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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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23 septiembre 2010 4 23 /09 /septiembre /2010 00:02

1994 El Libro para el Maestro, Geogrfía.El “Libro para el Maestro de Geografía.

  Educación Secundaria”, 1994.

  Artículo, 2010 (2/4).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica,

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 23 sep 2010.

 

En ello está, oculta, y mal entendida, la esencia del análisis geográfico espacial; pero para entenderlo, primero tenemos que establecer algo más tanto del pensamiento geográfico de las autoras, como del Suárez Miranda.

 

La autoras dan por sentado que, en su formación, el niño “ha avanzado en el estudio del espacio geográfico”[1], formando su representación del mundo, haciendo síntesis, integrando conocimientos en forma lógica, identificando causas, y reflexionando acerca de los diferentes fenómenos geográficos.  No cuestionaremos si ello es así o no, de educación básica no sabemos absolutamente nada, lo daremos por aceptado.  Lo que comienza a llamar la atención de nuestra parte, es ahí cuando hablan de los “diferentes fenómenos geográficos”.  Está claro que ellos existen; ellos son precisamente lo que propicia el campo de estudio geográfico; pero…, ¿cuáles son esos fenómenos geográficos?  Lo único que hasta aquí podemos saber acerca de ello, es que son fenómenos del espacio terrestre.

 

Pero, ciertamente, el problema está ahí: la identificación de los fenómenos geográficos, dependerá del concepto que tengamos del “espacio terrestre o geográfico”.  Y esos fenómenos serán, entonces, ya de lugar y situación, de localización y distribución, de extensión y límites, de conexiones y relaciones, etc; o, los elementos mismos que integran la “morfología del espacio”; donde, como dicen las autoras, la noción básica de espacio geográfico, es el entender por ello: “El conjunto de elementos naturales y sociales que se relacionan e interactúan en una dimensión territorial establecida, en donde se reordenan y reestructuran continuamente”[2].

 

Juana Laura Vega Carmona y María Catalina Josefina González Pérez, próxime accésit, se acercaron una enormidad a expresar la Geografía como nosotros lo habíamos venido proponiendo desde 1981, y públicamente desde el I Simposio de Enseñanza de la Geografía en México, de 1982, y luego más enfáticamente aún en el II Simposio de 1984.  Pero si finalmente no fue completamente como nuestra idea, fue porque sus fuentes (las cuales nosotros desconocemos hasta la fecha) fueron, más bien, la “Didáctica de la Geografía”, 1981, del español Patrick Bailey; o “Medio Local y la Geografía Viva”, 1979, del español Raoul Faure; y el “Curso para la Enseñanza de la Geografía”, 1980, del costaricense Harold A. Wood; que, en todo caso, nos habrán antecedido en la idea.  O los trabajos sobre enseñanza de la Geografía del español Norman Graves, de 1985 y 1989 (este último incluso auspiciado por la UNESCO), o de la cubana Nicolau Graciela Barraqué, de 1991 cuando la idea ya había prendido internacionalmente.  Como quiera, la ciencia y los avances, bien se ve, están en cualquier parte, pero nunca entre nosotros mismos; inter nos, res nullios; o tempora!, o mores!; sancta simplicitas![*]

 

Pero eso tuvo sus consecuencias: ahí estaba dada toda la metodología correcta, pero a partir de un objeto de estudio mal entendido, mal planteado, o deliberadamente, por razones ideológicas y de ocultamiento de los orígenes, distorsionado.  Cuando el espacio geográfico se entiende como el conjunto de los elementos naturales y sociales –vayámonos acercando al problema de esencia–, no se está mal por ello mismo, sino porque en ese punto se confunde el fenómeno del espacio como tal, con los demás fenómenos que existen en él, o, más precisamente dicho, en relación con él.  Así, el espacio se entiende simplemente como el escenario, como el ámbito de los elementos naturales y sociales, los cuales son finalmente, en este planteamiento, los que importan.

 

Pero todavía es más sutil el problema.  Podemos decir que realmente, en términos de un conocimiento básico, los fenómenos o elementos naturales y sociales, próxime accésit, realmente son los primeros que importan en la comprensión de las propiedades del espacio, pero no como los fenómenos que son (elementos naturales y sociales), sino como fenómenos espaciales, es decir, como “estados de espacio”; y esto lo decíamos ya desde el origen mismo de nuestro planteamiento.  Al no aceptarse o entenderse así, el supuesto conocimiento geográfico desemboca en dos posibles cosas: 1) una pura y exclusiva exposición cartográfica a la larga inútil, como bien lo dice Suárez Miranda en el siglo XVII; o 2) en el conocimiento enciclopédico y meramente descriptivista, de los conocimientos de otra ciencia.

 

Ciertamente las compañeras se aproximaron enormemente a la solución “correcta” (o sea, a la nuestra; y nos tomamos la libertad de expresarlo inmodestamente así, dada la demostración de su veracidad en la práctica histórico social ya de treinta años).  Incluso, si bien no desecharon el antropocentrismo, por lo menos sí desplazaron su planteamiento subjetivista de que el espacio geográfico es sólo aquel de la actividad humana, cuando dicen: “El espacio geográfico está conformado por todos los territorios, independientemente de que estén, o no, habitados y sean, o no, utilizados en forma directa por el hombre…”[3].

 



[1] Vega Carmona, Juana Luara, y González Pérez, Mª Catalina J; Libro para el Maestro, Educación Secundaria; Geografía; SEP, México, 1994; p.21.

[2]      Ibid. p.29.

[*] “Entre nosotros, es cosa de nadie; ¡oh tiempos!, ¡oh costumbres!; ¡oh santa simplicidad!” (compuesta por el autor, de la exclamación: “o tempora!, o mores!”, de Cicerón, contra la perversidad de los hombres de su tiempo; y de la exclamación: “sancta simplicitas!”, atribuida a Juan Hus cuando era quemado en la hoguera).

[3]      Ibid. p.27.

 



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23 septiembre 2010 4 23 /09 /septiembre /2010 00:01

1994 El Libro para el Maestro, Geogrfía.El “Libro para el Maestro de Geografía.

  Educación Secundaria”, 1994.

  Artículo, 2010 (1/4).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica,

http://espacio-geografico.over.blog.es/;

México, 23 sep 2010.

 

Al empezar la serie de comentarios sobre los libros de texto, apuntábamos su importancia en cuanto a que éstos reflejan perfectamente bien el estado de la ciencia que exponen en su momento correspondiente.  Todo lo que habíamos hecho durante la década de los años ochenta en los Simposios de Enseñanza, Congresos y otros eventos especiales; la fundación de la Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía (SMTHG), sus escasas publicaciones: Cuadernos, en que analizábamos las condiciones para la reforma al plan de estudios de la Geografía, e Ilhuícac, en donde ya empezamos a exponer la nueva concepción de la Geografía, así como la realización de los dos congresos de Teoría e Historia de la Geografía que pudimos efectuar, todo ello entre 1989 y 1993, finalmente floreció y dio sus frutos: en 1993-1994, evidentemente ya en otro momento histórico del desarrollo de la Geografía en México, la Secretaría de Educación Pública realiza la reforma a los estudios de esta materia en la enseñanza secundaria, y para tal efecto, proporciona al docente el “Libro para el Maestro de Geografía”[*], de las autoras Juana Laura Vega Carmona, y María Catalina Josefina González Pérez (a las cuales ni conocíamos entonces –o por lo menos no las recordamos–, ni supimos nunca de ellas; aun cuado “muy probablemente”, ellas nos conocieran bien a nosotros; o bien, “seguramente” no, porque puede aparecer ahí referenciado todo el mundo, menos nosotros).

 

El hecho es que de nosotros había brotado toda es idea y de mucho tiempo atrás; dicha idea no está expuesta, de origen, por ninguna de las fuentes referidas; y lo habíamos hecho, a pesar de la misma comunidad de geógrafos que tanto se opuso y nos atacó hasta la “proscripción”.  El caso es que, para 1994, las cosas ya eran justo como las estábamos planteando desde 1981: en el Capítulo IV. Sugerencias Didácticas, del Libro para el Maestro, todo ello se refiere, justo, al análisis e interpretación de mapas y otras herramientas para el análisis espacial, como, incluso, las fotografías aéreas.

 

Tal cambio pareciera haber surgido mágicamente (aún pareciendo ser ellas las autoras de tal propuesta); desgraciadamente dichas autoras no justifican ni nos explican cómo apareció tal propuesta, ni, menos aún, su fundamento científico; simplemente se le dice a los docentes: <<ahora va a ser esto, y se va a tratar así>>; pero tampoco a ningún docente, ni seguramente se le ocurrió, ni seguramente se le ocurriría jamás, preguntarse tales cosas.  Por eso son normalistas, están para aplicar la normatividad en la enseñanza básica, sin chistar, y ya.

 

Lo importante es que el cambio finalmente se produjo, y las compañeras nos introducen al libro tras un epígrafe exquisito con el encabezado: “Del Rigor de la Ciencia”, tomado de Suárez Miranda, en su Viaje de Varones Prudentes, de 1658; el cual, por su importancia fundamental, nos permitiremos transcribir íntegramente:

 

“…En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal perfección que el Mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el Mapa del Imperio, toda una Provincia.  Con el tiempo, estos mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él.  Menos adictas al estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las inclemencias del Sol y de los Inviernos.  En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas”.

