Overblog
Seguir este blog Administration + Create my blog

Presentación Del Blog

  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
  • Contacto

Buscar

Archivos

10 octubre 2010 7 10 /10 /octubre /2010 23:07

Clich--Literatura  

20 de Calificación.

  Cuento-Historieta, 1997 (7/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 01 nov 10.

 

Otra vez volvieron a entrar al Salón…  Y bien –dio el profesor–, y a ustedes, entonces, que problema les interesa estudiar…

 

_  Bueno maestro…, es que…, mire… -empezó a balbucear nuevamente alguno, por lo que, viendo el profesor que aún intentaban persistir en lo del 10, le interrumpió…

_  No no no –interrumpió el profesor procurando ser enfático–, ¿no traen un problema que les interese estudiar?..., entonces… –y al mismo tiempo que decía esas últimas palabras, señalaba hacia la puerta.

 

13-El-problema--es-que-no-sabemos-cual-es-el-problema.jpg

 

Una de ellas iba a insistir en que lo que querían, era aclarar lo del 10, pero como un relámpago entrecruzaron miradas los tres, y se entendieron.

 

_  …bueno, profesor, no es que ya traigamos un problema en sí… –y y un tanto desconcertada y tuvo que ser socorrida por la intervención del compañero…

_  …pues no en sí profesor, pero mire, es que el problema es que no sabemos cuál es el problema…

:  Ay, ¡cállate idiota! –le recriminó en voz baja la otra compañera por el sentido negativo de sus palabras, y queriendo componer la situación, ella misma agregó–; no profesor, es que nuestro problema es que sí es un problema, pero no sabemos cómo es…

_  ¡Ah, ¿y por qué me dices idiota, si eso es lo que yo dije?... –le reclamó el niño.

_  Cálmense, cálmense,,, –dijo nuevamente la otra compañera, que se había dado tiempo para pensar, e intercedió para salvar la situación–.  No profesor, es que mire, queremos aprender muchas cosas, pero no sabemos por dónde empezar…

 

El profesor, que había hecho un gran esfuerzo para contener la risa, continuando en el papel de “Profesor Chiflado”, parea disimular no haber percibido la turbación de sus alumnos, dijo muy solemne:

 

-  Bien…, eso es de sabios…, –se levantó, dio unos pasos pensativo, y regresó retomando la sobriedad–, pero si somos sistemáticos…, y metódicos… –y en este punto tuvo que voltearse para otro lado con cualquier pretexto al ver que sus alumnos “le seguían la corriente” (al fin lo juzgaban loco), asumiendo una posición casi marcial sus solemnes palabras; y entonces descolgó de la pared los cuadros con las fotografías de Pierre y Madam Mª Curie, se los puso a la vista, y terminó sentenciosamente–, …¡entonces seremos como ellos!

 

Ante tan solemnes palabras, el alumno casi se cuadraba cual oficial que recibe un mandato de cumplimiento así le vaya la vida en ello, y si se contuvo rascándose sólo ya la ceja al momento que intentaba hacer el saludo militar, sólo fue por ver que sus compañeras mantenían otra actitud y lo fulminaban con la mirada.

 

14-Seremos-como-Pierre-y-Madame-Curie.jpg

 

Al día siguiente allí estaban otra vez todos explorando el Salón, que nuevamente empezaban a sentirlo suyo.  Allí estaban los mapas, las maquetas, los modelos, los simuladores, el instrumental…  El maestro empezó a hacer un paseo por todo ello, explicando para qué servía cada cosa, qué ayudaba a resolver y de qué manera.  Sin sentirlo, pasaron varios días antes de que agotaran la explicación en torno a cada aparato o dispositivo.

 

El Salón contaba con unas cuantas butacas, y disponían, de manera sorprendente, de una especie de sala con una mesa de centro flanqueada por dos largos sofás, con dos anchos sillones en las cabeceras, en cuyo espacio cabían todos ellos cómodamente.

 

El profesor había detectado sus intereses particulares y discutían sobre una diversidad amplia de temas de estudio que fueron eligiendo para investigar.  El maestro les asesoró en todo los aspectos su trabajo, y remitió a otros profesores para desarrollar lo que estuviese en la competencia de ellos, del mismo modo que otros profesores le remitían sus propios estudiantes que acudían en pequeños grupos  a diversas horas.

 

Poco a poco todos fueron adentrándose en sus proyectos, y disponiendo conforme lo necesitaban, del instrumental correspondiente.  A partir de un núcleo central y básico de conocimientos  a investigar y descubrir en su esfera inmediata de interés, iban integrando otras esferas de ampliación y profundización de conocimientos, con apoyo en otras materias y asesorías.  Cada alumno había determinado así su rumbo y ritmo de aprendizaje a partir de aquello que para él adquiriría un significado.

 

Así trabajaron durante el resto del curso.  Los resultados de su investigación los expondrían próximamente en el certamen de la Exposición Científica Juvenil.

 


 

Compartir este post
Repost0
10 octubre 2010 7 10 /10 /octubre /2010 23:06

Clich--Literatura 

20 de Calificación.

  Cuento-Historieta, 1997 (6/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 28 oct 10.

 

Con ese ademán se encaminó lentamente  hasta sus compañeros, los cuales dieron por hecho que una vez más habían sido menospreciados, y se sintieron hundidos.

 

Cuando llegó a ellos, éstos creían que ya no era necesario preguntar nada, pero por lo menos querían saber los argumentos no convincentes de siempre de “El Injusto”, y con un aire de tristeza, una de ellas hizo la pregunta…

 

_  ¿Qué pasó?...

_  ¡Aay!..., pues no le dije nada…!

 

Entonces todos exhalaron con una profunda exclamación, mezcla de satisfacción, de reproche, de incredulidad…

 

_  Pero mañana lo intento otra vez –dijo la embajadora ahora sí muy segura–, y ahora sí…

_  Pues entonces, ¿qué hiciste allí todo este tiempo? –le recriminó una compañera, pasado el susto.

_  ¡Ay!, pues no me dejó ni hablar, se la pasó hable y hable como perico diciéndome quién sabe cuántas cosas que necesitaba hacer, y que quiere que alguien le ayude; y pues mañana voy a ayudarle y de paso le digo…

 

Llegó el día siguiente, pero ahora sentían que tenían una oportunidad para revisar un plan más de fijo.

 

_  Esperen –dijo uno de ellos–, que tal si en lugar de que vaya ella sola, vamos otra vez todos.

_  ¡No “oye”, no! –dijo enfadada una compañera–, le vamos a recordar todo y se va a poner como loco –entonces todos rieron a carcajadas y consideraron otra idea.

_  No, no hay que ir todos –complementó alguien más–, pero sí que vayan algunos…

_  Bueno, pues hay que elegir…

 

Y entonces, luego de dirimir en que unos eran más propicios que otros, una pequeña Comisión de tres alumnos se dispuso a ir a plantear que no querían 10, sino aprender.

 

No sin cierto temor, volvieron a entrar al Salón.

 

_  ¡Hola! –los saludó efusivo el Profesor.

_  ¡Hola Profesor! –respondieron ellos casi en coro.

_  Miren.  Llegan justo en el momento, necesito que me detengan aquí… –el Profesor los puso a sostener una estructura.

_  Sí, pero, oiga Profesor; bueno, es que, mire…, –empezó a balbucear alguno.

_  Qué cosa, qué cosa…, no me distraigan, miren: ven este Globo Terráqueo…, –dijo el Profesor.

_  Ajá –respondieron todos al unísono.

_  Bueno, pues cuánto estiman que tenga de perímetro…

 

Ellos no sabían qué responder, la pregunta era un sinsentido, y por otra parte iban con otra idea que juzgaban más importante.

