Overblog
Seguir este blog Administration + Create my blog

Presentación Del Blog

  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
  • Contacto

Buscar

Archivos

12 enero 2014 7 12 /01 /enero /2014 23:02

Mar; 8 Mmm“Periquín Plumero”: una ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial.  Conclusión. (14/14)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geogrfico.over-blog.es/

abril 13.

 

Concluye esta narrativa, pero la verdad es que de ella, no hubieron conclusiones…; y, en realidad, bien visto, ni tenían por qué haberlas; ellas, en todo caso, quedarán como en mi hijo Marduk –al que sólo atrapado pude decirle parte de todo esto–, como en quien haga la reflexión sobre toda esta narrativa, entre todos ellos, sus hermanas.

 

El último día, el 28 de mayo de 2013, me dispuse a tratar de analizar lo que quedaba de ética formal de soporte a todos estos consejos; pero aún no terminábamos de acomodarnos a la mesa, cuando llegaron dos o tres jóvenes de los llamados “estafetas”, que cumplen con la misión de dar avisos trayendo y llevando mensajes, y así, sin más, dirigiéndose a mi uno de ellos, me dijo: “Señor, su hijo ya tiene que salir”; así, en esos términos de condición obligada…; ¡allí, en la “prisión de adentro”, ya no lo aguantaban más!

 

Pero la descomunal paradoja, es que en la “prisión de afuera”, entre los que antes luchaban por sacarlo, ahora se clamaba porque se le retuviera, por lo menos, una semana más.

 

El Rector Enrique Dussel pedía “más tiempo de experiencia”; el profesorado de Derechos Humanos, pedía la oportunidad de discutir el caso; los estudiantes demandaban tiempo para organizarse; la comunidad artística se quedó con las ganas de representar su parodia del “Circo Jurídico” enfrente del Juzgado; el –digámoslo así– “grupo que se organizaba para pedir su liberación”, apenas debatía, según Ana, que no debería denominársele “Comité”, y a Jaime esa palabra le salía a cada momento de manera natural, Raymundo abogaba por el hecho de que así se le llamaba a todos: “Comités de Liberación”, pero que no había objeción, y Ameyalli se tiraba de los cabellos llamando a que ese “grupo”, se llamara como se quisiera, pero que era urgente que desplegase su actividad organizadora para la liberación de Marduk a través de la Red…, y el día que Marduk “tenía que salir”, concluyeron, por fin, que deberían llamarse “Red de Liberación”, entonces la “Red de Liberación” clamaba porque Marduk aún no saliera, porque todavía no acababa de organizar la demanda de su liberación.  Los globos se iban, las orugas demandaban tiempo para madurar, las mariposas no eran suficientes; y el condenado OVNI, a la mexicana, llegó “cuando ya para qué”.

 

Quizá el más contrariado era yo: se me escapaba sin que hubiésemos revisado de manera completa el tema…  Los “sentimientos encontrados” eran poderosos.  Al final, pudieron más los que ya no lo soportaban en la “prisión de adentro” y “en media hora tenía que salir”, y que yo tenía que ir esperarlo en la “prisión de afuera”.

 

Guardamos nuestras cosas, apresuradamente logramos despedirnos de algunos cuantos, y nos encaminamos “bien escoltados” por los “estafetas” (no fuese que nos les escondiésemos por ahí).

 

En la “prisión de afuera” ya aguardaba su hermana Zazil y Alba, una compañerita de “Efekto Noticias”, y tuvimos que esperar...

 

Un día después, en una entrevista de TV por Internet en “rompeviento.tv”, uno de los productores nos hizo ver que contabilizar “un día más o un día menos”, suscitaba discusión entre nosotros, destacando el significado profundo de “un día” en esas condiciones.  Lo entendí perfectamente así, tanto más, que no sólo el tiempo adquiría un significado profundo, sino también la distancia.  En esa situación de suyo desgarradora que se vive particularmente en la “prisión de adentro”, cuando esperábamos a Marduk, salió de la visita una mamá, señora con la que hicimos esa relación de amistad peculiar que allí se da, y con lágrimas en los ojos nos felicitaba, informándonos que <<a Marduk ya lo había visto en los rehiletes>>; unas palabras de nuestra parte de agradecimiento y consuelo, se fue, y luego Zazil preguntó: ¿Y dónde están los rehiletes?, y en la estimación más fina posible, le respondí…: “ya está a 10 m de la salida”…; y unos momentos después, Marduk aparecía en el umbral de transición de la “prisión de adentro” a la “prisión de afuera”…, y unos minutos después, ya en casa, todo volvió a ser felicidad…

 

 Explicacion-Grafica-Relacion-Biosocial.jpg

Explicación gráfica de “Periquín Plumero” sobre una servilleta, de la Relación Biosocial.

["Clik" en imagen para amplificar]

 

 

Compartir este post
Repost0
10 noviembre 2013 7 10 /11 /noviembre /2013 23:02

Mar; 8 Mmm“Periquín Plumero”: una ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial.  Amor e Identidad. (13/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geogrfico.over-blog.es/

abril 13.

 

El quinto nivel de identidad a considerar, se torna incluso delicado.  Es un nivel complejo, no sólo porque imponga la reflexión, sino porque esa reflexión, además, reclama de cierta teoría, es decir, de ciertos conocimientos fundados con la mayor rigurosidad posible: es el de la identidad moral.

