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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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18 noviembre 2010 4 18 /11 /noviembre /2010 00:07

Clich--Literatura 

Análisis Marxista

de la Historia de la Cultura.

  Ensayo, 2002-2010 (7/8).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 12 ago 10.

 

El movimiento modernista en la historia de la cultura, no debe confundirse con la categoría sociológica del período que viene del siglo XV a nuestros días, conocido precisamente como Modernidad (entre la Edad Media y la Época Contemporánea).  El movimiento cultural del modernismo, en la periodización de la historia de la cultura, ocurre entre 1870 y 1930, es el modernismo previo a la aparición de la sociedad socialista integrándose por una serie de estilos en diversas artes, como el impresionismo (con su auge en la década de los setenta del siglo XIX), el simbolismo (en la década de los ochenta del siglo XIX), el expresionismo (de principios del siglo XX) y sus grupos, como el fauvista; forman el “modernismo clásico".  Luego habrá un segundo período, en que el desarrollo del modernismo da lugar al estilo del cubismo de principios del siglo XX, nace, con él, el “modernismo vanguardista”, que se irá integrando por otros estilos, como el abstraccionismo (hacia 1910), el dadaísmo (1916-1924), el Bauhaus (de 1919), el surrealismo (en la década de los veinte), etc., y que se contrapone ya al movimiento cultural del realismo socialista surgido en la Unión Soviética hacia fines de los años veinte y principios de los treinta.

 

Se caracteriza el primer período del modernismo por su pesimismo, por la pesadumbre ante el futuro, y no sin razón: nace con la burguesa vergonzante masacre del proletariado en la insurrección de la Comuna de París en 1871, tras la guerra franco-prusiana, que impone la pax bismarckiana, que por veinte años ejecutó una feroz persecución y represión del movimiento obrero europeo que se organizaba en los Congresos de la marxista Asociación Internacional de los Trabajadores (o la I Internacional Comunista).  En 1890 asciende al poder en Alemania Guillermo II, y con él se inicia la lucha por los intereses colonialistas que conducirán directamente a la I Guerra Mundial de 1914-1918.  Ínterin, el mundo ve surgir las primeras revoluciones sociales tanto en Rusia en 1905, que fracasa, como en México, que se inicia en 1906 y se prolonga en diversas etapas hasta 1917.  Y cuando la revolución anarquista en México es derrotada por la democracia burguesa, reaparece en Rusia la lucha revolucionaria que da lugar a la revolución que establece el primer Estado socialista de la historia.  Y esta etapa histórico-cultural tuvo que concluir con la gran crisis económica de 1929; unos años después se inicia el ascenso del fascismo y luego de nacionalsocialismo o nazismo, lo cual ya hubiera sido demasiado para el melancólico modernista, que no es sino un romanticismo naturalista burgués degenerado y exagerado, en el cual la burguesía se avergüenza y lamenta de sí misma.  El movimiento del modernismo en la historia de la cultura, cualitativamente de predominio de la ideología burguesa en la cultura, con el desarrollo del movimiento sociopolítico del proletariado expresando sus propios intereses en la ciencia, en la moralidad, y en la visión estética del mundo, entró entonces en contrariedad con un nuevo movimiento cultural producto de los cambios sociales.

 

Son representativos de este momento histórico, Marcel Proust (1871-1922), Thomas Mann (1875-1935), Pablo Picasso (1881-1973), Virginia Woolf (1882-1991), Paul Cézanne (1839-1906).

 

Con ello vino así el segundo período del modernismo, renovado como movimiento “vanguardista”, particularmente luego de 1930.  Ciertamente da un viraje y parece ya no reconocerse como parte del anterior modernismo, a tal punto que esboza incluso el concepto de “posmodernismo”, concepto mismo que no prosperó por dos razones fundamentales: 1) la identidad con la modernidad como categoría social que resultaba negativo rechazarlo, y 2) el mayor peso político que representaba el concepto del “vanguardismo”.

 

Participan ya de las características de esta segunda etapa, Igor Stravinsky (1882-1971), Le Curbosier (1887-1965), Salvador Dalí (1904-1989), James Joyce (1882-1941), André Bretón (1896-1966), Henri Matisse (1869-1954), entre muchos más.  Cuyo solo nombre nos remite a dos características esenciales: la elitización de la cultura (y de ahí la idea de “avantguard”), y el individualismo exacervado snobista, como el “zeitgeist” o “espíritu de la época”, como nos lo dice el estudioso del período, Chris Rodríguez; es decir, de la imitación por moda de lo que se supone elegante, rompiendo constantemente con “lo anticuado”.

 

Frente a ello está, pues, ya en esta segunda etapa de confrontación del modernismo vanguardista con el realismo socialista que hasta entonces sólo lo había sido en general en su condición antmarxista o anticomunista; un vanguardismo que se confronta con lo popular crítico y progresista, la imagen de lo proletario: el jazz, el blues, el teatro de Bertolt Brecht (1898-1956), Serguei Eiseinstein (1898-1948), Charles Chaplin (1899-1977), como expresión de la nueva musa de las artes que aparece con la cinematografía.

 

Lo que realmente lleva al movimiento modernista a su final como forma única dominante de la cultura en los intereses y visión del mundo de la burguesía luego del romanticismo; fue la aparición de la revolución socialista en Rusia, y con ello, una década después, de una nueva iniciativa en el proceso de la historia de la cultura: el movimiento cultural del realismo socialista.  Profundamente optimista por el futuro, exaltando la estética del obrero y del campesino, hace ver al modernismo como la expresión de la ruina moral de la burguesía y del capitalismo; y entonces ésta urgió la aparición de nuevas alternativas de expresión cultural burguesa, frente al realismo proletario socialista.

 

El movimiento cultural del realismo socialista aparecía con fundamento ideológico en la filosofía dialéctico materialista, el marxismo, la teoría del comunismo.  Pero, siendo el fundamento ideológico de la burguesía en el idealismo subjetivo y en la metafísica, en una amplia diversidad de filosofías, como la filosofía de la vida de Nietzsche, o el existencialismo, el empirismo lógico, o el funcionalismo; etapa de la historia de la cultura propia ya a la contemporaneidad el siglo XX.

 

La etapa contemporánea de la historia de la cultura, se inicia así, hacia el inicio del segundo tercio del siglo XX, con la expresión de los intereses objetivos, materialista científicos, prácticos y concretos, del proletariado en el realismo socialista; y de los intereses de la burguesía en el modernismo “avantguard”, de una diversidad de estilos culturales, los cuales, todos, tienen en común, el subjetivismo idealista filosófico.

 

Explicar este período es complejo, no sólo por alguna dificultad intrínseca, que la hay, sino porque hablar de ello ya no es historia, ya no es “pasado muerto”; sino es sociopolítica, es “presente vivo”.  Ya no es la historia de la cultura en abstracto, sino –como lo hemos explicado a lo largo de este trabajo– la lucha ideológica de clases expresada en ello, con la diferencia que ahora lo es en nuestro propio momento histórico y necesariamente nos involucra, vemos representados nuestros propios intereses presentes de clase en ello.

 

El movimiento cultural del modernismo y su evolución vanguardista que pasa por la II Guerra Mundial, por último, tuvo como punto final convencional el año 1979, en que Jean François Lyotard publica su trabajo, La Condición Posmoderna.  Ese concepto del “posmodernismo” estaba ya enfáticamente presente desde el primer lustro de los años setenta, apenas contenido en sus propósitos oscurantistas por la vigencia aún del realismo socialista; pero se hizo incluso realmente representativo sólo después de ese documento de Lyotard, y se desplegó ya con todo su potencial sólo a la caída del socialismo entre fines de los años ochenta y principios de los noventa, y con él, de la dilución del movimiento cultural del realismo socialista.

 

Nuevamente el predominio ideológico de la cultura burguesa es lo que caracteriza lo que ahora estrictamente debemos considerar como la contemporaneidad, de 1980 a nuestros días.  Sólo que eso complejo de nuestra contemporaneidad, no puede explicase sin un examen más detenido de las características de la etapa final del movimiento cultural del modernismo, particularmente luego de la II Guerra Mundial, en que, como veremos, se elabora la ideología de la “posmodernidad”, entendida ya no únicamente como el movimiento cultural posterior al modernismo vanguardista, sino como el rechazo y contraposición a la Modernidad misma como etapa sociológicamente considerada desde el siglo XV.

 


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18 noviembre 2010 4 18 /11 /noviembre /2010 00:06

Clich--Literatura 

Análisis Marxista

de la Historia de la Cultura.

