda.

 

Por ello, cuando se hace la propuesta de representar a la Geografía con un Globo Terráqueo y un Mapa, se está, consistentemente, en la esencia de su objeto de estudio: el espacio terrestre.  Y más aún, cuando en el instrumental se propone la brújula, se está exponiendo en ello el método del conocimiento geográfico, pues con ella es posible descubrir la orientación del espacio, su bipolaridad y simetría y asimetría, la declinación magnética y la existencia de varios ejes de la Tierra; y en la identidad aproximada de los polos astronómico y magnético, descubrir, aparte, el polo geométrico, o propiamente geográfico, y a partir de ahí, derivar en el conocimiento de la esfericidad, y, en consecuencia, del necesario ecuador terrestre, de las latitudes generales y luego de esas ciertas latitudes especiales dadas por los Trópicos y Círculos Polares, etc, etc.  Y antes que la brújula, un instrumento más simple permitió obtener todo ese conocimiento: el gnomon, y su perfeccionamiento en el polos o skaphe.  Luego vino el astrolabio y después el sextante, etc.  Y hoy tenemos ese instrumento extraordinario que es el GPS (ese pequeño aparato automatizado conocido como “Sistema de Posicionamiento Global”), en manos de cualquier turista.  Pero el geógrafo, lamentablemente, no ha sabido derivar su propio conocimiento científico a partir de ello mismo.

 

La anterior frase enfatizada no es ninguna simpleza: es, ni más ni menos, que la esencia del método científico de la modernidad.  El estado precientífico de la Geografía en el contexto de dicha modernidad, consiste precisamente en el desconocimiento en la geografía, aún a principios del siglo XXI, de lo contenido en esa frase, y a lo que se denomina como ciencia positiva; y a lo que se impone la aclaración de que tal enunciado, nada tiene que ver con la ciencia de la filosofía positivista comtiana; sino que se refiere exclusivamente al carácter positivo del desarrollo de la ciencia.

 

Por ciencia positiva lo que ha de entenderse, entonces, es elaborar el conocimiento nuevo de la ciencia a partir de los elementos vigentes de su propio desarrollo; y en ello juega un papel esencial el método hipotético-deductivo.  El hecho de cómo una premisa de tesis a demostrar, ha de sustentarse en una premisa antecedente ya demostrada como verdadera y en ese sentido vigente en el conocimiento científico; para, derivado de ello, es decir, deducido lógicamente mediante un silogismo, verificar una hipótesis confirmatoria de la tesis, dando lugar a un conocimiento nuevo; es precisamente la ciencia que avanza con un carácter positivo.  En Geografía, con mucha dificultad, y a grandes saltos históricos, puede mostrarse ese proceso.  Y ello quiere decir que el mismo está ocurriendo de manera objetiva, es decir, independientemente de la voluntad de los mismos geógrafos, por el desarrollo lógico de la misma ciencia; pero, a la vez, como un hecho inconsciente, e incluso desconectado de una generación a otra[*].  Con mayor razón, el proceso no ocurre en el trabajo geográfico, por decirlo así, cotidiano.

 

La importancia de este punto, pues, es tal, que habremos de tratarlo aparte.

 



[*] Ciertamente esto habrá que dejarlo en duda, pues realmente amerita un investigación al respecto.

 



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22 septiembre 2010 3 22 /09 /septiembre /2010 23:05

Un Artista del Pincel

para el Museo de las Ciencias.

  Artículo, 2010 (5/6).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 7 oct 10.

 

Economía = producción social, y luego todo lo que gira en torno a ello.  En particular, cuando la economía es capitalista, esa producción se convierte en mercancía, y luego, como lo planteó Marx, para entender el capitalismo, basta entender todo lo que gira en torno a la mercancía.  Ello explica por qué nuestro cuadro se llenó con humeantes fábricas, su producción analizada en gráficas estadísticas, y la representación del dinero.