 

Pudiera parecer que se resuelve espontáneamente en el trato cada vez más íntimo, y de hecho así se considera y opera en lo general, dad, precisamente, la ausencia total de esa teoría de la moral, es decir, del desconocimiento de la Ética como ciencia que nos ilustra sobre esta identidad.  La valoración de un acto moral, ya de una escena de una película o de la vida real, si es igual en ambos, las cosas van bien, pero si se difiere, y en ello los valores son más contrastantes, hay que poner atención.  Será la manera de enfrentar la vida en pareja, y una diferencia sutil en este aspecto de lo moral, será, inevitablemente, una poderosa y definitiva fuente de desavenencia.  Y esto no es asunto de que “cada cual es diferente” y hay que ser tolerante con la manera de ser y de pensar de cada cual, no, este es una asunto de necesidad e identidad para poder enfrentar juntos los problemas de la vida.

 

Habrá de estudiarse sistemáticamente, cual lectura de libro sagrado, la ciencia de la moral, la Ética; y esencialmente la ética marxista, esa Ética general de “Periquín Plumero”, sobre cuya base se exponen estos consejos de una ética particular o nicomaqueana.  Más ya no podemos (y creo que ni debemos) hacer más.

 

Queda un sexto y último nivel de identidad, el más escabroso, pero el más esencial: la identidad en la relación sexual.  Aquí tenemos que imaginarnos los dos extremos más extremos posibles, y se me ocurre, por un lado (francamente en este extremo no creo que haya algo “más allá”), el acto de relación sexual satisfecho exclusivamente en la inseminación artificial.  Luego, en el extremo opuesto, precisar qué es lo más extremo, está más difícil; podemos imaginar cualquier acto de relación sexual satisfecho en alguna forma sado-masoquista, incluso próxima a una satisfacción entre psicópatas.

 

Recordemos, es relación biosocial, aquí no rigen reglas morales, por lo tanto, ni un extremo puede calificarse de “ridículo”, ni el otro valorarse como un acto de “máxima perversión”; todo el asunto es simple: qué acto de relación sexual satisface por igual a ambos; justo este es el problema de identidad aquí.  ¿Entre qué extremos, de esa amplia gama, está lo que satisface a cada cual, de modo de modo que en la coincidencia se de la identidad?

 

Le llamamos relación biosocial, justo porque, aun siendo un acto puramente biológico, natural, éste está determinado inevitablemente por las relaciones sociales eminentemente morales, lo que es justo, en principio, lo que fija esos extremos.  Pero otro factor igualmente importante, lo es la experiencia de vida, la cual, en una pareja joven, con la relatividad de las cosas, no puede asumirse que sea mucha.  No obstante, con ello, debemos fijarnos en las características extremas de la satisfacción sexual, que ya con la experiencia, esos límites podrían, seguramente, ampliarse.

 

A alguno de ambos, por poner sólo un ejemplo, le podría causar placer la oralidad; pero si a alguno de ambos ello le pareciera, por decir algo, “sucio” o “inmoral” –y esto no debe tomarse a la ligera–, cierto es que podrían cambiar las cosas con la experiencia, pero ello podría ser, incluso, no en un sentido positivo, sino, peor aún, negativo; y ya Sigmund Freud hizo de la frustración sexual la base de su teoría del psicoanálisis.

 

Habrá de hacerse un esfuerzo por fijar esos límites con toda apertura, sin prejuicios, y de haber diferencias, recurrir a una asistencia médica especializada (evitando lo que de suyo arroja más prejuicios, como la asesoría religiosa, o las terapias propias para un problema que no es, en principio, de orden psicológico –acaso lo podría ser como consecuencia, con posterioridad–, sino de influencia moral en un ámbito de placer natural), que genere confianza en los hechos, que ayude a romper prejuicios y que ajuste esa identidad tan esencial.

 

El libre juego de estas identidades se ha dejado por siempre a lo espontáneo, justificable sólo en los dos primeros niveles; pero el desarrollo y progreso social exige ya a las nuevas generaciones una formación más culta con la cual abordar las relaciones de pareja con mayores fundamentos teóricos, que haga la vida de la misma, y del conjunto de ellas, la propia vida social en algo más armonioso en un arreglo ético-estético.  Con todo, vivimos en una sociedad capitalista en donde todo se corroe, y, en prevención de ello, el último consejo: el casarse, no ocurre, como erróneamente se cree, al momento de firmar un Acta Matrimonial (de mater, madre; acto por el cual una mujer se dispone a ser madre), ello es sólo la confirmación ante la sociedad, de lo que ya se ha decidido antes, y con ello moralmente se ha consumando simplemente en el acto de aceptarlo; el matrimonio, el casamiento, se produce, pues, desde el momento mismo en que el hombre se lo pide a la mujer, y ésta lo acepta.  Pero luego está el problema del patrimonio (de pater, padre, y en particular, referido a la heredad).  Aquí lo recomendable es el casarse por la egoísta fórmula de “bienes por separado”, pero en realidad para facilitar el aspecto legal; pues dado por supuesto que tal hecho es secundario en tanto está por encima de ello la relación moral, el asunto es facilitar no sólo el riesgo de la separación, sino principalmente el de la heredad.  Y ello no hace más que confirmar, como hemos dicho antes, que el progreso social exige ya a las nuevas generaciones una formación más culta con la cual abordar las relaciones de pareja con mayores fundamentos teóricos, que haga la vida de la misma, y del conjunto de ellas, la propia vida social en algo más armonioso en un arreglo ético-estético.

 

Compartir este post
Repost0
3 noviembre 2013 7 03 /11 /noviembre /2013 23:02

Mar--7-Oh-ho.jpg“Periquín Plumero”: una ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial.  Amor e Identidad. (12/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geogrfico.over-blog.es/

abril 13.