  Ensayo, 2002-2010 (6/8).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 12 ago 10.

 

Pero terminó el período del neclasicismo, y arribamos al período Romántico propio del siglo XIX.  Su contexto histórico es el de dos momentos notables: el de la primera mitad del siglo, de desarrollo de la Revolución Industrial y consolidación del capitalismo y un predominio notable del idealismo filosófico en las autoridades de Kan, Hegel, Schiller, Schellin, y Fichte; aquí, como dice Padilla Bolívar, “el sentimiento se impone siempre al raciocinio que el burgués “Sturm und Drang” consideró superado…”[1]; y en Francia se inicia con Mme, Staël, Chateubrian, Lamartine, Víctor Hugo, Vigny y Stendhal, que, dice Bolívar, a partir de 1830 van ganando en conciencia social.

 

Y no es casual que así sea, fidedignos observadores de la realidad de su tiempo, pues justo entonces el proletariado comienza a su vez a ganar en conciencia de clase; en Inglaterra se origina el Movimiento Cartista, y en Francia aparece el pensamiento socialista con Pierre J. Proudhon (1809-1865), seguidor del alemán Kaspar Schmidt (Max Stirner, 1806-1856), fundador de la teoría del Anarquismo.

 

Caracterizará a los romanticistas su oposición a la idea del “arte por el arte”, entonces defendida entre otros, por Gautier, y demuestran incansablemente el papel social de éste.

 

Pero el romanticismo, como todo otro movimiento cultural, no será monolítico, sino que se dividirá en dos grandes corrientes de expresión, representativas ellas de los intereses, ya de la burguesía en el romanticismo naturalista; o bien del proletariado, en el romanticismo realista.

 

Apenas le antecede un Federico Schiller (1759-1805), el filósofo idealista, autor de Guillermo Tell, en donde se defiende lo justo frente al poderoso y su argumenta éticamente la teoría de Maquiavelo a favor del oprimido; y Johan W. Goethe (1749-1832), que con su Fausto, considerada como la más célebre pieza del movimiento literario del Sturm and Drang (de la “Tempestad e Ímpetu”), precursor mismo del romanticismo, con el cual se rompen los rigorismos ilustrados del neoclasicismo, en otros tiempos necesario, es expresión de mayor libertad en el hacer, y por ello, de los anhelos de la burguesía avanzada de un capitalismo consolidado.

 

La clase proletaria en ascenso, ante la ominosa opresión del capital, encontró en personajes como Lord Byron (1788-1824), el prototipo romanticista de sus intereses, de su imagen y semejanza; otro tanto emulado en Rusia por Alejandro Puschkin (1799-1837).  Les sigue Honorato de Balzac (1799-1850), cuya obra de conjunto es conocida como La Comedia Humana, hace la más feroz e irónica crítica al burgués conservador que alienta tiempos monárquicos.

 

Aparece luego Víctor Hugo (1802-1885), acerca del cual dice Padilla Bolívar: “afirmó siempre que el poeta debe ser el eco del sentir popular”, denunciando a realidad social, de lo cual lo más representativo es su obra Los Miserables.  Charles Dickens (1812-1870), con quien “se hace popular la prosa ingles”, un utopista que, citando a Bolívar: “Confía en el buen corazón de los pudientes para mejorar la sociedad”; Nicolás Gogol (1809-1852), cuyas obras son el más fiel reflejo de la miseria del campesinado ruso esclavizado, a su vez expuesto en los ensayos de Herzen; Iván Turgenev (1818-1883; por estas fechas, directo y paralelo contemporáneo de Carlos Marx), que intenta llevar a la Rusia feudal a la modernización capitalista; Fedor Dostoieski (1821-1881), y León Tolstoi (1828-1910), del cual, La Guerra y la Paz, lo dice todo.

 

Gustave Flaubert (1821-1880), que, expresa Bolívar, “barrunta desorden y revolución por doquier”; y Emilio Zolá (1840-1892), optimista por el futuro, decía: “El hombre sólo existe en relación con la sociedad.  Sociedad que el capitalismo corroe”[2].

 

Ese romanticismo realista en América, tuvo a sus mejores representantes en José Joaquín Fernández de Lizardi (1776-1827), y su Periquillo Sarniento. como en José Hernández (1834-1886), en su Marín Fierro.

 

La contraparte al romanticismo realista, el romanticismo naturalista, se expresó con toda su fuerza en Richard Wagner ( 1813-1883), de él, “las viejas epopeyas medievales –nos dice Padilla Bolívar–, que después exaltará el nacionalsocialismo”, y “cediendo a la influencia que en él ejercieron Nietzsche y Schopenhauer…”.

 

Con el romanticismo realista de Gustavo Adolfo Bécquer (1837-1870), concluye este período de la historia de la cultura, y a él seguirá un nuevo movimiento general, denominado Modernismo, que se inicia con Rubén Darío (1867-1916), y Amado Nervo (1870-1919).

 



[1]      Ibid.

[2]      Ibid; citado por Padilla Bolivar.

 



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18 noviembre 2010 4 18 /11 /noviembre /2010 00:05

Clich--Literatura 

Análisis Marxista

de la Historia de la Cultura.

  Ensayo, 2002-2010 (5/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 12 ago 10.

 

 

El Humanismo ha nacido en el siglo XIV, y lo último que quedaba de la sociedad feudal, era su heráldica de caballería, de la que Miguel de Cervantes Saavedra se encargará con su obra clásica, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote…, publicada a principios del siglo XVII.  Todo lo demás serán ya resabios de ese pasado.

 

Pero los intereses de las clases sociales expresados en los movimientos culturales, tendrá su más clara manifestación en la nueva sociedad, pues el capitalismo simplificará, y cada vez más, las clases sociales sólo en dos: la burguesía y el proletariado.

 

Así como el románico, bizantino y gótico, sociológicamente corresponden durante la Edad Media a la Alta y Baja Edad Media, con la transición renacentista carolingia, respectivamente; a lo cual a su vez corresponde la división económico-política de los tributos al señor feudal mediante la renta en trabajo, renta en especie, y finalmente la renta en dinero; así el nuevo orden de cosas en el sistema económico capitalista, dejará ver la correspondencia de sus movimientos culturales, con una interesante variante: aquí las clases oprimidas ya expresarán abiertamente sus manifestaciones culturales, por lo que éstos se irán dando por pares como expresión de los intereses y anhelos de cada una de las dos grandes clases sociales.

 

En ese sentido, los pares de movimientos culturales contrapuestos en cada momento histórico son: 1) del Renacimiento a la Ilustración (ss.XVI-XVIII), el par de movimientos contrapuestos manierista-clasicismo (s.XVI); y 2) el par de movimientos barroco-neoclásico (s.VII-VIII); 3) en el Romanticismo (s.XIX), los movimientos del romántico realista y el romántico naturalista; 4) en lo Contemporáneo en una primera etapa (1870-1930), el par de movimientos modernismo-realismo socialista; y 5) en lo Contemporáneo en una segunda etapa (1930-al presente), el par, realismo socialista-vanguardismo (este último en un momento dado también denominado posmodernismo).

 

En este período histórico, económico-políticamente el régimen capitalista; sociológicamente se divide en dos grandes épocas conocidas como las épocas moderna y contemporánea; en esos lapsos, las periodizaciones histórico-culturales antes mencionadas reflejan el desarrollo histórico de la lucha de clases sociales, primero, entre los siglos XV a XVIII, entre la burguesía y las monarquías resabio del feudalismo; y, entre los siglos XIX a XX, entre la burguesía y el proletariado.

 

En ese sentido, el manierismo que reflejaba los intereses y anhelos de las monarquías, se vio enfrentado poco después con el clasicismo que, por su parte, reflejaba los intereses de la burguesía revolucionaria y progresista de ese período renacentista-ilustrado.  De la misma manera, el barroco (y su variante novohispana en el churrigueresco), de la últimas monarquías, a poco tuvo su respuesta en la literatura y arte que reflejaba los intereses y anhelos de la burguesía, el neoclasicismo.

 

Tras la Revolución Francesa (1789) por un lado, y la Revolución Industrial (primera mitad el siglo XIX), por otro, desaparecen los últimos vestigios de la era feudal y se consolida el capitalismo.  Pero apenas ocurre ello, surge una nueva clases social: el proletariado, antes oculto, subsumido entre el campesinado del Tercer Estado.

 

De ahí que al movimiento romántico naturalista reflejando los intereses de la burguesía que ahora comienza a volverse conservadora, le es su contraparte el movimiento cultural romántico realista, que mostrando el mundo de la explotación capitalista y su sociedad injusta, refleja los intereses del proletariado.

