Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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Permítasenos, para concluir este documento, referirnos a la situación actual (algo así como referirnos a lo que fueron los antecedentes del 68, pero ahora con su carácter de proyección a futuro). Ésta tiene ya sus propias particularidades, primera condición de un nuevo momento de síntesis, dadas esencialmente por todo aquello que hoy ya, evidentemente, comienza a trascender a los propósitos de las libertades democráticas planteadas con el Movimiento de 1968.
Se han fraguado, en el ámbito nacional, en el curso de estos últimos 40 años, nuevas causas de fondo; y de la misma manera, no menos significativamente, las condiciones internacionales son totalmente otras.
Lo que en la teoría sociopolítica se denominan las condiciones objetivas, justo en este año 2008 parecen darse en su plenitud a favor de una situación revolucionaria. Pero no menos ocurre con las condiciones subjetivas, en particular, en las incapacidades de la burguesía para mantener el orden en su propio sistema, lo que se pondrá en evidencia en el proceso electoral a partir de 2009. No obstante también, en una ausencia de capacidad subjetiva en la dirección del proletariado, una situación revolucionaria en potencia parece configurarse.
Y para culminar este trabajo en la misma tónica; la deliberada intención por las afirmaciones en lo no-categórico que hacen de este documento quizá más un trabajo literario que un riguroso ensayo socio-político; elaboramos para este apartado un ensayo final más sobre la situación actual, tanto por las condiciones objetivas, como por las subjetivas, centradas en la juventud actual: en los que se espera que estén ahí, con las suficientes capacidades, a la altura de las circunstancias, para responder a su momento histórico.
Elaboramos este ensayo aparentemente como algo independiente del relato acerca del Comité de Lucha de la “Prevo 5”, dada la lógica de la última parte de ese mismo trabajo, integrada por varios ensayos que constituyen una especie de transición cualitativa más en la vida del Comité, pero que supone algo más que la pura narrativa testimonial y nos exige algo de planteamientos analíticos. Para este último, dejamos ese análisis de caracterización general del momento actual, de la problemática que se enfrenta hacia el final de esta primera década del siglo XXI, en relación, por una parte, con la aun cualitativa vida del Comité, pero por otra parte, con el significado histórico del Movimiento Estudiantil-Popular de 1968 mismo.
En el 20 Aniversario de dicho acontecimiento social, la revista Nexos en su número 121 de enero de 1988, publica un muy interesante compendio de entrevistas hechas a los principales representantes estudiantiles de aquel Movimiento, bajo el título: Pensar el 68. Luego, en el mismo año, la revista se hace libro con el mismo título; pero el cual nosotros adquirimos hasta su quinta edición, diez años después, en 1998.
Pasados otros diez años, ahora en este 2008, hacemos una revisión de ello, y planteamos nuestra muy personal valoración.
Las palabras de presentación de la revista bajo el título: “68, Modelo para Armar”; no va más allá de dos párrafos con las formalidades más escuetas. Pero para el libro, esa presentación se amplió a dos cuartillas redactadas por Hermann Bellinghausen, que, a manera de dos preguntas, en una breve pero muy inteligente y sugestiva frase plantea todo el problema que esencialmente habremos de desarrollar en este ensayo a 40 años del Movimiento: “¿Hasta qué punto –pregunta Bellinghausen veinte años después– la imagen “socializada” del Movimiento Estudiantil es ya una foto fija?..., ¿ese acontecimiento de la memoria aún se mueve?”[1]. Y a esa posible duda, a ese interesante entredicho, en esa misma antología, Soledad Loaeza, en su participación titulada: “La Memoria Protectora”, afirma con toda drasticidad desde sus primeras dos líneas: “...el 68 mexicano todavía no es historia”[2].
Es interesante destacar cómo, a veinte años, refiriéndose Bellinghausen a las opiniones de Raúl Álvarez Garín y Gilberto Guevara Niebla, “Sus afirmaciones conservan un valor polémico que, sin reñir con lo testimonial, lo rebasa”[3]. A cuarenta años, y por la naturaleza de este nuestro escrito, no está en nuestro ánimo el invocar en lo absoluto a Polemos, el Dios de la Guerra. Únicamente tomamos datos para hacer nuestra apreciación, no del Movimiento del 68, sino del momento actual, a la luz de aquel.
