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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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30 junio 2013 7 30 /06 /junio /2013 22:04

Colegio de Minería; Escalinata PrincipalManuel Antonio Castro: en la vida institucional de la Geografía Moderna en México, el primer geógrafo, porque lo quiso ser.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio–geografico-over-blog.es/

21 jun 13.

 

No somos historiadores de la ciencia, luego, dependemos de los datos existentes para de ellos generalizar la reflexión teórica.  Pero si alguna carencia histórica nos es trágica, esa es la ausencia de datos acerca de Manuel Antonio Castro (1778-1854)*, Agrimensor de Tierra y Aguas, tal como se le había otorgado el título profesional en el Colegio de Minería en 1798; luego profesor de matemáticas en el mismo; siendo de pensamiento liberal y cercano por ello a Blas Balcárcel, pero que en 1843, cuarenta y cinco años después, a la fundación de la carrera de Geografía y Naturalista en el mismo Colegio de Minería, solicitó ser examinado en la materia, de cuyo éxito derivó el otorgamiento del primer título de Geógrafo, en la vida institucional de la Geografía como ciencia moderna en México, falleciendo éste apenas once años después.

 

Así que, echando mano del recurso “externalista”, podemos sólo decir que su vida es, tanto la azarosa vida del Colegio de Minería, como el largo proceso de la revolución burguesa capitalista en México.

 

Manuel Antonio Castro nació hacia 1778 en los tiempos de los estallidos de las revoluciones, primero norteamericana en 1776, y luego la francesa de 1789, que históricamente marca el punto culminante en que la burguesía finalmente se hace del poder históricamente, instaurando definitivamente el régimen capitalista., mismo que traía aparejada la revolución científico-técnica conocida como Revolución Industrial.  Nuestro personaje nace y vive su infancia y juventud, precisamente en el vórtice de la misma; y ya como profesionista comprometido a contribuir al desarrollo económico de México, vivió los acontecimientos de la Guerra de Independencia.

 

La historia del Colegio de Minería, y en concreto la historia de su comunidad intelectual, revela que, aún en los combates en la ciudad, ya sea por revueltas internas o como consecuencia de la intervención norteamericana, incluso penetrando las tropas al interior de las instalaciones, la preocupación, tanto de directivos liberales como conservadores, fue mantener el ritmo de las clases y la preparación de sus alumnos, lo cual pone de manifiesto que la preparación de los cuadros técnicos para el desarrollo de la economía propia, era una trinchera más en de esa lucha contra los resabios monárquico feudales.

 

El principio de autodeterminación nacional y un estado propio que la hiciera valer, tardó en cristalizar en México, y el Colegio de Minería fue el escenario más representativo de esa lucha ideológica, en donde la derrota de México a la intervención norteamericana de 1847-1848, fue pauta universal de las derrotas de las revoluciones europeas de 1848 ante la reacción generalizada del capital; a lo que se respondió con el surgimiento de la teoría del comunismo precisamente en ese mismo año, con la aparición del Manifiesto del Partido Comunista redactado por Carlos Marx y Federico Engels; justo hacia el final de la vida de Manuel Antonio Castro, primer geógrafo en la vida institucional de la Geografía como ciencia moderna en México.



*       Las referencias dan la fecha de su nacimiento en 1787, pero titulado en 1798, tendría apenas once años de edad, por lo que lo más prbable haya que modificar el dato hacia 1777, y muy seguramente sería 1778 (donde se han invertido los dígitos), pues al titularse habiendo nacido en 1777, tendría 21 años, pero naciendo en 1778, tendría veinte, lo que ajusta con la edad de ingreso al Colegio de Minería a los 16 años de edad, más cuatro años de estudios.

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14 abril 2013 7 14 /04 /abril /2013 22:03

Palacio de MineríaLa Ciencia Moderna en México: el Colegio de Minería, y la Geografía en México.  Monografía, 2012 (5/5)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica.

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21 may 12

 

En septiembre de 1867, el gobierno da a conocer la pena con que se conmuta la impuesta por fusilamiento a todo el que hubiese colaborado con el Imperio según la ley del 25 de enero de 1862; la cual no era más que la contraparte a la decretada entonces por Maximiliano, para todo el que se le encontrara armado defendiendo la causa liberal juarista; por la que se condena al destierro a diferentes funcionarios mexicanos que sirvieron al Imperio.  Unos meses después, siendo uno de esos desterrados, estando en la Habana, en enero de 1868 muere Joaquín Mier y Terán; “y en la desgracia –dice Santiago Ramírez con absoluta inconsciencia política de la historia en el haber sido un colaboracionista con el Imperio– víctima del abandono más injustificable…”8, se lamenta de la suerte  del primer Ing. Geógrafo en México, José Salazar Ilarregui; y cinco años después, en 1882, muere también Joaquín Velázquez de León.  El único indultado entre todos esos funcionarios de primer orden en el Imperio francés, fue Manuel Orozco y Berra.

 

Hubo en ello una gran paradoja; Orozco y Berra fue el único intelectual entre esos funcionarios, ocupado en los aspectos humanísticos, rescatando los documentos históricos, cartográficos, y haciendo estudios antropológicos de etnias y lenguas; de modo que, en esencia, se ocupaba de rescatar la identidad nacional; de ahí que lo desconcertante es entonces, cómo es que sirvió al Imperio, negación de todo su trabajo intelectual; de lo cual tuvo que ser rescatado por el mismo Benito Juárez.

 

Pero en esa paradoja llevada hasta la caricatura, es que Salazar Ilarregui fue quien dio pauta para que se tuviera un Monumento a la Independencia, en medio de la misma vida imperial bajo el dominio francés; y con Joaquín Velázquez de León, ciertamente antes, cuando Zuloaga, se impulsó el concurso para la composición del Himno Nacional.

 

A nuestro juicio, se reduce todo, al ser de una burguesía conservadora, atenazada entre el fin de los sórdidos aires virreinales de las que son directamente herederos, y los frescos vientos de las nuevas Repúblicas nacientes, sin poder entender, faltos de esa conciencia social, el fin de lo uno y el principio de lo otro, haciéndose en ellos esa extraña y paradójica amalgama.

 

Tocó a su fin ese segundo gran período de la historia institucional de la Geografía en México, dado pues, entre 1843 y 1867.  Ahora, con el liberal y juarista Blas Balcárcel al frente, se reestructura la institución, y el antiguo Colegio de Minería es transformado en la nueva Escuela Especial de Ingeniería, dependiente ahora de la Universidad Nacional de México; escuela de ingeniería en que, entre otras carreras, Balcárcel establece la creación de la carrera de Ingeniería en Geografía e Hidrografía (en la que, sin que tengamos los datos concretos, debió colaborar por lo menos, quizá, por algún tiempo, falleciendo a los 75 años de edad, en 1899).

 

En 1910, la Escuela de Ingeniería pasó a rango de Facultad de Ingeniería de la misma Universidad Nacional; pero luego de los acontecimientos de la Revolución de 1910-1917 y sus secuelas hasta 1920, la carrera de Geógrafo e Hidrógrafo, perdió el atractivo de los estudiantes, hasta desaparecer difusamente entre 1930 y 1940.

 

Terminó allí el período histórico ge la Geografía como Ingeniería, en que había sido concebida de manera natural desde el siglo XVIII y consolidándose institucionalmente así a lo largo del siglo XIX y quizá pudiera decirse incluso, principios del siglo XX.  A partir del inicio de la década de 1940, los estudios institucionales de la Geografía en México; inmersos en una enorme y compleja teoría de discusión internacional; darán un notable viraje, del ámbito de las ciencias naturales, físicas y matemáticas en que siempre había estado, al ámbito de las ciencias sociales, histórico-económicas, en el que hasta hoy se encuentra, y cuestionadamente con especiales fundamentos teóricos desde 1980.

