Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
Comentario al Artículo: "Algunas Cuestiones en Torno a las Distribuciones Espaciales", de Michael F. Dacey, 1975. Artículo, 2011 (3/3).
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.
“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica
de Geografía Teórica.
http://espacio-geografico.over-blog.es/
La Tierra, 1 (φN, λW); 01 ago 11.
Hasta aquí Dacey ha aportado los fundamentos teóricos esenciales de la teoría de conjuntos para entender la propiedad de distribución espacial, y luego pasa a su aplicación, primero, en el componente probabilístico o estocástico, sin dejar de considerar que existiría una distribución espacial determinística; y segundo, en un ejemplo aplicado.
A continuación Dacey pasa a un capítulo que denomina “Objetivos”, refiriéndose a los objetivos del estudio, pero en el que hace algunos comentarios de índole teórica de importancia:
“Es irónico que –dice Dacey–, pese a que la geografía se defina frecuentemente como el estudio de la <<diferenciación por áreas>> o de las <<distribuciones por áreas>>, la bibliografía geográfica no proporcione ni un solo esquema conceptual o metodológico bien desarrollado que organice y estructure la descripción, clasificación, y análisis de las distribuciones espaciales”[1].
Pasaje interesante por dos razones: 1) hace evidente que Dacey está partiendo de lo dado en los antecedentes de la teoría geográfica remitiéndose discretamente a Hettner; y 2) que hay una carencia notable, a pesar de esos fundamentos antecedentes dados, de un cuerpo de teoría en que se inserte su planteamiento cuantitativo.
Su critica la va a dirigir concreta y directamente tanto a Hartshorne (1939), como a William Bunge (1965) y a Harvey (1969), partidarios de la gnoseología del pragmatismo, respecto de los que dice: “ignoran casi totalmente el estudio de las distribuciones en mapa y el papel que les corresponde en la construcción y comprobación de la teoría geográfica. Una de las consecuencias, es la falta de metodología”[2].
Pero aquí, lo que Dacey “pasa por alto”, es que, precisamente, eso es lo que le tiene sin el menor cuidado al pragmatismo. Como quiera, he ahí la crítica. Y termina este breve capítulo con tres comentarios espaciados que ahora integramos en una sola cita:
“Puesto que no se dispone de los adecuados criterios, se corre el riesgo de que tal compilación cargue el acento sobre propiedades y relaciones triviales e irrelevantes, mientras omita las verdaderamente distintivas…, el centro de atención de nuestro estudio es un tema en gran medida inexplorado, para el que ni tan siquiera existe una terminología apropiada ni un cuerpo cuidadosamente formulado de definiciones. Por lo tanto, no es posible poner en relación este examen de las distribuciones en mapa con una estructura convencional bien establecida… Es difícil tener confianza en una estructura conceptual y metodológica que en gran medida es puramente especulativa y anticipatoria. Por ello, hay una necesidad previa de contar con una sólida captación intuitiva de las propiedades y clases fundamentales de distribuciones espaciales”[3].
Y aquí, lo que Dacey está clamando, es sobre la falta de una teoría de aquello que el geógrafo dice estudiar: el espacio terrestre, sin lo cual todo se hace fútil. Pero, a la vez, deja ver que esa teoría no podría ser puramente especulativa y anticipatoria, sino que ha de ser elaborada sobre una sólida captación de las propiedades de las distribuciones espaciales objetivas mismas.
Finalmente, Dacey expone lo que él llama, dos “estructuras metodológicas”: “La Hipótesis del Continuo”, y “la Hipótesis de los Componentes Independientes” (o que se denomina como “hipótesis de lo discreto”). Ello está en la terminología general de la teoría del espacio, tanto en filosofía, como en física (términos en los cuales nosotros lo trabajamos en su momento), y que aquí Dacey, a través de la matemática de conjuntos, lo traduce a terminología geográfica.
Y Dacey concluye refiriéndose a “la situación actual” (1975), con un pasaje que hoy (2011), sigue aplicándose, incluso paradójicamente con mayor énfasis, a no pocos geógrafos que alegan, en un discurso “muy razonador”, que la discusión teórica, por sí misma, “les confunde”, cuando no sólo es lo que ha de aclararles; sino que su “razonable juicio”, va a que lo cuantitativo sólo se refiere a “vacuidades que hacen de la geografía una simpleza”, cuando lo que desconocen, es que, incluso, carecen –como nosotros en su momento– de los elementos de conocimientos básicos para discernir tal discusión teórica, siendo ello la real causa de la “confusión” que se les produce. Y ello no se resuelve en el nihilismo, sino en el estudio dedicado de lo que se plantea, y tanto más, cuantos mayores y más consistentes son sus los argumentos demostrativos.
Así, concluye Dacey devolviendo la crítica a los geógrafos que sin más desprecian “por simplista” la metodología cuantitativa: “En lugar del discurso razonador sobre lo que tiene de ilusorio esa noción aparentemente simple, resulta más eficaz exponer los problemas en el contexto en que se producen y, con ello, identificar explícitamente algunas de las cuestiones no resueltas con que se enfrentan las tentativas de formalización del concepto de distribución espacial”[4].
Esto es, que a lo que llama Dacey ya desde 1975, es atender más a lo teórico, en vez de desecharlo con argumentos que delatan ignorancia, investigarlo y utilizarlo para deducir la teoría misma de la geografía, a partir de los problemas concretos planteados en la investigación objetiva del propio objeto de estudio: el espacio.