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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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4 enero 2010 1 04 /01 /enero /2010 09:19

Clich--Literatura

El Comité de Huelga de la “Prevo 5” del IPN,
en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968.
  Conclusión.

Luis Ignacio Hernández Iriberri.

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;
http:espacio-geografico.over-blog.es/
México, 11 mar 10.

 

Así, volviendo a mis alumnos de la invitación al 40 Aniversario, solicité a dicho Comité Organizador me explicaran qué entendían por tal “Revolución Cultural”; más aun que ellos mismos me pedían mi opinión acerca de tal “revolución”.  Transcurrieron los meses, y esa aclaración jamás llegó [a].  Alguna vez un grupo de estudiantes cristianos me invitó con motivo de alguna semana de eventos programados suyos, a que les expusiera, a manera de conferencia académica en una Sala, algo sobre la compleja situación que en aquel entonces ocurría en los Balcanes.  Sin reserva alguna acudí a su invitación, les expuse con entera libertad mi opinión, y les felicité por su actividad colectiva como jóvenes.  Otra cosa es un discurso de tintes políticos en una plaza pública en un movimiento de contracultura, o de “Revolución Cultural”; y esta vez, dejé pasar.

 

Pero de ello se sigue el que, finalmente, si bien el Movimiento del 68 no es aun una fotografía fija en la memoria colectiva, si es, y como algo verdaderamente trágico; tanto más que mis alumnos no se comunicaron discutiendo el problema; el intento de una “película reeditada a modo” por los discípulos del Instituto de Esalen.

 

Finalmente, La revista Proceso circula su “Edición Especial 23”: “Tlalteloco 68, La Impunidad”.  La portada en negro, con el par más nefando de la historia de México: Díaz Ordaz, y Echeverría; una vez más, el complejo de la fatalidad del “13 de Agosto de 1521”.  No es que ese contenido no deba ser expuesto, por lo contrario; el problema es que eso es lo único.  Todo el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968, todo lo que esa lucha social significó, se pierde, simplemente porque no está; esa historia está perdida.  Y esa edición tenía que cerrar con un artículo como el que finalmente se inserta; acaso, punto de partida para un análisis de aquel Movimiento en su conjunto rescatando un análisis marxista: “1968: La Herencia en Busca de Herederos”.  En él, casi a manera de conclusión, se asienta: “Al cabo de todo, el 68 se aísla como movimiento y fenómeno político, cultural y moral, algo que en sí mismo se explica y cuyas mayores y mejores consecuencias ocurren en el gran cambio de mentalidad que auspicia en sus participantes”[1].  Disentimos, no se aísla, es la hora de su trascender, el momento histórico ya es otro; y esa trascendencia no puede ser sino política, cultural y eminentemente moral, y por lo tanto no hay explicación alguna de aislamiento; tanto menos, cuanto esas mayores y mejores consecuencias ocurren, no en sus participantes ni originales ni del ritual anual del “2 de Octubre no se Olvida”, sino en sus herederos; los cuales no hay que buscar, ahí están, en un trabajo político e ideológico adverso, formándose bajo las nuevas condiciones objetivas; como no podría esperarse de otro modo; y en su momento, cuando la historia se los demande, se dejarán ver [b].

 

El plazo para la entrega de este documento al “VI Certamen de Ensayo y Narrativa, siglo XXI Editores”, nos permitió esperar a la fecha del 2 de octubre.  Pero entre julio y octubre, vertiginosamente han pasado cosas en este país; y particularmente en el Estado de Morelos: el magisterio se fue a huelga y se instaló en la Plaza de Armas y los alrededores del Palacio de Gobierno, a la fecha han transcurrido 45 días de paro.  El fenómeno se hizo entonces muy interesante.  Los estudiantes convocantes al 40 Aniversario, tenían pensado realizar una marcha silenciosa que culminaría precisamente en la Plaza de Armas.

 

Entonces se hizo evidente el que, si aquel evento era legítimamente estudiantil, no podría ni cancelar su acto, ni mucho menos negarlo como foro de apoyo al magisterio (simplemente por esas razones políticas en el que en un momento dado “todo cabe en el mismo costal”).  Así, esperamos con ansia la llegada del 2 de octubre, pues con ello verificaríamos en los hechos toda la argumentación del último capítulo de este trabajo.

 

Y el 2 de octubre de 2008 llegó; acudí al centro de la ciudad para constatar los hechos; pero sólo ví; desde mi mundo en la abstracción; a los profesores de educación básica emplazados sin mayor novedad, y una marcha de no más de un centenar de miembros del PC de M-ML, etc, etc; todos con sus banderas rojas con la dorada hoz y el martillo; ...llevaban ya la estafeta cedida, les iluminaba y hacía brillar lo mismo sus vestimentas de vivos colores que sus banderas, una antorcha invisible; y marcha en la cual iban al frente mis dos estudiantes militantes “conversos”, y tres más, miembros de la Unión Comunista de las Juventudes Revolucionarias, justo por la ruta que tomaría la pretendida marcha silenciosa de los “revolucionarios culturales”.  Y fue inevitable, por la tarde escribí un breve correo a aquel miembro de “Rotaract” que estuvo en comunicación conmigo haciéndose pasar por mi alumno, en los siguientes términos:

 

<<Ni modo, qué se le va a hacer, para este “2 de Octubre”, la realidad social, las condiciones económicas y políticas, en suma, la revolución social de los Maestros, tomó la plaza; y no más de un centenar de estudiantes militantes comunistas, se apoderaron de las calles; ...la “revolución cultural” de los “Jóvenes (rotarios “líderes”) por la Revolución Cultural” y sus seguidores, todos ellos los herederos del Instituto de Esalen y su movimiento de “contracultura” ahora eufemísticamente llamada “Revolución Cultural”, no figuraron...  Pero tampoco, realmente, podrían figurar.  No es por ahí, nunca lo será, van contra la historia, siempre han ido contra la historia...; pero nunca lo han entendido, y la historia también nos enseña..., que nunca lo entenderán...

 

Gracias, ¡buen regalo de 40 Aniversario, político-ideológico, de verificación de capacidad de percepción y predicción!>>.

 

Y así, primero platicando con los maestros y viéndolos en corto en sus dificultades políticas y de conciencia, y luego viendo a la distancia marchar a aquellos jóvenes comunistas; conmemoré, disfrutando infinitamente, a placer, el 40 Aniversario del Movimiento Estudiantil-Popular de 1968.

 

Para cuando el 20 Aniversario del Movimiento Estudiantil-Popular contribuimos con nuestro testimonial al “Memorial del 68...”; al presentarme con su coordinador después de publicada la obra, Daniel Cazés, éste, al momento de conocerme, exclamó: “¡Ah, tú eres el del peso!”; de momento me quedé desconcertado sin saber a qué se refería, y procesando a la velocidad de la luz, no podía mas que conectar su comentario con mi documento; y, efectivamente, me di cuanta que se refería a la anécdota del 2 de octubre en que narro cómo, previo a la concentración, optando entre comprarme una torta y un refresco, o adquirir la revista Sucesos, opté por la revista y me sobró un peso en una de aquellas monedas grandes, plateada, que en la “cara” traía la efigie de José Mª Morelos.  Ese peso en moneda me quedó en la bolsa del pantalón durante los días que pasé en el Campo Militar Nº 1.  Unos cinco o seis días después, pasada la media noche, a un grupo quizá de unos treinta, nos hicieron subir a un camión militar, el que salió de la guarnición escoltado por un jeep y una tanqueta ligera.  Nos fueron a dejar en libertad en un paraje solitario y poco transitado en aquel entonces en el cruce del largo puente de Río San Joaquín y Golfo de Aden.  De ahí que aquel testimonial narrado en 1988 lo concluía con una frase: “Llevaba un peso en moneda en la bolsa, y otro, de un gran compromiso, en la conciencia”[2].

 

Como pudimos, hasta donde nuestras capacidades y las condiciones objetivas lo permitieron, este documento deja constancia de ese compromiso de conciencia cumplido hasta donde nos fue posible; y eso, si en los próximos años, estando aun en capacidades físicas, la historia no nos demanda otra cosa; pero compromiso moral, esencialmente, para con los compañeros que integramos el Comité de Lucha de la “Prevo” 5.

 

Por lo que a mí persona respecta, puedo decir que, al final, lo que con mucha conciencia somos hoy, “de viejos”, no es mas que la precisión de lo que con mucha inconciencia fuimos ayer, siendo jóvenes.  O sea, los mismos..., y lo volveríamos a hacer.

 

 

 

 

A Manera de Conclusión General.

 

 

                              Como comunistas, como materialistas dialécticos lo más consecuentes, como humanistas, todos los miembros del Comité fuimos absolutamente ateos.  Dios no existe, y tampoco el Reino de los Cielos.  No puede existir; y aun así fuese, Dios no puede intervenir en el mundo de los mortales sino a fuerza de egoísmo, dejando por ello de ser Dios; y por lo tanto, no debe existir.  Y porque nada de eso debe existir, en “palabras mayores” y en la más grande de las osadías, bien podemos imaginar ahora al Comité haciendo de las suyas...: afuera, los humanos clamando justicia; en la puerta, a Gerardo dispuesto a contener la ira de las masas y a mantener a raya a los posibles Arcángeles; adentro, a Víctor y a Miguel poniéndole sitio a las oficinas de Dios...; resistan...[c] ya se qué es lo que hay qué hacer.


[a] Con la profunda contrariedad de sentir que mis propios alumnos, en quienes confiaba, me estuvieran comprometiendo en algo de lo que, ellos sabían, yo no participaba; pero que, examinando más detenidamente sus correos, acabé concluyendo que, en su nombre e incluso haciéndose pasar por uno de ellos, “alguien” de Rotaract era quién estaba dándome la información.  No funcionó así, pero motivó al finiquito de este documento.

[1]  Monsiváis, Carlos; 1968: La Herencia en Busca de Herederos; en Proceso, Edición Especial 23; México, 2008; p.82. 

[b] Esta disensión con un autor que en mis años de preparatoriano recreaba mi conciencia buscando y leyéndolo asiduamente en el Suplemento de la revista Siempre! que se recibía en la Biblioteca de la escuela, es producto de que hasta hace apenas tres meses (apenas en junio de 2008), yo pensaba igual; “buscaba a los herederos” y sólo veía una pérdida de continuidad abismal.  La reflexión hecha en este ensayo sobre la experiencia del origen y vida del Comité de Lucha de la Prevo 5, y el análisis hecho en función del concepto de Marx de la “iniciativa histórica de las masas”, evaporó todo viso de pesimismo al respecto.  Los herederos, distinguido maestro Monsiváis, ahí están; despreocupaos.  Sólo que para nada responden a la  “sociedad civil” como forma del Estado hegeliano (por demás, concepto-fetiche inteligentemente utilizado por Salinas de Gortari); más bien, eso es a lo que los herederos están destinados ha hacer añicos.

[2] Hernández Iriberri, Luis Ignacio; El Aire Fresco de esa Noche; en “Memorial del 68, Relato a Muchas Voces”; Ediciones la Jorada; México, 1993; pp.137-141; p.141 (en el original al certamen se suprimió la referencia en función de favorecer los requisitos de anonimato)

_____

[c] 26 de agosto de 2008;
con revisión y pasajes finales hasta el 2 de octubre;
Cuernavaca, Mor.

 


 
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4 enero 2010 1 04 /01 /enero /2010 09:18

Clich--Literatura

 

El Comité de Huelga de la “Prevo 5” del IPN,
en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968.
  Recuerdos.

Luis Ignacio Hernández Iriberri.

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;
http://espacio -geografico.over.blog.es/ 
México, 8 mar 10.

 

En el año 2003 se me pidió que impartiera un curso titulado algo así como “Arte y Cultura Popular” si mal no recuerdo y que expuse a manera de una Historia de la Cultura, para dimensionar en ello por una parte precisamente el Arte, y por otra el significado de la Cultura Popular; todo fue bien explicando las expresiones y los intereses de clase dados en cada movimiento de la historia de la cultura, en el esclavismo, durante la Edad Media, y al surgimiento y desarrollo del capitalismo; hasta que llegamos al movimiento cultural del Modernismo entre 1870 y 1930.  Aquel movimiento cultural era expresión de la cultura burguesa apesadumbrada y pusilánime por los acontecimientos de su momento histórico: la aparición de la Internacional Comunista poco antes, con la I Internacional en 1864, y hasta 1923 con la III Internacional; el levantamiento de la Comuna de París en 1873; las revoluciones mexicana y rusa, primero de 1905, y luego de 1910 y de 1917 respectivamente; la I Guerra Mundial de 1914-1918; con la simultánea revolución de Octubre de 1917, que hace aparecer en forma la primera revolución socialista de la historia; la formación del fascismo desde 1919 y su “Marcha Sobre Roma” de 1922 ocupando el poder e iniciando el imperialismo con la invasión de Libia ese mismo año; e inmediatamente a su vez, en 1920, la formación del nazismo, que arribará al poder en 1933; y la gran crisis económica de 1929.  Fueron los años de la gran crisis mundial e histórica del capitalismo, que tras la Guerra Fría, no obstante el derrumbe de esa experiencia socialista del siglo XX, perdura hasta nuestros días.

 

Y justo ahí, con la Revolución Socialista en Rusia, aparece el propio movimiento cultural de esta nueva sociedad de espíritu proletario, el movimiento de la cultura proletaria: el Realismo Socialista.  Alguna vez en una clase en la División de Posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras, un profesor disertando sobre el tema se expresó diciendo que el Realismo Socialista no era propiamente arte, sino mera política panfletaria.  Entonces yo no sólo no sabía nada de Arte, y, a no ser por su dejo peyorativo, ni siquiera sabía que quería decir exactamente la palabra, “panfletaria”.  Muchos años después me ocupé de revisar el concepto: ello hace alusión al nombre de un cómico que se hacía llamar Panflet; una especie del cómico mexicano “Palillo”; al que a su muerte se le levantó un monumento; pero a poco, la gente empezó a pegar en su pedestal hojas con denuncias en contra de las autoridades y las injusticias, las cuales empezaron a llamarse “panfletos”.  En ese sentido, habría que reconocer, primero, que todo el arte es panfletario, en tanto todo el arte es, de algún modo, ya denuncia; así sea “denuncia de la miseria real” como en los casos de las “presentaciones” o “happenings”, de Hugo Deschamps, Piero Manzoni, o Andy Warhol, o ya encubrimiento de la misma como en el surrealismo y abstraccionismo.  Pero, segundo, habría que reconocer, entonces, por ese solo hecho, al Realismo Socialista como arte.

 

Mas debemos agregar algo, el Realismo Socialista es arte por algo infinitamente más que la pura denuncia; lo es por expresar los intereses culturales del proletariado en todo un movimiento estético bien definido, que, yendo más allá del Realismo Romanticísta que mostraba la miseria, lo que socialmente existía y era, ahora se planteaba; como bien lo expresó un cineasta al interpretar los deseos de Stalin con el arte; lo que socialmente debía ser; esto es, formar en nuevos valores, y en una nueva integridad moral, que –decía yo en aquel curso– superaba por mucho el Modernismo burgués, pronto reemplazado con el llamado Vanguardismo y su arte y pintura en particular, surrealista, ajena al mundo social real, de Galería de Exhibición previo cocktail de bienvenida.  Y ahora agrego a aquel comentario mío en clase, lo dicho por José Agustín: <<de los pintores de la Zona Rosa>> (por lo demás, precisamente llamada así por José Luis Cuevas).

