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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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27 abril 2015 1 27 /04 /abril /2015 22:03

Laboratorio Científico del s.XVIILa Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo. (10/10)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

19 jun 13.

 

Resumen Conclusivo.

 

1        La ciencia es la demostración de la verdad.  La ciencia, como la verdad, entre otros criterios, es lógica, es decir, es deducción, y demostrar la verdad quiere decir deducir correcta y verídicamente de los hechos antecedentes.  Y, respecto del geógrafo y la geografía actual, vemos que nada de ello se hace.

2        Hasta los años setenta del siglo XX, con excepción de sistemas filosóficos como el pragmatismo, el existencialismo o el funcionalismo, que rechazaban los principios de la ciencia, en todos los demás sistemas filosóficos se aceptaba la ciencia y su método baconiano-cartesiano o e la modernidad.  Luego, a partir de los años ochenta, con una incidencia más enfática del “neomarxismo” y la ideología de la “posmodernidad”, ya no sólo se rechazan ciertos principios de la ciencia moderna (la objetividad, la lógica, la hipótesis), sino se rechaza a toda la ciencia de la modernidad en sí.  Si el geógrafo llega a tener hoy en día alguna conciencia de ello, es porque será, sin duda, “posmoderno”.

3        El método de la ciencia, hemos visto, fluye en torno a tres ejes: 1) de lo empírico-teórico; 2) de lo abstracto-concreto; y 3) de lo causal e hipotético-deductivo.  En ello se suma la observación, la descripción y la explicación, como el análisis comparativo o analógico, el análisis cualitativo y el análisis cuantitativo, como los procesos deductivos de los métodos de la relación causal.  Y en todo esto, la geografía difícilmente satisface apenas lo empírico-teórico, inmiscuida en otras especialidades.

4        El principio de historicidad o el necesario análisis histórico, establece la relación de causalidad y de las posibles contradicciones en el análisis dialéctico materialista.  De la historia ha de abstraerse y generalizarse los fundamentos teóricos, y, decíamos, es premisa antecedente en la demostración, de suyo ésta lógica o deductiva.  Y si de algo se hace ajeno la “posmodernidad” del geógrafo, es precisamente el principio de historicidad.

5        Veíamos ya, en el estudio de lo lógico, el papel de las premisas en el movimiento dialéctico de la contradicción, por lo cual lo histórico no es más que lo lógico desplegado, así como lo lógico, es lo histórico condensado; pero explicábamos que, asumir un análisis dialéctico materialista, no sólo es asumir una posición filosófica, y mucho menos que ésta pueda ser eventual, sino es tomar una posición de partido en la ciencia (y en ello no se ha de entender al partido político, sino al partido ideológico y de compromiso con una clase social); algo, precisamente, de lo que es absolutamente ajeno el geógrafo de nuestros días (excepción hecha de los llamados “geógrafos radicales”), sin saber que, no obstante, en su inconsciencia, se lo apropia la burguesía poniéndolo al servicio de sus intereses.

6        Luego, del análisis de lo lógico, se establece el método hipotético-deductivo, y por lo tanto, ya no sólo el problema de la deducción, sino el de la hipótesis como clave en el desarrollo de la investigación científica.  Sin embargo, de esto, el geógrafo es absolutamente ignorante; la “ciencia” de la geografía se reduce a la empírica descripción de lo que toma de la investigación de otras verdaderas ciencias.

7        La verificación de la hipótesis ha de conducir a la elaboración de la teoría, es decir, de un conocimiento firme.

La formalización teórica tiene a su vez su propio proceso de elaboración, que en casos particulares especiales, la medición y la matematización son fundamentales para esa formalización, haciendo de la teoría el más importante indicativo del desarrollo de la ciencia.

8        Esa formalización teórica constituye la llamada axiomatización del conocimiento.  En ese sentido, ya en 1969 David Harvey hacía la más severa crítica a los geógrafos y a la geografía en la cual no sólo se desconocía la importancia de la teoría y los procesos de su elaboración, sino que incluso había una manifestación de rechazo; y medio siglo después, sigue, proporcionalmente, peor.

9        Finalmente se estudiaron los métodos de relación causal y la necesidad de derivar de las regularidades observadas, los principios o leyes de un fenómeno dado. Llegamos así, a la conclusión preliminar de que, hacer ciencia, no es asunto de “seres privilegiados”, sino única y exclusivamente de aquellos dispuestos a pensar, y a proceder en el conocimiento de manera metódica y sistemática, incluso, desarrollando, en su caso, su instrumental propio.

Así, la ciencia puede y debe hacerse en el aula misma desde cualquier materia; y la ausencia de todo ello en geografía, evidencia su centenario rezago y atraso científico.

10    Este panorama quizá no sea una vuelta al oscurantismo religioso medieval, pero sí, por lo menos, a algo análogo al oscurantismo metafísico de principios del siglo XIX.

 

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20 abril 2015 1 20 /04 /abril /2015 22:03

Relación Geográfica-MapaLa Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo: la axiomatización, la síntesis, y el método de exposición. (9/10)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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12 dic 12.

 

La demostración científica supone ser un hecho aparentemente trivial: su delimitación.  Se hace necesario precisar exactamente qué es lo que se demuestra, en un mar de afirmaciones secundarias que sólo son apoyo de esa demostración.  Afirmaciones secundarias por lo demás, sujetas a cuestionamiento mismo de que, a su vez, requieren ser demostradas, y ese sólo hecho conduciría a la investigación al infinito.

 

Por lo tanto, hay límites dados por ciertas condicionantes teóricas, lo que se conoce como axiomatización, procedimiento compuesto por un reducido conjunto de postulados, principios, axiomas, y teoremas.

 

Toda la investigación (y la teoría que resulta de ello), ha de quedar determinada por dos o tres postulados básicos; esto es, entendiendo por el postulado: una afirmación que no requiere demostración.

 

El que el postulado no requiera demostración, no implica la introducción de un precepto subjetivo y hasta metafísico en la investigación, sino, simplemente, como lo expresara Lenin, que el postulado es una afirmación de un precepto elemental, cuya demostración está dada por la larga experiencia humana.  No es que se eluda la demostración, sino que ésta, por evidente, se acepta como dada.  Esa es una primera delimitación teórica de la investigación; esto es, por lo cual, no ha de exigirse de ella nada más que no quede determinado por dichos postulados (cuando éstos no se definen, es muy fácil atormentar al investigador inquiriéndolo en por qué no consideró tal o cual cosa, que puede llegar a ser de lo más disparatado).

 

Los postulados, pues, están en íntima conexión con la naturaleza de la investigación y su teoría; esta define los postulados (da sus propiedades esenciales), como los postulados determinan el campo de dicha teoría.  Los postulados, pues, están en la base de toda investigación, pero si los hemos tratado al final, es porque de ésta se evidencia más su necesidad explícita en la exposición del trabajo, no tanto como en la investigación misma.

 

Están también otros enunciados que tampoco requieren ser demostrados, y en este caso, ya no nada más por la experiencia histórica en la cual constituyen regularidades fundamentales, a su vez, dadas por la experiencia, sino por su simple definición que caracteriza al objeto de estudio: son los principios (igualmente, un conjunto muy limitado de tres o cuatro regularidades básicas).

 

De igual manera están esos elementos de la axionamatización a los que le caracteriza la no necesidad de demostración y son los fundamentos delimitantes de la teoría, y son ciertos enunciados que dan su nombre a este conjunto de elementos: los axiomas.  Nuevamente, un pequeño conjunto de enunciados, que, a su vez, sin necesidad de demostración, a diferencia de los postulados y principios, pero en los límites de éstos, tienen la peculiaridad de deducirse unos de otros, constituyendo las bases y lógica esencial y más general de la teoría.

 

Finalmente, en la secuencia se tiene a los teoremas.  Éstos, a diferencia de los otros elementos de la axiomatización, ya requieren ser demostrados, en términos de las demostraciones más básicas de la investigación.  Son el puente entre lo que se acepta de facto por una experiencia histórico-social, a todo lo que ha de ser rigurosamente demostrado, tanto más, cuanto ello no está, precisamente, en esa experiencia.  Una teoría que se delimita así, se hace perfectamente sólida y lógicamente consistente.

