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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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17 agosto 2010 2 17 /08 /agosto /2010 08:03

Clich--Literatura

Sociedad de Monjes.  Narrativa, 2005 (3/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 23 ago 10.

 

                              Hacia el atardecer arribaba la carreta con los productos de Tours a la abadía de las Madres Jerónimas; luego de tocar con la pesada armella que pendía sobre el grueso portón de madera, una moza abatía el rechinante postigo y acto seguido abría y recibía a los recién llegados dándoles paso al patio empedrado con una fuente central; a la izquierda un alto y sobrio edificio que albergaba la cocina y el refectorio con sus estilizadas ventanas, y al pie del grisáceo y negro muro enmohecido aquí y allá, un jardín del que se desprendían en vertiginoso ascenso enredaderas que alcanzaban dichas ventanas; del lado derecho un denso jardín arbolado tras el cual se levantaba el alto muro exterior y la hospedería; al fondo de tal patio, esperaba el almacén para la descarga del carruaje, tras una fresca arcada de muros de basalto, elegantes claves y piso adoquinado en el que jugueteaban las últimas sombras del día de la enramada de ortigas que pendía de los arbotantes al costado derecho y envolvían estrechamente los contrafuertes.

 

                              Al principio una Sor recibía con escrupulosa revisión y conteo la entrega, asistida de alguna novicia, todo con enorme protocolo solemnidad y formalidad.  Tanto las novicias en turno en cada ocasión, como él, guardaban silencio, no se veían ni a los ojos y se concretaban uno a entregar y otra a recibir bajo la exigente verificación de la Sor, haciendo bajo esa tensión un trabajo extenuante que para mitigarlo, Luis realizaba con displicencia atreviéndose a dirigir un rápida y fugaz mirada al rostro de la novicia en turno.  De no ser por el esparcimiento que Luis obtenía al transitar por la campiña entre los dos monasterios, casi aborrecería esa labor.

 

                              Hasta que en el curso de sus entregas semanales, ocurrieron dos cosas: primero, que la asistente en turno de la Sor fue ahora una Diaconisa, Lilium; más segura en sus menesteres, no esperaba la instrucción detalle a detalle de la Sor, tomaba la iniciativa y hacía y era ella la que dictaba para que la Sor tomara nota; ella era la que hablaba la que decía, y la que, no sin cierto pudor, dirigía también su mirada sobre Luis.  Hacía las cosas no precisamente con rapidez, sino con una subyugante seguridad, que hacía que la meticulosa Sor perdiera el control y quedara supeditada a lo que ella hacía.  Luis se solazaba con aquel drama de la Sor a la vez que él mismo se veía envuelto en el encanto y la decisión hacendosa de la Diaconisa, que paradójicamente le era de su agrado no sólo por la belleza de su fino rostro y sus claros y cristalinos ojos color de miel, sino dados sus movimientos suaves, lentos, delicados, reflejando su ser apacible y tierno; de una sensibilidad y emociones para nada artificiales y fatuas, sino plenamente naturales y sencillas; que era lo que esencialmente le subyugaba de ella, de hecho de cualquier mujer, pero con toda esa expresión tan plena y pura de la feminidad que a él le gustaba y que allí en ella la tenía en lo vivo, presente, sin pretenciosos intereses de parte de ella, sino más bien de una delicada conciencia de la necesidad hacedora de la vida.

 

                              Antes de llegar a Tours, él estuvo en Weisbaden, y ahí conoció a otra mujer igualmente bella, pero con la cual no se entendió, igual en belleza física, una gran mujer también, admirable, pero todo lo opuesto en la feminidad que ahora tenía frente a sí; lo que en aquella era todo artificialidad y premura, en ésta ahora era naturalidad y apacibilidad; y aquella relación le permitió valorar mejor a Lilium y enamorarse tan sólo de observar sus suaves y acompasadamente lentos movimientos que traslucían a la más bella mujer de este mundo.  Y segundo, que al poco tiempo, para el placer de Luis, la propia Sor delegó en ella, con asistencia de otra novicia, la recepción de los productos..., y del drama de las tareas mundanas, se pasó a la tragedia de la pasión de los espíritus.

 

                              Y lo que antes era un largo y tedioso tiempo de una innecesaria revisión y un formal conteo meticuloso, ahora se hizo, en el mismo lapso, un brevísimo tiempo para platicar de ellos, de su existencia, de sus propios seres y de la vida.

 

_ Si estamos aquí por el acto de voluntad divina –por la bará de Dios-, en el Universo..., no somos, dicho en términos terrenales, sino el “espejo de Dios”, la conciencia de la creación, y por ende..., la conciencia de Dios mismo; aquello por lo que Dios se reconoce a sí mismo.  Somos los creados por Él para a su vez reconocerlo, y así, dicho en términos mundanos, somos la obra de arte de Dios, en la cual, Dios se reconoce a sí mismo perfeccionado, y realizándose en dicha obra, adquiere conciencia de sí mismo, de lo que él mismo es.  Si estamos y somos por acto volitivo, por definición, en todo ello –en el Plan de Dios entendido terrenalmente, en términos de los mortales-, hay un propósito: el reconocimiento perfeccionado de Dios en nosotros mismos.  Y Dios está esperando; y esperando en tiempo divino; despertada nuestra curiosidad dada la prohibición de comer el fruto del Árbol de la Sabiduría y otorgado el Libre Albedrío, nuestra libertad de elegir el que seamos capaces de redimir al ser humano, por el ser humano mismo, y llegar a ser como Él, e incluso mejores, perfeccionados, en cuya imagen se reconozca a sí mismo ennoblecido.

_ ¡Callad! –replicó Lilium con exigencia pero en voz baja-, habláis con voz de clérigo, pero en lo que decís se escucha la soberbia de lo mundano.  No se ve en vosotros, en vuestra manera de ser, en lo que decís, que no entiendo bien, la humildad.  Dios es el único capaz de redimirnos.

_ Tan sólo seguidme en las ideas, pensad... –le reclamaba Luis aproximándose a ella

_ No estamos aquí –volvió a responder ella con autoridad- para hacer nuestra voluntad, sino la del Señor...

_ Mas si estamos aquí –continuó él haciendo poco caso de las peticiones de Lilium y hablando en voz baja-, no por acto de voluntad y creación ninguna, sino ya por la emanación de Dios mismo, o bien como identidad Dios-Humanidad, entonces Dios es sólo parte de nuestra conciencia, Dios quizás es sólo un concepto, y “Dios es nuestro espejo”, la conciencia de nuestra perfección última en el Universo, en donde nada natural es suficiente para vernos en ello realizados, lo cual nos lleva a crear lo bueno, lo moral, y lo bello, el arte, viéndonos en lo moral y en el arte, humanizados.

_ ¡Callad!, ¡callad ya, os lo ruego!... –insistía la hermosa Diaconisa procurando no levantar la voz para no ser escuchados fuera del repositorio.

_ Y no sólo ello –continuaba obcecado e impertinente el Seminarista-, sino que el hecho de que haya un propósito de nuestro ser y existir, queda cuestionado.  ¿Somos acaso entonces una contingencia, un accidente, una casualidad en el Universo?  O somos una necesidad, algo que tenía que ser por la predestinación divina, y entonces hay un propósito, incluso así sea que no responda a la voluntad de Idea Absoluta ninguna, sino a la armonía de la naturaleza misma.

_ ¡Qué decís!, haces que me confunda Seminarista; guardad vuestro discursi para la disputatio palatina –y ella se replegaba con las manos entrelazadas por sus largos y finos dedos por detrás hacia los anaqueles en donde se acomodaban los productos entregados; Luis veía que ello era una buena señal, pues ella no echaba sus brazos al pecho y cubría con las manos su cara juntándolas para rezar, no, estaba dispuesta a oír, así le aterrara.

_ ¡La Escuela Palatina, el Inframundo –y él se expresaba despectivamente-, bella Lilium, el Inframundo!

_ ¡Cómo así despectivamente –respondía ella-, “el Inframundo”, no os entiendo!, ¡el Inframundo es el reino de la luz en tanto el reino de los espíritus!...

_ Como quiera que sea –y Luis dejó de mirarla a sus miélaselos ojos del ambar más delicado y transparente, no quería desviar su discursi aclarando aquella observación de la Diaconisa, más aun, dio media vuelta y hablando para ser escuchado se dirigió a la ventana con vista al claro del arbotante-, ya sea que seamos la conciencia de Dios, o la conciencia del Universo mismo; o sea, Dios haciendo conciencia de sí mismo –y él se quedaba viendo por la ventana  los delicados detalles del panorama de la naturaleza y la arquitectura frente a su vista-, o el Universo haciendo conciencia de sí mismo; ese mero acto de conciencia preestablece la necesidad de un propósito.  Nosotros no somos casualidad absoluta en el Universo, somos una necesidad en él, si bien es cierto, tampoco absoluta.  Pero siendo algo que estaba obligado a suceder, lo que en términos bíblicos diríamos: obligado a suceder, en el “orden creciente de dignidad”, cumple un fin, nuestra existencia tiene un propósito –y efectivamente, Lilium desde lejos lo escuchaba con curiosidad y atención.

Si ese propósito es mero ensayo creativo, no será mas que asumir la conciencia de nuestra tragedia: por más que nos rebelemos, predestinados, nuestro fin será inexorable.  Pero si el propósito es otro y con nuestra conciencia podemos trazar nuestro destino, entonces debemos buscar una respuesta al por qué estamos aquí, a fin de que el proceso tenga lógica...

_ ¿Y cuál sería entonces ese otro propósito? –preguntó ella intrigada por el discursi que la alarmaba, y “no quería escuchar”.

_ Buscar esa respuesta, obviamente, ha sido el problema más complejo que ha enfrentado la humanidad a lo largo de su historia*

 

A la vista y oídos de ella, aquel hombre Seminarista blasfemaba; mas su alarma estaba en que ella se admiraba por aquel vituperio, ofrecía resistencia, y entraba en conflicto consigo misma.  Él realmente ensayaba, se escuchaba a sí mismo su discursi, preparaba la disputatio para el claustro palaltino.

 



* Diálogo tomado y arreglado de “El Narrador”, una narrativa –la primera que el autor de estas mismas líneas se dispuso a hacer–, del 19 de julio de 2002.

 


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17 agosto 2010 2 17 /08 /agosto /2010 08:02

Clich--Literatura

Sociedad de Monjes.

  Narrativa, 2005 (2/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 19 ago 10.

 

 

Entre el Claustro de Tours y el Arbotante de Ligugé.

 

Es el monasterio de San Martín de Tours, uno de aquellos en donde se conservaban desde antiguo las bibliotecas y se copiaban los textos, de un monaquismo de inspiración benedictina por iniciativa de San Bonifacio; monasterio elegido por Alcuino para fundar una Escuela Palatina más, una Escuela al estilo de la primera escuela fundada en el Palacio de Carlomagno por el mismo Alcuino; la Escuela Palatina de Tours que fue de tanta fama, si no es que más, como las de Tréveris, Maguncia, Orleáns, Lyon, o Metz; y afamada por su Academia en las Siete Artes Liberales, particularmente destacada por su formación en la Lógica del trivium; gramática, retórica y dialéctica; más que en la Física del cuadrivium; aritmética, geometría, música y astronomía.

 

Luis –¡ah!, cualquier Luis, ¡quién no se llamaba “Luis” en Aquisgrán el corazón del Sacro Imperio Romano Germánico!–; de no ser un Luis de alcurnia cuya estirpe fuera dinástica teniendo en su origen genealógico al Emperador del Sacro Imperio Luis el Piadoso, o a Luis el Germánico, Rey de Alemania; o a Luis II a su vez Emperador; o a Luis Rey de Sajonia; o a Luis el Niño Rey de Alemania; o a Luis II; a Luis III, Luis IV, Luis V; todos ellos Reyes de Francia; ¡bha!, llamarse Luis sin real heráldica, era pura presuntuosidad.  A un Luis cualquiera de estos últimos es al que nos referimos en esta historia.  Y pues bien, decíamos, Luis, es un aspirante a Diácono benedictino recién llegado como Seminarista Mayor a la Escuela Palatina en la abadía de Tours, interesado en instruirse en la Lógica del Trivium; buen retórico, mejor que gramático, pero más interesado en especializarse en la dialéctica.

 

Contrastaba impresionantemente el hábito profundamente negro de capucha y holgadísimas mangas del Seminarista benedictino del monasterio de Tours cargando un libro y entresaliendo de sus dedos un rosario; contra el elegantísimo y resplandeciente atavío blanco, a la vez de holgadas mangas, y a sus pies adornado con un vista dorada espaciada de otra lila más ancha que remataba al filo del atuendo, de elegante capela del mismo color que el largo peto azul rey coronado por un enorme cameo al pecho, de la monja jerónima a su vez aspirante a Diaconisa del convento próximo de Ligugé, y de la cual, absurdamente, el profano aspirante a clérigo se había enamorado sólo de verla, sumiéndose en un inconfesable infierno sobre la tierra..., mas no menos de lo que ella a su vez lo estaba, sobrecogida de una profunda angustia y consternación, orando fervientemente en su celda para no caer en tentación.

 

Acaso era como si ambos se tuviesen admiración mutua cual si fuesen dioses a los que recíprocamente se entregaban con arrobada y plena fe mística.  Ella se encerraba en su celda a rezar, él hacía otro tanto, pero cavilando en vez de rezar, la manera de justificar sus actos arrebatados por la pasión, maquinando la manera de poderlos realizar.

