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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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22 marzo 2015 7 22 /03 /marzo /2015 23:05

Editorial

 Modelo-del-Espacio-Terreste-en-el-Continuum--JCMN--1995.JPG

Modelo del Espacio Terrestre en la Teoría del Continuum, en José C. Martínez Nava, como integración del sistema de las esferas de elementos sustanciales discretos: tierra (litósfera), aire (atmósfera), agua (hidrósfera), de alto nivel de densidad; y los elementos continuos o campos, como la energía solar y tectónica (“fuego”); y operando en ello la gravedad (con valor de presión +p), como una parte que en este modelo se rechaza, en esa forma moderna de llamarle al antiguo ápeiron (lo indefinido, el vacío), en el cual, la otra parte que implica esa forma moderna, es la “constante cosmológica” (con valor de presión –p), así llamada por Einstein, en donde la densidad desciende a valores relativos insignificante.

[Fuente: José C. Martínez Nava, con modificaciones de esta editorial]

 

*

 

Con el análisis de las consideraciones del autor José C. Martínez Nava a la teoría del espaco terrestre, terminamos esa necesaria revisión de los antecedentes a la formalización a dicha teoría por nuestra parte.

 

La propuesta de dicho autor y su contribución a la teoría del espacio terrestre, se radica en la teoría del continuum einsteniano, que, supuesto en la teoría de las “fases” de Riábchikov (1976), Martínez Nava explicita y fundamenta teóricamente desarrollando fructíferamente tal planteamiento, el cual es, a su vez, coincidente con la menos conocida teoría de los elementos genésicos de Carlos Sáenz de la Calzada (1954).

 

El resultado final de la teoría del espacio terrestre en los elementos del continuum, fue que el espacio, primero, era sólo la espacialidad de los elementos del continuum; y, segundo, que el estudio de ese espacio concebido así, implicaba aún el depender de las leyes de los fenómenos contenidos en ellos.  Y en aquel entonces, mediados de los años noventa del siglo XX, nosotros compartíamos, si bien insatisfechos, pero sin remedio, como lógica necesaria, esa conclusión.

 

Tendrían que transcurrir aún quince años más, para que (entre fines de 2011 y principios del 2012), no sólo descubriéramos el proceso de abstracción y generalización teórica e históricamente dada de los conceptos de espacio y fenómenos en geografía, sino para que estuviésemos realmente preparados en el método de la ciencia, como para poder elaborar una abstracción y generalización mayor y más esencial, dando lugar a una más completa formalización teórica de la teoría del espacio terrestre, ahora, en la teoría del vacuum, y los estados de espacio, que personalmente el autor de estas líneas venía elaborando desde principios de los años ochenta.

 

Por lo pronto, la fructífera propuesta del compañero José C. Martínez Nava, culminaba entonces, ese tercer momento histórico de abstracción y generalización, conjuntamente con Carlos Sáenz de la Calzada y Alexandr Maximovich Riábchikov.

 

*

Modelo del Espacio Terreste en el Continuum, JCMN, 1995Filosofía de la Geografía.

 

[____]  El Espacio Terrestre como el Continuum Einsteniano, en José C. Martínez Nava, 1995. (1/…)

 

Estrabon.JPGHistoria General de la Geografía.

 

[____]  Estudio a los Prolegómenos de la Geografía; Estrabón (5/…)

 

 

 

 

Ícono Filosofía-copia-1Filosofía.

 

[____]  La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo (5/10)

 

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22 marzo 2015 7 22 /03 /marzo /2015 23:04

Modelo del Espacio Terreste en el Continuum, JCMN, 1995El Espacio Terrestre como el Continuum Einsteniano, en José C. Martínez Nava, 1995. (1/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri,

http://espacio-geografico.over-blog.es/

29 ene 13.

 

Introducción.

 

La exploración consecuente de la teoría de las “fases” de Riábchikov (1976), la habría venido realizando el compañero José C. Martínez Nava, que, en 1995, con enormes dificultades, logró publicar su libro Geografía Integral, en el cual, si bien como un libro de texto para la educación media superior, formaliza su propósito de exponer los fundamentos teóricos de la teoría del espacio como el continuum einsteniano, contenida en los desarrollas de Riábchikov.

 

Su Geografía Integral es una obra compuesta por ocho unidades (o, como se dijera en la Antigüedad, formada por ocho libros), dedicando las tres primeras a los fundamentos teóricos e históricos de la geografía.  Un aspecto notablemente interesante dado en el tercer capítulo, titulado: “El Espacio Terrestre como un Sistema de Elementos”, está en que el autor retoma, como lo hace a su vez Riábchikov denominándolos “fases” (en alusión a las grandes fases evolutivas en la historia natural), y que, evidentemente, son los mismos elementos de los que habla el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, la idea de los elementos de Empédocles (tierra, aire, agua y fuego), sólo que , desde luego, no con la misma idea, sino como base de un conocimiento natural que se da en el ámbito de la geografía, y una complicación más que discutiremos más adelante.

 

El año 1995 fue ese año de la catástrofe económico-social en México, que destruyó todo cuanto hasta ahí se había hecho.  La obra Geografía Integral, fue una de las últimas cosas que compartimos, pero sin que para ello hubiera ya esos ricos coloquios de discusión teórica en la Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía (SMTHG), y quedó ahí , como todo, en espera de mejores tiempos para poder pensar…, sólo que éstos, en colectivo, ya nunca volvieron.

 

Dejamos de frecuentarnos enfrentando la adversidad como se pudiera, pero el paso de los años hizo sus estragos.  En el año 2007, cuando el que esto redacta estaba por entonces viviendo un proceso oscurantista, implicado en ello con motivo de nuestra titulación en una Maestría en Educación Superior, que nos significó nuestra liquidación laboral en la Universidad en que laborábamos, él ya había creado su Blog, que en su título refleja el profundo estado de ánimo ante una situación generalizada: “Un Soplo de Eternidad”.

 

Nos enteramos de su Blog hasta 2009, cuando nosotros creamos el nuestro y empezamos a sondear en la Red actualizándonos nuevamente en el campo de la geografía.  Lo que nos encontramos fue algo explicable, aun cuando en cierto modo, desalentador, no obstante absolutamente comprensible: en el compañero José C. Martínez Nava, la geografía misma había pasado a un segundo plano, como consecuencia de un cerrado e intolerante oscurantismo que se agudizó durante aquellos años.  De momento nosotros habíamos sentido lo mismo en aquellas primeras semanas de julio y agosto de 2009, al plantearnos sobre qué publicar en nuestro Blog.  Hasta que comprendimos lo que teníamos en las manos.  Pero ya no hubo un proceso de retomar las cosas nuevamente en forma colectiva (de ahí que lo que trabajábamos entonces para la reorganización de la SMTHG, ahora a través de la Red, quedó , a su vez, desplazado a un segundo lugar).  En cierto modo, luego de cuatro años, nosotros estamos publicando ya nuestros últimos documentos en la denso de una oscuridad que los hace ilegibles, ya no sólo porque no puedan leerse, sino porque no deben leerse, sino a consecuencia de ser condenados por la “oficialidad” institucional del “saber geográfico”, sin que se vea la presencia de ánimo en nadie para enfrentar la situación y dar continuidad a esta línea de pensamiento.

 

El infortunio en la falta de discusión de su Geografía Integral, no permitió ver un mayor grado de abstracción y generalización en sus categorizaciones, en un trabajo que había preparado desde el ámbito de la educación media superior, y eso nos impide hoy deducir conclusiones con mayor riqueza teórica, que, sin duda, y tal como nos aproximaremos a ello, está contenido en el fondo de su trabajo.

