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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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22 julio 2010 4 22 /07 /julio /2010 08:03

Clich--Filosof-a

Ciencia Moderna

y “Paradigma de la Ciencia de la Posmodernidad”.

  Ensayo, 2009 (3)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica,

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 29 jul 10.

 

 

Lógica, Hipótesis y Verdad.

 

Al posmodernista, que no acepta los hechos del desarrollo de la ciencia positiva a lo largo de toda la historia, le parece absurdo remontarse hasta las contribuciones de la Lógica Formal de Aristóteles.  En su relativismo que le hace permisible en el tiempo cambiar de fundamentos teórico-metodológicos al arbitrio de su subjetividad, obviamente, veinticinco siglos es demasiado tiempo, al grado del absurdo, como para seguir apoyándose en las ideas de entonces.  Es decir, reiteramos, lo que sucede es que no acepta la realidad objetiva de la existencia misma de la ciencia positiva, donde los aportes de Aristóteles representan uno de los momentos más significativos de la historia de la ciencia.  Para el relativismo y subjetivismo  posmodernista, senciallamente la historia de la ciencia o la ciencia en su desarrollo histórico, es desechable.

 

El posmodernismo no entiende, porque no le conviene entender si ha de romper con la ciencia de la modernidad ilustrada, qué es la hipótesis en su esencia.  Y así, Lyotard hace de la hipótesis: una proposición meramente disyuntiva útil sólo para discriminar entre varias posibles propuestas.

 

Frente a ello está la definición de la hipótesis en el concepto de la ciencia positiva de la modernidad ilustrada: un juicio categórico universal afirmativo de cuya veracidad deviene el conocimiento nuevo.

 

Mientras para el posmodernismo –he ahí Lyotard-, el asunto de la ciencia es sólo su legitimación, y la verdad, en tanto propuesta subjetiva, es sólo un asunto de validación; para la ciencia positiva ilustrada de la modernidad, el asunto de la ciencia es la demostración objetiva, y la verdad, en tanto propuesta objetiva como reflejo de la realidad objetiva, es por su parte asunto hipotético-deductivo, donde tal hipótesis es un juicio categórico universal afirmativo cuya verificación ha de ser mediante la demostración de la veracidad misma de sus premisas, de las cuales se deduce.

 

 

La Realidad Objetiva y la Relación Sujeto-Objeto.

 

La base material del conocimiento científico ilustrado de la modernidad, es la realidad objetiva, es decir, entendiendo por ésta el mundo de los objetos materiales fuera del pensamiento humano, incluyendo entre estos objetos materiales a otros seres humanos.  Dicho así, nosotros mismos formamos parte del mundo de esos objetos materiales frente al pensamiento de otro sujeto.

 

Al pensamiento del sujeto es pues a lo que se le denomina por ello pensamiento subjetivo, o simplemente subjetividad.  Fuera de ese pensamiento subjetivo, está el mundo de lo objetivo o de la objetividad, es decir, de los objetos materiales fuera del pensamiento del sujeto.

 

Al posmodernista, por definición un idealista subjetivo, no puede sino incomodarle sobremanera tal relación entre objetividad y subjetividad, que en principio ha de reconocer la existencia real de un mundo material independiente del sujeto.  Es por ello que su punto de partida esté a su vez en la negación de la realidad misma.  Para el posmodernista la realidad no es de carácter objetivo, sino, otra vez, una subjetividad arbitraria; el sujeto y su verdad acerca de lo que él relativistamente quiera entender por realidad.

 

Si la realidad como el mundo de los objetos materiales es la base del conocimiento de la ciencia de la modernidad, por demás en consecuencia, filosóficamente materialista; la negación, o por lo menos la confusión acerca de lo que es la realidad entendida como una determinación subjetivista y relativa en el mundo de las ideas, es por oposición, la base del conocimiento del concepto de “ciencia” de la posmodernidad.

 

 

El Concepto de “Ciencia” de la Posmodernidad

y su Lugar Fuera de la Trayectoria del Desarrollo

de la Ciencia Positiva.

 

El concepto de “ciencia” de la posmodernidad y su lugar fuera de la trayectoria del desarrollo histórico de la ciencia positiva, no es incluso una especie de “sanción” o descalificación nuestra, sino una autodeterminación.  A la luz de lo dicho anteriormente, ello es algo que habría de entenderse por definición, sólo que abordar el punto en particular, es porque ello enfrenta al posmodernismo a una fatal disyuntiva: 1) o se afirma por sí misma por lo que es (y no por lo que no es frente al modelo de ciencia de la modernidad a la que se opone), con sus propios recursos, como una nueva proposición que contribuye al desarrollo de la ciencia; y en todo caso por definición se verá inmersa en la trayectoria del desarrollo de la ciencia positiva; o 2) negando, como lo hace, su lugar en ese trayecto, habrá de enfrentarse, como se enfrenta, a su vez por definición, a una vuelta al oscurantismo.

 

En la opción primera, sus intentos por afirmarse por lo que es, echa sus fundamentos en el principio de incertidumbre de Heisemberg; en el teorema de la incompletud de Gödel; en la lógica matemática de Frege; y en la teoría del sistema lógico del cálculo proposicional de Hibert (que antes que negar la lógica formal, la desarrollan); echando mano de las situaciones paradójicas de Schrödinger y Tuning.

 

En la opción segunda, de ipso, el concepto de ciencia de la posmodernidad es una negación de sí misma como ciencia positiva ilustrada no obstante la posible consistencia de su propia afirmación por sus propios fundamentos, y por los efectos o resultados de ello, se convierte en una ineludible vuelta al oscurantismo, esto es, a la cultura de la “contracultura” de la modernidad, y con ello al paso de la “cultura del espíritu” y culto disfrazado a la ignorancia como virtud.

 

 

El Principio de Incertidumbre de Heisemberg.

 

Werner Heisemberg (1901-1976), físico alemán, uno de los fundadores de la Mecánica Cuántica.  En 1927 estableció el principio de indeterminación.  Por su trabajo: “Problemas Filosóficos de la Física Atómica”, 1953, Forova, en su Diccionario de Filosofía, lo caracteriza como alguien que evolucionó del positivismo al idealismo objetivo en el espíritu de Platón.

 

Los fundamentadores del posmodernismo recurren enfáticamente al principio de indeterminación, también llamado principio de incertidumbre, en su ánimo de violentar la fundamental ley de la causalidad de la ciencia positiva ilustrada de la modernidad.

 

El enunciado de este principio nace a partir de los estudios sobre el carácter ondulatorio o corpuscular de la luz, por los cuales se concluyó en el carácter dual, onda-corpúsculo, de ella.

 

En la Enciclopedia de la Ciencia y de la Técnica ya se asienta: “Después de este éxito y de haber descubierto que la dualidad onda-corpúsculo era un aspecto general de la física del mundo microscópico, aparecía inevitable la conclusión de que no todas las leyes válidas en el campo macroscópico lo eran en el microscópico, y que para comprender los fenómenos que se desarrollan en este último se necesitaba una nueva teoría, la mecánica cuántica” [1]  Sin embargo, el juicio equivalente inverso, en los hechos, es igualmente procedente: no todas las leyes válidas en el campo microscópico, lo son en el macroscópico.  Esto es, que ese principio de indeterminación válido en la física de lo microscópico de la mecánica cuántica, no necesariamente ha de ser aplicable y válido en la física de lo macroscópico de la mecánica newtoniana.

 

A partir de los experimentos de difracción de la luz para establecer el carácter ondulatorio o corpuscular de la luz, se hizo necesario revisar la hipótesis de origen, conduciendo a la conclusión de que, “los modos con que se efectúan las mediciones de las magnitudes físicas (la aplicación de instrumentos para la medición), produce perturbaciones sobre el sistema sometido a medida”[2]  En algunos casos la perturbación puede reducirse hasta lo despreciable, pero no en todos los casos.  Así, entre la perturbación del sistema y la aplicación de instrumentos de medición hay una relación inversa: cuanto menos corresponda el instrumento de medición con el objeto a medir, siendo éste más pequeño, mayor es la perturbación.  O inversamente; cuanto menos corresponda el instrumento de medición con el objeto a medir, siendo éste más grande, menor es la perturbación.

 

El ejemplo que se pone es cuando se pretende medir una bola de billar mediante un haz de luz, o incluso un solo fotón; evidentemente la perturbación será insignificante.  Pero si lo que habrá de medirse con ese fotón es un electrón, entonces el electrón será fuertemente perturbado.

 

Ahora, como aun no hay instrumentos más pequeños que las mismas partículas que se han de medir, una medición en el campo microscópico es perturbado siempre grandemente el sistema.  Es ello lo que planteó la “revisión” del concepto de causalidad.

 

Se dice que un sistema está perfectamente determinado; es decir, que se conocen plenamente las causas y sus efectos correspondientes; cuando se conocen las fuerzas que actúan sobre él pudiendo establecer simultáneamente el lugar y tiempo de los efectos.  Pero ocurre que en un sistema fuertemente perturbado, no es posible establecer dicha relación causal.  Podremos saber en un momento dado con la exactitud de los límites experimentales dónde está la partícula, pero no; o al menos no con la precisión suficiente; cual es su velocidad.  O podremos conocer con exactitud su velocidad, pero no; o al menos no con la precisión suficiente; podremos establecer su localización.

 

Surgió así el principio de indeterminación.  “La medición de una cierta magnitud, que proporciona un valor preciso de los límites experimentales de la magnitud que se mide, perturba al mismo tiempo el sistema, de modo que, en general, el valor de las demás magnitudes resultará más o menos indeterminado.  En consecuencia, será imposible medir simultáneamente con la precisión deseada todas las magnitudes necesarias para la completa determinación del estado del sistema”[3]  El resto de las magnitudes quedarán sometidas al cálculo de probabilidades y a la estadística.  El problema fue resuelto con la teoría de la relatividad de Einstein, por la cual la simultaneidad entre dos hechos (a los que pueden pertenecer dos magnitudes distintas) depende del sistema de referencia.

 

Así, en primer lugar, podemos afirmar que no es que la ley de causalidad sea invalidada, sino que los instrumentos con que se opera, perturban el sistema de tal manera que no permiten correlacionarla adecuadamente con las diversas magnitudes de sus efectos.  Ya el propio Hilbert al referirse a la estructura científica, explicaba que cada componente se sostenía sobre los anteriores y justificaba los siguientes, es decir, que había entre ellos una relación necesaria de causalidad.  Es en ese sentido que Hilbert proponía con su idea de formalización, la explicitación de todos los sistemas de axiomas y reglas de inferencia, tratando de evitar las paradojas.  Y es ello precisamente lo que Gödel le demuestra que no es posible, por lo que todo sistema formal será incompleto.