 

Entre tanto, él, en esos momentos históricos de terrible confusión y caos como lo fue el largo fin de la Edad Media entre el s.XIII y el s.XV, el profano panteista por naturaleza, haciendo en el disimulo fe estoicista del argumento nominalista, es decir, resignándose estóicamente a pasar por nominalista siendo panteista, había empezado la rutina de la Lectio y la Disputatio de sus seminarios escolares.

 

_ El neoplatonismo –comenzaba así su disertación el docto escolástico Siger, que llegaba con cierto desparpajo, con su cabellera alborotada y procedía a una larga introducción, que por demás Luis valoró enormemente, pues le permitió conocer el pensamiento del maestro y ubicarse él mismo: había que disimular, no se mostraría más como realmente era-, fue fundado en el s.III de nuestra era cristiana por Ammonio Sacca en Alejandría, hasta el cierre de la Academia de Atenas, ordenado por Justiniano en el año 529.  Mas corrompido por la cultura oriental, nacieron de él la gnosis, el hermetismo, la astrología y la magia, y así se llegó a la filosofía carismática o teúrgia en la comunicación del mago con la divinidad.

_ Si me permitís deciros padre, creo que lo que caracteriza a los neoplatónicos –agregaba conocedor Simón, un seminarista hueco que deseaba hacerse notar y sobresalir por su puro complejo de inferioridad en aquella reunión para el ejercicio de la disputatio-, es la revisión o relectura de Platón desde un punto de vista religioso, rechazando el antropomorfismo teológico cristiano, siendo gran aberración ésta, para ellos, de hacer a Dios a nuestra imagen y semejanza, sin entender que ello es justo al revez...

_ Dios, si seguimos a los neoplatónicos –continuó el doctor escoalsta-, ha de ser la hipóstasis (la esencia) de un ser trascendente de manera absoluta, de modo que lo hace inefable, inalcanzable e inexpresable.  En suma, que la filosofía neoplatónica, no obstante lo dicho, nos ha legado un aspecto fundamental: el misticismo cristiano.

_ Cierto es, padre –dijo Luis, que detectaba en el maestro inclinaciones por el realismo medieval y optaba por pasar como semejante y no ya como diferente-, y corrija su venerable mi error si en ello hay fallo; en ello hay tres hipóstasis: 1) Dios; 2) luego de Él emana (mas no se “crea”) la segunda hipóstasis, el espíritu (intelecto, la mente); y 3) el alma, el principio de la vida eterna y espiritual, ausente en las plantas y los animales.  La materia, que contiene el mal y la imperfección, no posee propiamente existencia, sólo existe el alma que la genera... –el Doctor hizo un tiempo para responder o comentar algo, no estaba de todo de acuerdo en lo dicho por Luis y ese lapso fue aprovechado para la intervención de Pedro, que ligero de pensamiento lo hacía más a manera de una reflexión en voz alta que como una proposición.

_ Entonces el hombre –dijo así Pedro-, próximo al mundo material como en lo posible de Dios, está entre el ser y el no-ser...

_ Así es –dijo por fin Siger-, aunque su corporeidad pertenezca completamente al mundo ilusorio de las cosas, su alma puede, si lo desea con fuerza, prescindir de la materia e iniciar un proceso de regreso hacia Dios: eso es justo el misticismo.

_ La materia es oscuridad..., un puro no-ser... –repitió aquel que gustaba de exteriorizar su pensamiento sin más propósito.

 

Ahí estaba la esencia, el corazón palpitante del escolasticismo en sus raíces.  No tardó mucho para que de esas sesiones de Seminario, es decir, del semillero de los futuros doctos, se planteara un problema que estaba ahí permanentemente más de fondo: el problema del pensamiento crítico, es decir, el pensamiento como sólo puede ser el pensamiento: a base de juicios lógicos, acerca de la creación la emanación, o identidad Dios-Humano.  O dicho de otra manera en la variante del primigenio problema panteista herético planteado por Juan Escoto Eriugena: si Dios crea, y si lo hace con algún sentido, Dios creativamente traza el destino de los seres; si no queremos pensar que lo hace para arrojarlos inmediatamente como desechos para los cuales no tiene ningún propósito.  Los seres nacen pues, predestinados; mas Dios no crea, sino Él; más que plotina o neoplatónicamente emanante, es Uno con lo humano, lo humano panteístcamente coincidente con la presencia divina; es consistente pues, no en la necesidad sino en la libertad.  Los seres no son entonces un acto volitivo de Dios (una necesidad), sino Dios mismo (la Libertad)

 

De ahí que ya Plotino en el s.III propusiera que el concepto de creación (un acto libre y voluntario, no necesario de la divinidad trascendente que otorga existencia al Universo ex nihilo -a partir de la nada-, y que plantea el problema adicional de la responsabilidad de Dios respecto de su obra imperfecta: es decir, a ¿por qué el mal?); fuese sustituido por el de emanación, pues en ésta, ocurre un proceso no voluntario, espontáneo y necesario al mismo tiempo, mediante el cual el mundo <<mana de Dios por sobreabundancia>> sin su intervención directa.  Aquí la predestinación no ocurre, sin embargo Dios está presente en lo espontáneo y necesario simultáneamente.  De donde Dios no creativo sino emanante es destino, y como tal –según Plotino-, condición de necesidad, y ésta a su vez, explicación del mal; pero no predestinación, sino acto espontáneo.

 

Juan Escoto Eriugena criticando la posición de la predestinación como condición de necesidad, proponía así que la predestinación es una, mas no propiamente emanante y espontánea, sino coincidente con lo humano, y por lo tanto, predestinación consistente no en la necesidad, sino en la libertad.

 

Mas era éste un sagaz artilugio del pensamiento para, haciendo a Dios Uno con lo humano, lo humano predestinándose, trazando por sí mismo su propio destino, reclamaba de libertad: nacía allí el pensamiento humanista.  Y este pensamiento de Juan Escoto Eriugena habría de desarrollarse en el curso de los cinco siglos siguientes..

 

Luis, como afanado servidor de la clerecía del Monasterio de Tours, tenía como una de sus encomiendas el trasiego de productos entre éste y el Convento Jerónimo de Ligugé a poca distancia, a menos de una jornada entre ambos.

 

Allí conoció a Lilium, una aspirante a Diaconisa aplicada en los mismos afanes que él, y a la que conoció precisamente un día de tantos en una entrega, en que ella quedó destinada a asistir a la Sor en la recepción los bienes terrenales y las artes que intercambiaban semana a semana ambas abadías.

 


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17 agosto 2010 2 17 /08 /agosto /2010 08:02

Clich--Literatura

Sociedad de Monjes.

  Narrativa, 2005 (2/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 19 ago 10.

 

 

Entre el Claustro de Tours y el Arbotante de Ligugé.

 

Es el monasterio de San Martín de Tours, uno de aquellos en donde se conservaban desde antiguo las bibliotecas y se copiaban los textos, de un monaquismo de inspiración benedictina por iniciativa de San Bonifacio; monasterio elegido por Alcuino para fundar una Escuela Palatina más, una Escuela al estilo de la primera escuela fundada en el Palacio de Carlomagno por el mismo Alcuino; la Escuela Palatina de Tours que fue de tanta fama, si no es que más, como las de Tréveris, Maguncia, Orleáns, Lyon, o Metz; y afamada por su Academia en las Siete Artes Liberales, particularmente destacada por su formación en la Lógica del trivium; gramática, retórica y dialéctica; más que en la Física del cuadrivium; aritmética, geometría, música y astronomía.

 

Luis –¡ah!, cualquier Luis, ¡quién no se llamaba “Luis” en Aquisgrán el corazón del Sacro Imperio Romano Germánico!–; de no ser un Luis de alcurnia cuya estirpe fuera dinástica teniendo en su origen genealógico al Emperador del Sacro Imperio Luis el Piadoso, o a Luis el Germánico, Rey de Alemania; o a Luis II a su vez Emperador; o a Luis Rey de Sajonia; o a Luis el Niño Rey de Alemania; o a Luis II; a Luis III, Luis IV, Luis V; todos ellos Reyes de Francia; ¡bha!, llamarse Luis sin real heráldica, era pura presuntuosidad.  A un Luis cualquiera de estos últimos es al que nos referimos en esta historia.  Y pues bien, decíamos, Luis, es un aspirante a Diácono benedictino recién llegado como Seminarista Mayor a la Escuela Palatina en la abadía de Tours, interesado en instruirse en la Lógica del Trivium; buen retórico, mejor que gramático, pero más interesado en especializarse en la dialéctica.

 

Contrastaba impresionantemente el hábito profundamente negro de capucha y holgadísimas mangas del Seminarista benedictino del monasterio de Tours cargando un libro y entresaliendo de sus dedos un rosario; contra el elegantísimo y resplandeciente atavío blanco, a la vez de holgadas mangas, y a sus pies adornado con un vista dorada espaciada de otra lila más ancha que remataba al filo del atuendo, de elegante capela del mismo color que el largo peto azul rey coronado por un enorme cameo al pecho, de la monja jerónima a su vez aspirante a Diaconisa del convento próximo de Ligugé, y de la cual, absurdamente, el profano aspirante a clérigo se había enamorado sólo de verla, sumiéndose en un inconfesable infierno sobre la tierra..., mas no menos de lo que ella a su vez lo estaba, sobrecogida de una profunda angustia y consternación, orando fervientemente en su celda para no caer en tentación.

 

Acaso era como si ambos se tuviesen admiración mutua cual si fuesen dioses a los que recíprocamente se entregaban con arrobada y plena fe mística.  Ella se encerraba en su celda a rezar, él hacía otro tanto, pero cavilando en vez de rezar, la manera de justificar sus actos arrebatados por la pasión, maquinando la manera de poderlos realizar.

 

Entre tanto, él, en esos momentos históricos de terrible confusión y caos como lo fue el largo fin de la Edad Media entre el s.XIII y el s.XV, el profano panteista por naturaleza, haciendo en el disimulo fe estoicista del argumento nominalista, es decir, resignándose estóicamente a pasar por nominalista siendo panteista, había empezado la rutina de la Lectio y la Disputatio de sus seminarios escolares.

 

_ El neoplatonismo –comenzaba así su disertación el docto escolástico Siger, que llegaba con cierto desparpajo, con su cabellera alborotada y procedía a una larga introducción, que por demás Luis valoró enormemente, pues le permitió conocer el pensamiento del maestro y ubicarse él mismo: había que disimular, no se mostraría más como realmente era-, fue fundado en el s.III de nuestra era cristiana por Ammonio Sacca en Alejandría, hasta el cierre de la Academia de Atenas, ordenado por Justiniano en el año 529.  Mas corrompido por la cultura oriental, nacieron de él la gnosis, el hermetismo, la astrología y la magia, y así se llegó a la filosofía carismática o teúrgia en la comunicación del mago con la divinidad.

_ Si me permitís deciros padre, creo que lo que caracteriza a los neoplatónicos –agregaba conocedor Simón, un seminarista hueco que deseaba hacerse notar y sobresalir por su puro complejo de inferioridad en aquella reunión para el ejercicio de la disputatio-, es la revisión o relectura de Platón desde un punto de vista religioso, rechazando el antropomorfismo teológico cristiano, siendo gran aberración ésta, para ellos, de hacer a Dios a nuestra imagen y semejanza, sin entender que ello es justo al revez...

_ Dios, si seguimos a los neoplatónicos –continuó el doctor escoalsta-, ha de ser la hipóstasis (la esencia) de un ser trascendente de manera absoluta, de modo que lo hace inefable, inalcanzable e inexpresable.  En suma, que la filosofía neoplatónica, no obstante lo dicho, nos ha legado un aspecto fundamental: el misticismo cristiano.

_ Cierto es, padre –dijo Luis, que detectaba en el maestro inclinaciones por el realismo medieval y optaba por pasar como semejante y no ya como diferente-, y corrija su venerable mi error si en ello hay fallo; en ello hay tres hipóstasis: 1) Dios; 2) luego de Él emana (mas no se “crea”) la segunda hipóstasis, el espíritu (intelecto, la mente); y 3) el alma, el principio de la vida eterna y espiritual, ausente en las plantas y los animales.  La materia, que contiene el mal y la imperfección, no posee propiamente existencia, sólo existe el alma que la genera... –el Doctor hizo un tiempo para responder o comentar algo, no estaba de todo de acuerdo en lo dicho por Luis y ese lapso fue aprovechado para la intervención de Pedro, que ligero de pensamiento lo hacía más a manera de una reflexión en voz alta que como una proposición.

_ Entonces el hombre –dijo así Pedro-, próximo al mundo material como en lo posible de Dios, está entre el ser y el no-ser...

_ Así es –dijo por fin Siger-, aunque su corporeidad pertenezca completamente al mundo ilusorio de las cosas, su alma puede, si lo desea con fuerza, prescindir de la materia e iniciar un proceso de regreso hacia Dios: eso es justo el misticismo.

_ La materia es oscuridad..., un puro no-ser... –repitió aquel que gustaba de exteriorizar su pensamiento sin más propósito.

