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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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7 octubre 2012 7 07 /10 /octubre /2012 22:01

1836-Mapa-de-la-Republica-Mexicana-Antes-de-1836--Anonimo.jpgHistoria de la Geografía en México en el Siglo XIX: sus Determinantes Teóricas y Sociales.  Ponencia al XX Congreso Nacional de Geografía, 2012.  Primera Parte, 1802-1843.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

08 oct 12.

 

Introducción.

 

Es esta una historia de la geografía en México en el siglo XIX, rescatada de la muy importante obra para la historia de la ciencia en México: Datos para la Historia del Colegio de Minería, 1892; de Santiago Ramírez, y elaborada a partir de su interpretación crítica.

 

En el ensayo, abordamos la problemática del marco teórico metodológico sobre cuya base se elabora el análisis crítico, así como los períodos de esta historia, que van: 1) el período que va de 1802 con la reforma al Colegio de Minería, en la cual la Geografía adquiere relevante importancia, a 1843 en que se funda la carrera de “Geografía y Naturalista”; 2) el período de 1843 a 1855, fecha última en que se da una nueva reforma al Colegio de Minería, consolidándose la carrera en el grado de “Ingeniería Geográfica”; y 3) el período de 1855 a 1867, año último en que desaparece el Colegio de Minería, y en la Escuela de Ingeniería que le sustituye, se crea la carrera de “Ingeniería en Geografía e Hidrografía”; con las respectivas conclusiones en las que se vislumbra los inicios de la geografía del siglo XX.

 

Ha sido un análisis profundamente aleccionador.  Todavía en los años en que éramos recién egresados, no veíamos sino una ciencia de la geografía monolítica, única como creíamos a todas las ciencias.  Quizá de haber sabido estas lecciones históricas aquí expuestas, nuestra actitud se hubiese matizado con algún tacto.  No obstante no nos arrepentimos, antes al contrario; nuestro tiempo, el de la confrontación última del mundo caduco de la burguesía ante la lucha por la apertura de un nuevo mundo proletario, socialista, nos demandaba hacer exactamente lo que hicimos, así haya sido espontáneamente, y quizá está en ello su virtud.

 

Las nuevas generaciones tienen ahora en este análisis crítico de la historia, tanto una explicación de causa para proceder, como una responsabilidad doble ante la historia: primero, entender claramente el momento histórico (eso que en nosotros fue espontáneo); y, segundo, actuar en consecuencia.  En ese sentido quizá, antes que decir que les hemos allanado el camino, quizá tengamos que darles la explicación ante la complicación, de que así es la historia de la ciencia, ni modo, implicando cada vez una mayor responsabilidad y compromiso, necesariamente, ante ello.

 

 

Fundamentos Metodológicos.

 

En nuestra afirmación desde el marco teórico dialéctico materialista (marxista), de que: <<Toda historia de la ciencia, es reflejo de la dialéctica del desarrollo de la ciencia misma y algo socialmente determinado>>; lo que se da a entender es que la ciencia se mueve en el tiempo y en función de la lucha entre sus teorías internas contrapuestas, unas veces como contradicciones no-antagónicas, otras en forma mutuamente excluyentes.  Domina en el tiempo, aquella teoría que es reflejo lo más objetivo de la realidad vinculado a las necesidades económico-sociales de cada época.  Pero, hemos dicho además, la ciencia representa un conocimiento socialmente determinado; es decir, por lo cual dicho conocimiento responde a los intereses de una sociedad que, a su vez, se mueve históricamente en función de la lucha dada entre los intereses contrapuestos de las clases sociales.

 

Puede hablarse, en ese sentido, y solo en ese sentido, de una ciencia burguesa o de una ciencia proletaria; de una ciencia al servicio de los intereses del capital, o una ciencia al servicio de los intereses de las amplias mayorías sociales, de los obreros los campesinos, la clase social asalariada: el proletariado.

 

Así es como se vinculan, pues, las teorías de la ciencia con los intereses sociales diferenciados de las clases sociales; y es en ese sentido que unas teorías están destinadas a mantener el orden de cosas, en tanto que otras lo están para, progresistamente, transformarlo.  Hay, pues, unos conocimientos progresistas que se aducen como científicos, frente a unos conocimientos conservadores que se asumen, en ciertos sistemas gnoseológicos en el campo de la ciencia de la modernidad, en igual condición; no obstante, en los últimos treinta años, abjurando de todo lo que implica dicha modernidad ilustrada, en el marco ideológico d la llamada “posmodernidad” (la que, por ello, por ser posterior a la modernidad, pretende haber “superado” en todo aspecto a la modernidad), se renuncia al conocimiento definido como científico (con todo lo que ello, a su vez, implica esencialmente, en el conocimiento de la verdad objetiva), para asumirlo solo como “un saber”, entre otros muchos “saberes” posibles; todos, sin duda igualmente válidos, pero donde la verdad objetiva ha sido suplantada por dicha validez, en términos de una “verdad subjetiva”, o lo que esta última en realidad es: una simple opinión personal que se comparte en el “diálogo de saberes”.

 

 

Nosotros, en el marco teórico dialéctico materialista y en el contexto de la ciencia de la modernidad ilustrada, hemos sostenido siempre que: <<La historia de la Geografía, es un proceso dialéctico y socialmente determinado>>.  Frente a ello, particularmente en los últimos poco más ya de quince años, con su fundamento en la “posmodernidad”, se argumenta en la práctica, en los hechos del hacer de la elaboración de la historia de la ciencia, y tácitamente, su antítesis: <<La historia de la Geografía, no es ni dialéctica, ni socialmente determinada>>.

 

Hace apenas un cuarto de siglo, esta antítesis bien podía haber correspondido a alguna variedad del sistema filosófico idealista.  Entendiéndose en su sentido afirmativo, va en dirección de afirmar que la historia es lineal (mecánica), y asocial (indeterminada por lo externamente a ella, y ajena a la lucha ideológica de las clases sociales), todo lo cual queda reflejado en la forma de exposición de la historia.  De los últimos quince años a la fecha, enfáticamente, ello es una antítesis planteada en el conjunto de varios sistemas filosóficos, entre ellos, como los más importantes, del existencialismo, el pragmatismo, y el superestructuralismo (el llamado “neomarxismo”), conforme la “dialógica” de la llamada “posmodernidad”.  En la afirmación de dicha tesis nuestra acerca del hacer de la historia de la Geografía, esa linealidad mecánica e indeterminada que para los sistemas filosóficos de la modernidad (por ejemplo, el positivismo) fue por defecto, en la “posmodernidad” lo es como una “verdad subjetiva”, es decir, como una opinión, tanto más o menos válida en el “diálogo de saberes”, en el cual nada tiene que ver una pretendida argumentación demostrativa de la verdad objetiva.

 

En el argumento de la “posmodernidad”, no se reconoce la contradicción de la lucha de clases sociales, se habla sólo de una única “sociedad civil”; menos aún se ve una determinación social sobre el hacer de la ciencia; y esa negación de la dialéctica de la contradicción en la historia de la ciencia, y en este caso el análisis de la historia de la Geografía, haciendo de esto, un mero anecdotario cronológico, un cúmulo de datos por los datos mismos, con no más fin que un acervo de cultura.  No hay en ella, pues, enunciado de interpretación crítica alguno, siendo toda ella, no obstante, una interpretación clasista de la historia de la ciencia, en esta caso de la Geografía, que en el hecho histórico objetivo y concreto, rescatando de archivos o reservorios, oculta de la historia su potencial transformador de la realidad; y de ahí el que se nos imponga la necesidad de reinterpretación del hecho histórico.