 

Y allí, faltando unas cuatro sesiones, mis alumnos me descalificaron como profesor entendido en la materia.  Luego supe que un estudiante; de dos hombres entre unas siete mujeres y de mayor edad que ellas; era hijo de un pintor de caballete.  Lo lamenté profundamente, pues en aquel grupo estaba una de las dos estudiantes más brillantes que haya yo tenido jamás, tanto por su belleza como por su inteligencia complemento de la misma, y, curioso, una devota cristiana evangélica; la otra brillante alumna es precisamente aquella estudiante discipular de que hablaba más arriba, vinculada ahora al movimiento comunista y cuya presentación de su tesis fue la mejor sustentada hasta entonces; y ambas, en su plenitud, siendo cual Hebe –la Diosa de la Juventud–, las dos facetas de mi propio alter ego perfeccionado en su naturaleza como mujeres y en su belleza en la que va armónicamente implícita su inteligencia.  Y lo lamenté profundamente, justo porque ya no pude explicarle a mi bella alumna esa historia contemporánea de la cultura, en particular en México.  Si la explicación del origen contemporáneo del arte en el que se enfrentan los movimientos culturales, de un lado, del Modernismo y su sucesor, el Vanguardismo; y del otro, el Realismo Socialista y el arte popular; les significo de inmediato un choque, entrar en la discusión de su desarrollo y sus implicaciones les hubiera perturbado enormemente.

 

En ese Vanguardismo estaban una serie de estilos o corrientes afines que le caracterizaban: el cubismo, el dadaísmo, el surrealismo, el abstraccionismo; todo ello, arte y cultura que expresa los intereses y la manera de ver el mundo de la clase social burguesa.  Su opuesto, el Realismo Socialista y ese arte popular, expresa por su parte los intereses y forma de ver el mundo de la clase social proletaria.  Y más aun, tenía que hacerles ver la consumación de la historia del arte en ese Realismo Socialista; esto es, el que en él, se expresa lo que Marx llamara la realización social humana; el ser humano, socialmente real.  A mi devota alumna la hubiera perturbado aun más, al concluir que, ya con Hegel, se reconoce al arte como acto creativo (con Kant había sido sólo “construcción”, y aun antes con Platón apenas “imitación”).  Hasta entonces, ese era atributo exclusivo de Dios; y en consecuencia, siguiendo a Hegel, con el arte, el ser humano se asemeja a Dios; pero cuando con el arte mismo, llegando a Marx, se da la realización social humana, el ser humano se convierte en Dios mismo.

 

En México, en aquellos años sesenta, en la pintura se produjo lo que se dio en llamar La Ruptura (sus antecedentes vienen ya desde los años cincuenta), el pretendido rompimiento; con la connotación que ello lleva de negación mecánica, absolutista, no dialéctica, de “destrucción”; con el estilo e influencia del muralismo, heredero del grabado de Posadas, denominado “Escuela Mexicana” de pintura; explicando el que La Ruptura; de la que todos hablaban pero que los único que la defendían como algo real eran José Luis Cuevas, Manuel Felguérez (que la identificaba como un movimiento contra “los nacionalismos”, de mala memoria en la II Guera Mundial), Roger von Gunten, y Vicente Rojo, pero de lo que claramente se deslindaron Valdy (el cual llamaba a ésta como de la “pintura comercial que no trascenderá al siglo XXIII, y “mercadotecnia del ego”), Coronel,  Gironella, e Icaza; no era mas que la expresión del arte burgués frente a la expresión del Realismo Socialista en México con un Diego Rivera y una David Alfaro Siqueiros, entre otros que quizá más bien pudiéramos decir que expresaban los intereses del proletariado tanto más o menos tímidamente con un “Realismo Social”: Goitia, Orozco, Mérida, O’Higuins, Tamayo, Kahlo, Francisco Icaza, y Vlady.

 

La clara conexión que todo esto tiene con el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968, es lo sucedido en el “Salón de Pintura Confrontación 66”.  En 1958 había tenido lugar la I Bienal Interamericana de Pintura de México, en la cual aun destacó la llamada “Escuela Nacionalista” o “Escuela Mexicana” de pintura, con fundamento en el Realismo Socialista; y dos años después, en 1960, se efectuaría la II Bienal, en la cual, estando en aquel entonces preso en Lecumberri David Alfaro Siqueiros, tomó relevancia Tamayo, con la ausencia de unos cien artistas que no asistieron a la Bienal en solidaridad con Siqueiros.  Hasta que llegó 1966, año en que tuvo lugar la simplemente llamada “Confrontación 66”, en Bellas Artes, en que el movimiento cultural del Realismo Socialista en México, chocaría frontal e incluso físicamente, con el movimiento cultural del Vanguardismo (en los estilos del surrealismo, abstraccionismo y figurativismo).

 

Lo que más molestaba a los pintores de la supuesta ruptura, a decir de otro partícipe de ella, Vicente Rojo, era aquella frase de Siqueiros de que: “No hay más ruta que la nuestra”; a lo que se le contrapuso la consigna: “Por una arte a la calle”, emanada del Congreso Nacional de Artistas Plásticos en 1972.  Pero, y he ahí la necesidad de toda la cultura en su conjunto, los “rupturistas” no entendieron esa consigna de Siqueiros sino mecánicamente y en su forma vulgar, creyendo que éste se pronunciaba exclusivamente por el arte pictórico del muralismo y su estilo o formas, no viendo que el mismo, a lo que se refería, era al contenido de ese arte del Realismo Socialista: a la ruta de la emancipación del proletariado, expresada en esos murales, y no a la negación dogmática de todos los demás estilos artísticos, sin que por ello no los criticara por lo que eran.

 

De ello da cuenta el mismo José Luis Cuevas cuando narra que tras una invitación por Siqueiros a reunirse, aquel, en un momento dado, cuenta que criticó el movimiento muralista, creyendo que Siqueiros lo mandaría al diablo por su insolencia, y no obstante se sorprendió de la tolerancia que éste mostró.

 

No es que un arte sea mejor o peor que otro, ambos son expresiones magníficas de la creatividad artística y de la cultura universal, el problema son los intereses culturales y de clase que representan.  Pasó el Movimiento del 68, y en 1972 tuvo lugar el Congreso Nacional de Artistas Plásticos, en que, a decir de Raquel Tibol, llegó a su fin la ruptura.  Veinte años después se efectuó una segunda confrontación, ahora, la “Confrontación 86”, que, ausente ya el Realismo Socialista, quedó caracterizada por la unilateralidad del movimiento cultural burgués y su vacuidad; todo ello, en plena consonancia con la historia aquí narrada.

 

El Movimiento del 68 estuvo vinculado a su vez, a los XIX Juegos Olímpicos en México; sin duda un país de una extraordinaria historia cultural.  Diez juegos olímpicos después, los Juegos Olímpicos de China, que se desarrollaron simultáneamente al momento en que redactábamos este documento, no pudieron sino mostrar a una rica cultura aun más milenaria.  Cerraron su evento con una demostración cultural apoteósica.  La bandera olímpica se transfirió ahora a la Gran Bretaña, y ésta hizo una presentación de sus aportaciones a la cultura universal: un músico de rock o del “pop” y su guitarra eléctrica (que esperamos no estuviese bajo los efectos de una “onda alucinógena”), y un futbolista y su balón.  Pero por si ello no fuese suficiente, presentaron el símbolo de sus Juegos Olímpicos: “algo”, hecho por un chimpancé (sic), quizá algo posiblemente bello estéticamente; pero el problema no es la forma, sino el contenido, lo que está detrás, el fondo ideológico.  De inmediato ello nos recordó aquel cuadro de Siqueiros inmediatamente posterior a la “Confrontación 66”, en que en un extremo éste representaba el arte del Realismo Socialista, y en el otro, “confrontado”, el arte abstracto y surrealista, precisamente elaborado por un chimpancé.   La imagen más viva y representativa de la vacuidad actual del mundo del capital, y posible “presagio” de la caída a profundas tinieblas.

 

No pude aleccionar más a mi bella alumna que se vio en la circunstancia de tomar partido por sus compañeros.  Dos años después, al egresar y elaborar su tesis, trabajó sobre un erudito como; en un extraño oximorón; excéntrico egocentrista escritor, al estilo de un Cuevas en la literatura; y creo que mis últimas exposiciones le hubieran sido útiles, así fuese para descartarlas, en el análisis de la obra de éste principalmente dada entre principios de los años cincuenta a principios de los noventa; justo en el lapso del momento histórico en el que toda esta narrativa transcurrió.  Esa es la importancia de la historia, de la cultura, de los movimientos revolucionarios, y de la juventud.

 


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4 enero 2010 1 04 /01 /enero /2010 09:17

Clich--Literatura

 

El Comité de Huelga de la “Prevo 5”,
en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968.
 
La alienación social:
el reflejo de una nueva
situación revolucionaria

Luis Ignacio Hernández Iriberri

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;
México, 4 mar 10.

                                 El psicologismo en la educación formal (válido en cierto modo quizá en la educación básica), pero en donde los estudiantes de nivel superior son tratados como casos clínicos de psicoterapia; aunado al proceso que llevó de la “contracultura” del Instituto de Esalen, al programa educativo en la posmodernidad de la UNESCO una vez desparecida la Unión Soviética, con lo que tal organismo de la ONU, sin aquellos delegados del comunismo, no tiene restricciones ideológicas para operar los proyectos del capitalismo; constituye, pues, un hilo conductor único del proceso de alienación social.

 

Ante todo ello, verifiquémoslo preguntándonos a su vez ahora sobre las condiciones subjetivas del proletariado.  En principio, sin dificultad puede verse el deterioro paulatino de las capacidades del proyecto del proletariado en el curso de las últimas cuatro décadas.

 

Terminaremos este ensayo verificando, en una crítica al sistema filosófico en el cual convergen el psicologismo y la contrasociedad, la contracultura y el psomodernismo, con un análisis muy sucinto de los planteamientos de la Escuela de Frankfurt, el llamado “neomarxismo”, o de “los teóricos de la suerestructura” [a]; en el ejemplo de un solo autor que no sólo sintetiza muy bien la problemática a discutir, sino que esencialmente antes lo hemos mencionado aquí como profesor en el Instituto de Esalen: Carl Rogers, para mostrar cuan esta filosofía verdaderamente revisionista del marxismo, hoy obstaculiza la capacidad directiva del proletariado.

 

El punto central de los planteamientos de C. Rogers, es su teoría de la personalidad y de las relaciones humanas, pero tratadas como un problema de psicoterapia (que en este autor ello equivale a problema de la educación).

 

Sin duda, el problema de la personalidad del individuo y el problema de las relaciones humanas, puede ser tratado desde el ángulo de la psicoterapia; esto es, desde el ángulo de la conducta pulsiva o inconsciente.  Pero pretenderlo así para el análisis social, es reducir al individuo y a la sociedad a casos patológicos, es decir, sufriendo una enfermedad emocional; cuando el individuo humano y la sociedad, tratados socialmente, no puede serlo sino desde el punto de vista de sus determinaciones económico-políticas en su conciencia, y de ésta, por lo tanto, como su conducta volitiva o moral.

 

Esos planteamientos de Rogers, pues, están preñados de individualismo; del individuo que ha de “comprenderse a sí mismo”, por la “valorización del “yo” (...) [mediante] la concepción que el sujeto hace de sí mismo”[1]; cuando el planteamiento verdaderamente marxista, incluso de raíces hegelianas, es que el individuo social, para conocerse a sí mismo, sólo lo puede hacer a través de la otredad, de su alteridad, y más esencialmente dicho aun, de su alter ego; del otro en el que antes de ver un extraño y lo diferente, se ve a lo semejante como el “otro yo” en el que él mismo se reconoce, incluso, perfeccionado.

 

Una tesis importante de Marx; de hecho subyacente en el espíritu general de este documento; es también aquella en que éste plantea que las masas sociales poseen una iniciativa histórica.

 

Lo que debemos entender por esa “iniciativa histórica de las masas”, es el fundamento materialista histórico del progreso social dado en el objetivo desarrollo de los elementos de producción, transformadores de las fuerzas productivas; y ello, en el seno de una sociedad cada vez demográficamente creciente y de una organización cada vez más compleja; llevan necesariamente a la más esencial y profunda contradicción económico-política dada en las relaciones de producción, en el carácter privado de los medios de producción, y la necesidad social del proceso productivo.  Es ese fundamento el que da la base material de la “iniciativa histórica”, misma que tiene otros componentes más de carácter ideológico, incluso en lo ético y estético, y empuja a las masas a los cambios necesarios.

 

Tal hecho supone el acto espontáneo, mas esa “iniciativa histórica de las masas” no es exclusivamente un acto espontaneísta, sino el movimiento social que responde a una ley social económico-política, y que brota espontáneamente justo cuando las condiciones están dadas.

 

Estos planteamientos elementales de Marx son bien aprendidos por Carl Rogers, y luego perversamente distorsionados y vulgarizados, identificando en una pretendida generalización válida, al individuo humano, como un simple “organismo”.  Así, dice dicho autor: “si las condiciones circunstanciales se mantienen favorables, el organismo tiende, invariablemente, a la actualización[2].  Y como bien lo apunta Jesús Palacios, “la palabra <<tendencia>>, hace aquí, de hecho, referencia a una <<espontaneidad automática>>”[3]; donde por esa “tendencia” se entiende “desarrollo”, categoría más amplia y con mayores connotaciones que la de “progreso”, implicando con ello el concepto de “realización humana”.

 

Ya con esa premisa falsa, Rogers saca sus conclusiones idealistas metafísicas: <<El “yo”, el individuo real, ha de tender al “yo ideal” en un proceso de desarrollo o autorrealización>>.  Pero si, como un fundamento esencial del marxismo, hemos de aceptar la naturaleza social del ser humano, su realización; esto es, el que el ser humano sea un ser humano real; no podrá ser nunca por “autorrealización”.  El ser humano, para ser un ser humano real, ha de realizarse socialmente; es decir, en función de los demás, de su otredad, de su alteridad, y más aun –decíamos–, reconociendo en ésta a su alter ego, a su “otro yo” incluso perfeccionado, como un espejo en el cual se identifica.  La realización del ser humano, el ser humano real, ha de ser la realización social del ser humano.

 

El planteamiento de Rogers no es así, mas que un planteamiento misticísta, oscurantista, en consonancia con los fines alienantes de Esalen.  No por otra cosa Palacios, en el comentario que en su antología hace al trabajo de Rogers, anota: “Se ha criticado con frecuencia a Rogers que, al no incluir entre las variables que maneja aquellas que son de tipo sociológico, el individuo salido de su terapia [b] sería un individuo conformista y renuente a todo tipo de <<sublevaciones>>”[4].  De ahí que, para concluir con este autor, comentemos una cita del más puro estilo alienante “neomarxista”, de ese fetichismo “posmodernista” metafísico, misticista, esotérico, en el que, en una acrobacia oscurantista, las cosas se invierten confundiendo los efectos como causas o introduciendo subrepticiamente un “cuarto término” para confundir las causas reales; dice Rogers: “Si tomamos las concepciones de los demás como nuestras, perdemos contacto con la sabiduría potencial de nuestro propio funcionamiento y perdemos confianza en nosotros mismos”[5].  He ahí, el forjamiento de una nueva Edad Oscurantista, favorecido por el derrumbe del Realismo Socialista, y el ascenso del Posmodernismo [c].

 

Frente a ello, a manera de conclusión en este ensayo, no queda sino referirnos por último a las condiciones subjetivas del proletariado en la nueva situación revolucionaria, y a lo que ciertamente, le caracteriza un vacío orgánico, ideológico y político, frente a un proyecto fatalista propio al milenarismo oscurantista de los grupos de poder actuales.

 

Así, sin que lo siguiente quiera decir hacer “culto a la espontaneidad de las masas”, debemos esperar el nuevo brote de su iniciativa histórica ante una aguda crisis económica, social, política e ideológica.  Sin duda habrá, siempre habrá, los cuadros preparados necesarios para, por muchas que sean sus limitaciones teóricas y su experiencia política, en la fragua de “la bola” ya podrán organizar y dirigir a los más altos fines la nueva lucha.