 

Eso es todo, no tenemos de ese sencillo epígrafe más elementos para considerar más nada; pero, como decíamos antes, sin ningún antecedente dado por las autoras de esa interpretación de la Geografía, tampoco lo tenemos del pensamiento de las mismas.

 

En consecuencia, ¿qué interpretar de tal epígrafe?: acaso una crítica a la Geografía por su carácter cartográfico, o acaso justo todo lo contrario, lamentando el esplendor de esta ciencia en ello, dejada a las ruinas por la indolencia de los pobladores del Imperio.  Nos parece que hay aquí dos pensamientos posibles a interpretar: 1) el de las autoras a fines del siglo XX, que por el propósito de su obra debemos entender que se lamente el antiguo esplendor, y, cual arqueólogas de la Geografía, deseen ahora su rescate; y, 2) el pensamiento acerca de lo mismo de Suárez Miranda, autor del epígrafe citado; el que, por el tono irónico con que se refiere a la exageración del trabajo cartográfico y a la “cartografía desmesurada”, e incluso por el que las siguientes generaciones entendieran la inutilidad de ello dejándolo a sus ruinas, en Suárez Miranda, se ve, hay, al parecer, una crítica a la Geografía…, pero, y he aquí la clave del asunto, de la Geografía entendida como la Cartografía; y hasta donde el epígrafe nos lo permite entender, absolutizada en ella.

 

Por supuesto, compartimos el sentir de las autoras (si no es que antes ellas lo compartieron con nosotros; asunto ya de su ética profesional); pero el pasaje narrado en dicho epígrafe no nos interesa ni por la arqueología de las compañeras, ni por la descalificación que Suárez Miranda pudiera hacer de la Geografía; sino porque en ello está, oculta, y mal entendida, la esencia del análisis geográfico espacial.

 



[*] Dicho libro se nos hizo llegar vía correo, enviado por la M en C. María Candelaria Valdez Silva y por parte de la Secretaría de Educación Pública, con fecha 13 de marzo de 1997 (es decir, a tres años de su publicación).

 



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19 agosto 2010 4 19 /08 /agosto /2010 08:01

Apuntes para un Balance a 20 Años (Portada) Asociación Mexicana de Geógrafos

de la Industria Energética

Sección Industria Petrolera

 

Apuntes para un Balance

a 20 Años de la Participación del Geógrafo

en la Industria Petrolera[a]

Luis Ignacio Hernández Iriberri

 

Apuntes para un Balance, Faja de Oro

 

Presentación

 

Con esta publicación en edición especial de la Asociación Mexicana de Geógrafos de la Industria Energética; Sección Industria Petrolera”, de hecho, la misma está haciendo acto de presencia ante la comunidad de geógrafos.

 

Es doblemente satisfactorio que esto sea así, pues, por una parte, con este sencillo ensayo: “Apuntes para un Balance a 20 Años de la Participación del Geógrafo en la Industria Petrolera”, del Lic. Luis Ignacio Hernández Iriberri, la AMGIE tiene tanto la grata oportunidad de presentarse a la comunidad de geografía, como de volver la mirada a las nuevas generaciones, y exponerles, así sea apenas en “apuntes para un balance”, lo que en general han sido 20 años de experiencia profesional acumulada del geógrafo en la Industria Petrolera.

 

Pero, por otra parte, quizá no causalmente, es el autor de esta publicación de una edición especial de la AMGIE, quien ha sido a su vez el inspirador, organizador y fundador de dicha Asociación de profesionales de la geografía en la Industria Petrolera.

 

“Apuntes para un Balance a 20 Años de la Participación del Geógrafo en la Industria Petrolera”, se centra en dos preocupaciones: primera, la ausencia de una sistematización de la experiencia; y segunda, la posible capacidad de respuesta del geógrafo a los problemas productivos de la Industria Petrolera.  Examina las causas de una y establece las condiciones para las posibilidades de la otra.

 

En suma, presenta ala comunidad de geografía un preliminar crudo balance de la situación profesional de esta ciencia en la Industria Petrolera, dejando ver que la reforma al Plan de Estudios del Colegio de Geografía, habrá de acabar de abandonar la ya vieja teoría geográfica que tuvo su momento histórico entre 1950 y 1980, para que las nuevas generaciones estén en capacidad de dar una respuesta a los problemas de la Industria Energética.

 

Termina dando a conocer a la comunidad de geografíaa la posible tendencia de trabajos en que se habrá de encaminar la AMGIE (en particular por ahora la Sección Industria Petrolera), para superar la situación de la especialidad de geografía en esta industria.

 

En resumen, el presente ensayo del Lic. Luis Ignacio Hernández Iriberri, trata de ofrecer un parámetro para analizar la situación actual de los estudios de geografía, en donde dicha situación no puede estar dominada por la falta de capacidad de los geógrafos en lo individual, sino por una condición general, atribuible esencialmente al fundamento teórico, amen de las condiciones económico-sociales.

 

Habremos de poner fin a estas líneas de presentación, no sin antes hacer un reconocimiento a la Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía (SMTHG sc), que tomó en sus manos el encargo de esta edición, subsanando nuestras propias deficiencias organizativas y económicas, inherentes a toda Asociación en proceso de formación[b].

 

 

Editorial          

 

Apuntes para un Balance a 20 Años

de la Participación del Geógrafo

en la Industria Petrolera

 

Luis Ignacio Hernández Iriberri[c]

 

 

Tras largos 20 años de participación de la Geografía en la Industria Petrolera, se está ya en condiciones de lograr una generalización de la experiencia de un reducido grupo de profesionales de esta disciplina de conocimientos, que han enfrentado el desafío de responder a los planteamientos problemáticos de la producción en esta industria.

 

El balance, no obstante, es enormemente negativo, en mucho, no únicamente por la carencia de bases teórico-metodológicas, sino por la falta de desarrollos aplicados en esta área de problemas, por la ausencia de toda una ingeniería geográfica, y por la imposibilidad, hasta ahora; y esto debido a una amplia diversidad de razones que a continuación se expondrán; de una vida organizada y de un trabajo sistemático de los profesionales de la geografía aquí.  A 20 años de que el geógrafo iniciara su incursión en la Industria Petrolera, el balance no es nada alagüeño.

 

En el curso de las dos últimas décadas, han ingresado a esta industria –hasta donde nos ha sido posible saber– unos 15 geógrafos; de los cuales hasta el momento, 9 están titulados, y de estos últimos, 8 laboran bajo contrato definitivo.

 

De estos 15 geógrafos, sólo los tres primeros ingresaron  por el régimen de confianza (1968-1969), siendo posteriormente sindicalizados (1976); de ahí en adelante todos han ingresado bajo el régimen sindical a partir de alrededor de 1980, y una buena parte de ellos se habían desempeñado antes como empleados generales de esta empresa.

 

Actualmente sólo 10 realizan de algún modo una labor calificada de profesional, y de éstos, oficialmente ya ni uno solo desempeña una función técnica o sistemática geográfica, aun cuando unos 7, en algún momento, las desarrollaron.  Por ahora, el frustrante trabajo de todos, es meramente administrativo.

 

La gran mayoría, que son los que a su vez tienen mayor antigüedad, se ubican en la Subdirección de Producción Primaria (6); dentro de esta Subdirección, en la Coordinación Ejecutiva de Exploración (5), y en la Coordinación Ejecutiva de Explotación (1); siguiéndoles en antigüedad y cantidad, los ubicados en la Subdirección de Proyectos y Construcción de Obras (4); los demás están en diversas Gerencias o laboran de manera irregular al no tener definitividad.

 

La ausencia de la sistematización de la experiencia ha tenido diversas causas: a) la no continuidad en el ingreso de geógrafos a esta industria, b) la confrontación de problemas laborales, c) el escaso número de geógrafos existentes en la empresa, d) el relativo recién ingreso o aplicación profesional de la mayoría, y e) su dispersión y falta de organización.

 

Después del ingreso de los cuatro primeros geógrafos entre 1968-1969, hubo de pasar toda una década, para que una segunda generación con otros dos geógrafos aplicaran profesionalmente, entre 1979-1982.  Luego, todavía ingresó una tercera generación entre 1984-1985, sumando dos geógrafos más a la aplicación profesional; para que, por último, una cuarta generación compuesta por otros dos geógrafos, se ubicara desempeñando funciones meramente administrativas o aplicara profesionalmente de manera eventual en los últimos años, entre 1987-1988.

 

Así, puede apreciarse que hay una pérdida de continuidad muy marcada entre dos grandes grupos, que hace difícil la trasmisión de la experiencia, no sólo por la “brecha generacional” en sí, sino principalmente por haber sido formados bajo planes de estudio distintos y en momentos diferentes de la presencia de toda una concepción y teoría geográfica: unos en el auge de ésta, otros en el período de su crítica y transición incierta.

 

Si a lo anterior agregamos aspectos no más finos, pero si una realidad que hace burdo nuestro desarrollo profesional aquí, es el que no basta tener Título e ingresar a laborar profesionalmente sin más problemas que los propios a soluciones técnico-geográficas.  Nada más lejos de la realidad.

