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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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2 febrero 2014 7 02 /02 /febrero /2014 23:03

01 Objeto Estudio s XX MéxicoEl Debate de la Naturaleza de la Geografía en el Siglo XX en México.  (2/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio –geografico.over-blog.es/

 08 dic 13.

 

En el contexto de la hegemonía  de esa geografía fenomenista aplicada, tímida y potencialmente se estaban expresando los elementos de una geografía espacista desde los años cincuenta, con el militante marxista y combatiente republicano español, el biólogo Carlos Sáenz de la Calzada Gorostiza (1952), y el militante marxista del Movimiento de Liberación Nacional en México, Ángel Bassols Batalla (1957); a quienes se sumó la investigadora Mª Teresa Gutiérrez de MacGregor (1970), en un planteamiento cada vez más enfático de la geografía como ciencia de estudio del espacio.

 

Pero si antes se había dado una pérdida de continuidad obligada por los acontecimientos de la Revolución y de inestabilidad política e institucional, ahora, entre los años sesenta y setenta, esa nueva pérdida de continuidad ya no fue por la carencia de geógrafos en general, sino por la ausencia en particular, de geógrafos con desarrollos teóricos.  Esas dos décadas fueron el esplendor en la hegemonía de la geografía fenomenista, en cuyos rutinarios trabajos de una geografía aplicada, no producía nada nuevo, sino que sólo se reducía a reproducir infinitamente, con u carácter descriptivo y censal.

 

De ahí que ya en los años setenta, incluso particularmente en el segundo lustro de dicha década, de manera natural y objetiva se acrecentó el debate acerca de a naturaleza de la geografía no sólo en México, sino simultáneamente en el concierto internacional mismo.  Ahí, en 1976, aparecen las importantes revistas de debate al respecto con Yves Lacoste en Francia con “Herodot”, o con Horacio Capel en España, con “GeoCrítica”; entre otras en Alemania, “Roter Globus”, o Estados Unidos, “Antípode”.  La necesidad de un nuevo viraje “flotaba en el ambiente”, y éste, ahora ya incluso en la sincronía del contexto internacional, se dio en México al inicio de los años ochenta.

 

Nos tocó a nosotros, al autor de estas líneas, protagonizarlo, no casualmente, por más que nuestra inconsciencia del momento histórico: elaboramos nuestra tesis de grado en la investigación en geografía teórica en que, como marxista militante de la Alianza Marxista Revolucionaria, aplicamos la dialéctica materialista como método a dicha investigación, siendo la primera tesis en 130 años de vida institucional de la geografía en México, en que ello así se hacía.  Junto con la tesis del compañero José C. Martínez Nava, constituyó un intento formal para intentar “poner orden” en aquella caótica geografía de los años setenta; y sólo ahora, luego de treinta años de los avances dados en la consecuencia de su propio desarrollo lógico, que hoy llega ya a la primera formalización teórica de la teoría del espacio geográfico, permitirá el juicio de valor por terceros en su verdadero valor histórico.

 

Destaca en el cuadro la observación de que desde nuestra investigación en geografía teórica, no podíamos sino reconocer la importancia fundamental, a su vez, tanto de la aplicación, como de la operatividad o ingeniería en la solución de problemas prácticos concretos que la sociedad demanda, como lo que es inherente a toda ciencia; rompiendo así, a partir de principios de los años ochenta, con aquella unilateralidad histórica que deshacía la integridad dela geografía como ciencia, en una geografía exclusivamente como ingeniería, previa a 1940, o en una geografía únicamente como geografía aplicada, posterior a ese mismo año.

 

Ahora, el problema que se vislumbra, de observarse en ese cuadro tres décadas ya no sólo de pérdida de continuidad (que ahora tendría que ser consecuentemente sobre la base de lo que nosotros hemos hecho), sino literalmente dicho, de vacío; un vacío en el que la geografía fenomenista llegó a su fin, pero la geografía como ciencia transformada de aquella antigua geografía espacista, no ha tenido continuidad, y lo que subsiste, es ahora una mixtura en una “geografía literaria” cuya narrativa pone en el centro al “espacio”, pero el cual, determinado como un “constructo”, es sólo una idea puramente subjetiva sin ser reflejo de una faceta de a realidad objetiva, hasta la metafísica; y, segundo, haciendo metafísica, vuelve ya, en un absurdo total, al obsoleto simplismo, del pretendido estudio de los fenómenos concretos.

 

Las bases fundamentales de la geografía como ciencia, no obstante, están echadas.  Toca ahora a los futuros geógrafos desarrollar consecuentemente el conocimiento geográfico en función de esas bases.  Ese geógrafo del futuro difícilmente estará entre los temerosos y prejuiciados geógrafos mexicanos, a pesar de la fuerte tradición histórica de darse en este país una geografía de vanguardia.  Como quiera que sea, ese geógrafo del futuro habrá de suponer:


1  En el fundamento teórico científico especializado, habrá de suponer un geógrafo con una sólida formación en la físico-matemática, como en el método de la ciencia en general.
2  En el fundamento teórico geográfico, supondrá un profesional con un amplio dominio de los métodos y técnicas de análisis espacial, y la más versátil y creativa utilización de los sistemas automatizados de información geográfica.

 

Será este geógrafo, y sólo él, el que podrá dar cuenta de los nuevos mudos en la riba opuesta de la “Mar Vacui”.

 

 

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26 enero 2014 7 26 /01 /enero /2014 23:03

01 Objeto Estudio s XX MéxicoEl Debate de la Naturaleza de la Geografía en el Siglo XX en México.  (1/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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27 ene 14.


Introducción.

 

Exponemos en este artículo seriado, la visión de conjunto de la de evolución de la geografía en México en el siglo XX, primero, en función del concepto y definición del objeto de estudio que sus autores exponen, y segundo, en función de éstos y su obra.

 

 

Evolución de la geografía en México en el siglo XX,

  en función de su concepto y objeto de estudio.

 

En 1911 no sólo se publicó a nombre de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística (SMGE) el último discurso de exaltación a la valiosa  ciencia de la geografía del siglo XIX, sino que a partir de ese momento México se precipitó a una revolución armada que duraría siete años, y una década más de secuelas de inestabilidad política e institucional.  En el lapso de esas dos décadas se produjo un cambio drástico en el pensamiento geográfico, en el que se transitó de una geografía conceptuada exclusivamente como ingeniería (en a solución de problemas de espacio), a una geografía conceptuada ahora exclusivamente como una descripción de carácter funcional; es decir, que sólo era en función de aquello a que se aplicaba; de donde, válida en el campo de la investigación aplicada, aparecía absolutizada como Geografía sólo al ser aplicada a la “geomorfología” (litosférica), en el campo de la geología, como “climatología” aplicada al campo de la meteorología, como “hidrografía”, aplicada al campo de los estudios de la hidrósfera (oceanografía, limnología, fluviografía), como “edafología” aplicada al estudio de los suelos, como “geobiología”, aplicada a los estudios de la vegetación y fauna, como “geoeconomía”, aplicada a los estudios económicos, como “geosociología”, aplicada a la política, etc; es decir, ahí donde no era por ella misma, sino por su aplicación.