 

Pero uno es el capitalismo manufacturero de los siglos XV a XVIII de la Época Moderna; y otro, tanto el capitalismo industrial monopolista privado del siglo XIX; como otro más, el del capitalismo industrial monopolista de Estado, e industrial-financiero, del siglo XX en la Época Contemporánea.  Y correspondiente a ese capitalismo monopolista privado, fue el naturalismo romántico afín a los intereses de la burguesía, como realismo romántico lo fue a su vez a los intereses del proletariado premarxista, o previo a la teoría del comunismo; como correspondiente al capitalismo monopolista de Estado ya propio del siglo XX, lo fue ese realismo romántico y su sucesión en el realismo socialista del proletariado en un nuevo régimen económico-social: el socialismo, como el modernismo y su sucesión en el vanguardismo (o posmodernismo) lo fue de la burguesía.

 

Y todo ello fue así, hasta fines de la década de los ochenta del siglo XX; al derrumbarse el socialismo, y con él el prestigio del realismo socialista, reina sólo ya ese movimiento cultural-ideológico del posmodernismo.

 

En las expresiones literarias propias a cada uno de esos movimientos, se tiene, por ejemplo, El Cortesano, de Baltasar de Castiglione (1478-1529), “refinado en su labor de atraer a la noble Corte”, como dirá Padilla Bolívar; pero que, inversamente, nosotros diríamos, <<refinado en reflejar o expresar los intereses monárquicos>>.  Lo directamente opuesto lo es William Shakespeare (1564-1616); “es, como Lope de Vega en España, el verdadero creador del teatro popular…  Shakespeare debió ser un “burgués racionalista” –es decir, más progresista que conservador–…”[1].  Y en Francia y Holanda, François Reblais (1492-1553), con sus Gargantúa y Pantagruel; y Miguel de Montaigne (1533-1592), y sus Ensayos.

 

El renacentista siglo XVI, es la consumación de la nueva filosofía del Humanismo, por excelencia ateísta, que ha dejado de lado a Dios para ubicar en el centro la dignificación ser humano antes humillado y sumiso, que venía de dos a tres siglos atrás, pero en el tránsito de éste al siglo XVII, cuando ya no hay vuelta a atrás en el pensamiento humanista, aparece Erasmo de Rotterdam (1466-1536), que celoso clérigo, deslinda su “Humanismo Cristiano” del Humanismo clásico renacentista, al que ahora se denomina como “Humanismo Literario”.

 

Pero he aquí que, justo con ello, es que aparece ya más definidamente el movimiento cultural del barroco, y con él, en España, Luis de Góngora (1561-1627), y, por ejemplo, su Fábula de Polifemo y Galatea; y Francisco de Quevedo (1580-1645), y su Historia de la Vida del Buscón; en Inglaterra, a mediados del siglo XVII triunfa la segunda revolución burguesa de la historia con Oliverio Cromwell, y una Inglaterra que ha puesto a la monarquía en el escaparate de la historia, da lugar, ya a principios del siglo XVIII a un clasicista Daniel Defoe (1659-1731), con su Robinson Crusoe, que enaltece las capacidades humanas en el individualismo burgués; o a un Jonathan Swift (1667-1745), con sus Viajes de Gulliver, en donde hace mofa de las realezas ante lo descomunal del ser humano mismo.

 

Pero el siglo XVII, particularmente su segunda mitad, será ya del clasicismo extremo, que ha dado en denominarse como el neoclasicismo.  Se supera el barroco, y están presentes figuras como Jean Baptiste Racine (1639-1699), o el profuso Jean Baptiste Poquelín, “Moliere” (1622-1673), con una devastadora crítica al orden y costumbres monárquicas, lo cual se desarrolla aún más en autores como Pierre A. Caron de Beaumarchais (), que con su Barbero de Sevilla, o Las Bodas del Fígaro, ya hace una crítica y análisis social.  Aún un defensor de la aristocracia como Bossuet, en sus Sermones Fúnebres, despliega los fundamentos progresivos de la sociedad burguesa, que para el siglo XVIII, con Rousseau (1712-1778), y su Eloisa, o su Emilio, instruye a la sociedad en la teoría educativa; o Voltaire (1694-1778), y su Cándido, uno de sus cuentos filosóficos de 1759, contra los prejuicios de la época y un faso optimismo de clase.

 



[1] Bolívar Padilla, A; Atlas de Literatura Universal; Editorial Jover, Barcelona, 1973.

 



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18 noviembre 2010 4 18 /11 /noviembre /2010 00:04

Clich--Literatura 

Análisis Marxista

de la Historia de la Cultura.

  Ensayo, 2002-2010 (4/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

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México, 12 ago 10.

 

Ya en la Edad Media, cuyas bases se echaron desde principios del siglo IV con el Edicto de Milán de Constantino del año 313 tras su triunfo en la batalla del Puente de Milvio, que condujo al Concilio de Nicea en el año 325, y más tarde al Edicto de Tesalónica de Teodosio del año 380, con el que se oficializa el cristianismo, la cultura, en Europa, fuente de nuestras influencias culturales, quedará dominada por el providencialismo de esta religión, que hasta ese momento se había desarrollado en el período conocido como paleocristiano.

 

Con Teodosio se tiene la última etapa de la cultura paleocristiana, y con éste se realiza el proyecto de Dioclesiano (286): se divide el Imperio Romano en Oriente y Occidente (395).  La ciudad de Constantino (Constantinopla), la antigua Bizancio, en el siglo VI, un siglo medio después a Teodosio, ahora bajo el imperio de Justiniano (527-565), será sede de la nueva influencia cultural que tomará el nombre de bizantina, cuyo primer período será denominado, románico (ss.VI-VII), cuyas principales manifestaciones son, tanto en la pintura como en el mosaico, los íconos de la historia sagrada de los evangelios, y en la arquitectura, las relativamente bajas, y estéticamente, aparentes pesadas iglesias.

 

El alto clero cristiano hecho poder social, económico y político, formando parte de la nueva clase social del señorío feudal y separada ahora del bajo clero y de las masas cristianas, hizo suyo el arte paleocristiano, se lo despojó a esas masas de cristianos antes catecúmenos, y lo hizo íconos en las primeras iglesias, convirtiéndolos en símbolos de dominación.  No casualmente hacia el final de este período, en el 730, estallará el movimiento iconoclasta en la lucha de poder entre los mismos señores feudales; representando, unos, la vaga vuelta a un mundo de laicidad en un Estado civil, como algo muy escondido en la reproducción en ellos de las viejas herejías arriana y nestoriana (descalificado todo ello como “paganismo”), que separando al ser humano de la divinidad, respondía a su vez a los intereses de las grandes masas; y otros, representando el orden establecido de un Estado teocrático, fundado en el dogma monofisista de Atanasio, de la encarnación de Dios en Jesús, propio de los menos, en el poder.

 

En el año 778, tienen lugar los sucesos de lo que será la Marca Hispánica[a] de Roncesvalles, en que Carlomagno sufre una emboscada y su retaguardia comandada por su sobrino Rolando (inmortalizado en la Chanson de Roland), le protege la huída.  Unos años después, en el 795, la expansión del Imperio Franco fija finalmente dicha Marca Hispánica.

 

 Cinco años después, en el 800, por auctorictas papal, el papa León III corona a Carlomagno como Emperador Romano, el cual, tácitamente, no deseaba subordinarse en potestas imperial al papa, y mucho menos al obispo de Roma, lo cual agudizó su diferencia con los bizantinos, que acabaron reconociéndolo sólo como Emperador Franco.  Carlomagno muere poco después, en el 814, y sus hijos se dividen el Imperio, que se extingue en pugnas.  Al mismo tiempo, en el 843, desaparece el Imperio Romano de Occidente, y a éste le sucederá (un siglo después, en 962) el Sacro Imperio Romano Germánico con el reino de los francos carolingios de oriente, que venían desde el año 751 con Carlos Martell.  El Sacro Imperio es tal (“Imperio Sagrado”), dado que es el papa el que unge y da investidura como emperador, al que antes le ha dado protección precisamente a la iglesia.  Pero aquí tendrá su origen lo que más tarde se denominará como “Querella de las Investiduras”.

 

Derrotado finalmente el movimiento iconoclasta con Teodosia en el mismo año en que cae el Imperio Romano de Occidente, el 843; luego de un breve resurgimiento en el 813 tras el II Concilio de Nicea del año 787 en que pareció haber terminado; a ello seguirá la llamada Edad de Oro del bizantino, entre el 850 y el 1204, año último en que ocurre la caída de Constantinopla en manos de los Cruzados.

