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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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5 agosto 2010 4 05 /08 /agosto /2010 08:04

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Evolución del Concepto de Espacio

en el Pensamiento Materialista Contemporáneo.

  Ponencia, III Encuentro de Geógrafos

de América Latina, 1991 (4/5)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, D.F; ago 10.

 

 

El concepto de espacio

en el pensamiento materialista dialéctico,

a la luz de los avances de la física contemporánea.

 

Con estos escasos elementos de los clásicos de la dialéctica materialista, se trasmitió al pensamiento materialista de nuestro tiempo, el marxismo, el problema del espacio.

 

Es natural que fuese entre los filósofos soviéticos marxistas en donde dicho concepto fuera retomado, y así, en la Historia de la Filosofía, en siete tomos (1957), redactada por una pléyade de filósofos de la Academia de Ciencias de la URSS, bajo la coordinación de M.A. Dynnik, se expone, T.I. Oizermán, en un parágrafo sobre El problema del espacio y el tiempo: “En el Anti-Düring –dice Oizerman– se fundamenta la tesis de la unidad del espacio y el tiempo.  Engels pone de manifiesto la inconsistencia de las concepciones de Düring, según las cuales existió cierto estado del Universo fuera del tiempo, y por consiguiente, inmutable; el tiempo, afirma Düring, tiene un comienzo y apareció sólo cuado el mundo se puso en movimiento.  El ser fuera del tiempo, dice Engels, es tan inconcebible como el ser fuera del espacio.  No es cierta la afirmación de Düring de que el tiempo existe a consecuencia del cambio, en realidad, los cambios se producen en el tiempo, y éste no depende de los cambios”[17].

 

De estas últimas líneas pudiera entenderse que el tiempo es un “algo” en el que ocurren los cambios de las cosas, y es independiente de ellos; pero el real sentido en que se expone como lo hace Oizerman, es, siguiendo a Engels, que: “El tiempo en el transcurso del cual no se produce ningún cambio sensible, dice Engels, está muy lejos de no ser tiempo absoluto, y si hacemos mentalmente abstracción de todas las realidades ligadas a las relaciones de simultaneidad o falta de simultaneidad, llegamos al concepto puro del tiempo”[18].

 

Esto es, el tiempo en Engels y retomado así por Oizerman, se limita a considerarse como una medida del cambio sensible.  Por analogía, el espacio es, así mismo, una medida de la extensión sensible, y por espacio, estrictamente lo que debe entenderse no es algo distinto a lo que se extiende, es decir, no a la extensión en sí, sino a lo extendido.

 

Oizerman, representativo del materialismo contemporáneo, enfáticamente afirma que tiempo, como espacio y materia, como tales, no podemos descubrirlos por los sentidos, son sólo abstracciones científicas que reflejan la realidad.

 

En el tomo VII de la Historia de la Filosofía, bajo la dirección de Dynnik, I.V. Kuzentzov trata el punto de la teoría de la relatividad como la teoría contemporánea del espacio y el tiempo.

 

Éste recoge una cita de P. Langevin, en la cual, contraponiendo a los argumentos que negaban la objetividad del espacio y el tiempo, afirmaba que, “el principio de la relatividad del espacio es la confirmación…, de la existencia de la realidad exterior del espacio”[19], “realidad exterior del espacio” u “objetividad del espacio”, entendiendo a éste como un continente de los objetos; mas no un continente en sentido físico, sino como cualidad del ser, como abstracción de éste.

 

Kuzentzov hace una brillante síntesis filosófica de la teoría física del espacio, el tiempo y la gravitación; y expone una conclusión de fundamental trascendencia para el pensamiento  materialista contemporáneo: el que, a su juicio, son concepciones erróneas aquellas “que identifican con la materia el continuo temporal-espacial”[20].

 

Critica, pues, la transformación recíproca de materia en espacio-tiempo, y de éste en aquella.  “Aquí se incurría –dice Kutzenzov– en un divorcio entre las formas de existencia de la materia y la propia materia”[21].  Se incurría, en su apreciación, en la ilógica de la separación de la forma y el contenido; donde la forma por sí sola parece tener existencia independiente.

 

En suma, “forma de existencia de la materia”, es expresión de la diversidad espacio-tiempo, en tanto diversidad de la existencia discreta y su movimiento.

 

En 1966, G. Kurzánov en su Problemas Fundamentales del Materialismo Dialéctico, afirma: “la teoría de la relatividad ha mostrado el estrecho nexo del espacio y del tiempo con el movimiento de los cuerpos materiales.  La longitud y la continuidad no son absolutas ni independientes de los campos en movimiento, sino que están determinados totalmente por las leyes del movimiento de éstos”[22].  Esta afirmación es obligada y consiguiente al concepto de espacio entendido como forma de existencia de la materia; dicha forma estará determinada totalmente por las leyes del movimiento de su contenido.

 

Pero Kursánov volverá a otro concepto vinculado profundamente al concepto de espacio en todo el pensamiento materialista: el vacío.  Y así, afirma: “…no existe el espacio vacío desvinculado de la materia…, el llamado vacío no es tal “vacío” en el viejo sentido de la palabra…  Ese “algo” o vacío actúa sobre las partículas de sustancia y es, a la vez, objeto de su influencia.  El vacío representa un estado completamente determinado de los campos físicos materiales…”[23].

 

En otras palabras, el vacío viene a ser la forma y el campo el contenido.  Es decir, ese espacio entre dos discretos, necesariamente existente, que daba lugar a la idea del vacío, y que implicaba una dificultad de respuesta en esta concepción del espacio como medida de lo discreto, finalmente fue “llenado” o “discretizado” por el campo; y así, el vacío existe real y objetivamente, como categoría para designar al campo.  El vacío es, según Kurzánov, la propiedad de espacialidad del campo, tal como lo lleno, es la propiedad de espacialidad de la sustancia.

 

Todo este asunto fue tratado  por Eli de Gortari en su Dialéctica de la Física, 1964, desarrollando consecuentemente las mismas ideas.  En su primera línea dedicada al respecto, Eli de Gortari afirma: “El espacio es una propiedad común a todos los procesos existentes”[24].  El espacio es pues, como él lo reitera, un conjunto de propiedades espaciales; y esclarece la expresión por la cual erróneamente se deja ver al espacio como un recipiente, al especificar: “…hablando en rigor, los procesos no existen en el espacio, sino que su existencia es espacial”[25]; presenta éste –continúa más adelante– una multitud de ordenaciones coexistentes.

 

Por otra parte, en su capítulo segundo: “La Categoría de Espacio”, inscrito en su trabajo Dialéctica de la Física, tiene la virtud de expresar el tratamiento en términos un tanto más físicos que filosóficos exclusivamente, y esto lo conduce a un amplio tratamiento del concepto de espacio en lo particular en el microcosmos y su teoría cuántica.

 

De ahí que, siendo consecuente con el concepto materialista contemporáneo, enfrenta la contradicción de un espacio caracterizado por un cuanto de longitud, es decir, del volumen mínimo del campo-espacio, antes de que éste deje de existir y todo sea sustancia; la que tendrá que ser a su vez, por definición; si hemos de ser consecuentes con la teoría y el principio de que nada está fuera del espacio; la estructura menor de la sustancia: la finitud del espacio, y con ello de la sustancia mínima, y por lo menos, de toda forma de materia actualmente conocida.

 

De Gortari trata de salvar la paradoja estableciendo que como consecuencia del avance del conocimiento, es posible que se tenga que fijar un cuanto de longitud todavía más pequeño, pero, indiscutiblemente, esto está en contra de su primer afirmación; a saber, que, “…hablando en rigor, los procesos no existen en el espacio, sino que su existencia es espacial”.

 



[17]      Dynnik, M.A; Historia de la Filosofía; Grijalbo, t.III, 3ª edición, México, 1975; p.166.

[18]      Ibid. p.166.

[19]      Ibid. p.259.

[20]      Ibid. p.262.

[21]      Ibid. p.262.

[22] Kurzanov, G; Problemas Fundamentales del Materialismo Dialéctico; Ediciones Palomar; México, 1966; p.81.

[23]      Ibid. p.83.

[24] Gortari, Eli de; Dialéctica de la Física; Grijalbo, 1ª edición, UNAM, 1964; México, 1979; p.36.

[25]      Ibid. p.36.

 



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5 agosto 2010 4 05 /08 /agosto /2010 08:03

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Evolución del Concepto de Espacio

en el Pensamiento Materialista Contemporáneo.

  Ponencia, III Encuentro de Geógrafos

de América Latina, 1991 (3/5)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, D.F; 12 ago 10.

 

 

Lenin, al discutir los aspectos de la teoría del conocimiento de la dialéctica materialista y del empirocriticismo, en uno de sus parágrafos aborda el problema del espacio y el tiempo.

 

En principio, Lenin apunta: “al reconocer la existencia de la realidad objetiva, o sea, de la materia en movimiento, independientemente de nuestra conciencia, el materialismo está obligado a reconocer también la realidad objetiva del tiempo y del espacio…”[6].

 

Lenin retoma nuevamente a Feuerbach y lo explica; pero, inmerso en su momento histórico, afirma: “…la materia en movimiento no puede moverse de otro modo que en el espacio y en el tiempo”[8][b].

 

Así, a pesar de que el sentido del enunciado expresa el movimiento de la materia con su necesaria condición espacial, se desliza aquí la sutil afirmación del espacio entendido como recipiente (concepto ya criticado Feuerbach, pero cuya crítica no conoció sino un año después de publicado su Materialismo y Empirocritcismo.  Por lo demás, dicho concepto fue refutado consistentemente hasta poco más de un lustro después por Einstein, en su teoría generalizada de la relatividad).