 

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5 agosto 2012 7 05 /08 /agosto /2012 22:04

Marx-EngelsConciencia del Momento Histórico del Desarrollo de la Geografía en México (2/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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30 jun 12.

 

Los pocos materiales de que disponemos de Hettner, no obstante, este no parece definirse explícitamente como marxista o dialéctico materialista, pero no es necesario que así lo hiciese como para ser rescatado casi como tal; bastó en Hettner una definición científica, objetiva, determinista, hipotético-deductiva, experimental, y de capacidad de previsión científica (son falsas todas esas afirmaciones de Schaefer, luego difundidas y reproducidas una y otra vez con omisión de la fuente original directa), para que se diese su identidad con la dialéctica materialista.  Y, sin embargo, ese rescate no ha sido posible sino hasta hoy, aquí.

 

En nosotros mismos tuvieron que transcurrir treinta años para que el salto cualitativo se consumase.  Fue necesario en nosotros una madurez y formación más acabada, pero, también, fue necesario el fin de la Guerra Fría con la derrota del Bloque Socialista, lo que contribuyó a superar en nosotros mismos las limitaciones de la “ciencia ideologizada”, que aún en la década de los ochenta, nos imponía la dificultad de superar, bajo la pena de incurrir en “revisionismo” y “desviaciones metafísicas”, el concepto mismo de espacio definido como una “forma de existencia de la materia”, que si bien de carácter objetivo, el espacio en la literatura marxista de esos años, aún era la expresión de “orden de distribución de los objetos que coexisten simultáneamente”[1].

 

Como del tiempo y de la materia en sí –afirma Foroba–, la esencia del espacio es, a su vez, el movimiento, lo que los hace inseparables.  Sólo que aquí teníamos que afirmar que el tiempo y el espacio no eran algo distinto de la materia (no entendida ésta sólo como los cuerpos sustanciales).  Nosotros vimos en esto un problema, pero la dialéctica materialista de entonces lo resolvía con apego a la teoría einsteniana de la relatividad del espacio-tiempo, que implicaba la negación del vacío, y por lo tanto de la identidad del espacio con éste, en la teoría el continuum; y el que, por lo tanto, el espacio no era, entonces, sino un concepto en el que se reflejaba objetivamente las propiedades espaciales (geométricas) objetivas de los cuerpos sustanciales.

 

El que el problema estaba en que, al negar el vacío en la idea del continuum, negaba no sólo la existencia de dicho vacío, sino el que el enunciado de tal vacío así negado, por lo tanto, se identificaba con “la nada”, llevando a la crítica de incurrir en una posición idealista metafísica al pretender, primero, separar el espacio de los cuerpos (como la geometría de los substancial), en un “algo” aparte; y segundo –y esto era lo más esencial–, querer darle a ese “algo” una independencia de la materia misma (en donde se identificaba en consecuencia en el continuum, la materia con la corporeidad sustancial), en tanto ese “algo” era “la nada” (vacío).

 

Había allí, pues, dos premisas falsas: 1) la negación del vacío; y 2) como consecuencia, la identidad el vacío, metafísicamente, con “la nada”.  Y superar eso nos tomó treinta años; pero no fuimos sólo nosotros en nuestra ignorancia, sino que en ello estaba el batallar de muchos años atrás de un Guerásimov, e incluso del “proscrito” de la “ciencia oficial institucional” soviética, Kósiriev.  En Einstein mismo, el vacío (-p), tuvo que ser traducido como la “constante cosmológica” en oposición a la gravitación (+p); y todo ello no ha sido entendido, finalmente, sino en lo muy reciente.

 

Ahora entendemos que el espacio no sólo es la extensión o espacialidad de los cuerpos (su carácter discreto y de sustancia); sino que también es el vacío, absoluto o relativo, de la distancia entre los cuerpos (su carácter continuo y de campo).  Y, a partir de ello, es que hemos estado ya en posibilidad de elaborar una teoría del espacio geográfico (en lo que estamos ahora).

 

Nos tocó a nosotros, en estas circunstancialidades históricas, hacer la necesaria tercera abstracción y generalización teórica del concepto de espacio luego de la primera con De la Blache en un conjunto restringido de propiedades; y de la segunda con Hettner, en donde aún se conceptualizo limitadamente el espacio como lo corográfico; superando incluso la propuesta de los Elementos, de Riábchikov-Sáenz de la Calzada, que hasta 1995 el compañero José C. Martínez Nava, consecuente con la dialéctica materialista del momento, intentó desarrollar.

 

Quedó echada así sobre la mesa, una “ciencia geográfica proletaria” (del futuro), identificada en el contexto del método de la ciencia de la modernidad ilustrada, llamada a <<avanzar a la luz del conocimiento y en la certeza de sus leyes>> (Bacon-Descartes); frente a una “ciencia geográfica burguesa” (del pasado), identificada ésta por autodefinición, en el contexto del método dialógico de “los saberes” de la llamada “posmodernidad”, que asume como principio fundamental, el <<avanzar en la oscuridad y en la incerteza>> (Morin).

 

Esa “ciencia geográfica proletaria”, no lo ha sido así tanto por si misma, como por su condición de “proscripción” a la que le sometió el Tribunal del Santo Oficio geográfico; esto es, que, lo que “quedó fuera”, se definió por oposición a lo que “quedó dentro”, ; y lo que “quedó dentro”, acabó siendo –y no podía ser sino así–, ese <<“saber” burgués>> de la “geografía literaria, en la narrativa del hacer de las ciencias acerca del conocimiento del mundo.

 

Ese “saber burgués” de la “geografía literaria”, renunció a la ciencia, y se quedó en la historia.  La “ciencia geográfica proletaria” de nuestra “geografía espacista realizada”, difícilmente va a poder ir a más en las limitadas posibilidades de nuestras condiciones y momento histórico; de pronto, tampoco hay lo que suele llamarse una “masa crítica” de la que pueda extraerse el diamante; pero esta ciencia de la geografía expuesta en lo histórico en general en este Blog, como en la lógica en particular de nuestra Revista “Espacio Geográfico”, es, por definición, sin duda, la “geografía proletaria” depositaria del futuro.



[1]        Foroba, N.T; Diccionario de Filosofía; Editorial Progreso, Moscú, 1984.  (v. Tiempo y Espacio).

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5 agosto 2012 7 05 /08 /agosto /2012 22:03

Velero IndicopleustesConciencia del Momento Histórico del Desarrollo de la Geografía en México (1/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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30 jun 12.