 

Invitado por la nueva generación de estudiantes universitarios de la ciudad de Cuernavaca, en el Estado de Morelos, a los actos conmemorativos del 40 Aniversario del Movimiento Estudiantil-Popular de 1968; lo que en mucho motivó el finiquitar este documento; curiosamente estudiantes de las escuelas privadas, los dignos herederos de aquellos jóvenes del 68 de la Universidad del Valle de México que para el 13 de agosto se integraron al Movimiento yéndose a la huelga, o de la Universidad Iberoamericana, que para el 15 de agosto se pronunciaban en el apoyo al mismo; para que en plaza pública les dirigiera un discurso; siendo ello un acto político que necesariamente respondía a los intereses de una o algunas organizaciones, presté atención al hecho de que tal evento estaba siendo organizado, entre algunas instituciones educativas privadas y la Universidad pública de Morelos, por una agrupación denominada “Jóvenes por la Revolución Cultural”, del “Club Rotaract” [d], que para nada sonaba a estudiantil, pero que se pronunciaba, al igual que el Comité de estudiantes, por caracterizar al Movimiento del 68 como un movimiento de “Revolución Cultural”, y por constituirse ellos mismos en una lucha por una “Revolución Cultural”.

 

Entendiéndose la cultura en general siempre como algo positivo, aquello que constituye el concepto de desarrollo mismo de la sociedad, la contracultura adquiere un dejo negativo hasta lo nihilista; pero, justo por ello, con un sentido positivo, ahora se le llama “Revolución Cultural”.  Sin embargo, plantearse simplemente el revolucionar la cultura, ya pone en entredicho a tal “Revolución Cultural”, pues entonces habrá que reconocer que la cultura, esa cultura en general, tendrá algo que la estanca, que impide su desarrollo, e incluso la hace retrógrada; y más aun habrá que precisarla, cuando el problema se plantea ya no en general, sino en particular, en cuanto a qué tipo de cultura prevaleciente es la que ha de revolucionar.

 

Mao, como éste en el extremo del absurdo en Pol Pot, no dudarían en decir que esa cultura a revolucionar sería la burguesa por el sólo hecho de ser burguesa, sin distinguir de ésta ni sus momentos históricos ni sus lugares ni formas; y entendiendo por revolución, legítimamente, por un lado la destrucción, y por otro la imposición; sin caer en cuenta que esa revolución es una Revolución Cultural y que por definición, en consecuencia, ha de ser relativa a la conciencia social; tal revolución no habrá de darse, ni por el nihilismo anarco emanado de Esalen, ni por vía de la violencia destruyendo físicamente los valores materiales y espirituales aportados por aquella no obstante su forma de clase; pues haciéndolo así, en la destrucción física, se atenta –como lo hizo la “Revolución Cultural China” y la “reeducación” polpotiana– contra la cultura misma en general en su desarrollo positivo.  Por lo tanto, una Revolución Cultural verdadera ha de ser en principio una revolución de conciencia en la larga lucha generacional, de la demostración de los valores de la nueva cultura en contraposición a los viejos y obsoletos valores.

 

Hoy, una Revolución Cultural no podría ser sino la propuesta cultural de la moralidad humanizante del proletariado, frente a las formas alienantes de la cultura burguesa ya decadente, muy lejos de sus aportes al desarrollo humano de los ss.XVI-XVIII, del Renacimiento a la Ilustración, lapso en el cual esa burguesía fue progresista y revolucionaria, e impuso la revolución cultural del método científico frente al escolasticismo.

 

Esa “Revolución Cultural” de que hoy hablan esos estudiantes, ha de tener lugar en el campo de la ciencia y las artes.  Y en el campo de las artes, ninguna de las Musas es anodina, ni el canto, ni la música, ni la danza; no lo es la literatura en sus formas de novela, narrativa, cuento o poesía; ni el teatro, la escultura, la arquitectura o la cinematografía; todas responden a los intereses de las clases sociales y expresan sus ideales.  Pero en ninguna de ellas como en la pintura –por razones que ahora no discutiremos– se expresa tan vivamente el choque de esa lucha de clases.  Con la ciencia, más discretamente, sucederá otro tanto.

 



[a] Punto esencial de su revisionismo, al hacer a un lado la consideración de la estructura y con ello la fundamental tesis de Marx, de que <<el ser social, es el que determina la conciencia social>>.

[1] Palacios, Jesús; La Cuestión Escolar, Críticas y Alternativas; Ediciones Coyoacán, Col. Diálogo Abierto, Pedagogía Nº 128; México, 2005; p.213.

[2]       Ibid. p.213 (subrayado suyo).

[3]       Ibid. p.214.

[b] Y aquí por “terapia” debe entenderse “educación”, principalmente formal, en tanto que para dicho autor uno y otro concepto son idénticos.  Palacios menciona como la hipótesis de Rogers, el que: “La <<mejor>> educación desarrollará una persona muy similar a aquella que produce la <<mejor>> terapia” (Ibid. p.231).

[4] Ibid. p.232.

[5]       Ibid. p-241. 

[c] Ese proceso oscurantista profundizando su agresividad alienante tanto en la educación formal como informal, ha hecho de los medios de comunicación, principalmente la televisión, su principal herramienta de estupidización; pero, quizá más grave aun, lo que confirma el real y verdadero genocidio intelectual sobre la juventud, es la aplicación de las teorías pedagógicas en la educación formal, en los años ochenta-noventa, del llamado “constructivismo” (un conductismo con tintes “racionalistas”), e impulsándose durante la primera década del siglo XXI para proyectarse en lo futuro, la llamada “Pedagogía Global Interactiva” (u “Holística, pero también identificada como “Pedagogía Crítica”), en la que, sin reserva alguna, se invoca a los teólogos escolástas medievales y al “conocimiento por revelación”.

[d] “Rotaract”, acrónimo en inglés de “Rotarios en Acción”, una organización juvenil del “Club Internacional de Rotarios” en calidad de Organización No-Gubernamental, fundado ni más ni menos que en 1968 en Carolina del Norte, E.U, con la idea de formar “líderes” profesionales (ese peligroso tipo fascistoide de “líderes” por autodeterminación, que no por una legitimidad social), sumando ya casi 8,000 clubes en casi todo el mundo, con cerca de 175,000 miembros; lo que bien redondea el asunto.


 
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4 enero 2010 1 04 /01 /enero /2010 09:16

Clich--Literatura

 

El Comité de Huelga de la “Prevo 5” del IPN,
en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968.
La ruina objetiva y subjetiva del orden de cosas.

Luis Ignacio Hernández Iriberri

 

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;

 

 

La ruina objetiva y subjetiva del orden de cosas.

 

El sistema económico, social, político e ideológico objetiva y subjetivamente no puede más (y ello ha sido la principal enseñanza del arribo del conservadurismo al poder), generando una situación objetiva y subjetivamente revolucionaria, que necesariamente habrá de dar una nueva síntesis político-social.

 

En la capacidad subjetiva del capitalismo, a su estrategia de alienación iniciada desde los años veinte en el ámbito de la educación formal o escolar, que denominamos psicopedagogista (1921 al presente), se sumaron dos etapas estratégicas más en el ámbito de la educación informal o social, las que a su vez hemos identificado como el “movimiento de contracultura” (1963 al presente), y luego con la llamada “posmodernidad” (1979 al presente).

 

Si en principio esas estrategias parecen diferenciadas por el ámbito en que nacen, al poco tiempo se revelan como un solo proceso estratégico alienante, que muestra la naturaleza oscurantista del capitalismo decadente.  Las características de la estrategia psicologista desarrollada inicialmente en el ámbito de la educación, tras la constitución en Estados Unidos de la “Liga Internacional de la Nueva Educación”, en 1921; puede mostrarse en los siguientes aspectos.

 

A fines del siglo XIX Wilhelm Wundt (1832-1920), psicólogo y filósofo idealista, funda la psicología experimental.  Éste tiene por su discípulo en la Universidad de Leipzig a Granville Stanley Hall (1864-1924), seguidor de las ideas de Arthur Schopenhauer y Friederich Nietzsche, siendo el primer norteamericano que obtuvo el doctorado en psicología, en Harvard, bajo la asesoría de William James (1842.1910); este último, el cual igualmente psicólogo y filósofo, fundador del pragmatismo junto con Charles Peirce (1839-1914), y particularmente interesado en la llamada “experiencia mística”; a quienes les siguió a su vez John Dewey (1859-1952), discípulo de Hall; el cual con la fundación de su “Escuela Experimental” en la Universidad de Chicago, a partir de 1896; particularmente lleva tanto la psicología, como la filosofía del pragmatismo, a la educación.  Aparece luego con John Watson (1878-1958), de la Universidad de Chicago, la teoría psicológica del conductismo, basada en la conducta de los animales dada por estimulo-respuesta.  A él le siguió Jean Piaget (1896-1980), psicólogo y filósofo idealista, que con abundante trabajo experimental elabora su “epistemología genética”, que va a dar fundamento a la teoría pedagógica para justificar los niveles educativos.

 

Nació así la psicopedagogía, con interesantes aportes, particularmente, para la educación básica, esparciéndose desde los Estados Unidos a todas partes, y de nuestro especial interés, a México.  Y en ese contexto psicopedagogista aparecen Barrhus Skinner (1904-1990), psicólogo conductista de la Universidad de Harvard, que hacia los años cincuenta y sesenta hace sus principales contribuciones en el “condicionamiento operante” mediante su propuesta de una “Tecnología Educativa”; o como ha sido calificada por un estudioso de la educación en México, su “Pedagogía Industrial”, en donde la conciencia era omitida y el ser humano tratado en su proceso de aprendizaje como cobayo de laboratorio; y Carl Rogers (1902-1987), en Chicago, ostentando, por lo contrario, una “pedagogía humanista”; pero, tanto de un Skinner como de un Rogers, vinculados como algunos de sus notables instructores –y de ahí esta breve historia– al Instituto de Esalen (y así, la separación entre “educación formal” o la “educación informal”, es sólo un decir); y es allí donde se inicia la segunda estrategia alienante.

 

En esta segunda estrategia alienante[*] que se empareja a la anterior, Aldous Huxley; discípulo de otro escritor anticomunista como él, H. G. Wells, también agente de los servicios secretos como jefe de la inteligencia británica cuando la I Guerra Mundial; ya desde su juventud, colaboró con la inteligencia británica, y fue, junto con Arnold Toynbee, entonces Director de la División de Investigaciones de la Inteligencia Británica cuando la II Guerra Mundial, cofundador de la esotérica “Mesa Redonda de Rhodes”, enclave de los delirios paranoicos de las más altas esferas del poder internacional por ser los “amos del mundo”.

 

Aldous Huxley, junto con otros como Aleister Corowley, líder del ocultismo; Christopher Isherwood, introductor del budismo zen en occidente; o Humphrey Osmond, con el cual realiza en la Universidad de Chicago experimentos con mescalina y LSD; y seguidores de estos como Alan Watts, experto en religiones orientales y fundador de la Pacific Fundation, la cual patrocinó en San Francisco y en New York, las dos primeras estaciones de radio en trasmitir la música del rock and roll; o Gregory Bateson, antropólogo de la agencia de inteligencia estadounidense (OSS, luego CIA), luego director de la clínica experimental de drogas alucinógenas del Hospital de Veteranos de Guerra de Palo Alto, California (de donde saldrían los primeros ideólogos del hippismo); dan inicio ya desde los años cincuenta, a la estrategia alienante del “Ocultismo, Sexo, Drogas y Rock”, como la expresión más plena del “antiautoritarismo” y el “movimiento de contracultura”.

 

Los años sesenta vieron dos de estos tipos de “Revoluciones Culturales”: el “movimiento de contracultura” emanado del Instituto de Esalen, en Estados unidos; y la “Revolución Cultural” de Mao y Lin Piao, en China.  Dos procesos político-sociales profundamente contrarrevolucionarios, anticientíficos y antihumanistas.

 

Para esa década de los años sesenta se sumó Timothy Leary, líder de la contracultura acusado de pertenecer al proyecto de control mental de la CIA, denominado Mk-Ultra que venía desde 1953[**], y al cual le antecedieron desde 1950, los proyectos “Artichoke” y “Bluebird” con las mismas intenciones.  Huxley, Osmond, Watts, Leary, y Richard Alpert, hacia fines de los sesenta, crean del lado del Atlántico de los Estados Unidos el grupo de contracultura de la Universidad de Harvard, tras el Seminario La Religión y su Significado en la Edad Moderna, en lo que Bateson y un nuevo seguidor, Ken Kesey, organizaban redes de distribución de LSD promoviendo el movimiento de contracultura del lado del Pacífico, todo lo cual finalmente irá convergiendo en el Instituto de Esalen.

 

La tercera estrategia de alineación social que a la vez surge y se desarrolla paralela a las anteriores, viene con la llamada “posmodernidad”, ya de lleno a partir de la década de los ochenta.  De pronto, en el ámbito académico, la nueva generación hablaba del “método de autoridad”; esto es, volvía al recurso escolástico medieval.  El problema de la verdad, se convirtió en un asunto de mera validez, por lo demás, enteramente relativa, en donde cada cual tiene su verdad.  En general, el método científico que venía desde Kepler y Galileo cristalizando durante la Ilustración, el método científico de la modernidad, se declara “obsoleto” y es sustituido por el “paradigma del método de la posmodernidad”.

 

Si el método o camino científico de la modernidad, eminentemente ilustrado, se define sobre el principio de <<aprender a caminar a la luz del conocimiento y la certeza>>; en eso que se denomina “ciencia positiva”, por lo cual entendemos el desarrollo de la ciencia, de cuya vigencia se constituye en el fundamento de su propio desarrollo; y lo cual no debe confundirse con el “cientificismo” de la filosofía positivista; y lo que queda en contraposición al enunciado del método científico de la posmodernidad, ahora eminentemente oscurantista, que nos lo proporciona Edgar Morín en el enunciado: <<aprender a caminar en la oscuridad y en la incerteza>>[1].

 



[*] La cual descubrimos y armamos siguiendo, a través de un buscador en internet, tanto las palabras como “Esalen”, “contracltura”, etc; como en los datos biográficos de un autor, los vínculos y conexiones con otros, que al mismo tiempo revisados en sus datos biográficos, nos permitió ver la red no casual, sino planificadamente estructurada y promovida.

[**] Aquí no faltará quién aduzca el que finalmente ya desvariamos con el recurso de la “Gran Conspiración Secreta”, oculta en el misterio indescifrable, del argumento misticista del “Nuevo Orden Mundial” de la masonería e iluminatis, et sig; pero esta información particular acerca de tal proyecto de la CIA, puede verificarse en toda su seriedad de la manera más común mediante un buscador a través de Internet.  El proyecto Mk-Ultra fue descubierto en 1973, veinte años después de estar operando en experimentos con presos, prostitutas, soldados, drogadictos (en particular los tratados en un Hospital Público de Kentucky, razón por la cual se descubrió la operación del proyecto de Control Mental (MK)), e incluso ciudadanos comunes sin su conocimiento; por lo que, investigado por el Senado norteamericano mediante la llamada “Comisión Rockefeller” verificando los hechos, desapareció en 1975.

[1] Morín, Edgar; Educar en la Era Planetaria; Editorial Gedisa, México, 2002; p.67-68.


 

 

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4 enero 2010 1 04 /01 /enero /2010 09:15

Clich--Literatura

 

El Comité de Huelga de la “Prevo 5” del IPN,
en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968.
 Las causas profundas
 de una nueva situación revolucionaria.

Luis Ignacio Hernández Iriberri

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 25 feb 10

 

Las causas profundas
de una nueva situación revolucionaria.

 

El deterioro económico, la descomposición social, la ilegitimidad política, el vacío ideológico, la ausencia de utopías; en suma, la alienación de cuarenta años, es hoy reflejo de las nuevas condiciones forjadas de una situación revolucionaria en la que nuevamente habrá de actuar la iniciativa histórica de las masas (el impulso espontáneo hacia una reorganización social para producir y distribuir sus bienes materiales); forzando una politización en breve lapso de aquellos preparados que sabrán estar ahí para cuando el momento histórico se los demande, y resuelvan para una sociedad más humanizada.