 

Prácticamente entre 1911 y 1940, dos formas históricamente dadas de entender la geografía coexistieron: la que tradicionalmente venía de todo el siglo XIX en México, como Ingeniería Geográfica (en su naturaleza, espacista), y la que prevalecía ya dominante en Europa incluso desde todo el siglo XIX, como geografía aplicada (en su naturaleza, fenomenista).  Pero fue justo ahora en la geografía del siglo XX que, a partir de 1927, con la aparición de la obra del historiador Jesús Galindo y Villa: “Geografía de la República Mexicana”, que en los hechos se da ya esa apropiación de la geografía por los no-geógrafos, con un carácter eminentemente fenomenista, en el que se hizo lo que en la geografía como ingeniería geográfica, por útil que fuese, no se podía hacer: redefinir su función o propósito y su objeto de estudio por limitado que fuese propio a su momento histórico, como ciencia (es decir, como algo más allá de la mera ingeniería).

 

Es precisamente en ese sentido que la geografía fenomenista en México, como de tiempo atrás, desde todo el siglo XIX, había sido en Europa, significó un avance, y se sincronizó con los desarrollos mundiales o generalizados de su tiempo.  Y ese sello ya bien grabado, fue finalmente puesto por un significativo trabajo del Ing. Geóg. Pedro C. Sánchez, desde 1928 Director del Instituto Panamericano de Geografía e Historia (IPGH): “Evolución de la Geografía”, de 1935.

 

Desde 1929, el marxista y miembro del Partido Comunista Cubano, el economista y etnólogo Jorge A. Vivó Escoto, había llegado a México, y bajo los auspicios de Pedro C. Sánchez, se formó como geógrafo, retomando de manos del luchador republicano español, el físico y astrónomo Pedro Carrasco Garrorena, los estudios superiores de Geografía, trasladándolos de la Facultad de ciencias, al Departamento de Historia de la actual Facultad de Filosofía y Letras hacia 1940.  A partir de ese momento y por los siguientes cuarenta años, la geografía en México tendrá un carácter esencialmente de geografía fenomenista, y eminentemente funcional como geografía aplicada.

 

Esta evolución y viraje puede observarse claramente en el siguiente cuadro en el que, en función de la manera en que se está conceptuando la geografía y su objeto de estudio, se destacan los períodos históricamente mencionados:

 

 01 Objeto Estudio s XX México

Concepto y objeto de estudio de la Geografía en su evolución en México en el siglo XX.

 

 

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19 enero 2014 7 19 /01 /enero /2014 23:03

1935-Evolucion-de-la-Geografia--Pedro-C.-Sanchez.jpgEvolución de la Geografía, 1935; de Pedro C. Sánchez: la Geografía Regional, y la Geografía General, en el estudio del “Presente de la Tierra”.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio –geográfico.over-blog.es/

13 nov 13.

 

La geografía teórica en México se enriquece con el ensayo de Pedro C. Sánchez, Evolución de la Geografía, publicado en1935 por el Instituto Panamericano de Geografía e Historia (IPGH), siendo él, en ese entonces y desde 1928, su Director.

1935 Evolución de la Geografía; Pedro C. Sánchez

 

Su trabajo es una breve y sucinta historia general de la Geografía, en donde dedica tres páginas a cada época histórica refiriendo a autores y hechos ahora ya bien conocidos, por lo que no nos detendremos en ello; quizá, y muy seguramente, por ese entonces en México en donde la geografía reinaba como ingeniería, fuese, por lo contrario, algo poco sabido; pero en su conjunto, ello es lo que configura el aporte de Pedro C. Sánchez a la geografía teórica, abriendo una nueva etapa de esta ciencia en México: la etapa del viraje a la geografía fenomenista, que ya dominaba en Europa desde hacía poco más de un siglo.

 

Todas las ciencias se mueven respecto a sus propias leyes internas de desarrollo, en el marco de las leyes externas de un contexto histórico dado.  Sin embargo, en este caso, más que tratar de entender el momento histórico de la Geografía por sus propias leyes internas, se hace necesario, para una acertada explicación del viraje teórico involucrado, el tener que entender, inversamente, el momento histórico general, esencialmente determinante del momento histórico del desarrollo de la geografía en México.

 

Tal momento histórico está delimitado entre 1911, luego del fundamental ensayo de Isidro Rojas, “Progresos de la Geografía en México”, y 1935, en que Pedro C. Sánchez publica su “Evolución de la Geografía”: es el momento histórico de la transformación revolucionaria en México, desde la revolución armada de 1910 a 1917, luego el período del dominio de los “jefes Militares” de 1917 a 1929, hasta los primeros años del reordenamiento institucional previo al gobierno cardenista.

 

En ese lapso, la geografía moderna ilustrada que en México se extendió a todo el siglo XIX, se fue disipando, de su carácter cartográfico (espacista) inicial, a su carácter naturalista en la segunda mitad de ese siglo, luego a su carácter de ingeniería hidrográfica, y después de ingeniería meteorológica, durante el primer momento del siglo XX.  Nuevamente, la especialización de las ciencias naturales por una parte, y el desarrollo de la ciencia de la geodesia por otra, fueron haciendo innecesaria a una geografía con esas mismas características de las ciencias en que se aplicaba.

 

De la misma manera, Pedro C. Sánchez, Director del IPGH no podía ser ajeno a las determinantes teóricas que influían en a geografía en ese primer tercio  del siglo XX.  Si bien subsistía filosóficamente la influencia del positivismo empirocriticista, ese primer tercio del siglo XX estuvo profundamente penetrado de las ideas filosófico-sociológicas de Kaspar Schmidt (1806-1856), cuyo pseudónimo era “Max Stirner”, fundador de la ideología del anarquismo; cuya esencia es el sujeto individual, y la sociedad no más que un agregado de esos sujetos individuales; que finalmente dominaba en México tras la Revolución de 1910-1917, pero que en geografía encontraba exponentes del nivel de un Elisé Reclús (1830-1905), que contribuía fuertemente a ese viraje de la geografía de su carácter físico-matemático (espacista), a un carácter socio-político (fenomenista); no casualmente, remitiendo los fundamentos de su origen teórico, no más alá de principios del siglo XIX, precisamente con Carlos Ritter y Alejandro de Humboldt.

