Seguir este blog
Administration Create my blog

Presentación Del Blog

  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
  • Contacto

Buscar

1 marzo 2015 7 01 /03 /marzo /2015 23:05

Editorial

 Explorer-1--EU--1958--color-.jpg

Satélite Artificial Explorer-1, de los Estados Unidos, 1958.  Los geógrafos hemos estado ausentes de la exploración del espacio en la misma “Era Espacial” (iniciada en 1957, con la puesta en órbita del Sputnik-1, de la Unión Soviética, 1957).  Pero la exploración del espacio terrestre en la “Mare Nostrum” de la “Mar Vacui”, ha requerido que los satélites artificiales, encarnen a los múltiples científicos de las más diversas especialidades (incluso a los geógrafos, aún cuando éstos, como tales, han estado ausentes).  El Explorer-1 en 1958, hizo el primer descubrimiento de una estructura del espacio terrestre más allá de lo hasta entonces conocido como tal, con los llamados “Anillos de Van Allen”.

 

*

 

Hoy, 2012, escribimos para el lector suscrito a esta Revista, que no se compone de las “grandes masas” de la comunidad internacional de geógrafos.  Hoy, este geógrafo lector suscrito, es, no obstante, el geógrafo del futuro; y el es tan sólo, un adelantado de lo que habrá de ser , necesariamente, por el desarrollo objetivo de las ciencia de la geografía.  Hoy, por lo pronto, estamos conscientes de que escribimos como un legado, como eso que como geógrafos nos tocó hacer, porque eso es lo que correspondía hacer de manera progresiva en el desarrollo científico objetivo de la geografía.  Ello ha estado no sólo en nuestro placer intelectual, sino nuestro placer en el deber ser de la objetividad moral y el arreglo estético del desarrollo humano.

 

Será hasta principios del 2018 que estos artículos se conocerán ampliamente, y sólo varias generaciones después, la fuerza de la objetividad los hará condición necesaria en el conocimiento científico geográfico.  Esencialmente escribimos, pues, para el futuro, para ese osado “geógrafo futuro de hoy”; pero, principalmente, para ese amplio geógrafo futuro del mañana.

 

La transición no será fácil, por más que el problema teórico a resolver sea muy simple; y es que, más que resolver un problema teórico-geográfico, antes el geógrafo habrá de resolver sus prejuicios y los dogmas.  Esto es que, para que esa geografía sea consumada en una teoría geográfica plena, antes habrá de consumarse como un verdadero conocedor del método de la ciencia.  De haí que, a la par que el desarrollo de la teoría geográfica (hoy en juego en la teoría del espacio geográfico como teoría de los estados de espacio), creemos que hay que hacer lo propio al rompimiento con los dogmas y prejuicios, incluso, más poderoso obstáculo.

 

En 1994, forzados por la crisis económico-social de entonces, abandonamos el trabajo intelectual geográfico, lo que se prolongó por quince años.  En 2009 nos involucramos en la tecnología de los blogs por Internet, y a paratir de ahó, volvimos al escenario geográfico.  Creamos este Blog, “Espacio Geográfico”, no casualmente con tal nombre, sino porque ese era nuestro principal logro intelectual hasta 1994: el haber descubierto, desde 1981, independientemente (entonces no había materiales de teoría geográfica, ni Hettner, ni Harvey estaban traducidos; y más aún, respecto del primero había un descrédito, calificado de kantiano), que el objeto de estudio de la Geografía era el espacio terrestre (y al respecto continuaremos comentando en la próxima editorial).

 

*

La Geografía Médica en México, Carlos Sáenz de la CalzaFilosofía de la Geografía.

 

[____]  “La Transformación de unas Sustancias en Otras”: una síntesis teórico-geográfica de la contradicción histórica esencial de la Geografía. (2/4).

 

 

009 Mapa de EstrabónHistoria General de la Geografía.

 

[____]  Estudio a los Prolegómenos de la Geografía, de Estrabón. (2/…).

 

 

Laboratorio Científico del s.XVIIFilosofía.

 

[____ La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo. Los Métodos de la Teoría del  Conocimiento.  (2/10).

 

Compartir este post

Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en "Espacio Geográfico" - Revista; Segunda Época
Comenta este artículo
1 marzo 2015 7 01 /03 /marzo /2015 23:04

La Geografía Médica en México, Carlos Sáenz de la Calza“Las Transformaciones de unas Sustancias en Otras”: dialéctica de los elementos genésicos en la teoría geográfica del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, 1954. (2/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espcio-geografico.over-blog.es/

15 oct 12.

 

Redactamos este ensayo durante la semana de publicación, con fecha 15 de octubre de 2012, de una Edición Especial en la Bitácora, de “Espacio Geográfico”, en donde narramos la constante expansión de la “Mare Nostrum”, desde el Mar Egeo, hasta la “Mar Vacui” en un radio de 320,000 km desde el centro de la Tierra.  En las lecturas de apoyo que hicimos para tal redacción, nos encontramos con la fascinante hazaña cuasi-realidad, cuasi-mito, de la expedición de los Argonautas (por el nombre dado a su navío), y, en consecuencia, del mito de Argos, llamado el “Panoptes”, en cuyo homenaje se nombra el navío.  Y, pues, ahora, en la lectura de apoyo para hablar de la teoría de los elementos dada en La Alquimia, de Reinham Federmann, nos encontramos que éste también se remite, aun cuando con otro propósito, a la leyenda mítica del objetivo de la expedición de los argonautas: el vellocino de oro (justamente por el oro, propósito esencial de la alquimia, cuyo procedimiento de transmutación –según Federmann– estaba escrito en el reverso de la piel del Aries, el vellocino).  De todo ello, lo que ahora quedó en nuestro centro de interés, está el gigante Argos, llamado el “Panoptes”.  A nuestro parecer, si quisiéramos remitirnos al origen mítico, ya no hasta el de la Geografía como ciencia en la diosa Gea, sino en el posterior y práctico hacer mismo de la geografía, su simbolismo mítico está en la naturaleza del gigante Argos, dado en su pseudónimo: “el que todo lo ve”.  La Geografía es así, tiene esa cualidad panóptica que hace su propia complejidad.

 

Así, esa complejidad de “hacer una geografía basada en la teoría de los elementos”, no sólo estaba en el dictamen, sino en el reconocer el lugar del ápeiron en el conjunto de los mismos, en la insuficiencia de la generalización en la categoría de los “fenómenos”.