 

Ya hacia el final de su texto sobre este punto, en una de las paradojas más extraordinarias, Lenin cita, para demostrar la inconsistencia de los idealistas, a un empirocriticista “muy antiguo y muy puro”, como él mismo lo califica, Schulze-Aenesidemus, precisamente discípulo de Hume, que en 1792 escribía: “Si de las representaciones inferimos las “cosas exteriores a nosotros” [entonces] el espacio y el tiempo son algo relativo y real existente fuera de nosotros, pues el ser de los cuerpos sólo se puede concebir en un espacio existente”.  Y cuatro líneas más adelante Lenin reafirma: “precisamente, tal como el materialista Engels expone esta relación en 1894”[8][c].

 

Y así lo comparte Lenin con Feuerbach, considerando esto como un asunto de los fundamentos del materialismo filosófico, al citar de éste lo siguiente: “El pensamiento –dice Feuerbach– presupone lo que hay de discreto en la realidad como un continuo, la infinita pluralidad de la vida como singularidad idéntica”[9][d].

 

No obstante, en las notas sobre Hegel a su Ciencia de la Lógica y a su Lecciones de Historia de la Filosofía, va a esbozar dos aspectos de primordial importancia en la dialéctica de la comprensión de las propiedades del espacio; a saber, primero, que –compendiando la cita de Hegel– la dialéctica respecto de cualquier objeto, tiene una determinación cualquiera, pero después se muestra que de modo igualmente necesario tiene la determinación opuesta (y como ejemplo, el mismo Hegel pone “la finitud del espacio” y “la negación absoluta del espacio”)[10][d].

 

En este primer sentido habría que hacer una reflexión sobre la continuidad, no como la identidad en la sucesión de lo discreto, sino como su negación en la singularidad de éste.

 

El segundo aspecto, está en su nota sobre la refutación de Aristóteles a la paradoja de Zenón en que una flecha recorrerá siempre hasta el infinito la mitad de su trayecto.  Apunta Lenin: “Aristóteles replicó: el espacio y el tiempo, son infinitamente divisibles (en potencia), pero no infinitamente divididos (en realidad)”[11].

 

Pero Lenin no nos aporta mayores reflexiones.  No obstante el pensamiento se mueve a considerar que el espacio y el tiempo son continuos susceptibles de dividirse, pero no sucesión ininterrumpida de divisiones.

 

Al final de cuentas, nosotros asumimos que ambas proposiciones son válidas; en una se muestra la dialéctica interna de lo discreto (su negación en la sucesión); en la otra se muestra la dialéctica interna de lo continuo (su negación en lo susceptible  de su divisibilidad infinita).  Pero la dialéctica externa en ambas, es su negación entre sí.  Y si esto es así, marca un nuevo paso no sólo en el desarrollo del pensamiento materialista en general, sino en la comprensión del espacio.

 

Hegel hizo un brillante aproximación a ello, si no es que aceptamos la solución ya en él.  Lenin lo recoge en una de sus notas de estudio recopiladas en el documento llamado Cuadernos Filosóficos, según la siguiente cita tomada de la Ciencia de la Lógica, de Hegel: “La esencia del espacio y el tiempo es el movimiento, …como unidad de la negatividad y la continuidad, el movimiento es expresado como Concepto, como pensamiento, pero ni la continuidad ni la discontinuidad deben ser puestas como la esencia”[12].  Y a esta nota, Lenin le hace una apostilla que reza simplemente: “incorrecto”.

 

Luego continua con una reflexión en la que apunta: El movimiento es la esencia del espacio y el tiempo.  Dos conceptos fundamentales expresan dicha esencia, la continuidad infinita y la “puntualidad” (= negación de la continuidad, discontinuidad).  El movimiento es la unidad de la continuidad… y la discontinuidad…  El movimiento es una contradicción, una unidad de contrarios”[13].

 

Sin embargo, tanto Hegel como Lenin muestran insuficiencias.  La continuidad puede ser, y es, tan negatividad como lo discreto; y por otra parte, lo discontinuo no es exactamente equivalente a “lo puntual”, a lo discreto.  Lo discreto, cierto es, es la puntualidad; pero la discontinuidad significa el rompimiento de lo continuo, su interrupción, sin perder su calidad como tal, aun cuando cada parte pueda constituir su negación en forma de discretos.

 

En última instancia, Lenin lo asienta en los términos más correctos: “No podemos imaginar, expresar, medir, describir el movimiento sin interrumpir la continuidad…”[14]; es decir, sin examinar en sus discontinuidades; que no exactamente significa examinar en susdiscretudes.

 

En suma, el movimiento es la esencia del espacio, y la comprensión del movimiento es el entendimiento de la unidad de lo continuo y lo discreto, de lo continuo y lo puntual; que lo puntual carecerá de dimensiones, y, como apunta Lenin, “¡Esto significa que está fuera del espacio!  Es el límite del espacio en el espacio, una negación del espacio…”[15]; expresión justa de la dialéctica de su movimiento.

 

A esto se refería Feuerbach en su  libro Exposición, Análisis y Crítica de la Filosofía de Leibniz, del que Lenin mismo extrae la siguiente cita: “En general, en la naturaleza no existe nada discreto; todos los contrarios, todos los límites del espacio y el tiempo, y lo demás, desaparece ante la absoluta continuidad, la infinita interconexión del Universo”[16].  Pero esto es, en tanto lo continuo es entendido como sucesión ininterrumpida e infinita de lo discreto[e].

 



[6]      Ilich Ulianov (Lenin), Vladimir; Materialismo y Empirocriticismo, (1909); Editora Política; La Habana, Cuba, 1963; p.165.

[8]      Ibid. p.166. (cursivas nuestras).

[b] Aquí a Lenin le ocurre lo mismo que a Engels en sus primeras notas acerca del concepto de espacio: se afirma la objetividad del espacio en las propiedades espaciales de las cosas, pero en el lenguaje se refiere a la existencia de esas cosas en el espacio, esto es, como existiendo en un recipiente.  Y en este caso, la expresión de Lenin se explica, porque desconocía de Feuerbach esa parte.

[8]      Ibid. p.176.

[c] La extraordinaria paradoja consiste en que ese discípulo de Hume, necesariamente, planteaba el concepto de espacio desde la posición del empirismo idealista; esto es, esa compleja condición metafísica de la objetividad del espacio, en tanto la objetividad misma de la idea del mismo.  Y, por lo tanto, si se ha de decir, como lo dice Lenin, que ello es tal como lo expuso Engels en 1894, a ello hay que agregar, que –y se sobreentiende– invertida la idea desde una posición materialista dialéctica.  Pero más aún, en “el ser de los cuerpos en un espacio existente”, lo importante de esta paradoja no es tanto la coincidencia del idealismo y el materialismo en dicha noción del espacio, como, por más que el espacio como algo independiente de las cosas se quiere evitar, el ser de los cuerpos siempre aparece ahí, “en un espacio existente”; y no, como debiera ser siendo consecuentes con la propuesta, que el ser de los cuerpos aparezca exclusivamente en la forma de sus propiedades espaciales.

[9] Ilich Ulianov (Lenin), Vladimir; Cuadernos Filosóficos (apuntes, 1895-1916); Editorial Política, La Habana, Cuba, 1964; Obras Completas, t. 38; p.77 (aquí Lenin considera la fecha del Prólogo a la última revisión del Anti-Düring).

[d] Estas notas de Lenin son de entre 1895 y 1916; para entonces, Einstein ya ha publicado su teoría de la relatividad, 1905 y 1916, por lo que, o bien Lenin conoció de los trabajos de Einstein desde el primer momento (algo difícil), o entonces, más que Lenin el mismo Feuerbach medio siglo antes, adelantó a Einstein en la noción filosófica del continumm, que es exactamente lo que Lenin está expresando en esta cita.

[10]      Ibid. p.215.

[d]      Esto es, el principio heraclitiano de que, en este caso, el espacio es, y no es al mismo tiempo.

[11]      Ibid. p.249.

[12]      Ibid. p.250.

[13]      Ibid. p.250.

[14]      Ibid. p.252 (cursivas nuestras).

[15]      Ibid. p.293.

[16]      Ibid. p.374.

[e] Esto último así lo anotamos en el texto original de la ponencia, esa era la posición de Feuerbach y así la retomaba Lenin.  En tanto se reconozca el estado discreto irrumpiendo en lo continuo, por definición, la “absoluta continuidad” más bien es la que desaparece.  Pero, revisado veinte años después, nuestra mirada se centró en el punto en el cual Feuerbach, y con él Lenin, aceptan que, “en general, en la naturaleza no existe nada discreto”.  Ello está en contradicción con la evidencia, pero, dialécticamente, lo que expresa, en oposición al continuum como esencia del espacio, es ahora el vacuum.  Pero en su mayor esencialidad, lo que expone, es precisamente el movimiento de transición de uno en otro, como esa mayor esencialidad el espacio.

 


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5 agosto 2010 4 05 /08 /agosto /2010 08:02

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

 

Evolución del Concepto de Espacio

en el Pensamiento Materialista Contemporáneo.

  Ponencia, III Encuentro de Geógrafos

de América Latina, 1991 (2/5)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, D.F; 09 ago 10.

 

 

El concepto de espacio

en el pensamiento materialista dialéctico.