 

En un momento dado, la investigación ha de terminar.  Una vez satisfecha la demostración de la hipótesis, ésta se constituye, por esa razón, en síntesis (del gr. Sin, junto con o conjunto; y thesis, juicio lógico indemostrado), o “visión de conjunto de la teoría”.

 

Es esa condición de síntesis lo que transforma a la hipótesis en teoría, y ese es el principio de la teoría (que supone otros procesos en su elaboración), en donde concluye esta exposición del método general de la ciencia.

 

Resta referirnos al método de exposición, y ello, como en el método de investigación, no implica ningún momento de “inspiración” afortunada para elaborar el esquema más idóneo.  Por supuesto que se le puede imprimir diversas variantes, pero en su base, lo que está, es el silogismo de la demostración, por esa misma razón.  El esquema (o Índice)) del capitulado de la exposición, luego de los formalismos de un posible Prólogo, de su obligada Introducción, y de un primer capítulo en el cual se exponen los elementos del método y procedimiento empleado, los siguientes capítulos[d] exponen de manera secuenciada, en un segundo capítulo, los argumentos de la premisa antecedente; en un tercer capítulo, los argumentos de la premisa de tesis; y en un cuarto capítulo, la argumentación de la hipótesis.  Luego irán las conclusiones y bibliografía con anexos posibles que se crean necesarios.

 

Hacer investigación científica, pues, no es asunto de ciertos “elegidos” que gustan de mantener todo esto en un lenguaje y procedimiento hierático; es, y debe ser cada vez más, expresión metódica y sistemática de la capacidad del pensamiento del proletariado más común.

 



[d]       En una investigación más avanzada (maestrías o doctorado) habrá de incluirse un capítulo adicional referido a la refutación de la tesis contrapuesta si es el caso.

 

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13 abril 2015 1 13 /04 /abril /2015 22:02

La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo: el análisis y los métodos teóricos.  (8/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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b)  El análisis y los métodos teóricos.

 

En la parte teórica, un primer recurso para el análisis, es la utilización de los métodos de relación causal.  En la investigación científica se trata, pues, de saber cuál es, entre un conjunto posible de causas, la causa real, misma que nos lleva a la esencia del fenómeno u objeto de estudio.

 

Los métodos de relación causal son cinco: 1) por concordancias; 2) por diferencias; 3) mixto  por concordancias y diferencias; 4) por residuos; y 5) por variaciones concomitantes.  Los tres primeros métodos son los más usados, no sólo porque en principio la búsqueda de toda causa se inicia por ahí y por lo que los tres métodos tienen en común, sino por su sencillez y evidencia en los resultados.  El método de residuos supone ya un control directo del fenómeno, es un método, por decirlo así, de laboratorio; y de la misma manera, y más aún, lo es el método de variaciones concomitantes.  Estos últimos pueden llegar a ser usados en ciencias sociales (en la aplicación de modelos de comprobación), pero son más comúnmente usados en los procedimientos experimentales en ciencias naturales.

 

Al iniciar estos apuntes de asesoría, plateamos un sencillo ejercicio en el cual aplicamos, precisamente, el método de concordancias.  Se trataba de saber cuál era la causa de una manera de ver e interpretar el mundo por el lector de estos apuntes.  Entonces establecimos como variables (conocidas como independientes), una serie de criterios que definen tanto al materialismo como al idealismo, y el lector, al seleccionar tales o cuales criterios a su libre juicio, establecería, en parte o en su totalidad, las concordancias con uno u otro sistema filosófico.  Cuanto más las concordancias corresponden al total de criterios dados para una u otra corriente de pensamiento, más claramente se evidencia la real manera de interpretar el mundo.  Una mezcla de criterios pone de manifiesto, o bien una evidente confusión de pensamiento, o ya la afinidad a un posición intermedia en la teoría del conocimiento.  Ahora, si bien se ve, lo que hay aquí, es un análisis comparativo.

 

Otro método teórico de la sistematización del conocimiento es el que se refiere a la consideración de los ciclos, las regularidades, progresiones y leyes del objeto de estudio.  Desde Galileo y Kepler, de manera práctica, o desde Bacon y Descartes, de manera teórica, la esencia de la investigación científica se basa .decía Bacon– en la certidumbre de sus leyes; de eso que ocurre objetiva e invariablemente en forma cíclica, con cierta regularidad o progresión, lo cual, estudiado y descubierto en su naturaleza, permite predecir los acontecimientos.

 

Estas leyes con evidentes en ciencias naturales, pero, contra lo que afirma la corriente de pensadores idealistas en el sentido de que en la sociedad no hay leyes objetivas, éstas se han demostrado fehacientemente desde mediados del siglo XIX por Marx y Engeles.  Ciertamente, su  comportamiento no es igual al de las leyes naturales; la sociedad imprime una fuerte determinación a condiciones variantes, no determinando el fenómeno con la misma exactitud que las leyes naturales; pero esas leyes sociales objetivamente existen, a tal punto que, basados en esos ciclos y regularidades, Marx pudo, primero, explicar la secuencia de los modos de producción económico-sociales precapitalistas en la historia; y, segundo, predecir el derrumbamiento del capitalismo y el surgimiento de la sociedad socialista; o bien, pudo explicar y predecir las crisis cíclicas del modo de producción capitalista.

 

En el método de la ciencia, es, pues, esencial, avanzar a la luz del conocimiento antecedente, y en la certidumbre de sus leyes ya descubiertas, que, en forma hipotético-deductiva, nos habrán de llevar al descubrimiento de nuevas leyes.  Y no hay dificultad en ver en todo ello el proceso del análisis cualitativo, y en ciertos casos, del análisis cuantitativo mismo.

 

De manera semejante, un tercer método teórico de la sistematización del conocimiento, está en la teoría.  La teoría es precisamente esa luz de conocimiento antecedente.  En la teoría se culmina el proceso de investigación científica, y la teoría se convierte en punto de partida de nuevos conocimientos.  La teoría es, así, el más importante indicativo del desarrollo y madurez de una ciencia.

 

La sucesión de teorías, sea la ciencia que sea, conforme más evoluciona, más van implicando métrica y matematización, de donde se da en ello el proceso del análisis cuantitativo pleno.

 

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6 abril 2015 1 06 /04 /abril /2015 22:02

La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo: la dialéctica del análisis a través de los métodos empíricos y teóricos (7/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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a)      Los métodos empíricos.

 

Los métodos empíricos de la sistematización del conocimiento se constituyen por la observación, la medición y la experimentación o modelos de comprobación, más directamente vinculados al principio de descripción.

 

Observar, desde el punto de vista científico, no es, como se suele decir, sólo “ver”, sino el dirigir la mirada a algo específico que ha llamado la atención con curiosidad.  El primer resultado del conocimiento científico derivado de esa observación, es, justamente, la descripción, la capacidad de enumerar los elementos o partes componentes de aquello que se observa y sus características externas más relevantes.

 

Es aquí donde comienza a destacar todo lo teórico discutido anteriormente. Lo que faculta a dirigir la mirada a algo, es precisamente, la hipótesis; la hipótesis es lo que dirige la búsqueda de explicaciones (cusas); y como consecuencia de la descripción que se obtiene, se hace posible establecer comparaciones de aquello desconocido, con algo conocido, de donde comenzamos a ver lo semejante ahí donde parecía haber diferencias, o lo diferente ahí donde sólo parecía haber semejanzas, elaborando con ello el análisis comparativo cuya parte esencial es la analogía.

 

De manera natural en el inicio de una investigación, salta a los órganos de los sentidos la sensación de que nuestro objeto de estudio “se parece a…, o es como…, tal o cual cosa”, estableciendo con ello la analogía, que no pocas veces arroja fructíferos resultados en el desentrañamiento de los fenómenos.  La analogía, cuanto más acertada se muestra, mayores son los resultados que de inmediato se obtienen, pues de una analogía lo que interesa es “darse una idea” de por donde abordar el objeto de estudio, es decir, de qué posibles leyes rigen en él.