 

_  Bueno, pues déjenme decirles –dijo el maestro–, que el perímetro tiene más de lo que se imaginan…  Pero tienen razón, ese es un problema que sólo me interesa a mi.  Bueno, dejen eso, vengan acá…, –y a uno le pidió que le acercara unos plumones de colores, a otra que le alcanzara un pliego de papel cartulina, y a la tercera la mandó por una regla a un lugar a donde ésta no estaba, pues luego la sacó del escritorio.

 

Ellos sólo entrecruzaban sus miradas como resignándose a la idea de que su profesor  estaba “chiflado”.  En tanto, él escribía un letrero, dispuso que dos de ellos fuesen a quitar de la puerta los letreros de “NO NOLESTAR” y “PROHIBIDA LA ENTRADA”, y pronto tuvo uno nuevo que presumía ante sus visitas: NADIE ENTRE AQUÍ, QUE NO TRAIGA UN PROBLEMA QUE LE INTERESE ESTUDIAR”.  Los llevó a la puerta, y con solemne ceremonia, colocaron el nuevo letrero.

 

De la Comisión formada por dos niñas y un niño, éste último aprovechó el momento oportuno, y dirigiéndose a sus compañeros a lo lejos, los cuales no les quitaban la vista, hizo el clásico ademán de que el profesor debía estar “bien chiflado”.  Todos rieron y debían estar imaginando lo que estaba ocurriendo, con los antecedentes que les había platicado la compañera el día anterior.

 12-Debia-estar-bien-zafado.jpg


Compartir este post
Repost0
10 octubre 2010 7 10 /10 /octubre /2010 23:05

Clich--Literatura 

20 de Calificación.

  Cuento-Historieta, 1997 (5/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 25 oct 10.

 

Resultaba así, que todos se hacían aproximadamente la misma pregunta: <<¿cómo puede ser que ellos estén aprendiendo de todo, si se la pasan jugando o tocando la guitarra, o platicando boberías en la Cooperativa…  Todavía los que se meten a la Biblioteca o a las computadoras, pues bueno, se puede entender, pero los otros, cómo van a aprender, ni caso nos hace nadie>>.

 

Con esa situación tan desconcertante, habían sondeado a algunos de sus compañeros sobre cómo era que estaban aprendiendo, y lo que les oían decirles, parecía de fantasía.

 

_  No, es que nuestro profesor de deportes está “re-loco” –les aclaraban sus compañeros.

_  Pero por qué…

_  Es que empezó el entrenamiento por que determináramos el perímetro del balón, para ver si cumplía con el reglamento, y que si lo debíamos inflar a tantas libras para que cumpliera con las especificaciones…

_  Sí, que loquera –agregó otro de ellos–, nos mandó a que nos asesorara el profesor de física, porque tuvimos que calcularle la elasticidad del balón y su rebote…

_  ¡”Oye”!, pero sí nos sirvió eso de dónde le tenemos que pegar a la pelota para que tome ciertos efectos según por donde el aire va a circular con mayor velocidad, aun que la amolada fue tener que calcularlo…

_  También ha estado interesante eso del consumo de calorías y la alimentación para reponerlas –añadió uno más–, y cómo funcionan las células, los tejidos musculares y los huesos durante el ejercicio bajo distintas condiciones geográficas; hasta las reacciones químicas que se dan…

_  Sí –concluía uno más–, ¡ustedes creen!, hasta tuvimos que presentrle un trabajo de la historia del deporte en relación con la situación social, económica y política de cada momento; con mapas e ilustraciones…, ¡hasta la redacción y ortografía nos consideró!

 

Se dieron cuenta que aproximadamente en los mismos términos les explicaron sus compañeros de música y las computadoras.  Un día llegaron con los comilones de la Cooperativa.  La maestra los tenía con sus tortas enfrente, pero no les permitía comerlas.  Más bien de ellas salían papelitos largos con los que estaban teniendo que determinar el PH, y tenían unas tabulaciones donde medían las calorías por los componentes de la torta…, cuando terminó la práctica, ya nadie quiso comérselas.

 

En ese panorama, se sentían los más desvalidos, y ello los llevó a reflexionar nuevamente.

 

_  “Oigan”, el Profe Injusto” no nos quiere –dijo por fin el alumno que tenía fama de aplicado–, porque, “dizque” que ya nos puso 10…

_  Pues sí, a quién se le ocurrió … -comentó una de ellas.

_  ¡Y yo para qué quiero 10 si no sé nada! –terminó el aplicado.

_  ¡Ah –intercedió una de ellas–, pues acuérdense de lo que dijo!: “...mientras deseen estudiar, tendrán derecho a entrar”.  ¡Pues entonces tenemos derecho a entrar!

_  Sí –intercedió otro–, pero él dice que para qué, si ya nos puso el 10 que queríamos…

_  ¡Pues entonces –dijo furiosa una de las niñas– hay que decirle que no queremos su mugroso 10, y que nos enseñe!

 

Y a esta propuesta, estuvieron todos de acuerdo; el problema era ahora que ya se sentían tan distanciados del Salón y del maestro, que no hallaban la manera de animarse a hacerlo, y entonces tuvieron que discutir hasta la manera de volver a acercarse.

 

_  ¡Pues ya hombre! –dijo impaciente alguno.  Simplemente vamos y se lo decimos y ya.

_  ¡¿Si?, a ver, ve tú!, apenas metas la nariz, te va a correr.

_  Bueno –volvió el impaciente–, pues hay que decírselo cuando lo veamos fuera del Salón…

_  ¡Ah, no; ya sé! –interrumpió una de ellas al compañero–, hay que decirle a algún maestro o maesta que se lo pida por nosotros…

_  ¡Ah, sí, ajá! –intervino otra de ellas proponiendo a una maestra que todos juzgaban que le complacería al maestro por bonita, y rieron todos de buena gana con la idea.

 

Pasaron los días y no se atrevían a hacerlo ni por su cuenta, ni a pedir la intervención de la supuesta maestra, y sólo se reunían en el lugar de siempre para recriminarse mutuamente su negligencia.

 

_  ¿Saben qué? –dijo por fin una de ellas–, a lo mejor si hablamos con la maestra, nos va a decir que nosotros lo hagamos personalmente, así que mejor vamos haciéndolo ya.

_  ¡Ay!, a ver, yo voy –dijo otra de ellas–, y poniéndose de pie, decididamente se encaminó al Salón…

 

Todos quedaron otra vez expectantes y preocupados, sentían que era un momento decisivo y las cosas las estaban haciendo muy a la ligera, si lo comparaban con todo lo que hicieron con las pirámides humanas y el periscopio.

 

Conforme ella se aproximaba al Aula, sentía que los pies se le hacían de plomo.  Dobló por el pasillo y vio de reojo a sus compañeros en el otro extremo, sentados y acongojados bajo los rayos del Sol, y eso le hizo vencer el peso que sentía en los pies.

 

Sin pensarlo más, abrió la puerta.  Su corazón latía fuertemente, las manos le sudaban, tuvo que hacer un gran esfuerzo para que le saliera la voz…

 

_  Ho-la Profesor, ¿qué hace?...

_  Pues aquí, hecho un lío, quiero hacer tantas cosas a la vez, y no hago ni una…  Stch!, caray… -el profesor emitió un chasquido como de desesperanza, pero a la vez, haciendo como que aprovechaba la visita, le pidió ayuda en el montaje de un aparato, en lo que le explicaba lo que quería hacer.

 

No le dio oportunidad a que planteara nada, la trató como si hubiera estado ansioso de tener a alguien que le escuchara, se soltó hable y hable de todos sus proyectos, y en cada caso remataba diciendo: “…pero aquí también necesito ayuda…”

 

Total que ella nunca encontró el momento para discutir el punto del 10, o su deseo de aprender, y, aturdida, finalmente se despidió.

