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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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25 noviembre 2012 7 25 /11 /noviembre /2012 23:04

José Antonio de Alzate y Ramírez (1737-1799)José Antonio de Alzate y Ramírez; CCXL Aniversario de El Estado de la Geografía de la Nueva España, y Modo de Perfeccionarla, 1772.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

Nov 12.

 

El 7 de diciembre de 1772, hace ya doscientos cuarenta años, José Antonio de Alzate y Ramírez publicaba en su periódico semanario “Asuntos Varios Sobre Ciencias y Artes N° 7”, el primer documento de geografía teórica de la ciencia moderna de la geografía: El Estado de la Geografía de la Nueva España y Modo de Perfeccionarla.

 

Si bien referido de manera práctica a la geografía dela Nueva España, es un documento en el que se encierra la esencia de la geografía teórica de carácter universal, y el primero en su género para la época de la ciencia moderna.  Sólo una década después, un trabajo semejante, más elaborado en función de contar con condiciones más favorables, se publicaba en España por Tomás López de Vergara.

 

La necesidad urgente del Imperio Español de modernizarse (en el sentido lato de la palabra), le llevó a impulsar las Reformas Borbonas (1863) de Carlos III, durante la segunda mitad del siglo XVIII.  Y si en la metrópoli se hacían necesariamente urgentes los cambios, ello, en sus colonias en América, particularmente en Nueva España, se manifestaba con particular intensidad, al punto en que le aventajaba en sus demandas y miras de cambio; y es ello lo que explica la aparición de este documento de Alzate publicado apenas como un artículo en ocho páginas en esquela.

 

El artículo El Estado de la Geografía de la Nueva España y Modo de Perfeccionarla, se estructura en siete partes, siete ideas desarrolladas en un breve artículo: inicia, en una primera parte o idea, refiriéndose a la “descripción Geográfica”, por la que entiende la descripción gráfica, el mapa, y su necesidad.  Luego, en una segunda parte dice referirse al mal estado de la Geografía, entendiéndose por ello a la ciencia, al final, como reflejo del mal estado de la Nueva España.  Aquí Alzate va a referirse a la Geografía como una ciencia mixta, en tanto, dice él “es un ramo de las Mathematicas…”  En la tercera idea, Alzate explica que lo que inhibe el propósito del levantamiento cartográfico, es la carencia de tecnología, la dificultad, dice él, en no disponer de “los instrumentos en mano”.  En la cuarta idea en un breve párrafo, cita a Chappe que lamenta la cartografía de Siberia, y Alzate lo ve como “mal de muchos”.  La quinta idea es particularmente interesante, pues en ella se refiere al método “para remediar nuestra Geografía”, haciendo en ello una crítica a los trabajos de José Antonio Villaseñor y Sánchez.  En la sexta parte, Alzate da cuenta de la cartografía habida hasta su tiempo; y, en la séptima y última parte, se refiere a sus trabajos de medición, que confronta con lo hecho por Joaquín Velázquez de León en su polémica con éste sobre el reconocimiento a la autoría y merecidos créditos a haber sido, antes que Velázquez de León, el que ha dado las coordenadas de la Ciudad de México.

 

Alzate no se enfrentó al problema en forma teórica, sino práctica.  Reclamaba se le diese a su conocimiento las Relaciones Geográficas levantadas en 1846 por José Antonio Villaseñor y Sánchez, que, de cuyo ocultamiento, derivaba el atraso en el estado de la geografía de la Nueva España, en tanto retardaba el desarrollo cartográfico que debería dar cuenta de la representación de esos informes, de su verificación y actualización.

 

Al espíritu esencial del documento le anima el problema fundamental dela geografía teórica que llegó hasta nosotros, incluso, en las mismas condiciones, y hasta entonces resuelto: el necesario vínculo del Mapa y las Relaciones Geográficas, expresión práctica del teórico vínculo necesario del espacio y los fenómenos.

 

Pero tal situación, como expresión de la sociología de la ciencia, era producto de la lucha entre la institucionalidad de la burocracia virreinal –a la que pertenecía Villaseñor y Sánchez– que veía poner en riesgo sus intereses al menor cambio en ese espíritu modernizador de la época; y las necesidades, por una parte, de un Estado español que se veía quedar a la zaga en el desarrollo europeo, y, por otra parte, los intereses progresistas de la naciente burguesía criolla que José Antonio de Alzate y Ramírez representaba.

 

Más adelante el problema se resolvió, a su vez, de manera práctica: el Visitador General con facultades plenas, José de Gálvez, hacía el nuevo levantamiento con las Relaciones Geográficas de 1878, de donde resultó su proyecto de la división territorial en Intendencias.  Mientras, en 1772, Alzate urgía a un nuevo levantamiento de Relaciones Geográficas echando mano, ya no de los alcaldes, funcionarios del virreinato, poco interesados tanto en el conocimiento de su demarcación territorial, como en que eso diese lugar a cambios que presionaban; sino valiéndose de los párrocos de cada obispado, más enterados de los pormenores de su demarcación.

 

Dicho proyecto de Alzate hubiera sido el de los mayores resultados objetivos, y contando con él apoyo del arzobispo, directamente enviado por Carlos III (en ese momento en previsión del extrañamiento que se haría de la congregación de los Jesuitas en 1867), Francisco Lorenzana y Buitrón, parecía ser favorecido por ello; sin embargo, el Estado español no quería ninguna injerencia criolla, a fin de poder mantener el control, y de ahí que éste favoreció los trabajos de José de Gálvez.

 

Como quiera, y aún en su expresión práctica que reclamaban precisamente los tiempos, Alzate produjo con ello el más valioso documento de geografía teórica antes de las influencias europeas de la “geografía de la totalidad” de Carlos Ritter y Alejandro de Humboldt, de lo que la geografía mexicana, por sus necesidades prácticas de producción y desarrollo urbano en su política científica, logró mantener cierta distancia en buena parte del siglo XIX.

 

Teóricamente, el vínculo necesario del Mapa a las Relaciones Geográficas, expresa la contradicción histórica esencial de la geografía, dad en la relación espacio-fenómenos.  Que la geografía son los mapas, de eso nunca ha habido una seria duda generalizada entre los geógrafos.  Que los fenómenos son imprescindibles en el estudio geográfico, de eso tampoco nunca ha habido duda; pero de ellos, en tanto que cada uno se constituye como objeto de estudio de otras tantas especialidades, el problema ha sido, en realidad, en cuanto a cómo tratar geográficamente, entonces, con los fenómenos.

 

La geografía alzatiana, muestra de la geografía ilustrada del siglo XVIII, como la geografía decimonónica en el Colegio de Minería, trataron con los fenómenos como su simple representación para dar cuenta de su existencia para los fines de otras ciencias.  Pero ya la geografía de la segunda mitad del siglo XIX en adelante, en su vínculo a determinadas esferas de necesidades apremiantes (como en México a la hidrografía y climatología ante el problema de las inundaciones y desagüe de la Ciudad de México), y a falta de especialista propios aún en esos campos, poco a poco e impensadamente, hizo que esa geografía fuese desbordando en su identidad con esas otras ciencias.

 

Hoy, volviendo en cierto modo a la geografía alzatiana, al introducir por nosotros la categoría geográfica de estados de espacio, estamos tratando nuevamente con los fenómenos “como su simple representación”; es decir, con su abstracción y generalización, estudiando de ello las propiedades y leyes que les rigen en tanto estados de espacio.

 

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14 octubre 2012 7 14 /10 /octubre /2012 22:04

Argo, ConstrucciónEl Espacio Geográfico como la “Mare Nostrum”, y la Constante Expansión Histórica de sus Horizontes.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

13 oct 12.

 

El Perimetrón de Anaximandro, no podía ser sino como resultado de los Ulises de su tiempo, esos grandes navegantes de los Siete Mares de la “Mare Nostrum” antigua, centro de conocimiento del mapa de éste y reflejo del espacio geográfico hasta entonces explorado, y en donde “lo demás”, lindaba en la hipótesis.

 

Todo comenzó allí donde el padre de Teseo, creyéndolo destruido por el Minotauro, decidió ahogarse, y de ahí el mar que lleva su nombre, el Mar Egeo.

 

Zarpó de Yolcos la nave “Argos”; nombre en honor a Panoptes, a Argón, el que, con sus cien ojos, todo lo ve; con sus cincuenta y dos míticos expedicionarios, rumbo a la Clóquide (el lugar de “los otros”), en pos de la aurea piel de lana de Aries.

 

Al frente de la expedición estaba Herácles, pronto desplazado por el amotinado Jasón en Misia, donde fue abandonado.  De ahí la exploración se extendió al Mar de Tracia, y atravesando el Helesponto, el Estrecho de los Dardanelos, descubrió el Mar Mármara; y tras el Estrecho del Bósforo, el “Ponto Euxino”, el extremo Mar Negro, en cuyo profundo horizonte de tinieblas estaba el Vellocino de Oro, objeto de su viaje.

 

En el extremo opuesto, del Egeo Meridional o Mar de Creta navegado por el argonauta Teseo, en otras exploraciones se desembocó en la “mar abierta” (ciertamente, aún dentro de la “Mare Nostrum” antigua), el Mar Jónico; y de ahí, el séptimo y “lejano” mar, el Mar Adriático.

 

Navegar al Mar Tirreno y al Mar de Liguria, fue poner fin a la leyenda de los míticos Siete Mares, y pronto la “Mare Nostrum”, ese centro de exploración del espacio geográfico de la Antigüedad, sólo fue ya el Mar Mediterráneo, de una tierras, a su vez, rodeadas completamente por la “Mar Océana”.