 

La geografía “oficial” institucional; “fenomenista y literaria”; que tuvo en Ritter y Humboldt en la primera mitad del siglo XIX a sus máximas expresiones, y a partir de donde comenzó a declinar sin poder encontrar sus fundamentos como “geografía fenomenista”, en el método científico de la ciencia de la modernidad (o huyendo espantada cuando con De la Blache, y más aún con Hettner, se había, finalmente, encontrado con ellos, aun cuando en una “geografía espacista”); y de una “geografía fenomenista”, como la caracterización de sus esenciales preocupaciones, con tintes positivistas, que ya no pudo sobrevivir más alá de fines del siglo XX, ha transitado en los últimos tres lustros, sin abandonar su culto a los fenómenos, a una “geografía literaria”, como ahora la denominamos, dado el conjunto de sus postulados y propósitos preeminentemente subjetivos, en el contexto de la llamada “posmodernidad”; que satisface, ya no al concepto científico riguroso, sino sólo al “saber divulgativo” con fines de cultura (con la infinita contradicción en aquellos que aún pretenden defenderla como ciencia en esas condiciones, en la que, cuanto más profundiza en las ciencias particulares, tanto más hace esa ciencia especial, como cuanto menos geografía reivindica, lo cual acaba, o identificando con los conocimientos científicos más insospechados, o indefinida; repitiendo una y otra vez, esa profunda discusión dada desde mediados del siglo XIX, pero resuelta a fines del siglo XX; y donde, quien así lo pretende, tendrá que empezar por corregir la pueril definición tautológica de la “ciencia del espacio, en donde el espacio, es el espacio…”, con la particularidad subjetiva de ser  “socialmente construido”, en que hace quince años fundamentó esa geografía; amen de luego tener que criticar todo el absurdo subjetivista de la “posmodernidad”).

 

Frente a esa “geografía literaria”, “posmoderna”, “oficial” institucional, como “ciencia burguesa” en tanto al servicio del capital ya obsoleto, se erige nuestra geografía como una “ciencia proletaria”, de ideología socialista, al servicio de la sociedad, que explícitamente, en el reiterado esfuerzo en que cada vez intenta hacerlo mejor y de manera mas completa, se define como una ciencia que pretende alcanzar esa rigurosidad en le método científico de la ciencia de la modernidad ilustrada.   En ese sentido, se funda en el principio de historicidad, por el cual se entiende, no sólo en la misma línea de pensamiento, sino incluso del conocimiento positivo rescatable en el ámbito mismo de esa “geografía literaria” y sus antecedentes.   Se sigue así, como una síntesis lógica de los esfuerzos de abstracción y generalización teórica dados ya desde De la Blache y De Martonne, a Hettner, pasando por las propuestas de Riábchikov y Sáenz de la Calzada, para culminar en los trabajos de José C. Martínez Nava y nuestros, en los cuales aplicamos consecuentemente la dialéctica materialista a la ciencia de la geografía.

 

Tuvo que ser así, y en el autor de estas líneas, no por jactancia (ya la historia dirá, si es que algo tiene qué decir), sino porque se reunieron en nosotros una enorme serie de condiciones que en su conjunto, ellas, y sólo ellas, lo posibilitaron.

 

En primer y eminente lugar, necessitate statu, condición de necesidad ineludible, nuestro origen de clase proletaria que nos dio unas condiciones materiales de vida que determinó nuestro pensamiento en una específica y privilegiada interpretación del mundo.  En segundo lugar, el habernos formado intelectualmente en un país más o menos avanzado del Tercer Mundo.  En tercer lugar, el haber asimilado de manera natural dadas nuestras condiciones de clase social, la dialéctica materialista, aplicándola consecuentemente a la interpretación del mundo que nos rodea, y en particular, al hacer de la ciencia de la geografía.  Elaboradas independientemente entre sí, ya nuestras tesis de grado de Licenciatura; “Geografía: Fundamentos de su Teoría del Conocimiento” (1979-1983; Luis Ignacio Hernández Iriberri); y “El Método Dialéctico como Método de la Geografía” (1985; de José C. Martínez Nava); a más de ser los primeros en abordar la problemática de la geografía teórica en casi siglo y medio de existencia de la Geografía institucionalizada, lo hicimos en el marco teórico gnoseológico de la dialéctica materialista o marxismo.  Entre esas otras condiciones que posibilitaron una interpretación correcta, fue el momento histórico que nos tocó vivir, dado en una transición de tres décadas.

 

Lo que explica que esa síntesis lógica del conocimiento geográfico se haya dado en nosotros y no, por ejemplo, en algún geógrafo de la renombrada Unión Soviética, fuente misma de nuestras lecturas sobre el marxismo y nuestra identidad socialista, estuvo en el hecho de que allá operó  con suficiente éxito aquella “geografía fenomenista”, dada la necesidad imperiosa de un conocimiento de conjunto, allí donde aún había enormes carencias de especialistas, para las urgentes políticas de planeación económico-social.  La Geografía, tal como estaba, no sólo se resolvió con éxito, sino como un conocimiento aplicado y operativo directo en las necesidades del Estado; no hubo necesidad de geografía teórica alguna.

 

Más aún, lo que pudiera haberse discutido al respecto en aquellos años treinta a ochenta (los trabajos de planeación comenzaron en 1925, y dirigidos a sectores específicos y no aún como políticas económicas de conjunto), pasaría necesariamente por las tesis de De la Blache-De Martonne y de Hettner; pero frente a una “geografía fenomenista” exitosa soviética, las disquisiciones teóricas de De la Blache se habrían visto como producto de la “crisis de la ciencia burguesa”; y particularmente respecto al alemán de os años de entreguerras y ya en su madurez y obra más importante  en el lapso de ascenso del nazismo, Alfred Hettner, se hace, evidentemente, el resurgimiento de la “ciencia nacionalista” que otrora enfrentó a la “ciencia inglesa” newtoniana, y la “ciencia francesa” cassiniana, pero que en el caso de Hettner no sólo era enfrentar la “ciencia alemana” en general, sino una “ciencia alemana de un Estado nazista”, esto es, altamente politizada e ideologizada, que aún en los primeros años de la década de los cincuenta, bajo la filosofía oficial norteamericana, el pragmatismo, Fred K. Schaefer criticó, severa, pero falsa e inconsecuentemente, ya no bajo los prejuicios de una “ciencia nacionalista”, como bajo los prejuicios ideológicos en contra del marxismo.

 

 


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10 junio 2012 7 10 /06 /junio /2012 22:01

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010Fin de una Era

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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11 jun 12.

 

Terminó una era, una época, una gran etapa; llegó a su fin, objetivamente dada, y en su generalidad, de una u otra forma, maraca a cada uno en el fin de una etapa y el inicio de una nueva de manera personal.

 

Por tres años hicimos de este Blog (palabra compuesta del inglés “web-log”, de web, “red”; y log, “diario”; “diario o bitácora de la red”), básicamente, la Revista “Espacio Geográfico”.  Ésta maduró en su contenido, a la vez que las constantes de tres años nos permitieron ver que, del total de los visitantes a este Sitio, el 25% son lectores sistemáticos y el 75% lectores circunstanciales que acceden al Blog en función de búsqueda de información, de modo que se nos impone ahora el dejar esa Revista especializada a los lectores realmente interesados, en lo que el resto del Blog como tal quedará para satisfacer esas necesidades de búsqueda de información.

 

La Revista nos continuará representando el autocompromiso de su sistematicidad y periodicidad semanal en lo más posible.  La información del Blog, trataremos que en lo posible, sea igualmente periódica, no obstante ahí ya no comprometeremos esa regularidad.

 

Un elemento esencial más de esa objetividad determinante del fin de una gran etapa, está en que la contradicción dialéctica e histórica esencial de la Geografía ha cambiado, ya no es exactamente aquella que se expresaba como la “geografía espacista” de un lado, y la “geografía fenomenista” del otro, como hasta hace muy poco todavía equivocadamente así lo veíamos.

 

Nosotros, por el recurso de la abstracción y generalización, por la síntesis en la subsunción lógica de un opuesto en otro, apenas recién hemos superado dicha contradicción; cuando en realidad, incluso la geografía “oficial” institucional, hace poco más de quince años, si bien por decreto, literalmente dicho, por auto de fe, ya la había superado.