 

La medición, es el aspecto quizá más esencial de la investigación científica, a tal grado que la corriente filosófica positivista definió por la ciencia –absolutizando en hecho– aquel conocimiento capaz de medir un proceso y matematizarlo.  En otras posiciones filosóficas, como la dialéctica materialista que constituye el marco teórico gnoseológico del autor de este apunte, ese hecho de la medición y matematización no se absolutiza, pues hay conocimientos rigurosos en calidad de ciencia, que no necesariamente suponen la medición ni la matematización (y es el caso de la filosofía misma).  Sin embargo, no deja de asignarse un papel esencial a la posibilidad de medición.  De hecho, la ciencia moderna nació, en forma práctica, con el hecho de la medición, ya por Galileo (1564-1642), al poder determinar la velocidad de la caída de los cuerpos; pudiendo determinar la primera ley de la ciencia en la aceleración de la gravedad; ya por Kepler (1571-1642), al poder determinar las órbitas de los planetas, de las que derivó sus dos primeras leyes en 1609, y la tercera en 1619.

 

La medición no hace, pues, la ciencia por sí misma, sino bien e da su carácter esencial de precisión, que simple y sencillamente significa, en principio, un proceso de descripción más profunda, cualitativamente superior a la observación empírica de lo externo, en tanto que nos da a conocer aspectos que no están a la vista, es decir, que no son sensorialmente perceptibles de manera directa.  Se forma así, el análisis cualitativo, como el primer nivel del conocimiento abstracto de los fenómenos concretos.

 

Pero si la medición presenta un descripción más fina; también da las bases para la explicación cuantitativa y la matematización.  La explicación cuantitativa a lo que se refiere, es a la causalidad definida por medición (justo lo que encontraron Galileo y Kepler), donde la matematización del fenómeno sólo significa precisamente esa descripción más fina de precisión, de lo no dado directamente a los sentidos.  No casualmente es que la medición y matematización representa, como se suele decir figurativamente, “la joya de la corona” de la investigación.

 

El experimento y los modelos de comprobación, por su parte, son, en el método de la ciencia, fundamentalmente, comprobación, y en ese sentido, demostración de lo que se investiga.

 

No todas las ciencias son ni pueden ser experimentales, en la forma en que el experimento de entiende en las ciencias naturales.  No obstante,, ello no quiere decir que las ciencias sociales no sean experimentales, sino que su forma de experimentación es otra muy diferente a la de las ciencias naturales.  Por decirlo así, en las ciencias naturales el fenómeno (la realidad), es llevado a los instrumentos de medición y experimentación (al laboratorio); en las ciencias sociales, por lo contrario, son los instrumentos de medición y experimentación lo que han de ser llevados al fenómeno; y eso significa que lo experimental se expresa como la elaboración de “modelos de comprobación”; es decir, de elaboración teórica (por lo regular, matemática), a través de los cuales se trata de comprobar la veracidad de un proceso.

 

La medición, el experimento, la matematización, son procesos de orden cuantitativo; mediante ello, pasamos de la observación y descripción simple del análisis comparativo, como de la descripción explicativa del análisis cualitativo, a la explicación rigurosa misma del fenómeno, con el análisis cuantitativo.

 

Nada de lo anterior ocurre, por el hecho de que didácticamente lo hayamos expuesto así, ni en un necesario orden jerárquico, ni en una secuencia ordinal, ni mucho menos en sus aspectos, de manera aislada el uno del otro.  Todo ocurre simultáneamente en la cabeza del investigador, y éste sólo da prioridad a aquello que le permite ir entendiendo las cosas.  Al final, con todo ello, lo que ha hecho, ha sido verificar una hipótesis, y dejar asentado, en su caso, su demostración.

 

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29 marzo 2015 7 29 /03 /marzo /2015 22:02

La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo: Verificación del método hipotético-deductivo.  (6/10)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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a) La lógica de los juicios en las premisas.

 

La “lógica” de los juicios en las premisas, radica en que dichas premisas son afirmaciones de lo verdadero (ya como una negación o como su afirmación), que se demuestran mediante el consiguiente en calidad de hipótesis.

 

A partir de aquí, todo el proceso de investigación consiste en reunir y argumentar las pruebas históricas en la premisa antecedente; y en la premisa de tesis, esencialmente, las pruebas teóricas (pudiendo darse el caso de pruebas prácticas), de todo cuanto se afirma.

 

No obstante, todas esas pruebas históricas y teórico-prácticas, por sí solas, son apenas la argumentación que muestra (de monstrare, exponer, enseñar), la razón de las afirmaciones, sin embargo, ello no será suficiente como demostración (de demostrare; de de, que indica la derivación de arriba abajo o deducción; y monstrare, exponer), razonamiento en el que se deduce de un conjunto de axiomas.  Más aún, en este caso, suele criticarse lo que se denomina como “círculo de la demostración”: la argumentación y pruebas de la tesis que se quiere demostrar, que en esa condición, se convierten en argumentos de lo que requiere a su vez, ser demostrado.  En consecuencia, la demostración requerirá de un juicio externo adicional, que en otra condición (diferente a las condiciones de la tesis), pruebe a su vez todo lo afirmado: ese juicio es el de la hipótesis.

 

De este modo, el error lógico de la demostración conocido como círculum indemosnstrando (círculo vicioso de la demostración), es un error en el que incurre necesariamente todo aquel investigador que no aplica y trabaja sobre la base de la hipótesis.

 

Suele creerse –y aquí entraremos en una digresión filosófica– por algunos críticos de la lógica, que el círculo de la demostración se produce entre los argumentos de la tesis y la hipótesis.  Esto es, que la tesis que requiere ser demostrada, se pretende demostrar mediante algo, la hipótesis, que a su vez requiere de demostración.  Pero esta es una versión falsa del círculo de la demostración, pues si bien la tesis requiere ser demostrada, ello ha de ser mediante la verificación de la hipótesis; esto es, el que básicamente la demostración de la tesis es una corroboración o no, de su certidumbre; en lo que, por su parte, la demostración de la hipótesis es la comprobación de la veracidad de los argumentos de la tesis (dada en el sujeto (S)), en otras condiciones distintas designadas por el predicado (P) diferente.  Dicho en otras palabras, se están mostrando dos cosas distintas (una tesis y una hipótesis), con algo en común (un sujeto), pero donde los argumentos y pruebas de la tesis que se refieren a un predicado (M), no forma parte de la demostración de la hipótesis, que por su parte se refiere a un predicado (P), con sus propios argumentos y pruebas inherentes a (P).

 

Otra forma de esta crítica a la lógica y a la demostración mediante la hipótesis, se da cuando se dice que, al final, la hipótesis está de sobra, porque sólo sirve para “demostrar lo que ya se sabe verdadero”; pero esta crítica al método hipotético-deductivo, antes que refutarlo, lo confirma, pues, de manera justa, por lo regular, lo que se afirma en la tesis, suele ser ya mostrado como intrínsecamente verdadero, y queda sólo verificar la hipótesis para demostrarlo.

 

 

b) De la hipótesis a la teoría.

 

Cuando se usa el método hipotético-deductivo, siguiendo rigurosamente la argumentación con arreglo a las leyes de la lógica (y de lo cual hemos referido aquí sólo un aspecto), tanto el proceso de investigación como la posterior exposición del trabajo, se encuentra en dicho método el equivalente al mapa y la brújula del geógrafo: con ello se sabe exactamente en dónde se está, y puede determinarse sin dificultad a dónde y con qué rumbo dirigirse.

