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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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17 diciembre 2009 4 17 /12 /diciembre /2009 09:01

Clich--Literatura

La Última Paradoja 
Luis Ignacio Hernández Iriberri 
“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica 
de Geografía Teórica; 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 17 dic 09.

 

... un manuscrito que tenía desde 1988..., trata a manera de narrativa-cuento, acerca de los acontecimientos político-sindicales que se vivieron en esos días y la manera como los vivimos, particularmente yo, dialogando con un amigo; y salió una especie de cuento de ciencia-ficción tanto por lo que se habla en él, como por la manera que se vivieron aquellos días.

 

Fueron momentos políticos muy complejos y muy simples a la vez; el asunto está precisamente en entender cuándo y por qué fueron complejos, y cuándo y de qué manera fueron sencillos.  Hay en ello una gran lección que pocos saben..., más aun, en esa narración se recuerda cómo es que se originó uno de los documentos más importantes de aquel entonces, que analizaba el movimiento político-sindical en lo interno y en los aspectos a la vista de todos, y en sus conexiones externas ocultas casi a todos.  Y yo fui el único capaz de sintetizar aquellos datos.

 

Bueno, pensándola bien, a continuación voy a anexar ese cuento:

 

 

La Última Paradoja*

Luis Ignacio Hernández Iriberri**

 

¡Riiing, riiing, riiing...!; la secretaria contestó el teléfono; cuando ella no estaba, el más cercano para acudir a responder era él***, pero nada había que le molestara tanto, y de algún modo se había ganado su derecho a no contestar, dejando incluso que el mismo Jefe del Departamento se moviera para ello; lo que en tal circunstancia finalmente le incomodaba, era que la llamada entrara precisamente para él; pero esta vez había contestado la secretaria.

 

_ Es para usted Licenciado.

_ Ah, gracias.

 

Así era, cuando las llamadas se daban para cualquier otro de los ingenieros del Departamento, la secretaria decía: “¿De parte de quién?, pero cuando eran para él, simplemente le decía: “Es para usted”.  Él veía que así estaba mejor, aun cuando ello lo hacía pasar como un pobre mortal más; cuando pensaba en ello se carcajeaba para sus adentros.

 

_ ¡Bueno!..

_ Quiubo, qué pasó...

 

Era Adán****, que cuando llamaba, seguro se debía a algo importante.

 

_ Pues nada mano, qué hay...

_ Mira, te hablo para avisarte que hoy vamos a tener reunión, ya le estoy llamando a todos, pero tú por ahí avísale a quien puedas, no?

_ Sale, está bien.

_ Bueno, nos vemos, va a ser importante, no vayas a fallar, eh?

_ No no, ahí nos vemos.

 

Cuando él pensaba en su situación ahí, se imaginaba inmediatamente, con las debidas proporciones, al Einstein empleado de del Registro de Patentes, pues más importante que su trabajo burocrático casi inútil y bloqueado por todas partes, le parecía su propio quehacer intelectual de “investigación básica” acerca de su profesión: la Geografía.  A la salida pasó por Saúl*****.

 

_ Quiubo, va a haber reunión, ¿vas a ir?

_ Bueno, sí

 

Entonces ambos se encaminaron a la reunión.  Se congregaron en el local  entre cincuenta y setenta trabajadores sindicalizados, profesionistas y empleados; se discutiría sobre cómo finalmente los democráticos y progresistas organizarían la protesta ante las imposiciones de la burocracia sindical formada por los imposicionistas y retrógradas.

 

El ambiente era de febril actividad.  Unos hacían pancartas; otros pintaban mantas; unos más llegaban con los “tambaches” de volantes, y el grupo de los “teóricos” se reunía aparte para discutir las acciones no obstante el martilleo para armar pancartas y asegurar las mantas, y a pesar del bullicio de órdenes y alegatos que se daban al margen de la reunión.

 

_ Bueno compañeros, se trata de darle a esto una salida concreta –dijo Adán que actuaba como Presidente de Debates, y solicitaba propuestas sobre cómo le habríamos de hacer...

_  ¡Ehy!, mira –dijo alguien por ahí-, yo pienso que como estaba ya planteado, para no hacernos más líos, nada más que se nombren aquí las comisiones.

_ Bueno, miren –volvió Adán a la palabra-, el plan original era bloquear trece puntos importantes..., pero dudamos que haya suficiente gente para todo eso...

_ No, mira –dijo otro compañero–, yo propongo que concentremos las fuerzas en sólo estos cuatro puntos... –y el compañero se puso a dibujar en el pizarrón un plano del centro de trabajo y las avenidas que le rodeaban, señalando en ellas esos cuatro puntos para bloquear el tránsito, como protesta por las antidemocracia de los imposicionistas en la dirección sindical.

 

Ya sobre el plano se vino un mar de propuestas en la que unos se pronunciaban por ocho puntos, otros sólo dos, otros cuatro, etc., argumentándose sobre las ventajas y desventajas de cada estrategia

 

_ Yo no veo de dónde –dijo un compañero– se van a sacar a unos veinte pantalonudos que se atreva a parar el tránsito, cuando empiecen a echarles encima los carros, un camión...

 

Otra vez el revuelo; que sí, que no..., finalmente se impone nuevamente el orden...

 

_ Haber compañeros, pidan la palabra por favor...

_ Mira –y desde un rincón, sentado sobre un archivero, displicente levantaba la mano un compañero pidiendo la palabra al tiempo que se la tomaba–, cuál es el problema de que se necesite mucha gente para dislocar el tráfico, si luego yo he visto que sin ningún cristiano se hace ahí cada pelotera...

_ Ja ja ja ja –de todos se oyó una sonora y larga carcajada.

_ Haber, orden, orden; vamos a concluir esto compañeros.