 

Ahí estaba la esencia, el corazón palpitante del escolasticismo en sus raíces.  No tardó mucho para que de esas sesiones de Seminario, es decir, del semillero de los futuros doctos, se planteara un problema que estaba ahí permanentemente más de fondo: el problema del pensamiento crítico, es decir, el pensamiento como sólo puede ser el pensamiento: a base de juicios lógicos, acerca de la creación la emanación, o identidad Dios-Humano.  O dicho de otra manera en la variante del primigenio problema panteista herético planteado por Juan Escoto Eriugena: si Dios crea, y si lo hace con algún sentido, Dios creativamente traza el destino de los seres; si no queremos pensar que lo hace para arrojarlos inmediatamente como desechos para los cuales no tiene ningún propósito.  Los seres nacen pues, predestinados; mas Dios no crea, sino Él; más que plotina o neoplatónicamente emanante, es Uno con lo humano, lo humano panteístcamente coincidente con la presencia divina; es consistente pues, no en la necesidad sino en la libertad.  Los seres no son entonces un acto volitivo de Dios (una necesidad), sino Dios mismo (la Libertad)

 

De ahí que ya Plotino en el s.III propusiera que el concepto de creación (un acto libre y voluntario, no necesario de la divinidad trascendente que otorga existencia al Universo ex nihilo -a partir de la nada-, y que plantea el problema adicional de la responsabilidad de Dios respecto de su obra imperfecta: es decir, a ¿por qué el mal?); fuese sustituido por el de emanación, pues en ésta, ocurre un proceso no voluntario, espontáneo y necesario al mismo tiempo, mediante el cual el mundo <<mana de Dios por sobreabundancia>> sin su intervención directa.  Aquí la predestinación no ocurre, sin embargo Dios está presente en lo espontáneo y necesario simultáneamente.  De donde Dios no creativo sino emanante es destino, y como tal –según Plotino-, condición de necesidad, y ésta a su vez, explicación del mal; pero no predestinación, sino acto espontáneo.

 

Juan Escoto Eriugena criticando la posición de la predestinación como condición de necesidad, proponía así que la predestinación es una, mas no propiamente emanante y espontánea, sino coincidente con lo humano, y por lo tanto, predestinación consistente no en la necesidad, sino en la libertad.

 

Mas era éste un sagaz artilugio del pensamiento para, haciendo a Dios Uno con lo humano, lo humano predestinándose, trazando por sí mismo su propio destino, reclamaba de libertad: nacía allí el pensamiento humanista.  Y este pensamiento de Juan Escoto Eriugena habría de desarrollarse en el curso de los cinco siglos siguientes..

 

Luis, como afanado servidor de la clerecía del Monasterio de Tours, tenía como una de sus encomiendas el trasiego de productos entre éste y el Convento Jerónimo de Ligugé a poca distancia, a menos de una jornada entre ambos.

 

Allí conoció a Lilium, una aspirante a Diaconisa aplicada en los mismos afanes que él, y a la que conoció precisamente un día de tantos en una entrega, en que ella quedó destinada a asistir a la Sor en la recepción los bienes terrenales y las artes que intercambiaban semana a semana ambas abadías.

 


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17 agosto 2010 2 17 /08 /agosto /2010 08:01

Clich--Literatura

Sociedad de Monjes.

  Narrativa, 2005 (1/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 16 ago 10.

 

 

Prefacio

 

El presente trabajo, ha sido elaborado con doble fin: 1) realizar un ejercicio académico con los estudiantes de la materia de Lógica, y 2) formar parte de la acreditación del curso: “Pensamiento Crítico y Creativo” de la Maestría en Educación.

 

Se había pensado en lo primero mucho antes de iniciado el curso de Maestría, cuando en el período vacacional imaginábamos lo que haríamos para el siguiente curso; pero ciertamente, no como se presenta ahora; como una narrativa entre escolástas; sino analizando los juicios lógicos de un caso jurídico real; de ahí que su título original fuera “Los juicios del Juicio”; es decir, los juicios lógicos, del Juicio jurídico.  Y no pudiendo conseguir al momento que se redacta esta historia las actas jurídicas que nos permitieran recrear una historia realista, hubimos de apelar a la historia universal, y nos remitimos a la época en que la silogística es llevada a sus extremos: la Baja Edad Media, durante el escolasticismo; de modo que esta narrativa, pasó de ser de “los juicios lógicos del Juicio jurídico”, a “los juicios lógicos, del juicio inherente a la racionalidad”.

 

Ello, para los fines de la materia del posgrado, podría traducirse literalmente entonces como: “los juicios lógicos con fundamento teórico y explicativos de la necesidad” (y más aun, “de la necesidad como condición de la libertad”), pasando a ser así, en la totalidad de ese enunciado, lo que entendemos por “pensamiento crítico y creativo”; lo que de manera resumida definimos inicialmente con el título de: “El Destino y la Libertad”.  Pero luego descubrimos algo literariamente más fino escondido en todo ello, y que le daba un mejor título: “Sociedad de Monjes”; que parece aludir al período histórico en que se ubica la narrativa, más no es exactamente por ello, y de ahí lo fino del título, sino porque, buscando las analogías entre la crisis del medioevo y su neoplatonismo, con la crisis actual, lo que más impacta en el ánimo, en lo emocional, es justo eso: una sociedad que es por igual, “monacal” (de monos, uno), esto es, de “seres solos”, de “hombres solos”, que dicho en su sentido amplio ha de entenderse propiamente, como una “sociedad de seres humanos solos” (involucrando lo mismo al monje que a la monja, al hombre que a la mujer), en que, como tales, en su aislamiento y soledad dadas por razones siempre trágicas, pierden su calidad humana sin expectativas de sublimidad, hundiéndose en lo abyecto de las mezquindades y envidias inherentes al culto del ego, es decir, de ese “egoísmo” del profundo individualismo actual, y en sí de toda esa cultura de la “contracultura” del posmodernismo y su enajenación y alienación social.

 

Ciertamente la narrativa, por su contenido filosófico y nuestra falta de dotes literarias, nos quedó involuntariamente “muy elevada”, pero valga como ejemplo del intento por una expresión del pensamiento crítico (del pensamiento esencialmente formado de juicios lógicos relativos a un marco teórico estricto) y creativo (del pensamiento que explica las condiciones de necesidad), como se demuestra en el contexto de la siguiente narrativa.

 

En ese contexto, lo que se presenta es apenas el argumento general de lo que habrá de ser una historia más elaborada principalmente en lo literario, intentando suavizar u ocultando de hecho el didactismo, hasta aquí casi en primer plano, con el interés de comprender lo esencialmente histórico-filosófico; se presenta por lo tanto hasta ahí donde nos fue posible por razones de tiempo dejarla presentable en la idea más completa, estableciendo el propósito del análisis silogístico (tema esencial del curso de Lógica y su Segunda Unidad, que al momento de presentar este trabajo en la Maestría, a la vez, se está desarrollando en clase)

 

Al respecto, de manera particular, debe mencionarse que en la disputatio que se narra discutiendo una de las tesis de Averroes, los nombres de los personajes corresponden a los principales escolástas entre 1270 y 1277, y que en el diálogo (casi soliloquio) de la parte final del texto, entre los personajes principales en el cual se discute los conceptos de “pensamiento crítico” y “pensamiento creativo”, los personajes concretos son los cinco mencionados por Jacques Boisvert en “La Formación del Pensamiento Crítico”, traducidos a los nombres de los mismos escolástas.

 

No tuvimos tiempo para más, el trabajo de esta narrativa para una actividad académica con los estudiantes de Lógica en la Licenciatura, en sí mismo pretende expresar los propósitos del pensamiento crítico y creativo.

 

 

Introducción.

 

La caída del Imperio Romano, y con él del régimen esclavista; de ese esclavismo no dado por propia voluntad deificando y confiriendo libertad al otro, a la alteridad, incluso a la alteridad reconocida como el “otro Yo”, al alter ego, humanizando; sino de ese esclavismo impuesto por la fuerza sometiendo y subyugando al otro contra su voluntad y despojándolo de su condición humana, no puede entenderse sin la Guerra de las Galias; primero de su conquista por Julio Cesar en el siglo I ane, dominando a los “pueblos bárbaros” tras el Limes romano, entre ellos, principalmente el de los francos; luego por su pérdida en manos de los romanos para pasar reconquistada temporalmente ahora nuevamente en manos de los francos con las invasiones del siglo IV (355) primero, y de la Confederación Franca después (en el 358), recuperadas casi de inmediato por Juliano “El Apóstata”; y en consecuencia, el posterior nacimiento del régimen feudal con el inicio mismo del siglo V.  Asimismo, más tarde el Sacro Imperio Romano fundado hacia fines del siglo X (962), tampoco podrá entenderse.  Luego de tres siglos, tras el reinado de Clodoveo desde el 481 que elimina el último gobierno fantasmal romano en las Galias, convertido él poco después (496) al cristianismo como agradecimiento al dominio que logró sobre los burgundios y Alarico II, rey de los visigodos, inicia un nuevo período histórico, prácticamente con el inicio mismo del siglo VI (509), con el reinado “haragán” de los francos Merovingios hasta la muerte de Dagoberto I hacia mediados del siglo VII (639), tras el cual arriba al trono la dinastía de los Carolingios (Carlovingios) con Pipino, dinastía reinante desde las Galias ahora por tres siglos en el nuevo imperio, hasta el reinado del Luis V en el siglo X (987).  Fue este el período histórico conocido como la Alta Edad Media, cuyo pensamiento era la Patrística Neoplatónica expresada en el Cristianismo, realmente como fundamentación del mismo; por la cual se establecía la doctrina de la emanación mística del mundo material, tanto más imperfecto cuanto más alejado de Dios y tanto más perfecto y cuasi divino, tanto más retornado a éste gracias a la capacidad del éxtasis humano; todo ello, a partir del principio espiritual, por el carácter absoluto de la trascendencia divina inefable cuya verdad era revelada al conocimiento mediante un saber oculto ab antiquo.

 

Esta historia tiene en todo ello apenas sus remotos antecedentes, pues su real contexto histórico estará en los acontecimientos de la siguiente etapa histórica, misma que se prepara ya con el papel protagónico de Carlomagno de los siglos VIII-IX (768-814), esto es, desde dos siglos antes al momento exacto de nuestra historia: la Baja Edad Media, del siglo XI, hasta el fin del medioevo mismo en el siglo XV (1453), convencionalmente establecido así con la caída de Constantinopla.

 

A la Baja Edad Media caracterizó entonces el pensamiento –fundado en el neoplatonismo– ahora del llamado Escolasticismo, “cuyos primeros doctores que se recuerdan son el benedictino Alcuino (735-804), maestro de filosofía en la Escuela de Palacio creada por Carlomagno, [la Escuela Palatina, cuyo modelo se propaga rápidamente; de donde el escolasticismo toma su nombre]; y Rábano Maure (776-856), originario de Maguncia, que fue discípulo de Alcuino y sucesor suyo en la enseñanza”[1].  Y no casualmente el escolasticismo habrá de surgir a partir de las extraordinarias discusiones sobre las implicaciones del acto de creación divina (el pensamiento creativo de Dios) dadas en la polémica doctrinal de la predestinación: Gottschalk (819-868), monje de la abadía de Fulda: <<Hay una predestinación –decía él– para los elegidos y otra para los réprobos>>; Rábano Maure y Hincmaro de Reims: <<No, la predestinación –respondían éstos– es una, para todos por igual, y como condición de necesidad>>.  Pero en la polémica interviene además otro pensador: Juan Escoto Eriugena (810-877): <<Sí, en efecto, la predestinación –dice éste coincidiendo con Maure e Hincmaro– es una, mas esta predestinación es coincidente con la presencia divina y por lo tanto consistente no en la necesidad –y ahí difería con éstos– sino en la libertad; pues el ser humano no es resultado excedente del simple desbordamiento de Dios, sino Dios mismo, el cual no puede ser sino Libertad>>, dando lugar a una nueva herejía.  La polémica doctrinal dio con ello un giro inesperado; ya no se trataba de determinar la unicidad o dualidad de la predestinación; ahora se trataba de determinar si Dios era causa necesaria y fatal de las cosas; o si Dios, siendo Uno con el ser humano, entonces no hubiese causa que precediese la voluntad del hombre, la voluntad de Dios sería su propia voluntad, con lo que la predestinación quedaría anulada.  Y sutilmente, no sólo la predestinación será anulada, sino con ello Dios mismo también, pues el destino del ser humano (ya no su predestinación), no será otro que el destino que el ser humano mismo quiera y pueda.

 

Trata esta historia pues, de las tribulaciones humanas a la desaparición de toda una etapa del desarrollo de la humanidad y su reemplazo por otra totalmente distinta, esto es, del inicio de esa transición de la Baja Edad Media al Renacimiento, de la desaparición del régimen feudal a la aparición del régimen capitalista.  Trata esta historia en su esencia, de esa lucha a muerte más allá de donde se flagelan las espadas, en otro lugar muy distinto de donde son heridos los caballos y ruedan los jinetes a la muerte atravesados por las lanzas.   Trata de esa lucha dada en las ideas,  cuyo escenario es el claustro y cuyas armas la palabra, el discursi, la disputatio de las ideas entre los escolásticos conceptualistas, nominalistas y realistas medievales, frente al surgimiento del Humanismo y el  pensamiento panteísta.