 

Para ingresar, y antes, mucho antes de estar en situación de desplegar un trabajo centrado eminentemente en un quehacer geográfico; así sea por lo menos tener tiempo como para pensar en ello; habrá de transcurrir un tortuoso proceso de carácter laboral (contratación eventual, exámenes, aplicación a puestos administrativos, o incluso técnicos si acaso, efímeramente), para después de varios años (que pueden ser de dos hasta quince), tener la oportunidad de una definitividad, que no siempre es la que uno hubiera deseado, sino ya para entonces, la primera que salga, pues para ese momento lo importante ya no es “trabajar de geógrafo”, sino simplemente ser compensado con el derecho al trabajo.

 

Esta es otra forma de pérdida de continuidad y causa de la falta de sistematización de la experiencia profesional del geógrafo en la Industria Petrolera.

 

El escaso número de geógrafos incursionando en esta industria, hace que la posibilidad de respuesta a la prueba que significa ser un geógrafo capaz de dar solución a los problemas eminentemente productivos, sea más difícil.

 

Como quiera que sea, simplemente un relativo recién ingreso de la mitad de los geógrafos que laboran en la Industria Petrolera, por ese solo hecho, no están en posibilidad de dar una respuesta profesional.

 

Esto es, independientemente de todo lo antes dicho, los geógrafos que han ingresado en el curso del último lustro, suman unos 7; por ese solo hecho del relativo recién ingreso, no puede exigírseles la responsabilidad de una respuesta a su papel profesional como geógrafos en esta compleja industria.  Ahora, máxime si a ello agregamos los problemas mencionados y el hecho de que algunos de ellos aún están en el nivel de estudiantes (1), o de pasantes (4).

 

Una causa más –y finalmente la determinante– de la falta de sistematización de la experiencia del geógrafo en la Industria Petrolera, ha sido, a su vez, su falta de organización.  No obstante, también hay que decirl, organizarse no podía haber sido sino hasta muy recientemente, tras haber acumulado a su ves, la necesaria experiencia para ubicarse profesionalmente en la Industria Petrolera, y que un número suficiente permite ya la organización legal mediante la constitución de una Asociación Profesional.

 

Este proceso llevó exactamente 20 años, sin que ello sea para sorprenderse, sin antes comparar lo que ha ocurrido a su vez, con otras especialidades en esta industria[d].

 

No obstante las desfavorables y aun antes al contrario, en gran medida adversas– condiciones en que el geógrafo se ha tenido que desenvolver aquí, le ha llevado a organizarse el mismo tiempo que antes le tocó a especialidades como la geología misma, que contó con todas las condiciones a su favor; o menos aún que la de geofísicos, que se llevó prácticamente treinta años en hacerlo.

 

Esto habla, aparte de ciertas regularidades naturales en el desarrollo de las ciencias, de que la geografía en la Industria Petrolera, con todo y sus adversidades (o quizá por ello mismo), está a la altura de las circunstancias.  Otro problema será el formular en adelante una respuesta a las necesidades de la industria misma.

 

Si bien es cierto que a 20 años se han dado las condiciones para poder sistematizar, evaluar y generalizar la experiencia, esta es una tarea que muy recientemente se ha emprendido, a tal punto, que quizá se hubiera diferido unos meses más, sin no es obligada por el proyecto de la reforma al plan de estudios del Colegio de Geografía, en que todos nos hemos formado, que moralmente reclama nuestra presencia y una respuesta, por incipiente, o por asistematizada que sea.

 

Ahora, a 20 años, ¿tiene ya el geógrafo en la Industria Petrolera, la suficiente capacidad de respuesta a los problemas de producción que eminentemente ésta plantea?  Creemos que, de momento, no; pero si sobrevivimos al proceso de reestructuración que está sufriendo la Industria Petrolera, y si aun en los márgenes de ese proceso podemos trabajar organizada, sistemática e intensamente, podemos estar seguros que en el lapso de los próximos dos años, la generalidad de los geógrafos hoy participantes en esta industria, estaremos en capacidad de darle un preeminente lugar en la misma, a la ciencia de la geografía.

 

Si no logramos sobrevivir, todo planteamiento ulterior carece de sentido, por lo  que nos pondremos en el plano de lograr permanecer en la industria.  Lo segundo, y al final de cuentas lo más importante –en el supuesto de permanecer organizados y entusiastas, deseosos de participar colectivamente para encontrar soluciones– será tener un consenso en cuanto a qué sistematizar, para en función de su análisis, superar la situación.

 

De entrada, se sugieren dos grandes aspectos a considerar: 1) todo lo relativo a los aspectos subjetivos, es decir, a los aspectos teóricos y metodológicos, a los aspectos que dependen estrictamente de nuestra voluntad, experiencia y conocimientos; y 2) todo lo relativo a los aspectos objetivos, esto es, a los aspectos económico-sociales y político-administrativos, a los aspectos que son absolutamente independientes de nuestra voluntad y conocimientos.

 

En principio se requerirá levantar –y para cuando sea la lectura de este ensayo ello ya estará en marcha– una currícula de los geógrafos organizados en la Industria Petrolera.  Esto de por sí, permitirá corregir, en su caso, y mejorar los datos aquí vertidos.  Hacer una verdadera historia  de la vida de la geografía en esta industria, y destacar el papel del geógrafo y sus vicisitudes.

 

Luego será de fundamental importancia, desplegar una actividad profesional organizada como Asociación; editar una revista enla que consensemos nuestras ideas acerca del objeto de estudio y método de la Geografía, y su aplicación e ingeniería en la Industria Petrolera.

 

Posteriormente, evaluando los subjetivo, lo teórico, esto es, lo que debe ser; pasaremos al análisis de lo objetivo, lo práctico, o sea, lo que es, y las consiguientes formas de superarlo.

 

Dentro de las prácticas y estrategias de la geografía en la Industria Petrolera, será obligado considerar la función de la geografía en la nueva reestructuración de la economía mundial; su papel en la nueva revolución científico-técnica y la política económico administrativa, en general en México, pero fundamentalmente en esta industria.

 

Hasta en tanto todo esto no sea evaluado de manera ordenada y sistemática, no habrá esfuerzo colectivo dirigido a la solución de los problemas, y hoy, sin un esfuerzo colectivo racional, paciente y sistemático, maduro en sí mismo; no será posible, no se estará a la altura de las circunstancias, independientemente de los “brillantes” análisis y resultados, que no debemos esperar sino hasta cuando este proceso de desentrañamiento de toda una realidad en que nuestra ciencia está inmersa, sea efectuado una y otra vez.

 

Par concluir, podemos decir que ya en este sentido se ha tenido una primera rica experiencia; primero, en la constitución de la “Asociación de Geógrafos de la Industria Energética” (AMGIE), en cuya Sección Industria Petrolera, en segundo orden, se ha efectuado el Primer Panel Interno, a través del cual, con todo y sus rudimentos, han sido posibles estas reflexiones, que esperamos profundizar y ampliar en un próximo futuro.

 



[a] Trabajo presentado para el Primer Seminario Sobre la Reforma al Plan de Estudios del Colegio de Geografía, realizado del 21 al 26 de agosto de 1989.

        Este trabajo es producto del Primer Panel Interno de la AMGIE, Sección Industria Petrolera, bajo el tema: “La Experiencia Profesional del Geógrafo en la Industria Petrolera”, efectuado el 22 de junio de 1989.

[b] La SMTHG se fundó notarialmente el 7 de julio de 1989, y resulta confuso que el “Primer Panel Interno de la AMGIE, Sección Industria Petrolera”, se haya efectuado el 22 de junio de ese año, y el mismo “Panel Interno de la SMTHG”, se hay efectuado dos días después, el 24 de junio.  La explicación está en que todo fue un proceso paralelo, considerábamos moralmente fundadas dichas agrupaciones de geógrafos, en el caso de la SMTHG desde un año atrás, y en el caso de la AMGIE de apenas quizá unas semanas, y sus protocolos notariales formales se efectuaron posteriormente.  La SMTHG tenía planeado de mucho tiempo antes su propio Panel, para el que preparó con mucha anticipación sus materiales a publicar.  La experiencia fue trasladada a la AMGIE, en donde sus integrantes no mostraban la disposición, en general, a redactar, y menos aún, en esa manera de ser temerosa de “verse comprometidos” en algo; por lo que tal compromiso fue asumido unilateral y personalmente por el autor, lo que obvió trámites y procesos.

[c] Coordinación Ejecutiva de Exploración, Gerencia de Integración e Interpretación.  Petróleos Mexicanos.

[d] En general, el lapso para dar lugar a la organización profesional en el seno de la industria, ha sido precisamente entre veinte y treinta años, aun incluso para el caso de los geólogos y geofísicos.  Y topógrafos y geodesias pueden tener la misma antigüedad que los geólogos en la industria: unos 40 años, y no hay trazas de su organización.

 



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21 junio 2010 1 21 /06 /junio /2010 07:03

 Principio y Fin

de una Histórica Etapa de Transición

en el Desarrollo de la Geografía en México,

1979-1989.  Artículo, 2010 (3/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 28 jun 10.

 

 

Sin embargo, derivado del Seminario: “Tendencias y Perspectivas de la Problemática Profesional y Académica de la Geografía”, en septiembre de 1989, organizado en el Instituto de geografía, por el Colegio Mexicano de Geógrafos Posgraduados, éste publicó el primer número de la Serie con el título de “Geosofía”, en ese final de la década, subtitulada: ”Apoyos a la Investigación y Docencia”, siendo ese primer número de la Serie el único documento enteramente crítico en el ámbito “oficial institucional” (al final, los miembros del CMGP, son básicamente los mismos investigadores del Instituto de Geografía y académicos del Colegio de Geografía, si bien, quizá, en una agrupación deseosa de propiciar cambios); y tal publicación necesariamente ocurrió, como simple reflejo, ya ineludible para ese momento, de la situación de crítica generalizada que prevalecía.