 

Desdoblando esta tesis en dos partes, veamos primero lo relativo a las causas de una nueva situación revolucionaria, y posteriormente consideremos la ruina del orden de cosas; aspectos ambos que verificaremos en el último apartado.  Así, las causas de una nueva situación revolucionaria ahí están, por sí solas acumulándose, agravándose y reclamando un cambio.  A partir del Instituto de Esalen, en California, E.U, como centro ideológico del capital, una de esas primeras causas de fondo está el desarrollo de un proceso de alienación social que ha conducido ya, para la primera década del siglo XXI auspiciado por la propia UNESCO, hasta una nueva Edad Oscurantista abierta.

 

La evidente falta de empleo general; bajo la consideración de que si el trabajo es lo que nos hace humanos, el despojo de éste a la sociedad, se convierte en un deliberado proceso de enajenación y deshumanización social, para cuyo no-entendimiento de sus causas y situación social ha operado ese profundo y sistemático proceso de alienación; más aun, sin capacidad de respuesta al perderse toda plataforma ideológica y darse un total vacío teórico, hasta la ausencia de las utopías mismas.

 

Reina pues, la pérdida de identidad, el despojo de valores, un relativismo, subjetivismo e individualismo extremos; el posmodernismo y su inherente pesimismo y fatalidad; la contracultura y la contrasociedad con su nihilismo muy propio, y con ello la pérdida de la noción de la verdad y el conocimiento científico, y de la libertad no como el concepto marxista o dialéctico materialista de la conciencia de la necesidad; sustituidas con el culto a la destrucción, al caos, a la guerra, y a la libertad por autodeterminación (como en la contracultura y el antiautoritarismo), o en el concepto existencialista de la posibilidad y voluntad; la primera como la no-afectación a la libertad del otro, y la segunda como la decisión de tener esa libertad (como en el caso de la escuela de Summerhill referida por Hugo Hiriat, y la llamada “Escuela Nueva” en general).

 

Es en esta consideración última de la libertad, que comentaremos brevemente sobre el caso de aquella “carga explosiva de profundidad” que pudo haber significado la experiencia en la educación formal, de la escuela de Summerhill, fundada en 1927 a propuesta de A,S. Neill (1883-1973).

 

“Paradigma de la educación antiautoritaria”[1], será calificada Sumerhill por Jesús Palacios en su antología, La Cuestión Escolar; donde el concepto de “libertad” será su principal característica.

 

Palacios sintetiza muy bien la idea de Summerhill como una estructura comunitaria o una “forma de vida” que, dice Palacios, “seguramente bendeciría con gusto el Marcuse de Eros y Civilización”[2]; diciendo Palacios al respecto: “Puesto que la escuela no puede ser <<curada>> si no lo es antes la sociedad, lo que hace Neill es crear un modelo alternativo de pequeña sociedad en la cual la educación escape del engranaje letal del capitalismo.  En definitiva, Summerhill no es ni más ni menos que eso: una contrasociedad”[3].

 

Para Neill, ese concepto esencial de “libertad”, se reduce a la pleitesía al individualismo de la tolerancia indolente, apolítica, de la más plena inconciencia social, en el <<vive y deja vivir>>: “libertad significa hacer lo que se quiera mientras no se invada la libertad de los demás”[4].  Una concepción existencialista del mundo, destinada a inmovilizar a las masas.  Pero con ello, en general, un psicologismo en la formación de la conducta social para atenuar hasta su anulación, sus inconformidades.

 

La sociedad ahogada en la corrupción y la impunidad, la delincuencia organizada en la que no pocos funcionarios de Estado se ven involucrados, la ilegitimidad política; la educación pública deliberadamente deteriorada para justificar la proliferación de la educación privada, y ésta como expresión más cruda de esa alienación; en suma, la ausencia total de expectativas, el vacío de todo.

 

Esa mezcla de las condiciones objetivas y subjetivas en crisis dan las causas profundas de los grandes movimientos sociales.  Las condiciones objetivas por sí solas no son suficientes para el cambio social; éste supone esencialmente la consideración de las condiciones subjetivas, y por dos partes: éstas, como la capacidad de la clase social en el poder para mantener su dominio; y las mismas, como la capacidad de la clase social oprimida para emanciparse.

 

Y por lo visto más arriba, todas esas condiciones están dadas, con una particularidad: no se ven las condiciones de la capacidad de la clase social oprimida para emanciparse.  Al final, ese proceso de alienación social, por ahora, ha hecho su efecto.

 

Sin duda, la historia lo demuestra, no puede negarse la importancia de la organización dirigente; sin ella, el brote espontáneo de la inconformidad y la insurrección misma luego de un proceso, acaba disipándose.  Pero lo que la historia también demuestra, en particular en América Latina o si se quiere, singularmente en México, es que, en general, la organización dirigente no organiza el proceso de masas (su inconformidad, su insurrección, o por lo menos, difícilmente lo hace), sino que por lo regular, lo que hace simplemente es estar ahí, tratando de organizar, haciendo conciencia; preparándose para darle direcciones al movimiento una vez desencadenado (por lo menos, el Movimiento del 68 es una clara evidencia de ello).

 

En última instancia, que el proletariado no cuente con un alto desarrollo subjetivo, esa condición de un Partido altamente ideologizado, organizado y disciplinado, no es tan determinante como el que la burguesía cuente con la capacidad para mantener el control.  No obstante, esa organización, o por lo menos la existencia de cuadros preparados, es condición de necesidad, y la escasa y débil organización con que se cuente, la cual aprenderá rápidamente en la fragua de la lucha, será suficiente para, en un momento dado, dirigir el movimiento a los más altos fines.

 

                               Y ahora que todas las condiciones están dadas, no hay quién salga al frente que no sea para mediatizar; y de ahí que la condición primera del cambio real, sea el brote real de inconformidad de las masas, el que “se arme la bola”; tras lo cual vendrá, en el seno del espontáneo movimiento de masas, la lucha de las organizaciones políticas con sus fundamentos teóricos e ideológicos para dirigir el proceso.  Pero así es el movimiento social, en ello está su complejidad; entre tanto, las contradicciones del sistema se seguirán agudizando, y, necesariamente, algún día, estallarán.



[1] Palacios, Jesús; La Cuestión Escolar, Críticas y Alternativas; Ediciones Coyoacán, Col. Diálogo Abierto, Pedagogía Nº 128; México, 2005; p.183.

[2]       Ibid. p.192.

[3]       Ibid. p.186 (subrayado nuestro).

[4]       Ibid. p.197 (citando Palacios a Neill).


 
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4 enero 2010 1 04 /01 /enero /2010 09:14

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El Comité de Huelga de la "Prevo 5" del IPN,
en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968.
Antecedentes a 40 Años Después.
Luis Ignacio Hernández Iriberri
"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;
http:espacio-geografico.over-blog.es/;
México, 22 feb 10.

 

Antecedentes.

 

La alienación de cuarenta años ha generando una situación objetiva y subjetivamente revolucionaria, que necesariamente habrá de dar una nueva síntesis político-social.  La Historia y caracterización del último tercio del siglo XX en relación con México; en una visión general y de conjunto propio a un ensayo como este; es la historia, en general, del capitalismo monopolista de Estado, en que el Estado pasa directamente a manos del sector empresarial ahora, como el gran monopolizador, y mediante ello establece el modelo económico neoliberal en que la renta nacional queda enteramente en sus manos y a su servicio.

 

En particular, es la historia de cuatro décadas bien distinguibles entre sí por los hechos que les dieron contenido: los setenta en México, como el difícil proceso de apertura democrático-burguesa, el endeudamiento forzado de la nación a gran escala para aportar un fluido constante de fondos al Fondo Monetario Internacional, en el cual, el porcentaje mayoritario del mismo fue a parar al armamentismo norteamericano, y el fin del romanticismo socialista; a la par que en el mundo con la Revolución de Angola y el triunfo de Vietnam, se establecían los últimos regímenes socialistas del siglo XX; en tanto el Instituto de Esalen [a], fundado en 1962, estaba ya en pleno desarrollo, que como proyecto “think tank”, se convertía en el centro ideológico fundamental del capital; e incluso, al parecer, el enclave de la contradesestabilización entre EU y la URSS entre 1979 y 1992 [b]; desde el cual se generaba el movimiento misticista y esoterista del “Potencial Humano” propuesto desde años antes por el agente anticomunista Aldous Huxley, el conocido novelista; propuesta que se transformaría en el llamado movimiento de la “New Age”, “Nueva Era”, caracterizado como “movimiento de contracultura”; de lo cual los famosos eventos “anarcos” y absolutamente alienados de 1971 en Woodstok, Estados Unidos, o de Avándaro en México, fueron sus principales expresiones [c].

 

Los ochenta, caracterizada como la década económicamente perdida, como el inicio de la “época de las crisis económicas” (no porque ahí se iniciaran, sino por su magnitud y generalización internacional); caracterizada por el inicio mismo del modelo económico neoliberal de privatización de todo (lo que presupuso el deliberado deterioro y desprestigio de toda institución pública o social), y por la recomposición de la participación política de la izquierda; con la desaparición de los “Partidos Vanguardia” con una plataforma ideológica, para instaurar la era de los “Partidos de Masas” vacíos de contenido ideológico; a la vez que en el mundo, a partir de la obra de Jean Françoise Lyotard, La Condición Posmoderna, de 1979, se da por inaugurada la falaz “Era de la Posmodernidad” (aun cuando este planteamiento, con otras denominaciones, venía de tiempo atrás, en el arte, desde los años treinta, y en lo económico-social con la llamada “era postindustrial” desde mediados de la década de los cincuenta), que no es otra cosa que la era de una nueva Edad Oscurantista, cuya naturaleza ya se aprecia en plenitud en la obra del ideólogo más influyente del capitalismo contemporáneo, Edgar Morin, para lo cual, la misma Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO), promueve la <<Cátedra Itinerante “Edgar Morin”, para el Pensamiento Complejo>>, financiado con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID); a la vez que el bloque socialista se derrumbaba perdiendo la llamada Guerra Fría.

 

Luego, en la década de los noventa, la crisis política en México que anunciaba el fin de una era de 70 años del priismo, lo mismo que la gran crisis económica del 94-95 aquí mismo, que la del 97 en Asia; que el proceso de “globalización” (es decir, en la lucha por la hegemonía en el proceso, que en el modelo de la “Aldea Global”, no es mas que la cínica subordinación imperialista de las economías nacionales “periféricas”, a la economía de las “metrópolis” formadas grandes potencias en pugna tras sus tratados comerciales internacionales, explicando el desmantelamiento del campo y la economía industrial locales), y al mismo tiempo la desaparición casi de todo proyecto social socialista, no sólo en forma de partidos u organizaciones, sino de Estados (con excepción de Corea del Norte y Cuba); y la iniciativa imperialista mediante un nuevo “think tank”: el de un grupo de poder que trabaja el “Plan de los Estados Unidos para un Nuevo Siglo”,  o “Plan para el Nuevo Siglo Americano”; esta vez integrado por elementos de las más altas esferas del gobierno, las comunicaciones y los monopolios económicos de los Estados Unidos [d]; a lo cual se suman las ideas del “Fin de la Historia” de Francis Fukuyama, de la “Guerra de las Civilizaciones” de Samuel Huntington, o los nuevos planteamientos geopolíticos de Zbigniew Brezezinki; y mediante lo cual, con la propuesta estratégico-militar de este grupo, de la “Guerra Preventiva”, este país da lugar a un viraje a la geopolítica internacional [e].

 

Y, finalmente, la primera década de los años 2000; del arribo al poder en México del conservadurismo, del caso en 2003 de ChoicePoint (una empresa que “ha crecido de ser la primera fuente de información para la industria de seguros, a ser el principal proveedor de inteligencia de negocios aplicada a la toma de decisiones para negocios y el gobierno norteamericano” [f]), sustrayendo el Padrón Electoral mexicano y con ello, cabe pensarlo, del fraude electoral descomunal de 2006 y la polarización del país (más aun, la garantía de que con toda “legalidad”, en adelante, la oposición perderá toda elección; particularmente las intermedias de 2009, recomponiendo la correlación del voto en las cámaras a favor de las medidas privatizadoras de la industria petrolera); de la migración incontenible (y más aun, tácitamente fomentada); de la descomposición social hundida bajo el narcotráfico, y “guerra al mismo” como recurso para la militarización del país en una especie de “golpe de Estado diferido”; del vacío ideológico y político; de la obcecación del conservadurismo a entregar la Industria Petrolera nuevamente a las compañías extranjeras; y de la nueva estrategia político-militar del imperialismo tras los acontecimientos de las Torres Gemelas en 2001, con las crisis alimentaria y ambiental declaradas en 2008 (con lo que aquella tenga de real o de elemento estratégico especulativo de manipulación internacional).

 

                              Concluyendo este proceso con la total enajenación social de la ciencia y de la técnica en manos de los consorcios monopólicos del capital internacional, con la manipulación genética, por ejemplo, de los granos básicos llamados transgénicos; o de la privatización de la exploración y conquista del espacio cósmico, en que ya empresas privadas planean viajes turísticos orbitales, estadías en Estaciones Espaciales, e incluso la residencia en Estaciones Lunares, fuera del control del Estado.  Siendo financiado todo ello con cuantiosas inversiones de personas que desean que sea llevada a Luna toda clase de frivolidades; con el punto más delicado de todo ello: la intervención, ya directa o indirecta, de la iglesia católica, que mediante organizaciones civiles como el México-norteamericano, “Centro Civil de Comunicación con Inteligencias Extraterrestre” (CC-SETI), que, poniendo en entredicho el endeble derecho internacional del espacio, y moralmente asumiéndose en el derecho jurídico y ético de poder hablar en nombre de toda la humanidad, pretende enviar al espacio un Mensaje radiotelescópico no-científico, en el cual predomina la mística metafísica y la presentación de un símbolo religioso, y un único símbolo religioso, consistente en una cruz cristiana.


[a] El Instituto de Esalen, en California, se funda en 1962 e inicia sus operaciones en 1963, como un centro de consultoría de estudios asiáticos, bajo la idea de Michael Murphy y Richard Price, discípulos de Aldous Huxley y Gregory Bateson.

[b] En esa desestabilización y contradesestabilización, Estados Unidos salió vencedor al valerse de una pieza clave ligada al Instituto de Esalen: Boris Yeltzin.

[c] La generación del 68 estaba formada por tres sectores juveniles: 1) los estudiantes propiamente dicho, destacando entre ellos los socialistas, por lo que este grupo se caracterizaba; 2) los hippies, los cuales no obstante respondían a un proyecto social utópico de formación de comunas rurales autosustentables donde reinara el amor y la paz, como respuesta política al estado de guerra, principalmente en Vietnam; y 3) los rockeros, los calificados de “los eneajenados”, los representativos de esa llamada generation gap; la cual, por lo tanto, no aplica para toda la juventud del 68; que sin proyecto social alguno se manifestaban mediante el caos anarco contra toda forma de autoridad, considerándose a sí mismos apolíticos; sin entender que esa era una forma de la política, dándose absolutamente a la manipulación por el Estado; lo que, sin poderlo entender del todo, así lo reconocen los “avándaros” como Luis de Llano, promotor del evento, o Arturo Castelazo, Director de la revista “Conecte”, cuando revelan cómo Jacobo Zabludosky, el mediatizador de las masas al servicio del Estado por excelencia, apoyó y difundió el famoso “festival”, que, a decir de Castelazo, fue el <<el puro reventón, el tronarse con la mota, el degenere total, el encuerarse y hacer lo que cada cual desease>> (In Memoriam, TV, Canal 11, IPN; México, 2003); esto es, la alienación total, que sin la menor conciencia de lo socialmente necesario determinado por las condiciones objetivas del momento histórico, se daban al concepto de la libertad existencialista y por autodeterminación, creyéndose, con su “revolución cultural” o más bien, denominada de “contracultura”, revolucionarios.  En ellos recae aquello que Marx dijera acerca del cristianismo en su tiempo: no fueron mas que la denuncia de la miseria real, ahora, en los hippies y rockeros, denuncia y miseria real del capitalismo.
[d]La ley constituye un barniz de legalidad para los objetivos últimos del conflicto. El nombre de cada uno de los importantes miembros del Proyecto figuraba en una carta entregada al presidente Bill Clinton en 1998, en tono de reproche por no haber implementado la ley enviando soldados a Bagdad.  Los miembros del Proyecto para un Nuevo Siglo Americano son: * Dick Cheney, vicepresidente de Estados Unidos. Fue secretario de Defensa de George Bush padre. * Lewis Libby. Principal asesor de seguridad nacional de Cheney. * Donald Rumsfeld, secretario de Defensa. * Paul Wolfowitz, secretario de Defensa adjunto. * Eliot Abrams, miembro prominente del Consejo de Seguridad Nacional de Bush, que obtuvo el perdón de George Bush padre en el escándalo Irán-Contras. * John Bolton, subsecretario de Control de Armas y Seguridad Nacional del gobierno de George W. Bush. * Richard Perle, ex funcionario del gobierno de Ronald Reagan y actual presidente de la poderosa Junta de Políticas de Defensa. * Randy Scheunemann, presidente del Comité para la Liberación de Irak. Fue ayudante de seguridad nacional de Trent Lott y asesor de Rumsfeld en Irak en 2001. * Bruce Jackson, presidente del Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, cargo que asumió luego de años de actuar como vicepresidente del fabricante de armas Lockheed-Martin. También presidió el subcomité de Seguridad Nacional y Política Exterior de la Plataforma del Partido Republicano durante la campaña electoral de 2000. Su sección de la Plataforma pidió explícitamente el derrocamiento de Saddam Hussein. * William Kristol, columnista de la revista Weekly Standard, del magnate de la prensa conservadora Rupert Murdoch, que también es dueño de Fox News Network” (Fuente: Red del Tercer Mundo; Rivers Pitt, Williams; www.redtercermundo.org.uy).