 

4  Amor e Identidad.

 

b) Identidad.

 

Visto todo lo cual, todo el problema se reduce a la identidad; al reconocimiento de uno mismo en el otro ser, de modo que este responda tal cual nuestro deseo (si bien en una mayor aproximación posible), y, en este tema tanto más escabroso como más esencial, el que el otro ser responda como si fuésemos nosotros entendiéndonos a nosotros mismos, a nuestros deseos biosociales, o más claramente dicho, a nuestros deseos eróticos o sexuales.

 

Y así como hicimos una “académica” clasificación del amor para ayudarnos a su composición, conviene ahora hacer una clasificación de los aspectos más generales y esenciales de la identidad, a fin de entender ésta.

 

Las relaciones biosociales siguen un proceso natural, espontáneo, en sucesivos aspectos de nuestra identificación con el otro ser, proceso que no es difícil ubicar: una mujer y un hombre se conocen, sin tratarse aún, mutuamente uno ve en el otro algo de sí, precisamente en eso que le gusta; sin conocerse a fondo, eso que se gusta el uno del otro, es, en general, una manera de ser.

 

Pero esa manera de ser, esa emotividad o manera de estar en movimiento, va inseparable de una estética de lo que se es; esto es, que, en ese ser que se mueve, su movimiento realiza lo que soy y quiero ser, me identifico; pero, además, ese ser cuyo modo de moverse hace real mi propia manera de ser, es un ser en el cual se conjugan los elementos de la belleza.

 

Con ello todo queda preparado para que se muevan, en un segundo nivel de identidad, los sentimientos; eso que nos hace reír de lo mismo o consternarnos por lo mismo.  Cuidado y no sea así, pues en vez de eidentidad enlo que une, se empezará a ver lo diferente y lo que separa.  En esto es un grave error creer que “hoy es así, pero ya cambiará”, pues lo real, particularmente en el hombre, es que es así, y así ha sido y será por siempre.  En esto la mujer tiene más capacidad de adecuación, de flexibilidad y adaptación, pero en general no debe suponerse que por ello, “va a cambiar”.  Esta es precisamente la importancia esencial de la identidad.

 

Del primer nivel de identidad en lo estético, se pasó al segundo nivel de la identidad en los sentimientos; ahora, profundizando en un tercer nivel de identidad, éste resulta del trato más o menos íntimo: la identidad en lo ideológico, es decir, en la manera de interpretar el mundo, tanto en su totalidad como en sus partes; y eso comienza a ser ya más complejo.  Apreciar lo bello y dejarse llevar por la pasión de los sentimientos, es algo que ocurre de manera natural, espontánea esa identidad en lo ideológico, ya implica una reflexión, lo que, en consecuencia, nadie hace ya.

 

Pero, ¿cómo armonizar dos interpretaciones religiosas del mundo, diferentes, o de la religiosidad y del ateísmo?  En eso no se piensa, pero a la postre pudiera ser fuente de diferencias y problemas, o sea, de una falta real de identidad.  Por lo regular, sólo una amplia cultura o cierta madurez, podría atenuar o minimizar la diferencia.

 

Un cuarto nivel de identidad, igualmente problemático, es aquel de la identidad intelectual.  El asunto no sólo es tender a las mismas dotes intelectuales reales, sino a resolver en ello esa parte problemática de la incorrecta proyección de las relaciones biosociales a las relaciones sociales intelectivas.  El dejar las cosas al tiempo y a su solución espontánea, allí en donde nadie nos da esta teoría, hace más difícil enfrentar las soluciones.  El disponer de estos consejos, creemos puede ayudar a prevenir situaciones y adelantar sus soluciones.

 

Pero si los dos niveles de identidad anteriores son problemáticos dado que obligan a la reflexión anticipada de la vida, el quinto nivel de identidad a considerar, se torna incluso delicado.  Es un nivel complejo, no sólo porque imponga la reflexión, sino porque esa reflexión, además, reclama de cierta teoría, es decir, de ciertos conocimientos fundados con la mayor rigurosidad posible: es el de la identidad moral.

 

Compartir este post
Repost0
27 octubre 2013 7 27 /10 /octubre /2013 23:02

    Mar--6-Orale.jpg“Periquín Plumero”: una ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial.  Amor e Identidad. (11/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geogrfico.over-blog.es/

abril 13.

 

4  Amor e Identidad.


a) Amor.

 

Haciendo abstracción de que se haya vivido la experiencia del amor o no, aquí el tratamiento del punto es, digámoslo así, meramente “académico”, quien lo haya experimentado ya corroborará en mayor o en menor medida lo que aquí expongamos, y en mucho, según la experiencia misma; y quien aún sea ajeno a la experiencia de tal sentimiento, que particularmente se refiere al amor erótico o de pareja, precisamente, queda echar mano de la ineludible experiencia del sentimiento de amor en sus otras relaciones, si bien menos desconcertantes o que provocan menos consternación, desde el amor materno (ese amor singular, profundo y natural de la madre), el amor filial (de padres e hijos), el amor fraterno (de la amistad), el amor a sí mismo (de la autoestima), el amor al prójimo (o amor al ser humano en la identificación con la otredad o el alter ego), e incluso el amor a Dios (a una fe en algo superior, dada en cualesquiera que sean los seres que se deifiquen); de todas esas formas del amor, la más apasionante y por ello de mayor consternación en las almas, es el amor erótico (de la pareja humana).

