Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
Crítica a la Crítica “Posmodernista”, en su Crítica al Neopositivismo. Artículo, 2011.
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.
“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica
de Geografía Teórica.
http://espacio-geografico.over-blog.es/
La Tierra; 1 (N. W); 01 ago 11.
La crítica “posmodernista” –dicho por una gran cantidad de autores que pueden ser consultados en la Red–, es esquizofrénica; esto es, donde se desvincula la racionalidad de la realidad objetiva, y resulta contradictoria consigo misma al estar llena de trampas del lenguaje, que fabrican sofismas en el razonamiento lógico.
Esa crítica “posmodernista” de naturaleza esquizofrénica, sofística, al decir criticar al neopositivismo, y justo por los elementos del método científico de la modernidad que aún en éste se contienen (la objetividad, la causalidad, la lógica, la cuantificación, la verificación en la práctica y la capacidad de predicción), en realidad, en el fondo, lanza su crítica a la dialéctica materialista, al marxismo, en el cual se sostienen esos principios de la ciencia y del método científico de la modernidad; de donde el “posmodernismo” reafirma su posición de ignorancia oscurantista.
En su esencia, esa desvinculación de lo racional de la realidad objetiva, está en el razonamiento en que se afirma: <<El positivismo y su nueva versión, es erróneo, todo lo contenido en el neopositivismo es equívoco>>. La trampa del lenguaje aquí, el sofisma que se prepara, está en la absolutización de que <<el positivismo es malo; luego, todo en él es malo>>.
Así, encontramos en el breviario Las Nuevas Geografías, de Horacio Capel y Luis Urteaga, en el capítulo sobre la geografía cuantitativa, la siguiente afirmación: “se vuelve a insistir ahora en la vieja idea positivista de la unidad de la ciencia, en la búsqueda de un lenguaje común, claro y riguroso…”[1].
El positivismo, ciertamente, hacía esa afirmación; pero como de conjunto el positivismo resultó históricamente refutado, luego entonces, esa afirmación, para esta crítica posmodernista, mecánicamnte, ha de ser, a su vez o en consecuencia, errónea; esto es, que, en una posición posmodernista, la ciencia no tiene por qué ser una unidad, ni por qué tener un lenguaje común claro y riguroso.
La filosofía idealista subjetiva o fenomenológica , del positivismo y neopositivismo, constituye la última versión filosófica idealista en compartir el método científico de la ciencia de la modernidad (galileo-kepleraina y baconiano-cartesiana), y de ahí esa crítica desde la “posmodernidad”, desde lo “posterior a la modernidad”, la cual constituye una ideología formada por el conjunto de sistemas filosóficos idealistas más recientes y contemporáneos, destacando entre ellos el absurdamente llamado “neomarxismo”, o filosofía idealista subjetiva del análisis de la superestructura, el pragmatismo, el existencialismo y el estructural-funcionalismo.
Desde el momento mismo en que Capel y Urteaga titulan su trabajo como "Las Nuevs Geografías", 1) "posmodernistamente rompen la unidad de la Geografía como ciencia al exponerla en plural; pero más áun, 2) la desarticulan en su desarrollo histórico, al considerar esa pluralidad no sólo como "una geografía más", sino como algo "nuevo", con un dejo de originalidad sin antecedente alguno, apareciendo como un asunto de "nueva moda" o "propuesta genial" (si bien absurda para ellos); y no como algo que se desprende del desarrollo histórico y deriva lógicamente de ello. Satisfacen así, su precepto "posmodernista" de una ciencia sin unidad ni lenguaje común claro y riguroso. Así, en su "posmodernismo" a-científico (y dicho no como acusación nuestra, sino como definición propia) respecto de la ciencia de la modernidad ilustrada, todo no es más que insolente caos, destinado a aturdir, a confundir, y a embaucar las mentes débiles o aquellas en las que aún no se ha formado un aparato crítico consistente.
Así, para no caer nosotros en el caos esquizofrénico de la crítica “posmodernista” en ese mundo de detalles particulares, conviene generalizar en la idea de que, más que una crítica al positivismo, es una crítica a lo opuesto, es decir, al método científico de la ciencia de la modernidad.
Pero he aquí, que el principal sistema filosófico representativo en la actualidad de la ciencia de la modernidad, es precisamente la dialéctica materialista; de modo que la crítica “posmodernista” al erróneo positivismo, conlleva en el fondo, en realidad, indirectamente, una crítica al marxismo, a la dialéctica materialista, pues desde ésta se trabaja por la unidad de la ciencia, de su lenguaje común y riguroso, como es el caso de nuestra posición respecto de la Geografía.
El “posmodernismo” en su conjunto, no pudiendo ser consecuente con el método científico de la ciencia de la modernidad, acabó lanzándose contra él, enarbolando su “paradigma del método científico de la ciencia de la posmodernidad”, al que le caracteriza la arbitrariedad absoluta.
El neopositivismo, dicen Capel y Urteaga, pone de nuevo el énfasis en el reduccionismo naturalista al tomar a las ciencias de la naturaleza como modelo de toda cientificidad, en la explicación, en la búsqueda de leyes generales para alcanzar la meta científica de la predicción; y como el neopositivismo está mal, luego entonces, en ese razonamiento de dichos autores, todo ello ha de ser descartado por equívoco.
Cuando el “posmodernismo” se lanza en su crítica contra el neopositivismo, tiene ganada de antemano la validez de esa crítica (ello históricamente ya ha sido refutado); pero no sólo evade la crítica directa al marxismo en el cual se defiende esos mismos principios de la ciencia de la modernidad, sino pretende despojarlo de su bandera con la patraña de la filosofía subjetivista del “análisis de la superestructura”, del “neomarxismo”.
La dialéctica materialista comparte, pues, esos mismos principios de la ciencia de la modernidad con el neopositivismo, pero, evidentemente, supera de éste su empirismo mecanicista y fenomenológico reducida agnósticamente a la descripción. No obstante, la trampa está en la velada identidad absoluta entre neopositivismo y dialéctica materialista o marxismo, que se esconde , evadiendo la crítica directa a ésta.
No casualmente, pues, Capel y Urteaga, como buenos “posmodernistas”, reivindican al pragmático Fred K. Sachefer en su crítica a otro pragmático como lo es Richad Hartshorne, pero crítica que en realidad, indirectamente, en otra falsa identidad, es a Alfred Hettner, sustentado éste en principios del empirismo objetivo y atisbos de la propia dialéctica, todo ello, muy próximo a la expresión dialéctico materialista o marxista, aún cuando Hettner quizá no lo fuera.
Ese falso ataque del “posmodernismo” al fantasma del neopositivismo, es, pues, en el fondo, una manera de encubrir, su verdadero ataque al método científico de la ciencia de la modernidad, o en si, a la ciencia, y de ahí que el “posmodernismo” sea, en su esencia, una ideología eminentemente oscurantista.
[1] Capel, H-Urteaga, L; Las Nuevas Geografías; Salvat, Aula Abierta, Col. Temas Clave Nº 70; Barcelona, 1982; p.26.