[e] Ciertamente el “Plan para un Nuevo Siglo Americano” suena muy próximo a esas ideas ocultistas de la teoría de la “Gran Conspiración” (hasta el punto de realmente confundirnos), cuyos “conspiradores” tiene por objetivo el crear el “Nuevo Orden Mundial”.  En mucho, esa similitud se debe a que los protagonistas de una y otra cosa son los mismos, lo que no debe extrañar, pues no son mas que el grupo de poder más relevante en el mundo.  Lo que hace la diferencia, es que en este caso, ese Comité firmante del plan, existe, como hemos citado en la nota al pie anterior, como un documento geopolítico real enviado a la presidencia de los Estados Unidos.

[f]  CPSR, Perú; ChoicePoint Compra Bancos de Datos; www.peru.cpsr.org/privacidad/infocus/choicepoint/bancos/view.  Creado por admin
http://www.eluniversal.com.mx/pls/impreso/noticia_supl_histo.html?id_articulo=8761&tabla=articulos_h.  Última modificación 2005-03-16 05:27 PM


 
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4 enero 2010 1 04 /01 /enero /2010 09:13

Clich--Literatura

El Comité de Lucha de la "Prevo 5"
en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968.
 40 Años Después.
Luis Ignacio Hernández Iriberri
"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;
http://espacio-geografico.over-blog.es/;
México, 18 feb 10
 
40 Años Después

 

Permítasenos, para concluir este documento, referirnos a la situación actual (algo así como referirnos a lo que fueron los antecedentes del 68, pero ahora con su carácter de proyección a futuro).  Ésta tiene ya sus propias particularidades, primera condición de un nuevo momento de síntesis, dadas esencialmente por todo aquello que hoy ya, evidentemente, comienza a trascender a los propósitos de las libertades democráticas planteadas con el Movimiento de 1968.

 

Se han fraguado, en el ámbito nacional, en el curso de estos últimos 40 años, nuevas causas de fondo; y de la misma manera, no menos significativamente, las condiciones internacionales son totalmente otras.

 

Lo que en la teoría sociopolítica se denominan las condiciones objetivas, justo en este año 2008 parecen darse en su plenitud a favor de una situación revolucionaria.  Pero no menos ocurre con las condiciones subjetivas, en particular, en las incapacidades de la burguesía para mantener el orden en su propio sistema, lo que se pondrá en evidencia en el proceso electoral a partir de 2009.  No obstante también, en una ausencia de capacidad subjetiva en la dirección del proletariado, una situación revolucionaria en potencia parece configurarse.

 

Y para culminar este trabajo en la misma tónica; la deliberada intención por las afirmaciones en lo no-categórico que hacen de este documento quizá más un trabajo literario que un riguroso ensayo socio-político; elaboramos para este apartado un ensayo final más sobre la situación actual, tanto por las condiciones objetivas, como por las subjetivas, centradas en la juventud actual: en los que se espera que estén ahí, con las suficientes capacidades, a la altura de las circunstancias, para responder a su momento histórico.

 

 

Introducción

 

Elaboramos este ensayo aparentemente como algo independiente del relato acerca del Comité de Lucha de la “Prevo 5”, dada la lógica de la última parte de ese mismo trabajo, integrada por varios ensayos que constituyen una especie de transición cualitativa más en la vida del Comité, pero que supone algo más que la pura narrativa testimonial y nos exige algo de planteamientos analíticos.  Para este último, dejamos ese análisis de caracterización general del momento actual, de la problemática que se enfrenta hacia el final de esta primera década del siglo XXI, en relación, por una parte, con la aun cualitativa vida del Comité, pero por otra parte, con el significado histórico del Movimiento Estudiantil-Popular de 1968 mismo.

 

En el 20 Aniversario de dicho acontecimiento social, la revista Nexos en su número 121 de enero de 1988, publica un muy interesante compendio de entrevistas hechas a los principales representantes estudiantiles de aquel Movimiento, bajo el título: Pensar el 68.  Luego, en el mismo año, la revista se hace libro con el mismo título; pero el cual nosotros adquirimos hasta su quinta edición, diez años después, en 1998.

 

Pasados otros diez años, ahora en este 2008, hacemos una revisión de ello, y planteamos nuestra muy personal valoración.

 

Las palabras de presentación de la revista bajo el título: “68, Modelo para Armar”; no va más allá de dos párrafos con las formalidades más escuetas.  Pero para el libro, esa presentación se amplió a dos cuartillas redactadas por Hermann Bellinghausen, que, a manera de dos preguntas, en una breve pero muy inteligente y sugestiva frase plantea todo el problema que esencialmente habremos de desarrollar en este ensayo a 40 años del Movimiento: “¿Hasta qué punto –pregunta Bellinghausen veinte años después– la imagen “socializada” del Movimiento Estudiantil es ya una foto fija?..., ¿ese acontecimiento de la memoria aún se mueve?”[1].  Y a esa posible duda, a ese interesante entredicho, en esa misma antología, Soledad Loaeza, en su participación titulada: “La Memoria Protectora”, afirma con toda drasticidad desde sus primeras dos líneas: “...el 68 mexicano todavía no es historia”[2].

 

Es interesante destacar cómo, a veinte años, refiriéndose Bellinghausen a las opiniones de Raúl Álvarez Garín y Gilberto Guevara Niebla, “Sus afirmaciones conservan un valor polémico que, sin reñir con lo testimonial, lo rebasa”[3].  A cuarenta años, y por la naturaleza de este nuestro escrito, no está en nuestro ánimo el invocar en lo absoluto a Polemos, el Dios de la Guerra.  Únicamente tomamos datos para hacer nuestra apreciación, no del Movimiento del 68, sino del momento actual, a la luz de aquel.

 

Como ejemplo de ello mencionaremos dos breves pasajes, uno de Hugo Hiriart en su contribución titulada: “La Revuelta Antiautoritaria”, y el otro de Carlos Pereyra, de su, a su vez, muy breve comentario titulado: “La Costumbre de Reprimir”; en donde Hiriart, hablando de todo aquello que estaba cambiando, dice: “Desde los niños con las escuelas activas y cierto reconocimiento de sus derechos (en donde Sumerhill actuó brillantemente como una carga explosiva de profundidad).  Desde los adolescentes (...) que llevó a hablar del famoso y discutible generation gap[4]; refiriéndose en un caso en forma positiva, y en el otro con un dejo negativo, siendo que ambos fenómenos, visto a la distancia, son uno y lo mismo; y más aun, no algo que “florecía” espontánea y naturalmente, sino como resultado de la concepción del mundo y de los intereses de la clase social en el poder, incluso en el plano internacional, que como estrategia de alienación social venía desde los años veinte; esto es, cuarenta años antes de 1968; pero que en ese momento recrudecía su posición fomentando el idealismo, el subjetivismo y el individualismo, con tintes misticistas y esoteristas.

 

Y de Pereyra, refiriéndose a la práctica de la represión, recogemos un pasaje muy importante, fundamental; dice éste: “una visión retrospectiva de la historia reciente del país muestra que esa respuesta [la represión] encuadra con facilidad en una lógica de gobierno que abarca el período iniciado en 1940 y que encuentra su última expresión precisamente en 1968...”[5]; esto es, que, para entender el 68, hay que remontarse treinta y cuarenta años atrás necesariamente; lapso en el cual se fraguan las condiciones objetivas y subjetivas que le determinan.  Nosotros, ahora con la ventaja de cuarenta años después, recogemos esos datos y los reanalizamos, decíamos, a la luz del significado histórico del Movimiento Estudiantil-Popular de 1968; con no más afán que extraer de la historia las lecciones que nos permitan entender nuestro presente, en función del futuro.

 

Nosotros, al examinar las opiniones del presente, tenemos que agregar, a la manera de Hiriart, como preguntas que desarrollaremos más adelante, algo más: ¿El Movimiento Estudiantil –independientemente de su agregado Popular– fue por ello; incluso por el énfasis de sus luchas en las reformas a planes de estudios y reformas universitarias en su conjunto; una “revolución cultural”?  En ese sentido, ¿fue acaso exclusivamente o por excelencia un movimiento “antiautoritario” y el origen del “movimiento de contracultura” actual?  No.  Nosotros afirmamos contundentemente que esa apreciación no es mas que como resultado de un proceso de cuarenta años de estratégica alienación social, en que fuerzas oscurantistas han producido formas de pensar, confundiendo e invirtiendo el sentido de las cosas en las mentes de las nuevas generaciones.  De manera muy apretada nos habremos de referir a todo ello, explicándonos por qué, a cuarenta años, todo fue exactamente al revez de cómo los sesentayocheros, en particular los socialistas, lo hubiéramos deseado.

 

                              Pero, finalmente, ¿hay para México una democracia imposible?  En la contribución al compendio de entrevistas, en la de Marcelino Perelló así titulada en forma afirmativa: “Una Democracia Imposible”, éste dice, a esos veinte años de distancia del 68 con optimismo comunista: “Lo mejor está por venir (...)  Creo que el 68 está por florecer”[6].  Pero si la democracia en México era algo posible o no, lo teníamos que poner a prueba; y la historia nos demostró que, si bien a un alto costo, ésta fue posible, no sólo hasta donde el “movimiento reivindicativo” –como él califica a ese movimiento social–, lo permitió, sino hasta donde las condiciones objetivas y subjetivas estuvieron dadas.  Y, a nuestro juicio, todo ello lo permitió, hasta el muy poco “libre juego” de la democracia representativa, misma que ahora se niega a sí misma, con la incapacidad de la democracia burguesa para llevarla a más.  Y el momento histórico que reclama del siguiente paso, ese que se plasma como última aspiración en el “Manifiesto a la Nación 2 de Octubre”: el de <<la democracia en México, en donde ésta no habrá de hacerse más al margen de las mayorías populares, de sus aspiraciones, intereses y exigencias, sin la obstaculización de la participación política del pueblo, sin negarlo como instancia última de decisión>>[7]; esto es, la democracia participativa, la democracia de la consulta popular mediante el plebiscito o mediante el referéndum; el equivalente a aquella demanda del 68 del “diálogo público”; está pareciendo obligar a una nueva síntesis de lucha político-social; y no sólo porque la aspiración a una mejor sociedad obligue moralmente, sino, esencialmente, porque, independientemente de ello, dadas sus propias limitaciones y contradicciones, la sociedad capitalista se mueve a esos estadios de desarrollo necesariamente.  Así, el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968, no sólo fue victorioso moralmente, los últimos cuarenta años revelan también su triunfo histórico-político.  Ahora la historia empieza a reclamar a la sociedad la lucha que rompa con esa alienación, por las nuevas condiciones sociales.


[1] Bellinghausen, Hermann; et al; 68, Modelo para Armar; en, “Pensar el 68”; Ediciones Cal y Arena, 5ª edición, México, 1998; p.13.

[2] Loaeza, Soledad; La Memoria Protectora; en, “Pensar el 68”; Ediciones Cal y Arena, 5ª edición, México, 1998; p.91.

[3]       Ibid. p.14.

[4] Hiriart, Hugo; La Revuelta Antiautoritaria; en, “Pensar el 68”; Ediciones Cal y Arena, 5ª edición, México, 1998; p.18.

[5] Pereyra, Carlos; La Costumbre de Reprimir; en, “Pensar el 68”; Ediciones Cal y Arena, 5ª edición, México, 1998; p.23.

[6] Perelló, Marcelino; Una Democracia Imposible; en, “Pensar el 68”; Ediciones Cal y Arena, 5ª edición, México, 1998; p.233-234.

[7] Ramírez, Ramón; El Movimiento Estudiantil de México, Julio-Diciembre de 1968; Ediciones Era, Tomo I, 1ª edición, México, 1969; p.42.


 
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4 enero 2010 1 04 /01 /enero /2010 09:12

Clich--Literatura

El Comité de Huela de la "Prevo 5" del IPN,
 en el Movimiento Estudiantil-Poular de 1968.
  "...el futro ha sido nuestro!"


Luis Ignacio Hernández Iriberri.

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;
http://espacio-geografico.over-blog.es/;
México, 15 feb 10.


 

“...el futuro, ha sido nuestro!”.

 

Cuando resolvimos ponernos a la redacción de este escrito acerca de la vida del Comité de Lucha del la “Prevo 5”, redactábamos nuestra tesis de doctorado; y este documento del 68 se hubiera diferido todavía un poco más, de no ser porque fuimos invitados por los estudiantes universitarios de hoy en el Estado de Morelos, a participar en el 40 Aniversario, y ello; abriendo un paréntesis en nuestro trabajo; nos motivó a finiquitar este compromiso moral, el cual tampoco podía esperar más.

 

Los compañeros del Comité de Lucha de la “Prevo 5”, fueron jóvenes con arrojo, valientes, osados; a nuestra edad en aquel entonces, con la más absoluta naturalidad, emprendimos verdaderas hazañas, logramos verdaderas proezas, que sólo ahora pueden ser justamente valoradas.  Enfrentamos al sistema, a su aparato no sólo político, sino de sus medios de comunicación para el condicionamiento de la opinión pública y de control de masas, y, principalmente, a su aparato policiaco-militar.  Y en unos casos con audacia, en otros con imaginación y creatividad, y en los más con decisión y valentía, no sin un costo en sangre y en prisiones, en que, histórica y moralmente se le venció.

 

En aquellos días de agosto-septiembre de 1968, cayó en nuestras manos una revista, circuló antes por las manos de varios, apenas alguno hizo algo por ver su interior, constatándonos que habría cualquier cosa, menos aquello que era todo el solaz en su portada: una joven estudiante francesa con unos senos exquisitos dados a la imaginación bajo sus entalladas prendas al cuello; me dejaron último en contemplarla (desdichados), pero al final fui el ganador, discretamente me quedé con esa edición en formato de revista; era París, la Revolución de Mayo, de la pluma de Carlos Fuentes.  No todo se quedó en el asunto de su portada, puedo jurar que entonces y en varias ocasiones años después, hasta la leí; por lo tanto, de ella tomo algunas de las frases que éste recogió de los elegantes muros de París, en donde se escribieron cosas muy interesantes, para la reflexión filosófica, para la recreación poética.  Allá, en los finos muros parisinos se disertaba: en unos casos con imaginación, <<“Heráclito regresa. Abajo Parménides”; en otros casos, los más, citando, “Mejor un fin espantoso, que un espanto sin fin” (Marx), “La guerra y la injusticia son el resultado de la propiedad” (San Agustín), “Hay que cambiar la vida” (Rimbaud)>>[1]; se pronunciaban por “L’imagination prend le pouvoir”, "¡La Imaginación toma el Poder!".  Acá, en los muros de un repellado derruido que dejaban ver el adobe, éstos clamaban la demandaba: "¡Libertades Democráticas"!  En los muros de México no se disertó ni filosófica ni poéticamente, ellos exclamaron demandas políticas de nuestra vida social concreta: "¡Libertad a Presos Políticos"!, "¡Derogación de los Artículos de <<disolución social>>"!, "¡Diálogo Público!", "¡Alto a la Represión!".