 

A ese respecto, dicho restringidamente a su área de especialización expuesta en su “Geografía Médica en México a Través de la Historia” (1971), al final de su Introducción, dice el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada: “El problema no es fácil por las numerosas y tan variadas facetas que presenta; requiere, en consecuencia, aportaciones de muy distintas especialidades, y por tanto, será fácil objetar al geógrafo que (de) lo que trata, (es de) la intromisión en campos extraños a su especialidad”[1].

 

Y en 1971, justo una década antes de que el pensamiento geográfico diese un vuelco, Sáenz de la Calzada retoma un pasaje de Vidal de la Blache en el que, si por una parte pareciera justificar esa “geografía de los fenómenos”, por otra parte, más sutil, apenas visible en aquella primera abstracción y generalización teórica que De la Blache estaba haciendo en la categorización del espacio en geografía, éste –citado por Sáenz de la Calzada– asentaba: “En la complejidad de los fenómenos que se entrecruzan en la naturaleza, no debe haber una sola manera de abordar el estudio de los hechos; es conveniente que sean examinados desde ángulos distintos.  Y si la Geografía toma a su cargo ciertos datos que llevan otra estampilla, no hay nada en esta apropiación que se pueda tachar de anticientífico”[2].

 

Hasta 1980, nunca hubiéramos hecho esos subrayados en tal cita.  ¿A qué se referiría el examen de las cosas desde “ángulos distintos”?; ¿cuáles son esos “ciertos datos” a cargo del geógrafo?; ¿Cuál es la “estampilla” propia?  Hasta ese momento, esos conceptos nos representaban un vacío de contenido.  Sólo luego de 1981 estábamos en posibilidad de poder empezar a entender, y para 1987 esos conceptos tenían ya determinada una extensión y contenido propio: los “ángulos distintos” son los de los “cien ojos de Panóptes”; Argo observa incesantemente a Ío (en este caso los fenómenos), no por ellos mismos (no admirando la belleza, ni mucho menos desando a Ío, sino simplemente porque la tiene a su cargo por dictado de Hera), sino por su hacer, por sus movimientos, por su comportamiento, específicamente a instrucciones de Hera, para saber dónde está en cada momento; los “ciertos datos” a cargo del geógrafo son, pues, el lugar y los movimientos de Ío en la previsión de los riesgos de su acercamiento a Zeus y la toma de medidas del caso por Hera; la “estampilla” propia de la geografía, pues, es la dada por esas propiedades expuestas en lo mas general y esencial: el espacio.  No es que De la Blache nos estuviese revelando en un saber iniciático con conceptos crípticos, es que le mismo De la Blache, hace un siglo, no entendía, ni podía entender esto tal cual hoy, 2012, lo apuntamos.  No obstante ya era vislumbrado así por él y otros, incluso aún con más preclaridad, como Krásnov, Chizov, Lukashévich, y Hettner.

 

A nuestra actitud de estudiantes renuentes a hacer esta tarea ya desde 1978 y hasta ahora elaborada y expuesta, el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada nos obsequió su libro La Geografía Médica en México a Través de su Historia (1971), en el cual nos anotó una dedicatoria, en la que, en lo esencial, por supuesto referido al autor de estas líneas, se lee: “…con la esperanza de que no olvide los estudios históricos aplicados al campo geográfico”.

 

La Geografía Médica en México, Carlos Sáenz de la Calza

 

Dedicatoria-de-Carlos-Saenz-de-la-Calzada--1980.jpg

Facsímil de la dedicatoria del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada a nuestra persona, en su libro La Geografía Médica en México a Través de su Historia (1971).

 

Cierto, ante nuestra necedad, qué le quedaba más, que recurrir a Élpiz.  Y ni Esquilo, ni Sófocles, ni Eurípides, ni los tres juntos, podrían haber urdido una trama con la elusión más clara del dictatum predestinado en la tarea asignada, que impensadamente, al final, ineluctablemente, se cumple.

 

Satisficimos sus esperanzas, nunca olvidamos los estudios históricos aplicados a lo geográfico, y sabiendo él de antemano las consecuencias de ello, lo que tenía que suceder, sucedió: no sólo “elaboramos una geografía sobre la base de la teoría de los elementos”, sino que ahora, en un proceso dialéctico de abstracción y generalización, estamos haciendo de ella a La Geografía misma.

 



[1]        Sáenz de la Calzada, Carlos; La Geografía Médica en México a Través de la Historia; Editorial Pax-México; México, 1971; p. 10.

[2]        Ibid. p.10 (subrayado nuestro).

 

Compartir este post

Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
Comenta este artículo
1 marzo 2015 7 01 /03 /marzo /2015 23:02

Ícono Filosofía-copia-1La Ciencia, el Método General de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo: los métodos de la teoría del conocimiento. (2/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

9 dic 12.

 

a)      Los Métodos de la Teoría del Conocimiento.

 

Las teorías del conocimiento son diversas, constituyen los métodos más generales y esenciales para la interpretación de la realidad, y del más certero, derivará la mayor capacidad para comprender el mundo en su realidad y poder transformarlo racionalmente.

 

Suele decirse que “cada cabeza es un mundo”, pero la ciencia de la filosofía ha puesto en claro, ya desde Aristóteles, que todos los seres humanos, independientemente del lenguaje y cultura, tenemos una misma estructura de pensamiento (la cual es estudiada por la Lógica Formal o aristotélica), y esa estructura que establece una manera de pensar, conduce a diversas interpretaciones de la realidad que no rodea, pero que no son infinitas, y, ciertamente, más bien guardan determinados aspectos esenciales en común, que nos permite reducir toda esa aparente diversidad de interpretaciones del mundo, a dos formas esenciales: el idealismo y el materialismo.  Y en casi treinta siglos de historia del pensamiento filosófico, no ha sido posible reducir esas dos posiciones a una sola.

 

Filosóficamente, a un sujeto idealista no debe entendérsele como a un “sujeto siempre en las nubes”, “un soñador”, “todo sentimientos”, “sin apego a los bienes materiales”, etc; sino a un sujeto que considera que primero es la idea; Dios como la Idea Absoluta creadora de todo cuanto existe; y luego es la materia.  De igual manera, filosóficamente, a un sujeto materialista, no debe entendérsele como a “alguien que sólo está pensando en el dinero”, que sólo le interesan los bienes materiales”, “carente de sentimientos”, etc; sino a un sujeto que considera que primero existe la materia, el mundo de los objetos materiales fuera de nuestro pensamiento en constante transformación y evolución, y luego, producto de ésta, aparece la vida y con ella la facultad del pensamiento y las ideas (entre ellas, la idea misma de Dios).

 

Esa es la razón por la cual, así como el idealismo está estrechamente vinculado a la religión o teología, le es su fundamento filosófico o representa su teoría del conocimiento más general; así el materialismo está profundamente ligado a la ciencia, de la que es su fundamento filosófico y representa su teoría del conocimiento en su forma más general.

