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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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17 septiembre 2009 4 17 /09 /septiembre /2009 08:00

Clich--Filosof-a

Comentario al,

Novum Organum Scientiarum (1620),

de Francis Bacon.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 17 sep 09.

 

Bacon (1561-1626); Novum Organum Scientiarum (1620).

Novum Organum; Biblioteca de Obras Maestras del Pensamiento; Editorial Losada, Buenos Aires, 1949; México, 2003.

 

                              El Novum Organum Scientiarum, se traduce del latín como “Nueva Lógica de las Ciencias”; y ello no es un asunto menor: el llamado “padre del empirismo”, plantea una nueva lógica; esto es, una nueva manera racionalista de encarar la ciencia.

 

                              Esto debe significarnos un nuevo viraje en la manera de interpretar la historia de la filosofía.  Es común leer en las historias de la filosofía, del surgimiento en el siglo XVI, de dos corrientes del pensamiento filosófico que buscaba fundamentar el método del conocimiento científico: el empirismo, y el racionalismo, como dos posiciones absolutas cada una por separado.  Sin embargo, al leer a Bacon, uno puede darse cuenta sin dificultad de que no parece ser del todo así.

 

                              Esa es una interpretación absolutista muy de corte filosófico idealista en la historia de la filosofía, que por su naturaleza tiende a minimizar a la filosofía materialista, en este caso, diluyéndolo en forma de “empirismo”.  El momento empirista se dio, sin lugar a dudas, pero puede verse por Bacon, que no de manera tan absolutista como se suele presentar, directamente contrapuesto al “racionalismo”, allí sí, donde uno de sus principales exponentes de manera absolutista en esa posición, fue René Descartes.

 

                              Dicho en otras palabras, el vínculo materialista empírico-racionalista, se da desde el primer momento (no fue un largo y complicado proceso que haya durado del siglo XVII al XVIII para que tal vínculo dialéctico apareciese); ello explica por qué ese vínculo se da de manera tan natural en Locke y aún más claramente en D’Alembert y Diderot, los cuales expresan esa dialéctica más enfáticamente.

 

                              El empirismo materialista de Bacon, rompe con el escolasticismo en su conjunto, con un nuevo racionalismo, es decir, con una nueva lógica, que llama empirista, en tanto dada de manera inductiva a partir de los hechos de la realidad objetiva en el proceso del conocimiento; sin que ello implique negación alguna de los procesos racionales, que no sean precisamente los del racionalismo cartesiano deductivo, que tiende a identificarse –sin que realmente sea así–  con la vieja lógica escolástica formal, aristotélica, que Bacon denomina “lógica vulgar”.

 

                               De la misma manera, el materialismo empirista de Bacon no es ningún “empirismo vulgar”, irracionalista; es, simplemente, el naciente materialismo mecanicista, que en su base tiene esa característica.  Pero redefinir las cosas así tiene otra faceta importante: ese proceso largo y complejo que parecía llevaba finalmente al vínculo dialéctico empírico-racionalista; en tanto que esto más bien ya estaba dado desde un principio; a lo que llevó, fue a la reaparición, así, compleja, de la heraclitiana dialéctica misma; por lo demás, que de Bacon a Diderot, como materialistas, no logran descifrar del todo (lo que bien es aprovechado por el idealismo de Kant a Hegel); de donde Marx se encarga de invertir las cosa.  En ese contexto, el racionalismo absolutista tuvo que acabar reconociendo la validez del empirismo, sólo que a su manera, como “empirismo idealista”.