_ Haber... –levantó la mano por fin “él”

_ Adelante compañero... –le conminó el Moderador.  Y él se levantó al pizarrón y empezó a analizar la situación.

_ Creo que no se necesita en última instancia mas que obstruir un solo punto –y señaló el crucero principal–, automáticamente todo lo demás se va a dislocar en menos de diez minutos.  El punto clave es éste –y subrayaba el sitio en la pizarra–, y allí debemos todos concentrarnos.

 

Finalmente el asunto se aprobó así, y una hora después se efectuó la protesta de manera muy sonada.  Así avanzaba la lucha.

 

Unos días después Saúl le comentaba sus apreciaciones de la situación.

 

_ ¿Tú no crees que esto se esté moviendo desde fuera?

_ Claro, no me parece que haya un control alámbrico directo –a lo mejor sí, pero eso no importa–, sino un control inalámbrico, de picar aquí o picar allá, para que las piezas se vayan acomodando; pero sí, a mí me parece que pesan más los factores externos que los internos.

_ Bueno, pero eso no está mal, no?

_ Pues no, no necesariamente.

_ Exacto, entonces lo que debemos analizar más, es a qué está respondiendo todo esto...

_ Bueno, pues sí, de acuerdo...

_ Pues entonces tú debes hacerte un documento de análisis de eso, que deje ver cómo está y cómo ha estado todo el juego.

 

Él se quedó pensando; a veces la identidad de las ideas entre ellos era tan evidente, que no gastaba esfuerzo en responder.  Él recordaba haber hecho ya algo así hacía ya unos años inclusive, pero todo eso estaba por ahí extraviado, perdería más tiempo en intentar buscarlo que en rehacerlo y actualizarlo, pero a la vez, como que quería darle a eso su tiempo; él ya sabía que Saúl siempre le andaba cargando “chambas”.

 

Pasó el tiempo y Saúl seguía esperando el documento de análisis; mientras tanto, después de aquellos actos de protesta todo cayó en la calma que precede la tormenta, pero que se alargaba en negociaciones entre los dirigentes hasta casi la desesperación.

 

Un día de tantos, como en tantas otras ocasiones, Saúl le cayó por ahí a él en su oficina.

 

Al parecer, tal vez habían encontrado inconscientemente un método para soportar el impás político, y éste consistía en charlar sobre aspectos de ciencia.

 

Saúl deseaba romper la barrera y limitaciones de su especialidad: la matemática, y abordar aspectos humanistas y sociales.  Todo eso le atraía como algo novedoso, tanto como a su interlocutor le interesaba asimilar la teoría matemática dejando un poco de lado los aspectos sociales y políticos en que los estudios geográficos profesionales estaban enfocados hacía ya unos treinta años, olvidando e incluso desconociendo, su contenido esencialmente físico-matemático.  De ahí que ambos teorizaran y cada uno tenía su momento.

 

_ He estado pensando en lo de tu “rollo” –dijo Saúl–, yo creo que ustedes –refiriéndose a los geógrafos–, deben hacer la geografía con su propia lógica, establecer su propia medida de su propio fenómeno...

 

Y allí se enfrascaban en un largo diálogo, en que al principio ambos empezaban sus argumentos con la frase “No no, no se trata de eso sino de esto otro”.

 

Saúl defendía el que se podía hacer una ciencia con su propia lógica independientemente de las demás y que históricamente podía haber muchos caminos para ello.  Él sostenía lo contrario, que había una subordinación de las ciencias y el desarrollo de unas a partir de las otras, y que históricamente sólo había habido un solo camino.

 

A media plática ya predominaba el empezar los argumentos con la frase: “Bueno, pero...” e inmediatamente: “Bueno, estoy de acuerdo, pero...”

 

Luego, entremezclado con momentos de desavenencia, ya se empezaba a oír más: “Sí, sí, de acuerdo”, o “Eso, exacto”; finalmente llegaban a la solución del problema o se aproximaban bastante por lo menos: la Geografía es una especie de físico-matemática aplicada a una faceta de la realidad objetiva, pero carece aún de la definición de la medida de su propio fenómeno: el espacio terrestre.

 

Pasaron unos días, él finalmente redactó el documento de análisis que Saúl le había sugerido y que finalmente también le pareció necesario: ¡una bomba!, rescataba y sintetizaba toda la experiencia del movimiento democrático sindical de los últimos treinta años y sus vinculaciones externas.  En dicho documento se mostraban los esfuerzos de los trabajadores democráticos por contener la ignominia, la lucha por no permitir que campeara impunemente la degeneración de la conciencia social, el cinismo, el envilecimiento y la ruindad.  La lucha contra los afanes mezquinos, y por una organización sindical democrática y progresista, que contribuyera a evitar la desigualdad social y la explotación.  Pero traía en la cabeza, además, el asunto de la “medida del propio fenómeno de la geografía, la medida del espacio” (ah!, bárbaro, al parecer desconocía la existencia de metro!).

 

Comenzó a pensar en ello sin esperar mucho, sólo como para replantearse el problema a sí mismo.

 

Tomó unas hojas y trazó un sistema cartesiano:



Narrativa-cuento redactado con fecha 27 de abril, acerca de un hecho absolutamente verídico hacia mediados de 1988, en los antecedentes inmediatos al conflicto vivido en la actividad laboral democrático-sindical y profesional en la Industria Petrolera en sus oficinas centrales, de la Sección 34 del entonces STPRM (Sindicato Petrolero de la República Mexicana); que fácilmente pasa por un cuento de ciencia-ficción..., quizás, porque esos años así fueron: ciencia-ficción.

** En aquel entonces, a sus 37 años, joven trabajador profesionista sindicalizado, miembro del sector democrático de “Técnicos y Profesionistas, del la Sección 34 del STPRM”.

