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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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24 enero 2010 7 24 /01 /enero /2010 09:08

 El Mapamundi de Américo Vespucio:
el Descubrimiento
de la “Cuarta parte del Mundo”,
y la Verificación Científica
del Nuevo Mundo, por Exclusión.

Ensayo, 2010 (8/10).

 Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri  

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica
de Geografía Teórica
http://espacio-geografico.over-blog.es/;
México, 18 feb 10.

 

 

Ya no ahora un historiador, sino el geógrafo Maguidóvich, en su obra: “Historia del Descubrimiento y Exploración de Latinoamérica” (1965), al tratar este tema, nos da la cita textual de lo que Vespucio declaró a Lorenzo de Médicis en 1503:”Estas tierras deben llamarse Nuevo Mundo...  La mayoría de los autores antiguos es de la opinión de que al sur del Ecuador no hay ningún continente...  Y si algunos de  ellos afirmaban que existía alguno, lo creían deshabitado.  Pero mi última navegación ha demostrado que esa opinión suya es errónea..., ya que en las zonas meridionales he encontrado un continente poblado más densamente de personas y animales que nuestra Europa Asia o África...”[1].

 

Lo primero que resalta, es que no está reclamando para sí ninguna gloria pretendiendo supuestamente apropiarse del descubrimiento.  Se debe llamar Nuevo Mundo, porque es un continente nuevo, que muchos suponían no existiría, y los que lo aceptaban, que por lo menos no estaría habitado; y he aquí que Vespucio descubre ese continente más habitado que Europa...; o dicho con otra sintaxis equivalente; <<descubre que ese continente está más habitado...>>.

 

Luego, inevitablemente, va a la Lettera que llega a manos de Waldseemüller en 1507, y a lo que éste concluye; pero Maguidovich da otra respuesta al asunto, y comentaremos esta cita por sus dos partes: “Es poco probable que, con esa declaración, Waldseemüller quisiera empequeñecer en algo la gloria de Colón.  Él creía, lo mismo que otros geógrafos el siglo XVI, que Colón y Vespucio habían descubierto tierras nuevas en distintas partes del mundo”[2].  Lo dicho por Maguidóvich pudiera considerarse posible, pero la verdad, la debilidad del juicio nos suena más a argumento de justificación; con el mismo peso podría decirse exactamente lo contrario.  Lo interesante de esta parte de la cita, es que Maguidovich, como geógrafo, parece estar del lado de los historiadores “americanistas”.

 

Pero la segunda parte de la cita es la relevante, y dice Maguidovich: “Colón había ampliado la exploración del Viejo Mundo: Asia tropical del Este.  Vespucio, por el contrario, “había descubierto la cuarta parte del mundo”, el Nuevo Mundo, desconocido por los “antiguos”, continente que se extendía a ambos lados de Ecuador, lo mismo que África, pero separado de ésta por el Océano Atlántico”[3].

 

Lo primero que comentaremos, es que nuestra explicación es muy semejante a su opinión, pues para nosotros, el mérito de Colón, fue el descubrimiento de la Ruta al Oriente, por la Ruta de Occidente.  Y el de Vespucio, el “descubrimiento de la cuarta parte del mundo”; sólo que con la significativa diferencia, de que mientras para Maguidóvich esa “cuarta parte del mundo” vuelve a ser, sin una justificación clara y racional, lo que para los demás: “el Nuevo Mundo, desconocido por los “antiguos”, continente que se extendía a ambos lados de Ecuador...”; para nosotros, esa “cuarta parte del mundo” es una parte del espacio geográfico o terrestre sustraída del perímetro de 40,000 km.  De donde, por lo demás, al separar Vespucio el Nuevo Mundo colombino de Asia, no sólo desaparecía la Cuarta Península, sino, por exclusión, daba lugar geográfico al nuevo continente; y ello constituye la argumentación del duodécimo elemento de la tesis.

 

                              Y este último elemento de la tesis por la cual afirmamos que: <<El descubrimiento de la “cuarta parte del mundo”, se refiere a los 10,000 km faltantes del perímetro real de la Tierra medidos por Eratóstenes>>, con el complemento de la separación de Asia del Nuevo Mundo descubierto por Colón, con el que no sólo desaparecía la Cuarta Península, sino, por exclusión, daba lugar geográfico al nuevo continente; consiste en mostrar tales hechos en el Mapamundi de Vespucio, que Waldseemüller representa en la parte superior de la orla del la Carta de Dié de 1507, frente al Mundo de Ptolomeo.

 

                              Que tal Mapamundi de Vespucio estuviese en dicha Carta, era un hecho perdido en el tiempo, pues hasta 1901, en el castillo Wolfegg, en Württemberg[4], fue que se encontró un ejemplar de la misma.  Hasta entonces, sólo se había conservado una reproducción del Mapamundi de Vespucio de 1507 y sin saberse que era de él, hecha por Stobnicza en 1512; extraído directamente de la orla, pero sin la efigie de su autor (en su contexto histórico, cuando los mapas de Waldseemüller aun circulaban en los cientos de ejemplares la Cosmographiae Introductio, pudiera aceptarse que ello fue una simple reproducción como muchas, sin la mala intención de plagio); y por lo tanto, atribuido por todo ese tiempo a aquél.

 

                              Y hacer una mínima reflexión sobre dicho Mapamundi de Vespuccio, será suficiente para poder entender, finalmente, que el descubrimiento del Nuevo Mundo; su invento (su invenio), incluso no como una “construcción” producto de la filosofía idealista subjetiva kantiana, ni como la “conceptuación del sentido del ser” igualmente  heideggeriana; no fue “un acto”, no fue un hecho de un momento; sino la objetiva dialéctica de un proceso que duró tres lustros; que se inició con Cristóbal Colón en 1492, y que culminó con el Américo Vespuccio de 1504, reconocido por Waldseemüller en 1507.  Más aún, nos permitirá entender la justedad colombina de la parte, y la americana del todo, finalmente corroborada por el geógrafo Gerardo Mercator en 1538.

 

                              Así, el centro geográfico de Saint-Dié, publica en 1507 una edición más de la Geografía de Ptolomeo con el título de Cosmogrphiae Introdutio; un texto en nueve capítulos, y una Carta Geográfica en particular, titulada: Universalis Cosmogrphia; a la que le acompañaba a aclaración: Secundum Ptholomaei Traditionem et Americi Vespucii Alioumque Ilustrationes.  Es decir, <<hecha según la tradición de Ptolomeo, y Américo Vespuccio en algunas otras ilustraciones>>.  Una carta proyectiva en Proyección Cordada, cuya singularidad es la representación simultánea de la enorme Península de Cattigara, y lo hasta entonces descubierto del Nuevo Mundo, que ya no se tomaba por Asia, sino que ya configuraba todo un nuevo continente.

 

                              En la parte superior de la orla, aparecen confrontados los mapamundis del Viejo Mundo de Ptolomeo, y el Nuevo Mundo de Vespuccio, acompañados con la efigie de sus respectivos autores.  Y es ese Nuevo Mundo de Vespuccio recogido por Waldseemüller, precisamente, el que nos interesa comentar, finalmente, aquí.

 

                              Hemos utilizado la expresión: “Mapamundi de Vespuccio recogido por Walseemüller”, porque dicho Mapamundi del Nuevo Mundo, fue elaborado por Vespuccio desde 1504, a partir de las deducciones de su último viaje; acompañando la carta enviada a Lorenzo de Médicis, conocida como la Lettera; la cual, poco después a su muerte, fue publicada, difundida y traducida ampliamente, llegando así indirectamente al Convento de Saint-Dié, hasta 1507.  Es decir, siendo Vespuccio ajeno a todo ello, incluso al hecho de que Waldseemüller colocara su nombre en el Nuevo Mundo.

 

                             Explicar aquellas posibles deducciones es importante para entender cómo es que hizo su descubrimiento de la “cuarta parte del mundo”.  Y ello, para 1502, al haber concluido su tercer viaje, era algo que ya saltaba a la vista: Vespucio dice haber recorrido entre Lisboa y las Malvinas, en sentido latitudinal, 90º (incluso si en vez de los 90º hubiesen sido, como se dice, sólo 85º, es lo de menos, y confirma el esfuerzo de abstracción implicado), una cuarta parte del mundo, que por geometría es necesariamente de 360º; luego entonces, los otros 90º para completar la distribución entre los polos, se repartía entre los 50º aproximados de Lisboa al Polo Norte, y los 40º de las Malvinas al Polo Sur; esto es, una distancia tan grande como la que físicamente había recorrido.  Bastó sólo pensar en el valor de la distancia recorrida equivalente a esos 90º, entender que el doble daba la distancia entre los Polos, y nuevamente el doble, el perímetro real de la Tierra.  Y valorar que la distancia recorrida eran 10,000 km (en las unidades que fuesen), era algo evidente al medir “lo extenso de las playas del Nuevo Mundo” recorrido; algo “tan sencillo” como lo que ya había hecho Posidonio en la Antigüedad, y que Vespuccio logró, incluso, con un nuevo método por él inventado.

 

                                 La determinación de la longitud se dificulta porque se carece de una referencia fija; y a Vespuccio, ya en su segundo viaje en 1500, se le ocurrió tomar por tal referencia, “ver de noche la posición de un planeta con otro, y el movimiento de la Luna con los otros planetas”[5]; que James Cook, admirado del método, se expresó diciendo que, “es el más invaluable descubrimiento que el navegante pudo haber realizado jamás...”[6], y lo bautizó con el nombre de “Método de la Distancia Lunar”.  Como quiera que sea, no debió diferir mucho de la realidad, o se hubiera perdido en su navegación.  Pero debió darse cuanta ahí, que los valores en longitud, no correspondían a los valores en latitud, apareciendo el mundo alargado en dirección de los polos como un ovoide.  La Tierra ha de ser esférica, luego entonces, para compensar, había que aumentar distancia en longitud...; y así apareció la “cuarta parte faltante del mundo”.

 

                               El hecho es que así pudimos conocer el Mapamundi de Vespuccio, en el que, finalmente, las tierras del Nuevo Mundo aparecen separadas de Asia; la Península de Cattigara deja de existir; se explica entonces el Paso del Sur por el Estrecho de Basmán de Marco Polo; “el estrecho do ir a las Molucas”, dirá Vespuccio; aparece por primera vez un gran océano, que explica por qué el nombre en las cartas antiguas, de Sinus Mágnum; y ese océano, por último, se representa distribuido en un hemisferio de 180º, mediado entre las coordenadas acimutales del Mapamundi, de los 190º a los 280º; esto es, por una extensión en valores sexagesimales, de 90º; equivalente en valores centesimales, a 10,000 km.

 

                               Hacia el Oriente, más allá del Atlántico, en el hemisferio opuesto, estará el Viejo Mundo; del cual, si aún sobresale en buena parte el extremo de Asia por el Occidente, es como un resabio de la vieja cartografía que necesitó de extender Asia lo más que pudo, para poder explicar la representación de un mundo en el que las cosas no coincidían con la realidad.  Ese detalle, si bien quizá contribuyó a confundir desde entonces a los historiadores de la ciencia impidiéndoles ver lo que el Mapamundi realmente encerraba, carece de importancia.  A la buena observación le bastará entender que, como consecuencia de separar el Nuevo Mundo de Asia, no sólo el Sinus Mágnum aparece en su verdadera magnitud; sino que ello sólo podía ser posible, en un mundo con un perímetro de 40,000 km, y que, por lo tanto, lo que se representa ahí en 90º o 10,000 km adicionales, es lo que realmente Vespuccio descubrió, esa es: la “cuarta parte del mundo”.



[1] Maguidóvich, I.P; Historia del Descubrimiento y Exploración de Latinoamérica; Editorial Progreso; Moscú, 1965; p.104.

[2]  Ibid. p.105.

[3]  Ibid. p.105.

[4] En el proceso de búsqueda de información, consultamos el Sitio http://es.wikipedia.org/wiki/Américo_Vespucio; y en él se consigna que los cascos de impresión de la Carta habían sido encontrados en 1871, y un original de la misma Carta de Waldseemüller de 1507, apareció en 1900, encontrada por el profesor Joseph Fischer.

[5]  http://es.wikipedia.org/wiki/Américo_Vespucio

[6]  Ibid.

 
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24 enero 2010 7 24 /01 /enero /2010 09:07

 El Mapamundi de Américo Vespucio:
el Descubrimiento de la “Cuarta parte del Mundo”,
y la Verificación Científica del Nuevo Mundo,
por Exclusión.

Ensayo (7/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri  

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica
de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 15 feb 10.

 

 

Ya no ahora un historiador, sino el geógrafo Maguidóvich, en su obra: “Historia del Descubrimiento y Exploración de Latinoamérica” (1965), al tratar este tema, nos da la cita textual de lo que Vespucio declaró a Lorenzo de Médicis en 1503:”Estas tierras deben llamarse Nuevo Mundo...  La mayoría de los autores antiguos es de la opinión de que al sur del Ecuador no hay ningún continente...  Y si algunos de  ellos afirmaban que existía alguno, lo creían deshabitado.  Pero mi última navegación ha demostrado que esa opinión suya es errónea..., ya que en las zonas meridionales he encontrado un continente poblado más densamente de personas y animales que nuestra Europa Asia o África...”8.