 

Luego del movimiento cultural del románico que llega hasta el siglo VII, y tras el período iconoclasta por un lado, y el Renacimiento Carolingio por otro, con todo su contenido de movimiento cultural que responde a los intereses civiles progresistas hasta mediados del siglo IX; los siguientes tres siglos hasta mediados del siglo XII, pudieran denominarse propiamente como del movimiento cultural bizantino, a manera de un retorno al predominio de los intereses del clero, hasta esa última fecha, en que se fija el inicio del movimiento cultural del gótico.

 

El movimiento cultural del gótico entre el siglo XII y el siglo XV, representa el fin de la Edad Media y su régimen económico-social feudal, y, simultáneamente, el camino que llevará al Renacimiento y el régimen económico-social capitalista; son tres largos siglos al que les es característico lo propio a los estados de transición.  De hecho, como dice el lugar común, le caracteriza el momento más oscuro, el cual ocurre justo previo al amanecer.

 

Como nunca, la iglesia había acumulado una enorme riqueza, que se traducía en la construcción de las más grandes y hermosas catedrales. Y en medio de ese fasto del poder para el siglo XIV, en Inglaterra escribe el poeta Chaucer (1340-1400), que en sus Cuentos de Canterbury, retoma a un Boccaccio (1313-1375), y su Decameron; cuentos estos últimos, en los que, a diferencia de Dante Alighieri (1265-1321), Boccaccio está volcado ya abiertamente en la crítica al clero.  Estos, junto con Petrarca (1304-1374), representan culturalmente los intereses de las clases sociales interesadas en dejar atrás catorce siglos de dominio religioso: nace con ellos, el Humanismo.  No será ya Dios el centro de la atención, sino el ser humano; no se despreciará más al ser humano en función de salvar el alma; no se aspirará más a la paz en el sobrenatural Reino de los Cielos, sino a la paz y a la dignidad humana en el Reino de la Tierra.

 

Pero está ya ahí, también, desde fines del siglo XII, el momento más oscuro: ha surgido desde entonces el “Tribunal del Santo Oficio”, la “Santa Inquisición” (1184, en Languedoc, al sur de Francia).  Institución aberrante que tendrá su existencia hasta principios del siglo XIX, si bien desde fines del siglo XVIII, particularmente con las reformas borbónicas en España y la Revolución Francesa de 1789, ya ha perdido toda fuerza política.  No obstante, continuará existiendo el nefasto Index Librorum Prohibitorum, que dejado de actualizar apenas en 1948, es con el papa Paulo VI en 1966, que se decide suprimirlo.

 



 [a] Aquí nace, curiosamente, un malentendido con Andrea, en relación con el origen de la lengua española; y de ahí la profusión de datos del contexto histórico que poco parece tener de relación con la historia de la cultura.

 En el Concilio de Tours (mediados del siglo IX –hacia el año 850, cuando se reestablece el dominio teocrático y pierde fuerza el Imperio de un Carlomagno ya desaparecido–) se habla todavía de una “lengua romana rústica”, que se supone fue la lengua que dio origen a las lenguas romances, [y] hay huellas de éstas ya desde los siglos XII y XIII” (Le français ne vient pas du latin, Yves Cortez, Ediciones L'Harmattan; en, “El Verdadero Origen de las Lenguas Romances”, Johnny Torres; www.elcastellano.org; junio 2007).  Pero en el siglo XII, “la obra cumbre de la poesía de estos primeros tiempos es el poema de Mio Cid (h. 1140)…  La triada monorrima asonante es la estrofa usada en todo el cantar, y su irregularidad métrica, junto con su historicidad y realismo de escenas y personajes, la distinguen de la épica francesa, legendaria y regular” (en “Atlas de Literatura Universal”; A. Padilla Bolívar; Ediciones Jover, Barcelona, 1973).  Y ya para fines del siglo XIII, en su celda en prisión, “Marco Polo dicta en francés, su relación de Viajes (1298)” (en “Atlas de Literatura Universal”; A. Padilla Bolívar; Ediciones Jover, Barcelona, 1973).  Y, ¿en qué lengua escribe ya Gonzalo de Berceo (1197-1264)?

Asuntos de la lingüística, de lo que sólo nos interesa establecer, que una era la lengua al norte de los Pirineos (lugar de la distribución de la Marca Hispánica), y otra, u otras, la lengua al sur de dicha cadena montañosa.  Con la derrota de Carlomagno en el 778, no sólo quedó históricamente confinado al norte de los Pirineos esa “lengua romana rústica” que allí derivó al francés; sino, principalmente –preciosísima Andrea–, igualmente quedó confinada al sur de la distribución de la Marca Hispánica, lo que, a partir de ahí y en el futuro, será la lengua castellana… (de hecho, formalmente, el primer documento de nuestra lengua, data del año 964).  A ese origen me refería, y de ahí la importancia de los acontecimientos de la Chanson de Roland, en relación con el origen de nuestra lengua […y ahora ya puedo morir en paz].


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18 noviembre 2010 4 18 /11 /noviembre /2010 00:03

Clich--Literatura 

Análisis Marxista

de la Historia de la Cultura.

  Ensayo, 2002-2010 (3/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 12 ago 10.

 

Pero ello, a su vez, en medio de la I Guerra Mundial de 1914-1918.  Mas ello no era todo lo que daba razón de ser al pesimismo del movimiento modernista que representaba los intereses de las clases sociales acomodadas; más esencial lo fue precisamente el surgimiento de la Revolución Socialista en Rusia de 1917, que marcaba el viraje de la historia.  Y entonces apareció en la sociedad socialista naciente su propio movimiento cultural: el Realismo Socialista, profundamente optimista (hasta la exageración poco racional en algunos casos, pero plenamente justa).  Entonces el movimiento del modernismo resultó inútil para enfrentar la propuesta socialista, y el capitalismo generó el llamado movimiento vanguardista (“posmodernista”, en un nombre que no se usó mucho, en el sentido de posterior al movimiento modernista, y que a su vez evitaremos en ese sentido, para no confundirlo con el posmodernismo de fines del siglo XX), caracterizado por una amplia diversidad de movimientos culturales (el cubismo, el dadaísmo, el surrealismo, entre otros).  La lucha de clases en la literatura y el arte en forma de movimientos culturales representando los intereses y anhelos de unas u otras, se hizo, pues, más evidente, al darse directamente entre la expresión de la cultura en el socialismo, o en el capitalismo.

 

Y por si fuera poco entender ya esa complejidad ideológica y política vinculada a la Literatura y el arte, al derrumbarse la primera experiencia histórica del sistema socialista hacia finales del siglo XX y dominar omnímodamente la propuesta científico-cultural capitalista dada en el llamado “Posmodernismo”, entramos a un momento histórico complejo, que confunde fácilmente el análisis crítico en la Literatura y el arte, como veremos más adelante.

 

 

Los movimientos culturales,

y la representación (literaria o artística)

de los intereses de una clase social históricamente dada.

 

Todo movimiento cultural, es la representación (literaria o artística) de los intereses de una clase social históricamente dada.  Lo esencial al revisar los antecedentes, ha sido el hecho de destacar que todo movimiento cultural es expresión ideológica que representa los intereses de una clase social históricamente dada, y hemos de referirnos ahora a la explicación de este concepto y su relación con la literatura y el arte.

 

Cada época histórica mencionada: la comunidad primitiva, el esclavismo, el feudalismo, el capitalismo y el socialismo, se definen, en un análisis marxista, por ser en su esencia esos grandes períodos históricos en que la sociedad se ha organizado de una manera específica para producir sus bienes materiales, mismo que evoluciona y se transforma, transitando a una nueva manera de organización social en su modo de producción.

 

Es a partir de las relaciones sociales que se dan en el proceso de producción que se forman las clases sociales; principalmente, de un lado, entre aquellos que con su trabajo producen los bienes materiales; y, de otro lado, con aquellos que se han apropiado de los medios que producen esos bienes materiales para la sociedad, principalmente la tierra y las fábricas.

 

En la comunidad primitiva en que no se daba aún esa apropiación en unos cuantos de los medios de producción que producen para todos, en consecuencia, no existían las clases sociales.  Pero conforme la sociedad fue dividiéndose el trabajo, y luego los agricultores por una parte, y los pastores por otra, se fueron apropiando de lo que antes fue de la sociedad en su conjunto, a la vez que el asentamiento y crecimiento de la sociedad generaba las ciudades y con ellas la complejidad de administración que dio lugar a la aparición del Estado, con éste aparecen las fuerzas coercitivas que finalmente garantizaron lo que dio en llamarse la propiedad privada y su heredad.  Aparecieron entonces, en ese proceso, los poseedores y los desposeídos: los señores esclavistas, y los esclavos, y con ellos, las dos primeras clases sociales.