 

La geografía fenomenista en México que ahora se sustentaba en Pedro C. Sánchez, primero, define a la Geografía como “ciencia de la Tierra”, y la distingue de la Geología con el argumento anfibológico de que, ésta es la “ciencia del pasado a la luz del presente”, en tanto aquella, la Geografía, es a “ciencia del presente a la luz del pasado” (como si ninguna otra ciencia tuviese esas dos condiciones simultáneamente).  Según ello, la definición de la Geografía en Pedro C. Sánchez, es la de ser la “ciencia del presente de la Tierra” (de donde quizá la paleogeografía no existiría).  Pero bajo esas consideraciones, entonces, divide a esta ciencia en Geografía General, y Geografía Regional; luego deja en la Geografía General todo el carácter teórico y espacista (forma y dimensiones de la Tierra, etc), y en la Geografía regional no ve ya una particularización del espacio (de esa forma y dimensiones), sino el análisis de los fenómenos, e incluso, de manera particularmente expuesta en el estudio etnográfico, y cuyos adelantos –dice nuestro autor–, son propiciados por la guerra, atribuyendo tales fundamentos teóricos al loro del pensamiento de Humboldt y Ritter; todo lo cual Pedro C. Sánchez expone de la siguiente manera: “En la Antigüedad estas dos ramas de la ciencia geográfica avanzaron casi paralelamente, sin tocarse, ni penetrarse; y la geografía moderna aparece desde que se fusionan, gracias a los trabajos de espíritus poderosos como Humboldt y Ritter”, pero cuyo fundamento general era la llamada “filosofía de la naturaleza”, por la cual se entendía un mundo natural único en el que, no habiendo aún una ciencia de la sociedad, el ser humano formaba parte de la naturaleza en forma de ser biológico (justo lo que daba el fundamento del propósito de una geografía de la Totalidad); de donde se hace un planteamiento complejo, por artificioso, el imponerle la división entre “Geografía Física” y “Geografía Humana”, que no sólo no se fusionan con dichos autores, como si ambas geografías existiesen en forma antecedente, sino que, en función de esa “filosofía de la naturaleza” que como interpretación del mundo venía desde la antigüedad griega, lo que tales autores tratarían, sería de evitar tal parcialidad.  Cuando Humboldt accede a identificar su Cosmos con una “Geografía Física”, en ese mundo físico está incluyendo el estudio de lo social o humano.

 

Toda ciencia en su origen, necesariamente se presentará como un conocimiento único y simple (acaso mezclado con múltiples tópicos de interés de su autor), pero, en el caso de la geografía en Pedro C. Sánchez, ésta se presenta desde su origen ya diversa y compleja, como dos “ramas” en campos totalmente divergentes y prácticamente independientes, y ello, de suyo, nos problematiza acerca de cómo podría ser al mismo tiempo en dichos sendos campos, y cuál es, verdaderamente entonces, el conocimiento propio de ésta, que, en consecuencia, no estaría en ninguna de esas “ramas” en particular, sino en una condición más general en común entre ambas; y luego, más aún, que por ello no se confunda con el hacer de ninguna otra ciencia; teniendo que escoger, entonces, en los términos de Pedro C. Sánchez, entre el conocimiento de la forma y dimensiones de la Tierra (su espacialidad), o la descripción etnográfica (un fenómeno propiamente de la antropología).

 

Pero, más aún, si la “geografía moderna” (entendiéndose por tal expresión en Pedro C. Sánchez, no la geografía de la modernidad ilustrada, sino la geografía en su forma nueva y contemporánea), aparece con la fusión de esas dos “ramas” en Humboldt y Ritter, entonces tendríamos que preguntarnos con rigor, en dónde está la axiomatización que permite pasar de una a otra dado lo que tengan en común, y tal cosa, por supuesto, no existe, sino en el supuesto de un estudio de la Totalidad, tal como se plantea en el Cosmos, del mismo Humboldt.

 

Surgió así, finalmente, con todas sus contradicciones y falsos fundamentos, la geografía fenomenista en México, justo en el momento del reordenamiento institucional de la República.

 

       Sánchez, Pedro C; Evolución de la Geografía; IPGH, Nº 12, México, 1935; p.4.

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19 enero 2014 7 19 /01 /enero /2014 23:02

Geografía; Fundamento de su Teoría del Conocimiento; TesiXXX Aniversario de la Primera Tesis de Geografía Teórica en México; “Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento”, 1983; de Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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23 nov 13.

 El 24 de febrero de 1983 tuvo lugar la sesión de Examen Profesional de la tesis: “Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento”, de Luis Ignacio Hernández Iriberri.



Geografía; Fundamento de su Teoría del Conocimiento; Tesi

 

El autor de tal documento había ingresado a los estudios profesionales de Geografía en el Colegio de Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1975, y luego de cinco años que por entonces comprendía dichos estudios, egresa en 1979.

 

Se había hecho a la idea de estudiar la carrera de Filosofía, y en una de tantas lecturas, se encontró con la cita que de Augusto Cornó hace del joven Marx en su trabajo escolar: “Reflexiones de un Joven al Elegir su Profesión”,, recogida en el breviario antológico de A.N Leontiev, “El Hombre y la Cultura”: “Las profesiones más peligrosas para un joven –escribe Marx– son aquellas que, en lugar de integrarlo a la vida, se ocupan de verdades abstractas”; y compartiendo con Marx la inmadurez tanto propia como de éste en 1835, identificó a la Filosofía como una de esas profesiones que no integran a la vida, como el que se ocupa de verdades abstractas (lo cual, evidentemente, es cuestionable).

 

Esa cita fue suficiente para poner en duda la elección de su futura profesión, y comenzó una búsqueda de aquella ciencia que le ofreciese lo que deseaba de la filosofía: el conocimiento universal; pero que, a la vez, por su naturaleza práctica, como ciencia vinculada a la producción económico-social, le diera esa “integración a la vida”; y esa ciencia de conocimientos no sólo universales, sino práctico-productivos, por la forma en que se presentaba en la “Guía de Carreras”, parecía serlo la Geografía, tal como entonces se entendía.

 

Y un buen día, a su vista en un anaquel de la pequeña librería del Instituto de Relaciones Culturales México-URSS, quedó la portada del libro: “Geografía para el México de Hoy y Mañana”, del autor Ángel Bassols Batalla.  Esa portada es la fotografía de un minero cavando en un socavón; ¡qué más proletario, qué más práctico, productivo e integrador a la vida!, y esa imagen quedaba asociada a la ciencia de la Geografía, que con ello ya daba para se la opción, y en ese acto, quedó determinada como la futura profesión.

 

Mas el problema real se presentó  al ingresar a los estudios.  La Geografía resultaba ser, para su satisfacción, una ciencia de cierta vastedad de conocimientos tanto en el ámbito de la naturaleza como de la sociedad; pero ello, tal como estaba teóricamente planteado, pretendía hacer de la Geografía una “ciencia de síntesis de un sistema de ciencias”, que la reducía a un carácter meramente enciclopédico y descriptivista; y nadie, ni profesores ni obras consultadas, parecían tener la respuesta a qué era la Geografía por sí misma, más allá de esa “síntesis de un sistema de ciencias, o síntesis de los conocimientos dados de las mismas”.

 

¿Cuál era el objeto de estudio de la Geografía en tanto síntesis de ese sistema de conocimientos?  El planteamiento del problema era válido, pues, al final, toda ciencia es una síntesis de una serie de conocimientos; pero, si en ello toda ciencia define a su vez su objeto de estudio y método propio, para la Geografía nada de ello estaba planteado, que no fuese en un mar de confusión.