 

Lo primero que resalta, es que no está reclamando para sí ninguna gloria pretendiendo supuestamente apropiarse del descubrimiento.  Se debe llamar Nuevo Mundo, porque es un continente nuevo, que muchos suponían no existiría, y los que lo aceptaban, que por lo menos no estaría habitado; y he aquí que Vespucio descubre ese continente más habitado que Europa...; o dicho con otra sintaxis equivalente; <<descubre que ese continente está más habitado...>>.

 

Luego, inevitablemente, va a la Lettera que llega a manos de Waldseemüller en 1507, y a lo que éste concluye; pero Maguidovich da otra respuesta al asunto, y comentaremos esta cita por sus dos partes: “Es poco probable que, con esa declaración, Waldseemüller quisiera empequeñecer en algo la gloria de Colón.  Él creía, lo mismo que otros geógrafos el siglo XVI, que Colón y Vespucio habían descubierto tierras nuevas en distintas partes del mundo”9.  Lo dicho por Maguidóvich pudiera considerarse posible, pero la verdad, la debilidad del juicio nos suena más a argumento de justificación; con el mismo peso podría decirse exactamente lo contrario.  Lo interesante de esta parte de la cita, es que Maguidovich, como geógrafo, parece estar del lado de los historiadores “americanistas”.

 

Pero la segunda parte de la cita es la relevante, y dice Maguidovich: “Colón había ampliado la exploración del Viejo Mundo: Asia tropical del Este.  Vespucio, por el contrario, “había descubierto la cuarta parte del mundo”, el Nuevo Mundo, desconocido por los “antiguos”, continente que se extendía a ambos lados de Ecuador, lo mismo que África, pero separado de ésta por el Océano Atlántico”10.

 

Lo primero que comentaremos, es que nuestra explicación es muy semejante a su opinión, pues para nosotros, el mérito de Colón, fue el descubrimiento de la Ruta al Oriente, por la Ruta de Occidente.  Y el de Vespucio, el “descubrimiento de la cuarta parte del mundo”; sólo que con la significativa diferencia, de que mientras para Maguidóvich esa “cuarta parte del mundo” vuelve a ser, sin una justificación clara y racional, lo que para los demás: “el Nuevo Mundo, desconocido por los “antiguos”, continente que se extendía a ambos lados de Ecuador...”; para nosotros, esa “cuarta parte del mundo” es una parte del espacio geográfico o terrestre sustraída del perímetro de 40,000 km.  De donde, por lo demás, al separar Vespucio el Nuevo Mundo colombino de Asia, no sólo desaparecía la Cuarta Península, sino, por exclusión, daba lugar geográfico al nuevo continente; y ello constituye la argumentación del duodécimo elemento de la tesis.

 

                              Y este último elemento de la tesis por la cual afirmamos que: <<El descubrimiento de la “cuarta parte del mundo”, se refiere a los 10,000 km faltantes del perímetro real de la Tierra medidos por Eratóstenes>>, con el complemento de la separación de Asia del Nuevo Mundo descubierto por Colón, con el que no sólo desaparecía la Cuarta Península, sino, por exclusión, daba lugar geográfico al nuevo continente; consiste en mostrar tales hechos en el Mapamundi de Vespucio, que Waldseemüller representa en la parte superior de la orla del la Carta de Dié de 1507, frente al Mundo de Ptolomeo.

 

                              Que tal Mapamundi de Vespucio estuviese en dicha Carta, era un hecho perdido en el tiempo, pues hasta 1901, en el castillo Wolfegg, en Württemberg*, fue que se encontró un ejemplar de la misma.  Hasta entonces, sólo se había conservado una reproducción del Mapamundi de Vespucio de 1507 y sin saberse que era de él, hecha por Stobnicza en 1512; extraído directamente de la orla, pero sin la efigie de su autor (en su contexto histórico, cuando los mapas de Waldseemüller aun circulaban en los cientos de ejemplares la Cosmographiae Introductio, pudiera aceptarse que ello fue una simple reproducción como muchas, sin la mala intención de plagio); y por lo tanto, atribuido por todo ese tiempo a aquél.

 

                              Y hacer una mínima reflexión sobre dicho Mapamundi de Vespuccio, será suficiente para poder entender, finalmente, que el descubrimiento del Nuevo Mundo; su invento (su invenio), incluso no como una “construcción” producto de la filosofía idealista subjetiva kantiana, ni como la “conceptuación del sentido del ser” igualmente  heideggeriana; no fue “un acto”, no fue un hecho de un momento; sino la objetiva dialéctica de un proceso que duró tres lustros; que se inició con Cristóbal Colón en 1492, y que culminó con el Américo Vespuccio de 1504, reconocido por Waldseemüller en 1507.  Más aún, nos permitirá entender la justedad colombina de la parte, y la americana del todo, finalmente corroborada por el geógrafo Gerardo Mercator en 1538.

 

                               Así, el centro geográfico de Saint-Dié, publica en 1507 una edición más de la Geografía de Ptolomeo con el título de Cosmogrphiae Introdutio; un texto en nueve capítulos, y una Carta Geográfica en particular, titulada: Universalis Cosmogrphia; a la que le acompañaba a aclaración: Secundum Ptholomaei Traditionem et Americi Vespucii Alioumque Ilustrationes.  Es decir, <<hecha según la tradición de Ptolomeo, y Américo Vespuccio en algunas otras ilustraciones>>.  Una carta proyectiva en Proyección Cordada, cuya singularidad es la representación simultánea de la enorme Península de Cattigara, y lo hasta entonces descubierto del Nuevo Mundo, que ya no se tomaba por Asia, sino que ya configuraba todo un nuevo continente.

 

                              En la parte superior de la orla, aparecen confrontados los mapamundis del Viejo Mundo de Ptolomeo, y el Nuevo Mundo de Vespuccio, acompañados con la efigie de sus respectivos autores.  Y es ese Nuevo Mundo de Vespuccio recogido por Waldseemüller, precisamente, el que nos interesa comentar, finalmente, aquí.

 

                               Hemos utilizado la expresión: “Mapamundi de Vespuccio recogido por Walseemüller”, porque dicho Mapamundi del Nuevo Mundo, fue elaborado por Vespuccio desde 1504, a partir de las deducciones de su último viaje; acompañando la carta enviada a Lorenzo de Médicis, conocida como la Lettera; la cual, poco después a su muerte, fue publicada, difundida y traducida ampliamente, llegando así indirectamente al Convento de Saint-Dié, hasta 1507.  Es decir, siendo Vespuccio ajeno a todo ello, incluso al hecho de que Waldseemüller colocara su nombre en el Nuevo Mundo.

 

                               Explicar aquellas posibles deducciones es importante para entender cómo es que hizo su descubrimiento de la “cuarta parte del mundo”.  Y ello, para 1502, al haber concluido su tercer viaje, era algo que ya saltaba a la vista: Vespucio dice haber recorrido entre Lisboa y las Malvinas, en sentido latitudinal, 90º (incluso si en vez de los 90º hubiesen sido, como se dice, sólo 85º, es lo de menos, y confirma el esfuerzo de abstracción implicado), una cuarta parte del mundo, que por geometría es necesariamente de 360º; luego entonces, los otros 90º para completar la distribución entre los polos, se repartía entre los 50º aproximados de Lisboa al Polo Norte, y los 40º de las Malvinas al Polo Sur; esto es, una distancia tan grande como la que físicamente había recorrido.  Bastó sólo pensar en el valor de la distancia recorrida equivalente a esos 90º, entender que el doble daba la distancia entre los Polos, y nuevamente el doble, el perímetro real de la Tierra.  Y valorar que la distancia recorrida eran 10,000 km (en las unidades que fuesen), era algo evidente al medir “lo extenso de las playas del Nuevo Mundo” recorrido; algo “tan sencillo” como lo que ya había hecho Posidonio en la Antigüedad, y que Vespuccio logró, incluso, con un nuevo método por él inventado.

 

                             La determinación de la longitud se dificulta porque se carece de una referencia fija; y a Vespuccio, ya en su segundo viaje en 1500, se le ocurrió tomar por tal referencia, “ver de noche la posición de un planeta con otro, y el movimiento de la Luna con los otros planetas”11; que James Cook, admirado del método, se expresó diciendo que, “es el más invaluable descubrimiento que el navegante pudo haber realizado jamás...”12, y lo bautizó con el nombre de “Método de la Distancia Lunar”.  Como quiera que sea, no debió diferir mucho de la realidad, o se hubiera perdido en su navegación.  Pero debió darse cuanta ahí, que los valores en longitud, no correspondían a los valores en latitud, apareciendo el mundo alargado en dirección de los polos como un ovoide.  La Tierra ha de ser esférica, luego entonces, para compensar, había que aumentar distancia en longitud...; y así apareció la “cuarta parte faltante del mundo”.

 

                              El hecho es que así pudimos conocer el Mapamundi de Vespuccio, en el que, finalmente, las tierras del Nuevo Mundo aparecen separadas de Asia; la Península de Cattigara deja de existir; se explica entonces el Paso del Sur por el Estrecho de Basmán de Marco Polo; “el estrecho do ir a las Molucas”, dirá Vespuccio; aparece por primera vez un gran océano, que explica por qué el nombre en las cartas antiguas, de Sinus Mágnum; y ese océano, por último, se representa distribuido en un hemisferio de 180º, mediado entre las coordenadas acimutales del Mapamundi, de los 190º a los 280º; esto es, por una extensión en valores sexagesimales, de 90º; equivalente en valores centesimales, a 10,000 km.

 

                               Hacia el Oriente, más allá del Atlántico, en el hemisferio opuesto, estará el Viejo Mundo; del cual, si aún sobresale en buena parte el extremo de Asia por el Occidente, es como un resabio de la vieja cartografía que necesitó de extender Asia lo más que pudo, para poder explicar la representación de un mundo en el que las cosas no coincidían con la realidad.  Ese detalle, si bien quizá contribuyó a confundir desde entonces a los historiadores de la ciencia impidiéndoles ver lo que el Mapamundi realmente encerraba, carece de importancia.  A la buena observación le bastará entender que, como consecuencia de separar el Nuevo Mundo de Asia, no sólo el Sinus Mágnum aparece en su verdadera magnitud; sino que ello sólo podía ser posible, en un mundo con un perímetro de 40,000 km, y que, por lo tanto, lo que se representa ahí en 90º o 10,000 km adicionales, es lo que realmente Vespuccio descubrió, esa es: la “cuarta parte del mundo”.


8   Maguidóvich, I.P; Historia del Descubrimiento y Exploración de Latinoamérica; Editorial Progreso; Moscú, 1965; p.104.

9    Ibid. p.105.

10  Ibid. p.105.

*   En el proceso de búsqueda de información, consultamos el Sitio http://es.wikipedia.org/wiki/Américo_Vespucio; y en él se consigna que los cascos de impresión de la Carta habían sido encontrados en 1871, y un original de la misma Carta de Waldseemüller de 1507, apareció en 1900, encontrada por el profesor Joseph Fischer.

11  http://es.wikipedia.org/wiki/Américo_Vespucio

12  Ibid.


 
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24 enero 2010 7 24 /01 /enero /2010 09:06

 El Mapamundi de Américo Vespucio:
el Descubrimiento
de la “Cuarta parte del Mundo”,
y la Verificación Científica del Nuevo Mundo,
por Exclusión.

Ensayo, 2010 (6/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri  

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica
de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 11 feb 10.

  

No estamos presentando un estudio exhaustivo del asunto, profusamente documentado; debería de ser, pero, finalmente, tanto estamos escribiendo “a vuelapluma”, como que ello no ha sido del todo necesario, ante, en todo caso, un avance general en la comprensión del problema; que, por lo demás, en la síntesis y generalización, pudiese ser suficiente.

 

Los argumentos han sido de diversa índole, no obstante convergiendo todos en dirección correcta a la explicación del problema, es decir, de su causalidad; mas divergiendo, tergiversando, o quedándose limitadas en lo que fue realmente el efecto o la consecuencia.

 

Así, por ejemplo, Francisco Morales Padrón –entre las pocas obras de que disponemos sobre el tema–, dice en su trabajo “Cristóbal Colón, Almirante de la Mar Océana”, al respecto de los argumentos de Colón: “...quedando tan sólo por explorar el espacio que extendía entre el fin del oriente y los archipiélagos atlánticos.  Dicho espacio no tenía más de un tercio de la medida del ecuador; su extensión era corta de acuerdo con los 130º que le suponía Toscanelli y con las 56 millas y dos tercios que Alfragano y d’Ailly adjudicaban a un grado (835 km).  Colón supuso –y aquí está su error– que las millas de Alfragano (2,164 m) eran millas romanas o italianas de 1,480 o 1,477.5 m...”[1], etc, etc.  Es la explicación en particular de la longitud del Atlántico, como parte del problema, pero, ni con mucho, clave de la posibilidad de explicar las consecuencias.