 

Pero estos sistemas filosóficos generales, a la vez, han generado a lo largo de la historia diversas teorías particulares del conocimiento para tratar de comprender cómo es que el ser humano es un sujeto de conocimiento.  En cualquier caso, el problema que se plantea, es el de la relación entre el sujeto (lo pensante), y el objeto (lo pensado); en ello siempre estarán presentes las sensaciones, ya la percepción del objeto o bien la trascendencia (lo que va más allá de la conciencia) de las ideas en objetos, la representación y las ideas o conceptos.

 

Así, para referirnos a las teorías del conocimiento particulares y se entienda a partir de ello la propia manera de pensar, hagamos el siguiente ejercicio: identifíquese, en la serie de cuatro imágenes siguientes, cuál representa –a su juicio– el correcto proceso del conocimiento:

 

  Teoria-del-Conociminto--Metafisica.jpg

La realidad del mundo de los objetos materiales no existe, es sólo aparente, el mundo real (R), objetivo, está en nuestro propio pensamiento (de donde la realidad pensada (Rp), es igual a la realidad concreta (Rc); Rp = Rc).

 

Teoria-del-Conocimiento--Fenomenologia.jpg 

La realidad del mundo de los objetos materiales (R), existe fuera de nuestro pensamiento, pero sólo adquiere sentido cuando lo pensamos y le damos condición de existencia (lo objetivamos, de modo que la realidad concreta (Rp), es igual a la realidad pensada Rc = Rp).

 

  Teoria-del-Conocimiento--Mecanicismo.jpg

Con los órganos de los sentidos vamos a la realidad (R) y obtenemos las sensaciones de ésta; mediante ello la percibimos y nos la representamos en forma de ideas (donde la realidad pensada (Rc), es igual a la realidad concreta; Rp = Rc).

 

 Teoria-del-Conocimiento--Dialectica-copia-1.jpg

Con los órganos de los sentidos, tanto vamos a la realidad del mundo de los objetos materiales en constante movimiento y transformación (Rct), como las sensaciones de ésta las obtenemos inconscientemente, percibiendo la realidad objetiva fuera de nuestro pensamiento e independiente de nuestra voluntad, pero donde esta percepción nos da una representación incompleta en las ideas (de modo que la realidad pensada (rp), no es del todo igual a la realidad concreta (Rct), de donde rp =/ Rct).

 

             
 

Teorías del Conocimiento

 
 

Idealismo Filosófico

Imágenes

I

Metafísica

Platón, Leibniz, Hegel

 
 

II

Fenomenología

Kant, Fichte, Comte

 
 

Materialismo Filosófico

Imágenes

III

Mecanicismo

Los enciclopedistas y la gran mayoría de los pensadores de la Ilustración

 
 

IV

Dialéctica

Marx, Engels, Lenin

 
             

 

Sobre esta base puede ahora precisarse nuestra posición en la ciencia, o, incluso, la negación de la misma.  Y para ello hagamos ahora un ejercicio un tanto más elaborado por la cantidad de datos.

 

Compartir este post

Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía
Comenta este artículo
1 marzo 2015 7 01 /03 /marzo /2015 23:00

009 Mapa de EstrabónEstudio a los Prolegómenos de la Geografía, de Estrabón (2/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

16 dic 12.

 

Estrabón, desde la Sección 1, comienza exponiendo que los primeros en tratar  con el conocimiento geográfico, fueron, Homero (s.VIII ane), y Anaximandro (s.VI ane).  Ciertamente, la diferencia de dos siglos entre uno y otro, hacen de Homero, según Estrabón, el iniciador absoluto del conocimiento geográfico.

 

Para Estrabón, el que el poeta Homero, al que se le atribuye ser el autor tanto de la Iliada como de la Odisea, sea el iniciador del conocimiento geográfico, es de esencial importancia: ese será el fundamento de una geografía no sólo esencialmente como expresión histórica, sino como fundamento de un conocimiento que, siendo científico, puede expresarse poéticamente con el mismo rigor de toda ciencia.

 

Estarbón menciona que Hiparco comparte la idea de Homero como el iniciador del conocimiento geográfico; no obstante, Ignacio Granero, quien hace un profundo compendio de notas, apunta que Homero es considerado como el iniciador de todas las ciencias, de modo que ello constituye una generalidad que se asume por extensión, y culturalmente nadie objetaría.

 

Asimismo, Estrabón declara la utilidad de la geografía, “ya sea para las actividades de orden civil y militar, como también para el conocimiento de los fenómenos celestes y de los que ocurren en la tierra y el mar, de los animales, plantas, frutos y de todo lo que se puede conocer en cada uno de los lugares[1].  Esto, que lo ha mencionado como una utilidad, deja entrever, a su vez, el concepto de objeto de estudio de la Geografía (justo eso por lo cual es útil): los fenómenos que pueden conocerse en cada uno de los lugares.

 

Esta definición de Estrabón, pareciera no diferir de la que ha asentado Hiparco, al cual cita, exponiendo la necesidad de la astronomía y la geometría para el conocimiento geográfico, a lo que Estrabón añade: “…como también el calor y el frío y en general la naturaleza del medio ambiente[2].

 

Para Estrabón, la parte física y matemática, pertenece a lo teórico en geografía, no son aspectos que se refieran al orden práctico, al igual que lo hace, por las mismas razones, con las fábulas.

 

El geógrafo ha de verlo todo, pero no por todo ha de interesarse por igual.  “Tampoco es necesario que investigue todo tan minuciosamente, que todo lo conozca, ya sea en cuanto afecte a la vista o bien en su misma naturaleza”[3].  Pero a lo que no se da respuesta, y más aún, ni siquiera se plantea, es el problema teórico planteado en el hecho de por qué el geógrafo, al mismo tiempo que todo lo ve, no pareciera tener que interesarse por nada en particular.  Dicho de otro modo, por qué si la geografía es una ciencia panóptica, a la vez ha de ser, por decirlo así, ataráxica, o apática (en ese término, en la misma filosofía estóica); es decir, sólo contemplativa.

 

 

Del Libro I, Cap. II.

 

Al pasar a su capítulo segundo, Estrabón inicia la crítica a Eratóstenes.  De ella se deja ver, en principio, que Eratóstenes no tenía una filiación filosófica, pero que si bien desdeñaba a los estóicos (la escuela de Estrabón), expresaba simpatías por platónicos como Arcecilao, o sofistas como Aristón; pero que él está lejos de hacer filosofía, y, en última instancia, no tendría por qué hacerlo, como, al fin, tampoco lo hace Estrabón, por más que guarde una filiación estóica en la madurez de su vida.