 

Y esta disputatio neoplatónica tenía como principal mérito los desarrollos de la Lógica Formal aristotélica, en donde los escolástas hicieron sus más importantes contribuciones.   Una contienda pues, no para cualquiera; como no para cualquiera es el otro campo de batalla; lo que para unos es adarga y ensangrentada lanza en ristre, para los otros es papel y entintada péñola en mano; lo que para unos es el grito de guerra en el bramido más feroz, para los otros, ese grito de guerra es tan sólo la proposición teórica misma en la palabra más categorizada.  Mas en ambos campos de batalla el resultado es exactamente el mismo: la lucha a muerte; se lucha, y el que lucha sabe, debe saber, que en ello le va la libertad, y la vida misma en juego.

 

Casos excepcionales hay, como del filósofo estoico Marco Aurelio acuchillando con la espada en el campo de lo militar, a la vez que escribe de su filosófico estoico pensamiento; o el militar Cayo Julio Cesar tomando la pluma para escribir sus postrimeros “Comentarios de la Guerra de las Galias” a la vez que comanda militarmente sus Legiones.

 

Esta historia no es de esas excepciones, sino de la intensa lucha de lo más abstracto: las ideas categorizadas; el rigorismo para evitar la ignoratio elenchi, esto es, la “suplantación de tesis”, en la que se considera idéntico lo que es distinto y se demuestra lo demostrado y no lo que ha de demostrarse, a manera de las variantes del sofisma en el argumento ad hominem.   El rigorismo para evitar los errores en los fundamentos de la demostración, como en el “falso antecedente”, el petito principii o proposición de un principio que no puede ser demostrado independientemente de la tesis que se debe demostrar; o evitar el circulus indemostrando o “círculo vicioso”.  El rigorismo para evitar los errores en el procedimiento de la demostración, como en la falta de la conexión lógica real, por el cual el “luego entonces” como apariencia verbal, non sequitur, es decir, no se sigue de los fundamentos; o el saltus in concludendo, el salto al sacar la conclusión; el quarternio terminorum, el introducir en el término medio conceptos aparentemente iguales pero de distinto significado, ya sea por simple expresión verbal, por fallacia secundum dictionem; o por error de pensamiento o fllacia extra dictionem.  El rigorismo para evitar pues los errores en el razonamiento y precisar el contenido y extensión de los conceptos.

 

Y todo ello, allí, en el escenario del oscuro y resonante claustro en la Academia Palatina; o allí donde un parapeto es la mazmorra misma, allí donde el calabozo de la más sórdida ergástula es incapaz de doblegar al galeote de la más poderosa de las armas: las ideas.   Esta es la historia, hela aquí...

 



[1] De Ruggeiro, Guido; Sumario de Historia de la Filosofía; Editorial Claridad, Buenos Aires, 1948, p.127 (Corchetes nuestros)

 



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21 junio 2010 1 21 /06 /junio /2010 08:06

Clich--Literatura

El Sexto en la Mesa.  Cuento, 2005 (6).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica,

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 08 jul 10.

 

Antes, debo establecer qué es lo que puede haber de semejante o de diferente entre los fundamentos teóricos de lo que yo pienso y los fundamentos teóricos de lo que piensan los demás con los que establezco el coloquio.  Lo malo es que no tengo antecedentes ni de Snow, ni de Turing, ni de Haldane, y diré de su marco teórico lo poco que de sus tesis se desprenda.

 

El caso de Wittgenstein, es el de un filósofo idealista subjetivo fundador de la llamada filosofía analítica, que en Inglaterra tomó forma dominante como filosofía lingüística, que considera que será el análisis del lenguaje lo que esclarecerá el contenido de los problemas que tradicionalmente se consideran filosóficos; “está representada por los adeptos del empirismo lógico (continuación directa del positivismo lógico), y del neopragmatsmo”[1].  Y el caso de Schrödinger, es el de un físico materialista inconsecuente, él no se declaraba marxista como el “fanfarrón” de Haldane, sin embargo fue miembro extranjero de la Academia de Ciencias de la URSS dadas sus posiciones científicas materialistas, principalmente en contra del “vitalismo”, es decir, de la idea de que la vida tuviese un principio especial, sobrenatural, para ser tal.

 

El asunto es pues, que estamos frente a un grupo de científicos: el matemático Turing, el físico Schrödinger, el biólogo Haldane y el filósofo Wittgenstein; de los cuales sólo uno es plenamente consciente y consecuente, en el campo del idealismo subjetivo, precisamente este último..., ¡ah!, y yo, con una posición materialista dialéctica, no mecanicista como la Schrödinger, ni inconsecuente y de pose como la que se hace expresar a Haldane.  Los demás, aparte de Wittgenstein y yo, expresan posiciones inconsecuentes entre materialistas mecanicistas –dada su formación en el campo de las “ciencias exactas o naturales” – e idealistas subjetivas.  Ello va a explicar el por qué finalmente con más o menos énfasis convergen Snow y Schrödinger en la posición defendida por Turing, con la débil resistencia de Haldane, y entera oposición de Wittgenstein; con cuya posición ante la ley de identidad del Humano –y particularmente respecto de ello– nos sumamos.

 

El argumento principal de esta historia se finca en lo siguiente: <<El principio de incompletud de Göedel, por el cual existe una proposición que no puede ser demostrada en el mismo sistema lógico>>  De ello parece inferirse (dado que no se hace explícito, pero en el fondo así parece ser) que en consecuencia, la lógica como fundamento de la ciencia es incompleta, y por lo tanto la ciencia es limitada.  Ello se expresa en ese pasaje aplicado a la cibernética en que se dice: “(los) resultados de Gödel muestran que existe un problema que no se puede resolver siguiendo los pasos de un programa”, y se refuerza con la idea de que “el Problema de la Decisión de Hilbert acerca de una estructura lógica en que se demuestre todo enunciado matemático, quedó anulado para siempre con el trabajo de Gödel; en tanto que yo planteaba –dice Turing– que los pasos lógicos que se dan para construir una prueba son los mismos que seguiría una calculadora humana para realizar un cómputo”.

 

En ese contexto se explica el pasaje sobre la Conjetura de Goldbach, por la cual, antes se creía que toda cuestión matemática bien planteada debía tener una respuesta determinada como verdadera o falsa tras una cadena de razonamientos lógicos- siendo que así pensaban –dicen los personajes– los matemáticos de esa época, se dice en la argumentación en la que posmodernistamente haciéndose la crítica al positivismo “cientificista”, inconsecuente y oscurantistamente se rechaza la ciencia misma–, y así piensa todavía hoy día gran parte de la gente –dice Turing así–, incluida la mayoría de los científicos –pero no se aclara que esos “científicos”, son sólo los “científicos positivistas”.

 

Turing añadía: “El marxismo alega que el marxismo mismo es científico –y he aquí el ataque oscurantista a la ciencia, ahora asociado al marxismo-, pero sólo como expresión de la necesidad de que el cambio histórico tenga una lógica que la ciencia pueda justificar.  ¿Pero cómo puede alguien sostener en serio la noción marxista de que algo como la ciencia pueda ser explicado mediante los “modos de producción dominantes”?  Es un completo disparate”  Y se ve allí con toda claridad un argumento fundado en la ignorancia, que evidencia el prejuicio “anticomunista” al que va asociada una posición en contra de la lógica y de la ciencia.

 

Wittgenstein es la parte realmente opositora a Turing, y el argumento esencial de éste es:  “La mera idea de una máquina que piensa como un hombre es algo absolutamente absurdo.  Podrá realizar una imitación, el pensamiento está ligado al lenguaje y éste es consecuencia directa de la forma de vida compartida, humana”, y su posición ante la ciencia objetiva queda plasmada en el pasaje en donde éste plantea:  “Digo que toda concepción moderna del mundo, se basa en la ilusión de que las llamadas “leyes de la naturaleza” expliquen los fenómenos naturales”, es decir, su posición es el subjetivismo extremo.

 

Por ello dice Snow a Wittgenstein: “Si está usted insinuando, que no sólo el pensamiento humano traspasa la observación de las reglas, sino también todos los demás procesos naturales, eso va a exigir su propia explicación”.

 

Dicho lo cual, creo que podemos ir concluyendo.  El problema, por lo menos en su origen, ha sido:  <<La posibilidad de una máquina inteligente; y eso significa capaz de razonar, de establecer inferencias y por lo tanto de obtener conocimientos nuevos, conocimientos desconocidos a partir de lo conocido, que además sea tal que pueda decirse que piensa, es decir, que piensa humanamente >>; y aquí la hipótesis que se puede formular, es que: <<científico-técnicamente, es posible crear una máquina inteligente>>.  Dicho con más fineza, es posible crear una máquina analítico-digital inteligente que simula el pensamiento humano; lo cual significa “inteligencia artificial”.

 

La hipótesis complementaria que le explica dirá: <<científico-técnicamente, es posible crear una máquina inteligente, pero no ha de significar ni pensamiento ni condición humana>>, por lo que vale expresarlo con la parte fina:  <<Es posible crear una máquina analítico-digital inteligente; pero no ha de significar ni pensamiento ni condición humana; lo cual significa sólo “inteligencia artificial”>>

 

Y respecto a la parte especulativa acerca de la posible evolución de la especie humana en alienígenas, el problema se extendería al enunciado: <<La posibilidad de una máquina inteligente; y eso significa capaz de razonar, de establecer inferencias y por lo tanto de obtener conocimientos nuevos, conocimientos desconocidos a partir de lo conocido, que además sea tal que pueda decirse que piensa, es decir, que piensa humanamente, y más aun, que pueda ser futuro evolutivo de la humanidad>>; tal planteamiento de problema ha de tener entonces como hipótesis: <<Es posible crear una máquina analítico-digital inteligente; pero no ha de significar ni pensamiento analítico-analógico ni condición humana; lo cual significa sólo inteligencia artificial, y en consecuencia, como resultado evolutivo, significará la transformación de la especie a otra, alienígena, no-humana”>>

 

El desconocimiento por los demás del marco teórico de Wittgenstein, la filosofía lingüística, no les permite entender el contenido real de las categorías que emplea, principalmente, precisamente la de “Lenguaje”.  ¡Ah!, si Turing hubiera sabido eso, coincidiría plenamente con Wittgenstein, pues para éste, el lenguaje perfecto es el matemático, y Turing hubiera podido explicarle que esa perfección estaba precisamente en la sintaxis y no en la subjetiva semántica, como es de entenderse en el concepto general de “lenguaje”.

 

Y si todos ahí no fueran idealistas subjetivos inconscientes, podrían entender que el Teorema de Gödel no quebranta la lógica ni mucho menos muestra las limitaciones de la ciencia, sino todo lo contrario, pues, por ejemplo, se entendería que en la lógica axiomática de Euclides, el famoso quinto postulado indemostrable en la geometría plana, y sí sólo en un sistema superior, el de la geometría esférica, permite el desarrollo de la ciencia, su propio perfeccionamiento conforme al reflejo objetivo de la realidad objetiva.  Entenderían que la Lógica Formal, incapaz de demostrar la veracidad del consiguiente en sus propias reglas, gracias al Teorema de Gödel, saltando entonces a un sistema lógico superior, la Lógica Dialéctica, encuentra la demostración científica plena, producto del reflejo objetivo de la realidad objetiva.  Hecho que ahí nadie puede aceptar, dado su principio subjetivista de interpretación de la realidad.

 

Él se apoltronaba cada vez más en el mullido sofá, bostezaba cada vez con mayor insistencia, entrecerraba los ojos, se cansaba de pensar..., era hora de volver al futuro.

 

Hizo sus geográfico-físico-matemáticas y cibernéticas operaciones, y volvió.  En el año 2005, en la práctica histórico-social de poco más de medio siglo, quedaba demostrado que el matemático Turing había tenido la razón: era posible, en términos de sintaxis, crear máquinas inteligentes; sin que ello quiera decir, “razonantes”.  Pero el filósofo Wittgenstein había resultado a su vez poseedor de la verdad: esa “Inteligencia Artificial” de las máquinas, lejos estaban aun de ser una forma lo más elemental del pensamientohumano; es decir, de la capacidad razonante; de procesos continuos, básicamente semánticos, a partir de ser un reflejo del mundo objetivo en abstracciones, conceptos, juicios, inferencias, análisis y síntesis, descubrimiento de leyes, etc.  Una Unidad Central de Procesamiento, por aventajada que estuviese, está aun muy lejos de ser equiparada estrictamente a un cerebro.

 

La inteligencia no-artificial, la inteligencia humana, como capacidad de pensamiento, capaz de producir ideas, va más allá –como acertadamente afirmaba Wittgenstein–, de los procesos fisiológicos, efectivamente, son resultado del desarrollo social.  Tiene una naturaleza social, y de ahí como dicho filósofo decía correctamente, el pensamiento está estrechamente vinculado con el habla, con el lenguaje.

 

La máquina de Turing, es hoy un dispositivo enormemente poderoso para realizar vastas operaciones de cálculo que escaparían al común de los cerebros humanos (aun cuando hay algunos capaces de operar a velocidades análogas a las de la máquina en el cálculo exorbitante de operaciones), es pues, una poderosa herramienta analítica, de procesos discretos, más capaz, en general, que el cerebro humano en esas funciones.

 

Pero la máquina de Turing es un ente totalmente alienado en lo que se refiere a los procesos continuos o analógicos, mas justo es ello, por lo contrario, en lo que el cerebro humano no tiene comparación.

