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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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10 junio 2010 4 10 /06 /junio /2010 08:03

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

La Historia de la Geografía en México.

  Elementos de Juicio para el Análisis Crítico.

  Ponencia, I Congreso Mexicano

de Historia de la Ciencia y de la Tecnología,

México, 1988 (3/7).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 17 jun 10.

 

 

Otros elementos de juicio para un análisis crítico de la historia de la Geografía en México, se refiere ya no a la teoría de esta ciencia, sino a la teoría de la ciencia de la historia de la ciencia, y al problema de la periodización de la historia de la Geografía, en este caso particular, de México.

 

No negamos las determinantes económico-sociales o externas para el desarrollo de la ciencia; la ciencia nace de la necesidad social; pero tampoco las sobrevaloramos por encima de las determinantes internas o de su propia lógica.  La dialéctica de su desarrollo –a nuestro juicio–, se finca en la unidad y lucha de estos opuestos.

 

Aún más, distinguimos de las relaciones internas, en su lógica, dos niveles necesarios en el quehacer o investigación científica, dadas las diferencias y desfase entre el movimiento del conocimiento y el movimiento social.

 

La respuesta de la ciencia al movimiento social, a sus necesidades, se concreta en la investigación aplicada; ya que las necesidades sociales nunca se plantean sino en la medida en que se pueden resolver (Marx).  No obstante la lógica de la ciencia o movimiento del conocimiento, va siempre más allá de la investigación aplicada, y define el nivel de la investigación fundamental o básica, que podrá o no responder a las necesidades sociales del futuro; de donde se sigue que la viabilidad de dichas investigaciones básicas, dependerá a su vez de las necesidades sociales futuras, y los resultados de la investigación aplicada.

 

Por otra parte, respecto del problema de la periodización de la historia de la Geografía en México, ubicamos siete posibles criterios: 1) de la periodización económico-social, apegada al criterio de la sucesión de los modos de producción; 2) de la periodización siguiendo los acontecimientos políticos; 3) de la periodización respecto de la historia de la cultura; 4) de la periodización en función del desarrollo de las ideas y teorías propias de la ciencia; 5) de la periodización en función de los métodos generales de la sistematización del conocimiento; 6) de la periodización en función de los logros aplicados; y 7) de la periodización –que finalmente nosotros asumimos en nuestro esquema–, con base en la expresión concreta de la dialéctica interno-externalista expresada en los puntos anteriores.

 

Hemos decidido excluir en este ensayo la época indígena, que supone una investigación más profunda, pues disponemos de información tal que nos haría inclinarnos tanto por un desarrollo geográfico científico de muy alto nivel, incluso superior al traído por el hispánico, pero que amerita aún mucho de trabajo de fundamentación, como el inclinarnos por un muy pobre desarrollo, dadas las evidencias más comunes y accesibles.

 

A continuación, de cada período a partir del siglo XVI, tomaremos los autores y las aportaciones geográficas en sus obras más representativas, en la exposición de las dos formas del quehacer geográfico de que aquí hemos hablado.

 

*

 

A nuestro juicio, la periodización de la historia de la Geografía en México a partir del siglo XVI, se nos presenta de la siguiente manera:

 

1  Desde 1506 a 1521 en que se empieza a tener, visto desde una visión hispánica, un conocimiento geográfico de nuestro territorio, a través de las exploraciones que continúan la búsqueda del paso a la “Mar del Sur” (descubierto desde 1513 por Vasco Nuñez de Balboa, cruzando el Istmo de Panamá), siendo esto lo que motiva teórico-geográficamente estas exploraciones en aras de lograr demostrar la completud del Globo Terráqueo.

 

De Vicente Yañez Pinzón y Juan Díaz de Solís (1506), que conocen las costas de Quintana Roo; luego de Francisco Hernández de Córdoba (1517), que bordea la Península de Yucatán; Juan de Grijalba (1518), que en cabotaje continua el recorrido de Champotón a Veracruz; Antonio Álvarez de Pineda y Hernán Cortes (1519), que repiten el recorrido, y este último inicia la incursión territorial con fortuna; Diego Camargo, y Lucas Vázquez de Ayllón (1520), quienes llegan, el primero hasta la desembocadura del Pánuco, y el segundo hasta los 32º N.

 

2  Un segundo período se da de 1521 a 1531, en el que ya Elcano, en 1522, completó el periplo de Magallanes, y en 1526, Guevara ha bordeado toda América del Sur llegando a Tehuantepec; al mismo tiempo que se da una actividad exploradora en el Atlántico, en el Pacífico y en el interior del territorio.

 

En el Atlántico, con Esteban Gómez (1525); en el Pacífico con Álvarez de Saavedra y Cerón (1527), y Diego Hurtado de Mendoza (1528); en el continente, con Cristóbal de Olid, en Michoacán (1522); los Montejo en Yucatán (1526); Nuño de Guzmán y sus capitanes Oñate, Ibarra, Chirino, Del Mercado, desde el Pánuco hasta el centro de México.

 

Exploradores a quienes les mueven inquietudes como las de “Las Siete Ciudades”, “Cibola y Quivira”, “La Sierra de la Plata”, “La Fuente de la Eterna Juventud”, o la colonización de la “Isla” de Santa Cruz o “Cálida Fornox”.

 

El conocimiento geográfico en este período comprende las dos primeras Cartas de Nueva España de 1527 y 1519, de Diego Ribero.

 

3  El siguiente período, el tercero, va de 1531 a 1541, en el que se explora tano las costas del Pacífico novohispano desde Tehuantepec hasta los 40º de latitud norte, como la parte norte del territorio hasta Arizona y Nuevo México.

 

Con Alonso López de Ávila y Hernán Cortés (1531-1535); Fortún Ximenez y Hernando Grijalva (1533); Francisco de Ulloa, Marcos de Niza y Vázquez de Coronado (1539); y finalmente Hernando de Alarcón y Domingo del Castillo (1548), a su vez por tierra hasta los 40º de latitud norte.

 

Esta actividad geográfico-exploradora que pudiera considerarse de carácter regional, respondía a esa hambre y sed de conquista territorial del Imperio Español, movido por los afanes de riqueza de sus protagonistas.  En la conquista de tan vastos territorios quedó contenida por esos diez años, la inquietud por los viajes a las originales tierras  de la especiería.

 

El conocimiento geográfico en este período se resume, finalmente, en la Carta del Pacífico de Domingo del Castillo, de 1541.

 

4  Un cuarto período se tiene de 1542 a 1576; aun cuando los últimos diez años del mismo son de una marcada transición de una forma de expresión del conocimiento geográfico a otra; es decir, de la expresión cartográfica, a las relaciones descriptivas.  Dicho período se caracteriza por la apertura y continuación de los viajes a Oriente.

 

Desde 1542 con Ruy López de Villalobos; a la vez que se seguía ascendiendo de latitud hasta los 42º N con Juan Rodríguez Cabrillo (1542), y Bartolomé Ferrelo (1543); y se intentaba nuevamente –después de las fallidas expediciones de Pedro de Narváez, de 1528– la expedición a la región norte del Atlántico, con Hernández de Soto en 1543, y más tarde de 1559, con Tristán de Luna y Arellano Bidema y Ángel Villafaña, que expedicionan a la Florida; o con Francisco de Ibarra en 1554, que explora el centro de Nueva España.

 

El conocimiento geográfico se va condensando, por último, tanto en la Carta Hemisférica que muestra completa a la Nueva España, de la “Colección de Ramucio”, de 1556; como en las contenidas en la “Geografía de Ptolomeo”, editada por Moletio en 1562, y, finalmente, en la Carta de Nueva España de Porcachi, de 1576.

 

Finalmente se tiene la expedición de Miguel López de Legazpi, y Andrés de Urdaneta, de 1564 y 1565 a las Filipinas, encontrándose por este último la ruta de retorno a Acapulco.

 

A partir de aquí, hay un período de transición caracterizada por la primera descripción geográfica: las “Relaciones de las Cosas de Yucatán”, de Diego de Landa, de 1566, y el arribo a estas tierras de Francisco Hernández (1570), con quien se inician las investigaciones científicas especializadas.

 



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10 junio 2010 4 10 /06 /junio /2010 08:02

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

La Historia de la Geografía en México.

  Elementos de Juicio para el Análisis Crítico.

 Ponencia, I Congreso Mexicano de Historia de la Ciencia

y de la Tecnología, México, 1988 (2/7).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 14 jun 10.

 

 

Existe en México –e internacionalmente incluso– una marcad ausencia de trabajo sobre historia de la Geografía, particularmente de historia crítica y no meramente enumerativa, y, como consecuencia de ello, un enorme retraso teórico en esta disciplina de conocimientos.

 

A los geógrafos se nos presenta un círculo vicioso, en el que débiles elementos de juicio teóricos, no permiten un análisis crítico de la historia de esta ciencia, y a falta de un análisis crítico de su historia, no se esclarecen los fundamentos teóricos de la misma.  Esta situación se agudiza en nuestro país.

 

Las fuentes que explícitamente tratan sobre la historia de la Geografía en México, son, además de escasas, a manera de breves ensayos.

 

El documento más amplio es el trabajo de Manuel Orozco y Berra: “Apuntes para la Historia de la Geografía en México”, de 1881.  Treinta años después, Isidro Rojas redacta su ensayo: “Progresos de la Geografía en México, en el Primer Siglo de Nuestra Independencia”, de 1911; en el que aborda los antecedentes desde la Colonia, pero se centra precisamente en el siglo XIX.  De igual modo está el amplio trabajo de Alejandro de Humboldt: “Cristóbal Colón y el Descubrimiento de América.  Historia de la Geografía del Nuevo Continente y de los Progresos de la Astronomía Náutica en los siglos XV y XVI”, de 1833; es decir, en donde se trata sólo sobre los orígenes en el período de la Colonia.  Luego se han publicado los trabajos de Jorge A. Vivó Escoto: “La Geografía en México: Aspectos Generales de su Evolución”; y de Ángel Bassols Batalla: “Etapas en el Desarrollo de la Investigación Geográfica en México”, publicados ambos precisamente en las Memorias del I Coloquio Mexicano de Historia de la Ciencia, de 1964; organizado bajo los auspicios del Dr, Enrique Beltrán.

 

Aproximaciones a estudios que explícitamente tratan sobre la historia de la Geografía en México, son los capítulos relativos a la geografíaa en las obras de Éli de Gortari: “La Ciencia en la Historia de México”, de 1963; y de Elías Trabulse: “Historia de la Ciencia en México”, de 1985.

 

En 1983, a veinte años de este I Coloquio, y tras casi cincuenta años de existencia de lo que es el actual Colegio de Geografía como institución, tuvimos ocasión de sustentar la primera tesis sobre aspectos de la historia y teoría de la Geografía, dándonos lugar ahora para aplicar los criterios de dicha tesis, al análisis de la historia de la Geografía en México.