 

Luego, en segundo lugar, ese principio de incertidumbre o indeterminación para el microcosmos dada la naturaleza de los instrumentos de medición, nada tiene que ver con las relaciones plenamente determinadas del mundo del mesocosmos de la mecánica newtoniana, en donde los instrumentos de medición quedan perfectamente correlacionados (a menos que pretendamos medirlo con los instrumentos de la física relativista, los cuales a su vez, por innecesarios, resultan un absurdo, pues perturbarán el sistema newtoniano haciéndolo indeterminado para más de una magnitud)

 

En consecuencia, en tercer lugar, el planteamiento posmodernista al pretender fundamentarse en el principio de indeterminación de Heisemberg, resulta no sólo un reduccionismo de lo mesocósmico a lo microcósmico, sino de lo mesocósmico social, a lo microcósmico físico; y más aun, de las leyes sociales de causalidad susceptibles de ser plenamente determinadas, a las leyes de la mecánica cuántica, cuya ley de causalidad no queda plenamente determinada, pero no porque ésta no exista ahí y pierda su carácter universal, sino por limitaciones de carácter instrumental.

 

Fue respecto de esto último que Einstein expresó: “Una voz interior me dice que esa no es la solución exacta [la invalidación de la ley de causalidad]: es una teoría que nos ofrece mucho, pero no nos hace penetrar más a fondo en el secreto del Gran Anciano.  En cualquier caso, estoy convencido de que Dios no juega a los dados”[4]

 



[1] Enciclopedia de la Ciencia y de la Técnica; Editorial Océano-Danae, Vol, Nº 7 (v. Ondas y Corpúsculos)

[2]       Idem.

[3]       Idem-

[4] Gispert, Carlos, et al;Atlas Universal de Filosofía; Editorial Océano, Barcelona, España, 2004, (v. En Epistemología, “Indeterminación”, p.474)

 



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22 julio 2010 4 22 /07 /julio /2010 08:02

Clich--Filosof-a

Ciencia Moderna

y “Paradigma de la Ciencia

de la Posmodernidad”.

  Ensayo, 2009 (2)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica,

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 26 jul 10.

 

 

Mas el razonamiento de los posmodernistas desemboca en que, entonces –dicen-, el resto de los “saberes” son tan verdaderos como lo es el saber de la ciencia.

 

El error, la premisa falsa del posmodernismo en este razonamiento, está en identificar validezcon veracidad.  Y no todo lo que es válido ha de ser por ese solo hecho verdadero.  Un hecho verdadero supone establecer los criterios de la verdad antes explicados, pero si cualesquiera de los “otros saberes” se apega a explicar su conocimiento mediante dichos criterios de la verdad, ese conocimiento hará de ese “saber”, un saber científico.  Así, en el conocimiento de los “otros saberes” no se propone siquiera el conocimiento de las causas y esencialidad de un fenómeno; el fenómeno se acepta como existente, y por diversas razones producto de la mera asociación y absolutamente subjetivas (el “espíritu o ánima de las cosas”, una “fuerza sobrenatural”, el “poder especial” del médium), se atribuye su manifestación.

 

Y aquí podemos exponer algo particularmente tan interesante como desconcertante por lo que llevamos dicho.  Si el posmodernista en defensa de la validez; entendida falsamente como la veracidad; de los “saberes”, nos argumentara que la magia -por generalizar-, es real, es decir, que existe, tampoco le pondríamos objeción: efectivamente, la magia existe, es real.

 

Entre el “mago de la chistera” en el escenario de la farándula, y el “mago del culto esotérico más oculto” en el restringido y selecto círculo iniciático, no hay en realidad, en esencia, ninguna diferencia.  Aquí el creyente en la “validez-veracidad” los “otros saberes” que antes se sorprendió por nuestra aceptación de la realidad de la magia, por supuesto que ahora se indignará por tal última afirmación.  Pero decíamos, el hecho de magia en esencia, es el mismo, pues la magia –en cualesquiera de sus expresiones o formas-, es un hecho real, es verdadera magia, pero hasta en tanto la ciencia no despeja la causa y esencialidad del fenómeno que trata: el mago del escenario..., escondiendo el conejo en el sobrefondo negro de su chistera; o el mago esotérico produciendo con aparentes “poderes sobrenaturales” efectos hipnóticos u otras ilusiones ópticas, auditivas o psicológicas, o incluso efectos a distancia ya benignos o malignos; están sujetos a las mismas causas.  Es decir, la magia es magia, hasta en tanto no se descubra el truco.  Descubriéndose el truco; es decir, la causa; la magia se hace ciencia.  El principio científico de ello radica en que no existe un mundo sobrenatural, metafísico.

 

Cuando alguien ingenuamente se permite distinguir entre el “mago de la chistera” y el “mago esotérico del saber oculto”, entre uno que por “modo económico de vida” hace trucos e ilusionismo, y el otro que por “saber oculto” produce verdaderas transformaciones que violentan las leyes de la naturaleza, lo que está diciéndonos es que existe una “magia de trucos”, falsa, no verdadera; pero que aparte, existe una “magia de saber y poderes ocultos”, esto es, verdadera; y para este individuo, será evidente el que exista un mundo sobrenatural de los espíritus.  Para este individuo, evidentemente, la ciencia le parecerá, a más de un saber “limitado”, algo meramente utilitarista para fines prácticos: este individuo suele ser el posmodernista común.

 

 

El Carácter Limitado de la Ciencia y del Método Científico.

 

Ese argumento del “saber limitado” de la ciencia es la justificación del posmodernista para transgredirla impunemente.  El argumento es simple hasta lo pueril: “la ciencia no tiene el conocimiento de todo, hay cosas que no puede explicar”.  La refutación es, por lo tanto, igualmente simple: si la ciencia tuviese ya el conocimiento de todo, si la ciencia tuviese ya una explicación para todo, la ciencia ya no sería necesaria, como mucho menos sería necesario cualesquier otro saber.

 

Pero efectivamente, la ciencia no tiene una explicación de todo, más bien su saber es ciertamente limitado.  Más aun, la ciencia jamás podrá conocer y explicar el todo; y ello por una simple razón: la realidad objetiva que trata de conocer y explicar, está en desarrollo, evolucionando en permanente movimiento y transformación.

 

Mas es la ciencia positiva la que ha arrojado todo el saber actual.  En los cinco siglos de la Época Moderna (del s.XVI al s.XX), el conocimiento científico ilustrado hizo avanzar infinitamente más a la sociedad, que el “saber místico y extático” de los diez siglos de la Época Medieval (entre el s.V y el s.XV) la cual en la práctica arrojó muy poco, y eso básicamente entre los árabes, fuera de la Europa oscurantista, particularmente de los siglos de la llamada Alta Edad Media (entre los ss.V a VII)

 

Que “la ciencia es un saber limitado”, es un argumento pueril para justificar la validez de los “otros saberes”, mediante los cuales, dice el posmodernista, es posible “explicar” lo que la ciencia no puede; y entonces el posmodernista se dispone a creer en las “explicaciones” de los “otros saberes”, los cuales se dan exclusivamente por acto de fe (y por lo tanto, que racionalmente no explican nada, en el sentido de que una explicación racional, es el conocimiento de la causalidad, y por lo tanto, esas “explicaciones” se refieren únicamente a una justificación de “sentido común” de los hechos; y de ahí el resurgimiento de filosofías como la “filosofía de la vida” de Nietzsche, o el existencialismo)

 

Pero para el posmodernismo, el carácter limitado de la ciencia va más allá: resolver esa limitación, se convierte en un asunto de método.  Si la ciencia tiene un carácter limitado, ello es por su método, que es limitado, insuficiente, y en el argumento de no pocos posmodernistas, es incluso absurdo.

 

Lo absurdo del método científico a la vista del posmodernista, deviene simplemente de que éste no lo entiende.  El posmodernismo no entiende en primer lugar, el carácter del postulado (el Lema matemático cuya demostración es por evidencia o axiomaticidad al igual que la premisa antecedente en lógica formal, cuya demostración ya ha sido dada y no requiere, necesariamente, de mayor demostración)  Luego, trivializa el silogismo de la lógica formal y no reconoce cómo aparece el conocimiento nuevo a partir de un conocimiento ya dado, y más aun, la demostración clave de la premisa fundamentadora no se la explica: “lo que yo demuestro es verdadero porque yo lo demuestro; pero que demuestra que mi demostración es verdadera” (dice E. Morin)  Es decir, en la primera parte de ese razonamiento se plasma el criterio de la verdad subjetiva, la demostración de su verdad.  Pero ciertamente, de inmediato, por la segunda parte de ese razonamiento, Morin enfrenta la contradicción: qué demuestra que su verdad es verdadera.  Qué demuestra pues, que su subjetividad es verdadera: pues precisamente lo que no quiere aceptar, es decir, que su subjetividad (“su verdad”), para ser realmente verdadera, ha de ser reflejo de la realidad objetiva (lo verdadero por su objetividad, por pertenecer al mundo de los objetos materiales independientemente de los deseos o voluntad del pensamiento del individuo, por responder a los hechos de la práctica histórico-social, tanto como a las reglas de la lógica y a la veracidad de las premisas)  De ahí que para el posmodernista sea de fundamental importancia negar la existencia misma de la realidad, y afirme que, en todo caso, la “realidad virtual sea más real que la realidad”.

 

Finalmente, para el posmodernismo, ante la limitación del método científico, que a su decir, con la ociosidad de la lógica sólo demuestra lo ya sabido; está la obtención del verdadero conocimiento nuevo que no necesita de más método que el favorecer la “metafísica para la experiencia” (Morin, compartido de María Zambrano), es decir, el acto de trascendentalidad a partir de la revelación.  Misma que, a su vez, requerirá para favorecerla, de la alteración de los estados de conciencia a fin de que el “ojo del espíritu” vea (Alicia Escribano)

 



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22 julio 2010 4 22 /07 /julio /2010 08:01

Clich--Filosof-a

Ciencia Moderna
y “Paradigma de la Ciencia
de la Posmodernidad”.
  Ensayo, 2009 (1).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 22 jul 2010.

 

El Fundamento Teórico

 

La primera tesis del planteamiento posmodernista a considerar, es: el fundamento teórico, o lo que se suele denominar en general como “Marco Teórico”.