 

En consecuencia, como bien decía Wittgenstein: el humano sólo es idéntico al humano.  Las predicciones del escritor Snow sobre la evolución del humano en alienígena, si bien posibles, como corroboraba el biólogo Haldane, serían una derivación de la especie humana en otra especie distinta.  Y aun ahí, al empezar el siglo XXI, física, biológica, y ético-filosóficamente, aun es campo especulativo de la ciencia-ficción.

 

Por lo pronto, vuelto el Prof. al futuro, a su presente, a la rutina de su sistema existencial, esa noche se autoprogramabapara lo que habría de realizar al día siguiente: <<5.30 h, activación holista del sistema..., 7:00 h primera clase..., 11:30 h revisar correo electrónico..., 15.00 h restauración de energía..., 18:00 h procesamiento de información...>>.



[1]       Ibid. v. (Filosofía Analítica, Empirismo Lógico)

 



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21 junio 2010 1 21 /06 /junio /2010 08:05

Clich--Literatura

El Sexto en la Mesa.  Cuento, 2005 (5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 05 jul 10.

 

Y ahí estaba el tal “fantasma” fanfarroneando y payaseando, y por ello se perdió de buena parte de la plática entre ellos sobre la situación del caso Lysenko, y sólo reaccionó cuando Wittgenstein decía: “...el culto a la ciencia es el mayor de los males de este siglo.  Así que sólo por esta razón me opongo al marxismo”.

 

<<¡Qué-qué-qué-qué!, a ver a ver, cómo cómo cómo...  Cómo que el absurdo acientífico o hasta anticientífico de Lysenko (1898-1976) puede llamarse “culto a la ciencia” –y el Prof. se ponía frente Wittgenstein y le manoteaba–, mi querido posmodernista Wittgenstein, ahí lo que está ocurriendo, en todo caso, es exactamente todo lo contrario, no?, es decir, el culto a la no-ciencia.  Por lo que usted se pudo haber opuesto al “marxismo”, en todo caso, hubiera sido por su culto a la no-ciencia; en caso de que ese “marxismo” de dialéctica mecanicista de Lysenko lo consideráramos realmente marxismo.  No mi estimado Wittgenstein, creo que ahí falta más capacidad de crítica, ahora peca de lo mismo que critica aquí a todos los demás.  Y en ese “reclamo” estaba sobre Wittgenstein, cuando en el otro extremo Turing añadía: “El marxismo alega que es científico, pero sólo como expresión de la necesidad de que el cambio histórico tenga una lógica que la ciencia pueda justificar.  ¿Pero cómo puede alguien sostener en serio la noción marxista de que algo como la ciencia pueda ser explicado mediante los “modos de producción dominantes”?  Es un completo disparate”

 

¡¡Cómo cómo cómo!!, ¡alto, alto!, escúchenme, ahora sí escúchenme, ahí sí yo tengo algo qué decirles –y como todos siguieran en lo suyo, el Prof. se desesperó realmente ante tal infundio de la ignorancia de Turing, al fin matemático que como tal, era evidente, ¿qué sabía de economía política el insensato?, y el “fantasma” esperaba que el “marxista” de Haldane dijera algo ante tan elemental ignorancia.  Pero nada, nuevamente fue el mismo Wittgenstein el que aclaró el punto.

 

_ No necesariamente –replicó éste, ¡puff!, parecía que alguien ilustraría sobre las leyes de la economía política al antimarxista de Turing, y Wittgenstein continuó–  ¿Quién conoce las leyes según las cuales se desarrolla una sociedad? –dijo éste.

_ ¡Oh no, no no no! –clama el “fantasma”–.  No es así, eso es por otro lado, “culto al indeterminismo” acientífico, Wittgenstein.  Estúdiense realmente a Marx para que vean cómo funciona la Ley de Plusvalía y cómo se da la Circulación de Capital para entender como se mueve el modo de producción capitalista, esas son leyes ya demostradas no sólo en teoría, sino en la práctica histórico-social, incluso para esta época de este año 1949 –así clamaba al vacío el “fantasma del hiperespacio”.

 

De pronto, otra vez estaban en sus argumentos metafísicos de que si tener alma es tener mente, de pronto parecían neoplatónicos medievales en una discusión escolástica bizantina.  Lo cierto es que el Prof. ya estaba cansado, no se llegaba a nada y de un absurdo saltaban a otro.

 

Era evidente que el cansancio les había invadido a todos, lo que se revelaba no sólo por las incoherencias, sino porque el mismo Wittgenstein, volviéndose de espaldas a la ventana donde había estado mirando la Luna que finalmente asomaba por detrás de las nubes luego de la fuerte lluvia, dio unas zancadas hacia el centro de la habitación y exclamó: “Todos ustedes no dicen mas que tonterías”..., ¡pummm!  Y el Prof., abusando de su situación, a la vez le dijo tranquilo: “Tu también idiota, cómo se te ocurre decir eso de la ciencia y de San Marx”, jaja.

 

_ Al parecer piensan que no hay más diferencia entre cierto tipo de máquina inteligente y un hombre, que el hecho “casual” de que uno está hecho de carne y hueso –y el “fantasma del hiperespacio” exclamó desde el fondo de un apoltronado sillón casi en la penumbra:  “¡y un pedazo de pescuezo!” –, en tanto que el otro está compuesto de metal, vidrio, madera o sabe Dios qué más.

 

Entonces se hizo un marcado silencio, en el que Snow tuvo que intervenir luego de echar un largo trago de su coñac y darle una profunda calada a su puro.  Pero de que habían llegado al límite, habían llegado a límite, a Snow se le ocurrió que se explorara el tema desde el punto de vista de la ética.

 

_ Supongan, por el bien de la discusión –dijo–, que mañana aterriza en Parliament Square una nave espacial procedente de Andrómeda y de ella salta un ser totalmente extraterrestre...

_ ¡Alto, alto! –prorrumpió el Prof., estos puros batistianos, no podía esperarse otra cosa, “están cargados” –e hizo como que iba hacia Snow–, apreciable y distinguido amigo Snow que tan amablemente habéis invitado esta cena, ni una calada más al puro y haber si ya no le anda poniendo cosas al coñac –mas al tiempo que el Prof. hacía su framalla para entretenerse, Wittgestein, molesto, tomaba la palabra.

_ La escena que usted describe no tiene ningún sentido, Snow...

_ ...pero no todos nosotros compartimos su opinión sobre este asunto –respondió Snow con un cierto dejo de incomodidad.

 

En fin, que esa discusión sobre los extraterrestres terminó en que, en tanto no formaban parte de nuestra comunidad cultural y lingüística, no podían ser considerados humanos o personas, y en consecuencia, mucho menos las máquinas por muy inteligentes que fuesen.  En suma, Turing aceptando esos últimos arguentos hizo una especie de conclusión: 1) el que las máquinas podrían ser lo inteligentes que se quisiese, esa inteligencia finalmente sería artificial, y 2) que la inteligencia de las máquinas (artificial), nada tenían que ver con el problema de la personalidad humana.

 

Y a partir de ahí, Snow se dispuso a pedir una conclusión general por todos y cada uno de los presentes, recordando el problema inicialmente planteado: ¿Hay alguna razón lógica por la que no podamos concebir un progreso tecnológico hasta el punto de poder construir una máquina computadora  con unas capacidades cognitivas que no pudieran diferenciarse de las del ser humano?  Y pidió a Wittgenstein fuera el primero en verter su conclusión final.

 

_ La mera idea de una máquina que piensa como un hombre es algo absolutamente absurdo.  Podrá realizar una imitación, el pensamiento está ligado al lenguaje y éste es consecuencia directa de la forma de vida compartida, humana.

_ Por mi parte –dijo Schrödinger a solicitud de Snow–, no veo ninguna razón, física o técnica para que no pudiera construirse una máquina que nos convenciera que piensa como un hombre.

_ Sí sí Schrödinger –le reprochaba el Prof. –, pero el asunto no es que la máquina nos convenza de que piensa como humano imitándolo puramente, sino de que lo sea realmente en tanto que piensa y comprende.

_ Sencillamente –respondió Haldane ahora a petición de Snow–, no me siento a gusto del todo con la idea de conferir a un artilugio mecánico un atributo humano básico como es la capacidad cognitiva.

_ ¡Ah miserable “marxista”! –le recriminaba el Prof. haciendo expresivos ademanes defendiendo ahí una posición marxista consecuente–, no os “sentís a gusto del todo”; pues si no es de “sentirse a gusto”, ¡piénsale!, un alienígena, por todo lo que se ha dicho, podría ser considerado un humano, sí o no....  Y “pus”, no!

 

Dadas las conclusiones, Snow propuso levantar la reunión y todos se dispusieron a despedirse.

 

_ Bueno, y yo qué..., ¡oigan, “pérensen”, falto yo! –reclamaba el fantasmagórico Prof. olvidado ahí cual su condición de fantasma, en lo que, obvio, sin hacer el menor caso, todos se despidieron, no obstante las inútiles súplicas por forma que el Prof., bromeando consigo mismo, les lanzaba sabiendo que sería vana su pretensión-, “pérensen, pérensen pues”, ¡maleducados!, ¡burgueses déspotas!, jaja, bien saben que soy yo –méndigo proletario– el que les va a dar la luz, finalmente reía consigo mismo.

 

Él se quedó ahí sentado en el sofá en la oscuridad de la sala, trataba de leer con los reflejos del resplandor de la Luna un papel en que había anotado el polisilogismo de Turing, y aun batallaba para analizarlo, todo el tiempo le distrajo el ritmo de la discusión misma, pero finalmente se puso a reflexionar las conclusiones posibles de aquella reunión del quinteto de Cambridge.

 

<<Cómo concluir algo –comenzó diciéndose–, creo que lo primero; la condición primera de toda condición; debe ser deslindar las posiciones desde las concepciones del mundo de cada uno de los participantes y entre ellas la mía propia, hasta hacer una crítica a las demás poniendo de relieve sus inconsistencias o sus premisas falsas.  Ciertamente sólo sobre la base de establecer tal racionalidad y orden metodológico a la revisión del pensamiento, podrá concluirse algo igualmente racional y científico.

 

Así es, ni modo, es el problema del famoso “Marco Teórico” con que tanto atormento a los pobres mortales de mi tiempo y lugar.  Si no hemos de caer en posiciones absolutistas en las que se hacen afirmaciones sin relación a nada, sustentado ello en el falso principio de “tolerancia” que más bien resulta indolencia de intelecto, aceptando que el conocimiento es relativo y entendiendo por ello no “relativismo” de lo que cambia arbitrariamente, de que así como puede ser una cosa puede ser otra, sino planteamientos “en relación con...”, es decir, “relativos a...”, “fundados en...”, entonces estamos obligados por racionalidad intelectual a exponer como condición previa, por respeto, por deferencia a los demás con los que se establece el coloquio, cuál es pues nuestro fundamento teórico de referencia en el cual se sustentan las categorías usadas en el discurso; por lo demás, forma práctica de mostrar qué es un marco teórico y su contenido.

 

Bien, pues, mi fundamento teórico es la dialéctica materialista, esto es, el marxismo, esto es, el socialismo, esto es, la teoría del comunismo..., y el comunismo es ateo y rojo, y el rojo son las llamas del infierno y en el infierno está el diablo y el diablo apesta a azufre... ¡ay mamá!, ahora persignaos...

 

Y ahora a los mortales que hayan quedado luego de que los demás hayan salido corriendo, debo decir: ese materialismo dialéctico, esa interpretación del pensamiento marxista está de nuestra parte desde el estudio mismo de las fuentes marxiano-engelsianas, pasando por la escuela de pensamiento de la “ortodoxia” soviética de la Academia de Ciencias de la URSS; bueno de la URSS que ya desapareció, pero que aun hoy con Stalin sustenta y sustentará hasta 1955 al burro de Lysenko.  Bueno, hasta “los malvados demonios también nos equivocamos”, parecemos simples mortales, ¡bha!

 

Pues bien, desde lo relativo a estos fundamentos teóricos es que os haré –¡oh desdichados mortales!–, la luz del conocimiento.  Postulo ser el poseedor de la verdad... (igualito que ustedes cuando afirman algo desde su propio marco teórico –el que ya tienen así sean ignorante de ello–, y el que no crea ser poseedor de la verdad en las afirmaciones que hace, pues allá él y su esquizofrenia; y el que no crea que necesita marco teórico, para empezar ni sabe que ya lo tiene necesariamente, ni sabe para qué le sirve; y el que no sepa qué es postular...  Y a todo esto, ¿saben qué es un postulado?..., mhmmm..., pues es una “afirmación como tesis de partida, indemostrable en su marco[1])  Bien, pues decía, postulo ser el poseedor de la verdad; es decir, esa es una afirmación que hago como tesis de partida, indemostrable en el propio marco, en este caso, dialéctico materialista, por lo cual, en consecuencia, esa verdad afirmada habrá de demostrarse en la práctica histórico-social concreta; entre tanto, afirmamos tener la verdad no por dogma ni presunción arbitraria, sino, en principio, simplemente porque lo afirmamos, y segundo, porque el método dialéctico materialista que se sustenta entre otros ricos principios en que el conocimiento se da como reflejo objetivo de la realidad objetiva, y que por tanto el conocimiento de la verdad, no es sino el reflejo más fiel posible de dicha realidad del mundo de los objetos y fenómenos fuera de mi pensamiento, demostrarlo significará –como dice Engels– no sólo apegarnos a las reglas de la lógica, sino al hecho de que las premisas sean verdaderas; en consecuencia, he de pasar a exponer mis conclusiones así.

