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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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15 noviembre 2010 1 15 /11 /noviembre /2010 00:03

Las Comunidades de la Ciencia

y de la Geografía en México.

  Artículo 2010 (3/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 22 nov 10.

 

La comunidad institucional “oficial” de la geografía en México,

y su función de validación del conocimiento.

 

Cuando elaboramos nuestra tesis de Maestría en Educación Superior, una dificultad con el asesor que nos fue designado, un pedagogo “posmodernista”, estuvo precisamente en el punto de si lo que estábamos haciendo era verificación de un conocimiento o aporte nuevo, o una mera validación de algo.  Nosotros sosteníamos lo primero en función de la verificación de nuestra hipótesis, pero la opinión gramsciano-frankfurtiana y “neomarxista” de aquel (realmente una variedad neopositivista), en un relativismo extremo, era que el conocimiento científico no se verifica, sino sólo se valida (es decir, para éste, no existe el conocimiento verdadero, todo es relativo en función de que depende del sujeto, y, por lo tanto, la validación del conocimiento se establece como una especie de consenso entre la comunidad “científica”).

 

Lo que se debatía ahí, era justamente el conflicto ideológico entre las posiciones de dos comunidades en el ámbito del hacer científico, en donde la posición “oficial”, nos pretendía reducir a lo suyo: la mera validación del conocimiento.  Mas el problema se resolvía con mucha sencillez: el problema de la validación del conocimiento, es sólo asunto dentro de su marco teórico ideológico “posmodernista”, que, obviamente, nosotros no compartíamos; pero el problema de la verificación del conocimiento, es asunto del marco teórico del riguroso método científico de la modernidad, dado en nosotros en la dialéctica materialista.

 

El método científico de la modernidad nació allá entre los siglos XV a XVIII, entre el Renacimiento y la Revolución Industrial, impulsado por la burguesía revolucionaria del capitalismo naciente que luchaba contra los resabios feudales de las monarquías que aun subsistieron hasta el período de la Ilustración, y de ahí que la Revolución Francesa fuese su máximo logro político histórico.  Al pasar al siglo XIX comenzó su descomposición, y a partir de mediados del mismo, con la aparición de Marx y Engels, esa burguesía anteriormente progresista, al igual que el sistema capitalista, se convirtió en su contrario; ahora luchaba ya por conservar sus privilegios, contra nuevas fuerzas progresistas más avanzadas: el proletariado, dirigido por la teoría del comunismo.

 

La ciencia en las manos de una burguesía antes progresista, dio un vuelco a quedar ahora en manos de una burguesía conservadora y reaccionaria, y la ciencia se tergiversó, elaborándose todo tipo de sistemas filosóficos que permitiesen simular el verdadero método científico, y entre los cuales, el más eficaz resultó ser la filosofía positivista; que de su forma clásica derivó al llamado empirocriticismo o empirismo lógico de fines del siglo XIX, y luego al neopositivismo de principios del siglo XX en adelante.  El llamado “neomarxismo”, de la escuela de Frankfurt, es en realidad una variante, y contemporáneamente la más eficaz, de ello mismo.

 

Para fines del siglo XX, en el extremo de la incapacidad ya del capitalismo para ir a más, aún sin un sistema social socialista oponiéndosele en la práctica, ha evidenciado el que ha dado de sí todo lo que podía dar, y hoy, en el curso del inicio del siglo XXI, se encuentra sumido en la más grave crisis, y última, de su historia.  Apoderada desde siempre de las universidades, si en ellas en un principio fraguó la ciencia y el progreso, hoy esas universidades vertiginosamente se convierten el ámbito más tenebroso de la difusión del oscurantismo.

 

Que hayamos sido “proscritos” de ese ámbito universitario, no sólo no tiene nada de extraño; es algo consecuente con lo mismo que le ocurrió a Marx; sino más aún, era algo obligado, y afortunado.  Pero ello pone de manifiesto, precisamente, que allí se origina la diferencia entre dos comunidades fundamentales: la “oficial” institucional, dependiente de los criterios y necesidades de la clase social en el poder; y la comunidad “no-oficial” independiente, y hasta “proscrita”.  En aquella (y nuestra referencia es la comunidad de geografía), se simula el hacer de la ciencia, luego se apropia, incluso mediante el descarado plagio, del conocimiento venido de otro ámbito, que mientras está allí, es como si no existiese, y mediante su “oficialidad” institucional, lo valida haciéndolo aparecer como aporte propio.

 

Y estas afirmaciones no son especulativas, no son sin fundamento y pruebas, en la ciencia de la geografía en México, hemos vivido abiertamente ese proceso en el curso de los últimos treinta años.  De ahí que quien hoy esté por una ciencia progresista, antes que incurrir en esas prácticas de apropiación de los conocimientos mediante la trapacería del plagio, debe procurar con particular énfasis la cita textual, la referencia bibliográfica clásica, y el otorgamiento de los créditos.  Ciertamente, algo difícil en un medio ultraconservador, de espíritus timoratos y pusilánimes; pero es que la ciencia revolucionaria y progresista no se define sino, precisamente, en esa lucha.

 


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15 noviembre 2010 1 15 /11 /noviembre /2010 00:02

Las Comunidades de la Ciencia

y de la Geografía en México.

  Artículo 2010 (2/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 18 nov 10.

 

Las comunidades de geógrafos.

 

Inesperadamente, a principios de 2008, estuvimos recibiendo correos de una organización denominada algo así como “Pista 17” o “Pista 21”, en fin, algo que por su título no entendimos, pero que por su contenido, se refería a la organización del trabajo de la ciencia independiente o no “oficial”, invitándosenos a ciertos foros a presentar lo nuestro.  Por supuesto, puros autores desconocidos, y no sólo porque pertenecían a otras disciplinas de conocimientos, sino porque aún en ellas sus nombres no sonaban.

 

Consideramos por un tiempo esas invitaciones sin acceder a ninguna, no tanto por pensar en una alternativa posible, como por entender más ampliamente de qué trataba todo aquello; y luego de un tiempo, declinamos explícitamente, cesando, finalmente, toda comunicación.

 

Desde la primera reflexión acerca de aquellas invitaciones, concluimos que había en ello un contrasentido: aquello era una especie de “institucionalización de la ciencia no-institucional”.  No obstante, había, también, cierta lógica: esa “institucionalización”, no imponía ningún tipo alineamiento de dependencia a ciertos intereses.  Aún así, no aceptamos participar en tal proyecto, dado un argumento más, y de hecho, nuestro argumento de esencia: ello es tanto como crearnos “nuestro mundo aparte”, pero, junto con ello, promover un laissez faire, laissez passer, ante la ciencia “oficial” institucional.

 

Con ello, lo que estamos planteando, es que hay en el fondo, un conflicto de intereses entre la comunidad “oficial” institucional de la Geografía, y la comunidad independiente de la misma.  Y un conflicto, por demás, esencialísimo, determinante del hacer de toda la ciencia: un conflicto ideológico entre el oscurantismo propio de una, la comunidad “oficial”; frente a la ilustración propia de la otra, la comunidad independiente; un conflicto entre el conservadurismo misoneísta de aquella, ante los anhelos de cambio y de progreso de ésta; un conflicto, pues, de las posiciones ideológicas reaccionarias de la clase social burguesa en el idealismo de una; contra las posiciones ideológicas revolucionarias de la clase social proletaria en el materialismo dialéctico y el marxismo, de la otra.  En nuestra persona, eso se expresó abiertamente desde el primer momento cuando estudiantes en la Facultad, y, antes que atenuándose, radicalizándose, por lo que ello fue la causa esencial de nuestra obligada y afortunada “proscripción”.