 

Por esas razones “académicas”, abstractas, lo primero que debemos preguntarnos es: ¿Qué hay de común entre todas esas formas en que se expresa el sentimiento del amor?  Y lo que se encuentra como común denominador en todo ello, es: la incondicionalidad, un profundo sentimiento por el sentimiento mismo (justo lo que lo hace incomprensible e irracional), acaso dicha incondicionalidad, porque en el fondo hay una identidad en el reconocimiento propio; el apoyo mutuo, como se suele decir, “en las buenas y en las malas”, como asimismo, el placer o solaz mutuo que recrea mutuamente; es decir, en el cual ambos seres, o uno consigo mismo, fomenta el “volver a crearse o a ser” continua y permanentemente; allí donde se procura por los unos a los otros; donde se da un sentimiento de pertenencia, como de posesión, donde estéticamente se reconoce la belleza plena, como moral o éticamente, en un momento extremo, se impone la obligatoriedad del sacrificio de la vida misma de los unos por los otros.

 

En el amor (de ad, hasta; y morem, muerte), que se interpreta como "contigo hasta la muerte", en esa uninón de posesión-emtrega que con toda pason se expresa en el amor erótico, todo ello en común, está implicado, incluso con esa “misteriosa” pasión mayor, que se potencia en el sentimiento fuera de toda racionalidad.  Y es que esa pasión está determinada justo porque en la otredad o alteridad, se reconoce a la vez, lo que nace ya no de lo consanguíneo, ni de la conocida amistad, como ni de la unicedad o la abstracción; sino de lo que en su origen es extraño e incluso exótico, es decir, que proviene no sólo de fuera, sino lejos, pero con una capacidad arrebatadora descomunal, que hace del alter ego algo más profundo, que nos impone su apropiación (en lo masculino), o la entrega (en lo femenino); y en donde, por lo tanto, el sentido de pertenencia mutua se hace inconmensurable.  Es de esta pasión que se deriva el matrimonio (el hacer a la mujer la madre de nuestros hijos), en el casamiento.  Casamiento que, por lo demás, no ocurre, absurdamente como todo el mundo cree, cuando se firma un Acta Matrimonial (casi refrendando un acto de comercio), sino que ocurre desde el momento mism en que tocando al hombre pedir a la mujer ser su esposa, en aceptando ella, el casamiento se consuma ali mismo, en ese acto; luego, ante el juez de lo civil, es dar fe a la sociedad y al Estado de tal unión (para los fines de organizaciòn social), y, en su caso, en el ritual religioso, dar fe ante Dios de lo ya consumado en la decison propia mutua.

 

Hay, entre todos estos tipos de amor, uno muy especial que es una variante del amor erótico: es ese sentimiento de amor conocido como el “amor platónico”.  Por lo regular mal entendido, y contra todo lo que se diga de él con un dejo de menosprecio, es de una importancia esencial en la vida de los seres humanos.  Se da en todas las almas, está o ha estado en los corazones (aquí no hay racionalidad) de todo ser humano.  Y en su existencia, expresa una dialéctica en la que, en un sentimiento de amor pleno en la real expresión más profunda y desinteresada del mismo, al mismo tiempo se da una aparente no-realización del sentimiento de amor; como en su no-existencia, se expresa esa dialéctica en una realización del sentimiento de amor en un amor plenamente real y concreto.  El “amor platónico”, es ese por el cual se desea lo otro hasta el arrebato, pero que, por alguna razón (lo mismo de inhibición que de responsabilidad ética o moral), se contiene en ello.  Es decir, contra lo que se cree comúnmente, en su idealización, no es un sentimiento de amor como un sueño e indiferente, dado para el exclusivo placer o solaz propio, sino justo por esa idealización o ese ideal, es el más poderoso y puro sentimiento de amor contenido, que desea ser capaz de arrebatar en alguna oportunidad.  Su importancia trascendente allí donde existe porque no hay un amor concreto realizado, está en que ello expresa, haciendo aparte la no-existencia del amor, no obstante, el sentimiento de amor más profundo capaz de dar vida plena; de donde se concluye que el amor no es lo que se recibe, sino lo que se da.

 

Pero una segunda importancia, radica precisamente en ser una idealización, un ideal: es decir, el reflejo más puro de lo deseado, y en ese sentido, el reflejo más puro de la identidad.

 

Compartir este post
Repost0
20 octubre 2013 7 20 /10 /octubre /2013 22:02

Mar--5-Uff.jpg“Periquín Plumero”: una ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial.  La emancipación de la feminidad. (10/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geogrfico.over-blog.es/

abril 13.

 

3  Entrega y Posesión.

 

a) La emancipación de la feminidad.

 

En los términos en que hemos venido tratando este tema, si en general por emancipación femenina entendemos la conciencia que lleva a la liberación de la subordinación y sujeción.  Luego entonces, es algo que compete sólo a lasa relaciones sociales, pero se contrapone a los criterios que hemos dado acerca de las relaciones biosociales, en donde la subordinación (sumisión), como la sujeción (posesión), son naturales.

 

Dicha conciencia en las relaciones sociales que llevan a la liberación, está inmersa, entonces, en el asunto de la lucha de clases sociales (la lucha entre la burguesía y el proletariado, y para nada como conflicto de la feminidad contra la masculinidad, convertido en lucha del “feminismo” contra el “machismo”),  Nada de eso está aquí en discusión.

 

Por lo tanto, a lo que nos debemos referir aquí, es a la emancipación de la feminidad, en el ámbito de lo natural biosocial, que, como hemos visto, a su vez, alude a la conciencia que lleva a la liberación, pero, hemos visto, en donde se forma una paradoja dialéctica, en la que esa liberación se opera por su contrario: la entrega por propia voluntad, que cuanto menos restringida, y por lo tanto más expresada como esclavitud que deifica al alter ego, cuanto más esa conciencia de la necesidad, y, en consecuencia, tanto más liberadora.