 

Al terminar sus estudios, toda esa discusión teórica estaba en general, asimilada, y entonces pudo hacerla a un lado, planteando su propia consideración dialéctico-materialista en los fundamentos gnoseológicos de la Geografía.

 

La primera condición del método materialista dialéctico, es, extraído del análisis histórico, el determinar la categoría fundamental; luego, como segunda condición necesaria, el establecer la contradicción que mueve a dicho objeto así categorizado en su desarrollo histórico.

 

Entre 1979 y 1980, partió de considerar que la categoría fundamental del conocimiento geográfico era la de relación, en este caso, la relación dada entre los fenómenos tanto naturales como sociales; y la contradicción histórica esencial descubierta en la cual se movía esa relación, fue la dada entre un pensamiento geográfico fenomenista, y un pensamiento geográfico espacista (si bien expuesta en otros autores en otros términos, y dada por otros investigadores sin conciencia metodológica de ello como una contradicción dialéctica).

 

El resultado fue que esa hipótesis de la categoría de relación como la determinante del conocimiento geográfico, fue falsa: no podía hacerse una ciencia de la relación (en la idea de la relación entre los fenómenos) a manera de una “ciencia de ciencias”.  Para el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada Gorostiza, asesor de aquella investigación de tesis, aun cuando la hipótesis hubiese resultado falsa, satisfacía el propósito de la investigación, si bien en sentido negativo.  Pero al autor no le satisfizo el resultado válido en sentido negativo, que dejaba el sabor de una investigación cuyo propósito estaba incompleto, pues no bastaba con la afirmación de lo quela Geografía no era, sino que lo buscado, era la afirmación de lo que la Geografía era.

 

Y un buen día de 1981 se encontró lo que subyacía como más esencial en la categoría de relación.  Esa relación entre los fenómenos, parecía ser apenas una relación física externa (no era una relación interna entre éstos, pues ello era objeto de estudio de los especialistas en los mismos), y he ahí que se entendió que esa relación física externa, era una relación espacial.  Así, la categoría fundamental más general y esencial que subyacía en ello, era la categoría de espacio, y ese espacio, era justo lo que se representaba y estudiaba en el mapa, y entonces todo adquirió plena coherencia lógica.

 

Lo que la Geografía estudiaba, no era los fenómenos y sus relaciones, sino el espacio cuyas propiedades determinaban aquellos.  Independientemente de entender teóricamente en ese momento, qué era el espacio y de definirlo*, el propósito  se había logrado: se había encontrado el objeto de estudio de la Geografía**.

 

Se reelaboró la tesis, pero lo descubierto y los resultados de conocimientos que implicaba en la Geografía resultaba tan sorprendente y desconcertante en ese entonces, que dicha tesis se retuvo por todo un año durante 1982, hasta que por razones laborales se tuvieron que presentar los documentos de titulación, y la fecha de examen se programó ya hasta aquel 24 de febrero de 1983.

 

 

       Goginot, Georges; Marx y la Educación; en A.N Leontiev, “El Hombre y la Cultura”; Editorial Grijalbo, Col. 70, N° 36; México, 1969; p.102.

*        Paradójicamente, aun cuando desde el primer momento se tenía no sólo la determinación, sino la definición misma del objeto de estudio, ésta no se expuso nunca, si acaso quedó insinuada por el fundamento del método, la dialéctica materialista, y una lámina ilustrativa de la idea, que se insertó  en el II Cap: “Elementos de la Teoría del Espacio y éste como Objeto de Estudio de la Geografía”, como la “fig.20”, entre las páginas 67-68, al analizar el primer postulado de la teoría del espacio: la continuidad; y lámina en la cual se muestra lo que se entiende tanto por lo continuo como por lo discreto (en ese momento no del todo acertadamente, denominado como “lo discontinuo”).  De donde esa definición del espacio estaba dada como: “la dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta”. Esta definición se expuso hasta muy recientemente en los materiales publicados en este Blog, al hacerse las reflexiones sobre el acto de “piratería” dado a mediados de los años noventa, en que resultó afortunado el haberse reservado el dato, no dado así a la manipulación u falseamiento al distorsionarla siguiendo otros intereses.

**      En realidad, este ya había sido determinado desde 1927 por Alfred Hettner, pero de cuyo trabajo no dispusimos sino varios años después, de modo que este fue un descubrimiento dado independientemente.

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12 enero 2014 7 12 /01 /enero /2014 23:03

1911-Progreso-de-la-Geografia--Isidro-Rojas-copia-2.jpgProgreso de la Geografía en México, 1911; de Isidro Rojas: último panegírico a la Geografía, en su esencia como geografía espacista, en México. Segunda Parte.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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31 oct 13.

 

 

Ensayo meritorio, tanto más que no fue elaborado por un geógrafo.  No obstante, dejará ver algo que pretendiendo hablar bien de la ciencia en México, más bien nos descubre esas debilidades coloniales: la importancia que se le atribuye a la llegada a México del “eminente barón Alejandro de Humboldt”, asunto que cuanto más se destaca en geografía, más muestra las influencias del viraje de la geografía ilustrada espacista del siglo XVIII, a la geografía romanticista-naturalista (y por lo tanto, fenomenista), del siglo XIX.

 

Isidro Rojas destaca luego el proceso de arreglo de las antiguas Intendencias en el concepto de Provincias, y finalmente en las Entidades Federativas, y con esa base, pasa a referir los trabajos geográficos relativos a dichas entidades políticas, y, esencial y correctamente, por dichos trabajos geográficos, dará cuenta de los avances cartográficos realizados por cada uno de esos territorios.

 

Para la época de Isidro Rojas había adquirido particular importancia el caso del Istmo de Tehuantepec en la posibilidad de que fuese abierto un canal interocéanico, y de ello da cuenta geográfica y políticamente.  De igual manera, destaca en particular, como un logro del siglo de la independencia, la creación del Distrito Federal, asiento de los poderes de la nación; y con ello menciona los levantamientos cartográficos realizados en el Valle de México, en lo que no podía quedar fuera de comentario el problema del desagüe de la Ciudad de México y los proyectos del mismo.

 

No siendo especialista en geografía, y menos en esa geografía espacista de las observaciones astronómicas para la determinación de las coordenadas de un lugar, hace ver, si bien con la claridad del caso, la importancia del uso, por primera vez en 1866, del telégrafo, en el posicionamiento de coordenadas.

 

El problema esencial de la geografía del siglo XIX en México, fue la elaboración de la Carta General, e Isidro Rojas pasa a mostrar la suma de los esfuerzos encaminados a este logro.  Hace pues, una rica narrativa de los azares que implicó tal objetivo desde el primer momento en 1821, que implicó la creación misma del Instituto Nacional de Geografía y Estadística, el cual luego se transformó en la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.