 

La existencia de ambas comunidades de la geografía en México, no es pues, casual, un accidente; sino el reflejo de la lucha ideológica de las clases sociales en este país.  Por eso, de lo que se trata, no es de hacer “un mundo aparte” para la geografía independiente, sino de cuestionar, desde ella, ya como individuos, ya desde sus propias organizaciones como la SMTHG que no alinea ni impone dependencias, el hacer reaccionario, oscurantista y acientífico, de la geografía “oficial” institucional.  Es, ciertamente, una lucha descomunalmente desigual; así ha sido en todas las ciencias a lo largo de la historia de las mismas; pero cuando la hemos enfrentado básicamente solos como tantos otros en la historia, por tantos años, ello nos deja, con un gran significado, profundamente satisfechos.  Finalmente se ha avanzado por donde hemos dicho.

 

Pero existe en la ciencia en general, no sólo las comunidades del saber “oficial” institucional y del saber independiente; sino, también, y de manera por demás interesante, la comunidad del saber esotérico (del gr. esoterikós, interno, reservado), conocido como de la “ciencia oculta” (n el concepto de ciencia como saber, mas no como demostración del hecho como verdadero).  Un ámbito iniciático, del que, por definición, desconocemos sus contribuciones concretas, allegándonos apenas unos escasos documentos, pero esenciales para comprender su importancia, no obstante sumida en el misterio para el que, como nosotros, nos movemos en el mundo de lo exotérico (del gr. ex, fuera; y esotéricos, interno, reservado).

 

Tres grandes comunidades, en tres grandes mundos; donde, por definición, tanto la comunidad ocultista, esotérica, hace “su mundo aparte” y no le interesa nada de lo que está fuera de él; como también el “mundo aparte” de la comunidad “oficial” institucional, prepotente, más que por los conocimientos que en ella se generan, por la posición política que ostenta favorecida por responder a los intereses de la clase social burguesa en el poder.  Donde, entre ambas, la comunidad independiente se divide entre los que la organizan para hacer “su mundo aparte” como remedo de las otras dos comunidades, y los que, organizados o no, hacen de la ciencia un mundo único y someten a crítica todo lo que la obstruye, desde lo que la oculta, hasta lo que la distorsiona, y no concede ni al ocultismo esotérico, ni a la “oficialidad” institucional.

 

Frente a esos “mundos aparte” que tratan a toda costa de disociarse y negar toda relación mutua considerándose autosuficientes, está esa parte crítica de la comunidad independiente, por demás, que, como en nuestro caso, en una posición abiertamente materialista dialéctica en la que nosotros nos definimos; antes que negar toda relación entre los mundos de dichas comunidades, la preestablece como condición fundamental del proceso del conocimiento.  Y de ahí la necesidad de su crítica tanto al pensamiento idealista metafísico mágico-religioso del esoterismo, como al pensamiento subjetivista idealista de la “oficialidad” institucional.

 

Aquí comienza lo extraño y lo complejo, lo desconcertante cuando se aborda esta temática por primera vez.  Es por ello necesario el ejemplo, que a manera de símil, nos establezca la idea de las relaciones entre las comunidades.  Tal ejemplo puede darse con la analogía en las relaciones dadas entre la investigación teórica, la investigación aplicada, y la investigación operativa (misma a la que nos hemos referido en otro trabajo).  Ese mismo juego de ideas ocurre entre el saber esotérico, la ciencia independiente, y la ciencia “oficial” institucional.

 

En el saber esotérico se está en el límite del conocimiento (independientemente de los métodos de su obtención), tanto más o menos especulativo, cuanto más o menos fundado o correspondiente con la ciencia positiva[*].  Está en el papel que juega la ciencia-ficción y conviene tomarla por ello.  Esto es, como ese conocimiento conjetural en el que, con fundamento científico riguroso, se imaginan posibilidades derivadas de ello (tomadas por fantásticas).  Cuando la ciencia independiente tiene la capacidad de abrevar en ello para hacerlo en algunos de sus aportes parte de lo suyo (la más de las veces sin reconocerlo), pero ahora fundando esos conocimientos en dicha ciencia positiva moderna e ilustrada, elabora un conocimiento verdadero, y ya no especulativo, acerca de dicho saber.  Y es bajo esta condición de transición, y sólo bajo esta condición de transición, que puede pasar, y pasa, a la ciencia “oficial” institucional (de ahí que esta última no reconozca su relación con la primera); la que, por último…, y he aquí lo nuevo y desconcertante, se limita –si bien no en todos los casos sino en algunos muy puntuales– sólo a reproducirla…, y validarla; sin que tampoco, y mucho menos, lo reconozca así.  En esta última, no generalizando, sino al contrario, siendo muy puntuales en los casos, no se crea conocimiento, sólo se valida el ya existente en otros ámbitos.

 



[*] Es decir, la ciencia que se funda en la vigencia de los elementos de su propio desarrollo.  Nada que ver con el “cientificismo” de la filosofía positivista comtiana.

 



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15 noviembre 2010 1 15 /11 /noviembre /2010 00:01

Las Comunidades de la Ciencia

y de la Geografía en México.

  Artículo 2010 (1/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 15 nov 10.

 

Introducción.

 

Este es un tema de ciencia básica poco estudiado en México, y, respecto de la ciencia de la Geografía, total y absolutamente inexplorado.  Ello no es casual: en este tipo de estudios se incide sobre lo más susceptible entre los intelectuales e investigadores en el campo de la ciencia; esto es, en la unicedad de la ciencia, y en las condiciones de igualdad para producir conocimientos.

 

La fachada y estructura a la vista, es que la ciencia es una, y existen todas las condiciones de igualdad para todos para producir conocimientos en ella, y sólo depende de las capacidades de cada cual.  Pero nada más falso; y exponer esta tramoya, si no se ha de hacer para remozarla, se considera como un acto de deslealtad, tanto por los que mantienen el poder y el control de las cosas, como por los que se ven afectados en sus intereses, e incluso por los que, confundidos, no han desentrañado la complejidad del fenómeno.

 

Nosotros, como todos, pasamos por ese proceso de comprensión del funcionamiento de lo que parece ser sólo una misma comunidad, dado que en su mecánica, todo opera en la simulación, a valores entendidos.  Tardamos en comprenderlo; realmente lo entendimos a cabalidad hasta 1988 o finalmente 1990, con motivo de la temática tratada en el II Congreso Mexicano de Historia de la Ciencia y de la Tecnología; y tanto por los trabajos del Congreso, como, principalmente, por mi presencia circunstancial, por lo menos en una de las reuniones extracongreso; una cena en la que, por un lado departían los investigadores renombrados, y por otro, literalmente, los vasallos; es decir, los Becarios y ayudantes de investigadores, entre los que, a saber cómo siendo yo totalmente ajeno a ello, de pronto estaba yo ahí entre los Becarios, escuchando lo que sería una de sus conversaciones comunes, pero que para mi fue totalmente reveladora.  Lo que trataban, dejaba a la vista sin reserva alguna toda la suerte de intrigas palaciegas, la mecánica con que un grupúsculo u otro de investigadores y sus vasallos operaban alianzas o descréditos en la lucha por sus intereses mezquinos, en tanto todo ello únicamente tenía que ver con posiciones de poder, caso omiso de cualquier consideración de la investigación científica.  Y nada de eso se trasluce a la vista del profano, para el que todo discurre en plena paz y armonía en un esfuerzo colectivo, común y único, en aras del desarrollo de la ciencia.