 

                                Con lo que se rompió, fue con la lógica formal aristotélica escolástica, que creía que del silogismo correctamente elaborado, se deducía el conocimiento verdadero; y para ello, la nueva lógica inductiva de Bacon, al plantear la verdad en la objetividad y causalidad del conocimiento de los hechos mismos mediante el experimento; donde “la materia ha de ser sacada de los hechos mismos” (Op. Cit. p.42, en su dedicatoria al rey); lo cual se repetirá “de mil maneras” a lo largo de su obra; en donde, al paso, destaca una expresión muy clara: “La verdad ha de buscarse, no en privilegios de época alguna, que es cosa variable, sino en la luz de la naturaleza y de la experiencia que es cosa eterna” (Op. Cit. p.97 Aforismo LVI, de la Segunda Parte...); planteó con ello los fundamentos de la lógica dialéctica misma; aun cuando no viéndolo así, porque Bacon dejó la dialéctica asociada a la retórica y sofística escolástica.

 



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13 agosto 2009 4 13 /08 /agosto /2009 08:03

Clich--Filosof-a


Del Entendimiento Entre las Personas,

en el “Monólogo de Escuchas”

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;
México, 20 ago 09.

 

                              Con motivo de un artículo de teoría de las relaciones internacionales fundadas en un planteamiento humanista, por el cual afirmamos que el entendimiento hasta la hermandad entre los seres humanos es posible, recibimos el amable comentario del compañero Karstins, que por la naturaleza de los planteamientos trasladamos a la página o tema de Filosofía, pero que bien ahora, haciendo ya a un lado lo “pesado” de los argumentos filosóficos, pudiéramos regresar al de Relaciones Internacionales, o mejor aún, al de Literatura.

 

                              Hemos titulado este seguimiento del intercambio de ideas con Karstins (redactando en el supuesto de que alguien más nos lee), “Del Entendimiento Entre las Personas, en el Monólogo de Escuchas”, dada una especie de curiosa “renuncia” al diálogo, luego que se ha planteado; esto es, decimos “especie de renuncia”, ya que, por su forma, evidentemente (por eso estamos aquí), no se evade; pero por su contenido, parece establecerse el que cada cual diga lo que piensa, que no importa del todo lo que diga el otro, si acaso sólo como referencia del discurso propio, dónde la razón o la verdad, al fin, lo está por igual en ambas partes.

 

                               El sentido popular suele referirse a esto como un “diálogo de sordos”; pero lo cual no se aplica aquí, porque evidentemente hay el ánimo de escucharnos (en forma de leernos); pero sólo de ello.  Las posiciones son a tal punto contradictorias, que no hay viso alguno de que lo que diga uno, afecte seriamente a lo que opina el otro.  En otras palabras, no existe aquí posibilidad alguna de que algún razonamiento conduzca al convencimiento y la rectificación de las ideas en alguna de las partes.  Justo a ello, en la antinomia, es a lo que nos referimos como “monólogo de escuchas”.

 

                             Llevar este “monólogo de escuchas” al plano de las relaciones internacionales, en nuestra opinión, es todo un despropósito, puesto que el objetivo de las mismas es, mediante el diálogo, el entendimiento entre los pueblos teniendo en común nuestra condición humana, con el propósito del convencimiento mutuo por un objetivo común (ese es precisamente el fundamento humanista de dichas relaciones internacionales).  Pero bien podemos trasladarlo con toda libertad y gran provecho, al campo de la Literatura.

 

                               Es en lo literario en donde sí podemos compartir con riqueza; es decir, en donde el “monólogo de escuchas”, puede ser transformado, en principio, en “diálogo de sordos”; pero inmediatamente, en una buena disposición a recrearnos literariamente, convertir el “diálogo de sordos” en cultural y humano entendimiento.  Va un ejemplo (y definitivamente llevemos esto a la página de Literatura).

 

                               Ciertamente, Karstins, ver la condición humana actual, esa que se ha formado en el curso de los últimos veinte años (apenas un tercio de lo que yo he vivido y por ese solo hecho puedo comparar); la guerra, los prejuicios de la ignorancia, el deterioro del ambiente natural, la profunda desigualdad social, la mezquina “competitividad” que nos enfrenta a todos contra todos, la falta de empleo, la pobreza y el hambre en los más, y la opulencia nauseabunda en los menos, en los ínfimamente menos; cierto, no puede mas que hacernos pensar que toda esperanza está perdida.  Pero Elpis, la griega deidad de la Esperanza, amigo Karstins, en un suave soplo del viento, aún aletea al borde de nuestra tumba...  ¿Porque aletea, verdad?...  O acaso será la tenue brisa la que bate sus alas?  Quizá, y muy seguramente, tengáis razón...