 

Ahora, una Geografía única como ciencia del estudio del espacio terrestre, hace surgir una nueva contradicción dialéctica que se expresa como una “geografía objetiva” de una parte, y una “geografía subjetiva” de la otra; una, la primera, en el criterio del método de la ciencia de la modernidad ilustrada; la otra, en el llamado <<paradigma de la “ciencia” de la “posmodernidad”>>.

 

Guardan cierta continuidad con las líneas de la vieja contradicción histórica, ya que la “geografía objetiva” de la modernidad, se asume estudiosa del espacio terrestre como la “dimensionalidad material continuo-discreta”; en tanto la “geografía subjetivista”  de la “posmodernidad”, se asume, a su vez, estudiosa del espacio terrestre, pero como un espacio cuya definición está en una identidad análoga fuera de él; esto es, en el espacio definido por “lo que la sociedad construye” (el ente “espacio”, como el “espacio socialmente construido”).  Filosóficamente sintetizada la idea, se asume el estudio del espacio terrestre, en la analogía del sí mismo, de su propio ser.

 

En el campo de la ciencia de la modernidad (esa ciencia de origen galileano-kepleriano y baconiano-cartesiano), la definición del espacio como su objeto de estudio de la Geografía, en el enunciado de que el espacio es el “espacio socialmente construido”, constituye, repetido ya por poco más de quince años, el error más nefando de la historia universal de la ciencia de todos los tiempos: el pueril error lógico de la tautología; al que se agrega ahí mismo, el error lógico de la sustitución de tesis.

 

Incurre en él el estudiante de primer ingreso que se supone debería ser capaz de criticarlo; más aún, pues, gravemente comete el error el docente que debería ser el primero en capacidad de corregirlo; pero trágico cuando ello, en poco más de quince años, no lo ha hecho, ya no se diga el docente de posgrado, sino ni siquiera el más encumbrado doctor investigador del Instituto de Geografía de la UNAM.

 

No obstante, en el campo de la llamada “posmodernidad”, en ello no puede haber error lógico, porque la lógica se desconoce, se rechaza, y más bien, lo que hay, es la afirmación del objeto de estudio en la teológica analogía del ser.  Pero ello implica una posición consciente y deliberada en ello.

 

Esas geografías objetiva y subjetiva, moderna y “posmoderna”, científica y teológica, podrán criticarse mutuamente, pero ya toda discusión racional entre ellas carece de sentido, ya que, siendo mutuamente excluyentes, antagónicas, de su discusión nada se sintetizará.

 

Un principio en el marxismo, es el principio de historicidad, lo que entre marxistas nos lleva a soler decir que, “la historia no perdona”.  Y aquella “geografía fenomenista” que aún en los años noventa se obstinó en continuar en el exclusivo estudio de lo aparente a la percepción sensible; cuando en lo subyacente se tenía ya el reconocimiento del estudio del espacio; como consecuencia, inexorablemente, tenía que desembocar en su actual triste condición metafísica.

 

Por los últimos tres años (absurdo, pero así fue), nos resistimos a ingresar al Sitio del Colegio de Geografía (y en general, de la “oficialidad” institucional); y como que para nosotros no transcurrió el tiempo, y en general nos imaginábamos aún las mismas condiciones.  Pero al acudir al Sitio, al volver a la “oficialidad” institucional así fuese virtualmente, el impacto ha sido mayúsculo; ha sido no sólo una ubicación de golpe en el presente, sino un enfrentamiento de la tragedia, que no obstante en el otro, la hemos sentido nuestra: ahora, la planta docente del Colegio de Geografía, por lo menos en su quinta parte, está formada por mis compañeros de aula o del ámbito laboral…; conozco perfectamente bien a ese 20%, todos me conocen perfectamente bien a mi, y ambas partes sabemos bien lo que sabemos o no sabemos.

 

Pero es justo que son ellos, ahora (por encima de nosotros ya no están los antiguos profesores), los responsables del error más burdo jamás cometido en la historia de la ciencia, en el pretender fundamentar a la Geografía como ciencia, en una tautología, en la que, además, se incurre en la suplantación de tesis.  En ello no vale alegar ignorancia, pues entonces el error sería doble: el no saber, y el no saber cuando se debería saber.

 

Y si en el argumento de la “posmodernidad” se excluye la falta a las reglas de la lógica, entonces el adjetivo de oscurantismo, queda claro que no ha sido un exabrupto para descalificar, sino un adjetivo para describir la realidad.  Y en todo ello no hay, no tendría por qué haber, nada personal, simplemente son los hechos.

 

Si esa “geografía subjetivista” la definimos en el contexto de la modernidad, entonces hay un error grave  que tiene que ser corregido de inmediato y asumir las implicaciones con integridad moral e intelectual.  Pero si esa “geografía subjetivista” se define en el modelo de la “posmodernidad”, entonces ello es el reflejo de su fracaso teórico como ciencia rigurosa, y acaso ella sólo sea ahora, una disciplina de conocimientos humanísticos semejantes a la literatura.  Una narrativa literaria adornada de un lenguaje de tecnicismos de las ciencias y de hasta algunas ecuaciones, pero narrativa literaria exclusivamente.

 

No hay ya manera de eludir la responsabilidad histórica.  Quien se puso a impartir clases a manera de la “chambita fácil” en el Colegio de Geografía en los últimos poco más de quince años; de hecho, quien se integró a la “oficialidad” institucional en el lapso de estos tres últimos lustros, forma parte ya, en la historia de la ciencia, de los responsables del error más burdo jamás cometido.

 

Finalmente, espero que se comprenda, que de no corregirse o más aún, de afirmarse su fundamento en la “posmodernidad”, que estoy obligado moral e intelectualmente, por razones ideológicas y de conciencia, a someter a la más dura crítica esa anticiencia, e, infortunadamente, a quien la encarna.

 

La educación y el hacer de la ciencia, es parte de la lucha de clases, su parte más fina y sutil.  Es necesario hacer conciencia histórica, y resolver en consecuencia.

 

Saludos fraternos a todos.

 

Luis Ignacio Hernández Iriberri.

 


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11 marzo 2012 7 11 /03 /marzo /2012 23:02

1971 Geografía para el México de Hoy Mañana, Ángel BassLa Geografía en México en los Años Setenta, y su Desarrollo.  Artículo, 2012 (2/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

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12 mar 12

 

La Geografía en los años setenta en México estuvo representada por otro personaje: el Dr. Ángel Bassols Batalla.  Su momento histórico-geográfico se propagó, quizá, incluso hasta los años noventa.

 

La Geografía en el Dr. Bassols, es, preeminentemente, la propuesta regional.  Esa tradición venía incluso de principios del siglo XX en México de manera original planteada por Miguel E. Schultz (1851-1922; Geografía…, 1917, por cuya propuesta innovadora obtuvo un reconocimiento internacional), que en cierto modo adelantó la elaboración ya más acabada de Alfred Hettner en 1927.

 

En particular, en el Dr. Bassols, es el análisis geoeconómico regional; lo cual vincula fructíferamente la teoría de la regionalización con el análisis cuantitativo con referencia en lo económico; no obstante ese aspecto “cuantitativista” no sólo no haya sido ampliamente reconocido, sino, incluso, hasta ocultado en la forma de no hacerse mención de ello.  Y esto, debido a que, inevitablemente, ello constituía una corriente de inserción de una metodología científica más avanzada en geografía, a la que se resistían los grupos de poder en la política científica y educativa de la geografía en México.