 

Los intereses y anhelos de ambas clases sociales no sólo eran necesariamente distintos, sino esencialmente contrapuestos, expresión ideológica, y como tal, parte de la lucha de clases; y esos intereses no podían manifestarse formando toda una ideología, sino en sus expresiones culturales; donde, evidentemente, sería dominante el movimiento cultural de la clase social en el poder.

 

Para la comprensión de la historia de la literatura occidental, hemos de partir de la Grecia homérica.  Se había llegado socialmente al estadio de las “Ciudades-Estado”, en donde, del siglo XIII ane al siglo VII ane, se caracterizaron por el autocrático dominio de la aristocracia; vino luego el período que propiamente llamamos como clásico, hasta el siglo II ane, al que le siguió el llamado helenismo.  Corre paralelo el desarrollo romano, en donde, simultáneo al período clásico griego, se establece la República, pero también, donde paralelo al helenismo, surge el Imperio.

 

De esos orígenes son la épica homérica de la Ilíada y la Odisea, en que se muestra la transición del mundo antiguo, aristocrático, encerrado en sí mismo, del héroe Aquiles, a un mundo nuevo, más social, el del héroe Ulises; y cuya máxima expresión estará en Los Trabajos y los Días, de Hesíodo.

 

Con el período clásico aparece la lírica, de Tirteo la elegía (poema de sentimiento triste de hexámetros y pentámetros alternados), y de Solón el yambo (poema formado con pies de una sílaba corta y otra larga acentuada), como recurso de propaganda ideológica de sentimientos patrióticos; y con Píndaro, la lírica coral; y contrapuesto a ello, el individualismo de Cátulo y Horacio, o la poesía bucólica y pastoril que añora los tiempos de la “vida en la naturaleza”, de Teócrito. Todo ello muestra los sentimientos contradictorios de la vida social griega del clásico; pero esquema que se repetirá una y otra vez en cada época de la historia, según los que han ganado el presente, según los que han perdido el pasado, o según los que temen al futuro, o los que aspiran a que éste sea mejor.

 

Aparece también la tragedia, desde Tespis y Esquilo en el siglo VI ane, a Sófocles y Eurípides en el siglo V ane, como género que representa en su esencia ese momento histórico del ser humano regido por el designio de los dioses, sin poder, finalmente, realizarse como humano, de lo cual Prometeo Encadenado es la pieza más simbólica del primer momento, como quizá Medea lo sea del segundo, donde los dioses están cada vez menos presentes y la tragedia es más social.

 

El clásico (500-323 ane) vivió su época social de crisis que determinó mucho de su contenido: la derrota de la democrática Atenas por la aristocrática Esparta en las guerras del Peloponeso.  Y luego el helenismo que fue su continuidad, culminó con la conquista por Roma (146 ane) tras la Batalla de Corintio (lapso en el cual en Roma ocurría lo contrario al ceder la monarquía el paso a la República (510 ane), hasta el desplazamiento de ésta por el Imperio al inicio de nuestra era).

 

La expresión cultural se daba dominante por parte de la clase esclavista, y en ella, la cultura se daba abierta entre la aristocracia y la democracia esclavista, siendo esta última, la cual se aproximaba a los intereses de los eslavos.

 

En el período heleno-romano está Plauto (254-184 ane), representativo de la literatura popular particularmente en la comedia; y su opuesto, Ennio (239-16 ane), en representación de lo aristocrático, en la tragedia.

 


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18 noviembre 2010 4 18 /11 /noviembre /2010 00:02

Clich--Literatura 

Análisis Marxista

de la Historia de la Cultura.

  Ensayo, 2002-2010 (2/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 12 ago 10.

 

El movimiento cultural del bizantino sólo podría terminar, entonces, al ser suplido por un movimiento cultural análogo: el carolingio, surgido del llamado Renacimiento Carolingio promovido por Carlo Magno durante su reinado entre los siglos VIII-IX, en lo que se conoce ya como la Baja Edad Media.

 

El movimiento cultural carolingio, progresista, ilustrado, no podía ser, en consecuencia, sino predominantemente iconoclasta; surge con la Escuela Palatina y va dirigido a la corte imperial franca.  Es históricamente progresivo no sólo en el plano de la cultura respecto al bizantino, sino principalmente por el reestablecimiento de las escuelas, cerradas todas finalmente desde principios del siglo VI; pero representaba aún los intereses de la clase social feudal en el poder.  El campesinado que constituía la clase social en servidumbre ligada a la tierra, al feudo (conocido por ello como siervo de la gleba), en el más absoluto dominio ideológico de los señores feudales y del clero, continuaba haciendo suyo, como desde los tiempos del palocristianismo en que realmente le perteneció, el arte icónico bíblico como la expresión espiritual de sus propios anhelos.

 

Luego, entre los siglos IX-XIII (algunos autores lo ubican desde el siglo X), se expresa el movimiento cultural denominado como románico, donde, pasado el lapso renacentista carolingio, se vuelve a los pesados mantos oscuros en que vuelven a proliferar, y como nunca antes, los templos eclesiales, en los que se ha perdido totalmente incluso la fineza bizantina y carolingia, no obstante con una nueva estética; socialmente, fueron los siglos de la mayor decadencia.

 

A nuestro juicio, el movimiento cultural del románico, fue el resultado de la fusión icónica religiosa que conservaban las clases oprimidas a las que no acabaron de llegar la luces palatinas, con el nuevo poderío feudal del alto clero que supo valerse de los anhelos de las masas puestos en la iconografía bíblica, llevada a la arquitectura.  Fue por ello, un momento de reidentidad cultural entre las clases sociales.

 

Sin embargo, a partir del emperador turco Tamerlán a fines del siglo XIV en que inicia la expansión de su imperio bloqueando las rutas de la especiería a la India como de la seda a China, obligando tanto a chinos como a europeos a la búsqueda de nuevos caminos, se abrirá el momento histórico que llevará al nuevo renacimiento, que se habrá de ubicar ahora en Italia principalmente.  En ese lapso histórico entre los siglos XIV a XV en que el pensamiento científico empieza a despertar, tendrá como contraparte el florecer del movimiento cultural Gótico.

 

Las estéticamente bajas y “pesadas” iglesias del románico, como argumentando en contra del pensamiento científico que ya se vislumbra, se yerguen ahora altas y esbeltas, que en su estructura estética acicular y luminosos medallones en lo más elevado de las arcadas, parecen invitar esta vez a sus fieles a alcanzar ahí mismo el cielo.

 

El conocimiento científico avanzó y floreció, respondía éste más, en su capacidad de apropiación del mundo por el ser humano, a los intereses de las clases oprimidas deseosas de los cambios hacia un mundo mejor; frente a la monotonía y conformismo religioso promovidos por las clases poderosas del mundo feudal de la Baja Edad Media.  Y un mundo, por diez siglos, profundamente teocrático, transitó, liberándose del oscurantismo religioso, del teísmo medieval, al panteísmo renacentista, y luego de éste, al deísmo de la Ilustración, hasta, finalmente, el ateísmo del romanticismo decimonónico.

 

Aquella identidad de los anhelos populares en la iconografía paleocristiana recuperada por el alto clero, finalmente también se rompió, ahora había que creer en el ser humano, en su inteligencia, en sus capacidades, y ya no en la mítica imagen de la bella pintura de un cuadro acerca de un mundo sobrenatural, metafísico, de un Reino de los Cielos finalmente por siglos inalcanzable.  Y en ese tímido y sutil panteísmo de los siglos XIII a XV, nació el Humanismo.

 

Y cuando frente al teísmo teocentrista, el humanismo antropocentrista era ya irreversible, el pensamiento místico, a principios del siglo XVI, se adaptó a los nuevos tiempos con Erasmo de Rotterdam (1469-1536), y Melanchthon (1497-1560), el colaborador de Lutero, diferenciando del Humanismo clásico ateísta (al que también llamaron “Literario”), el Humanismo Cristiano (misericordioso, compasivo, caritativo, y en ese sentido, más que un humanismo, un “humanitarismo”).