 

Apenas puso un pie fuera del Salón y cruzó miradas con sus compañeros, se llevó las manos a la cara y se detuvo como reprochándose el no haber expuesto el problema, y al mismo tiempo, ya no a atreverse a entrar nuevamente al Salón.

 

11-Se-llevo-las-manos-a-la-cara.jpg

 


Compartir este post
Repost0
10 octubre 2010 7 10 /10 /octubre /2010 23:04

Clich--Literatura 

20 de Calificación.

  Cuento-Historieta, 1997 (4/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 21 oct 10.

 

Un buen día en que el Salón permanecía hermético, alguna se atrevió a echar mano a la perilla e incluso a empujar la puerta, en lo que los demás se mantenían expectantes.

 

¡Nada particular ocurrió!; el maestro seguía muy concentrado en su trabajo y ni siquiera le miró, por lo que la intrusa se atrevió a ir a más.

 

_  Ho-ola maestro –dijo ella con marcado nerviosismo.

_  ¡Hola! –respondió lacónico el maestro y continuó en lo suyo.

_  ¿Qué hace, Profesor? –preguntó ella acercándose con cierta timidez aún.

_  Ah, pues…, estoy buscando la manera de aplicar un método de estudio geográfico a cualquier cosa que nos interese saber.

_  Aha, bueno “profe”, ya me voy –se despidió nerviosa considerando que en ese primer reencuentro lo dicho era suficiente.

 

Afuera, ansioso la esperaba el resto del grupo de sus compañeros, a quienes dio parte de lo ocurrido.

 

Dada esa experiencia, en los días subsiguientes poco a poco se animaron a hacer por parejas acto de presencia ante el profesor que parecía haber olvidado aquel día que echó las butacas por la ventana.

 

En una de tantas se le apareció el grupito de curiosos todos juntos; entraron sigilosos, como midiendo sus acciones.  El profesor les saludó y siguió en lo suyo sin dar importancia a su presencia, por lo que empezar a husmear por aquí y por allá en los mapas y maquetas, y en los instrumentos y computadora, observaron detenidamente el muestrario de rocas y trataban de adivinar el funcionamiento de algunos dispositivos experimentales.

 

Al principio se abstuvieron de tocar cualquier cosa; luego hicieron como que se llamaban la atención unos a otros en voz alta, por manipular algún objeto o aparato, sin que ello indispusiera al profesor, que se ocupaba en ajustar el planetario que él había diseñado.

 

Los dejó hacer todo lo que quisiesen, les respondió entusiasmado a todo lo que le preguntaron; hasta que uno de ellos hizo un par de preguntas especiales:

 

_  “Profe”, ¿y para qué todo esto, si no tiene alumnos a quien enseñar?

_  Ah, bueno –respondió el maestro–, eso es por ahora, pero ya habrá a quien le interese el saber; a sus compañers de nuevo ingreso quizá.

_  ¿Y a nosotros por qué ya no “profe”...?

_  Mhmmm, pues porque ustedes lo que querían era el 10, y con eso yo ya cumplí con ustedes; todo eso, -dijo el profesor haciendo un ademán que abarcaba todo lo que le rodeaba–, es para el que desee el conocimiento y quiera aprender a investigar y descubrir las cosas que le interesan y le causan curiosidad, y…  ¡Aha!..., y ahora que recuerdo… -y dada la entoncación, y a la mención de la palabra “recuerdo”, todos sintieron que el corazón se les estrujaba y les empezaba a latir apresuradamente, aprestándose a buscar la salida, aun cundo se sintieron paralizados-, y ustedes qué hacen aquí… –por supuesto, paralizados, ninguno supo, o más bien, pudo responder–; se ve –continuó el maestro–, que no aprendieron ni a leer, ¿qué no vieron el letrero de la puerta?, dice: “PROHIBIDA LA ENTRADA”.

 

Y entonces, una de ellas, como para darse tiempo a que lograran salir, contestó suave y tímidamente:

 

_ Ay profesor, ¡pues cómo le van a hacer los otros alumnos para entrar entonces? –y diciendo ello, discretamente empezaron a enfilar rumbo a la puerta, cuya distancia se les hizo infinita, creyendo que había despertado otra vez la locura y peligrosidad de “El Injusto”.

_  ¡Ah!, es que esos –se apuró a contestar el profesor para que lo oyeran todos antes de que llegaran a la puerta–, mientras deseen estudiar, tendrán derecho a entrar.

_  ¡¿Y nosotros qué profesor?, también deseamos estudiar! –dijeron ya muy seguros estando bajo el dintel cuyo umbral había dado paso ya a todos, y viendo que el profesor había permanecido al fondo del Salón sin moverse.

_  Si eso fuese –les dijo sentenciosamente como para que reconsiderasen–, no andarían exigiendo calificaciones, y menos de 10, esas vendrían solas.

 

Los jóvenes se sintieron ofendidos y menospreciados nuevamente, y se fueron.

 

10-Discretamente-enfilaron-a-la-puerta.jpg

 

En los siguientes días continuaron reuniéndose en el otro extremo enfrente del Salón, con la vista fija en éste; pero ahora permanecían callados y visiblemente compungidos.  Ahora, en silencio, se hacían a sí mismos las infinitas preguntas de siempre.

 

El resto de los compañeros de su Salón, los del futbol, los de la música, los de la Cooperativa, los de la Biblioteca y las computadoras, extrañamente nada les mortificaba como era el caso en ellos; y de alguna manera que escapaba también a su comprensión, resultaba que estaban avanzando en sus materias.

 


Compartir este post
Repost0
10 octubre 2010 7 10 /10 /octubre /2010 23:03

Clich--Literatura 

20 de Calificación.

  Cuento-Historieta, 1997 (3/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 18 oct 10.

 

Acordaron un nuevo plan: pondrían dos vigías para cuidar los movimientos del maestro cuando éste estuviese de regreso; entre tanto, volverían a intentar la pirámide humana con más calma sin temor a se sorprendidos.

 

Así lo hicieron, se repitió la historia, pero esta vez el pequeño bajó de las alturas sin contestar nada, ante la desesperación de todos, para afirmar: “ni modo, tiene que subir otro de ustedes, porque no me van a creer “.

 

_  ¡Pero por qué, por qué, qué hay?! –con avivada curiosidad todos se le fueron encima repitiendo incansables: “¡¿por qué, qué hay?!...”, y cuando por fin se decidía describiendo lo que había visto, en eso los vigías dieron la señal  de alarma, y todos se replegaron a sus posiciones a distancia.

 

Llegó el maestro al Salón, pero esta vez algo diferente  estaba ocurriendo: dejó la puerta entreabierta…  ¿Esa era la gran oportunidad!, pero quien se atrevería a ir a husmear por la rendija de la puerta.

 

Todos se pusieron de pie, se inquietaron, iban para un lado y para otro, se animaban los unos a los otros a atreverse, pero nadie daba un paso en esa dirección.

 

Continuaron pasando los días y ellos seguían reuniéndose ahí, a conjeturar sobre lo que podría estar ocurriendo dentro del Salón, que despreocupadamente permanecía con la puerta semiabierta.

 

Con el tiempo, habían logrado medir con bastante precisión los movimientos regulares de entrada y salida del maestro, así como, por supuesto, su tiempo de permanencia tanto fuera como dentro, y ello les dio confianza para acordar un nuevo plan más osado.

 

Diseñaron entonces un largo periscopio que en dos o tres días por fin tuvieron terminado.  Al salir el maestro –quien, por supuesto, cerraba la puerta–, irían a observar por la abertura de la cortina.  Ahora todos podrían ver lo que estaba allí adentro.  Pero, para su desesperación, sólo se observaba un sector muy limitado del fondo del Salón.  Allí estaba el escritorio del maestro, su silla, el pizarrón (entero y normal), y algunas cosas más que sólo les intrigaba y avivaba más su curiosidad.