 

En otra obra semejante de esa colección de breviarios, Manuel Lucena, en su “Descubrimiento de América, Novus Mundus”, expone: “Vespucio escribió una epístola a su amigo Soderini en la que narraba sus cuatro viajes y señalaba que lo descubierto no eran las Indias, como se empeñaba Colón en afirmar, sino un Nuevo Mundo separado de Asia por un océano”[2].  ¿Efectivamente, de manera textual, eso dice Vespucio en la carta a Soderini?[].  Más adelante anota, refiriéndose a la Introducción a la Geografía ptoloméica de Waldseemüller, la Cosmographiae Introductio: “...le hicieron una introducción en donde se daba cuenta del hallazgo de una cuarta parte del mundo, aparte de las tres anotadas por Ptolomeo: Europa, Asia y África”[3].  Lo subrayado, al parecer, efectivamente corresponden a palabras textuales; esto es, que por una “cuarta parte del mundo”, se estaba entendiendo por los geógrafos de Saint-Dié, el descubrimiento de un nuevo continente.  Para entonces era 1507, y esos geógrafos de San Diodato trabajaban con los datos de Vespucio de 1504...; nueve años después de que Colón dijera que, por lo menos en una parte, aquello era un Nuevo Mundo, siete años después del mapa de Juan de la Cosa, y tres de los mapas de Cantino y Caveiro.  Y no obstante, cabe la posibilidad.  Y de ahí la importancia de la frase antes subrayada: “un Nuevo Mundo separado de Asia por un océano”; pues lo importante ahí, lo novedoso, lo que no estaba dicho antes, es precisamente que el Nuevo Mundo descubierto en un largo proceso desde 1492, era un continente separado de Asia por un océano.

 

Y a continuación, Manuel Lucena, en el subrayado que le hacemos, agrega el complemento de esto que es lo verdaderamente importante, a nuestro juicio: “Waldseemüller redondeó el asunto con un incipiente mapa del Nuevo Mundo, en el que colocó ya el nombre de América y un medallón con el perfil de Américo Vespucio a juego con otro de Ptolomeo”[4].  Donde lo sorprendente del pasaje, no está en lo que se dice, sino en lo que no se dice, y lo cual es que, lo importante no es el “perfil de Vespucio”, sino su Mapamundi que le acompaña, que muestra precisamente, “el Nuevo Mundo separado de Asia por un océano”.

 

Y la consecuencia de todo ello: de lo dicho por Walseemüller, de la falta de las citas textuales independientes de su interpretación, del descuido del contexto, no pueden arrojar sino lo siguiente: “Pedro Mártir de Anglería decía en sus cartas que aquello era <<Nova Terrarum>> y <<Orbe Novo>>, pero las paradojas también hacen historia y, al cabo, se le puso al Continente el nombre de quien ni lo descubrió ni fue el primero en señalar que era un Continente.  Un caso típico de buena publicidad del que hay tantos ejemplos”[5].  Que allí hubo una precipitación de Walseemüller y por ello en principio un error, él mismo lo reconoció unos años después tratando, irremediablemente, de corregirlo con su mapa de 1513.  Pero que, a nuestro juicio, ese fue un disparatado “error” más, que dio lugar a un justo dictamen, creemos que también es cierto; y en la argumentación del último elemento lo haremos ver.

 

De esa serie de breviarios, recogemos también la opinión de la autora Consuelo Varela Bueno, en su trabajo: “Amerigo Vespucci, un Nombre para el Nuevo Mundo”.  Nuevamente, al respecto de la carta a Soderini, dice: “Amérigo pretende haber sido el primero en darse cuenta de que había descubierto un cuarto continente y no duda en afirmarlo a diestro y siniestro.  Oigámosle: <<Llegamos a una tierra nueva que encontramos ser tierra firme (...).  Llegué a la parte de las Antípodas, que por mi navegación es la cuarta parte del mundo (...).  Conocimos que aquella tierra no era isla, sino continente, porque se extiende en larguísimas playas que no la circundan y está llena de innumerables habitantes (...).  Yo he descubierto el continente habitado por más multitud de pueblos y animales que nuestra Europa, o Asia o la misma África...>>”[6].

 

Esta última cita es enormemente importante, quizá representativa de la psicología del “colombinismo” frente al problema de las personalidades históricas (que no es nuestro asunto, pero ahí está inevitablemente, incluso condicionando no sólo el contexto y la interpretación, sino hasta la lectura misma).  Para nosotros lo importante está en la naturaleza de la cita; si es textual o realmente parafrástica como se plantea, y su interpretación, de lo cual destaca los subrayados suyos, e incluso su simple lectura (aquí es donde más enfáticamente se cumple aquello a que nos referíamos respeto a lo que es hasta lo no-creíble).

 

<<Llegamos a una tierra nueva que encontramos ser tierra firme (...)...>>, cita la autora de Vespucio; y nada más hay que decir, que efectivamente era tierra firme, es decir, en el lenguaje, un continente y no una isla, pues era la actual Argentina.  <<Llegué a la parte de las Antípodas...>>, continua la cita de Vespucio.  Si aún dijera a las Antípodas mismas, no estaría mal dicho, pues se estaría refiriendo a lo mismo, esto es, a una región así denominada desde los griegos, opuesta a Europa; pero al enfatizar que llegó “a la parte de...”, se enfatiza en la región, y no en el posible continente en sí que hipotetizaba Crates desde el año 150 ane.  Y continúa una parte crucial de la cita: <<Llegué a la parte de las Antípodas, que por mi navegación es la cuarta parte del mundo (...)...>> (reiteramos, subrayado de la autora).  En primer lugar, por esa “cuarta parte del mundo”, no está hablando del mítico continente de las Antípodas.  En segundo lugar, dice (y aquí es donde hay un problema no sólo de interpretación, sino de simple lectura), <<que por mi navegación es la cuarta parte del mundo>>.

 

De qué habla ahí Vespucio.  Llegó a un lugar, que por su navegación, es la “cuarta parte del mundo”.  Acaso se refiere a que el lugar, esa región o parte de las Antípodas, es esa “cuarta parte del mundo”?, ¿qué sentido tendría eso?  El caso es que, si no se lee sin ideas preestablecidas y de continuo, resulta un absurdo.  Leamos pues la cita sin ideas preestablecidas y de continuo: llegó a un lugar, <<... que por mi navegación es la cuarta parte del mundo...>>.  Esto es, que por su navegación, por lo que ha recorrido, hasta ese lugar, ha abarcado la cuarta parte del mundo: 40º de latitud desde la Península Ibérica al ecuador, más 50º de latitud del ecuador a la región de las Antípodas, 90º, la cuarta parte de 360º.  En consecuencia, lo único que Vespucio está diciendo, es que ha navegado 90º.  ¡Y en ello se ha querido ver, el “haber sido el primero en darse cuenta de que había descubierto un cuarto continente y no duda en afirmarlo a diestro y siniestro”!.  ¿Cuál continente?, ¿de dónde surge la identidad entre “cuarta parte del mundo” y “cuarto continente”?, ¿dónde afirma tal cosa a diestro y siniestro?  Pero está claro que este no es un problema sólo de interpretación, sino de simple comprensión de lectura la fuente, obstruida por no más que un juicio previo: el aducir que Vespucio pretende despojar a Colón de la gloria del descubrimiento, de suyo, un absurdo.

 

Pero la cita continua, siempre con los subrayados de Consuelo Varela: <<Conocimos que aquella tierra no era isla, sino continente, porque se extiende en larguísimas playas que no la circundan y está llena de innumerables habitantes (...)>>.  Por “conocimos” bien pudo haber dicho Vespucio “descubrimos”, y no estaría diciendo nada falso: él era el primero en llegar hasta esas latitudes, precisamente explorando el lugar del Cabo de Cattigara, si se le tomaba por tal, o el Cabo del Nuevo Mundo si se le tomaba por éste.  Y concluía que no era isla, sino por su extensión, continente; y, además, estaba lleno de innumerables habitantes.  De manera que, efectivamente, no era isla, sino continente; ¿por qué el énfasis?  Obviamente está operando ahí el prejuicio.

 

Y la cita concluye con lo sorprendente: <<Yo he descubierto el continente habitado por más multitud de pueblos y animales que nuestra Europa, o Asia o la misma África...>>.  El juicio previo, ha conducido a una conclusión falsa al pretender juzgar por ello a Vespucio.  El mismo Vespucio lo aclara, hace ver que en contra de la opinión de los antiguos que creían que en ciertas latitudes no habría habitantes, él es el primer europeo en llegar a esas tierras, y “descubre” que ese continente a esas supuestas latitudes inhabitables, sí está habitado, y por multitud de pueblos y animales.  Aquí hay otra vez, un problema de simple lectura de comprensión dada por una descontextualización de la cita.  Vespucio no dice: “Yo he descubierto el continente” (algo así tan absurdo como que “fui yo, no Colón”); lo que Vespucio dice, y para entenderlo necesita leerse de continuo, es que: “Yo he descubierto el continente habitado...”; es decir, “me di cuenta que sí estaba habitado”, contra la opinión antigua.

 

Por lo tanto, se tiene que volver al punto: ¿a qué se refiere Vespucio con la frase de: haber descubierto “la cuarta parte del mundo”?.  No es el Atlántico sur; no es la región en sí de las Antípodas; no es Cattigara, ni El Paraíso, ni el Nuevo Mundo ya descubierto y “redescubierto”.  Luego entonces.

 



[1] Morales Padrón, Francisco; Cristóbal Colón, Almirante de la Mar Océana; Red Editorial Iberoamericana, Biblioteca Iberoamericana; México, 1989; p.38

[2] Lucena, Manuel; Descubrimiento de América, Novus Mundus; Red Editorial Iberoamericana, Biblioteca Iberoamericana; México, 1989; p.54 (subrayado nuestro).

[] Queda de tarea, porque, como ya había dicho antes, no tenemos tal documento.

[3] Lucena, Manuel; Descubrimiento de América, Novus Mundus; Red Editorial Iberoamericana, Biblioteca Iberoamericana; México, 1989; p.54 (subrayado nuestro).

[4]  Ibid. p.55 (subrayado nuestro).

[5]  Ibid. p.56 (subrayado nuestro).

[6] Varela Bueno, Consuelo; Amerigo Vespucci, un Nombre para el Nuevo Mundo; Red Editorial Iberoamericana, Biblioteca Iberoamericana; México, 1991; p.62 (cita parafrástica en corchetes y subrayados, suyo).


 
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24 enero 2010 7 24 /01 /enero /2010 09:05

El Mapamundi de Américo Vespucio:
el Descubrimiento de la “Cuarta parte del Mundo”,
y la Verificación Científica del Nuevo Mundo,
por Exclusión.

Ensayo, 2010 (5/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri  

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica
de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 8 feb 10.

 

 

                              El octavo elemento de la tesis por la cual queremos demostrar que <<El descubrimiento de la “cuarta parte del mundo”, se refiere a los 10,000 km faltantes del perímetro real de la Tierra medidos por Eratóstenes>>; alude ya a la opción colombina del viaje al Oriente por la Ruta de Occidente, con fundamento en la Carta Trapezoidal de Toscanelli, misma del Globo Terráqueo de Behaim; construida –y aquí es donde salta el problema contenido desde Estrabón– de acuerdo con el perímetro de la Tierra aportado por éste, de casi 30,000 km.

 

Así, para 1492, con la cartografía proyectiva de Toscanelli, ha reaparecido la figura de Ptolomeo.  Su Carta en Proyección Trapezoidal junto con el Globo Terráqueo de Behaim, son aún documentos en los cuales se grafica la misteriosa gran península de Cattigara, y constituyen la base de Cristóbal Colón, al servicio de España, para emprender su viaje de expedición por la Ruta de Occidente; en tanto que, construidos con el perímetro de Estrabón, que restaba 10,000 km al medido tanto por Eratóstenes como por Posidonio, ofrecían la factibilidad del arribo al Asia por esa ruta.

 

Sin embargo, para 1496, Colón ha hecho ya dos viajes, y se sabe en general; aun cuando Colón sólo ha descubierto en realidad islas, que, por lo tanto, tal ruta es válida.  Luego es ya 1498; Colón inicia su tercer viaje; y Henrico Martellus elabora su planisferio, en donde destacan el Quersoneso Áureo (sin Sumatra), el Sinus Mágnum, y la gran península de Cattigara que se prolonga hacia el sur más allá del ecuador sin Estrecho de Basmán alguno.

 

Justo ese tercer viaje de Colón, por el derrotero de la travesía por el Atlántico, fue expresamente conducido a encontrar directamente el famoso Estrecho de Basmán; que de acuerdo con la narrativa de Marco Polo, debía estar, en su acceso al sur, en los 0º de latitud, el ecuador, y siguiendo un rumbo norte (noroeste) hasta los 5º de latitud, desembocando en el Océano Índico.  Ello explica por qué, yendo justo con ese rumbo, Colón arribó directamente en el Delta del Orinoco y las costas de Paria, a los 10º de latitud.  Colón no buscaba tanto entrevistarse con el Gran Khan, como encontrar el Estrecho.

 

El noveno elemento de la tesis es precisamente el reconocimiento de un Nuevo Mundo por Colón en ese tercer viaje, si bien, entendido por él, como nuevas tierras al sureste de Asia; en las latitudes de Cattigara, pero lejana aún a ella.  No las identificó con Cattigara, porque ésta, según los mapas, se prolongaría desde el sur de Asia, con dirección Noreste-Suroeste, por lo que estimaría que aún estaba lejos de ella, y por lo tanto, las tierras de Paria, eran de un Nuevo Mundo.

 

Ello se hace evidente al interpretar y entender las derrotas colombinas seguidas tanto en el tercer viaje (1498-1500), como, principalmente, en el cuarto viaje (1502-1504).