 

En las relaciones biosociales, que como hemos expuesto presuponen la profunda conciencia ético-estética, esa emancipación ocurre por vía de todo aquello que mutuamente hace y afirma tanto la masculinidad como la feminidad.  En estas relaciones naturales, la emancipación es aquello que realiza, o hace real, en este caso, a la feminidad.

 

Como puede verse, entonces, el proceso de la llamada emancipación de la mujer, que por siempre se ha tomado en un solo aspecto, el de las relaciones sociales, no sólo expuesto así contribuye a confundir esa lucha, sino que ha creado otro problema de profunda gravedad: la fractura de las relaciones biosociales.  Se hacía necesario, pues, hacer una síntesis de esta teorización, tanto para entender las condiciones de necesidad que bajo el régimen capitalista actual, de profunda mezquindad, de egoísmo e individualismo que niega toda posible relación ético-estética, ya no se diga en las relaciones sociales, sino en las mismas relaciones naturales biosociales que se dan y quedan determinadas por aquellas; sino para poder entender la riqueza de las relaciones humanas que deparan a las futuras generaciones bajo un nuevo régimen económico-social.

 

Pero, más aún, para que, en la medida en que estas ideas estén en lo correcto, y si siendo así, puedan ser asimiladas por la juventud –y en el interés particular de los propósitos de un “Periquín Plumero” en esta ética nicomaqueana–, de modo que con ello, se contribuya a su vez, al próximo futuro.

 

Compartir este post
Repost0
13 octubre 2013 7 13 /10 /octubre /2013 22:02

Periquín Plumero en Prisión“Periquín Plumero”: una ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial.  El problema: la naturaleza de los sexos. (9/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geogrfico.over-blog.es/

abril 13.

 

3  Entrega y Posesión.

 

a)  El acto que hace a la masculinidad.

 

Si en la relación social ético-estética, todo debe ir dirigido a través del principio universal de igualdad y el acto justo en el principio de equidad, al principio de identidad en la realización social humana; es decir, allí donde mujer y hombre dejan de reconocerse como tales para ser idénticos como uno solo en la condición de ser humano; en la relación natural biosocial, hemos dicho, ello es punto aparte, que no obstante condiciona dicha relación biosocial particular, y sin embargo, lo hace como una necesidad en lo contrario, afirmando, por un lado la feminidad, y por otro la masculinidad.

 

Así, el acto que hace la masculinidad –considerada esta ética nicomaqueana de “Periquín Plumero”– es aquel en el cual ésta reconoce para sí, en su posesión, la entrega de la feminidad, que cuanto más en la actitud de sumisión, tanto más hace ello en esa afirmación de la masculinidad.

 

Ahora, digámoslo en general, si esa entrega-posesión es, dicho con un sentido gráfico, acercamiento mutuo fundado en el amor y en la conciencia de la necesidad (tal que libera), dialécticamente, tanto por un lado afirma la feminidad como por otro la masculinidad en la diferencia; como a la vez, simultáneamente afirma la identidad en la semejanza de la condición humana.

 

Ello, considerando primero sus aspectos negativos para luego mostrar el deber ser en la relación ético-estética, puede representarse gráficamente en el siguiente escenario, en el cual partimos del profundo sentido ético-estético de la feminidad en su iniciativa en el acto representado:

 

01-Acto-Unilateral-de-Machismo.jpg    La relación natural biosocial debe ser entrega mutua, representada aquí en el acercamiento, pero cuando esa entrega es unilateral, en este primer caso, se convierte en lo que se denomina el “machismo”, el culto al carácter dominante de la masculinidad en dicha relación.

   

  02-Acto-Unilateral-de-Feminismo.jpg

Pero, considerado este segundo caso, una entrega unilateral de la masculinidad ante una actitud negativa de la feminidad (de rechazo a su condición natural de sumisión y con ello de reclamo de “igualdad”), se convierte en lo que se denomina el “feminismo”, el culto a la reivindicación de “igualdad” en el acto natural biosocial.

   

  03-Entrega-en-la-Conciencia-de-la-Necesidad.jpg

Está claro que esa entrega, y por propia voluntad; que evidentemente pareciera ser negación misma de la propia libertad; para ser fundada en el amor, ha de ser plena, absoluta e incondicional; de otro modo será puro acto de conveniencia e incluso de comercio.  Y así, tal entrega se convierte en conciencia de la necesidad, es decir, en aquello que es obligado para alcanzar la libertad, en este caso, dada en el amor.

     

 

04 La Libertad en la Conciencia de la Esclavitud

    La libertad en la conciencia de la esclavitud, aquí esa esclavitud mutua que deifica mutuamente, otorga la libertad mutua, que humaniza mutuamente.

 

  05-LaMutua-Esclavitud--Hace-la-Mutua-Libertad.jpg

El otorgamiento mutuo de la libertad, allí donde cada cual en la conciencia de la necesidad se reconoce como esclavo del otro al que incluso deifica, quedará dado en el otorgamiento del amor mutuo, que hace la identidad en el reconocimiento mutuo de la condición humana del alter ego, o sea, del “otro yo”; allí en donde “yo” reconozco mi propia condición humana, en la humanización del “otro”.