 

Pero ante el hecho de que unos, la mayoría, son los que trabajan en esas fábricas y producen manteniéndose eternamente en la miseria; y otros, la minoría, son los que se apropian de esa riqueza socialmente generada acumulando su ganancia, se forman las clases sociales distintas con diferentes intereses, económicos, sociales, políticos, morales, culturales, y acerca del futuro, etc.  Y surge entonces la ciencia de la sociología, representada en la silueta de una marcha obrera de protesta, puños en alto, con pancartas de reclamos y ondeando sus banderas de la dignidad.

 

Y en este punto, es por demás, tenemos que preguntarnos ahora por la representación del mural de la Geografía y las Ciencias de la Tierra.  Aun cuando en su confusión los geógrafos han llegado a identificar Geografía y Ciencias de la Tierra, es evidente que son distintas.  Cuáles son, por ejemplo, esas Ciencias de la Tierra: en principio, y en general, las llamadas geociencias; la Geofísica, la Geoquímica, la Geobiología, la Geosociología, y la Geopolítica; y derivado de ellas, la Geomorfología, la Hidrografía, la Oceanografía, la Meteorología, y la Climatología; o la Edafología; o la Ecología.

 

Son estas ciencias, precisamente, las encargadas del estudio de los fenómenos en el espacio terrestre; y constituye éste, el último deslinde que tiene que hacer la Geografía como ciencia para definirse a sí misma.  Y este ejercicio didáctico ha tenido, justo, ese propósito.

 

En consecuencia, pasemos por alto ya la representación de cada una de las Ciencias de la Tierra, démoslo por hecho en un mosaico de ellas; y centrémonos en la representación de la Geografía.  ¿Qué se propone en lo inmediato cuando se hace esta pregunta a quien sea?: <<un Globo Terráqueo, un Mapa; una brújula…>>.

 

¿Hay algo más que se desee agregar?...

 


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22 septiembre 2010 3 22 /09 /septiembre /2010 23:04

Un Artista del Pincel

para el Museo de las Ciencias.

  Artículo, 2010 (4/6).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 4 oct 10.

  

Matraces, retortas, tubos de destilado, vapores, líquidos de colores fluyendo de un lado para el otro, polvos cristalizando…, el plomo transformándose en oro…  Con esta imagen es que notros tuvimos el gusto por la ciencia, y Santa Claus satisfizo nuestra petición cuando nos regaló el estuche “Mi Alegría” de Química, y nos pusimos a formar cristales, a reposar líquidos bajo los rayos del Sol o corroer metales.  Hoy, de Química, es de lo que menos sabemos, no tenemos la menor idea.  Pero nada más representativo que el alquimista en su rústico y clandestino laboratorio, cual hechicero, macerando y preparando pócimas según una estricta “receta” a la que meticulosa y sistemáticamente le va aplicando variantes y anotando cuidadosamente los resultados en cada caso.  Y ahí están representados el objeto de estudio y el método.

 

En el caso donde el objeto de estudio es la vida y sus formas, la Biología, qué otra imagen más representativa que una célula.  Y cómo estudiar una célula sin un microscopio.  Podemos no saber absolutamente nada de química y biología, pero no por ello dejamos de entender su campo y objeto de estudios, así como de tener una idea de su método, entendido a través del instrumental del que es inseparable.

 

