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Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.

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El Comité de Huelga de la “Prevo 5” del IPN, en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968. (7/19).

Clich--Literatura

 

El Comité de Huelga de la “Prevo 5” del IPN,
en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968.
 
La Transformación Cualitativa, Moral e Histórica,
del <<Comité de Lucha de la “Prevo 5”>>.

Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/: 
México, octubre, 2008.

  

Salí del Campo Militar Nº 1 unos días después, antes del inicio de los Juegos Olímpicos; en mi casa habían tardado dos o tres días en localizar mi paradero.  Días después, al regresar a mi casa, con la ternura de las mujeres y de las abuelas, mi abuela me había conservado la fotografía a colores del arribo de la Antorcha Olímpica al Puerto de Veracruz el 6 de octubre, recortada de uno de los primeros periódicos que imprimieron en color; no porque a mí me interesara o ella en el fondo lo supusiera así, sino porque fue a ella a la que le fascinó el evento, pero más aun, porque había depositado en ese obsequio para mí, la magia de que yo estaba bien y que regresaría a casa [a].

 

Empezaba aquello que había impuesto una tregua, y nada me desarticuló más que eso, y de hecho a todos, se puede decir que, para nosotros, el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968, en lo “informal”, ahí había concluido.

 

El Comité en sí andaba al garete, percibiéndolo por lo que me podía informar con Víctor.  El 27 de octubre terminaron las Olimpiadas y con ello la tregua; en noviembre me habré dado una o dos vueltas por la escuela en vano; ahora estaba más vacía que nunca..., se perdió la conexión con todo, y llegó diciembre.

 

Un día de tantos de principios de diciembre, Víctor y yo, como estudiantes miembros del Comité, volvimos a la escuela sólo para enterarnos que la escuela misma desaparecería.  No se mencionó nada de nuestra expulsión (lo que de hecho carecía de sentido); por lo contrario, se nos dieron todas las facilidades para acreditar los cursos y egresar de la “Prevo”.  Empezamos a recorrer escuelas a las que se nos enviaba a sustentar exámenes.  Y por undécima vez, sustenté el examen a título de suficiencia de Álgebra.  Sin duda lo habré salvado más que por mis capacidades en la materia salidas de la nada, literalmente “por honor a la causa” [b].

 

No recuerdo, pero no creo, que nadie del Comité y menos el Comité de Huelga que éramos nosotros, tras algún acuerdo o protocolo, haya entregado las instalaciones a las autoridades del IPN.  Creo que eso se obvió al desaparecerse las Prevocacionales; de la misma manera que el Comité de Lucha como órgano representativo estudiantil, aparentemente dejaría de operar como tal, simplemente porque su base estudiantil dejaba de existir.

 

El Comité de Huelga de la “Prevo 5” terminó su acción de facto, no sólo por el acuerdo del levantamiento del paro, sino por simple extinción de todo lo que lo justificaba, tanto de la Huelga misma, como de la escuela en sí.  Pero el mismo Comité en tanto Comité de Lucha, y por lo tanto como órgano representativo estudiantil aun cuando ya no tuviese esa base, nunca se disolvió: como tal, yendo más allá de la huelga misma, por razones ideológicas en nuestra conciencia, comprometido ahora con su realidad social, de algún modo se mantuvo en lucha aun durante ese año perdido de 1969, elucubrando “planes de acción” y sufriendo una trágica represión durante 1970, y, al reincorporarse a las escuelas nuevamente en 1971, formando multiplicadamente cada uno por su lado más Comités y manteniendo un enlace dada la amistad entre sus integrantes.

 

Yo me había inscrito en la Vocacional 5, pretendía ahora estudiar Economía; pero una escuela sobresaturada de estudiantes, y la aridez, para mi, de materias como Contabilidad o Derecho Mercantil, etc; me hicieron declinar en la idea.  Entonces empecé un peregrinar de escuela en escuela: la Preparatoria Popular, la imagen de su anarquía me desanimó; una preparatoria particular, en donde una injusticia de un docente y nuestro reclamo, provocó, con nuestro beneplácito, nuestra expulsión; y luego el abandono total de la escolaridad, hasta 1972; pero época en la que verdaderamente estudié, y estudié de todo.

 

Ese año 1969 tuve que hacer mi Servicio Militar; me enlisté en la 16ª Brigada de Infantería que precisamente reclutaba en la Plaza de la Ciudadela y, por supuesto, formada principalmente por los estudiantes de las vocacionales.  El primer día llegamos, nos formamos no en la Plaza, sino en la banqueta sobre la Av. Balderas a un costado de la actual Biblioteca “Joé Vasconcelos”; el Mayor (no recuerdo bien si ese era su rango, un tal Guerra Díaz) se subió a un bajomuro enrejado echándonos un breve y hueco discurso, y en un momento dado nos pidió que propusiéramos algún lema para la Brigada, y entonces..., de dónde me salió, por qué, para qué, jamás me lo había podido explicar, hasta ahora que he reflexionado sobre esos hechos [c]; pero siendo el único que algo dijo, propuse: “¡Hasta la Victoria Siempre!”.