 

Haremos, pues, aquí, una aproximación crítica en el contexto de ese mediados de los años noventa, tratando de discutir la pate de mayor abstracción teórica en los términos en que entonces analizábamos esos problemas.

 

Concluyamos pues, esta primera entrega introductoria, comentando su Prólogo a la Geografía Integral; que a casi veinte años de su redacción (1995), ya apuntaba ahí que: <<aun no acabamos de salir del oscurantismo de la época medieval>>, cuando ciertamente, ello, esa expresión, no era sino el indicio de que así se vislumbraba el inicio de una nueva edad oscurantista; sin duda alguna, un preclaro pensamiento marxista, ya adelantaba el trágico escenario de esa densa oscuridad recrudecida de hoy (2013), por la cual, y no por más, no puede sino hacerse en la conciencia del que simplemente piensa, un panorama desolador que explica los ánimos.: “El fin del capitalismo –decía ya Martínez Nava en 1995–, fin que se ha extendido…, ha llevado a la bancarrota a la sociedad humana”[1]; y ello, refleja nuestro propio juicio, no sólo ha sido el fracaso del sistema capitalista, sino que con el derrumbe mismo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), el fracaso es de la humanidad misma.  <<A los descubrimientos científicos –agrega–, nadie les hace caso, a nadie le interesan>> (y era apenas, 1995).

 



[1]        Martínez Nava, José C; Geografía Integral; Ediciones Especiales, SMTHG; México, 1995; p.3

 

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22 marzo 2015 7 22 /03 /marzo /2015 23:03

006 III ane Carta de EratóstenesEstudio a los Prolegómenos de la Geografía, Estrabón.  (5/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espaco-geografico.over-bog.es/

16 dic 12.

 

Determinar en qué momento y de qué manera ese conocimiento geográfico espontáneo dado como el conocimiento de la Tierra en los mapas; que venía (como consta en los documentos de Babilonia), del año 3000 ane, es decir, de unos treinta siglos atrás; se transformó en estudio de las cosas, así naturales como sociales, ocurre aquí, con Estrabón, y mediante la inversión de las causas por los efectos.

 

Eratóstenes había encontrado las plinthias (los ladrillos o unidades básicas) que estructuraban el espacio geográfico o terrestre, en lo que, a su vez eran las “zonas climáticas” (franjas de inclinación latitudinales), a las que denominó esfrágidas (gemas, joyas preciosas), de modo que las plinthias resultaban una regionalización de las “zonas climáticas” o esfrágidas.  Eratótees en su mapa registra cuatro plinthias: 1) la India (propia a dicha península); 2) la Ariana (contigua a la India al occidente, que comprendía básicamente Persia, la actual Irán); 3) la que quizá pudiera denominarse “Asiria” (Irak); y 4) la “Árabe” (no como la península, sino como la región de palestina), que Estrabón retoma sin delimitar.  En ellas, el espacio latitudinal determinado por el factor de inclinación o latitud, se identifica con el factor cósmico de la radiación solar, en una “zonalidad climática” entendida como una determinación por la temperatura y otros efectos secundarios de la latitudinalidad, manifiestos en la vegetación y fauna.

 

Por el estudio de los efectos Eratóstenes llegó a las causas cual es en el proceder de toda ciencia rigurosa; y una vez entendida la causa, profundizó en el conocimiento de las propiedades del espacio terrestre.  Luego, históricamente, todo consistía en darle seguimiento a ello, avanzando en el conocimiento de lo nuevo acerca de lo mismo, del mismo objeto de estudio, el espacio terrestre, a la luz de ese conocimiento antecedente y en la certidumbre de sus leyes.

 

No obstante, lo que ocurrió fue otra cosa: Estrabón, confundiendo el estudio de las causas por el estudio de los efectos, hizo a un lado el conocimiento del espacio terrestre por sus propiedades y leyes, y dirigió su atención a las características fenoménicas determinadas por ese espacio.  Esto es, en lugar de estudiar las “zonas climáticas” como inclinación latitudinal, las tomó y estudió por los efectos que ocurren en ello; es decir, como “zonas climáticas” por cuanto a su temperatura, y por ello, de su vegetación y fauna, como de su habitabilidad humana.

 

Estrabón concluyó así que: “Es evidente, pues, que esta división es adecuada a la geografía, porque la geografía trata de determinar la parte de la Tierra de una de las dos zonas templadas que nosotros habitamos[1]; es decir, que la división zonal en la esfrágidas, que hacen el conocimiento geográfico miso, para Estrabón constituyen tan sólo un conocimiento que se adecua a la “geografía”, esto es, a lo que él está entendiendo por geografía: no el espacio terrestre, sino los fenómenos dados en él. Dicho en lo términos de su época: su “geografía” no estudia la esfrágida por sus propiedades y leyes de inclinación de cualquier parte de la Tierra; sino las características dadas en las esfrágidas por las condiciones medias de la atmósfera, más aún, importando sólo de la parte habitable; lo cual se deduce de la delimitación que da de esta última: “…el mar al delimita hacia el Océano y hacia el Oriente, y por el Sur y por el Norte las características del clima, el cual, en el centro es bien templado para las platas y para los animales…”[2].

 

Se consumó así, la inversión del pensamiento geográfico, de la lógica del espacio terrestre, a la lógica de los fenómenos en él; y con ello quedó establecida en forma de contrariedad, lo que caracterizó la contradicción histórica esencial del pensamiento geográfico (contradicción que no se habrá de expresar en plenitud, sino hasta el tránsito del siglo XVIII al XIX, y encontrará solución en el tránsito del siglo XX al XXI).

 

 

Del Libro II, Cap. IV.

 

Prácticamente ya al final de sus Prolegómenos, Estrabón aborda en el Cap. IV del Libro Segundo, a Polibio, que como historiador, somete a crítica la verosimilitud de los viajes de Piteas, que Dicearco y Eratósteones retomaron en sus geografías, descalificando Estrabón tal posibilidad.  De donde, todo lo dicho por Piteas es falso, y retomado por Eratóstenes es la difusión de puras mentiras fantasiosas.

 

De este capítulo, que en su brevedad se refiere al análisis de los errores de Dicearco y Eratóstenes en sus mapas, por lo que se refiere a la verdadera localización o correctas distancias, que examinadas dos siglos después, es ya sobre un documento prácticamente histórico y ello carece de todo sentido crítico, tal como absurdamente lo hacen aparecer tanto Polibio como Estrabón (si Eratóstenes hubiese sido su contemporáneo, esa crítica sería plenamente válida).  Ignacio Granero inserta una nota, al respecto de la descripción de Europa por Polibio, y dice en dicha nota tomando un texto de Germaní Aujac: “Es probable que esta descripción de Europa estuviese incluida en el Libro XXXIV de las Historias (cf. P. Pédich: La geografía de Polibio, estructura y contenido del Libro XXXIV de la Historias…; y P. Pédich: El Método Histórico de Polibio (1964)…”[3].

 

Todo el Cap. IV, para la geografía teórica, vale por esta sola nota.  Polibio, como Estrabón, no hace geografía, se vale de ella para expresar su Historia, y en ese sentido, la geografía es, tanto para Polibio como para Estrabón, como acertadamente lo califica P. Pédich, método de la historia, manera de exponer la historia.  Es así, y sólo así, como hay que entender la “geografía“ de Estrabón.  Si de ella se suprimiese la historia, para Estrabón no quedaría geografía alguna, dado que a la geografía la identifica con la historia.  Pero haciendo abstracción de esa identidad subjetiva de Estrabón, como de toda identidad de la geografía con el estudio de los fenómenos, lo que queda como geografía, es la geografía de Eratóstenes, de ese al que despectivamente se refiere Estrabón como “Eratóstenes y sus secuaces” (Aristarco, Hiparco, Crates y Apolodoro), teniéndolos muertos más de un siglo atrás.