 

Así, no sólo se “ocultaba” el carácter cuantitativo, sino los fundamentos teórico-geográfico mismos plenamente, por necesidad, hettnerianos; ya sea porque la geografía practicada era esencialmente en su mediación hartshorniana, ya porque en el ambiente dado por la interpretación teórica, en un ataque inconsecuente a Hettner, éste era descalificado como “kantiano”; aspecto que se reforzaba al desconocerse directamente su obra.

 

Y bastaba esa descalificación, para que, en la búsqueda de un fundamento marxista de la geografía, se diese el sesgo que hacía de lado a Hettner.  Y es que, otro rasgo importante en el pensamiento geográfico del Dr. Bassols, pero que en el ámbito “oficial institucional” obligaba a la discreción, fue la impronta marxista.

 

El marxismo, como toda otra doctrina, en su interpretación da lugar a diversas corrientes; y esas interpretaciones están determinadas, como ya lo dijera el miso Marx, por las posiciones ideológicas y de clase social, además de la comprensión misma de la esencia de la doctrina, en este caso la filosofía dialéctica materialista.  Y así, el marxismo de los años treinta a cuarenta fue claramente uno; como el de los años cincuenta a sesenta fue claramente otro; e incluso el de los años setenta a ochenta otro más.  Y esas etapas, independientemente de las posiciones ideológicas determinadas por las posiciones de clase, no obstante sea lo esencial (teóricamente, con pleno conocimiento e intención ideológica de clase, fue una forma de expresión de la corriente de la Escuela de Frankfurt), por la manera lógica y natural en que de manera práctica generalizada se estaba asimilando el marxismo en el mundo, pasaron de un rígido e hipostasiado mecanicismo, a un período conocido como estructuralista, y finalmente, de manera paradójica, a la comprensión dialéctica, en medio del proceso del derrumbe del Bloque Socialista.

 

Ese marxismo del Dr. Bassols, por su momento histórico, estaba plenamente determinado por la interpretación estructuralista; que incluso hacia los años setenta tenía ya una variante conocida como estructural-funcionalista; que se reforzó aún más, por su efectividad en el análisis de la estructura económica y las funciones regionales, en el análisis geoeconómico regional.

 

Otro factor determinante en este pensamiento geográfico, fue el que; como lo criticara Carlos Nelson Coutinho en su obra: El Estructuralismo y la Miseria de la Razón (1973), ese análisis estructural-funcionalista se reduce sólo a considerar la organización de los elementos del sistema, dirigidos a un fin; lo que en el análisis geoeconómico regional se expresó en su pretendida función planificadora, que inconsecuente con la realidad objetiva y la teoría marxista, pretendía emular los logros de la economía planificada del sistema económico-social socialista, en el modo de producción mercantil capitalista.

 

Como quiera, en medio de esas contradicciones, la geografía del Dr. Bassols fue el complemento científico más riguroso (cuantitativo), de la geografía expuesta por el Dr. Vivó, inmersa básicamente en el análisis cualitativo.

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4 marzo 2012 7 04 /03 /marzo /2012 23:05

1971 Geografía para el México de Hoy Mañana, Ángel BassLa Geografía en México en los Años Setenta, y su Desarrollo.  Artículo, 2012 (1/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

05 mar 12

 

La Geografía en los años setenta en México estaba representada por tres personajes: 1) el Dr. Jorge A. Vivó Escoto, 2) el Dr. Ángel Bassols Batalla, y 3) el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada.  Su momento histórico-geográfico fue de principios de los años cuarenta, a fines de los años setenta.

 

La Geografía en el Dr. Vivó, aún dentro de esa amplia diversidad de raíces y fundamentos, como de vínculos entre una amplia diversidad de ciencias que caracteriza al pensar y al hacer geográfico, era, a nuestro juicio, una Geografía martonniana-hettneriana, no reconocida directamente en estos autores, sino tamizada a través de Richard Hartshorne, quien es, al final, una síntesis de ambos.

 

El Dr. Vivó, propiamente no produce teoría geográfica alguna, sino más bien la reelabora al tomarla de los fundamentos teóricos de Hartshorne y Carl O. Sauer en la categoría esencial del “paisaje”, bajo la cual subyacen tanto la hettneriana categoría de “región”, como la martonniana categoría de “morfología”, ésta en tanto la formación de lo dado en el paisaje en la unidad de la naturaleza y la sociedad.

 

Esta reelaboración teórica de Vivó pertenece a las derivaciones de esa segunda abstracción y generalización teórica del concepto de espacio realizada por Alfred Hettner a partir de lo teorizado limitadamente por Vidal de la Blache acerca del mismo.  Realmente, el paisaje y la morfología, son generalizaciones teóricas de los años treinta, que anteceden a la de los Elementos, ya de los años setenta; pero no le hemos dado un lugar aparte, debido a que, a nuestro juicio, forman parte de la misma idea corográfica y regional de Hettner.  No obstante, desde el punto de vista teórico de detalle, desempeñan un papel enormemente importante en la explicación de la manera en que se ha dado la transición para resolver esa preocupación histórica esencial: la unidad de la Geografía.

 

La esencia del desarrollo de la ciencia es la síntesis lógica, y ésta no ocurre sino como un proceso de abstracción y generalización teórica dada en su tesis y antítesis.  Así, el desarrollo de la Geografía no puede ser sino, necesariamente, en dirección a la solución de su contradicción histórica esencial: su unidad e identidad, ante una “geografía fenomenista” que la desmembraba, y una “geografía espacista” que no acertaba en acabar de darle forma a sus fundamentos teórico-científicos, no por una “incapacidad de los geógrafos” para ello, sino porque históricamente los elementos teóricos para resolverlo no estaban dados.

 

En ese sentido, las categorías de paisaje y morfología, son parte de ese proceso de abstracción y generalización, por un lado, del espacio (como paisaje); y por otro lado, de los fenómenos (como su morfología).  En un sutil planteamiento teórico, Vivó identifica al paisaje como un concepto morfológico (de la teoría o tratado de la forma); esto es, en el fondo, una identidad dialéctica en donde el espacio se subsume en los fenómenos, por la cual la Geografía se hace geomorfología (en un sentido más amplio que su noción como especialidad geológica), teniéndose así, una geomorfología: de la litósfera, de la atmósfera, de la hidrósfera, de la biósfera, e incluso –lo dice él así– de las formas culturales.  “El estudio morfológico de los hechos geográficos –dice Jorge A. Vivó– permite mantener la unidad de la geografía[1]; y, por supuesto, estaba en lo correcto en cuanto a esa afirmación; aun cuando tal unidad morfológica, a pesar de todo; es decir, a pesar de esa identidad dialéctica; como consecuencia de su momento histórico, no se veía en el espacio mismo, sino en los fenómenos.

 

Como quiera, dicha categoría dada en el concepto de morfología (1945), fue una valiosa abstracción y generalización de los fenómenos, en dirección, primero, de los Elementos (1976), y luego de los estados de espacio (2012).

 

Desgraciadamente esta teoría no se nos dio directamente por el Dr. Jorge A. Vivó cuando estudiantes en el segundo lustro de los años setenta (independientemente de que en ese momento la hubiésemos entendido o no), en mucho, por un muy enfático trabajo en esos años, centrado, más que en una preocupación por la geografía teórica (o “pura”, con un concepto así de ese entonces que generaba confusión), en la investigación en geografía aplicada.