 

La premisas teóricas que como elementos de juicio nos permitan abordar un análisis crítico de la historia de la Geografía en México, son: 1) que históricamente han existido dos vertientes generales del pensamiento geográfico; una sobre el estudio del espacio; y otra sobre el estudio de los fenómenos en el espacio, entendido como lugar, región o territorio; 2) que la Geografía es una disciplina de conocimientos acerca del espacio y no de las relaciones naturaleza-sociedad, ni de la planificación; 3) que la Geografía es una ciencia única, íntegra y en desarrollo, y de ninguna manera una síntesis de un sistema de ciencias; 4) que, por lo tanto, ni deviene segregada de la filosofía, ni de su seno se ha separado nunca ninguna ciencia especial que diera lugar a su disgregación; 5) que es en torno a la teoría del espacio que ha de darse la unidad de esas dos grandes manifestaciones del quehacer geográfico: el fenomenismo, y el análisis espacial; 6) que en razón de lo anterior, es en consecuencia una disciplina de conocimientos físico-matemáticos; 7) que, como tal, es una ciencia natural, en tanto que del conocimiento de una parte de la naturaleza inorgánica, como lo es el espacio, y no ciencia social de síntesis de un sistema de ciencias; 8) que no ha dado coherencia a un sistema teórico-metodológico, el cual ha desarrollado necesariamente a lo largo de su historia, aún no plenamente rescatada; 9) que en la dialéctica de su desarrollo, la histórica contradicción “espacio-naturaleza/sociedad”, no es una contradicción antagónica, sino una contradicción en cuya solución, tanto la sociedad; parte de la naturaleza misma, su estadio más desarrollado y avanzado; como lo que conocemos como la naturaleza en sí, son manifestaciones de los posibles infinitos estados de espacio.

 

De ahí que presentamos este trabajo como esquema y lineamiento general de investigación, sobre las bases de precisar la unidad de la Geografía en torno a un objeto de estudio: el espacio; y definir sus dos corrientes de pensamiento (no ampliamente reconocidas aún), de las cuales la actualmente predominante, mundialmente incluso desde el siglo XVII; opuestamente, concibe la historia de la Geografía como la historia de un sistema de ciencias, de tal modo que no discrimina sobre aquello que le es propio, y aquello que retoma auxiliarmente de otras especialidades.

 

Tal pareciera que después de veinticinco años, tras los trabajos citados presentados en el I Coloquio Mexicano de Historia de la Ciencia, estamos repitiendo lo ya hecho, pero en cierto modo a ello nos obligan dos razones: las propuestas para la historia de la Geografía en México hechas tanto por el Dr. Jorge A. Vivó, como por el Dr. Ángel Bassols, no nos satisficieron; y, en segundo lugar, ellos mismos no las desarrollaron.

 

Abordamos pues, estos elementos de juicio para un análisis critico de la historia de la Geografía en México, desde una consideración de los problemas teóricos de esta disciplina de conocimientos, y las dificultades de su historiografía, parte de lo cual es el problema de la periodización, sobre lo que a su vez también nos detendremos.

 

Finalmente, referiremos este esquema, sobre la base de los aportes y exponentes del saber geográfico en estas tierras, citados por Humboldt, Manuel Orozco y Berra, Alfredo Chavero, Francisco del Paso y Troncoso, Isidro rojas, Miguel Sánchez Lamego, Éli de Gortari, Jorge A. Vivó, Ángel Bassols, Elías Trabulse, y otros rescatados por el autor de este ensayo.

 

*

 

La problemática teórica de la Geografía y las dificultades de su historiografía, se centran en esa concepción que actualmente se tiene de esta disciplina de conocimientos como ciencia social, o mixta, de síntesis de un sistema de ciencias; una ciencia a la que como objeto de estudio se le asignan las relaciones naturaleza-sociedad, especie de ciencia de ciencias.

 

No obstante, paralelamente a esta concepción, en el curso de la historia ha existido aquella concepción del saber geográfico como saber acerca del espacio, o la especialidad en general.

 

Lo geográfico, como lo relativo a lo espacial, es entonces, la cartografía, y aquella actividad que la nutre: la exploración en extensión, y las Relaciones Geográficas, descripciones, crónicas o estadísticas levantadas en el curso de aquellas; y es en torno a esto que se gesta el devenir del saber geográfico; es ello lo que compone la columna vertebral de la historia de la Geografía.

 

La cartografía no es, pues, ninguna “ciencia especial” aparte, que se integra al saber geográfico entendido éste como sistema de ciencias, ni la exploración en extensión –en el espacio– una actividad diferente y mucho menos ajena a ella.  Sino lo uno su elemento metodológico fundamental, y lo otro una actividad natural inherente a ella; como metodológicamente el manejo de la telescopía o radioastronomía y la vida de un observatorio le sería a la astronomía; o como metodológicamente el manejo de ciertos dispositivos mecánicos o electromagnéticos y la actividad de un laboratorio, le es natural a la física; o, variando el instrumental y dispositivos de laboratorio, lo sería de la biología o química.

 

*

 



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10 junio 2010 4 10 /06 /junio /2010 08:01

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

La Historia de la Geografía en México.

  Elementos de Juicio para el Análisis Crítico.

  Ponencia, I Congreso Mexicano de Historia

de la Ciencia y de la Tecnología,

México, 1988 (1/7).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 10 jun 10.

 

Comentario Preliminar.

 

Desde siempre, habíamos estado moviéndonos en la historia general de la Geografía, pues era necesaria una comprensión, no sólo desde sus orígenes universales, sino de su visión de conjunto.  Pero, luego de 1987, una vez consolidado nuestro planteamiento teórico de la Geografía como ciencia del espacio terrestre en un fundamento nuestro muy particular dado en el concepto de espacio físico objetivo, y no, como hasta entonces estaban dadas otras consideraciones, de un concepto de espacio “humanizado”, o “social” subjetivo; teníamos que pasar, necesariamente, a las mismas consideraciones del análisis general, pero ahora para el caso particular de la historia de la Geografía en México.

 

Dejamos para otra ocasión la historia de la Geografía en su origen mesoamericano, y partimos, convencionalmente, del siglo XVI.  En un paralelismo general, hablar de la geografía mesoamericana, era hablar de la geografía de Anaximandro.  Pero en aquel entonces nos interesaba ya no tanto la historia por la historia, sino el proceso de estructuración de la Geografía como ciencia moderna y su situación en México.

 

El extenso ensayo que preparamos como base de la ponencia al I Congreso Mexicano de Historia de las Ciencias y de las Tecnología de 1988, es una manifestación directa de esa preocupación por entender ahora la situación de la Geografía en México en su desarrollo como ciencia moderna.  Dicho extenso ensayo, por supuesto, no lo leímos, nos apoyamos en él para una disertación libre.  Toda la información contenida en él, no es resultado de una investigación personal de fuentes directas, de archivo, etc; sino de lo dado por una cierta cantidad de estudios en que se aporta a la historia de esta ciencia, y en algunos incluso se intenta un poco más formalmente la misma.

 

Hasta ese momento –y nos parece que a casi un cuarto de siglo aún sigue siendo así–, una Historia formal de la Geografía en México no existe aún; se ha dispuesto sólo de unos cuantos trabajos a manera de “apuntes”, de aproximaciones en ensayos más o menos extensos girando en uno u otro tópico; y de ahí que no sólo por nuestro procedimiento particular de partir de lo desconocido a lo conocido, sino porque resultaba una necesidad historiográfica general, tuvimos que elaborar este ensayo centrado en resolver la periodización de la Historia de la Geografía en México, como primer paso para entenderla en su desarrollo como ciencia moderna; por supuesto, en el entendido de que tal periodización habría de modificarse a la luz del estudio en detalle; como tal es el caso del Siglo de la Ilustración, que visto ahora, bien puede o debe dividirse en dos etapas, una por cada mitad del mismo.  Por lo demás, curiosamente, presentado en lo que fue, a su vez, el I Congreso Mexicano de Historia de la Ciencia y de la Tecnología, luego de casi un cuarto de siglo, desde 1964, en que tuvo lugar el I Coloquio Mexicano de Historia de la Ciencia.

 

Es en ese sentido donde radica el valor de este ensayo.  Luego, no sólo no pudimos avanzar en el análisis, sino que, no proponiéndonos hacer investigación propia de la historia de la ciencia –todo un campo de especialización en el hacer de la geografía teórica–, sino sólo abrevar de los aportes, resulta que los trabajos de historia de la Geografía en México tampoco se han hecho profusos; se han centrado en el estudio de etapas o personajes muy puntualizadamente, perdiéndose la visión de conjunto de la cual extraer las regularidades generales y más esenciales que a nosotros como especialista en geografía teórica en el campo no tanto de su historia, como de su filosofía, finalmente es lo que nos interesa rescatar.

 

De ahí que, a partir de este trabajo, desconozcamos que tanto se haya avanzado y por quién, si es que lo ha habido, en el análisis de la historia de la Geografía en México vista de conjunto.

 

Como quiera, echamos esta base para el análisis posterior que, en todo caso, ahora puede ser retomada.  De ella, llama la atención particularmente la caracterización de la última de las dieciocho etapas en que dividimos el desarrollo de la Geografía moderna en México; la etapa que en ese momento, hace otros veinticinco años, llamábamos “etapa contemporánea”, y que comprendía de 1980 en adelante (hasta ese momento, a 1988); es decir, esa década que ahora, sin lugar a dudas, con la distancia en el tiempo que permite ver con más certeza las cosas, la declaramos enfáticamente como la “década de transición”: pero, ya desde entonces, la definíamos como una etapa de transición, de la necesidad de cambio inmersa en la negación de la negación; lo cual reflejaba nuestra conciencia objetiva de los hechos. 

 


Resumen.

 

Existe en México, e internacionalmente incluso, una marcada ausencia sobre trabajos de historia de la Geografía, y esto es debido a la falta de criterios para abordarla, pues de principio existe dificultad en lo que habrá de considerarse o no para historiar como geografía; por ejemplo, si ello involucra o no, o en todo caso, de qué manera, a cosmógrafos, cartógrafos, naturalistas, exploradores, cronistas o estudiosos de lo social.

 

Presentamos este documento como esquema y lineamiento general para la investigación de la historia de la Geografía en México, sobre la base de precisar el objeto de estudio de esta disciplina de conocimientos, y definir dos corrientes de pensamiento, de las cuales la actualmente predominante; incluso internacionalmente desde el siglo XVII; concibe a la Geografía como un sistema de ciencias, de tal modo que no discrimina sobre aquello que le es propio y aquello que retoma auxiliarmente de otras especialidades; en oposición al concepto de geografía como ciencia relativa a lo espacial, en donde se identifica lo propiamente geográfico y aquello que, o bien le es auxiliar, o bien en ello encuentra sólo una aplicación.