 

 

Del Libro II, Cap. V.

 

Arribamos, finalmente, al último capítulo del Libro II con el que Estrabón concluye los Prolegómenos a su Geografía.  Está dedicado a tratar sobre el método de la geografía, y por lo tanto se convierte en un capítulo de la mayor importancia.

 

Empieza Estrabón explicando que quien se ha de dedicar a la tarea de describir las distintas regiones (para Estrabón sólo las habitadas y habitables), ha de suponer en él “muchos principios físicos y matemáticos (este último que para Estrabón comprende a la astronomía y a la geometría); y ya luego elaborará su trabajo “de acuerdo con estos supuestos y conforme el valor científico de los mismos”[4].  Todo ello, de forma, es correcto,; de contenido, es sólo “sistema de referencia”, o principios de partida de los que luego se podrá prescindir.  Estrabón dirá un poco más adelante: “es necesario que el que hace geografía, haga fe a los geómetras, que han medido toda la Tierra, y los geómetras a su vez a los astrónomos y éstos a los físicos”[5].  Si bien en principio ello es correcto, no obstante lo plantea ajeno al método geográfico, y no precisamente como lo que va a integra su método propio.  En ese sentido, tales supuestos constituyen los postulados de la geografía de Estrabón, sin que entre en controversia con Eratóstenes ni Hiparco, hasta en tanto no se considere la consistencia lógica con lo que luego se sustentará en ello: las propiedades espaciales en éstos; o la historia en aquel.

 

Luego, aceptando la esfericidad de la Tierra, Estrabón establece que ha de ser descrita “como una superficie plana para la comodidad de la vista”[6].  Aquí, en principio, Estrabón reconoce en el mapa la herramienta esencial y por excelencia del geógrafo; aun cuando, al mismo tiempo, lejos está de Eratóstenes y principalmente de Hiparco, en entender que el mapa no tiene por fin “la comodidad a la vista”, sino el rigor de de un instrumento para el análisis del objeto de estudio (entonces entendido como la descripción, o conocimiento del espacio terrestre), en tanto la transformación matemática de la esfera terrestre en un plano, que, de manera secundaria, trae aparejada la comodidad del estudio.

 



[1]        Ibid. p.179 (subrayado nuestro)-

[2]        Ibid. p.179.

[3]        Ibid. p.190 (Libro II, IV, 1; Nota 1)

[4]        Ibid. p.203.

[5]        Ibid. p.205.

[6]        Ibid. p.204.

 

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22 marzo 2015 7 22 /03 /marzo /2015 23:02

Cuadrante SolarLa Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo: el método hipotético-deductivo.  (5/10)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

 

 

a)      El enunciado del problema como premisa de tesis.

 

Se ha enunciado el problema, normalmente éste se expresa en una oración en la que, o bien se niega lo que se creía, y ha de afirmarse ora cosa; o bien se afirma que hay una situación negativa y ha de buscarse su solución alternativa; o bien, ya hay algo confuso que no concuerda con los hechos, o ya es algo que se encuentra diferente a lo que se consideraba, etc.  Es la respuesta a ese problema, precisamente, lo que enuncia, en el método hipotético-deductivo, la premisa de tesis.  Y esa respuesta se da, o debe darse, de manera categórica, universal y afirmativa.  Quien así afirma, puede equivocarse, pero se corrige el error, que como consecuencia es más fácilmente detectable, y se avanza; pero es difícil imaginar un proceso de investigación en el que en lugar de hacer afirmaciones categóricas, se plantea una duda tras otra y todo queda en la ambigüedad.

 

La premisa o juicio de tesis, no es un juicio arbitrario cualquiera; mucho menos lo es la frase general enunciativa del problema; ha de ser, por lo contrario, necesariamente, un juicio lógico.

 

Aristóteles se refiere a la tesis, precisamente como un juicio indemostrado.  La premisa de tesis será eso, un juicio lógico, categórico, universal y afirmativo, que requiere demostrarse.  Es decir que, no porque no esté demostrado, ha de ser un juicio dubitativo.  En la premisa de tesis estamos, y debemos estar, ciertos de la veracidad de lo que afirmamos; y otra cosa será el demostrar dicha veracidad, lo cual no necesariamente ha de ser en sentido positivo, pues la verificación es para someter a prueba lo afirmado, de lo que pudiera obtenerse una verificación negativa (es decir, que lo que se creía y afirmaba verdadero, resulta falso).

 

Demostrar la veracidad de la tesis que se afirma (la cual puede ser positiva conforme a lo expresado, o negativa), supone el recurso de la hipótesis (del gr. hipo, bajo; y thesis, juicio lógico indemostrado), como un juicio lógico adicional; igualmente categórico, universal, y afirmativo, que se deriva de la misma tesis (de ahí su etimología de “bajo tesis”), en el que se introduce un caso de prueba en el que la tesis ha de verificarse.

 

 

b)      El silogismo como base del método hipotético-deductivo.

 

Recapitulemos todo lo antes dicho, en la notación propia de la lógica formal[a]; y lo primero, hemos dicho, es enunciar el problema como un juicio de tesis, en la forma: <<Todo S, es M>> (es decir, todo sujeto (S), es lo que se designa en un predicado (M)).  Ese es pues, un juicio categórico, universal al expresar el “todo”, y afirmativo.

 

De esa manera quedó expuesta la premisa de tesis; pero, hemos dicho, de ella ha de derivarse, o quedar bajo ella, un juicio lógico adicional denominado hipótesis.

 

La hipótesis, pues, no es ningún supuesto arbitrario, ocurrente, producto exclusivo del ingenio del investigador; y mucho menos algo que se expone en forma interrogativa albergando dudas.  La hipótesis es[b], al igual que la tesis, un juicio categórico, universal y afirmativo, en la forma de: <<Todo S, es P>> (es decir, todo sujeto (S), es lo que se designa en el predicado (P)).

 

Para determinar la hipótesis derivada de la tesis, se suele recurrir a la inferencia inmediata (o deducción inmediata), denominada entimema (del gr. en time, en la mente), en donde explícitamente se omite un juicio en el silogismo de la inferencia mediata, pero que queda supuesto en la mente; esto es, por ejemplo: <<Todo S es M, ya que S es P>>.  El juicio que aquí se suprime en la inferencia, es el de la premisa antecedente, en la forma de <<Todo M, es P>>.

 

El silogismo, como inferencia inmediata, quedará de la siguiente manera:

 

Premisa de Tesis:             <<Todo S, es M>>

                                        ________________

Consiguiente (hipótesis):   <<Todo S, es P>>

 

El que <<Todo S, sea P>>, da por supuesto el juicio de la premisa antecedente en el que <<Todo M, es P>>, por lo que el enunciado concreto de la premisa antecedente, puede reconstruirse del entimema o inferencia inmediata antes expuesta.  Como “M” está en el juicio de tesis en calidad de predicado, y “P” está en el juicio consiguiente (hipótesis), a su vez, en calidad de predicado, la premisa antecedente se compone por la “lógica de los predicados”; con ambos predicados se reconstruye la premisa antecedente en la forma de <<Todo M, es P>>.  De modo que el silogismo completo como inferencia mediata, quedará de la siguiente manera:

 

Premisa antecedente:      <<Todo M, es P>>

Premisa de tesis:             <<Todo S, es M>>

                                        _______________

Consiguiente (hipótesis):  <<Todo S, es P>>

 

Así como (S) es el sujeto, y (P) es el predicado, conociendo a ambos como términos extremos; la sigla “M” se refiere al término medio,; en tanto que es el que media; o que, estando en las dos premisas, concilia los extremos en una síntesis de ellas.