 

Más allá de las Columnas de Hércules, en un nuevo horizonte profundo, estaba lo insondable: el Océano Atlántico; pero en el otro extremo del Mediterráneo, cruzando el corredor de Port Said, se desbordó al Mar Rojo, y cruzando la “Puerta de los Lamentos”, el Estrecho de Báb el Mandab, se desembocó en el Golfo de Adén, y un nuevo horizonte sin límites mostraba la extensión del Océano Índico.

 

La exploración de la nueva “Mare Nostrum” ampliaría el conocimiento del espacio geográfico, llegando en un extremo a Thule, y en el otro a Taprobana; sólo para saberse que aún había más espacio por recorrer; y tánto más aún, que el que habían navegado hasta ahí.  La antigua “Mare Nostrum” del Mar Mediterráneo, fue suplida por la nueva “Mare Nostrum” del Océano Mundial; como los Siete Mares antiguos, ahora éste estaba formado por cinco grandes Océanos, que llevó toda la Edad Media y aún hasta hace apenas un siglo, el acabar de descubrirlos por completo.

 

Y no habiendo más “Mar Océana” que navegar, nos aventuramos entonces a una nueva “Mare Nostrum”, un espacio geográfico que ampliaba sus horizontes ahora en la plena tridimensionalidad del espacio: la “Mar Eola”.

 

Que cada uno de esos nuevos espacio descubiertos están llenos de cosas sorprendentes y maravillosas, pues sí; pero eso era una consecuencia secundaria de lo esencial: avanzar en el conocimiento del espacio, ampliar la cartografía hasta cerrar el Globo Terráqueo, y enfrentar el hacer de nuevos mapas, porque el espacio geográfico aún iba más allá en un horizonte cada vez más extraño.

 

Muchos quedaron en el camino, extasiados, embelesados en el encanto de tanto portento (lo mismo de las Amazonas que del Canto de las Sirenas; y hoy se ostentan como geólogos, que no lo son, haciendo “geomorfología”; como meteorólogos, que no lo son, haciendo “climatología”; como biólogos con dos cursos, haciendo “ecología”; como edafólogos, haciendo cultivos en microclimas cual agrónomos que no lo son; como ecónomos, que ante los economistas son “geógrafos”, y ante los geógrafos son “economistas”; como etnólogos, como demógrafos, etc, etc.  Y que cuanto más ha de reconocerse su alto nivel de especialización, tanto más alejados y olvidados de la geografía); abandonaron el conocimiento geográfico y su interés por el espacio; esto es, por lo que aún había más allá de la “Mar Océana”; y se convirtieron en una multitud de especialistas en otros conocimientos que dieron lugar a otras tantas ciencias.  Los verdaderos geógrafos, en el espíritu de los argonautas, continuarían su navegación.

 

Y entonces se comenzó a navegar por la “esfera del movimiento del aire”, la troposfera; y pronto se descubrió que había otras “esferas” más allá: la estratósfera, la magnetosfera, y la exosfera.

 

Nuevas exploraciones avanzaron en el conocimiento de la “Mar Eola” de la que los geógrafos fueron dando cuenta en la nueva cartografía, y pronto se descubrió que la “Mar Eola” daba tránsito, a “muy corta distancia”, a una “Mare Nostrum” que se ampliaba inconmensurablemente.  El espacio geográfico, en un nuevo mar extraño, abría un nuevo horizonte aún más insondable que todo océano antes explorado.  Más allá de la estratosfera, comenzaba la “Mar Vacui”.  Desde siempre, el nuevo horizonte intimidó a los más; pero esta vez, lo hizo a tal punto, que todos los geógrafos concluyeron que la “Mar Vacui” ya no era una nueva ampliación de la “Mare Nostrum”; que ese ya no era propiamente espacio geográfico, sino ya espacio cósmico.

 

De ser así, cesaba el conocimiento del espacio geográfico en extensión, y era hora de pasar de lleno al conocimiento de su estructura y propiedades internas.

 

Pero, otra vez, nuevos argonautas exploradores se aventuraron en empresas colectivas de una enorme complejidad; los nuevos Colón, los nuevos Vespucio, los Magallanes de hoy, siguieron siendo importantes, la clave, lo significativo de la exploración, pero tanto más que ellos, ahora lo son la “Escuela Geográfica Mallorquina”, la “Escuela Geográfica de Saint Dié”, la “Escuela Geográfica de Sagrés” o la “Escuela Geográfica de Flandes” (más conocidas como "Escuelas Cartográficas"), en donde los Cresqués, los Waldseemüller, los Mercator, son tanto o más importantes que aquellos; es decir, la forma antigua de la actual Baikonur o la forma antigua de la actual Agencia Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA); para incursionar en la navegación de la “Mar Vacui”.  Cada época plasmó el conocimiento del espacio en sus Cartas Geográficas, sólo que esta vez ya no estuvo presente el geógrafo dando cuenta de ese espacio en sus mapas.  Y los nuevos navegantes, incluso, desde un Y. Gagárin a un N. Armstrong, ya no se dijeron a sí mismos “Pilotos” de una náutica marina o aérea, sino “cosmonautas”, navegantes del cosmos; o “astronautas”, navegantes de los astros.

 

Hasta que apareció un geógrafo* que estudiando las propiedades de lo suyo, el espacio, se dio cuenta de que la “Mar Vacui” era aún extensión de la “Mare Nostrum”, y, ciertamente, la última mar del espacio geográfico a navegar.

 

Los nuevos exploradores, cierto es también, a su vez, nautas más allá de los 320,000 km de distancia de la Tierra, dejabn de ser nautas de la “Mare Nostrum” geográfica o terrestre, y se converten, efectivamente, en astronautas o cosmonautas, en navegantes de más allá de nuestro espacio terrestre en pos de la nueva Clóquide misteriosa ahora en la estrella de Aries; no obstante ya en una “Mar Vacui” de un cosmos infinito y de infinitos mundos para los inacabables aventureros, de los inagotables Laertes, Heracles, Jasón o Ulises de todos los tiempos en la condición de la naturaleza humana: ir al espacio.



*   Declarado risiblemente como no-existente por una cerrada y acientífica comunidad de geógrafos que “no entiende” la función de la geografía teórica (pero que en realidad la omite porque afecta sus mezquinos intereses), dada la herejía de insistir en el estudio del espacio, por lo que no le queda más remedio que identificarse a sí mismo: ese geógrafo, es el autor de estas líneas (todo lo cual, más que “lamentar” una “misantropización”, expresa la pobreza intelectual y moral de esa comunidad de “geógrafos” que se ha autocondenado históricamente).


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7 febrero 2011 1 07 /02 /febrero /2011 00:04

 Ícono Geografía Teórica (Brújula)-copia-2Revoluciones Científico-Técnicas y Geografía

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

07 feb 11.


                    Otras veces en la historia así ha ocurrido, no nos debe extrañar: a la invención de la máquina de vapor por Newcomen en 1712, se aceleró la industrialización y junto con ello el pensamiento ilustrado; y nuevamente hacia finales del siglo XVIII, con el perfeccionamiento de la misma máquina de vapor por James Watt, en 1772, se inició la Revolución Industrial que se propagó hasta el siglo XIX, consolidándose el pensamiento científico ilustrado.  Pero esa Era de la Energía del Vapor pasó a la historia con la introducción de la Energía del Carbón y del Lignito, acompañada de la locomotora; y ésta, a su vez, quedó atrás con la invención del automóvil, el avión y el refinamiento del petróleo entre fines del siglo XIX y principios del XX.  En cada uno de esos momentos, una profunda revolución económica, social, política, y de pensamiento.  Y hoy, justo en este preciso momento histórico del inicio de la segunda década del siglo XXI, nuevamente, esa Era de una vieja tecnología obsoleta y una energía ineficiente respecto de lo nuevo, ha de pasar a la historia con la introducción del automotor totalmente eléctrico y mas eficiente, y de la tecnología de levitación de los ahora llamados "drones"; incluso el automotor mismo perfeccionado con tecnologías alternativas del agua misma como combustible, purificando el ambiente con vapor y la descomposición del oxígeno e hidrógeno; y, en su extremo ya posible, del uso de la llamada "energía libre", la energía del vacío.  Y esto último ya tiene que ver más profundamente con los geógrafos del siglo XXI, pues esa es, indistintamente llamada, la "energía del espacio".

 

 
                    Pero luego, de un espacio terrestre (el determinado por el campo gravitatorio de la Tierra), que no sólo ofrece una estructura y movimiento, sino los estados de espacio más impensados; y más aún..., en el que al parecer está interviniendo otra civilización (esa vieja geografía de las "interrelaciones sociales", sería ahora la geografía de las "relaciones intercivilizaciones").  Y al geógrafo que le interese esta faceta del desarrollo de nuestra ciencia, lo invitamos muy especialmente a visitar el Blog: http://identificados.over-blog.com, donde cierta información se está precipitando consistentemente con lo que corresponde a todo momento revolucionario de la historia.

 



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2 diciembre 2010 4 02 /12 /diciembre /2010 00:03

La Línea Internacional

del Cambio del Tiempo.

 O, “¡Huston, Tenemos un Problema!”

  Artículo, 2010.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

 http://espacio-geografía.over-blog.es/;

México, 2 dic 10.

 

Cuando en 1994 publicamos un libro entre Libro de Texto de Geografía general y Libro Básico de Consulta, titulado Geografía Básica, un tema que se nos complicó, fue el de la medición del tiempo terrestre.