 

Por otra parte, exponemos nuestro criterio para la historiografía de esta ciencia, diferenciándolo de otras que en lo fundamental nos han parecido unilaterales.

 

Finalmente, exponemos la periodización de esta historia y sus protagonistas principales y más representativos, desde el siglo XVI hasta el momento actual, considerando su obra y clasificándolos en una u otra corriente del pensamiento geográfico, de acuerdo con sus aportaciones a esta materia.

 

Evidentemente, la historia de la Geografía en México no comienza en el siglo XVI, pero hemos omitido el período indígena por la implicación de su mayor grado de dificultad, y sólo nos referiremos a ello de manera generalizada, considerando que la ciencia mexicana, finalmente, se compone de las aportaciones de la convergencia de la ciencia novohispana y todo el proceso de rescate que ya desde esta última se empezó a hacer de aquella, y que todavía está, en gran medida, por hacerse.

 

Existe en México –e internacionalmente incluso– una marcad ausencia de trabajo sobre historia de la Geografía, particularmente de historia crítica y no meramente enumerativa, y, como consecuencia de ello, un enorme retraso teórico en esta disciplina de conocimientos.

 

A los geógrafos se nos presenta un círculo vicioso, en el que débiles elementos de juicio teóricos, no permiten un análisis crítico de la historia de esta ciencia, y a falta de un análisis crítico de su historia, no se esclarecen los fundamentos teóricos de la misma.  Esta situación se agudiza en nuestro país.

 

Las fuentes que explícitamente tratan sobre la historia de la Geografía en México, son, además de escasas, a manera de breves ensayos.

 

El documento más amplio es el trabajo de Manuel Orozco y Berra: “Apuntes para la Historia de la Geografía en México”, de 1881.  Treinta años después, Isidro Rojas redacta su ensayo: “Progresos de la Geografía en México, en el Primer Siglo de Nuestra Independencia”, de 1911; en el que aborda los antecedentes desde la Colonia, pero se centra precisamente en el siglo XIX.  De igual modo está el amplio trabajo de Alejandro de Humboldt: “Cristobal Colón y el Descubrimiento de América.  Historia de la Geografía del Nuevo Continente y de los Progresos de la Astronomía Náutica en los siglos XV y XVI”, de 1833; es decir, en donde se trata sólo sobre los orígenes en el período de la Colonia.  Luego se han publicado los trabajos de Jorge A. Vivó Escoto: “La Geografía en México: Aspectos Generales de su Evolución”; y de Ángel Bassols Batalla: “Etapas en el Desarrollo de la Investigación Geográfica en México”, publicados ambos precisamente en las Memorias del I Coloquio Mexicano de Historia de la Ciencia, de 1964; organizado bajo los auspicios del Dr, Enrique Beltrán.

 

Aproximaciones a estudios que explícitamente tratan sobre la historia de la Geografía en México, son los capítulos relativos a la geografíaa en las obras de Éli de Gortari: “La Ciencia en la Historia de México”, de 1963; y de Elías Trabulse: “Historia de la Ciencia en México”, de 1985.

 

En 1983, a veinte años de este I Coloquio, y tras casi cincuenta años de existencia de lo que es el actual Colegio de Geografía como institución, tuvimos ocasión de sustentar la primera tesis sobre aspectos de la historia y teoría de la Geografía, dándonos lugar ahora para aplicar los criterios de dicha tesis, al análisis de la historia de la Geografía en México.

 

La premisas teóricas que como elementos de juicio nos permitan abordar un análisis crítico de la historia de la Geografía en México, son: 1) que históricamente han existido dos vertientes generales del pensamiento geográfico; una sobre el estudio del espacio; y otra sobre el estudio de los fenómenos en el espacio, entendido como lugar, región o territorio; 2) que la Geografía es una disciplina de conocimientos acerca del espacio y no de las relaciones naturaleza-sociedad, ni de la planificación; 3) que la Geografía es una ciencia única, íntegra y en desarrollo, y de ninguna manera una síntesis de un sistema de ciencias; 4) que, por lo tanto, ni deviene segregada de la filosofía, ni de su seno se ha separado nunca ninguna ciencia especial que diera lugar a su disgregación; 5) que es en torno a la teoría del espacio que ha de darse la unidad de esas dos grandes manifestaciones del quehacer geográfico: el fenomenismo, y el análisis espacial; 6) que en razón de lo anterior, es en consecuencia una disciplina de conocimientos físico-matemáticos; 7) que, como tal, es una ciencia natural, en tanto que del conocimiento de una parte de la naturaleza inorgánica, como lo es el espacio, y no ciencia social de síntesis de un sistema de ciencias; 8) que no ha dado coherencia a un sistema teórico-metodológico, el cual ha desarrollado necesariamente a lo largo de su historia, aún no plenamente rescatada; 9) que en la dialéctica de su desarrollo, la histórica contradicción “espacio-naturaleza/sociedad”, no es una contradicción antagónica, sino una contradicción en cuya solución, tanto la sociedad; parte de la naturaleza misma, su estadio más desarrollado y avanzado; como lo que conocemos como la naturaleza en sí, son manifestaciones de los posibles infinitos estados de espacio.

 

De ahí que presentamos este trabajo como esquema y lineamiento general de investigación, sobre las bases de precisar la unidad de la Geografía en torno a un objeto de estudio: el espacio; y definir sus dos corrientes de pensamiento (no ampliamente reconocidas aún), de las cuales la actualmente predominante, mundialmente incluso desde el siglo XVII; opuestamente, concibe la historia de la Geografía como la historia de un sistema de ciencias, de tal modo que no discrimina sobre aquello que le es propio, y aquello que retoma auxiliarmente de otras especialidades.

 

Tal pareciera que después de veinticinco años, tras los trabajos citados presentados en el I Coloquio Mexicano de Historia de la Ciencia, estamos repitiendo lo ya hecho, pero en cierto modo a ello nos obligan dos razones: las propuestas para la historia de la Geografía en México hechas tanto por el Dr. Jorge A. Vivó, como por el Dr. Ángel Bassols, no nos satisficieron; y, en segundo lugar, ellos mismos no las desarrollaron.

 

Abordamos pues, estos elementos de juicio para un análisis critico de la historia de la Geografía en México, desde una consideración de los problemas teóricos de esta disciplina de conocimientos, y las dificultades de su historiografía, parte de lo cual es el problema de la periodización, sobre lo que a su vez también nos detendremos.

 

Finalmente, referiremos este esquema, sobre la base de los aportes y exponentes del saber geográfico en estas tierras, citados por Humboldt, Manuel Orozco y Berra, Alfredo Chavero, Francisco del Paso y Troncoso, Isidro rojas, Miguel Sánchez Lamego, Éli de Gortari, Jorge A. Vivó, Ángel Bassols, Elías Trabulse, y otros rescatados por el autor de este ensayo.

 

*

 



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7 junio 2010 1 07 /06 /junio /2010 08:00

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

La Unidad de la Geografía,

Reflejo de la Unidad Espacial del Mundo.

  Ponencia al XI Congreso Nacional de Geografía,

México, 1987.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

Espacio Geográfico”; Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 07 jun 10.

 

Comentario Preliminar.

 

Si se revisa en los Bancos de Información disponibles a través de Internet mediante un buscador, el concepto “XI Congreso Nacional de Geografía” (en la forma en que se escriba), el resultado será casi nulo; y si no lo es en su totalidad, es porque, recursivamente, se volverá a esta fuente, en la cual decimos que la información acerca de dicho Congreso es nula.

 

“Algo” ocurrió en 1987 en el ámbito de la Geografía en México, que constituye un vacío absoluto.  Se puede encontrar información, de una u otra forma, sobre casi todos los congresos nacionales de Geografía; pero acerca del XI Congreso no hay una sola mención (que no se la de este Blog, para enterarnos de que acerca del XI Congreso no se hace ninguna mención).  Pudiera decirse que, en mucho, para empezar, porque las Memorias de dicho evento, ni siquiera se imprimieron.

 

Las computadoras personales se habían introducido en México apenas cinco años atrás, y apenas para 1987 si acaso había los primeros procesadores de texto enormemente rudimentarios, y las impresoras eran aún de impacto con muy baja resolución; esto es, no cabría pensar en la posibilidad de su edición “en disco”, como luego se puso en práctica, si mal no recordamos, cuando el XV Congreso en 1995.

 

El argumento que se nos dio a la falta de edición de la Memoria del XI Congreso Nacional de Geografía en México de 1987, fue simple: no hubo presupuesto; algo, evidentemente, no-creíble.  ¿No tuvo presupuesto la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística?, ¿no lo tuvo el Instituto de Geografía?, ¿no lo tuvo el gobierno del Distrito Federal en donde se efectuó el Congreso?, ¿no hubo manera de reunir un presupuesto mínimo entre todas estas instituciones que normalmente en otras ocasiones lo habían hecho?; por no considerar ya al Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (NEGI), o a las sociedades y colegiados profesionales.  En otras ocasiones se habían impreso gruesas Memorias y hasta en dos tomos. Pero si el presupuesto no fue la verdadera causa de la no-impresión de la Memoria del evento, entonces, ¿qué ocurrió?  Eso quedó como un gran misterio en la historia de la Geografía en México, que dura ya veintidos años sin que a nadie más que a nosotros nos interese saber qué ocurrió.  Quede ahí, pues, como interesante tarea para los historiadores de la ciencia.

 

Queda la especulación; ¿acaso las señales de la crisis económica que se produjo el año siguiente?, una hipótesis válida.  Queda la especulación, y en ello, sin duda, una que no puede tomarse sino como una descomunal jactancia de nuestra parte, pero hipótesis, a su vez, válida: ¿la causa pudo haber sido, acaso, las ponencias que presentamos?

 

La ponencia, “La Contradicción Teórico-Cognoscitiva Fundamental del Pensamiento Geográfico”, que insertamos en el número anterior a éste, en una curiosidad profundamente significativa, la editamos con una vieja máquina de escribir mecánica, una clásica “Remington” (o si bien nos fue, con una portátil de la que quizá ya para entonces disponíamos).  Dicha ponencia fue el límite del pasado, pues la ponencia que ahora transcribimos aquí, fue, ahora, la primera que editamos usando una máquina computadora, hoy ya también, la clásica “Comodoro 64”.  Esta otra ponencia, en consecuencia, tan sólo por su hechura, representativa del inicio del futuro; el indicador de la apertura de la nueva etapa de la historia, que con el contenido de ambos trabajos, se manifestaba en el campo de la Geografía, y en la que nos tocó ser protagonistas.