     

    06-El-Alter-Ego-y-la-Dignidad-Humana.jpg  Al final, en el reconocimiento ético-estético propio en el alter ego, hace la dignidad en el ser humano, como realización en la humanización del ser humano por el ser humano mismo

 

 

Esa paradójica situación dialéctica es la que hace la dignificación humana en el reconocimiento ético-estético de la condición humana mutua.  Pero ello no puede ocurrir, sino, primero, como condición de haber disociado la relación social, de la relación natural o biosocial; y segundo, de entender que si en la relación social el acto moral de igualdad y equidad hace la condición humana, en la relación natural o biosocial, es el acto moral y de belleza (ético-estético mismo), dado en la sumisa entrega que deifica al otro, como en la dominante posesión que rinde tributo a la deidad, lo que ahora hace aquí a la condición humana.

 

 
Compartir este post
Repost0
6 octubre 2013 7 06 /10 /octubre /2013 22:02

Mar--2b.jpg“Periquín Plumero”: una ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial.  la conciencia de la necesidad. (8/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geogrfico.over-blog.es/

abril 13.

  

2  Naturaleza de los sexos y conciencia de la necesidad.

  

b)  La conciencia de la necesidad.

  

La conciencia de la necesidad, la conciencia de aquello que es obligado, ineludible, es primera condición para la emancipación y la libertad.  Esta conciencia no bastará, se requerirá aún más: la acción, la lucha contra aquello que obstaculiza e impone la esclavitud.

  

Esa consecuencia es, por ejemplo, de la necesidad de la igualdad y equidad ente los sexos (o géneros).  Ser iguales, es decir, que no hay algún “ser superior” en ningún  aspecto.  Pero, más aún, una igualdad en equivalencia, o en valoración igual, no obstante las evidentes diferencias entre los sexos que los hacen “desiguales”, por ejemplo, en la fuerza física pudiera hacerse tal desigualdad, como en los derechos para ser y actuar en las mismas condiciones.

 

 

Las relaciones sociales proletarias nos imponen esa condición, si bien las condiciones de vida de la sociedad capitalista burguesa nos impiden que tales relaciones sociales sean en ese alto grado de moralidad y belleza.  El régimen capitalista, por su naturaleza, es una negación de las relaciones humanas ético-estéticas; éstas sólo podrán ser reales en un nuevo orden social donde rija la nueva moralidad del proletariado (y aquí nadie se confunda, no nos referimos al proletariado como el vulgo actual deformado por el capitalismo, sino, como lo expresara Engels, <<al proletariado por lo que históricamente el proletariado como clase social es>>, en una verdadera realización social humana en el despliegue de los más altos valores morales.

  

La situación antes dicha, evidencia que si nuestras relaciones sociales actuales (en este sistema económico-social) son necesariamente desiguales, y no hay forma de que bajo el capitalismo no sean así, nuestras relaciones biosociales o de género, o entre los sexos en su aspecto biológico natural (erótico), se convierten en un reflejo especular…, pero que se identifica con lo que a esas relaciones biológicas atañe, y luego entonces, ello suele confundir.

  

Dicho de otra forma; par los fines que en estas notas nos interesan: las relaciones naturales (no sociales) entre los sexos, esa relación de “desigualdad” en el erótico, no sólo carece de importancia, sino que en el juego sexual se impone.  El problema no es que ello sea así, sino el que ello vaya más allá del acto erótico.  Pero, a la vez, siendo problemático ello mismo, dado que, en la vida de la sociedad capitalista, no hay manera de que no sea así.  Acaso se pueda atenuar tal situación mediante la cultura, y por lo tanto, en casos excepcionales y particulares.

  

En las relaciones naturales biosociales, no caben, pues, sino a riesgo de generar confusión, las nociones de “igualdad” y “equidad”.  Por lo contrario, es allí justo en donde se han de expresar plenamente y en su esencia, las desigualdades entre los sexos, pero sólo para no más, que cada sexo se realice como tal.  Es el escenario del “poseedor dominio” y de la “sumisa entrega”.  Y ese escenario se constituye como la condición de necesidad, de la cual se habrá de hacer conciencia y actuar en consecuencia, a fin de que la liberación sea; esto es, de que los sexos como tales se realicen.

  

Mas, si distinguimos entre el escenario puramente erótico, y el escenario del sentimiento de amor que ello supone (o debe suponer), ocurrirá un fenómeno dialécticamente de profundo significado: la sumisa entrega erótica (que desde luego en el fondo es erótico-amorosa), en la mujer, se compensa con la entrega erótica-amorosa, en las mismas condiciones y características, en el hombre.  Al final, hay aquí, también, la entrega mutua, que otorga la realización humana mutua.

  

Compartir este post
Repost0
22 septiembre 2013 7 22 /09 /septiembre /2013 22:02

Mar; 2 Grrr“Periquín Plumero”: una ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial.  El problema: la naturaleza de los sexos. (7/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geogrfico.over-blog.es/ 

abril 13.

 

2  Naturaleza de los sexos y conciencia de la necesidad.

 

a)  El problema: la naturaleza de los sexos.

 

Cuál es la naturaleza o esencia de la humanidad, no por cuanto a lo que la humanidad es, sino por cuanto a estar separada en hombres y mujeres; no se necesita mucha ciencia para entender que eso natural esencial, no es otra cosa que: la reproducción de la especie (y eso es exactamente lo que ocurre con todas las especies).  Pero si en todas las especies este es un acto pura y exclusivamente intuitivo, en la especie humana conlleva una relación social, haciendo del hecho, que pudiera parecer puramente biológico, un hecho biosocial.

 

Mas es esa relación social la que imprime un necesario carácter moral que confunde las relaciones puramente biológicas con las sociales, o traslada equívoca y mecánicamente las relaciones sociales al trato propio de un ámbito puramente biológico.  Y si en el primer caso aparecen las formas de “machismo-feminismo”, en el segundo caso se imprimen patrones de pretendida igualdad y equidad fuera de lugar.