Pero dimos el salto a las ciencias sociales y nos propusimos representar los cuadros de la Antropología y la Historia.  Y en la Antropología, de la parte de la paleoantropología, representaríamos los fósiles de los homínidos, e imágenes de las diversas culturas entre las etnias.  La cámara fotográfica, la grabadora, el testimonio, los objetos mismos, ahí parte de su instrumental y procedimientos elementales.  Para la Historia, los personajes que son producto de ella y representativos de cada época; hechos físicos como construcciones notables, o acontecimientos importantes como batallas o hazañas del movimiento social como con las Carabelas de Colón, o los viajes a la Luna.  Aquí el instrumental, simbólicamente se reduce a los libros, y a la pluma y el papel; detrás de lo cual hay un trabajo de investigación de archivo, testimonial, o de evidencias materiales.  En particular, diremos que la Historia no estudia el tiempo en sí (una propiedad física, la cuarta coordenada del espacio geográfico), sino la temporalidad de las cosas, esto es, su devenir.  Y eso que está claro para “todo el mundo”, ha confundido al geógrafo, que suele establecer por ahí el paralelismo de que así como el espacio es a la Geografía, el tiempo lo es a la Historia.  Un error clásico de la segunda mitad del siglo XIX, previo a la aparición de la teoría de la relatividad y el concepto de espacio-tiempo einsteniano, y aún arrastrado hasta buena parte del siglo XX.

 

Ese postulado permitía justificar el estudio de los fenómenos en Geografía, pues si la Historia siendo una ciencia acerca del tiempo, de lo que trata es de las cosas en su temporalidad; la Geografía, siendo una ciencia acerca del espacio, de lo que trata, en consecuencia, es de los fenómenos en su espacialidad.

 

Y, así, de pronto, las cosas se nos empezaron a complicar más nuevamente.  De ahí la recomendación de no adelantar conclusiones.  Así, si la Historia trata de las cosas o fenómenos en su temporalidad, aun cuando la Geografía (cuyo objeto de estudio es el espacio-tiempo terrestre mismo, como ya lo vislumbraba el mismo Dr. Carlos Sáenz de la Calzada) no de las cosas o fenómenos en su espacialidad, cabe preguntarse, entonces, acerca de qué ciencia o ciencias, tratarían de los fenómenos, en su especialidad.

 

Y en lo que yo escribo otro artículo, ustedes van pensando en eso de la representación de la Geografía y Ciencias de la Tierra, y nos lo aportan, de una vez, en los comentarios junto con la representación del cuadro correspondiente a la Sala Económico-Social.  ¿Cómo representar la Economía, y cómo la Sociología?...  Pero, ¿cómo representar la Geografía?  ¿Qué es lo esencial en cada caso, en su objeto de estudio, e instrumental y método?

 


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22 septiembre 2010 3 22 /09 /septiembre /2010 23:03

Un Artista del Pincel

para el Museo de las Ciencias.

  Artículo, 2010 (3/6).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 30 sep 10.

 

En respuesta a la representación de la Física y Matemática, así no sepamos nada acerca de ello, fue que el mundo de la Física es ese mundo de lo corpóreo-sustancial, de los campos, y de las transformaciones de lo uno en lo otro: la onda en corpúsculo, el corpúsculo en onda, la sustancia material en energía, y la energía en sustancia material; de los movimientos de las mismas, fuerzas, tensiones, presiones, etc.  Pintaríamos la clásica estructura del átomo, el hongo de la explosión de la bomba atómica, una simple balanza de pesos o un dinamómetro, un termómetro o un barómetro; el plano inclinado de Galileo, etc.  El caso de la Matemática siempre ha sido más complejo, curiosamente, no en cuanto al conocimiento, que bien podemos representar en una simple y misteriosa ecuación; sino precisamente en el mundo real, concreto y objetivo que es reflejado por esa ecuación.  ¿Dónde está en el mundo concreto a2+2ab+b2?, ¿qué cosa de la realidad nos refleja esa expresión?...  Pues, sabrá Dios, o el que está a su diestra, que en un letrerito dice: “Matemático” (¡ah!, si los geógrafos supieran que precisamente eso somos; si bien como “matemáticos caídos”, ensuciándonos las manos en una matemática aplicada al conocimiento del espacio terrestre).  Pero entre el instrumental, que también lo tiene, colocaremos un compás, unas escuadras, un regla graduada; o una regla de cálculo, lo mismo que una calculadora o computadora (y no faltará matemático que nos reclame diciéndonos que nada de eso es necesario, puesto que todo sale de su cabeza, y el Binomio de Newton es sólo una abstracción sin nexo con el sucio mundo material).  Nosotros, como humildes pintores, sólo le diremos que sí, y ya, que justo eso es lo que ahí representamos, y que lo de las escuadras y demás cosas burdas es sólo para que los niños aprendan.