*** “Él”, geógrafo, generalizador y sintetizador, se referirá al autor de esta narrativa, entonces dirigente sindical de los trabajadores profesionistas democráticos de la Delegación de Exploración.

**** “Adán”, uno de los dos dirigentes principales del “Movimiento de TyP”

***** “Saúl, matemático analista, segundo de abordo en la Delegación de la Gerencia de Exploración.


 
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1 diciembre 2009 2 01 /12 /diciembre /2009 09:00

Clich--Literatura

El Crimen del Cadáver Muerto Suicidado
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.
http://espacio-geografico.over-blog.es/;
México, 30 nov 09.

 

Preámbulo.

 

Sangronsísimo cuento corto por pura ociosidad.  Redactado quizá entre 2002 y 2005, sin que recordemos exactamente asociado a qué, pero muy seguramente con motivo de darle clases de “Lógica Jurídica” a estudiantes de la Licenciatura en Derecho, y no aplicar éstos correctamente los métodos de relación causal.

 

*

 

Estaba ahí tendido, hecho un cadáver bien muerto, completito.  Ah! desdichado estudiante, a saber sobre las causas de su terrible muerte.

 

Ciertamente, había razones suficientes para presumir un cruel crimen; ah!, quién le mandó a estudiar la Licenciatura en Derecho; ahora a saber si quien lo mató, fue un raterillo de mala muerte, el novio de la chica con la que andaba, una ejecución del narcotráfico..., a saber, ¡en la que andan esos abogados!

 

Mucho se ha especulado acerca de las verdaderas causas de su muerte; algunos creen que fue producto de la desesperación de su profesor Iriberri que no se conformó con reprobarlo, sino se dice que incluso lo mató, “para que no lo volviera a hacer”.  Ah!, pero también se rumora que no fue un crimen de ningún tipo, sino..., un puritito suicidio.

 

Al respecto, unos dicen que fue por decepción de su novia que lo traicionó con el novio de la chica con la que andaba –el muy pillo–; otros dicen que el asunto fue ese, pero porque la chica que pretendía ni lo “fumó”, porque el desdichado no tenía dinero ni para el pasaje; incluso hay quien dice que se suicidó por estar cansado de regresarse caminado de la escuela bajo el Sol.

 

Era un estudiante ya mayor de edad, que la mayoría de sus compañeros, incluso, lo apodaban “el viejo”; y no ha faltado el que afirme que, bien que se baleó, pegándose un tiro en la cien (porque su cerebro no daba para más en las clases del Prof. Iriberri), y otro tiro en el corazón (para que ya no sufriera por tanta decepción amorosa), frustrado por su “vejez”.

 

La verdad yo digo que la culpa fue del Prof. Iriberri por haberlo reprobado, ¡tanto que le prometió que lo iba a pasar nada más por hacerle al cuento, y ahí está, que lo “truena” nada más que por faltar más de la cuenta a clases!, bien que el malvado lo indujo a quitarse la vida.

 

Lo que sí está complicado, es que no se sabe aún bien a bien cómo es que se suicidó, por eso se especula sobre un crimen.  Y es que, aparte de los tiros, se colgó con un mecate del techo, y ahora no se entiende qué fue primero...


 

 

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21 septiembre 2009 1 21 /09 /septiembre /2009 08:00

Clich--Literatura

 

El Metiche*

 Luis Ignacio Hernández Iriberri

http://espacio-geografico.over-blog.es/
México, sep 09.
 

 

 

 

Descubrió la “dirección en 90º” justo en el ángulo perpendicular al plano de una de las faces del dodecaedro, equivalente a los 45º de su espacio euclidiano.  Su opción era irse a la Patagónia, bastante inhóspita; la otra, ir a hasta Saynshad, hacia del Desierto de Gobi; o en el mero centro del Mar Aral...  Aquí se quedó pensando seriamente, por ahí andaba Baikonur; una revisión a la Enciclopedia Geográfica, y ahí estaba; efectivamente, el Cosmódromo de Baikonur se localizaba a los 45.6º; ¡ah!, casi la exactitud y pureza de f en ½ de 1 + ¬/5; entonces pensó en que necesariamente “algo” especial pudo haber ocurrido alguna vez con los cosmonautas soviéticos.  Pero todo aquello, Stavropol, Krasnodar, Novorossiysk, Sevastopol, estaba lejos.  Siguió recorriendo el paralelo con rumbo Oeste, y encontró que pudiera ser al sur, cerca de Turín, en Italia; o tan sólo un poco al norte de Bordeaux, en Francia.  Pudiera ser Ottawa; pero la línea paralela que media en los Grandes Lagos lo ponía cómodamente en Minneapolis, y más aun, cómoda y discretamente, en St. Paul (casi justo en los límites entre Minnesota y Wisconsin), en los Estados Unidos.

 

Hizo su equipaje y partió; tenía que estar ahí en el momento más ideal: la noche entre el 21 y 22 de septiembre, en el momento preciso del Equinoccio de Otoño.  Rentó una pequeña casa en un lugar apartado, montó su laboratorio, y comenzó a trabajar en los aspectos prácticos y experimentales de su hipótesis..., y ocurrió!

 

 

 

 

 

 

_  ...Alcestes ha parecido tan bella a los ojos de los hombres y de los dioses, que, encantados éstos de su valor, la volvieron a la vida...

 

Ahora él estaba ahí, “aterrizó” cayendo de espaldas en el piso de una sala en que entre la bruma y un extraño resplandor, exóticos sujetos como envueltos en sábanas comían tendidos en gradas y en largos sofás y platicaban.  No parecieron darse cuenta de su inoportuno y entrometido arribo.  Pronto se dio cuenta de que todo discurría como si él no estuviera presente, aun estando ahí, pues el que tenía la palabra hablando de Alcestes, continuó sin inmutarse, lo mismo que los demás.