 

En la Carta de Toscanelli (como en el Globo de Behaim), el extremo sur de Cipango toca los 5º de latitud norte, y Catay, queda luego de los 20º de latitud norte.  Como particularmente ha confundido a Cuba (que sólo explora en sus partes oriente y sur) con la península de Catay (Corea), paradójicamente también ubicada a su vez hacia los 20º de latitud; Colón se convence “de lo que quiere creer”, que es estar en Asia.  Pero si La Española ha de corresponder a Cipango, entonces la Carta de Toscanelli comete un error de 15º en la posición de la misma.  Y, en consecuencia, el mismo Estrecho podría estar, consistentemente, no a partir de los 0º, sino incluso hacia los 15º de latitud norte.

 

Es así que se explica el derrotero de Colón en su tercer viaje, por el que directamente arriba a la desembocadura del Orinoco sobre los 10º de latitud Norte, tocando por primera vez el continente.  El esperaría recorrer en su trayecto una distancia aún un poco mayor para llegar a las costas de Cattigara, si existía, o del Quersoneso Áureo, que era lo que en realidad creía y esperaba.  Pero inesperadamente (aun cuando extrañamente, porque justo ahí hay un pequeño cambio de la derrota en dirección norte), arriba en la desembocadura del Delata del Orinoco; y entonces busca ahí el Paso, en las ensenadas del Golfo de las Perlas y Guarapiche, todo ello dentro del Golfo de Paria.  Las aguas arrojadas por el Orinoco le hicieron ver lo que comunicó a los reyes de España: <<sus majestades tienen aquí “otro mundo”>>.  Y por primera vez, se empieza a reconocer en estas tierras de “otro mundo”, a un Nuevo Mundo, diferente no sólo de Asia en general, sino en particular, de la misma Cattigara.  Colón nunca menciona a esta última, y se refiere al Nuevo Mundo, como El Paraíso mismo.  Si ha de afirmarse que Colón fue el descubridor del Nuevo Mundo, no hay ninguna duda.  De ahí la inconformidad de los “colombinistas” del nombre de “América” para ese Nuevo Mundo.  No obstante, ciertamente, el argumento de los “americanistas” sea, primero, que seguía creyendo estar en Asia; y, segundo, que ese Nuevo Mundo eran sólo tierras al sureste, retiradas de Asia.  Veremos luego, en la solución geográfica al problema, y en función de ello, un argumento más contundente a favor del “americanismo”, sin pretender intervenir en ese asunto de las personalidades históricas, asunto de los historiadores.

 

El tercer viaje con el fin directo e inmediato de dar con el Estrecho, fue, con ello, geográfico sólo por añadidura; en realidad su objetivo principal era político: poner orden en la colonia de la Española.  Por ello, desafortunadamente, no se toma más tiempo en explorar aquellas costas.

 

El cuarto viaje complementó la rápida, pero muy significativa exploración, del tercer viaje.  Zarpó con 32 naves y 2,500 hombres; aun cuando ya no al mando de Colón, sino de Nicolás de Ovando.  El propósito era colonizar en forma La Española.  Colón aprovecharía para su fin personal: de La Española, iría directo al Quersoneso Áureo, y de ahí, regresaría a España continuando por el Índico; es decir, pretendiendo adelantar a Magallanes-Elcano en poco más de veinte años.

 

Esto demuestra que el objetivo siempre fue ese; y así, la cuarta exploración se efectúa obsesivamente a lo largo de las costas, entre los 10º y 15º de latitud norte; de Honduras al Golfo del Darién.  Fue, al final, una expedición muy desafortunada; y no por la falta de éxito en encontrar el Paso, lo cual estaba predestinado a no ser; sino por los destres que fue enfrentando en un encayamiento de todas sus naves, combate con los nativos y muerte de su tripulación, su enfermedad, y, finalmente, un varamiento, casi naufragio, en Jamaica, al no soportar las naves más tiempo de navegación.  Y ahí concluyó el momento histórico de Colón.

 

El décimo elemento de la tesis: la exploración del Nuevo Mundo por más de una década, de 1492 a 1504, principalmente tanto por españoles como por portugueses en expediciones oficiales y secretas, desde las costas de Honduras hasta los 52º de latitud sur en las Islas Malvinas.

 

Este elemento es importante para distinguir esta otra explicación que en estos argumentos ofrecemos bajo la mirada del geógrafo, de la explicación que hasta ahora nos había dado el historiador; por lo demás, divididos en “colombinistas” y “americanistas”, según centran su atención no en el hecho geográfico en sí, sino en la personalidad histórica de uno u otro.

 

Así, por ejemplo, Yákov Svet, en su obra “Cristóbal Colón” (1987), dice hacia el final de su exposición: “En 1507, en Europa, nadie sabía que la costa brasileña formaba parte de un enorme continente, ni suponía que Colón, Caboto, Ojeda, Bastidas y Cabral habían descubierto la tierra de un mismo continente”[1].  Hay algo de razón en ello (a favor de los “americanistas”), pero al mismo tiempo, una omisión tanto de la Carta de Juan de la Cosa de 1500, o las de Nicolo Caverio y Cantino, de 1504-1505 (a favor de los “colombinistas”); en donde el Nuevo Mundo descubierto por Colón, ya era evidente que formaba parte de la existencia de un nuevo continente, que se extendía desde los extremos de Terranova, hasta, por lo menos, el Cabo San Roque en Brasil; por más que subsistieran algunos detalles, como, en la Carta de Juan de la Cosa, la imagen de San Cristobal sobre el territorio de México y Centroamérica, cuya exploración no empezará sino hasta 1517; dejando la duda de si en esas latitudes entre los 10º y 20º de latitud norte, estaría finalmente el Paso al Índico.

 

Pasando al penúltimo elemento de la tesis, éste se refiere a la asociación de Vespucio de la “cuarta parte de la Tierra por él navegada”; desde los 40º de latitud norte en España, hasta los 52º de latitud sur en las Malvinas, y la distancia recorrida; con el perímetro real de la Tierra; deduciendo que, en consecuencia, por simetría, aún habían 10,000 km al Asia, descubriendo por tal manera, la “cuarta parte de la Tierra”, faltante en el perímetro de Estrabón.

 

Este elemento es pues, como puede verse, el esencial, y por lo tanto nos detendremos, si bien brevemente, en el análisis de los argumentos que, hasta lo no-posible de creerse, han causado confusión.



[1]       Svet, Yákov; Cristóbal Colón; Editorial Progreso; Moscú, 1987; p.444.


 
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24 enero 2010 7 24 /01 /enero /2010 09:04

El Mapamundi de Américo Vespucio:

 el Descubrimiento de la “Cuarta parte del Mundo”,

 y la Verificación Científica del Nuevo Mundo,

 por Exclusión.  Ensayo, 2010 (4/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri  

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica
de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 4 feb 10.

 

 

                              Examinando, empero, con más detenimiento el Mapa de Ptolomeo en lo que se ha conocido como su Proyección Cónica Simple, resulta que el intervalo entre latitudes y longitudes no es el mismo.  Si se observa España, los paralelos coinciden con las latitudes de 36º en el Estrecho de las Columnas de Hércules; los 38º arriba del paralelo de Cabo de Palos, y lo que parece ser la equivocada desembocadura del Guadalquivir; los 40º justo en la parte media de España, donde Ptolomeo hace coincidir la desembocadura del Ebro, que en realidad está un grado más al norte; y luego los 42º hacia la desembocadura del Miño y entre éste y el Cabo de Gerona.  Luego entonces, el intervalo de las latitudes, es de 2º; sólo que la distancia entre ellos en valores centesimales, no da la misma medida.

 

                              La explicación de ello, es que, entonces, dicha proyección no es una Cónica Simple, ni una Pseudocónica, como también se le ha denominado; sino al parecer, una Proyección Cónica Secante (quizá pudiéramos calificarla de “Proyección Bicónica Secante”).  El paralelo base de la misma parece ser justo el histórico Paralelo de Rodas, el paralelo de 36º; y los paralelos secantes, los 28º y 44º.  El propósito de Ptolomeo para representar sin deformaciones, en las latitudes de esa franja de 8º entre el centro del África conocida, hasta la parte sur de Francia, era correcto; lo extraño es que, no obstante, es apreciable la defectuosa configuración del Mediterráneo.  Y aquí la razón debe atribuirse a un intervalo distinto en los valores de longitud.

 

                               Para hacer coincidir los 42º conocidos del Mediterráneo con el canevá de Ptolomeo, el intervalo del mismo tendría que ser de cada 3.5º, algo inmanejable en las técnicas cartográficas.  El intervalo debe corresponder a valores enteros, de donde, en principio, habrá de reconocerse un rango de error en el trazo longitudinal del Mediterráneo por Ptolomeo.  Y el rango podría estar en 6º de más, si el intervalo a aceptarse fuese de cada 4º; o de 6º de menos, si el intervalo a aceptarse fuese de 3º.  Evidentemente, el Mediterráneo se alarga, luego entonces, el rango de error está en 6º de más; pero lo cual significa, justamente, el agregado de casi dos fracciones del canevá.  Quítense esas casi dos fracciones, por ejemplo, al trazo de Italia y del Mar Adriático (es decir, suprímase el rango de error), y la configuración será más aproximada a la correcta.  Luego entonces, el intervalo de las longitudes, es de 3º.

 

                              En conclusión, el Mediterráneo está bien trazado, particularmente bien dibujado en sus litorales europeos, sólo que deformados, condicionados por el canevá; todo lo que por lo contrario, lo está mal en sus litorales africanos; sólo que no únicamente hay un intervalo de longitudes en 3º (respecto el intervalo de 2º en latitud), sino, como consecuencia de ello, un rango de 6º de más de error, por lo cual se aprecia con más notoriedad una distorsión en el mapa.

 

                            Ahora viene el problema: por qué una figura como la de Ptolomeo, que está inventando la Proyección Cónica Secante entendiendo bien de geometría, hizo tal anomalía en los intervalos de su canevá, y más aún, no anota los valores de coordenadas.  Como error, evidentemente nos parece inadmisible.

 

                              Al no poner Ptolomeo los valores de coordenadas, no daba la posibilidad de poner directamente en entredicho la no-correspondencia de esos 4º de diferencia de latitud de su canevá (y al que aún le faltaría un grado, que podría ser achacado al dibujo), entre Rodas y Alejandría; con los 7.5º medidos por Posidonio y aceptados por Estrabón; y por ende, a su vez, no evidenciaba el error de éste.  Ciertamente, esto parece más una asociación casual que algo deliberado, sin embargo, no obstante, cabe la posibilidad.  Como quiera que sea, el único que pudo haber hecho la corrección, fue Ptolomeo, pero, o compartió el error, o “dejó pasar”.

 

                              De ahí que creamos, más bien, que deliberadamente trataba de crear confusión –como de hecho lo logró, y por muchos siglos–, para, por una parte, con la diferencia de latitud aproximadamente correcta entre Rodas y Alejandría, dejar dicho a los entendidos que había un error en la gran autoridad de Estrabón; pero, por otra parte, distorsionando el Mediterráneo, disimular a la vista de los no-entendidos (como lo pudiera ser el mismo Estrabón con toda su autoridad), tal histórico error..., sólo que, los que se pudieran tomar por entendidos, por mil quinientos años, resultó que tampoco nunca entendieron; y el error de Etrabón, se propagó por todo ese tiempo a lo largo de la historia.

 

                              El quinto elemento de la tesis por la cual habremos de entender que <<El descubrimiento de la “cuarta parte del mundo”, se refiere a los 10,000 km faltantes del perímetro real de la Tierra medidos por Eratóstenes>>, es el proceso del renacimiento geográfico; por una parte, teniendo la carta antecedente desde del siglo V, del Mapamundi de Macrobio, en el que por primera vez aparece, luego del mapa de Ptolomeo, como una gran masa de tierra informe, lo que serían las tierras de Cattigara, sin paso accesible a Catay.

 

Luego, siete siglos después, con la carta de mediados del siglo XII, 1154, de Idrisi (1100-1166), no se representaba ya Cattigara como una cuarta península geográficamente después del llamado Quersoneso Áureo (más aún, no representa tampoco dicho Quersoneso Áureo, y apenas muy difusamente a la misma India).  Antes de este mapa, lo que se tuvo por siete siglos, fue exclusivamente una cartografía teologal inútil para estas consideraciones.

 

013 1100 Idrisi Mapamundi

El Mapa de Idrisi de 1154; en la Geografía de la Tabula Rogeriana, o Libro de Roger.  Se observa en él en la región de Manguí (en este caso ubicado en la parte que corresponde al occidente convencional), que existe un paso continuo del Índico al Pacífico.

[Fuente: upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/d/db/A...; a su vez de: tenthmedieval.wordpress.com/page/7/]

 

 

El sexto elemento de la tesis, siguiendo la secuencia histórica de su aparición, es el dato, por demás circunstancial, de Marco Polo, acerca de la existencia del Estrecho de Basmán (Estrecho de Malaca), o Paso del Sur.