 

Como ven, en función de nuestro propósito didáctico, el asunto se complicó un poco más.  ¿Qué haremos ahora para el caso de la Química y Biología?  Y, apresurando el paso, de una vez, ¿cuál es el cuadro para la Antropología e Historia?

 


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22 septiembre 2010 3 22 /09 /septiembre /2010 23:02

Un Artista del Pincel

para el Museo de las Ciencias.

  Artículo, 2010 (2/6).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 27 sep 10.

 

Astronomía y Geología…, en realidad el asunto estaba fácil, no sólo conceptual, sino artísticamente.  ¿Cómo quedó nuestro cuadro?:

 

Pues bien, a reserva de que algún astrónomo proteste (nosotros, finalmente, qué sabemos de eso, ya porque seamos pintores, o hasta geógrafos), y reclame la ausencia o lo innecesario de algún elemento, podemos darnos por satisfechos.

 

Levantamos nuestro tiradero, medio limpiamos (pintores, artistas, ya saben, es el temperamento) y dejamos a que el conserje acabe de remediar los detalles del estropicio, y nos vamos con nuestros triques a la entrada de la siguiente Sala: Físico-Matemáticas.

 

¡Claro!, como buenos artistas de la pintura, por lo menos podemos ver el Sol, la Luna y las estrellas, pero si de algo no tenemos la menor idea, es de los asuntos físico-matemáticos (ya sea que seamos pintores, o hasta geógrafos).  Pero un buen pintor no se va a espantar por ello (el geógrafo, por lo menos, debiera preocuparse): él, dicho literalmente, pinta lo que ve (y alguna vez alguien que sabía del asunto, me explicaba que incluso, eso que “se ve”, no son propiamente figuras o estructuras, sino algo así como “manchas”, juegos de tonalidades, de luces y sombras, que integradas, hacen aparecer la imagen que se desea representar…; claro, está aún el asunto del estilo, las técnicas, el realismo, el abstraccionismo etc; pero eso se lo dejo a ustedes que sí saben del asunto).  El caso es que ahora hay que representar a la Física y a la Matemática.

 

Si se imaginan variantes al asunto, es como pensar en la portada apropiada para un libro de texto sobre la materia.  El cuadro, gráficamente, debe darnos una idea lo más clara y completa de lo que trata la misma.

 

Esto último es particularmente importante: no se trata de representar solamente el Universo, la Tierra, o el mundo material, tal cual; estamos frente a un “Museo de las Ciencias”, no un “Museo de Historia Natural”; y, en consecuencia, aquí lo esencial es representar simbólicamente esa apropiación de la realidad objetiva y concreta, en el pensamiento, de suyo subjetivo, pero objetivamente científico como reflejo de la realidad objetiva, en su forma abstracta.  Es decir, se trata de que el cuadro represente no sólo la realidad concreta, sino el pensamiento abstracto a manera del conocimiento dado sobre ella, e incluso de las formas de su obtención.

 

De este modo, era necesario colocar por ahí un telescopio clásico, pero también un radiotelescopio, como el Cuadrante Solar de Brhae, o el Diagrama de Herzprung-Russell; quizá un pequeño planetario mecánico, o una Esfera Armilliar.  Con todo ello, ya no sólo estamos refiriéndonos al campo y objeto de estudio (en este caso el Universo), sino mediante el instrumental, estaremos hablando en cierto modo, de eso abstracto que es el método para la obtención de ese conocimiento.  Al pintor le bastará con visitar una sola vez un observatorio astronómico y ver trabajar al astrónomo, luego representará todo ello sin pensar en sus implicaciones.  Para nuestro propósito, ya podemos comenzar a sospechar que, después de todo, el asunto no era tan simple.