 

Si lo que hicimos fue la causa, con todo y la jactancia o lo presuntuoso, ello no haría más que subrayar lo que desde el primer momento y siempre hemos atribuido, particularmente a esta segunda ponencia, de ser la consumación de una teoría (y en proporción inversa, la refutación de su contraparte); y eso explicaría con suficiencia los hechos, mismos que marcaron no sólo el fin de una etapa de transición, sino el inicio de un nuevo momento histórico.

 

Una idea esencial que se enuncian en tal ponencia, es la de “la diversidad del espacio”, diversidad dada no sólo por sus determinaciones relativas, sino, principalmente, por las transiciones infinitas de sus estados de espacio.

 

La esencia de nuestro método ha sido siempre partir del análisis filosófico, distinguiendo nuestro planteamiento marxista dialéctico materialista, de todos los demás.  Y ese explícito análisis, fue siempre un jaque a los planteamientos de la teoría burguesa sustentada invariablemente en toda suerte de posiciones filosóficas idealistas.

 

 

Ensayo.

 

Resumen.

 

La Geografía, disciplina de conocimientos acerca de la faceta espacial de la realidad, guarda su unidad en la propia diversidad infinita del espacio del cual es reflejo.

 

Esta es la solución dada sobre la base de la concepción filosófica dialéctico materialista del mundo, a nuestro parecer.

 

En la historia de la geografía, se han presentado tres momentos para dar respuesta a este problema: 1) en la Antigüedad, entre los siglos III-I ane; 2) en el Renacimiento, siglos XV-XVII, y 3) en la Época Contemporánea, de fines del siglo XVIII a nuestros días.

 

En la Antigüedad la solución se intentó sobre las propuestas filosóficas de Heráclito, demócrito, y el epicureismo; en la geografía de Eratóstenes e Hiparco; y sobre las propuestas filosóficas parmenideano-sofista-zenónicas del estoicismo, en la geografía, principalmente, de Estrabón.

 

En el Renacimiento, el nuevo intento se fincó sobre el empirismo y racionalismo materialista baconiano-cartesiano, expresado en la geografía de Varenio de una parte, o de Mercator, de la otra.

 

La solución al problema de la unidad de la Geografía en la Época Contemporánea, se ha tratado de resolver sobre los planteamientos filosóficos kantiano-comtianos, en oposición a la solución marxista dialéctico materialista.

 

El problema de la unidad de la Geografía no es un problema simplemente mecánico, de yuxtaposición y coordinación de los conocimientos, ni de subjetiva solución artificial meramente convencional.  El problema de la unidad de la Geografía, es un problema sujeto a ciertas leyes objetivas del desarrollo de la ciencia, las cuales surgen en dos campos: las leyes de las condicionantes externas; económicas, sociales y políticas; y las leyes internas; de la lógica, dialéctica o gnoseología de la ciencia misma.

 

Exponemos, en consecuencia, en este breve trabajo, la síntesis del problema de la unidad de la Geografía en tres momentos históricos en que se ha intentado, siendo el último, sobre la base de la dialéctica materialista, el que exprese de manera más completa, este que fue siempre, tan esencial y complejo problema de la Geografía.

 

La unidad de la Geografía radica, no en el pensamiento de ningún gran autor, sino simplemente en la diversidad infinita del espacio, del cual es reflejo.

 

Dicho en general, la unidad de la ciencia es un reflejo elaborado en el pensamiento humano, de la unidad material del mundo; pero la cual consiste, a su vez, en la diversidad infinita de la realidad objetiva.  Así, la ciencia es, a la vez, diversidad de ciencias reflejo cada una de ellas, de esa diversidad infinita de la realidad objetiva.

 

El espacio es parte de la multiplicidad de la realidad objetiva, y la Geografía, como parte de la variedad de la ciencia, es reflejo de esa parte de la multiplicidad de la realidad objetiva.

 

El espacio en lo particular, guarda su propia unidad en su diversidad infinita objetiva y concreta; es, por lo tanto, que la Geografía, ciencia del reflejo de la faceta espacial de la realidad, contiene su unidad en la propia diversidad infinita del espacio, del cual es reflejo.

 

Este principio, el principio del reflejo de la realidad objetiva, contiene a la ley más general del desarrollo de la ciencia.  Sobre su enunciado, este desarrollo de la ciencia se ejecuta en una subordinación de unas ciencias en otras; de acuerdo con los principios o leyes generales de su lógica interna del reflejo de la etapas  del desarrollo de la naturaleza; del reflejo del desarrollo de las formas de movimiento y su sustrato portador; del reflejo del movimiento del conocimiento de lo abstracto a lo concreto; y del reflejo del movimiento del conocimiento de lo general a lo particular.

 

A su vez, el desarrollo de la ciencia está sujeta a ciertos principios o leyes  generales externas a ella o condicionantes, relativas al mundo de la producción, que impone ciertas necesidades sociales y creatividad tecnológica; es decir, cierto desarrollo de medios y elementos de producción.

 

Parte de esas leyes económico-sociales, tienen carácter político-administrativo, las que al igual que las leyes del movimiento del conocimiento de lo abstracto a lo concreto, de lo general a lo particular, o de lo simple a lo complejo, dirigen el desarrollo de la ciencia.

 

*

 

Considerando estos dos grupos de leyes, internas y externas, en el desarrollo de la ciencia en cada momento histórico, se han dado en el curso de la historia, tres intentos para la solución del problema de la unidad de la Geografía.

 

El primero de ellos se dio en la Antigüedad entre los siglos III-I ane, bajo las concepciones filosóficas de Heráclito, Demócrito, y del epicureismo, en la geografía de Eratóstenes; y bajo las concepciones filosóficas de Parménides, Zenón, y del estoicismo, en la geografía de Estabón.

 

Estos pensadores en su aportación geográfica, partían: Eratóstenes, del reflejo del espacio terrestre (a partir de la teoría del espacio de ese momento), y su naturaleza primaria; y Estrabón, con base en los postulados del estoicismo consistentes en guardar una actitud contemplativa y de vivir conforme a la naturaleza, partía, por su lado, de la jerarquización de todo aquello que era a su juicio digno de estudio.

 

En ese ambiente de la Antigüedad bajo el Imperio Romano, surgió por primera vez el problema de la unidad de ese saber denominado por Eratóstenes como “Geografía”; el que Estrabón modificaba criticando el “fisismo” (o naturalismo), y el “matematicismo”, de Eratóstenes, para darle un contenido antropocentrista y ecuménico.

 

Estrabón pretendió haber resuelto el problema con su crítica de dos siglos después a Eratóstenes, contenida en los Prolegómenos a su “Geografía”, con el respaldo a su autoridad dada por el Imperio.

 

El segundo momento para la solución al problema de la unidad de la Geografía, se dio entre los siglos XV-XVII, en pleno Renacimiento, entre las obras de Mercator y Varenio.

 

El planteamiento vareniano no era un planteamiento objetivo, esclarecido a partir de una definición del objeto de estudio de la Geografía como reflejo de una faceta de la realidad; sino dado en función de establecer subjetivamente el campo enciclopédico de estudios de esta disciplina de conocimientos.

 

Influía en el pensamiento geográfico de Varenio, los sistemas empirista de Bacon, y racionalista de Descartes, que por entonces penetraban todo el quehacer científico.

 

Las “afecciones”, como Varenio llamaba a las propiedades de los fenómenos que sistematizaba, le daban la jerarquía por influencia baconiana; el propio sistema de conocimientos jerarquizado daría la importancia del método, por influencia cartesiana.

 

Favoreció al predominio de la obra de Varenio, el conflicto surgido de la especialización del conocimiento geodésico, a cuya esfera de estudios pasó, con las nuevas teorías de la forma y dimensiones de la Tierra, el problema del cálculo de las proyecciones cartográficas, que dejó con serias limitaciones el estilo de la geografía ptoloméico-meractoriana; limitación esencialmente centrada en la no-profundización más esencial de su propio objeto de estudio, el cual ya no podría ser en sí la representación cartográfica, sino algo que estaría en el fondo de ello, y que habría que abstraer y generalizar, lo cual no se ha estado consiguiendo sino hasta nuestros días, a pesar de algunos adelantos visionarios como los de Hettner.

 

Finalmente, un tercer intento para fundamentar la unidad de la Geografía, se ha dado del siglo XVIII a nuestros días, siguiendo la obra humboldtiano-ritteriana, de corte enciclopédico, bajo las influencias hegeliano-kantiano-positivistas; dando lugar a una unidad de la Geografía fincada en un criterio subjetivista en la definición del objeto de estudio de la Geografía.

 

Se ha opuesto a esta definición subjetivista, aun cuando con grandes limitaciones, la obra de Hettner, principalmente, aún bajo las mismas influencias kantianas; y sólo más tarde, e igualmente endebles, las de Hartshorn y Schafer, entre otros, que han prescindido de un análisis dialéctico materialista de la historia y de la lógica de la geografía.

 

Nosotros, argumentando ese análisis dialéctico materialista fundado en las lees internas del desarrollo de las ciencia, dadas en la teoría del reflejo objetivo de la realidad objetiva, exponemos en este breve ensayo la tesis de que la unidad de la Geografía radica en la materialidad del espacio y su propia diversidad infinita, dada en su naturaleza de una forma continua de la materia, o bien enana forma discreta de la misma.

 

*

 

Como conclusión: desde 1982, en el I Simposio de Enseñanza de la Geografía en México, y posteriormente en los IX y X Congresos, hasta llegar a este XI Congreso Nacional de Geografía en 1987, hemos asentado como premisas el que: 1) históricamente han existido dos corrientes fundamentales del pensamiento geográfico; una sobre el estudio del espacio (hasta ahora subyacente en sus diversas manifestaciones); y la otra sobre el estudio de los fenómenos en el espacio, entendido como lugar, región, territorio; 2) que la Geografía es una disciplina de conocimientos acerca del espacio (no de las relaciones natrales y sociales, ni de la planificación); 3) que la Geografía es una ciencia única, íntegra y en desarrollo, y de ninguna manera una síntesis de un sistema de ciencias; 4) por lo tanto, ni deviene segregada de la filosofía, ni de su seno se han separado nunca ninguna ciencia especial que diera lugar a su disgregación; 5) que es en torno a la teoría del espacio que ha de darse la unidad de estas dos grandes manifestaciones del quehacer geográfico: el fenomenista, y el análisis espacial; 6) que en razón de lo anterior, es, en consecuencia, una disciplina de conocimientos físico-matemática; 7) que, como tal, es una ciencia natural inorgánica como lo es el espacio, y no una ciencia de síntesis de un sistema de ciencias; 8) que en tanto no ha dado coherencia a todo un sistema teórico-metodológico, el cual necesariamente ha desarrollado a lo largo de su historia aún no plenamente rescatada, es una disciplina de conocimientos que aún se encuentra en un estado precientífico (sólo con trabajos como estos, de reflexión teórica, y exhaustivas indagaciones historiográficas y no de un exclusivo practicismo ciego o empirismo estrecho, es como se vislumbra un proceso de ascenso a la categoría contemporánea de ciencia), y, 9) que en la dialéctica de su desarrollo, la histórica contradicción: <<espacio-naturaleza/sociedad>>, no es una contradicción antagónica, sino una contradicción en cuya solución tanto la sociedad, parte de la naturaleza misma, su estadio más desarrollado y avanzado; como lo que conocemos como la propia naturaleza  en sí, son manifestación de los posibles e infinitos estados de espacio, de esencia continua o discreta.