 

La narrativa de Marco Polo es ir describiendo las ciudades, sus pueblos y sus costumbres, según los va recorriendo en su viaje de regreso a Europa.  Cuando se aproxima a la descripción de Sumatra, Marco Polo dice: “Mas antes de hacerlo quiero que sepáis algo extraordinario; y es que esa isla está situada tan al sur que allí no se puede ver, ni poco ni mucho, la estrella de la Tramontana”[1]; y un párrafo después, pasa a la descripción del reino de Basmán; e inmediatamente después, pasa al reino de Sumatra y otros, y dice: “...abandonando el reino de Lambrí, tras navegar unas cincuenta millas en dirección a la Tramontana...”[2]; esto es, viajando primero hacia el sur, al llegar al ecuador, perdió de vista La Polar; pero luego hay un viraje con rumbo norte, “en dirección a la Tramontana”: y es ahí donde ha recorriendo el Estrecho llamado de Bsmán, al destacar en el mapa el nombre del reino central de Angamán (Sumatra).  Sale del Estrecho, y narra su arribo a la “isla de Seilán” (sic): “Saliendo de la isla de Angamán y navegando otras mil millas en dirección al poniente..., se llega a la isla de Seilán”[3].  Eso es todo; en su prisión en Génova en 1298, Marco Polo sólo se limitó a narrar el recorrido de su viaje; pero este breve pasaje constituirá, posteriormente, un factor histórico de trascendental importancia geográfica.

 

                              Al pasar al siglo XIV, se tienen las Cartas del Atlas Catalán de Abraham y Cresques Jafuda, de 1375, en un Portulano al estilo de los Itineraria Picta, y la gran península, graficada desde Macrobio en el siglo V, aún sigue sin aparecer, consistentemente con la descripción de Marco Polo.

 

Pero, hacia mediados del siglo XV, cuando los otomanos presionaban ya sobre Constantinopla; entre 1436 y 1448, se tiene el Mapamundi de Andrea Bianco, en el estilo invertido del mapamundi de Idrisi, en donde, luego de la India, ahora aparece la gran península de las tierras de Cattigara al sur de Manguí (en nuestra actual y convencional orientación), cerrando el posible paso a Catay y Cipango fácilmente por mar; hasta entonces, no puesto en duda desde el siglo V por Macrobio.

 

El séptimo elemento de la tesis se refiere a la expansión del Imperio Otomano que cerró las Rutas de la Seda y la Especiería por tierra, obligando a la exploración de la ruta marítima.

 

Tomada Constantinopla en 1453 y cerrado todo paso al Asia; Fra Mauro construye su Mapamundi de 1459, pero nuevamente sin Cattigara; a diferencia de lo que había hecho su asistente Andrea Bianco, poco más de una década antes; considerando, entonces, un paso continuo a Catay; ya evidentemente, sugiriendo la posibilidad del viaje por mar.

 

                              Para 1487, la paulatina exploración de África, le hace llegar al portugués Bartolmé Díaz al Cabo de Buena Esperanza, pasando así al Océano Índico y abriendo la posibilidad real de la ruta marítima; en la cual se tendría que comprobar aún la existencia o no de Cattigara; y de serlo, comprobar también la existencia del paso de Basmán.  La exploración de esa ruta hasta la desembocadura del Mar Rojo la continuó Vasco de Gama; de ahí en adelante ya era conocida cuando el paso se hacía precisamente transbordando en Suez entre el Mediterráneo y el Mar Rojo.  Hasta que en 1511, los portugueses finalmente toman a sangre y fuego primero Malaca, y luego las Molucas.


[1]    Polo, Marco; Los Viajes de Marco Polo; Editorial Hera; México, s/f; p.244.  La estrella de la Tramontana es otro nombre para la estrella Polar.

[2]    Ibid. p.249.

[3]    Ibid. p.250.



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24 enero 2010 7 24 /01 /enero /2010 09:03

El Mapamundi de Américo Vespucio:
el Descubrimiento de la “Cuarta parte del Mundo”,
y la Verificación Científica del Nuevo Mundo,
por Exclusión.

Ensayo, 2010 (3/10). 
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri  
“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica
de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 1 feb 10.

 

 

Veamos, pues, la demostración de esa docena de elementos de la tesis: <<El descubrimiento de la “cuarta parte del mundo”, se refiere a los 10,000 km faltantes del perímetro real de la Tierra medidos por Eratóstenes>>.

 

El primero, hemos visto, es la determinación de la distancia entre Alejandría y Rodas por Eratóstenes.

 

Aujac, estudioso de Estrabón,  en su “Geografía”, asienta que Eratóstenes asigna al estadio el valor concreto de 157.5 m, y que a la distancia entre Alejandría y Rodas, le daba un valor de 3,750 estadios [590 km, 5º20’] (contra 4,000 estadios [630 km] en opinión de Polibio), y que Estrabón acepta ese valor de Eratóstenes (Estrabón, p.233); coincidiendo con sus medidas en el ancho del Mediterráneo, el Golfo Arábigo o Mar Rojo, y el ancho del Istmo de Zues, etc (II,4,2-145).  Para Hiparco eran 3,640 estadios (573 km, 5º12’); siendo que el valor real es de 5º14’.

 

Luego se tiene el segundo elemento de la tesis: el método de Posidonio para determinar el perímetro de la Tierra, con un error en 2.5º en el ángulo de Canopus medido desde Alejandría y Rodas, que arrojaba en el arco subtendido una distancia mayor a la medida de Eratóstenes (no obstante, en la consistencia de los datos, tal error quedó compensado dando un valor del perímetro terrestre muy aproximado al correcto).

 

Posidonio, por su parte, al determinar el valor del perímetro de la Tierra con un método astronómico, dice Aujac: “Partiendo de la observación de que Canopo, que toca el horizonte en Rdas, pasa por el meridiano de Alejandría a ¼ del signo del zodiaco (7º1/2), dedujo que la distancia Rodas-Alejandría equivalía a la cuadragésima octava parte del meridiano, incurriendo así en un error de más de dos grados sobre la diferencia de latitud entre las dos ciudades”(II,5,24-6), asignándole un valor a dicha distancia, de 5,000 estadios [787.5 km, 7.5º).

 

Estando en Alejandría, Posidonio observa el ascenso de Canopus sobre el horizonte, hasta en 7.5º según su medición, sabiendo que vista desde Rodas el ángulo sería de 0º, justo sobre el horizonte.  Ese ángulo subtiende un arco sobre la superficie terrestre entre Alejandría y Rodas, que, por geometría, corresponde exactamente a la diferencia de latitud en 7.5º entre una ciudad y otra; de modo que arroja un valor de 5,000 estadios, o 787.5 km.  Ahora, si se establece la relación de proporción, en la que, si 7.5º son a 787.5 km, como los 360º corresponden al perímetro de la Tierra (P), entonces: P = (787.5 km x 360º)/7.5º, de donde P = 37,800 km (realmente, un valor muy próximo al real de 40,000 km).  Posidonio, pues, en términos generales, no se equivocó, no obstante se excedió en 2.5º en el valor del ángulo de Canopus, de donde un ángulo mayor al real, dio una distancia Alejandría-Rodas mayor que la verdadera; pero al dividir consistentemente entre ese mismo valor del gran ángulo, el error se compensó.  El Perímetro de la Tierra, se comprobaba por Posidonio con otro método, en 40,000 km.

 

Cálculo de Posidonio 

Método astronómico de Posidonio para el cálculo del perímetro de la Tierra.  El ángulo de la altura de Canopus sobre el horizonte, vista por Posidonio en Alejandría, fue de 7.5º, cuando vista desde Rodas, al norte de Alejandría, es de 0º.  Dicho ángulo de altura corresponde a la diferencia de latitud entre ambas ciudades.  Conociendo la distancia real entre dichas ciudades, por una razón de proporción, es posible conocer el valor del perímetro de la Tierra

[Fuente. Hernández Iriberri, Luis Ignacio; http://espacio-geografico.over-blog.es/]

 

Viene el tercer elemento de la tesis: el aporte erróneo del perímetro de la Tierra por Estrabón (equivocadamente atribuido a Posidonio), al mezclar aquel los datos de Eratóstenes y Posidonio.

 

Hemos visto que el error no fue de Posidonio, como hasta ahora se había dicho por los historiadores al ver el error de 2.5º en la medición del ascenso de Canopus, e idea aceptada y reproducida hasta hoy.  Por lo que el error del valor del perímetro de la Tierra salió de otra parte, y afirmamos: de Estrabón.

 

Estrabón se dio cuenta que su maestro se equivocaba palmariamente en la distancia entre Alejandría y Rodas.  La mayor distancia, hemos visto, la había dado Polibio con 4,000 estadios (630 km), y a Posidonio le resultaba, por geometría, en 5,000 estadios (787.5 km); cuando el valor muy cercano al real lo dio Hiparco, en 3,640 estadios (573 km); no obstante Estrabón tomó por correcta la distancia dada por Eratóstenes, de 3,750 estadios, 590 km; pero, queriendo tanto reivindicar a su maestro, como desconocía de matemáticas, mantuvo el valor del ángulo medido por Posidonio a Canopus, de 7.5º, que, evidentemente, no correspondía a la distancia subtendida, falseando la consistencia de los datos.  Y así, en la relación de proporción para determinar el valor del perímetro de la Tierra, 7.5º de Posidonio, proporcionales a 590 km (3,750 estadios) de Eratóstenes, como la proporción de los 360º de la circunferencia, sería correspondiente al perímetro de la Tierra (P); entonces: P = (590 km de Eratóstenes x 360º)/7.5º de Posidonio, dan: P = 28,320 km.  El error fue de Estrabón, y con su autoridad se difundió sin objeciones.  Y ahí quedó planteado el problema enunciado en la tesis: <<la “cuarta parte del mundo”, se refiere a los 10,000 km faltantes del perímetro real de la Tierra medidos por Eratóstenes>>

 

En el cuarto elemento de la tesis, la principal y más autorizada objeción hubiese sido de Ptolomeo, sin embargo, al construir éste su Proyección Cónica, omite asentar los valores de coordenadas de su canevá; no evidenciando así, el error de Estrabón, el que podría detectarse fácilmente mediante la asociación de los 7.5º que Estrabón aceptaba de Posidonio, a los 5º del canevá.

 

I ane Proy Cónica Secante de Ptolomeo

El Mapa de Ptolomeo en su Proyección Cónica.  Se observa el trazo del canevá sin los valores marginales correspondientes de sus coordenadas.  El Sinus Mágnum en la parte oriental, y en el extremo oriente de éste, las tierras de Cattigara.

[Fuente: fotografía AISA; Morales Padrón, Francisco; Cristóbal Colón, Almirante de la Mar Océana; Red Editorial Iberoamericana; México, 1989; pp.34-35].

 

                              Se sabía ya desde los tiempos de Eratóstenes, que el Mediterráneo, entre las Columnas de Hércules y las costas de Palestina, se extendía en una longitud de 42º, por lo que ese valor entre el número de intervalos del canevá, que son 12, permitía conocer, a su vez, los grados de intervalo del mismo; es decir: en una rara división para conservar los 42º de longitud del Mediterráneo, el intervalo sería de cada 3.5º, que tampoco coincidirían con la diferencia de latitud entre Alejandría y Rodas.  En consecuencia, pareciera hacerse evidente que Ptolomeo cometió el error de darle 60º de amplitud al Mediterráneo (y de ahí la distorsión que se aprecia, particularmente con Italia), excediéndose, desconcertantemente, en poco más de 20º (tanto como un error de 2,000 km, en un ámbito plenamente conocido ya; si ese fuese el caso no podríamos decir mas que: comenzaba la Edad Media).  El canevá, pues, tendría así, un lógico intervalo de 5º, que en dos intervalos del canevá, corresponden aproximadamente a la distancia Alejandría-Rodas; y el mapa, con sus 34 divisiones meridianas totales para 170º de amplitud, representa prácticamente todo un hemisferio de la Tierra.

 

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24 enero 2010 7 24 /01 /enero /2010 09:02

El Mapamundi de Américo Vespucio:
el Descubrimiento
de la “Cuarta parte del Mundo”,
y la Verificación Científica
del Nuevo Mundo, por Exclusión (2/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri  

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica
de Geografía Teórica
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 28 ene 10.

 

Veremos ahora los argumentos demostrativos de nuestra propia afirmación en la premisa de tesis:

 

Premisa de tesis:

<<El descubrimiento de la “cuarta parte del mundo”, se refiere a los 10,000 km faltantes del perímetro real de la Tierra medidos por Eratóstenes>>

 

Por cinco siglos, objetivamente, eso afirmado ha estado ahí, narrado y en mapas; pero una lectura con ideas preestablecidas, y una interpretación cartográfica no-geográfica, antes que aclarar, oscurecieron el hecho casi hasta lo inescrutable.

 

Nos bastó que el Dr. Gustavo Vargas Martínez, en un ciclo de conferencias a principios de los años ochenta, dirigiera nuestra observación sobre esa cartografía compleja elaborada entre los siglos XIV a XVI, sobre la base de los mapas que venían desde la original Geografía de Ptolomeo; y una lectura histórica interpretativa sobre aquella, para, de la manera más natural, en realidad impensadamente, descubriéramos la solución al “misterio” que encerraban.  Hasta entonces, el estudio de tal situación había estado a la vista sólo de historiadores; de los cuales hace una rica síntesis Juan A. Ortega y Medina, en su obra: “La Idea Colombina del Descubrimiento Desde México (1836-1986)”.