 

El primer problema que observamos al construir la Proyección de Husos para dar la distribución, precisamente, de los husos horarios, fue que el Meridiano de Origen, el Meridiano de Greenwich con valor de 0º de longitud para el sistema de coordenadas geográficas, servía de eje horario para el primer huso; con el problema de que 7.5º al Este de dicho Meridiano de Origen, aún correspondería a la hora y día del hemisferio occidental.  Lo dejamos ahí sin más consideración, como un asunto que era parte de todo el convencionalismo que envolvía la determinación del tiempo terrestre.

 

Pero el problema se hizo más agudo en el huso correspondiente al Antemeridiano, pues, sirviendo éste a su vez como Línea Internacional del Cambio del Tiempo (fecha), resultaba que 7.5º del día anterior a la Línea en la cual se dan las 00:00 h, de hecho ya estaban en el día siguiente.  Bueno, como quiera, otro aspecto a resolver por convencionalismo “suponiendo como que no era así”.

 

Lo que nos interesaba en esos momento era elaborar el libro desarrollando todos los temas, y no entrar en esas minucias problemáticas.  No obstante nos quedó un tercer problema: cómo es que el día cambiaba en el Antemeridiano, pero el control horario estaba dado con relación al Meridiano de Greenwich.  Ese asunto ya estaba más complicado explicarlo hasta como un mero convencionalismo, pero no estando centrado ahí nuestro interés, lo dejamos pasar, “que ya al fin los que lo inventaron y reconocieron en la Convención Internacional de 1884, no podrían haberlo hecho mal”; y menos aún podría haber un fallo, si para entonces ya tenía poco más de un siglo funcionando.

 

Y transcurrieron quince años más, y al volver a tratar con este tema en los artículos de nuestro Diccionario Enciclopédico de Geografía, el interés ya no estuvo en el Diccionario en sí (el cual poco a poco se iría construyendo), sino en el tema mismo; y, entonces sí, había que explicar en específico cómo funciona el control del tiempo terrestre.

 

Pero, necesariamente, teníamos que partir del postulado de que lo determinado por la Convención Internacional de 1884, estaba en lo correcto, y que sólo había que entenderlo y explicarlo.  Y así lo hicimos, hasta que cargando los artículos comunes en nuestro Blog; hospedado por el francés Overblog en su sede en España (ahí, con Francia “a un ladito” del Meridiano de Greenwich, en el hemisferio oriental, y España “al otro ladito” en el hemisferio occidental, ambas controladas por el mismo huso horario), vimos que apenas pasadas las 18:00 h en México, Overblog cargaba los artículos con fecha del día siguiente, dado que en España se estaba dando el cambio del día…  Pero el problema estaba en que, cómo es que el día estaba cambiando a los 0º de longitud en el Meridiano de Greenwich, si ello, teóricamente, ya había ocurrido 12 horas antes en los 180º de longitud sobre el Antemeridiano, al que, por tal razón, le está asociada la Línea Internacional del Cambio del Tiempo.

 

Había algo, entonces, que no entendíamos; y ya habíamos publicado el artículo del Diccionario, y hasta un artículo más adicional sobre el problema con el titulo de “Origen de la Medición del Tiempo Terrestre Absoluto”.  Por otras tareas, no volvimos de inmediato al problema, pero al hacerlo, he aquí que…, geógrafos del mundo, ¡estamos en un enorme problema!

 

Compañeros geógrafos, quién dijo que este mundo ya estaba arreglado, que en esa geografía espacista no había ya nada de sus viejas glorias.  Justo de aquella época de 1884 a la fecha, los geógrafos nos la hemos pasado tratando de dilucidar el verdadero objeto de estudio de nuestra ciencia: que si el paisaje, o las geoformas, las diferencias entre las regiones, el geosistema, el medio de las relaciones naturales y sociales, etc., ello, no  obstante, fue condición necesaria, pero de momento nos alejó de lo esencial, del verdadero objeto de estudio: el espacio terrestre, al que no volvimos, y en una difícil aproximación sucesiva, sino hasta principios de la década de los ochenta.

 

Fue entonces, y sólo entonces, que el terreno volvió a quedar preparado para retomar el problema del tiempo terrestre, dado que el mismo no es sino una propiedad del espacio.  Con tal concepto nos encontramos, como ya lo dijimos más arriba, en 1994; pero no es sino hasta hoy, 2010, que nos hemos dado cuenta del verdadero problema: 1) tenemos perdidas 12 horas; 2) o bien, tenemos ganadas 12 horas; o, en su caso, 3) tenemos que aceptar que el tiempo terrestre está formado de tres días que concurren simultáneamente; o, finalmente, 4) que el control del tiempo terrestre, por 126 años, ha estado mal planteado y, para las necesidades del siglo XXI (nosotros lo vimos ya en el caso de Internet) requiere de una modificación.

 

Este problema, propiamente, no lo estamos descubriendo nosotros, tuvimos que ponernos a su investigación, y de ello resultaron dos cosas extraordinariamente interesantes: 1) que nos encontramos en Internet, al respecto, los escasos artículos que a continuación se refieren; pero, 2) en todos ellos, sus autores no son lo que pudiera reconocerse como especialistas en la materia (geógrafos o algo afín); y de ahí que, quizá por ello, ahí donde sus agudas observaciones perfilan o revelan el problema, ello no han impactado ni en la comunidad científica, ni en la sociedad en su conjunto.

 

Sin embargo, el problema es, eminentemente, geográfico, y, por lo tanto, en nuestras manos adquiere otra dimensión: esto es, obligada, necesariamente, tiene que resolverse.  Y no sólo por el problema teórico que representa, lo cual bien es secundario, pues la sociedad internacional ha podido vivir siglo y cuarto con ello; sino porque en el mundo de la tecnología de las comunicaciones actuales, esa estructura de la medición del tiempo terrestre, ya va a comenzar a crear problemas económicos de orden financiero y comercial.

 

Al 9 de noviembre de 2010, en la red internacional, mediante el concepto de “medición del tiempo terrestre”, al respecto básicamente encontramos sólo nuestro propio artículo más arriba referido; pero en el concepto de “Línea Internacional del Cambio del Tiempo”, encontramos ya los siguientes artículos tratando el tema:

 

 

1 es.wikipedia.org/.../Línea_internacional_de_cambio_de_fecha.

Ofrece sólo la explicación formal desde los antecedentes históricos, sin ninguna problematización.

 

2 es.wikipedia.org/wiki/Horario_universal.

Aquí sí ya se plantea el problema en su justa dimension, más aún, se explica el papel del “Tiempo Universal Coordinado” (UTC), que basado en el reloj atómico y teniendo como referencia la media noche, a partir de 1972 sustituyó la referencia del Meridiano de Greenwich.

 

3 redescolar.ilce.edu.mx/educontinua/geografia/.../interior.html.

Trata brevemente el problema sin mucha claridad.

 

4 redescolar.ilce.edu.mx/educontinua/geografia/.../interior4.htm.

Complemento de la anterior, nos revela la modificación que ya en 1995, se hace en Kiribati un desplazamiento hasta por 3000 km de la LICT.

 

5     gatomontes.com.co/.../Línea_internacional_de_cambio_de_fecha.pdf.

       No trata en sí el problema, pero lo referimos dado el comentario que hace de los casos de la novella de Julio Verne de “La Vuelta al Mundo en 80 Días”, y el anécdota del Diario del Períplo de Magallanes, desfasado un día respecto de la fecha del día de su arribo a España de regreso.

 

6     www.genciencia.com/.../la-linea-internacional-de-cambio-de-fecha-y-willy- fog.

       Una página que se preciaría de ser especializada, da un tratamiento divulgativo y formal al tema.

 

7     es.wikipedia.org/wiki/Meridiano_de_Greenwich.

       Documentada explicación formal acerca del Meridiano de Greenwich.

 

8     www.comoves.unam.mx/.../observatorio.html.

       Artículo profuso en datos sobre el tema, aun cuando no problematizándolo.

 

 

Originalmente habíamos seleccionado cerca de 25 artículos alusivos al tema, luego, al revisarlos, hicimos una depuración a los 8 antes relacionados, y en los que destaca: 1) que el tema, de por sí, es poco tratado, pero más aún, casi no problematizado; 2) sólo una fuente plantea realmente el problema (es.wikipedia.org); 3) lo escasamente cuestionado resulta ser apenas un vago enunciado del problema; y 4) no hay un planteamiento especializado riguroso acerca del caso.

 

La segunda referencia relacionada es la única que realmente plantea el problema: “Es evidente –se dice en dicha fuente– que si los días comienzan a las 12 de la noche en dicha línea, también las horas de cada día comenzarán allí.  Es por esta razón por la que se indica en el artículo sobre la UTC (Universal Time Coordinated) que la hora de Australia es UTC+7.  Si un día cualquiera está comenzando a las 12 de la medianoche en la UTC (es decir, en el meridiano de Greenwich) y queremos saber la hora de Australia (islas Christmas) sólo tendremos que sumar 7 horas, es decir, que en Australia serían las 7 de la mañana de ese día que está comenzando en la UTC.  Ello equivale a decir que en los países que tienen longitud oriental (entre el meridiano de 180º y el de Greenwich) sale el sol antes que en el meridiano de Greenwich, por lo que no se podría emplear a este último como el meridiano origen para contar el comienzo de los días.  Los horarios de ferrocarriles y de aviones en todo el mundo usan este horario universal que comienza en la línea internacional del cambio de fecha” (es.wikipedia.org/wiki/Horario_universal).