 

De ahí, Estrabón dice pasar a “enmendar” la geografía de Eratóstenes, y lo hace empezando por criticar la afirmación de éste, de que “el poeta pretende deleitar y no enseñar”[4].  Sobre este punto, Estrabón disertará en extenso por todo su segundo capítulo.  Y sin duda.  Y son duda prendió a Eratóstenes en una absolutización, pues, aún en el texto literario, algo se aprende, incluso, acerca de la ciencia, pero no por ello de la ciencia misma en forma rigurosa propia a ella.  La crítica de Eratóstenes es plenamente justa y correcta tanto más que, la ciencia, pretendida por esa vía, es más fácil que caiga en el subjetivismo que desvirtúa su verdadera naturaleza; como ocurre con la frase de Homero: “los ríos <<caen del cielo>>” (la lluvia), y basta entender cielo por el Paraíso en el Reino de los Cielos, para que tengamos la Topografía Cristiana de Cosmas Indicopleustes.  De modo que no tendría más explicación en su favor, que su proclividad por la ciencia, la cual no puede ser mas que lo más rigurosa, razón por la cual Eratóstenes llamó charlatanes a quienes dan crédito a la mitología, como es el caso en Evémero y los estóicos como el mismo Zenón, “y exhortó a no valorar los poemas de acuerdo con el razonamiento y a no buscar al verdad  base de ellos”[5], y desde este punto de vista, y sólo desde este punto de vista, Eratóstenes tiene la razón, por más que Estrabón afirme que el conocimiento verdadero es posible mediante la poesía.

 



[1]        Estrabón; Geografía, Prolegómenos; Editorial Aguilar; México, 1980; p. 5 (entre ellos mencionará más adelante, las necesidades del Estado y del orden de gobierno, §16,18)

[2]        Ibid. p.15 (subrayado nuestro, en función de que se nos hace extraño el concepto de “medio ambiente” ya en esa época, y sospechamos sea un asunto de traducción.

[3]        Ibid. p.24.

[4]        Ibid. p.30.

[5]        Ibid. p.47.

 

Compartir este post

Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Historia General de la Geografía
Comenta este artículo
22 febrero 2015 7 22 /02 /febrero /2015 23:05

Editorial

Transiciones-Entre-los-Elementos.jpg 

Las Transformaciones de unas Sustancias en Otras.

La Geografía, estaba claro para el Dr, Carlos Sáenz de la Calzada, no podía ser una “ciencia de las ciencias”, ni el geógrafo podía seguir sinedo –como lo era desde principios del sigloi XIX–, decía él, “un tránsfuga” de su propia disciplina de conocimientos; había pues, que simplificar, abstraer y generalizar, y su propuesta, elaborada desde los años cincuenta del siglo XX, era una geografía dela dialéctica de las transformaciones genésicas, es decir, de la litosfera (tierra), la atmosfera (aire), la hidrosfera (agua) y la biosfera (una transfomación y estado intermedio), movidas por el “fuego” de la energía solar.

[Fuente: http://espacio-geografico.over-blog.es]

 

*

 

Iniciamos un nuevo cil}clo (enero-junio, 2013), de la edición de “Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica.  No podemos sino retomar la continuidad de los antecedentes en este proceso de formalización de la teoría del espacio geográfico; y a la para que la teoiría del “balance de fases” de Riábchikov (1976), conocimos la teoría de “las transformaciones de los elementos genésicos” del Dr, Carlos Sáenz de la Calzada, que no obstante venía plantaeada desde los años cincuenta.  Nos invitó a desarrollarla, pero eludimos tal tarea intuitivamente, porque en esa “transformación de los elementos”, seguíamos viendo lo mismo estudio de los fenómenos, si bien en forma generalizada; pero en lo cual no veíamos la identidad propia de lo geográfico, que en esos años ello era todo el motivo de nuestra reflexión.

 

Hace poco más de treinta años eludimos la tarea, pero no podíamos escapar al dictamen de cumplir con ella; y de manera sintetizada hemos tenido que resolver los alcances de su planteamiento, de donde descubrimos lo trascendente de su teoría en el proceso histórico de abstracción y generalización de los conceptos de esapcio y fenómenos; es decir, descubrimos la dialéctica de los elementos genésicos, que nos aproximaron a la dialéctica de una abstracción y generalización mayor: la dialéctica de los estados de espacio.  Iniciamos, pues, una serie acerca de tal rica discusión teórico-geográfica.

 

Por otra parte , publicando en la Bitácor al serie “Qué es la Geografía”, ello nos oblkigó a reestudiar los Prolegómenos de la Geografía, de Estrabón, lo que, con mayor experiencia y conocimientos acumulados, ese estudio se tradujo en la serie que ahora publicamos aquí, acerca de la valiosa obra de Estrabón, básica para todo aquel que pretenda la ciencia de la Geografía.

 

Se inicia el año 2013, los cambios ya no “urgen”, simplemente porque su transición debió haberse operado hace veinte años, y esa “urgencia” está más que rebasada; pero el caso es que ese rezago, conforme transcurre el tiempo, se traduce cada vez más en un franco oscurantismo generalizado.  Para resolver el oscurantismo medieval había un futuro (la población no era tanta, el desarrollo tecnológico aún era manufacturero, y aún quedaba más de la mitad del mundo por descubri), pero para una nueva edad oscurantista, simpolemente ya no hay salida al futuro, y su significado es otro.

 

*

Los Cuatro Elementos y su TransformaciónFilosofía de la Geografía.

 

[____]  “Las Transformaciones de unas Sustancias en Otras”: una síntesis teórico-geográfica de la contradicción histórico esencial de la geografía, del Dr, Carlos Sáenz de la Calzada (1/…)

. 

 

Estrabón; Geografía

 

Historia General de la Geografía.

 

[____]  Estudio a los Prolegómenos de la Geografía, de Estrbón (1/…)

 

 

 

Laboratorio Científico del s.XVIIFilosofía.

 

[____]  La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo. Introducción (1/10) 

 

Compartir este post

Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en "Espacio Geográfico" - Revista; Segunda Época
Comenta este artículo
22 febrero 2015 7 22 /02 /febrero /2015 23:04

La Geografía Médica en México, Carlos Sáenz de la Calza“Las Transformaciones de unas Sustancias en Otras”: Dialéctica de los elementos genésicos en la teoría geográfica del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, 1954. (1/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

15 oct 12.

 

 

Introducción.