 

Ahora, como consiguiente, la nueva contradicción que subyace en el movimiento del saber geográfico, se ha de exponer mediante los opuestos continuo-discreto, en el estudio de las transiciones de unos estados de espacio en otros, en una Geografía única.

 



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3 junio 2010 4 03 /06 /junio /2010 09:00

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

La Contradicción Teórico-Cognoscitiva Fundamental

del Pensamiento Geográfico.

  Ponencia al XI Congreso Nacional de Geografía,

México, 1987.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

Espacio Geográfico”; Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 03 jun 10.

 

 

Comentario Preliminar.

 

Al comenzar 1987, inició el fin de la ya histórica etapa de transición de una Geografía empírica, descriptivista, enciclopedista, recopiladora y censal; a una Geografía teórica, de una verdadera explicación causal sobre las propiedades y leyes de un objeto de estudio propio bien definido y diferenciado, con su propio método fundado en los protocolos del método científico de la modernidad, desde la cual poder aportar nuevos conocimientos a la sociedad.

 

En nuestro archivo, en la carpeta correspondiente a 1987, encontramos el breve escrito que ahora comentamos, del cual apenas nos acordábamos vagamente por el hecho curioso de que, presentado como ponencia al XI Congreso Nacional de Geografía de ese año; al leer ante el auditorio el último párrafo, lo hice muy rápidamente, por lo que la profesora que moderaba me hizo la broma de que “respirara”.

 

Es pues, una de las dos ponencias presentadas en tal Congreso, y en tal sentido, un documento esencial, indicativo ya de por sí, “del inicio del fin” de esa transición; pero, más aún, de que nuestro planteamiento teórico había llegado ya a un alto grado de desarrollo y solidez, dada en su consistencia lógica.

 

Tal documento, sin lugar a dudas, preparó el esclarecimiento final sustentado en la segunda ponencia.  Por ello, este escrito es esencial.  Su contenido es una gran generalización sobre la contradicción fundamental de la Geografía, pero, al mismo tiempo –y he aquí esa naturaleza trascendente– una gran generalización, a su vez, del significado de dicha contradicción fundamental como reflejo dado en la unidad del mundo.

 

 

Ensayo.

 

Al referirnos a la contradicción teórico-cognoscitiva fundamental del pensamiento geográfico, nos estamos refiriendo al movimiento de una faceta de la realidad objetiva.

 

La contradicción de que hablamos es aquella que en un opuesto tiene al espacio, y en el otro a la relación naturaleza-sociedad.

 

Es claro que ninguna ciencia se comporta como un todo homogéneo internamente, pues su movimiento y desarrollo depende precisamente de su heterogeneidad; aun cuando no en forma de un agregado, sino en la de un todo único y sus contradicciones dialécticas internas; de ahí que la Geografía no puede ser ajena a esa condición, que impone la confrontación de hipótesis e ideas.

 

La diferencia entre esas posiciones encontradas en toda ciencia, tiene su forma más generalizada en los fundamentos gnoseológicos con que se abordan los problemas de la realidad objetiva, y de manera más particularizada, en las diversas corrientes o escuelas de pensamiento históricamente dadas, para cada ciencia.

 

Concebida la Geografía como síntesis de un sistema de ciencias, conformado por más de veinte de ellas, tanto naturales como sociales, pareciera preestablecerse como ciencia sobre la unidad del mundo, en la medida de la integración de gran parte de los conocimientos sobre el mismo.  Y es así como tácitamente se expone en los planteamientos teóricos actuales, aduciéndose como justificación, que los especialistas pierden de vista precisamente esta unidad, esta integración o relación del mundo en sí mismo.  De ahí que explícitamente se enuncia a la Geografía como ciencia de relación naturaleza-sociedad, específicamente por una de estas corrientes o escuelas de pensamiento geográfico.

 

Pero esta supuesta unidad de la Geografía en dicha diversidad de las ciencias especiales sobre las facetas de la naturaleza y la sociedad, no responde a una unidad dialécticamente dada, y, por consiguiente, tampoco refleja la unidad dialéctica del mundo.

 

La unidad del mundo está dada en la dialéctica de la unidad en la diversidad, que supone una amplificación y profundización constante del conocimiento sobre el mundo; sobre el conocimiento de la realidad objetiva; por la multiplicación de las ciencias especiales, las cuales penetran cada vez más en la esencia y leyes de la realidad, con lo cual, la sociedad, tiene cada vez más un conocimiento más cabal acerca del mundo.

 

Por lo tanto, la unidad en la diversidad, como se plantea en esta corriente del pensamiento geográfico, no es en realidad mas que un agregado de ciencias yuxtapuestas y coordinada entre sí, en una suma de partes que pretenden reunir más o menos un todo.

 

Es decir, aquí, la unidad en la diversidad, no se ve en la esencia y leyes de la realidad objetiva, sino en el simple agregado; en oposición a un saber geográfico en una ciencia de síntesis de un conocimiento único e íntegro, homogéneo en relación con el sistema de las ciencias, referido a una sola y modesta faceta de la realidad objetiva, a través de cuya comprensión se contribuye al conocimiento de la unidad del mundo.

 

La concepción de la Geografía como ciencia de relación, fue criticada ya desde los primeros tiempos por el materialista y padre del pensamiento  dialéctico, Heráclito; en cuya dialéctica en la que “todo es y a la vez no es”, se entendía “facilidad de palabra para expresar ideas confusas”, conociéndosele por tal razón como “el oscuro de Éfeso”; pronunciando dicha crítica, entre otros, a su contemporáneo, el geógrafo Hecateo, señalando que, “la mucha erudición no enseña la sabiduría, de otro modo se la habría enseñado a (…) Hecateo”[1].

 

Heráclito externó esta idea, ya que, lo que Hecateo parece buscar en su pensamiento geográfico, es precisamente ese establecimiento de la unidad del mundo, dada en la armonía de las conexiones y relaciones naturaleza-sociedad, en un agregado de conocimientos.

 

Esto es lo que se deduce del trabajo geográfico de Hecateo, al ser comparado con el de su contemporáneo Anaximandro; es decir, por su “Genelogía” (perdido), por el que algunos autores le atribuyen un papel de historiador; y su “Descripción de la Tierra”, en dos libros, dedicados, uno a Europa, y el otro al Asia, en el que se contiene su mapa del mundo (al parecer, reproducción del mapa de Anaximandro, usado también por Herodoto), al que llamó “Perigesia”, connotando así más el conocimiento de la Tierra como un todo, frente al “Perimetrón” de Anaximandro; por el que se entiende, por su parte, tan sólo la medida de ésta, o quizá más propiamente aún, como la determinación de la medida de su espacio.

 

A partir del pensamiento geográfico de Hecateo, la Geografía resulta ser así, una disciplina de conocimientos que no indaga en la realidad objetiva, sino que pretende un saber integrador, aportado por el conjunto de las ciencias del sistema que la forman, tratando de desentrañar los aspectos de la unidad del mundo.

 

Sin embargo, a partir del pensamiento geográfico de Anaximandro, podemos concluir que la Geografía no surgió como reflejo de todo el saber acerca de la Tierra, sino tan sólo como el reflejo de la faceta espacial de ésta; es decir, de un espacio determinado por el conjunto de los procesos tanto naturales como sociales, que en tanto existen, existen en el espacio, y de ahí esa apariencia holística.

 

Dialécticamente, la unidad del mundo la habremos de encontrar en su materialidad.  A su vez, el conocimiento de la materialidad del mundo, de su unidad, consistirá en el descubrimiento de las propiedades, leyes y esencia de la realidad objetiva.  Finalmente, el conocimiento de esas propiedades, leyes y esencia de la realidad objetiva; o sea, de la materialidad el mundo, de su unidad; estará en el estudio de la diversidad.

 

A la cuestionante, históricamente dada, de qué es lo que da la unidad del mundo; es decir, el conocimiento de la armonía de sus vínculos, de la integridad de sus conexiones, de la dialéctica de las relaciones naturaleza-sociedad dada en el descubrimiento de las propiedades, leyes y esencia de la realidad objetiva; si: a) el agregado de las ciencias y la integración en ello de sus conexiones; o b) la “dispersión”, la diversificación del conocimiento especializado.  Los geógrafos que se inclinan por el caso a), irónicamente habrán de coincidir con Henri Baulig, cuando éste concluye refiriéndose a la Geografía, diciendo que es: “una categoría nueva de la inteligencia…”[2].  Quienes optamos por el caso b), habremos de reconocer, tan sólo: una modesta investigación acerca de una de las infinitas facetas de la realidad objetiva, con cuyo desentrañamiento la Geografía contribuye al saber universal humano, y, con ello, a la comprensión de la unidad del mundo.

 

Asumir conciencia de ello, es empezar a hacer una geografía científicamente estructurada, en donde esté presente de manera estética, una teorización amplia y profunda de sus postulados, principios, definición, objeto de estudio, lugar entre el sistema de las ciencias, de su sistema de categorías fundamentales, de sus teorías, leyes, carácter hipotético-deductivo, bases metodológicas en la investigación causal misma, y el carácter de su predictibilidad científica.

 

Ciertamente la Geografía ha estado hasta ahora en una condición precientífica, pero asumiendo conciencia de ello, a la vez, ha empezado a abandonar tal condición.



[1]      Heráclito; Editorial Sarpe; Madrid, 1985; fr.XL; Diog. IX,1; p.41.

[2]      Mendoza, Josefina G; et al; El Pensamiento Geográfico; Alianza Editorial; Madrid, 1982; p.310.

 


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26 abril 2010 1 26 /04 /abril /2010 08:03

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

La Geografía en el Desarrollo Histórico

de las Investigaciones Oceanográficas en México,

Hacia Fines del Mundo Indígena.

Conferencia Inaugural, 1986 (3/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 03 may 10.

 

 

Generalización de la Investigación Oceanográfica en los Comienzos del Capitalismo.

 

Al iniciarse el sistema económico-social capitalista bajo su forma de libre competencia, la clase social que detentó los medios de producción social, interesada en incrementar sus ganancias, favorece el desarrollo de las fuerzas productivas, de la socialización de la producción, así como de la ciencia y de la técnica, imprimiéndose un fuerte avance en ellas.