 

En Francia Sartre daba conferencias y debatía con los estudiantes en la Sorbona, en México Heberto Castillo era golpeado por agentes, perseguido por el pedregal, y herido, hospitalizado en la misma Universidad; Eli de Gortari, Fausto Trejo, Revueltas, y otros profesores distinguidos, eran detenidos y encarcelados.  Y cuarenta años después, la sociedad mexicana es más libre y democrática.  A pesar de todo, Vencimos!.

 

Había una frase pronunciada por el Ché Guevara que nos gustaba mucho a los cuatro: “¡El presente es de lucha, el futuro es nuestro!”.  Y, con todas sus limitaciones por la edad, no obstante, se fue plenamente consecuente con nuestro presente en la lucha.

 

Cuarenta años después, el último del Comité, este que ahora redacta, reflexionando sobre esos maravillosos años, creo que debe hacer su cuarta y última intervención dirigente en la vida del Comité de Lucha de la “Prevo” 5.

 

Como Comité de Lucha en tanto órgano de representación estudiantil trascendiendo al movimiento de huelga, puede decirse que al perderse también su base, a su vez debía disolverse ya en ese diciembre de 1968; pero no sólo moral, sino ideológica y políticamente, siguió existiendo, como hemos visto, cuantitativamente en formas multiplicadas, y trascendiendo cualitativamente al ir adoptando sus miembros diversas formas de participación política y de lucha; aun cuando, ciertamente, a su vez, se extinguía cual llama de una vela que se consume a sí misma.

 

Luego de diciembre de 1968, el Comité tuvo un cambio cualitativo en función de su conciencia por los compromisos sociales e ideológicos.  Entre 1969 y 1973, se tuvo un proceso cuantitativo en el que el Comité se fue diezmando; pero en 1974 se da, en lo que por lo menos conceptualmente quedaba de él en nuestra persona, un nuevo cambio cualitativo trascendiendo a la lucha partidaria hasta 1982.  Allí parecía haber llegado conceptualmente a su fin dicho Comité, pero fue un ínterin de cuatro años, pues luego entre 1986 y 1992, el espíritu del Comité depositado en mi persona, vivió en la lucha sindical democrática.  Hasta que, justo en ese último año, tuvimos que abrir otro imapasse en la participación política.

 

No obstante, en lo informal, pudiéramos decir que ahí quedó disuelto finalmente el Comité.  Sin embargo, lo cierto es que nuevamente, en realidad, lo que ocurrió fue un sutil cambio cualitativo más: pasamos al trabajo en la cátedra universitaria, y en ello, al proceso de conciencia.  A partir de 1993 y hasta el presente al redactar estas líneas, en algo se ha incidido en esa formación de conciencia en lo general.   Mas en lo particular, podemos estar satisfechos de que el fuego, la tenue llama de esa vela, se ha transferido; por lo menos muy directamente, en dos discípulos universitarios; y de una Universidad privada, que honran la digna participación histórica tanto de la Universidad del Valle de México, como de la Universidad Iberoamericana, en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968; una compañera y un compañero, que de modosos y católicos pequeñoburgueses, hoy son consecuentes militantes comunistas, lo cual quiere decir también, ateos (ni modo, no habiendo izquierda real con opciones, ingresaron por su iniciativa al “PC de M M-L LA Pensamiento E. Hoxa”, organización porla que guardo reservas, y por lo cual pronto adoptaron posiciones que yo he juzgado dogmáticas.  Algún compañero profesor de la vieja generación con el cual compartíamos la ideología, viendo mi contrariedad, ya sólo me dijo riendo condescendiente: “ahora tiene que vivir su propia experiencia”); en otras dos estudiantes más, si bien no plenamente discipulares, también militantes en la organización de las juventudes comunistas de dicho partido; y en otros tres, ente ellos otra compañera, activistas y participativos de conciencia; quizá victimas aun del proceso de alienación.  De estos últimos precisamente vino la invitación al 40 Aniversario, y ese desenlace lo comentaremos más adelante.  Pero sabemos que estarán ahí, justo para cuando el momento histórico les demande.

 

Y aquí me daré la libertad para intercalar una digresión analítica necesaria, o de otro modo podríamos dar la imagen de una pulcritud política imposible.  Cometimos errores, y graves, y cuya gravedad quizá no sea tanto por lo que pudieran haber significado en el movimiento (que en realidad no significaron prácticamente nada, dada nuestra posición y nuestro papel), como, precisamente, por lo que pesan en nuestra propia conciencia.

 

Esos errores tuvieron pues, un matiz político, necesariamente, pero en lo esencial, la naturaleza de esos errores fue de orden moral, y de ahí el cargo de conciencia.

 

Pero ello es inevitable.  En política, estar, puede ser un error, tanto como posiblemente no estar.  Decir, posiblemente implique un error, pero quizá no mayor que quedarse callado.  Moverse o no, por sí mismo, puede implicar el error.  La decisión en el acto político se juega permanentemente en ello, y no podría ser de otra forma.  Y ello es así, porque el acto político conlleva necesariamente y por excelencia, el acto moral, esto es, la voluntad consciente, en un compromiso en que se responde por los demás.  Por lo tanto, en esa conciencia, el error o acierto depende por entero de los conocimientos fundados.  En ese sentido, dada nuestra inexperiencia política por inmadurez, nuestros errores no podían ser sino muchos, pero, por lo mismo, sin mayores alcances y consecuencias, estábamos aprendiendo; mas no por ello menores en nuestro cargo de conciencia.

 

La complejidad del problema está en que el acto político, está inmerso en alto grado en un acto moral (y no hay acto político en que se prescinda de ello, así sea en lo más bajo de la condición moral; el acto político ha de ser, necesariamente, ya moral o inmoral, pero nunca amoral); pero más aun, en donde ese acto político puede pasar a la vista como lo más virtuoso, siendo en la realidad lo más vil; o aparentar a la vista de los demás la mayor ruindad, siendo tanto por sus motivos como por sus consecuencias, lo más sublime.  Esto es, que si bien el acto político en tanto acto moral queda necesariamente normado en un deber ser, ello sólo lo es en general, pues, como ninguna ciencia, la política, por su propia naturaleza, en el marco del aparente deber ser normado, depende del acto moral fáctico o no necesariamente normado.  Y ahí es donde tras las decisiones, o se sale ufano en el alma en el acierto, o terriblemente abatido en el espíritu por el error.

 

Nuestros principales errores, personales, pero en cierto modo generalizables en lo colectivo en ese Comité y que sólo en la fragua de la lucha se fueron corrigiendo, dado nuestra condición de clase pequeñoburguesa, pecaron en un principio de un espíritu anarco, empapados de actitudes nihilistas.  El que los humanistas renacentistas como Petrarca, Valla, Ficino, Pico, Pmponazzi, Telesio, Patrizi, o Bruno, entre muchos más, hayan aborrecido y despreciado al ignorante vulgo que acudía a las plazas a verlos quemar vivos sin entender su lucha, es fácilmente entendible; pero nuestro nihilista y anarco espíritu personal pequeñoburgués; como una expresión del coraje contra aquel orden de cosas para el cual el pueblo parecía ser condescendiente y por lo que había que destruirlo todo; por confusión, tuvimos que elevarnos desde ahí.

 

Pronto se aprendió por la fuerza misma de la razón.  Cuando la toma de la Vocacional 7 por la policía y la pedrea con los granaderos sobre la Av. “Flores Magón” en las proximidades de Relaciones Exteriores, me dejé en la mano un exquisito canto rodado extraído de los jardines de la Unidad Habitacional de Tlatelolco frente a un enorme ventanal verdaderamente grande, del tamaño de una pared de lo que me parece que era un centro comercial (en Francia, dice Carlos Fuentes, los estudiantes desprendieron “el pavé, el bello y humilde adoquín de las calles de París”[2], un adoquín rectangular pequeño); habría  sabido exquisito estallarlo..., pero, para qué?..., por más que “se me hizo agua la boca”.  Al poco tiempo de eso, me cayó en las manos un folleto que explicaba y alertaba sobre la naturaleza de los actos provocadores, y me di cuenta de que había salido airoso en esa decisión.

 

Luego hubo ocasión de otra situación semejante.  Hacia el anochecer, circulábamos por las calles en un camión secuestrado por la brigada, y en algún lugar, no recuerdo en dónde, vimos un vehículo del PRI.  Nos paramos, nos bajamos, y arremetimos contra él a palos, y a pedradas.  Yo traía en las manos una larga varilla corrugada, de esas para la construcción de edificios, esa camioneta ya estaba toda destruida, y para rematar, alguien más le arrojó una bomba molotov y empezó a arder..., me quedé otra vez frente al parabrisas saboreando el estrellarlo, pero..., otra vez, para qué?, no obstante el fuego mismo lo destruiría.  Mucho tiempo después, unos diecisiete años después, me encontré en la Universidad con el compañero de la ESE que coordinaba aquella brigada; yo no lo reconocí, pero él sí se acordó de mí, y me recordó el hecho.  Me sorprendí, me sentí mal, con sólo saber que alguien me lo recordara me hizo sentir la acusación y condena como provocador.  Sentí una incomodidad doble, por el acto provocador mismo, como por el hecho de que por mi actitud no vandálica se entendiera cobardía; y a la vez, reaccionando, le pregunté admirado, “¿¡tu ibas en esa brigada!?”; entonces se rió de buena gana, y para mi descanso, finalmente me dijo: “hiciste bien, fuiste el único”.  Pero ello no me eximió del cargo, ahí todos actuamos mal; si acaso él, o yo mismo, por no haber sabido evitarlo.

 

Finalmente se enfrentó también otro difícil problema a superar: aquel del que <<los amigos de mis enemigos son también mis enemigos>>, o más ampliamente dicho, <<aquellos que se identifican o se parecen a mis enemigos, son mis enemigos>>..., ¿qué hacer con los “fenetos”?...; y equivocadamente, sin que viniera al caso, pretendimos usarlos como “chivos expiatorios”.

 

Sin lugar a dudas, la participación política nos demandaba experiencia y los conocimientos derivados de ello; y nosotros, el Comité de Lucha de la “Prevo” 5, teníamos por todo conocimiento una experiencia indirecta que sirvió para nuestra propia y libre iniciativa en el primer impulso, para los acontecimientos entre el 26 y el del 29 de julio de 1968; allí no nos equivocamos, sabíamos lo que hacíamos..., bueno, por lo menos lo parecía porque las decisiones tomadas fueron las correctas, a tal punto que nadie puso en duda que sabíamos, y ciertamente, teníamos bien fundado lo que hacíamos, y eso fue suficiente, pero a la vez, ese fue nuestro máximo alcance de miras; lo demás, fue el aprendizaje a partir de nuestra propia experiencia directa sobre la marcha.

 

Esa experiencia directa, a la que escapaba toda capacidad de predicción, no podía sino estar plagada de errores de todo tipo.  Algunos de ellos nos pesaron con un gran cargo de conciencia por mucho tiempo.  Hasta que, por otras razones, entre 1997 y 1999 comenzamos a estudiar sistemáticamente y con profundidad tanto la teoría de la moral, la Ética; como la teoría del arte y de Lo Bello, la Estética.

 

Pero una vez entendida la teoría de la Ética, y en particular su relación con la política, comprendimos la naturaleza del cargo de conciencia y las vías de su solución.  El cargo de conciencia por los errores cometidos –sobre todo cuando estos no son de alta gravedad– no puede ser castigo eterno; moral y políticamente, la reivindicación siempre será posible.  Ello tiene que ver con la comprensión de la estructura del acto moral que necesariamente subyace al acto político, en el cual, a diferencia del acto jurídico, cuentan las motivaciones.  A pesar de los motivos que nos impulsen, las cosas pueden salir mal, podemos equivocarnos y cometer errores, pero el hecho es que esas motivaciones estarán siempre ahí, dándonos la oportunidad de la reivindicación social, una vez aprendido de los fallos.

 

Y en política, ello no es un aprendizaje menor, sino su esencia.  De ahí que ahora vayamos un poco más allá.  A Maquiavelo, esencia de la teoría política, no se le puede comprender, sino en función de un análisis ético-estético en el conjunto y contexto de su principal obra El Príncipe.  Aquella famosa frase en su Capítulo XVIII titulado: “De Qué Modo los Príncipes Deben Cumplir sus Promesas”, de: “Trate, pues, un príncipe de vencer y conservar un Estado, que los medios siempre serán honorables y loados por todos...”[3], sin su fundamente ético, es hecha “maquiavelismo” en su interpretación en un cinismo vulgar como <<el fin justifica los medios>>.

 

Tan sólo en el contexto de ese capítulo; ya no se diga en el de toda la obra y de su momento histórico, y todavía más en el de sus apostillas históricas; Maquiavelo dice: “...hay dos maneras de combatir: una, con las leyes; otra con la fuerza”[4]; y ahí, en el s.XVI, por “ley”, debe entenderse a su vez lo que aun no estaba teorizado sino en ese plano: lo moral (pues la Ética de Aristóteles es apenas un compendio de preceptos morales a su hijo Nicómaco; y la Deontología como rama de la Ética que teoriza estos aspectos morales, no aparece sino hasta el primer tercio del siglo XIX; no siendo sino hasta con Engels y particularmente con Lenin en su teoría del Estado, que todo ello se aclara y queda teorizado).  A eso se refiere Maquiavelo cuando dice que en un caso es comportarse como hombres (no sólo con la civilidad de la ley, sino moralmente), y en el otro como bestias.

 

Más aun, ahí mismo, Maquiavelo preestablece cinco virtudes: la piedad, la fidelidad, la humanidad, la rectitud y la religiosidad, que no pueden ser sino morales.  Si bien en nombre del bien común, de la razón de Estado, el político deberá “estar dispuesto a irse al otro extremo si ello fuera necesario”[5] (excepción que, por lo demás, confirma la regla de la necesidad moral).  El príncipe, el político, habrá de estar imbuido de moralidad en cada uno de sus actos.  “Por todo esto –dice Maquiavelo– un príncipe debe tener muchísimo cuidado de que no le brote nunca de los labios algo que no esté empapado de las cinco virtudes citadas...”[6]; y diez líneas después aparece su tan famosa frase citada.

 

El fin político, pues, justificará los medios, siempre y cuando, que..., tales medios presupongan el fundamento del deber ser moral.  El joven que ha de participar en las transformaciones de su país, habrá de actuar con la mayor integridad moral, y para ello deberá estudiar consistentemente la teoría de la moral, la Ética.  El fin de una sociedad más justa e igualitaria, más humana, no puede construirse sino con los medios de la mayor dignidad humana, con amor, con anhelos por la vida y la libertad; si bien deberá estar dispuesto a irse a lo opuesto; al desprecio y odio al enemigo, a la muerte, al sojuzgamiento; si fuese necesario, para someter las fuerzas que se oponen al cambio.  Prácticamente nos llevó la vida entender esto; confiemos en que las nuevas generaciones, sin esperar que su experiencia sea tomada como propia a partir de lo indirecto; con todo esto, estén más preparadas para enfrentar las nuevas situaciones cada vez de un más alto grado de complejidad.

 

De ese modo fue la vida en el Movimiento Estudiantil-Popular, y formación en él, del Comité de Lucha de la “Prevo” 5.  Allí nació, y así vivió, incluso aprendiendo a morir, ese pequeño grupo de estudiantes de esa maravillosa generación a la que nosotros pertenecimos.