 

El fundamento teórico primero de todo fundamento, de acuerdo con los aportes de la ciencia positiva, es el fundamento filosófico.  Es decir, un Marco Teórico se inicia definiendo la posición filosófica que se comparte; en primera instancia, ya sea ésta materialista, o bien idealista.  Luego habrá de considerarse la variante del pensamiento materialista, así como en el idealismo una de dos subsecuentes posiciones: ya sea del idealismo objetivo, o bien del idealismo subjetivo.  Por último quedará especificar, ser consciente, del sistema filosófico específico (por ejemplo: materialista dialéctico, o bien el neoplatonismo, el kantismo o neokantismo, el positivismo o neopositivismo, la “filosofía de la vida” o nietzscheismo, el funcionalismo o estructural-funcionalismo, el existencialismo, etc)

 

Luego, ese fundamento teórico lo es, en primer lugar, de la concepción del mundo o “cosmovisión” de quien lo sustenta; pero en segundo lugar, a partir de ello, lo es como fundamento teórico metodológico.

 

Sin embargo al respecto, el “paradigma de la posmodernidad” (por lo menos en la exposición de los posmodernistas), afirma que ese asunto del Marco Teórico es algo relativo elegible ad hoc, en tanto método general, de acuerdo con el objeto de la investigación.

 

Esto no sólo quiere decir que una concepción general del mundo en nuestro pensamiento es posible adecuarla a necesidades circunstanciales y que lo mismo puedo ser hoy materialista, que mañana idealista, e incluso en un momento dado las dos cosas a la vez en una cómoda posición eclecticista.  Y evidentemente entonces, dado ese relativismoextremo, no se entiende en lo absoluto lo que significa el fundamento filosófico (es decir, que lo mismo puedo afirmar la existencia de un mundo sobrenatural, metafísico; que optar por un exclusivo mundo material dado por la realidad objetiva; o peor aun, a conveniencia ecléctica, decir que las dos cosas pueden ser, de algún modo, al mismo tiempo); sino más allá de ello, está ese principio relativista al que especialmente se acoge el criterio posmodernista.

 

 

El Principio del Relativismo

 

El “paradigma de la posmodernidad” (por lo menos en la práctica de sus exponentes) afirma que el conocimiento es relativo.  A ello condescendemos: efectivamente, el conocimiento es relativo.  Luego entonces, afirma el posmodernista, puedo elegir opcional y alternativamente un fundamento teórico metodológico, de acuerdo a mis necesidades.  Y en este punto ya no estamos de acuerdo.  La razón del desacuerdo es que el posmodernista ve el conocimiento relativo, como el conocimiento cambiante subjetiva o arbitrariamente en el tiempo; y no como lo entiende la ciencia positiva de la modernidad: como el conocimiento “relativo a...”, como el conocimiento “en relación con...”, o el conocimiento “en función de...”; en donde esa relación se refiere precisamente a su vínculo con un fundamento teórico metodológico, es decir, en relación con un sistema filosófico, dependiente pues, de un Marco Teórico.

 

Así, quien expone un conocimiento sin explicitar su fundamento teórico metodológico, en principio, está exponiendo un conocimiento absoluto, un conocimiento, como se suele decir, sin relación a nada, o mejor dicho, con relación a nada (frente a lo cual nada hay qué decir, convirtiéndose en “acto de fe”, en dogma; y lo curioso es que eso es precisamente lo que hacen los posmodernistas que afirman que el conocimiento es relativo; mas en lo cual tendrían razón si lo relativo fuese a su vez lo que afirman: lo cambiante subjetiva o arbitrariamente en el tiempo)  De ahí lo fundamental que les resulta defender ese principio del relativismo, incluso extremo, en el cual todo puede ser conforme a lo que a cada cual se le ocurra, porque, dicen, cada cual tiene su verdad.

 

 

El Criterio de la Verdad y el Principio del Subjetivismo.

 

El que, como dicen los posmodernistas, cada cual tiene su verdad, destaca ahora el principio del subjetivismo, es decir, el principio de que las cosas son; no como lo son en la realidad objetiva, en los hechos; sino conforme cada cual lo piensa.  La afirmación de que cada cual tiene su verdad, establece la verdad no objetivamente, sino bajo el criterio de la verdad subjetiva.

 

Este es un punto crucial, pues toda la historia de la ciencia positiva ha tenido como objetivo final, precisamente establecer la verdad; mas el criterio acerca de lo que ha de ser verdadero, supone: 1) su objetividad, es decir, el que el hecho corresponda al mundo de los objetos materiales fuera del pensamiento e independiente de los deseos o voluntad; 2) su comprobación en la práctica histórico social, esto es, su comprobación empírica en los hechos de la realidad objetiva históricamente dada, así como en la proyección futura; y 3) la demostración de la veracidad de las premisas del juicio hipotético-deductivamente inferido, en el cual se afirma esa verdad.

 

Así, la verdad subjetiva; o sea la simple opinión de alguien, en el caso de que ello lo aceptemos como “su verdad”; nada tiene qué hacer frente a la verdad objetiva, esto es, ya no una simple opinión, sino producto de una demostración rigurosa.

 

La importancia que tiene para el posmodernismo la subjetivización de la verdad; pues con ello descalificaría el modelo de la ciencia de la modernidad; ha implicado un razonamiento mediante el cual lo primero ha sido la relativización de la ciencia como un “saber” más en el conjunto de los “saberes” humanos.

 

El argumento se inicia diciendo que, aparte del saber científico, existen no sólo con igual derecho, sino principalmente con igual validez, otro tipo de “saberes”, incluso particularmente referidos como “saberes tradicionales”, o de un “conocimiento alternativo”: como pueden ser la astrología, la herbolaria, la quiromancia, la cartomancia, el chamanismo, el granicerismo, el espiritismo, y la mitomancia entre otros más de un “saber” ocultista, denominados erróneamente como “ciencias ocultas” (y sólo válido el concepto de “ciencia” en tanto por ello se entienda limitadamente “conocimiento”), como son los diversos tipos de esoterismo y magia.

 

Que la ciencia –entendiendo por ello la “ciencia positiva”- es un saber, no hay duda, podemos estar de acuerdo.  Que aparte del saber científico existen otros tipos de “saberes”, los existen; independientemente de su carácter tradicionalista, “alternativo”, u ocultista.  Que tales “saberes” aparte del científico deben tener igual derecho para existir, creemos que lo deben tener; como de facto lo tienen ya por razones rituales, ya por fe popular; bajo el acotamiento legal mismo que impida la libre estafa o que atente contra la salud pública.

 

Incluso que la validez de los “saberes” equivalga a la validez de la ciencia, es algo que, bajo ciertas restricciones pudiera aceptarse.  Esto es, que cuando mediante la astrología, la cartomancia, o el chamanismo, como cualesquiera de los otros “saberes”, se alivia no sólo el espíritu de alguien, sino incluso su salud, no hay razón alguna para negarle validez.

 

Mas el razonamiento de los posmodernistas desemboca en que, entonces –dicen-, el resto de los “saberes” son tan verdaderos como lo es el saber de la ciencia.

 

El error, la premisa falsa del posmodernismo en este razonamiento, está en identificar validez con veracidad.  Y no todo lo que es válido ha de ser por ese solo hecho verdadero.  Un hecho verdadero supone establecer los criterios de la verdad antes explicados, pero si cualesquiera de los “otros saberes” se apega a explicar su conocimiento mediante dichos criterios de la verdad, ese conocimiento hará de ese “saber”, un saber científico.  Así, en el conocimiento de los “otros saberes” no se propone siquiera el conocimiento de las causas y esencialidad de un fenómeno; el fenómeno se acepta como existente, y por diversas razones producto de la mera asociación y absolutamente subjetivas (el “espíritu o ánima de las cosas”, una “fuerza sobrenatural”, el “poder especial” del médium), se atribuye su manifestación.

 


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19 julio 2010 1 19 /07 /julio /2010 08:01

Clich--Filosof-a

El Argumento de Certidumbre Científica.

  Ensayo, 2005.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico-over.blog.es/;

México, 19 jul 10.

 

<<El hecho es más que evidente, consta a todo mundo, hay pruebas testimoniales irrefutables..., y aun así, la ciencia lo niega...; y aun así, los científicos “en su soberbia” no aceptan lo fehacientemente dado, y creen que su verdad, es la única verdad>>

 

Y esto es dicho no sólo por no pocos, sino por quienes supuestamente poseen una formación científica.  El problema del argumento de certidumbre científica, es pues un problema complejo, y más aun, en este momento histórico de inmersión en el oscurantismo[*], el problema de la verdad científica, tiene que ser necesariamente discutido amplia y profundamente, por lo menos, en el ámbito académico.

 

El argumento de certidumbre científica, pasa por el riguroso establecimiento de la relación causal del fenómeno y las exigencias de la demostración, dadas en la lógica formal; y ambos aspectos, quedan a su vez determinados por los procedimientos racionales, y en su conjunto por la metodología de la sistematización del conocimiento.  No obstante, la sola metodología de la sistematización del conocimiento, no basta para definir lo que en general se denomina método científico; pues éste presupone, además, necesariamente, una metodología de la teoría del conocimiento; esto último que, por su propia naturaleza filosófica y su contenido ideológico, no es comúnmente reconocido, particularmente por los sistemas filosóficos subjetivistas.

 

Cada aspecto del proceso de la sistematización del conocimiento tiene sus propias peculiaridades de rigor metodológico.  En lo empírico, la observación, por ejemplo, no se refiere a la observación contemplativa, sino a cierta observación dirigida y analógica.  Con mayor razón, los procedimientos racionales que demanda de una mayor capacidad de abstracción a partir de la lógica.

 

En primer lugar, la hipótesis no debe entenderse como una suposición arbitraria establecida sin más antecedente.  Por lo contrario, la hipótesis es un supuesto hipotético-deductivo resultado de una investigación preliminar que aporta los elementos suficientes para plantear un problema y sobre su base, establecer el supuesto de su posible solución.

 

La hipótesis discurre así, por distintas fases de desarrollo: la conjetura, que viene acompañada de la observación empírica; la versión hipotética, como primera tentativa de explicación del fenómeno o problema a resolver; la hipótesis preliminar (que algunos autores denomina como hipótesis de trabajo), que acompaña el intento demostrativo inicial con no más finalidad que validar a la misma hipótesis; y la llamada hipótesis real, con la que finalmente se desarrolla la investigación formal.