[1]        Vivó Escoto, Jorge A; Geografía Física; Editorial Herrero, 1ª edición, 1945; 15ª edición, México, 1975; p.348 (subrayado suyo).

 



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22 enero 2012 7 22 /01 /enero /2012 23:05

Logotipo SMTHG scDe la Sociedad Profesional de Geógrafos, a la Asociación Mercantil de Servicios Profesionales de  Geografía.  Artículo, 2012.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

23 ene 12.

 

Sin duda, una cosa es estudiar algo, y otra no sólo aplicarlo sin mayor compromiso que la experiencia teórico-práctica profesional, sino incluso ofrecer esas capacidades para resolver una necesidad social vía contrato de trabajo con remuneración económica y la responsabilidad profesional que ello implica.

 

La situación anterior es lo que explica que a la investigación aplicada se dedique todo geógrafo, pero al trabajo operativo sólo sean unos cuantos los que lo realizan, y aún más, de ellos, la mayoría haciéndolo en condiciones institucionales o empresariales de manera asalariada, inmersos en una determinada división del trabajo donde la responsabilidad profesional se va limitando hasta reducirse meramente a la responsabilidad del trabajo asalariado mismo que se cumple por rutina.

 

Poco ha explorado el geógrafo el servicio profesional privado a manera empresarial, de consultoría, o en el ofrecimiento comercial de un producto, que implique la sociedad profesional y mercantil.  Y menos, nos parece, ha explorado el geógrafo el servicio profesional privado e independiente, ya en la Consultoría individual o en la comercialización de un producto.

 

Un aspecto de la explicación de ello, entre otros factores, está en lo que el geógrafo mismo está entendiendo por su servicio profesional, y la determinación que ello hace de su potencial usuario.  Y así, cuando lo que ofrece se centra en el estudio de un fenómeno o conjunto de fenómenos, a la vista del potencial usuario se pone en desventaja ante el obvio criterio de éste de recurrir preferentemente al especialista en tales fenómenos (por más que ese geógrafo se queje de, “no estar siendo entendido”).

 

Como consecuencia, el geógrafo debe aprender a no ofrecer lo que otros hacen mejor; o dicho inversamente, como principio fundamental, debe aprender a ofrecer lo que nadie mejor que él sabe hacer (lo cual le ha de implicar redefiniciones teóricas).

 

Luego ha de enfrentar la situación de la inversión de capital para poder operar, lo que, dependiendo de ello, definirá las formas y capacidades materiales y técnicas de ofrecimiento del servicio profesional, desde la mediana o pequeña empresa mercantil, con una alta capacidad operativa, a la Consultoría con más o menos apropiadas capacidades materiales.

 

Finalmente deberá aprender los “trucos” o el “chiste” de lo que realmente hace operar con eficiencia una iniciativa personal de esta naturaleza, acerca de lo cual, las experiencias indirectas podrán ser abundantes y valiosas, pero ni una excepcional ni todas juntas, resolverán esa operación eficaz para la iniciativa propia, que tendrá su propia originalidad, dados muchos y sutiles factores.

 

De tales particularidades hablaremos en artículos posteriores, pero, por ahora, al respecto de todo ello concluiremos con la breve narrativa de la propia experiencia que ha representado nuestra Consultoría de Estudios Geográficos y Sistemas de Información, a través de este Blog “Espacio Geográfico”, vía Internet.

 

Dicha Consultoría la concebimos, vaga y confusamente, asumiendo el desafía a partir de la nada, desde 1989, en el colectivo de geógrafos que fundamos la Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía, sc.  La idea avanzó concretándose al derivar de dicha Sociedad un proyecto empresarial de distribución de nueva tecnología (la cual recién en 1984 se iniciaba con la aparición de la Computadora Personal en el mercado en México); y a partir de donde empezamos a experimentar y a tratar de entender cómo se operaba el trabajo profesional privado e independiente, cuya forma de contratación no fue, en absoluto fácil; y por lo contrario, ha constituido, incluso a la fecha, el problema más complejo a resolver por nuestra parte.

 

Así, una faceta especial de esta experiencia del desarrollo profesional, la hemos obtenido, impensadamente, de haber creado este Blog a través del cual podemos operar nuestra Consultoría.  Ha sido esta una experiencia especial extraordinariamente interesante.  Que haya en mayor o en menor grado una geografía operativa independiente en la cual se plasme el desarrollo profesional del geógrafo, expresa en esa misma medida, la madurez de esta ciencia; por demás, en el aspecto más determinante que es su función social práctica y efectiva.  Pero no en menor medida tal experiencia nos ha revelado el estado de madurez de la Geografía en el campo de su desarrollo teórico y de su sociología de la ciencia; por la cual, no podemos sino evaluar en una maduración muy pobre, a pesar de estos últimos veinte años.

 

La mentalidad estatizada e institucionalizada del geógrafo hasta la “sumisión patriarcal” propia del súbdito de la colonia virreinal, no le permite comprender otros mecanismos de desarrollo profesional propio del orden capitalista (pero que ha de contribuir al desarrollo de la Geografía y al geógrafo mismo, al asumir los desafíos de responsabilidad que ello implica, preparándolo para las necesidades reales de una nueva sociedad).

 

Y todo aquello que no se financia con el gasto público derivado de las contribuciones hacendarias de la sociedad (como los institutos o empresas estatales o paraestatales), ha de financiarse directamente de una transacción mercantil entre el que por sus capacidades profesionales reales puestas en juego ofrece un servicio, y el que, por ello mismo, lo requiere.

 

Por último, por lo menos una parte de esta Blog, o en una parte de “Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica, ha de quedar a partir de su edición de febrero, en esta situación de opción al legítimo desarrollo profesional remunerado.

 


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15 enero 2012 7 15 /01 /enero /2012 23:05

Constitución NotarialOfrecer, lo que del Geógrafo se Requiere.  Artículo, 2012.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

16 ene 12.

 

El servicio geográfico profesional en el campo de la geografía operativa, no puede ofrecer al usuario de ella, un modelo teórico acerca de su aplicación (como así puede ser desde el servicio profesional ofrecido desde la geografía teórica, como hemos visto en artículo anterior); y mucho menos, en el ámbito de la geografía operativa, puede ofrecerse un informe puramente teórico.  En el campo de la geografía operativa, los resultados deben ser eminentemente prácticos y concretos; es decir, de soluciones directas a problemas reales, en los que va de por medio una inversión económica en un contrato de trabajo.

 

Una muestra del atraso de esta ciencia, está en que, por lo menos en los planes de estudio en México, se omite la formación en los estudios profesionales del geógrafo, no sólo la capacitación tanto en la geografía teórica, como en el campo operativo; sino, más aún, se omite el hacer la diferencia entre la geografía aplicada y aquellas otras formas del desarrollo profesional.

 

Y, por si lo anterior no fuera suficiente, la Geografía, reducida exclusivamente a sus formas de geografía aplicada, se limita a su vez, a un estudio descriptivista de los fenómenos (en tanto fenómenos estudiados por otros especialistas como su objeto propio de estudio), en un discurso subjetivista de “análisis espacial”.

 

En esas circunstancias, ¿qué ofrece el geógrafo en sus servicios profesionales?: pues no otra cosa que exclusivamente el análisis concreto en el estudio del comportamiento de un fenómeno o conjunto de fenómenos, en un determinado lugar (que en el campo propio del estudio de un fenómeno, tales “análisis espaciales” se reducen a una mera descripción).

