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Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.

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¿Por qué el geógrafo se hace cualquier especialista, y no geógrafo? (3/3)

La Geógrafa¿Por qué el geógrafo se hace cualquier especialista, y no geógrafo? (3/3)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

Febrero 12.

 

La primera conclusión evidente, esperada, es que, entre las ciencias derivadas y las de “empalme”, resultan más importantes que las concordancias, las diferencias; pero, en segundo lugar, que tales diferencias son del doble o hasta en cinco veces más en su mayoría; lo que hace evidente la identidad propia de las “ciencias de empalme”.  Pero la conclusión más importante, es la que tiene que ver, ya no con la cantidad de concordancias entre las “ciencias de empalme” en sí, sino con las cualidades de las mismas; esto es, que todas se refieren (en la lista de las diferencias dadas), al estudio de: 1) las transformaciones (o el movimiento); 2) la morfología; 3) la superficie terrestre; 4) la zonificación; y 5) la distribución.  Es decir, categorías geográficas que muestran la forma en que están los conocimientos geográficos en las “ciencias de empalme” o de intersección.

 

Así, lo que hay de común en ellas, son las propiedades de la forma de existencia, en particular, de la forma de existencia espacial, lo cual constituye el conocimiento propiamente geográfico.

 

De este modo, si finalmente en las “ciencias de empalme” se separa lo que hay de las ciencias derivadas por un lado, y lo que hay de la geografía, por otro (que, por demás, en ellas es dominante); lo que podemos rescatar como lo propiamente geográfico, son entonces, esos atributos espaciales.  Dicho a la inversa, lo que la geografía aporta a las “ciencias de empalme”, son los atributos espaciales.

 

_  ¿Entonces por qué los geógrafos no hacen esa geografía de los atributos espaciales –volvió la nena a sus preguntas.

_  Pues, como te dije, porque no saben…

_  ¿¡Cómo que no saben!?

_  No; lo que te estoy diciendo a ti, es algo que ellos, hasta ahora, no saben (¡os lo juro!).  Es decir, no entienden científicamente qué es y cómo estudiar el espacio terrestre.  Y, te digo, creen que la geografía, es el contenido de los modelos de sus aplicaciones, parte de los cuales, han originado esas “ciencias de empalme”.

_  Bueno, pues en cierto modo ello ha sido geografía, no?

_  ¡Claro!, fueron los resultados de una etapa histórica de la geografía, dada principalmente durante el siglo XIX.  Pero esas “ciencias de empalme”, como tenía que ser, alcanzaron un alto grado de desarrollo y especialización al avanzar el siglo XX, y sus estudiosos con una formación más especializada ahora provienen más que de la geografía, de las llamadas geociencias: la geofísica, la geoquímica, la geobiología y la geoeconomía.  Como consecuencia, a la geografía le ha tocado ya su turno, no sólo en determinar su objeto de estudio propio; lo que ya ha logrado en el curso del siglo XX en cuanto al espacio terrestre; sino ahora, cuando pareciera que sería de suyo evidente, resulta que también ese espacio terrestre tiene que ser definido para poder abordarlo conscientemente.

 

De ahí que, el que el geógrafo sea geógrafo y haga geografía, no es algo simple.

 

_  ¿Y por qué?...

_  Y por qué, qué?

_  Pues eso, ¿por qué no es simple?

_  Pues, porque, si haber aceptado que el objeto de estudio era el espacio le llevó tanto tiempo, ahora aceptar su realidad y naturaleza parece imposible.

_  ¿Y por qué?

_  Pues porque el concepto de espacio ha sido uno de los más complejos conceptos para el pensamiento humano en toda su historia.

_  ¿Y por qué?

_  ¡Demonios!, ¿cómo que por qué?, pues porque sí, porque ha sido complejo…

_  ¿Y por qué?

_  (¡glup, ay mamá…!)…  A ver, pues espérame tantito…, mientras ponte a ver caricaturas en la televisión…

 

Y me escapé, salí a tomar aire fresco, sin poder dejar de pensar en por qué la definición de espacio había sido algo complejo; y es que, en esencia, cuando se preguntaba qué había entre dos cosas aisladas, normalmente, en el sentido común, se decía, “nada”; pero con la idea de que, efectivamente, lo que había era una “ausencia de cosas”, sólo que ello se identificó con el concepto de vacío, y luego metafísicamente el vacío se hizo “la nada”; y como “la nada” no existe, entonces se decretó que el vacío tampoco.

 

Sólo que, por más vueltas que históricamente se le dio al asunto, el concepto del vacío, así fuese relativo, ahí siempre estaba; y por más que se llenara de lo que se llenara, así fuese en última instancia sólo de campos, los campos resultaban en una identidad con el vacío al que plenamente determinaban.

 

Al final, en un experimento teórico ideal, los campos (térmico, electromagnético, lumínico), también pueden ser anulados, excepto uno: el gravitacional (lo que da el peso de una masa), pero de él, ya Einstein había explicado que éste no era en sí un campo (esto es, una “misteriosa fuerza” o energía), sino el grado de curvatura del espacio (o, en última instancia, un campo cuya fuerza o energía queda dada por la cantidad del espacio).  El resultado, por último, fue, otra vez, la identidad del espacio con un grado de curvatura y el vacío relativo.  Ahí donde el vacío es mayor, el espacio disminuye su grado de curvatura; inversamente, ahí donde el vacío se llena, el espacio aumenta su grado de curvatura (la gravedad, como el peso, sólo son medidas equivalentes de ello).  Así que volví para explicarle esto de algún modo a la pequeña, y apenas me acomodé y…

 

_  ¡¿Y por qué?!...

_  ¡Diablos!; bueno, pues mira, está este objeto aquí, y este otro acá, ¿qué hay entre…?

_  ¡No!..., ¿por qué ver caricaturas?...

_  Ah chispas, pues era mientras volvía…

_  ¿Y por qué?

_  ¡Rayos!..., ¿y por qué, qué?

_  Pues por qué no mejor salir a jugar…

_  Ah!..., pues, pues…, pues…

 

Y la nena dio media vuelta y se fue dando esos infantiles y graciosos saltitos dobles deslizados y alternados sobre cada pie…; ¡uff!  Ya sólo me quedé pensando en lo que seguiría en la investigación geográfica…, y en que, para hacerse geógrafo, había que empezar por dejar de hacerse en cualquier otra cosa de” lo otro”, y luego, adentrarse en lo propio: la teoría del espacio terrestre, siguiendo el riguroso método de la ciencia.

 

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