 

Una investigación amplia, suele ser, incluso, una cadena de inferencias, lo que se llama un polisilogismo, con las cuales se va armando cada parte de la investigación, guardándose plena coherencia en el conjunto.  Con el método hipotético-deductivo, el investigador no tiene que quebrarse la cabeza para “adivinar” qué hacer, cómo organizar el trabajo, y por dónde ir; todo eso es algo automáticamente dado por el propio procedimiento deductivo, a cuyas premisas sólo queda darles la argumentación demostrativa correspondiente (aun cuando, como hemos visto, esa argumentación es sólo intrínseca, en su caso, una verdad en sí misma por sus argumentos y pruebas, pero que requiere de demostrarse, cuando, con algo en común, se aplica a otra cosa).

 

Como consecuencia, en el método hipotético-deductivo, básicamente todo se centra en la argumentación y demostración de la hipótesis; es decir, en el hacer del juicio consiguiente una verdad intrínseca.

 

Una hipótesis finalmente demostrada, no sólo por sus pruebas intrínsecas, sino como un consiguiente verdadero en tanto sus premisas son verdaderas; está destinada a convertirse en teoría; esto es, como un sistema de conocimientos ordenados, armónicamente integrados, que ofrece una explicación íntegra de las leyes y relaciones esenciales de aquello que explica, estando, incluso, en capacidad de predecir los hechos.

 

La hipótesis convertida ya en teoría, constituye un reflejo más preciso de la realidad, y por ello, como fundamento de la práctica, permite incidir más certera y racionalmente sobre la realidad para transformarla; y esa práctica comprueba o no, la veracidad de la teoría.

 

En ese sentido, el objetivo último de la investigación es llegar a la elaboración de la teoría acerca de aquello que se estudia.  Y ya la elaboración de la teoría en sí misma sigue un propio proceso, el cual desborda la esencia de estos apuntes y dejaremos aparte.

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22 marzo 2015 7 22 /03 /marzo /2015 23:02

Cuadrante SolarLa Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo: el método hipotético-deductivo.  (5/10)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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a)      El enunciado del problema como premisa de tesis.

 

Se ha enunciado el problema, normalmente éste se expresa en una oración en la que, o bien se niega lo que se creía, y ha de afirmarse ora cosa; o bien se afirma que hay una situación negativa y ha de buscarse su solución alternativa; o bien, ya hay algo confuso que no concuerda con los hechos, o ya es algo que se encuentra diferente a lo que se consideraba, etc.  Es la respuesta a ese problema, precisamente, lo que enuncia, en el método hipotético-deductivo, la premisa de tesis.  Y esa respuesta se da, o debe darse, de manera categórica, universal y afirmativa.  Quien así afirma, puede equivocarse, pero se corrige el error, que como consecuencia es más fácilmente detectable, y se avanza; pero es difícil imaginar un proceso de investigación en el que en lugar de hacer afirmaciones categóricas, se plantea una duda tras otra y todo queda en la ambigüedad.

 

La premisa o juicio de tesis, no es un juicio arbitrario cualquiera; mucho menos lo es la frase general enunciativa del problema; ha de ser, por lo contrario, necesariamente, un juicio lógico.

 

Aristóteles se refiere a la tesis, precisamente como un juicio indemostrado.  La premisa de tesis será eso, un juicio lógico, categórico, universal y afirmativo, que requiere demostrarse.  Es decir que, no porque no esté demostrado, ha de ser un juicio dubitativo.  En la premisa de tesis estamos, y debemos estar, ciertos de la veracidad de lo que afirmamos; y otra cosa será el demostrar dicha veracidad, lo cual no necesariamente ha de ser en sentido positivo, pues la verificación es para someter a prueba lo afirmado, de lo que pudiera obtenerse una verificación negativa (es decir, que lo que se creía y afirmaba verdadero, resulta falso).

 

Demostrar la veracidad de la tesis que se afirma (la cual puede ser positiva conforme a lo expresado, o negativa), supone el recurso de la hipótesis (del gr. hipo, bajo; y thesis, juicio lógico indemostrado), como un juicio lógico adicional; igualmente categórico, universal, y afirmativo, que se deriva de la misma tesis (de ahí su etimología de “bajo tesis”), en el que se introduce un caso de prueba en el que la tesis ha de verificarse.

 

 

b)      El silogismo como base del método hipotético-deductivo.

 

Recapitulemos todo lo antes dicho, en la notación propia de la lógica formal[a]; y lo primero, hemos dicho, es enunciar el problema como un juicio de tesis, en la forma: <<Todo S, es M>> (es decir, todo sujeto (S), es lo que se designa en un predicado (M)).  Ese es pues, un juicio categórico, universal al expresar el “todo”, y afirmativo.

 

De esa manera quedó expuesta la premisa de tesis; pero, hemos dicho, de ella ha de derivarse, o quedar bajo ella, un juicio lógico adicional denominado hipótesis.

 

La hipótesis, pues, no es ningún supuesto arbitrario, ocurrente, producto exclusivo del ingenio del investigador; y mucho menos algo que se expone en forma interrogativa albergando dudas.  La hipótesis es[b], al igual que la tesis, un juicio categórico, universal y afirmativo, en la forma de: <<Todo S, es P>> (es decir, todo sujeto (S), es lo que se designa en el predicado (P)).

 

Para determinar la hipótesis derivada de la tesis, se suele recurrir a la inferencia inmediata (o deducción inmediata), denominada entimema (del gr. en time, en la mente), en donde explícitamente se omite un juicio en el silogismo de la inferencia mediata, pero que queda supuesto en la mente; esto es, por ejemplo: <<Todo S es M, ya que S es P>>.  El juicio que aquí se suprime en la inferencia, es el de la premisa antecedente, en la forma de <<Todo M, es P>>.

 

El silogismo, como inferencia inmediata, quedará de la siguiente manera:

 

Premisa de Tesis:             <<Todo S, es M>>

                                        ________________

Consiguiente (hipótesis):   <<Todo S, es P>>

 

El que <<Todo S, sea P>>, da por supuesto el juicio de la premisa antecedente en el que <<Todo M, es P>>, por lo que el enunciado concreto de la premisa antecedente, puede reconstruirse del entimema o inferencia inmediata antes expuesta.  Como “M” está en el juicio de tesis en calidad de predicado, y “P” está en el juicio consiguiente (hipótesis), a su vez, en calidad de predicado, la premisa antecedente se compone por la “lógica de los predicados”; con ambos predicados se reconstruye la premisa antecedente en la forma de <<Todo M, es P>>.  De modo que el silogismo completo como inferencia mediata, quedará de la siguiente manera:

 

Premisa antecedente:      <<Todo M, es P>>

Premisa de tesis:             <<Todo S, es M>>

                                        _______________

Consiguiente (hipótesis):  <<Todo S, es P>>

 

Así como (S) es el sujeto, y (P) es el predicado, conociendo a ambos como términos extremos; la sigla “M” se refiere al término medio,; en tanto que es el que media; o que, estando en las dos premisas, concilia los extremos en una síntesis de ellas.

 

Queda así integrada la base del método hipotético-deductivo, es decir, por el cual se demuestra mediante la veracidad de una hipótesis deducida lógicamente en un silogismo, en el cual rige el principio de la lógica dialéctica, de que sólo de dos premisas verdaderas, puede seguirse un consiguiente verdadero.  Si una de las premisas no es intrínsecamente verdadera, el consiguiente (la hipótesis), será falso.  E inversamente, si la hipótesis resulta falsa, ella habla de que alguna de las premisas será falsa, y en particular, ella será la premisa de tesis.

 



[a]       Nos referimos aquí exclusivamente al Modo BARBARA, de la Primera Figura del Silogismo.

[b]       En el Modo BARBARA de la Primer Figura del Silogismo.

 

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15 marzo 2015 7 15 /03 /marzo /2015 23:02

La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo.  El Principio de Historicidad: la premisa antecedente. (4/10)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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10 dic 12.

 

 

    c)      Lo histórico.

 

Nada surge espontáneamente, todo tiene una trayectoria, de modo que está determinado históricamente.   Sin la consideración y el análisis de lo histórico no es posible entonces la causalidad del presente de un objeto de estudio que resulta como su efecto o consecuencia.

