Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
Sociedad de Monjes. Narrativa, 2005 (5/5).
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.
“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;
http://espacio-geografico.over-blog.es/;
México, 30 ago 10.
En una de sus tantas cartas de ya cerca de tres meses, él le platicaba de sus discusiones con los Seminaristas escolástas, luego platicaban en la descarga de los productos, pero ahora simplemente descargaban y daban por buena todo la entrega, como toda la carga que de la Abadía de San Jerónimo se enviaba de intercambio al Monasterio de Tours y el tiempo restante lo dedicaban a ellos.
_ No reflexionamos sobre las cosas –y ella se detenía conteniendo la expresión que en su alma se movía con febril intensidad deseando referirse a él diciéndole “bien mío”, platicando allí entre luces y sombras en el solar del arbotante-, escuchamos y aceptamos, damos todo no sólo por válido, sino por verdadero; no sometemos a crítica nada... ¿Por qué?
_ Por costumbre en el acto de fe, en el dogma. Porque el pensamiento crítico o simplemente la crítica (que supone necesariamente un pensamiento) –respondía él- supone entender que se hace con base a juicios lógicos que constantemente están sometiendo a prueba la verificación de las cosas: A es igual a B, eso es lo común a todos, eso todo mundo lo sabe y lo constata; pero el que B sea igual a C supone la reflexión dirigida, supone una percepción de alguien que está pensando en ello y descubre que B es igual a C, y que ello no es evidente a todos; descubrir que B sea igual a C supone el conocimiento relativo, es decir, el conocimiento en donde C se valora respecto a..., en relación a..., en función de..., o determinado por... un sistema de referencia, respecto a un fundamento teórico...; es allí donde se produce la crítica, es decir, el enjuiciamiento lógico..., quien carece de ese fundamento teórico, carece de los elementos para el análisis crítico..., esto es, carece de los elementos para el análisis de juicios; quien lo posee, no tiene trabajo en verificar en el rigor lógico de la silogística, que luego entonces, A es igual a C, y descubre lo que nadie antes veía.
_ Esto me sorprende –intercedía ella profundamente reflexiva- todo se reduce a la lógica...
_ Y a algo más que necesariamente va con ello –intercedía Luis-: a los fundamentos teóricos...
_ Os referís con ello...
_ A la filosofía..., y a la cultura en general...
_ El neoplatonismo de San Agustín, que no es lo mismo que el pensamiento de Tomás de Aquino...
_ Ni el de éstos es igual al pensamiento de Averroes...
_ ¿Y todos los Seminaristas poseen los mismos fundamentos teóricos?
_ No; habemos ahí conceptualista, nominalistas (yo me ubico entre éstos), e incluso realistas...
_ ¿Y el panteísmo? –preguntaba ella con cierta insidia, era una mujer muy preparada, ahora discutía con él intensamente sobre esos tópicos de la filosofía y se daba cuenta que él participaba en sus ideas de esa nueva filosofía iniciada con Juan Escoto Eriugena hacía cuatro siglos.
_ Sí –respondía él exhalando un fuerte suspiro, sabía que Bramante estaba en problemas luchando contra la intolerancia religiosa al difundir el averroísmo y esos poco discretos fundamentos panteístas-, sí, en mi nominalismo va contenido... –y ella completaba la frase en su pensamiento: <<presto a desplegarse incontenible ya>>, e intuía que correría la misma suerte que después correría Bramante.
Egidio –exponía él nuevamente- responde a la definición de pensamiento crítico diciendo que es “un pensar razonado y reflexivo orientado a una decisión de qué creer o hacer”[1] Mas si el “criterio”, de donde viene “crítica”(de kritérion, juicio de discernimiento, por lo cual se entiende una regla –el silogismo- para conocer la verdad) es en suma la silogística misma, los juicios lógicos del razonamiento por los cuales nos es posible conocer la verdad; entonces lo que Egidio nos está diciendo irreflexivamente es que el pensamiento crítico; que ya de por sí dicha frase es redundante pues lo crítico es el pensar, el razonar; y sería como decir “el pensamiento pensante” o el “pensamiento razonante” (como si hubiese un pensamiento cuerdo que no fuese razonante); esto es –decía-, que “el pensamiento pensante es un pensar”..., ¡vaya énfasis a la redundancia!; y todavía más, que ese pensar ¡es “razonado”! ¿Habrá algún pensamiento que no sea razonado?, así, “el pensamiento pensante es un pensar razonado”. Todo pensamiento humano, por el sólo hecho de serlo, es necesariamente razonado, responde a una estructura silogística; que el silogismo, que el razonamiento sea un absurdo en un momento dado, eso es otra cosa.
Mhmm..., “el pensamiento pensante o razonante es un pensar razonado”, ¡vaya inteligencia del hermano Egidio!, y a ello aun le agrega que aparte de ser razonado, es “reflexivo”, es decir, en donde si por “reflexión” entendemos el razonamiento mismo, entonces lo que Egidio nos dice, es que el pensamiento crítico es: “el pensamiento pensante o razonante de un pensar razonado y razonante”, jaja.
Mateo responde a lo mismo diciendo que el pensamiento crítico es: “un pensar que: 1) facilite el juicio, 2) confiar en el criterio, 3) sea autocorrectivo, y 4) sensible al contexto”[2]
Un pensar que facilite el juicio?...: un pensar lógico riguroso; que confíe en el criterio?: es decir, que tenga fe en el juicio razonado, silogístico en la lógica rigurosa para conocer la verdad; que sea autocorrectivo?: esto es, que pueda corregir las premisas; y que sea sensible al contexto?..., ¿qué quiere decir Mateo con ello?, ¿que sea objetivo? Para Mateo el pensamiento crítico es entonces “un pensar lógico riguroso, que confíe en la lógica rigurosa y objetiva”...; comparto lo dicho por Mateo...