 

Dos son las aportaciones fundamentales de su análisis crítico, primero, el explicar el concepto de espacio en Feuerbach-Engels-Lenin, que esencialmente han influido en el curso del siglo XX, en el análisis concreto de su situación histórica concreta (su crítica a la fenomenología del Espíritu, de Hegel, y al empirocriticismo; y el antinewtoniano horror vacui propio de su tiempo); y en segundo lugar, distinguir las contradicciones internas y externas en la dialéctica de lo continuo y lo discreto, que prepara una nueva interpretación materialista dialéctica, ya urgente en los más diversos campos de las ciencias.

 

La falta de una teoría de espacio geográfico, de la teoría de la categoría fundamental de la ciencia de la geografía, ha traído como consecuencia, por razones empíricas e intuitivas, que en nuestra disciplina de conocimientos se estudie, no la realidad y naturaleza del espacio en sí, realidad que en principio, por algunos, se niega, sino aquellas formas materiales en la expresión de sus propiedades espaciales.

 

Y así, a reserva de elevarnos de esta noción empírica e intuitiva a las generalizaciones teóricas, diremos en principio, que no se estudia el espacio, sino los fenómenos que ocurren en él y sus propiedades espaciales: el lugar, la situación, los límites, la extensión, las conexiones y las relaciones.

 

Carentes de su generalización en una teoría del espacio geográfico, estas propiedades no designan más que una condición de referencia de otro objeto de estudio, considerado como cualquier proceso natural o social.

 

Y ciertamente, pareciera no haber más que preguntarse al respecto, pues la localización, o los límites, etc, son siempre de algo, y en la mente del geógrafo actual, ese algo y no su “simple” condición de referencia, es lo que importa; no obstante, la Geografía pierde razón de ser ante la especialización de las ciencias en los infinitos fenómenos.

 

En un esfuerzo hacia una teoría general del espacio geográfico, la abstracción de esas propiedades en otras más generales y esenciales, nos conduce a la consideración de la realidad material de los estados de espacio continuo o discreto; esto es, vacuo o pleno; de campo o sustancia; y a partir de ello, a la relatividad conceptual de los sistemas de referencia y su inversión, biunivocidad o reciprocidad.  Y así, no será el espacio sólo el sistema de referencia de las cosas, sino las cosas mismas, sistemas de referencia del espacio, en el indisoluble vínculo de lo continuo y lo discreto, de lo vacuo y lo pleno, de la sustancia y el campo.

 

En el decurso del pensamiento materialista filosófico, gracias a un poderoso esfuerzo de abstracción, se han venido desentrañando esas propiedades generales y esenciales del espacio.  Ya Anaximandro al referirse al la primordialidad del ser, la definió como el ápeiron (o el pneuma ápeiron); un hálito infinito e indeterminado, significando ésta una profunda definición de la materialidad del mundo y de su unidad misma en dicha materialidad, en lo cual iba la noción de espacio.

 

Esta noción era en general la del vacío; lo existente entre dos átomos, como más adelante lo definiera Demócrito.  Fue en este concepto de lo vacuo, donde se encerraron buena parte de las demás propiedades del espacio: continuidad, extensión, isotropía, simetría, homogeneidad, uniformidad, conexividad, geometría o métrica.

 

Durante el Renacimiento, estas ideas materialistas fueron nuevamente reproducidas principalmente por Bruno, y luego en la Ilustración por Newton; pero la débil crítica, inicialmente en la segunda mitad del siglo XVIII de Leibniz y Kant, resuelta por Euler, se hizo aguda e inteligente crítica durante el siglo XIX con Faraday, Maxwell y Mach.

 

El “horror al vacío” y el criticado e inconsistente espacio absoluto newtoniano, precavió primero a Feuerbach y luego a Engels, en quienes el vacío pasó a ser categoría filosófica, y el espacio se definió, en el primero, como una condición esencial del ser”, y en el segundo, como una “forma fundamental de todo ser”.  Este significo un momento crucial para el desarrollo del pensamiento materialista.

 

En la crítica de Feuerbach (1804-1872), a la Fenomenología del Espíritu, de Hegel, señaló que el espacio no era una simple forma del fenómeno (no una intuición o manifestación del espíritu), sino una condición esencial del ser, en donde “las cosas –dice Feuerbach (citado por Lenin)– no presuponen el espacio y el tiempo, sino que el espacio y el tiempo presuponen las cosas, pues el espacio o la extensión, presuponen algo que se extiende…  Todo es espacial o temporal”[1].

 

Dicho concepto, “condición esencial del ser”, no fue del todo feliz; con las críticas de Mach se introdujo una ambigüedad por la que podía entenderse: a) que el espacio es una forma más, incluso la forma esencial, entre las infinitas formas de la materia; o b) que el espacio no es mas que una cualidad de las cosas materiales, una propiedad tal por la cual las cosas no existen en el espacio, sino que su existencia es espacial; siendo así como lo plantea Feuerbach, y que en términos idealistas (subjetivamente, como una forma de percibir las cosas), fue expuesto por Leibniz, Mach, y Pearson.

 

De este modo, en el primer caso, el espacio existe objetivamente –digámoslo por ahora, empírica e intuitivamente en principio– independientemente de las cosas.  En el segundo caso, la objetividad del espacio está dada no por esa “existencia independiente”, sino por una cualidad real y objetiva de las cosas objetivamente existentes.

 

Tras las críticas de Mach al concepto objetivo del espacio, derivadas de la comprensión limitada de la materia únicamente como lo corpóreo-sustancial, y en ese ambiente de ya inconsistencia total del espacio vació newtoniano que se intentaba llenar o suplir con el éter, Engels hacia sus primeras notas del estudio al respecto, analizando el problema de la infinitud; y en 1874 apuntaba: “Lo verdadero, situado ya certeramente por Hegel en el espacio y en el tiempo”[2].  Esto es, que aquí Engels compartía con Feuerbach, desde el punto de vista materialista, el caso b)[a], y aún más, que en la sucesión ininterrumpida de las cosas materiales estaba dada la continuidad infinita.  Pero como ha sido el pensamiento materialista a lo largo de la historia, a Engels le aguijoneaba también el problema del vacío, y en ese año hace un par de notas más, tras revisar la teoría cinética del gas: “¿Qué es lo que llena los espacios intermedios?... éter –decía Engels, y continúa–.  Se formula pues, aquí, el postulado de una materia no dividida en células moleculares o atómicas”[3] (anotando más adelante, sobre el problema litigioso, como él le llama, del problema de éter), y luego apunta.  “Carácter antagónico del desarrollo teórico: del horror vacui se pasa inmediatamente al absoluto del espacio cósmico vacío, y solamente después, al éter”[4].  Es decir, Engels reflexiona y ve ese antagonismo entre el espacio lleno de Hegel y el vacío newtoniano luego vuelto a llenar, o más propiamente dicho, sustituir con el éter, por demás –como dice Engels– en situación litigiosa.

 

Unos años después, en 1877, Engels haría otras notas más refutando a Nageli, quien decía que podíamos saber lo que era el metro, pero que ignoramos lo que era el espacio; y Engels apuntaba: “Es la historia de siempre.  Primero se reducen las cosas sensibles a abstracciones, y luego se les quiere conocer [a esas abstracciones], por medio de los sentidos, ver el tiempo y oler el espacio… ¡Como si el tiempo fuera otra cosa que una serie de horas, o el espacio otra cosa que una serie de metros cúbicos!  Las dos formas de existencia de la materia no son, naturalmente, nada sin la materia, solamente ideas vacuas, abstracciones que solamente existen en nuestra cabeza”[5].

 

Hasta aquí, para Engels (como para Feuerbach), el espacio es una abstracción cuya forma de existencia objetiva y concreta se reduce a la espacialidad de las cosas.  Y así en Engels, el concepto, “forma fundamental del ser”, como él le llamó en 1878 en su Anti-Düring…, pasó a ser expresión en el marxismo o materialismo contemporáneo, de la forma de existencia de la materia, o forma en que la materia existe, y precisamente de una de sus formas más generales o fundamentales; es decir: pasó a designar apenas una cualidad común a todo al materia.

 

El problema de la concepción materialista del espacio, no fue retomado sino hasta principios del siglo XIX con Lenin, no siendo pues, casual, que así lo hiciera en su Materialismo y Empirocriticismo, que constituye fundamentalmente una crítica a las concepciones de Ernest Mach.

 



[1] Ilich Ulianov (Lenin), Vladimir; Cuadernos Filosóficos (apuntes, 1895-1910); Editorial Política, La Habana, Cuba, 1964; Obras Completas, t. 38; p.64.

[2] Engels, Federico; Dialéctica de la Naturaleza (apuntes 1873-1886); Grijalbo; México, 1961; p.201.

[a] Revisado este documento veinte años después, vemos que esta cita es del todo inconsistente, e incluso contradictoria.  Si por lo “verdadero” ha de entenderse las cosas, el espacio correspondería, en el caso b), a las propiedades espaciales de esas cosas verdaderas.  Pero cuando Engels apunta que eso verdadero, está situado en el espacio…, hay una contradicción al reconocer la existencia objetiva e independiente del espacio respecto de las cosas verdaderas, y, en consecuencia, la coincidencia de la posición de Engels no es con Feuerbach y el caso b), sino con el caso a).  En esta cita, lo que hay, es más bien la evidencia de una contradicción en Engels dadas sus primeras notas acerca del concepto de espacio, inconsistencia reconocida más tarde.  En 1877, como se verá más adelante, depura su idea coincidiendo ya plenamente con Feuerbach.