 

Quienes creemos que algún día en el futuro, en función de esos fundamentos teóricos especiales inherentes a la complejidad de la Geografía como una ciencia plenamente moderna afín a las necesidades del siglo XXI, en la medida en que sean comprendidos, asimilados y desarrollados, la Geografía volverá, por lo menos en su estructura lógica interna, a su ámbito de origen natural en el conocimiento de las ciencias físicas y matemáticas, así sea que, aún no existiendo como facultad independiente, dada su compleja naturaleza, bien pueda atribuirse su lugar institucional en la misma Facultad de Filosofía en la que actualmente está en la Universidad Nacional Autónoma de México.

 



8        Ibid. p.9

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7 abril 2013 7 07 /04 /abril /2013 22:03

Colegio de Minería; Escalinata PrincipalLa Ciencia Moderna en México: El Colegio de Minería, y la Geografía.  Monografía, 2012 (4/5)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

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14 may 12.

 

Una lectura más detenida, muestra que el Colegio de Minería, concebido en idea por Joaquín Velázquez Cárdenas de León, fue en realidad una institución pública controlada de principio a fin por la “dinastía Velázquez de León”.  Y esta evolucionó de su carácter de una burguesía ilustrada progresista hasta el triunfo de la Independencia, tras lo cual, esa dinastía y su impulso en el Colegio de Minería, se hizo moderada, iturbidista y santaannista, justo hasta el triunfo de la Revolución de Ayutla, en que acabó siendo, en el nieto de la dinastía (otro Joaquín Velázquez de León), profundamente conservadora y reaccionaria, pues no sólo se suprimió la Geografía en el Colegio, sino primero estuvo con el golpista Félix Zuloaga, y luego desplegó el más ignominioso colaboracionismo con el imperio francés de Maximiliano en México.

 

A la par que, en 1858, tras el golpe de Estado de Zuloaga de diciembre de 1857, se restablece la Nacional y Pontificia Universidad, y Blas Balcárcel entrega la Dirección del Colegio de Minería a Joaquín Velázquez de León, da inicio la Guerra de Reforma que en junio de ese año se refleja al interior del Colegio de Minería como la exigencia de una conducta religiosa, que, negada por tres alumnos, éstos son expulsados; la secuela de ello, es que para mediados de julio, estalla una insurrección estudiantil con más expulsados, a los cuales se solidarizaron en masa 54, quedando sólo 14.  Con lo cual el Colegio de Minería quedó oficialmente cerrado por el lapso de diez días.  Ese es el momento en que Santiago Ramírez es alumno del Colegio, y lo mismo, en ese ambiente, se le da el título de Ingeniero Geógrafo a Francisco Díaz Covarrubias (siendo, al parecer, el segundo Ingeniero Geógrafo en México), y que, al año siguiente, en 1859, se rinden apoteósicos honores a la muerte de Alejandro de Humboldt.

 

Para 1861, la reacción es derrotada y luego de cuatro años, desde 1857, vuelven los liberales al poder con Benito Juárez en la Presidencia; Blas Balcárcel entonces es nombrado Director titular del Colegio de Minería, se abren los cursos a los estudiantes que los habían abandonado en la revuelta de 1858, y de igual manera, se restablece el curso de Geografía.  Muy poco duró esa restitución del orden liberal, pues de inmediato se suscitó, junto con Inglaterra y España, la intervención francesa.

 

Juárez vuelve al gobierno itinerante, y Maximiliano de Habsburgo es coronado Emperador de México.  En su Imperio, van a estar muy cercanos a él varios personajes notables del Colegio de Minería: 1) Joaquín Velázquez de León, que a la derrota del gobierno usurpador de Zuloaga y Miramón, viajó a Francia llegando a Miramar a ponerse a las ordenes de Maximiliano, quien lo nombró “Ministro Plenipotenciario” del Imperio francés en México; 2) el Ingeniero Geógrafo José Salazar Ilarregui, que, a su vez, en calidad de uno de los más activos colaboracionistas con el Imperio, fungió primero, como Subminstro de Fomento y Director del Colegio de Minería, y al reestructurarse dicho Colegio en 1863, se olvidó de su propia especialidad, la Geografía, que no apareció en su plan de estudios; y finalmente se desempeñó como Comisario Imperial en Yucatán; 3) Manuel Orozco y Berra, el cual fue nombrado Ministro de Fomento; y 4) Joaquín  Mier y Terán, subalterno en el Ministerio de Fomento y encargado del Colegio de Minería.

 

En 1864 es ya alumno del Colegio de Minería, Antonio García Cubas, quien elaborará uno de los primeros Atlas del México moderno.  En 1865 está ya la nueva reestructuración del Colegio de Minería, y en ella ahora el curso de “Dibujo de Paisaje” se hará en dos años, indispensable para cursar luego el de “Delineación” (Cartografía).

 

Para marzo de 1867, ya se hace evidente el triunfo de los liberales, y en junio Maximiliano y los colaboracionistas Miguel Miramón y Tomás Mejía, son fusilados, y nuevamente Blas Balcárcel vuelve a la Dirección del Colegio de Minería como Ministro de Fomento, quien nombra a su vez como Oficial Mayor del Ministerio al Ingeniero Geógrafo Francisco Díaz Covarrubias; y en agosto se reabre el Colegio luego de permanecer cerrado poco más de un mes.

 


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31 marzo 2013 7 31 /03 /marzo /2013 22:03

Palacio de MineríaLa Institucionalización de la Ciencia Moderna en México: El Colegio de Minería, y la Geografía.  Monografía, 2012 (3/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

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07 may 12.

 

A partir de 1813, la decadencia del Colegio de Minería era ya manifiesta, y para 1815 ya es explícitamente reconocida.

 

En 1817, ingresa al Colegio Joaquín Velázquez de León Güiteras, nieto de Joaquín Velázquez Cárdenas de León; y próximo a egresar, en 1821, unilateralmente se separa del Colegio para incorporarse al Ejército de Iturbide, motivando su formal expulsión.  Es hasta ese año que Fausto de Elhuyar se retira como Director del Tribunal de Minería, luego de haberlo dirigido por 33 años.

 

En este último año se consuma la Independencia, y para 1825, el abandono de la materia de “Delineación” (planos de arquitectura y geografía), entre otras, y las reformas de las ordenanzas que habían llegado al absurdo de imponerle al estudiante el pago de los gastos habidos en caso de su deserción; hicieron que para 1826 fuese ya obligada la reforma general del Colegio de Minería, y en 1832 se le hace una nueva reestructuración, al tiempo que a su vez se funda la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.  Diez años después, en 1843, siendo Presidente Antonio López de Santa Anna, se decreta que el Colegio imparta diversas carreras de especialización minera, y sus estudios preparatorios; pero entre esas carreras muy especializadas en la minería, estuvo la de “Geógrafo” (al parecer, “Geógrafo y Naturalista”), con cursos de Cosmografía, Delineación o Cartografía, Geodesia, Física y Matemáticas.

 

Con ello quedó institucionalizada la enseñanza de la Geografía en México como estudios superiores especializados.  Fue uno de sus primeros egresado de la carrera, en 1846: José Salazar Ilarregui, asignándosele de inmediato la impartición de cursos de Geografía y Cosmografía, que por entonces impartía Blas Balcárcel, pero quien, en medio de la invasión norteamericana de 1847-1848, fungió como Director Interino del Colegio, tocándole, como consecuencia del momento en el país, una política de reducción de presupuesto y gastos.

 

Fueron alumnos en la carrera de Geografía en 1846, Joaquín Mier y Terán (alumno de Salazar Ilarregui), José Joaquín de Herrera (alumno de Blás Balcárcel).  En 1848, siendo Presidente  de la República Joaquín de Herrera, designa la Comisión para la delimitación de México y Estados Unidos, a la que se integra José Salazar Ilarregui, sustituyéndole en sus cursos de Cosmografía y Geodesia, su alumno Joaquín Mier y Terán.