 

En alguno de los días de aquellos años de 1977 o 1978, viendo el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada el que nosotros estábamos presentes en sus cursos aún sin estar inscritos en ellos, entendiendo que en ello había un interés especial de nuestra parte, nos invitó a dedicarnos al área de su espacialidad, la Nosonoctonología, como él la denominaba, o la “Geografía Médica”, como más comúnmente se aceptaba; y nos habló con particular énfasis de la teoría de los elementos de Empédocles de Agrigento (490-430), en el desarrollo de la geografía misma en general, en una frase que nos quedó grabada: “Sería interesante hacer una geografía basada en los cuatro elementos, tierra, aire, agua y fuego, <<contrariamente unidos>>…”  Acostumbrados a sus inflexiones cuando insertaba entre sus ideas –como solía hacerlo– de algún pasaje literario, apenas percibimos que esa última idea era uno de esos pasajes, que invitaba al análisis dialéctico de dicha teoría.  Poco después nos obsequió unas copias en separta del “Cap. I  Historia”, de sus Fundamentos de la Geografía Médica, y pudimos ver, en efecto, el origen de esa última idea: del auto sacramental La Vida es Sueño, del renacentista Calderón de la Barca, quien, junto con Sor Juana Inés de la Cruz, eran a nuestro parecer, sus autores literarios predilectos.

 

Y fue precisamente esa manera de impartir sus clases insertando en su discurso pasajes ya de Calderón de la Barca, ya de Sor Juan Inés de la Cruz principalmente, lo que nos movía a estar en el aula escuchándolo disertar.  No era, pues, contra su frustración, nuestro interés por la “geografía médica”, sino su sola erudición.

 

En La Vida es Sueño (más que la comedia, el auto sacramental del mismo título), de Calderón de la Barca, su personaje protagónico, Segismundo, es la representación del ser humano que, como humano, goza del razonamiento, tanto como del don divino del libre albedrío.  El mundo que le rodea está a sus pies, y ese mundo no es otro que el de los elementos: “tierra, aire, agua y fuego/ que contrariamente unidos/ y unidamente contrarios/ en lucha están, dividíos”, escribe De la Barca.  Pero Segismundo, cual Adán, es tentado y peca, y ese paradisiaco reino sobre la naturaleza se vuelca sobre él; sólo el Amor, la Sabiduría y el Poder le salvarán.  A más elementos geográficos, en la obra, Segismundo se destaca salvando a Ulises vulnerado por los encantos de Cirse (la Culpa); al final, no obstante, se reconcilia con Dios, ante quien la vida es sueño, y el despertar la muerte.

 

Más allá de la belleza estética literaria en la expresión de la ciencia, esa tarea sutilmente asignada de hacer una geografía basada en la teoría de los elementos, cual clásicos estudiantes reacios, ante lo ineluctable cual trágica condición, no sujetos a su curso y “libres de coacción alguna”…, tardamos poco más de treinta años en aplicarnos en esa tarea inevitable.  Hela aquí.

 

 

La Fructífera Antítesis: una geografía basada

en la dialéctica de los elementos de Empédocles de Agrigento.

 

Dos cosas destacan de manera extraordinariamente esencial y notable: 1) la abstracción y generalización teórica del conjunto de los fenómenos de medio natural, “vueltos” a la antigua teoría de los elementos de Empédocles; y 2) el estudio necesariamente dialéctico de lo que no puede ser sino “contrariamente unido”, como lo canta Calderón de la Barca en su auto sacramental La Vida es Sueño.

 

De principio, para cualquiera que ni fuese geógrafo, podría criticarse la “vuelta” a los elementos agrigentinos de la más antigua alquimia; pero he aquí que para el geógrafo, tal propuesta, en lo espontáneo e intuitivo de su aceptación, no tendría más dificultad e inconveniente que, precisamente, el desprenderlo de la esotérica alquimia; pero para ninguno sería objeción el capitular la sistemática de la exposición geográfica, bajo los títulos de “Tierra”, “Aire”, “Agua” y “Fuego” (remitido lo mismo a la energía solar, como a la energía tectónica).

 

Sin embargo, muy en lo particular para nosotros en 1977 o 1978 en que el Dr, Sáenz de la Calzada nos lo propuso, realmente el problema no estaba en superar los supuestos de la alquimia (asunto de mero contexto histórico), sino en que, hasta ahí, digamos 1978, los cuatro elementos, no obstante la provechosa abstracción y generalización teórica que aún en su momento difícilmente tendríamos que comprender, ello nos seguía reduciendo a una “geografía de los fenómenos”, que en ese entonces intuitivamente rechazábamos no viendo en ello la identidad geográfica, la cual no descubrimos sino hasta 1981.

 

Cuán difícil se presentaba el problema de superar el tratamiento de los fenómenos desde la misma teoría de los elementos, que, cuando toda historia de la ciencia nos narra que Empédocles conjuntó los tres elementos dados históricamente, uno de Tales de Mileto: el agua; otro de Heráclito: el fuego; y uno más, de Anaxímenes: el aire; a los que el mismo Empédocles agregó el cuarto elemento: la tierra; sin embargo, entendidos del tema como Reinhard Federman, que en su Alquimia, se remonta en el estudio hasta los tiempos míticos, o el propio Carlos Sáenz de la Calzada; en los cuatro elementos fundamentales –hay que ponerlo entre signos de admiración– ¡omitieron la tierra, propuesta del mismo Empédocles, y mencionaron en su lugar el ápeiron, de Anaximandro.

 

Entre las cuatro esencias o elementos, tanto Federman como Sáenz dela Calzada, mencionan la propuesta de Anaximandro: el ápeiron (lo indefinido); y ciertamente, de manera histórica es incluso la segunda propuesta, pero se hace evidente que el mismo no fue plenamente aceptado desde el primer momento, sino hasta mucho después, incluso, de la conjunción que elabora Empédocles, comenzándosele a reconocer, entonces, como el quinto elemento, o como la quintaesencia; a la que a su vez se le empezó a denominar como el éter, lo que nos permite entender que ese áperion, como “lo indefinido”, se refería al espacio, e incluso, a la propiedad más relevante de éste: el vacío.  Y sin embargo, ni Federman ni Sáenz de la Calzada, identifican de esa manera la propuesta de Anaximandro, y nosotros mismos no lo vimos sino hasta luego de 1981 cuando ya estudiábamos con atención el concepto de espacio.

 

Como ahora, 2012, cualquiera lo podrá entender, la teoría de los elementos, incluyendo la quintaesencia, redondea aún más la posibilidad real de “hacer una geografía con base en la teoría de los elementos”.  Pero, al mismo tiempo, lleva ella a su vez, la contradicción histórica esencial de la geografía; esto es, el que se estudie en geografía ya los fenómenos (ahora generalizados en los cuatro elementos agrigentinos); o el espacio (la quintaesencia).