 


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13 agosto 2009 4 13 /08 /agosto /2009 08:02

Clich--Filosof-a    

Un Ejemplo de la Importancia de los Fundamentos
Gnoseológicos, en el Diálogo y Entendimiento

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
http://espacio-geografico.over-blog.es/, México, 2009.

 

                             Entre corchetes, a continuación, el texto aportado en un comentario, del compañero Kastins, en el ejercicio del diálogo (con la única modificación por nosotros en la separación entre párrafos, lo cual no es posible en el espacio de comentarios).

 

                             [“Pues no estoy de acuerdo en que mi posición sea la metafísica, yo me apoyo en los hechos.

 

                          Si usted deja de comer durante 2 meses no sobrevive, al menos sobre estas coordenadas psíquico-físicas en las que coincidimos. Hay un hombre que afirma que podemos alimentarnos simplemente mirando al sol pero yo no lo creo, y sí, esta última creencia mía no está basada científicamente, no lo he comprobado.

 

                            Para sobrevivir usted debe acabar con otros seres vivos, plantas o animales y es así por alguna razón que no conocemos, a esa razón desconocida que es, y me remito a los hechos, es a lo que llamo poder ajeno a nuestra voluntad; puesto que por lo que puedo recordar al menos yo no lo decidí así sino que de alguna forma me ha venido impuesto y ha de ser así aunque el hecho me haga sufrir.

 

                             Preferiría, como en esas películas de vampiros civilizados, que otros seres no tuvieran que morir para que yo viviera; si algún vegetariano se apunta a comentar que sepa que considero igualmente vivos a los seres vegetales aunque su forma de vida nos sea en cierto sentido más incomprensible o distante.

 

                             A mí me parece que es su postura la que se ajusta a sus deseos o su voluntad y no a los hechos.

 

                              De todas formas no creo que opiniones aparentemente contradictorias se invaliden entre sí, tal vez parezcan hacerlo pero no sea así en la realidad objetiva (que ¿existe? tampoco yo lo sé).

 

                               El ejemplo que siempre pongo es éste: usted mira una casa desde su lateral, yo la miro desde el frente y alguien pregunta cuántas ventanas tiene la casa; por alguna razón nuestro conocimiento de "casa" (es un ejemplo) es, digamos, bidimensional, no sabemos ni intuimos siquiera una tercera dimensión fuera de nuestra visión. Yo digo la casa tiene tres ventanas, usted dice: no, sólo tiene una. Yo digo, tal vez usted esté mirando la casa de Ana y no la de Pepe que es la que yo veo. Usted responde: no, no, la de Pepe estoy viendo yo también y le digo que sólo tiene una. Aparentemente es incompatible pero al aumentar nuestro conocimiento sobre "casa" descubriremos que no es así.

 

                              En ese sentido e independientemente del nombre que mi postura reciba, no soy de discutir pues aunque a mí otra opinión me parezca errónea pues quién sabe, yo no. Un saludo”.  Karstins]

 

*

 

                               De acuerdo, ese “poder”, entonces, no es sino eso que también se llama el “poder del instinto natural”, ajeno a la voluntad; o sea, la manera natural de existencia que tenemos todos los seres vivos (ciertamente, incluyendo las plantas), aun cuando debemos reconocer que el ser humano, al que le caracteriza la conciencia y con ello la voluntad (todo lo cual, justo, hace la moral y la capacidad de entendimiento humano; que es lo que originó este diálogo); no se le puede hacer depender exclusivamente de esa “condición natural”.