 

La hipótesis real es la que da lugar al análisis de las relaciones causales del fenómeno; entendidas éstas como algo universal (a todo efecto –o fenómeno- corresponde una causa), necesario (todo efecto –o fenómeno- es producto de una causa), y unívoco (la causa precede siempre y necesariamente al efecto o fenómeno, y nunca es posible lo contrario); bajo cinco posibles métodos específicos de sistematización del conocimiento, dependiendo ya de la naturaleza del fenómeno, ya del procedimiento, sea éste demostrativo o refutativo: a) el método de concordancias (comparación de circunstancias repetidas en la aparición de un fenómeno), b) el método de diferencias (la ausencia de una circunstancia que anula la repetición del fenómeno), c) el método mixto de concordancias y diferencias simultáneas, d) el método de variaciones concomitantes (el establecimiento de la causa por ausencia de una circunstancia en la repetición del fenómeno –variante del método de diferencias), y e) el método de residuos (establecimiento de la causa por la exclusión de circunstancias).

 

El método de concordancias, la repetición del fenómeno en diversas circunstancias es la condición para establecer la relación causal, y puede caracterizarse según el siguiente procedimiento:

 

El fenómeno (fa) en una primera circunstancia (fa1), está determinado o tiene como causas posibles a los fenómenos ABCD: fa1     ABCD; luego, en una segunda circunstancia (fa2) el fenómeno se repite, pero en ausencia de los fenómenos (CD), no obstante con la posible presencia de otros fenómenos (KM), y entonces: fa2 ABKM; de donde se sigue que los fenómenos (CD) no son causales del fenómeno (fa); posteriormente, en una tercera circunstancia (fa3) el fenómeno se repite bajo la aparición de los fenómenos (AJKL), y puede entonces establecerse que el fenómeno (fa), es una determinación exclusiva de (A): fa3 A.

 


                                                       fa
1      ABCD


                                                       fa
2      ABKM


                                                       fa
3           AJKL


                                                       fa       A

 

Al igual que en el método de concordancias, en el método de diferencias, la repetición del fenómeno es condición indispensable para establecer la relación causal, en este caso caracterizado de la siguiente manera:

 

Un fenómeno (a), tiene como posibles causas a los fenómenos ABC; dicho fenómeno en una primera circunstancia se observa determinado así, pero en una segunda circunstancia, a la ausencia de uno o varios de los fenómenos causales posibles, dicho fenómeno (fa) no se presenta, de donde puede establecerse entonces que la causa estará en el fenómeno causal ausente (A).

 


                                                        fa        ABC


                                                        fa
1       ABC

                                                        (fa2)       BC

 

Por su parte, el método de variaciones concomitantes el fenómeno (fa) tiene como posibles causas los fenómenos (ABCDE).  Si el (fa) se examina variando los fenómenos conjuntos (la concomitancia), observando en dicha variación en qué caso el fenómeno (fa) no se presenta, dicho método se puede representar de la siguiente manera:

 


                                                                fa
0 = ABCD

                                                                fa1 = ABC d

                                             
                                     fa     ⎨ ABCD    fa
1 = AB c D


                                                                fa
1 = A b CD


                                                                fa
2   a BCD

 

De donde puede verse sin dificultad que la causa del fenómeno (fa), será el fenómeno (A).

 

Otra forma de expresar la relación causal, en términos matemáticos, es mediante la expresión de la relación funcional (con la dificultad de que no debe entenderse por ello como una causalidad producto de la explicación del método gnoseológico funcionalista):

 

 

 

 

       Proposición, Predicado                                 Sujeto

              (propiedades)                           (determinación arbitraria)

                                        ➘                   ↵

                                               x = f(y)

                                         ➚            ↑

        Variable Dependiente           Variable Independiente

                (Constante                               (Variable 

       o Variable Controlada)          o Variable Argumento)

 

 

En cuanto a la importancia de la metodología de la teoría del conocimiento, ello radica en que, mientras una posición materialista supone el ateismo; pues el solo reconocimiento de Dios dejaría lugar al mundo de lo sobrenatural, de lo metafísico, y al ámbito de lo no-cognocible y lo no-demostrable, cosas ambas que niegan a la ciencia, allí donde no hay ninguna verdad objetiva rigurosa posible de establecer; una posición idealista, que parte del necesario reconocimiento de la Idea Absoluta, se enfrenta, en cambio, contradictoriamente, al problema de la verdad; y de ahí que el idealista haga esfuerzos, ya por reconocer un mundo material objetivo de alguna manera (la inmanencia), ya minimizando o hasta desconociendo a la filosofía misma, o bien relativizando la verdad dejándola en el plano meramente de la verdad subjetiva; debilitando y falseando de cualquier manera, el conocimiento científico.

 

En cuanto a la importancia de la metodología de la sistematización del conocimiento, en la metodología empírica, juega un papel importante el reconocimiento de los procesos matematizados en la medición y experimentación, así como en la metodología racional, el conocimiento de la lógica –desde una posición materialista y dialéctica-, es fundamental para, en el proceso del conocimiento hipotético-deductivo, establecer el procedimiento de la relación causal de los fenómenos; es decir, del conocimiento de la esencia y la demostración de la verdad; tanto como lógica, como práctica, reflejo objetivo de la realidad objetiva; y con ello las regularidades o leyes de los mismos, de tal manera que sea posible plantear la predicción científica, con base en un conocimiento cierto del mundo.

 

El proceso hipotético-deductivo, es pues la base racional del conocimiento científico riguroso, esto es, a partir de lo cual, y sólo a partir de lo cual, es posible obtener un conocimiento nuevo.

 

La afirmación anterior se funda en que el método científico supone a su vez un constante paso dialéctico; es decir, lógico; de lo general a lo particular (deducción) y de lo particular a lo general (inducción), en un proceso inferencial constante e infinito.  Ello quiere decir que el cerebro humano está constantemente, haciendo silogismos a partir de los cuales obtiene en consiguientes lógicos a partir de ciertas premisas, los juicios que reflejan ese conocimiento nuevo.

 

De la misma manera, el método científico implica el proceso constante de análisis (descomposición del fenómeno en el paso de lo concreto a lo abstracto) y síntesis(recomposición mediada por lo subjetivo, pero nueva producto del paso de lo abstracto a lo concreto).

 

El paso de lo concreto a lo abstracto, significa el paso del todo complejo, multilateral; a la parte simplificada, mediada, unilateral; de ahí que el movimiento del análisis a la síntesis, no sea ajeno al movimiento inverso de lo abstracto a lo concreto ya mediado o transformado; y ello está vinculado simultáneamente, al movimiento de lo subjetivoy objetivo.

 

De ahí que puedan haber todas las evidencias y testimoniales que se quieran acerca de un fenómeno dado, de tal modo que el sentido común lo afirma sin mayor restricción; pero si no existe una hipótesis que de explicación (que aporte el conocimiento de las posibles causas y esencialidad), la ciencia -no obstante pudiendo reconocer la existencia del fenómeno como tal-, no pueda aceptar arbitrariamente cualquier especulación sobre sus causas, origen o implicación alguna (y de ahí que en la mayoría de los casos prefiera no hablar del asunto, para no dar lugar a dichas especulaciones[**]); el fenómeno quedará entonces, como un fenómeno aun sin explicación (lo cual no quiere decir que jamás lo explicará, sino que de momento, quizás debido a la escasa tecnología, no cuenta ni con la observación, ni experimentación, ni hipótesis suficientes); pero de ello no debe desprenderse; como ocurre ya entre quienes desconocen el método científico, o bien en el mundo del idealismo; que “la ciencia no puede conocer”, o que “la ciencia no da respuesta”, pues –por ingenuo que parezca-, la ciencia no tiene de antemano ni el conocimiento ni la respuesta para todo fenómeno, sino hasta en tanto lo ha investigado.

______

 

Bibliografía

 

De Gortari, Eli; La Metodología: una Discusión y Otros Ensayos Sobre el Método; Grijalbo, Tratados y manuales; México 1980.

Fedoséev, P.N, et al; Metodología del Conocimiento Científico; Presencia Latinoamericana, México 1981.

Ursul, Arkadi D, et al; La Dialéctica y los Métodos Científicos Generales de Investigación; en dos tomos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 1985.



[*] Asunto aparentemente evidente que no requiere de mucho argumento demostrativo, sino tan sólo una explicación del proceso de su surgimiento; ante el hecho de que la potencia hegemónica mundial se lanza en Santa Cruzada contra el Mal, organizado incluso en un “Eje del Mal” Mundial, internacional, y condiciona a todo el mundo a la “lucha contra el terrorismo”; mas no siendo el oscurantismo fácilmente reconocible, dicha explicación presupone el argumento demostrativo de certidumbre científica.

[**] Aun cuando, ciertamente, no pocos científicos, particularmente en el ámbito de la ciencia institucional “oficial”, incurren en el exceso de negar la evidencia misma del fenómeno cayendo en lo ridículo, más aun, cuando ellos mismos pretenden ridiculizar dichas evidencias y testimonios.

 



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15 julio 2010 4 15 /07 /julio /2010 08:02

Clich--Filosof-a

Ciencia Positiva y Ciencia Positivista.

  Ensayo, 2006 (2/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico-over.blog.es/;

México, 19 jul 10.

 

En consecuencia, “ciencia positiva” como categoría marxista, dialéctico materialista, es entonces: conocimiento científico acumulado a través de la historia y cuya vigencia es fundamento de su propio desarrollo, con base en la ley de la negación de la negación, expresada en la especialización de las ciencias particulares.

 

A ello se opone el concepto de “ciencia positiva” como categoría comtiana, de la filosofía positivista, por la cual se entiende que toda ciencia, como “único conocimiento posible y el método de la ciencia el único válido”[1], es saber válido sólo en la ciencia concebida por la filosofía positivista; y es esa absolutización y culto a la ciencia, lo que da lugar al “cientificismo positivista”; esto es, sólo aquel conocimiento producto de los métodos empíricos; la observación, la medición y el experimento, desde una posición agnosticista; esto es, de la negación de la posibilidad de conocer total o parcialmente el mundo, que, separando la esencia, del fenómeno, se queda sólo en la percepción empírica de éste sin poder conocer dicha esencia; entendiendo el conocimiento científico entonces, como un puro saber enciclopédico que será tanto más científico, cuanto más exhaustiva la descripción del fenómeno.