 

Entonces entendí por qué el proceso de nuestra “proscripción” desde tres o cinco años atrás: simple y llanamente, no encajábamos en el juego de valores entendidos; no sólo éramos unos insubordinados por naturaleza, sino que no dábamos claras muestras de rendir pleitesía poniéndonos al servicio de algún grupo de poder.  En esa lucha palaciega de la ciencia, o ya dicho en particular, de la Geografía institucional, en nuestra posición utopista por la ciencia, no sólo no éramos útiles ni para Dios ni para el diablo, sino que, peor aún, afectábamos a los intereses meramente de poder de ambos por igual.  El hecho es que, ello lo entendimos ya muy tarde, cuando ya no había “remedio” alguno; y qué bueno que fue así, porque con ello quedamos obligados a una posición, cuya justificación nos hizo teorizar, y entendimos algo más profundo aún.

 

Si la comunidad de geografía no era, como por mucho tiempo equivocadamente lo supusimos –y, lo repetimos, de manera afortunada–, un comunidad única, monolítica, trabajando en función de la ciencia de la Geografía; sino un mundo de fracciones operando por los intereses más mezquinos y baladíes ajenos a la ciencia en sí; entonces, en qué lugar habíamos quedado nosotros.  Esto es, por un lado, cuál era el significado de la Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía, sc; que habíamos fundado en 1989; pero, por otro lado, cuál era entonces, el significado de nuestra “proscripción”.

 

Si la SMTHG había significado una maravillosa utopía en el ámbito de la comunidad de geógrafos, que difícilmente, en esas condiciones, podría ir a más; nuestra “proscripción” personal era sólo un hecho fortuito.  La SMTHG como un pretendido esfuerzo colectivo generalizable podía dejar de pensar y hacer, pero nosotros no.  Y así, nuestra “personalidad física”, se hizo idéntica a la SMTHG, que se convirtió sólo en nuestra “personalidad moral”.  Y el asunto se redujo a entender, entonces, desde dónde, en el campo de la estructura del trabajo científico, necesariamente, operábamos.

 

Y, decíamos, delimitar y justificar el ámbito de nuestro trabajo geográfico, nos llevó a descubrir algo muy interesante ya desde aquellos años de principios de la década de los noventa, que está ahí, a la vista de todos, pero a la vez, con una naturaleza insospechada, y que es el complemento exacto para entender la revolución científica que se ha empezado a operar con la creación de la Internet (1996), y del surgimiento de los blogs (1997) en ella.  Bolgs que hasta el año 2003 a 2005 fueron principalmente de usufructo de los jóvenes en el intercambio de fruslerías, pero que, a partir de entonces, comenzaron a ser el ámbito ideal de un tipo de investigadores; nosotros entre ellos, creando nuestro Blog “Espacio Geográfico”, a mediados de 2009.  Esos jóvenes ahora han migrado a algo más propio a ellos: los “chats” abiertos, o lo que se han dado en llamar las “redes sociales”, como el Twitter, o el “Facebook”, entre otras.

 

El complejo y comprometedor fenómeno de las comunidades en la ciencia, en particular de nuestro interés, en la Geografía en México, va más allá de aquellas fracciones en el seno de la geografía “oficial” institucional, dependientes de ciertos intereses inconfesables ajenos a la ciencia misma; se diferencia, aún más, de esa comunidad institucional dependiente u “oficial”, una comunidad de geógrafos de suyo independientes (la mayoría anodinos, o alienados con la geografía “oficial” institucional sin involucrase para nada con ella; pero, a la vez, un reducido grupo en ésta, operando en la “proscripción”, significando una muy especial comunidad, por definición, de “desconocidos” entre sí).

 

Más aún, en esa lógica de las cosas, tuvimos que reconocer un ámbito más de la comunidad de saberes, que en tanto sistemáticos pudieran denominarse como comunidades científicas, pero sobre lo que haremos reservas, en tanto algunos de esos saberes, no tienen que ver con el conocimiento de la verdad en términos de la ciencia.

 

De ello, pues, tratará este desconcertante trabajo, en el que por primera vez hablaremos de cosas totalmente extrañas al geógrafo en general, por las que no sólo definimos nuestro ámbito de trabajo geográfico, sino por las que, por exclusión, se determina el ámbito de trabajo del geógrafo institucional; lo que por demás, no dejará de serle de cierto impacto, tal cual ocurre con el lugar en que nos coloca toda revolución.

 


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11 octubre 2010 1 11 /10 /octubre /2010 00:08

Geografía,

y Viabilidad Institucional de la Geografía.

  Ensayo, 1992 (8/8).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 04 nov 10.

 

En realidad, pues, ya no había tiempo para poder hacer un cambio, y, en consecuencia, el desenlace inevitable ya, será, como se suele decir, “tocar fondo”.

 

El proyecto de Federación de Asociaciones, al parecer, efectivamente nació muerto; hoy (julio de 1992)[l], carece ya de sentido incluso, plantearse agregar a ella la ciencia de la geografía ex consuetudine.

 

La hipótesis de la coincidencia de intereses de la sociedad y el Estado respecto de la Geografía, confundía por la falta de interés en el fomento de ésta por parte del Estado.  En realidad, desde mayo de 1992 quedó clara la actual y seguramente futura política científica y educativa del Estado, que empezó por “fomentar” nuevamente la Geografía en la educación en el Bachillerato; pero, justamente –y aquí está el arte político del asunto–, distinguiendo bien los intereses coincidentes con la sociedad, en principio formada por clases con sus respectivos intereses: y a cada cual le dio, lo que cada cual quería, al “fomentar” la Geografía ¡de 20 años atrás!  A los geógrafos, porque así lo querían; al pueblo, porque a sus ojos no se le hizo ver otro proyecto posible, y lo mejor resulto volver 20 años atrás; y a la iniciativa privada, porque en sus manos deja por entero la Geografía del futuro[m].

 

Lo inconexo no era la consideración y reconocimiento de lo desarrollado por la SMTHG, eso resultó se un caso muy particular, sino la lógica de la satisfacción de los intereses a cada estamento social (aún algunos inconscientemente no comprendan que les sea para mal).

 

La geografía teórica independiente (hasta ahora la única que organizada y sistemáticamente existe), no tendrá –porque ni hay ya interés en que tenga–, cabida en la comunidad institucional.  De esta manera, la geografía institucional actual continuará su existencia; y deberá hacerlo por algo más que mera “tradición universitaria”; esto es, deberá hacerlo por necesidad social (económico-social).  Desde mayo de 1992, le ha quedado asignado su nuevo papel económico-social, y en perspectiva para muchos años (el conflicto presupuestal de la UNAM ha sido un elemento más, demostrativo de las naturaleza de la ya clara política científico-educativa actual).

 

Por su parte, a su vez por necesidad económico-social, ahí está, de frente, una enorme perspectiva, ahora: la del saber geográfico con su “Carta Fundacional Estatal Ex Consuetudine”…, la futura institucionalidad de la Geografía en México.

 

Ante dos geografías (la institucional “oficial” y la proscrita independiente), posibles y ahora viables ambas en contra de lo que pensábamos, hemos, paradójicamente, de darle la razón a esa comunidad institucional: ahora eso, el que esa geografía institucional continúe así, responde también a nuestros intereses (y entiéndalo quien lo pueda entender, no nos vamos a esforzar en traducirlo); nosotros no vamos a asumir la responsabilidad por las implicaciones de la siguiente afirmación; afirmación por la que ahora diremos exactamente lo que la comunidad institucional quiere oír: fuera de ella, la Geografía es otra; dicha responsabilidad se la dejamos a la planta formal de profesores universitarios, que como nunca, habrán de jugar el más triste papel social: el de la mediatización de las masas.  ¡Sea pues, la Geografía que siempre han querido que sea!...; será tan sólo, la Geografía institucional ex privilegio.[n]



[l] Redactando ya aquí a tiempos perdidos.