 

Queda así integrada la base del método hipotético-deductivo, es decir, por el cual se demuestra mediante la veracidad de una hipótesis deducida lógicamente en un silogismo, en el cual rige el principio de la lógica dialéctica, de que sólo de dos premisas verdaderas, puede seguirse un consiguiente verdadero.  Si una de las premisas no es intrínsecamente verdadera, el consiguiente (la hipótesis), será falso.  E inversamente, si la hipótesis resulta falsa, ella habla de que alguna de las premisas será falsa, y en particular, ella será la premisa de tesis.

 



[a]       Nos referimos aquí exclusivamente al Modo BARBARA, de la Primera Figura del Silogismo.

[b]       En el Modo BARBARA de la Primer Figura del Silogismo.

 

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22 marzo 2015 7 22 /03 /marzo /2015 23:01

Simetria-del-Espacio-Geografico--Proyeccion-Ecuatorial.jpgComentario a, La Faz de la Tierra y su Origen, de Gennady Nikolaevich. Katterfeld, 1962 (2/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

05 mar 13.

 

 

Katterfeld comienza diciendo lo necesario: “La Tierra está sometida a fuerzas de deformación y deriva”.   Pero cuando la geología contemporánea aún habla de esas fuerzas y esa deriva de la tectónica de placas exclusivamente, esa geología y geofísica están dejando de lado una gran cantidad de aspectos concordantes en la relación causal; y en su omento, ya Katterfeld se refirió a esos aspectos adicionales, como la rotación de la Tierra, la pulsación de compresión-expansión del planeta como efecto de la acción gravitatoria y la acción físico-química interna, formándose lo que Katterfeld llama <<líneas de máxima presión originadas desde el manto>>, que se han dado a lo largo de enormes períodos de tiempo.  A ello, hoy en día, habría que agregar los efectos de resonancia del campo magnético terrestre (conocido desde tiempos de la Guerra Fría y mantenido en secreto militar, pero que recientemente la ciencia civil independientemente ha podido descubrirlo).

 

Luego, la esencia en la teoría de la simetría de la superficie terrestre de Katterfeld, se enuncia en el hecho de que esas <<líneas de máxima presión>>, producen como efecto las “antípodas” –dice Katterfeld– de la formación del relieve terrestre: elevación de masas de tierra en un lado, compensadas con masas de agua en depresiones en el lado opuesto; así como la configuración de “cuña” de los continentes en el extremo sur; las zonas específicas de actividad volcánica; y las mareas lunares.

 

La obra de Katterfeld va dirigida específicamente, “a los estudiantes de geografía y geología”, como a todos los que están tratando de ampliar el conocimiento de nuestro planeta “que –dice Katterfeld– en muchos aspectos se mantiene enigmático”.

 

Refiriéndose a la geología, el autor menciona cómo ésta “no suministra ninguna respuesta a la cuestión de qué provocó la formación y distribución actual de las principales formas del relieve terrestre y los océanos, los continentes y las montañas” (subrayado nuestro).  Y es que, precisamente en ese subrayado nuestro esta el fondo de la explicación de por qué la geología no responde a ello; y es que, decimos nosotros, simplemente, <<ese no es cuento de la geología>>.  La distribución, es una propiedad espacial, luego, entonces <<es cuento de la geografía>>.  Y en este punto Katterfeld va a referirse a uno de los aspectos más esenciales y trascendentes para poder entender los derroteros de la geografía moderna: “…el esclarecimiento y explicación de las leyes que rigen la distribución de las principales formas del relieve terrestre y de la estructura de la litósfera del planeta –apunta Katterfeld, con ese subrayado nuestro–, no son menos importantes que el estudio de los procesos mediante los cuales las estructuras entraron en existencia…”; esto es, lo que con ello nos está diciendo Katterfeld, es que el descubrimiento de las leyes geográficas, no son menos importantes  que las leyes geológicas.

 

Pero en este pasaje, en un punto y seguido en el texto, hubo algo más, aún de mayor importancia y esencialidad, que hace el fundamento de nuestra teoría del espacio geográfico: “Si bien –agrega Katterfeld– puede ser que esas leyes no sean propias de nuestro propio planeta”; y Katterfeld refiere particularmente una homología con el planeta Marte, pero en ello va a estar la relación causal de la Luna.

 

Nuestro autor destaca que este intento de formular tales leyes geográficas viene, sin éxito, de fines del siglo XIX y principios del siglo XX (y refiere a Lowthian Green, 1875; y a W Pickering, 1907), dado que; apunta Katterfeld con la misma idea que nosotros hemos tenido al respecto: el problema de las leyes del espacio geográfico, es “uno de los más difíciles de analizar”.

 

Pero, dice Katterfeld, las bases de la teoría existe: las hipótesis de la rotación (A. Bem, 1910); de la pulsación (Bucher, 1933-1939); y de la diferencialidad de las masas abisales (W. Belusov y Van Bemelen, 1954).  “En la actualidad –dice el autor en 1962–, tales cuestiones están comprendidas en el ámbito de una nueva morfotectónica del planeta”.  Esto es que, con todo, atrapado en su tiempo, en su momento histórico, Katterfeld, sin una teoría desarrollada de la geografía como ciencia, atribuye su esencial teoría geográfica (espacial), a un ámbito d una “nueva morfotectónica”, es decir, a un ámbito esencialmente geológico, por más que, dicho en las propias palabras de Katterfeld al final de su Prefacio redactado en 1960: “Como en ninguna otra ciencia, nos encontramos ante fundamentales fenómenos, que (son) clara y suficientemente llamativos (a tal punto que), cuando se presentan en un mapa, siguen siendo enigmáticos”.

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15 marzo 2015 7 15 /03 /marzo /2015 23:05

Editorial

 Relieve-de-Marte.jpg

Una “Martegrafía”, o, para no complicarnos la existencia, una geografía de Marte.  El estudio del espacio del planeta Marte es, básicamente, el estudio del espacio del “Gran Terrario”, es decir, de la terrarización de Marte.  Dónde y cómo empezar ese proceso, supone, necesariamente, el conocimiento geográfico (espacial) del mismo, no como un subjetivo “espacio socialmente construido”, sino como la transformación de ese espacio objetivo dado.

[Fuente: NASA]

 

*

 

La siguiente década a la muerte de prácticamente simultánea de Humboldt y Ritter (1859), leíamos de algún autor, se produjo un “abandono de la teoría geográfica”.  Pero ese aparente vacío de teorización que en realidad abarcó dos décadas, a nuestro juicio, fue más bien producto de un desconcierto que sumió en el pasmo esa teorización geográfica: Humboldt y Ritter habían llevado hasta sus últimas consecuencias la idea estraboniana de la geografía, y sus obras se convirtieron en el reductio ad absurdum de esa idea de la geografía de los fenómenos como el ser de la ciencia de la Geografía.

 

Fue hasta principios de la década de los ochenta del siglo XIX que, de una parte, Friederich Ratzel publica su Antropogeografía (1882), y de otra parte Ferdinand Von Richtoofen (geólogo de origen), “geomorfologiza” la porpuesta de la continuidad de la geografía.  El camino de la geografía como el conocimiento de la Totalidad, se hizo inviable, y entonces se buscó en el extremo opuesto, en la particularización del conocimiento, que se dirigió a los fenómenos estudiados por diversas especialidades; de donde surgió la necesidad imperiosa de que la geografía definiese su propio objeto de estudio, lo que constituyó los principales esfuerzos de la geografía teórica a lo largo del siglo XX.