 

Es en ese sentido, e identificándolo con el concepto dialéctico materialista, que lo entiende, por ejemplo, Pío X en el punto 18 de su Encíclica Communium Rerum, de 1909:  18. La ciencia positiva, el progreso material y el agnosticismo moderno:  “...por una deplorable aberración –dice Pío X en su Encíclica–, sucede que los progresos en las ciencias positivas y en la prosperidad material, buenos por su naturaleza, dan ocasión y pretexto a muchos ingenios débiles, dispuestos al error por las pasiones, para levantarse contra la verdad divina con una intolerable soberbia”[2].  Pero, así lo entenderá no sólo Pío X a principios del siglo XX, sino –por lo menos quizá en parte– la ideología posmodernista misma, hoy en día, principios del siglo XXI, al criticar a la ciencia de la modernidad, identificándola, en un error de falso antecedente, con la “ciencia positiva” entendida como “cientificismo filosófico-positivista agnóstico y mecanicista”. 

 

 

Conclusión.

 

                              No ha sido el propósito hacer esto esxrtenso, sino más bien breve.  Bastaba con establecer la diferencia entre ambos conceptos entendidos en dos sistemas filosóficos distintos.

 

                              Ciertamente, el ejercicio ha sido enormemente provechoso, no sólo por cuanto a la precisión de las categorías, sino porque una breve y rápida revisión documental, nos permitió corroborar no sólo lo dicho en el Preámbulo de este trabajo (el posmodernismo tiene aquí un error de falso antecedente); sino más aún, que ciertamente el "neomarxismo" (que podrá ser cualquier cosa menos marxismo), es en buena medida, fundamento, fundamento crítico del posmodernismo.

 

                              Una búsqueda por la Intrnet bajo el concepto de "ciencia positiva", arrojó, al 2 de junio de 2006, 3'650,000 ítems, de los cuales (buena parte de los primeros en el orden de consulta), constituyen documentos de crítica "neomarxista", destacando ese error por falso antedecente.  Una segunda búsqueda restringiendo el concepto a "marxismo y ciencia positiva", dio como resultado a la misma fecha, 2 de junio de 2006, apenas 132,000 ítems (3.6 % respecto de la cifra anterior; en cuyos documentos -parte de los cuales referimos en la Bibliografía-, por el contrario, se discute las categorías en cuestión, en general, en los términos en que aquí lo hemos hecho.

 

                              Así pues, dado que la categoría de "ciencia positiva" como toda <<especialización de las ciencias particulares>> en tanto sabe acumulado vigente con fundamento en la ley de la negación de la negación, es sustento del desarrollo positivo ulterior de la ciencia; y ello es totalmente distinto a la categoría de "ciencia positiva" como el concepto de "conexión de la totalidad" de la ciencia identificada con la filosofía positivista comtiana.  Y en tanto que la dialéctica materialista entiende la categoría de "ciencia positiva" como es <<especialización de las ciencias particulares>>; luego entonces, la categoría de "ciencia positiva" en la filosofía dialéctico materialista, es totalmente distinta a la categoría de "ciencia positiva" en la filosofía de Augusto Comte.  El concepto en que el el autor de estas líneas se mueve, es, entonces, por supuesto, el concepto dialéctico materialista engelsiano.

 


     _____

 

Bibliografía

 

Abbagnano, Nicola; Diccionario de Filosofía; Editorial FCE; v. Positivismo.

Claudín, Fernando; Tarea de Engels en el Anti-Dührin; www.filosofía.org/hem/dep/cri/rio3049.htm

Engels, Friederich; Dialéctica de la Naturaleza; Editorial Grijalbo, México, 1961.

_    Anti-Dühring.  La Subversión de la Ciencia por el Señor Eugen Dühring; Grijalbo, México, 1962.

Fernanez-Santos, Francisco; Marxismo y Filosofía; www.filosofía.org/hem/dep/cri/ri03003.htm

Rieznik, Pablo; Predicción, sujeto y objeto; artículo publicado en la revista: “En defensa del Marxismo”, 1995. Cuba s.XXI; www.nodo50.org/cubasigloXXI/política/malime2_310105.htm

Malime; Sobre la Interpretación de Manuel Sacristán de el Anti-Dühring; Rebelión.org, 2001; www.rebelion.org/izquierda/malime031201.htm

Martínez, Francisco José; El Marxismo; en “Nómadas: Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas”; Madrid, 2002. www.ucm.es/infu/eurotheo/materiales/hismat/fjmarmar.htm

Roca, José M; Marxismo y Posmodernismo; en “Iniciativa Socialista N°16, 1991; www.inisoc.org/marxypos.htm

Sacristán, Manuel; Sobre el Anti-Dühring; La Insignia, 2005. www.lainsignia.org/2005/agosto/dial_002.htm

Wood, Alan-Grant, Ted; Razón y Revolución; Filosofía Marxista y Ciencia Moderna; www.engels.org/libr/razón/raz_4_18b.htm

Sobre Cambiar el Mundo..., de John Holloway.  Antipoder vs Poder; www.herramienta.com.org/modulos

La Escuela de Franfurt y el Marxismo; www.escuela-frankfurt.pais-global.com.ar/index.php/4312

 



[1]     Abbagnano, Nicola; Diccionario de Filosofía; Editorial FCE; v. Positivismo.

[2]     Op. Cit.

          www.uc.cl/facteo/magisterio/ plano/html/listados/PioX.html.

 



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15 julio 2010 4 15 /07 /julio /2010 08:01

Clich--Filosof-a

Ciencia Positiva y Ciencia Positivista.

  Ensayo, 2006 (1/2)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico-over-blog.es/;

México, 15 jul 10.

 

Preámbulo.

 

No sólo la necesidad en el rigor de la definición de las categorías, sino la necesidad de un intercambio de ideas conociendo del contenido de los conceptos del otro, ha propiciado estas notas sobre el concepto de “Ciencia Positiva”.  Un vistazo al concepto a través de un “buscador” aprovechando la nueva tecnología por la Internet, para reforzar o someter a crítica nuestro propio pensamiento, nos ha corroborado lo que sólo teníamos en general considerado: el error en el fundamento del posmodernismo es su crítica a la ciencia de la modernidad, consistente en acusarla precisamente de “ciencia positiva”, pero donde lo que debe entenderse por ello, es más bien “ciencia positivista” o mejor dicho, “cientificismo positivista”.  Esto es, que son dos conceptos semejantes en su homonimia, pero distintos por su contenido; uno se refiere al conocimiento científico acumulado a través de la historia y cuya vigencia es fundamento de su propio desarrollo, y otro alude al concepto de “ciencia” en la filosofía positivista de Augusto Comte.

 

 

Marxismo y Ciencia Positiva.

 

Al respecto del marxismo y la ciencia positiva, la referencia más notable es la cita de Engels en la cual éste dice:  “Solamente cuando la ciencia de la naturaleza y de la historia hayan asimilado la dialéctica, saldrá sobrando y desaparecerá, absorbida por la ciencia positiva, toda la quincalla filosófica, con la excepción pura del pensamiento”[1].  Esta cita, ligeramente transformada, se encuentra repetida por el mismo Engels en su Anti-Dühring, expuesta de esta otra manera: “Desde el momento en que se presenta a cada ciencia la exigencia de ponerse en claro acerca de su posición en la conexión total de las cosas y del conocimiento de las cosas, se hace precisamente superflua toda ciencia de la conexión total.  De toda la anterior filosofía no subsiste al final con independencia mas que la doctrina del pensamiento y de sus leyes, la lógica formal y la dialéctica.  Todo lo demás queda absorbido por la ciencia positiva de la naturaleza y de la historia”[2].  Y todo ello no es, finalmente, más que el concepto de ciencia dialéctico materialista, en la ciencia de la modernidad.

 

La Dialéctica de la Naturaleza, constituye un proyecto de Engels desde 1873, pero continuado por largo tiempo, lapso en el cual intercaló la redacción del Anti-Dühring, publicado en tres ediciones entre 1878 y 1894.  Puede asumirse que la cita de éste segundo texto haya sido primero, y la insertada en la Dialéctica..., apenas una nota sintética posterior en su vasto proyecto.  Como quiera que sea, nos quedaremos con la cita más completa del Anti-Dühringa propósito de explicar la relación entre el marxismo y la ciencia positiva.

 

La idea más general es esta por la cual –a decir de Engels– se entendía a la filosofía (y no pocos, llamándola la “madre de todas las ciencias”, aun así la juzgan), como la pretendida “ciencia de la conexión total”.  Particularmente para el sistema filosófico de Augusto Comte, la filosofía positivista, así se considera a la filosofía; quedando esto como uno de esos dos conceptos de ciencia, en la ciencia de la modernidad.

 

Mas, conforme a la especialización de las ciencias que tiende a la aparente separación y desvinculación del conocimiento y por lo tanto la necesidad de establecer sus relaciones; o como dice Engels, esa “exigencia de ponerse en claro acerca de su posición en la conexión total de las cosas y del conocimiento de las cosas” –necesidad ya muy clara para las ciencias básicas de la modernidad a fines del siglo XIX–, se da ese sentido del concepto de la “ciencia positiva de la naturaleza y de la historia”, por la cual, si bien la especialización de las ciencias parece fragmentar el conocimiento, éste en realidad se hace –y he ahí precisamente el aspecto de lo positivo– tanto más profundo como más amplio simultáneamente.  Es decir, en principio, por “ciencia positiva” en Engels, debe entenderse, desarrollo de las ciencias, en tanto <<especialización de las ciencias>>.  Y ello no ocurre sino trayendo como consecuencia la terminación de la filosofía en su concepción totalizadora, y por el contrario, tomándola como la asimilación o la síntesis en la dialéctica, como doctrina del pensamiento y de sus leyes.

 

Ciertamente el planteamiento de Engels (1820-1895) respecto de la filosofía, es muy semejante al de Augusto Comte (1798-1857); la diferencia quedará dada en el contexto de las doctrinas del pensamiento entre la dialéctica y el positivismo: en Engels, la filosofía desaparece como “conexión total” y es asimilada a la dialéctica; en Comte, la filosofía es la “conexión total” misma del conocimiento, en el sistema filosófico denominado positivismo.

 

La crítica que se ha hecho al marxismo en cuanto al concepto de “ciencia positiva”, ha sido el que Marx planteó sus ideas en sentido negativo, (en una dialéctica negativa); esto es –dicen tales cuestionadores–, como crítica.  A lo que habría que aclarar que, primero, la crítica –vulgarmente– no necesariamente debe verse como lo negativo; y segundo, que esa dialéctica negativa, no es sino en términos de la ley dialéctica de la negación de la negación, que en la afirmación, da el sentido positivo de la crítica.  Esa doble negación es precisamente la esencia del concepto marxista de la “ciencia positiva”, lógica de la ciencia de la modernidad.