 

Cundió la inquietud entre todos, volteaban a verme como diciéndome: <<¡No le muevas jijo, que aquí nos van a acabar de fusilar a todos!>>; pero qué me podrían hacer, sin encontrar yo nada realmente grave, fue como un desafío espontáneo, fue como el estamparle en la cara a ese militar, y a través de él al todo el Ejército Mexicano; contra su ruin y vil “victoria armada” que le hunde históricamente en la vergüenza de la deshonra; nuestro noble, sublime y honroso triunfo moral e histórico; y el Mayor, con cierto signos de molestia, volteando hacia un lado y hacia el otro y finalmente con una mirada imprecisa en el vacío, sólo respondió con tranquilidad: <<¡Señores, aquí nos vamos a dejar de esos “M-L”!>>; bajó, nos rodeó, ordenó “media vuelta”, fue a mí, me llamó y sacó de la formación, y me pidió que, puesto al mando, llevara al largo contingente que estaba formado en tres filas alineado a la ancha banqueta, en alternativo paso corto y redoblado hasta la esquina, diera vuelta y de la misma manera, volviera al punto.  Yo estaba tranquilo, para nada intimidado; los compañeros debieron creer que iba a pasar al paredón.

 

Me daba risa, al principio un tanto quizá nervioso; pasaron 40 años para que, con motivo de este escrito, recordara el hecho, viera la importancia de aquel acto, y me explicara por qué realmente reía; y me puse al frente: <<¡Atención, flanco derecho, ya!..., y todo el largo contingente a los 180º a mi vista se giró, para mí, impresionantemente; así, con esa literaria expresión de, <<¡ay, cabrón!>>; ¡atención, paso corto, ya!...; un tramo, y la orden de paso redoblado, y luego una vez más corto; yo a un lado acompañé la formación hasta la esquina, me desconcertaba totalmente de risa, pero ya no nerviosamente, sino por lo que sentía absurdo..., 40 años después, al analizar estas cosas, entendí por qué reía: ¡era la ironía, la comicidad de ese ser horrendo que cual caricato se hacía llamar “Ejército Mexicano”!...; llegamos a la esquina; ¡atención, media vuelta, ya!..., y en dos tiempos, “como soldaditos”, la columna invirtió la marcha, me sonreía de estar conduciendo ahora a los compañeros en su gran mayoría estudiantes, que no todos, de esa manera; llegamos nuevamente al punto de partida, ¡atención, alto, ya!>>; y quedé a unos dos a tres metros, de frente al Mayor, viéndolo fijamente con mis labios apretados tratando de disimular la sonrisa y evitando de plano la carcajada.  Se me quedó viendo a su vez fijamente con sus manos por detrás, hasta que no pudo más, y dio la vuelta; quizá en un ademán de impotencia o de no poder tampoco aguantar la risa ante lo que históricamente ya era inevitable, dirigiéndose, creo que era a un Sargento o un Capitán, para que se encargara de distribuir la Compañía en sus Batallones y Pelotones.  Su intento alienante “por un lema” militarista, no se volvió a mencionar nunca más.

 

Después nos trasladaron a la explanada, en aquel entonces, de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas (SCOP), en Xola.  Y en los ejercicios de marcha llevaba a los compañeros lo más alejado, y en un momento dado los muy jijos cambiaban el paso al ritmo de 2x3, y comenzaban a marchar al estilo cha-cha-cha.  Yo los dejaba y todos nos reíamos; hasta que una vez nos reprendieron y teóricamente nos castigaron con un “arresto” de no más de una hora adicional.  Aquello era de risa, los supuestos ejercicios de tiro fueron simulados, proporcionándonos unos viejos mosquetones, unos fusiles máuser de tiempos de la revolución sin retrocargador.  Esa fue la última vez que el Servicio Militar intentó ser militar; en adelante se transformó en atlético [d].  Fue allí donde por primera vez percibí claramente que el Movimiento Estudiantil-Popular del año anterior, realmente había contribuido y estaba contribuyendo, a cambiar nuestro país.

 

En el mundo, a mediados de este año, la humanidad celebraba el arribo de los primeros seres humanos a la Luna; pero ese evento, como ningún otro, puso en evidencia que la ciencia y la tecnología, quedaba enajenada a la sociedad por los grandes monopolios económicos norteamericanos, y pronto, en medio de la guerra de Vietnam, la hazaña se disipó en la indiferencia social hacia la conquista del espacio.

 

En diciembre de 69 me dieron mi hoja amarilla de liberación.  Miguel, Víctor y Gerardo, en rebeldía, habían rechazado cumplir con lo que se llamaba el “Servicio Militar Obligatorio”.  Hasta donde sé, hoy ya sólo es voluntario y con carácter social y deportivo.

 

En algún día del año 1970, voy a ver a Víctor, y me entero de la noticia de que tanto Miguel como Gerardo habían sido detenidos (quizá con algún grupo mayor, pero sólo mencionó a ellos).  A decir de Víctor, así de escueto, “porque se fueron a la Sierra de Pachuca a distribuir China Reconstruye y el ejército los detuvo”.  Si Víctor no amplió, fue más porque yo, atónito ante una situación tan absurda, no demandé más explicación; lo único que agregó, fue que a Gerardo le habían dado un fuerte culatazo en la cabeza.