 

07-Disenaron-un-largo-periscopio.jpg

 

El plan del periscopio fue insuficiente, y casi lo desechan arrumbándolo en la basura, cuando a alguien se le ocurrió un nuevo plan.

 

_  ¡Hey, ya sé! –despertó uno cual estratega–, hay que usar el periscopio cuando el maestro esté adentro…

_  ¿Y para qué? –dijo una de ellas.

_  ¿Qué ganamos con eso? –dio otra.

_  Pues así vigilamos –dijo el estratega del plan– cuando vaya a salir, y mientras, que alguien se asome por la puerta.

 

Todos sopesaron en silencio la posibilidad por un momento, y aun cuando aumentaba el riesgo, no veían otra solución.

 

08-Arrumbandolo-en-la-basura.jpg

 

Recuperaron su periscopio; aún más, le hicieron una innovación: lograron hacer que el juego de espejos superiores giraran horizontal y verticalmente.  Acordaron el día, se armaron de valor, y realizaron con éxito su trabajo de espionaje.

 

Luego lo intentaron una y otra vez sin mayor novedad; el maestro, mientras guardaran silencio, nunca hacía por ir a la puerta a reprenderlos, y así iban turnándose para observar por la puerta con más comodidad.

 

Habían recuperado la confianza a tal punto, que dejaron el periscopio de lado, y ya se agolpaban a la puerta desafiantes.  Cuando el bullicio aumentaba de tono, el maestro prestaba atención a lo que ocurría en la puerta y se dirigía a cerrarla .  En el acto, todos salían disparados a sus posiciones de resguardo.

 

Días después, el profesor agregó un letrero más a la puerta, que ahora nuevamente mantenía cerrada: “PROHIBIDA LA ENTRADA”.  Aun cuando a diferencia, algunas veces corría las cortinas permitiendo que se viera al interior.

 

Entonces, como moscas, sus alumnos permanecían en esas oportunidades, pegados a la ventana silenciosos e intrigados sobre lo que su maestro hacía con tanto interés, concentración y dedicación.

 

09-Ya-podian-asomarse.jpg

 

Un día tenía a la vista  un gran Globo Terráqueo que mostraba toda su estructura interna y externa; otro día proyectaba en una pantalla lo que hacía en la computadora; un día más iba colocando en la pared una serie de mapas que acababa de graficar, y algo hacía en ellos, midiendo y trazando…

 

Recuperada la confianza de sus alumnos, sabedores de que algo muy raro había pasado, reconsideraron su idea de que “El Injusto” fuera loco, ni mucho menos, peligroso.

 


 

Compartir este post
Repost0
10 octubre 2010 7 10 /10 /octubre /2010 23:02

Clich--Literatura  

20 de Calificación.

  Cuento-Historieta, 1997 (2/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 14 oct 10.

 

Todos volvieron por el pequeño que de pronto se vio sometido a interrogatorio inquisitorial.

 

_  ¡¿Qué viste?!, ¡habla!, ¡habla ya! –le aturdían entre todos, y el peequeño no hallaba qué responder.

_  Bueno…, pues… -dijo por fin temeroso–, es que no me van a creer…

_  ¡Ya, animal, habla o te arrastramos!

_  Bueno…, pues…, hay un Sol, y unas estrellas, y giran; y hay una Tierra gigante o un átomo, ¡quién sabe qué será!, tiene unos como alambres así –y el pequeño con su mano describía dibujando en el aire la forma que decía haber visto–, y hay luces y una pantalla con sombras…

 

Todos lo escuchaban admirados e incrédulos.  Una de ellas, astuta, recapacitó y le detuvo en su narración.

 

_  ¡Mentiroso!, detente, nos estás engañando…

_  ¡No, en verdad, les estoy diciendo la verdad! –dio el pequeño con agudo grito, defendiéndose–, pero les dije que no me iban a creer…

_  ¡Men-ti-ro-so! –volvió su compañera contra él con el dedo índice en ristre casi golpeándolo en la punta de la nariz al ritmo en que le espetaba–, nos estás echando cuentos para que no te arrastremos, ¡pero ahora te vamos a arrastrar por cuentero!

_  ¡No, no, espérense, les estoy diciendo la verdad –se defendía elpequeño a gritos cuando ya todos hacían por él, y prendiéndolo de pies y manos le tenían en vilo.

_  ¡Mentioso! –le volvió a decir de golpe la astuta niña–, vas a hablar y a decir la verdad.  ¿Cómo te vamos a creer ese cuento?, ¿de dónde sacó “El Injusto” todo lo que nos describes? ¡¿ehee?!...  ¡Tráiganlo! –ordenó a los que lo tenían rendido– lo vamos a arrastrar.

 

05-Lo-vamos-a-arrastrar.jpg


_  ¡No, no…, está bien, les voy a decir la verdad! –replicó el pequeño, que, ingeniosamente, a la velocidad de la luz, trataba de fabricar una mentira creíble.  Lo soltaron y esperaron “la verdad”–, ---bueno…, pues…, yo creo que el maestro ya se volvió loco…

_  Por qué…! –le interrumpieron ansiosos varios de ellos.

_  Bueno…, pues…, porque el maestro arrastra el escritorio y su silla de un lado para el otro, y lo golpea contra la pared, y da de patadas y puñetazos contra el pizarrón, y…

_  Aha, mentiroso –dijo una de ellas interrumpiéndole, pero casi en voz baja, en tanto los demás lo veían enmudecidos y con grandes ojos.

_  ¡No!, ¡sí!, ¡”es verdad”!, ¡se los juro!

 

Entonces todos se voltearon a ver entre sí  con un mismo y temeroso pensamiento: “El Injusto”, estaba loco”.

 

Así, con ese temor e incertidumbre pasaron varios días.  El maestro seguía llegando al Salón como siempre y allí se quedaba.  Antes de entrar sólo se aseguraba de que el enorme letrero de >NO MOLESTAR>>, siguiera bien fijo.  Sólo de cuando en cuando salía.

 

Los del futbol, seguían allí, felices, los de la guitarra ya llevaban acumulado un buen repertorio, la señora de la Cooperativa muy contenta con sus ventas, en la Biblioteca ya varios habían desempolvado atractivos libros que con entera libertad habían elegido y devoraban; en la Sala de Cómputo las máquinas no daban a vasto a otros tantos que intercambiaban su software y se enseñaban mutuamente asesorados por el maestro de computación.  Sólo un pequeño grupo persistía a distancia frente al Salón haciéndose mil y un preguntas.

 

_  Bueno –decía uno de ellos– pero por qué, cómo es que ese maestro que ya lo acusamos con nuestros papás y ellos lo reportaron a la Dirección, sigue ahí.

_  Sí, claro –decía otra–, es un riesgo.

_  ¿Pero por qué la Dirección no hace nada? –añadía una más.

_  Hasta las butacas ya se llevaron… -hacía ver otra de ellas.

_  ¿O, no las habrán vuelto a meter al Salón? –especulaba su compañero.

_  ¿no, todas están allá arrumbadas!... –le aclaraba el pequeño señalando al sitio.

 

En eso, con unas láminas en la mano, salió el maestro –para ellos, ahora, un “sujeto peligroso”–, y todos guardaron sepulcral silencio.  Sintiéndose seguros a la distancia, sus miradas seguían hipnotizadas los pasos del profesor como midiendo todos sus movimientos para, a la menor señal de peligro, echar a correr.