 

Es el momento histórico, también llamado del Renacimiento (ss.XV-XVII), cuya primera parte aquí analizaremos.

 

En esos momentos, la burguesía es una clase social interesada en destruir las formas aún persistentes del feudalismo, tanto en la economía, como en la ciencia y la técnica, que frenaban el desarrollo social.  A su vez, la ciencia había venido contribuyendo por su parte, al derrumbamiento del sistema oscurantista medieval, que con las ideas religiosas y escolásticas, tenían al mundo sumido en la ignorancia.  Surgió así, entre los siglos XV y XVI, la teoría heliocéntrica de Copérnico, los adelantos técnicos y científicos de Leonardo de Vinci, y la ciencia de Giordano Bruno y de Bacon.

 

Así, se abrió la llamada Era de las Exploraciones y sus grandes descubrimientos geográficos, en el renacimiento de la Geografía, y con ello, hemos visto, surgia también el saber oceanográfico.

 

Si, como hemos visto, esta última profunda relación nacía en las ideas de Toscanelli, expuestas en su Carta en Proyección Trapezoidal, su culminación habría de tener lugar, en los trabajos de Gerardo Mercator (1512-1594).

 

Lo que representaría el último vínculo entre la geografía y la oceanografía en el siglo XVI, seria, entonces, el desarrollo de la Proyección Cartográfica Cilíndrica Tangente Conforme de Mercator.

 

Resolver el problema de la representación en un mapa, de la navegación con rumbo fijo, fue una tarea a la que muchos estudiosos de la geografía se apegaron en esos años.  Mercator finalmente resolvió el problema en una contribución de enorme trascendencia para la futura investigación oceanográfica.  Nos atreveos a decir, incluso, que es con este hecho, en conexión con los estudios especializados ya propiamente oceanográficos, que esta disciplina de conocimientos asciende a la categoría de ciencia rigurosa de nuestro tiempo.

 

 

Conclusión.

 

Habremos de concluir, terminando este breve ensayo, con cuatro ideas, todas las cuales se deducen de la experiencia histórica recogida entre los siglos XV y XVI:

 

1    Como para cualquier estudio, para la investigación oceanográfica en particular, el conocimiento geográfico sobre las formas espaciales de la existencia de los fenómenos, le es imprescindible.

2     De lo anterior se sigue la necesidad imperiosa en nuestro país, del vínculo estrecho de las investigaciones geográfico-oceanográficas de nuestros mares y litorales, no sólo en función de la producción pesquera, sino, más trascendente quizá aún, para enfrentar los problemas de nuestra industrialización; con lo que basta recordar el caso del pozo petrolero Ixtoc-I y la enorme zona cubierta ya por el sistema de plataformas de perforación marina, explotación y transporte a tierra.

3     Ahora, más que nunca quizá en nuestra historia, es necesario promover la investigación geográfico-oceanográfica, mirando hacia el futuro, en las perspectivas del siglo XXI.  Ahora que precisamente disponemos ya de los medios que se nos negaron durante tantos siglos, ya por el coloniaje, ya por la secuela de subdesarrollo y dependencia.

Es preciso, pues, definir la investigación oceanográfica específica, en los marcos del estudio de las premisas o condiciones materiales de existencia de los procesos naturales y sociales vinculados al océano.  Como de la investigación geográfica , como el estudio de la forma espacial de existencia de dichos procesos y de sus condiciones de existencia.

 

4    Por último, asesta una de las más nobles empresas de nosotros los mexicanos con el espíritu de rescatar nuestros valores científicos en los estudios oceanográficos históricos, en esa perspectiva de colaboración entere dos ciencias tan ligadas, para el desarrollo de la ciencia mexicana y su aportación universal.

 


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26 abril 2010 1 26 /04 /abril /2010 08:02

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

La Geografía en el Desarrollo Histórico

de las Investigaciones Oceanográficas en México,

Hacia Fines del Mundo Indígena.

  Conferencia Inaugural, 1986 (2/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 29 abr 10.

 

 

La Investigación Geográfica en los siglos XV-XVI.

 

Analizaremos aquí, alrededor de ciento cincuenta años de historia, correspondientes a una de las épocas más cruciales en todas las esferas del hacer y saber humano, en donde a nuestros antepasados más directos les tocó desempeñar uno de los papeles más importantes: el sacrificio de la sociedad conformada hasta entonces en el mundo indígena, junto con el desarrollo de su cultura dada en su ciencia, su arte y su técnica; en aras de una sociedad, que, caduca ensu lugar de origen, era respecto a la nuestra, más desarrollada, e incluía en su propia cultura una ciencia más avanzada, suficiente para consolidar su dominio.

 

La Geografía, en ese momento de la historia, en función de sus preocupaciones  teóricas más generales y esenciales, que eran las de resolver las geniales conjeturas de los geógrafos griegos, relativas a la demostración de la esfericidad de la Tierra, de sus dimensiones, de la existencia de los continentes simétricos al Ecumene, Antecos, Periécos, y Antípodas; habrá de tener entre sus mejores exponentes, a Paolo del Pozo Toscanelli (1397-1482).

 

La Geografía, como ciencia del estudio del espacio terrestre, se expresa así, en el saber cosmográfico y cartográfico, estando profundamente ligada a la Oceanografía; la que por su parte, se expresa en el saber náutico de este período histórico, en la Escuela de Transval en el Cabo de Sagrés, más conocida como la Escuela Náutica de Enrique el Navegante (1394-1460), en donde se funden los conocimientos sobre el modo de navegar, y los conocimientos acerca del espacio geográfico: los primeros, que no sólo se referían a las técnicas de operación de los galeones y navíos; sino en el modo de seguir una ruta en el mar, de saberse valer de los vientos y corrientes marinas pudiendo identificar las condiciones físicas de su presencia; y los segundos, cuyas propiedades están  dadas por este saber cosmográfico y cartográfico.

 

Una ciencia no se pudo hacer sin la otra; y para mediados del siglo XV, las necesidades econ´ñomico-sociales ampliamente conocidas en el mercadeo con las “Indias Orientales” y el desarrollo de la ciencia y de la técnica, permitieron que las condiciones estuviesen ya dadas, para que las ideas de Toscanelli, planteadas a Alfonso V de Portugal a través del canónigo Fernando Martins, se hiciesen viables en la derrota trazada en su Carta de Marear de 1474.

 

En esta labor del renacer de la sabiduría griega, en Martin Behaim (1436-1506), se personifica al geógrafo Crates, de la Antigüedad.

 

Ambos tienen en común la preocupación por la representación a escala de la esfera terrestre.  Si en el Globo Terráqueo de Crates encontramos expuesta la hipótesis de la necesaria simetría continental; ahora, en el Globo Terráqueo de Behaim, que recogía los conocimientos geográficos hasta 1492 (antes de los informes de Colón), se establece la teoría de que Asia se extendía 100º más allá de sus límites reales, lo que le acercaba  en alrededor de 10,000 km más a Europa por la ruta de occidente.

 

Por último, los más notables geógrafos  de esta época, vinculados a la oceanografía (que en su forma incipiente es “la náutica” en general), fueron, Juan de la Cosa (1460-1510), y Américo Vespucio (1451-1512), quienes –y especialmente este último, de acuerdo con la Carta a Lorenzo de Médicis de 1504, en donde le dice haber encontrado no islas o la vanguardia de Asia, sino la cuarta parte de la Tierra– descubren realmente en estas tierras a un nuevo continente; conclusión obtenida precisamente ya desde mediados de 1499 en la desembocadura del Orinoco, por la naturaleza de la notable mezcla de aguas de este río y las oceánicas, que sólo permitían deducir la profunda interioridad de todo un continente; lo que finalmente Vespucio confirmaría en 1503 en su Mundus Novus y la misiva del año siguiente a Lorenzo de Médicis antes mencionada.

 

 

La Investigación Oceanográfica en los siglos XV-XVI.

 

Si algo favoreció la época de las grandes exploraciones y descubrimientos geográficos, fueron dos hechos objetivos que condicionaron el proceso formativo de la oceanografía en México, relativos a los fenómenos de las corrientes marinas, y la circulación de los vientos, de suma importancia oceanográfica ambas.

 

El conocimiento de estos dos hechos se da entre el primero y cuarto viaje de Colón.  Tan es así, que ya en su tercer viaje, éste elude el acecho de los navíos franceses, haciendo un benéfico rodeo ya bien conocido hacia Madeira y las Canarias, hasta el Trópico de Cáncer e islas de Cabo Verde, empujado más favorablemente por los cientos alisios y sobrellevado más cómodamente por el principal flujo de la Corriente de las Canarias; evitando el centro de calma tropical que hubo de atravesar en su primer viaje.

 

Igualmente, ya desde la primera expedición, eludiendo a su regreso el centro de alta presión del Atlántico Septentrional, navegó hacia el noreste alcanzando los contraalisios y las influencias de la corriente del Golfo continuadora de las corrientes ecuatoriales del sur y norte.

 

Todos estos fenómenos coexistentes y en conexión, forman parte de los conocimientos, tanto geográficos en sus relaciones espaciales, como oceanográficos en su determinación como condiciones materiales de existencia de otros procesos.

 

La acumulación de estos datos en los “Informes Náuticos”, ayudaron a dirigir las observaciones del comportamiento local de los mares, de manera muy particular en esta zona de ciclones tropicales.

 

Así, junto con las condiciones históricas generales y el desarrollo de los conocimientos teóricos geográficos, se tuvieron ciertos hechos objetivos como los antes mencionados, con todo lo cual, en su conjunto, se condicionó el proceso formativo de los estudios oceanográficos en México entre los siglos XV y XVI.

 



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26 abril 2010 1 26 /04 /abril /2010 08:01

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

La Geografía en el Desarrollo Histórico

de las Investigaciones Oceanográficas en México,

Hacia Fines del Mundo Indígena.

 Conferencia Inaugural[*], 1986 (1/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 26 abr 10.

 

 

Comentario Preliminar.

 

1986 resultó ser uno de los años más productivos en nuestra vida profesional.  De la manera más circunstancial, el Comité Organizador del I Simposio Nacional Sobre el Desarrollo Histórico de las Investigaciones Oceanográficas en México, sin saber del fallecimiento del Dr. Jorge A. Vivó aún a siete años de ello, buscándolo para invitarlo a ofrecer la conferencia inaugural de dicho Simposio, entró en contacto con nosotros, que para entonces habíamos hecho una semblanza del trabajo del Dr. Vivó; de manera que, para cuando preguntaron quién podría ofrecer una plática acerca de su vida y obra, dimos las referencias de los profesores más cercanos a él, como de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, y simultáneamente ofrecimos proporcionarles nuestro trabajo: “El Dr. Jorge A. Vivó Escoto, a Través del Análisis Crítico de su Presencia y Obra”, a fin de que ellos consideraran la invitación que más propia creyesen.