 

                             Dices no estar de acuerdo con mi opinión de que tu posición es metafísica; bueno, de acuerdo, mejor; entonces coincidimos.  Sólo que, en consecuencia, por qué dudar de la existencia de la realidad objetiva; es decir, la realidad formada por el mundo de los objetos materiales fuera de nuestro pensamiento y mundo de los hechos ajenos a nuestra voluntad; poner en duda ello, justo es lo que hace a la metafísica.

 

                              Una variante de ella es la ideología del llamado “posmodernismo”, que de manera absolutista, relativiza todo el conocimiento (el ejemplo de la casa que explicas), en donde basta que hagamos algunos ajustes en el intercambio de ideas, para entender que estamos viendo o no la misma casa (esos ajustes están en la capacidad de visión estereoscópica o tridimensional; el poder movernos al punto de vista del otro, o la capacidad de abstracción para visualizar el objeto complementando información).  Sólo si nos quedamos de manera absoluta en el puro relativismo, tendrías razón.

 

                             Que de dos opuestos antagónicos que se contradicen negándose entre sí mutuamente, uno y sólo uno, será verdadero; es una ley de la lógica: la “Ley del Tercer Excluido”, establecida por Leibniz desde el siglo XVII, y ampliamente aceptada por la ciencia moderna hasta nuestros días, y sólo negada por el llamado “paradigma” de la ciencia de la “posmodernidad”.

 

                         Por lo dicho en el artículo “Acerca del Diálogo y el Entendimiento Entre las Personas”, en la medida en que precisamos nuestras posiciones,  contribuimos con ello al diálogo y al entendimiento (conocemos los fundamentos de cada cual, y la discusión; entendiendo por ello estrictamente el intercambio de ideas; se esclarece); y en ese sentido, se pudiera asumir que, entonces, compartes los planteamientos de dicho posmodernismo (lo cual, como has visto, hace que tu posición no pueda ser, como dices, “independientemente del nombre que mi postura reciba”; sino todo lo contrario, justo ello es lo que le caracteriza, incluyendo lo paradójico del rechazo a la discusión).  Y si es así, invariablemente, estamos en una contradicción antagónica, y una posición, y sólo una, necesariamente, corresponderá con la verdad.  Y nada de lo que digamos será suficiente como argumentación demostrativa de la verdad, por lo cual, ello sólo lo dirá el tiempo o práctica histórico-social.

 

                        Así, siendo posiciones antagónicas, efectivamente, no queda mas que respetar la posición de cada cual, no obstante que mutuamente las pudiésemos llegar a juzgar erróneas.

 

Saludos.


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13 agosto 2009 4 13 /08 /agosto /2009 08:01

Clich--Filosof-a    

Acerca del Diálogo y el Entendimiento
Entre las Personas
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;

 http://espacio-geografico.over-blog.es/,

México, 13 ago 09.

 

 

                              Debemos partir del razonamiento más simple posible.  Cuando el conocimiento de la verdad está en el centro de todo saber, optar por una posible idea u otra porque representan versiones, en principio, ya no idénticas entre sí (o de otra manera compartiríamos la misma opinión), sino versiones, por lo menos, contrarias; en donde ya notamos que hay algo que les hace relativamente diferentes (es decir, que una en relación con la otra, las hará diferentes); si no es que absolutamente contradictorias, en donde ya una versión niega completamente a la otra.

 

                              Lo que está detrás de cada versión, finalmente, es toda una manera de interpretar el mundo; una posición filosófico-cognoscitiva; de modo que lo idéntico, lo contrario, o lo contradictorio entre una versión o idea de las cosas, es, en el fondo, la identidad, contrariedad, o contradicción entre esas interpretaciones del mundo o posiciones filosófico-cognoscitivas.

 

                              Tales interpretaciones filosóficas del mundo, finamente, no son sino el fundamento dado en uno u otro sistema filosófico, estemos o no conscientes de él.