 

Ordenada la elaboración de la Carta General desde 1824, por los sucesos que llevaban a la inestabilidad de la República, la misma no empezó a delinearse sino hasta principios de 1840 en la Proyección de Mercator.  Pero los nuevos acontecimientos de la invasión norteamericana volvieron a suspender sus trabajos, que se retomaron hasta 1849, para ser terminada en 1851.  Comenzó ahí toda una aventura en la búsqueda de su impresión en un vaivén entre Estados Unidos y Europa hasta 1856, sufriendo una serie de daños, a la vez que su rezago respecto de los nuevos datos acumulados, decidiéndose, finalmente que ya no era oportuna su impresión, quedando a resguardo de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.

 

La nueva Carta General implicó un nuevo proyecto que a su vez tuvo que pasar por los sucesos de la Guerra de Reforma y la Intervención Francesa, pero que ya para entonces, 1865, por primera vez, empezó a implicar sus complementos temáticos, de lo que fue muestra el Atlas de García Cubas presentado en su primera edición en 1856.  Y, finalmente, ya a la Restauración de la República en 1867, se empezaron a editar los primeros textos para los cursos de Geografía.

 

Ya propios a este período fueron los trabajos de Manuel Orozco y Berra en sus Apuntes para la Historia de la Geografía en México, como con su Materiales para una Cartografía Mexicana.  Acerca de la primera nos hemos referido en un comentario especial artículo aparte; pero sobre la segunda obra, hemos dejado el comentario de la misma al mejor estilo de la pluma decimonónica de Isidro Rojas.

 

La primera consideración es que el tratamiento de ambas obras por separado implica un riesgo de importancia fundamental a aclarar: ambas son geografía; una por su historia (y aquí no habría duda), la otra por su recurso de método en el análisis del espacio, riesgo que, incluso a nivel de los primeros Congresos Internacionales de Geografía justo en esa misma época, indujo a tratar a la Cartografía como una ciencia aparte de la Geografía.  Ese problema se reflejó en Isidro Rojas en la frase: “…interesante obra que sentó las primeras bases de nuestra Cartografía”, y a continuación apunta Isidro Rojas: “sin las cartas geográficas, es imposible conocer lo que se sabe y aún falta por saber acerca de una ciencia la más universalmente útil: la Geografía”.  Hay en ello un dejo de disociación entre ambas cosas, como dos ciencias independientes, pero que se complementan, lo que se trató así en los resolutivos de los primeros cinco congresos internacionales de Geografía.  Finalmente, con ello, la geografía mexicana que se prolongó como esa geografía espacista ilustrada desde el siglo XVIII, comenzó a converger con la geografía fenomenista del romanticismo decimonónico europeo.

 

Los Materiales para una Cartografía Mexicana, de Manuel Orozco y Berra, está dividida, nos da cuenta Isidro Rojas, en 37 páginas, desde los conocimientos de los antiguos mexicanos, pasando por lo aportado durante el virreinato, haciendo una sinopsis de planisferios y mapamundis, como por separado, de los mapas eclesiásticos; una sección para las importantes Cartas Hidrográficas, en particular las relativas al Valle de México; finalmente una sección de cartografía temática.

 

En 1877 se creó la primera Comisión Geográfico-Exploradora de un profuso trabajo cartográfico en diversas escalas, contribuyendo a la coronación de los “esfuerzos de la Sección de Cartografía [en] la terminación de la nueva Carta General de la República Mexicana, que a la escala de 1:2’000,000 se construyó exprofeso para la celebración del Centenario de nuestra Independencia…”.

 

Luego entonces, por último, no podía omitir el referirse con cierto lujo de detalle respecto de la Comisión Geográfico-Exploradora, sus responsables y sus trabajos contra todo tipo de adversidades.

 

 

       Rojas, Isidro; Progreso de la Geografía en México. SMGE; México, 1911; p.38.

       Ibid. p.38.

       Ibid. p.43.

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Historia de la Geografía en México
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10 noviembre 2013 7 10 /11 /noviembre /2013 23:03

1911-Progreso-de-la-Geografia--Isidro-Rojas.jpgProgreso de la Geografía en México, 1911; de Isidro Rojas: último panegírico a la Geografía, en su esencia como geografía espacista, en México.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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31 oct 13.

 

En 1910, con motivo del Primer Centenario de la Independencia de México,  el jurisconsulto Lic. Isidro Rojas (1847-1924), con el gusto e interés por la geografía, recibió el encargo de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística (SMGE), desempeñando entonces en ella la función de Primer Secretario (tercero en orden luego del Presidente y Vicepresidente de la misma), de preparar un ensayo sobre el progreso de la geografía en México en el primer siglo de su independencia.

 

Isidro Rojas dio lectura a su estudio de cincuenta páginas, publicado tanto en el Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística en tres partes en los números 7, 8 y 9 de 1911[1], como en una edición íntegra en impresión por separado, de ese mismo año, el cual usamos como referencia.

 

Junto con los Apuntes para la Historia de la Geografía en México, de 1882, de Manuel Orozco y Berra, el documento, Progreso de la Geografía en México, 1911; de Isidro Rojas, constituye un estudio que complementa y detalla los datos para la historia de la Geografía en México hasta el momento en que está por terminar toda una época en que se prolongó a la geografía en México, como ciencia moderna ilustrada, un siglo más allá de lo que fue en Europa misma.

 

Este documento de Isidro Rojas detalla y amplía el informe con título semejante, presentado casi tres lustros antes a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, por el Ing. Geog. Eduardo Noriega*, lo que, por demás, subraya la clara idea que hasta entonces se tenía de lo que constituía la esencia de la Geografía como ciencia, esto es: ser la ciencia de los mapas, y, como tal, tácitamente hasta entonces, la ciencia del espacio terrestre representado en dichos mapas.

 

A diferencia del trabajo de Orozco y Berra que es sólo relación de hechos, Isidro Rojas despunta ya, nuevamente, luego de poco más de un siglo después de José Antonio de Alzate y Ramírez, elementos de teoría geográfica, y así, apunta en la primera línea de presentación de su estudio: “se destaca la Geografía como…, el teatro de la Historia…, y asiento de todas las ciencias…”[2]; esto es que, en tanto todo lo que existe como fenómenos reflejados en esas ciencias, no puede sino existir ya como espacio continuo o bien como estado de espacio discreto coexistente en ese continuo, determinando las propiedades del mismo, la geografía para Isidro Rojas es el estudio de ese espacio en el que todo lo demás existe y determina sus propiedades, sin confundirse en sí mismo con las propiedades particulares de eso existente en el espacio, objeto de estudio de otras ciencias.

 

La Geografía, pues, como ciencia de los mapas (el espacio terrestre), tendrá en la exploración en extensión, la primera expresión de su método de investigación, y de este modo lo asienta Isidro Rojas al adentrarse en concreto en el progreso de la geografía en México.  Refiriéndose entonces a la geografía en el inicio de su desarrollo aquí, anota: “Encontramos sus primeros albores en las exploraciones…”[3], y a continuación relata el proceso de descubrimientos a partir de 1506, luego de los viajes de Colón.