 

_  ...No trataron así a Orfeo, hijo de Eagro, sino que le arrojaron del Hades, sin concederle lo que pedía.  En lugar de volverle a su mujer, que andaba buscando, le presentaron un fantasma, una sombra de ella...

 

Obviamente todo ello lo tenía medio aturdido; le llevó su tiempo poder empezar a concentrarse en lo que ahí sucedía.  Todo lo escuchaba como en la voz de la burlada ekahte.

 

_  ...En efecto –alguien más intervino en lo que se decía–, el que ama tiene un no sé qué de más divino que el que es amado, porque en su alma existe un dios...

 

Escuchaba resonante y medio veía entre brumas cómo otro de aquellos sujetos tomó la palabra, y por ello comenzó a conocer incluso cómo se llamaban, y el que había estado en uso de la palabra era un tal Fedro, pues así le llamó el que ahora intervenía:

 

_  ...Es indudable que no se concibe a Afrodita sin Eros, y si no hubiese más que una Afrodita no habría más que un Eros; pero como hay dos Afroditas, necesariamente hay dos Eros.

 

Y el que hablaba disertó acerca de que una Afrodita era hija de Uranos, y por ello era la “Afrodita Urania”; la otra era hija ni más ni menos que de Zeus y Dione, y decía que esa era la “Afrodita popular o pandemia”; y que, en correspondencia, a la primera le es el “Eros Celeste”, y a la otra el “Eros popular”.

 

El aun estaba ahí, sentado en el piso y recargado sobre la pared, temeroso de que lo descubrieran y tratando de acabar de recuperarse, pues esa neblina y ese resplandor, más que ser una fenómeno físico fura de su imaginación; parecía ser su propia perturbación, por la cual apenas se alcanzaba a preguntar y a responder a sí mismo si habría un Amor celestial y otro mundano, estando finalmente de acuerdo en ello.

 

Entre tanto, ese otro personaje continuaba disertando, y algo hablaba de que una acción, como el banquete que ahí tenían, no es, decía él, ni bella ni fea, sino por la manera como se hace.  Y en ese punto él, como extraño “metiche” en esa reunión, se vio inmerso en la reflexión; comenzó a sopesar qué tanto podría ser cierto o no lo que aquel hombre decía.

 

_  ...Lo mismo sucede con el amor; todo amor, en general, no es bello ni laudable, si no es honesto...

 

<<¡Claro!>> –se decía ahora él ahí echado en el piso pasando desapercibido, pero críticamente agregaba en su pensamiento–, <<aun cuando ahí se identifica lo estético con lo ético; y por lo tanto, no puede haber amor que no sea necesariamente bello, más aun, porque ha de ser necesariamente bueno>>.  Pero aquel hombre hablaba tan enredado, o sea, tan poco común a sus oídos, que lo más que decía se le escapaba; pero un pasaje le impactó: aquel hombre decía que, <<la servidumbre voluntaria de un amante para con el objeto de su amor, no se tiene por adulación..., como tampoco cuando ello se hace en virtud de perfeccionarse...>>; y es que él pensaba justo así; ¡claro, dicho de manera más simple!, convencido de que el amor suponía la más plena, total, absoluta e incondicional esclavitud del que ama al ser amado; y no podía sino estar plenamente de acuerdo con aquellas palabras.

 

_  ...Por el contrario, si después de haber favorecido a un amante, que se le creía hombre de bien, y con la esperanza de hacerle uno mejor por medio de la amistad, llega a resultar que este amante no es hombre de bien y que carece de virtudes, no es deshonroso verse uno en este caso engañado; porque ha mostrado el fondo de su corazón..., y nada más glorioso que este pensamiento...  Este amor es el de Afrodita Urania; es celeste por sí mismo.

 

<<¡Claro!>> -volvió a decirse para sus adentros coincidiendo con lo dicho–, <<el amor es lo que uno da, no lo que uno recibe, y de ello uno no puede arrepentirse, por más que se pierda ese encanto>>.

 

_  Pausanias ha empezado muy bien su discurso –dijo alguien más tomando la palabra–, por lo que él, en calidad ahí de intruso, un “metiche involuntario” en aquella discusión, aun en el piso casi en un rincón, supo que el que había hablado, entonces, así se llamaba.

 

Y el que ahora tomó la palabra, se echó un “rollo” de aquellos, sólo para enunciar el principio de la dialéctica de Heráclito de la famosa unidad de los opuestos, de la cual bien entendía “el metiche”.  Y es que aquel que hablaba, daba a entender que el amor era precisamente esa dialéctica, a manera de armonía (unidad) entre los contrarios.  También habló de la Afrodita o Musa Urania, contrapuesta a Polimnia, que es el amor vulgar, decía el que hacía uso de la palabra; que a poco él supo que se llamaba Erixímaco, pues cuando éste terminó de expresarse, se dirigió a un tal Aristófanes, el cual a su vez le llamó Erixímaco; y así “el metiche” conoció el nombre de otros dos de los personajes ahí reunidos en ese festín, ciertamente, en tan singular simposio, que le estaba recordando a Platón y sus Diálogos.

 

El “metiche” ahí sentado en el piso ya se había repuesto de su mareo, y viendo que no podría pasar desapercibido, pero que nadie parecía ni verlo, empezó a dar señas de que se notara su presencia y se aclarara su situación.