 

Afortunadamente, gracias a la publicación en la contraportada de esa revista del plan de ediciones, podemos saber que debió haber un segundo número discutiendo la misma temática que el primero, sin que finalmente supiésemos si ese segundo número y el resto de la serie se publicó o no.

 

El propósito de este artículo ha sido enumerar las revistas que conocimos en una caracterización general, sin entrar en el análisis de su contenido, por lo que ello lo comentaremos en otra ocasión.

 

Calificar, pues, de “Histórica Etapa de Transición”, a este momento de la década de los años ochenta, no es por hiperbolizar nuestro personal papel protagónico en el proceso, sino, simplemente, por la naturaleza misma del conjunto de los acontecimientos dados.

 

La conservadora y oscura “oficialidad institucional”, dándose cierto margen de libertad de crítica a través del Colegio Mexicano de Geógrafos Posgraduados (pues no eran mas que los mismos), para septiembre de 1989, acabó haciendo un foro especial sobre la problemática teórica de la Geografía, no casualmente (disfrazado incluso de un asunto muy académico).   La institucionalidad llegaba a ello al final de la década, presionada por los acontecimientos ya insoslayables (calificados de “lapsus de crítica” en dicha revista); y entre ellos, el que apenas dos meses antes, con fecha 7 de julio de 1989, quedara formalmente fundada mediante Escritura Notarial, la “Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía, sc”.

 

Del antiguo e ingenuo proyecto de la “AGC”, se conservó el reducido grupo de cuatro geógrafos formado por Silvia Castro López, Vasthy López Vaca, Elios Salgado Herrera, y Luis Ignacio Hernández Iriberri.  Pero hacia 1987, entramos en contacto con el compañero José C. Martínez Nava, cuya tesis de Licenciatura trató sobre el método dialéctico materialista en Geografía, de donde derivó nuestra profunda identidad; y en una práctica natural de una estrecha relación de amistad, se hizo rutina la discusión teórico geográfica, que a poco devino en proyectos, hasta consumarse todos ellos en la creación de la SMTHG, sc.

 

Diez años después a la AGC, la SMTHG era un proyecto plenamente maduro en su forma y contenido, fundada en una teoría geográfica original y propia; no casualmente todo el aparato institucional se movió inquisitorialmente para bloquear sus actividades, y nada como la fundación de la SMTHG resultó tan profundamente cuestionadora –sin que ese fuera nuestro propósito; sabíamos que estábamos haciendo algo trascendente, pero no podíamos dimensionar con clara conciencia su verdadera magnitud– a esa geografía “oficial institucional”, conservadora, acientífica, oscurantista; que finalmente con el Seminario: “Tendencias y Perspectivas de la Problemática Profesional y Académica de la Geografía”, se movió en nuestra dirección.  Pero cuando con todas sus limitaciones lo hizo mostrando que no entendía en el fondo la situación, concedió en los hechos a la SMTHG y todo lo que históricamente ésta ya representaba, el triunfo no sólo intelectual, sino toda la autoridad moral en esa transición.

 

Con la aparición de la SMTHG, culminó la histórica etapa de transición, y con sus trabajos, entre ellos la trascendental publicación en el año siguiente de su órgano de difusión: “Ilhuícac, Revista de la Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía”, 1990; se inició un nuevo y complejo momento histórico de la Geografía en México.

 

Ilhuícac fue, por decirlo así (ya no supimos nada más de lo sucedido en los años noventa), la última revista en aparecer; pero no fue una revista más, sino la revista especializada en geografía teórica; una revista no equiparable a ninguna anterior nacional o de las publicada en el mundo, plenamente original en su propuesta; que podía disputar, por la calidad de su contenido, un lugar entre las mejores.

 

Pero justo cuando enfilaba en ese sentido aún con escasos recursos, ahora ya no por la adversidad de un aspecto particular del sistema, sino por el fracaso total del Estado mexicano y junto con él de la sociedad mexicana misma que entró en la más profunda crisis de su historia contemporánea; económica, social, educativa, moral, y política; tal proceso de desarrollo, no sólo personal o de los miembros de la SMTHG en su colectivo, sino del desarrollo de la Geografía misma en México, se detuvo de golpe.

 

El fracaso del Estado mexicano y de su sociedad; con lo que, de hecho, se hundió para siempre, puesto que, de entonces a la fecha todo ha sido un declive constante en la incontenible quiebra del sistema capitalista, incluso ocurriendo en el contexto del derrumbe del proyecto socialista dado en ese justo momento; tenía que correr paralelamente al inicio de una nueva edad oscurantista, a lo que le es propio la “proscripción” con el “no-nombrar –no citar, no referir, no dar los créditos–, para que no exista”, como la nueva forma de la “quema herejes”, con el plagio y despojo impune de las ideas de los mismos.

 

Hasta que a mediados de 2009, de pronto, enfrentando el abrumador oscurantismo, como de la nada, aparece: “Espacio Geográfico, Revista Electrónica de Geografía Teórica”; y, otra vez, tal cual como hacíamos y “decíamos ayer…”, es la primera revista electrónica de geografía teórica en la red internacional.

 

Y, más aún, a partir de ahora, habremos de dar continuidad a “Ilhuícac, Revista de la Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía”, ahora como revista electrónica en el propio sitio de la SMTHG.

 


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21 junio 2010 1 21 /06 /junio /2010 07:02

 Principio y Fin

de una Histórica Etapa de Transición

en el Desarrollo de la Geografía en México,

1979-1989.  Artículo, 2010 (2/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 24 jun 10.

 

Con el inicio de la década de los años sesenta, nace la Asociación Mexicana de Geógrafos Profesionales, 1961.  Es la primera asociación profesional de geógrafos, y se convierte en la gran organización del gremio creada a iniciativa del Dr. Jorge A. Vivó, surgió como condición necesaria para la estructuración y desarrollo de los estudios profesionales de geografía en México.  Al parecer, no editó algún documento de circulación interna (lo desconocemos), y nos parece que tampoco publicó ningún Boletín o Revista de difusión; las publicaciones que de ella tenemos se refieren principalmente a ponencias o informes de participación en los Congresos Internacionales de Geografía, publicados en el Anuario de Geografía, a cargo de la Facultad de Filosofía y Letras.

 

En ese entonces, los interesados que estudiaban la disciplina, eran principalmente los profesores de la Escuela Normal Superior (el entonces Departamento de Geografía era una especie de escuela “Normal de elite”), y, por supuesto, con el objetivo de la enseñanza de esta materia.  La mayoría de esos profesores normalistas, eran mujeres; profesionalmente, en ese momento cumplían una función avanzada que contribuyó a la consolidación de los estudios superiores de geografía; pero, a la vez, fue ahí donde se formó el llamado “Matriarcado”, como una mafia ultraconservadora que para mediados de los años setenta ya había cumplido su misión, había sido superada, y ahora obstruía el desarrollo mismo de esta ciencia; y antes que entender el proceso de entrega a las nuevas generaciones, se cerró al absurdo de una protección eterna de sus intereses.

 

Con una institucionalidad de la geografía en México profundamente conservadora y acientífica, la expresión progresista y de ideas avanzadas sólo podía emerger entre los estudiantes; y las generaciones escolares de 1975 a 1979, estuvieron ya a la altura de las circunstancias para la palabra crítica e independiente.

 

Debe mencionarse, no obstante, que entre las revistas independientes (elaboradas a partir de asociaciones profesionales), hubieron en ese entonces unas más independientes que otras.  Por ejemplo, independiente pero en una línea plenamente “oficial institucional”, críticamente anodina, fue la revista “anig”, del “Ateneo Nacional de Investigaciones Geográficas”; una asociación profesional en el ámbito de la Escuela Normal Superior (particularmente de Nuevo León), entre los profesores de enseñanza de la Geografía para la Educación Básica.  Como ésta hubieron quizá otras asociaciones; recordamos, sin más datos, por ejemplo, el “Seminario de Investigaciones Geográficas”, que representaba el Prof. Antonio Sánchez Molina.

 

Luego, a mediados de 1978, preparándonos para egresar de la Licenciatura en Geografía, impensadamente, toda esa generación de estudiantes dábamos inicio a una etapa histórica de transición, de enorme trascendencia.

 

Por dos partes, independientemente, se empezaron a concebir sendas organizaciones profesionales.  Hicimos saber al Dr. Carlos Sáenz de la Calzada que un grupo de estudiantes; del grupo que identificaremos por la “La Gota”, nombre tomado de un rústico periódico político estudiantil que editábamos; avanzábamos en ello; a la vez que él concebía con otro grupo de estudiantes alrededor del Dr. Ángel Bassols Batalla, la creación de otra asociación profesional: la “Unión de Geógrafos Progresistas de México” (UGPM), que se funda en ese mismo año.