 

De ahí que cuando un posible usuario del servicio profesional del geógrafo, por ejemplo, un profesionista de otra especialidad, va a éste, y el mismo le ofrece hacer el mismo estudio que el que solicita sus servicios (un biólogo, un economista); o que dicho usuario entiende como de otro especialista; ese ofrecimiento, finalmente, es denegado.  En ejemplos concretos experimentados indirectamente por nosotros, un geólogo encuentra problemas en trasladar la larga traza de una falla de un mapa a otro, pues al hacerlo se modifica la longitud de la misma, no obstante compás de escalas en mano.  Y el geógrafo, en vez de explicar la diferencia entre los sistemas de proyección en que ambas cartas estaban construidas, analiza los “posibles errores geológico-geomorfológicos” que pudieran interpretarse de ambos mapas.  Y ejemplos semejantes a éste, son innúmeros.

 

En la “moda” ecologista o ambientalista en geografía, un especialista recurre al geógrafo para que le asesore en el empleo cartográfico para su propio estudio en la distribución de la flora endémica en una determinada región, y tal geógrafo, en vez de sugerir algún tipo de proyección cartográfica idónea y las escalas apropiadas, así como las teorías de la regionalización y el manejo de algún SIG, etc; se pone a analizar tan interesadamente como aquel especialista el problema del endemismo de dicha flora, y los atentados ambientalistas a su conservación.  Y peor aún, el asunto en geografía en esa equivocada idea del servicio profesional, sugiere al otro especialista el análisis socio-político por el cual sea tal deterioro ambiental.

 

Una de esas experiencias directas la vivimos recién egresados, en 1981 o 1982, cuando impartiendo clases en la Universidad Autónoma de Chapìngo (UACH), un investigador del área que tenía que ver con las aves (ornitología), se acercó a la Coordinación de Geografía solicitando tímidamente asesoría para resolver el estudio  de los nichos de aves migratorias y su coexistencia momentánea con otras.  El evidente servicio a ofrecer, era la elaboración cartográfica en el sistema de proyección y escalas correspondientes, que de hecho, tal investigador entendía así, pero acerca de lo cual, evidentemente, él mismo no entendía, ni tenía por qué entender una palabra acerca de su elaboración.  En ese entonces, ya por ignorancia de unos (los cuatro o cinco profesores de la Coordinación, todos profesores normalistas de educación básica incursionando en la educación superior), e inexperiencia profesional nuestra, no se dio la adecuada respuesta y atención a ese requerimiento.

 

Resulta, pues, evidente, que una cosa es lo que el geógrafo asume como su saber, y otra cosa lo que el usuario potencial de sus servicios profesionales entiende que el geógrafo debería saber y por lo cual en un momento dado recurre a él.

 

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23 septiembre 2010 4 23 /09 /septiembre /2010 00:04

1994 El Libro para el Maestro, Geogrfía.El “Libro para el Maestro de Geografía.

  Educación Secundaria”, 1994.

  Artículo, 2010 (3/4).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica,

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 30 sep 2010.

 

En lo fundamental, esa aproximación se debió al tratamiento de los conocimientos geográficos en la educación básica, lo cual no podía sino corresponder al proceso del conocimiento geográfico mismo (tanto ontogenética, en sí mismos; como filogenética o históricamente dados).  Y en ese proceso, se limitan –y lo hacen en una restricción muy grande a pesar del nivel de estudios, en donde aún, a nuestro juicio, pudiera irse a más–, a la metodología basada en las categorías de localización, distribución, y relación; entre las que introducen la categoría de “representación o graficidad” (que, a nuestro parecer, más que una categoría de la ciencia geográfica y por lo tanto espacial, es una categoría de la didáctica de la geografía; es decir, de la exposición, de la re-presentación o vuelta a presentar); aun cuando, ciertamente, más adelante (p.60), introducen las categorías espaciales de “sistema de referencia” y “simetría”.

 

Próxime accésit, incluso en términos de la expresión dialéctico materialista, al hacer ciertas recomendaciones al docente acerca del proceder, muy acertadamente exponen: “Partir del conocimiento de hechos actuales o fenómenos concretos de la realidad más cercana que viven los sujetos…”[1].  Y en el siguiente párrafo, complementando dialécticamente agregan: “Conforme el estudiante avanza hacia un pensamiento más abstracto, es capaz de ir más allá de lo tangible, finito o familiar a conceptos espaciales tales como la ubicación, localización, flujos o movimientos, situación, escalas, símbolos geográficos, etcétera, y progresar en la elaboración de una sucesión de hipótesis, estableciendo relaciones cada vez más complejas entre los datos geográficos”[2].

 

Esto es, que, con ello establecen la dialéctica de lo abstracto y lo concreto en el proceso del conocimiento, y ello es lo que llevará directamente al entendimiento del problema de la comprensión de la esencia del análisis geográfico espacial, decíamos, oculta, y mal entendida en el citado epígrafe de Suárez Miranda.

 

En ese sentido, la parte más importante de su Libro para el Maestro, de Geografía, está en el subtema que titulan: “La formación de conceptos geográficos”, que nos va a resolver el “misterio” de la esencia del análisis geográfico espacial planteado en el epígrafe de Suárez Miranda en 1658.

 

Lo que tratan ahí, en esencia, es el proceso que se sigue en el conocimiento generalizado en el método científico.  Esto es, que los conceptos geográficos, en tanto científicos, “pueden clasificarse en los de observación y los que se dan por definición”[3].  Lo que en forma más generalizada en el método científico se denomina como conceptos derivados de lo empírico y lo teórico.

 

Así, “los conceptos de observación (empíricos) son aquellos que pueden ser experimentales, que le resultan más concretos al estudiante.  Dentro de este grupo se consideran los descriptivos…”[4].  Y, finalmente, en el complemento dialéctico, añaden: “Los conceptos por definición (teóricos) son abstractos, no conciernen directamente a fenómenos observables…”[5].  Y aquí habría que agregar, consistentemente siguiendo a la descripción, que en este grupo tales conceptos se consideran en relación con la explicación, lo cual implica el conocimiento causal.

 

Lo que está contenido en ese epígrafe citando a Suárez Miranda, es precisamente el problema metodológico científico de la relación dialéctica de lo empírico a lo teórico, como de la descripción a la explicación, y de lo concreto a lo abstracto.  Y entendiendo esto, y sólo entendiendo esto, es que será posible comprender esa sutileza del estudio de los fenómenos en geografía en calidad de estados de espacio, como lo analizaremos al final de este artículo.

 

Qué pasó por la cabeza de las compañeras Laura Vega y Josefina González al momento de seleccionar ese excelente epígrafe.  Normalmente se inserta un epígrafe porque en él (como se explica en el Diccionario), se anuncia el contenido del texto a exponer.  Y en ese sentido, qué contenido es el que nos estaban sugiriendo con tal cita.  Evidentemente, no el compartir la descalificación que se deja sentir por parte de Suárez Miranda, sino, como lo decíamos al principio, como “arqueólogas” de la Geografía, el rescatar las “ruinas de la Geografía hecha cartografía”.

 

Pero…, no cualquier cartografía, sino una cartografía cuya preocupación era la tendencia a la escala 1:1, es decir, tendiendo a ser la realidad misma (el mapa de una Provincia tan grande como el de una Ciudad, el mapa del Imperio tan grande como una Provincia, hasta hacer el mapa del Imperio del tamaño del Imperio mismo coincidiendo puntualmente con él).