 

Entre tanto, toda la discusión ahí giraba en torno a la calidad del dios Eros, y el condenado del famoso Aristófanes habló y habló, y “el metiche” ya se desesperaba.  Hasta que, para terminar, Aristófanes dijo que ahora le tocaría hablar a un tal Agatón..., ¡y a Sócrates!...  Y entonces “el metiche” se puso en pie como movido por un choque eléctrico, a la vez que exclamaba un <<¡qué!, ¿quién es Sócrates?!>>...; pero ni quien le hiciera caso.

 

_  ¡Hey, señores, quién es Sócrates! –dijo entonces voz en cuello insertándose en el círculo de aquellos hombres y dirigiéndose a todos los presentes, a la vez que los repasaba a todos con la vista, pero nuevamente, sin que nadie se inmutara, en lo que aquellos seguían en su disertación.

 

Entonces intervino un personaje por ahí, ¡ese debía ser Sócrates, era igualito al de las “fotografías”!, y algo dijo éste dirigiéndose a Erixímaco y a Agatón, el cual, a su vez, finalmente, lo identificó.  Pero luego de esos intercambios, se hizo de la palabra el tal Agatón.  Éste volvió a decir que ciertamente Eros era el dios más dichoso y bello.

 

Pero entonces, “el metiche”, viendo que no le hacían caso, que por razones de su experimento se lo explicaba, pero que no viene ahora al caso el tratar de entenderlo, simplemente se acomodó apoltronándose por ahí entre ese círculo de pensadores que departían entre manjares y vino; en lo que Agatón decía que, <<las querellas de los dioses..., han tenido lugar bajo el imperio de Anagke (la Necesidad, la Fatalidad), y no bajo el de Eros>>, y luego continuó discutiendo sobre la necesaria etereidad de Eros, y que es éste el que posee a Ares, el amor de Afrodita, y no al revez.  Y así siguió hable y hable ahora el desdichado de Agatón alabando a Eros, y cuado terminó, todos le festejaron con aplausos; y “el metiche”, que ya medio se adormilaba con tanto “rollo”, reaccionó despabilándose, y para no quedar en mal, también se sumó a los aplausos que todos ofrecieron al discurso de Agatón.

 

Y “el metiche” se volvió a alertar cuando Sócrates volvió a pronunciarse, diciendo que se había comportado como un buen profeta y no sé cuantas minucias más, y total, otro largo “rollo”, ¡sólo para decir que quería hablar!, ¡diablos!; y todos le decían que sí, que hablara ya, como si no fuese eso lo que desde rato atrás hacía, diciendo que iba a hablar.

 

Y entonces el gran Sócrates inició con Agatón su ejercicio de mayéutica; y simplificando el discurso, la cosa fue más o menos así:

 

Agatón –dijo Sócrates, y a continuación preguntó–, ¿Eros es el amor de alguna cosa o de nada?  A lo que Agatón respondió diciendo que debía ser el amor de algo.  Luego Sócrates volvió a preguntar: ¿Eros desea la cosa que él ama?, a lo que Agatón volvió a asentir.  Y, ¿es poseedor de lo que desea y ama?; a lo que Agatón respondió que, probablemente.  Y entonces, finalmente, Sócrates puso todo ello en entredicho: si Eros es el amor de algo, y él desea a su vez lo que ama, cómo puede desear lo que ya tiene?

 

Pero entonces, “el metiche”, reflexionando al paso, respondió en voz alta: <<bueno, no hay contrariedad, simplemente Eros estría invocando el reforzamiento de ese deseo o ese amor>>; y por supuesto, ni quien le hiciera caso, ni lo voltearon a ver.  Era que él estaba ahí, pero invisible, como en otra dimensión, pero intersectándose con ese plano temporal de la historia.  Pero nuevamente eso le sorprendió y le causó mucha gracia.  Se dio cuenta que en calidad de una especie de “fantasma” irreverente, podía intervenir en la discusión sin ningún problema.

 

_  ...No se puede carecer de lo que se posee –volvió a decir Sócrates.

_  Pues sí –volvió a decir “el metiche” en una actitud más decidida dirigiéndose al mismo Sócrates–, pero lo que yo digo es que se está deseando lo que no se quiere perder.

_  ¿No es esto amar lo que no se está seguro de poseer...? –pareció contestarle Sócrates muy directamente al “metiche”, al punto que éste, finalmente, creyó haber sido reconocido; y, entonces, desconcertado, respondió con cierta angustia.

_  Bu-bueno, pues, pues, s-sí...

_  Sin duda –dijo Agatón categórico por otro lado.

 

Y cuando él iba a volver a intervenir poniéndose de pie y disculpándose de su extraña presencia ahí, muy difícil de explicar, Sócrates continuó dirigiéndose personalmente a Agatón, por lo que “el metiche” nuevamente cayó en cuenta de su invisibilidad.

 

_  ...<<Amor es desear –dijo más o menos Sócrates reduciendo a Agatón a su contradicción en donde se identificaba lo bueno y lo bello–, es amar lo que falta; luego Eros carece de belleza>>.

_  ¡No no no!, a ver, a ver, yo quiero hablar –pretendió intervenir ”el metiche”–, se puede amar, y de hecho se ama, y más aun, lo que se posee...

_  Cierto Sócrates, así sería –aceptaba Agatón su error interrumpiendo al “metiche”.

_  No no no, espera mi buen Agtón, primero reflexionemos en lo que he dicho; no porque yo carezca de una mujer, por eso, la voy a amar; antes al contrario, justo porque la poseo, será porque la ame deseando amarla cada vez más...

 

Total que Sócrates preguntaba poniendo en entredicho, y Agatón le respondía en su lógica necesaria, entrando en contradicción; aun cuando “el metiche”, en su desconcierto, no podía seguir la discusión.  Hasta que Sócrates empezó a narrar sobre su discusión con una mujer más sabia que él, llamada Diotima, la cual alguna vez le hizo ver que el amor no es bello ni feo, sino algo entre lo mortal e inmortal, y por lo tanto, un demonio.  Y hasta le reveló de quién era hijo: y lo era de Poros y Penia (La Abundancia, y La Pobreza).