 



[1] Engels, Friederich; Dialéctica de la Naturaleza; Editorial Grijalbo, México, 1961; p.177 (subrayado nuestro)

[2] Engels, Friederich; Anti-Dühring.  La Subversión de la Ciencia por el Señor Eugen Dühring; Grijalbo, México, 1962; p.11 (subrayado nuestro).

 


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6 mayo 2010 4 06 /05 /mayo /2010 08:05

Clich--Filosof-a

Tesis de Gramsci:

los Antecedentes de la Escuela de Frankfurt

como Esencia de la Llamada “Posmodernidad”.

  Artículo, 2010 (5/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 20 may 2010.

 

 

  Tesis: <<La concepción determinista afirma que en la sociedad y en la historia existen leyes>> (p.107).

 

En el texto se acepta que una ley es, simplemente, una regularidad, los “fenómenos reglares que se repiten”.  En este caso, se trataría de fenómenos sociales e históricos, dados regular y repetidamente.  Y Gramsci cuestiona que haya fenómenos sociales o históricos que cumplan con esa condición.

 

Otra vez, el fenómeno social e histórico descubierto por Marx, de los modos de producción; la historia explicada en función de la regularidad y de la repetición de los modos de producción, por lo demás, en cuyo seno tiene lugar el fenómeno social regular y repetitivo de la lucha de clases, Gramsci no lo ve; y no lo puede ver, porque antes ha desconocido todo el análisis de la estructura y superestructura de Marx, y en su “Bloque Histórico” ha diluido toda posible consideración de tales regularidades.

 

Más burdo aún, es cuando Kohan, interpretando a Gramsci, dice que la revolución rompe con esa concepción determinista, pues no hay leyes que garanticen ninguna revolución, y abusando de un criterio verdaderamente infantil para argumentar tal tesis, agrega: “Al participar en la revolución, el hombre es libre, no obedece a ningún comportamiento preestablecido de antemano” (p.107).

 

Ahora el problema ya no es nada más que Gramsci y su expositor Kohan desconozcan de lo que en esencia es el materialismo dialéctico, sino que se desconoce de lógica y del método científico, como para poder entender exactamente a qué se refieren esas regularidades de los fenómenos que forman las condiciones de una ley, sin confundir los grados de generalidad o particularidad de los mismos.  Y cuando se discute en esas condiciones, no hay manera de imponer un rigor en la argumentación, tal que conduzca a conclusiones formales, haciéndose todo enteramente relativo y arbitrario; y esa es la razón por la cual no quisimos ofrecer una argumentación más formalmente respaldada; es decir, porque en mucho, no tiene caso una discusión bajo esas características.

 

Premisa de tesis:

<<La sociedad y la historia son fenómenos regidos por leyes>>

 

Consiguiente de hipótesis:

<<Ninguna ley es garantía de una revolución>>

 

La premisa de tesis que el gramscismo pretende refutar, queda dada por el “marxismo ortodoxo”; el consiguiente de hipótesis se constituye como la tesis que niega esa “ortodoxia determinista”.

 

Si se construye el silogismo en el modo CAMENES de la cuarta figura, se obtiene la inferencia siguiente:

 

<<La sociedad y la historia son fenómenos regidos por leyes>>

<<Ninguna ley es garantía de la revolución>>

Luego entonces, <<Ninguna revolución, es un fenómeno social e histórico>>

 

Si se construye el silogismo en el modo CAMESTRES de la segunda figura, se obtiene el siguiente silogismo:

 

<<La sociedad y la historia son fenómenos regidos por leyes>>

<<Ninguna revolución es un fenómeno regido por leyes>>

Luego entonces, <<Ninguna revolución, es fenómenos social o histórico>>

 

Esto es, que en cualquier caso, resulta un absurdo la pretendida refutación del “determinismo ortodoxo”, con el argumento de que la revolución no es un fenómeno regido por leyes.

 

El hecho es que una revolución es un fenómeno social e histórico de regularidades necesarias; y, bajo determinadas condiciones, siempre triunfan como necesidad histórica; siendo su comportamiento siempre, una regularidad, dadas sus propias circunstancias históricas concretas.  Y siempre habrá alguien en ese momento y condiciones histórico concretas, que participará en la revolución; como dijera Marx, al empuje de la “iniciativa histórica de las masas”.  No es el sujeto el que determina la historia, sino la historia, la que determina al sujeto.

 

 

 

  Tesis: En realidad hay un conjunto de tesis conocidas como las “tesis de Lyon”, enunciadas por la idea central: 1) la hegemonía, 2) la interpretación de la historia, 3) la interpretación del fascismo, y 4) el consenso; de las cuales no tenemos juicios enunciados; ni más interés en seguir analizando a Gramsci.

 

Seguramente, no es casual el primer cartón del libro; Gramsci con una playera con la efigie del Ché, expresando su pensamiento: “Hay que pensar con el pesimismo de la razón, pero actuar con el optimismo de la voluntad” (p.3).  Sin duda, un absurdo total.  Cuando a la razón le asiste la lógica, la ciencia, el conocimiento fundado, no puede haber ningún pesimismo.  Es el optimismo el que se funda precisamente en la razón, es la ciencia la que permite descubrir el futuro luminoso para el proletariado.  En consecuencia, es en la voluntad en la que se podría fundar el pesimismo, en tanto que ella misma no está asegurada.

 

Otro de los cartones de Rep con que se inicia el libro, es igualmente representativo; la caracterización de intelectuales, obreros, campesinos, etc, todos, a una voz, expresando: “…estudiamos a Gramsci porque su pensamiento nos sirve para unirnos y resistir al capitalismo” (p.5); esto es, tanto estudiar a Gramsci, el “no dormir la siesta para hacer la revolución”, y acabar entendiendo de todo ello, que el asunto es “resistir” al capitalismo; su “cultura revolucionaria socialista”, finalmente, queda reducida a la mera resistencia.  Pero en el texto escrito, el mismo Kohan dice acerca de Gamsci: “Su pensamiento se ha convertido en una herramienta fundamental para todos los que rechazan la mundialización capitalista” (p.5).  Y, obvio, cuando se ha desconocido la fundamental tesis de Marx del ser social como determinación de la conciencia social, e interpretado en toda su dialéctica, Kohan podría entender sin dificultad que es inútil salirle al paso a la locomotora de la historia.  El capitalismo se desarrolla, evoluciona históricamente y por etapas, y Marx, siglo y medio antes, ya había predicho que esta etapa del desarrollo histórico del capitalismo en que se borra todo tipo de fronteras, era condición necesaria para alcanzar el verdadero internacionalismo proletario.  No sólo es salirle al paso a la historia, sino “resistirse” a las condiciones objetivas de la nueva revolución mundial.

 

En esencia, nuestra opinión de Gramsci, es la del socialista romanticista, de un “revolucionarismo” impostado, pero que, desgraciadamente, no se quedó en el, sino afectó socialmente en el proceso revolucionario mismo de Italia.  El ejemplo clásico de ello se dio con el llamado “bienio rojo” (1920-1921), en el que Gramsci, con verdadera fiebre revolucionaria tras el triunfo de la revolución socialista en Rusia en 1917 y el término de su guerra civil en 1920, equipara los Consejos de Fábrica del norte industrial italiano, con los mismos Soviets (y el problema no fue tanto ello, como el que Lenin se creyera la febril impostura).

 

Y aquí hay un pasaje histórico extraño.  El movimiento obrero convoca a huelga general, que Gramsci apoya y ve en ella, con su fiebre revolucionaria, algo más que un movimiento sindical, por definición economicista.  Pero, tanto el Partido Socialista Italiano (PSI), como la Central General de los Trabajadores (CGT), no secundaron la huelga.  Luego los empresarios responden con una huelga patronal, y triunfan.  Con ello, Gramsci se sorprende de la falta de hegemonía obrera, y la ideología economicista del PSI (pero quizá tan sólo como reflejo del economicismo del movimiento obrero de ese momento).

 

La consecuencia de ello fue la división del PSI, haciendo surgir el Partido Comunista Italiano (PCI), en 1921.  Pero, a su vez, todo ello ha concitado al fascismo, y en 1922 marchan sobre Roma.

 

Como quiera, Gramsci es detenido en noviembre de 1926, y permanece en la cárcel por ocho años (8), hasta 1934.  La impostura de Gramsci es heredada a los gramscianos, y ello hace que Kohan haga una comparación descomunal: “…junto con el largo cautiverio padecido por Nelson Mandela…, la prisión con que el fascismo somete a Antonio Gramsci es una de las más célebres en el mundo” (p.87).  Mandela estuvo en prisión por 29 años, tres veces más que Gramsci, y la insinuación subliminal, necesaria para engrandecer en la impostura “al Gramsci revolucionario”, es bastante burda.

 

La impostura romanticista entre los socialista fue algo más común de lo que pudiera pensarse; se era tanto más socialista cuanto mayor el “sacrificio por la causa”, y ésta tanto mas, cuanto mayor la impostura.  Paradójicamente, ello es, a nuestro parecer, como consecuencia de los altos grados de conciencia social, del alto compromiso moral asumido por la sociedad y su futuro socialista; pero, dándose, al mismo tiempo, ajeno a la lucha política real, práctica, concreta, de la lucha por el poder.  Una especie de “enfermedad” padecida por todo buen socialista, pero inmerso en los sueños abstractos del romanticismo.

 



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6 mayo 2010 4 06 /05 /mayo /2010 08:04

Clich--Filosof-a

Tesis de Gramsci:

los Antecedentes de la Escuela de Frankfurt

como Esencia de la Llamada “Posmodernidad”.

  Artículo, 2010 (4/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 17 may 2010.

 

 

  Tesis: <<Las relaciones de fuerzas políticas son más decisivas que las económicas>> (p.94).