 

Cuando redactamos este ensayo (octubre de 2012), hemos resuelto ya la teoría unificada de la geografía introduciendo la categoría de estados de espacio, como una abstracción y generalización teórica superior aún, incluso, a la categoría de los elementos; y es desde ello que nos es posible no sólo, finalmente, hacer la tarea encomendada hace poco más de treinta años por el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada en la sugerencia de que “sería interesante hacer una geografía basada en la teoría de los cuatro elementos, <<contradictoriamente unidos>>…”; sino el establecerla como una condición necesaria en ese proceso científico de abstracción y generalización del pensamiento geográfico que permitiese resolver su contradicción histórica esencial.

Compartir este post

Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
Comenta este artículo
22 febrero 2015 7 22 /02 /febrero /2015 23:03

Estrabon--Geografia.jpgEstudio a los Prolegómenos de la Geografía, de Estrabón. (1/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

16 dic 12.

 

 

 

La Geografía, de Estrabón (terminada hacia el año 19 dne), se menciona ser una obra en diecisiete libros.  En consecuencia, sus Prolegómenos, comprenden los dos primeros libros, formado el primero por cuatro capítulos, y el segundo por cinco capítulos.

 

Obra esencial del conocimiento geográfico, no por ser de la pluma de Estrabón precisamente, sino por ser una de las obras más completa conservada desde la Antigüedad, a través de la cual es posible tratar de entender el pensamiento geográfico en los tiempos de sus orígenes.

 

Haciendo abstracción, así sea por un momento, de la áspera e inconsecuente crítica de Estrabón a “Eratóstenes y sus secuaces” (Hiparco, Aristarco, Crates y Apolodoro), tomando en sentido positivo lo que Estrabón recoge de éstos, es posible hacerse una idea muy aproximada al conjunto del pensamiento geográfico de la época.

 

Toda ciencia tiene un conjunto de obras básicas, esenciales, las cuales han formado parte de su misma estructuración y desarrollo, y, por lo tanto, sin el estudio de las cuales los conocimientos de esa ciencia se vuelven empiria pura.  La Geografía de Estrabón no sólo es una de esas obras fundamentales del conocimiento geográfico, sino, por su conservación íntegra, la primera de las obras básicas de esta ciencia.

 

Es un mundo de cosas lo que de ella se puede rescatar, hasta niveles de amplia erudición; pero  nos limitaremos aquí a lo más sencillo sin mayor pretensión, que el referir el contenido de su estructura capitular; quizá primera condición o condición necesaria, para luego abordarla en otros aspectos.

 

A la vista tenemos la primera edición de 1980, de Ediciones Aguilar, (Colección Biblioteca de Iniciación al Humanismo); la cual, por la nota de compra conservada entre sus páginas, consta que la adquirimos el 31 de julio de 1981, justo cuando lo esencial de nuestra tesis acerca de los fundamentos de la teoría del conocimiento geográfico la teníamos terminada, por lo que tal documento nos fue enormemente valioso en la corroboración de la objetividad de nuestras ideas.

 

Habíamos tenido conocimiento de Estrabón  desde 1974, año en que, aún estando en el Bachillerato, habíamos decidido cursar los estudios profesionales de Geografía, y haciéndonos de las primeras ideas acerca de aquello que pretendíamos, Estrabón aparecía como una de las figuras más destacadas.  Y empezó por ahí nuestra investigación histórica y teórica acerca de esta ciencia.

 

Por entonces, rumbo a la Preparatoria N° 4 dela UNAM, nos quedaba al paso la Biblioteca de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), ubicada en aquella época en un ala del Museo de Antropología e Historia de México.  Y todo empezó un día de aquel 1974, en que, consultando el Tomo “E” del Diccionario Enciclopédico Espasa-Calpe (en más de noventa volúmenes), supimos quién era Estrabón.

 

Para entonces teníamos ya una formación marxista definida, obviamente, inmersa aún en las deficiencias de una interpretación, en mucho, mecanicista.  Y en función de ello, nos encontramos con el primer gran elemento teórico.  Leíamos ahí, en el artículo sobre Estrabón, que éste había sido miembro de la aristocracia esclavista, y partidario del estoicismo…, luego entonces, en nuestro esquema teórico, Estrbón pertenecía “los malos”.  La geografía de Estrabón, la que ello fuera, por principio, no la podríamos compartir; había que buscar su opuesto dialécticamente contrario, y éste surgió ahí mismo: Eratóstenes; luego investigamos sobre Eratóstenes…, y nuestro pensamiento geográfico quedó en el acto, definido.  Luego todo fue ir acopiando datos e información, y acomodándola de un lado o de otro.

 

A nuestra vista había saltado un hecho esencial determinante: Estrabó era, en los hechos y por definición propia, la geografía como historia; como en Eratóstenes, de igual manera, era la geografía como cartografía.  Y empezamos a entender que desde entonces, a la irrupción de Estrabón, ya nadie sabía exactamente qué era la Geografía; si lo que Eratostenes había definido y con su trabajo caracterizado; o si lo que Estrabón había agregado, y de algún modo, ello parecía a todos hacerse evidente que así fuera, aún quedase plagado de contradicciones  e insuficiencias.  Luego entonces, nada más esencial en el hacer de la geografía teórica, que la crítica a Estrabón para poder entender, entonces, qué es la Geografía.

 

Sin pretender una exhaustividad en esa crítica a Estrabón; más aún, sin pretender aquí critica alguna, nos concretaremos a revisar los elementos de la estructura en los Prolegómenos  de su Geografía, y omitiendo toda discusión de lo secundario, extraeremos de la historia de su obra las lecciones acerca de los fundamentos teóricos más generales y esenciales de la Geografía.

 

Hasta hace unos años no hubiéramos podido llegar a las conclusiones que hoy expondremos, simplemente porque es hasta ahora que disponemos, cual “piedra de toque”, de una teoría propia de la geografía, desde la cual valorar y entender de una manera teórica más generalizada, todo cuanto se discutió en su tiempo en la obra de Estrabón, a su vez, en otra alegoría literal, “piedra angular” en la edificación histórica del conocimiento geográfico.

 

Describamos pues, a continuación, el contenido esencial, capitulo a capítulo, y extraigamos de ellos, ahí donde lo haya, las lecciones fundamentales de la teoría geográfica.

 

Compartir este post

Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Historia General de la Geografía
Comenta este artículo
22 febrero 2015 7 22 /02 /febrero /2015 23:01

Laboratorio Científico del s.XVIILa Ciencia, el Método General de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo.  Introducción (1/10)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

07 ene 13.