 

Al parecer haya sido quizá aquella Diotima precisamente la que le enseñó la mayéutica, pues contaba Sócrates cómo aquella mujer de Mantinea lo zarandeó en su ignorancia con ese recurso, haciéndolo convenir en que el amor, en su misma virtud, no es común a todos los seres humanos.

 

Decía Sócrates que una vez ella le preguntó sobre la causa del deseo del amor, que se lo hizo ver incluso entre los animales, pero que sólo le respondió que lo ignoraba, y entonces ella le replicó, ¡al mismo Sócrates!: “¿Y esperas hacerte nunca sabio en amor si ignoras una cosa como esa?”.  Y Sócrates casi casi respondió: <<Pos qué le voy a hacer Diotima, si por eso estoy aquí, para preguntártelo”.  Y entonces ella le explicó que la causa del amor, “es la naturaleza mortal aspirando a perpetuarse y hacerse inmortal”, con la reproducción de un nuevo ser...

 

_  ¡Ah, Sócrates! –le recriminó “el metiche”–, ¿cómo pudiste decir que ignorabas eso?

_  Después que me habló de esta manera –continuó Sócrates–, le dije lleno de admiración: muy bien, muy sabia Diotima, pero ¿pasan las cosas así realmente?...

_  ¡Ah, cómo va a ser mi buen Sócrates! –y “el metiche” diciendo esto hasta se ponía en pie–, te pasas...; y ella, qué dijo...

_  Ella –parecía responder directamente Sócrates–, con un tono de consumado sofista, me dijo: no lo dudes...

_  ¡Ah, jajaja!... –y “el metiche”, a la vez que reía a placer, daba vuelta, se paseaba y hacía aspavientos mofándose de Sócrates–, me decepcionas mi buen Sócrates, cómo va a ser eso?...

_  Los que son fecundos con relación al cuerpo –decía Sócrates citando a Diotima– aman a las mujeres, y se inclinan con preferencia a ellas, creyendo asegurar, mediante la procreación de los hijos, la inmortalidad...

_  Pero cómo, cómo que “creyendo” –le interrumpió “el metiche”, en realidad, encimándole un poco las palabras–, pues eso es lo que realmente ocurre, no?

_  ...Pero los que son fecundos con relación al espíritu..., para las cosas que al espíritu toca producir...  La sabiduría y las demás virtudes..., los une a los cuerpos bellos con preferencia a los feos...

_  Ah, Sócrates –continuó interviniendo “el metiche”–, eso que dijo Diotima es muy subjetivo y relativo...

_  ...estos hijos de su inteligencia son más bellos y más inmortales...

_  Pues hay algo de eso, pero insisto Sócrates, eso es muy subjetivo y relativo...

_  En efecto –dijo Diotima en voz de Sócrates–..., sería una gran locura no creer que la belleza, que reside en todos los cuerpos es una e idéntica.

_  Ah, pues, así sí...

_  ...belleza que no tiene nada de sensible... y nada de corporal... sino que existe eterna y absolutamente por sí misma y en sí misma...

_  Ah..., ni Diotima ni Sócrates, Platón –casi se dijo sólo para sí “el metiche”...

_  ...Ni la “otra mitad”, ni el “otro todo” de uno mismo –había dicho Diotima–, es lo buscado en el amor cuando no son buenos –y decía Sócrates por último, que para Diotima, la belleza es finalmente lo que toma el nombre de amor.

 

Y Sócrates siguió hable y hable y al “metiche” le costaba trabajo seguir sus ideas, pues aquel no llegaba a nada concreto.  Y en eso estaban, cuando a poco tocó a la puerta un tal Alcibíades, que traía su propia fiesta: y cuál que llegó “medio ebrio”, llegó bien borracho con todo y mariachi al convite en la casa de Agatón; y ya sabrán, siendo Alcibíades muy cuate de Sócrates, y luego de echarse otras copas más...  Bueno, que digo “otras copas”, el desdichado de Alcibíades pidió a un esclavo que le sirviera un psuchtere de ocho cotilas, ¡ah bárbaro, se echó casi dos litros más!, y empezó con aquello de que: <<No Sócrates, tú eres un sabio, el más grande sabio que haya existido, y tú eres mi amigo..., que digo mi amigo; Sócraters, tú eres mi hermano...  Y –decía Alcibíades al que ya se le arrastraba la lengua– Sócratres, en verdad, tú vas a ser mi compadre..., que digo mi compadre, tú, mi buen Socratrés...>>  Y todos reían y el bueno del Socratrés, sólo aguantaba a su amigo Alcibíades esperando a ver a qué hora caía.

 

Y viendo “el metiche” que aquello ya no se recuperaría a la disertación intelectual, se retiró a un lugar apartado, dispuso sus  inventos...,

 

 

 

 

 

... y al instante estaba de nuevo en St. Paul...  Apenas y lo podía creer, todo le había parecido como un cuento de una lectura de Platón.

 

Bueno, concluía así “el metiche”, aquello del “amor platónico”, no es el “amor ideal que no desea”, esa es sólo la idea vulgar o popular, del “amor platónico”; por lo contrario, son el deseo y la capacidad de apropiación del ser amado para su perfección, lo que realmente constituye el ser del “amor platónico”.



*       Cuento didáctico para el estudio del Diálogo de Platón, El Simposio o el Banquete.  En, Platón; Diálogos; Editorial Porrúa, Col. “Sepan Cuántos...”Nº 13; folio Nº 3255; México, 1968; pp.314-343.