[m] Estábamos haciendo predicción.  Hubo, final y ciertamente, una mezcla de todo ello: se volvió al pasado, pero no exactamente al mismo, sino envueltos en un disfraz que hacía parecer el futuro.  Aparecieron o se desarrollaron empresas privadas como “Geocentro” o “Geomática”, con una rica producción geográfica e impartiendo cursos, principalmente sobre “Sistemas de Información Geográfica”; pero tampoco ninguna Universidad privada abrió los estudios de Geografía, y todo ello en su conjunto, evidenció, contra lo opinión de los neoliberales (y en lo que por un momento llegamos a creer como posibilidad ante la falta reopciones), la impotencia e inviabilidad de la “iniciativa privada” para desarrollar la educación en general, y la Geografía en particular.

[n] A casi veinte años después, este documento, particularmente su parte final, nos ha parecido sobrecogedor a nosotros mismos, hicimos un análisis y caracterización de la situación dada en una lucha ideológica por poco más de una década; misma en la cual construimos una teoría, pero lapso en el cual, a su vez, aprendimos esos terroríficos aspectos inquisitoriales de la vida de la ciencia, y con este documento, nos estábamos despidiendo.

No recordamos si una copia del mismo; hasta la relación de las cinco conclusiones; se entregó y quedó en manos del Comité Organizador de la Antología.  Es posible, y quizá ello explique el abrupto fin de todo.  El caso es que, a partir de ahí, se dio un estancamiento de la Geografía institucional en México, puesto de manifiesto en la tediosa producción del Instituto de Geografía, en la irregularidad de sus Congresos, en la ausencia de la discusión teórica, en la falta de eventos notables, y en la desaparición de revistas y asociaciones, en un oscurantismo en su seno, que dura hasta nuestros días.

     Ello fue previsto, es de una lógica necesaria.  La ideología burguesa no entiende en lo absoluto de dialéctica, y, por lo tanto, no puede entender que con el exterminio absoluto de su contrario, no queda más que ella, como negación de sí misma, pero sin síntesis de lo nuevo: eso, precisamente, es el oscurantismo.

     Haber previsto todo esto, es un logro intelectual de la mayor satisfacción…, y que así haya sido, también.  Fuera de ese ámbito, la Geografía es otra.

 



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11 octubre 2010 1 11 /10 /octubre /2010 00:07

Geografía,

y Viabilidad Institucional de la Geografía.

 Ensayo, 1992 (7/8).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 01 nov 10.

 

Conclusiones.

 

1      La situación actual de la Geografía en México, y en particular, de su futuro inmediato; sin duda un complejo fenómeno en que toda, absolutamente toda la comunidad de geógrafos de México (no sólo la comunidad institucional, pues la educación no se da por la educación misma, sino en función de los intereses de la sociedad o del Estado), somos directa o indirectamente responsables.  Evidentemente, unos más, quienes han administrado; otros menos, quienes han vivido el desarrollo de la Geografía, han propuesto, y no han sido escuchados.

 

2      Luego del deslinde de dos planteamientos teórico-metodológicos de la Geografía, que fue el origen del rompimiento en dos comunidades[g], se fueron dando reiterados intentos de reacercamiento, pero en cada uno, la comunidad institucional se encontraba cada vez con una mayor “radicalización” de las posiciones de la comunidad no-institucional, consecuencia lógica de su propio desarrollo teórico, de su marginalidad y proscripción; y, finalmente, de su comprensión de la sociología y políticas científico-geográficas, lo que ha hecho replegarse a la comunidad institucional tantas veces como pudiese haber intentado el acercamiento, acusando tácitamente a la comunidad no-institucional de “intolerante”, sin hacer ningún esfuerzo de comprensión de la propia situación de proscripción a la que la misma comunidad institucional la redujo.

 

3      Como consecuencia de ello, en lugar de abrirse a una discusión cada vez más rica, más precisa, más tolerante y más creativa, poco a poco se fue cerrando toda posibilidad de ello, empobreciendo el desarrollo, cometiéndose inexactitudes respecto de los planteamientos de unos y otros, rechazándose mutuamente sin dar mayores aportaciones, hasta empezar a carecer de sentido cualquier intento de acercamiento ya para mediados de 1991, no sólo dado el distanciamiento, sino dada la apertura de otras nuevas opciones[h].

 

4      Algo que deberá ser examinado más detenidamente, son los ámbitos y posibilidades reales de desarrollo de la investigación científico-geográfica, ya en sus distintos campos particulares, o bien en su mayor completitud.

 

5      Cualquiera que sea la política científico-geográfica actual, en una forma más precisa y acabada, creemos, sin duda, que enfilará por las aproximaciones y estimaciones mostradas en este ensayo; y tanto más lo creemos, cuanto por ahora esta conclusión responde no sólo al análisis teórico, sino a nuestras experiencias concretas.

 

*

 

… Y cuando creíamos haber dicho todo sin más oportunidad[i], los azares de la historia hicieron que este artículo durmiera por el lapso de cuatro meses, tiempo suficiente dados los actuales vertiginosos cambios sociales, para constatar algunos de sus aciertos.

 

En nuestros estudios de historia de la ciencia, nos encontramos con que universidades como la de Roma, o la de Salamanca, habían tenido Carta de Fundación, la primera papal, y la segunda imperial; y con ello, la llamada Carta de Fundación Ex Privilegio.  Pero, a su vez, encontramos que universidades ni más ni menos como la de Oxford, se habían fundado sin “bendición” de ninguna especie, y ya a toda una institución formada, se le otorgó Carta de Fundación Ex Consuetudine; es decir, por su sola existencia.  La duda respecto a la existencia o no de las comunidades no-institucionales en otros tiempos (la que debió haber formado la Universidad de Oxford, por ejemplo), está resuelta: siempre las ha habido.

 

Hoy, contra lo que hubiésemos deseado, no es un momento de posible identidad entre esa geografía institucional “oficial” ex privilegio, con esa otra geografía no-institucional, marginal y proscrita ex consuetudine; por el contrario, ha sido el momento histórico de la máxima expresión de sus diferencias.  No es pues un momento de un impulso revolucionario en nuestro quehacer científico general, sino el del estancamiento total, y por consiguiente, de la hora de una ruptura total[j].

 

Ahora, con mayor precisión gramatical, podemos decir, ciertamente, que lo que no fue posible cambiar, fue el estado de la geografía institucional; y del mismo modo, la investigación básica en geografía, finalmente, ha sido tanto mayormente avasallada, cuanto mayores han sido las dificultades de la geografía proscrita independiente actual para desarrollarse y convertirse en su contrario[k].

 



[g] Hasta aquí, aparentemente había existido una sola comunidad de geografía, idéntica a sí misma.  Lo que ocurrió a partir de este proceso de la década de los años ochenta, fue la diferenciación en esa aparente identidad, de más de una comunidad de geógrafos.  De hecho, esta diferencia ya existía de tiempo atrás, pero aún no había entrado en contrariedad, hasta aquí, justo dado que la que se diferenciaba, lo hacia desde una posición teórico-metodológica no sólo nueva en general, sino nueva en tanto ésta sí, científicamente fundamentada.

[h] En este punto hay un lenguaje críptico sobre “inexactitudes”, o sobre la “apertura de otras nuevas opciones”, pero la verdad no recordamos a qué nos referíamos en concreto; aun cuando posiblemente fuese al hecho de que, contando con la SMTHG, estábamos pensando enfundar una nueva institución de formación de geógrafos.

[i] Y aquí no estamos escribiendo en 2010, sino que el documento original escrito en 1991, así dice textualmente.  La Antología no se produjo, y luego de cuatro meses, revisamos lo dicho contrastándolo con la realidad inmediata.

[j] Apenas cuatro meses después de haber redactado este ensayo, hacíamos finalmente conciencia de que la contrariedad dada en la diferencia, encerraba una contradicción insalvable, antagónica; y está contenido ahí, en este pasaje, la explicación de nuestro retiro del escenario.