 

                              La coherencia de los argumentos demostrativos dependerán de esa conciencia o no, del fundamento filosófico.  Serán débiles y confusos a falta de ello.  Y en la comunicación o intercambio de ideas, se hace necesario, o por lo menos conveniente, el preestablecer nuestros fundamentos (lo que se conoce como Marco Teórico); el cual, en nuestro caso, lo es en la dialéctica materialista.

 

                               El problema esencial es: ¿y cuál versión, opinión, o interpretación de las cosas, es la verdadera?  ¿cómo saberlo?  La ideología de la llamada “posmodernidad”, niega que esto pueda ser posible, y habla sólo de una verdad relativa; esto es, de una verdad subjetiva, sólo en relación con la opinión del sujeto (en donde cada cual tiene su verdad).  En esas circunstancias, carece de sentido todo intercambio de ideas, ello se hace inútil o a lo más se convierte en mera retórica; pues ya puede irse cada cual por su lado con su verdad, que la realidad, el mundo objetivo, puede ser otro.

 

                           Así, la verdad en relación no con la opinión del sujeto (subjetiva), sino en concordancia con la realidad, con el mundo de los objetos materiales fuera de nuestro pensamiento (la verdad objetiva), adquiere ya no sólo un carácter relativo, sino, en un momento dado, absoluto, válida para todos.

 

                             Saber qué es lo verdadero implica, pues, establecer cuatro criterios fundamentales: 1) la objetividad, 2) la causalidad, 3) la deducción lógica, y 4) la verificación en la experiencia o práctica histórico social.

 

                             Ahora, si nuestras opiniones son totalmente contradictorias (una niega totalmente a la otra), entonces, bajo el criterio de la verdad objetiva, una, y sólo una, será necesariamente verdadera.

 

                              En consecuencia, afirmar, por un lado, por ejemplo, que está en las manos del ser humano el poder de conciliar todas sus diferencias y ser una sola y real hermanada humanidad, consciente de su naturaleza y su propósito; o afirmamos, contradictoriamente, que hay “un poder –por demás cruel– que no tiene nada que ver con nuestros anhelos...” (Kartins), que nos impide tal fraternidad humana; en primer lugar, por el principio de objetividad, una, y sólo una interpretación, será la correcta y verdadera; y en segundo lugar, sólo lo puede ser aquella que explique las causas y pueda proponer la manera de corregirlas; que lo haga de manera hipotético-deductiva; es decir, con arreglo a las leyes de la lógica; y que argumente su demostración no sólo con los hechos semejantes dados en la historia, sino con hechos predecibles a verificar.

 

                              Esto es, que aquí se confrontan dos evidentes posiciones: la científica (que remite al mundo objetivo), y la metafísica (que remite a un mundo sobrenatural de <<un poder cruel, por el momento ineludible, que se nos opone>>.  Una posición se demuestra con los recursos del ejercicio de pensamiento y de la ciencia.  La otra posición, sólo se finca en la creencia, en aceptar que existe un poder extraño ineluctable.

 

                             Así, entre dos posiciones contradictorias irreducibles, sólo quedará el congratularnos por el ejercicio retórico a que invita, que siempre será uno de los máximos placeres humanos.  Nadie, por ese ejercicio, convencerá demostrativamente a nadie y le hará ajustar su opinión; por lo contrario, mutuamente se reforzarán cada una por su lado..., pero eso, así fuese lo único a esperar, ya es virtuoso.


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27 julio 2009 1 27 /07 /julio /2009 16:49

Clich--Filosof-a 
                                                    De la Relación Sexual Entre los Sexos,
                                                                              a su Relación Ético-Estética

      Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;

 http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 27 jul 09. 


 De la relación sexual de los sexos, a su relación social ético-estética; luego de mucho pensarlo, creemos que eso es, finalmente, lo que sintetiza el problema esencial que la lucha feminista ha enfrentado, entendiéndolo desde el punto de vista existencialista.  Aquí haremos una consideración acerca de lo mismo, pero desde un punto de vista marxista, dialéctico-materialista, y del que –a nuestro parecer– todos debemos y habremos de hacer conciencia.