[3]      Ibid, p.246.

[4]      Ibid, p.246.

[5]      Ibid, p.200.

 



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5 agosto 2010 4 05 /08 /agosto /2010 08:01

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Evolución del Concepto de Espacio

en el Pensamiento Materialista Contemporáneo.

  Ponencia, III Encuentro de Geógrafos

de América Latina, 1991 (1/5)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, D.F; 05 ago 10.

 

 

Comentario Preliminar.

 

La “Evolución del Concepto de Espacio en el Pensamiento Materialista Contemporáneo”, fue un ensayo redactado en 1990, y presentado como ponencia en el III Congreso de Geógrafos de América Latina, 1991.

 

Habíamos empezado a trabajar con el concepto de espacio y la teoría del espacio geográfico en el marco teórico dialéctico materialista del marxismo clásico, convencidos ya de que ello constituía lo esencial del conocimiento científico geográfico.  Aclarado el objeto de estudio, correspondería el problema del método, pero antes, si bien habíamos logrado definir el objeto de estudio entre otras posibles definiciones dadas históricamente, no podríamos abordar el problema del método, si antes no entendíamos qué era el espacio; y este fue precisamente el objeto de este ensayo.

 

Lo que esencialmente percibíamos en los rudimentos de la teoría geográfica que ya llegaba a esos años ochenta, era la consideración del espacio sólo como el sistema de referencia de las cosas, cuando éste era el objeto esencial de estudio; por lo que ahora, en una primera aproximación a la teoría del espacio geográfico, teníamos que invertir las cosas, y ver en los fenómenos mismos, al sistemas de referencia del espacio; es decir, tomar como sistema de referencia a aquello que determina sus propiedades.

 

El ápeiron (Anaximandro), el vacío entre dos átomos (Demócrito, Newton), la subjetiva dimensionalidad simétrica (Kant), condición o forma del ser (Feuerbach, Engels, Lenin), una forma más del movimiento de la materia (Mach, en su forma de idealismo subjetivo); el éter, el movimiento (Hegel), lo pleno (Langevin), el continuum (Einstein); el vacío –o vacuum– como los campos o la especialidad de los campos, y lo pleno como la sustancia o especialidad de la sustancia (Kursánov); o la dialéctica del movimiento continuo-discreto expresado en su curvatura (Bitsakis, Willer y Díaz-Balart).  Sin duda, el espacio ha sido uno de los objetos más complejos al pensamiento humano.  Al final, todo ello (ápeiron, vacío, dimensionalidad, la dialéctica continuo-discreta), destaca una faceta o propiedad de eso complejo que es el espacio.

 

Para 1990 teníamos ya lo esencial de la teoría general del espacio, y lo suficiente para comenzar, con base en ello, el desarrollo de una teoría del espacio geográfico.

 

Al 2010, han transcurrido, pues, veinte años, y debemos retomar aquellos avances que por causas ajenas a nuestra voluntad quedaron ahí, no sólo en estado latente, sino en el pleno olvido por una comunidad de especialistas, incluso por el foro en que tal trabajo se presentó, internacional, por lo menos, en el plano de América Latina, confundidos en el error lógico conocido como ignoratio elenchi, o de suplantación de tesis; en donde siendo la tesis la teoría del espacio, ésta se suplanta por la tesis del estudio de los fenómenos.

 

Este trabajo, hace veinte años, lo concluimos haciendo la consideración de que el problema estaba aún lejos de resolverse; y veinte años después, lo que encontramos actualizándonos en la teoría general del espacio, es que: 1) el vacío es un estado material realmente existente, 2) por lo tanto, el vacío es una forma de movimiento de la materia, 3) en los años noventa, finalmente, con el perfeccionamiento del instrumental, fue posible demostrar la existencia real del llamado “efecto Casimir”, por el cual en el vacío se producen partículas llamadas virtuales de inmediato decaimiento, 4)  el vacío, por lo tanto, es un estado continuo inestable, 5) en nuestro Universo, no puede haber ese vacío sin la presencia de campos y la generación de estados discretos, 6) mas cuando en el vacío irrumpe lo discreto, ya sea desde “fuera” o generado por él mismo, el vacío se constituye como condición de existencia, 7) el vacío, no sólo por su capacidad de generación de partículas, sino porque en él existe en una muy baja densidad por metro cúbico de la llamada “energía oscura”, planteada en los primeros años del siglo XXI, pero de mucha fuerza dada la cantidad de vacío en el Universo, lo plantea como una posible fuente de energía[*], 8) el vacío es en consecuencia un campo general, coexistente con otros campos, 9) en ese sentido, el vacío es un estado continuo de la materia, coexistente en lo inmediato con los estados discretos de la misma,10) el vacío adquiere, en esa condición, lo que se denomina el vacuum, a semejanza de continuum a partir de la condición de lo pleno, 11) el vacío es, por consiguiente, la condición esencial del espacio y de hecho su identidad, 12) pero, en su inestabilidad, una segunda propiedad esencial es su movimiento, 13) la cualidad principal del movimiento del vacío o espacio, es su transición de lo continuo a lo discreto, o del campo a la sustancia, como de la energía a la masa, y en todos los casos, a lo inverso, 14) la dialéctica del espacio, es así, el movimiento de la contradicción vacuo-pleno en todas sus expresiones, 15) el espacio es, entonces, al mismo tiempo, absoluto y relativo, 16) como esa unidad dialéctica entre lo vacuo y lo pleno, es que puede decirse que el espacio es sólo curvatura, tanto mayor, cuanto mayor es la masa, 17) en adelante, la velocidad de la luz la podemos considerar independiente del vacío relativo, pero, 18) no sabiendo nada de física y menos aún de matemáticas, el problema lo dejamos planteado en sus términos filosóficos, al final, 19) el espacio geográfico, su curvatura general y sus curvaturas locales, creemos que pueden manejarse galileana-newtonianamente; por lo tanto, 20) el problema concreto lo dejamos a las futuras generaciones de geógrafos.  Nosotros hasta aquí, hemos cumplido con nuestra parte.

 

 

Introducción.

 

La diferencia fundamental entre el concepto materialista filosófico contemporáneo de espacio y su concepto idealista filosófico, radica en que para el materialismo, el espacio es objetivo, en tanto propiedad real de las cosas materiales existentes; y para el idealismo, el espacio es subjetivo, en tanto el concepto ad hoc para describir los procesos reales.

 

Inmersos en esta contradicción, y su posible y ya visible unilateralidad, los geógrafos habremos de construir la teoría del espacio geográfico, la teoría de su categoría fundamental, sin la cual no puede haber, rigurosamente dicho, ciencia de la geografía.

 

En este ensayo se estudia la evolución del concepto de espacio en el pensamiento materialista contemporáneo; desde Feuerbach en el curso de mediados del siglo XIX, hasta los trabajos representativos de Kursánov, Eli de Gortari, Etichos Bitsakis y Fidel Castro-Díaz Balart en los años sesenta a ochenta del siglo XX.

 



[*] Curioso, esto lo sabíamos quizá desde fines de los años setenta o principios de los ochenta, pero en aquel entonces y hasta los años noventa, considerarlo sonaba a “ciencia-ficción”.  Pero ahora ya podemos decirlo, porque los físicos al respecto aún dicen “cosas peores”, y aún más, agregaremos ya ahora con confianza, por sorprendente que suene, lo siguiente: el espacio geográfico, pesa; y todavía más, hay una pequeña diferencia de peso entre los hemisferios norte y sur.  En otro lugar, en un tratamiento más en lo concreto del espacio, nos referiremos a ello.

 



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14 junio 2010 1 14 /06 /junio /2010 08:02

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

La Elaboración Cartográfica

en la Investigación Geográfica

y su Desarrollo Tecnológico.

  Ponencia, I Encuentro

de la Geografía de Dos Mundos,

1988 (2/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 17 jun 10.

 

Sostenemos aquí, pues, que la geografía tiene un método teórico e instrumental tecnológico propio (aun cuando compartido este último con ciencias afines), desarrollado a partir de las necesidades sociales y el razonamiento lógico sobre su objeto de estudio.

 

El método teórico propio, no es otro, que el que se deriva del análisis espacial, en su más amplia acepción (el método “geográfico”).  Técnicamente se compone con los recursos instrumentales que pueden considerarse tanto propios, como de diversas ciencias afines: astronomía, física, geofísica y geodesia; los conocimientos geográficos se han nutrido de ellas, y, aún más, guardan una relación de desarrollo y subordinación con respecto a las tres primeras.

 

El método geográfico deviene de la exploración, u observación, localización o medición y modelaje o experimentación; así como de las hipótesis, leyes y teorías acerca de las propiedades espaciales.

 

Dicho en forma generalizada, la observación, medición y experimentación; o en su forma más específica, la exploración, localización, distribución, límites y extensión, y modelaje; han implicado necesariamente un desarrollo tecnológico, cuyos productos han sido la cartografía y con ella otras diversas técnicas de análisis espacial.

 

Considerar que la cartografía es algo distinto de la geografía, o que a lo más es una ciencia aparte; que como “ciencia geográfica” es integrante del sistema de ciencias que conforman el saber geográfico en calidad de agregado de ciencias; es uno de los absurdos más grandes de la corriente del pensamiento geográfico actualmente predominante; y no nos importa que tal aserto lo sostenga la unanimidad de votos del XIX Congreso Internacional de Geografía celebrado en 1960, en que por fin acuerda establecer la Asociación Cartográfica Internacional, filial de la Unión Geográfica Internacional; después, por lo menos, de setenta años de discusiones acerca de si era correcto o no; sólo fue cuestión de tiempo, de que se agudizaran las contradicciones, de que cediera el paso una vieja generación que en este punto estaba equivocada, para que se viera el absurdo, y que, en consecuencia, no pudiera sino concluirse que Geografía y Cartografía, son uno y lo mismo.