 

Durante los primeros cinco congresos internacionales de Geografía (durante la última década del siglo XIX), aquella crisis desembocó  allí en la propuesta absurda estraboniana de separar la cartografía delos conocimientos geográficos, lo cual era simplemente despojar a la geografía de su esencialidad; y tal propuesta, aun cuando se aprobó, no prosperó, obligada por la necia realidad objetiva.

 

Luego el intento se repitió  en el XX Congreso Internacional de Geografía, de Estocolmo, 1960, en que tal escisión mecánica entre la geografía y la cartografía, se impuso por una votación unánime (en el absurdo de hacer de la ciencia, reflejo de una realidad objetiva, un asunto subjetivo convencional de mayoría de votos).  La “geografía fenomenista” estaba feliz, creyó finalmente consumada su propuesta estraboniana de desmantelar a la geografía como ciencia; pero justo dos décadas después, se produjo la más consistente y poderosa demostración de su objeto del estudio de la geografía dado en el estudio del espacio terrestre, que no podía ser estudiado, sino al ser representado en los mapas; y otra vez, la necia realidad objetiva puso en ridículo los “inteligentes” acuerdos del XX Congreso Internacional de Geografía de 1960; y quien se encargó de ello, y sin saber absolutamente nada de la historia de los congresos internacionales de Geografía desde su origen a fines del siglo XIX, fue el autor de estas líneas.

 

Como lo anterior, un gran cúmulo de constataciones de la objetividad de nuestras ideas, nos han autorizado a afirmar que el geógrafo del futuro, es el portador de esa ciencia acerca del análisis del espacio, en principio, terrestre, pero que, universalizada dicha ciencia, es su aplicación al conocimiento de los mundos futuros a los que la humanidad habrá de arribar luego de un tiempo y un esfuerzo dado, atravesando el vaso océano de la “Mar Vacui”.  El geógrafo lector y estudioso de esta Revista, es la simiente de ese geógrafo del futuro.

 

*

Cap. I Historia; Sáenz de la Calzada, 1954Filosofía de la Geografía.

     

[____]  “Las Transformaciones de unas Sustancias en Otras”: dialéctica de los elementos genésicos, en la teoría geográfica del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, 1954.  (4/4).


 

 Estrabón; GeografíaHistoria General de la Geografía.

 

[____]  Estudio a los, Prolegómenos de la Geografía; Estrabón.  (4/…).

 

 

 

Tabla de Concordancias, Teoría del Conocimiento, enero, 20Filosofía.

 

[____]  La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo.  (4/10).

 

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15 marzo 2015 7 15 /03 /marzo /2015 23:04

Cap.-I-Historia--Saenz-de-la-Calzada--1954.jpg“Las Transformaciones de unas Sustancias en Otras”: dialéctica de los elementos genésicos en la teoría geográfica del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, 1954.  (4/4)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

15 oct 12.

 

 

Una maravillosa síntesis: la geografía de los estados de espacio,

es la geografía única.

 

La categoría de estados de espacio, hemos dicho, ha sido la solución simultánea a los conceptos d espacio y fenómenos, y en ella se expresa ahora la noción esencial de la preocupación centenaria del pensamiento geográfico: la geografía única.

 

Cap. I Historia; Sáenz de la Calzada, 1954

 
Facsímil del Inicio del Capítulo I de la Historia de la Geografía Médica en México, del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, con el trascendental epígrafe que expresa la dialéctica materialista en su consideración geográfica: "Agua, Tierra, Fuego y Aire, que contrariamente unidos y unidamente contrarios, en lucha están, divididos", citado del auto sacramentel: La Vida es Sueño, de Calderón de la Barca ("clik" en la imagen para ampliar).

 

 

 

De hecho, la categoría de elemento agrigentino en el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada ya había resuelto de la misma manera; en ella estaban ya de forma simultánea, abstraídas y generalizadas las categorías de espacio y fenómenos; sólo que en la categoría de los elementos no se reconocía la existencia del vacío, por lo que el mundo era un continuum, cuyas propiedades geométricas expresaban sus propiedades espaciales.  Y no obstante, en ellos se conservan aún las paradojas de la identidad y el movimiento, lo cual supone, para ambas, no sólo la discontinuidad de lo que se identifica como lo mismo no obstante su rompimiento, sino la discretud que identifica lo diferente; así como la separabilidad de lo discreto que garantice su movimiento independiente; y esa condición ha sido siempre, históricamente, el vacío.

 

De los pasajes de la historia de la alquimia narrados por Reinhard Fesermann, obtuvimos una idea tan filosóficamente provechosa, como geográficamente extraordinaria, para nuestros fines de la teoría espacista.  En el contexto del encriptamiento del conocimiento d la alquimia, Fesermann interpeta el enunciado de “la piedra que no es piedra alguna”, como el lapis philosophorum.  Pero en el contexto mismo de la teoría de los elementos en que Fesermann lo expresa, tal enunciado es equivalente al ápeiron (lo indefinido); y esto va a tener una esencial importancia para entender la geografía de los estados de espacio como la geografía única, en tanto ello constituye la esencialidad del espacio.

 

En u n lenguaje moderno, “la piedra que no es piedra alguna”, puede traducirse como <<la sustancia material que no es sustancia material alguna>>: el vacío.

 

Para el sentido común, el vacío se entiende como “la ausencia de algo”, de donde, en consecuencia, lo que ha quedado, es “nada de ese algo” que estaba o pusiese estar ahí.   Pero esta idea conduce directamente al error de asociar el vacío con “la nada”, ya no de “algo”, sino de “la nada en general”; de donde el vacío resulta en una noción metafísica, en la cual el vacío ya no sólo es le “vacío de algo sustancial”, sino el vacío de la materia misma.  Y es esa “ausencia de materia”, lo que lo convierte en aquello que está más allá de lo físico y de la realidad objetiva, formando parte de un mundo sobrenatural.

 

Justo es esta falsa asociación del sentido común lo que condujo al materialismo dialéctico hasta fines del siglo XX, a negar la existencia del vacío y a adoptar la idea del paradójico continumm.  Ese fue el falso fundamento para argumentar en contra de la geografía espacista de Krasnov, Chizov, Lukashevisch, De la Blache, y Hettner.  Y, con base en ese continumm, esa fue la geografía de las “fases” de Riábchikov, como de los elementos, de Carlos Sáenz de la Calzada.

 

El concepto de “la piedra que no es piedra alguna”, es la expresión del reconocimiento de la materialidad del vacío.   El vacío es algo que existe materialmente sin ser sustancia, como una forma más, de las infinitas formas de movimiento de la materia; y más aún, como la “materia prima” de cuya transformación a derivado todo lo demás.  El vacío, pues, tiene las características de un campo físico especial, que dialécticamente, a su vez, da el atributo de condición o firma de existencia para ciertas magnitudes de dimensionalidad de las cosas y en calidad de campo o sustancia; es decir, tanto por sus propiedades espaciales es posible diferenciarlas, como por aquellas mismas por las cuales es posible entender su movimiento.  EL espacio como la propiedad esencial del estado de espacio vacío, es, entonces, esa “dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta”.

 

Los elementos de Empédocles retomados por el Dr.  Carlos Sáenz de la Calzada, abstraídos y generalizados como estados de espacio, ya no son, geográficamente, ni la litosfera, ni la atmosfera, ni la hidrosfera, ni la energía solar transferida a la biosfera; los estados de espacio no son, tampoco, las geoformas o unidades morfológicas de cada una de esas esferas del medio natural; los estados de espacio no son, mucho menos, los fenómenos naturales y sociales como tales.    Los estados de espacio, como abstracción y generalización históricamente dada de todo ello, dialécticamente son ello mismo, contiene a todos y cada uno de esos aspectos, y a la vez, no es nada de ello, pues, al mismo tiempo, es más que todo ello.