 



[1]       Foroba, N.T.; Diccionario de Filosofía, Editorial Progreso, Moscú 1984, (v. Postulado)

 



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21 junio 2010 1 21 /06 /junio /2010 08:04

Clich--Literatura

El Sexto en la Mesa.  Cuento, 2005 (4).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica,

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 01 jul 10.

 

Al volver a la mesa e iniciar la exploración del papel del lenguaje, Schrödinger “le metió ruido al asunto” –¡ah, insensato e inconsistente ecléctico que prescindía del rigor de las categorías!– al identificar “lenguaje” con “comunicación”, y en consecuencia la necesidad de establecer la diferencia entre los tipos de comunicación entre las especies animales y los seres humanos.

 

Luego de darle más vueltas al asunto, se llegaba al punto en que, con otras palabras, se debatía sobre la teoría del reflejo dialéctico materialista: a manera de que el lenguaje sería la expresión de las ideas objetivas de la realidad objetiva.  Wittgenstein, no obstante idealista subjetivo, había hace tiempo llegado a esa conclusión, pero por la misma razón de sus fundamentos teóricos idealistas, la abandonó, y ahora expresaba sus argumentos en contra:

 

_ ...esa relación entre el hecho y su expresión en el lenguaje es precisamente lo que nunca se puede expresar en lenguaje..., el lenguaje es una herramienta, un instrumento de precisión...

_ ¿Pero un instrumento para qué? –pregunto Turing.

_ Para hacer juicios –dijo Wittgenstein de inmediato.

 

<<¿Para hacerlos?, o para expresarlos>>, dijo en voz alta el presumido del prof, que al fin ni le escuchaban, y afortunadamente, hubiera pasado por idiota, pues reconvino para sí mismo, que los enlaces de las representaciones en conceptos a manera de juicios, se hacían con arreglo al lenguaje.

 

Luego siguió una larga disertación sobre las características del lenguaje que finalmente se centraba en el hecho de que mientras para todos, a decir de Wittgenstein, el lenguaje era un conjunto de símbolos almacenados, para él, el lenguaje como fenómeno social, era algo mucho más que símbolos almacenados.

 

¿Podría la máquina adoptar la capacidad lingüística y denotar que piensa y es inteligente?  Schrödinger hacía ver que ello se resolvía según Turing mediante la sintaxis, y según Wittgenstein mediante la semántica, pero al final de cuentas, el asunto volvía al problema de la capacidad de comprensión.  ¿Podría la máquina comprender lo que hace?

 

El mozo pasó a hacer el cambio de servicio para el postre y ello distrajo la atención atenuando la discusión, entre tanto, Snow proponía que se abordase entonces la relación de todo ello con la cultura, dado el reconocimiento del carácter social del lenguaje.

 

Entró pues el mozo con el servicio de postres ofreciendo una alta copa llena de harina de avena hervida y fruta, adornada con una generosa porción de nata montada, y todo ello rematada con unas gotas de whisky de malta escocés.  El “farsante” de Haldane le llamaba al postre “gachas de avena al estilo ecocés”, y Wittgenstein se refirió a ello como “potingue escocés”.

 

<<No no, gracias, muy amable yo no quiero>> dijo el sexto a la mesa, tapándose nariz y boca jugueteando consigo mismo para burlarse de su situación, y exclamándo un discreto “¡guácale!”.  Fuera lo que fuese, al Prof. no le gustaba en realidad tanto dulce, y no le era agradable a la vista lo que él, para distinguirse en esa “aristocracia”, le llamó por su parte, “champurrado de avena”...

 

El caso es que Wittgenstein aprovechó la ocasión para volver a su tesis: la máquina habrá de tener las mismas experiencias culturales de Hadlane para usar el mismo lenguaje.  Schrödinger compartió justo la misma opinión, pero refiriéndose incluso a una población de robots, y Turing tuvo que confirmar que en consecuencia las máquinas tendrían que estar bien dotadas.  Pero Schrödinger fue a más.

 

_ ¿Qué está vivo y qué no lo está? –problematizó Schrödinger–, es importante porque, que nosotros sepamos, sólo los seres vivos combinan los procesos sensoriales y de información hasta un punto que les otorga conocimiento.

_ Bien Mr Schrödinger –se alegró el Prof. interviniendo con su opinión–, dice la verdad en cuanto a lo sensorial, pero no es del todo cierto por lo que toca al conocimiento, y conste que lo dijo el propio camarada Lenin hace ya más de veinte años, eh?, él ponía de ejemplo dos rocas que se tallaran una contra otra, la huella dejada respondería a los principios de la teoría del conocimiento y una roca poseería el conocimiento no sólo acerca de la otra, sino hasta del suceso entre ambas.

_ De acuerdo con usted –dijo Haldane refiriéndose a Schródinger–, las funciones que caracterizan a un ser vivo es su metabolismo, su autorreparación, y su replicación –Y Schödindger confirmaba la tesis.

_ Aun cuando –interrumpió Wittgenstein censurando a Schrödinger–, no creo que una máquina que posea esas cualidades, adoptará cualidades cognitivas humanas.

_ ¡Exacto, exacto! –le secundaba el Prof.

_ No insisto en tal cosa –replicó Schrödinger–, esas propiedades son necesarias para la vida, pero no hacen que un organismo sea cognitivamente humano.

_ Pues yo diría que sí –confirmaba el biólogo “marxista” Haldane.

_ ¿Podríamos considerar a un robot como persona, aun con las facultades de la vida que se han comentado, o sería sólo una fantasía antropomórfica? –preguntaba Snow a Haldane sorprendido...

_ Snow, eso es absolutamente impensable –de inmediato Wittgenstein respondió– suponer que una máquina; siquiera con todas las fantásticas propiedades que le ha dado; pudiera considerarse una “persona”.  La sola idea es una enorme confusión de categorías.

_ ¡Exacto! –dijo Iriberri lentamente levantando las manos al cielo... –, eso les pasa a estos desdichados, mi amigo Witgenstein, porque nada más no tienen conciencia de sus propios fundamentos teóricos, hacen una revoltura endemoniada de conceptos, y de ahí su inconsistencia.

 

<<¡Claro! –seguía diciendo presuntuoso el “fantasma”, por simple Ley de Identidad de la Lógica, “A es A”, un “Humano es un Humano”, y se metía en la discusión aun cuando ni quien le hiciera caso.  Casi inmediatamente después, Schrödinger respondía a una pregunta de Snow, y aquel se refería a lo dicho por el Prof. fantasmagórico.

 

_ En primer lugar está el problema de la identidad personal.  ¿Qué es lo que nos permite decir que una persona es la misma persona a lo largo del tiempo?  ¿Qué es lo que es lo que me permite decir que Wittgenstein es Wittgenstein?...

_ ¡Pues precisamente –exclamaba ufano el “fantasma” haciendo ademanes, extendido en la silla sentado con el coxis y apenas sobresaliendo de la mesa– que de acuerdo con la Ley de Identidad de la Lógica, “A es A”!

 

A poco todos cayeron nuevamente en elucubraciones metafísicas, y perdidos por ahí, optaron por pasarse a la sala, a donde Snow, forzado por Haldane, les invitaba un buen puro y un poco de coñac.

 

_ Les sugiero que prueben este excelente coñac; y por favor, cojan un puro de la mesita auxiliar.  Son Montecristos cubanos, devolución de un pequeño favor a un amigo del Foreign Office.

_ ¡Y son puros batistianos puros, eh?!, del Batista ya dictador de 1949, desdichados pequeñoburgueses –prorrumpía burlonamente el sexto.

 

Y de la metafísica y el esoterismo como un extremo en el que habían caído en el comedor, pasaron a la ciencia-ficción en la Sala: la sociedad de robots que por selección natural dominara sobre la faz de la Tierra.

 

_ ¡Ah!, de eso yo sé algo –intervino el Prof. en la plática simulando que le hicieran caso–, hace dos años se estrelló un OVNI en la Base de Rosswell en Estados Unidos, y se capturó a varios alienígenas.  Y hace como unos cinco años o algo así, tuve oportunidad de ver el Video, bueno, no precisamente Video, sino el Film (bueno, estrictamente, un Video sobre el Film, jaja), de la autopsia de un “cadáver muerto” alienígena (bueno, parecía más bien “cadavera”), y ahí se ve “claritamente”, que lo probable es que ese alienígena fuese el resultado de lo que ahora ustedes dicen –y como nadie le hiciera caso, por supuesto, continuó bromeando solo como loco–, ¡ey!, ¡háganme caso!, lo que les estoy diciendo es importante, en serio, lo ví en la Televisión, jaja.

 


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21 junio 2010 1 21 /06 /junio /2010 08:03

Clich--Literatura

El Sexto en la Mesa.  Cuento, 2005 (3)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

México, 28 jun 10.

 

Y entonces Turing aclaraba precisamente el asunto de la capacidad autoprogramableaprendiendo y adaptándose.

 

_ Lo que me desconcierta en este momento –dijo Schrödinger–, es si Turing piensa que podemos construir una máquina electrónica que imite al cerebro humano en alguna de sus funciones, o si dice que es realmente posible imitar o reproducir fielmente el cerebro humano de una forma electrónica.  Me pregunto Turing, si podría usted aclararnos este punto.

_ Lo intentaré.  Sería posible, a menos que usted piense que hay algo especial en la constitución material del cerebro humano que explique sus destrezas cognitivas, no captable por un sistema de circuitos electrónicos.

 

Pronto Schrödinger asoció las ideas de Turing a la red de conexiones estímulo-respuesta de los conductistas y Wittgenstein desesperado se puso de pie y dando vueltas echaba en cara a Turing que una cosa era una programación de pasos para una suma, y otra que realmente la máquina estuviera sumando, es decir, que comprendiera, que pensara en lo que hacía.

 

_ Pero Turín dice que eso es exactamente todo lo que requiere intercedió Schrödinger–; lo único que cuenta es la conducta, no cómo se llegó a ella.

_ ¡Ah, desdichado conductista! –se burlaba el Prof. en el anonimato.

_ El razonamiento de Wittgenstein –intervino Haldane–, parece sugerir que pensar es mucho más que seguir una serie de reglas.

_ ¡Claro Mr. Haldane, claro! –seguía ahí parloteando el tal Prof.

_ Lo único que podemos hacer –argumento entonces Turing–, es juzgar basándonos en la conducta de una persona.

_ ¡Eso es...!

_ ¡Eso es conductismo! –recriminó Schrödinger, que le arrebataba la palabra al Prof.

_ Y vil –remató el Prof. para no quedarse con las ganas.

_ La prueba –añadió Haldane– de inteligencia de Turing, pues, parece ser simplemente una transferencia de este paradigma conductista del hombre a la máquina.

_ Wittgenstein –dijo Schrödinger–, ha dado ya algunas excelentes razones que apoyan la informalidad de la conducta humana.  Al parecer, es absolutamente imposible proporcionar reglas de conducta que abarquen cualquier eventualidad.  Cómo una máquina va a reproducir los patrones de conducta humanos, si éstos no están regidos por ninguna regla en absoluto.

 

<<¿Que la conducta humana no está regida por patrón alguno en absoluto?>> –reflexionaba el sexto a la mesa..., mhmmm, no lo creo.  El sólo protocolo de mesa de esta cena está regido por un patrón de conducta...  Pero Turín se quedó un tanto perplejo ante la objeción de Schrödinger, y éste volvió al teorema de la incompletud de Gödel, acerca de algo que no se puede probar siguiendo sus propias reglas lógicas.

 

_ Aun así intercedió Snow–, nosotros los humanos podemos ver que tales enunciados tienen que ser necesariamente ciertos; simplemente no podemos demostrar que lo sean.  ¿Significa esto que hay cosas que la mente humana puede conocer que una máquina nunca puede?

_ Efectivaente Mr. Snow –dijo el Prof. ganando un espacio en que todos esperaron a ser servidos–, en cuanto a lo primero, esos son los postulados, y en cuanto a lo segundo, la máquina no infiere, acumula autoprogramadamentenueva y nuevas opciones.

 

Y luego que el farsante de Haldane, muy “marxista” muy “marxista”, pero introducía allí el factor sobrenatural que nada tendría que ver con la dialéctica materialista de Marx, y los propios Wittgenstein y Schrödinger lo pusieran en su lugar, el mozo propuso servir el plato principal.

 

Al tiempo que se servía el plato fuerte, finalmente se planteaba el problema más en su esencia: ¿la máquina comprendería acaso lo representado en su programa?, ¿podría decirse acaso que sin necesidad de comprenderlo fuese inteligente?

 

_ Turín –dijo entonces Wittgenstein–, nos ha dicho que lo único que necesita su máquina para ser considerada “inteligente” es poder convencernos de que es humana dando respuestas que no se pueden distinguir de las que esperaríamos recibir de un semejante.

 

Y entonces a Wittgenstein se le ocurrió otro experimento mental, y en tanto lo explicaba, Snow ordenó se sirviesen las copas con un rico Borgoña para acompañar las jugosas carnes de rosbif..., ¡desdichado del tal Prof.!, se tapaba los ojos con las manos, se cubría la cara, se apretaba la nariz, y nada más tragaba y tragaba saliva saboreándose esos manjares; pero ahí permanecía, más interesado en escuchar aquella disertación tan interesante de esos especialistas.