Os dais cuenta –y respiraba profundo como aspirándola a ella misma para decirle de eso modo “mi bien amada”-, que todo deviene de una insuficiencia en la definición, ¡no saben qué es definir!, y o no lo saben por ignorancia, o proceden así deliberadamente para confundir. Hay poca seriedad, demasiado descuido, o demasiada perversidad premeditada... –Luis quedó en silencio consternado por sus propias palabras dando cabizbajos pasos por ese lugar que era su propio paraíso, y ella, sentada al pie de la ventana prefirió entonces guardar un consolador silencio para él.
Jacobo –continuó él-, para él el pensamiento crítico es “la habilidad y la propensión a comprometerse en una actividad con un escepticismo reflexivo”[3]. Ja, para él el pensamiento es hacer, ya no razonar; es intención para hacer con escepticismo, es decir, para hacer absteniéndose de hacer juicios (alcanzar la ataraxia, como decían los escepticistas)... Saben lo que dicen, monja hermosa, saben lo que dicen... Su aparente ignorancia no los exime de su perversidad.
Auriol, para él “el pensamiento crítico es lo disiciplinado y autodirigido, ejemplifica las perfecciones del pensar adecuado ante un modo o área particulares de mentalidad”[4] ¡Bha!, “el pensamiento crítico es el pensar adecuado a una mentalidad”; “el razonamiento es el razonamiento adecuado”..., ¿¡y qué es el razonamiento adecuado?!..., Bha, quizás lo que a cada cual se le ocurra por más cómodo y no por lógicamente riguroso y verdadero.
Simón, el “pensar crítico (es) el de un individuo que piensa y actúa de manera coherente con base en razones”[5]... “El pensar crítico es del que piensa...” –decía siguiendo la idea el propio Luis, descomponiéndola en sus partes, examinándola y revelando su absurdo-, del que piensa y actúa “coherentemente con base en razones”; es decir, para Simón el pensamiento crítico es “el razonar del que razona coherentemente en razones”, ¡“del que hace juicios juiciosos coherentemente con base en juicios”! –y Luis levantaba la voz no soportando tanta aberración de pensamiento.
_ ¡Shsss!, ¡bajad la voz!, que nos escuchan –le reprendió rápidamente Lilium levantándose preocupada manoteándole frente a sí con una mano, en lo que con la otra llevaba el índice a sus labios, y él exhalando fuertemente guardó un disciplinado silencio.
Ahí tenéis –y el se contenía a su vez en expresar su deseo de llamarle “amada mía”-, ¡la Escuela Palatina, la escolástica! –concluía él con ademán expresivo que reemplazaba la voz alta en la frase admirativa.
Ciertamente, eran tan burdos esos juicios, tan “descuidados”, que formaban tesis que no ameritaban ni descomponerlas rigurosamente en sus premisas construyendo el expreso silogismo. No obstante él hizo un rápido ejercicio con el último ejemplo:
“El pensamiento de Simón (es) el de un individuo que piensa y actúa de manera coherente con base en razones”
“El pensar crítico es el pensamiento de Simón”
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“El pensar crítico (es) el de un individuo que piensa y actúa de manera coherente con base en razones”
¡Absurdo, absurdo –y ahí quedaba atrapado en su pecho ese “amor mío”!
_ ¡¡Shsss!!, ¡callad Seminarista, callad! –y ella levantaba los brazos y nerviosa, con las dos manos abanicaba de arriba abajo próxima a la cara de él temiendo ser descubiertos en su plática.
Difícilmente ello ocurriría a no ser que una Sor anduviese por ahí, y al cuidado de ello estaban compartiendo los secretos como cómplices, el carretonero, el mozo y la novicia que les asistía. Alejado del almacén estaba la Sala Capitular o el Claustro mismo, e incluso la dirección de la abadía, y difícilmente serían escuchados. Pero era como si Lilium quisiera ocultarse del mismo Dios sabiéndose en pecado.
Sus necesidades “materiales” –identificado en lo inmanente lo material con lo espiritual en ese mundo alrevezado neoplatónico-, Lilium vivía así atrapada en lo religioso por el oscuro clero que gobernaba cual Dios del Inframundo, prometiéndole una riqueza falsa en lo espiritual artificial y en lo vacuo del Reino de los Cielos, frente a la vida misma con sus carencias, con sus privaciones y adversidades en el Reino de la Tierra.
Los días, las semanas, los meses de aquel final del invierno y plena época primaveral, transcurrían lentamente.
Aquellos tristes y meditabundos retornos de la conducta de productos del Convento de San Jerónimo al benedictino Monasterio de Tours, el regreso de la lucha por la libertad, a la esclavitud; de la libertad de pensamiento bajo el alegre y estético arbotante de adoquines soleados en que jugueteaban las siluetas de la barda de ortigas, a la negra y oscura lectio dogmática del escolástico claustro, se mediaba al compás del tiro del tempo equino en el terroso camino entre bosque umbrío de la Loire en Ligugé. ¿Era acaso que ella se convencía de sus argumentos y transformaba su pensamiento?, o ¿tendría que ser la angustiosa tragedia en el interesado bien dado en la promesa mística? Él insistiría por el humanismo de la vida, hasta arrancarla del Convento. Fin.