 

“Hacer una geografía basada en los cuatro elementos…”, tarea que nos fue asignada por el Dr. Carlos Sáenz de la calzada hace ya casi treinta y cinco años, ciertamente da lugar a una fructífera geografía, pero que, en esencia, es una de las expresiones de la “geografía fenomenista” misma dada desde mediados del siglo XIX con Ratzel o Richthofen hasta fines del siglo XX.

 

Sin embargo, apenas se considera el quinto elemento históricamente mencionado, el ápeiron (que en realidad fue el segundo cronológicamente dado), esa “geografía fenomenista” se convierte esencialmente en “geografía espacista”, devolviéndonos a la contradicción histórica esencial del pensamiento geográfico.  Pero al introducir por nuestra parte la categoría de “estados de espacio”, con ello abstraemos y generalizamos aún más los cuatro elementos y los subsumimos en el quinto elemento como categorías de espacio; y, como consecuencia de ello, una geografía más entre las múltiples “geografías”, se convierte en una geografía que, finalmente, es la geografía única.

 

 

Conclusión.

 

La idea de la geografía basada en teoría de los elementos del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, elaborada por él desde mediados de los años cincuenta del siglo XX luego de escuchar –da cuenta él mismo– un curso de “Antropogeografía” impartido por el Dr. Jorge A. Vivó, fue, al final de todo, una idea profundamente trascendente; es decir, que dialécticamente se superó a sí misma dados sus propios fundamentos.

 

Esa “geografía basada en la teoría de los elementos contrariamente unidos…”, abstraídos y generalizados tales elementos agrigentinos en la categoría de los “estados de espacio”, da lugar a la plena geografía única como ciencia del estudio del espacio.

 

Trazado nuestro trágico destino, final e ineluctablemente, “no olvidamos los estudios históricos aplicados al campo geográfico”, y como consecuencia, no pudimos sino sentir por necesidad, el interés por “hacer una geografía basada en los cuatro elementos <<contrariamente unidos>>”.  Resultó que no eran cuatro, sino, puesta más atención en la historia, cinco.

 

Con los cuatro elementos de Empédocles, bien podíamos hacer una geografía en el lineamiento fenomenista; pero al existir un quinto elemento, la quintaesencia, el espacio, volvía a hacerse presente la contradicción histórica esencial del pensamiento geográfico; y entonces, a ello no quedaba sino resolver trascendentemente.

 

Si en una generalización mayor se identifican los cuatro elementos como estados de espacio, éstos, por definición, se subsumen como propiedades particulares de la quintaesencia; y entonces  la geografía aparece como una geografía única, y sólo estudiosa del espacio.

 

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15 marzo 2015 7 15 /03 /marzo /2015 23:03

006 III ane Carta de EratóstenesEstudio a los, Prolegómenos de la Geografía; Estrabón. (4/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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16 dic 12.

 

Del Libro I, Cap. IV.

 

Aquí es donde Estrabón rechaza el método geométrico de Eratóstenes para calcular el perímetro de la Tierra, prefiriendo el de Posidonio como método astronómico, y luego sigue una larga discusión sobre los “errores” de Eratóstenes en cuanto a las latitudes y longitudes de diversos lugares, a sí como de su distancia.

 

 

Del Libro II, Cap. I.

 

Es este un capítulo del que poco se aprovecha en lo teórico, pus Estrabón discute por entero el mapa de Eratóstenes, que ya en el tiempo mismo de aquel era objeto histórico; sólo al final Estrabón anota: “Eratóstenes…, con frecuencia procede con un criterio más científico del que corresponde a esta disciplina; y una vez ubicado en este plano, no se expresa con exactitud, sino en general, y en cierta manera, en la geografía procede como un matemático, y en las matemáticas como un geógrafo[1].  Así, si la Geografía no le ha de corresponder ser “menos científica”, su despliegue como ciencia está en el proceder matemático, cual la geografía como una matemática aplicada.

 

Esa frase de Estrabón: “un criterio más científico del que corresponde a esta disciplina “, es suficiente para dar lugar al siguiente cuestionamiento: por qué ha de limitarse el nivel de cientificidad, si el objetivo de toda ciencia es alcanzar cada vez un mayor grado en ello.

 

Hay, pues, en este poco afortunado enunciado de Estrabón, en la práctica, una negación de la geografía como ciencia, a la que no puede entender en su esencia como una forma de matemática aplicada que adquirió independencia plena.  Y es así, porque en sus conocimientos de origen e histórica y objetivamente dada, su problema no es el “mundo habitado”, sino o que el mapa representa (el espacio terrestre), en su precisión matemática necesaria.

 

 

Del Libro II, Cap. II y III.

 

En el original de Estrabón se conjugan los capítulos II y III, a los que les dedica unas cuántas páginas a cada uno.  Las tres páginas del Cap. II las dedica a tratar a Posidonio, que –dice Estrabón– expone muchos temas, así geográficos como matemáticos; esto es, entendiendo Posidonio por “geografía”, el tratamiento de los fenómenos, y por “matemáticas” el tratamiento cartográfico (el espacio terrestre).

 

Los fenómenos que Estrabón relata, por los cuales se interesó Posidonio, fueron: principalmente, el de las mareas; pero también su explicación a la acumulación de cantos rodados; el fenómeno volcánico; y el afloramiento de asfalto.

 

Con Posidonio aparece, pues, un geógrafo que seducido por los fenómenos, pasa de la panóptica, de la disposición a “verlo todo”; a la sinóptica, a querer “ver ese todo de conjunto”, como un algo que corma una sola cosa y ha de ser estudiado por las relaciones entre sus elementos.  Y, claro está, eso por principio no es algo incorrecto, sino que el error está en pretender atribuirle al geógrafo tal descomunal tarea: la geografía no puede ser una sinopsis de  de todas las ciencias; pretensión que ya atisbaba Heráclito en su crítica a Hecateo, al que calificaba como el de “la mucha ciencia”.

 

La panóptica es el mapa en el que “todo se ve”; pero ello no implica que el geógrafo tenga que sumergirse en cada fenómeno del mismo para, luego, establecer sus relaciones, por más que ello sea factible, e históricamente mucho de ello se haya hecho; tanto como lo logrado no haya ido más allá, una y otra vez, de la sinóptica de lo diverso en la descripción cualitativa de lo empírico concreto.

 

Por esa vía se equivoca el método de la geografía, históricamente se ha equivocado (los resultados, la insatisfacción de la profesión del geógrafo con esos fundamentos, la discusión teórica, las contradicciones e insuficiencias, lo demuestran).  Si la panóptica es el mapa, el mapa no es los fenómenos, sino el espacio terrestre.  Es el espacio terrestre en sí lo que constituye realmente la sinóptica de la geografía; el estudio del espacio terrestre es lo que da lugar a la “visión de conjunto” como lo único y no como lo diverso, es la explicación científica de lo teórico abstracto.

 

Eso no podía ser entendido así en ese momento  de la historia, ni por Posidonio ni por Estrabón ni por nadie.  Fueron necesarios más de veinte siglos de experiencia práctica concreta y de difícil abstracción y generalización teórica, para que, en función de una teoría del espacio terrestre, se explicara precisamente eso que ahora, a la luz de ello, se ve simple.