 

El experimento mental consistía en que alguien aislado y conectado al exterior mediante un teletipo y una especie de diccionario de jeroglíficos, y desde fuera, otro escribe mediante el teletipo dichos símbolos; el sujeto aislado los recibe, traduce apoyándose mediante el “diccionario” y envía la respuesta.  ¿Significa eso que el sujeto que responde desde el interior comprende el mensaje que traduce apoyándose en el diccionario?  Por lo pronto, parecería pasar la prueba de un sujeto inteligente, sin embargo, se evidenciaba que no había en ello comprensión de los símbolos.  Y Haldane hizo lo suyo haciendo ver que erróneamente se identificaba “inteligencia” con “conducta”.

 

Entonces Turing soltó el tenedor estrepitosamente, retiró su plato, y retomó su bloc de notas diciendo que se aclararía las ideas anotando los razonamientos de Wittgestein en términos axiomáticos.  Y ello despertó un interés especial en el Prof. que se levantó a husmear en los garabatos de Turing, el cual anotaba:  Axioma 1.- Los programas son objetos puramente sintácticos; Axioma 2.- Las mentes humanas tienen un contenido semántico; Axioma 3.- La sintaxis  no puede dar origen a la semántica; Conclusión.- Los programas no son necesarios ni suficientes para las mentes.  Había allí un polisilogismo complicado, y el Prof. se concentró en estructurar dicho polisilogismo a partir de los entimemas enunciados en los juicios de los axiomas, en lo que los comensales caían en una especie de discusión bizantina enredada por Schrödinger que introdujo otro extraño polisilogismo en relación con el magnetismo y la electricidad.  El Prof. se desatendió de ello un tanto concentrado en determinar la clase de sorites de Turing.  Resultaba que con Schrödinger ocurría otro tanto, le parecía que en la cadena de razonamientos de éste no había consistencia.

 

Haldane, presumiendo de marxista, objetó a Turing que para que su máquina pensara, ésta necesitaba interactuar con el mundo objetivo.  Turing le hizo ver que su máquina ya hacía eso con el hecho de nuestra programación.  Y en esa discusión las cosas comenzaron a complicarse por un lado, pero a echar las bases de la solución por otro: Haldane sacó el argumento de las señales analógicasen el humano, capaz de captar de conjunto por ejemplo los números reales (todos: naturales, enteros, racionales, y complejos), contra las señales digitalesen el robot que sólo aceptaría por ejemplo, la serie de los números enteros y así sucesivamente.  Hadlane introdujo adicionalmente a su argumentación el que la percepción de esas señales habría de ser precisa, y comenzó un intercambio violento de ideas interviniendo uno y otro casi arrebatándose la palabra, por lo que el anfitrión Snow golpeó varias veces una copa a manera de campanilla llamando al orden.  Y luego de hacer un resumen, el debate prosiguió.  Turing y Wittgenstein seguían enfrascados en sus posiciones; Schrödinger se levantó de la mesa y meditó un momento sobre alguna salida, y el miembro externo de la Academia de Ciencias de la URSS, volvió supuestamente con la posibilidad de una: ¡apoyándose en la filosofía budista, llegaba a la propuesta de que se omitiese la consideración del significado.

 

_ ¡Ahaa!, ¡diablos Mr. Schrödinger! –se mofaba el prof–, usted tan inteligente y vea nada más con las burradas que sale, eso le pasa por su inconsistencia en un marco teórico definido...

 

Haldane mismo, viendo la complejidad del problema, trajo a la mesa el principio de la Navaja de Occam, apelando a volver a la explicación más sencilla posible.  Y Wittgenstein propuso entonces que se enfocaran al problema del lenguaje como expresión clave del pensamiento y la inteligencia.

 

Viéndose la dificultad, Snow propuso un receso de diez minutos para reflexionar, tomar una copa y volver finalmente a la ensalada de esa apetitosa cena.

 

 



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21 junio 2010 1 21 /06 /junio /2010 08:02

Clich--Literatura

El Sexto en la Mesa.  Cuento, 2005 (2)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

México, 24 jun 10.

 

En ese momento Snow invitó a todos a pasar a la mesa para empezar la cena invitada.  Y al fuego acogedor de una hoguera, se distribuyeron en aquella mesa rectangular de roble puesta con elegancia y dispuesta para cinco.  Pronto reconoció a Wittgenstein, y a Schrödinger que se sentaron en las esquinas diagonalmente opuestas, y el anfitrión Snow a la cabecera, por lo que los dos restantes tendrían que ser, uno Haldane y el otro Turing, y pronto definió cuál era cual...  Quedaron los cinco a sus respectivos cubiertos..., y entonces el desarrapado Prof., el sexto a la mesa, tomó su lugar en la cabecera opuesta a Snow...  ¡¡Demonios!!...  Snow ordenó que trajeran la sopa, una exquisita y cremosa bisque de langosta, el desdichado Prof. jamás había visto tal cosa y puso en duda que tal cosa se comiera.  Ni modo, méndigo desarrapado, si que tenía mala suerte, ahora estaba ahí de fantasma sin poder hincarle el diente a nada, y como famélico perro callejero tercermundista en un puesto de tacos, nada más saboreándose y viendo comer a los demás.

 

Pronto Snow planteó específicamente el por qué de la invitación a esa reunión:

 

_ ...me gustaría oír sus sinceras opiniones sobre si existe la posibilidad de que estas máquinas computadoras sean útiles para tareas cognoscitivas más generales del tipo que asociamos normalmente al pensamiento creativo humano –y pasó a hacer un largo relato de la computación y las matemáticas, y sobre la Conjetura de Goldbach, por la cual, antes se creía que toda cuestión matemática bien planteada debía tener un respuesta determinada como verdadera o falsa tras una cadena de razonamientos lógicos– ... así pensaban los matemáticos de esa época.

_ Y así piensa todavía hoy día gran parte de la gente –interrumpió Turing-, incluida la mayoría de los científicos.

_ ¡Claro –habló el desdichado Prof. en voz alta sabedor de que no lo escuchaban, al tiempo que Snow continuaba–, todos eran unos mecanicistas comtianos o estaban imbuidos del “cientificismo” positivista!

_ Desde luego –continuó Snow–, pero en 1931 Gödel demostró que no es así, pues al menos una proposición no es demostrable en la lógica del mismo sistema..., y en consecuencia, ningún sistema lógico puede demostrar su propia consistencia.

_ ¡Claro! –volvió a intervenir el Prof.–, de ahí los postulados.

_ En 1935 –dijo entonces Turing– el Problema de la “Decisión de Hilbert” acerca de una estructura lógica en que se demuestre todo enunciado matemático, quedó anulado para siempre con el trabajo de Gödel; en tanto que yo planteaba que los pasos lógicos que se dan para construir una prueba son los mismos que seguiría una calculadora humana para realizar un cómputo.

_ Mhmmm... –el Prof. sentía que no estaba muy convencido de esa afirmación.

_ En ese sentido la importancia real de estas máquinas computadoras reside en su capacidad para imitar el pensamiento humano... –interrumpió Snow, que mezclaba el principio de incompletud de Göedel que rompía con toda pretensión de rigidez y mecanicismo lógico, con la posibilidad de que un robot adquiriera con base en ello la libertad misma del pensamiento humano.

_ Mhmmm... –reflexionaba en silencio el sexto en la mesa.

 

Luego Turing tomó la palabra y dio una larga explicación del sistema de programación que daba sus primeros pasos, pero que el propio Prof. hacía ya veinte añoshabía utilizado.  Ahora simplemente conocía cómo había nacido la idea.  Mas de pronto, al entenderse que no se podía determinar de antemano el tamaño de la cinta de programación, Schrödinger hizo una observación.

 

_ Así que estos resultados de Gödel muestran que existe un problema que no se puede resolver siguiendo los pasos de un programa.

 

<<¡Alto, alto!>> se dijo el Prof. para sus adentros: ¿la longitud de la cinta de programación ha de ser resultado necesariamente determinado de los pasos de un programa?, o dicho de otro modo, ¿la longitud de la cinta de programación es objeto del programa mismo?, y él se daba a sí mismo la respuesta: no, no es así, la longitud de la cinta de programación es independiente del programa, la longitud de la cinta de programación no pertenece al sistema programado, no está en su lógica.  O no entiendo, o hay aquí un falso problema: pretender conocer de antemano no sólo la cantidad de las líneas de programación, sino la longitud de la cinta programable necesaria, y ni una ni otra cosa forman parte del sistema de programación; el programa no les necesita para determinarse.

 

De momento la discusión se desvió del problema esencial a las previsiones que podían hacerse de la computadora; y cortos se quedaban en sus previsiones para lo que de información portaba ya el desarrapado prof venido del futuro y ahí como sexto en esa mesa.  Mas Wittgenstein llamó la atención a volver al punto esencial: el problema de si una máquina puede pensar realmente como un ser humano.

 

_ Yo no alcanzo a ver en absoluto –decía Wittgenstein–, la relación entre escribir y borrar un montón de ceros y unos en una larga cinta con pensar.  Los cerebros no son máquinas y sería un error absoluto creer que lo son.

_ ¡Claro!, bien, muy bien Mr. Wittgenstein –festejaba el Prof.

_ Disculpen ustedes –dijo Turing–, en primer lugar, déjenme explicar la constitución física del cerebro.  Creo que entonces verán de qué modo su estructura está representada físicamente en la estructura de la computadora..., y un aparato de este tipo sería capaz de pensar verdaderamente.

 

Y Turing disertó sobre todo eso de las neuronas y los axones y las dendritas, el sistema binario del “On” y el “Off” de los circuitos eléctricos neuronales, etc., hasta que finalmente Wittgenstein se desesperó e interrumpió para observar.

 

_ ¡No irá a decir –dijo Wittgenstein que tiraba su servilleta sobre la mesa y se inclinaba sobre ella para impugnar las afirmaciones de Turing– que el patrón de datos almacenados en esos diversos apartados de correos de la máquina o en el modelo ON/OFF de las neuronas del cerebro puede ser interpretado como pensamientos!  Es necesario un hombre situado fuera de la máquina para interpretar que estos patrones se refieren a algo.

_ ¿Niega usted –interrumpió Schrödinger–, que haya leyes del pensamiento que podamos descubrir para explicar el acto de pensar, del mismo modo que usamos la ley de la gravedad o las leyes de la química para explicar los fenómenos físicos?

_ Digo que toda concepción moderna del mundo –replicó Wittgenstein–, se basa en la ilusión de que las llamadas “leyes de la naturaleza” expliquen los fenómenos naturales.

_ ¡Demonios posmodernista Wittgenstein! –le recriminaba el Prof.–, cierto que la actividad inteligente que se expresa en el desarrollo de un programa no significa pensamiento, ¡pero ha ido muy lejos al decir que no hay leyes ni de la naturaleza ni de la sociedad ni del pensamiento humano!

_ Si está usted insinuando, Wittgestein –dijo Snow–, que no sólo el pensamiento humano traspasa la observación de las reglas, sino también todos los demás procesos naturales, eso va a exigir su propia explicación.

 

Y Snow ordenó se sirviera el pescado, y se escanciaron las copas con vino blanco Montrachet...  El desdichado del Prof. se derrumbó sobre la mesa salivando a más no poder, y de hecho prefirió ir a la cocina, y a discreción intentó beber agua directamente de la llave para saciar su sed; mas, desdichado, ¡ni eso!, su mano no podía asir la llave del grifo.  En el lapso, recordaba el marco teórico de Witgenstein.  <<Ludwig Wittgenstein (1889-1951), uno de los fundadores de la filosofía analítica, que creía en la posibilidad de un lenguaje lógicamente perfecto: el de la lógica matemática; fuera de ello, según él, todo carece de sentido científico...>>, ¡bha!, positivista.   Wittgenstein desvinculaba lo lógico-gnoseológico de lo ontológico, y con ello caía en posiciones solipsistas, esto es, de ese inmanentismo del aislamiento y soledad del hombre y su conciencia; ¡ah, diablos!, existencialista.  No era de extrañar pues su afirmación sobre la “ilusión de las llamadas leyes de la naturaleza”, y claro, para él como buen positivista, la esencia de los fenómenos no es posible conocerla; la naturaleza para él no dependía de sus propias leyes, es decir, no tenía una determinación ontológica, sino sólo a partir de la conciencia del sujeto y del lenguaje ideal: la lógica matemática.  Es así como seguramente argumentaría ese traspaso de la naturaleza de sus “propias reglas”, y pues sí, en esas condiciones de subjetividad extrema, las cosas pueden ser como a cada filósofo idealista se le ocurra.

 

En fin, aquellos desgraciados bien que tragaban ya su lenguado meunière“ligeramente dorado y bañado en mantequilla”, les decía el sirviente, y él ahí como idiota, bueno, como siempre.

 

El hecho es que entre bocado y bocado de ese “dorado y mantequilloso” pescado, pasaron a los comentarios sorprendentes para ese momento, pero ingenuos para el Prof. que llegaba ahí venido de 56 años después, acerca de cómo habría de evolucionar el lenguaje de las máquinas computadoras, y percibir sin dificultad que Turing tenía razón: finalmente, si a una máquina somos capaces de programarle hasta el que ella sea capaz de autoprogramarse, la idea de éste sería realizable, incluso hasta en el orden de las emociones y los sentimientos: <<cuando la computadora hembra te diga a ti, computadora macho, que “no”, llora y desgárrate por dentro hasta el abatimiento>>, jaja, al tal Prof. no le quedaba mas que reírse así para aliviar su triste condición.  Y a ese desdichado pseudomarxista del Haldane aun se le ocurría de ejemplo un problema poniendo de por medio el “filete de lenguado” que el desgraciado se zampaba.