 

En 1851, es estudiante de la carrera de Geografía, Francisco Díaz Covarrubias, quien egresa en 1854, y para febrero de 1856, al triunfo de la Revolución de Ayutla, José Salazar Ilarregui ha retornado de su Comisión delimitadora fronteriza con los Estados unidos; y se lee en la obra de Santiago Ramírez, Datos para la Historia del Colegio de Minería (1890),, el siguiente pasaje: “1856 Marzo 18.- La Junta Facultativa del Colegio expide el primer título de Ingeniero Geógrafo, distinguiendo con él al Sr. D. José Salazar Ilarregui, <<para darle un testimonio honroso del alto concepto que merece por su carrera científica y sus servicios>>”[1].

 

A fines de ese mismo año, con el gobierno de Ignacio Comonfort, se establece la Dirección General para la formación del Mapa Geográfico del Valle de México, en cuya Sección de Astronomía y Geodesia, participaron, como Director, José Salazar Ilarregui, y como Primer Ingeniero, a Francisco Díaz Covarrubias.  Hubieron a su vez otras Secciones, como la de “Historia y Antigüedades”, en la que, entre otros, participó Manuel Orozco y Berra, quien, a su vez, se desempeñó en la Sección de “Estadística y Geografía Comparada”.

 

Luego de la natural crisis provocada por el inicio de la Guerra de Independencia, el Colegio de Minería se estabilizó y prosperó en sus trabajos más allá del golpe de Estado de Iturbide en 1822, durante la restauración de la República bajo la influencia del pensamiento liberal, y aún bajo los continuados gobiernos de Santa Anna, a pesar de la Guerra de Texas (1836), y la invasión de los Estados Unidos (1847-1848).  El Colegio de Minería siguió trabajando; en la narrativa de Santiago Ramírez, nada se trasluce de los acontecimientos que vivía el país, salvo una esquela donde se da cuenta del agravio del izamiento de la bandera de los Estados Unidos en Palacio Nacional.

 



[1]        Ibid. p.391


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24 marzo 2013 7 24 /03 /marzo /2013 23:03

Palacio de MineríaLa INstitucionalización de la Ciencia Moderna en México: el Colegio de Minería, y la Geografía.   Monografía, 2012  (2/5)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

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 30 abr 12.

 

La forma rigurosa en que estaban organizadas las actividades en el Colegio de Minería, asignaba los sábados de 15 a 16 horas a las clases de Geografía, impartidas por reglamento, por el profesor de Matemáticas, de donde se sigue que a esta ciencia se le asignaba un valor no trivial en la exigencia de aquella institución, y tanto más, que la materia adquiría un tratamiento matemático.

 

En esa exigencia rigurosa en la formación matemática, la solicitud como mimbro académico de Antonio León y Gama, fue rechazada, “por ser los conocimientos que acredita extraños a la profesión de minero…”[5]; en quien en realidad, sus principales contribuciones estaban en el ámbito de la biología; por lo que su participación como catedrático en esta institución no fue sino hasta mucho después.

 

Por otra parte, se pretendió suplir el “Dibujo de Arquitectura”, por el de “Planos Lineales Geográficos”, mezclando al final ambas cosas, como un curso impartido por el Arquitecto Estevan González.

 

Hasta fines de 1790 circuló la convocatoria para el ingreso al Colegio, y se buscó la casa que habría de albergar al mismo.   Un año después, en 1791, quedó todo dispuesto y se giraron las instrucciones para que se abriera el Colegio con fecha 1º de enero de 1792.  Y en efecto, el Colegio de Minería entró en funciones.

 

A ocho años de su funcionamiento, en 1800, se formularon unas Instrucciones para la disertación de los practicantes, y la primera de ellas, era “para formar la Descripción Geognóstica del Real de Minas…, con un plano geográfico de su situación y la de los cerros de sus cercanías”[6].  Ello implicaba claramente, aparte del Mapa, en la Descripción Geognóstica, el levantamiento de la Relación Geográfica: “Dará principio la descripción –continúa la Instrucción– indicando el nombre y calidad del Real, el de la Provincia en que estuviese situado…, su distancia y rumbo respecto de la Cabecera, si no lo fuese por sí, su longitud y latitud…  Agregará algunas noticias de su antigüedad y las históricas que pudiera adquirir…”[7].  Luego pasaría a la situación local de igual manera dando cuenta de las condiciones orográficas e hidrográficas, y de la vegetación y de la calidad de las tierras para la agricultura.

 

“Para facilitar la explicación de todas estas particularidades y demás que siguieran…, se hace necesario levantar u n Mapa o Plano geográfico de las cercanías del Real…  Este plano podrá hacerse tomando las medidas necesarias para su exacta construcción, o por simple dibujo, sacando una o varias vistas de puntos elevados…, guardando entre ellos la debida proporción y situación natural”[8].  Y así, la Instrucción continúa especificando luego la calidad el mapa como una cartografía temática en función de la minería.

 

Para 1802, en función de lo especificado en las instrucciones, la Geografía ocupaba ya un lugar preeminente en los estudios del Colegio de Minería.  Y justo en ese año, ingresa como estudiante a la carrera de Agrimensor, Manuel Antonio Castro (1787-1854), que habrá de establecer, años después, un momento trascendental para la Geografía en México.

 

Para 1809, la situación social que preludia el movimiento de Independencia, se refleja ya en la vida interna del Colegio, y para noviembre de 1810, apenas iniciada la Guerra de Independencia, Félix Mª  Calleja aprehende a los primeros egresados del Colegio de Minería: Casimiro Chovell, Ramón Fabié, y Rafael Dávalos, los cuales habiéndose sumado al movimiento de Independencia, fueron ejecutados en pena de muerte.

 



[5]        Ibid. p.91

[6]        Ibid. p.158

[7]        Ibid. p.158

[8]        Ibid. p.159


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17 marzo 2013 7 17 /03 /marzo /2013 23:03

Palacio-de-Mineria.JPGLa Institucionalización de la Ciencia Moderna en México: El Colegio de Minería y la Geografía.  Monografía, 2012 (1/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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23 abr 12.

 

En 1792, luego de veinte años de vicisitudes en la lent ay burocrática sociedad virreinal de Nueva España, finalmente se abre el Real Seminario de Minería.  Un siglo después, uno de sus preclaros egresados de mediados del siglo XIX, Santiago Ramírez, prepara y edita la obra: Datos para la Historia del Colegio de Minería, 1890; esa fue la primera edición…, y no hubo más; tuvo que transcurrir un siglo más, producto no más que de la ignorancia, en este lento y burocrático país llamado México, para que la Sociedad de Exalumnos de la Facultad de Ingeniería (SEFI), UNAM, hiciese la valiosa segunda edición, publicada en 1982.  Uno de cuyos mil quinientos ejemplares editados, nos hicimos –según la nota de adquisición que quedó entre sus páginas– en 1988, y que en su momento leímos sólo para darnos un contexto general haciendo algunas apostillas, pero como dejando para mejor ocasión su trabajo para extraer conclusiones, y lo cual, paradójicamente, no pudo ser sino hasta ahora, un tercio de siglo más, posterior a la segunda edición.

 

Santiago Ramírez declara su “incompetencia” para redactar una obra como la Historia del Colegio de Minería: “Mi absoluta y bien reconocida incompetencia en estudios de este género…”[1], dice éste de sí, pero si bien no ha de hacer una historia como tal, ciertamente con su título como: “Datos para…”; aun cuando no resulta ser precisamente el profesional de la Historia el que por regla general elabora un trabajo de historia de la ciencia; esa es una labor en alto grado especial, que prácticamente es sólo inherente al especialista en esa ciencia dada a historiografiar, se resuelva como se resuelva*; y Santiago Ramírez la resolvió exquisitamente, como Efemérides; y concluye, con esa misma exquisitez, en su Prólogo: “Después de todo lo expuesto se me presenta una cuestión que –lo confieso con ingenuidad– me considero incompetente para resolver: ¿tendrá alguna utilidad real el trabajo que en estas líneas emprendo?”[2].