 

De ese modo, así como ese “Humanismo Literario” preocupado por la ciencia y el renacer de los clásicos griegos dio lugar a los movimientos culturales, primero del Clasicismo y luego del Neoclacisismo, que representaban ahora los anhelos de los oprimidos; el “Humanismo Cristiano” dio lugar al movimiento cultural del Barroco (y sus variantes del manierismo, del churrigueresco y el rococó), representando el mundo de la opulencia.  En un movimiento, el clasicismo, lo sobrio, lo simple, lo sencillo, lo inherente a las clases empobrecidas; y en el otro, el barroco, lo exuberante, lo abigarrado, lo complejo, como lo propio a las clases enriquecidas y ostentosas como sólo lo podían ser en la representación de las monarquías de la época.

 

Si en alguna época de la historia de la Literatura y el arte se rompe con esa imagen unilineal de su desarrollo y esta aparece con toda evidencia como un ámbito de la expresión ideológica de la lucha de clases sociales, esa es, con toda claridad, precisamente esta época del Renacimiento y la Ilustración (ss.XV-XVIII); y lo será, en adelante, cada vez más con mayor énfasis, en el siguiente movimiento cultural dado ahora en el siglo XIX: el Romanticismo.

 

El Romanticismo no será un movimiento cultural único; en su seno se divide en dos grandes corrientes: a) el romanticismo realista, y b) el romanticismo naturalista.  El primero denominado así por mostrar con desgarradora pasión la agitada realidad vivida por el ser humano explotado y oprimido en el momento ya cimero del capitalismo; el segundo, en su nombre llevaba no sólo la atención hacia lo bello de la naturaleza susceptible de disfrutarse por el ocioso opresor y explotador de las masas, sino ideológicamente, en su expresión estética, hacia la idea de lo inamovible, de lo eterno, de lo fijo.  Y así como el romanticismo realista es heredero del clasicismo y neoclasicismo, el romanticismo naturalista es continuidad del barroco.

 

Sin embargo, hacia el último tercio del siglo XIX, advino uno de esos momentos históricos complejos como sólo lo pueden ser los momentos de transición de una época a otra.  El Humanismo del naciente orden capitalista en ese momento progresista frente al feudalismo medieval, entró poco a poco y cada vez más claramente en contradicción con el sistema económico-social que lo había engendrado, y cuando para mediados del siglo XIX surge la teoría del comunismo, el sistema capitalista había llegado al “comienzo de su fin”.  Y de ese capitalismo ya en proceso de descomposición, que vería las insurrecciones europeas de 1848-1849, y el levantamiento de la Comuna de París en 1871, hizo que el Romanticismo diera paso al movimiento cultural denominado como Modernismo.

 

Pero esas condiciones sociales fueron las que determinaron en ánimo de las clases sociales poderosas las características del Modernismo: en su esencia, la pesadumbre.  Y ese pesimismo era por un temor al futuro, que para la clase social en el poder, cada vez se veía más aterrador, y no infundadamente.  El siglo XX nace en medio de movimientos sociales revolucionarios, en México y en Rusia en 1905 principalmente, que sólo adelantaban lo que vendría respectivamente en 1910 y en 1917.

 


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18 noviembre 2010 4 18 /11 /noviembre /2010 00:01

Clich--Literatura 

Análisis Marxista

de la Historia de la Cultura.

  Ensayo, 2002-2010 (1/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 12 ago 10.

 

Con toda la pasión

que nos despierta la Literatura,

vaya dedicado este ensayo a,

Andrea Eme Tegé.

 

Introducción.

 

Alguna vez, allá por el año 2002 o 2003 –y no recordamos ni por qué ni cómo; al parecer por algo que tenía que ver con los conocimientos literarios y artísticos–, fuimos invitados a dar una conferencia en la Universidad en la que colaborábamos; plática para la que se prestaba, y así elegimos, sin que recordemos exactamente por qué rezón, exponer un análisis de la historia de la cultura.

 

Ese análisis de la historia de la cultura, por nuestra parte, no podía ser sino un “análisis marxista de la historia de la cultura”; esto es, un análisis basado en la consideración de las contradicciones generales y particulares que mueven el desarrollo, lo mismo de la ciencia, que de la literatura y el arte.

 

Ello condujo a que posteriormente se nos pidiera impartir un curso sobre el tema, que en lo personal nos fue extraordinariamente interesante abordarlo, más aún, que teníamos un grupo extraordinariamente especial; no por una invitada externa al curso; sino por los alcances culturales de una de las estudiantes del grupo.  Pero había ahí, también, otro estudiante, de clases social “acomodada”, un tanto de mayor edad, por ello “líder” del grupo..., y, profundamente reaccionario.  Luego entonces, hacia el final del curso hubieron problemas y no concluyó como lo hubiera deseado; y los cursos posteriores los impartió entonces otro compañero profesor sobre el modelo de programa que habíamos impartido, pero...  Bueno, así son las cosas.

 

Como quiera, por otra parte, le impartíamos la materia de “Geografía Histórica Hispanoamericana” a los estudiantes de la Licenciatura en Literatura, y por ellos nos enteramos que, por lo menos la estructura que utilizamos, fue retomada para seguirse impartiendo aquel curso.  Lo importante fue, así, que para esos estudiantes, por lo menos, rompimos el esquema lineal con que se les enseñaba la historia del arte y la literatura.

 

Expondremos aquí, no sólo nuevamente la estructura de ese esquema, sino, esencialmente, el análisis dialéctico clasista que implica en la historia de los movimientos culturales, sobre la afirmación de que: todo movimiento cultural, representa los intereses de una clase social históricamente dada; ya que ello es la expresión ideológica de sus anhelos.

 

 

La expresión ideológica

de los anhelos de las clases sociales.

 

Toda representación (ese volver a presentar en lo literario o artístico) de los intereses de una clase social históricamente dada, es expresión ideológica de sus anhelos. El examen de la literatura y el arte así, carece de sentido, se hace falsa “cultura por la cultura”, cuando ello no se vincula a los intereses y anhelos de las clases sociales; por lo que en el análisis marxista de ello será de fundamental necesidad considerar las condiciones objetivas que determinan dichos intereses, y forman una ideología que se expresará en el arte o en las letras, y cuyo estilo o manera de hacerlo, formará un movimiento cultural determinado.

 

La base fundamental del análisis marxista de clases radica en la consideración general de los grandes modos de producción económico-social: la comunidad primitiva (de los orígenes de la especie humana, a través del salvajismo y la barbarie, hasta la aparición de la propiedad privada y el Estado, hace unos 3000 años, en el surgimiento de los primeros grandes imperios); el esclavismo (del origen de los grandes imperios, a la caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476); el feudalismo (del s.V-XV); el capitalismo (del s.XV a nuestros días); y el socialismo (en la experiencia de casi todo el siglo XX).

 

Al régimen de comunidad primitiva le caracteriza la inexistencia de clases sociales (de ahí el nombre de “comunidad”, por el cual, todos sus miembros se toman por iguales en todo sentido).  Los intereses y anhelos de esa comunidad, serán los de poder generar excedentes alimenticios, y superar el desasosiego cotidiano de la esclavizante dependencia a la naturaleza; lo cual va logrando en las sucesivas transiciones de los estadios del salvajismo, a los estadios de la barbarie.  Sus expresiones culturales (nos centramos aquí en el arte en general y la literatura en particular), estarán determinadas por ello; y así, hablaremos de un arte (canto, danza, música, pintura, y escultura, principalmente; aún no había escritura) de la comunidad primitiva.  Estas expresiones culturales, por lo tanto, representarán los intereses y anhelos de todos por igual; y significaran una recreación estética colectiva común.

 

Eso último, dejará de ser así en la sociedad esclavista.  En su momento, se darán ahí, necesariamente, dos expresiones culturales en función de los intereses y anhelos de cada clase social: uno será el arte, y ahora sí incluso la expresión hierática escrita, de la clase social esclavista; y otro será el arte, y una pobre escritura demótica que no dará aún para la expresión literaria como tal, de la clase social de los esclavos.

 

Mientras las cortes imperiales de los señores esclavistas podían disfrutar de casi ya todas las musas, los esclavos apenas tendrían un mínimo descanso en el placer estético de algunas de ellas: el canto, la danza, la música...; y más notable aún, su propio canto, su propia danza, su propia música; que se diferenciaba expresando, evidentemente, sentimientos muy distintos, del canto, danza y música de los señores esclavistas.

 

Hacia el final de ese régimen económico-social, ya con los griegos e inmediatamente después con los romanos, en el seno de una misma clase social, fina y sutilmente se manifestarán expresiones culturales distintas: una será la de la democracia esclavista, y otra la de la autocracia esclavista; y será ahí, donde se originarán los movimientos culturales: ciertas formas o estilos de expresarse en el arte no sólo los gustos estéticos, sino los intereses y anhelos de las mismas.  Con el tiempo, nos referiremos a la cultura heleno-romana que representaba los intereses de los señores esclavistas, como “clásica”.