[k] Es decir, darse a sí misma “Carta de Fundación Ex Consuetudine”.  Pero ello no fue como un “logro” de esa geografía institucional oscurantista, sino como producto de los tiempos económico-sociales: había empezado una crisis económico-social, misma que estallaría descomunal, justo en diciembre de 1994.  La más grande crisis económica de México en toda su historia.

 



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11 octubre 2010 1 11 /10 /octubre /2010 00:06

Geografía,

y Viabilidad Institucional de la Geografía.

  Ensayo, 1992 (6/8).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 28 oct 10.

 

El Estado lo sabe, hoy más que nunca se ve presionado por los intereses y necesidades sociales; su superviviencia le va en juego, y coincidente con esas demandas, como sea y de donde sea, va a scara a ese geógrafo del próximo futuro.  La libertad y posibilidad de lograrlo, se dirige por vía ya de una nueva y origina institucionalidad, ya por vía del llamado “sector privado”.  Y esto último exactamente, es lo que rompe con cualquier esquema del pasado[b].

 

Las generaciones de 1987 a 1991, por lo menos, fueron víctimas de un verdadero “genocidio intelectual”; no sólo se les negó la teorización lograda en la década anterior, sino se retrocedió, a tal punto que hasta ahora dista mucho de tener una formación completa (y al parecer, más aún, de aceptarlo; y quien quiera ahondar más en el punto, indague sobre las resoluciones del IX Encuentro Nacional de Estudiantes de Geografía en México, de mayo de 1991); la ingeniería geográfica se rechaza por su contenido físico-matemático con el argumento de que la Geografía es una “ciencia social”, y la geografía teórica, a la vez, es rehusada por su contenido filosófico-histórico, con los más simples juicios: ya porque se considera de “ideas oscuras”, ya porque se afirma que ella “sólo confunde más”[c].  Paradójicamente, esta vieja concepción teórica y práctica de la Geografía ya estorba, obstaculiza el nacimiento de los nuevo, cumplió históricamente y lo hizo bien todo, hasta el momento de tener que “transferir la estafeta”; pero en su descargo, diremos que, de frente, tenía un momento histórico que no podía ver y en nada parecido a cualquier otro del pasado; y las cosas ya no fueron continua y linealmente como hasta entonces.

 

Tan vastas son las posibilidades y tan potenciales los medios de viabilidad, que no obstante lo expuesto en estos últimos renglones, dicho al revés, y de ahí lo paradójico, esta vieja concepción de la Geografía con su tradicional institucionalidad, podrá (o podría) continuar su existencia por “tradición universitaria”, prácticamente por siempre bajo las mismas condiciones, como una opción más en esa vastedad de posibilidades.

 

El mundo sigue su marcha, la historia transcurre en incontenible movimiento, no espera, y para 1992, puede decirse que habrán iniciado ya, en la práctica, otros proyectos de viabilidad de la Geografía en México.  Tendrán tanto más éxito, entre otros factores, cuanto con más completitud respondan a los requerimientos sociales ya directos, ya mediados por las políticas de gobierno[d].

 

Qué tanto la actual institucionalidad en su conjunto, o apenas algunos de sus miembros en particular, sabrán adaptarse a este proceso de modernización e incluso lo hagan suyo con firme decisión, es algo que quizá muy pronto podrá empezarse a ver[e].  Una de las primeras señales de ello, es precisamente esta Antología, para la cual, nuestra contribución debe tocar aquí a su fin[f].

 



[b] El modelo económico neoliberal se implanta en México a parir de 1982, pero durante el sexenio del gobierno correspondiente, existe más de teoría y preparativos, que de aplicaciones concretas.  Es en el sexenio de gobierno de 1988 a 1994, en cuya parte media se elabora este ensayo, en que de hecho se pone en práctica decididamente (y ya no se diga para el siguiente sexenio; y los dos más que le han seguido; tras la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, en ese 1994).  Todo lo cual, sin la intervención de un planteamiento científico de la Geografía, bajo la naturaleza alienante y de enajenación capitalista, derivó en oscurantismo.  Lo que estamos describiendo en esta parte del ensayo, es la visión de esa realidad concreta, cuyo acierto se ha verificado en la práctica histórico social de los casi últimos veinte años.

[c] Argumento textuales vertidos en la Mesa de Teoría de la Geografía, del IX Encuentro Nacional de Estudiantes de Geografía, mayo, 1991 (nosotros ahí presentes como observadores, solicitamos la palabra, no obstante, dada la gravedad de las afirmaciones, para que se hiciese una Memoria del evento y quedara consignado históricamente lo dicho.  Apenas hicimos esta propuesta, esas tesis oscurantistas se moderaron e incluso eludieron).

[d] Y exactamente dos años después, a partir de 1994, eso, justo, es lo que ocurrió.  En un ambiente de crisis económica y social, dominó la repuesta a los requerimiento sociales mediados por las políticas de gobierno, en este caso, a través de la SEP.  Y ello lo que quiere decir, es que dominó una geografía tergiversada, manipulada, para, “maquillada como nueva”, volver a engañar.  Se simuló así, el responder a las necesidades sociales de progreso reales, y, en consecuencia, el efecto fue el contrario: nos precipitamos al oscurantismo.

[e] Lo que hay de interesante en este pasaje, es que, por una parte, se nota que ya estábamos previendo nuestro involuntario retiro del escenario (lo que ciertamente, ocurrió un año después); pero, aunado a ello, el dejar a un sector posible de la institucionalidad, la viabilidad de esa nueva geografía que estábamos proponiendo.  Pero no fue el sector institucional progresista el que retomó la responsabilidad; mediocre, pusilánime, pero también, creemos, no pudiendo faltar éticamente a darnos los créditos (lo que lo emparentaba con el diablo), optó por el laissez faire, laissez passer, y fue lo más conservadurista, ignorante, reaccionario, retrógrada y oscuro de la intelectualidad burguesa capitalista en geografía, lo que, mediante el plagio, produjo el retorcido cambio.

[f] Con la aclaración, de que tal Antología, no se produjo; fue la renuncia de los autollamados “progresistas” a su propia y simulada posición.

 



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11 octubre 2010 1 11 /10 /octubre /2010 00:05

Geografía,

y Viabilidad Institucional de la Geografía.

  Ensayo, 1992 (5/8).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 25 oct 10.

 

Respecto a la primer pregunta (cuáles son los intereses y necesidades de la sociedad, susceptibles de ser satisfechos por el saber geográfico); podríamos responder que en este momento histórico (visto hacia fines de 1991), la sociedad demanda del saber geográfico, el ordenamiento espacial, la planificación, la evaluación y política de resguardo de los recursos naturales.  En cuanto a la segunda pregunta (cuáles son los intereses y necesidades del Estado a satisfacer igualmente con el saber geográfico), los intereses y necesidades del Estado –sin olvidar su naturaleza capitalista–, no se alejan mucho de demandar lo mismo al saber geográfico.

 

Esto, para cualquier geógrafo de hoy en día, pudiera parecer obvio (y hasta una “deducción estúpida”, por “evidente”); pero los geógrafos de hoy en día deben saber –porque en esa misma razón de proporción lo desconocen–, en primer lugar, que estos intereses y necesidades demandadas a la Geografía, no siempre han sido las mismas, ni las únicas posibles.  Hubo un tiempo en que esos objetivos se centraron en un mera relación estadística, en el inventario sin mayor evaluación ni análisis.  Otro, en que ese levantamiento carecía de sentido si antes no se realizaba la síntesis cartográfica de lo recogido hasta entonces; y el problema se transfirió a la ingeniería de levantamiento cartográfico.