 

Así, la “Unión de Geógrafos Progresistas de México”, fue la primera asociación profesional de geógrafos con un ánimo crítico en el espíritu del marxismo e independiente, fundada a mediados de 1978, siendo su primer Presidente el mismo Dr. Carlos Sáenz de la Calzada.  Y así, impensadamente, la AMGP, el “gran gremio” organizado en ella, llegó prácticamente a su fin, por lo menos, en lo que al papel que representaba (más aún que al año siguiente falleció el Dr. Jorge A. Vivó, y egresaba una nueva generación de geógrafos que ya no centraría su atención en formar parte de la AMGP, sino que creaba sus nuevas asociaciones profesionales).  Más evidente el hecho de que ahí comenzó una época distinta, no podía ser.

 

Por nuestra parte, el grupo de “La Gota”, que no participamos en el proyecto de la UGPM pues no simpatizábamos con sus interpretaciones ni sociopolíticas ni de la Geografía como ciencia, procedimos más lentamente, esperando el momento límite de nuestra salida de los estudios hacia fines de 1979; ahí elaboramos un escrito: “Proyecto para una Asociación Geográfica y de Ciencias Afines”, fechado en septiembre de 1979, que simbólicamente leímos y dimos a firmar a los compañeros que desearan participar de la iniciativa de crear una asociación profesional.

 

Formábamos el Consejo de Iniciativa: Silvia Castro López, Jorge Luis Ramírez Hernández, y Luis Ignacio Hernández Iriberri; y firmaron, además, aquel histórico documento: Edgar Carpinteyro Iturbe, Lydia Ortiz Condado, Irma Garduño García, Matías Huicochea, José Manuel Espinoza Rodríguez, Francisco Javier Mendoza, Silvia Alcalá Tejeda, Hilario Martínez Sánchez, Arturo Figueroa, y Enrique Torres (y una firma más, desgraciadamente irreconocible); quince firmas; en el proceso no hubo ningún docente participando.  Se elaboró la Declaración de Principios, y para diciembre se tenía ya el Plan de Trabajo, pensado para un primer ejercicio bienal de 1981-1982.  Como puede verse, dándonos plazos muy largos entre una acción y otra, producto de nuestra inexperiencia en esos trabajos.  Pero, finalmente, con fecha 18 de octubre de 1980, en el Aula 306 de la Facultad de Filosofía y Letras, nos reunimos para constituir la asociación profesional a la que dimos por nombre: “Academia de Geografía y Ciencias, ac” (AGC); y apareció así, con ella, y dos años después, la segunda agrupación de geógrafos, crítica e independiente.

 

Lo que la AGC sí logró hacer en lo inmediato como parte del VI Punto de su Programa, fue elaborar el “Boletín de la AGC” (documento de circulación interna), cuyo primer número correspondió al trimestre de abril a junio de 1981.  Dicho documento no tenía, pues, el carácter de ser la revista de la Asociación, como su órgano oficial de amplia difusión, sin embargo, por su estructura y contenido, como por sus fines mismos de ensayar la posterior edición de tal revista, el “Boletín de la AGC”, en sus dos escasos números trimestrales que sólo lograron editarse, muestra con toda claridad nuestra comprensión de la Geografía hasta ese momento, aún determinada por nuestra formación académica, pero a la vez ya en franco cuestionamiento.

 

El nombre mismo de la Asociación, que venía desde 1979, que luego resultó no muy apropiado, como de “Geografía y Ciencias”, lo evidencia, en esa comprensión de la Geografía como ciencia de síntesis de un sistema de ciencias; y por su estructura y concepción, siguió el estilo de Geocrítica, independientemente de su influencia, pues desconocíamos dicha revista en su conjunto.

 

La fundación de tales asociaciones profesionales fue la condición de necesidad para posibilitar la posterior publicación de sus revistas.  La AGC, con muy limitados recursos y sin grandes pretensiones en la difusión, editó desde 1981 algo aproximado a lo que en el futuro pretendía como su revista, con su “Boletín de la AGC”.  Y respecto de la UGPM, no fue sino hasta cinco años después de su fundación que, por su parte, en el segundo semestre de 1983, editó su propia revista (luego del I Simposio de Enseñanza de la Geografía, del IX Congreso Nacional de Geografía, y de la presentación de nuestra tesis de Licenciatura en donde aportamos un fundamento teórico distinto para esta disciplina de conocimientos, dado en la reconsideración del objeto de estudio, como el espacio terrestre): “Posición, Revista de Crítica y Análisis Espacial” (no obstante el rechazo que se dio en IX Congreso Nacional de Geografía, a nuestra ponencia en la que presentábamos a la Geografía como ciencia del estudio del espacio terrestre), ahora ya con la Presidencia misma del Dr. Ángel Bassols Batalla en la UGPM, en una línea, por lo menos teórica e ideológicamente militante, muy próxima a Antipode.

 

Así fue, y eso sólo fue el principio de lo que habría de ser una larga y dificultosa década de transición en lucha contra el orden conservador establecido, que implicó –con la condescendencia misma de la “progresista” UGPM– el rechazo de alguna de nuestras ponencias, la mutilación de otra, el bloqueo de nuestra tesis de Maestría en Geografía, y nuestra no-aceptación personal en la cátedra universitaria.  En suma, una “proscripción” inquisitorial oscurantista en el “no-nombrar, para que no exista”, y no citando, ni refiriendo, ni dándosenos los créditos correspondientes, incurriéndose al final, impunemente, en el despojo y plagio de ideas.

 

Posición mejoró con mucho la calidad de sus ediciones, publicándose de manera continua a lo largo de la década (y todavía conservamos una publicación de 1992, y suponemos que aún continuó publicándose).  El Boletín de la AGC, no pasó de dos rústicas ediciones en 1981, y la AGC misma se disolvió con el tiempo, no más allá de 1983.

 

En el lapso mismo de esa década, subrayamos, en la objetividad de la caracterización que hacemos de ella; por una parte, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), inició, al parecer con muchas dificultades, entre otras, de concepción crítica o no de la misma revista, su propia publicación, con el simple título de “Geografía”, 1984, finalmente admitiendo, por lo menos al principio, artículos de crítica.  Por otra parte, surgió otro tipo de Asociación Profesional en el nivel del Colegio de Geógrafos (concebido en la AMGP desde principios de los años setenta), que publicó la acrítica revista, “Geografía y Desarrollo”, en 1987, del Colegio Mexicano de Geógrafos Posgraduados, AC, en los lineamientos mismos del Instituto de Geografía.

 

Otra asociación, la “Asociación Geográfica del Estado de México” (AGEM), de la Universidad Autónoma del Estado de México, a su vez publicaba, no periódicamente, en esos mismos años, una modesta y acrítica revista titulada “Coordenada-14”, aun cuando de la cual poseemos únicamente su Nº 5, de 1989.

 

Sin embargo, derivado del evento especial: “Tendencias y Perspectivas de la Problemática Profesional y Académica de la Geografía”, del Colegio Mexicano de Geógrafos Posgraduados, en septiembre de 1989, publicó, con el título de “Geosofía”, en ese final de la década, la Serie, como se subtitula, de “apoyos a la investigación y docencia”; siendo los dos primeros números de la misma los únicos documentos enteramente críticos en el ámbito “oficial institucional”; y sin duda, lo cual se dio como simple reflejo, ya ineludible, de la situación de crítica generalizada que prevalecía.

 



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21 junio 2010 1 21 /06 /junio /2010 07:01

 Principio y Fin

de una Histórica Etapa de Transición

en el Desarrollo de la Geografía en México,

1979-1989.  Artículo, 2010 (1/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 21 jun 10.

 

 

Habremos de pasar ahora a nuestros trabajos de 1989, pero este es un año especial: no sólo cierra una histórica etapa de transición, dada entre 1979 y 1989, sino que, al mismo tiempo, es año de inicio de un nuevo momento histórico en la historia de la Geografía en México.

 

Pretendemos en este artículo, hacer ver la objetividad del hecho histórico; es decir, de que el año 1989 tiene ese significado, independientemente de nuestros deseos o voluntad; explicación la cual consideramos importante, porque nuevamente, algo ocurrió con nuestra participación en la vida de la Geografía en México, que contribuyó a lo determinante de ese año para marcar un nuevo momento histórico.  1989 es trascendente, no sólo porque nosotros hayamos hecho algo significativo en ese momento, sino porque lo que hicimos, fue algo culminante en un proceso de desarrollo objetivo que venía, incluso en el ámbito internacional, desde fines de los años sesenta, y luego mediados de los años setenta; y que en México se comenzó a fraguar a fines de esa última década.

 

Eso objetivo que venía sucediendo desde fines de la década de los años sesenta, fue la aparición de la revista “Antipode, a Radical Journal of Geography”, 1969; de la Universidad de Clark, dirigida por Ben Wisner.  Esa “revista de los geógrafos radicales”, surgía como reflejo de las manifestaciones contra la guerra de Vietnam y las luchas estudiantiles de ese entonces.  Estrictamente, autodenominarse “geógrafos de raíz”, lo que daba a entender, era que en ello se agrupaban los geógrafos que propugnaban drásticos y sustanciales cambios en el orden de cosas.  Esa “radicalidad”, es un concepto que encubría inconfesables posiciones socialistas en los Estados Unidos de ese momento en que, precisamente, luchaba contra “la amenaza del comunismo” en el otro lado del mundo.