 

A partir de ahí, en los cinco siglos que significan el período de transición del régimen esclavista al feudalismo, singularmente con el surgimiento del cristianismo como “la denuncia de la miseria real”, dirá de ello Carlos Marx, los intereses de las clases sociales miserables comienzan a sobresalir, si bien no a la vista generalizada, sí con una obra concreta en la historia del arte y la cultura, dándose ya un lugar con el denominado “arte paleocristiano” catecúmeno, en el curso de los primeros cinco siglos de Nuestra Era.  Y, a ese arte paleocristiano más simbólico que estético, representando los intereses de las clases sociales oprimidas, se le contraponía el fino arte romano imperial.

 

Sin embargo, durante la Alta Edad Media, la lucha de clases en el plano de la cultura se expresó exclusivamente mediante el movimiento bizantino, esencialmente ideológico religioso con el arte icónico bíblico, manifestando los intereses del cristianismo ya no sólo vinculado al poder, como cuando el período de Constantino, sino posesionado de tal con el papado como el principal señorío feudal que incluso legitimaba los reinos de los estadistas laicos.

 

La denuncia de la miseria real se convirtió en su contrario, y en ello las clases oprimidas fueron despojadas con el tiempo, por la iglesia, de sus propia expresión cultural.  En mucho, la fortaleza y duración del sistema feudal se entiende justamente por esa identidad de cinco siglos en la expresión cultural de los oprimidos y la nueva clase social en el poder (semejante a lo que ocurrió en su origen con el esclavismo).

 


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10 octubre 2010 7 10 /10 /octubre /2010 23:10

Clich--Literatura 

20 de Calificación.

  Cuento-Historieta, 1997 (10/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 11 nov 10.

 

En eso llegaron a la salida de la escuela.  Los alumnos permanecieron en las gradas, y el maestro hizo por despedirse.

 

16-Ahora-me-explico--por-que-20-de-calificacion.jpg

 

_  Bueno, jóvenes, ¡adiós, que se diviertan…!

 

Como siempre, los argumentos del profesor no los había convencido, pero finalmente se sentían seguros y satisfechos.

 

No se volverían a ver hasta el próximo curso, por lo que uno de ellos no dejó de aprovechar la ocasión para, maliciosamente, hacerle una travesura a “El Injusto”, y, entonces, cuando el maestro se alejaba, con toda voz en cuello, el alumno prorrumpió:

 

_  ¡”Oiga” maestro!, ¡¿pero sacamos 10, verdad?!...

 

Entonces el maestro, que iba ya a unos metros de distancia, se detuvo intempestivamente llevándose la mano derecha a la cabeza y entremetiendo los dedos en el cabello, comenzó a girar lentamente voltea, y con el índice apuntando hacia ellos, a la vez que nuevamente extendía y recogía su brazo, regresó despacio sobre sus pasos.

 

_  ¡Ajá!  “Ahora recuerdo”…, ¡ustedes son los del 10…!

 

Su sonrisa no desapareció de sus caras, pero instintivamente se juntaron en un grupo cerrado como para hacer frente valerosamente a la situación, subiendo unos escalones más para estar a la altura de “El Injusto”, pero sin dar señales de dar un paso a atrás.

 

_  …Con que ustedes son los del 10 –continuó repitiéndoles, cuando ya los tenía frente a frente, y entonces el profesor tronó los dedos y se llevó la mano a la barbilla terminando su frase– ¡con razón, ahora me explico!... –y se quedó pensativo con la vista clavada en el piso esperando la reacción de sus alumnos; los que, profundamente intrigados, apuraron una explicación.

_  ¡”Con razón” qué, profesor! –dijo una desesperada.

_  ¿Qué es lo que “ahora se explica”? –añadió el otro.

_  …Ya, ya –dijo lentamente el profesor–, es que siempre creí que merecían el 10 que les puse en un principio, más el 10 del final…; con razón, ahora me explico por qué sacaron 20 de calificación…

 

Finalmente el profesor les guiño un ojo, y se alejó, al mismo tiemo que un grito de júbilo, un cuaderno, un lápiz, y un sweter salieron por el aire.  Sólo una de ellas siguió los pasos de su profesor conforme se alejaba, pensando simbólicamente en cómo las palabras de “El Injusto”, se sobreponían al número 20.

 

17-Y-salieron-por-los-aires.jpg

 

*

 

… Y como en algunas series o películas semidocumentales apoyadas en hechos reales, esta historia no puede concluir si no se da cuenta de qué pasó posteriormente con sus protagonistas; así que…

 

Tiempo después, la escuela mostraba orgullosa todos sus triunfos: habían ganado en deportes y música; fueron premiados en los concursos de composición y ensayo; ganaron el certamen de la Exposición Científica Juvenil, en computación y ciencias…

 

Los padres de familia acudían sistemáticamente a la escuela a conferencias y cursillos…

 

Los maestros continuaron estrechando sus reuniones de evaluación de las asesorías…

 

Y, finalmente, “El Injusto”, sintió que por lo menos iniciaba un nuevo día con una idea positiva con la cual enfrentar la cruda realidad…  Despertó sonriente de ese vívido sueño en el que se expresaba parte de sus ideas pedagógicas a las que en su conjunto llamaba “Didáctica Concreta”, y de inmediato se puso a escribirlo en este cuento, deseando que algún día, sus alumnos de la Escuela Normal Superior, lo hagan realidad…

 

A Alejandra, mi alumna de secundaria, que dio origen a esta historia  en forma generalizada: …sólo es cuestión de tiempo.

A Ailed; a quien nunca pude dar respuesta a su desesperación: espero que aquí halle algún día la respuesta.

A Gabi; mi alumna de Cursos Intensivos de la Normal Superior, en su papel de Coordinadora: bien se ve lo que ha aprendido acerca de mi locura.

A la Profesora Norma; Directora del nivel Secundaria del Instituto Latinoamericano (1997): por sus finas palabras de reconocimiento y depositar su confianza.

A mis alumnos del pequeño grupo de la Sala de Cómputo: quizá los únicos que desde el primer momento entendieron todo esto.

Al niño gritón: por su ingenio y capacidad de ironía a su edad.

Finalmente, a todos  -a los que injustamente he olvidado– los que se atrevieron a arrojarse desde la más alta cima con frágiles alas, tan sólo por el placer de disfrutar en su más alto grado, la sensación de la libertad.

 


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10 octubre 2010 7 10 /10 /octubre /2010 23:09

Clich--Literatura 

20 de Calificación.

  Cuento-Historieta, 1997 (9/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 08 nov 10.

 

_  Perdón maestro, ¿podemos pasar?... –se justificaron los recién llegados.

_  Qué les pasa –dijo el maestro–, computadoras ya no hay, ya me voy, sólo estoy esperando a que estos jóvenes terminen.

_  No “Profe” –aclararon los intrusos–, sólo queremos hablar con ellos.

 

Entonces el maestro siguió sus pasos y los alumnos entraron en plática.

 

_  Hey, muchachos –les interrumpió una compañera–, en qué quedaron sus calificaciones…

_  Pues en nada…, ya pasamos –contestaron sin despegar la vista del monitor–, vamos a presentar este programa en un concurso, nos quedó excelente, y eso que está en “2D”, en “3D” está “apantallador”…

 

No querían indagar más, pero ya con curiosidad decidieron ir con sus compañeros que no salían de la Biblioteca.

 

_  ¡Hola!, ¿cómo les fue con sus calificaciones?

_  Nada –dijeron indiferentes sus interlocutores–, ya pasamos, nada más estamos preparando una composición y un ensayo para concursar…

_  ¿Pero, y sus Boletas?... –insistían “los científicos”, como los llamaban sus demás compañeros.

 

Pero por toda respuesta sólo recibieron el encogimiento de hombros.  Y así, decidieron salir a deliberar al patio…

 

_  “Oigan” –dijo uno de los de fama de aplicado– a nadie le interesa las calificaciones, unos porque simplemente no quieren ni enterarse, y para qué seguir nosotros insistiendo, si lo que nos interesa es aprender, no?...

 

Su reconocimiento de la realidad, tuvo que ser aprobada con una profunda y callada reflexión.  Luego de un rato, una de ellas añadió:

 

_  Bueno, sí, pero merecemos que se nos explique por qué ya no se nos dan calificaciones, no?...