 

Unas semanas después nos volvieron a contactar, esta vez, haciéndonos la invitación por oficio (con ese protocolo muy formal propio de la milicia, pues organizaba precisamente la Secretaría de Marina; al parecer, dándole más importancia al hecho de que yo trabajaba en aquel entonces en el Departamento de Cartografía de la Gerencia de Exploración de Petróleos Mexicanos, que en la academia o el Instituto de Geografía), para que, dándonos un honor para el que aún no considerábamos tener mucho mérito, fuésemos nosotros los invitados a ofrecer la Conferencia Inaugural de dicho evento; para lo cual preparamos la ponencia que ahora aquí transcribimos: La Geografía en el Desarrollo Histórico de las Investigaciones Oceanográficas en México, Hacia Fines del Mundo Indígena.

 

Así, fue que, preparando este trabajo, es como expusimos, casi impensadamente, de manera incluso un tanto confusa, en qué había consistido la frase de Américo Vespucio de: “He descubierto la cuarta parte del mundo”, que tanto ha confundido a los historiadores; y cuya importancia nos lo hizo ver en realidad, la reacción admirada de una persona asistente en el evento.

 

Sin querer interferir en el trabajo que venía haciendo el Dr. Gustavo Vargas Martínez junto con algunos compañeros geógrafos en relación con ese problema, fue esa la única vez que tal idea (y como algo que nos resultaba evidente) se expuso de nuestra parte.

 

Paradójicamente, a este I Simposio Nacional Sobre el Desarrollo Histórico de las Investigaciones Oceanográficas en México, que se efectuó en el Auditorio Principal del Museo de Ciencia y Tecnología de la Ciudad de México en noviembre de 1986, no asistieron –por lo menos a mi vista– los investigadores que normalmente solía encontrar en las conferencias de la Sociedad Mexicana de Historia de la Ciencia y de la Tecnología, o en las conferencias o coloquios de la Sociedad Latinoamericana de Historia de las Ciencias y de la Tecnología (si acaso, al Dr. Enrique Beltrán, Presidente de la SMHCyT, y a la Dr. Virginia González Claverán, del Colegio de México); más bien era gente desconocida por mi, porque la mayoría provenían, por ejemplo, del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, B.C; del Centro de Investigación de Quintana Roo; de la Comisión Nacional de Subsistencias Populares (CONASUPO), algo extraño; de la Dirección General de Oceanografía Naval; del Instituto Mexicano del Petróleo; de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional, por cierto, siendo de ahí la Dra. Isabel Bassols Batalla; del Instituto Mexicano de Recursos Naturales Renovables (El Dr. Enrique Beltrán); del Consejo de Recursos Minerales, de la Secretaría de Energía, Minas de la Industria Paraestatal; Consultores en Ingeniería Fluviomarítima, sa; del Centro de Estudios Avanzados del IPN; del Centro Regional de Investigaciones Pesqueras; del Departamento de Oceanografía del la Comisión Federal de Electricidad; de la Federación Panamericana de Ingeniería Oceánica y Costera; de la Secretaría de Pesca; y de Petróleos Mexicanos; en su mayoría, con la presentación de trabajos técnicos de investigación aplicada, y en el ámbito no exactamente académico, sino de las secretarías de Estado, o de las empresas productivas (y lo que explica, creemos, esa invitación honoraria a mi persona).

 

Por más que fuese un Simposio sobre el “Desarrollo Histórico” de la Investigaciones Oceanográficas, estrictamente no era de investigación teórica, y no tenía mucho qué ver con los “mismos de siempre”.  De hecho, ahora veo que la única persona que pudo darse cuenta cabal de lo que nosotros expusimos ahí (aparte de aquel asistente que fue a nosotros sorprendido por lo dicho pidiéndonos que releyéramos el pasaje de lo dicho), fue la Dra. Virginia González Claverán, que mucho tenía que ver con el Océano Pacífico, como estudiosa de la obra de Antonio de Ulloa.  Pero lo que dije y repetí de manera especial a solicitud del compañero asistente que desgraciadamente nunca supe su nombre, no trascendió, y durmió ahí por casi treinta años, hasta ahora que lo hemos vuelto a analizar y publicar en esta revista electrónica.

 

 

Introducción.

 

Dos ciencias que de manera tan profunda se han influido mutuamente en su desarrollo histórico, como son la Geografía y la Oceanografía, sólo tratadas conjuntamente pueden mostrar la vastedad y riqueza de aportaciones con que han contribuido al conocimiento humano sobre el mundo.

 

En este breve ensayo destacaremos, con base en esas mutuas influencias, los hecho objetivos de su coexistencia espacial o geográfica, que condicionaron el proceso formativo  de la oceanografía, particularmente en México, en los cruciales siglos XV a XVI.

 

Lo anterior, no quiere decir qu allí engan su origen ambas cienicas para nosotros o en particular la oceanografía, ni que allí comience la ciencia en México; sino el que sólo enfatizaremos en sus relaciones en un período histórico muy concreto, que es el de los albores de la formación económico-social capitalista, que marcó el fin de la evolución natural de nuestro mundo indígena, con su desarrollo científico y técnico propio y universal.

 


[*]  Conferencia Inaugural al I Simposio Nacional Sobre el Desarrollo Histórico de las Investigaciones Oceanográficas en México; México, D.F; 26-28 noviembre de 1986; Memoria; Comisión Interescretarial de Investigación Oceanográfica, México, 1986.

 



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8 febrero 2010 1 08 /02 /febrero /2010 09:04

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010


La Geografía en la Teoría del Desarrollo
y Subordinación de las Ciencias de F. Engels.
  Ponencia al I Congreso Latinoamericano
de Historia de las Ciencias y de la Tecnología
(La Habana, Cuba, 1985) (4/4).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

 

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica
http://espacio-geografico.over-blog.es/;
México, 18 feb 10.

 

 

De los Comentarios Preliminares.
Segunda parte. Parte final.

 

                              Luego de aquellos primeros comentarios iniciales, lo segundo a comentar es ahora la ubicación de la Geografía en el Cuadro de la Clasificación de las Ciencias, en su versión 2010; veinticinco años después, sin que, por supuesto, nadie le haya hecho caso, o que en la posibilidad de ello, le haya entendido.

 

                              Esta ponencia se publicó poco después en la revista “Elementos”, de la Universidad Autónoma de Puebla[*], gracias al apoyo de otro compañero marxista que conocí en el Congreso.  Dicha revista llegó, por su lado, a manos de compañeros de físico-matemáticas del mismo centro de labores, y no pasó, ni podía pasar, de ahí.

 

                              Así es que, sólo conmigo mismo, idéntico a mí mismo, allí donde me quedé hace veinticinco años, lo retomo, y lo avanzo un poco más.

 

                              El cuadro de la ponencia, o en su versión de 1985, está correcto al ubicar las líneas “A” y “B” correspondiente a la ciencia de las relaciones entre el ser y el pensar, y de las ciencias básicas, acerca de las formas generales de movimiento de la materia (energía-vida).  El problema del error se presentó en las siguientes dos líneas.

 

                              “Al desarrollo multifacético –decimos en el trabajo– y a la subordinación, que va de la Filosofía, Astronomía y Matemáticas, a la Física, Astrofísica y conocimientos geofísicos generales, hasta llegar a la cosmografía, Topografía y Geodesia; le sigue la Geografía...”; esto es, en ese momento, en un error elemental, subordinamos incorrectamente la Geografía, tanto por la forma de movimiento de la materia como, sobre todo, por sus momentos históricos, a la Geofísica.

 

                              En consecuencia, decimos ahí: “Por dicho cuadro se aprecia que la Geografía es una geociencia física, así como matemática en su forma geodésica, directamente...”; lo cual, “por el cuadro”, evidentemente es así, pero no lo es “por el reflejo objetivo de la realidad objetiva que se estudia”.  Y en consecuencia: “así como las formas de movimiento transitan de unas a otras, así también los reflejos de esas distintas formas de movimiento de las ciencias, expresan los tránsitos de unas ciencias a otras”, y como ahí mismo lo expresamos, queda mal representado.  Y lo fue así, dada la limitación aún en el concepto de espacio geográfico; particularmente incluso, por la falta de claridad aún en los conceptos de forma de existencia de la materia, o forma de movimiento de la materia; incluso la falta de discusión en ello del concepto de "sustratos portadores".

 

                              Así, uno de los más valiosos pasajes, es este, en el cual Engels, a nuestro entender, nos da la dialéctica del espacio en esa condición teórica lógico dialéctica, por la cual el espacio no sólo es ser, en su condición indisoluble de forma de existir como un continuo, sino que; además, precede, teórica y lógico-dialécticamente, al ser en tanto forma de movimiento de la materia expresada en algún estado discreto de la misma: “Tales formas de movimiento –decíamos ahí–, quedan referidas en su mayoría, a su existencia terrestre, donde esa existencia tiene tanto una forma continua (primariamente geometrizada), como una forma discontinua o discreta (primariamente física), que es llamada por Engels como premisa o condición de existencia...”.

 

                               Pero, más aún, ese estado continuo condición de existencia, “a su vez contiene las especies de sustratos portadores de las formas de movimiento de la materia”; esto es, lo referido el resto de las ciencias particulares inscritas en la línea “E” del cuadro.  Por lo que, en esta parte el mismo está correcto.

 

                              El problema del equívoco se centró, pues, en las líneas “C” y “D”; es decir, en la relación entre las formas continuas generales de existencia de la materia (o de las transiciones continuo-discretas de los movimientos de la materia), y las formas discretas particulares plenas de movimiento de la materia (reflejo de los sustratos portadores del tipo de movimiento), dadas en las ciencias derivadas.    “Así –volviéndonos a citar y ahora en el punto clave–, en tanto que para Engels se va del cielo a la Tierra; y a ésta respecto a su estructura interna, respecto a su origen y evolución; y de la naturaleza inorgánica de la Tierra a su superficie; nosotros hemos querido no seguir necesariamente ese proceso que es reflejo de las etapas históricas de la naturaleza analizadas por él, puesto que a la consideración del cielo, de la mecánica celeste o astronomía, que es la consideración del ser; debe seguir la consideración inmediata del existir: del espacio, ya como recipiente de todos los objetos materiales, ya como la cualidad posicional del mundo de los mismos”; primero, ya en la Cosmografía; y después en la condición de existencia del movimiento geológico.  Y esta última parte, alude ya sólo a la dialéctica entre el ser y el existir yendo de lo general a lo particular y viceversa, mal vista en el cuadro en su versión de 1985, aquí sí, por simple arreglo de la forma del cuadro, que por una parte no separa a la Cosmografía de la Topografía y Geodesia, y por otra parte, no ubica a las geociencias como lo que precisamente son: ciencias de empalme, históricamente posteriores al la Geografía, y metodológicamente subordinadas a ella.