 

Pero la historia no debe tratarse como simple relación de hechos, nombres y fechas, por lo regular en estricto orden cronológico; en ese sentido, lo histórico no debe ser una simple consideración formal, algo como para cubrir un requisito, como para que el trabajo no demerite en estética o algo semejante.  Si bien el conocimiento de lo histórico, sin duda, dará cultura y con ello identidad, en la investigación científica no es eso lo que importa, sino lo que de ello puede rescatarse como regularidades o leyes que rigen el desarrollo de las cosas.  Así, por lo contrario, lo histórico es fundamento teórico y argumento demostrativo, y como tal debe tener un tratamiento específico.

 

Así, la historia o discurre en forma rectilínea y unilineal; si bien es un constante proceso ascendente o de progreso social, en ese proceso que hay una especie de epiciclos, o pequeñas regresiones y repeticiones de la historia; ni tampoco la historia es un discurso único y homogéneo, sino de líneas que son el despliegue de las contradicciones sociales.

 

Entender el desarrollo histórico de un objeto de estudio, es entender el objeto mismo, y en ese sentido, lo histórico debe periodizarse siguiendo ciertos criterios propios del fenómeno estudiado.  Por lo regular, poco diferirá de la periodización dad en la categorización sociológica dada en Prehistoria, Antigüedad, Edad Media, y Época Moderna, y Época Contemporánea; o de la categorización económico-política entendida como Comunidad Primitiva, Esclavismo, Feudalismo, Capitalismo, y Comunismo (con énfasis en su transición como Socialismo); más bien, mucho se verá cómo todo queda determinado por esas categorizaciones.  Cada uno de esos períodos se subdividen en tapas particulares que permiten detallar el análisis.

 

El ser social o histórico-social, es un ser objetivo, cuyo aspecto esencia el ser transformador de la realidad o mundo que le rodea; por esa transformación del mundo se entiende a su vez, un carácter productivo, y, en consecuencia, económico.  Pero ese ser histórico es, también, esencialmente, un ser pensante, un ser que desarrolla una conciencia de su condición colectiva o social, y, por lo tanto, una conciencia social de su capacidad de transformación de la realidad; en consecuencia, es ese ser social o histórico-social en su condición objetiva, lo que determina o es causa de su propia conciencia social, es decir, de su forma de ver e interpretar el mundo, y en consecuencia, de su capacidad de transformarlo.  Así, esencialmente, pensamos una interpretación del mundo, según la posición que ocupamos en las relaciones sociales productivas.   En nuestro tiempo, es un mundo que ve el burgués, y otro muy distinto el que ve el proletario; y si este es un factor para entender lo que se hace en la ciencia en general, con mucho mayor razón lo es para entender en particular las ciencias sociales.

 

Lo más importante del análisis histórico, ya como historia natural o bien como historia social, es, de acuerdo con la dialéctica materialista, descubrir la expresión de contradicciones, u opuestos en conflicto en el fenómeno estudiado, y las determinantes de las mismas, pues en esa lógica será posible entender las causas mismas determinantes de las condiciones actuales y futuras.

 

La dialéctica de la historia está dada en función de sus contradicciones esenciales a analizar, no únicamente como en las ciencias sociales en forma de la lucha de clases por sus intereses, sino como contradicciones en el ámbito de las ciencias naturales, cuando el conocimiento de muchos fenómenos es distorsionado para adecuarlo a la visión del mundo de las clases en el poder  (algunas veces con gran confusión, como cuando el nazismo), y este conocimiento, entonces, tiene que ser reinterpretado.

 

Finalmente, si lo histórico es fundamento teórico, lo histórico se convierte así, en consecuencia –como veremos–, en premisa antecedente en la demostración lógica.

 

 

    d)      Lo lógico.

 

La teoría de la dialéctica materialista explica que lo histórico, es la lógica desplegada; e inversamente, que lo lógico, es lo histórico condensado.  Y es así, en esa condensación como la síntesis de lo histórico, que el análisis de la historia de un fenómeno queda expresado en lo que se denomina en la lógica, como premisa antecedente.

 

Todo lo histórico ha de quedar enunciado en un juicio lógico; es decir, en eso en el cual se establecen las condiciones inferenciales, particularmente mediatas: el carácter de un juicio categórico universal afirmativo (de la forma , <<Todo M, es P>>).

 

La premisa antecedente, de suyo, es algo ya demostrado con anterioridad, tanto por otros autores como por la evidencia de los hechos, por o tanto, de su demostración es algo por lo que no tenemos que ocuparnos.  No obstante, si los datos son falsos, inevitablemente, las conclusiones que se deriven de ello, serán, a su vez, falsas.

 

Un trabajo, a veces desesperante, es el convertir el enunciado del planteamiento del problema, en el enunciado de la premisa antecedente; pasar de una frase con un verbo en infinitivo, a un juicio categórico universal afirmativo.   Pero tal es la condición para poder establecer las bases del método hipotético-deductivo.  Ese trabajo exige un esfuerzo de simplificación, de abstracción y generalización.  En ocasiones hay que jugar con la conversión de juicios equivalentes, y muchas veces con la forma del enunciado del juicio mismo nos altera la idea de su contenido.

 

Del juicio de síntesis de lo histórico, por experiencia, hemos visto que conviene dejarlo a que aparezca como el enunciado que quede dado por el arreglo  que se derive del entimema; es decir, de la inferencia inmediata, en la que falta la premisa antecedente, pero que permite reconstruir el silogismo completo.

 

La idea es integrar lo elementos del método hipotético-deductivo, que hace la lógica de un proceso de investigación.  Ello quiere decir que, cuando hablamos de un trabajo lógico de investigación, no nos referimos a la vaguedad de que por ello se entienda un trabajo simplemente ordenado y coherente, sino, estrictamente dicho, que se desarrolle en función de un silogismo y el conjunto de las reglas de la lógica formal y dialéctica.

 

Algo que en principio puede parecer un tanto una consideración mecanicista, es ver en el ser social objetivamente dado, todo lo histórico, como en su conciencia social, todo lo lógico.  Traducido dialécticamente, ello quiere decir que ese ser histórico-social, es determinante de la lógica social.  Entender su historia no sólo es entender a ese ser social, sino es entender también, su lógica; pero entender su lógica, es comprender las relaciones causales y la esencia de ese ser social en un momento histórico dado; el por qué de que las cosas sean como son; y más aún, el entender que ello ha de cambiar y cómo ha de hacerlo.

 

A todo ser social (una masa de trabajadores socialmente productivos transformado la realidad), corresponde una conciencia social, una lógica, y la misma está representada por el conjunto de pensadores de cada época, desde los que nos dan el marco teórico filosófico (gnoseológico), hasta los que, en sus investigadores antecedentes en una determinada línea de pensamiento, nos dan los fundamentos de nuestro marco teórico temático y específico, al problema que estemos tratando; y en esas determinadas líneas de pensamiento, unas, por su lugar de lucha social, a favor del orden establecido, tratando de apuntalar dicho orden de cosas; otras, por su posición ya material, ya ideológica con las clases sociales oprimidas, haciendo la teoría para que esas masas se apropien conscientemente de la realidad que transforman, e impongan un  orden de cosas distinto a su favor.

 

En todo ello radica, precisamente, los argumentos de la premisa antecedente, que da el fundamento, en consecuencia, no sólo histórico, sino lógico, de la investigación, definiendo a qué intereses sirve dicha investigación, y qué posición guarda el investigador en una sociología de la ciencia.  Y lo anterior, un investigador podrá tratar de ocultarlo vergonzantemente, pero, a su vez, con el dolo de alguien que sabe lo que hace y participa de un embuste a las clases oprimidas.  Un buen investigador, alguien que sabe hacer ello –aun ahora el lector de estos apuntes–, sabe que no puede ser ajeno a una determinada posición (de ello se entiende por qué unos intelectuales son tolerados, pues aún sea crítico, no entiende bien lo que ocurre y sus soluciones; otros son consentidos por el sistema, laureados y premiados, son sus más fieles apuntaladores; pero otros, son proscritos y perseguidos con bloqueos editoriales y de cátedras en las universidades; no es que –necesariamente– “estén locos”, o que –necesariamente–, sean “intratables” y “antisociales”; es que entienden bien la situación e incluso saben cómo resolverla.  El investigador responderá necesariamente a unos u otros, por más que pretenda fingir ser en ello ignorante…, o que incluso lo sea.