 

En otro período, la demanda tanto social como estatal al saber geográfico, lo determinó un carácter de ingeniería geográfica en una cartografía de deslinde; o en otro más, se dirigió a la investigación aplicada y especializada, que desarrolló las áreas de especialización en la geografía fenomenista; o bien se dirigió a satisfacer esencialmente necesidades educativas.

 

Estas direcciones en el quehacer geográfico no se puede decir que se hayan dado en forma absoluta o exclusiva, al parecer (pero esto debe ser motivo de investigación), nunca se han excluido totalmente unas por otras; pero es un hecho histórico la predominancia de una sobre otra en determinados períodos, reflejando así, la política científico-geográfica adoptada  en ese momento.

 

En segundo lugar, el geógrafo de hoy debe cuestionarse cómo es que, a pesar de la aparente coincidencia actual (que nosotros hipotetizamos) de intereses de la sociedad y el Estado, respecto del saber geográfico, él mismo no se muestre decidido con un interés de fomentar esa geografía institucional ya viabilizada; de donde se seguiría que esa coincidencia tiene más de aparente que de real, y algo anda inconexo; y ese algo inconexo quizá sea precisamente la consideración y el reconocimiento de lo desarrollado por la SMTHG.

 

Es evidente que todos estos intereses y necesidades están determinados por circunstancias económicas, políticas y sociales inmersos en una cultura dada y en un momento muy específico tanto de su propia historia, como de sus correlaciones internacionales.  Sin prescindir en este análisis de esas circunstancias, sí tenemos que omitir aquí sus detalles en obviedad de espacio, afirmando sólo nuestro parecer respecto de cuál pudiera ser ahora y al próximo futuro, la política científico-geográfica en México.

 

Así, la Geografía, hasta hoy, fue más una ciencia de gobierno, más al servicio del Estado que de la sociedad (o al servicio de ésta sólo a través de su coincidencia de intereses con las del Estado).  Pero durante la pasada década de los años ochenta, este geógrafo con toda su particular carga teórica de una concepción dominante del saber geográfico dado hasta ese momento; que finalmente parecía retomar las ciudadelas del llamado “sector público” industrial; empezó a enfrentar la más grave crisis en esa corriente de pensamiento geográfico dominante, de toda la historia de la Geografía en México.

 

Hoy en día no acaba de comprender qué ocurre, y seguramente –como están las cosas particularmente en el Colegio de Geografía en la UNAM–, le llevará, por lo menos, todo este primer lustro de los años noventa, el convencerse de que esa ya vieja teoría y práctica geográfica en que se ha formado, se acabó, no responde más a los intereses y necesidades sociales, ni indirecta, ni mucho menos directamente, y nada de lo que haga siguiendo esos viejos esquemas y experiencias históricas, le servirá para corregir el rumbo.  Las soluciones están en el análisis del futuro, y éste es campo de la investigación básica, teórica, que no ha tenido cabida en la geografía institucional[a].

 

Hoy la sociedad –a nuestro entender, o quizá sentir– ha empezado a reclamar el servicio del geógrafo en forma directa y en su expresión profesional más completa.  No en esa supuesta superespecialización vacua institucional actual y restringida no sólo aun campo no comprometido directamente ni en lo económico, ni en soluciones concretas, como le es inherente a la investigación aplicada, sino restringida incluso en la libertad de ideas y creatividad.  La sociedad quiere soluciones y reclama, además de esta investigación aplicada, una capaz ingeniería geográfica.  Pero la sociedad está urgida de soluciones creativas, mismas que únicamente pueden emerger del desarrollo de una geografía teórica; y esperaría con ello, la completitud de los servicios profesionales del saber geográfico.  Y esto es lo que el Estado está exigiendo en la formación profesional del geógrafo, de modo que éste ya no dependa de la manera tan absoluta como lo venía siendo, del “sector público”; exige ahora, más un geógrafo al directo servicio de la sociedad, más que del gobierno.

 



[a] Esto lo decíamos hacia fines de 1991, y para 1994, a través de la Secretaría de Educación Pública (SEP), mediante argucias plagiarias de ideas, nuestra tesis se oficializó sin darnos crédito alguno en ello, y el cambio se produjo.  Pero, obviamente, atenuando nuestro planteamiento, tergiversando las ideas, adecuándolas nuevamente a una visión del mundo subjetivista acientífica, por la intelliguenticia reaccionaria conservadora, que negada con el progreso y por lo tanto con la ciencia, respondía así a los intereses de un capitalismo retrógrada y oscurantista ya para entonces.

 



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11 octubre 2010 1 11 /10 /octubre /2010 00:04

Geografía,

y Viabilidad Institucional de la Geografía.

  Ensayo, 1992 (4/8).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 21 oct 10.

 

Por la disposición de un tiempo quizá ya inexistente para poderlo hacer, por la prevaleciente correlación de fuerzas, por la quizá insuficiente madurez aún de la geografía independiente, que bajo condición de proscripción dificultó y retardó su desarrollo, es más probable la imposibilidad de evitar ese desenlace.  A lo más, quiza, valga la pena intentarlo; pero frente a todo, se levanta un poderoso adversario: la incredulidad ante estas perspectivas, alimentada tanto por el desgaste, como por el enclaustramiento del geógrafo durante tantos años.

 

Comenzó entonces el segundo momento de esta larga etapa de transición.  Negado su proceso natural por las fuerzas conservadoras que no se resignaron a pasar dignamente a la historia, le salieron al paso, y el proceso comenzó a violentarse.

 

De entre los estudiantes del Colegio de Geografía de la UNAM, emergieron buena parte de los principales líderes del Consejo Estudiantil Universitario.  Se convocó a debatir ampliamente la Reforma al Plan de Estudios, y con el fundamento de soluciones artificiales (desconociéndose en ese entonces, mediados de 1989, todo lo que la SMTHG había propuesto), se trató de forzar el proceso, sin éxito.  Como consecuencia, se tomó la Coordinación de Geografía (insólito), y se destituyó a su representante (más insólito aún).  Las contiendas por la elección a los cargos de Consejeros Técnicos y Académicos de Maestros y Estudiantes, polarizó las fuerzas y las posiciones a extremos tales que al final, sólo revelaron la profunda descomposición moral y última a que se había llegado.  Lo que pareció ser el I Encuentro Hispanoamericano de Geógrafos, dejó a tal punto hastiados a sus asistentes (entre otros factores como la situación económico-social internacional), con las discusiones fraguadas al calor de los problemas de la comunidad geográfica en México, que por acuerdo mayoritario (a excepción de México), se tomó la decisión de que tal Encuentro no se seriara ni se comprometiera ninguna siguiente sede.

 

El no reconocimiento (que no necesariamente aceptación), de las tesis y teorías de la geografía independiente (ya proscrita) y en calidad de inexistente), creó la apariencia de la falta de un proyecto alternativo real; esto, aunado a la inteligente labor de las fuerzas conservadoras, así como a la deplorable actitud complaciente de las fuerzas progresistas; que no permitió a nadie en la comunidad institucional, ni a los más radicales, abandonar lo que se tenía, por malo y criticado que fuese; y quienes habían venido detentando el control de todo, lo mantuvieron.

 

Finalmente, al iniciar la década de los años noventa, la SMTHG desplegó sus actividades, y obtuvo respuestas.  La SMTHG resultó ser el instrumento de medición y prueba que permitió reunir la últimas explicaciones del fenómeno: cobramos conciencia entonces, de que la comunidad de geografía en México, se había escindido.  Acabó ocurriendo de facto, aquello contra lo que siempre luchamos: derivar en una contradicción antagónica; en la que, de cualquier manera, aquellos que hicieron todo lo que la institucionalidad de la Geografía contemporánea ha sido hasta hoy, entendemos que se van, aun cuando se llevan consigo todo lo que crearon.