 

Desconocemos, por supuesto, la posible utilidad que haya tenido en los campos de otras ciencias, pero su utilidad para la ciencia de la Geografía en México es absolutamente invaluable.  Desconocemos también si otros geógrafos teóricos e historiadores de la ciencia lo han trabajado y generalizado con alguna utilidad en estos últimos treinta años (y para esta monografía, no nos hemos impuesto una denodada búsqueda de fuentes); pero para nosotros, es hasta este 2012 que aquí lo hacemos.

 

La obra de Santiago Ramírez no sólo nos aporta el dato de que hubo un personaje de la historia llamado Joaquín Velázquez Cárdenas de León que hizo una importante contribución al conocimiento geográfico de México, sino, más importante aún, nos da el contexto histórico y cronológico en que se desenvolvió su vida y obra, sino su propia realidad, para entender, esencialmente, algo de extraordinaria importancia en la historia de la Geografía particularmente en México: las diferencias en el hacer de la geografía entre la geografía de Joaquín Velázquez Cárdenas de León, y la geografía de José Antonio de Alzate y Ramírez; lo que será determinante para comprender el desarrollo de la Geografía en México.

 

El Colegio de Minería, como primera institución de la ciencia moderna en México, recibió, como afirma Santiago Ramírez, un vigoroso impulso de su fundador Joaquín Velázquez Cárdenas de León, el cual falleció en 1876, mucho antes de que, en 1792, el Colegio abriese sus puertas como la institución educativa que ideó; y de ahí que, como lo expone el autor de esta inapreciable obra, “la historia del Colegio de Minería es, pues, la Biografía de un muerto…”[3]; si bien Santiago Ramírez a su vez asocia la idea, al proceso decadente que a su vista, como partidario del conservadurismo, sufría el Colegio de Minería a lo largo del siglo XIX conforme asumía posiciones liberales.



[1]        Ramírez, Santiago; Datos para la Historia del Colegio de Minería; Sociedad de Exalumnos de la Facultad de Ingeniería (SEFI), UNAM; México, 1982; p.12.

*        La historiografía de la Geografía resuelta por nosotros, el autor de esta Revista de Geografía Teórica, se da como “análisis crítico de la historia”.

[2]        Ibid. p.15.

[3]        Ibid. p.11


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10 marzo 2013 7 10 /03 /marzo /2013 23:03

Trabajos-Cientificos-Sobre-el-Valle-de-Mexico--Joaquin-V.JPGJoaquín Velázquez Cárdenas de León (1732-1786): La Institucionalización de la Ciencia Moderna en México, y la Geografía.  Artículo, 2012.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

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02 abr 12.

 

En una época en que, o se era sacerdote, o se era militar, o se era jurisconsulto, el único defecto en el que Joaquín Velázquez Cárdenas de León no incurrió, fue en el de militar.

 

El historiador Roberto Moreno, en un breve documento titulado Joaquín Velázquez de León: un Jurisconsulto del Siglo XVIII, narra pasajes de la vida de éste, principalmente como jurisconsulto; sin embargo, aporta un dato de enorme importancia para el entendimiento de la historia de la geografía, particularmente en su lado de la sociología de la ciencia: Joaquín Velázquez Cárdenas de León, trabó amistad con José de Gálvez, Visitador General con plenos poderes que arribó a Nueva España en 1765, para impulsar las Reformas Borbonas de Carlos III, con las cuales, entre otros aspectos, geográficamente reordenó el territorio dividido en Intendencias, y con el cual viajó a California en 1768 para la observación de paso de Venus.  El hecho interesante de tal pasaje, está en que José Antonio de Alzate y Ramírez, por lo contrario, fue acérrimo enemigo de José de Gálvez, al que le criticaba su proyecto de reordenamiento territorial; siendo José de Gálvez de consuno con el virrey marqués de Coix, quien dio instrucciones para terminar con la publicación del periódico de Alzate: “Diario Literario de México”, en 1768; y ello contribuye a explicar las desavenencias mismas entre Joaquín Velázquez y José Antonio de Alzate, por el reconocimiento de a quién de ellos atribuirle la primacía en la determinación de las coordenadas de la Ciudad de México.

 

Lo anterior se explica por el hecho de que Joaquín Velázquez Cárdenas de León, fue catedrático de matemáticas, físico y astrónomo, además de construir él mismo buena parte de sus instrumentos, o adquiriéndolos de Europa, con su alto grado de precisión, habiendo tenido en sus manos el instrumental dejado aquí a la muerte de Chappe (que había venido a la observación del paso de Venus y murió en la misma California).  Y esto reviste otro aspecto importante en el mismo campo de la sociología de la ciencia: cuando Alejandro de Humboldt arribó a la Nueva España en 1804, alabó el trabajo de Joaquín Velázquez por sus altos grados de precisión en sus mediciones para determinar las coordenadas de los lugares; pero, al mismo tiempo, menospreció lo hecho por José Antonio de Alzate, criticando de él el dedicarse a muchas cosas simultáneamente (el hecho es que igual que él), sólo que acusándolo de hacerlo superficialmente, y no ser preciso en su mediciones.  Y la inconsecuencia de esa crítica es clara: Humboldt no sólo menospreciaba al clérigo regular que era Alzate por esa condición, sino omitiendo la diferencia de instrumental de que Velázquez y Alzate dispusieron.

 

 Hay aquí, la ancestral lucha entre el pensamiento independiente, libre, creativo, dirigido por la necesidad más absoluta, y el hacer de la ciencia bajo el cobijo institucional, dependiente de pleitesías y rutinario, como consecuencia de ser ajeno a toda necesidad.

 

Joaquín Velázquez Cárdenas de León acabó siendo Director del Real Seminario de Minería fundado a su iniciativa, en tanto que Alzate, acabó siendo el científico mexicano ilustrado por excelencia.

 

Un tercer pasaje interesante en la vida de Joaquín Velázquez Cárdenas de León, es el que, cuando éste estaba en California con motivo de la observación del paso de Venus, a este lugar arribaron los geógrafo franceses, Chappe y Pauly, con el mismo fin, trayendo consigo el instrumental más moderno.  A poco de su llegada, murió allí Chappe, teniendo Pauly y la comisión francesa que regresar precipitadamente a Europa, dejando su instrumental en manos de Joaquín Velázquez Cárdenas de León, con el cual éste efectuó las mediciones que más tarde alabó Humboldt.  Tiempo después, el gobierno de Francia reclamó dicho instrumental, y fue embarcado, pero, infortunadamente, perdiéndose en un naufragio apenas salía de Veracruz.