 

Así, luego de la reflexión dada en este documento, siendo que el Comité moralmente había nacido con la más plena legitimidad, ello obligaba, de la misma manera, al protocolo de conciencia para decretar su fin en la formalidad de la transmisión del legado de una generación a otra.

 

Haciendo quizá un poco de filosofía, así como podemos decir que se puede existir, pero sin que ello signifique vivir; e incluso que se puede vivir –cual las mejores ideas del pensamiento humano a lo largo de la historia, diríamos, ajeno a toda metafísica–, en espíritu, más allá de la existencia física misma; así, el Comité de Lucha de la “Prevo 5” vivió, en su plenitud, en esos primeros días del Movimiento Estudiantil-Popular de 1968; luego continuó viviendo con las transformaciones propias a todo devenir, primero multiplicado en la actividad diferente de sus integrantes, y poco después conceptualmente en el compromiso moral debido para con cada uno de sus miembros conforme estos se iban.  Cuando pareció morir, es que sólo se dio una tregua en su vida dejándose brevemente a la pura existencia; luego continuó su vida y hubo de sufrir lo irremediable en el proceso de la misma: transformarse, y hacerlo en un proceso tal, que siendo su propia negación, se viese afirmado en lo cualitativamente transfigurado.

 

Y con este documento, materializando esa cuarta y última participación dirigente a nombre de nuestro Comité, luego de cuatro décadas de historia, debemos decir, en lo formal y moralmente en representación del mismo, que, siendo el 40 Aniversario del año más maravilloso en nuestras vidas; en el cual nuestra aun breve y simple existencia se transformó en inconmensurable vida humana plena; el Comité de Lucha de la “Prevo 5”, ganado el futuro, y haciendo suya la posteridad, se da ahora en la nueva generación por transformado cualitativamente, en lo que ha de afirmarlo en la continuidad infinita de su lucha.

 

Así, a la memoria de los compañeros integrantes de ese Comité de Lucha de la “Prevo” 5: Miguel Reséndiz, tan osado como audaz; Víctor Cejudo Ayala, tan inteligente como decidido; y Gerardo Murillo, tan valeroso como buen camarada; en lo más solemne y sublime, con este testimonio para la historia y con la más absoluta dignidad y orgullo..., debemos decir, finalmente: ...el futuro, ha sido nuestro!.



[1]       Fuentes, Carlos; La Revolución de Mayo; Ediciones Era; México, julio de 1968; p.4.

[2]       Fuentes, Carlos; La Revolución de Mayo; Ediciones Era; México, julio de 1968; p.3.

[3]       Maquiavelo, Nicolás; El Príncipe; Editores Unidos, México, 1966; p.135.

[4]       Ibid. p.132.

[5]       Ibid. p 134.

[6]       Ibid. p.134.


 
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4 enero 2010 1 04 /01 /enero /2010 09:11

Clich--Literatura

El Comité de Huelga de la "Prevo 5" del IPN,
en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968.
 Los Años Sesenta del siglo XX.

Luis Ignacio Hernández Iriberri.
"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;
http://espacio-geografico.over-blog.es/;
México, 11 feb 10.

Y para terminar de integrar el anterior ensayo al cuerpo de este documento, debo agregar: esas luchas, como muchas más que están en la historia de esos años; el movimiento de los médicos, la destitución del Dr. Ignacio Chávez como Rector en la UNAM, el asesinato del líder guerrillero morelense Rubén Jaramillo, los levantamientos guerrilleros en Guerrero, primero con Genaro Vázquez, y luego con Lucio Cabañas, y en Chihuahua con los hermanos Gamiz; o la huelga estudiantil de la Universidad Nicolaíta; hicieron síntesis, como causalidad profunda, en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968.  Cada movimiento, por modesto, por aparentemente insignificante, por desconocido que haya sido, o en el futuro sean, han significado y significarán siempre un paso adelante en el logro de cada vez mayores libertades democráticas.

 

Pero el texto de ese ensayo, lo que claramente nos da, es el conocimiento de las condiciones económicas, sociales, política e ideológicas en las cuales se fraguó el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968.

 

Luego, un año más después, en el 2006, en algún otro Seminario sobre el México contemporáneo acerca de los años sesenta, en el doctorado, presenté un ensayo más al respecto de la trascendencia del Movimiento Estudiantil-Popular de 1968 y la vigencia de su espíritu de lucha, que ahora, a su vez, juzgo oportuno insertar aquí, titulado: Los Años Sesenta del siglo XX:

 

 

“Los Años Sesenta del siglo XX”.

 

<<La represión en los primeros años de la década de los sesenta, a los movimientos obreros iniciados desde fines de los años cincuenta; el asesinato de Rubén Jaramillo y su familia; el embaucamiento y represión al movimiento de los médicos; la represión al levantamiento en Ciudad Madera, Chihuahua y al Movimiento Estudiantil de la Universidad Nicolaíta, tuvieron, todos en su conjunto, un momento histórico de conclusión en los acontecimientos del Movimiento Estudiantil-Popular de 1968.

 

Más aun, dicho acontecimiento político-social no sólo caracteriza en su esencia a toda esa década, sino es –a nuestro juicio, a la luz de los hechos a treinta y siete años-, muchísimo más que un simple acontecimiento que arrojó; en mucho, incluso, pos facto; algunas reformas políticas y cambios sociales; sino una verdadera divisoria histórica.  Esto es lo que demostraremos en este trabajo.

 

El Movimiento Estudiantil-Popular de 1968 en México es por ello, la expresión más viva de la dialéctica entre la libertad y la necesidad; esto es, entre la autodeterminación y voluntad de acción del ser humano y las leyes objetivas de lo social; es decir, ajenas o independientes a sus deseos o voluntad; que efectivamente le determinan.  Es, en ese sentido dialéctico, al mismo tiempo un acontecimiento lo mismo sublime que trágico, ennoblecedor y alegre, que funesto y terrible; lo mismo festivo, que fatal.  Y tanto más, que ocurre no en el ámbito del recurso laboral de un trámite de ley, ni –en lo que de ello lo haya- en la figura del romanticismo impostado del guerrillero de la época; sino en el ámbito de los jóvenes en los niveles de estudio Medio Superior y Superior, que luego reciben el apoyo popular solidario, y que brota en toda su magnitud de la manera más espontánea; diría Marx, en la plenitud de la “iniciativa histórica de las masas”,  Y cuando decimos “brote espontáneo”, no dejamos de tener en cuenta la innegable provocación del Estado, que como tal, pretendió ser un medido acto premeditado.  Así, lo espontáneo, se refiere precisamente a esa acción de respuesta inesperada en esa “iniciativa histórica” que fue más allá de toda medida preconcebida.

 

Sin hipérbole alguna, el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968 constituye una divisoria histórica, precisamente porque luego del mismo, el Estado; con especial interés, preocupado por que aquello no volviese a ocurrir; sometió a las generaciones de jóvenes posteriores, a un literal genocidio intelectual (esto es, a un “exterminio sistemático de un grupo social”, en este caso el grupo de jóvenes estudiantes entre 18 y 28 años de edad); no sólo primero mediante la violencia extrema de la “guerra sucia” de los años setenta; sino luego, así, continuadamente, en segundo lugar, mediante la sutil “guerra ideológica” dada en el ámbito de la educación, insertando de manera rígida la educción bajo la pedagogía conductual-pragmática (con la cual se funda el Colegio de Bachilleres de la Secretaría de Educación Pública); y ante lo cual apenas se enfrenta el proyecto de la educación bajo la pedagogía estructural-funcionalista con que se fundan los Colegios de Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México; y luego, mediante un tercer elemento, se difunde con particular énfasis la filosofía e ideología del llamado “posmodernismo”, que condiciona a las nuevas generaciones al pensamiento anticientífico y a la manera de ser apolítica, conformista e individualista, que fue caracterizando cada vez más a la equívocamente llamada “Generación Perdida” de los jóvenes entre 18 y 28 años de edad, que acaban asumiéndose así, como “jóvenes perdidos” durante los años ochenta, y más aún perversamente, de igual modo, a la denominada “Generación X” de los jóvenes que se asumen así, irrelevantes, intrascendentes, sin identidad alguna, de los años noventa; hasta llegar, con pleno éxito para el Estado, a la alienación extrema dada en la condicionada “Generación Light”, de los jóvenes universitarios sumidos en el individualismo, en el relativismo y subjetivismo extremos, con nula conciencia social (hablando siempre en lo general), de la primera década de este siglo XXI.  Nada de esto ocurrió mágicamente, por más que aquella “Generación del 68” se encuentra ahora estupefacta ante una situación que jamás pensó, y mucho menos pudo haber deseado para sus hijos.

 

Demostremos lo anterior mediante un sencillo silogismo desarrollado en el contenido de los siguientes apartados.

 

 

1  La “Iniciativa Histórica de las Masas”, 
    entre la Libertad y la Necesidad [a]

 

El deseo de una vida social menos autoritaria; de hecho, el deseo de acabar con toda forma de autoritarismo: “¡Prohibido Prohibir!”, gritaban los muros en 1968; lograr una sociedad en que imperara mayor libertad y una verdadera democracia: “¡Libertades Democráticas!”, fue el lema de aquel Movimiento; constituyó la esencia de aquella movilización social en que el estudiantado tomó las calles de la Ciudad de México.  Y el pueblo, reprimido una y otra vez en los años inmediatos anteriores, sumido en la desigualdad e injusticia social, se vio representado en aquella anhelante juventud.

 

Cuando el movimiento se inicia, se inicia con una represión violenta; difícilmente podría esperarse que no terminara ahogado en sangre; y la paradoja es que entonces nadie, no sólo no esperaba un desenlace trágico como el ocurrido el 2 de octubre, sino en lo absoluto tal cosa podría haberse imaginado.  Mas, debemos decir con Marx no obstante la magnitud de la tragedia: “De cualquier manera (...) la insurrección (...), en el caso de ser aplastada por los lobos, cerdos y viles perros de la vieja sociedad, constituye (una) proeza...”[1].  Sólo así podremos empezar a entender la tragedia y a aceptarla no con el pesimismo de la fatalidad, sino con la dignidad que merecen los caídos en la lucha por las libertades democráticas.  “Marx –dice Lenin-, pone, por encima de todo, el que la clase obrera crea la historia mundial heroicamente, abnegadamente y con iniciativa...; incluso por una causa sin perspectiva, es indispensable para los fines de la educación ulterior de estas masas y de su preparación para la lucha siguiente”[2].  Y así, una memoria fatalista que vive unilateralmente lamentando la tragedia en vez de celebrar el costo de la proeza heroica, se predispone con temores, cuando no, niega la lección histórica y se desmoraliza.  Desea, y fervientemente, que no vuelva a ocurrir lo que inevitablemente habrá de darse, porque esa es la condición de necesidad –así lo registra la historia- en la lucha por la libertad.

 

No es no-rememorar el “2 de Octubre”, sino hacer memoria de él de otro modo, con otro sentido; no con el sentido de los que ahí murieron porque fueron masacrados cobardemente, sino con el sentido de aquellos cuyo sacrificio heroico nos dejó una lección de alta valía revolucionaria: tarde o temprano, cuando las masas se insurreccionen, el Estado lo volverá a hacer por un elemental principio de poder.  Pero entonces sabremos estar ahí para morir dignamente, con la mayor entereza moral.

 

En el artículo: “A la Memoria de la Comuna”, Lenin se refiere a los cuarenta años ha de aquella insurrección, narra las celebraciones y honras fúnebres del proletariado en “las tumbas de los comuneros fusilados durante la terrible “semana de mayo”, y (el que) ante ellas volverá a jurar que luchará sin descanso hasta lograr el pleno triunfo de sus ideas, hasta dar cabal cumplimiento a la obra por ellos legada”[3].  Es pues, otro el sentido, no es el temor a que tales hechos se repitan, sino más bien el desafío histórico a los opresores a que lo vuelvan a hacer ante la causa justa de la lucha por las libertades democráticas.

 

 

2  El Movimiento Estudiantil-Popular de 1968 en México: 
    una “Iniciativa Histórica de las Masas” [b].

 

En otro artículo de Lenin titulado “Las Enseñanzas de la Comuna”, en su último párrafo escribe: “No importa que (las) sublevaciones de la clase obrera hayan sido aplastadas.  Vendrá una nueva sublevación ante la cual serán las fuerzas de los enemigos del proletariado las que resultarán débiles.  Ella dará la victoria completa al proletariado socialista”[4].  Es claro, un teórico de la revolución como Lenin nos extrae la lección histórica: cuando las masas vuelvan a insurreccionarse, el Estado lo volverá a hacer; el asunto es, de qué lado estará la correlación de fuerzas.

 

Ese vis de las masas en su “iniciativa histórica” es precisamente lo que estuvo presente en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968; aun cuando ciertamente, en el vis a vis con el Estado en ese momento histórico, la desproporción fue enorme.  Pero cuanto más fue la desproporción en el frente a frente de una fuerza ante la otra, tanto mayor la derrota histórica y moral del pírrico “vencedor”.

 

Ese Movimiento –se ha repetido por todos sus protagonistas- no tuvo “líderes”, sino representantes, todos surgidos espontáneamente por decenas y cientos.  Fue esa espontaneidad la esencia de la fiesta popular: por poco más de cuarenta y cinco días, el pueblo tomó las calles; cierto es, tímidamente a través de la decidida acción de los estudiantes, pero ese fue el verdadero Movimiento Estudiantil-Popular: la toma de las escuelas, el “boteo”, las brigadas y el “volanteo”, los perros pintados o portando carteles, los discursos en los camiones, en los cines, en los mercados y en las plazas; los festivales, las marchas “de todos”, hasta de los que expectantes veían y saludaban el paso de las manifestaciones, ya del griterío como la del 27 de agosto, ya del impresionante silencio como la del 13 de septiembre.  La creatividad afloró sin límites, fuimos, en la medida que la espiritualidad humana creativa se manifestó plena.  Ese fue el verdadero Movimiento; la tragedia del 2 de octubre, sólo lo ennobleció.

 

 

3  El Movimiento Estudiantil-Popular de 1968 en México: 
    Divisoria Histórica [c].

 

Concluyendo en un lógico-formal consiguiente: el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968, no sólo visto en su perspectiva histórica de forma que caracterizó aquella década, sino por cuanto a su contenido, puso la marca de un momento histórico-político y social tras el cual quedó un México de autoritarismo y prepotencia, y abrió las perspectivas de un México, finalmente, con mayores libertades democráticas.

 

Mas el Estado no sólo tomó la ofensiva militar a partir del 18 de septiembre y durante todo el lapso de la “guerra sucia” durante la década siguiente; sino tomó la ofensiva en el sutil plano de lo ideológico, y por los últimos casi cuarenta años ha atenuado, hasta nulificar, todo viso de insurrección estudiantil.  Mas el problema no es la insurrección de los estudiantes, que difícilmente pasará de cimbrar al Estado, pero nada más, pues la verdadera revolución ha estado y estará, en manos de la clase obrera.  El problema real, es que ese Estado anuló, más allá de la mediocridad e ignorancia oscurantista, a las nuevas generaciones.

 

 

Conclusión.

 

No casualmente Luis González de Alba se pregunta: <<¿Por qué hemos llegado a tales extremos de rechazo a la razón?>>; y allí en donde él duda preguntándose si <<¿será esta obcecación producto de la educación que hemos dado a las dos últimas generaciones?>>, nosotros afirmamos: sí, ha sido la educación; no la familiar o informal, sino la formal o escolar, reforzada con la subliminal “guerra psicológica” a través de los medios de comunicación para el condicionamiento de masas>>.



[a] Premisa antecedente: <<Toda “iniciativa histórica de las masas” es la expresión más viva de la dialéctica entre la libertad y la necesidad, que constituye una divisoria histórica>>.