 

El acierto del Dr. Gustavo Vargas, fue precisamente plantear el problema a los geógrafos (en este caso mexicanos), hasta entonces inmersos exclusiva y absolutamente en una geografía fenomenista, totalmente alejados de los “tecnicismos cartográficos”, y de una cartografía como elemento metodológico esencial de la Geografía, que apenas nosotros empezábamos a reivindicar y rescatar en una geografía espacista, justo en esos años, a raíz de nuestra tesis de Licenciatura: “Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento”, 1983.  Nos invitó a varios estudiantes y recién egresados a trabajar en el asunto, y no obstante nuestra disposición, pronto fuimos excluidos del proyecto; olvidándonos del mismo no sólo por nuestra exclusión, sino por no intervenir en ese tema y se mal entendiera nuestra actitud; pero los compañeros que permanecieron en relación con él, tampoco fueron más allá de lo que él ya había hecho, producto de la misma formación geográfico fenomenista.

 

No obstante, poco después, al participar en el I Simposio Nacional Sobre el Desarrollo Histórico de las Investigaciones Oceanográficas en México, en noviembre de 1986; preparamos un ensayo que, relacionando la investigación geográfica con la investigación oceanográfica en ese panorama histórico, necesariamente afloró aquello que el Dr. Gustavo Vargas nos había enseñado a observar en la cartografía histórica de las exploraciones por mar, de las tierras del Nuevo Mundo; y cuya explicación habíamos obtenido casi a “golpe de vista”, con los elementos que en sus conferencias nos había aportado; esto es: que la “cuarta parte del mundo” descubierta por Vespuccio, no podía referirse a ningún continente, sino a los 10,000 km, “cuarta parte” del total de 40,000 km del perímetro de la Tierra, obtenidos ya desde Eratóstenes en el siglo III ane.

 

Impensadamente llegamos así a nuestra tesis ya desde entonces, aun cuando por no interferir en el tema muy propio del Dr. Gustavo Vargas, esta tesis permaneció ahí por el último cuarto de siglo; y ahora, al revisar nuestro trabajo retomamos el punto, por lo demás, buscando a ver si el problema ya había sido resuelto, enterándonos que el mismo Dr. Gustavo Vargas Martínez había fallecido en el año 2006; y creemos que el conjunto de todas esas circunstancias, nos da libertad para exponerla finalmente aquí, dándole solución a un problema que ya duraba cinco siglos discutiéndose.

 

Así, los elementos esenciales de tal tesis, son los siguientes: 1) la determinación de la distancia entre Alejandría y Rodas por Eratóstenes; 2) el método de Posidonio para determinar el perímetro de la Tierra, con un error en 2.5º en el ángulo de Canopus medido desde Alejandría y Rodas, que arrojaba en el arco subtendido una distancia mayor a la medida de Eratóstenes (no obstante, en la consistencia de los datos, tal error quedó compensado dando un valor muy aproximado al correcto); 3) el aporte erróneo del perímetro de la Tierra por Estrabón (equivocadamente atribuido a Posidonio), al mezclar aquel los datos de Eratóstenes y Posidonio; 4) la omisión de Ptolomeo de los valores de coordenadas en su proyección cónica, no evidenciando así el error de Estrabón, y la representación en su mapa del Sinus Mágnum, y en el extremo oriente, de las tierras de Cattigara; 5) el proceso inicial del renacimiento geográfico con las cartas de Idrisi, que no representaba Cattigara como una cuarta península luego del llamado Quersoneso Áureo, y de , que por lo contrario, la adosaba al sur de Asia, en una controversia no sólo sobre su existencia o no, sino, principalmente, que dada por existente, sobre si había o no el llamado Paso del Sur; 6) el dato de Marco Polo de la existencia del Estrecho de Basmán o Paso del Sur; 7) la expansión del Imperio Otomano que cerró las Rutas de la Seda y la Especiería por tierra, obligando la exploración de la ruta marítima; 8) la opción colombina del viaje al Oriente por la Ruta de Occidente, con fundamento en la Carta Trapezoidal de Toscanelli, misma del Globo Terráqueo de Behaim, construida de acuerdo con el perímetro de la Tierra aportado por Estrabón; 9) el reconocimiento de un Nuevo Mundo por Colón, si bien como nuevas tierras al sur de Asia; 10) la exploración del Nuevo Mundo por más de una década, de 1492 a 1504, principalmente tanto por españoles como por portugueses en expediciones oficiales y secretas, desde las costas de Honduras hasta los 52º de latitud sur en las Islas Malvinas; 11) la asociación de Vespucio de la “cuarta parte de la Tierra navegada”, desde los 40º de latitud norte en España, hasta los 52º de latitud sur en las Malvinas, y la distancia recorrida, con el perímetro real; deduciendo que, en consecuencia, por simetría, aún habían 10,000 km al Asia, descubriendo la “cuarta parte de la Tierra”, faltante en el perímetro de Estrabón; de donde, por consiguiente, al separar el Nuevo Mundo colombino de Asia, no sólo desaparecía la Cuarta Península, sino, por exclusión, daba lugar al nuevo continente; y, 12) mostrar tales hechos en su mapamundi, que Waldseemüller representa en la parte superior de la orla del la Carta de Dié de 1507, frente al Mundo de Ptolomeo; hecho desconocido hasta no encontrarse un ejemplar de dicha carta, y atribuido por un tiempo a Stobnicza, por la conservación de una reproducción que éste hizo en 1512, de ese mapamundi de Vespuccio.

 

Demostrar nuestra tesis, pues, es demostrar la veracidad de cada uno de sus elementos componentes antes enumerados.  Y no obstante, hemos dicho, ello aún no será suficiente para la demostración plena, por lo que será necesario el recurso externo a la tesis, enunciado en la hipótesis, a saber, que: <<El descubrimiento de la “cuarta parte del mundo”, tomada por el Nuevo Mundo, hace caer en un absurdo, tanto en la actualidad, como en su contexto histórico>>.

 

                              En el próximo artículo, en consecuencia, discutiremos brevemente los argumentos demostrativos de cada uno de esos elementos de la tesis.

 

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24 enero 2010 7 24 /01 /enero /2010 09:01

 El Mapamundi de Américo Vespucio: 

el Descubrimiento de la “Cuarta parte
del Mundo”, y la Verificación Científica
del Nuevo Mundo, por Exclusión.
 Ensayo, 2010 (1/10)
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica
de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 28 ene 10.

 

Introducción.

 

                              Hemos venido haciendo una revisión histórica de nuestros trabajos en geografía, y ello ha implicado una revisión de la historia de la Geografía misma.  Cuando hicimos nuestra tesis de Licenciatura, documento del que aquí hemos partido en esa revisión, allá entre 1979 y 1982, no sólo no existía aún la Internet, sino ni siquiera había aún las computadoras personales.  Respecto de ello, nuestro escrito es verdaderamente un esperpento extremadamente rudimentario.

 

Pero al hacer esta nueva revisión, ya disponiendo de computadoras personales e Internet, ha resultado sorprendente la posibilidad de revisión documental, misma que no sólo ha incrementado nuestro conocimiento, sino que nos ha permitido confirmar nuestras ideas.

 

Un momento histórico en nuestra tesis, y en nuestros conocimientos hasta el día de hoy, estaba en un vacío absoluto por cuanto a la historia de la Geografía, y la generalización teórica de esa historia, en el siglo XVI; no obstante un momento esencial para entender los fundamentos metodológicos de la geografía moderna.

 

Ese vacío es explicable dada la complejidad teórica que representaba entender ese momento histórico que va justo de 1504 con la epístola Mundus Novus de Américo Vespuccio a Soderini; a 1569, con la aparición de la trascendental Carta en Proyección Cilíndrica Tangente Conforme, de Mercator; y momento histórico que pasa por la mezcla de los últimos portulanos con una representación ya moderna de la configuración continental; y las primeras cartas proyectivas que constituían el renacimiento de aquella ciencia geográfica griega; las cuales, en su rigor, se enfrentaban a su vez, a un momento complejo en la solución a la extensión del espacio geográfico, yendo atrás de las portulanas en la nueva configuración continental del mundo.  Simplemente, no obstante una gran cantidad de fuentes documentales, en aquel entonces no había explicación; las publicaciones con motivo del “V Centenario...”, no hicieron más que evidenciar esta falta de explicación; más aún, hasta hoy seguía sin haberla, y aquí estamos proponiendo finalmente la misma.  Queda aún el “misterio” para el caso de la construcción de la Proyección de Mercator, para la cual continúa sin haber explicación.  Pero, por lo que a nosotros toca, ya nada más es esa parte.

 

Pensamos este artículo como un resumen de todo ello, pero, además, respondiendo a la solicitud de una discípula, explicando la elaboración de la estructura para la exposición lógica.  Y dando unas palabras  introductorias al respecto, pasemos ahora a ello.

 

La exposición lógica, algo que ocupó la atención de la mayoría de los pensadores de la Ilustración, y de hecho desde Bacon y Descates, hasta Marx; se resuelve, pues, mediante la estructuración de un silogismo a partir de un entimema (el silogismo donde se da por sobre entendida una premisa).  Y veamos el ejemplo y su importancia con el tema que nos ocupa.

 

El entimema se puede expresar como sigue: <<El descubrimiento de la “cuarta parte del mundo”, se refiere a los 10,000 km faltantes del perímetro real de la Tierra medidos por Eratóstenes; ya que, tomada por el Nuevo Mundo, se cae en un absurdo, tanto en la actualidad, como en su contexto histórico>>.  En este entimema están tanto la premisa de tesis, como el consiguiente lógico, que opera como verificación de la hipótesis.

 

La premisa de tesis, aquel juicio categórico en el que afirmamos algo, es: <<El descubrimiento de la “cuarta parte del mundo”, se refiere a los 10,000 km faltantes del perímetro real de la Tierra medidos por Eratóstenes>>.  Normalmente, antecedido del “ya que”, o del “puesto que”, queda enunciado el consiguiente, en el que se omite el sujeto del juicio y se enuncia sólo el predicado: <<... tomada por el Nuevo Mundo, se cae en un absurdo, tanto en la actualidad, como en su contexto histórico>>, que de manera completa sería: <<El descubrimiento de la “cuarta parte del mundo”, se refiere a los 10,000 km faltantes del perímetro real de la Tierra medidos por Eratóstenes; que tomada por el Nuevo Mundo, se cae en un absurdo, tanto en la actualidad, como en su contexto histórico>>.

 

Quedaría sólo plantear el juicio antecedente, vinculando el predicado de la tesis, con el predicado del consiguiente o hipótesis, es decir: <<Los 10,000 km faltantes del perímetro real de la Tierra medidos por Eratóstenes; tomados por el Nuevo Mundo, hacen cae en un absurdo, tanto en la actualidad, como en su contexto histórico>>.  Si se estructuran en la forma del silogismo clásico, quedaría de la siguiente manera:

 

Premisa antecedente:

<<Los 10,000 km faltantes del perímetro real de la Tierra medidos por Eratóstenes; tomados por el Nuevo Mundo, hacen caer en un absurdo, tanto en la actualidad, como en su contexto histórico>>

 

Premisa de tesis:

<<El descubrimiento de la “cuarta parte del mundo”, se refiere a los 10,000 km faltantes del perímetro real de la Tierra medidos por Eratóstenes>>

 

Consiguiente (verificación de hipótesis):

<<El descubrimiento de la “cuarta parte del mundo”, tomada por el Nuevo Mundo, hace caer en un absurdo, tanto en la actualidad, como en su contexto histórico>>.

 

En este procedimiento, el propósito es demostrar la tesis que se afirma (en este caso, una explicación no dada antes: que los 10,000 km, son la “cuarta parte faltante del mundo”).  Pero sucede que para demostrar la tesis, no serán nunca suficientes los argumentos y pruebas que se aporten en ella misma, por vastos que sean; pues ellos resultan autocalificables.  Se requiere, pues, de un elemento externo, o adicional desde el cual se califique, y a través del cual se verifique lo propuesto en la tesis; en donde, cumpliéndose en él, entonces sí, demuestra la tesis (y la demuestra en tanto, y sólo en tanto, esas condiciones dadas); y de ahí que el consiguiente opera como la hipótesis.  Todos los argumentos y pruebas dadas en la hipótesis, en tanto verdaderas, en tanto verificables, contribuyen a la demostración de la veracidad de la tesis dados todos sus argumentos y pruebas, coherentes con la verificación de la hipótesis.  Los argumentos del juicio de la premisa antecedente, ya dados y demostrados previamente incluso por otros autores, complementarán la argumentación demostrativa de la inferencia.

 

Expongamos ahora tal razonamiento lógico, en la breve exposición de este artículo.

 

 

Descubrimiento de la “cuarta parte del mundo”.

 

El problema del descubrimiento de la “cuarta parte del mundo”, es algo que quedó determinado entre el siglo III y el siglo I ane, a partir de sendas mediciones del perímetro de la Tierra, primero por Eratóstenes, y luego por Posidonio, ambas correctas en la consistencia lógica de sus datos; pero finalmente por la intervención de Estrabón, que no sabiendo de geografía, pues era historiador, mezcló los datos de ambos, que produjo un error en el que se disminuía en 10,000 km el total del perímetro de la Tierra de 40,000 km.

 

Estrabón aceptaba como correcta la afirmación de Eratóstenes sobre la distancia entre Rodas y Alejandría, y entendía que su maestro Posidonio se equivocaba al respecto.  Pero, queriendo rescatar a su maestro, tomó de éste su procedimiento para determinar el perímetro de la Tierra; en donde, para Posidonio, el ángulo observado desde Rodas y Alejandría hacia la estrella Canopus, era de 7.5º.  Evidentemente, el arco subtendido por dicho ángulo sobre la superficie terrestre entre esas dos ciudades, daba un poco más de 800 km, muy superior a los aproximadamente 600 km que medía Eratóstenes (sobre los 571 que realmente hay).