 

El rechazo a la tesis de Marx de que “el ser social determina la conciencia social”, es clave en la teoría gramsciana; en primer lugar, permitiéndole afirmar la tesis de que la política es más decisiva que la economía, ya que con aquella se forma la cultura dirigente y el poder hegemónico; y ello lo enuncia en un entimema explícito: <<Las relaciones de fuerzas políticas son más decisivas que las económicas, porque en la política se constituye la cultura dirigente y el poder hegemónico>>-

 

Premisa de tesis:

<<Las relaciones de fuerzas políticas son más decisivas que las económicas>>

 

Consiguiente de hipótesis:

<<Las relaciones de fuerzas políticas, son constituyentes de la cultura dirigente y el poder hegemónico>>

 

Como en los casos anteriores, construiremos el silogismo, en este caso particular en el modo BARBARA de la primera figura, tomando la premisa mayor como la tesis clásica de Marx, y tanto la premisa menor como el consiguiente deducido, como juicios de Gramsci:

 

<<Toda economía, es determinante de la cultura y el poder político>>

<<Toda política es más decisiva que la economía>>

Luego entonces, <<Toda política, es determinante de la cultura dirigente y el poder hegemónico>>

 

Que toda economía como expresión del ser social, es lo determinante de la cultura y la política como formas de la conciencia social, Marx lo descubre en el desarrollo de los modos de producción económico-social, con respecto a los cuales estructura el análisis de la historia.  Y es claro que a cada modo de producción, corresponde una cultura dada y un poder político dado.

 

Lo anterior no presupone que Marx hiciese menos a la política como decisiva en el proceso revolucionario, sólo que, a partir de lo económico, caracteriza la política y el proceso revolucionario mismo.  Lenin va a aplicar fielmente la tesis de Marx, comprendiendo que había ya, económicamente, una clase obrera propicia y un desarrollo del capitalismo en Rusia tal, que posibilitaba la lucha política por la revolución socialista; lo que cincuenta años antes, en tiempos de Marx, no estaba dado.

 

A diferencia de Lenin, Mao Tse-Tung en China, se encontró con una política decisiva, pero sobre la base de una economía que dificultaba el proceso revolucionario socialista.  China era dominantemente agraria, con una masa campesina con aspiraciones pequeñoburguesas de pequeños propietarios, muy superior a una clase obrera lejos de ser la económicamente directriz; lo cual llevó a Mao a una experiencia socialista particular.  Como quiera que sea, ello indica que, históricamente, las condiciones subjetivas están ya dadas para el surgimiento del socialismo mundial.

 

El problema real en este silogismo no está tanto en la falsedad de alguna de sus premisas por su contenido, sino en el falseamiento por la absolutización que se hace por Gramsci al atribuir a la política un carácter más decisivo que el de la economía, que por exclusión hace de la tesis de Marx una afirmación absolutista, cuando él entendía mejor que nadie en su tiempo acerca del carácter decisivo de la política, como consta en su participación en la revolución europea de 1848, en la creación de la Asociación Internacional de los Trabajadores, o en sus consideraciones acerca de la insurreccionen Francia.

 

La absolutización consiste en que Gramsci reduce el “factor económico” que critica de Aquiles Loria y de Bujárin, al economicismo político (a manera de reducir la lucha de clases al movimiento sindicalista).  Dicho de otro modo, Gramsci está en lo correcto en su crítica al economicismo, sigue en ello la política leninista; pero no es preciso en el empleo de las categorías, y extiende la crítica al “determinismo económico” en general; incluso, como se suele decir, enmendándole la plana al mismo Marx, al que sólo trata de justificar atribuyéndole el empleo de metáforas (en la estructura y la superestructura), que supuestamente Bujárin pretendió convertir en categorías económico-políticas científicas.

 

 

  Tesis: <<La estructura y la superestructura, son metáforas esquemáticas, no categorías científicas>>.

 

Aquí se vuelve a la tesis esencial de Marx: “el ser social, determina la conciencia social”; esto es, la estructura, determina la superestructura.

 

Incluso en el texto que analizamos, el coautor Miguel Rep, que aporta la ilustración mediante las caricaturas, representa a Bujárin haciendo una equivalencia (para el gramscismo absurda), de la estructura y superestructura, a materia y la idea respectivamente (p.144).  Y no hay en ello nada absurdo ni metafísico, como aduce Gramsci.  Materia, ser social, estructura, o condiciones objetivas, son sólo categorías semejantes, que expresan relaciones diferentes acerca de una misma cosa; su opuesto dialéctico contradictorio en la idea, la conciencia social, la superestructura, y las condiciones subjetivas, son sólo las categorías semejantes opuestas, que expresan relaciones diferentes opuestas.

 

No es Bujárin y un supuesto “marxismo ortodoxo” el que peca de mecanicismo, o, como dice Gramsci, de metafísica; sino que es el mismo Gramsci el que separa y absolutiza dichos conceptos, le atribuye a Bujárin su reunión mecánica al estilo positivista, y luego el mismo Gramsci ya no puede volverlos a reunir dialécticamente, dejándolos separados; de hecho, omitiéndolos, y sustituyéndolos por su concepto del “Bloque Histórico”; y, por lo tanto, incurriendo en lo que pretende criticar de Bujárin: la metafísica.

 

Premisa de tesis:

<<La estructura y la superestructura, son metáforas esquemáticas>>

 

Consiguiente de hipótesis:

<<La estructura y la superestructura, son superadas en el concepto del “Bloque Histórico”>>

 

Como silogismo en el modo DIMATIS de la cuarta figura, quedaría expresado de la siguiente manera:

 

<<El concepto de “Bloque Histórico”, es una superación de metáforas esquemáticas>>

<<Toda estructura y superestructura, es metáfora esquemática>>

Luego entonces, <<Algunas metáforas esquemáticas, son superadas en el concepto del “Bloque Histórico”>>

 

La debilidad de la premisa antecedente, es que se convierte en un postulado.  Pero ello hace evidente que la premisa falsa es la premisa de tesis.  Gramsci, pretende ser más marxista que Marx, e incurre con ello en lo que en aquel entonces se denominaba, precisamente como: revisionismo.

 

Esto es, para Gramsci, la estructura y superestructura son metáforas, cuyo esquematismo que les separa, es superado por el concepto de “Bloque Histórico”, que se concibe como una unidad de éstas, mediado por la “sociedad civil” (o que incluye a la “sociedad civil”), entendida ésta como un “Estado extenso”, formado –dice Kohan interpretando a Gramsci– por las instituciones entre la estructura y la superestructura –y anota entre paréntesis los ejemplos–: escuela, medios de comunicación, partidos, sindicatos, iglesia.  Podemos sorprendernos, pues para Marx, justo todo eso forma la superestructura; todo ello constituye formas de la conciencia social.  La diferencia, está en que, para Gramsci, la superestructura sólo se refiere al Estado.  Y aclarar el punto nos llevaría a la ardua discusión acerca del Estado, que de momento no viene al caso.

 

Como quiera que sea, Marx también asumió el concepto de “sociedad civil” en sus escritos de juventud aún hegeliana; pero que pronto desechó, sustituyéndolo por el más esencial de la “lucha de clases”.  En esencia, Gramsci procedió al revés, y con ello dio marcha a atrás volviendo a Hegel, y cercenando al marxismo de su concepto esencial en el proceso revolucionario.

 

Gramsci no sólo diluyó en su concepto de “Bloque Histórico” la esencial contradicción entre estructura y superestructura, como expresión de las determinaciones entre las condiciones objetivas y subjetivas, o entre el ser social y la conciencia social, o entre la materia y la idea; sino pretendió castrar al marxismo diluyendo la esencial categoría política de la lucha de clases, en el anodino concepto de “sociedad civil”.

 



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6 mayo 2010 4 06 /05 /mayo /2010 08:03

Clich--Filosof-a

Tesis de Gramsci:

los Antecedentes de la Escuela de Frankfurt

como Esencia de la Llamada “Posmodernidad”.

  Artículo, 2010 (3/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 2010.

 

 

  Tesis: <<La sociedad sólo se puede cambiar desde la cultura>> (p.11).

 

Tesis por la cual Gramsci fue calificado de “culturalista” por su compañero de Partido, Amadeo Bórdiga, que disiente del órgano L’Ordine Nuovo, del Partido Socialista Italiano (PSI), cuyos esfuerzos se centraban en la difusión de una “cultura socialista”, que llevó a Gramsci a fundar el “Instituto de Cultura Socialista”.

 

“La función del intelectual es específicamente ideológica, y consiste en proporcionarle a cada clase social homogeneidad y conciencia de su propia función” (p.114).  “Para poder ganar la conciencia popular, es fundamental ganar a los intelectuales.  Ellos fabrican el cemento ideológico que sostiene a la sociedad…” (p.114).

 

Con ello parece armarse un entimema que parece enunciarse como: <<La sociedad sólo se puede cambiar desde la cultura, ya que los intelectuales proporcionan a cada clase social conciencia de su propia función>>.

 

Así, como en los casos anteriores, estructurando el silogismo se tendría:

 

Premisa de tesis:

<<La sociedad sólo se puede cambiar desde la cultura>>

<<Toda sociedad sólo se puede cambiar desde la cultura>>

 

Consiguiente de hipótesis:

Luego entonces, <<La sociedad, contiene los intelectuales que proporcionan a cada clase social conciencia de su propia función>>; y Gramsci lo afirma como:

Luego entonces, <<Toda sociedad, contiene los intelectuales que proporcionan a cada clase social conciencia de su propia función>>

 

El silogismo completo, dados los juicios universales afirmativos anteriores, sólo puede quedar en el modo BARBARA de la primera figura.

 

<<Todo cambia desde la cultura, en dependencia al intelectual que proporciona a cada clase social conciencia de su propia función>>

<<Toda sociedad sólo se puede cambiar desde la cultura>>

Luego entonces, <<Toda sociedad, contiene los intelectuales que proporcionan a cada clase social conciencia de su propia función>>

 

El problema está no sólo en establecer qué genera la conciencia social: si la práctica social del sujeto, o la función ideológica del intelectual; sino, esencialmente, en considerar o no la tesis de Marx de que, “es el ser social lo que determina la conciencia social”.  El “marxista” Gramsci, violenta por completo esta tesis de Marx, se le hizo ver desde el primer momento, y la rechazó como una tesis “determinista”; y no pudo entender, que no es la cultura lo que cambiará la sociedad, sino que será cambiando la sociedad, lo que permitirá cambiar la cultura.

 

Su premisa de tesis es falsa, cuando generaliza y absolutiza; basta afirmar que, quizá, sólo alguna sociedad pueda cambiar desde la cultura; o, más drástico aún, si se refuta con la afirmación de que: ninguna sociedad cambia desde la cultura (y estamos hablando del cambio revolucionario, en este caso del cambio del capitalismo al socialismo, y la historia, en ningún otro caso, no da evidencias de ello).  Más bien, por lo contrario, se ha dicho hasta el hartazgo, es cambiando la sociedad, como habrá de cambiar la cultura; y por una simple y elemental razón que Gramsci ha rechazado: porque es el ser social, lo que determina la conciencia social (Marx).