 

Resulta, pues, que el problema ya había sido visto en algún momento, pero no fue sino hasta 1972 que se la intentado darle una solución, mediante la propuesta del “Tiempo Universal Coordiando” (UTC, por sus siglas en ingés), que es una referencia próxima a Greenwich (para efectos prácticos identificable), con la diferencia real de que, mientras el Tiempo Medio de Greenwich (TMG) opera a partir del medio día, el Tiempo Universal Coordinado (UTC), opera a partir de la media noche.  De modo que España tendría el horario UTC+1; Cuba, UTC-5; México, el UTC-6-7-8; la UTC sobre el Antemeridiano, sería UTC-12.  Es decir, que lo que se intentó, fue suprimir esas 12 horas que, o nos faltaban, o nos sobraban.  La solución parecía ingeniosa, pero cuando el Meridiano UTC-0 cruza geográfico-físicamente la media noche, nuevamente a partir de ahí se iniciará el día, y, por lo tanto, la Línea Internacional del Cambio del Tiempo carecería de sentido, y sin embargo, no ha sido así, por lo que en realidad esas 12 horas en más o menos siguen flotando y el problema no ha sido resuleto.

 

Entonces, todo el problema se reduce a un control politico del tiempo terrestre; luego entonces, el que ahí donde nace el día, debe a su vez inciar la medición del tiempo horario, requerirá de una solución política.  Entre tanto, ese ya es un factor más que lastra el desarrollo económico, y con el tiempo, y a no mucho, se agudizará esa contradicción.

 

Por lo pronto, esto no invalida lo dicho en nuestro artículo“Origen de la Medición del Tiempo Terrestre Absoluto”, ahí estamos en lo correcto: el día empieza a las 00:00 h en el Antemeridiano; pero, evidentemente, lo expuesto ahora en este artículo, lo complementa y precisa, pues, cierta y sorprendentemente, hemos vivido por 125 años con un error en la medición del tiempo terrestre en que, o nos han sobrado, o nos han faltado 12 horas, al ocurrir el fenómeno del amanecer dos veces de un mismo día: una a las 00:00 h en el Antemeridiano, y otra, a las 00:00 h en el Meridano de Greenwich.  Pero el siglo XXI no puede seguir en ese absurdo.

 


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9 septiembre 2010 4 09 /09 /septiembre /2010 08:00

Cronómetro en EspiralEl Origen de la Medición

del Tiempo Terrestre Absoluto.

 Artículo, 2010.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica,

http://espacio-geografico.over.blog.es/;

México, 09 sep 2010.

 

 

                              Línea Internacional del Cambio del Tiempo (o fecha): Línea, con algunas adecuaciones, generalmente coincidente con el meridiano de 180º, o Antemeridiano.  Propuesta por Sandford Fleming en 1879, fue determinada en su función de ser la referencia en el cambio de fecha, en la Convención Internacional de 1884, en la cual, a su vez, se estableció el Meridiano de Greenwich como meridiano de origen del sistema de coordenadas geográficas.

  

                              Siendo media noche, o las 0:00 horas, en el Antemeridiano a los 180º de longitud, o sobre la Línea Internacional del Cambio del Tiempo (LICT). Cuando la LICT se ha desplazado 90º y son sobre ella las 6:00 h, esa cuarta parte de la Tierra ha transitado al nuevo día, y las restantes tres cuartas partes de la Tierra permanecerán en el día anterior.  A las 12:00 h sobre la LICT, cuando ésta se ha movido 180º, la mitad del mundo está ya en el nuevo día, y la otra mitad permanece en el día anterior.  A las 18:00 h, tres cuartas partes están en el nuevo día, y una cuarta parte permanece aún en el día anterior.  Tras un giro de 360º, la LICT se encuentra nuevamente a media noche, y el proceso se reinicia con un nuevo día.

  

                              Resulta que el fenómeno es complejo, de modo que si la interpretación sea en el sentido de que el origen del día ocurre en el Meridiano de Greenwich a los 0º de longitud, esto es, cuando en el Meridiano de Greenwich son las 00:00 h; en este caso el mismo Meridiano de Greenwich operaría como Línea Internacional del Cambio del Tiempo (justo lo que se quería evitar y motivó la Convención Internacional de 1884), pues con ello se tendrían tres fechas distintas: 1) la que se inicia tras el Meridiano de Greenwich, y entre éste y la media noche; 2) la que corresponde a la región del planeta entre el lapso de la media noche y el medio día, o, más propiamente dicho, a la posición del Antemeridiano; y 3) la fecha tras el salto de la Línea Internacional del Cambio del Tiempo si ésta se deja sobre el Antemeridiano (evitando el cambio de un día a otro sobre el Meridiano de Greenwich).

 

                              En la interpretación correcta, se tiene que: cuando en el Antemeridiano son las 00:00 h, está por iniciar el día “A”; y en el Meridiano de Greenwich son las 12:00 h de día “B” (en ese preciso momento, en todo el planeta).  Así, cuando la Tierra ha girado 180º y ahora en el Meridiano de Greenwich es la media noche, en una mitad el planeta tras el Meridiano de Greenwich hasta el Antemeridiano, rige el día “B” feneciente; y en la otra mitad tras el Antemeridiano y hasta el Meridiano de Greenwich en la posición de media noche, rige el día “A” en desarrollo; y, entonces, un momento después, el Meridiano de Greenwich transita a dicho día “A”.  Hay así, pues, sólo dos fechas, la del día “A” y la del día “B”. 

 

                              El problema, pues, implica la descomposición de este proceso en dos nociones: 1) el origen del tiempo terrestre o del día, en el Antemeridiano asociado a la Línea Internacional del Cambio de Tiempo; y, 2) el origen de la medición del tiempo terrestre, asociado éste, al Meridiano de Greenwich.  De modo que, a las 00:00 h en el Meridiano de Origen de las longitudes, son, en el Antemeridiano, las 12:00 h Tiempo del Meridiano de Greenwich (TMG).  Con el hecho curioso en este punto, de que el Sol brilla, no al medio día de un día, sino al medio día de dos días distintos (“A” y “B”) simultáneos a cada lado de la Línea Internacional del Cambio del Tiempo.

 

                              En conclusión, el momento absoluto del inicio del tiempo terrestre, ocurre a la media noche en el Antemeridiano en calidad de Línea Internacional del Cambio del Tiempo, inmediatamente después a las 12:00 h, TMG; esto es, a las 00:00 h TMG.




 

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18 marzo 2010 4 18 /03 /marzo /2010 09:03

Barimagnetoide Historia Mínima, de la Mínima Historia
de los Globos Terráqueos.
Articulo, 2010 (3/3)

Dr.Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geográfico.over-blog.es/

México, 25 mar 10.

  

                              Finalmente, poco después, aparece ya el Globo Terráqueo de Gerardo Mercator, de 1541.

 

 GT Mercator 1536

 

Globo Terráqueo de Gerardo Mercator de 1536.

[Fuente: www.1worldglobes.com/1WorldGlobes/GLAM/

glam002w.htm]

  

Quizá pudiera decirse de él, <<un Globo Terráqueo ya como cualquier otro de nuestros días>>, pues qué más pudiera tener.  Y, sin embargo, lo tuvo.  Aun cuando lo tuvo en otros modelos de trabajo: ello fue el trazo persistente de lo que Mercator llamó “líneas directio”, o “líneas plaga”; esto es, la loxodrómica (de loxsz, oblicuo; y drome, curso), línea en espiral descubierta por el geógrafo portugués Pedro Nuno en 1546, y cuya propiedad es intersectar todos los meridianos con el mismo ángulo; o la ortodrómica (orto, recto; y drome, curso); de donde, a fuerza de ello, de la observación, del análisis y la medición, pasó de lo pseudoconcreto (el globo Terráqueo), a lo abstracto (el mapa); y con ello volvió a una nueva síntesis (a lo concreto pensado en una faceta sutil de mayor complejidad acerca de las propiedades del espacio terrestre), en la Carta en Proyección Cilíndrica Tangente Conforme que lleva su nombre, construida en 1561; fundamental para la navegación marítima o aérea, en los grandes viajes propios a nuestro tiempo.

 

Hasta entonces, la preocupación había sido el reducir las deformaciones en el mapa; a partir de ahí, eso ya se entendió como condición ineludible de todo mapa (ya fuese en forma, equivalencia de superficie, alteración de distancia u orientación, o rompimiento de la continuidad), siendo sólo asunto de buscar lo conveniente; y ahora, a partir de Mercator, esas deformaciones se empiezan a producir deliberadamente mediante cálculo, en la búsqueda de imperceptibles propiedades del espacio real, reflejados en el espacio pensado, y en este caso con Mercator y su Proyección Cilíndrica Tangente Conforme: que la ruta más corta entre dos puntos en la esfera, era, representada en el mapa, no una recta, sino una curva.  O dicho al revés, que la condición para que la distancia entre dos puntos en la esfera fuese recta, representada en el mapa, había que deformar dicho mapa.

 

Pero, para terminar esta historia mínima de la mínima historia de los Globos Terráqueos, el siguiente problema de la modelación del espacio geográfico, ya en el Globo Terráqueo mismo, o bien en la Carta Geográfica, se dio, casi un siglo después, con la problemática planteada con la física newtoniana: la Tierra no podía ser una esfera perfecta, sino un elipsoide de revolución de eje ecuatorial mayor al eje de rotación.