 

Pero “El Injusto” sólo iba y venía.  Salía con unos largos rollos de papel, como mapas, y regresaba con las manos vacías.  Volvía a salir con unas mantas, y regresaba otra vez sin nada; salía nuevamente con unas largas varas de madera, y regresaba con las manos desocupadas.  Luego, con una gran caja, al poco rato, con unos aparatos; y así, día tras día.  A la vista de los niños ningún objeto entraba, sólo salían y salían cosas extrañas.

 

_  ¡Ya sé! –dijo una de ellas–, es que de noche deben meter todas esas cosas, y de día las saca…

_  ¡¿Pero, por qué?! –le preguntó uno de ellos; y la niña, contrariada, sólo acertó a responder: “pues qué no ves que está loco”.

 

El más pequeñuelo de todos, el espía de las alturas, tenía a los demás a sus espaldas, y, callado, únicamente giraba la cabeza  de cuando en cuando para mirar angustiado a sus compañeros a los que oía hacerse tantas preguntas.

 

06 Sólo un pequeño grup persistía

 


Compartir este post
Repost0
10 octubre 2010 7 10 /10 /octubre /2010 23:01

Clich--Literatura 

20 de Calificación.

  Cuento-Historieta, 1997 (1/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México,  11 oct 10.

 

20 de Calificación

Cuento-Historieta, 1997.

 

 Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

 

 

Comentario Preliminar.

 

Entre 1995 y 1999, por azares de la historia, impartimos cursos de ciencias sociales en la Escuela Particular Normal Superior del Estado de Morelos, cuyas instalaciones las compartía con la escuela Instituto Latinoamericano, de educación básica.

 

En ésta última, un grupo de estudiantes de Secundaria se hizo particularmente conflictivo: sus profesores no duraban dos meses con ellos.  Entonces la Directora pidió ayuda a la Normal (¡¿qué otra cosa mejor y más lógica podría haber hecho?!); y he ahí que, por no sé que creencias o espejismos en los directivos, se creyó que yo era el profesor indicado para lidiar exitosamente con tal grupo.  Sólo una vez, en mis tiempos de estudiante en la Facultad, había intentado tratar con estudiantes de Secundaria en la creación de las preparatorias y secundarias populares; y de ahí dije: “¡Nunca más!”; pero la situación era tal, que no pude decir no…, ¡y yo qué tenía qué hacer allí!

 

Lo bueno es que, luego de varios maestros que abandonaron el grupo, quedaban unos tres meses en el calendario escolar, y me dispuse a sortearlos como fuera…, sin saber que esos tres meses se iban a hacer una eternidad.

 

Me presenté al grupo, por demás desafiante.  Predominaban las mujeres, no sólo numéricamente, sino en una situación extraordinariamente compleja de liderazgo: había una líder moral a la vista, una niña muy aplicada y madura, y su “lugarteniente”, que por lo operativo, parecía ser realmente la líder natural; pero había la real líder del grupo, la líder política, que no figuraba; por su actitud jamás se podría pensar que ella ejercía ese control, y quedaba muy bien encubierta por el actuar de las otras dos.  Descubrirla y entender la mecánica del grupo me llevó tiempo, y de hecho quizá no la hubiera descubierto, de no ser porque la líder moral y su “lugarteniente” me lo confesaron abiertamente, como al mes de estar en nuestro conflicto propio; pues, por lo demás, actuaban con plena conciencia de causa.

 

Desde la primera clase establecieron su desafío: “usted no va a durar”.  Y ufanos me platicaban sus peripecias con los profesores anteriores.  Con esos antecedentes, ese desafío era para ponerse a temblar; al último profesor, para no creerse, pero corroborado, lo hicieron que organizara un convivio en el Salón, y en el relajo, todos se le echaron encima y lo tiraron al piso, esa fue la última vez que estuvo ahí; pero sabedor yo de que contaba con todo el apoyo institucional sólo ya para terminar el curso, contesté el desafío con cierta indiferencia: “no van a poder”.

 

Mi trato con ello fue el mismo que el trato natural con mis estudiantes de Licenciatura (qué otra cosa podía yo hacer), por demás, en mi manera natural de ser: jugar con el intelecto, con la ironía y el sarcasmo…; pero esos estudiantes de Secundaria con lo suyo, y yo universitario y profesor de Licenciatura con lo mío (¡qué diablos hacía yo ahí!), aparentemente todo quedó dispuesto para que ocurriera la más poderosa de las explosiones nucleares…; pero el efecto fue que nos anulamos mutuamente, no sin expresarse un soterrado, endemoniado, pero muy interesante conflicto.

 

Al volver a leer esta historia casi tres lustros después, yo mismo ya no recuerdo, ya no sé que tanto de este relato autobiográfico fue cierto, y que tanto fue fantasía.  Porque a veces todo eso que fue real, parece tan fantástico, que no puede creerse; pero donde esa descomunal e increíble fantasía, aunque el lector de esta historia lo dude, está mezclada con lo real.

 

No digamos más, que no es necesario, que una realidad, más poderosa que la fantasía, discurra…

 

*

 

 

El maestro había enfurecido, no los soportaba más, lo menos que les escuchaba decir, era “¡injuto!”, “¡falto de criterio!”, ”¡voluble!”, “¡inmaduro!”…  Hasta que estalló.

 

_  ¡Estábien! –dijo, abriendo los brazos como para hacerse espacio, sintiendo que se ahogaba– ¡quieren 10 de calificación, pues díganmelo.  Quien quiere 10, bajo mi responsabilidad, ¡pero ya no tiene que venir más a clase!

 

Los alumnos aullaban, los que reclamaban justicia, gemían de desesperación; el 9 de calificación no era suficiente, demandaban obstinados el 10, y aun cundo contrariados por la propuesta que acabban de escuchar del maestro, dudando un tanto de que ello fuera verdad, como asumiendo un reto, le tomaron la palabra.

 

El maestro se quedó solo en el salón.  Afuera, al principio, reinaba el silencio, nadie podía creer tanta fortuna: ¡por fin libres!

 

Poco a poco fueron ganando confianza, iban dándose cuenta que la responsabilidad del “caos” que se estaba haciendo, era del maestro.  “El Injusto”, resultaba, además, al parecer, que había enloquecido.

 

La prueba de su última apreciación se comenzó a corroborar, cuando empezaron a ver, sorprendidos y con gran algarabía, que “El Injusto” literalmente echaba  las butacas por la ventana.

 

01-El-Injusto-echaba-las-butacas-por-la-ventana.jpg

 

Cerró las cortinas, y unos minutos después, todos afuera se pusieron alerta y a la expectativa; cesó su griterío y sus miradas se concentraron aguijoneantes en dirección de la puerta del salón, la cual escucharon abrirse.

 

Se asomó el maestro, apenas y volteó a ver en una rápida y recorredora  mirada a la muchedumbre expectante.  Desplegó un cartel y lo adhirió a la puerta.  Otra vez volvió a dirigir una fugaz mirada a su derredor , y cerró nuevamente.  De inmediato todos se agolparon frente a ella, parecía como si el letrero con sus grandes y gigantescas letras rojas, no podían leerse a 30 cm: <<NO MOLESTAR>>.

02-No-Molestar.jpg

 

Allí quedaron todos, estupefactos; habían perdido su Salón de Clases.  No había palabras para explicarse lo que sus ojos veían.  Luego de un breve tiempo, la gran mayoría se alejó del lugar, unos más otros menos.  Los más, felices, jugaban ya a la pelota, olvidados de “El Injusto” y sus extrañas disposiciones.  Otros se agrupaban en torno al que tocaba una guitarra por allá por algún rincón del patio; unos más, alejados por los pasillos, sólo se intercambiaban chocarrerías y golpes de unos a otros  entre risotadas y maldiciones.