 

Cuando la Geografía; y un concepto muy particular de la Geografía entendida como conjunto de “disciplinas geográficas”; se identifica con esa cartografía (las ruinas del mapa como reliquias de las disciplinas geográficas), en esas singulares condiciones, la metáfora consiste en que, hablando de cartografía (como quien hablara hoy del espacio geográfico), en realidad, Suárez Miranda, más que referirse a una geografía espacista (cartográfica), alude a una geografía fenomenista (de los elementos naturales y sociales).

 

La inutilidad de un mapa escala 1:1 que no es otra cosa que la realidad concreta misma (entendieron que ese dilatado mapa era inútil), no es otra cosa que la inutilidad del conocimiento totalizador de esa realidad.   Las “ruinas de todo ello en los desiertos del oeste en las que aún sobreviven algunos animales y mendigos”, en la metáfora, se convierte en la más severa y áspera crítica a la concepción de la geografía que antecede a sus obras, tanto a la de Suárez Miranda a mediados del siglo XVII en el inicio de la Ilustración, que sería la crítica a las summas de la geografía medieval, o a la confundida con las descriptivas Relaciones Geográficas; como a la obra de las compañeras Laura Vega y Josefina González de 1994, en el inicio de un nuevo oscurantismo, que sería la crítica a la geografía fenomenista anterior a los años setenta.

 



[1]      Ibid. p.59 (subrayado nuestro).

[2]      Ibid. p.59 (subrayado nuestro).

[3]      Ibid. p.60.

[4]      Ibid. p.60 (paréntesis y subrayados nuestros).

[5]      Ibid. p.60 (paréntesis y subrayado nuestro)

 



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23 septiembre 2010 4 23 /09 /septiembre /2010 00:04

1994 El Libro para el Maestro, Geogrfía.El “Libro para el Maestro de Geografía.

  Educación Secundaria”, 1994.

  Artículo, 2010 (4/4).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica,

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 04 oct 10.

 

Qué tanto nuestras autoras estaban o no conscientes de tal interpretación del epígrafe y la crítica que contiene, es algo que sólo ellas habrán sabido.  Lo cierto es que su definición de espacio geográfico como “El conjunto de elementos naturales y sociales que se relacionan e interactúan en una dimensión territorial…”, expuesta en una obra de educación básica (si bien va dirigida a los docentes), hace una total concesión a la geografía fenomenista acientífica (y que nos hace pensar que quizá no tenían clara esa interpretación del epígrafe).

 

Hacía más de un lustro que nosotros habíamos abandonado el concepto de espacio geográfico como “el espacio adyacente a la superficie terrestre”, que sólo se refería al espacio geográfico relativo; aun cuando sin poder difundir ampliamente nuestras ideas, ese concepto que fue el primer impacto, siguió atribuyéndoseme como mi definición básica sin suplirlo por mi definición más reciente relativa a un espacio geográfico absoluto; y aún así, esa definición original era ya muy superior, desde principios de los años ochenta, a la de las relaciones naturaleza-sociedad que con distinta palabras y sintaxis es retomada una y otra vez.

 

En ello consistió la limitación del texto de nuestras autoras; pero, sin lugar a dudas, con la reforma educativa de 1993 de la Secretaria de Educación Publica para la educación básica y su resultado expuesto en este libro aquí analizado, cristalizaba el logro de la transformación de la Geografía en una nueva concepción más científica, y de hecho, en el verdadero inicio de una sistematicidad como ciencia.

 

Pero, el siguiente paso en ese proceso, decíamos más arriba, para comprender esa sutileza del estudio de los fenómenos en geografía en calidad de estados de espacio, se va a entender, y sólo se va a entender, decíamos, mediante el análisis de las relaciones dialécticas de lo empírico y lo teórico, de lo concreto y lo abstracto, y de la descripción y la explicación causal, a partir del epígrafe con la cita de Suárez Miranda.

 

Cuando Suárez Miranda en su mapa del Imperio escala 1:1, identifica el mapa con la realidad misma, con ello elimina, como lo hacen los geógrafos fenomenistas a los que realmente est´criticando en su paaje, el elemento teórico del análisis del espacio terrestre limitándolo a la exclusiva percepción empírica de lo real; pero también está anulando, de manera absoluta, el proceso de lo abstracto en el conocimiento geográfico dado en el mapa normal, de pequeña escala, limitándose a lo concreto real; con ello mismo, a su vez, finalmente, está limitando el conocimiento científico al reducirse éste a la mera descripción totalizadora, lo cual es lo que ocurre exactamente con la geografía definida como ciencia de las relaciones naturaleza-sociedad, quedando la real explicación causal del fenómeno en el especialista en él, en el campo de otra ciencia.

 

El error de los cartógrafos (geógrafos) del Imperio de la historia de Suárez Miranda, consistió precisamente en su propósito de hacer coincidir puntualmente el mapa con la realidad.  Ahí, efectivamente, el mapa deja de ser útil, pues se transforma en la realidad concreta misma, y basta estudiar ésta para entender a la misma, sin necesidad del mapa.  Pero, hemos visto, esto carece de fundamento científico.

 

El método dialéctico materialista es muy claro en esto: el fundamento científico del conocimiento, expone, va, en un primer movimiento, de la realidad concreta al pensamiento abstracto.  Siguiendo la alegoría, de la realidad concreta de la Ciudad, de la Provincia o del Imperio en su totalidad, a su representación abstracta en la Carta Geográfica, en este caso en escalas suficientemente pequeñas como para hacer el análisis del espacio terrestre en ellas.

 

Pero lo anterior, decíamos, es sólo apenas el primer movimiento en el proceso del conocimiento.  Un segundo momento, lo constituye el movimiento que va ahora, del pensamiento abstracto a lo concreto pensado, pero eso concreto pensado que ya no es la misma realidad curda de origen, sino esta vez, lo es a manera de la síntesis de una realidad concreta y conocida más en lo esencial.  Nuevamente, siguiendo la historia narrada de aquel Imperio, ello quiere decir que, a diferencia del camino equivocado que siguieron sus cartógrafos, en sentido inverso, se ha de ir ahora de la representación abstracta del mapa (que no por ello subjetiva, que es otra categoría que habría que discutir) y su análisis espacial, a lo concreto pensado de un Imperio conocido ahora más en lo esencial y en función de la capacidad de sus habitantes para transformarlo.

 

El conocimiento científico en geografía, pues, pasa por el mapa como representación del espacio terrestre, pero no para hacer de la Carta Geográfica una especie de “fotomapa” que reproduzca la realidad tal cual por su aspecto externo, sino para, en un proceso de abstracción, representar la realidad en forma de simbología; donde cada símbolo categoriza todos los elementos de una teoría.  En tal cartografía, un bosque, por ejemplo, no debe representarse sólo como árboles a imagen y semejanza de los árboles concretos, si bien en un momento dado ello sea válido; sino quizá, en un mayor grado de abstracción, como un área color verde o con matices de verde según alguna asociación arbórea.  Más aún, en un grado mayor de abstracción, que significa una mayor capacidad de conocimiento de la realidad, representar dicho bosque mediante isolíneas según algunas características en el conjunto de variables consideradas, incluso con valores cuantitativos, et sig.

 

Ello está implicando, necesariamente, el paso de lo meramente empírico, a lo teórico; como de la pura y simple descripción de los hechos, a la explicación causal del espacio.

 

Pero en este último punto estamos, pues no hay aún investigación causal, científico geográfica, del espacio terrestre; esto está aún por hacerse, luego de veinte años de estancamiento en la disciplina de conocimientos geográficos.

 


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