 

Dicha situación nos impone el enfatizar aquí el problema: la naturaleza de los sexos; la cual estamos tratando aquí en su relación biológica.

 

No obstante, racionalizar por fuera de ella esa relación biológica, nos impone considerar ese aspecto de lo moral como conciencia de la necesidad; es decir, como conciencia de lo que es necesario en una relación para que se traduzca en forma de libertad (en consecuencia, rompiendo los atavismos de las relaciones sociales que hemos excluido aquí).

 

De acuerdo con ello, hemos dicho en un punto anterior, la necesidad que en su naturaleza se le impone al hombre, es la dominación, la posesión, la apropiación, el adueñarse; y en ello la naturaleza ha hecho su contraparte, no como negación, sino como complemento: a la mujer, en su naturaleza, le impone la sumisión, la entrega, el ser pertenencia, y propiedad (¡pero no en lo social, no estamos hablando de las relaciones sociales, sino en lo biológico de las relaciones sexuales eróticas).  La conciencia de la necesidad, la conciencia de aquello que es obligado, en este caso, de manera natural a hacer, es lo que hace la aceptación de esta relación natural.

 

Toda esa actitud natural del hombre es la del esclavista, como la actitud natural de la mujer es la de la esclava; ¡pero nadie se espante de ese hecho, debemos repetirlo: ello no es en la relación social, sino en la relación biológico-sexual (es decir, en una fracción muy restringida de las relaciones biosociales entre el hombre y la mujer)!

 

Más allá de este l imitado momento, todo vuelve (debe volver), a la relación de igualdad y equidad, esencialmente morales, por más que adquieran formas de estatutos de ley jurídica que degrada su naturaleza de elevados valores en las relaciones sociales.  De ahí que sea tan gravemente erróneo el trasladar las relaciones distintas de un ámbito a otro.

 

Una defectuosa y prejuiciada confusión en ello, es la que ha producido la situación cada vez más agravada de las relaciones entre los sexos en los últimos veinticinco o treinta años: la vulgarización del trato del hombre hacia la mujer; y en lo propiciado de ese trato por la mujer y su consiguiente aceptación, la apelación de ésta al recurso jurídico para pretender atenuar la agresión; con lo que por su parte, a su vez, se contribuye a la vulgarización (al abandono de  la conciencia de la necesidad en su atributo moral), en las relaciones biosociales.  Y la paradoja natural es que, cuanto más se legisla, más se empobrece, por la simple y sencilla razón de que dichas relaciones biosociales no sólo no son esencialmente sociales, y mucho menos absurdamente jurídicas, sino que son una relación biosocial (con atributos morales), pero eminentemente biológica, a expresarse en la forma más natural de la naturaleza observada en todas las especies.

 

 

Compartir este post
Repost0
15 septiembre 2013 7 15 /09 /septiembre /2013 22:02

Mar; 3 Valiendo la Pena“Periquín Plumero”: una ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial. El Concepto de Libertad en la Relación Biosocial (6/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geogrfico.over-blog.es/

abril 13.

 

b)  El Concepto de Libertad en la Relación Biosocial.

 

Al partir del concepto de libertad entendido como la conciencia de la necesidad, que, como hemos visto en Marx es la <<conciencia de luchar en la necesidad>>, consideramos, pues, la relación biosocial que supone el trato entre las dos grandes segmentaciones del ser humano, es decir, el trato entre mujeres y hombres.

 

Si hemos asentado el concepto de biosocial, es para especificar una relación compleja, de por lo menos dos componentes: la naturaleza biológica de los seres humanos, tratable en términos de su conducta en tal sentido (natural), y por la que podemos decir sin reservas, en su conducta animal (en ese sentido aristotélico del “zoon politikon”, o animal racional, para que nadie se ofenda, pero en donde deliberadamente suprimimos precisamente la parte racional); y la naturaleza o esencia social de los mismos, tratable en términos de su conducta moral, que es la forma racional más elevada de las relaciones sociales.

 

Nos hemos de referir, en consecuencia, a la conciencia de la lucha en la necesidad de nuestras relaciones sexuales (naturales, animales, irracionales), determinadas por nuestras relaciones morales (humanas, racionales).  Lo que ello establece, para decirlo en pocas palabras, es el deber ser en nuestras relaciones sexuales (eróticas).  Ese deber ser, es precisamente la conciencia de la necesidad, que para superarla realmente en la libertad (para que verdaderamente se realice en la libertad), debe, como condición primera de toda condición, ser consciente de su naturaleza misma; esto es, racionalizar el hecho, pero para dejarlo ser en su naturaleza, en la naturaleza de su primitiva conducta animal, entendiendo, primero, que debe ser así, y segundo –en lo que aquí nos centraremos–, el cómo debe ser, entrañando la paradoja desconcertante de la necesidad, para que se realice en libertad.

 

Esto último es el problema de esencia (justo eso es lo tan escabroso en este asunto, como lo fundamentalmente necesario a entender): la paradoja desconcertante de la necesidad; pero no entendida ésta como el acto sexual en sí (que no tendría nada de paradójico ni de desconcertante), sino algo que se presenta como necesario en él mismo, y que, no obstante, las mujeres no la resuelven en consecuencia, al trasladar equívocamente la conducta de la relación social, racional, inmersa en un deber ser moral, a la relación biológico-sexual, irracional, natural, de la conducta pulsiva; tanto como los hombres tampoco lo resuelven en consecuencia, al trasladar burdamente la conducta de la relación biológico-sexual, a la relación social.