 

La cartografía –así lo hemos venido sosteniendo nosotros desde hace varios años– es, por el contrario, parte sustancial de saber geográfico en tanto que su elemento metodológico fundamental.

 

El desarrollo tecnológico que condujo el saber geográfico a la capacidad para la elaboración de su elemento metodológico fundamental: la cartografía, llevó muchos siglos; desde los tiempos más remotos, hasta casi fines de la Antigüedad (s.III ane), con Eratóstenes e  Hiparco, quienes finalmente desarrollaron los primeros sistema de proyección.  No es casual que fuera precisamente Eratóstenes, el que denominara “Geografía”, a este sistema de conocimientos con esa base metodológica.  Es que, con esa base, el saber geográfico se resumía como sistema de conocimientos bien determinado.

 

*

 

El saber geográfico se inició con la primera referencia de lugar que se haya dado, a partir de ciertos elementos físicos, como montañas, ríos, bosques, etc.  Un salto cualitativo en este saber, dado por razonamiento lógico, se suscitó cuando por primera vez se hizo la observación acerca de la salida y puesta del Sol, en aproximadamente siempre los mismos puntos del horizonte.  A este descubrimiento debió acompañarlo muy de cerca otro: el gnomon.

 

El gnomon es el primer instrumento en la tecnología para el conocimiento geográfico.  Una simple vara puesta verticalmente, sirvió para descubrir, casi de inmediato, cosas tan notables como la simetría u orientación del espacio geográfico, los primeros elementos acerca de la forma de éste; así como el curso del tiempo geográfico.  Más tarde serviría para explicar la sucesión de las Estaciones del Año.

 

Al paso de los siglos y observaciones astronómicas detenidas, condujeron a la invención de algún patrón para la medición de distancias; patrón que fue elaborado en mayor complejidad más tarde mediante la alidada, para realizar mediciones indirectas bajo el auxilio de ciertos procedimientos matemático trigonométricos.  Con ello se pasó a las consideraciones de la forma del espacio terrestre, a sus dimensiones.

 

Durante el período de la Antigüedad se inventa un siguiente instrumento de trascendental importancia: el astrolabio.

 

Con él se podían hacer observaciones medidas a las estrellas desde distintas posiciones en la superficie terrestre, de tal modo que con ello se hizo el importante descubrimiento teórico sobre la esfericidad de la Tierra, explicable por las distintas alturas que podían observarse, por ejemplo, en la Estrella Polar. Con ello se entró en conocimiento de la estructura del espacio geográfico, descubriéndose que éste estaba estructurado por una regularidad de “climas”; es decir, de ciertas “inclinaciones” regulares de la Tierra (Trópicos y Círculos Polares), respecto a la incidencia de los rayos solares.

 

Durante el proceso de ascenso al Renacimiento, tres nuevos inventos tecnológicos permitieron estudiar más acertadamente la composición del espacio geográfico: la brújula, el reloj de péndulo, y la elaboración compleja del astrolabio, que dio lugar al sextante.  Con ellos se delimitaron más correctamente los perfiles continentales, y se emprendieron con seguridad de posición, grandes travesías, descubriéndose lo mismo las selvas ecuatoriales, que los casquetes polares, y con ello la completad del Globo Terráqueo.

 

La composición de los principios de los instrumentos anteriores en uno solo, dio lugar al transito, ya en el siglo XVII, dándose durante la Ilustración toda una diversidad y complejización de instrumentos, acordes con la especialización del conocimiento.

 

Como uno más de ese instrumental básico, nos referiremos al barómetro, que junto con el tránsito, acrecentó el conocimiento de la composición del espacio geográfico, sobre todo, en altitud y precisión, en la coordenada z del sistema euclidiano tridimensional del espacio.

 

Para nuestra Época Contemporánea, son tres los instrumentos notables: el equipo fotogramétrico, el gravímetro, y el satélite artificial.

 

Desde la invención del tránsito, el geógrafo ha ido perdiendo poco a poco su identidad con éste útil desarrollo tecnológico, por el cual no realiza nada por hacerlo propio.  Y es que, simplemente, carece de sentido intentarlo, para una geografía que se define como ciencia social de síntesis de un sistema de ciencias; más no así, para quienes la concebimos como una ciencia del espacio, y que demandamos para el futuro geógrafo, por lo menos también (dado ese carácter enciclopedista que se le da a la geografía), una sólida formación físico-matemática.

 



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14 junio 2010 1 14 /06 /junio /2010 08:01

 Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

La Elaboración Cartográfica

  en la Investigación Geográfica

y su Desarrollo Tecnológico.

  Ponencia, I Encuentro de la Geografía

de Dos Mundos, 1988 (1/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 14 jun 10.

 

 

Resumen.

 

El desarrollo histórico de la investigación geográfica desde el punto de vista tecnológico, bien pudiera intitularse como el proceso que ha ido del gnomon, al satélite artificial.

 

Es sorprendente ver cómo el geógrafo actual, no siente como propio ningún instrumental tecnológico, ni de los frutos obtenidos de éste, consiguiente lógico de la concepción de la Geografía como ciencia social de síntesis de un sistema de ciencias, por la cual la Geografía lo es todo, y a la vez, nada en lo particular.

 

Sin embargo, en nuestra concepción de la Geografía como ciencia única e íntegra acerca del espacio (incluso telúrico, si se le quiere poner esa restricción), inmediatamente nos vemos en la necesidad de rescatar –casi en términos de rescatar una mística propia– todo un instrumental técnico que nació con este saber.

 

Analizamos en este breve ensayo el esquema del desarrollo instrumental básico, tanto teórico-metodológico, como técnico, en un proceso mediante el cual el pensamiento o saber geográfico se elevó de lo “abstracto indeterminado” (el espacio), a lo “abstracto determinado” (la forma, dimensiones, estructura, composición y naturaleza del espacio terrestre), y con ello a un conocimiento cada ves más concreto del mismo.

 

Y caeremos en cuenta, de cómo todo el mundo distingue lo que es la Geografía, menos los geógrafos (los cuales creen que haciendo lo que todos los demás, hacen geografía).

 

Si hay algo que muestra el servicio de la ciencia a la producción de bienes materiales para la sociedad, eso es su aspecto tecnológico.

 

Sólo el enorme y abismal desfasamiento que el geógrafo contemporáneo ha tenido del desarrollo tecnológico, es suficiente para explicar las grandes diferencias en la importancia y el papel trascendental de la geografía del helenismo, del Islam, y renacentista, respecto de la geografía del enciclopedismo y las expresiones de su cultura actual.

 

Sólo el desconocimiento de la historia multifacética de nuestra ciencia, es suficiente para explicar el actual estado de cosas en el saber geográfico; y es que, sin duda, cualquier otro sistema económico-social, menos el actualmente dominante, parece ser que podría estar  interesado en una geografía altamente tecnologizada, con geógrafos con una profunda formación acorde a los requerimientos de la tecnología que aquí aludimos, y que histórica y objetivamente le es intrínseca al saber geográfico.

 

*

 

La investigación geográfica debe verse como resultado de las necesidades sociales de la actividad productiva, vinculada al razonamiento lógico sobre su objeto de estudio.

 

No obstante, no siempre –y pudiéramos decir nunca– el razonamiento lógico sobre el objeto de estudio, marcha al unísono con las necesidades directas e inmediatas de la actividad productiva.  Esto es, el movimiento del pensamiento científico, es diferente al movimiento de las necesidades y satisfactores económico-sociales; existe entre ambos un desfsamiento que fracciona la investigación científica, por lo menos, en dos niveles: la investigación básica, relativa la grado de abstracción desarrollado en la investigación de su objeto de estudio; y la investigación aplicada, ligada directamente a las necesidades inmediatas de la producción.

 

De todas las investigaciones básicas, nunca es posible saber cuáles y cuándo, éstas se traducirán en resultados inmediatos en la producción social; pero, sin duda, serán las leyes económico-sociales objetivas (no ningún misterioso u oculto visionario administrador de la ciencia), los que determinarán, por lo menos, cuáles investigaciones son viables en la producción inmediata.

 

Comentaremos en este documento sobre las anteriores relaciones en el quehacer científico geográfico, mostrando los elementos materiales en su desarrollo tecnológico, y cómo la elaboración cartográfica no sólo no es “un lenguaje”, ni “una forma de ver”, ni mucho menos un “documento conclusivo” de la investigación geográfica; sino por el contrario, un documento inicial y de enorme trascendencia en el análisis espacial.  De tal manera que la geografía no termina en la elaboración cartográfica, sino apenas en ella empieza.

 

*

 



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10 junio 2010 4 10 /06 /junio /2010 08:07

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

La Historia de la Geografía en México.

  Elementos de Juicio para el Análisis Crítico.

  Ponencia, I Congreso Mexicano de Historia de la Ciencia

y de la Tecnología, México, 1988 (7/7)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíaco.over-blog.es/;

México, 1º jul 10.

 

15  El décimo quinto período, comprende de 1943 a 1950.  Estos siete breves años se caracterizan por la transición histórica en México de una concepción del saber geográfico arraigado en antiguas tradiciones, a una nueva concepción, que llevará muchos años en cristalizar.