 

 O, acaso su mecánica se comportaría como lo planteaba Cassini: alargándose el elipsoide en el eje de rotación.  Y para resolverlo, la Tierra tuvo que volver a ser medida, ahora con instrumental de mayor precisión; y tuvo razón Newton: el eje del ecuador (en los valores actuales), de 12,756.274 km, resultó ser mayor al eje de rotación, de 12.458.24, por 298.25 m; y con ello, el nuevo modelo de la Tierra como elipsoide de revolución, estuvo vigente por tres siglos, hasta que, hacia el último cuarto del siglo XX, la nuevas mediciones mediante satélites artificiales, corroboró lo que ya las mediciones de los geodestas revelaban: que la Tierra no tenía una forma regular (de hecho hoy se considera que es triaxial), y que la distribución de su masa tampoco era uniforme, de modo que su campo gravitatorio está formado por múltiples anomalías.  Con ello, así como del modelo del esferoide se pasó al del elipsoide, ahora del modelo del elipsoide, se pasó al modelo del geoide.

 

grace-geoid-europe 

 

Geoide, NASA

[Fuente: http://nacc.upc.es/tierra/node10.html]

 

 

Finalmente, cuando en 1994 editamos un agridulce libro (demasiadas fallas, aun cuando en general un buen planteamiento de nuestras ideas de la Geografía), al que le pusimos por titulo“Geografía Básica”, elaboramos para él un par de ilustraciones, una acerca del geoide de fines del siglo XX, al que pusimos por nombre “Globúnculo, o Globoide”, en razón de ser un Globo Terráqueo hecho en función de la distribución de su campo de gravedad.

 

 

Globoide 

“Globoide”, 1994; Hernández Iriberri, Luis Ignacio; Geografía Básica, Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía; México, 1994, p.194]

 

 

Y la otra ilustración en el mismo documento, fue el Globo Terráqueo del siglo XXI, al que denominamos “Barimagnetoide”, en función de integrar en su formación ya no sólo el campo de gravedad, sino el campo magnético.

 

 

 Barimagnetoide

“Barimagnetoide”, 1994; Hernández Iriberri, Luis Ignacio; Geografía Básica, Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía; México, 1994, p.195]



 

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18 marzo 2010 4 18 /03 /marzo /2010 09:02

 

grace-geoid-europeHistoria Mínima, de la Mínima Historia
de los Globos Terráqueos.
  Artículo, 2010 (2/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
“Espacio Geográfico”
, Revista Electrónica

de Geografía Teórica
http://espacio-geografico.over-blog.es/;
México, 22 mar 10.

       

El Globo Terráqueo de Vespucio, es aún una mezcla de la idea del viejo mundo con la del nuevo mundo; o, dicho de otra manera, es el nuevo mundo con la representación, aún, de la Cuarta Península.  Vespucio no elimina la Península de Cattigara –como en un momento dado lo llegamos a pensar al ver su Mapamundi–  Pero al reconstruir su posible Proyección de Husos a partir de su Mapamundi, caímos en cuenta de que Cattigara aún estaba presente.  Pero eso fue lo último que quedó del viejo modelo del mundo.

 

Y así se regresa, de Toscanelli a Behaim, con la Proyección Trapezoidal de aquel, a la Proyección de Husos y Globo Terráqueo construido con base en ella, por éste último.

 

Por eso la historia de los Globos Terráqueos es una mínima historia; pero profundmanete significativa.  Si el Globo Terráqueo de Crates había dado una hipótesis geográfica por simetría, el Globo Terráqueo de Behaim se convertía en argumento científico para la demostración dela tesis colombina del espacio terrestre.  Y este proceso culminó con la Proyección de Husos de Vespucio, con la cual se construye su Globo Terráqueo del nuevo mundo.

 

La tesis colombina se fundaba en una premisa falsa: el valor del perímetro de la Tierra dado por Estrabón.  La hipótesis de alcanzar el oriente por la ruta de occidente, resultó, en consecuencia, por lo menos, parcialmente falsa.  Para acabar de entender la situación geográfica confusa y controversial suscitada entre los siglos XIV y XV, se necesitaba de otra hipótesis: la de que el perímetro de la Tierra debía ser mayor, tal como Eratóstenes y Posidonio lo habían calculado.

 

La hipótesis como tal no se formuló públicamente por ningún autor; si acaso Vespucio se la formuló en lo íntimo; y simplemente, de pronto, al parecer de manera empírica, dada la fuerza de los hechos acumulados durante diez años de exploracione, brotó como un hecho de evidencia a la vista de Américo Vespucio; y su “¡Eureka!” fue: “He descubierto la cuarta parte del mundo”, expresado en su carta conocida abreviadamente como la Lettera, de 1504, a su amigo Piero Soderini.  Ese descubrimiento ocurrió necesariamente entre 1502 y 1504; y nos atrevemos a afirmar que lo fue desde el moemnto mismo que elaboraba su Mundus Novos, de 1502, dirigido a Lorenzo de Médicis; pues a tal documento acompañaba dos cartas geográficas fundamentales: 1) su Mapamundi, del cual Walseemüller nos presenta el hemoisferio en el que se representa el problema; y, 2) su Proyección de Husos para construir el nuevo Globo Terráqueo, representación del nuevo mundo.  Lo veraderamente extraño, es que se “¡Eureka!”, no es exactamente desde entonces, sino sólo dos años después.
 

El siguiente Globo Terráqueo, data de 1520, construido por Johann Schönner.  Básicamente es la reproducción del Globo Terráqueo de Vespucio de unos tres lustros atrás.


 

                              Una década después, en 1530, se tiene un nuevo Globo Terráqueo, aun cuando de autor anónimo, si bien Mario Ruiz Morales; del Instituto Geográfico Nacional Portugués, quien hace un excelente estudio muy detallado acerca de este Globo, lo atribuye a Gemma Frisius, de lo cual tampoco dudaríamos.  En realidad tiene inscrita la fecha “1530”, pero dicho autor llega a considerar que la fecha real de su construcción posiblemente sea posterior, hasta de 1536.  Es un Globo Terráqueo de unos 50 cm de diámetro (3 m en perímetro), incluso metálico dorado, y por ello de carácter monumental, con los mares en bruñido y los continentes pulidos, tiene ya por Meridiano de Origen el Meridiano de Hierro en las Azores, toponimios latinos, la representación de los Trópicos y los Círculos Polares, graduación del sistema de coordenadas, medición de las longitudes en valores acimutales; y, basado, al parecer, en el mapa de Verrazano de 1529, ha desaparecido en él, finalmente, la mítica Península de Cattigara (América confundida con ella desde los tiempos de Ptolomeo).  También es conocido como el Globo Terráqueo “de Carlos V”, dado que a él fue obsequiado.

 

 

GT Carlos V 1530 

Globo Terráqueo “de Carlos V”, de 1530-1536. 

[Fuente: Ruiz Morales, Mario; Instituto Geográfico Nacional Portugués 

http://www.mappinginteractivo.com/plantilla-ante.asp?id_articulo=1587#0]

 

 

El que se haya construido en metal, deja entrever el carácter profundamente simbólico que su autor veía en ello: era la consolidación, para el fin de los tiempos, que consumaba el conocimiento geográfico del mundo.  Y enfatizamos esas últimas palabras, porque ello no es un decir simple; no lo puede ser, por lo menos, para quienes somos geógrafos.  Ciertamente, el “geógrafo fenomensita” verá en ello una curiosidad más en su saber enciclopédico (y, saber, por lo demás, exclusivamente reducido a eso); una “cápsula cultural” más de su ciencia divulgativa.  Pero no así para la geografía científica, para la cual, la consumación del conocimiento geográfico del mundo, en ese, y sólo en ese contexto histórico, significaba no sólo la solución a un problema geográfico práctico fundamental que ya duraba quince siglos, y que particularmente atormentó a los estudiosos de esta ciencia en los últimos dos de ellos, todo lo cual, que no es poca cosa; sino que ello, elaborado sobre la base del largo y difícil conocimiento precedente, asentaba las bases para el futuro nuevo conocimiento científico geográfico del mundo; en lo que, precisamente, por ese mismo proceso histórico ascendente del conocimiento se conoce como el conocimiento positivo (el cual nada tiene que ver con el concepto de la “filosofía positivista”).

 

Así como el Globo Terráqueo de Vespucio de un cuarto de siglo atrás, lo fue del cierre de una etapa de la historia del conocimiento geográfico.  El Globo Terráqueo “de Carlos V”, lo fue de apertura e inicio de una nueva etapa histórica de dicho saber.  Luego se reporta la existencia de otros Globos Terráqueos, de Roberto Bailly, de 1530, de George Hartman, de 1536, y de la misma fecha, de Gemma Frisius.  En la imprecisión  de las fechas específicas de la construcción de todos ellos, son prácticamente simultáneos al Globo Terráqueo “de Carlos V”, y todos ellos en el mismo espíritu renacentista de la representación del nuevo mundo.     

 


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18 marzo 2010 4 18 /03 /marzo /2010 09:01

Globo-Terraqueo-Elegante.jpg Historia Mínima, de la Mínima Historia
de los Globos Terráqueos.
  Artículo, 2010 (1/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri  

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica
de Geografía Teórica
http://espacio-geografico.over-blog.es/;
México, 18 mar 10.

 

 

 

En el momento en que el primer homínido (muy probablemente un neanderthal avanzado, o ya el primer cro-magnon), se detuvo a reflexionar, una necesaria primer pregunta que se habría hecho –tal como cualquiera de nosotros  en nuestra primera infancia–, es: <<Por qué es todo cuanto me rodea, e incluso yo>>; y como una reflexión derivada de ello buscando esa misma respuesta –y en una formulación más simple–, bien se pudo haber peguntado: <<Cómo es, de conjunto, todo este mundo que me rodea>>; y más aún: <<En todo este mundo que me rodea, qué lugar ocupo yo>>.