 

 Un segundo aspecto acerca del método, lo hace ver en la preocupación por el rigor científico en el levantamiento cartográfico a partir de la observación astronómica para fijar con mayor precisión los puntos de latitud.

 

Así, destaca en este estudio de enorme valía para la teoría e historia de la geografía en México, una gran cantidad de personajes en el trabajo operativo, que ya futuros estudiosos de la geografía en este campo de investigación tendrán que rescatar para enriquecer en su justo valor el desarrollo de esta ciencia en México.  Entre dichos personajes cabe resaltar de manera especial la referencia que Isidro Rojas hace de Carlos de Sigüenza y Góngora, como “el primer autor mexicano de una Carta general de la Nueva España”[4], como a su vez extraña el tratamiento de soslayo del dato de la Carta General elaborada por José Antonio de Alzate y Ramírez en 1767, tomando como referencia éste la Carta misma de Sigüenza.

 

No obstante, aportando tácitamente a los fundamentos de la teoría de la geografía, Isidro Rojas asienta: “No es, por lo tanto, aventurada la afirmación de que la geografía tuvo más incrementos en el último tercio de este siglo [s.XVIII] que en todos los tiempos precedentes[5], aludiendo con ello a la exploración, las observaciones astronómicas, y la elaboración cartográfica del territorio de la Nueva España.

 

Y tras la muy interesante frase que anota: “No podría decirse, sin embargo, que la ciencia hubiera llegado a su perfección”[6], Isidro Rojas no se refiere a la perfección en la teoría de la Geografía como ciencia moderna ilustrada tal cual lo estaba siendo en las demás ciencias particulares determinando con rigor su objeto de estudio y método, sino limitadamente a la perfección en los resultados de su campo operativo: el levantamiento de la Carta Geográfica General en una proyección rigurosa, de la cual pudiera derivarse luego en diferentes escalas para sus aplicaciones temáticas; pero perfección teórica que poco podría importar en profundizar en su esencia, justo en ese momento histórico del máximo esplendor del positivismo de la época porfiriana al que Isidro Rojas respondía necesariamente.

 



[1]       Rojas Isidro; Progreso de la Geografía en México; Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística; Quinta Época, Tomo IV, N° 7, 8 y 9 de 1911.

*       Noriega, Eduardo; Los Progresos de la Geografía en México; Boletín de la SMGE, 1897.

[2]       Rojas Isidro; Progreso de la Geografía en México; Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística; México, 1911; p.3.

[3]       Ibid. p.4.

[4]       Ibid. p.8.

[5]       Ibid. p.9 (subrayado suyo).

[6]       Ibid. p.9.

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3 noviembre 2013 7 03 /11 /noviembre /2013 23:03

1892 Mapa Hidrográfico, Miguel E SchulzPrimera Abstracción y Generalización Teórica de los Fenómenos en Geografía, por Miguel E. Schulz, 1892. (5/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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29 sep 13.

 

El segundo apartado que Schulz trata en su obra, es La Atmosfera, envoltura gaseosa “en torno a este conjunto tangible del globo terrestre”[1], frase que subraya el criterio empirocriticista de la “experiencia pura” en “lo concreto dado”.  Pero a continuación escribe: “Quedó ya dicho que el estudio especial de su composición, fenómenos y leyes no entra en la índole de los estudios geográficos propiamente tales…”[2].  La atmósfera no es –dice Schulz–, un fenómeno o conjunto de fenómenos a estudiar como tales en geografía (ello es asunto, ha dicho Schulz, del meteorólogo); la atmósfera será sólo un hecho físico, y en tanto tal, y sólo asó objeto de tratamiento geográfico.  Como hecho físico o fisiográfico, es que se constituye como un “hecho geográfico”.

 

En 1892 en que Schulz escribe esto, aún se desconocen los límites superiores de la atmósfera, y ello se convierte en el centro de atención geográfica.  Pero, cómo es que debe interesar entonces al geógrafo la atmósfera: dice Schulz, como agente modificante, y como regulador de los procesos biológicos en el planeta.  Y no obstante, no dejará de referirse a las características generales de ella, por su estructura, composición y fenómenos dinámicos, que hacen difícil acabar de definir qué tanto, entonces, sí tiene que involucrarse el geógrafo en su estudio o conocimiento.

 

Hasta aquí Schulz deja huella y pistas acerca de los elementos teóricos de su pensamiento geográfico; luego pasa al tratamiento de La Hidrósfera y La Biosfera en todos sus aspectos en el mismo sentido que la atmósfera; y finalmente trata los aspectos sociales de población, lenguas, etnias, etc; todo ello ya con un carácter puramente descriptivo.

 

Sin duda, la obra Apuntes para el Curso de Geografía, de 1892, de la pluma de Miguel E. Schulz, fue el primer paso en la dirección correcta en la solución al tratamiento de los fenómenos en geografía.

 

Su fundamento empiricriticista más que una limitante, fue el inconsciente recurso que permitió un proceso de abstracción y generalización de los fenómenos en geografía.  La limitante, en todo caso, estuvo en que el “hecho geográfico”, como categoría esencial, con todo, no fue suficientemente teorizado, dejando aún numerosas rendijas por donde el hacer del geógrafo fluyó nuevamente una y otra vez, al estudio del los fenómenos en tanto tales.

 

Esa limitación fue a tal punto que la importancia y trascendencia de esa categoría de “hecho geográfico” se distorsión, cuando no, y paradójicamente en el mejor de los casos en tanto por teoría hacía un absurdo mecanicista ramplón, se olvidó.

 

Luego, cuando ya hubieron las suficiente categorías y elementos teóricos, se le ha rescatado y con mayor relevancia aún de la que pudo tener en su origen.  Posteriormente a Miguel E. Schulz la geografía entrará en ese mismo proceso objetivo de la necesidad de la abstracción y generalización teórica de los términos contrapuestos en su contradicción histórica fundamental, con Krasnov, Chizhov, Vidal de la Blache, Alfred Hettner, Carlos Sáenz de la Calzada, Riábchikov, José C. Martínez Nava, y el autor de estas líneas, en un esfuerzo histórico al que creemos haberle dado cima.

 

Puede decirse así, en consecuencia, que, contra todo propósito empirocriticista limitado a la “experiencia pura” en el concreto “hecho geográfico percibido”, ese fue, por lo contrario, el inicio de la abstracción y generalización teórica, que en un largo proceso histórico que duró más de un siglo, extrajo el conocimiento geográfico de la pura descripción cualitativa (de las propiedades a la vista) de lo empírico concreto, para, completando su cuadro como ciencia rigurosa, hacer de los fenómenos concretos (de propiedades que no están a la vista y sólo se descubren teóricamente en procesos de experimentación y medición), cuantitativo, teórico y abstracto espacio geográfico discreto, determinante de las propiedades del espacio geográfico continuo más general.

 



[1]       Schulz, Miguel E; Apuntes para el Curso de Geografía; Imprenta “José Joaquín Terrazas e Hijas”; 2ª edición, México, 1896: p. 5.

[2]       Ibid. p.5.