 

Así, Estrabón, al romper la consistencia de los datos y tomar la proporción de una distancia menor a un ángulo mayor, y equivalerla a la proporción del perímetro de la Tierra como a 360º, obtuvo el resultado de un perímetro menor al real.  Esto es, que hizo la equivalencia de P = 360º; como la proporción de la distancia de Rodas a Alejandría dada por Eratóstenes, es al ángulo de 7.5º observados a Canopus, dado por Posidonio; de donde: P = (360º x 600 km)/7.5º = 28,800 km.  Esto es, que el que armó el histórico lío que se traducirá en el problema de la “cuarta parte faltante”, fue el historiador Estrabón, y no su maestro, el geógrafo Posidonio.  Si se hace el cálculo con los datos de éste, no obstante un error de más de 2º en el ángulo de Canopus, la consistencia de los mismos hace que el error se compense dando un resultado aproximadamente correcto: P = (360º x 830 km)/7.5º = 39,840 km.

 

El geógrafo Ptolomeo, por supuesto, se dio cuenta del error del historiador Estrabón, pero el servicio de éste al Imperio y la transferencia del poder de éste a Estrabón era tal, que Ptolomeo no se atrevió a evidenciarlo; ...por lo menos, no directamente.

 

Pero si se observa la Proyección Cónica Simple de Ptolomeo de ese mismo siglo I contemporáneo a Estrabón, se apreciará que éste le traza correctamente un canevá, que necesariamente debe ser con un intervalo de 3º; pero, obviamente, no consigna los valores de coordenadas, puesto que quedaría evidenciado que el ángulo a Canopus de 7.5º, no correspondería al ángulo entre las latitudes de Rodas y Alejandría, de 5º.  Y esto que Ptolomeo “dejó pasar”, se complementó con algo que él agregaba: que en el extremo oriente de su mapa, consignaba la existencia de un mar al que él le da un nombre (al parecer: “Mar de la Viruela Kol”), luego denominado “Sinus Magnum” (“Gran Seno”, pero que graficado no lo es tanto, siendo en realidad el desconocido Océano Pacífico); y tras él, la existencia de las tierras de “Cattigara” (lo que luego se llamará “América”).

 

Y ahí quedó conformado ya totalmente uno de los problemas geográficos más importantes, que llevó luego quince siglos el poderlo resolver, precisamente, con las exploraciones colombinas que en 1492 empíricamente descubren el Nuevo Mundo, y las exploraciones y deducciones de 1504 de Américo Vespuccio, que descubre la “cuarta parte del mundo”; no entendiendo por ella el Nuevo Mudo descubierto por Colón, pues sería la pueril pretensión de un burdo despojo, imposible ya para aquel entonces, tras una docena de años de exploración del mismo; ni tampoco refiriéndose a las hipotéticas Antípodas; sino a los 10,000 km, la cuarta parte faltante del perímetro de 40,000 km de Eratóstenes, que ahí Vespuccio reconocía como el valor real del mismo, y única explicación al atolladero en que se estaba desde fines del siglo XIII; y en ello, por exclusión, dejando en claro, con fundamento teórico, que el Nuevo Mundo colombino realmente era la existencia de un nuevo continente; quedando aún para llegar al Asia, 90º más de longitud en valores sexagesimales (la cuarta parte de 360º), o bien, equivalentemente, los 10,000 km (la cuarta parte de 40,000 km del perímetro real de la Tierra); y, paradójico...; luego llevó cinco siglos más, el poder aclarar y explicar todo ello; asunto que le ha tocado resolver, aquí y ahora, al geógrafo autor de estas líneas.

 

Brevemente, ello son los antecedentes contenidos en la premisa enunciada: <<Los 10,000 km faltantes del perímetro real de la Tierra medidos por Eratóstenes; tomados por el Nuevo Mundo, hacen caer en un absurdo, tanto en la actualidad, como en su contexto histórico>>.  Lo cual sólo ha sido lo dado y ya demostrado históricamente.  Veremos ahora los argumentos demostrativos de nuestra propia afirmación en la premisa de tesis, la cual ya se bosqueja desde ese último párrafo.



*   Se emplea el Modo BARBARA según la primera figura de los silogismos: M es P, S es M; luego entonces, S es P; útil para el procedimiento de la demostración de la veracidad.  Puede observarse que los juicios no se enuncian como “Todo...”, característico de un juicio universal, como debe ser el caso.  Pero la lógica formal da licencia para tomar en forma equivalente los juicios singulares, como los enunciados en el ejemplo, como juicios universales.


 
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18 enero 2010 1 18 /01 /enero /2010 09:00

 Américo Vespuccio: “La Cuarta Parte Faltante”.

Ensayo, 2010.
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri  
Espacio Geográfico”, Revista Electrónica
de Geografía Teórica 
http//espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 18 ene 2010.

 

Entramos en conocimiento del problema de “la Cuarta Parte Faltante de la Tierra”, con motivo de que hacia principios o mediados de los años ochenta (no recordamos con precisión la fecha), asistimos a un ciclo de conferencias impartidas por el historiador colombiano, el Dr. Gustavo Vargas Martínez, en la Facultad de Filosofía.

 

A lo largo de unas cuatro sesiones, expuso la historia esencial de la Geografía: el desarrollo de la cartografía como el proceso del conocimiento del espacio terrestre, desde la Antigüedad hasta el momento europeo del descubrimiento de un nuevo continente, al que se le dará el nombre de América.

 

Más allá de ese evento y una breve plática, nunca más volvimos a tratar con él, a pesar de nuestra disposición a su invitación para trabajar, junto con otros jóvenes compañeros geógrafos invitados, en la continuidad, ampliando y profundizando ese tema de investigación.  Sólo que, entre esa invitación y una siguiente plática, medió la eternidad.  Alguna vez, poco tiempo después, nos encontramos casualmente en las oficinas de una Editorial, respondió al saludo, pero siguió su camino; y por nuestra parte supusimos cancelada esa invitación.  Casi una década después visitábamos la Escuela Nacional de Antropología e Historia por algunas consultas, y nuevamente, de manera circunstancial, nuestros pasos se volvieron a cruzar; sólo que esta vez, con su actitud evasiva...  Simplemente era que desde el primer momento, se había convertido, siendo inducido a ello, en uno más a través de quien se aplicaba “el rigor de la proscripción institucional”; y como en todos los casos, sólo había que sonreír, y lamentar su condición.

 

El tema en realidad nos atraía, era de historia, pero suponía una solución teórica, ciertamente, geográfica; un problema de geografía teórica sumamente fascinante.  Pero ante su actitud de pleitesía institucionalista inducida vista desde el principio, decidimos desde entonces no tratar más con el tema para que no se fuese a interpretar como un arribismo oportunista de nuestra parte.

 

Sin embargo, hacia fines de 1986 habíamos estado trabajando indirectamente en esa materia, para participar en el I Simposio Nacional Sobre el Desarrollo Histórico de las Investigaciones Oceanográficas en México; sin recordar que fue primero, si aquel Ciclo de Conferencias –que nos parece que así fue– o este Simposio; pero para el mismo preparamos una ponencia con el título de: La Geografía en el Desarrollo Histórico de las Investigaciones Oceanográficas en México (que en algunas ediciones más de esta revista electrónica insertaremos); y he ahí que, sin saber de qué hablar, inventamos el título ad hoc al evento, y luego nos dispusimos a buscar con qué llenarlo.  No ocurriéndosenos otra cosa que relacionar a la Geografía y a la investigación oceanográfica, como el conocimiento de los océanos derivado de la experiencia de las exploraciones geográficas.

 

Y en esa historia de una relación muy forzada, redactamos, con las consultas básicas, dos párrafos de un pasaje que resultó sorprendente:

 

“...en el Globo Terráqueo de Behaim..., se establece la teoría de que Asia se extendía 100º más allá de sus límites reales, lo que le acercaba en alrededor de 10,000 km más a Europa por la Ruta de Occidente.

 

Por último, los más notables geógrafos de esta época vinculados a la oceanografía (que en su forma incipiente es la náutica en general), fueron Juan de la Cosa (1460-1510), y Américo Vespucio (1451-1512), quienes –y especialmente este último de acuerdo con la carta a Lorenzo de Médicis de 1504 [*], en donde le dice haber encontrado no islas o la vanguardia de Asia, sino la cuarta parte de la Tierra [**]– descubren realmente en estas tierras a un nuevo continente...”.

 

Y ahí estaba, la solución al problema en la asociación de 100º a los 10,000 km, y éstos a la “cuarta parte de la Tierra”, como la cuarta parte faltante del perímetro de la misma, había sido dada.  El trabajo lo leímos, y así, tal cual, fue dicho ante todos los asistentes a ese Simposio, ya que todos los trabajos se presentaron en el Auditorio del Museo de Ciencia y Tecnología.  Para nosotros resultaba algo natural y evidente, pero no nos dimos cuenta de su trascendencia, sino justo cuando un asistente de la primera fila, al terminar la exposición, se levantó y fue hasta nosotros para pedirnos que releyéramos ese pasaje.

 

No obstante, transcurrieron veinte años; entonces, en el 2006, falleció el Dr. Gustavo Vargas (nos enteramos de ello al tratar de revisar su obra por Internet, para redactar este artículo, considerando que ese dato lo hubiese ya desarrollado); y casi veinticinco años después, volvemos al punto.

 

Hasta donde hemos podido averiguar, y no siendo realmente exhaustivos, nos parece que esa explicación al problema ha seguido como incógnita [si entre los lectores hay quien conozca que ya antes ha sido expuesta por alguien, con gusto lo aclararemos en estas mismas páginas; ello no demeritará ni en el orgullo ni en la satisfacción profesional, en todo caso, de haber resuelto el problema independientemente], y hasta en tanto no se demuestre otra cosa, podemos afirmar, por lo menos provisoriamente, que nos es el honor de haber resuelto un problema que ya duraba casi cinco siglos.

 

No obstante, es aún una solución que se pudiera decir, tentativa, dado un hecho clave: con todo, nosotros no hemos leído, en fuente de primer orden, ni el Mundus Novus, ni la Lettera de Américo Vespuccio.  Luego de un cuarto de siglo hemos vuelto al tema al redactar este artículo, y a ello, hoy podemos agregar lo siguiente: entre un mar de textos sobre el tema, las citas hechas a dichos textos de Vespuccio, básicamente siempre son las mismas, y la que específicamente nos interesa; o sea, aquella donde expresa la idea del <<descubrimiento de la cuarta parte del mundo>>, sólo hemos encontrado una verdadera lectura seria al respecto, con una cita textual (no con corchetes en paráfrasis), incluso en el idioma original.

 

Esa obra es la del historiador mexicano Edmundo O’Gorman: La Invención de América (primera edición, 1958).  Entre lo mucho que hay que tratar de la riqueza contenida en dicho texto, destaca lo siguiente: O`Gorman retoma el mapa de Teodosio Macrobio de 1483, para establecer la existencia hipotética de las Antípodas; aún ello, no obstante, lo podemos remontar al Globo Terráqueo de Crates del año 150 ane.  Como sea, para la época de Colón y Vespuccio, dicha hipótesis es vuelta a poner en escena.  Y de la misma manera, remonta al siglo IV con Isidoro de Sevilla (560-636), el problema de “la cuarta parte del mundo”, sobreentendiéndose la referencia a las mismas Antípodas.

 

Trata O’Gorman, a su vez, sobre el dato “del paso marítimo que empleó Marco Polo en su viaje de regreso a Europa”, y su disyuntiva ante el problema de lo que el autor llama “la tesis de la península única”, refiriéndose a la Península  de Malaca, entonces conocida como el “Quersoneo Aureo”; o la “tesis de la península adicional”, aludiendo en este caso, precisamente, a Cattigara; proporcionándonos todo ello –dice el autor–, “el esquema fundamental para comprender el significado de las exploraciones...”[1]

 

En sus notas al pie, deja en claro que para Waldseemüller, esa “cuarta parte” es una gran isla; y retoma de éste el controversial texto original: “...et alia quarta pars per Americú Vesputiú inventa este...”[2].

 

Pero el Dr. O’Gorman aclara algo fundamental acerca de esa frase, y citamos de este en su Nota 117: “En efecto, dicha frase puede entenderse de dos maneras, según se entienda, a su vez, el verbo “invenio” empleado en ella.  Si se traduce por el verbo “descubrir”, como es habitual, surge el problema; si en cambio, se traduce, como es también posible, por el verbo “concebir”, en el sentido de discurrir o comprender, entonces, no sólo desaparecen las dificultades, sino que aclara bien el motivo que tuvieron los autores de la Cosmographiae Introductio para considerar justo que la “cuarta parte” del mundo llevara el nombre de Américo, puesto que así se reconoce que fue él quien concibió su existencia...”[3].