 

Algunos más habían preferido irse a la Sala de Cómputo, y unos cuantos aprovechaban la ocasión para consumir refrescos y toda suerte de alimentos y golosinas como queriendo devastar la Cooperativa.

 

Ciertamente alguien se fue a la Biblioteca, y otros pocos aún trataban de salir de su desconcierto, y a distancia esperaban con curiosidad.

 

De cuando en cuando, uno de ello se acercaba sigiloso a la ventana del Salón tratando de husmear al interior por alguna rendija entre las cortinas, o pegando la oreja a la puerta para tratar de escuchar qué ocurría adentro.

 

Sin duda algo pasaba allí al interior; se oía arrastrar muebles, ¡¿pero cuáles?! Se preguntaban admirados los alumnos, si todo había sido arrojado por la ventana.  Se oía golpear, clavar, serruchar, taladrar, ¡¿pero cómo podía ser todo eso?!

 

Las cortinas no cerraban bien en la parte alta.  Los alumnos ya desesperaban, e idearon hacer una pirámide humana, para que alguien atisbara por allá arriba.  Obviamente eligieron al más pequeño, tanto por edad, como por estatura, para que ocupara la cúspide de la pirámide.  Luego de varios intentos fallidos, por fin el más pequeño alcanzaba, temeroso, la cima: ¡sus ojos no daban crédito a lo que veía!


03-Formaron-un-piramide-humana.jpg

 

Los de abajo, quejumbrosos y jadeantes, le inquirían a que declarará lo que veía; los del cuerpo central de la pirámide humana le apuraban, temerosos de que los de abajo cedieran al peso y todos fueran por tierra estrepitosamente; y al reclamo que exigía un respuesta, el pequeño en el ápice de esa bamboleante estructura, con grandes ojos sólo acertaba a exclamar: “¡no puede ser; no puede ser!; y todos abajo aullaban: ¡qué, qué, animal, qué es lo que “no puede ser”!, y el pequeño atalaya respondía ingenuo: “¡es increíble…!”, y la desesperación por tal respuesta obró como un relámpago  que resquebrajó la estructura, viniéndose todos abajo.

 

04 Es increible, y se vinieron abajo


 

Ante el escándalo que armaron, todos maltrechos salieron corriendo temerosos de que “El Injusto” enloquecido saliera e hiciera por ellos con un destino incierto, pero seguramente quizá nada bueno.

 

Nada paso; luego de que sus corazones se tranquilizaron, fueron saliendo uno a uno de sus escondrijos.  El pequeño no había corrido, se había quedado ahí, incluso como esperando a que “El Injusto” saliera y le echara mano metiéndolo al Salón, dándole así oportunidad de entrar para cerciorarse de lo que antes había visto, ¡pero nada!.

 



Compartir este post
Repost0
19 septiembre 2010 7 19 /09 /septiembre /2010 23:00

Clich--Literatura 

Define: Realidad.  Poema, 2010

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http//:espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 15 sep 10.

 

NubeArbol thumb

 

Define: Realidad.

 

            A todas y cada una

             de las mujeres lectoras

             de esta revista

            (para quién más

             se hace un poema)

 

 

Mi amor es como un árbol que sube hasta el cielo,

cuyas ramas transpiran sentimientos que se condensan en nubes;

es, pues, su hojarazca, unas veces copos de nieve suaves,

otras veces, duros y diamantinos cristales de hielo.

 

Mi amor es ondulado árbol que sube hasta el cielo,

lejos del bosque de ataduras y sus amores rectos;

para la doncella, cobijo a la sombra y su secretos,

al pie del rústico camino que allá se pierde al vuelo.

 

Mi amor es algodonoso follaje en el azul cielo,

que brilla aún tras la puesta del Sol en el ocaso,

e infinito proyectado al Universo en un abrazo;

dialécticamente dos, siendo lo bello uno por celo.

 

Mi amor…, mi propio camino extraño hacia el cielo.

 

*

 

 

AB679A41B28E8D2FBDF0B92F214EE9

*

 


Compartir este post
Repost0
17 agosto 2010 2 17 /08 /agosto /2010 08:05

Clich--Literatura 

Sociedad de Monjes.  Narrativa, 2005 (5/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 30 ago 10.

 

                              En una de sus tantas cartas de ya cerca de tres meses, él le platicaba de sus discusiones con los Seminaristas escolástas, luego platicaban en la descarga de los productos, pero ahora simplemente descargaban y daban por buena todo la entrega, como toda la carga que de la Abadía de San Jerónimo se enviaba de intercambio al Monasterio de Tours y el tiempo restante lo dedicaban a ellos.

 

_ No reflexionamos sobre las cosas –y ella se detenía conteniendo la expresión que en su alma se movía con febril intensidad deseando referirse a él diciéndole “bien mío”, platicando allí entre luces y sombras en el solar del arbotante-, escuchamos y aceptamos, damos todo no sólo por válido, sino por verdadero; no sometemos a crítica nada...  ¿Por qué?

_ Por costumbre en el acto de fe, en el dogma.  Porque el pensamiento crítico o simplemente la crítica (que supone necesariamente un pensamiento) –respondía él- supone entender que se hace con base a juicios lógicos que constantemente están sometiendo a prueba la verificación de las cosas: A es igual a B, eso es lo común a todos, eso todo mundo lo sabe y lo constata; pero el que B sea igual a C supone la reflexión dirigida, supone una percepción de alguien que está pensando en ello y descubre que B es igual a C, y que ello no es evidente a todos; descubrir que B sea igual a C supone el conocimiento relativo, es decir, el conocimiento en donde C se valora respecto a..., en relación a..., en función de..., o determinado por... un sistema de referencia, respecto a un fundamento teórico...; es allí donde se produce la crítica, es decir, el enjuiciamiento lógico..., quien carece de ese fundamento teórico, carece de los elementos para el análisis crítico..., esto es, carece de los elementos para el análisis de juicios; quien lo posee, no tiene trabajo en verificar en el rigor lógico de la silogística, que luego entonces, A es igual a C, y descubre lo que nadie antes veía.

_ Esto me sorprende –intercedía ella profundamente reflexiva- todo se reduce a la lógica...

_ Y a algo más que necesariamente va con ello –intercedía Luis-: a los fundamentos teóricos...

_ Os referís con ello...

_ A la filosofía..., y a la cultura en general...

_ El neoplatonismo de San Agustín, que no es lo mismo que el pensamiento de Tomás de Aquino...

_ Ni el de éstos es igual al pensamiento de Averroes...

_ ¿Y todos los Seminaristas poseen los mismos fundamentos teóricos?

_ No; habemos ahí conceptualista, nominalistas (yo me ubico entre éstos), e incluso realistas...

_ ¿Y el panteísmo? –preguntaba ella con cierta insidia, era una mujer muy preparada, ahora discutía con él intensamente sobre esos tópicos de la filosofía y se daba cuenta que él participaba en sus ideas de esa nueva filosofía iniciada con Juan Escoto Eriugena hacía cuatro siglos.

_ Sí –respondía él exhalando un fuerte suspiro, sabía que Bramante estaba en problemas luchando contra la intolerancia religiosa al difundir el averroísmo y esos poco discretos fundamentos panteístas-, sí, en mi nominalismo va contenido... –y ella completaba la frase en su pensamiento: <<presto a desplegarse incontenible ya>>, e intuía que correría la misma suerte que después correría Bramante.