 

El Departamento de Geografía de la Facultad de Ciencias, regresa a su vieja sede en la Facultad de Filosofía y Letras.  Es un período fundamentalmente de vacío teórico.  Apenas destaca por el curso de Geografía para el Servicio de Guerra, y la iniciativa de 1944 para que el Instituto de Geografía de la Universidad, se apegue a labores de investigación, y no de enseñanza.

 

Nacionalmente, la crisis de ese pensamiento geográfico obstinado en el enciclopedismo, desembocó en este período de vacío teórico, aun cuando –así es la historia– para renacer con nuevos bríos a la luz de las teorías regionales, sobre lo mismo…, y es que aún quedaba por agotarse el aspecto de lo social.

 

16  Surge así el rico período de reascenso de 1950 a 1964, lapso en el cual se reorganiza el Departamento de Geografía con base en el análisis de experiencias internacionales de ese momento: Jorge A. Vivó y Ángel Bassols Batalla, con el plan de estudios de 1954, inician la profesionalización actual o contemporánea de los estudios de geografía; hasta que en 1960, el Departamento de Geografía, es transformado en Colegio.

 

De este modo, se tienen trabajos representativos de Jorge A Vivó entre 1950 y 1964, como con sus libros de texto de “Geografía Física”, “Geografía Humana y Económica”, y “Geografía Política”; hasta su muy importante para nosotros: “La Obra Geográfica y Geológica de Ramro Robles Ramos” (1961); y “La Geografía de México.  Aspectos Generales de su Evolución” (1964).  O de Ángel Bassols Batalla: “Cuestiones de Geografía Mexicana” (1955), y su: “Etapas del Desarrollo de la Investigación Geográfica en México” (1964).

 

Internacionalmente en ese año de 1960, se celebra el XIX Congreso Internacional de Geografía, en el que, finalmente, tras una resistencia de sesenta años, se procede con los acuerdos de los congresos de 1899, 1904 y 1908, de separar la Cartografía de la Geografía, creándose la “Asociación Cartográfica Internacional” (ICA), filial a la “Unión Geográfica Internacional” (UGI).

 

La nueva caracterización teórica, es la de una geografía que sin dejar de concebirse como ciencia acerca de los fenómenos, enciclopédica, mixta, acerca de los recursos y la planificación, o de síntesis de un sistema de ciencias, le otorga todo el peso fundamental a la condición antropocéntrica y de ciencia social.

 

Finalmente, eso es justo lo que ambos autores; Jorge A. Vivó y Ángel Bassols, dejan ver en sus trabajos presentados en el I Coloquio Mexicano de Historia de la Ciencia, de 1964; año en que prácticamente queda reelaborado todo el fundamento teórico-cognoscitivo para el nuevo saber geográfico; y tras veintitrés años de impasse, se celebra el IV Congreso Nacional de Geografía, en 1965.

 

17  El décimo séptimo período, abarca de 1965 a 1979.  Se caracteriza por la “geografía actual”, la cual no es más que la reducción al absurdo de toda esa corriente de pensamiento estraboniano-vareniana, que sin dejar de ser una geografía necesaria, útil, no puede ya por sí sola, enfrentar los retos del presente y mucho menos del futuro.

 

El desencanto de sus teóricos, es que esa no fue, finalmente, “la Geografía”, sino tan sólo una de sus dos generales vertientes; y ciertamente por sí sola, la menos científica, de acuerdo con el concepto contemporáneo de ciencia de la modernidad.

 

18  De 1980 a nuestros días, en un período de transición, de cambio en el que ya nadie duda de su necesidad.  Algunos le llaman de “crisis de la Geografía”, pero que, con ese concepto, confunden lo que sólo es crisis y contradicción insalvable  en tan solo un estilo ya agotado de hacer geografía.

 

Y se generaliza y absolutiza como lo uno, lo que sólo es tortuosa lucha de lo que está naciendo, a expensas de lo que ya se muere, y que con elegancia y filosófico-hegelianamente, Engels llamó: “la negación de la negación”.

 

En adelante nos resta ahora, el rescate de la historia de la Geografía; condición sin igual e inevitable; necesaria, pues, para dar cima a una Geografía única, íntegra, científicamente fundada, y acorde con los requerimientos futuros.

 



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10 junio 2010 4 10 /06 /junio /2010 08:06

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

La Historia de la Geografía en México.

  Elementos de Juicio para el Análisis Crítico.

  Ponencia, I Congreso Mexicano de Historia de la Ciencia

y de la Tecnología, México, 1988 (6/7)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 28 jun 10.

 

 

12  El duodécimo período, de 1877 a 1916, está cifrado por las actividades de las inicialmente llamadas “Comisiones Exploradoras”, que educidas a una por razones presupuestales, pasaron a llamarse solo “Comisión Geográfico Exploradora”, con Agustín Díaz, Julio Alvarado, José Moreno, y Ángel García.  Dicha Comisión contaba con su Sección de Historia Natural, con Fernando Ferrari Pérez.  Este período de la historia científico-geográfica en México, coincide aquí con todo un ciclo político: el porfiriato.

 

Junto con las actividades de la Comisión Geográfico Exploradora, de medular importancia, sobresalen también dos hechos más; la primera reflexión sobre la historia misma de esta ciencia en México, en los: “Apuntes para la Historia de la Geografía en México”, de Manuel Orozco y Berra, de 1881 (documento que a poco más de un siglo no ha sido superado), y esa geografía fenomenológica llevada a su extrema expresión; a tal punto incluso, internacionalmente, que el contradictorio concepto con que fueron citados los dos primeros congresos internacionales de Geografía; convocados como congresos de “Ciencias Geográficas”; trata de rectificarse en el tercer congreso de 1881, convocado ya como “III Congreso Internacional de Geografía”.

 

Saber geográfico este, que se expresaba en las “Cartillas para la Enseñanza” de esos años, y en los trabajos como los de José N. Robirosa: “Cuadro Pintoresco de la Distribución Geográfica de las Plantas de México”; o de Mariano Bárcena: “El Volcán de Colima”, ambos de 1887; un año después de que se había creado la “Comisión Geológica de México”, y posteriores a los cuales se forma la “Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales”, lo cual revela la mayor especialización de las ciencias, y con ello un empobrecimiento proporcional de este saber geográfico.

 

En este derrotero surgen trabajos de una pretendida geografía especializada –no obstante con notables contribuciones científicas–, como el trabajo de Domingo Orvañanos: “Ensayo de Geografía Médica y Climatológica de la República Mexicana”, de 1890.

 

En 1898, se crea la “Comisión Geodésica Mexicana”, la que tomará en sus manos el proyecto cartográfico de México, con mejores fundamentos que los hasta entonces manejados por la “Comisión Geográfica Exploradora”.  Hasta arribar, en 1912, al “I Congreso Científico Nacional”, en cuya Sección 8ª de Geografía, Historia y Arquelogía; Pascual Ortíz Rubio presenta sus: “Apuntes Geográficos del Estado de Michoacán”; Pedro C. Sánchez, el trabajo geodésico: “La Medida del Arco de Meridiano 98ª W de Greenwich en la República Mexicana”; o el de Luis C. Espinoza: “Método para la Formación de Croquis de Territorios de Gran Extensión”; y finalmente, el de Ángel Anguiano: “Cartografía y Geodesia.  Estudio Crítico Sobre la Carta Geográfica de la República Mexicana.  Medios que Deben Emplearse en su Ejecución”.

 

13  De 1917 a 1939, transcurre el décimo tercer período de esta historia.  Los trabajos que la Comisión Geográfico Exploradora había venido realizando hasta 1914, son continuados a partir de 1918 por la Dirección de Estudios Geográficos y Climatológicos, posteriormente transformada en Dirección General de Geografía y Meteorología, de la Secretaría de Agricultura y Ganadería, con las notables personas de Pedro C. Sánchez y Ricardo Toscano, principales protagonistas de este período; junto con Miguel y Enrique Schultz, Jesús Galindo y Villa, Joaquín Gallo, Alberto Escalona Ramos, José Luis Osorio Mondragón, Gilberto Loyo, Ramón Alcorta Guerrero, y Ramiro Robles Ramos, quienes fortalecen los estudios de geografía, primero en la Facultad de Ingeniería, como en la Escuela Nacional de Altos Estudios, más tarde Facultad de Filosofía y Letras (1926), en donde los estudios de Geografía se imparten en materias aisladas destinadas a la formación para la enseñanza, hasta 1935, en que se crea el Departamento de Geografía en esta Facultad.

 

Los primeros trabajos de estos autores, ya a estas alturas, de una supuesta geografía “especializada” en alguna “ciencia geográfica”, se refiere a estudios geodésicos, meteorológicos, antropogénicos, económicos y políticos, principalmente.