Como ejemplo de ello mencionaremos dos breves pasajes, uno de Hugo Hiriart en su contribución titulada: “La Revuelta Antiautoritaria”, y el otro de Carlos Pereyra, de su, a su vez, muy breve comentario titulado: “La Costumbre de Reprimir”; en donde Hiriart, hablando de todo aquello que estaba cambiando, dice: “Desde los niños con las escuelas activas y cierto reconocimiento de sus derechos (en donde Sumerhill actuó brillantemente como una carga explosiva de profundidad). Desde los adolescentes (...) que llevó a hablar del famoso y discutible generation gap”[4]; refiriéndose en un caso en forma positiva, y en el otro con un dejo negativo, siendo que ambos fenómenos, visto a la distancia, son uno y lo mismo; y más aun, no algo que “florecía” espontánea y naturalmente, sino como resultado de la concepción del mundo y de los intereses de la clase social en el poder, incluso en el plano internacional, que como estrategia de alienación social venía desde los años veinte; esto es, cuarenta años antes de 1968; pero que en ese momento recrudecía su posición fomentando el idealismo, el subjetivismo y el individualismo, con tintes misticistas y esoteristas.
Y de Pereyra, refiriéndose a la práctica de la represión, recogemos un pasaje muy importante, fundamental; dice éste: “una visión retrospectiva de la historia reciente del país muestra que esa respuesta [la represión] encuadra con facilidad en una lógica de gobierno que abarca el período iniciado en 1940 y que encuentra su última expresión precisamente en 1968...”[5]; esto es, que, para entender el 68, hay que remontarse treinta y cuarenta años atrás necesariamente; lapso en el cual se fraguan las condiciones objetivas y subjetivas que le determinan. Nosotros, ahora con la ventaja de cuarenta años después, recogemos esos datos y los reanalizamos, decíamos, a la luz del significado histórico del Movimiento Estudiantil-Popular de 1968; con no más afán que extraer de la historia las lecciones que nos permitan entender nuestro presente, en función del futuro.
Nosotros, al examinar las opiniones del presente, tenemos que agregar, a la manera de Hiriart, como preguntas que desarrollaremos más adelante, algo más: ¿El Movimiento Estudiantil –independientemente de su agregado Popular– fue por ello; incluso por el énfasis de sus luchas en las reformas a planes de estudios y reformas universitarias en su conjunto; una “revolución cultural”? En ese sentido, ¿fue acaso exclusivamente o por excelencia un movimiento “antiautoritario” y el origen del “movimiento de contracultura” actual? No. Nosotros afirmamos contundentemente que esa apreciación no es mas que como resultado de un proceso de cuarenta años de estratégica alienación social, en que fuerzas oscurantistas han producido formas de pensar, confundiendo e invirtiendo el sentido de las cosas en las mentes de las nuevas generaciones. De manera muy apretada nos habremos de referir a todo ello, explicándonos por qué, a cuarenta años, todo fue exactamente al revez de cómo los sesentayocheros, en particular los socialistas, lo hubiéramos deseado.
[1] Bellinghausen, Hermann; et al; 68, Modelo para Armar; en, “Pensar el 68”; Ediciones Cal y Arena, 5ª edición, México, 1998; p.13.
[2] Loaeza, Soledad; La Memoria Protectora; en, “Pensar el 68”; Ediciones Cal y Arena, 5ª edición, México, 1998; p.91.
[3] Ibid. p.14.
[4] Hiriart, Hugo; La Revuelta Antiautoritaria; en, “Pensar el 68”; Ediciones Cal y Arena, 5ª edición, México, 1998; p.18.
[5] Pereyra, Carlos; La Costumbre de Reprimir; en, “Pensar el 68”; Ediciones Cal y Arena, 5ª edición, México, 1998; p.23.
[6] Perelló, Marcelino; Una Democracia Imposible; en, “Pensar el 68”; Ediciones Cal y Arena, 5ª edición, México, 1998; p.233-234.
[7] Ramírez, Ramón; El Movimiento Estudiantil de México, Julio-Diciembre de 1968; Ediciones Era, Tomo I, 1ª edición, México, 1969; p.42.