 

La simple percepción que tuvo de ese mundo, ya formo inicialmente su visión del cosmos, su visión del orden y belleza del mundo que le rodeo.

 

Esa cosmovisión dio paso a la reflexión sobre todas las cosas singulares del mundo, empezando por tratar de entender la magnitud (el tamaño), del “recipiente” de todas las cosas (hoy diríamos: <<el medio de sustentación coexistente>>).  Y con ello había nacido la primer noción del espacio.  El futuro desarrollo de esa reflexión sobre cada una de las cosas singulares, daría lugar al surgimiento y formación de las ciencias especiales básicas y derivadas, y entre ellas, de la Geografía como reflejo acerca de ese espacio.

 

Un primer modelo de tales posibles cosmovisiones, lo tenemos en el llamado Perimetrón, de Anaximandro, del siglo VI ane.  En él, se ve qué difícil es imaginar a la Tierra como una esfera.  Pero se ve el horizonte, y se aprecia una curvatura.  Mas en el Perimetrón, esa curvatura aún no será de la esfera, sino del mismo plano.  Ese plano, era evidente, tenía un volumen; y Anaximandro no lo pudo imaginar entonces, sino como un cilindro en cuya superficie vivimos.  “Más allá”, estaban las nubes y los astros, como envolviendo o conteniendo ese mundo de las cosas inmediatas.  Incluso las nubes, para los griegos, formaban parte del espacio cósmico, o exterior al espacio terrestre, dado en la superficie del Perimetrón.

 

Transcurrieron dos siglos para que cambiara el modelo, hasta que Aristóteles en el siglo IV ane, planteara empíricamente que esa curvatura del horizonte, no era de un disco plano, sino de una esfera; y un siglo más después, Eratóstenes, finalmente, lo pudo demostrar, obteniendo incluso el valor del perímetro de la esfera.  Y así, de una cosmovisión muy generalizada, se evolucionó en el conocimiento de las cosas singulares a través de las ciencias especiales, formadas ya en el Liceo de Aristóteles.  Una de esas cosas singulares, entre un infinito de ellas, lo fue, desde el primer momento, el espacio; lo mismo abordado por filósofos, que por físicos, matemáticos…, y geógrafos.

 

Prácticamente reunidos todos en uno solo: el filósofo, en una época en que, dado el poco desarrollo, no obstante, de los conocimientos especiales, un solo individuo podía abarcar una amplia diversidad de los mismos; y aún así, Aristóteles fue el último de aquellos; y con Dicearco, su discípulo en el Liceo, se inició el conocimiento especializado en el espacio terrestre, uno de cuyas primeras tareas fue, sin éxito, resolver el valor del perímetro de la esfera terrestre.

 

Un siglo después, cuando Eratóstenes descubre el método para determinar ese valor, a partir de ahí, comienza el estudio científico de dicho espacio terrestre, naciendo con ello lo que el mismo Eratóstenes llamó: Geografía.  Y en ese proceso, el siguiente paso consistió en resolver la representación de la superficie de la esfera (o de ese espacio terrestre esférico), en la transformación matemático-geométrica rigurosa en un plano; y así apareció, con Hiparco, el primer intento en la cuasiproyección cartográfica equirectangular, en la lógica correcta de la representación del ecuador en el perímetro verdadero a escala, y el Meridiano Central, como el valor de un medio del mismo.  Más allá de esa línea comienza a darse una deformación de la distancia y superficie, dado que los paralelos, debiendo corresponder cada vez a círculos menores, siempre son iguales al ecuador.

 

A partir de ese momento, toda la historia de la cartografía como historia de la representación rigurosa del espacio terrestre; y por lo tanto, como historia del objeto de estudio mismo de la Geografía y en ese sentido historia de ella misma; consistió en resolver la transformación de la esfera en un plano, evitando las deformaciones posibles.

 

Esa fue una dirección del conocimiento geográfico, pero, paralela, quedó pendiente otra, la inversa: el volver del plano a la esfera, construyendo un Globo Terráqueo de manera científica rigurosa.

 

Con el Globo Terráqueo de Crates del año 150 ane, se conserva el primero conocido de ellos, al parecer, construido empíricamente; esto es, tomando la esfera ya dada, y dibujando sobre ella.  El Globo Terráqueo de Crates, no es, por ello, de la mayor complicación y detalle; representa apenas la distribución del Ecumene, y las otras masas de tierra continentales: Antecos, Periécos y Antípodas, que necesariamente habría de existir, dada la noción de simetría de los griegos, a manera de “contrapeso”.

 

 Globo Terráqueo de Crates

Globo Terráqueo de Crates, 150 ane.

[Fuente: Vivó Escoto, Jorge A; Geografía Física; Editorial Herrero, México, 1975]

 

Luego llegó Estrabón, y con él la distorsión del conocimiento geográfico científico, que llevó a la Geografía, en el curso de los quince siglos siguientes, de sierva del Imperio (por lo cual, dice Estrabón: “…la mayor parte de la geografía está referida a la vida y a las necesidades del orden de gobierno”[1]), a sierva de la teología (el espacio geográfico como el Tabernáculo sagrado del Arca, y la distribución del mundo en representación de la cruz cristiana); y en ese proceso, del conocimiento del espacio geográfico esférico y la cartografía proyectiva, se pasó de nuevo a la noción del espacio geográfico plano y los mapas abstractos.  Hasta que en el desarrollo del Renacimiento, se rescata a aquella Geografía científica clásica griega, dada en Eratóstenes, Hiparco, Crates, y Ptolomeo, y se reinician los trabajos para dar solución a los problemas del conocimiento geográfico riguroso planteado por ellos.

 

El Globo Terráqueo de Vespucio, es aún una mezcla de la idea del viejo mundo con la del nuevo mundo; o, dicho de otra manera, es el nuevo mundo con la representación, aún, de la Cuarta Península.  Vespucio no elimina la Península de Cattigara –como en un momento dado lo llegamos a pensar al ver su Mapamundi–.  Pero al reconstruir su posible Proyección de Husos a partir de su Mapamundi, caímos en cuenta de que Cattigara aún estaba presente.  Pero eso fue lo último que quedó del viejo modelo del mundo.

 

 Proy Husos Original de Vespucio, en Waldseemuller 2

Globo Terráqueo de Vespucio, de 1504,

 en su Proyección de Husos original.

[Fuente: Bruna, Luna; Las Cosmografías y Atlas de los siglos XVI y XVII;

http://valdeperrillos.com/books/pasos-perdidos/cosmografias-atlas-siglos-xvi-xvii]

 

 

El siguiente Globo Terráqueo, data de 1520, construido por Johann Schönner.  Básicamente es la reproducción del Globo Terráqueo de Vespucio de unos tres lustros atrás.

 

 Mapamundi-del-GT-de-Schoner--1520

Globo Terráqueo de Johann Schönner, 1520.

En la representación de su Mapamundi.

[Fuente: Garay, Francisco; 


[1]      Estrabón; Geografía, Prolegómenos; Editorial Aguilar, México, 1980; p.18.


 

 

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24 enero 2010 7 24 /01 /enero /2010 09:10

El Mapamundi de Américo Vespucio:
el Descubrimiento de la “Cuarta parte del Mundo”,
y la Verificación Científica del Nuevo Mundo,
por Exclusión.

Ensayo, 2010 (10/10).
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri  
Espacio Geográfico”, Revista Electrónica
de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 25 feb 10.

 

 

Ya no ahora un historiador, sino el geógrafo Maguidóvich, en su obra: “Historia del Descubrimiento y Exploración de Latinoamérica” (1965), al tratar este tema, nos da la cita textual de lo que Vespucio declaró a Lorenzo de Médicis en 1503:”Estas tierras deben llamarse Nuevo Mundo...  La mayoría de los autores antiguos es de la opinión de que al sur del Ecuador no hay ningún continente...  Y si algunos de  ellos afirmaban que existía alguno, lo creían deshabitado.  Pero mi última navegación ha demostrado que esa opinión suya es errónea..., ya que en las zonas meridionales he encontrado un continente poblado más densamente de personas y animales que nuestra Europa Asia o África...”[1].

 

Lo primero que resalta, es que no está reclamando para sí ninguna gloria pretendiendo supuestamente apropiarse del descubrimiento.  Se debe llamar Nuevo Mundo, porque es un continente nuevo, que muchos suponían no existiría, y los que lo aceptaban, que por lo menos no estaría habitado; y he aquí que Vespucio descubre ese continente más habitado que Europa...; o dicho con otra sintaxis equivalente; <<descubre que ese continente está más habitado...>>.

 

Luego, inevitablemente, va a la Lettera que llega a manos de Waldseemüller en 1507, y a lo que éste concluye; pero Maguidovich da otra respuesta al asunto, y comentaremos esta cita por sus dos partes: “Es poco probable que, con esa declaración, Waldseemüller quisiera empequeñecer en algo la gloria de Colón.  Él creía, lo mismo que otros geógrafos el siglo XVI, que Colón y Vespucio habían descubierto tierras nuevas en distintas partes del mundo”[2].  Lo dicho por Maguidóvich pudiera considerarse posible, pero la verdad, la debilidad del juicio nos suena más a argumento de justificación; con el mismo peso podría decirse exactamente lo contrario.  Lo interesante de esta parte de la cita, es que Maguidovich, como geógrafo, parece estar del lado de los historiadores “americanistas”.

 

Pero la segunda parte de la cita es la relevante, y dice Maguidovich: “Colón había ampliado la exploración del Viejo Mundo: Asia tropical del Este.  Vespucio, por el contrario, “había descubierto la cuarta parte del mundo”, el Nuevo Mundo, desconocido por los “antiguos”, continente que se extendía a ambos lados de Ecuador, lo mismo que África, pero separado de ésta por el Océano Atlántico”[3].