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3 agosto 2009 1 03 /08 /agosto /2009 08:03
Clich--Literatura

Dialéctica en la Poesía Mística

Teresa de Ávila: la Poesía (3)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
http://espacio-geografico.over-blog.es/,

México, 03 ago 09.

  

                                                  La resignación no es otra cosa que la reafirmación de la fe, y de ahí la confianza (la confide, con fe), de vivir la no-vida en la que sufre, sabedora de que alcanzará, mediante esa resignación, la muerte que es no-muerte, sino en realidad la vida verdadera.

 

“Sólo con la confianza vivo de que he de morir, porque muriendo el vivir me asegure mi esperanza”

 

                                                 “Muriendo el vivir”, es en realidad la idea inversa: vivir hasta alcanzar el morir, pero en la metafísica católica cristiana, la vida es en realidad sufrimiento de “muerte” en tanto el castigo divino; y por lo tanto, la muerte es en realidad “vida”, en tanto la salvación del alma, en tanto la redención del ser.  Ello explica los siguientes versos:

 

“muerte do el vivir se alcanza, no te tardes, que te espero”

 

“Mira que el amor es fuerte; vida, no me seas molesta, mira que sólo me resta, para ganarte perderte”

 

                                                   Teresa de Cepeda no es en ninguna forma de ánimo suicida, por lo contrario, refrenda su resignación.  Pero así como ha suplicado a Dios sin ver satisfecho su deseo, “negocia” de la manera más mundana con La Vida: la acción del alma sobre el cuerpo humano.  Prácticamente, entonces, lo que está haciendo, es pedirle al alma que cese su acción.

 

“Venga ya la dulce muerte, el morir venga ligero”

 

                                                    Y esa inversión de ideas que de manera tan exquisita está a lo largo de todo el poema, es refrendada en la siguiente estrofa:

 

“Aquella vida de arriba, que es la vida verdadera, hasta que esta vida muera, no se goza estando viva: muerte, no me seas esquiva; viva muriendo primero...”

 

                                                    Después termina el poema con la expresión directa de su negociación con La Vida, confesando así, su más profundo amor por Dios.

 

“Vida, ¿qué puedo yo darle a mi Dios que vive en mí, si no es el perderte a ti, para merecer ganarle?  Quiero muriendo alcanzarle, pues tanto a mi Amado quiero, que muero porque no muero”

 

                                                    Pero encerrando en ello la otra faceta profunda de la dialéctica, ya no sólo la contraposición de los opuestos, sino su propia unidad; que en su sentido más profundo, ha de ser una unidad confundida como identidad.

 

                                                   “Dios que vive en mí”, principio panteísta propio de la época en los pensamientos más avanzados, cuando ella en realidad está “viviendo la muerte” en esta vida, es, haciendo ver que de cualquier manera Dios está en ella, la expresión más profunda de esa identidad, así sea confusamente no deslindada, y en consecuencia: ella es Dios.

 

                                                    Pero, teologalmente, ello tendrá la mayor trascendencia e importancia.  La mística es el camino a Dios, “la comunicación directa e inmediata del hombre con la divinidad” (Bartra, Agustín; Antología de la Poesía Mística; Editorial Pax-México; México, 1966), en la que fuera de esa relación nada tiene significado.

 

                                                   “El misticismo –dice Agustín Bartra (Op. Cit)–, fue como una santificación de la sensualidad africana...  Sea como fuere no puede menos que reconocerse que hay una palpitación sensual evidente en los más grandes místicos, y en la alada energía del éxtasis un arrebato donde Eros no está del todo ausente”.  Y así, quizá no sea sólo la filosofía dialéctica contenida, sino la mezcal de ello con toda esa sensualidad erótica, lo que hace de este poema, nuestro preferido.

 

                                                  Acaso todo ello se complementa con otro de sus sensuales poemas, del que sólo citamos por ahora el título, y los dos rimeros versos:


VUESTRA SOY, PARA VOS NACÍ

Vuestra soy, para Vos nací,
¿qué mandáis hacer de mí?...


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3 agosto 2009 1 03 /08 /agosto /2009 08:02
Clich--Literatura

 Dialéctica en la Poesía Mística;
Teresa de Ávila: la Poesía (2)
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
http://espacio-geografico.over-blog.es/, México, 2009.

 

 

 
“Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero”
.

 

El planteamiento principal es morir, para poder vivir en Dios; “muere de ganas” por morir para poder estar con Dios..., pero Dios, quien designa su destino, no la llama a su lado, no designa su muerte; sino, por todo lo contrario, le concede la plenitud de la vida.

 

“Vivo ya fuera de mí, después que muero de amor; porque vivo en el Señor, que me quiso para sí”

 

                                                  Pero esa plenitud de la vida, ella, por amor, la vive fuera de sí, viviéndola en el Señor; esto es, entregada plenamente a él, que la quiso para sí, en tanto guiada a su vida mística monacal.

 

“Cuando el Corazón le di puso en él este letrero, que muero porque no muero”

 

                                                   Parte difícil.  ¿Por qué Dios hace tal cosa?  Dios, en una masculinidad “llevada hasta el machismo”, parece decir con tal acto: <<Estás que te derrites por mí>>.  Pero siendo ella quien lo dice atribuyéndolo a Dios, con tal cosa confiesa su sensualidad por Él.

 

                                                   Y luego viene la estrofa más exquisita de todo el poema, donde se expresa toda esa dialéctica, que más allá de ser en la mística de ella hacia Dios, en su lectura por un lego, en una secularidad casi pagana, es de la relación más mundana entre los sexos.

 

“Aquesta divina unión, del amor en que yo vivo”

 

                                                     Simple, el amor es unión...