 

Hace cerca de quince años planteaba a los estudiantes un ejercicio, y preguntaba primero a los hombres, y luego a las mujeres, lo siguiente: ¿En nombre del amor –lo que eso signifique, que siempre será lo más bello–, desearían que el ser que les ame se les entregue en esclavitud, lo que literalmente eso significa?  Ellos, en la plenitud de la barbarie, respondían: ¡Sí, claro que sí!..., y ellas, con una alta eticidad, respondían tajantes: ¡No!

 

Luego les hacía la segunda pregunta planteando las cosas al revez: ¿En nombre del amor –lo que eso signifique, que siempre será lo más bello–, estarían en la disposición de entregarse en esclavitud –lo que literalmente eso significa–, al ser amado?  Ellos, casi molestos: ¡No!  Y ellas..., ellas..., bajaban la vista, sonreían con pudor, y con timidez respondían final y suavemente: no, <<con ese “no” de todas las niñas>> (jóvenes veinteañeras).  Quince años después cambió drásticamente ese escenario, lo cual es motivo de un comentario aparte.

 

Luego, por supuesto, me hacían las mismas preguntas a mí, y yo, a que una mujer que me amase se me entregara en esclavitud, respondía “suavizando” la barbarie echando a volar su imaginación: ¡guauu, sí, claro que sí! (todos, hombres y mujeres, reían complacidos).  Y a la pregunta de mi entrega en esclavitud, decía yo con un dejo de exquisitez: ¡guauu, sí, claro que sí! (ellos, exclamaban incrédulos y desaprobando; ellas..., ellas..., se quedaban admiradas y complacidas).

 

Luego venía la explicación en que fundaba esas respuestas: una explicación gráfica, en caricaturas, del concepto dialéctico materialista de Libertad; esto es, de la conciencia de la necesidad.  En síntesis, que siendo el amor un sentimiento asociado a una necesidad tan esclavizante como la sexual, la conciencia que se tenga de lo que significa esa esclavitud: la entrega mutua que ello impone, total, plena, absoluta e incondicional al ser amado, y por propia voluntad, otorgará la libertad.  Que siendo mutua, otorgará la mutua libertad.

 

El planteamiento contrario es la definición de la filosofía existencialista del concepto de Libertad: la posibilidad en la voluntad, independientemente de los demás seres humanos.  De donde resulta, para esta filosofía, un total y absoluto contrasentido entender el esclavizante sentimiento de amor como la necesaria entrega total, absoluta e incondicional, sino más bien, justo, como lo contrario, es decir, como la más plena independencia de un ser al otro (y ello explica todo el planteamiento feminista, de origen existencialista, como una “relación afectivo-sexual”).

 

*

 

Ubicados en la filosofía dialéctico-materialista, lo que habremos de entender es, en consecuencia, que una cosa es la relación sexual entre los sexos;  dada por la más elemental y primaria necesidad, natural, instintiva, con toda “su barbarie”; y otra cosa es la relación social en su forma ya económica, política, o ético-estética entre los mismos, dada, y sólo dada ésta, como condición de la más plena conciencia social y moral.

 

Interpretar indiscriminadamente las relaciones entre los sexos sin apego a las leyes de correspondencia en cada caso, implica un doble error: de reduccionismo cuando la relación social se interpreta bajo patrones de relación sexual, o de falsa generalización, cuando lo sexual se interpreta bajo condiciones sociales.

 

Así, si interpretamos la relación sexual entre los sexos bajo sus propias leyes de correspondencia (las simples del instinto primario); como hombre no podría esperarse sino la más plena entrega de la mujer en esclavitud, es decir, con la más absoluta sumisión, para (en la más plena barbarie), poder poseerla, gozarla y disfrutarla sin restricción alguna.  Como mujer, cabría pensar que lo esperable de su entrega (misma que ha de darse por propia voluntad y como condición necesaria si no ha de entenderse una situación forzada), habría de ser la acción pasiva de ser poseída, gozada y disfrutada sin restricción alguna.  Apenas atenuado todo ello ya por los tabúes culturales, o bien por ciertos ineludibles prejuicios existentes en todos (o en lo inverso, llevado a extremos de lo no-común en lo que se conoce como sado-masoquismo, que calificaríamos socialmente de “perversión”).

