Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana; Primero Sueño…: El Movimiento Aparente de Rotación de la Tierra. Artículo, 2012 (1/2).
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.
Espacio Geográfico, Revista Electrónica
de Geografía Teórica.
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13 feb 12.
Juana Inés de Asbaje y Ramírez (Sor Juana Inés de la Cruz, 1648-1695), la “Décima Musa”; y no hay en ella ningún “virtuosismo ecléctico”, tal como los estudios en general de la Ilustración novohispana pretenden minimizar al avanzado pensamiento dialéctico y materialista de los primeros mexicanos hacedores de la ciencia en estas tierras. Y si algo ha de desmentir eta afirmación, es precisamente el Primero Sueño, obra maestra de Juana Inés de Asbaje y Ramírez.
“Es un poema –nos dice F. Díaz Rejón en su sinopsis para el Parnaso, Diccionario Sopena de Literatura– llena de resonancias filosóficas: el glorioso mundo material y superficial de Góngora se convierte para Sor Juana en un profundo problema epistemológico”[1]. El mundo material y “superficial”, es decir, corrigiendo la distorsión, el mundo de los objetos materiales dados a la percepción sensible, principio, condición primera del pensamiento materialista filosófico. Y ello, como “problema epistemológico”, no es otra cosa que el profundo análisis gnoseológico (o de la teoría del conocimiento), en la filosofía dialéctica. Eso es, en su esencia, el pensamiento ilustrado, que en Juana Inés de Asbaje, esa ilus, ese “dar luz”, “…es la hondura de pensamiento siempre revestido con un ropaje deslumbrador”[2], que adelantaba en casi dos décadas al inicio de la Ilustración en Europa, reconocida apenas como consecuencia de la Revolución Inglesa de 1688.
El Primero Sueño, es un poema de geografía teórica, deslindador del espacio terrestre, de su subordinante espacio cósmico. Es, en términos literarios, elaborado en la mitología; el alma, “entre sueños se eleva a una contemplación del Universo e intenta abarcarlo todo con un simple acto del intelecto intuitivo; pero no puede y retrocede deslumbrada. Recurre luego al conocimiento discursivo, examinando las cosas una por una, haciendo abstracción gradualmente de los universales y acercándose así, poco a poco, a otra visión total del cosmos”[3].
Ni qué decirle al conocedor de la historia de la Geografía, cómo ahí Juana Inés de Asbaje y Ramírez anticipa los afanes teórico geográficos “totalizadores” de Ritter y Humboldt de dos siglos después, y ese “retroceder deslumbrados”, de Richthoffen, Ratzel, Davies y Kjelen, que intentan luego el conocimiento examinando las cosas una por una. Y lo podrían hacer, tanto más, cuanto mayor se su especialización en cada cosa. Y he ahí una nueva y desconcertante tragedia: pretendiendo así el conocimiento geográfico, cada vez se ven más impelidos a abandonarlo. Cuanto más geólogo es Richthoffen, más conoce el fenómeno, pero, misteriosamente y en forma cada vez mayor, se aleja de la geografía; cuanto más geomorfólogo es Davies, más entiende los procesos de las cosas de la litósfera, pero, paradójicamente, más se pierde la idea, o el espíritu de lo geográfico; cuanto más sociología hacen Ratzel o Kjellen, más aportan a esas especialidades de la sociología o la política, pero, menos aún se estudia la geografía.
Aún en la segunda mitad del siglo XVII, para el pensamiento ilustrado en Juana Inés de Asbaje y Ramírez, es una necesidad la crítica a la escolástica y a los universales. Lo universal, como la naturaleza creada por Dios, la teísta “causa primera” en el ante rem de la contemplación y el intelecto intuitivo del realismo medieval, ha de ser desechada y suplida por la aristotélica y deísta “causa eficiente”, que poco a poco aproxima a la causalidad científica del conocimiento discursivo o racional, que prescinde de todo acto divino en el ateísmo, y, en una naturaleza cuyo movimiento divino sólo es mítico.
Y es justo aquí donde resuena en nuestro recuerdo cualquier clase impartida por el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada: ahí, ese conocimiento discursivo, en la dialéctica, aparece en Juana Inés de Asbaje y Ramírez la apolínea ciencia.
Cuando, luego de hundida en el sueño, el alma despierta, empieza ahí el “conocimiento discursivo”; el ciclo de la noche y el día, es la metáfora del ciclo de la edad oscura medieval, a la ilustración de la época moderna y la ciencia; y con ello, Juana Inés de Asbaje y Ramírez, lo hace separando del espacio cósmico, el espacio terrestre, entendido por el movimiento de rotación de la Tierra expuesto por su efecto en el movimiento aparente.
[1] Díez Rejón, F; Parnaso, Diccionario Sopena de Literatura; Tomo I, Editorial Ramón Sopena, Barcelona, 1982 (v. Juana Inés de la Cruz).
[2] Ibid. (v. Juana Inés de la Cruz) (p.423)
[3] Ibid. p.423.