 

 

  Tesis: <<La revolución no está en función de las crisis económicas>>

 

La tesis de Marx de que “el ser social determina la conciencia social”, establecía que una premisa necesaria de la revolución, está en contar con las condiciones materiales objetivas (el ser social), que determinará el sistema ideológico socialista (la conciencia social).  En este caso, esas condiciones materiales quedan dadas por las crisis económicas, determinantes de la formación de la conciencia social.

 

La crisis económica es lo que revela con toda evidencia las contradicciones esenciales del sistema capitalista, de ellas el proletariado va formando su conciencia social; lo que, dado el momento histórico, determinará la acción revolucionaria como el más alto grado de conciencia social.

 

Gramsci decía que “el marxismo (y con él la revolución) no es determinista (en este caso, económico), pues depender de ello, hace al Partido espectador pasivo”.  Así:

 

Premisa de tesis:

<<La revolución (el marxismo) no está en función de las crisis económicas>>

 

Consiguiente de hipótesis;

<<La revolución (el marxismo) no es determinista (en este caso, económico)>>

 

El silogismo en el modo CAMESTRES de la segunda figura, quedaría de la siguiente manera:

 

<<Todo determinismo (económico), es función de las crisis económicas>>

<<La revolución (el marxismo) no está en función de las crisis económicas>>

Luego entonces, <<La revolución (el marxismo) no es determinista (en este caso, económico)>>

 

Aquí la premisa falsa es, por supuesto, la tesis misma que Gramsci afirma, y luego entonces, el consiguiente, a su vez, es falso.

 

¿Habrá alguna revolución que se haya dado en el pleno esplendor y legitimización de un régimen?, por definición, creemos que no.  Por el contrario, la agudización de las contradicciones de un sistema, su deterioro y su crisis, esencialmente la económica, es lo que forma el escenario constante de toda revolución.  Las grandes revoluciones: el paso del esclavismo al feudalismo, o de éste al capitalismo, como del capitalismo al socialismo, Marx lo explica detalladamente como consecuencia de la crisis del régimen; cuando éste ya no puede satisfacer las crecientes necesidades (principalmente económicas) de la sociedad.

 

Engels o Lenin, decían que ningún obrero, ningún trabajador padre de familia, puede desear la guerra y los padecimientos que trae consigo la revolución; que los obreros, por definición, son amantes de la paz.  Sólo las condiciones muy poderosas de las crisis económicas, como la falta de empleo, la pobreza y el hambre, que les identifica con la muerte misma, hacen esas condiciones iguales a la revolución, en la que ya nada se tiene que perder, y existe un futuro luminoso que ganar.

 

De ahí que Marx, contra lo dicho por Gramsci, sea plenamente determinista, en el sentido de ver en las condiciones económicas o materiales de la sociedad, las condiciones objetivas que son causa de la revolución.  Gramsci falsea a Marx, y, como se dice en el argot, “Marx no perdona”, y Gramsci incurre en una seria desviación no sólo no-marxista, sino incluso antimarxista.

 



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6 mayo 2010 4 06 /05 /mayo /2010 08:02

Clich--Filosof-a

Tesis de Gramsci:

los Antecedentes de la Escuela de Frankfurt

como Esencia de la Llamada “Posmodernidad”.

  Artículo, 2010 (2/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 2010.

 

 

  Tesis: <<En la filosofía materialista dialéctica lo fundamental consiste en formular la categoría de “materia”, como aquella realidad cósmica universal exterior al hombre e independientemente de su praxis histórica>> (p.142).

 

Premisa de tesis:

<<En la filosofía materialista dialéctica lo fundamental consiste en formular la categoría de “materia”>>.

 

Consiguiente hipotético:

<<En la filosofía materialista dialéctica, la materia no es su categoría fundamental>>

 

Expuesto el silogismo completo quedaría enunciado en el modo BAROCO de la siguiente manera:

 

<<Toda la realidad cósmica universal exterior al hombre e independientemente de su praxis histórica, consiste en formularla como la categoría de “materia”>>

 <<En la filosofía materialista dialéctica, la materia no es su categoría fundamental>>.

Luego entonces, <<En la filosofía materialista dialéctica, la categoría fundamental no es aquella realidad cósmica universal exterior al hombre e independientemente de su praxis histórica>>.

 

En este silogismo tan esencial, los tres juicios son falsos, pues Gramsci, a decir de Kohan, al definir la materia según la interpretación del materialismo dialéctico, que atribuye no a Marx, sino a Bujárin, lo hace correctamente, pero hasta ahí donde agrega que ello es, a su vez, independientemente de la praxis histórica del sujeto, y en ello radica la falsedad de la premisa, pues la dialéctica, por definición gnoseológica, es precisamente lo que Gramsci denomina praxis: la interacción sujeto-objeto en el proceso de transformación de la realidad, que transforma al sujeto mismo.

 

Que Gramsci no entiende qué es el materialismo, se revela en la siguiente cita: “Si la filosofía marxista fuese un materialismo cosmológico, tendría por objeto de estudio principal a la naturaleza” (p.141); es decir, comete el mismo error de la crítica vulgar, de reducir la materia a la sustancia física.

 

Luego Gramsci afirma –siempre a decir de Kohan–: “La verdadera materia del marxismo es la “materia social”, las relaciones sociales de producción” (pp.146-147).  Así, la materia como categoría filosófica, sufre un descomunal reduccionismo económico.

 

La interpretación de la historia de la filosofía de Gramsci resulta bastante pobre, si hemos de aceptar la interpretación del Kohan, y, ciertamente, no parece haber razón para no hacerlo.  “Gramsci –dice Kohan–, no acepta inscribir simplemente la filosofía de Marx dentro de la tradición del materialismo, porque ello implicaría subordinarla bajo el paradigma de la filosofía de la burguesía del siglo XVIII…” (p.149).  Esto es, un infantilismo pequeñoburgués lo lleva a buscar en Marx, al intelectual puro del proletariado, sin más vínculo con el pasado necesariamente burgués.

 

 

  Tesis: <<La historia no es evolutiva>> (p.19).

 

Gramsci afirma la tesis: <<La historia no es evolutiva>>.  Y argumenta: “Los bolcheviques... –dice Gramsci–, creen que la historia no es evolutiva, que las etapas del desarrollo se pueden combinar en un proceso único, permanente e ininterrumpido”.  Luego afirma la hipótesis de que <<la historia es de etapas combinables>>.  Si para Gramsci la historia no es evolutiva, puesto que sus etapas se pueden combinar, la tesis y su hipótesis derivada quedarían enunciadas como sigue:

 

Premisa de tesis:

<<La historia no es evolutiva>> o bien, <<Ninguna historia es evolutiva>>.

 

La tesis enunciada como un juicio universal negativo, no deja más opción que un silogismo estructurado ya en el modo CAMESTRES (segunda figura), o bien, en el modo CAMENES (cuarta figura).

 

Luego, en el entimema, Gramsci ha enunciado la hipótesis como un juicio universal afirmativo:

 

Consiguiente hipotético:

<<La historia es de etapas combinables>>

 

Entonces la inferencia mediata agregando la premisa antecedente, quedaría estructurada en el modo, por ejemplo, CAMESTRES,  de la siguiente manera en el silogismo completo:

 

<<Todas las etapas combinables, hacen el desarrollo no-evolutivo de la historia>>

<<La historia, no es evolutiva>> (o <<Ninguna historia es evolutiva>>)

Luego entonces, <<Toda historia es de etapas combinables>>

 

Esta deducción estaría mal planteada de principio, pues un consiguiente afirmativo no se sigue de una premisa negativa.

 

Si “indulgentes” ayudamos a Gramsci y tomando la tesis que afirma realmente por premisa antecedente y la hipótesis realmente como la tesis que afirma (todo ello cosa lógicamente aceptable); y todo ello a la vez el modo CAMENES de la cuarta figura, entonces:

 

<<La historia no es evolutiva>>

<<La historia es de etapas combinables>>

Luego entonces, <<Las etapas combinables, son la historia>>

 

Entonces quedaría expresado todo de una manera lógicamente correcta.  Pero, considerando nuevamente la falsedad en ambas premisas (las etapas combinables, o la no evolución), si la historia no es evolutiva determinada por lo necesario ni en los términos cíclicos de Agustín de Hipona, ni en el lineal de Vico o de Votaire, pero tampoco en el dialéctico idealista de Hegel o materialista de Marx; entonces Gramsci –por lo demás, atribuyendo la aceptación de ello por los bolcheviques–, propone una nueva filosofía de la historia: <<el desarrollo de la historia, único, permanente e ininterrumpido, no obstante, es accidental>>.  O, dicho en términos más coloquiales, para Gramsci, la historia es totalmente arbitraria.  Como veremos luego, la determinará el sujeto (ya no las condiciones materiales, y por lo tanto, en ese sentido, un principio de objetividad, como dijera Marx; sino lo determinará la voluntad del individuo, o del Partido como lo dijera Gramsci, sobre el principio de subjetividad).  Y esto, por supuesto, ya no tiene nada que ver, por lo tanto, con el marxismo.

 

Respaldándose en que su opinión es la misma que la de los bolcheviques (en realidad siendo a la inversa: su opinión se la adosa a los bolcheviques), descalifica al “marxismo ortodoxo” (concepto vago en el que lo mismo ubica a Plejano y Kautky, que a los positivistas, o a Bujárin y Stalin), afín a los esquemas y a la “fidelidad a los textos de Marx”, de una visión histórica lineal, etapista y evolutiva.  Y establece ello como antecedente para pasar por alto el esencial fundamento histórico etapista y evolutivo que Marx descubrió: la sucesión necesaria, sujeta a ley histórica económico-política, de los modos de producción económico-social, que arrojan las condiciones materiales que determinan la lucha de clases sociales que dan el movimiento de la historia; y por la cual, el surgimiento del socialismo no fue resultado de la “genialidad” de Marx salida de la nada, sino un hecho científico necesario rigurosamente predecible, a partir de la demostración científica, en El Capital, de Marx, de la descomposición y ruina del capitalismo, de lo cual emerge la sociedad socialista como una nueva forma en que la sociedad se organiza para producir sus bienes materiales, dando lugar a un nuevo modo de producción.

 



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