 

Así, de Miguel Schultz, su: “Curso General de Geografía.  Geografía General y Especial.  Física y Política de las Diversas Naciones y Países, con Excepción de México” (1917); de Enrique Schultz, sus: “Geografía Astronómica”, “Geografía Política” y “Geografía Económica” (1914); de Gilberto Loyo: “La Política Demográfica de México” (1935), “Población y Desarrollo Económico” (1963).  Pedro C. Sánchez, Director de la Comisión Geodésica Mexicana, que hizo la medida del meridiano de 98º W, y su “Estudio Sobre Climatología”; de Ricardo Toscano: “Geodesia”, “Meteorología Descriptiva y Dinámica” (1940); de Jesús Galindo y Villa: “Historia Sumaria de la Ciudad de México” (1925); de Joaquín Gallo sus: “Elementos de Mecánica Celeste” (1926), “Apuntes de Cosmografía” (1927), y “Apuntes de Meteorología” (1928); de José Luis Osorio Mondragón: “Algunas Rectificaciones Importantes a la Geografía de la República Mexicana, y la División Regional de su Teritorio” (1925), y su: “Breves Apuntes de Geografía Humana en su Rama Social y Económica” (1927); de Alberto Escalona Ramos: “Una Interpretación de la Cultura Maya Mexicana”, “Geopolítica y Geoeconomía” (1959); y, finalmente, de Ramón Alcorta Guerrero, su: “Antropogeografía y del Estado” (1944), y “Cuatro Siglos de Cartografía Tabasqueña” (1951).

 

En 1921, se celebra el “I Congreso nacional de Geografía y Exploraciones Geográficas”, y un año después se crea la “Unión Geográfica Internacional”, a la cual México se asocia desde el primer momento.

 

En 1928, se crea el “Instituto Panamericano de Geografía e Historia”, que presidió Pedro C. Sánchez.

 

Internacionalmente, esa lucha entre conceptos de “congresos de ciencias geográficas” o “congresos de geografía”, muestran la lucha entre una tendencia desmembradora que ha interpretado a la Geografía fundamentalmente como una ciencia enciclopédica, como un agregado de ciencias especiales, o “ciencia de síntesis de un sistema de ciencias”; y una tendencia integradora, unitarista, que a la fecha ha trabajado sin mucho éxito.

 

La lucha entre estas tendencias se agudizó a tal punto, que en el VII Congreso Internacional de Geografía de 1899, surgió la propuesta concreta de considerar a la Cartografía como ciencia aparte, que se integraba al sistema de ciencias que formaba la Geografía.  Esta propuesta se aprobó sin cumplirse, y se repitió en el VIII Congreso Internacional de 1900, sin mayor fortuna; y otro tanto ocurrió en el IX Congreso Internacional de 1908, no obstante que se exigió el acatamiento del acuerdo.

 

14  Para 1939 y hasta 1942, se da el brevísimo período décimo cuarto.  Su cortadura se da por el solo hecho de que el Departamento de Geografía, radicado hasta entonces, y prácticamente desde 1917, en lo que ha sido la Facultad de Filosofía y Letras, pasa por esos escasos años, a la Facultad de Ciencias.  Sin duda la solución a sus problemas teóricos, se veía en recordar los tiempos del Establecimiento de Estudios Mayores de Física y Matemáticas de un siglo atrás y sus logros.  Sin embargo, se nos ha explicado (Vivó, Correa, 1976), que en ese lapso no se inscribieron nuevos alumnos a los estudios de Geografía; pero la reubicación estaba reflejando una crisis de identidad agudizada.

 

Finalmente, en este período se efectuaron los siguientes segundo y tercer congresos nacionales de Geografía.  Después de este tercer congreso realizado en 1942, el cuarto congreso ya no se efectuaría sino hasta veintitrés años después, en 1965.

 



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10 junio 2010 4 10 /06 /junio /2010 08:05

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

La Historia de la Geografía en México.

  Elementos de Juicio para el Análisis Crítico.

  Ponencia, I Congreso Mexicano de Historia de la Ciencia

y de la Tecnología, México, 1988 (5/7).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 24 jun 10.

 

9  El noveno siguiente período, comprende de 1822, a 1832; está caracterizada por una geografía humboldtiana bajo la influencia de la publicación en español, del “Ensayo Político del Reino de la Nueva España”, en 1822, que se expresa con el inicio de abundantes descripciones monográficas de las Entidades Federativas, elaboradas a partir de 1813, y que se extendieron hasta 1866.

 

Y entre quienes se puede mencionar en este período es a José Mª Narváez con el levantamiento de Jalisco, Colima y Zacatecas; Manuel Mier y Terán, de Tamaulipas; o de Tomás Ramón del Moral, del Distrito Federal, y Estado de México.

 

Se reiniciaron, necesariamente, las preocupaciones estadísticas, y aparece la obra de José Manuel Martínez Lagarza: “Análisis Estadístico de la Provincia de Michoacán en 1832”.  Es un período difícil en general, para el desarrollo de la ciencia, dada la Guerra de Independencia de 18190-a1824.

 

10  El décimo período, de 1833 a 1847; destaca por los trabajos emprendidos por la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística por un lado, y por la institucionalización de los estudios de Geografía en la antigua Escuela o Real Seminario de Minería, llamado a partir de entonces, “Establecimiento de Estudios Mayores de Física y Matemáticas”, todo lo cual sucede en ese año inicial de 1833.

 

La necesidad social siempre vigente del conocimiento de los recursos de su territorio, ante el naciente país independiente, renueva legítimamente los esfuerzos geográficos descriptivos y la magna tarea de consumar la cartografía del territorio nacional.

 

No obstante, a partir de entonces, en el plano de la lógica interna de la teoría de esta ciencia, se inició su extravío.

 

La enorme especialización de las ciencias, sobre todo a partir de José Salazar Ilarregui, que es el primer geógrafo titulado egresado del Establecimiento de Estudios Mayores de Física y Matemáticas, se consideran en especial como “geógrafos matemáticos”, herederos de los cosmógrafos y del saber geográfico “espacial-cartográfico”; en tanto otros se consideran como “geógrafos físicos”, o “geógrafos sociales”, por su parte, estudiosos de los fenómenos geológico-geomorfológicos, meteorológico-climáticos, hidrológico-oceanográficos, loxenográfico-edáficos, antropológico-sociales, o económico-políticos, herederos de los naturalistas y cronistas, y del saber geográfico “fenomenológico-historiográfico”.  Lo cual explica, para la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística –citando de su Boletín Nº 1 aparecido en 1839– el “método de trabajo…, de todo lo que pueda pertenecer o tener relación con ella”; por lo que su instituto se divide inicialmente en tres secciones técnicas: I Geografía; II Estadística; y III Observaciones Geográficas, Astronómicas y Meteorológicas; y que aun a la vista de sus Estatutos (protocolarizados con fecha de 1966), en su Artículo 82, consigna que : “Para el mejor cumplimiento de sus fines, integrará las Secciones siguientes, de Estudio, Investigación, y Divulgación”, dividiéndose en: I Geografía, II Estadística, III Historia, IV Economía, V Sociología; VI Pedagogía, VII Derecho Público, VIII Semántica, IX Urbanismo, y, X Agrología.

 

Destacaron en este período el ya mencionado José Salazar Ilarregui, Cayetano Moro, quien escribió su: “Reconocimiento del Istmo de Tehauantepec, Practicado en los Años 1842-1843”, a la que acompañaba una Carta de dicha región; al igual que en los trabajos de John Stephens: “Vicisitudes del Viaje a Yucatán, y la Carta de esa Entidad, de 1843; o de Eduado Hukot y su Carta de Colima; así como, finalmente, la Carta de Chihuahua, de Pedro García Conde, de 1847.

 

11  El décimo primer período de este desarrollo histórico, comprende de 1848 a 1876.

 

La naturaleza científico-geográfica de este período se objetiviza –a partir de la conflictiva de México tras la Comisión Internacional de Límites, en 1848; a cuya cabeza se encontraban Pedro García Conde y José Salazar Ilarregui.  Comisión a partir de la cual se obtuvieron, independientemente de su finalidad específica, los “Datos de los Trabajos Astronómicos y Topográficos Dispuestos en Forma de Diario”, lo que estaba dando lugar a una cartografía de mayor precisión; Comisión que volvió a realizar trabajos en 1853 tras la venta de La Mesilla, con el mismo Salazar Ilarregui y Francisco Jiménez.

 

Para 1850, nuevamente, en la primera mitad de este período, cobra más fuerza la expresión geográfico-cartográfica que la geográfico-fenomenológica, esta última que, sin embargo, resurgirá en la segunda mitad ; y así, la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, produce su “Carta General de la República Mexicana”, que contenía  dos Cartas Generales y 29 de Entidades Federativas; al mismo tiempo que con Francisco Díaz Covarrubias y Manuel Orozco y Berra, se crea la “Comisión Científica para el Atlas Nacional”.

 

Un año después, en 1857, se publica la “Memoria de Trabajos Científicos Bajo la Dirección d Francisco Jiménez, Primer Ingeniero de la Comisión Internacional de Límites”, que había trabajado cuatro años antes.

 

Para 1859, Francisco Díaz Covarrubias, Manuel Orozco y Berra y otros, conforman la Comisión del Valle de México”, que en 1861 es “Comisión Hidrográfica del Valle de México”; y un año después, en 1862, Orozco y Berra publica la “Memoria Hidrográfica para el Valle de México”, en tanto que Díaz Covarrubias instala al año siguiente, 1863, el Observatorio Astronómico Nacional.

 

En 1864, en la segunda mitad de este período, el mismo Orozco y Berra publica su “Geografía de las Lenguas y Carta Etnográfica de México”, en tanto que Antonio García Cubas y otros, integran en ese mismo año la “Comisión Científica de Pachuca”, adjunta a la “Mission Scientifique de Mexique”, auspiciada por los franceses durante los años de intervención.

 

Por último, en 1866, Francisco Jiménez hace la primera determinación de longitud geográfica utilizando el telégrafo México-Cuernavaca; y en 1874, Francisco Díaz Covarrubias viaja al Japón en misión científica.