_  ¡Pero qué importa hombre! –le respondió uno de ellos.

_ ¡Pero tenemos derecho, no?! –repitió ella furiosa.

_  ¡Claro! –se interpuso otra apoyándola.

_  Hay que ir otra vez con “El Injusto” –propuso alguno– y que nos explique.

_  ¡Si, hay que ir con él! –una más remató, añadiendo– el fue nuestro asesor, no?  Pues él está obligado a explicarnos.

_  Sí, sí, vamos –convinieron todos.

 

En eso bajaban sus compañeros de la Sala de Cómputo, quienes los abordaron ahora a ellos con preguntas:

 

_  ¿”Quiuvo”?, y ustedes qué va a presentar en la “Expo” –les preguntaron…

_  Los resultados –respondieron con prisa poniéndose en movimiento rumbo a su Salón, no dando lugar a más explicaciones– de unas investigaciones que hicimos…

_  ¿Sobre qué?... –intentó saber uno de ellos.

_  Bueno…, pues ya saben –concedió a responder alguna en lo que se encaminaban– que “El Injusto” está “re-zafado”; él estaba haciendo un estudio sobre métodos de investigación, y entonces lo aplicamos en nuestros trabajos en diversos temas…  Pero luego nos vemos –añadió– porque ahora vamos con él.

 

Y el pequeño grupo, que se había dispersado entre ese punto y el Salón, terminó de llegar a donde “El Injusto”, que prácticamente iba ya de salida.

 

_  Maestro –le salió al paso una de ellas–, queremos que nos explique cómo se está calificando ahora…

_  Bueno, pero vamos por ahí –señaló el maestro–, porque ya voy de salida.

 

Y así, se encaminaron rumbo a la salida de la esuela.

 

_  ¡Maestro!, díganos ya –le apuraban impacientes…

_  Bueno, pues resulta que ustedes ya no deben preocuparse por la calificación, sino por aprender lo que ustedes mismos se proponen aplicando las asesorías de sus maestros.  Y así lo hicieron, lo hicieron bien, y lo aprendieron, o no?

_  Sí maestro, si aprendimos, pero…

_  Bueno, entonces el asunto se reduce a una evaluación del desarrollo de sus habilidades y capacidades tales que les permitan manejar un nivel superior de complejidad de conocimientos y métodos de trabajo.

_  ¿Y el que no pasa…? –insistieron los niños muy analíticos.

_  No es que “no pase” o “repruebe”, sino que simplemente prolonga su ciclo de aprendizaje; por eso tampoco van a haber ya ciclos tan formales como hasta ahora.

 

Pero ciertamente el profesor se quedó pensando en la dificultad de explicar esa situación, y sólo se dijo para sí:  “Este criterio va a ser el más difícil de desarraigar, y adoptar el de una educación continua”…

 


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10 octubre 2010 7 10 /10 /octubre /2010 23:08

Clich--Literatura 

20 de Calificación.

  Cuento-Historieta, 1997 (8/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 04 nov 10.

 

Terminaba el curso sujeto a un ciclo anual de acuerdo con el sistema educativo anterior.

 

_  ,,,¡Profesor! –llamaba la atención de éste, un niño con voz aguda y gritona, que ya se desesperaba, porque muchos otros maestros ya habían dado resultados finales y él no–,  ¿Cuándo nos va a dar las Boletas?...

_  Ah, pues –dijo el maestro indiferente–, ¿ya quieren sus Boletas?...

_  Sí maestro, ya –respondieron simultáneamente.

 

El maestro hurgó en una caja y sacó una serie de papeles de diferentes tamaños y colores.  Tomó su pluma, y al reverso de cada hojita que se podía ver que tenía algo impreso, fue escribiendo el nombre de cada uno y agregando: “Promovido”.  Les fue dando a cada uno, entonces, su papel, que los niños volteaban al revés y al derecho y no daban crédito a lo que veían.  Faltaba un niño por recibir su documento.  Entonces el profesor buscó en su agenda y sacó un boleto del “Metro”, y procedió igual.

 

_  “Oiga” maestro –se animó el niño gritón a preguntar– ¿qué es esto?...  Aquí dice: <<Boleto de Entrada a “La Cenicienta”…>>, pero ya pasó…

_  Bueno, sí; es que no tengo las Boletas, pero sí esos viejos Boletos; no hay problema, da igual…

 

Todos volteaban a verse entre sí tratando de adivinar qué tan en broma o qué tan en serio era ese asunto.  Animaron otra vez al niño gritón a que insistiera por sus calificaciones…

 

_  ¡Maestro!, pero mi mamá no me va a creer, ella va a querer ver la Boleta, no el Boleto

_  Jajaja –todos rieron abiertamente.

_  Bueno bueno –dijo el maestro– con eso es suficiente.  Con esto terminamos, pueden irse…

_  ¡Pero maestro! –el niño gritón angustiado no podía entender que así fuesen calificados.

 

15-Boletos-por-Boletas.jpg

 

Acostumbrados a esas “locuras” de su maestro, inconformes, pero confiados, salieron del Salón.

 

_  Vamos con la Coordinadora, ella que nos explique, porque con este maestro, hablando de calificaciones, no sacamos nada.

 

Y así se encaminaron todos con mucha firmeza hacia la Dirección.

 

_  Coordinadora –dijo uno de ellos–, ¿cómo vamos a ser calificados en Geografía?...

_  Pues su maestro les debe dar los resultados… –dijo sin novedad la maestra Coordinadora.

_  ¡¿Pues entonces qué le pasa a este profesor!?  –prorrumpió el niño gritón–; ¡mire, en lugar de la Boleta, nos dio un Boleto; y en lugar de calificación, anotó esto! –y al mismo tiempo entregó el papel a la Coordinadora.

 

Ella tomó brevemente el documento, y sonriente lo leyó y volteó al revés y al derecho bajo la mirada incrédula de los alumnos, que para su exasperación, veían que ella devolvía el Boleto y agregaba.

 

_  Bueno, no se preocupen, sexualmente entre una Boleta y un Boleto hay notables diferencias, pero socialmente, que es el caso, no hay ninguna…

 

Se voltearon a ver los unos a los otros enmudecidos y con grandes.  Por su mente pasaba en todos la misma figura de una gran interrogación.  ¿Acaso todos se habían vuelto locos?

 

_  Pero maestra –dijo angustiada otra de ellas–, nuestros papás no nos van a creer, ellos quieren ve la Boleta con calificaciones…

_  Bueno, no se preocupen, eso déjenlo a sus papás.  Ustedes ya están “Promovidos”, o no?...

_  Sí…, pero…, ¡ay! –añadió con hastío una de ellas, que moleta, se retiró de la oficina.

 

Entonces decidieron ir con sus otros compañeros, y por el patio encontraron sudorosos a los que centraban todos sus esfuerzos en el deporte.

 

_  “Oigan”, ¿cómo les calificaron?...

_  Pues quién sabe, pero ya pasamos…

_  Pero, ¿cómo lo saben?…

_  Pues el maestro nos lo dijo…

_  ¿Y sus Boletas?...

_  Stch, aah; luego se las dan a nuestros papás no?  Nosotros ganamos el campeonato y vamos a jugar en el Intersecundarias del Distrito, ¿cómo lo ven, eh?

 

Entonces se dirigieron con los que se la pasaban en las mesas de la Cooperativa, haciendo experimentos con alimentos…

 

_  ¿Y sus Boletas?...

_  Stch, aah..

_  A ustedes cómo les calificaron…

_  Quién sabe, pero ya pasamos.  Ahora vamos a competir con otras escuelas…

 

En cierto modo, de ellos podían esperar una respuesta así; y otro tanto imaginaban de los que se la pasaban chacoteando y que encontraron en el camino.

 

_  Qué pasó, ¿cómo les fue con sus calificaciones?

_  Pues no sabemos, pero ya estamos aprobados…

_  ¿Cómo lo saben?, ¿ya les dieron sus Boletas o calificaciones?

_  ¡Que no, qué no entienden!

_  ¡¿Y cómo dicen que aprobaron, animal?!

_  Stch, ahh, porque sí, ya nos lo dijeron los maestros.

_  ¡Ya déjalos! –dijo una de ellas a su compañera como si estuvieran frente a salvajes–; vamos con los de cómputo…

 

Así lo hicieron.  Entraron casi en tropel a la Sala de Cómputo.  El maestro, que se paseaba meditabundo, volteó de golpe sorprendido, aun cuando el grupo de alumnos encimados frente a una computadora, apenas voltearon a ver a los recién llegados, continuando en lo suyo.

 


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