 

Mas si interpretamos la relación social entre los sexos, por ejemplo, en el ámbito de lo económico, esa entrega sexual no podría interpretarse mas que como un asunto de comercio, esto es, prostitución; por lo tanto, la relación social económica entre los sexos, es en realidad, independiente de la condición del sexo mismo.  Cada sexo no es, económicamente, sino fuerza de trabajo cualificada, que dependiendo de las necesidades de la producción y la ganancia, habrá de ser considerada ya en mejores, o ya en peores condiciones.  Ese mundo económico-social que se aplica indistintamente al sexo, pero enfáticamente en relación con la cualificación de la fuerza de trabajo; particularmente dicho en nuestra sociedad capitalista de despiadada explotación; es liberación de la mujer respecto a su necesaria sumisión en la relación sexual, pero nueva esclavitud en la relación económica, incluso hacia otras mujeres que operan como mandos o en calidad patronal.

 

Otro tanto ocurrirá en otras formas de relación social; como en la relación política, donde la mujer alcanza aún mayor libertad; y ahora, de la esclavitud dada en la explotación asalariada, se convierte en dirigente, subordinada a un orden legal, pero potencialmente con la conciencia de la necesidad que le hará alcanzar en una participación social o de masas, mayores grados de libertad.

 

Pero la más elevada expresión de la relación social entre los sexos, ahí donde ambos alcanzan una más plena libertad (ese proceso de liberación no es, como el feminismo cree, exclusiva de la mujer, sino mutua), es en la relación moral entre éstos; más exactamente dicho aún, en la relación ético-estética entre los sexos.

 

En tanto la Ética, la ciencia de la moral, enseña los fundamentos de la obligatoriedad del deber ser en la relación moral, ciertamente, dada por las costumbres socioculturales; en donde el principio fundamental de toda moral es la existencia del otro que determina nuestro deber ser; en la relación moral entre los sexos, el hombre (la parte masculina, y dada su genética) no tiene más razón de ser que estar al servicio de la mujer (la parte femenina, y dada la genética de ésta, es decir, objetivamente por cómo nace, no subjetivamente por cómo se hace; así, si la mujer ha de ser un “producto sociocultural” lo es en este sentido, esto es, objetivamente por las razones naturales que obligan a su trato desigual, pero necesaria y moralmente equitativo, justo, en lo cual su ser sea humanamente digno; y no subjetivamente por una arbitrariedad de costumbre); al punto de sacrificar el hombre obligadamente su vida por ella; independientemente de cuál mujer sea; pero con mayor razón (aun cuando la obligatoriedad moral se la misma), cuando esa mujer, es la mujer amada.  En la relación moral entre los sexos, la mujer alcanza la más plena libertad e identidad como mujer en su condición de deidad venerada.

 

Pero si la relación moral aparentemente ya dio la condición más elevada en el proceso de identidad no sólo de lo masculino, sino principalmente de lo femenino que aquí interesa, la relación estética la hará sublime.  La Estética es la ciencia acerca de lo bello y el arte, enseña las leyes de la percepción sensible que enriquece la naturaleza humana; y así, en la relación estética entre los sexos, estará involucrada la percepción sensible de lo bello en dicha relación, y del acto creativo de la misma (en realidad así debería ser, pero nuestra sociedad aún no alcanza esos grados de desarrollo, y antes al contrario, en los últimos veinticinco a treinta años ha venido perdiendo precisamente en su condición humana); pero es en la relación estética de los sexos donde uno crea al otro, en donde ambos se crean mutuamente reconociendo en la belleza y perfección de la otra parte, la propia perfección y belleza.  El otro, respecto del hombre, ciertamente es la mujer; pero el otro, respecto de la mujer, lo es también, en ese segundo plano, el hombre.