 

La Geografía, concebida en aquel entonces como ciencia social; cuyo objeto de estudio era una rara definición de la planificación u ordenamiento del espacio, en función de las relaciones naturaleza-sociedad; derivaba en una conciencia social y política del estudioso de la geografía, que al calor de los acontecimientos mundiales como la Revolución Cubana, la guerra de Vietnam, la intervención de tropas del Pacto de Varsovia en Checoeslovaquia, o los movimientos estudiantiles, le imponía una definición así: radical, o de raíz, extrema, sin términos medios.  Era, pues, un geógrafo que en función de su conciencia social y política, se exigía incluso la participación militante; extremo no siempre un resultado consecuente de sus partidarios.

 

El problema que se dio ahí, fue la identidad de la <<conciencia militante del sujeto geógrafo>> (del individuo, del científico), con la <<definición militante del objeto Geografía>> (esto es, de la ciencia misma).  Así, la Geografía (ya no el sujeto geógrafo) como ciencia social radical, habría de ser tanto más científica, cuanto mayor y más consecuente su intervención política.  Ahí, hace cuarenta años, se inició, de manera objetivamente dada, un nuevo momento histórico general que caracterizaría las dos décadas siguientes.

 

Poco más de un lustro después, ese acto de conciencia social y política se replicó, y de una manera más explícita y consecuente en su definición militante, en Europa; en Francia, con Yves Lacoste, miembro del Partido Comunista Francés, que edita la revista Hérodote, en 1976, con un carácter eminentemente geopolítico, en la Universidad de París.

 

Con la revista Hérodote, se incide más enfáticamente en la reflexión gnoseológica en la ciencia geográfica, si bien en torno a la redefinición del la geopolítica y su papel en la organización del espacio.  El hecho esencial, es que abre esa reflexión en la teoría del conocimiento geográfico, y canaliza la crítica política <<del sujeto geógrafo>>, como el análisis científico del geógrafo geopolítico.  A la Geografía no había que darle una <<definición militante>> para justificar esa crítica política, sino que la crítica política emanaba de manera natural del la reflexión científico geográfica misma dada en la geopolítica.  Por lo demás, la relación naturaleza-sociedad se deja de lado como parte de la vieja geografía positivista, y ello permite centrar la atención en el concepto de “organización del espacio” como sinónimo de planificación, que ocupaba el trabajo geográfico en la Unión Soviética.

 

Se pudiera decir que de manera simultánea a Hérodote (en realidad antecediéndole), aparece ahora en España, la revista “Geocrítica, Cuadernos Críticos de Geografía Humana”, 1976, editada por Horacio Capel, en la Universidad de Barcelona; como una “crítica sistemática de las concepciones dominantes y de los estudios concretos que se efectúan” (Presentación, Geocrítica Nº 1); y es precisamente por ello que la ubicamos en tercer orden, es decir, porque incidió ya, de manera dirigida, a la reflexión gnoseológica en geografía.  No obstante, entendiendo a la Geografía como ciencia social, dicha revista se mueve a su vez como “intento consciente de utilizar la ciencia geográfica como arma crítica frente a la realidad social que nos rodea” (Presentación, Geocrítica Nº 1).  Esto es, en ello se abandona la idea de la consecuencia militante como expresión de mayor cientificidad, para ver tal cientificidad en la “crítica de las teorías, de los métodos, de las estructuras, de la organización de los estudios y las carreras profesionales, de nuestras propias obras” (Presentación, Geocrítica Nº 1).  Ello empezó a significar ya, no una determinación externa de la Geografía, sino una determinación interna de la misma, y en ese sentido es que se puso un paso adelante.

 

No obstante, nada de ello se dejaba sentir de manera inmediata y directamente en México (por entonces estudiábamos en el Colegio de Geografía, de la Facultad de Filosofía, entre 1975 y 1979), sería apenas hacia fines de los años setenta que a partir de los investigadores del Instituto de Geografía, a cuentagotas, se empezarían a filtrar fotocopias parciales, únicamente de la revista Geocrítica.  Pero de lo que no dependimos en nuestra reflexión propia, porque ésta venía a su vez desde 1975 como una persistente crítica marxista, y más bien, a esos “Cuadernos de Crítica de Geografía Humana”, los sometimos a crítica a partir de nuestra propia búsqueda de un fundamento científico de la Geografía, que tampoco la veíamos en esa definición.

 

Lo anterior es importante señalarlo, para hacer ver el proceso objetivo que se estaba dando hacia esa etapa de transición, y en la que, para 1979, los geógrafos mexicanos, independientemente, nos insertaríamos con el desarrollo de características propias que ahora distinguiremos.

 

Las revistas Antipode, Geocrítica, y Hérodote, si bien con un espíritu crítico, eran publicaciones institucionales, de las universidades de Clark, Barcelona, y París; pero si ahora consideramos las publicaciones institucionales en México, sólo percibimos un espíritu anodino en el Boletín del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México, que venía desde mediados de los años sesenta (1965), y peor aún, sin expectativas de asumir posiciones más decididas o gnoseológicas reflexivas, ante las influencias de aquellas revistas extranjeras, a su vez, institucionales.

 

Ese hecho objetivo marcó la diferencia en un desarrollo distinto en el proceso de abordar el problema de los fundamentos teóricos de la Geografía.  Hubo aquí la necesidad de hacerlo independientemente.  Y así se comenzaron a fraguar, impensadamente, sin plan preconcebido que reflejase alguna conciencia de la situación, las condiciones para propiciarlo.

 



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14 junio 2010 1 14 /06 /junio /2010 08:03

 Encuentro de la Geografía de Dos Mundos.

  Articulo, 2010.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica,

http://espacio-geografico.over.blog.es/;

México, 26 jul, 2010.

 

La década de transición 1979-1989 había culminado, estaba en marcha una nueva etapa que, destinada a ser esplendorosa, de una verdadera nueva Ilustración en la ciencia de la Geografía, de manera abrupta, se cerró trágicamente.  El final “Encuentro de la Geografía de Dos Mundos” (no recordamos la fecha, pero nos parece que fue precisamente en el año 1992, pues ya se había derrumbado la URSS; parte de la idea de los eventos con motivo del V Centenario de la hazaña colombina), que se propuso reunir a los más notables investigadores hispanos y mexicanos en Geografía, tuvo lugar en la Facultad de Filosofía de la UNAM, en México, como un absoluto y fiel reflejo de todo lo que estaba ocurriendo socialmente y que Universidad, particularmente la institucionalidad de la Geografía en México, lo reproducía puntualmente: el fracaso generalizado.

 

Tal era nuestro desinterés real por participar en dicho evento ante un deterioro generalizado del ambiente intelectual entre la comunidad de geógrafos en México, sin embargo queriendo ser testigo de su acontecer, que no preparamos ningún trabajo nuevo en la actitud de no aportar ya nada, sino que volvimos a presentar la ponencia del XI Congreso Nacional de Geografía de 1987: “La Unidad de la Geografía, como Reflejo de la Unidad Espacial del Mundo”.  Pero el desgano era generalizado, evidenciándose en que, ante la propuesta formal hecha en las reuniones, de sistematizar tales Encuentros proponiéndose la realización de un segundo evento para dos años después, esta posibilidad, de principio, a nosotros como SMTHG, sin exponerlo, nos pareció ya imposible, más por el pesado ambiente, que por razones económicas; y se negó ampliamente de manera enfática, por la Delegación Española encabezada por el Dr. Horacio Capel, pretextando por su parte la problemática económica, que también era real.

 

Nuestro sentir, es que todos los invitados extranjeros fueron predispuestos en nuestra contra, de tal manera que a nuestras intervenciones en las partes de preguntas y respuestas se suscitaba una actitud enormemente ríspida, hasta el insulto como agresión personal.

 

Luis Urteaga, cercano a Capel, presentó un trabajo de geografía fenomenista atribuible a cualquier estudiante de economía, sobre el caso del petróleo, ramplonamente, culpable de todo mal político-social.  Nosotros laborábamos en el Departamento de Análisis Estadístico, de la Coordinación de Exploración, en Petróleos Mexicanos, y sabíamos que una hipótesis para romper con la dependencia del petróleo era un aumento de precios tal, que hiciera costeable invertir en nueva tecnología de energéticos; y preguntamos, en consecuencia, si se estimaba un ascenso de los precios del hidrocarburo.

 

La respuesta, totalmente inesperada por todos evidenciando la predisposición, en el grado más extremo de lo despectivo, fue algo así como que <<él no participaba de disquisiciones trasnochadas de cantina acerca de la especulación de los precios del petróleo>>.  Estupefactos, apenas saliendo del azoro, no nos quedó mas que reírnos; el tipo arrastrando las “s” era la viva imagen del colonialista español con aires virreinales, él sí, verdaderamente trasnochado.

 

El anécdota es suficiente para revelar el ambiente.  Pero entonces ya no tuvimos piedad; en las preguntas a la conferencia de Capel, indirectamente nos fuimos sobre aquella mentalidad colonialista de espíritu virreinal que desde entonces colaboraba con él, poniendo en entredicho esa “geografía” en donde el estudio del espacio no quedaba considerado ni en la mención de dicho concepto.  Y poniendo a Capel contra la pared, le conminamos a manifestarse por la Geografía como ciencia del estudio del espacio, lo que descalificaría a su falderillo.  Pero hábilmente, en un malabar inteligente, dio la razón y satisfacción a ambas partes.