 

Resulta interesante hacer notar que este capitulo apenas supone las tres páginas…, pero es aquí de donde se rescata la mayor parte de lo teórico geográfico, pues, además, se habla aquí de las cinco “zonas climáticas”, de su denominación particular, y del origen de su autoría.

 

Las cinco zonas son divisiones a manera de una regionalización geometrizada, en función de las “zonas climáticas”, pero aquí la palabra “clima” no se refiere al estado medio de la atmósfera, sino a las inclinaciones de la Tierra, lo que se traduce como sus latitudes.  Así, las “zonas climáticas” (en el origen geográfico del concepto), son ciertas zonas latitudinales conocidas como: 1) Tórrida (entre los trópicos); 2 y 3) Templadas (dos zonas entre los trópicos y las zonas polares); y 4 y 5) Frías (más allá de las zonas templadas, incluyendo las zonas polares (Aristóteles).

 

Referidas a las inclinaciones, reciben nombres que aluden a ello: 1) Periscias (de peri, alrededor; y scia sombra), esto es, donde las sombras giran alrededor de los cuerpos; 2) Heteroscias (de eteros, uno u otro), donde la sombra se proyecta a la vez, a uno y otro lado de los cuerpos; y 3) Anfisicias (anji, de uno y otro lado), donde las sombras se proyectan exclusivamente para uno o para otro lado.

 

Eventualmente se llegó a referir hasta siete zonas, dice Estrabón, en función de “atender a razones de interés humano”, y las cuales son dos zonas estrechas junto a los Trópicos; esto es, la faja de los desiertos; aun cuando finalmente dice compartir preferentemente la división en cinco zonas adecuadas a la naturaleza y geografía.

 



[1]        Ibid. p.174 (subrayado nuestro).

 

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15 marzo 2015 7 15 /03 /marzo /2015 23:02

La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo.  El Principio de Historicidad: la premisa antecedente. (4/10)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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10 dic 12.

 

 

    c)      Lo histórico.

 

Nada surge espontáneamente, todo tiene una trayectoria, de modo que está determinado históricamente.   Sin la consideración y el análisis de lo histórico no es posible entonces la causalidad del presente de un objeto de estudio que resulta como su efecto o consecuencia.

 

Pero la historia no debe tratarse como simple relación de hechos, nombres y fechas, por lo regular en estricto orden cronológico; en ese sentido, lo histórico no debe ser una simple consideración formal, algo como para cubrir un requisito, como para que el trabajo no demerite en estética o algo semejante.  Si bien el conocimiento de lo histórico, sin duda, dará cultura y con ello identidad, en la investigación científica no es eso lo que importa, sino lo que de ello puede rescatarse como regularidades o leyes que rigen el desarrollo de las cosas.  Así, por lo contrario, lo histórico es fundamento teórico y argumento demostrativo, y como tal debe tener un tratamiento específico.

 

Así, la historia o discurre en forma rectilínea y unilineal; si bien es un constante proceso ascendente o de progreso social, en ese proceso que hay una especie de epiciclos, o pequeñas regresiones y repeticiones de la historia; ni tampoco la historia es un discurso único y homogéneo, sino de líneas que son el despliegue de las contradicciones sociales.

 

Entender el desarrollo histórico de un objeto de estudio, es entender el objeto mismo, y en ese sentido, lo histórico debe periodizarse siguiendo ciertos criterios propios del fenómeno estudiado.  Por lo regular, poco diferirá de la periodización dad en la categorización sociológica dada en Prehistoria, Antigüedad, Edad Media, y Época Moderna, y Época Contemporánea; o de la categorización económico-política entendida como Comunidad Primitiva, Esclavismo, Feudalismo, Capitalismo, y Comunismo (con énfasis en su transición como Socialismo); más bien, mucho se verá cómo todo queda determinado por esas categorizaciones.  Cada uno de esos períodos se subdividen en tapas particulares que permiten detallar el análisis.

 

El ser social o histórico-social, es un ser objetivo, cuyo aspecto esencia el ser transformador de la realidad o mundo que le rodea; por esa transformación del mundo se entiende a su vez, un carácter productivo, y, en consecuencia, económico.  Pero ese ser histórico es, también, esencialmente, un ser pensante, un ser que desarrolla una conciencia de su condición colectiva o social, y, por lo tanto, una conciencia social de su capacidad de transformación de la realidad; en consecuencia, es ese ser social o histórico-social en su condición objetiva, lo que determina o es causa de su propia conciencia social, es decir, de su forma de ver e interpretar el mundo, y en consecuencia, de su capacidad de transformarlo.  Así, esencialmente, pensamos una interpretación del mundo, según la posición que ocupamos en las relaciones sociales productivas.   En nuestro tiempo, es un mundo que ve el burgués, y otro muy distinto el que ve el proletario; y si este es un factor para entender lo que se hace en la ciencia en general, con mucho mayor razón lo es para entender en particular las ciencias sociales.

 

Lo más importante del análisis histórico, ya como historia natural o bien como historia social, es, de acuerdo con la dialéctica materialista, descubrir la expresión de contradicciones, u opuestos en conflicto en el fenómeno estudiado, y las determinantes de las mismas, pues en esa lógica será posible entender las causas mismas determinantes de las condiciones actuales y futuras.

 

La dialéctica de la historia está dada en función de sus contradicciones esenciales a analizar, no únicamente como en las ciencias sociales en forma de la lucha de clases por sus intereses, sino como contradicciones en el ámbito de las ciencias naturales, cuando el conocimiento de muchos fenómenos es distorsionado para adecuarlo a la visión del mundo de las clases en el poder  (algunas veces con gran confusión, como cuando el nazismo), y este conocimiento, entonces, tiene que ser reinterpretado.

 

Finalmente, si lo histórico es fundamento teórico, lo histórico se convierte así, en consecuencia –como veremos–, en premisa antecedente en la demostración lógica.

 

 

    d)      Lo lógico.

 

La teoría de la dialéctica materialista explica que lo histórico, es la lógica desplegada; e inversamente, que lo lógico, es lo histórico condensado.  Y es así, en esa condensación como la síntesis de lo histórico, que el análisis de la historia de un fenómeno queda expresado en lo que se denomina en la lógica, como premisa antecedente.

 

Todo lo histórico ha de quedar enunciado en un juicio lógico; es decir, en eso en el cual se establecen las condiciones inferenciales, particularmente mediatas: el carácter de un juicio categórico universal afirmativo (de la forma , <<Todo M, es P>>).

 

La premisa antecedente, de suyo, es algo ya demostrado con anterioridad, tanto por otros autores como por la evidencia de los hechos, por o tanto, de su demostración es algo por lo que no tenemos que ocuparnos.  No obstante, si los datos son falsos, inevitablemente, las conclusiones que se deriven de ello, serán, a su vez, falsas.

 

Un trabajo, a veces desesperante, es el convertir el enunciado del planteamiento del problema, en el enunciado de la premisa antecedente; pasar de una frase con un verbo en infinitivo, a un juicio categórico universal afirmativo.   Pero tal es la condición para poder establecer las bases del método hipotético-deductivo.  Ese trabajo exige un esfuerzo de simplificación, de abstracción y generalización.  En ocasiones hay que jugar con la conversión de juicios equivalentes, y muchas veces con la forma del enunciado del juicio mismo nos altera la idea de su contenido.

 

Del juicio de síntesis de lo histórico, por experiencia, hemos visto que conviene dejarlo a que aparezca como el enunciado que quede dado por el arreglo  que se derive del entimema; es decir, de la inferencia inmediata, en la que falta la premisa antecedente, pero que permite reconstruir el silogismo completo.