 

Los liberaron pronto, no me enteré absolutamente de nada más.  Entonces Víctor y yo fuimos a visitar a Gerardo a su casa.  El compañero deambulaba, aun cuando con cierta dificultad, habían quedado lesionadas sus facultades.  Finalmente, hacia ese 1970, el compañero Gerardo, el más arrojado y valiente, era el primero en caer dignamente en la lucha.

 

A partir de 1971 en que Miguel y Víctor ingresaron al Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH), el Comité de Lucha se multiplicó: se transformó cuantitativamente en el “Grupo <<Ho Chi-Ming”>> en el Colegio de Ciencias y Humanidades Atzcapotzalco (CCH-A), con Miguel; o en el “Comité Coordinador”, en el Colegio de Ciencias y Humanidades Vallejo (CCH-V), con Víctor.  Yo no asistía a la escuela, trabajaba, me hice de novia, y me alejé de toda actividad política (obvio, porque la nueva “actividad”, el empezar a sentir el cuerpo de una mujer estrechada entre mis brazos, sus labios, su tersa piel, su largo cabello entre mis dedos; el empezar a tratar de entender el significado y las formas de la apropiación de ese gran misterio sagrado que es la mujer, era más atractivo), y por ello ya no estuve el día 10 de junio de 1971 en la nueva represión.

 

Cuando finalmente yo ingresé a la Escuela Nacional Preparatoria Nº 4 en Tacubaya en 1972, también se intentó la organización, hubieron reuniones; pero, entre que ya todo se había viciado y que yo empezaba a darme cuenta que me interesaba más la ciencia que la política, que prácticamente no parecía ser lo mío, la acción de aquel viejo Comité de Lucha de origen, tanto desdoblado en el CCH-A como en el CCH-V, se fue extinguiendo.  Ni Miguel ni Víctor se promovieron a los estudios superiores; la causa o razón de Miguel no la supe con certeza, pero la de Víctor, con el argumento de “su proletarización” consecuente, por lo que ya sólo estudió algo sobre Mecánica Diesel para entrar a trabajar como obrero; pero en él eran visibles ya las afecciones por la presión psicológica policiaca, presiones de las cuales yo hice caso omiso y pronto pasó, pero que en él se hizo persistente.  Y a partir de 1974, nuevamente el Comité se transformó, tanto cuantitativa, como cualitativamente.

 

En esa transformación cuantitativa, de Miguel no volví a saber, e indirectamente, sino hasta 1973, y esa fue la última vez que supe algo de él.  Se había metido en líos al embarazar a una compañerita en el CCH, y el comentario fue que el compañero tomaba mucho.  Ese era el proceso en el que el Comité de Lucha de la “Prevo 5” se extinguía, le tocó su turno a un compañero ciertamente osado y audaz.

 

Parte de esa otra transformación, la cualitativa, ello atañe básicamente ya sólo a mis datos autobiográficos, por las razones que a continuación se narrarán.



[a] Esa fotografía se tomó el día 6 de octubre; se habrá publicado con toda seguridad el día 7; por esa correlación de hechos, deduzco que nos sacaron del Campo Militar Nº 1 y nos fueron a dejar por ahí, por la madrugada ya del día 8 o lo más quizá del día 9.  Por lo que entonces estuve encerrado unos seis o siete días.  El día 12 iniciaron los Juegos Olímpicos, y al día siguiente, 13 de octubre, cumplí los 18 años de edad.

[b] Finalmente no defraudé a nadie ni a nada con esa posible concesión, alcancé estudios de Doctorado en Geografía por la UNAM, y recién he terminado un Doctorado en Filosofía por el Centro de Investigación y Docencia del Estado de Morelos (CIDHEM), fundado por el Dr. Ricardo Guerra.  Y no obstante, tiempo después realmente aprendí a trabajar con los logaritmos y a despejar las ecuaciones simultáneas de segundo grado, sintiendo el placer estético de una solución matemática.

[c] En realidad, este pasaje se mantuvo como algo inexplicable durante la redacción de todo este mismo trabajo; fue sólo cuando redactamos el Preámbulo al mismo y hacíamos las consideraciones acerca de lo valioso a rescatar en la dialéctica de las categorías ético-estéticas lo mismo del “13 de Agosto de 1521”, que del “2 de Octubre de 1968”, que nos dimos cuenta de la razón que explicaba nuestra actitud ese día de inicio del Servicio Militar.

[d] Ahora, reflexionando sobre el hecho, pienso en sí aquella propuesta de lema de “¡Hasta la Victoria Siempre!”, habrá sido decisiva.  Qué hubiera pasado si esos estudiantes hubiéramos concedido.  A partir de ahí, los milicos sabían que las cosas ya no podrían seguir siendo igual.  Y por la acción de la guerrilla urbana que se desencadenó inmediatamente después, el adiestramiento en el manejo de las armas resultaba para ellos un contrasentido.


 
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