 

Lo primero que comentaremos, es que nuestra explicación es muy semejante a su opinión, pues para nosotros, el mérito de Colón, fue el descubrimiento de la Ruta al Oriente, por la Ruta de Occidente.  Y el de Vespucio, el “descubrimiento de la cuarta parte del mundo”; sólo que con la significativa diferencia, de que mientras para Maguidóvich esa “cuarta parte del mundo” vuelve a ser, sin una justificación clara y racional, lo que para los demás: “el Nuevo Mundo, desconocido por los “antiguos”, continente que se extendía a ambos lados de Ecuador...”; para nosotros, esa “cuarta parte del mundo” es una parte del espacio geográfico o terrestre sustraída del perímetro de 40,000 km.  De donde, por lo demás, al separar Vespucio el Nuevo Mundo colombino de Asia, no sólo desaparecía la Cuarta Península, sino, por exclusión, daba lugar geográfico al nuevo continente; y ello constituye la argumentación del duodécimo elemento de la tesis.

 

                               Y este último elemento de la tesis por la cual afirmamos que: <<El descubrimiento de la “cuarta parte del mundo”, se refiere a los 10,000 km faltantes del perímetro real de la Tierra medidos por Eratóstenes>>, con el complemento de la separación de Asia del Nuevo Mundo descubierto por Colón, con el que no sólo desaparecía la Cuarta Península, sino, por exclusión, daba lugar geográfico al nuevo continente; consiste en mostrar tales hechos en el Mapamundi de Vespucio, que Waldseemüller representa en la parte superior de la orla del la Carta de Dié de 1507, frente al Mundo de Ptolomeo.

 

                              Que tal Mapamundi de Vespucio estuviese en dicha Carta, era un hecho perdido en el tiempo, pues hasta 1901, en el castillo Wolfegg, en Württemberg[4], fue que se encontró un ejemplar de la misma.  Hasta entonces, sólo se había conservado una reproducción del Mapamundi de Vespucio de 1507 y sin saberse que era de él, hecha por Stobnicza en 1512; extraído directamente de la orla, pero sin la efigie de su autor (en su contexto histórico, cuando los mapas de Waldseemüller aun circulaban en los cientos de ejemplares la Cosmographiae Introductio, pudiera aceptarse que ello fue una simple reproducción como muchas, sin la mala intención de plagio); y por lo tanto, atribuido por todo ese tiempo a aquél.

 

                              Y hacer una mínima reflexión sobre dicho Mapamundi de Vespuccio, será suficiente para poder entender, finalmente, que el descubrimiento del Nuevo Mundo; su invento (su invenio), incluso no como una “construcción” producto de la filosofía idealista subjetiva kantiana, ni como la “conceptuación del sentido del ser” igualmente  heideggeriana; no fue “un acto”, no fue un hecho de un momento; sino la objetiva dialéctica de un proceso que duró tres lustros; que se inició con Cristóbal Colón en 1492, y que culminó con el Américo Vespuccio de 1504, reconocido por Waldseemüller en 1507.  Más aún, nos permitirá entender la justedad colombina de la parte, y la americana del todo, finalmente corroborada por el geógrafo Gerardo Mercator en 1538.

 

                              Así, el centro geográfico de Saint-Dié, publica en 1507 una edición más de la Geografía de Ptolomeo con el título de Cosmogrphiae Introdutio; un texto en nueve capítulos, y una Carta Geográfica en particular, titulada: Universalis Cosmogrphia; a la que le acompañaba a aclaración: Secundum Ptholomaei Traditionem et Americi Vespucii Alioumque Ilustrationes.  Es decir, <<hecha según la tradición de Ptolomeo, y Américo Vespuccio en algunas otras ilustraciones>>.  Una carta proyectiva en Proyección Cordada, cuya singularidad es la representación simultánea de la enorme Península de Cattigara, y lo hasta entonces descubierto del Nuevo Mundo, que ya no se tomaba por Asia, sino que ya configuraba todo un nuevo continente.

 

                              En la parte superior de la orla, aparecen confrontados los mapamundis del Viejo Mundo de Ptolomeo, y el Nuevo Mundo de Vespuccio, acompañados con la efigie de sus respectivos autores.  Y es ese Nuevo Mundo de Vespuccio recogido por Waldseemüller, precisamente, el que nos interesa comentar, finalmente, aquí.

 

                              Hemos utilizado la expresión: “Mapamundi de Vespuccio recogido por Walseemüller”, porque dicho Mapamundi del Nuevo Mundo, fue elaborado por Vespuccio desde 1504, a partir de las deducciones de su último viaje; acompañando la carta enviada a Lorenzo de Médicis, conocida como la Lettera; la cual, poco después a su muerte, fue publicada, difundida y traducida ampliamente, llegando así indirectamente al Convento de Saint-Dié, hasta 1507.  Es decir, siendo Vespuccio ajeno a todo ello, incluso al hecho de que Waldseemüller colocara su nombre en el Nuevo Mundo.

 

                              Explicar aquellas posibles deducciones es importante para entender cómo es que hizo su descubrimiento de la “cuarta parte del mundo”.  Y ello, para 1502, al haber concluido su tercer viaje, era algo que ya saltaba a la vista: Vespucio dice haber recorrido entre Lisboa y las Malvinas, en sentido latitudinal, 90º (incluso si en vez de los 90º hubiesen sido, como se dice, sólo 85º, es lo de menos, y confirma el esfuerzo de abstracción implicado), una cuarta parte del mundo, que por geometría es necesariamente de 360º; luego entonces, los otros 90º para completar la distribución entre los polos, se repartía entre los 50º aproximados de Lisboa al Polo Norte, y los 40º de las Malvinas al Polo Sur; esto es, una distancia tan grande como la que físicamente había recorrido.  Bastó sólo pensar en el valor de la distancia recorrida equivalente a esos 90º, para entender que el doble daba la distancia entre los Polos, y nuevamente el doble, el perímetro real de la Tierra.  Y valorar que la distancia recorrida eran 10,000 km (en las unidades que fuesen), era algo evidente al medir “lo extenso de las playas del Nuevo Mundo” recorrido; algo astronómicamente “tan sencillo” como lo que ya había hecho Posidonio en la Antigüedad, y que Vespuccio logró, incluso, con un nuevo método por él inventado.

 

                               La determinación de la longitud se dificulta porque se carece de una referencia fija; y a Vespuccio, ya en su segundo viaje en 1500, se le ocurrió tomar por tal referencia, “ver de noche la posición de un planeta con otro, y el movimiento de la Luna con los otros planetas”[5]; que James Cook, admirado del método, se expresó diciendo que, “es el más invaluable descubrimiento que el navegante pudo haber realizado jamás...”[6], y lo bautizó con el nombre de “Método de la Distancia Lunar”.  Como quiera que sea, no debió diferir mucho de la realidad, o se hubiera perdido en su navegación.  Pero debió darse cuanta ahí, que los valores en longitud, no correspondían a los valores en latitud, apareciendo el mundo alargado en dirección de los polos como un ovoide.  La Tierra ha de ser esférica, luego entonces, para compensar, había que aumentar distancia en longitud...; y así apareció la “cuarta parte faltante del mundo”.

 

                              El hecho es que así pudimos conocer el Mapamundi de Vespuccio, en el que, finalmente, las tierras del Nuevo Mundo aparecen separadas de Asia; la Península de Cattigara deja de existir; se explica entonces el Paso del Sur por el Estrecho de Basmán de Marco Polo; “el estrecho do ir a las Molucas”, dirá Vespuccio; aparece por primera vez un gran océano nuevo, ya no sólo el Atlántico solapado a él, como ocurre en Carta de Toscanelli; que explica por qué el nombre en las cartas antiguas, de Sinus Mágnum; y ese océano, por último, se representa distribuido en un hemisferio de 180º, mediado entre las coordenadas acimutales del Mapamundi, de los 190º a los 280º; esto es, por una extensión en valores sexagesimales, de 90º; equivalente en valores centesimales, a 10,000 km.

 

                              Hacia el Oriente, más allá del Atlántico, en el hemisferio opuesto, estará el Viejo Mundo; del cual, si aún sobresale en buena parte el extremo de Asia por el Occidente, es como un resabio de la vieja cartografía que necesitó de extender Asia lo más que pudo, para poder explicar la representación de un mundo en el que las cosas no coincidían con la realidad.  Ese detalle, si bien quizá contribuyó a confundir desde entonces a los historiadores de la ciencia impidiéndoles ver lo que el Mapamundi realmente encerraba, carece de importancia.  A la buena observación le bastará entender que, como consecuencia de separar el Nuevo Mundo de Asia, no sólo el Sinus Mágnum aparece en su verdadera magnitud; sino que ello sólo podía ser posible, en un mundo con un perímetro de 40,000 km, y que, por lo tanto, lo que se representa ahí en 90º o 10,000 km adicionales, es lo que realmente Vespuccio descubrió, esa es: la “cuarta parte del mundo”.


[1] Maguidóvich, I.P; Historia del Descubrimiento y Exploración de Latinoamérica; Editorial Progreso; Moscú, 1965; p.104.

[2]   Ibid. p.105.

[3]   Ibid. p.105.

[4] En el proceso de búsqueda de información, consultamos el Sitio http://es.wikipedia.org/wiki/Américo_Vespucio; y en él se consigna que los cascos de impresión de la Carta habían sido encontrados en 1871, y un original de la misma Carta de Waldseemüller de 1507, apareció en 1900, encontrada por el profesor Joseph Fischer.