 

Joaquín Velázquez Cárdenas de León, fue descendiente de Diego Velázquez, el gobernador de Cuba tras los descubrimientos de estas tierras por Cristóbal Colón, y quien autorizó las sucesivas expediciones de Francisco Hernández de Córdoba, Juan de Grijalva y Hernán Cortés.  Es decir, venía de una dinastía de alto rango en la formación de los virreinatos españoles en América, y más importante aún, dio continuidad a dicha dinastía en una nutrida sucesión de “Velázquez de León” a lo largo del siglo XIX, el último de cuyos sucesores de homónimo nombre, Joaquín Velázquez de León Güiteras (nieto), habría de desempeñar un triste papel.  Como dijera C. Marx, una historia que se repite, pero una vez como tragedia, y otra como farsa.  Joaquín Velázquez Cárdenas de León, vivió hacia el final del período de la ilustración, cuando el virreinato de Nueva España comenzaba a abrirse a la ciencia y al capitalismo, y al fundar el Real Seminario de Minería, fue consecuente con el Siglo de las Luces, dando origen, así, a institucionalización de la ciencia moderna en México; desgraciadamente, para él y quizá ciertamente, como lo lamenta Santiago Ramírez en su Datos para la Historia del Colegio de Minería, para la ciencia en México, murió en 1786, antes de que tal institución abriera sus puertas a los primeros estudiantes en 1792; y próximo al derrumbe mismo de la Colonia española.  He ahí la tragedia.  Pero en su nieto, el homónimo Joaquín Velázquez de León, de 1867, fue su repetición, pero como farsa: primero estuvo del lado de Félix Zuloaga en el golpe de Estado de 1857, y luego, al triunfo de la República sobre el fallido Imperio monárquico de Maximiliano, desde el primer momento, siendo de los primeros en hacerse presente en Miramar, se puso a las órdenes de Maximiliano, quien, desde ese momento, lo nombró “Ministro sin Cartera”, o lo que es equivalente, “Ministro Plenipotenciario” del Imperio francés en México.  Y ahí terminó la dinastía.

 

Si Joaquín Velázquez Cárdenas de León disfrutó del privilegio circunstancial de hacer esa mediciones con dicho instrumental; por su parte, José Antonio de Alzate y Ramírez disfrutó de la ocasión para, a través del geógrafo Pauly que regresaba a Europa, enviar su Mapa Geográfico de la América Septentrional de 1768, enviándolo con su persona a la Academia de Ciencias de París, y por lo cual obtuvo un reconocimiento.  Uno dio a la historia de la ciencia en México, la institucionalización de la ciencia moderna, el otro, los fundamentos de la Geografía como ciencia misma.

_____

 

Bibliografía.

 

Diccionario Enciclopédico Espasa; Espasa-Calpe, Tomo 24; Madrid, 1979.

Diccionario Porrúa; Historia, Biografía y Geografía de México; Editorial Porrúa, México, 1976.

Moreno, Roberto; Joaquín Velázquez de León: Un Jurisconsulto Mexicano del Siglo XVIII; http://biblio.jurídicas.unam.mx/libros/2/730/PDF

 


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3 marzo 2013 7 03 /03 /marzo /2013 23:04

52 Mapa de AlzateJosé Antonio de Alzate y Ramírez (1737-1799): los Fundamentos de la Geografía Científica en México.  Ensayo, 2012 (3/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

26 mar12.

 

 

Caracterización Novohispana

de la Filosofía y Ciencia Moderna.

 

La ciencia moderna novohispana, como tal, arranca en la segunda mitad del siglo XVII, así se reconoce ampliamente, con el pensamiento y trabajos tanto de Sor Juana Inés de la Cruz, como de Carlos de Sigüenza y Góngora*.

 

Y luego de la discontinuidad en el desarrollo de la Ilustración novohispana durante la primera mitad del siglo XVIII, es en la segunda mitad del mismo en donde esta Ilustración se despliega, no obstante conservando aún en forma disfrazada los adelantos mismos de su desarrollo en Europa.  Alzate es reconocido, por ello, como el Ilustrado Novohispano por excelencia.

 

Debido a esa caracterización y reconocimiento que ampliamente se hace de Alzate, nos costaba trabajo creer en la definición que dicho autor hacía de sí mismo, lo cual negaba su verdadero carácter de “Ilustrado por Excelencia”.  No casualmente ello suscitó el principal cuestionamiento del Dr. Ignacio Díaz de la Serna, asesor de esta tesis, al observar que, <<cómo era posible caracterizar a un autor en una posición filosófica, declarándose explícitamente por sí mismo en otra>>; esto es, nos observaba el Dr. de la Serna, como calificarlo de materialista y dialéctico <<a pesar suyo>>, <<contrariando lo que dice>>; e incidió con ello, en el punto esencial de esta tesis.  De proponerse inicialmente en la misma la pura y simple explicación del proceso fundacional de la Geografía como ciencia; tanto en función de los aspectos internos dados en el ensayo objeto de estudio en esta tesis; como en función de los factores externos dados por el momento cimero de la Ilustración en el desarrollo del pensamiento dialéctico y del materialismo; se pasó a la compleja situación de tener que demostrar, primero, tal entredicho antes enunciado.

 

Alzate “tenía que ser”, por definición ilustrada, empírico-materialista, y con ello, dialéctico (así fuese mecanicista), ateísta en su forma de deísmo, monista, fundado en los principios de objetividad y causalidad eficiente en el conocimiento.  Pero explícitamente, Alzate se definía por todo lo contrario, como racionalista cartesiano, y en consecuencia, filosóficamente en el idealismo subjetivo, enemigo furibundo de la dialéctica, teísta partidario del ocasionalismo de Melanchton, dualista, y reconocedor de la causa primera.  De la primera caracterización, y sólo de ella, es que podía surgir el pensamiento científico avanzado propio de la época; y justo, tal como lo expone, en los hechos, en su obra.  De la segunda caracterización, y precisamente por ella, es que quedaría inmerso en el escolasticismo, contra el que precisamente luchaba el pensamiento ilustrado.

 

La explicación de ello en la filosofía ecléctica no la aceptábamos en principio, porque de ello resultaba una filosofía novohispana; e incluso generalizadamente, latinoamericana; más que influida, abiertamente dependiente de la filosofía europea, y por lo tanto, de un pensamiento filosófico no propio e improductivo por sí mismo.  Esto es, de un subdesarrollo que nos vendría desde entonces, y que nos sería incluso, cuasi innato.  Pero cuya interpretación resultaba de un análisis limitado de las condiciones del momento histórico, que para una misma Ilustración, era ciertamente desigual entre Europa y Nueva España.

 

Por otra parte, en cuanto a la ciencia, dominaba por entero el método baconiano experimental, y si bien Alzate; ya por razones tanto inquisitoriales como por la enemistad política entre España e Inglaterra; no menciona jamás a Bacon, la influencia de éste es por completo reconocible en sus trabajos.  Una frase que lo demuestra y que inevitablemente repetimos insistentemente en nuestra tesis, es aquella en que, tanto en otros documentos como en el que es objeto de estudio en esta tesis, Alzate mismo a su vez repite, casi, pudiéramos decir, sacada del Novum Organum de Bacon: “La dificultad en el acierto, cuando no se camina con los instrumentos en mano...”[1].

 

Que, citando a Bacon, se enuncia de la siguiente manera: “ni la mano desnuda ni el entendimiento abandonado a sí mismo pueden mucho; la cosa se lleva a cabo con instrumentos y auxilios de los que precisa tanto la inteligencia como la mano”[2].

 

De la misma manera, el reconocimiento de la causa primera era sólo para inmediatamente dejarla de lado, procediendo entonces con la aristotélica noción de la causalidad eficiente.  “La estrategia del dualismo –asentamos en la tesis– se debate entre la teología con la metafísica causa primera, y la empirista, materialista y spinociana causa sui.  Alzate, de palabra escrita reconoce, diciendo que lo hace, la causa primera; pero apenas la ha reconocido de dicho, la abandona en los hechos tratados en sus escritos, donde los fenómenos son por causa sui, y las relaciones o afecciones entre ellos, son en función de la aristotélica causa eficiente[3].

 

Y con el mismo artilugio panteísta de Spinoza; en donde, primero, dice éste: “No puede darse ni concebirse ninguna sustancia fuera de Dios”[4], y luego más adelante asienta: “una idea verdadera debe estar de acuerdo con el objeto de que es idea...  El orden y conexión de las ideas son las mismas que el orden y conexión de las cosas”[5]; Alzate procederá, de igual manera, en sus exposiciones; como en su artículo Observaciones físicas sobre el terremoto, en donde escribe: “Muchas personas tendrán a impiedad el ver que asigno causa física al terremoto; a los que advierto reconozcan primero las obras del señor Benedicto XIV..., allí reconocerán si hay terremotos naturales”[6].