 

En lo ético, toda la condición de la existencia y la vida se pone en función del otro en la más plena y absoluta entrega (del hombre a la mujer o de la mujer al hombre); en lo estético, no puede dejar de reconocerse al otro como a uno mismo, perfeccionado y realizado (es decir, en donde uno encuentra su ser humano real); el otro, la otredad o la alteridad, se convierte así en el alter ego, el “otro yo”.  Es por ello que en la relación ético-estética entre los sexos, no sólo la mujer (lo femenino), sino el hombre (lo masculino), alcanzan; en la conciencia de la necesidad de su mutua entrega por propia voluntad, total, plena, absoluta e incondicional; su más sublime libertad.

 

*

 

Así, en conclusión, no es siendo ajenos o “independientes” al otro como cifraremos nuestra propia libertad; por lo contrario, en ello está la más terrible esclavitud.  Un indicador de lo mal que nuestra sociedad está en este tema, es cuando al contraer matrimonio se suele decir, paradójicamente con feliz emoción, que con ello “se perderá la libertad”.  El matrimonio aparece así como un acto de “sublime sacrificio”, por no más que el placer sexual de la reproducción.  ¿Y quién puede soportar toda una vida, la eternidad misma que el sentimiento de amor supone, en esclavitud?  El amor debe entenderse como libertad, en la cual el ser humano se hace un ser humano real, no como esclavitud que justo le arrebata la más elemental condición humana.  ¿Cómo explicar entonces la dignificación humana en el matrimonio?

 

Paradójicamente, hemos visto, la libertad supone la conciencia de la necesidad de la más profunda entrega mutua.  En ese sentido, ese “rol inferiorizado” que el feminismo atribuye a la mujer, es en realidad la expresión de un alto sentido ético-estético en ella: ese aparente sacrificio en la esclavitud en que se entrega toda la voluntad propia al otro.  El rasgo más esencial del “machismo”, es precisamente la falta de correspondencia moral y estética del hombre hacia la mujer en esa entrega subordinada, dejando con ello el acto de sacrificio de manera unilateral, y por lo tanto, haciendo del mismo algo real que no anula en la reciprocidad.

 

La realización de la mujer (como la del hombre), no puede ser sino realización social humana (es decir, en sociedad, no de manera individual; y en la dignificación humana).  El que la mujer sea un ser humano real, no se reduce, pues, a su realización biológica en la procreación; esa es sólo su realización más básica.  Su realización más plena, es su realización ético-estética.  Y si alguien ha estado totalmente alejado de ello hasta ahora, ese ha sido precisamente el hombre; pero si alguien ha estado lo más cerca de ello, esa ha sido precisamente la mujer (el feminismo, impensadamente, ha hecho que se diera marcha atrás en ello; dicho desde el punto de vista marxista, o por o menos, desde el punto de vista de este análisis que se pretende en ello).  Es este sistema socioeconómico capitalista, otrora  en sus luchas contra las monarquías feudales, progresista y revolucionario, lo que nos oprime mutuamente a hombres y mujeres por igual.  Aun cuando, ciertamente, como individuos, preparando incluso las condiciones sociales del futuro, y concluyendo esta disertación, debemos recuperarnos (ahora ambos sexos), en ese desarrollo ético-estético.

 

Finalmente, pues, justo por esa razón ético-estética, a la pregunta de Sartre a Simone de Beauvoir de: ¿Qué significa ser mujer?...; obviamente, toca a ella decirlo; pero, fundado en el razonamiento filosófico aquí elaborado, por lo tanto más allá del sentido romántico literario que pueda tener nuestra opinión –que sin duda también lo tiene, no por nada la belleza estética del análisis filosófico–, reciban aquí la misma: la mujer significa..., todo.

 


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