 

A principio de 1991, se suscitó lo que parecía ser el movimiento final de este período de transición: se convocó por las fuerzas institucionales más progresistas, a la creación de una Federación de Asociaciones Profesionales de Geografía, que reagrupara en una a toda la fracturada comunidad de éstos; pero, al parecer, se hizo con tal timidez y escasa firmeza y decisión, que se puede decir que dicho proyecto nació muerto.  No obstante, sin duda, fue la señal que mostró el camino, aun cuando no se ha dado aún sobre él (o acaso la proscrita SMTHG, apenas juegue un papel por lo menos ya marginal, y desconozca lo que en realidad se está haciendo).

 

En esta trayectoria, no resta más que preguntarse por las perspectivas, y en ellas, de la posibilidad y viabilidad teórica y práctica de la Geografía en México.

 

Estas perspectivas futuras de la Geografía contemporánea en México, bien pudiéramos analizarlas en los marcos de las políticas científicas.

 

En un resumen muy general, podemos decir que las políticas científicas están determinadas, en primera instancia, por los intereses del Estado; no necesariamente siempre en consonancia con los intereses y necesidades sociales (incluso, bajo determinadas condiciones, estas pudieran ser en contra).

 

A partir de aquí, tenemos que hacernos tres sencillas preguntas: 1) cuáles son los intereses y necesidades de la sociedad, susceptibles de ser satisfechos por el saber geográfico (independientemente de lo que creamos que éste pueda ser, tomando en cuenta todas las opciones posibles); 2) cuáles son los intereses y necesidades del Estado a satisfacer igualmente con el saber geográfico; y 3) en qué medida los intereses de ambos son coincidentes.

 


 

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11 octubre 2010 1 11 /10 /octubre /2010 00:03

Geografía,

y Viabilidad Institucional de la Geografía.

  Ensayo, 1992 (3/8).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 18 oct 10.

 

A partir de la década de los años setenta; de hecho con la Reforma al Plan de Estudios dado entre 1969 y 1970 con el cual se creaban las Áreas de Especialización y con ella se perfilaba; demandad por las generaciones de ese entonces; la formación del geógrafo para ofrecer sus servicios profesionales en el sector público e industrial (dado que hasta ese momento la formación había sido dirigida principalmente al servidio educativo; y, de hecho, este énfasis prevaleció como dominante hasta el curso del segundo lustro de los años setenta); se iniciaron las condiciones que fomentarían el deslinde entre una geografía “oficial” institucional, y otra geografía, primero tímidamente marginal, pero cual sentenciosa apostilla; y luego francamente proscrita.

 

El rompimiento, inicialmente teórico-metodológico (1983), en poco tiempo derivó en situación de antagonismo (luego de 1985); y en 1989, en los hechos, la comunidad de geografía estaba ya formalmente escindida en su parte “oficial” institucional, y su parte independiente, “proscrita”, como pudimos constatarlo reiteradamente entre 1990 y 1991.

 

Esto es, el modelo teórico y práctico de la geografía hasta entonces concebida, empezó a entrar en contradicción con una realidad que le demandaba otras soluciones, sin embargo, esta geografía había dado de sí todo lo que podía dar, y ya no supo ni pudo ajustarse a las nuevas condiciones; y con ello empezó a obstruirse el cambio, a la par que una nueva concepción de la geografía se estaba dando y empezaba a reclamar un lugar en una comunidad científico-geográfica que se creía única, porque parecía única, y de la que poco a poco fue excluida; esta nueva concepción de la Geografía dio origen a una nueva comunidad  científico-geográfica, la que, finalmente, tomó conciencia de sí misma.

 

La geografía “proscrita” independiente o no-institucional, cuyo reducto más formal se organizó en la Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía (SMTHG), fundada en julio de 1989, no sólo desarrolló ya sistemáticamente el campo de investigación en geografía teórica, totalmente desconocida en México; sino en función de esas mismas investigaciones, visualizó la impostergable necesidad de reabrir el campo de la ingeniería geográfica; que había dado el principal contenido a este saber desde su institucionalización en 1843; auspiciando, básicamente a partir de 1990, sus nuevas formas y medios de expresión, ya que ésta se había olvidado y dejado de lado justamente en los orígenes de nuestra geografía contemporánea.

 

Por su parte, la geografía “oficial” institucional, hasta hoy en día (febrero de 1992), se encuentra confinada, restringida y con nula creatividad, en el campo de la investigación aplicada; dando, a nuestro parecer, una deficiente formación incluso ya para el servivio profesional educativo.

 

Muy poco se ha hecho –a nuestro juicio– por insertarle la nueva tecnología, fundamental para el desarrollo de Bases de Datos y control de Sistemas de Información Geográfica, así como para la cartografía automatizada.  Quizá, en mucho, porque eso también cuestiona los esquemas del viejo modelo y acerca más a una mayor claridad de lo que realmente es el saber geográfico, justo en los términos en que lo señalamos de desde 1983.

 

En el campo de la sociología de la ciencia, habrá que considerar algo más que el proceso general y abstracto de formación de comunidades científicas (la comunidad institucional o la comunidad independiente); habrá que analizar las vicisitudes particulares de sus propios conflictos, mismo que determinan las disyuntivas en el desarrollo de la ciencia.

 

De esta manera, la culminación teórica y metodológica, e incluso –como hemos visto– orgánica, del modelo de lo que hasta hoy podemos llamar “geografía contemporánea” en México, se suscitó en el curso de los años setentas.  Simbólicamente, tocó a su fin con el fallecimiento de su principal inspirador, el Dr. Jorge A. Vivó (1979), y se abrió de manera necesaria y natural una etapa de transición.

 

Los Congresos Nacionales de Geografía VIII a X (1981-1985), fueron particularmente significativos, entre otros aspectos, por la búsqueda de la caracterización de esa transición.  Se habló –como nunca antes– de la “crisis de la Geografía”, o de la crisis, tan sólo, de una “corriente de pensamiento geográfico”; se estableció que se había llegado a un momento de definición del “compromiso social” del geógrafo, y a la vez se postuló, por primera vez –incluso en la historia de la Geografía en México y provocándose con ello el más grave cisma–, que la transición era hacia una geografía con un real fundamento científico.  Se retornó a la historia de la Geografía, al encuentro con la propia identidad, y, a la vez, paradójicamente, se pretendió eludir el pasado para justificar el presente.

 

Fue, como toda transición, un período de incertidumbre determinado por una negación, unas veces drástica y radical, otras tímida y velada, del pasado; pero al mismo tiempo, de duda, de profunda duda y temor por el futuro, así como de la afirmación de éste en términos de tal seguridad y tan alejado de la experiencia en el hacer geográfico del momento, que dejó a todos tan confundidos por igual.

 

Pero fue apenas la primera mitad de todo lo que habría de ser la etapa de transición.  Todo avanzó hasta allí en un proceso difícil; tortuoso, pero ascendente; se llegó a ver la luz en el extremo opuesto.  De pronto, entre 1986 y 1987, algo ocurrió, y sin darnos cabal cuenta, de improviso nos encontramos con que la oportunidad de una transición sana y natural, se había perdido.

 

Tenemos razón suficiente para creer (entre otras muchas razones, en el fracaso del proyecto universitario de la Geografía), que la política científico-geográfica en México en los primeros años, será alentada por el sector privado tanto educativo como empresarial.  Allí se marcará la pauta, con más énfasis que nunca.  No obstante, estas habrán de nutrirse del investigador de perfil universitario y de bajo costo; de ahí que no es probable que desaparezca del todo la Geografía en esta Universidad.  Pero lo que ésta habrá de ser, le vendrá impuesta por esa condición, y será tanto menos avasallante con implicaciones serias en la carencia de direcciones de investigación científica, cuanto más rápido logre cambiar ahora (y no después, en el caso de que esto fuera posible), el actual estado de la geografía institucional.