 

Para entonces, a partir de 1871, comienzan a celebrarse los primeros congresos internacionales de Geografía, convocados; y no causalmente; como: “Congresos Internacionales de Ciencias Geográficas”, el primero en 1971, y el segundo en 1875.

 



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10 junio 2010 4 10 /06 /junio /2010 08:04

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

La Historia de la Geografía en México.

  Elementos de Juicio para el Análisis Crítico.

  Ponencia, I Congreso Mexicano

de Historia de la Ciencia y de la Tecnología,

México, 1988 (4/7).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 21 jun 10.

 

 

5  A partir del quinto período de la historia de la Geografía en México, de 1577 a 1615, el conocimiento geográfico no destaca por la actividad exploradora, en la que sólo son relevantes las exploraciones de Sebastián Viscaíno de 1602 a California, y de 1611 a Japón, y de Nicolás Cardosa y Juan Huerta de 1615, de recolonización de California.  Por el contrario, el conocimiento geográfico se va a expresar más a través de las llamadas Relaciones Geográficas, que en este período específico tienen un carácter general respecto a la descripción de conjunto del llamado “Nuevo Mundo”.

 

Ello puede apreciarse en los trabajos, como la “Primera Parte de los Problemas y Secretos Maravillosos de Indias”, en 1591, de Juan de Cárdenas; la “Historia Natural y Moral de las Indias”, en 1596, de Joseph de Acosta; o de Tohomas Gage “A Survey of the West Indians” (“Un Panorama de las Indias Occidentales”), de 1688; y por último, el “Repertorio de los Tiempos e Historia Natural de Nueva España”, de Enrico Martínez, de 1686.

 

6  El siguiente sexto período, de 1616 a 1683, la actividad geográfica expresada en las Relaciones, pasa a ser de un carácter particular, referidas a ciertas regiones o lugares.

 

Como se puede ver por el trabajo de Diego Cisneros de 1618, “Sitio Natural y Propiedades de la Nueva España”.

 

7  Para el séptimo período, de 1683 a 1720, se da un nuevo auge que se inicia con el “Mapa General de Nueva España”, de Carlos de Sigüenza y Góngora, elaborado entre 1681 y 1689; y después de tres lustros, con el reinicio de la actividad exploradora y el logro histórico de la colonización de California y Sonora con Isidro Otando y Antillón, y Eusebio Kino, en 1683; o las exploraciones a Terranova en la búsqueda del paso al “Mar Oriental”, con Juan enrique Barroso, 1686, y Martín Ribas, 1687.  Entre 1691 y 1693, la expedición de Andrés de Pés, en la que va Carlos de Sigüenza y Góngora, a los litorales del norte del Golfo de México, del cual queda una Carta Geográfica elaborada por Sigüenza; a los litorales del Pacífico, en 1694, con Francisco de Itamarra, y en 1697, con Juan María Salvatierra.

 

A semejanza de las actividades de Sigüenza en el norte del Golfo de México, hacia el sur va, en 1704,la expedición de Alonso Felipe de Andrade, de donde se elabora un mapa de la Laguna de Términos; y en 1719, del lado del Pacífico, la expedición de Ugarte y Guillermo Estrafor como piloto, quien elabora la “Carta Hidrogárafica del Golfo de California”.

 

Sólo como un caso aislado y anticipador de lo que será  nuevamente la expresión del conocimiento geográfico durante el siglo XVIII, se tiene en 1698 (calificado como trabajo de “historia” por Alfredo Chavero), el “Teatro Mexicano”, de Agustín de Vetancourt.

 

8  A partir de 1720 y hasta 1804, se desarrolla el octavo período de la historia de la Geografía en México.  Este período está caracterizado por el predominio de esa geografía adjetivada o calificada como descriptivo-fenoménica.

 

Siglo de la Ilustración, es siglo del Renacimiento en América.  Con ello se da vertiginosa la especialización de las ciencias.

 

Es característico entre los posibles aportadores  o pensadores más representativos en el saber geográfico, como Alzate, Velázquez de León, León y Gama; o como Villaseñor y Sánchez, Ulloa, o Humboldt, un saber geográfico, identificado con un saber enciclopédico.

 

La actividad exploradora cristalizará en dos formas definidas: las muy abundantes descripciones monográficas, y luego una marcada cartografía regional; para después pasar a ser más ésta más general, hasta culminar en la cartografía humboltiana.

 

Así, en 1728, aparece el Diario o Derrotero: “Viaje al Septentrión de Nueva España, 1724-1728”, de Pedro de Rivera; en 1732, la “Descripción de Zacatecas”, de Joseph de Rivera y Bernáldez; luego de un impasse, entre 1738 y 1744, Antonio Ladrón de Guevara, Narciso Márquez-Cuesta y Antonio Fernández de Jáuregui y Urrutia, se disputan la concesión de la capitulación para el nuevo reconocimiento de California.

 

En 1746 se tiene el “Tehatro Americano”, de José Antonio Villaseñor y Sánchez, y en ese mismo año, Fernando Consag y Santiago Sedelmayer, viajan a California y Sonora con fines de colonización.

 

En 1748, Miguel de Venegas publica su: “Noticias de California”; y un poco más de un lustro después, aparece el “Diario de Viaje por Nueva España”, de Francisco de Ajofrin; en 1765, de Pedro Tamarón y Romeral, su: “Demostración de Nueva Viscaya”; en 1766, de Nicolás Lafora y Marqués de Rubí, el: “Viaje al Septentrión de Nueva España”.

 

En 1768, de José Antonio de Alzate y Ramírez, en su “Diario Literario de México”, su “Descripción de Sonora”, y sus observaciones meteorológicas en la Ciudad de México.

 

En 1769, se tiene la “Descripción y Carta de la Mar del Sur”, de Miguel Constanzó; y el “Diario”, de Crespi, de la exploración de la Alta California, en la que participa, además, Vicente Vilá, Junípero Serra, y José Camisares.

 

En 1772, Antonio de Ulloa publica su: “Noticias Americanas”; y Joaquín Velázquez de León, su “Mapa de Minas de Nueva España”.  En 1774 se tiene, de Pedro Alonso O’Curley, su: “Idea Compendiosa del Reino de Nueva España”; en el mismo año en que Bruno de Ezeta, Juan Pérez, José Francisco Bodega y Cuadra, y Antonio Morella, Viajan a Nutka; y un año después, en 1775, aparece la “Descripción Histórica y Topográfica del Valle, las Lagunas, y Ciudad de México”, de Joaquín Velázquez de León; año mismo, a su vez, en que se elabora el “Nuevo Mapa Geográfico de la América Septentrional, Perteneciente al Virreinato de México”, de José Antonio de Alzate y Ramírez, el que, no obstante, no se publica sino trece años después.

 

En 1777, de Antonio de Ulloa, su: “Descripción Geográfico-Física de una Parte de Nueva España”.  En 1780, de Miguel de Barco, su: “Correcciones y Adiciones a las “Noticias”, de Venegas”; en 1786, las obras meteorológicas de Antonio León y Gama.  EN 1787, Antonio Forcada y La Plaza, hace su: “Mapa Monumental de Todo el Reino de la Nueva España, desde los 16º a los 40º de Latitud”.  En 1788, Esteban José Martínez y Gonzalo Gabriel López de Haro, viajan a Alaska.

 

En 1789, Salvador Fidalgo viaa Nutka; en 1792, de José Mociño se tiene su “Descripción del Volcán Tuxtla”.  De 1793, de Francisco Antonio Barbastro, su: “Informe” o Descripción de Sonora; y para terminar el siglo, en 1799, de M. De la Porte, el: “Viajero Universal o Noticias del Mundo Antiguo y Nuevo”; para, finalmente, tener, entre 1808 y 1811 (en que aparece en Europa), con Alejandro de Humboldt, su: “Ensayo Político del Reino de la Nueva España”, y su cartografía en Proyección de Mercator.

 

Fue este, pues, un período –prácticamente un siglo, casi el siglo XVIII completo– de esplendor en el quehacer geográfico.  Por toda generalización teórico-geográfica, estaba la obra de Varenio (1650), que buscaba sistematizar la indagación geográfica expresada en las Relaciones , Crónicas, o Descripciones Geográficas; que en ese momento no eran otras, principalmente, que las referentes a Nueva España, en donde desde 1577 existía la disposición gubernamental para elaborar dichas Relaciones Geográficas; muchas de las cuales fueron levantadas inicialmente entre 1579 y 1582 (Francisco del Paso y Troncoso).

 

Como quiera que fuese, la información disponible fue dando lugar, primero, a mediados de este siglo XVIII, a las Cartas Regionales de Escandón y Santa María, así como, después, en el curso del último tercio del siglo, con las determinaciones geográficas en distintos Estados, de Pedro Font, Nicolás Lafora, Pedro Laguna, Miguel Mascaró, Juan José Otéisa, Vicente Díaz, José Espinoza, José Joaquín Ferrer, Claude Chappe, Francisco González Castillo; a las Cartas Generales de Alzate, Constanzó, y Forcada.  Finalmente, con Humboldt, se lleva al extremo la concepción vareniana de la Geografía como ciencia enciclopédica acerca de los fenómenos y las relaciones naturaleza-sociedad; y no en sí del análisis espacial como tal.

 

No se podía, no estaban dadas las condiciones para una abstracción y generalización del saber geográfico, más que en esas condiciones de ciencia descriptivo-enciclopédica de las relaciones naturaleza-sociedad.

 



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