 

Así, el reconocimiento del mundo de los objetos materiales fuera del pensamiento, la aceptación del principio de objetividad como condición sine qua non del empirismo materialista, quedaba expuesto allí donde Alzate, en las primeras líneas del documento objeto de estudio en esta tesis, afirma: “La descripción Geográfica e Hidrográfica del Globo Terráqueo; aquella viva representación que en poco papel presenta a la vista los dilatados espacios de su superficie, instruyéndonos de la situación de las Ciudades..., Puertos...”[7]; evidencia, primero, el reconocimiento de la realidad objetiva en aquella “viva representación”; luego, la cognoscibilidad de la misma en “la presentación a la vista”; y en tercer lugar, del reflejo de la misma en el pensamiento (en este caso mediado a través de los mapas), “instruyéndonos de la situación”.

 

 

Conclusión.

 

Afirmamos, finalmente, que José Antonio de Alzate y Ramírez, antes que responder a una filosofía ecléctica dada por las apariencias “a valores entendidos” en el “doble lenguaje” muy propio de la época en su pensamiento y obra; es, por lo contrario, eminentemente un ilustrado enciclopedista que, como tal, responde más bien a una filosofía materialista empírico-mecanicista, y a una dialéctica apodíctica cuya lógica implicaba no sólo la deducción cartesiana, sino la inducción baconiana, propia a la consumación del vínculo empírico-racionalista en el método científico moderno de su momento histórico.

 

Su explícito dualismo, en el fondo no es sino la expresión dialéctica de la contradicción, por la que la identidad dada en el monismo, se expresa reconocible en la diferencia de sus contrarios.  El real deísmo en Alzate, no llevará a más el conflicto de los opuestos en esa reconocible contrariedad; la contradicción no será tratada en su pleno despliegue al punto en que ésta se resuelva por la subsunción de su metafísica en su física.  No era, pues, tampoco, ateísta en la solución de la misma.

 

Y, concluimos en la tesis volviendo al punto clave para la interpretación del pensamiento de la Ilustración: Alzate defendía encubiertamente, contra lo que anatematizaba, solvuntur objecciones*; como esencialmente es caracterizada esta manera de ser del sujeto de la Ilustración por Alfredo Chavero en su trabajo El Virreinato...[8]; las posiciones más avanzadas del pensamiento materialista y dialéctico.

 

Finalmente, con ello a su vez, se explica de manera lógica y consistente, concordante con el momento histórico y la filosofía avanzada del mismo, la fundación de la Geografía científica moderna en México, con el trabajo de Alzate examinado en esta tesis.

__________

 

Bibliografía

 

Alzate y Ramírez, José Antonio de; Estado de la Geografía de la Nueva España, y Modo de Perfeccionarla; Asuntos Varios Sobre Ciencias y Artes, Nº 7; artículo G; 7 de diciembre de 1772, Impresa en México en la Imprenta de la Biblioteca Mexicana del Lic. D. Josef de Jáuregui, en la calle de San Bernardo; México, 1772.

Bacon, Francis; Novum Organum; Editorial Lozada, Col. Obras Maestras de Pensamiento Nº 27; Buenos Aires, 2003.

Chavero, Alfredo; El Vireinato, Historia de la Dominación Española Desde 1521 a 1808; “México a Través de los Siglos”, Tomo II; Editorial Cumbre, sexta edición; México, 1967.

Hernández Iriberri, Luis Ignacio; Dialéctica y Materialismo en el “Estado de la Geografía de la Nueva España, y Modo de Perfeccionarla”, de 1772, de José Antonio de Alzate y Ramírez; Tesis, Centro de Investigación y Docencia del Estado de Morelos (CIDHEM); México, 2009.

Moreno de los Arcos, Roberto; Obras, José Antonio de Alzate y Ramírez; Obras, V.1, Periódicos; UNAM, Instituto de Investigaciones Bibliográficas; Nueva Biblioteca Mexicana Nº 76; México, 1980.

Spinoza, Baruch; Ética; Sarpe, Col. Grandes Pensadores Nº 31; España, 1984.

 



*       Cuyo mapa, reconocido como “el primer mapa hecho por un mexicano”, fue utilizado todavía por Alzate en un original manuscrito, perdiéndose poco después, sin que llegara ya a la colección de Manuel Orozco y Berra de la segunda mitad del siglo XIX.  Mas dicho mapa fue reproducido y conservado en España por la Real Academia de Historia de Madrid, de donde fue rescatado por Miguel Sánchez Lamego en 1951.  Sin embargo, dicho mapa quedó en su reproducción facsimilar en el trabajo donde Sánchez Lamego lo comenta, en una publicación del Instituto Panamericano de Geografía e Historia (IPGH), y nuevamente, en la práctica, perdido, en tanto no localizable en ninguna mapoteca o biblioteca, ni reproducido en ningún Atlas de Historia de la Cartografía en México.  El mapa lo conocimos a fines de los años setenta siendo aún estudiantes de la Facultad; pero así como lo localizamos, ahí se volvió a quedar sin que le diéramos importancia al hecho –ya los investigadores profesionales le darían su lugar–; y transcurrieron otros treinta años más sin que nadie se ocupara del asunto, hasta que con motivo de la investigación de esta tesis volvimos a buscarlo; pero esta vez, siendo nosotros ese investigador profesional, rescatándolo y entregándolo, en diciembre de 2007, a la “Mapoteca Nacional <<Manuel Orozco y Berra>>”, en donde ahora, ese “primer mapa hecho por un mexicano”, se encuentra allí en forma digitalizada.

[1]       Alzate y Ramírez, José Antonio de; Estado de la Geografía de la Nueva España, y Modo de Perfeccionarla; Asuntos Varios Sobre Ciencias y Artes, Nº 7; artículo G; 7 de diciembre de 1772, Impresa en México en la Imprenta de la Biblioteca Mexicana del Lic. D. Josef de Jáuregui, en la calle de San Bernardo; México, 1772; p.50 (subrayado nuestro).

[2]       Bacon, Francis; Novum Organum; Editorial Lozada, Col. Obras Maestras de Pensamiento Nº 27; Buenos Aires, 2003; p.74.

[3]       Hernández Iriberri, Luis Ignacio; Dialéctica y Materialismo en el “Estado de la Geografía de la Nueva España, y Modo de Perfeccionarla”, de 1772, de José Antonio de Alzate y Ramírez; Tesis, Centro de Investigación y Docencia del Estado de Morelos (CIDHEM); México, 2009; p.143.

[4]       Spinoza, Baruch; Ética; Sarpe, Col. Grandes Pensadores Nº 31; España, 1984; p. 36.

[5]       Ibid. p.72.

[6]       Moreno de los Arcos, Roberto; Obras, José Antonio de Alzate y Ramírez; Obras, V.1, Periódicos; UNAM, Instituto de Investigaciones Bibliográficas; Nueva Biblioteca Mexicana Nº 76; México, 1980; pp.40-41.

[7]       Alzate y Ramírez, José Antonio de; Estado de la Geografía de la Nueva España, y Modo de Perfeccionarla; Asuntos Varios Sobre Ciencias y Artes, Nº 7; artículo G; 7 de diciembre de 1772, Impresa en México en la Imprenta de la Biblioteca Mexicana del Lic. D. Josef de Jáuregui, en la calle de San Bernardo; México, 1772; p.49 (subrayado nuestro).

*       Solvuntur Objecciones (solventando objeciones, u objeción y solución), procedimiento mediante el cual, anota el historiador Alfredo Chavero, “encargándose de refutar los escritos heréticos, daban publicidad a las prohibidas doctrinas..., y sin temor de incurrir en las censuras”.