 

O, dicho de otra forma quizá más clara; la actual política científica con el avasallante fomento del interés privado, tan alejado de la investigación científica básica, como urgida de soluciones concretas (de suyo inmersas en la ingeniería), hará que este aspecto avasallante de la investigación científica básica en Geografía sea tanto menor, cuanto más rápido se logre la geografía proscrita independiente actual, convertirse en su contrario.

 


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11 octubre 2010 1 11 /10 /octubre /2010 00:02

Geografía,

y Viabilidad Institucional de la Geografía.

  Ensayo, 1992 (2/8).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 14 oct 10.

 

Posibilidad y viabilidad de la Geografía en México.

 

La temática central bajo la cual fue invitado este ensayo a participar en la presente Antología, fue: “Teoría y Práctica Posibles de la Geografía Contemporánea en México”.  El primer examen del tratamiento de dicha temática, nos planteó una problemática de dimensiones enormemente vastas.  ¿Qué significaría la condición de “posibilidad”?  ¿Se trataría de proponer una teoría y práctica únicas (la más fundamentada científicamente; una amalgama de todas las existentes; o una única por consenso); o de señalar todas las posibles?  Sobre qué base podría afirmase una u otra cosa.  ¿Sobre qué criterios se discriminaría las teoríaa y prácticas no posibles?

 

Hace apenas dos o tres años, allá por 1989, nos hubiéramos obstinado en atribuirlo todo a una falta de fundamento teórico-científico.  Hoy, sin desistir de esta opinión esencial, no obstante no nos parece ya, ni con mucho, suficiente para explicar un fenómeno tan complejo como lo es el comportamiento científico-educativo, no sólo en su lógica interna, sino en el ámbito socio-político de un momento histórico dado.

 

Exponer en este breve espacio este fenómeno, sería una vana pretensión, tanto mayor, cuanto más buscáramos un tratamiento formal; de ahí que hayamos concluido en presentar en este limitado examen, tan sólo el enunciado de una tesis central, argumentadas con otras de segundo orden, que en su conjunto apenas configuran el problema y su tentativa de solución.

 

Dicha “solución” no es ninguna dulce conclusión “genial” remediadora de todo mal, sino tan sólo el esclarecimiento de la amarga tendencia en el desarrollo objetivo de la geografía contemporánea en México (y, por qué no, en buena parte quizá, mediada por nuestro particular estado de ánimo en el momento de redactar este trabajo), y del que a nuestro juicio, debió hacerse; o debía, o deberá (la propia dificultad en este ensayo frente al futuro ha sido precisar realmente el tiempo gramatical en una lucha interna personal entre lo deseable, y lo ya quizás inevitable), en la teoría y práctica de la geografía contemporánea en México.

 

Producto de una década de reflexión y experiencias en esta problemática, resultado natural del examen de las tendencias en el desarrollo de la geografía contemporánea en México (cuyos orígenes situamos hacia principios de este siglo XX), lo lógico lo definimos en la siguiente tesis central:

 

No hay –de hecho nunca ha habido en forma absoluta– una teoría y práctica única posible de la geografía.  Existen –siempre han existido y existirán; y así lo hemos afirmado desde siempre en el plano teórico-científico y metodológico– en su mínima expresión, por lo menos dos teorías y dos prácticas del quehacer geográfico, y las dos posibles.  De estas dos teorías y prácticas, más allá del plano teórico-científico y metodológico, consideradas en el ámbito más amplio de la sociología de la ciencia y de las políticas científicas, una es la geografía independiente; la más de las veces bajo condiciones de marginalidad e incluso proscripción, lo cual la hace poco o nulamente viable; y la otra, la geografía institucional, la geografía del Estado, lo cual la hace total y absolutamente viable.

 

Esto es, ambas geografías son posibles, coexisten, se nutren  una a la otra en una sana contradicción dialéctica; mas no ambas por posibles, son necesaria y simultáneamente viables.

 

La complejidad de este fenómeno radica, precisamente, en cómo aquello que es posible, pero no-viable, en un momento dado se convierte –en cuanto a esto último– en su contrario.  Todo lo que condiciona la inversión de los opuestos en esta contradicción, involucra amplios estudios no sólo de índole teórico-filosófica del problema, sino históricos, de administración y sociología de a ciencia, de políticas científicas y educativas, etc; en suma, estudios que por sí solos, pueden reunir obras completas.

 

El problema es pues, un poco replanteada la pregunta inicial, considerar la teoría y práctica (más que posibles) viables, de la geografía contemporánea en México (en tanto que juzgamos que ese es el sentir del planteamiento del problema), lo cual implica discutir: 1) acerca de la realidad y naturaleza de una posible geografía independiente o no-institucional; 2) de aceptarse su realidad, considerar entonces su naturaleza, es decir, su madurez, la consistencia y pulcritud de sus hipótesis y teorías particulares; lo cual sería un primera condición necesaria para la inversión de los opuestos y el reemplazo de lo viejo por lo nuevo.  Y de ahí que, 3) del estado que guarde este quehacer geográfico, será posible vislumbrar  la vigencia o no  de lo de lo actualmente establecido y de sus variantes, que no significan, en realidad, cambios sustanciales, y, sobre todo, del necesario proceso de las cualitativas y cuantitativas transiciones que en su conjunto son el cambio en tiempo y forma, que habrá de tener lugar.

 

Esta es la lucha eterna en que se debate el quehacer científico en general –estemos conscientes de ello o no–, y no está ajeno a las pasiones de sus protagonistas, a sus intereses políticos, a su condición de clase social, a su concepción del mundo; antes al contrario, por ello unos se condenan ante la historia, por ello otros asumen la autoridad moral de dicho momento histórico.

 

En cuanto a lo histórico, mucho –de hecho casi todo– se requiere de rescate en este aspecto, como en el biográfico; pero más aún, de su análisis e interpretación en el plano que ahora consideramos: la administración y sociología de la ciencia, así como su relación con las políticas científicas y educativas estatales.

 

Están total y absolutamente inexploradas las experiencias históricas al respecto; sobre las formas y métodos de organización e impulso de los estudios profesionales de la Geografía en México; y esto no sólo dificulta la comprensión de la constante acerca de la existencia de una geografía no-institucional y sus múltiples formas posibles de expresión en cada momento histórico; sino incluso es suficiente para poner en duda tal afirmación y dejarla, por lo menos, como un caso singular de nuestro presente.  Refirámonos a ello entonces, por lo menos, como hipótesis preliminares.

 

Aunado a lo anterior, está también el factor de coincidencia en contenido y extensión, en un momento dado, de la geografía institucional como no-institucional, lo que velaría la existencia de ésta.

 

Particularmente, es justo cuando se dan estas coincidencias o identidades, cuando el quehacer científico  revela un impulso revolucionario de orden científico (y nos inclinamos por esta relación de causa-efecto, que por la inversa, la cual también existe; pero determinado el fenómeno en el plano socio-económico), es cuando la Geografía parece ser una, y carece de sentido plantearse cuál sería posible o viable.

 

Este es el caso de la geografía contemporánea en México.  El movimiento revolucionario socio-económico y político de 1910-1917, impulsó el desarrollo científico, pero eso es coincidente con el desarrollo lógico interno de la ciencia de la Geografía, en donde las corrientes de pensamiento coinciden –sin muchas variaciones– en una Geografía, completándose el impulso revolucionarios en el orden técnico-científico.

 

Este impulso revolucionario, incluso a nivel mundial, tanto en lo sociopolítico como en lo científico, profundamente cohesionante, mantuvo por un lapso de más de cincuenta años una imagen única del saber geográfico, y aún más, en permanente desarrollo.

 


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