Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
20 de Calificación.
Cuento-Historieta, 1997 (8/10).
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.
“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;
http://espacio-geografíco.over-blog.es/;
México, 04 nov 10.
Terminaba el curso sujeto a un ciclo anual de acuerdo con el sistema educativo anterior.
_ ,,,¡Profesor! –llamaba la atención de éste, un niño con voz aguda y gritona, que ya se desesperaba, porque muchos otros maestros ya habían dado resultados finales y él no–, ¿Cuándo nos va a dar las Boletas?...
_ Ah, pues –dijo el maestro indiferente–, ¿ya quieren sus Boletas?...
_ Sí maestro, ya –respondieron simultáneamente.
El maestro hurgó en una caja y sacó una serie de papeles de diferentes tamaños y colores. Tomó su pluma, y al reverso de cada hojita que se podía ver que tenía algo impreso, fue escribiendo el nombre de cada uno y agregando: “Promovido”. Les fue dando a cada uno, entonces, su papel, que los niños volteaban al revés y al derecho y no daban crédito a lo que veían. Faltaba un niño por recibir su documento. Entonces el profesor buscó en su agenda y sacó un boleto del “Metro”, y procedió igual.
_ “Oiga” maestro –se animó el niño gritón a preguntar– ¿qué es esto?... Aquí dice: <<Boleto de Entrada a “La Cenicienta”…>>, pero ya pasó…
_ Bueno, sí; es que no tengo las Boletas, pero sí esos viejos Boletos; no hay problema, da igual…
Todos volteaban a verse entre sí tratando de adivinar qué tan en broma o qué tan en serio era ese asunto. Animaron otra vez al niño gritón a que insistiera por sus calificaciones…
_ ¡Maestro!, pero mi mamá no me va a creer, ella va a querer ver la Boleta, no el Boleto…
_ Jajaja –todos rieron abiertamente.
_ Bueno bueno –dijo el maestro– con eso es suficiente. Con esto terminamos, pueden irse…
_ ¡Pero maestro! –el niño gritón angustiado no podía entender que así fuesen calificados.

Acostumbrados a esas “locuras” de su maestro, inconformes, pero confiados, salieron del Salón.
_ Vamos con la Coordinadora, ella que nos explique, porque con este maestro, hablando de calificaciones, no sacamos nada.
Y así se encaminaron todos con mucha firmeza hacia la Dirección.
_ Coordinadora –dijo uno de ellos–, ¿cómo vamos a ser calificados en Geografía?...
_ Pues su maestro les debe dar los resultados… –dijo sin novedad la maestra Coordinadora.
_ ¡¿Pues entonces qué le pasa a este profesor!? –prorrumpió el niño gritón–; ¡mire, en lugar de la Boleta, nos dio un Boleto; y en lugar de calificación, anotó esto! –y al mismo tiempo entregó el papel a la Coordinadora.
Ella tomó brevemente el documento, y sonriente lo leyó y volteó al revés y al derecho bajo la mirada incrédula de los alumnos, que para su exasperación, veían que ella devolvía el Boleto y agregaba.
_ Bueno, no se preocupen, sexualmente entre una Boleta y un Boleto hay notables diferencias, pero socialmente, que es el caso, no hay ninguna…
Se voltearon a ver los unos a los otros enmudecidos y con grandes. Por su mente pasaba en todos la misma figura de una gran interrogación. ¿Acaso todos se habían vuelto locos?
_ Pero maestra –dijo angustiada otra de ellas–, nuestros papás no nos van a creer, ellos quieren ve la Boleta con calificaciones…
_ Bueno, no se preocupen, eso déjenlo a sus papás. Ustedes ya están “Promovidos”, o no?...
_ Sí…, pero…, ¡ay! –añadió con hastío una de ellas, que moleta, se retiró de la oficina.
Entonces decidieron ir con sus otros compañeros, y por el patio encontraron sudorosos a los que centraban todos sus esfuerzos en el deporte.
_ “Oigan”, ¿cómo les calificaron?...
_ Pues quién sabe, pero ya pasamos…
_ Pero, ¿cómo lo saben?…
_ Pues el maestro nos lo dijo…
_ ¿Y sus Boletas?...
_ Stch, aah; luego se las dan a nuestros papás no? Nosotros ganamos el campeonato y vamos a jugar en el Intersecundarias del Distrito, ¿cómo lo ven, eh?
Entonces se dirigieron con los que se la pasaban en las mesas de la Cooperativa, haciendo experimentos con alimentos…
_ ¿Y sus Boletas?...
_ Stch, aah..
_ A ustedes cómo les calificaron…
_ Quién sabe, pero ya pasamos. Ahora vamos a competir con otras escuelas…
En cierto modo, de ellos podían esperar una respuesta así; y otro tanto imaginaban de los que se la pasaban chacoteando y que encontraron en el camino.
_ Qué pasó, ¿cómo les fue con sus calificaciones?
_ Pues no sabemos, pero ya estamos aprobados…
_ ¿Cómo lo saben?, ¿ya les dieron sus Boletas o calificaciones?
_ ¡Que no, qué no entienden!
_ ¡¿Y cómo dicen que aprobaron, animal?!
_ Stch, ahh, porque sí, ya nos lo dijeron los maestros.
_ ¡Ya déjalos! –dijo una de ellas a su compañera como si estuvieran frente a salvajes–; vamos con los de cómputo…
Así lo hicieron. Entraron casi en tropel a la Sala de Cómputo. El maestro, que se paseaba meditabundo, volteó de golpe sorprendido, aun cuando el grupo de alumnos encimados frente a una computadora, apenas voltearon a ver a los recién llegados, continuando en lo suyo.