[1] Lenin, V.I; Prefacio a la Traducción Rusa a las Cartas de C. Marx a L. Kugelman”; en Lenin, V.I; “La Comuna de París”; Editorial Progreso, Moscú, (s/f); p.18. [Lenin cita a Marx, aludiendo éste a la insurrección de la Comuna de París]

[2] Ibid. pp.18-19 (subrayados suyos)

[3] Op. Cit. p.24, en Lenin, V.I; “La Comuna de París”; Editorial Progreso, Moscú, (s/f).

[b] Premisa de tesis: <<El Movimiento Estudiantil-Popular de 1968 en México, fue producto de la “iniciativa histórica” de las masas>>.

[4] Op. Cit. p.23; en Lenin, V.I; “La Comuna de París”; Editorial Progreso, Moscú, (s/f)

[c] Consiguiente hipótesis: Luego entonces, <<El Movimiento Estudiantil-Popular de 1968 en México, es la expresión más viva de la dialéctica entre la libertad y la necesidad, que ha constituido una divisoria histórica>>.


 
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4 enero 2010 1 04 /01 /enero /2010 09:10

Clich--Literatura

El Comité de Huelga de la “Prevo 5” del IPN,
en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968.
"Los Movimientos Proletarios de los Años Cincuenta"

 Luis Ignacio Hernández Iriberri
"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;
http://espacio-geografico.over-blog.es/;
México, 08 feb 10.

 


“Los Movimientos Proletarios de los Años Cincuenta”.

 

<<En la periodización que hace Erich Hobsbawm de lo que él llama “el siglo XX corto” (del inicio de la I Guerra Mundial en 1914, a la disolución de la URSS en 1990); los movimientos de los trabajadores en los años cincuenta en México, se encuentran en el segundo período, comprendido según Hosbawum, entre 1945 y 1970, que a su vez llama la “Edad de Oro”, dado el auge económico y la estabilidad general.

 

Entre estos movimientos del proletariado mexicano en dicha década, destacan, entre los telegrafista, telefonista y electricistas, en el orden de su inicio: 1) el Movimiento Magisterial de 1956, 2) el Movimiento Petrolero de 1958, y 3) el Movimiento Ferrocarrilero de 1958; de los cuales, acerca del significado histórico-político en específico, nos habremos de referir.

 

Haremos una breve caracterización de los mismos con el fin de entender el contexto histórico del movimiento proletario nacional en ese momento histórico, y de los resultados de esas luchas generalizaremos su significado y trascendencia histórico-política; la que podemos definir –y acerca de ello es que argumentaremos-, como el rompimiento momentáneo del colaboracionismo del movimiento proletario mexicano con la política de democracia corporativa impuesta por el Partido Revolucionario Institucional como Partido de Estado, en un régimen de propiedad privada y de desigualdad social.

 

 

Acerca de la “Edad de Oro” 
como Marco Histórico dado por Hosbaum.

 

La llamada “Edad de Oro” (1945-1970), queda reducida a un eufemismo cuando vemos que ésta se inicia prácticamente con la “Doctrina Truman” (el apoyo de los Estados Unidos a los pueblos “libres”), el inicio mismo de la Guerra Fría, y, en la terminología que Hosbaum recoge, con la política de “destrucción mutua asegurada”; que correspondiente a la terminología militarista norteamericana de los años cincuenta, es conocida como la “Estrategia de Represalia Masiva” [a], como amenaza de ataque masivo con el uso de la bomba atómica.

 

Particularmente, en el plano internacional es el momento político-diplomático; tras la muerte de Stalín (1953); conocido como de “distensión”, y –a decir de Harris, citado por Hosbawm [b]– se inicia conceptualmente la formación del llamado “Tercer Mundo” (1952).  En el plano nacional, a su vez, arribaba a la presidencia de la República Adolfo Ruiz Cortines (1952), el cual, en su “Historia del Movimiento Obrero”, dice Luis Araisa: “en cuanto le cruzan el pecho con la Banda de Honor, gritó: ¡pueblo de México!, te ofrezco ¡Mezclilla Barata!, ¡Manta Barata!, ¡Piloncillo Barato!, y ¡Pan Barato!  Grotesco espectáculo, pues el Palacio de Bellas Artes convertido en recinto parlamentario con la presencia de diputados y senadores, en sesión solemne del Congreso de la Unión; mas bien parecía un mercado popular en día de tianguis, por tan vulgares y demagógicas exclamaciones”[1], y más aun, unos meses después (abril de 1954) México se sume en una depresión económica que provocará una devaluación del 44.5% (el peso a 8.65 por dólar, pasa a 12.50) [c].

 

Al día siguiente de anunciada la devaluación, las burocracias de las federaciones sindicales, CTM, CGT, CROM, publican su declaración de apoyo al gobierno.  “Es cierto –dice José Luis Reyna- que ningún conflicto de importancia estalló como resultado directo de la devaluación.  Pero también es cierto que el malestar crecía...”[2], y a mediados de junio de ese 1954, la CTM emplaza a huelga general reclamando un 24% de aumento salarial, frente al 10% que ofrecía el gobierno.  Finalmente se otorgó un aumento un poco mayor al 10%.

 

 

1  El Movimiento Magisterial, 1956.

 

La situación económico-política descrita en los párrafos anteriores, determinan, para 1956, el surgimiento del primer movimiento de democratización sindical, a partir de la intolerancia tanto de la burocracia sindical y el Estado, a sus luchas reivindicativas salariales: el movimiento magisterial.

 

No abundaremos en detalles, sintetizaremos tales acontecimientos en tres actos: 1) el inicio del movimiento, a partir del 3 de julio de 1956, y hasta el 9 de septiembre de 1957, en donde los delegados sindicales rechazan los ofrecimientos económicos del Estado, se desarrollan los acontecimientos formales reivindicativos de ley, y a partir del 9 de septiembre de 1957 se da un cambio cualitativo al ser rebasada la burocracia sindical (la dirección “charra”), formándose el “Movimiento Revolucionario del Magisterio” (MRM), dirigido por Otón Salazar Ramírez; 2) el desarrollo del movimiento en el lapso entre ese 9 de septiembre de 1957, y hasta el 6 de septiembre de 1958, en que es detenida policiacamente la dirección del MRM; y 3) el desenlace de esa lucha, entre ese 6 de septiembre de 1958, y ya bajo el nuevo gobierno del presidente de la República, Adolfo López Mateos, el 28 de marzo de 1959, con la represión generalizada y la desarticulación selectiva de la organización.

 

Político-históricamente, los movimientos sociales que tienen su origen en los años cincuenta y se desenlazan a principios de los años sesenta, se van a caracterizar por lo que Gerardo Peláez dice acerca del movimiento magisterial: “El movimiento magisterial de 1956-1960...,  formó parte de la primera sacudida del charrismo [d] sindical...”[3], forma popular de referir, desde 1946; en contra de los intereses de los trabajadores; la política colaboracionista y entreguista de las burocracias sindicales a los intereses de la clase patronal capitalista y el Estado.

 

Ante la manipulación distraccionista de la burocracia sindical (convertida en especie de “Oficialía de Partes” del Estado), y la cerrazón del Estado para satisfacer las demandas de los trabajadores de la educación, el 9 de septiembre de 1957 se forma la organización democrática del sindicato en el MRM, que el 12 de abril de 1958 es violentamente reprimida en una manifestación, que lleva al crecimiento de la oposición y solidaridad generalizada de la sociedad, empezando a tener carácter de movimiento sindical-popular; más aun, que los sindicatos petrolero y ferrocarrilero habían iniciado su propia lucha reivindicativa.  Como resultado, el 2 de junio el Estado resuelve favorablemente a los trabajadores de la educación sus demandas,  y el 5 de junio se disuelve el movimiento.

 

La organización sindical momentáneamente se democratizó.  Pero a partir del 6 de septiembre de ese año 1958 en que habían convocado a una manifestación en protesta al acoso; particularmente del gobiernista “Bloque de Unidad Obrera” (formado desde 1955 –a decir de su dirigente– como “formación de un frente único para frenar las agitaciones antipatrióticas de las fuerzas reaccionarias”[4] y desde donde se postuló a López Mateos); los dirigentes del MRM son detenidos y el día 12 quedan bajo formal prisión.  En diciembre toma posesión de la Presidencia de la República Adolfo López Mateos, y tres meses después; desde la madrugada del 28 de marzo de 1959; éste desencadena abruptamente una represión fascistoide generalizada, en que todos los dirigentes, no sólo sindicales magisteriales, sino petroleros y ferrocarrileros, los dirigentes estudiantiles y de los partidos políticos de oposición e intelectuales solidarios con los movimientos sindicales, son detenidos.  El 12 de abril el ejército ocupa las instalaciones sindicales, y el 13 los nuevos “representantes” sindicales ocupan espuriamente los cargos dando lugar a la nueva burocracia sindical.

 

 

2  El Movimiento Petrolero, 1958.

 

El problema central de aquellas movilizaciones de los trabajadores de fines de los cincuenta, fue la revisión de sus Contratos Colectivos de Trabajo, con el planteamiento de la demanda de aumento salarial.  El 8 de abril de 1958, el representante “charro” Felipe Mortera Prieto, pactó con la empresa una prórroga de revisión de Contrato Colectivo de Trabajo, que anunciada el 10 de abril, concedía un plazo de un año para su revisión.

 

Simultáneamente, el 12 de abril el magisterio es reprimido; hemos visto más arriba, y luego resueltas sus demandas; a su vez, el sindicato ferrocarrilero se preparaba para su propia revisión, convocando a paros escalonados a partir del 26 de junio, antes de las elecciones presidenciales del 6 de julio.

 

Para el 7 de julio el movimiento democrático de los trabajadores petroleros decide iniciar paros a favor de su reclamo de aumento de sueldo, el que es concedido en $6/día; aceptado por el Comité Ejecutivo Nacional, desconocen ese acuerdo las Secciones 34 y 35 del D.F., cuya petición fue de $9/día.  Se realizan Asambleas Locales, y el 27 de agosto son destituidas las burocracias sindicales en ambas Secciones.

 

Nacía así el llamado “Movimiento Depurador 27 de Agosto”.  Depurar las representaciones sindicales burocráticas, venales, “charras”, o sea, entreguistas y colaboracionistas, era el concepto en ese momento entre los diversos movimientos democratizadores.

 

Para el 28 de agosto la nueva dirigencia de las Secc 34 y 35 convocan a una huelga de hambre para lograr su reconocimiento legítimo y legal por parte de Estado, siendo reprimidos por éste, a la vez, sin obtener ninguna manifestación de apoyo solidario de ningún otro sindicato.  En lugar de la huelga de hambre, se convoca a elecciones para el día 18 de septiembre, donde son electos, en la Secc. 34 Carlos Castillo, y en la Secc. 35 Ignacio Hernández Alcalá [e], el cual –citamos de Antonio Alonso- “expuso un programa de dos puntos para realizar en 90 días, tiempo durante el cual sería representante: <<Realizar actividades directas de carácter social para crear conciencia de clase de los trabajadores y auspiciar el movimiento depurador de líderes deshonestos, acatando, desde luego, lo que las mayorías ordenen>>”[5].

 

Ante la cerrazón del Estado a reconocer las dirigencias y otorgar el aumento solicitado; el dirigente de la Secc.35 Ignacio Hernández Alcalá, convoca al paro de la Refinería de Atzcapotzalco, el cual se realiza (caso único en la historia político-sindical), y como consecuencia, el gobierno reconoce los nuevos Comités Ejecutivos Locales y la empresa concede el aumento de los $9/día, con lo cual finaliza ese movimiento de trabajadores petroleros, que si bien breve, por su naturaleza estratégica, enormemente trascendente.

 

Más tarde, a la iniciativa de este dirigente, se hace un pronunciamiento de apoyo solidario de las Secciones sindicales petroleras 34 y 35, a los restantes sindicatos en sus demandas (lo que éstos antes no habían hecho para con el movimiento petrolero); y como consecuencia, el movimiento ferrocarrilero que aun continuaba en lucha y había convocado a huelga para el día 28 de marzo de 1959; fue el detonante para que el Estado tomara las medidas draconianas de la detención general, de la que formó parte Ignacio Hernández Alcalá; recluido inicialmente en el Campo Militar Nº 1, luego dos años en la cárcel de Lecumberri; a la vez que el dirigente nacional del sindicato petrolero, Pedro Vivanco, declaraba que, el sindicato petrolero, “no se solidarizaba con los ex líderes ferrocarrileros [...] que han cometido una traición a México...”[6].

 

 

3  El Movimiento Ferrocarrilero, 1958.

 

El movimiento ferrocarrilero conviene también dividirlo en tres partes por lo menos: 1) de 12 de julio de 1958 en que es destituido el Comité Ejecutivo de la burocracia sindical, haciéndose cargo Demetrio Vallejo como Secretario General, al 4 de agosto de 1958, en que se declara el paro nacional de ferrocarriles; 2) del 4 de agosto de 1958, a la represión del 28 de marzo de 1959; y 3) del 28 de marzo de 1959 a los días inmediatos.

 

Así, el 12 de julio de 1958, luego de la renuncia días antes del Comité Ejecutivo del Sindicato Ferrocarrilero (STFRM), es electo como nuevo Secretario General, Demetrio Vallejo Martínez, miembro del Partido Obrero Campesino fundado por Valentín Campa; y luego de intentos para su desconocimiento, se convocó al inicio de los paros a partir del 31 de julio, si no se aceptaba por la empresa: 1) el reconocimiento del nuevo Comité Ejecutivo, 2) un aumento de  $6/día.  Al iniciarse los paros, el gobierno declaró ilegal al Comité Ejecutivo y el 2 de agostó el Ejército tomó las instalaciones sindicales y detuvo a dirigentes y trabajadores, en tanto que Vallejo (que eludió la detención) llamaba a paro total, que estalló esa misma noche, y para el 4 de agosto, en apoyo solidario, se declararon en paro telegrafistas, maestros y petroleros (Sec. 34 y 35 del D.F; no obstante burocracias sindicales, pero presionadas por sus bases de trabajadores).

 

Luego de declarado el paro nacional, las negociaciones obrero-patronales se hicieron muy difíciles, y el Estado prolongó el conflicto hasta el cambio de poderes presidenciales.  Resueltos en lo básico todos los conflictos excepto el ferrocarrilero, el cual más ideologizado, más bien había servido de base para ser un factor de solución a los demás, si bien cada sector contaba con su propia fuerza: el magisterio con el apoyo popular, el petrolero con lo estratégico del sector productivo.  Prolongado el movimiento, vuelve a convocar al paro nacional para el 28 de marzo de 1959, con las consecuencias ya relatadas anteriormente>>.



[a] La “Estrategia de Represalia Masiva”, Hosbaum menciona que es anunciada en 1954, mas en fuentes soviéticas, ésta se denuncia desde el inicio de la Guerra de Corea.

[b] Hosbaum, Eric; Historia del siglo XX; Editorial Crítica, Buenos Aires, 1998; p.358.

[1] Araisa, Luis; Historia del Movimiento Obrero Mexicano; Ediciones de la Casa del Obrero Mundial, 2ª edición, México, 1975; T.II; p.275.

[c] Reyna, José Luis; De Adolfo Ruiz Cortines a Adolfo López Mateos; en “La Clase Obrera en México”; siglo XXI Editores-Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM, 2ª edición, México, 1984; p.35.

[2]       Ibid. p.60.

[d] “Charrismo”, término popular en el ámbito sindical que deriva del apodo de “El Charro”, dada su afición a la práctica de la charrería, del representante ferrocarrilero venal, Jesús Díaz de León.

[3] Peláez, Gerardo; Historia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación; Ediciones de Cultura Popular, México, 1984; p.77.

[4] Alonso, Antonio; El Movimiento Ferrocarrilero en México, 1958/1959; De la Conciliación a la Lucha de Clases; Editorial Era, Colección Problemas de México; 6ª edición, México, 1983; p.101.

[e] El autor del libro referido, Antonio Alonso, en su trabajo “El Movimiento Ferrocarrilero en México...”, invierte los representantes de cada Sección sindical.

[5]       Ibid. p.136 (tomado de una nota de Excélsior, del 19 de septiembre de 1958).

[6]       Ibid. p.154


 
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