 

“hace a Dios ser mi cautivo, y libre mi Corazón”

 

                                                 Y por fin, la expresión hegeliana más pura; o quizá ahora tendríamos que decir de Hegel, que fue él el que expresó el pensamiento dialéctico teresiano más puro, si hemos de ser justos.  A esa expresión de Teresa Sánchez de Cepeda y Aahumada, tres siglos después se conoció como “la alegoría del amo y el esclavo”.

 

                                                  La dialéctica, sea idealista o materialista, es unidad de contrarios; en ese sentido, ella no puede entenderse sin Él, y, con un profundo significado, Él no puede ser sin ella, o ello por lo menos, carece de sentido.  Por esa necesaria unidad de contrarios fundada e el amor, Dios se hace su cautivo, su prisionero, su esclavo; Él queda sujeto a la plena voluntad de ella; y he ahí una parte de ese profundo significado.

 

                                                   Por supuesto, al ser Dios el esclavo, ella, que lo mantiene cautivo, es el ama y señora, y por lo tanto, la que es libre (y desde luego, libre en su corazón).

 

“y causa en mí tal pasión ver a Dios mi prisionero”

 

                                                   Y cuando decíamos que es en la mujer en donde se expresa de manera natural la más elevada ética y esteticidad, ello es justo lo que queda expuesto en estos versos.  Ella es el ama, Dios el esclavo, pero ella no puede soportar eso, le causa tal pasión, que su mayor deseo se convierte en morir, para invertir la contradicción, y sometida ella a la voluntad de Él, a su designio, ser ella la esclava.

 

“¡Ay, qué larga es esta vida!  ¡Qué duros estos destierros, esta cárcel, estos hierros en que el alma está metida!  Sólo esperar la salida me causa dolor tan fiero, que muero porque no muero”

 

                                                    Según la consideración católica, nuestras almas han sido expulsadas del Paraíso y como castigo penan en el cuerpo humano.  A eso se refiere Teresa Sánchez de Cepeda con el “duro destierro” y esa “cárcel y hierros en que el alma está metida”.  Luego todo es refrendar su deseo. Su “morir de ganas” por morir.

 

¡Ay, qué vida tan amarga do no se goza el Señor!  Porque si es dulce el amor, no lo es la esperanza larga: quíteme Dios esta carga, más pesada que el acero...”

 

                                                     Aquí profundiza su reflexión y como consecuencia hace una súplica a Dios para satisfacer su deseo.

 

                                                     Y esa reflexión aunada a la actitud de Dios, una manera de su respuesta, expresa todo el acto de fe cristiana en la resignación; como veremos en la siguiente entrega.

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3 agosto 2009 1 03 /08 /agosto /2009 08:01
Clich--Literatura
Dialéctica en la Poesía Mística;
Teresa de Ávila: la poesía (1)
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México 03 ago 09.

  

                              Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada, una mujer española nacida en 1515; a decir de entonces, bella; quizá incluso hermosa en los prototipos de la belleza, lo que suele tener como rasgo común el “devaneo y la frivolidad”.  Hay un cuadro pictórico de ella (de corte realista), refleja una mediana edad (unos 55 años), expuesto en la Real Academia Española, en Madrid, utilizado de común en las enciclopedias; si emitimos nuestra opinión acerca de su belleza, debemos confesar que por ese cuadro, no es de nuestro gusto.  Pero otra pintura, en sí misma bella, aparece, como también se le conoce, Teresa de Ávila, en su juventud (por lo menos a sus 18 años, en que se ordena, pues porta los hábitos), con una pequeña criatura entre sus manos: y ahí –qué se podía esperar– sí luce verdaderamente hermosa.

 

                              Una belleza, y no obstante (aun cuando eso qué tendría qué ver, pero...), se hizo monja, Carmelita Descalza, para más precisión.  La razón es simple: en el siglo XVI, desear el conocimiento, superarse como ser humano, pasaba por el acto de sacrificio monacal.  A los 43 años tuvo un primer momento de éxtasis.  A los 47, por orden de su confesor, redactó El Libro de mi Vida.  Partidaria del erasmismo, con ese fundamento filosófico del humanismo cristiano que adecua el humanismo clásico renacentista a los nuevos tiempos, escribió El Castillo Interior, considerada su principal obra.  En 1578, a sus 63 años, fue confinada en Toledo, calificada de “fémina inquieta y andariega”, y luego de ser expulsada de dos conventos, regresó a Alba, donde, a sus 67 años, en 1582, murió.

 

                              Tal mujer escribió, y no podía haberlo escrito nadie más, el más maravilloso poema que existe (por lo menos a nuestra consideración); San Juan de la Cruz escribió un remedo, lo incluiremos aquí en el análisis; pero ese poema tenía que ser, no podía ser de otro modo, escrito por una mujer.  Cuando lo he recitado a los estudiantes, primero he tenido que pedirles que no escuchen mi voz, los remito enfáticamente a una mujer.  Por su contenido, refiriéndose a Dios, puede ser admitido sin problema como dicho por un hombre, pero (por lo dicho por ejemplo en el artículo De la Relación Sexual de los Sexos a su Relación Ético-Estética consultable en este Sitio), en una mujer, es maravilloso.

 

                              En esencia, no sólo es la métrica y la rima y todas las reglas de la poesía, sino más allá de ello, es la idea de la relación entre ella y Dios (masculinizado), en la más profunda dialéctica (sin importar que esa dialéctica se exprese en el idealismo dialéctico de la metafísica, la cual fue llevada a su máxima expresión filosófica por Hegel en el siglo XIX).

 

Vivo Sin Vivir en Mí

(o Amores de Vida Eterna)



 

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el Corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.

Aquesta divina unión,
del amor en que yo vivo,
hace a Dios ser mi cautivo,
y libre mi Corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegure mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es el perderte a ti,
para merecer ganarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.


 

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