 

Asistimos a aquella sesión junto con el compañero José C. Martínez Nava, que al momento me parece ya era el Presidente de la SMTHG (periodo 1992-1993), y a nuestros argumentos fundados en la dialéctica materialista (el marxismo), no sólo algún cierto conferencista nos descalificaba, sino que el auditorio en sí se volcaba sobre nosotros, asociando la caída del socialismo a la falsedad del sistema filosófico dialéctico materialista; no entendiendo éste ni una ni otra cosa.

 

Dificultosamente y en el más pleno desencanto, terminó aquel fatídico “Encuentro de la Geografía de Dos Mundos”; otra vez, resultó intento de conquista, y otra vez tuvimos que emular a un Xicotencatl saliéndoles al paso.  Y, otra vez, el “encuentro”, fue un encontronazo de culturas, en este caso, el choque de dos elaboraciones teóricas de la Geografía, en las que nosotros en México, estábamos un paso adelante.

 

Así fracasó este evento en su propósito, como, curiosamente, fracasaron los demás eventos organizados con motivo de aquel V Centenario (poco faltó incluso –con nuestra desaprobación por tal acto–, para que en una manifestación fuese derrumbada la estatua a Cristóbal Colón).  Al parecer, aquellos españoles no volvieron nunca más a nuestro país, y no tanto por otra cosa, sino porque lo que siguió, fueron los años del oscurantismo de fines del siglo XX y principios del siglo XXI hasta nuestros días, al finalizar la primera década de este siglo.  Pero esa fue, también, la última vez que participamos en un evento de la geografía “oficial institucional”.

 

Y de hecho, en la SMTHG, ya sólo pudimos organizar un evento más: el II Congreso de la Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía.

 



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29 marzo 2010 1 29 /03 /marzo /2010 09:07

 Para Entender el Origen

de la Geografía Contemporánea en México.

Artículo, 2010 (7/7)

 Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 19 abr 10.

 

 

En la entrega anterior, terminamos de transcribir el documento fechado 12 de enero de 1987, de nuestra inconformidad por el dictamen ampliado para el otorgamiento, en este caso negativo, de la plaza para el curso de “Historia de la Geografía”, entendido como “Historia de las Ciencias Geográficas”, hecho llegar al Consejo Técnico de la Facultad el 16 de enero del mismo año.

 

Como podrá haberse notado por el tono al final del mismo, por nuestra parte nos dábamos por satisfechos y dejábamos concluído el proceso.  Críamos suficiente el “va-y-viene” del trasiego de papeles burocrático-diplomáticos.  Pero el asunto no paró ahí.  Al parecer dicho documento impactó de alguna manera, más aún que se interpuso un documento a mi favor por parte de los estudiantes presentes en el examen didáctico de la clase muestra.  Se nos hizo llegar una notificación acerca de que nombrásemos nuestro representante a la revisón del proceso  en el examen de oposción (de Convocatoria justo de una año antes).

 

En oficio de respuesta a esta notificación, fechado el 4 de julio de 1987, y dirigido al Director de la Facultad, Mtro. Arturo Azuela, cuya secretaria acusó recibo con fecha 23 de julio de ese año; manifestamos no tener inconveniente en que dicho representante se designara libremente por la instancia de la Facltad.  Es decir, diplomáticamente dicho, que declinaba continuar en el proceso.  Aquello era simplemente un juego ocioso al que nos vimos impelidos por la inercia de las cosas, pero que era suficiente.

 

Pero en esos procedimiento burocráticos “segidos por oficio”, sesionó el Consejo Técnico el 20 de agosto, y conforme todas las paparruchas de ley, en oficio (Facultad de Filosofía y Letras, Secretaría General, Of. Núm. 59-B/470/87), fechado el 4 de septiembre de 1987, se me daba a entender que el recurso de apelación no estaba “debidamente fundamentado”, y me demandaba argumentarlo “de manera más clara”; y, citamos finalmente de dicho oficio: “precisando: 1.- Qué elementos del currículum no fueron considerados por la Comisión Dictaminadora; 2.- Especifique cuáles fueron las estipulaciones legales, en cuanto al procedimiento de ingreso que no fueron cumplidas ensu caso”.  Para botarse de risa.  Primero, cuándo hable yo de eso, y, segundo, qué diablos me iba yo a meter en toda esa pamplinerá legaloide de eternización de los problemas.  Entendí el documento como la salida diplomática que el Consejo mismo se daba por trámite, y, finalmente, con esa fecha, 4 de septiembre, pretendía yo dejar por concluído el asunto, no respondiendo ya a nada, como de hecho lo dejé en claro desde el documento de enero.

 

No recuerdo ya si antes de esta última fecha o posteriormente; ello es ya irrelevante; me entrevisté con el Dr. Cesáreo Morales, Secretario del Consejo Técnico.  Estuvimos platicando en su oficina en la Facultad quizá una media hora o poco más.  Simplemente, de manera verbal, me pintaba con matices de gris lo que era ese mundo de oscurantsmo inquisitorial.  Fue la manera más decente y propia de responder a mi documento del 12 de enero, que, sin duda, había impactado de alguna manera en toda la Facultad, y yo desconocía en concreto sus efectos.

 

Entendía que ese mundo podía ser, pero no lo podía creer ahí, por más que mi conciencia de la historia de la ciencia me decía que no tenía por qué extrañarme, menos aún por los argumentos vertidos en mi documento de enero.  Pero es que, una cosa es leerlo en los libros, saber que “fue a otros”, que les pasó “en otro tiempo” y en “otro lugar”, y otra cosa es vivirlo en lo propio, en ese momento y lugar, y en toda su crudeza.  Simplemente estaba estupefacto por lo que se me explicaba.  Al final, di muestras de “entender”, agradeciéndole su franqueza y sobrentendiendo que ahí quedaba el asunto, y nos despedimos; pero todavía, antes de salir de su cubículo, me detuvo con una pregunta-sugerencia, que evidenciaba que no confiaba en que yo me desentendería del proceso, y me consultó sobre si contaba yo con algún profesor que me apoyara e intercediera.  Respondí explícitamente que sí, sin mencionar quién, y con un ademán, en la idea de no comprometer a nadie más en toda esa pifia, pero esa respuesta así de escueta, pareció ser, más bien, de “astucia política”, y cuando me di cuenta, me apuré a aclarar explícitamente que no recurriría a comprometer a ninguno de ellos (de donde resultaba que potencialmente sería más de uno).  Y entonces sí, finalmente quedó claro que ahí terminaba el asunto.  Reiteré mi agradecimiento, nos dimos la mano y despedimos.

 

En el lapso de este proceso, había tenido lugar el II Simposio de Enseñanza de la Geografía en México, 1986, para el cual habíamos presentado dos trabajos, con la mutilación de uno; y ya no recuerdo si fue antes de septiembre de 1987 o después, tuvo lugar el XI Congreso Nacional de Geografía, en donde finalmente ocurrió algo muy “misterioso” que quedará de tarea para los historiadores de la ciencia, y a lo que nos referiremos en su momento.

 



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29 marzo 2010 1 29 /03 /marzo /2010 09:06

 Para Entender el Origen

de la Geografía Contemporánea en México.

Artículo, 2010 (6/7)

 Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 15 abr 10.

 

 

La crítica escrita al programa, como se establece en el inciso a), de la Convocatoria; ha sido por nosotros plenamente satisfecha; pero todo mi error fue quizá, no atenerme al gaussiano temor al clamor de los boecios; y, así, nos hemos tomado la osadía de cuestionar esa especie de “espacio euclidiano”, metafóricamente hablando, contenido en los siete puntos más arriba enumerados, proponiéndonos un planteamiento, que en lo “novedoso”, pareciera reflejar “conceptos confusos”.  ¿Qué planteamiento es el que subyace en la crítica a lo establecido?: 1) que la Geografía no alcanza aún el rango de ciencia rigurosamente dicho; 2) que la Geografía como ciencia del estudio del espacio terrestre, no puede ser , así, una ciencia social de síntesis de un sistema de ciencias, pues no puede pretender la comprensión de la unidad del mundo en sí misma, sino que tan sólo es una ciencia natural acerca de una faceta de la realidad objetiva: el espacio terrestre; a través de cuya comprensión, contribuye al conocimiento de la unidad del mundo, misma que se da en el estudio especializado de la realidad, por las múltiples ciencias, cada vez mayormente diversificadas, como reflejo de la dialéctica de la unidad en la diversidad.

 

Un bosquejo de la demostración de esto, es precisamente lo que se discute en la primera parte del documento de crítica al programa, al que he de remitir.

 

En consecuencia, con estos argumentos refuto también lo asentado en el punto 2 del dictamen ampliado (o segundo dictamen), pues no existe confusión alguna en los juicios expresados en la cita tantas veces aquí referida.  En todo caso, la confusión no está en mi.

 

Por último –disculpando el abuso en la extensión de estas aclaraciones–, me es necesario decir que pudiera parecer  que las críticas a las “ideas absurdas”, a los “conceptos confusos” o a los “conceptos no-claros”, en el quehacer científico desde la época de Roger Bacon, terminaron a principios de nuestro siglo con Albert Einstein.  Pero, cierto es, que estas críticas no dependen del tiempo, de la época así en abstracto, sino, también, por lo visto, del grado de madurez de una ciencia dada, dicho esto en sentido lato.