 

Egidio –exponía él nuevamente- responde a la definición de pensamiento crítico diciendo que es “un pensar razonado y reflexivo orientado a una decisión de qué creer o hacer”[1]  Mas si el “criterio”, de donde viene “crítica”(de kritérion, juicio de discernimiento, por lo cual se entiende una regla –el silogismo- para conocer la verdad) es en suma la silogística misma, los juicios lógicos del razonamiento por los cuales nos es posible conocer la verdad; entonces lo que Egidio nos está diciendo irreflexivamente es que el pensamiento crítico; que ya de por sí dicha frase es redundante pues lo crítico es el pensar, el razonar; y sería como decir “el pensamiento pensante” o el “pensamiento razonante” (como si hubiese un pensamiento cuerdo que no fuese razonante); esto es –decía-, que “el pensamiento pensante es un pensar”..., ¡vaya énfasis a la redundancia!; y todavía más, que ese pensar ¡es “razonado”!  ¿Habrá algún pensamiento que no sea razonado?, así, “el pensamiento pensante es un pensar razonado”.  Todo pensamiento humano, por el sólo hecho de serlo, es necesariamente razonado, responde a una estructura silogística; que el silogismo, que el razonamiento sea un absurdo en un momento dado, eso es otra cosa.

Mhmm..., “el pensamiento pensante o razonante es un pensar razonado”, ¡vaya inteligencia del hermano Egidio!, y a ello aun le agrega que aparte de ser razonado, es “reflexivo”, es decir, en donde si por “reflexión” entendemos el razonamiento mismo, entonces lo que Egidio nos dice, es que el pensamiento crítico es: “el pensamiento pensante o razonante de un pensar razonado y razonante”, jaja.

Mateo responde a lo mismo diciendo que el pensamiento crítico es: “un pensar que: 1) facilite el juicio, 2) confiar en el criterio, 3) sea autocorrectivo, y 4) sensible al contexto”[2]

Un pensar que facilite el juicio?...: un pensar lógico riguroso; que confíe en el criterio?: es decir, que tenga fe en el juicio razonado, silogístico en la lógica rigurosa para conocer la verdad; que sea autocorrectivo?: esto es, que pueda corregir las premisas; y que sea sensible al contexto?..., ¿qué quiere decir Mateo con ello?, ¿que sea objetivo?  Para Mateo el pensamiento crítico es entonces “un pensar lógico riguroso, que confíe en la lógica rigurosa y objetiva”...; comparto lo dicho por Mateo...

Os dais cuenta –y respiraba profundo como aspirándola a ella misma para decirle de eso modo “mi bien amada”-, que todo deviene de una insuficiencia en la definición, ¡no saben qué es definir!, y o no lo saben por ignorancia, o proceden así deliberadamente para confundir.  Hay poca seriedad, demasiado descuido, o demasiada perversidad premeditada... –Luis quedó en silencio consternado por sus propias palabras dando cabizbajos pasos por ese lugar que era su propio paraíso, y ella, sentada al pie de la ventana prefirió entonces guardar un consolador silencio para él.

Jacobo –continuó él-, para él el pensamiento crítico es “la habilidad y la propensión a comprometerse en una actividad con un escepticismo reflexivo”[3].  Ja, para él el pensamiento es hacer, ya no razonar; es intención para hacer con escepticismo, es decir, para hacer absteniéndose de hacer juicios (alcanzar la ataraxia, como decían los escepticistas)...  Saben lo que dicen, monja hermosa, saben lo que dicen...  Su aparente ignorancia no los exime de su perversidad.

Auriol, para él “el pensamiento crítico es lo disiciplinado y autodirigido, ejemplifica las perfecciones del pensar adecuado ante un modo o área particulares de mentalidad”[4]  ¡Bha!, “el pensamiento crítico es el pensar adecuado a una mentalidad”; “el razonamiento es el razonamiento adecuado”..., ¿¡y qué es el razonamiento adecuado?!..., Bha, quizás lo que a cada cual se le ocurra por más cómodo y no por lógicamente riguroso y verdadero.

Simón, el “pensar crítico (es) el de un individuo que piensa y actúa de manera coherente con base en razones”[5]...  “El pensar crítico es del que piensa...” –decía siguiendo la idea el propio Luis, descomponiéndola en sus partes, examinándola y revelando su absurdo-, del que piensa y actúa “coherentemente con base en razones”; es decir, para Simón el pensamiento crítico es “el razonar del que razona coherentemente en razones”, ¡“del que hace juicios juiciosos coherentemente con base en juicios”! –y Luis levantaba la voz no soportando tanta aberración de pensamiento.

_ ¡Shsss!, ¡bajad la voz!, que nos escuchan –le reprendió rápidamente Lilium levantándose preocupada manoteándole frente a sí con una mano, en lo que con la otra llevaba el índice a sus labios, y él exhalando fuertemente guardó un disciplinado silencio.

Ahí tenéis –y el se contenía a su vez en expresar su deseo de llamarle “amada mía”-, ¡la Escuela Palatina, la escolástica! –concluía él con ademán expresivo que reemplazaba la voz alta en la frase admirativa.

 

Ciertamente, eran tan burdos esos juicios, tan “descuidados”, que formaban tesis que no ameritaban ni descomponerlas rigurosamente en sus premisas construyendo el expreso silogismo.  No obstante él hizo un rápido ejercicio con el último ejemplo:

 

“El pensamiento de Simón (es) el de un individuo que piensa y actúa de manera coherente con base en razones”

“El pensar crítico es el pensamiento de Simón”

................................................................................................................

“El pensar crítico (es) el de un individuo que piensa y actúa de manera coherente con base en razones”

 

¡Absurdo, absurdo –y ahí quedaba atrapado en su pecho ese “amor mío”!

_ ¡¡Shsss!!, ¡callad Seminarista, callad! –y ella levantaba los brazos y nerviosa, con las dos manos abanicaba de arriba abajo próxima a la cara de él temiendo ser descubiertos en su plática.

 

                              Difícilmente ello ocurriría a no ser que una Sor anduviese por ahí, y al cuidado de ello estaban compartiendo los secretos como cómplices, el carretonero, el mozo y la novicia que les asistía.  Alejado del almacén estaba la Sala Capitular o el Claustro mismo, e incluso la dirección de la abadía, y difícilmente serían escuchados.  Pero era como si Lilium quisiera ocultarse del mismo Dios sabiéndose en pecado.

 

                              Sus necesidades “materiales” –identificado en lo inmanente lo material con lo espiritual en ese mundo alrevezado neoplatónico-, Lilium vivía así atrapada en lo religioso por el oscuro clero que gobernaba cual Dios del Inframundo, prometiéndole una riqueza falsa en lo espiritual artificial y en lo vacuo del Reino de los Cielos, frente a la vida misma con sus carencias, con sus privaciones y adversidades en el Reino de la Tierra.

 

                              Los días, las semanas, los meses de aquel final del invierno y plena época primaveral, transcurrían lentamente.

 

                              Aquellos tristes y meditabundos retornos de la conducta de productos del Convento de San Jerónimo al benedictino Monasterio de Tours, el regreso de la lucha por la libertad, a la esclavitud; de la libertad de pensamiento bajo el alegre y estético arbotante de adoquines soleados en que jugueteaban las siluetas de la barda de ortigas, a la negra y oscura lectio dogmática del escolástico claustro, se mediaba al compás del tiro del tempo equino en el terroso camino entre bosque umbrío de la Loire en Ligugé.  ¿Era acaso que ella se convencía de sus argumentos y transformaba su pensamiento?, o ¿tendría que ser la angustiosa tragedia en el interesado bien dado en la promesa mística?  Él insistiría por el humanismo de la vida, hasta arrancarla del Convento.  Fin.

 



[1] Boisvert, Jacques; La Formación del Pensamiento Crítico; Fondo de Cultura Económica, 1ª edición, México 2004, p.32 (definición de Robert H. Ennis)

[2]       Ibid. p.36 (definición de Matthew Lipman)

[3]       Ibid. p.40 (definición de John E. McPeck)

[4]       Ibid. p.42 (definición de Richard W. Paul)

[5]       Ibid. p.49 (definición de Harvey Siegel)

 


Compartir este post
Repost0
17 agosto 2010 2 17 /08 /agosto /2010 08:04

Clich--Literatura

Sociedad de Monjes.  Narrativa, 2005 (4/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 26 ago 10.