[8]       Chavero, Alfredo; El Vireinato, Historia de la Dominación Española Desde 1521 a 1808; “México a Través de los Siglos”, Tomo II; Editorial Cumbre, sexta edición; México, 1967; p.880.


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24 febrero 2013 7 24 /02 /febrero /2013 23:04

Asuntos VariosJosé Antonio de Alzate y Ramírez (1737-1799): los Fundamentos de la Geografía Científica en México.  Ensayo, 2012 (2/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

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26 mar12.

 

 

La Filosofía en los Fundamentos

de la Ciencia Moderna.

 

En nuestra investigación de tesis refrendamos el método científico de la modernidad; cuyos orígenes para la ciencia de la Geografía tomamos como objetivo en nuestra tesis; a su vez en ésta procedimos con el rigor demostrativo del mismo, dado en la lógica dialéctica, formulándonos un silogismo con el que operamos con el método hipotético-deductivo; tanto en el método de investigación a partir de verificar la hipótesis, como en el método de exposición al estructurar la argumentación demostrativa con base en él.

 

En consecuencia, en un primer capítulo establecemos los fundamentos teóricos dados en los elementos de la dialéctica y el materialismo desarrollados hasta la Ilustración; particularmente para la segunda mitad del siglo XVIII, el momento histórico de José Antonio de Alzate y Ramírez, el cual vivió entre 1737 y 1799; dados específicamente en relación con el origen de la Geografía como ciencia en México.

 

De particular importancia era analizar el momento histórico que determina el pensamiento alzatiano, estableciendo con ello la premisa antecedente en el proceso demostrativo, en donde, dados los parámetros de esta especialidad, sostenemos que con el documento: El Estado de la Geografía de la Nueva España, y Modo de Perfeccionarla, de 1772, se funda la Geografía como ciencia en México.

 

Por lo tanto, el tercer capítulo constituye nuestra premisa de tesis, y en el cual, en consecuencia, desarrollamos la argumentación demostrativa de la dialéctica y el materialismo dados en su trabajo antes citado.

 

Para, finalmente, en un cuarto capítulo a manera de consiguiente, analizar de manera exhaustiva el documento mismo objeto de estudio en esta tesis; destacando en ello, desde el punto de vista de la dialéctica, el momento histórico del vínculo en la lógica empírico-racionalista; y desde el punto de vista del materialismo, la objetividad y la causalidad contenidas en el monismo.

 

La dificultad principal que enfrentamos en el desentrañamiento del problema planteado, fue –hemos dicho más arriba–, explicar la paradoja por la cual la Ilustración se caracteriza por el pensamiento ateísta, monista, empírico materialista, partidario de la causa sui; y no obstante, la Ilustración novohispana parece darse, en un momento, con los planteamientos opuestos: el teísmo, el dualismo, el racionalismo idealista, y el reconocimiento de la causa primera; y en otro momento, con los elementos de la dialéctica y el materialismo reconocidos en el enciclopedismo.  Tal aparente paradoja fue resuelta por los autores que nos han antecedido en el estudio de la Ilustración novohispana, mediante la explicación de un pensamiento filosófico ecléctico.

 

Nosotros hicimos a un lado tal explicación, no obstante sus aparentes poderosas evidencias, al darnos cuenta, en el análisis de las determinantes históricas, de un factor antropológico por el cual se explica una manera de ser del sujeto de la época de la Ilustración, tanto en Europa, como en Nueva España; y lo cual constituyó la clave para interpretar el pensamiento filosófico de la misma, dado con particular énfasis en Nueva España ante el atraso social por el cual prevalecía aún con cierta fuerza la Inquisición.  Y tal clave consiste, esencialmente, en el uso de un “doble lenguaje” dado incluso socialmente “a valores entendidos”, y que filosóficamente podemos enunciar hegelianamente, mediante el ejercicio en el lenguaje de la vida cotidiana, de “la negación de la negación”: esto es, que, <<aparentando combatir las tesis heréticas desde lo que de suyo es una negación histórico-socialmente dada, el débil procedimiento de solventar las objeciones, daba lugar a la negación de esa misma negación histórica que pretendía defenderse; y así esa “negación de la negación”, daba lugar a la afirmación de las ideas ilustradas combatidas.

 

Descubrir esto que hemos llamado “la clave para interpretar el pensamiento de la Ilustración”, ha sido una contribución secundaria, pero no por ello menos determinante de lo que a la vez ha sido.

 

Ese lenguaje socialmente dado “a valores entendidos”, es lo que permite explicar, a la vez, no la ingenuidad el Santo Oficio ante los trabajos de Alzate; sino el obstat imprimatur con el cual, ya inevitablemente, se accedía al empuje de los tiempos, o bien se mostraba condescendencia con el desarrollo de las reformas borbónicas, pero presentado en un lenguaje distinto para las masas y los prejuicios sociales.

 

El ensayo de Alzate, El Estado de la Geografía de la Nueva España, y Modo de Perfeccionarla, publicado en ocho octavillas en el Nº 7 de su periódico Asuntos Varios Sobre Ciencias y Artes, del 7 de diciembre de 1772, es lo que constituye el objeto de estudio de esta tesis.

 

Reconocemos en dicho ensayo el primer documento en el que –sin que ese fuese su propósito– se aportan los elementos teóricos fundamentales del saber geográfico.  El ensayo era más bien un artículo periodístico de reclamo de necesidades y de denuncia del estado de la Geografía como ciencia, pero que, siendo ésta a la vez un reflejo de la realidad que estudia, resultaba al mismo tiempo una denuncia del estado real de atraso científico, técnico y social de la Nueva España misma.

 

El artículo se convirtió en ensayo fundacional de la Geografía como ciencia en México, al mostrar en él, Alzate, una serie de necesidades en la aplicación de los elementos teóricos y metodológicos de la Geografía como ciencia moderna.  Pero, al mismo tiempo, ello no ocurría como algo fortuito, ajeno al momento histórico, sino por lo contrario, precisamente como una determinación de él: el momento histórico culminante del enciclopedismo ilustrado con su característica eminentemente materialista y dialéctica (si bien esa dialéctica dada principalmente en el vínculo empírico-racionalista, era aún mecanicista).

 

Tal documento ha sido reproducido en facsímil en tres ocasiones: en la obra alzatiana de Roberto Moreno de los Arcos, 1980; en la obra, Historia de la Ciencia en México, de Elías Trabulse, 1986, y en Papeles Varios, t.II, Col. La Fragua, Biblioteca Nacional de México.  En todos los casos se da sólo la reproducción facsimilar sin comentario alguno en particular; por lo que no es sino hasta nuestra tesis; y contando con el documento original del cual obtuvimos un facsímil de la Biblioteca Nacional de México; que se hace no sólo su comentario, sino su estudio especializado en tanto que nuestra formación profesional de base, es precisamente en la Geografía.


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24 febrero 2013 7 24 /02 /febrero /2013 23:01

Geografía; Fundamento de su Teoría del Conocimiento; TesiLa Primera Tesis de Geografía Teórica en México: “Geografía: Fundamentos de su Teoría del Conocimiento”, 1983, de Luis Ignacio Hernández Iriberri; en su XXX Aniversario.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

22 feb 13.

 

 

 

 

                              Geografía; Fundamento de su Teoría del Conocimiento; Tesi  Geografía; Fundamento de su Teoría del Conocimiento; Tesi

 

Portada y Carátula de la Tesis: “Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento”, 1983; primera tesis en geografía teórica en México.

En sus dedicatorias (más allá de la obligatoriedad moral con lo debido), no olvidamos “a nuestros profesores y maestros todos”, y entre dichas dedicatorias, tributamos dichas como “un homenaje en memoria de todos y cada uno de los pensadores de los que en ella se hace mención, quienes con sus aportaciones, han contribuido al incesante desarrollo del conocimiento humano”.