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27 octubre 2013 7 27 /10 /octubre /2013 23:03

1892 Mapa Hidrográfico, Miguel E SchulzPrimera Abstracción y Generalización Teórica de los Fenómenos en Geografía, por Miguel E. Schulz, 1892. (4/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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29 sep 13.

 

El tratamiento de los fenómenos en geografía, en la categoría de “hechos geográficos percibidos”, de Miguel E. Schulz, puede entenderse al revisar, con ese elemento antecedente de ser un primer momento histórico de abstracción y generalización teórica, los aportes de sus Apuntes para el Curso de Geografía, 1882.

 

El primero de ello se refiere a la “Distribución General de Tierras y Aguas”.  Dice ahí Schulz al iniciar la exposición: “Considerada en lo general, divídese la superficie del globo, propiamente dicho, en agua, y tierra; pero unas y otras no se encuentran repartidas ni con igualdad, ni con simetría, ni con regularidad absolutas”[1].  Sin embargo, Schulz comenzará a hacer las primeras consideraciones de carácter espacista: “Si consideramos la Tierra centrada según el plano del ecuador, se notará que en el hemisferio boreal queda comprendida la mayor parte de las tierras, mientras que en el austral predominan las aguas”[2].

 

Schulz ha hecho un corte en un eje o plano de simetría, el ecuatorial; y a continuación lo hace ahora en el eje o plano de simetría polar: “Si en vez de cortar según el ecuador la consideramos cortada según por un plano meridional cualquiera…, el hemisferio oriental y el occidental que resulten, presentarán también exceso de tierras el uno, mientras el otro lo presentará de aguas”[3].

 

Aquí a Schulz le faltó un poco más de observación del Globo Terráqueo, como para que, en vez de proponer un corte “por un plano meridiano cualquiera”, hubiera propuesto simplemente el hemisferio de agua del Océano Pacífico, y el hemisferio de tierras continentales, diametralmente opuestos.

 

No obstante, el análisis espacial que va siguiendo, arrojará una sorpresa: “Examinando por fin –dice Schulz–, los ejes de mayor dimensión en los continentes, puede observarse que siguen una dirección contraria; sin embargo de lo cual, la colocación geográfica de las seis partes del mundo que hoy se consideran, ofrece cierta armonía”[4].

 

Y la sorpresa es que Schulz, en su razonamiento, resulta fácil verlo, entra en contradicción: apenas dos párrafos arriba, ha dicho que aguas y tierra no guardan simetría ni regularidad, es decir, que no hay armonía en ello.  Pero, luego concluye diciendo que toda esta distribución geográfica “ofrece cierta armonía”; y he ahí en el fondo la sorpresa, pues paradójicamente Schulz no se está refiriendo a lo que antes ha dicho, sino a lo que afirma a continuación: “América del Norte y del Sur; Europa y África, Asia y Australia, se colocan apareadas en la esfera, siguiendo una dirección Norte a Sur más o menos aproximadamente”[5].

 

Y lo sorprendente, pues, es que no es esta simetría la importante, sino justo la que antes ha descrito entre los hemisferios boreal de tierras, y austral de agua, como oriental de tierras, y occidental de agua.  Y justo donde Schulz no ve la simetría no obstante este brillante y esencial razonamiento espacista en geografía, es ahí donde dicha simetría está, haciendo ciertas regularidades que son principio de las leyes más generales y esenciales del espacio geográfico: hoy, un siglo y un tercio después, es precisamente esa distribución de simetría y regularidad en la que, siguiendo a Katterfeld, estamos elaborando la formalización teórica de la teoría del espacio geográfico.



[1]       Schulz, Miguel E; Apuntes para el Curso de Geografía; Imprenta “José Joaquín Terrazas e Hijas”; 2ª edición, México, 1896: p. 3 (subrayado suyo).

[2]       Ibid. p.3.

[3]       Ibid. p.4.

[4]       Ibid. p.4.  Aquí Schulz se refiere a una línea superficial que recorrería los continentes Euro-Asiático-Africano de Este a Oeste, en tanto que una línea semejante en América lo haría de Norte a Sur.

[5]       Ibid. p.4.

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20 octubre 2013 7 20 /10 /octubre /2013 22:03

1894 Premio a los Apuntes para el Curso de Geografía, de MPrimera Abstracción y Generalización Teórica de los Fenómenos en Geografía, por Miguel E. Schulz, 1892. (3/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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29 sep 13.

 

Si uno lee sin más elementos de juicio la Observación Preliminar y Definición que Schulz expone en al dar inicio a sus Apuntes para el Curso de Geografía, uno no puede leer sino los fundamentos positivistas de una geografía fenomenista, claramente expuesta como “ciencia mixta” en tanto deslinda de de las ciencias especiales, pero no puede dejar de considerar a la vez, sus fenómenos objetos de estudio.  Y más aún, ello se corrobora al leer la definición que da de esta ciencia: la “Geografía es la ciencia de carácter descriptivo que se ocupa del estudio de la superficie terrestre en su estado actual”[1].

 

En esa lectura sin más antecedentes, el “hecho geográfico” se identifica plenamente con el fenómeno natural o social mismo, siendo apropiado por el geógrafo; y el concepto de “superficie terrestre”, luego de leerse: “todo estudio que se emprenda para adquirir el conocimiento del planeta en sí mismo, deberá dirigirse a los elementos físicos enunciados [cosmográficos, litosféricos, atmosféricos, hidrosféricos y biosféricos] que forman su expresa superficie[2], se hace difícil sin más elementos, no identificar tal noción de espacio, como el conjunto mismo de los fenómenos que la componen.

 

Tales identidades, primero, fuera del contexto de su marco teórico-filosófico (o gnoseológico) positivista-empirocriticista; y segundo, ajenos al proceso de varios momentos históricos de abstracción y generalización teórica de los conceptos de “espacio” y “fenómenos” que se dieron posteriormente a lo largo del siglo XX, y de los cuales ese momento de la obra de Schulz en 1892, viene a ser el primero de esos momentos históricos; hacen de la geografía de Schulz, sin más, una geografía fenomenista, en la que cuesta trabajo entender, incluso, el aporte que hizo merecedora a su obra del Premio otorgado por la Exposición Universal Colombina de Chicago en 1894.

 

La omisión explicativa de los fundamentos filosóficos que están en el pensamiento geográfico de Schulz, y los cuales determinan su categoría de “hecho geográfico percibido”, impidieron que la propia geografía fenomenista fundada gnoseológicamente  en el idealismo subjetivo, no sólo no pudiera entender del todo el aporte en su fondo, sino, más aún, que se confundiera en el real propósito del deslinde  de la geografía en el tratamiento de los fenómenos, haciendo de la categoría de “hecho geográfico”, tan sólo una burda y mecanicista variación entre los fenómenos mismos, por la cual se entendió a partir de ese momento al “fenómeno”, como algo dinámico, de movimiento apreciable en el ámbito de la vida humana; y al “hecho geográfico”, a su vez, como un “fenómeno”, pero el cual adquiría características estáticas relativas al ser más duradero en el tiempo con relación a la vida humana.  Y justo por un siglo entero, ese aporte quedó confundido y empobrecido; y el “hecho geográfico”, de haber sido la primera y más rica abstracción y generalización teórica del tratamiento de los fenómenos en geografía, se redujo al carácter estático relativo de los fenómenos mismos.