 

Wittgenstein refutaba a Turing diciéndole que los criterios para todo ello no se encontraban en la lógica de las máquinas, las cintas y los códigos, sino en la práctica real de una comunidad lingüística; las máquinas no eran capaces de participar en un juego lingüístico como del que participaban ellos, aseguraba Wittgenstein, que levantaba la voz desesperado por aquello que le parecía una aberración de parte de Turing.

 

_ ¡Calma Wittenstein, calma! –decía el Prof.–, ya se parece a mi de apasionado...

_ Espere un momento Wittgenstein –dijo Schrödinger inclinándose y extendiendo una mano hacia él en señal de que se calmara– ...lo que no comprendo en esta línea argumental es cómo entra en el proyecto de Turing el tipo de conducta inteligente asociado al aprendizaje.

_ Sí –intervino Snow–, y si la máquina no está dispuesta a cambiar de opinión y a adaptarse a circunstancias nuevas, a dar respuesta incoherentes, en fin a un comportamiento extraño e impredecible; si una computadora no puede hacer esto, entonces no veo cómo podría exhibir jamás algo parecido a lo que llamaríamos inteligencia humana.

 



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21 junio 2010 1 21 /06 /junio /2010 08:01

Clich--Literatura

El Sexto en la Mesa.  Cuento, 2005.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica,

http://espacio-geografico-over-blog.es/;

México, 21 jun 10.

 

 

A los participantes

del “Coloquio de San Jerónimo”:

última llama humanista

frente a una sociedad de alienígenas

 

En uno de los momentos más exquisitos de su vida por un encanto apenas descifrable; ¡ah, si les contara la razón de ello en este desdichado miserable!, él era un desarrapado más de esa sociedad inhumana tan injusta y desigual..., ¡justo por eso estaba ahí!; de ser un sujeto económicamente rico, no estaría en los libros ni manejándose en la físico-matemática del hiperespacio; no, ¡qué va, ello sería estúpido!, estaría ligando bellas chicas en algún bar, ciertamente unas alienígenas tan vacuas como hermosas, y haciendo con ellas lo que estuviese en su placer, satisfaciendo hedónicamente necesidades materiales y sexuales mutuas; estaría en reuniones sociales seduciendo mujeres hermosas ya disponibles ya ajenas, y más aun en esta última condición, para agregar adrenalina a la aventura.  Pero no, él era una máquina de producción, un pobre diablo, uno más...

 

Y sin más en qué entretenerse y concentrar sus energías que sus libros y el pensamiento, he ahí que de improviso, luego de tanto tiempo de andarle dando vueltas al asunto, se encontró con las funciones continuas no derivables, cayó en cuenta de que se trataba no de una esfera regular ideal por sí sola, sino de la superficie irregular misma de la Tierra y su homotecia; y vio que ello daba una dimensión intermedia, no era pues 1, sino 1.26 (log 4/log 3), y ese factor de la razón áurea entre el cubo y el teserrac, le confería la posibilidad de hacer viajes en el tiempo.  No cabía en su asombro, tenía que probarlo de inmediato.  Retroceder en el tiempo en menos de cincuenta y cinco años lo volvería a cualquier momento de su propia existencia, por lo que el desafío tendría que ir más allá, bueno, un año más allá era suficiente..., y en la ecuación incluyó el factorial de 1949...

 

El imbécil era tan descuidado, y eso que se decía Profesor en la Universidad de esa sociedad de alienígenas, ¡bha!, aun cuando quizás por ello mismo; él era el tal Prof., le gustaba andar en mil cosas y una de tantas era que estudiaba el asunto de la realidad y naturaleza del espacio, y en una de esas ligerezas experimentando con los viajes en el tiempo, se encontró que p1(f,l)(n-1) de las órbitas de traslación y rotación de a Tierra, lo puso impensadamente –en un principio no lo sabía, pero poco después se enteró-, ¡en la espaciosa antesala de una casa para profesores en la misma gótica Universidad de Cambridge, Inglaterra, justo donde estudiara Charles Darwin!, unos cincuenta kilómetros, ligeramente al noreste del Observatorio de Greenwich, cerca de Londres, o sea p0(f,l) desviado del observatorio en e(q,d), donde el valor de las coordenadas polares era: q =12º y d=50 km...  <<¡Animal!>> –se decía a sí mismo en su pensamiento, aun cuando quería gritárselo, pero alertaría a los habitantes de ese departamento y seguro sería aprehendido y llevado a prisión por intruso-, en buen lío estaba.  Lo primero que hizo fue intentar salir de inmediato, pero percibiendo personas aproximarse, optó por ponerse a resguardo.  Apenas lograba ocultarse, voces de una lengua extraña se escucharon llegar; cuando sonaba la puerta y acudía a abrirla un hombre ya de edad, calvo, de pronunciada papada, grandes lentes y ojos saltones, éste abría y recibía a dos sujetos.

 

_ ¡Ah! Nuestro contingente austriaco –dijo el anfitrión-, muy bien.  Me pareció oír el sonido del alemán por el pasillo.  Y justo a tiempo, además.  No hay nada que admire más en un hombre que la puntualidad.  Pasen por favor –y uno de ellos, pálido y algo contraído, cual si llevara la muerte a su lado, entraba penosamente arrastrando los pies-; por favor –continuaba indicando el viejo- sírvanse una bebida del aparador, tenemos un jerez muy bueno de la bodega del colegio.  ¿O preferirían ustedes algo más fuerte?

 

Unos instantes después, el idiota aquel oculto tras unas cortinas en la antesala, se enteraba que el estado de ánimo de aquel hombre era por la reciente pérdida de su hermana.  Era una reunión extraña, no se entendía bien de qué trataban, pero pronto él empezaría a dilucidar la situación cuando otra vez escuchaba al viejo dirigirse a hombre apesadumbrado.

 

_ Y bien, Wittgenstein, dígame, ¿cómo encuentra la vida fuera del seno académico de Cambridge?

 

¡¡”Wittgenstein”?!, y oculto tras las cortinas entornaba los ojos pensando en que ese nombre le era conocido... ¡Claro!, nada más faltaba que fuera el “Wittgenstein” filósofo.  <<Cambridge, académico>>, se decía el tal prof. allí oculto, como que suena a posible...

 

_ La prefiero infinitamente.  La vida académica es detestable... –respondía el tal Wittgenstein, que luego citaba a Einstein para justificarse...

_ Algunos de mis colegas marxistas de Londres –intervenía otro hombre en la plática, pero cuando éste mencionaba su filiación marxista esto atrajo enormemente la atención del oculto en el escondrijo– mencionaron que hace algún tiempo estuvo usted planeando trasladarse a Rusia y dedicarse a la enseñanza en Moscú.  ¿Es cierto?

 

Aquel hombre apesadumbrado respondió con la clásica frustración del desencanto pequeñoburgués que creía que el socialismo crearía el paraíso de inmediato, sin entender el proceso, apenas en 1935, que fue la fecha que Wittgenstein mencionaba en que había estado en Rusia.

 

_ Yo he visitado Rusia varias veces –dijo el de la voz que se decía marxista– y me ha impresionado muy favorablemente el trato que dan a los científicos y a la ciencia.  Pero –y con ello pretendía coincidir con su interlocutor– no puedo decir que realmente acepte la clase de comunismo de Stalin; es demasiado económico.

 

Y el Prof. escondido en la antesala y que escuchaba aquella conversación, comprendía que aquel pobre hombre que se decía marxista, no entendía de marxismo ni “j”.  Resultaba que su desencanto había sido por el caso del stalinista Lysenko de apenas hacía un año.

 

_ Piense en la pureza espiritual que emana de ideal comunista, Haldane.  La clase obrera... –le decía así Wittgenstein.

 

En fin, intercambiaban ideas, y el tal Wittgenstein resultaba más marxista que aquel que se decía serlo abiertamente y que ahora el tal Prof. sabía que se llamaba Haldane; pura simulación, con tales “marxistas”, cualquiera hace fácilmente escarnio de Marx y el socialismo.

 

Al mismo tiempo tenía lugar otra conversación en el otro extremo de la Sala, y ente estos otros de lo que se hablaba era del problema del “libre albedrío de Schrödinger”.

 

_ La incertidumbre que surge de la naturaleza mecanocuántica del electrón no tiene absolutamente nada que ver con el problema del libre albedrío frente al determinismo como corresponde a la conducta humana...

 

¡Diablos! –eso último suena bien, los fenómenos de la matemática o de la física y menos aun del microcosmos, nada tienen que ver para explicar los fenómenos sociales, se decía el Prof. ahí oculto–, pero, pues estos quiénes son, de qué rayos se trata esta reunión..., y ya le preocupaba el no encontrar el momento para escabullirse.  Y en ese momento escuchó el nombre del anfitrión, pues su interlocutor se refería a él mencionándolo: Snow, al que se le preguntaba el para qué les había hecho ir allí, y de ahí dedujo que ni ellos mismos sabían de qué se trataba la reunión, en la que para empezar, hablaban de cosas tan disímbolas.  En eso tocaron nuevamente en la puerta.

 

_ Esperemos –dijo con voz fuerte el que se llamaba Haldane y presumía de marxista–, que sea el invitado que falta, Snow.  Echaré un vistazo –este abrió y entonces entró un hombrecillo tímido y estrafalario–, ah, el Dr. Turing, supongo –bromeó Haldane, al recién llegado se le invitó algo de beber, al tiempo que Snow le presentaba al resto de los invitados.

_ ¿Conoce usted al resto de los invitados, a Schrödinger, Haldane, y Wittgenstein?

 

¡¡Diablos!!, se dijo el desarrapdo del Prof. enormemente sorprendido al escuchar que uno de los presentes se apellidaba Schrödinger, y con ello resultaba que pues sí, el tal “Wittgenstein” es Wittgenstein, y el que explicaba el asunto del libre albedrío ¡era ni más ni menos que el mismo antivitalista Erwin Schrödinger, miembro extranjero de la Academia de Ciencias de la URSS!  El Prof. conocía de estos dos, a los demás no los había oído mencionar antes, quizás a Snow, le sonaba el nombre, pero no estaba seguro.  Ahora el asunto ya no era tanto el escabullirse, sino el ponerse cómodo para continuar escuchando sin ser descubierto...; o de plano, ser invitado, pero cómo, si él apenas es un pobre diablo muy lejos de esas elites intelectuales.

 

Podría salir de su escondrijo tranquilamente y decir: “Señores, heme aquí, he realizado un viaje en el tiempo desde el futuro”, esos hombres de ciencia no tendrían por qué sorprenderse.  Pero no obstante había dos inconvenientes: uno, que lo declararan loco y llamaran a la policía; y dos, que de creerle, él y su experiencia serían el centro de la reunión, cuando realmente lo que él quería era escucharlos.  El desdichado Prof. –cuyo segundo apellido era tan altisonante como “Wttgenstein” o “Schrödinger”, como “Snow” o “Turing”, o hasta “Haldane”–, se rascaba la cabeza tratando de hallarle una solución a su complicada situación.  La angustia de la necesidad de ir al sanitario definiría la suerte, y ya no aguantaba; las cortinas deberían estarse moviendo demasiado con su danza detrás de ellas, y ya se imaginaba a tal Haldane percatándose del extraño.  Entonces el tal Prof. no tuvo más remedio que salir de su escondite.

 

_ ¡Puff!, ¡uff!..., buenas noches –dijo éste–, disculpen, ¿el sanitario?... –y cuando esperaba que entonces todos sorprendidos por el hecho se concretaran a levantar la mano y señalar a dónde tenía qué dirigirse, resultó que no fue así, que ni siquiera se percataron de su presencia.  Se decidió entonces por busca dicho sanitario en el clásico lugar al fondo a la derecha.  Momentos después salió, creyó que todos lo esperarían–; ¡uff!, ¡ahaaa!, gracias, thank you, thank you very much... –se justificaba innecesariamente pues ni quien le hiciera caso.  El esperaba ya ese: “¡¿Y usted quién es y qué hace aquí?!” preguntado inquisitivamente por Snow, pero nada..., él era ahí menos que un alien, era un fantasma.

_ Eh..., mhmmm.., ah..., bueno…, pues miren…, es que..  –trataba de llamar la atención para sí, y nada, todos seguían en lo suyo; y entonces se alegró hasta la locura; podía hacer “ruido”, moverse, lo que quisiera, él era ahí como un fantasma; o de plano sin el “como”; él era ahí un fantasma.  Sin duda estaba ahí presente como consecuencia de una intersección interdimensional entre la tetradimensionalidad hiperespacial de su movimiento temporal –y entonces él podía verlos sin ser visto dada la conexividad del espacio–, y la tridimensionalidad de la reunión de ese quinteto de Cambridge, ¡guauuu, exquisito!



[*] Cuento Corto con motivo de la materia de “Pensamiento Crítico y Creativo” de la Maestría en Educación; a partir de la lectura de “El Quinteto de Cambridge”, de John L. Casti; Editorial Turus, Madrid 1998.

 

 


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