 

*

 

En 1985 viajamos a Cuba llevando varios ejemplares de nuestra tesis de titulación en Licenciatura en Geografía, con la idea de obsequiarla tanto a la Escuela de Geografía como al Instituto de Geografía de allá: “Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento”, 1983, de la cual aún hoy, y ya lo será por siempre, nos sentimos profundamente satisfechos en todo sentido, intelectual, moral, estéticamente.  El primer lugar visitado fue la Escuela de Geografía, en Alamar.  Al ponerla en manos del Director de dicha institución, lo primero que hizo fue detenerse en la lectura de los dos epígrafes en que resumíamos el espíritu de todo el documento: el primero citando a John D. Bernal acerca de que la verdadera lucha está en superar las ideas preestablecidas; y el segundo, citando a K.A. Timiriasev, acerca del carácter e importancia de la hipótesis y la verdad.  Eso bastó para que, con una sonrisa, se pusiera de relieve la identidad ideológica, recibiéndonosla gustosamente.

 

No necesitábamos explicitar en ella nuestro marco teórico gnoseológico, se evidenciaba fácilmente, no obstante debimos hacerlo desde el primer momento; y, sin embargo, no lo hicimos sino hasta tratar con el primer apartado del Cap. IV: “…la teoría del conocimiento conectado a la ciencia geográfica, se apoya en la teoría materialista…” (p.159), et sig.

 

Estuvo ahí, en esas formas que revelaban una deficiente instrucción en los protocolos para la elaboración de una tesis cuya lógica fue enteramente intuitiva, algo esencial que acompaña a esta efeméride: en dicho documento no se habló acerca de la dialéctica materialista, sino, por primera vez, explícitamente, se usaba la dialéctica materialista como método, tanto de investigación, como de exposición en geografía.  Antes, implícitamente ya se había hecho por muchos otros, no sólo desde fines del siglo XIX en Rusia por Krasnov o Chizhov, o en el siglo XX por Lukashevich, sino en “occidente” (a nuestro parecer, y algo que habría que estudiarse más documentadamente), por el mismo Alfred Hettner, aún inmerso en la Alemania nazi; así como en México, por eminentes profesores como el Dr. Jorge A. Vivó, antiguo miembro del Partido Comunista Cubano; por el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, antiguo miembro del Partido Comunista Español; como por el Dr. Ángel Bassols Batalla, hasta donde nos parece que así fue, notable miembro del Frente de Liberación Nacional en México de los años sesenta.  Así, nuestra tesis aquí en memoria, representa, además, la introducción explícita de la dialéctica materialista en Geografía.

 

La geografía en los años setenta era ya un infernal caos; hasta la década anterior había discurrido aún con cierto romanticismo, con más contenido de un discurso del Olimpo que de argumentación científica; se hablaba de “tipos de geografía”, de “corrientes”, de “modelos”, y a cual más aportaba alguna ingeniosa ocurrencia.  La geografía era, como nos lo exponía Pierre George en una conferencia ofrecida en el Instituto de Geografía, <<lo que el geógrafo hace>> (referir la idea de la “ingeniosa ocurrencia”, no es, pues, un adjetivo para descalificar, sino una caracterización cruda de aquella realidad).  No había, en lo absoluto, ni orden ni concierto; literalmente dicho, y no sin que suene curioso, nadie sabía exactamente, qué era la Geografía (pero ni en México, ni en el mundo); en sus definiciones, el verdadero objeto de estudio estaba siempre subyacente.

 

En un principio, nuestra tesis trató de ser un esfuerzo para poner orden teórico, con fundamento lógico a todo aquello así dado y tal cual lo habíamos recibido; y la sorpresa fue que eso no sólo no se podía, y de ahí el caos, sino que, por las mismas razones, en el rigor científico, no se debía, pues se desembocaba necesariamente en el absurdo de una especie de “ciencia de las ciencias”.

 

Que la hipótesis inicial de intentar poner orden y fundamento a la geografía dada fue una hipótesis fallida, falsa, fue de trascendental importancia: nos dejó abierto el camino totalmente a lo nuevo.

 

En la aplicación de la dialéctica materialista como método, siguiendo los procedimientos usados por Marx, de la categoría fundamental de “relación” con que habíamos trabajado aquella hipótesis falsa, pasamos a examinar, precisamente, aquello que detectamos que estaba en común en todos los casos, si bien de manera oculta: el espacio.  Y como la barra de un imán que se coloca debajo de un vidrio cubierto del caos de limaduras de hierro, en aquel 1981, el orden de una geografía como ciencia se nos trazó de inmediato.

 

Terminó allí una era de dos siglos de la “geografía fenomenista” (desde Humboldt y Ritter), y se abrió una nueva época para esta ciencia: nuevamente, la de la “geografía espacista”.  Es decir, como lo apuntábamos en la tesis, todo lo que pudiese verse como “nuevo”, era sólo por ser un geografía bien olvidada que rescatábamos de la historia, siendo ésta, precisamente, el lado científico de la geografía.

 

Por quince años, de 1994 a 1009, un tenebroso grupo de poder reaccionario, plagió y distorsionó la teoría propuesta, nuevamente envolvió y revolvió todo en su pretensión del estudio de los fenómenos; pero esa retrógrada posición hoy es ya historia, apenas viva en los resabios de una “posmoderna” “geografía literaria” (donde la tragedia para esta ciencia, es que, no obstante, sea la “geografía” institucional y dominante).

 

A pesar de todo, en lo personal, celebramos este XXX Aniversario de nuestra tesis: “Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento”, 1983 (sustentada el 24 de febrero de 1983), con un curioso como notable descubrimiento.

 

En cama, convaleciente, por no más que, literalemente dicho, un cansancio extremo, ya recuperándonos, al despertar del día 19 de febrero, pensábamos en que estábamos próximos a concluir con la exposición de los antecedentes de nuestra teoría del espacio en geografía, y que, en consecuencia, tocaba su lugar a la exposición directa de la misma.  Más aún, nos pusimos a pensar en lo que seguiría; y disponiendo ya de una teoría del espacio en geografía plenamente fundamentada, tendría que ser corroborada en estudios particulares concretos.  Momentáneamente exploramos la idea de por dónde podría ir esa aplicación inicial de la teoría, y derivamos a la idea, necesaria, de que tendría que aplicarse al origen y estructura del espacio terrestre.

 

Ese origen lo radicamos en la teoría de G.N. Katterfeld acerca de la formación simultánea del sistema Tierra-Luna; y en uno de esos “chispazos” de pensamiento, nos pusimos a considerar ya no sólo los aspectos cualitativos proporcionales de la geografía de la Tierra con la geografía de la Luna dados ya en Katterfeld, sino la posible proporcionalidad cuantitativa.  Pero el asunto en esencia, consistió en lo siguiente: una “lunografía”, es una geografía de la Luna, equivalente a decir, <<estudio del espacio lunar>>, tal cual el <<estudio del espacio terrestre>>; sólo que, en ambos casos, el estudio de su espacio, es geografía; y caímos en cuenta, entonces, del contenido distinto para las categorías de “espacio terrestre” y “espacio geográfico”.

 

La categoría de “espacio terrestre”, es exclusivamente para la geografía de la Tierra; como “espacio lunar” para la geografía de la Luna.  Pero la categoría de “espacio geográfico”, aplicable a ambos casos, corresponde, entonces, a una categoría universal del conocimiento dado en la ciencia geográfica, aplicable desde la ubicación de los objeto sobre una mesa, al estudio de la ubicación de las cosas en cualquier astro del Universo.

 

Treinta años después, ese aporte principal de nuestra tesis; el espacio geográfico como su objeto de estudio, que tan cierta como equívocamente, tratábamos de manera indistinta como espacio terrestre –y de ahí lo curioso y paradójico–, ahora, ese aporte de hace treinta años, lo hemos podido fundamentar teóricamente elevándolo a rango de categoría universal.

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