 

                              Así que, arreglado el cuadro de “aquel sujeto no sólo herético y blasfemo para con Engels, sino confuso y parco de miras” de 1985, ahora, el mismo cuadro, nos queda así:

 

La Geografía en el Cuadro de la Clasificación de las CIen 

La Geografía en el Cuadro de la Clasificación de las Ciencias, según la teoría del desarrollo y subordinación de las mismas, de F. Engels (versión 2010).

[Fuente: Hernández Iriberri, Luis Ignacio; http://espacio-geografico.over-blog.es/]

 

 

                              Lo esencial en él es, pues: 1) que hemos agregado la calsificación de las formas de movimiento de la materia; 2) hemos ampliado y ordenado más correctamente las ciencias de empalme y geociencias; y, 3) hemos agregado algunas ciencias más vinculadas al conocimiento geográfico históricamente dado.  En una caracterización distinta de la fila “C”, separando la Cosmografía de la Geodesia, y ubicando correctamente a las geociencias como ciencias de empalme que son.  El cuadro de la clasificación de las ciencias opera así, más correctamente, cual Tabla de los Elementos de Mendeleiev, pudiendo predecir incluso lo que ha de ir en los cuadros vacíos, reforzando la lógica objetiva del mismo y precisando no sólo la ubicación de la Geografía, sino, lo principal, sus relaciones con las demás ciencias; de modo que de ello derive una correcta apreciación tanto de sus fundamentos metodológicos, como el hecho, a su vez, de cómo ella es fundamento en la metodología de otras ciencias.

 

                              Consumatum est, lo que desde entonces queríamos demostrar, finalmente ha quedado demostrado.  El cuadro anterior con la explicación de sus fundamentos, puede simplificarse de la siguiente manera (dejamos sobreentendido el que, al paralelo de las "Ciencias de la Tierra", en el campo de lo social, se subordinan aquellas ciencias sociales con una base metodológica geográfica):

 

 Ubicacion-de-la-Geografia-en-su-Sector.jpg

Ubicación de la Geografía en su Sector Particular del Cuadro de la Clasificación de las Ciencias, según la teoría del desarrollo y subordinación de las mismas, de F. Engels (versión 2010).

[Fuente: Hernández Iriberri, Luis Ignacio; http://espacio-geografico.over-blog.es/]

 

                             Ahora, sin duda, vendrán con gran autoridad los viejos geógrafos, los geógrafos fenomenistas; como, a su vez, con gran confusión y pesadumbre los nuevos geógrafos, a decirnos: <<¡¿Y los suelos; y las asociaciones de vegetación; dónde quedó entonces la historia, y la economía...; por todos los cielos, qué aberración..., y lo social..., dónde quedó lo humano...?!>>.

 

A lo que, veinticinco años después, no podemos sino responder que: ahí; ahí mismo, ya en su desarticulada y divulgativa geografía fenomenista; o bien en su calidad de “estados discretos de espacio”.  No está mal su preocupación, todo ello es espacio, estados de espacio; en esa ubicación en el cuadro de clasificación de las ciencias, ello metodológicamente se satisface como condición de existencia de las formas discretas o sustratos portadores de las formas de movimiento de la materia, objeto de estudio de otros especialistas.  No está mal; ...en tanto se entienda eso complejo que es la teoría del espacio, esencia, categoría fundamental históricamente dada del conocimiento geográfico (cuando se entienda esto, desaparecerá “la angustia por la pérdida de su vasto saber enciclopédico”, o "el cargo de conciencia" por el "revolucionario compromiso" de la Geografía con la sociedad).

 

Cuando los geógrafos hayan delimitado bien, cuando asimilen bien los fundamentos teóricos, entonces harán una geografía por entero al servicio, ya no sólo de la educación y la cultura en cápsulas o videodocumetales, sino de la producción y la solución a las verdaderas necesidades sociales.  Entonces será una geografía verdaderamente comprometida con la sociedad, y profundamente humana.



[*]  Hernández Iriberri, Luis Ignacio; La Geografía en la Teoría del Desarrollo y Subordinación de Federico Engels; en "Elementos", Revista de Ciencias Exactas, Naturales y Aplicadas, Nº 6, Año 2, Vol 1, enero-marzo, 1986; Universidad Autónoma de Puebla, México, 1986; pp.43-46.
http://www.elementos.buap.mx/num06/pdf/43.pdf 



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8 febrero 2010 1 08 /02 /febrero /2010 09:03

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010


La Geografía en la Teoría del Desarrollo

y Subordinación de las Ciencias de F. Engels.

  Ponencia al I Congreso Latinoamericano

de Historia de las Ciencias y de la Tecnología

(La Habana, Cuba, 1985) (3/4).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 15feb 10.

 

 

La Geografía en la Teoría del Desarrollo
 
y Subordinación de las Ciencias.

 

En esos términos, consideraremos por último, la Geografía en la teoría del desarrollo y subordinación de las ciencias.

 

Hacia 1873, Engels aplicó los principios materialistas dialécticos de la objetividad y el desarrollo a la clasificación de las ciencias.  Por el primer principio se reconoce que las ciencias son reflejo de las facetas o formas de movimiento de la realidad objetiva; por el segundo, que así como las formas de movimiento transitan de unas a otras, así también los reflejos de esas distintas formas de movimiento de las ciencias, expresan los tránsitos de unas ciencias a otras, suponiendo un orden natural, y por tanto, en subordinación.

 

Engels ve en las formas de movimiento, en general de la naturaleza inorgánica –retomando aquí a Kedrov– a la energía; y de la naturaleza orgánica, a la vida.

 

Tales formas de movimiento, quedan referidas en su mayoría, a su existencia terrestre, donde esa existencia tiene tanto una forma continua (primariamente geometrizada), como una forma discontinua o discreta (primariamente física), que es llamada por Engels como premisa o condición de existencia, y que a su vez contiene las especies de sustratos portadores de las formas de movimiento de la materia.

 

Así, en tanto que para Engels se va del cielo a la Tierra; y a ésta respecto a su estructura interna, respecto a su origen y evolución; y de la naturaleza inorgánica de la Tierra a su superficie; nosotros hemos querido no seguir necesariamente ese proceso que es reflejo de las etapas históricas de la naturaleza analizadas por él, puesto que la consideración del cielo, de la mecánica celeste o astronomía, que es la consideración del ser; debe seguir la consideración inmediata del existir: del espacio, ya como recipiente de todos los objetos materiales, ya como la cualidad posicional del mundo de los mismos.

 

Como recipiente tendrá prioridad en la historia de la naturaleza, y como cualidad posicional, referirá la existencia de las cosas ya a los astros, ya en particular a la Tierra, en ese orden.

 

Por lo tanto, antes que pasar del cielo a la Tierra, a su interioridad, habrá que pasar del cielo, de la mecánica celeste, de la mecánica de los astros, entre ellos, la Tierra; a la física o mecánica terrestre (propiamente geofísica), y de ésta a su forma de existir, al espacio, en particular, al determinado por la superficie terrestre y el campo de ésta, o sea, a la geografía.  Y en seguida a la naturaleza interna de la Tierra, a la geología, que pasará a operar como premisa o condición de existir (discontinua o discreta, por lo demás), junto con la sucesión hidrosférica (hidrografía y oceanografía), y atmosférica (meteorología y climatología), conteniendo en ese sentido los sustratos portadores de las formas de movimiento de la materia, en cuanto a la energía.

 

                               Posteriormente vendrán las formas superiores de movimiento, la química, la biología, y finalmente la social; con sus referencias a su existencia terrestre, con la geoquímica, geobiología y geoeconomía, derivando en cuanto a la forma de movimiento de la vida (biología), a su forma de existencia continua ecológica.

 

En tanto que la geografía encuentra sus bases metodológicas en a filosofía, en la astronomía, en la física, química, biología y sociología; así como en la astrofísica, la geofísica, y la cosmografía; la topografía y geodesia; la geografía contendrá, sumada a las anteriores, las bases metodológicas para el resto de las ciencias.

 

El saber geografía supone el conocimiento de los aportes de las ciencias antes mencionadas; saber geología y geomeorfología, hidrografía y oceanografía, meteorología y climatología, edafología y ecología, e historia y economía; ellas supondrán el conocimiento de los aportes de la geografía, relativos esencialmente a la forma de existencia continua espacial.

 

 

La subordinación de las ciencias
 
y su desarrollo desigual.

 

Queda agregar, a manera de conclusión, una especificación más sobre el desarrollo de la Geografía con las ciencias subordinantes inmediatas, la Geofísica, la Cosmografía, junto con las ciencias sobre las magnitudes de la Tierra, la Geodesia, misma que generaliza a la Topografía.

 

Respeto a la Geofísica, la Geografía constituye en términos generales dicha disciplina de conocimientos, con dos notables diferencias: 1) la no profundización en los métodos para el conocimiento de la física de la Tierra; y, 2) la ampliación del conocimiento hacia los aspectos biológicos y socioeconómicos, que en tanto existentes, no pueden existir mas que en el espacio, como objetos físicos materiales.

 

Para el caso del espacio como cualidad posicional, que es inconcebible sin ningún objeto, dicho espacio, como geográfico, no puede ser estudiado sino con referencia al conjunto de fenómenos físicos, biológicos y sociales.

 

Respecto a la Cosmografía, se diferencian fácilmente por el espacio a que se refieren; pero en relación con la Geodesia, la historia es distinta.  El problema de la subordinación de una a otra se hace complejo por el desarrollo desigual y alternado, aun cuando finalmente una, la Geodesia, se desarrolla más que la otra, la Geografía, de acuerdo al carácter menos  complejo de su objeto de estudio: es decir, de la forma, dimensiones y campo de gravedad de la Tierra; respecto a la complejidad evidente, históricamente dada, del estudio del espacio.

 

En tanto; la Geografía siguió hacia el estudio de los fenómenos en un marco de referencia espacial, bajo la influencia de Varenio.  Y cuando parecía que la Geodesia había retomado el estudio del espacio, como ciencia de las magnitudes o geometría de la Tierra, ello no fue sino sólo la matematización del sistema de referencia físico del espacio geográfico.

 

Así, la superficie esférica de la Tierra, aun cuando por esférica tridimensional, no constituye dicho espacio geográfico; tal superficie, es únicamente sistema de referencia físico del espacio continuo tridimensional adyacente a ella; objeto de estudio de la Geografía finalmente, a partir del cual podemos ubicarla como ciencia natural, y determinar su metodología de acuerdo a la teoría del desarrollo y subordinación de las ciencias.

 

 

Bibliografía.

 

Jammer, Max; Conceptos de Espacio; Grijalbo, México, 1970.

Kedrov, B.M; Clasificación de las Ciencias; Progreso, en dos tomos; Moscú, 1974.


 

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