 

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8 marzo 2015 7 08 /03 /marzo /2015 23:02

Elementos--Euclides.jpgLa Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo:  La Axiomatización y el Camino de la Ciencia.  (3/10)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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09 dic 12.

  

 

    b)      La Axiomatización.

 

Las ciencias rigurosas no nacen de “la nada”, tienen una historia que se remonta siglos atrás.  En esa historia opera un conocimiento empírico, espontáneo, acerca de algo específico, acerca de una faceta dada de la realidad objetiva, tratando de explicar sus causas.

 

En ese proceso histórico, inicialmente algo se establece como postulado; es decir, algo se establece acerca de ese objeto de conocimiento, que no requiere de demostración, no porque no la implique, sino porque en su enunciado se establece un hecho de evidencia dado empíricamente por la práctica histórico-social de mucho tiempo.

 

Pero tales postulados, un conjunto muy breve de enunciados, tiene un carácter preeminentemente fundamental, en tanto que sobre su base se erigirá toda la sistematización de ese conocimiento científico especial.  La definición de los postulados es, pues, el inicio de un conocimiento sistemático riguroso, que en general recibe el nombre de axiomatización (del gr. axioma, proposición, algo acerca de lo que parece justo), con lo cual se refiere el carácter esencialmente radicado en la lógica, en lo inferencial, en lo deductivo.

 

De ese modo, del conjunto de postulados, ha de derivarse (deducirse), un breve conjunto de principios, entendiéndose por éstos, precisamente, el origen de dicho conocimiento científico por sus causas más generales y esenciales, que equivalen a las regularidades dadas en ese conocimiento, y por lo tanto, a sus leyes fundamentales.

 

Luego, sobre la base de tales principios, se establece el conjunto de axiomas o proposiciones a partir de los cuales se habrá de deducir todo el conocimiento posterior.  Como los postulados y los principios, por su naturaleza, no requieren demostrarse en tanto que son hechos de evidencia empírica e históricamente dados.  Sólo que, el conjunto de axiomas, establece de suyo, la base de la lógica misma del sistema de conocimientos dados acerca de un objeto de estudio.

 

A partir de ellos, sobre la base de esa lógica; no sólo como estructura de pensamiento, sino incluso como criterios de la verdad; se deduce lo que se denominan, los teoremas de una ciencia.

 

El concepto de teorema (del gr. theorema, investigación), es ya el enunciado de n juicio de tesis, algo que debe ser demostrado; de modo que en los postulados, principios y axiomas, el teorema tiene su premisa de antecedente.  Así, lo que se deduzca de esos antecedentes y la tesis que se sustenta en el enunciado del teorema, establecerá la hipótesis (del gr. hipo, debajo; y thesis, juicio indemostrado), de cuya verificación en los hechos, se obtendrá esa demostración del teorema, con lo cual, como establece su traducción etimológica, se inicia la investigación rigurosa.

 

Tal es el legado del alejandrino Euclides (330-275), autor de la obra Elementos; considerado, por ella, el fundador de la matemática científica; quien fue contemporáneo de los discípulos de Aristóteles, y de los geógrafos inmediatamente anteriores a Eratóstenes (y quien introduce el nombre de “Geografía” para ese tipo de conocimientos, logrando determinar el perímetro de la Tierra).

 

De la obra de Euclides se sigue el que el conocimiento científico, es precisamente aquel que se deriva el uno del otro de manera lógica o deductivamente.

 

 

b)      El Camino de la Ciencia.

 

Si el método de la ciencia es el camino para llegar a un fin, ese fin es el conocimiento verdadero, y ese camino, en su forma más contemporánea, se representa como un Diagrama de Flujo.

 

El procedimiento que lleva al conocimiento de la verdad, implica una serie de operaciones mentales con las que todo cerebro humano trabaja de manera cotidiana, intuitiva y espontáneamente, sin conciencia del hecho, de modo que aprender el método de la ciencia, básicamente consiste en hacer conciencia teórico-práctica del proceso.  Entender el conjunto de elementos que componen esas operaciones del pensamiento y en qué consiste cada elemento, cuál es su función, pero; y esto es la clave de todo a nuestro juicio;  no en esos términos “funcionalistas” o “estructuralistas” rígidos de un elemento mecánico del sistema, que es en sí mismo, y sólo en sí mismo; sino que, dialécticamente, se intercambia por su opuesto una y otra vez, y comprende que ese intercambio no es, a la manera del “estructural-funcionalismo”, de cambio de posición en la jerarquía y función en el sistema; sino un intercambio en el cual la explicación como elemento metodológico, vuelve a ser observación en un grado superior; que la síntesis vuelve a ser, una y otra vez, antítesis y nueva condición de análisis en una comprensión más compleja  del fenómeno objeto de estudio, y en ese sentido, inversamente, que la observación, el análisis y la antítesis, son, en un momento dado, también, formas no desplegadas de la explicación, la tesis y la síntesis.

 

Son tres ejes básicos en torno a los cuales gira todo el engranaje de las operaciones mentales del conocimiento: 1) el eje empírico-teórico, 2) el eje abstracto-concreto, y 3) el eje hipotético-deductivo.

 

El eje central del proceso es el que lleva del paso de lo empírico a lo teórico; esto es, de lo eminentemente práctico dado a los órganos de los sentidos en el elemento conocido como observación (que habrá de entenderse que no se reduce a la vista); para, de ahí, en una primera y elemental forma del conocimiento, pasar a la descripción; y, finalmente, a eso observado y descrito darle una explicación racional, teórica.  Evidentemente ese proceso no discurre así, de manera simple; a él se engranan los procesos que ocurren en los otros ejes del pensamiento.

 

El eje abstracto-concreto es ese en el que las operaciones del pensamiento nos llevan del hecho observado a lo que se denomina como lo concreto real, o hecho abstraído en el pensamiento; es decir, al hecho del cual se ha separado las propiedades secundarias para considerarlo más en su esencia, de modo que en ello se obtenga el conocimiento de ese hecho como lo concreto pensado.

 

En esta operación del pensamiento se discurre en el proceso, primero, de observar el fenómeno, de donde lo inicial es compararlo; observar es distinguir lo que hay de diferente en lo semejante, como lo que hay de semejante en lo diferente; y ello da lugar a lo que se denomina como analogía; el empezar a entender las cosas por comparación, bajo esa consideración del “se parece a…”, y por lo tanto, puede estudiarse de manera semejante, pasando al análisis y a la síntesis; esto es, en el proceso en el cual, en segundo lugar, mentalmente, en el análisis, descomponemos el fenómeno dado como un todo, en sus partes integrantes, obteniendo un conocimiento más particular y específico, que hace precisamente ese nivel de mayor esencialidad; y, en tercer lugar, al volver integrar el todo reuniendo de nuevo mentalmente sus partes componentes, ya conocidas más en lo esencial, se da lugar a la síntesis.  Y la síntesis es pues, lo concreto pensado, lo cual constituye  una explicación del fenómeno.

 

Este discurrir pasando de unos elementos a otros en ambos ejes y entre ambos ejes, está en relación con un tercer eje, referido a las operaciones lógico-formales: los procesos de deducción e inducción.  Aquí es donde todos esos procesos se someten a ciertas reglas del pensamiento, las cuales violentadas, conducen al absurdo.  Didácticamente nos hemos referido a este “tercer eje”, pero es aquí en donde se hace más evidente que lo lógico no es algo que ocurre por separado a lo demás (si lo separamos para explicar y entender el fenómeno del método de la ciencia, es porque el método de la ciencia nos impone que para explicarlo y entenderlo, lo separemos).  A este eje pertenecen las operaciones de relación causal, que permiten deducir o inferir las causas posibles del fenómeno.