 

La idea es integrar lo elementos del método hipotético-deductivo, que hace la lógica de un proceso de investigación.  Ello quiere decir que, cuando hablamos de un trabajo lógico de investigación, no nos referimos a la vaguedad de que por ello se entienda un trabajo simplemente ordenado y coherente, sino, estrictamente dicho, que se desarrolle en función de un silogismo y el conjunto de las reglas de la lógica formal y dialéctica.

 

Algo que en principio puede parecer un tanto una consideración mecanicista, es ver en el ser social objetivamente dado, todo lo histórico, como en su conciencia social, todo lo lógico.  Traducido dialécticamente, ello quiere decir que ese ser histórico-social, es determinante de la lógica social.  Entender su historia no sólo es entender a ese ser social, sino es entender también, su lógica; pero entender su lógica, es comprender las relaciones causales y la esencia de ese ser social en un momento histórico dado; el por qué de que las cosas sean como son; y más aún, el entender que ello ha de cambiar y cómo ha de hacerlo.

 

A todo ser social (una masa de trabajadores socialmente productivos transformado la realidad), corresponde una conciencia social, una lógica, y la misma está representada por el conjunto de pensadores de cada época, desde los que nos dan el marco teórico filosófico (gnoseológico), hasta los que, en sus investigadores antecedentes en una determinada línea de pensamiento, nos dan los fundamentos de nuestro marco teórico temático y específico, al problema que estemos tratando; y en esas determinadas líneas de pensamiento, unas, por su lugar de lucha social, a favor del orden establecido, tratando de apuntalar dicho orden de cosas; otras, por su posición ya material, ya ideológica con las clases sociales oprimidas, haciendo la teoría para que esas masas se apropien conscientemente de la realidad que transforman, e impongan un  orden de cosas distinto a su favor.

 

En todo ello radica, precisamente, los argumentos de la premisa antecedente, que da el fundamento, en consecuencia, no sólo histórico, sino lógico, de la investigación, definiendo a qué intereses sirve dicha investigación, y qué posición guarda el investigador en una sociología de la ciencia.  Y lo anterior, un investigador podrá tratar de ocultarlo vergonzantemente, pero, a su vez, con el dolo de alguien que sabe lo que hace y participa de un embuste a las clases oprimidas.  Un buen investigador, alguien que sabe hacer ello –aun ahora el lector de estos apuntes–, sabe que no puede ser ajeno a una determinada posición (de ello se entiende por qué unos intelectuales son tolerados, pues aún sea crítico, no entiende bien lo que ocurre y sus soluciones; otros son consentidos por el sistema, laureados y premiados, son sus más fieles apuntaladores; pero otros, son proscritos y perseguidos con bloqueos editoriales y de cátedras en las universidades; no es que –necesariamente– “estén locos”, o que –necesariamente–, sean “intratables” y “antisociales”; es que entienden bien la situación e incluso saben cómo resolverla.  El investigador responderá necesariamente a unos u otros, por más que pretenda fingir ser en ello ignorante…, o que incluso lo sea.

 

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15 marzo 2015 7 15 /03 /marzo /2015 23:01

1960-La-Faz-de-la-Tierra-y-su-Origen--G.N.-Katterfeld--1969.jpgComentario a, La Faz de la Tierra y su Origen, de Gennady Nikolaevich. Katterfeld, 1962 (1/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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05 mar 13.

 

El trabajo de Gennady Nikolaevich Katterfeld, La Faz de la Tierra y su Origen, que viene en su formulación como teoría desde 1953 y se presenta aquí en sus 125 cuartillas editado en 1962, resulta ser una de esas obras esenciales en la comprensión de los fundamentos teóricos de –en este caso– la geografía como ciencia moderna.

 

Dicho estudio acerca de la superficie de la Tierra y la explicación de su origen, significa, no más, no menos, que el eslabón de continuidad práctica de la “geografía espacista” de Paolo del Pozo Toscanelli y Martin Behaim, a Gemma Frisius y Gerardo Mercator, y de estos a Nicolás Sansón y Philippe Bauche, para culminar en ese periodo con José Antonio de Alzate y Ramírez y Miguel de Herrera; geografía que se quedó olvidada al concluir el siglo XVIII.

 

Nuestra primera aproximación al trabajo de Katterfeld fue a través de la obra Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica, de Alexandr Maximovich Riábchikov, de 1976, incluso cuya cubierta se ilustra con las figuras acerca de la simetría de la superficie terrestre elaboradas por Katterfeld.

 

Sin duda, había algo que nos llamaba profundamente la atención: el que se hacía uso de estas figuras, pero en el cuerpo de la obra de Riábchikov apenas se asociaban a las leyes de la zonalidad y sectorialidad planetaria, figuras las cuales, además, ajenas a su naturaleza acerca de la simetría y origen de la superficie terrestre, daban un giro a una explicación en dependencia fenomenista.

 

Lo que ocurría ahí, era el efecto del “geógrafo clásico” de los últimos dos siglos: el tomar de aquí y de allá a retazos para darle un cariz científico a su simple descripción.

 

No obstante, Riábchikov no falta a la ética profesional, pues claramente refiere a G.N. Katterfeld como el autor de tales gráficos a partir, dice él, de su hipótesis rotacional; aun cuando Riábchikov se confunde en esta observación, pues, por palabras del mismo Katterfeld, él, primero, retoma la hipótesis rotacional refiriendo como a su creador al geógrafo A. Bem, en 1910, de la Universidad de Chernovtsy; y, segundo, el que Katterfeld no sólo parte de dicha hipótesis rotacional de Bem, sino que retoma la síntesis de ésta y otras dos hipótesis más: la hipótesis de la pulsación de la Tierra, y la hipótesis diferencial de material terrestre abisal, que por primera vez las sintetiza Y.V. Bykhanov, en 1877, según apunta el mismo Katterfeld.

 

Nuestra vista pasó por el nombre de “G.N. Katterfeld” referido varias veces por Riábchikov, como pasó por sobre el nombre de muchos otros autores ahí citados, y muy poco nos dijo la explicación que Riábchikov hace de las figuras de Katterfeld, cuyo nombre era el de un autor más al que muy difícilmente podríamos remitirnos, y por lo tanto, al que poca atención prestamos.

 

Katterfeld publica su trabajo en 1962, y la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) de los Estados Unidos, se hace de él en una traducción al inglés en 1969, permaneciendo ahí perfectamente clasificado, hasta que ésta lo instala en la Red Internacional de Información (Internet), el 23 de marzo de 2012 (¡apenas justo hace una año!); de donde finalmente nosotros nos pudimos hacer de él a su vez, apenas en los últimos días de febrero de 2013, pudiendo valorarlo entonces en su justa importancia, tal cual más arriba lo hemos referido.

 

La teoría de la simetría de la superficie terrestre de Katterfeld, si bien es un eslabón fundamental en la línea de desarrollo de la “geografía espacista”, también es cierto –y esto nos será particularmente de esencial importancia– que, aun cuando Katterfeld alude a las leyes que vienen de fuera de la Tierra misma, es decir, que va a depender por entero de las relaciones en un sistema binario de astros, el sistema Tierra-una; Katterfeld va a remitir todo exclusivamente al origen y formación de la superficie terrestre.  Y se entiende, porque ese es su propósito explícito; pero he ahí, que dicha teoría es ahora fundamento clave para nuestra teoría del espacio geográfico, que no se reduce así a la superficie terrestre ni a su espacio adyacente atmosférico e incluso exosférico inmediato, sino que va más allá, apenas determinando sus límites, precisamente, en la interacción del campo de gravedad de la Tierra con el campo de gravedad de la Luna.

 

 

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