 

Introducción.

 

Lo primero que debemos resolver aquí, es qué se entiende por método, y qué se entiende por ciencia.  Y por cuanto al método (del gr. Meta, fin; y odos, camino), los fundamentos teóricos dela ciencia moderna ilustrada desde principios del siglo XVII con Francis Bacon (1561-1626), en su Nuevo Organon 1620) y René Descartes (1596-1650), en su Discurso del Método (1637), establecieron que el procedimiento para producir el conocimiento científico, era: “Avanzar a la luz del conocimiento antecedente, y en la certeza de sus leyes”.  Y por cuanto a lo que hay que entender por ciencia, ésta se refiere al conocimiento capaz de demostrar lo verdadero.  En esos términos debemos entender el método de la ciencia: el procedimiento para demostrar la verdad.

 

Es el conocimiento científico, y sólo el conocimiento científico, el único capaz de establecer un conocimiento verdadero.  Todo cuanto no es posible demostrar con rigurosidad como algo verdadero, cae fuera de la ciencia, y pertenece a otro tipo de conocimientos que pueden ser igualmente válidos, pero no verdaderos.  Todo cuanto se afirma como verdad y sea demostrado en los hechos, en el experimento y en la práctica histórico-social, pertenece al campo de la ciencia.

 

De ahí que la ciencia y la verdad sean una identidad, en la que lo que se dice de una, vale para la otra; y en ese sentido, los criterios de la verdad, son los mismos que los criterios de lo científico.  Y por tales criterios de la verdad se entiende: 1) la objetividad; concepto por el cual no debe entenderse “neutralidad”, sino que, aún teniéndose una posición definida, la objetividad se da cuando: a) se reconoce la existencia de una realidad exterior a nuestro pensamiento, b) cuando se entiende que esa realidad está formada por el mundo de los objetos materiales, c) cuando, dando primacía a la realidad objetiva, en nuestro pensamiento se procura reflejar en lo más posible de la manera más fiel, esa realidad, independientemente de nuestros deseos o voluntad; 2) la causalidad; o también el llamado determinismo; es decir,  por lo cual podemos saber qué origina un efecto dado, y que por lo regular, será sólo eso lo que lo origina; de modo que conociendo la causa, y en la eventualidad el poderla modificar, se obtendrán los efectos deseados; 3) la lógica; de lo cual se sigue esencialmente el método hipotético-deductivo en la investigación científica, pero en lo que se expresa la necesidad ineludible de la argumentación demostrativa  con arreglo a las leyes de la lógica misma; 4) el experimento; del cual, dependiendo de la ciencia particular, existen diversas formas, pero sin cuya  aplicación no habrá demostración rigurosa, en tanto el conocimiento de un fenómeno que bajo condiciones controladas, sea susceptible de reproducirse; y 5) la previsión científica; la capacidad de, dados los conocimientos objetivos, de poder predecir los acontecimientos a un plazo dado futuro bajo ciertas condiciones, como fin último de la ciencia en beneficio de la sociedad.  Todo lo que no se apegue rigurosamente a ello, sencillamente no es ciencia en el contexto de la ciencia de la modernidad.

 

Tal es el fundamento de la dialéctica materialista, y la fuerza de la misma está precisamente en que su teoría del conocimiento (gnoseología o epistemología), se identifica plenamente con los criterios  de la ciencia (o de la ciencia del modernidad ilustrada, si se ha de ser precisos).

 

En la teoría del conocimiento dialéctico materialista, la relación del sujeto pensante con la realidad, se define como una relación  “sujeto-objeto”, donde el sujeto, mediante sus sensaciones o aparato sensorial, percibe la realidad el mundo de los objetos materiales (ya sea que la realidad se le eche encima, ya que él incida sobre la realidad, pero lo cierto es que ocurriendo ello simultáneamente), de donde se forma en su cerebro un reflejo de esa realidad a manea de su representación en conceptos e ideas, siempre incompletas, de dicha realidad; viéndose siempre en la necesidad de incidir infinitamente sobre los objetos de su conocimiento, los cuales en su movimiento y transformación natural, van siempre adelante del conocimiento posible del sujeto, haciéndose necesario, por ello, la ciencia.

 

La teoría del conocimiento dialéctico materialista en general, como el método de la ciencia en particular, han de ser el fundamento de una educación científica (en la modernidad ilustrada), en la que ese enseñe la ciencia misma, formando; no sujetos esencialmente con ciertas o competentes habilidades y capacidades; sino sujetos pensantes, críticos, capaces de transformar la realidad y emanciparse.

 

 

Las ciencias rigurosas no nacen de “la nada”, tienen una historia que se remonta siglos atrás.  En esa historia opera un conocimiento empírico, espontáneo acerca de algo  específico, acerca de una faceta dada de la realidad objetiva, tratando de explicar sus causas.

 

En ese proceso histórico, inicialmente algo se establece como postulado; es decir, algo se establece acerca de ese objeto de conocimiento, que no requiere de demostración, no porque no la implique, sino porque en su enunciado se establece un hecho de evidencia dado empíricamente por la práctica histórico-social de mucho tiempo.

 

Pero tales postulados, un conjunto muy breve de enunciados, tiene un carácter preeminentemente fundamental, en tanto que sobre su base se erigirá toda la sistematización de ese conocimiento científico especial.  La definición de los postulados es, pues, el inicio de un conocimiento sistemático riguroso, que en general recibe el nombre de axiomatización (del gr. axioma, proposición, algo acerca de lo que parece justo), con lo cual se refiere el carácter esencialmente radicado en la lógica, en lo inferencial, en lo deductivo.

 

De ese modo, del conjunto de postulados, ha de derivarse (deducirse), un breve conjunto de principios, entendiéndose por éstos, precisamente, el origen de dicho conocimiento científico por sus causas más generales y esenciales, que equivalen a las regularidades dadas en ese conocimiento, y por lo tanto, a sus leyes fundamentales.

 

Luego, sobre la base de tales principios, se establece el conjunto de axiomas o proposiciones a partir de los cuales se habrá de deducir todo el conocimiento posterior.  Como los postulados y los principios, por su naturaleza, no requieren demostrarse en tanto que son hechos de evidencia empírica e históricamente dados.  Sólo que, el conjunto de axiomas, establece de suyo, la base de la lógica misma del sistema de conocimientos dados acerca de un objeto de estudio.

 

A partir de ellos, sobre la base de esa lógica; no sólo como estructura de pensamiento, sino incluso como criterios de la verdad; se deduce lo que se denominan, los teoremas de una ciencia.