 

En el engranaje hay otros ejes secundarios, como el de los procesos cualitativo-cuantitativos, o de medición-experimentación, o de las hipótesis y teorías.  Una manera de exponer todo ello de conjunto, es mediante el siguiente diagrama de flujo:

Camino-de-la-Ciencia--Imagen-Diagrama-de-Flujo.jpg 

 

 

En él puede verse que una de las primeras cosas que destaca, es el planteamiento del problema a resolver en la investigación, al cual nos referiremos brevemente en particular.

 

 

a)      El inicio de la investigación: la búsqueda de un problema,

      o con el problema encima.

 

Brevemente, para terminar este tema, es necesario apuntar un hecho que raya hasta en lo curioso.  Cuando elaboramos nuestra tesis de grado en sus tres niveles, estrictamente nunca deberíamos vernos en la necesidad de buscar el problema a resolver, porque, si bien se ve, el problema ya lo teníamos encima: es esa preocupación que motiva la investigación misma, sólo que no siempre la tenemos bien definida.

 

De lo anterior se sigue el por qué el diagrama de flujo anterior se inicia en una situación disyuntiva en la que, cuando se tiene el problema, éste determina el tema sin ambigüedad y se entra de firme directamente a la investigación.  Sin embargo, cuando el problema no está claro, o incluso no está, es necesario empezar por determinar el tema, y subordinado a él un posible problema dado.; el que en su imprecisión, por lo regular, apenas iniciada la investigación preliminar, encuentra variante y objeciones que nos devuelven a un replanteamiento.

 

Esto, que pareciera una situación circunstancial y efímera, se convierte en un asunto de tal naturaleza compleja, que bien se suele decir que en el planteamiento del problema, ya se tiene avanzado el cincuenta por ciento de la investigación.  No se extrañe de esto, pues, aquel que se inicia en la investigación.

 

Suele ser común que cuando estudiantes, en nuestros ensayos de investigación establezcamos como objetivos o problema a resolver, el “analizar y comprender” tal o cual fenómeno.  Ello parece lógico, pero resulta que, cuando ya hemos “analizado y comprendido”, y en consecuencia entendemos bien el fenómeno u objeto de estudio, es apenas hasta ese momento que la verdadera investigación ha de comenzar, ya que, como consecuencia de ese “análisis y comprensión”, estamos en posibilidad de plantearnos, ahora sí, el verdadero problema a resolver.

 

Esto es, ese proceso de “análisis y comprensión”, es apenas lo que se denomina como la Investigación Preliminar, que nos lleva a plantear correctamente el problema a resolver e incluso a determinar con suficientes elementos la hipótesis; pero dicha Investigación Preliminar no debe confundirse con el total de la investigación, ella es apenas el punto de partida de ésta.  Y algo que revela que ese es apenas el “punto de partida”, es el hecho de que, por lo regular, el problema se expresa con un verbo infinitivo, algo que habrá de ser de darse tales o cuales condiciones; pero el resultado del “análisis y comprensión”, o Investigación preliminar, tiene como verdadera consecuencia el que podamos convertir el planteamiento del problema como un juicio categórico universal afirmativo.

 

 

 

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1 marzo 2015 7 01 /03 /marzo /2015 23:02

Ícono Filosofía-copia-1La Ciencia, el Método General de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo: los métodos de la teoría del conocimiento. (2/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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9 dic 12.

 

a)      Los Métodos de la Teoría del Conocimiento.

 

Las teorías del conocimiento son diversas, constituyen los métodos más generales y esenciales para la interpretación de la realidad, y del más certero, derivará la mayor capacidad para comprender el mundo en su realidad y poder transformarlo racionalmente.

 

Suele decirse que “cada cabeza es un mundo”, pero la ciencia de la filosofía ha puesto en claro, ya desde Aristóteles, que todos los seres humanos, independientemente del lenguaje y cultura, tenemos una misma estructura de pensamiento (la cual es estudiada por la Lógica Formal o aristotélica), y esa estructura que establece una manera de pensar, conduce a diversas interpretaciones de la realidad que no rodea, pero que no son infinitas, y, ciertamente, más bien guardan determinados aspectos esenciales en común, que nos permite reducir toda esa aparente diversidad de interpretaciones del mundo, a dos formas esenciales: el idealismo y el materialismo.  Y en casi treinta siglos de historia del pensamiento filosófico, no ha sido posible reducir esas dos posiciones a una sola.

 

Filosóficamente, a un sujeto idealista no debe entendérsele como a un “sujeto siempre en las nubes”, “un soñador”, “todo sentimientos”, “sin apego a los bienes materiales”, etc; sino a un sujeto que considera que primero es la idea; Dios como la Idea Absoluta creadora de todo cuanto existe; y luego es la materia.  De igual manera, filosóficamente, a un sujeto materialista, no debe entendérsele como a “alguien que sólo está pensando en el dinero”, que sólo le interesan los bienes materiales”, “carente de sentimientos”, etc; sino a un sujeto que considera que primero existe la materia, el mundo de los objetos materiales fuera de nuestro pensamiento en constante transformación y evolución, y luego, producto de ésta, aparece la vida y con ella la facultad del pensamiento y las ideas (entre ellas, la idea misma de Dios).

 

Esa es la razón por la cual, así como el idealismo está estrechamente vinculado a la religión o teología, le es su fundamento filosófico o representa su teoría del conocimiento más general; así el materialismo está profundamente ligado a la ciencia, de la que es su fundamento filosófico y representa su teoría del conocimiento en su forma más general.

 

Pero estos sistemas filosóficos generales, a la vez, han generado a lo largo de la historia diversas teorías particulares del conocimiento para tratar de comprender cómo es que el ser humano es un sujeto de conocimiento.  En cualquier caso, el problema que se plantea, es el de la relación entre el sujeto (lo pensante), y el objeto (lo pensado); en ello siempre estarán presentes las sensaciones, ya la percepción del objeto o bien la trascendencia (lo que va más allá de la conciencia) de las ideas en objetos, la representación y las ideas o conceptos.

 

Así, para referirnos a las teorías del conocimiento particulares y se entienda a partir de ello la propia manera de pensar, hagamos el siguiente ejercicio: identifíquese, en la serie de cuatro imágenes siguientes, cuál representa –a su juicio– el correcto proceso del conocimiento:

 

  Teoria-del-Conociminto--Metafisica.jpg

La realidad del mundo de los objetos materiales no existe, es sólo aparente, el mundo real (R), objetivo, está en nuestro propio pensamiento (de donde la realidad pensada (Rp), es igual a la realidad concreta (Rc); Rp = Rc).

 

Teoria-del-Conocimiento--Fenomenologia.jpg 

La realidad del mundo de los objetos materiales (R), existe fuera de nuestro pensamiento, pero sólo adquiere sentido cuando lo pensamos y le damos condición de existencia (lo objetivamos, de modo que la realidad concreta (Rp), es igual a la realidad pensada Rc = Rp).

 

  Teoria-del-Conocimiento--Mecanicismo.jpg

Con los órganos de los sentidos vamos a la realidad (R) y obtenemos las sensaciones de ésta; mediante ello la percibimos y nos la representamos en forma de ideas (donde la realidad pensada (Rc), es igual a la realidad concreta; Rp = Rc).

 

 Teoria-del-Conocimiento--Dialectica-copia-1.jpg

Con los órganos de los sentidos, tanto vamos a la realidad del mundo de los objetos materiales en constante movimiento y transformación (Rct), como las sensaciones de ésta las obtenemos inconscientemente, percibiendo la realidad objetiva fuera de nuestro pensamiento e independiente de nuestra voluntad, pero donde esta percepción nos da una representación incompleta en las ideas (de modo que la realidad pensada (rp), no es del todo igual a la realidad concreta (Rct), de donde rp =/ Rct).