[5]  http://es.wikipedia.org/wiki/Américo_Vespucio

[6]  Ibid.


 

 

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24 enero 2010 7 24 /01 /enero /2010 09:09

 El Mapamundi de Américo Vespucio:
el Descubrimiento de la “Cuarta parte del Mundo”,
y la Verificación Científica del Nuevo Mundo,
por Exclusión.

Ensayo, 2010 (9/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri  

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica
de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/;  
México, 22 feb 10.

 

 

El verdadero descubrimiento de Vespucio:
 la “cuarta parte de la Tierra”

 

                              Hemos expuesto, pues, los elementos de la tesis por la cual afirmamos que: <<El descubrimiento de la “cuarta parte del mundo”, se refiere a los 10,000 km faltantes del perímetro real de la Tierra medidos por Eratóstenes>>.  Pero, habíamos dicho, todos su argumentos, por sí mismos, no son suficientes para la demostración completa, sino que es necesario que el sujeto del juicio de esa afirmación: <<El descubrimiento de la “cuarta parte del mundo”,... >>, se confirme con la calificación del predicado del juicio antecedente: <<Los 10,000 km faltantes del perímetro real de la Tierra medidos por Eratóstenes; tomados por el Nuevo Mundo, hacen caer en un absurdo, tanto en la actualidad, como en su contexto histórico>>.  Esto es, que habremos de argumentar demostrativamente ahora el juicio por el cual: << El descubrimiento de la “cuarta parte del mundo”, son los 10,000 km faltantes del perímetro real de la Tierra medidos por Eratóstenes; que tomados por el Nuevo Mundo, hacen cae en un absurdo, tanto en la actualidad, como en su contexto histórico>>.

 

                              Dicho de otro modo, si los 10,000 km del perímetro de la Tierra son esa “cuarta parte el mundo” descubierta por Vespuccio, evidentemente, esa “cuarta parte del mundo” confundida con las tierras del Nuevo Mundo, resultan en un absurdo.  Pero esa fue esa afirmación hipotética inicial, que ahora habrá que demostrar, y de ser ello suficiente, corroborará la veracidad de la tesis y, por lo tanto, de su demostración completa.

 

                              Lo esencial ahora será, entonces, argumentar lo absurdo de la identificación de esa “cuarta parte del mundo” con el Nuevo Mundo.

 

                              El primer absurdo es considerar que Vespuccio pretendía apropiarse del honor del descubrimiento del Nuevo Mundo: 1) cuatro años después de que fuese realmente Colón el que lo descubriera; 2) que fuese así, no sólo por su osadía de abrir la Ruta de Occidente y llegar nuevas tierras en general, sino por haber tocado tierras continentales ya en su tercer viaje, y haber reconocido ello un Nuevo Mundo; 3) de que fuese Colón el que así le denominara, “Nuevo Mundo”, constando en la carta a los reyes de España; 4) que para 1504, no sólo Colón o Vespuccio ya habían explorado buena parte de las costas de la masa continental, sino que otros españoles y portugueses a su vez ya lo habían hecho; y, 4) que ello fuese determinado por una carta dirigida a Soderini en 1504, y circunstancial e indirectamente hecha llegar a Saint-Dié hasta 1507.

 

                              Un segundo absurdo es considerar que la “cuarta parte de la Tierra”, fuese el Nuevo Mundo como “un cuarto continente”, luego de Europa, Asia, y África.  En todo caso, si ciertamente la asociación es válida, otra vez: ello sería atribuible a Colón, y un absurdo irrelevante que Vespuccio lo comentara con esa idea a Soderini, hasta 1504; cuando para entonces, el Nuevo Mundo era reconocido como una nueva tierra al oriente de la península de Cattigara (ni siquiera era reconocida como la Cattigara misma).

 

                              Será Vespuccio, precisamente, el que se dará cuenta de que esas tierras, que ese Nuevo Mundo colombino, primero, efectivamente no era Cattigara, y segundo, que por su extensión al sur, más lo recorrido por Vespuccio desde Lisboa, siendo en valores sexagecimales equivalente a 90º (una distancia que a su vez medía en valores equivalentes a los centecimales, en 10,000 km, más lo que había que sumar en dirección al Polo Norte, de donde, si el meridiano medía 20,000 km, por elemental y razonable simetría, la distancia ecuatorial en un hemisferio, será a su vez, del mismo valor; o, en total: 40,000 km).

 

                              Para concluir, demostremos ello observando y analizando el Mapamundi de Vesuccio que Walseemüller incluyó en la parte superior de la orla de la Carta de Dié de 1507, por el cual se deduce con toda evidencia que, por “cuarta parte del mundo”, Vespuccio se estaba refiriendo al nuevo dato: los 10,000 km faltantes al perímetro de Estrabón.  En la siguiente imagen se muestra la Carta de Dié, y en la parte superior de la orla, del lado izquierdo, a Ptolomeo y su mundo: el mundo antiguo; y a la derecha, a Vespuccio y su mundo: el Nuevo Mundo.

 

 Carta-de-Die-de-1507-de-Waldseemuller.jpg

Mapamundi de Vespuccio; en la orla de la Carta de Dié de 1507, de Martin Waldseemüller.

[Fuente: Fotografía: AISA.  Varela Bueno, Consuelo; Amerigo Vespucci, un Nombre para el Nuevo Mundo; Red Editorial Iberoamericana; México, 1991; p.108]

 

Mapamundi-de-Vespuccio.jpg
Mapamundi de Vespuccio, 1503; a los 90º del Océano Pacífico, se suman los 90º del Océano Atlántico, diferencia esencial con la Carta de Toscanelli de 1482; y desparece la Península de Cattigara[*], separada de Asia reconocida ya como el nuevo continente.
[Fuente: Fotografía: AISA.  Lucena, Manuel; Descubrimiento de América, Novus Mundus; Red Editorial Iberoamericana; México, 1989; p.55]
 

Así, de la imagen del Mapamundi de Vespucio arriba mostrada en un recorte y ampliación  (con la inclusión misma de la efigie de Vespucció), lo primero que una reflexión detenida nos permite descubrir, es que en él –una obviedad válida en el razonamiento–, se está representando todo un hemisferio en su extensión en 180º, con un canevá cuyo intervalo es de cada 10º; luego entonces, el Meridiano de Origen en el extremo oriental del Mapamundi (que en coordenadas acimutales tiene el valor de 360º), corresponde al parecer al Meridiano de las Canarias (o de otro modo se alcanzaría a ver la extremo occidental de África del Norte), y en los 180º en el extremo occidental, se tiene la Península de Malaca (particularmente representada al sur del ecuador, quizá para dar explicación con ello a la confusión con Cattigara, misma que desaparece del mapa).


                               Entre el Meridiano de Origen y la parte del Istmo de Panamá, se observa entonces una amplitud de 80º, prácticamente el valor de extensión para el Océano Atlántico sobre ese paralelo.  Luego hay 40º hasta la Península de Catay, 30º más hasta las costas de Manguí, y 30º más el extremo representado en la Península de Malaca; en total, 110º 
haciendo espacio suficiente para incluir el nuevo continente mismo que queda totalmente representado de norte a sur, y sin detrimento del Atlántico; es decir, agregando esa "cuarta parte del mundo" hasta entonces faltante, y no como ningún "Nuevo Mundo descubierto"; que, bien visto ahora, resulta en un evidente absurdo, ante un Mapamundi en un hemisferio de 180º, de una cartografía ya moderna: 1) desapareciendo Cattigara[*], que Américo Vespuccio ya la entiende como la nueva masa continental, anteriormente confundida con ella, y 2) no representando, por ninguna parte, el “Nuevo Mundo” colombino (como nuevas tierras al oriente de Cattigara), mismo que se identifica a su vez, con la masa continental finalmente reconocida íntegramente como tal.  Más aún, 3) donde su canevá está dividido con un intervalo de cada 10º, que abren el espacio suficiente, no sólo para representar el ya muy conocido, para 1504, Océano Atlántico; sino, 4) espacio suficiente, como "cuarta parte del mundo" faltante hasta entonces en el perímetro de la Tierra, para representar el mismo Océano Pacífico (Sinus Magnum, para ese entonces); no obstante, tolerando aún esa exagerada proyección de Asia en dirección al oriente, lo cual se hacía para tratar de ajustar la distribución continental al perímetro estraboniano.

 

Ese dato, producto de la observación, estuvo ahí, a la vista de todos, por cinco siglos.  Y luego de quinientos años, con satisfacción profesional, lo explicamos y damos a conocer aquí, saldando esa vieja poémica de los historiadores “colombinistas” de una parte, y “americanistas”, de otra, a la que la geografía fenomenista no le había prestado la menor atención; o, peor aún, interesándose en el hecho cual estraboniana historiadora; pero, como tal, completamente incapaz para poder reslover ese problema, que reclamaba de la observación desde una científica geografía espacista.

 

Dejemos pues, para un siguiente artículo, unas breves conclusiones.
___
[*]   Al reconstruir la Proyección de Husos de Vespuccio para la portada del Nº del 8 de marzo de 2010 de esta revista, nos dimos cuenta que tal hecho, al parece, no fue así; confusión dada por el Mapamundi en donde dicha península, con una orientación pronunciadamente noreste-suroeste, se pierde a la vista tras los 180º de longitud.  Parte de ello se explica por la representación que aún hace de ella Martín Walseemüller en su Carta de Dié de 1507 (y eso que incluso nos parecía un absurdo por parte de él, queda así aclarado).


 

 

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