 

De ahí que ahora caemos en cuenta en que no debe extrañarnos ese reproche luterano sobre nuestros planteamientos, de querer “volver completamente del revés el arte…”, en este caso, de la geografía respecto de nosotros, o de la astronomía como se enfilaba por Martín Lutero sobre Copérnico.

 

Con estos planteamientos, emulamos ciertamente a un Paracelso que luchaba contra la teoría de la falta de equilibrio entre los humores, como causa de las enfermedades, aconsejando remedios químicos, clamando en el desierto medieval; y al igual que él, se me ha negado un puesto en la Universidad.  Sólo espero que la distancia que media entre el siglo XVI y nuestro tiempo, se suficiente para que no me vea impedido, como él, en publicar mis teorías más adelante.

 

Me pregunto si este dictamen tan simple sea mi Némesis, por poner en tela de juicio lo establecido, tal como Galileo; o como Vesalio lo hizo con la autoridad Galeno.  Y así como Guillermo Harvey o Lamark, que encontraron vigorosa oposición, pretendo responder con lógica, y pido sólo que se observen los hechos, en este caso, de la historia, objetivamente.

 

Me cabe el honor de haber sido el primero, en casi cincuenta años del Colegio de Geografía, de haber de haber presentado la prime tesis profesional sobre la historia y teoría de la Geografía.  Me siento orgulloso, en haber sido el primero en iniciar una reflexión en nuestro tiempo en México, sobre estos tópicos acerca de la filosofía de e historia del pensamiento geográfico, en el foro del IX Congreso nacional de Geografía en 1983, cuando en ninguno de los congresos anteriores desde 1943, se tenía el menor interés por ello; todo lo cual, sin embargo, corriendo la misma suerte que la tesis de Max Plank, o inicialmente los trabajos de Lobachevky o Einstein.

 

No obstante, como miembro de la Sociedad Latinoamericana de la Historia de las Ciencias y de l Tecnología, he expuesto en su I Congreso Internacional, mis ideas al respecto.

 

Dada así mi conciencia sobre los problemas cásicos de la historia de la ciencia, estimo en alto grado un dictamen así, firmado por los más notables profesores e investigadores que actualmente existen en el Instituto, Posgrado, y Colegio de Geografía, pues, por paradójico que parezca, con él se me ha otorgado mi “Doctorado”, ya que se me ha calificado en mi tiempo, como en la Antigüedad lo fue el más grande de todos los pensadores de la historia de la ciencia: Heráclito, el llamado “Oscuro de Éfeso”, para quien “todo era y no era y a la vez no era”, y de quien Sócrates dijo: “Las partes que entendí inmejorables, y creo que también las que no comprendí…”; se me ha calificado como a Heráclito, por cuya expresión de conocimientos se pudiera entender “facilidad de palabra”, y por cuya dialéctica se pudiera entender, a su vez: “conceptos confusos” o “no-claros”, o, dicho de otra forma, “oscuros”; y de ahí el sobrenombre para él, y la mayor satisfacción profesional para mi.

 

Por su única y exclusiva atención que de antemano he esperado para con este documento, doy la más afectivas gracias.

 

Atentamente.

Lic. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

(rúbrica)

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Historia de la Geografía en México
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29 marzo 2010 1 29 /03 /marzo /2010 09:05

 Para Entender el Origen

de la Geografía Contemporánea en México.

Artículo, 2010 (5/7)

 Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 12 abr 10.

 

 Paso ahora al segundo dictamen, sobre la crítica al programa.

 

La Comisión, en su dictamen ampliado del 16 de octubre, consideró que “la crítica escrita del programa también es ocnfuso en sus juicios…”, citando un pasaje de mi documento.

 

Permítaseme, con el ánimo de ser más explicativo en mi argumentación, recoger antes una anécdota sobre Albert Einstein.

 

Como todos sabemos, la teoría de la relatividad de Einstein, prescinde de una noción absoluta del teimpo y del espacio, y con ello, de alguna referencia newtoniana para los cuerpos en movimiento.

 

Alguna vez, estando Einstein en el Metropólitan Opera House de New York, le pasaron una nota bromista en que se le decía: “no hay, pues, poste amarre en el Universo”…  Einstein tomó la nota y escribió a su vez: “Correcto”; así es, no hay poste de amarre en el Universo, es lo que agregaba de hecho Einstein a la nota.

 

Ahora retomo la cita que la Comisión Dictaminadora considera confusa en sus juicis: “Este curso (se sobreentiende el curso bajo el programa “Historia de las Ciencias Geográficas”) que evidentemente se ve dirigido a una idea, encuentra aquí la culminación del proceso de desvirtuación delpensamiento geográfico objetivo; es decir, del pensamiento geográfico deducido de la historia sin “prejuicios” o ideas “preestablecidas”, en el sentido de forzar mecánicamente los hehcos de la realidad objetiva” (Anexo; p.24).

 

Al igual que Einstein, no me queda más que agregar: correcto; y repetir la cita tal cual.

 

La cosa es más grave que la acusación sobre la “confusión de sus juicios” en esa cita.  Es que la Comisión Dictaminadora recoge dicha cita –contra todos los cánones de la crítica reponsable y seria– fuera de todo contexto.

 

Primero, se me pide un tema para el cual, dependiendo de la concepción del mundo de exponente del mismo, habrá variadas respuestas, de las cuales, alguna refeljará más acertadamente la realidad.

 

Segundo, se me pide un tema específico de un programa hecho a criterio de él o los titulares de la materia (concretamente el Tema 8: “Teoría Geográfica y Sistema Social”).

 

Tercero, independientemente de lo anterior, el tema no supone unicedad, ni uniformidad ni homogeneidad de teorías, como de condiciones en sistema sociales diversos.

 

Por lo tanto, es con esta última idea que se inicia el docuemnto a que nos referimos (la crítica escrita al programa); y así, la diversidad de teorías sobre el saber geográfico en su forma mas general y esencial, se discute a partir de allí hasta la p.15; última de la primera parte del documento en dos partes, con  un total de 29 cuartillas.

 

La segunda parte, se refiere, de acuerdo a su subtitulación, a: “Observaciones Específicas al Programa Vigente”, mismo del cual se extrajo el tema de evaluación didáctica.

 

En esta parte, se hacen breves observaciones tema por tema del programa, desde la Introducción; y se va desentrañando la secuencia lógica del programa en sí, hasta llegar al Tema 8: “Teoría Geográfica y Sistema Social”, el cual, por cierto, se trata en dos y media cuartillas, cuando los temas restantes se tratan en no más de una cuartilla, a excepción del Tema 5, que a su vez se analiza en casi tres cuartillas (es decir, se analizan ocho temas del programa vigente, en once cuartillas).

 

Así se llega a la p.24, en donde parcialmente se concluye con la cita recogida en el dictamen ampliado.

 

Lo que se ha venido desentrañando hasta aquí, en la lógica intrínseca del programa vigente, es que se afirma que: 1) la Geografía es una ciencia, rigurosamente dicho; 2) la Geografía como ciencia es una ciencia eminentemente social; 3) la Geografia como ciencia social, se refiere a una síntesis de la realidad objetiva reflejada en las ciencias especiales, ubicadas como “ramas” de la Geografía; 4) la geografía, en consecuencia, cifra su objeto de estudio en la relación naturaleza-sociaedad, en una pretendida “unidad del mundo”; 5) la Geografía como ciencia social de síntesis, constituye así, un sistema de cienicas reflejo del mundo, de las cuales representa su unidad; 6) la Geografía, como ciencia social de síntesis de un sistema de ciencias, tiene, por lo tanto, como toda ciencia que, en tanto tal, estácompuesta de torías; sus propias teorías, que no pueden estar mas que referidas necesariamente a la problemática social respecto ala naturaleza; y 7) las teorías que en tanto geográficas habrán de ser eminentemente sociales, tienen su expresión más general en los aspectos de población, agrario-rurales, urbano-industriales, y estudios geopolíticos; por lo menos, esencialmente.  Y estos mismos puntos se exponen entre las pp.25-26, a manera de explícita conclusión.

 

Ese es el contexto en que está la cita referida en el dictamen ampliado, y que se usa “como muestra” o ejemplo para demostrar, pretendidamente, que la crítica escrita es confusa en sus juicios, cuando en realidad, no es mas que un párrafo que explica la naturaleza del curso de Historia de la Geografía, bajo ese programa; que, como tal, no es mas que una interpretación de la naturaleza de esa ciencia y de su historia.

 

Los siete puntos enumerados, constituyen una desvirtuación del pensamiento geográfico verdaderamente objetivo; es decir, objetivo, en tanto deducido de la historia sin ideas preestablecidas (como el que la Geografía es ciencia, que ésta es ciencia social, que como ciencia social lo es a la vez de una síntesis de un sistema de ciencias; lo cual no se ha demostrado aún ni filosófica, ni históricamente, en ninguna parte del mundo, como así lo hacen ver Daus, Capel, Reynaud, Ortega, Lacoste, etc), forzando así, mecánicamente, los hechos; siendo el Tema 8 donde encuentra su culminación, tal proceso de desvirtuación.  Así es como el curso –bajo este programa– se ve dirigido a una idea, por demás preestablecida, de ser ésta una ciencia social de síntesis de un sistema de ciencias, y que, por lo tanto, sus teorías serán eminentemente sociales, acerca de la unidad del mundo.

 



 

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