 

             
 

Teorías del Conocimiento

 
 

Idealismo Filosófico

Imágenes

I

Metafísica

Platón, Leibniz, Hegel

 
 

II

Fenomenología

Kant, Fichte, Comte

 
 

Materialismo Filosófico

Imágenes

III

Mecanicismo

Los enciclopedistas y la gran mayoría de los pensadores de la Ilustración

 
 

IV

Dialéctica

Marx, Engels, Lenin

 
             

 

Sobre esta base puede ahora precisarse nuestra posición en la ciencia, o, incluso, la negación de la misma.  Y para ello hagamos ahora un ejercicio un tanto más elaborado por la cantidad de datos.

 

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22 febrero 2015 7 22 /02 /febrero /2015 23:01

Laboratorio Científico del s.XVIILa Ciencia, el Método General de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo.  Introducción (1/10)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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07 ene 13.

 

Introducción.

 

Lo primero que debemos resolver aquí, es qué se entiende por método, y qué se entiende por ciencia.  Y por cuanto al método (del gr. Meta, fin; y odos, camino), los fundamentos teóricos dela ciencia moderna ilustrada desde principios del siglo XVII con Francis Bacon (1561-1626), en su Nuevo Organon 1620) y René Descartes (1596-1650), en su Discurso del Método (1637), establecieron que el procedimiento para producir el conocimiento científico, era: “Avanzar a la luz del conocimiento antecedente, y en la certeza de sus leyes”.  Y por cuanto a lo que hay que entender por ciencia, ésta se refiere al conocimiento capaz de demostrar lo verdadero.  En esos términos debemos entender el método de la ciencia: el procedimiento para demostrar la verdad.

 

Es el conocimiento científico, y sólo el conocimiento científico, el único capaz de establecer un conocimiento verdadero.  Todo cuanto no es posible demostrar con rigurosidad como algo verdadero, cae fuera de la ciencia, y pertenece a otro tipo de conocimientos que pueden ser igualmente válidos, pero no verdaderos.  Todo cuanto se afirma como verdad y sea demostrado en los hechos, en el experimento y en la práctica histórico-social, pertenece al campo de la ciencia.

 

De ahí que la ciencia y la verdad sean una identidad, en la que lo que se dice de una, vale para la otra; y en ese sentido, los criterios de la verdad, son los mismos que los criterios de lo científico.  Y por tales criterios de la verdad se entiende: 1) la objetividad; concepto por el cual no debe entenderse “neutralidad”, sino que, aún teniéndose una posición definida, la objetividad se da cuando: a) se reconoce la existencia de una realidad exterior a nuestro pensamiento, b) cuando se entiende que esa realidad está formada por el mundo de los objetos materiales, c) cuando, dando primacía a la realidad objetiva, en nuestro pensamiento se procura reflejar en lo más posible de la manera más fiel, esa realidad, independientemente de nuestros deseos o voluntad; 2) la causalidad; o también el llamado determinismo; es decir,  por lo cual podemos saber qué origina un efecto dado, y que por lo regular, será sólo eso lo que lo origina; de modo que conociendo la causa, y en la eventualidad el poderla modificar, se obtendrán los efectos deseados; 3) la lógica; de lo cual se sigue esencialmente el método hipotético-deductivo en la investigación científica, pero en lo que se expresa la necesidad ineludible de la argumentación demostrativa  con arreglo a las leyes de la lógica misma; 4) el experimento; del cual, dependiendo de la ciencia particular, existen diversas formas, pero sin cuya  aplicación no habrá demostración rigurosa, en tanto el conocimiento de un fenómeno que bajo condiciones controladas, sea susceptible de reproducirse; y 5) la previsión científica; la capacidad de, dados los conocimientos objetivos, de poder predecir los acontecimientos a un plazo dado futuro bajo ciertas condiciones, como fin último de la ciencia en beneficio de la sociedad.  Todo lo que no se apegue rigurosamente a ello, sencillamente no es ciencia en el contexto de la ciencia de la modernidad.

 

Tal es el fundamento de la dialéctica materialista, y la fuerza de la misma está precisamente en que su teoría del conocimiento (gnoseología o epistemología), se identifica plenamente con los criterios  de la ciencia (o de la ciencia del modernidad ilustrada, si se ha de ser precisos).

 

En la teoría del conocimiento dialéctico materialista, la relación del sujeto pensante con la realidad, se define como una relación  “sujeto-objeto”, donde el sujeto, mediante sus sensaciones o aparato sensorial, percibe la realidad el mundo de los objetos materiales (ya sea que la realidad se le eche encima, ya que él incida sobre la realidad, pero lo cierto es que ocurriendo ello simultáneamente), de donde se forma en su cerebro un reflejo de esa realidad a manea de su representación en conceptos e ideas, siempre incompletas, de dicha realidad; viéndose siempre en la necesidad de incidir infinitamente sobre los objetos de su conocimiento, los cuales en su movimiento y transformación natural, van siempre adelante del conocimiento posible del sujeto, haciéndose necesario, por ello, la ciencia.

 

La teoría del conocimiento dialéctico materialista en general, como el método de la ciencia en particular, han de ser el fundamento de una educación científica (en la modernidad ilustrada), en la que ese enseñe la ciencia misma, formando; no sujetos esencialmente con ciertas o competentes habilidades y capacidades; sino sujetos pensantes, críticos, capaces de transformar la realidad y emanciparse.

 

 

Las ciencias rigurosas no nacen de “la nada”, tienen una historia que se remonta siglos atrás.  En esa historia opera un conocimiento empírico, espontáneo acerca de algo  específico, acerca de una faceta dada de la realidad objetiva, tratando de explicar sus causas.

 

En ese proceso histórico, inicialmente algo se establece como postulado; es decir, algo se establece acerca de ese objeto de conocimiento, que no requiere de demostración, no porque no la implique, sino porque en su enunciado se establece un hecho de evidencia dado empíricamente por la práctica histórico-social de mucho tiempo.

 

Pero tales postulados, un conjunto muy breve de enunciados, tiene un carácter preeminentemente fundamental, en tanto que sobre su base se erigirá toda la sistematización de ese conocimiento científico especial.  La definición de los postulados es, pues, el inicio de un conocimiento sistemático riguroso, que en general recibe el nombre de axiomatización (del gr. axioma, proposición, algo acerca de lo que parece justo), con lo cual se refiere el carácter esencialmente radicado en la lógica, en lo inferencial, en lo deductivo.

 

De ese modo, del conjunto de postulados, ha de derivarse (deducirse), un breve conjunto de principios, entendiéndose por éstos, precisamente, el origen de dicho conocimiento científico por sus causas más generales y esenciales, que equivalen a las regularidades dadas en ese conocimiento, y por lo tanto, a sus leyes fundamentales.

 

Luego, sobre la base de tales principios, se establece el conjunto de axiomas o proposiciones a partir de los cuales se habrá de deducir todo el conocimiento posterior.  Como los postulados y los principios, por su naturaleza, no requieren demostrarse en tanto que son hechos de evidencia empírica e históricamente dados.  Sólo que, el conjunto de axiomas, establece de suyo, la base de la lógica misma del sistema de conocimientos dados acerca de un objeto de estudio.

 

A partir de ellos, sobre la base de esa lógica; no sólo como estructura de pensamiento, sino incluso como criterios de la verdad; se deduce lo que se denominan, los teoremas de una ciencia.

 

El concepto de teorema (del gr. theorema, investigación), es ya el enunciado de n juicio de tesis, algo que debe ser demostrado; de modo que en los postulados, principios y axiomas, el teorema tiene su premisa de antecedente.  Así, lo que se deduzca de esos antecedentes y la tesis que se sustenta en el enunciado del teorema, establecerá la hipótesis (del gr. hipo, debajo; y thesis, juicio indemostrado), de cuya verificación en los hechos, se obtendrá esa demostración del teorema, con lo cual, como establece su traducción etimológica, se inicia la investigación rigurosa.

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía
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