 

Justo en 1982, un siglo después, nosotros en nuestra tesis de grado de Licenciatura en Geografía, dejamos de considerar esa idea, no sólo por ser una idea mecanicista de origen positivista en el tratamiento de los fenómenos, sino precisamente, no obstante desconociendo entonces la obra de Schulz, respondiendo al espíritu de ésta en el deslinde de la geografía respecto de las demás ciencias, dando su identidad propia como tal.  Pero tendrían que transcurrir treinta años más  para que, entendiendo por nuestra parte que se habían dado varios momentos históricos  de abstracción y generalización teórica  de los conceptos de “espacio” y “fenómenos”, en el curso del siglo XX, pudimos releer a Schulz y entender a su vez, que de hecho en él se había dado el primero de esos momentos históricos, en particular, en el tratamiento de los fenómenos.



[1]       Schulz, Miguel E; Apuntes para el Curso de Geografía; Impresora “Joaquín Terrazas e Hijas”, 2ª edición, México, 1896; p. 3 (subrayado suyo).

[2]       Ibid. p.1 (subrayado nuestro).

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13 octubre 2013 7 13 /10 /octubre /2013 22:03

1892 Apuntes para el Curso de Geografía, 1892; Miguel E ScPrimera Abstracción y Generalización Teórica de los Fenómenos en Geografía, por Miguel E. Schulz, 1892. (2/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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16 sep 13.

 

 

Para entender el trascendental aporte de Miguel E. Schulz a la Geografía (aporte que nosotros mismos no habíamos visto en un primer análisis de su obra a falta de la elaboración, por nuestra parte, de esa categorización del “proceso de los momentos históricos de abstracción y generalización teórica de los conceptos de espacio y fenómenos”), se hace necesario ubicar la dominante influencia filosófica de su tiempo: el positivismo, adentrado en su segunda etapa en forma de empirocriticismo.

 

Si el fundamento positivista en general en el hacer de la ciencia en México en la expresión de Gabino Barreda, reduce a ésta a un hecho descriptivo a partir de lo concreto empíricamente dado y sistematizado enciclopedistamente, ese positivismo luego de 1882 en el pensar de Justo Sierra en sus influencias donde el empirocriticismo impactó en ciencias como la Geografía en ese entonces en el campo eminentemente práctico de la Ingeniería, no tanto por sus expresiones idealistas subjetivas de origen kantiano en el conocimiento apriorístico o independiente de la experiencia, como por la expresión de ciertos principios en el conocimiento tales como el de la “experiencia pura”, de Avenarius, o el de la “economía del pensar” de Ernest Mach, por los cuales la representación del mundo se da como conjunto de “elementos naturales” de la percepción (de las sensaciones); lo cual contribuyó, sin lugar a dudas, a ese resultado de abstracción y generalización teórica en donde los fenómenos constituyen, en una “experiencia pura” y en esa “economía del pensar”, “elementos naturales” de la percepción, o como lo expresara específicamente Schulz: como el “fisiográfico” “hecho geográfico percibido”; esto es, el “elemento natural” (lo fisiográfico), en el “hecho geográfico” (el fenómeno), como lo concretamente percibido en ese marco teórico empirocriticista.

 

Y aun cuando el avance de pensamiento geográfico emanaba del idealismo filosófico, la paradoja es que el idealismo filosófico mismo no comprendió la naturaleza de ese aporte en geografía; de hecho, es hasta ahora, en estas notas, que, desde el fundamento del materialismo filosófico dialéctico, podemos rescatar su importancia y trascendencia.

 

Con esos fundamentos se produce históricamente aquí, en los Apuntes para el Curso de Geografía, 1892; de Miguel E. Schulz, históricamente la primera abstracción y generalización teórica del concepto de los fenómenos en geografía.

 

Schulz comienza por especificar que: “todo estudio que se emprenda para adquirir el conocimiento del planeta en sí mismo, deberá dirigirse al examen de los elementos físicos [litosfera, atmosfera, hidrosfera, biosfera] que forman su expresada superficie”[1].  Un punto a observar aquí, es que se refiere explícitamente al “conocimiento del planeta en sí mismo”, esto es, no en su espacialidad, lo que ha dejado aparte en la jerarquización del paso del estudio de toda la superficie del mismo, a sus artes continentales y luego por países.

 

El “planeta en sí mismo” es un fenómeno complejo que ha de descomponerse en esos “elementos físicos” para su estudio, siendo “objeto de las ciencias Geognosia y Geología[2].  Y para Schulz, esa superficie terrestre, si bien es una noción de espacio que incluso ha dividido y clasificado, su estudio como tal no lo desarrollará por las propiedades mismas de la categoría de espacio. Sino en la medida en que procederá a abstraer y generalizar los fenómenos como “elementos físicos” (fisiográficos), en la categoría de “hechos geográficos percibidos”.

 

Eso que Schulz estaba haciendo en ese momento por vía de los preceptos del empirocriticismo, es lo que hoy hemos denominado nosotros como “espacio plenista” o “espacio discreto”.

 

Él dejará a la astronomía el estudio de la Tierra como planeta (en cuanto a su lugar en el Universo), y asignará a la geografía el estudio de la Tierra, “como cuerpo material”[3], y agregara al final: “residencia de la Humanidad”, y campo este, como él lo expresará, de la Geografía social o política.  Y se hace evidente que la Tierra estudiada ya no en sí misma como fenómeno complejo, sino “la Tierra como cuerpo material”, es, entonces, la primera forma de abstracción y generalización teórica de los fenómenos en geografía.  Es ese “cuerpo material” en su estudio físico actual (y en superficie), el que será el objeto de estudio de lo que él denomina como Geografía física o natural, distinguiéndolo de lo que antes ha referido como objeto de la Geognosia y Geología; pero, a la vez, deslindando de esa Geografía física o natural, el estudio de la atmósfera e hidrósfera, “dejada a ciencias especiales como la Meteorología e Hidrografía[4].

 

“La Geografía –pues, concluirá Miguel E. Schulz– toma las características de una ciencia descriptiva…”[5], de donde, finalmente define a ésta como: “ciencia de carácter descriptivo que se ocupa del territorio de la superficie terrestre en su estado actual[6].



[1]       Schulz, Miguel E; Apuntes para el Curso de Geografía; Impresora “José Joaquín Terrazas e Hijas”, 2ª edición, México, 1896; p. 1.

[2]       Ibid. pp. 1-2 (subrayado suyo)

[3]       Ibid. p.2.

[4]       Ibid. p.3 (subrayado suyo).

[5]       Ibid. p.3.

[6]       Ibid. p.3 (subrrayado suyo).

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