 

La gente suele responder con cierto desden, porque, ante lo que parece evidente, asume que, a la pregunta, ya existe una respuesta conocida.  Pero apenas se le hacen ver esos detalles, entra en una reflexión más detenida en cada respuesta.

 

Así que, cómo representaríamos no sólo el mundo de la física, sino la ciencia misma reflejo objetivo de ese mundo; y un tanto más complicado, cómo lo haríamos en el caso de la matemática.

 


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22 septiembre 2010 3 22 /09 /septiembre /2010 23:01

Un Artista del Pincel

para el Museo de las Ciencias.

  Artículo, 2010 (1/6).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 23 sep 10.

 

Egresamos del Colegio de Geografía, UNAM, en 1979, y una de nuestras primeras aplicaciones profesionales, fue, ni más ni menos, que “echando a perder gente”, pues ingresamos en el ámbito de la educación media superior.  Aún prevalecía en nosotros una posición en el pensamiento geográfico fenomenista, pero que comenzó a hacerse esencialmente más crítico de sí mismo; y alguna vez se nos ocurrió un ejercicio didáctico que agudizó aún más la crítica.  Lo comparto ahora aquí con los lectores de esta revista electrónica, quienes pueden aplicarlo indistintamente a cualquier persona, ya en forma individual o colectiva, y el resultado, invariablemente, siempre será el mismo, descubriéndonos la esencia de la Geografía: “Un Artista del Pincel para el Museo de las Ciencias”.

 

Originalmente el ejercicio lo hacía escogiendo tres ciencias naturales y tres sociales, y al final la Geografía; aquí, con una variante, lo ejemplifico con pares de ciencias combinadas, que enriquece el ejemplo, aun cuando el asunto no coordine bien con la clasificación de las ciencias y en particular el lugar de la Geografía, lo cual no importa, porque el ejercicio no se trata de eso.

 

Imaginémonos ser nosotros ese artista del pincel, contratado para elaborar los murales alusivos a cada una de las Salas del Museo de las Ciencias (y póngase en ese lugar lo mismo a un grupo de estudiantes que a cualquier otra persona): 1) Astronomía (y la Tierra en el Universo con la idea de la Geología), 2) Físico-Matemática, 3) Químico-Biológica, 4) Histórico-Antropológica, 5) Económico-Social, y 6) Geografía y Ciencias de la Tierra.

 

La primer pregunta, y que se repetirá para cada caso, que hago a ustedes, lectores de esta revista electrónica; que es la misma que hago a mis estudiantes de geografía, y la misma que invito a que hagáis a quien, incauto, se os ponga enfrente; es: ¿Qué pintura mural será la más representativa para cada una de las salas?  ¿Cómo imagináis; ¡oh, pintores ajenos a toda ciencia!; el cuadro que represente a la Astronomía?..., y de paso, por ahí, al problema de la Tierra en el Universo; algo así como la representación de la Geología.

 

Respóndanlo ahí, cada uno en su aislamiento y al final ya verificarán, o mejor aún, con mayor riqueza el ejercicio, compartan sus respuestas poniendo un breve comentario a este artículo; haré una síntesis de las mismas en el siguiente artículo de la serie, e iremos preparando la generalización teórica.

 

Y no apresuren respuestas, mucho menos pretendan haber “descubierto el final” y adelanten casos (en el ejercicio no anticipo a los estudiantes que habré de llegar a la Geografía); más bien, en el papel riguroso del pintor responsable que desea hacer el mural adecuado sin que escape nada de las propiedades esenciales a cada ciencia (ahí está el “truco didáctico”), reflexionen con detenimiento sobre los elementos integrantes esenciales cuadro por cuadro.  Tengan paciencia, la Capilla Sixtina no se hizo en un día (anoten esta frase y no se olviden de mi, si no es que ya hubo alguien que se me haya adelantado).

 



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