 

Digámoslo ahora desde aquí, en bruto, tal cual es esa paradoja, aun cuando por su crudeza se rechace –que justo es lo que socialmente está ocurriendo–, esperando que en la argumentación subsiguiente podamos elaborarlo más claramente.

 

Así, de lo que se trata en la relación sexual erótica, es de la más brutal posesión masculina, que se apropia, que hace de su propiedad y su pertenencia, que se adueña, que domina, que somete; y que en contraparte se da la más bella entrega femenina, que se da, que se regala a sí misma, que se obsequia brindándose en la más absoluta sumisión y por voluntad propia, en una suma de erótica esclavitud.

 

Mientras ello sea así en lo biológico natural, la libertad –y he ahí la paradoja– se realiza.  El problema se presenta cuando a esa relación biológico natural que simplemente es así, se traslada la relación social, en donde la conducta moral impone la dignificación del individuo, y hace incluso inaceptable el acto sexual mismo expuesto así (en la escenificación del sometimiento y la sumisa esclavitud); pero que siendo una necesidad biológico-natural, ésta se efectúa en lo insatisfactorio de una normatividad (social, y por lo tanto moral), que no le corresponde, cuando no, incluso, por ello se vuelve un mero acto de conveniencia y comercio.

 

Compartir este post
Repost0
1 septiembre 2013 7 01 /09 /septiembre /2013 22:02

Mar; 3 Valiendo la Pena“Periquín Plumero”: una ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial. 1 El Amor y la Libertad (5/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geogrfico.over-blog.es/

abril 13.

 

 

1        El Amor y la Libertad.

 

 

b)      El concepto de libertad en la relación biosocial.

 

Al partir del concepto de libertad entendido como la conciencia de la necesidad, que, como hemos visto, en Marx es la <<conciencia de lucha en la necesidad>>, consideremos, pues, la relación biosocial que supone el trato entre las dos grandes segmentaciones del ser humano, es decir, el trato entre mujeres y hombres.

 

Si hemos asentado el concepto de biosocial, es para especificar una relación compleja, de por lo menos dos componentes: la naturaleza biológica de los seres humanos, tratable en términos de su conducta en tal sentido: natural, y por la que debemos decir, sin reservas, en su conducta animal (en ese sentido aristotélico del “zoon politikon, o animal racional, pero en donde deliberadamente suprimimos precisamente la parte racional); y la naturaleza o esencia social de los mismos, tratable en términos de su conducta moral, que es la forma racional más elevada de las relaciones sociales.

 

Nos hemos de referir, en consecuencia, a la conciencia de la lucha en la necesidad de nuestras relaciones sexuales (naturales, animales, irracionales), determinadas por nuestras relaciones morales (humanas, racionales).  Lo que ello establece, para decirlo en pocas palabras, es esa situación extraña (que suena a moralina pero que no tiene nada que ver con ello), en el deber ser en nuestras relaciones sexuales (eróticas).  Ese deber ser, es precisamente la conciencia de la necesidad que para superarla realmente en la libertad (para que verdaderamente se realice en la libertad), debe, como condición primera de toda condición, ser consciente de su naturaleza misma; esto es, racionalizar el hecho, pero para dejarlo ser en su naturaleza, en la naturaleza de su primitiva conducta animal, entendiendo, primero, que debe ser así, y segundo –en lo que aquí nos centraremos, en cómo debe ser, entrañando la paradoja desconcertante de la necesidad, para que se realice en su libertad.

 

Eso último es el problema de esencia (justo eso es lo tan escabroso en este asunto, como lo fundamentalmente necesario a entender); la paradoja desconcertante de la necesidad; pero no entendida ésta como el acto sexual en sí (que no tendría nada de paradójico ni desconcertante), sino algo que se presenta como necesario en él mismo, y que, no obstante, ningún sexo lo resuelve en consecuencia, cometiendo ambos el error de trasladar equívocamente, ya las relaciones sexuales (naturales, biológicas, irracionales, animales), a las relaciones sociales (morales, racionales, originando el “machismo”), o ya las relaciones sociales (de la conducta consciente), a las relaciones sexuales (de la conducta inconsciente, dando lugar al “feminismo”).

 

Digámoslo ahora desde aquí, en bruto, tal cual es esa paradoja, aun cuando por su crudeza se rechace –que justo es lo que socialmente está ocurriendo–, esperando que en la argumentación subsiguiente podamos elaborar la argumentación demostrativa, y convincente, más clara.

 

Así, de lo que se trata en la relación sexual erótica, es de la más brutal posesión masculina, que se apropia, que hace de su propiedad y su pertenencia, que se adueña, que domina; y que en contraparte se da la más bella y delicada entrega femenina, que se da, que se regala, que se obsequia a sí misma en la más absoluta sumisión y por voluntad propia, en una suma de erótica esclavitud.

 

Mientras ello es así en lo biológico natural, la libertad –y he ahí lo paradójico– se realiza.  El problema se presenta cuando a esa relación bilógica natural que es así, se traslada la relación social en donde la conducta moral impone la dignificación del individuo, y hace incluso inaceptable el acto sexual mismo expuesto así; pero que siendo una necesidad, este se efectúa en lo insatisfactorio de una normatividad que no le corresponde, cuando no, incluso, se vuelve mero acto de conveniencia y comercio.  Y todo ello, cuando antes, en el equívoco opuesto, se ha hecho lo inverso: se ha trasladado a la relación social (esencialmente de relaciones morales), las características de las relaciones sexuales (de posesión, de dominio).

 

Compartir este post
Repost0