 

Analicemos esta importante contribución de O’Gorman: si se emplea, dice, el verbo “descubrir”, surge el problema; y ello, porque el debate es si quien descubre es él, o antes lo ha hecho Colón, que ha reconocido en esas mismas tierras a un “Mundo Novo”.  Una leve diferencia, sería que Vespuccio parece expresar, explícitamente, que ese mundo es la hipotética Antípodas: “<<Llegamos a una tierra nueva que encontramos[***] ser tierra firme (...).  Llegué a la parte de las Antípodas, que por mi navegación es la cuarta parte del mundo (...)...>>”[4].  Y en esta frase, Vespuccio no dice otra cosa, que: <<luego de navegar la cuarta parte del mundo (90º, entre 40º de latitud del hemisferio norte desde Portugal, más 50º de latitud del hemisferio sur casi hasta las Islas Malvinas), llegamos a las Antípodas; es decir, al lado opuesto, no refiriéndose con ello al continente que recorría por sus costas, el cual ya era conocido y sólo lo bordeaba explorando el punto en el cual se encontrara el Cabo de Cattigra>>

 

                              Luego O'Gorman dice, si en cambio se usa el verbo “concebir” (comprender, deducir), desaparecen las dificultades, y se aclara lo justo para Waldeseemüller, de nombrar a la “cuarta parte del mundo” como América.  ¿Se aclara?  No.  La equivalencia de conceptos es tal, que la confusión se hace casi inescrutable.  ¿Cuál “cuarta parte del mundo”?; el extremo sur de Cattigara?; el hipotético continente de las Antípodas?  Cuando Vesputiú inventa; cuando realmente dice haber descubierto la “cuarta parte del mundo” (por supuesto no como la parte navegada, ni mucho menos como el supuesto despojo que pretendiese hacer de la gloria de Colón); ciertamente, lo hace incluso en los dos sentidos de la acepción del concepto, pues lo que descubre, no es ningún continente concreto, sino por vía de la deducción, la comprensión, la concepción de lo abstracto de un espacio cuya longitud sexagesimal era de 90º y decimal, de 10,000 km, eso que descubre es: la cuarta parte faltante, en el perímetro de la Tierra de 40,000 km, calculado originalmente por Eratóstenes.

 

                              Esta es nuestra contribución, estaba ahí desde 1986.  Pero es necesario corroborarla con la lectura directa del Mundus Novus y de la Lettera de Vespuccio, para no depender de citas sueltas, literalmente con la ambigüedad de citas de segunda mano hechas en forma de paráfrasis.  Pero ello será ahora asunto de las nuevas generaciones de geógrafos, en particular de aquellos formados en la investigación teórica (mal llamada “pura”), o investigación básica, de punta, o de frontera, como también se le conoce.  Si nos es posible, ya volveremos a  ello.



[*] En realidad hubo una primera carta a Lorenzo de Médicis, pero donde Américo Vespucio dijo lo de “la cuarta parte faltante”, fue en una segunda carta dirigida a su amigo Piero Soderini, el cual a su vez la hizo llegar al duque Renato II, y éste finalmente a Walseemüller.

[**] Esta frase citada de la carta a Soderini: “...haber encontrado no islas o la vanguardia de Asia, sino la cuarta parte de la Tierra”, preferentemente, debió entrecomillarse; sólo que ahora no recordamos la fuente de dónde la tomamos.

1   O’Gorman, Edmundo; La Invención de América; Fondo de Cultura Económica, Lecturas Mexicanas Nº 63; primera edición, 1958, presente edición, 1984; México, 1984; p.97.

  Ibid. Nota 117 (subrayado suyo).

  Ibid. Nota 117 (subrayado suyo).

[***]   También se expresa como: “descubrimos que es tierra firme...”, y no una isla.

   Varela Bueno, Consuelo; Amerigo Vespucci; Ediciones rei, Biblioteca Iberoamericana; México, 1991; p.62 (cita en paráfrasis por la autora).


 
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14 enero 2010 4 14 /01 /enero /2010 09:00

 Controversia Geográfica
como Consecuencia del Perímetro de la Tierra
Dado por Estrabón.  Artículo, 2010.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri  

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica
de Geografía Teórica 
http//espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 14 ene 10.

 

El problema realmente estaba planteado ya desde mediados del siglo II, con el mapa de Ptolomeo (98-168); pero la controversia no apareció sino con el avance del conocimiento geográfico, dado doce siglos después, al combinarse tanto un factor externo a la Geografía, como fue la aparición del libro de Marco Polo en 1298; como por un factor interno, dado precisamente por el valor del perímetro de la Tierra de Estrabón, del siglo I.  Esto es, por el avance del conocimiento geográfico dado en el curso de dos siglos completos, entre los siglos XIV a XV, si bien desembocó aún a principios del XVI.

 

Estrabón, como lo demostramos en artículo anterior, determinó el perímetro de la Tierra con un valor de 28,349 km; es decir, poco más e 10,000 km, que es un poco más de la cuarta parte del total del perímetro terrestre.

 

Aproximadamente un siglo después se tiene la Carta en Proyección Cónica Simple de Ptolomeo, la cual posee su canevá, pero no los valores correspondientes.  No obstante, en dicha Carta se representa desde el Meridiano de las Canarias, hasta las tierras de Cattigara en la parte oriental del Sinus Magnus, ubicado apenas hacia donde actualmente está la isla de Borneo.  Esto representa, en sus valores reales, unos 135º de longitud.

 

En esa Carta de Ptolomeo, el Mar Mediterráneo abarcaba 12 divisiones del canevá de su proyección, desde las Columnas de Hércules hasta las costas de Palestina, equivalentes al valor real de 40º de longitud.  Lo que, para efectos prácticos, cada división en el canevá de dicha proyección, significa 3º de longitud (con un rango de error de 4º).

 

Luego, de Zanzíbar a Borneo, el mapa de Ptolomeo comprende 22 divisiones, 66º de longitud; que en sus valores reales es de 75º de longitud.  Nuevamente, para efectos prácticos (con un error de 9º), los 3º de cada división también corresponden a esta otra distancia.

 

Si la división fuese cada 5º, la longitud del Mediterráneo sería de 60º (20º más de error, evidentemente falso).  Y la longitud de Zanzíbar a Borneo, sería, ya no de 66º como lo calculaba Ptolomeo, sino de 110º (con un aparente error de 40º).  Lo sorprendente, es que por toda la Edad Media hasta fines del siglo XV, se consideró que el valor del intervalo en el  canevá de la cónica de Ptolomeo, era de 5º.

 

Ello quiere decir que, en términos generales, en el mapa de Ptolomeo las distancias son correctas y proporcionadas.  Hasta ahí todo está bien.  Pero ¿por qué Ptolomeo no puso los valores de longitud correspondientes?  Ello no fue precisamente por ningún olvido: hacerlo, era simplemente poner en duda la autoridad de Estrabón, pues fácilmente se pueden deducir por dicho canevá con tales valores, los 5º entre Rodas y Alejandría, y de ahí en adelante, que el valor dado por Estrabón al perímetro de la Tierra, era erróneo.  Todo lo cual, habla del peso de la autoridad de este último.  Pero esta omisión y condescendencia de Ptolomeo para con Estrabón, dejó el dato histórico de un perímetro terrestre de una cuarta parte menos de su valor real.

 

La era oscura entre los siglos IV a VIII, son un vacío en el conocimiento del espacio geográfico.  Figuran en esta época, Cosmas de Alejandría, o Indicopleustes, que rechazando el modelo esférico de la Tierra, el cual declara falso, en el año 547 dibuja el espacio geográfico como el interior de un tabernáculo semejante al Arca de la Alianza.  Es la época de los conocidos como “mapas de T en O”, uno de los más famosos es el de Isidoro de Sevilla (560-636).

 

A partir del siglo VIII, con el surgimiento y expansión del Imperio Árabe, comienza a darse un resurgimiento del saber geográfico, con una cartografía peculiar conocida como Tablas de Peutiger (por el primer autor en estudiarlas, Konrad Peutiger, en 1508) o Itineraria Picta; que eran mapas de rutas continentales, básicamente comerciales, entre el mundo árabe y Europa; y de ahí que por mucho tiempo la cartografía árabe no aportara a la idea de la configuración del mundo.

 

Ello no ocurrió sino hasta mediados del siglo XII, con el mapa de Edrisi (1100-1165), al servicio de rey Roger II en Sicilia; mapa que en 1154 vuelve a la idea de una Tierra esférica (o por lo menos, ello, veladamente en su representación circular; pero cabe pensar en la esfericidad, dado lo curvilíneo de ciertas delimitaciones latitudinales), y en el cual Edrisi retoma la idea de las esphrágidas de Eratóstenes.

 

En ese mapa de Edrisi, el Océano Indico ya no aparece cerrado, como en el mapa de Ptolomeo, y en consecuencia, ello quiere decir que no se registra la región de Cattigara, habiendo un paso abierto del Índico a lo que sería el actual Océano Pacífico.

 

Y será hasta el inicio del siglo XIV, cuando el Imperio Otomano prácticamente cierra el acceso a las rutas de la seda y de las especias, que esa región de Cattigara; existente en Ptolomeo ya desde el siglo II; ausente en Edrisi en el siglo XII; pero nuevamente presente, ahora como una gran península en el extremo de Asia, con Andreas Bianco a mediados del siglo XV; que despertará una enorme controversia, de cuya solución derivará el nacimiento de la Geografía moderna.

 

Y el problema se abrió precisamente con Marco Polo (1254-1324), a su regreso de China en 1295, y la difusión de un pasaje de su libro de 1298.  Tres años después de su regreso a Europa, participa en una batalla entre Génova y Venecia, y a favor de ésta, y ocurre el afortunado acontecimiento de que es hecho prisionero por aquellos, lo que a su vez permite que en su celda, sin más qué hacer, dicte, en 1298, su Libro del Viaje.

 

Geográficamente aportará un dato de relevante importancia dada las dificultades incrementadas para la travesía por la Ruta de la Seda con la expansión de Imperio Otomano: esto es, que a su vuelta de China, lo hizo por mar, aprovechando el Paso de Basmán.  Con ello, resultaba entonces que Edrisi tenía la razón y se podría llegar al reino de la seda por mar.  Pero he aquí que, para entonces, principios del siglo XIV, aparece la llamada Escuela Cartográfica de Mallorca (en realidad Escuela Geográfica, pero distinguidos los términos por influencia de Estrabón), con geógrafos como Juan de Cariñaño (¿?-1340), con su mapa de 1311; y Angelino Dulcert, con otro semejante de 1339; hasta el llamado Atlas Catalán, de Jafuda Cresques y su hijo Abraham Cresques, de 1375; cartas que en común tienen el ser construidas mediante el criterio de rumbo y distancia en navegación de cabotaje (sin perder de vista la costa), considerando los puertos importantes, de donde recibieron su nombre de Cartas Portulanas.

 

Pero, al transitar a ese siglo XIV, Pedro d’Ailly (1351-1420) elabora su Mapamundi en el Imago Mundi (1410), con la teoría de Crates; con lo que comienza un viraje en la representación cartográfica, seguido por Andreas Bianco (1448), en cuyo Mapamundi monohemisférico con el punto cardinal oriente puesto hacia en norte convencional actual; por primera vez se representa; sin duda con una información venida de China pero mal interpretada por los geógrafos europeos; una gran península saliente de la región de Indochina. Y con ello se destapa un problema contenido por largo tiempo en todos los mapas objetivos, desde los primeros, tanto de Pomponio Mella como de Ptolomeo (excluyendo por lo tanto toda la cartografía de tipo teologal; esto es, algo, en este caso un mapa –si bien no una virtud– que tiene por objeto a Dios); por lo tanto, luego de un vacío del siglo II hasta el siglo XIV.

 

Y ocurrió el hecho fatídico para Europa: en 1453, finalmente, cae Constantinopla en poder turco, por lo que el paso a través del Mar Rojo fue ya imposible.  Andreas Bianco era asistente de Fra Mauro (1459), el cual hace su propio Mapamundi monohemisférico, con una presentación invertida o “de cabeza”, que exponía la idea opuesta a la de su asistente, omitiendo la representación de tal península, y aceptando la idea original de Edrisi, no registrando la región de esa gran península llamada Cattigara.

 

Todos los geógrafos siguientes van a continuar la idea de Andreas Bianco; y más aún, hacia el último tercio de ese siglo XIV, la Cartografía Portulana comenzará a ser reemplazada por el renacimiento de la Cartografía Proyectiva de los antiguos griegos con la Proyección Trapezoidal de Toscanelli (1397-1482); simultáneamente al hecho de que aparece el mapa de Teodosio Macrobio (1483), en el cual se plantea claramente el problema, ahí donde este traza la gran península en su mapa, y sobre ella una banda (con alguna leyenda), justo en donde se supone estaría el Paso de Basmán.

 

A los anteriores le siguen Nicolás Germanus y Henricus Martellus, que con sus Cartas elaboradas entre 1489 y 1492, representan claramente la existencia de tal “Cuarta Península” (luego de la de Arabia, de la India –deficientemente dibujada–, y de Indochina).

 

Finalmente, en el mismo año clave de 1492, previo a la partida de Cristóbal Colón al Oriente por la ruta de Occidente, aparece Martín Behaim (1459-1507), con su Globo Terráqueo (cuyo proyecto al parecer conoció Colón), con el que se sintetiza la controversia.  Esto es, ya no sólo si tal Cuarta Península existía o no, sino, como consecuencia, si el Paso de Basmán existía o no; pero más aún, si Asia tenía que “estirarse al oriente” hasta lo inaceptable para compensar las longitudes reales, dada la suficiente experiencia y mediciones ya para entonces, de los viajes a Taprobana..., o si –como alternativa casi impensable– el perímetro de la Tierra con el valor de Eratóstenes, explicaría toda esa situación.

 


 

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