 

                             Precisamente en aquellas discusiones del claustro, con quien entraría en grave conflicto sería con Simón, defensor del tomismo.

 

_ Argumentad, Seminarista –y Siger de Bramante se dirigía ex profeso a Luis- y decidme vuestra posición respecto a “El Comentador”, Averroes...

_ Coincido con él, padre, pues como él creo en la eternidad del mundo prexistente a Dios y no creado por Él, conforme esto último lo dice Plotino...-y con tales referencias Luis pretendía ocultarse ad auctorem.

_ Me opongo a la doctrina averroísta de la eternidad del mundo –interrumpía y reclamaba irónico y sarcástico Simón a Luis- y de la mortalidad del alma con el cuerpo; ¡ello es un contrasentido!; me opongo a esas ideas de la ausencia de un alma propia y de la unidad del alma o intelecto colectivo, y niego el que la materia pueda constituir el principio de individualización de las almas.

¿Acaso pudiéramos creer que las verdades de la fe deben estar por debajo de las verdades alcanzadas por la razón?

 

                              El conflicto era fuerte, muy grave; era evidente que Luis compartía el parecer de Averroes, así era: la verdad de la razón, estaba por encima de la verdad de la fe.  Y más aun, yendo más allá que Averroes, casi un siglo después de éste, se pronunciaba en contra del criterio de la “doble verdad” (la teológica y la científica)  Era que después de casi un siglo a la condena al exilio de Averroes (1195), a partir de 1270, su docto maestro ahí presente, Bramante, difundía aquellas ideas de hacía cinco años ya, la orientación filosófica del averroísmo.  Ello no implicaba necesariamente una posición favorable para Luis, cuando el mismo maestro no era visto con buenos ojos.  Tanto así, que tan sólo siete años después de iniciada esa difusión de las ideas de Averroes, dos años después del momento en que se suscita en el claustro esta polémica, el Arzobispo Stefano Tempier reunió 219 tesis, y se condenó a Bramante, el que tuvo que exiliarse en Italia y muerto ahí por su propio amanuense.

 

                              Se sostenía allí por otros Seminaristas que apoyaban a Simón, el que las verdaderas afirmaciones de Averroes no eran las que Luis sostenía, y arbitrariamente ponían en boca de Averroes lo que a su criterio convenía, descalificando al mismo Bramante, lo que evidenciaba la difícil situación.  Otros Seminaristas, como Mateo –que rivalizaba con Simón-, y Egidio que por el contrario en un principio compartía con él, se mantenían sin embargo a la expectativa.

 

                              Y entonces tuvo ocasión de verse en el claustro el rigor de la aplicación de la Lógica Formal Aristotélica Escolástica, esto es, aquella en la que se creía en que el puro rigor silogístico era suficiente para determinar la verdad, omitiendo la veracidad objetiva de las premisas:

 

_ Averroes –decía Pedro, uno de éstos Seminaristas que secundaban y hacían la misma voz de Simón-, aceptaba la no-creación del mundo por Dios, luego entonces lo que él afirmaba era la “teoría de la emanación” de Plotino.

_ ¡Ignoratio elenchi, argumento ad hominem, petito principii, non sequitur, saltus inconcludendo, quarternio terminorum por fallacia extra dictionem! –respondía Luis con emotividad; y Bramante pedía rigor en el razonamiento a todos, conminando a Luis a que estableciera el silogismo y demostrara, por lo que éste continuó entonces.  Correcto padre, estableceré primero la afirmación que se ha sustentado:

 

<<Averroes aceptaba la no-creación del mundo por Dios,

luego entonces lo que él afirmaba era la “teoría de la emanación” de Plotino>>

 

     Supongo que hasta aquí, todos estaremos de acuerdo en que así ha sido planteado el enunciado, además de lo cual, agreguemos que los juicios podemos entenderlos como universales afirmativos en el modo BARBARA de la Primer Figura del Silogismo –dijo Luis, y así lo confirmaron los demás especialmente tanto Simón como Pedro, por lo que pasó al segundo aspecto:

 

      Si se establece un “luego entonces”, ello por supuesto se referirá al consiguiente lógico; esto es:

 

Luego entonces, <<Averrores afirmaba la “teoría de la emanación” de Plotino>>

 

     Si no hay objeciones –puso Luis a consideración-, paso a lo tercero... –y no habiéndolas, éste continuó.

 

      El juicio enunciado corresponderá en consecuencia a la premisa menor:

 

<<Averroes aceptaba la no-creación del mundo por Dios>>

 

      De donde no es difícil establecer que el juicio de la premisa mayor se enunciaría como:

 

<<La no-creación del mundo por Dios es la “teoría de la emanación” de Plotino>>

 

      El silogismo completo quedaría entonces:

 

<<La no-creación del mundo por Dios es la “teoría de la emanación” de Plotino>>

<<Averroes aceptaba la no-creación del mundo por Dios>>

................................................................................................

“Luego entonces” <<Averrores aceptaba la “teoría de la emanación” de Plotino>>

 

Ignoratio elenchi:  vosotros ponéis en boca de Averroes lo demostrado por Plotino, mas no lo que Averroes verdaderamente haya demostrado en el hecho de que Dios no creo el mundo.  Es decir, la afirmación de Averroes se identifica con otra que es falsa, o por lo menos con la cual no corresponde, pues la “teoría de la emanación”, no es la única teoría de la no-creación; ahí está lo expuesto por Juan Escoto Eriugena de la no-creación como identidad Dios-Humanidad.

Argumento ad hominem, ad auctorem:  se identifica “no-creación” con “emanación” bajo el peso de la autoridad de Plotino.

_ ¡Ah!, no es para tanto –y Luis sonreía ligeramente tratando de no dejar ver en su argumento el reconocimiento de esa exageración de los hechos, pero no rectificaba, y dejaba establecido a discreción el error.

_ Petito principii: falta de demostración del antecedente en la proposición de Averroes

_ ¡Ahaa! –replicaban sus adversarios

_ Es así hermanos, o ¿acaso Averroes dijo lo que Plotino? –y continuó no habiendo réplica.

     Non sequitur: en consecuencia, de la afirmación de Averroes de la no-creación del mundo, no se sigue el que ésta sea a su vez la “teoría de la emanación” de Plotino.

_ Hay pues, saltus in concludendo y quarternio terminorum: especialmente en cuanto a la introducción de un cuarto término, cuando se identifican los conceptos “no-creación” con “emanación”.

     Y fallacia extra dictionem: error de pensamiento...

 

                              Y era que iniciaban la Lectio de la Escuela Palatina, un camino largo estaría aun por recorrerse.

 

                              Ahora él esperaba los fines de semana con ansiedad, y había quién compartía ese desasosiego con él y le esperaba con la angustia de los sentimientos encontrados: <<si él fuera tan sólo un poco diferente, si no pensara de esa manera tan drástica, quizás si no pensara, si tan sólo fuera...>>; ella lo quería tener para sí, se recreaba en él, pero le perturbaba su manera de pensar, que no coincidía con el pensar de ella.

 

                              Pronto las pláticas espaciadas cada semana trataron de ser continuadas mediante escritos que se intercambiaban secretamente.  Y ella a discreción transitaba incesante por aquellos pasillos y escaleras de las altas ventanas del refectorio desde donde atisbaba en dirección del rumbo por el que él haría su llegada, y él sabía que ella estaría allí, y apenas tenía a la vista el edificio, clavaba su mirada en ese diminuto punto tratando de descubrirla.

 


Compartir este post
Repost0