 

El concepto de teorema (del gr. theorema, investigación), es ya el enunciado de n juicio de tesis, algo que debe ser demostrado; de modo que en los postulados, principios y axiomas, el teorema tiene su premisa de antecedente.  Así, lo que se deduzca de esos antecedentes y la tesis que se sustenta en el enunciado del teorema, establecerá la hipótesis (del gr. hipo, debajo; y thesis, juicio indemostrado), de cuya verificación en los hechos, se obtendrá esa demostración del teorema, con lo cual, como establece su traducción etimológica, se inicia la investigación rigurosa.

Compartir este post

Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía
Comenta este artículo
15 febrero 2015 7 15 /02 /febrero /2015 23:05

Editorial

Notación Aquea del Espacio Geográfico 

El Espacio Geográfico en la Notación Aquea.

La raíz Ca, es el espacio en su propiedad esencial como vacío, es el ápeiron de Anaximandro.  La Raíz Cew, es todo cuanto está en ese espacio y determinan sus propiedades, y de ahí el que Ca = f (Cew).

 

*

 

Nos propusimos hacer una larga Editorial para el último número de la Revista “Espacio Geográfico”, del ciclo julio-noviembre, 2012, comentando los aportes trascendentes de Alxandr Maximovich Riábchikov en su Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica, 1976, para hacer de ella, al mismo tiempo, un corto artículo para la Bitácora en la última publicación del año.

 

“Al principio –dice Hesiodo– era el Caos, el espacio inmenso y tenebroso.  Después apareció Gea, la Tierra de amplio pecho, y, finalmente Eros <<el amor que dulcifica las almas>> y cuya acción fecundante va a presidir en lo sucesivo la formación de los seres y las cosas” (Girand, F; Mitología General; Labor; México, 1971; p.114).

 

Así nacieron luego Erebo (río que fluye al averno), y la Noche, “que, al unirse, darán vida, a su vez, a Éter y a Hémera (el Día)” (Op. Cit. p.114).  Luego, Caos y Éter son dos entidades distintas; pero, más aún, “el Caos hesiódico –nos dice Guirand– cuyo nombre se relaciona con la raíz Ca (estar abierto), designa, simplemente, el espacio vacío.  Sólo más tarde, y a consecuencia de una falsa derivación de Cew(verter), se presentó al Caos como la masa confusa e inorgánica de elementos dispersos por el espacio” (Op. Cit. p.115).  En consecuencia, en un principio, el Caos como el vacío, no era ni “la nada”, ni la “ausencia de algo”, sino sólo eso: el vacío como un estado físico material, no en calidad de “sustancia”, sino de “campo”.

 

Antes, al hablar de las relaciones funcionales entre ambas entidades (espacio y cosas), en nombre de la llaneza, hemos designado al espacio como (“e”), y a “lo vertido en él” como (“n”).  En una notación culta que nos remite al origen de las cosas y nos explica de suyo su razón de ser en el pensamiento humano; bien podemos substituir nuestra moderna  e = f (n), por el aqueo Ca = f (Cew); esto es, el Caos, el vacío, existente por sí mismo (Ca), adquiriendo diversas propiedades adicionales al verterse en él las cosas (Cew), en una masa informe.

 

Más aún, Guirand expone algo adicional: “Por otra parte –dice–, el Caos es un puro principio cósmico, sin carácter alguno de divinidad” (Op. Cit. p.116); y de ahí que Anaximandro, y a en la plena Grecia dórica, no sea bien entendido cuando, luego de que su Maestro Tales ha propuesto el “agua” como elemento primordial, él, en el tribuare vacui, vaya más allá y proponga el ápeiron (ápeiron), lo “indefinido”; justo eso muy próximo a la idea del Caos, y de hecho, lo que está en común en ambos conceptos: el espacio, entendido por su propiedad esencial, el vacío.

 

De ahí que ese que fue el segundo elemento o la segunda esencia históricamente propuesta, en la plenitud del horror vacui sintetizado por Epédocles; y agregando a ello por la fuerza de la objetividad de las cosas, acabó siendo la quintaesencia.

 

De acuerdo con Hesiodo, el Caos (Ca), en un principio no era sino el espacio vacío cósmico.  Luego, eso “vertido” en él, la Tierra, Gea (Gea), se constituyó en el todo de las cosas (Cew), y se formó el espacio geográfico: la unión misma del Caos y Gea.  Luego, los primeros seres naciendo de su unión, ya del “agua” del río Erebo y de la Noche, de la unión de éstos surgieron a su vez, Éter y el Día (nietos de Gea y Caos), lo que lo llenaba todo con su ser y con la claridad.

 

Sin lugar a dudas, de todo ello bellos pasajes de la mitología griega que en esa forma empírica e intuitiva nos explica el origen de las cosas.  Y no obstante, y en ello consiste la gran hazaña del pensamiento griego, todo ello será plenamente consistente con la explicación científica (y de ello hablaremos en otro lugar, porque en ello está implicada la Luna, Selene).

 

En la mitología griega, Selene (o Mene), hija de Hiperión y Tía, a su vez, aquel hijo de Gea y Urano, y aquella hija de Deucalión (el Noé de la mitología hebrea) y Pirra, es un pasaje mitológico diacrónico ya no consistente con la historia de la naturaleza; acaso sólo para explicar, luego del diluvio, el repoblamineto del mundo resurgiendo la sociedad humana, que tanto apasionaba a la “geografía fenomenista”, como a su derivación en la “geografía literaria” actual.

 

La hipótesis científica en el lenguaje mítico, es que Gea y Selene nacen a un tiempo; así el espacio geográfico no tiene su origen en una partícula protoplanetaria aislada, sino en un sistema binario de astros entre un planeta y su satélite; en un principio rivalizan, y en lo que Gea condiciona a Selene a permanecer estática y haciéndola girar a su alrededor admirando su belleza; de ello se vale Selene para dar por lo menos un giro sobre sí misma.  En represalia, Selene causa a Gea monstruosas deformaciones, que no obstante Gea sabrá cubrir, y antes al contrario, transformar en su propia belleza.  Al final, Gea le da la espalda, y Selene, bella y orgullosa, se aleja, haciéndose el espacio geográfico actual.

 

Para las delicias de la “geografía literaria”, ambas van a tener en común a Endimión (el ser humano), que Zeus diviniza, pero que, enamorándose de Hera, el mismo Zeus le infunde en el sueño eterno, de lo que en el pudor de Selene, ésta se vale para, subrepticiamente, besarlo y acariciarlo todas las noches.

 

El espacio geográfico, no es pues, ni Gea, ni, como lo planteaba Aristóteles, la superficie de ésta (Reha); no es, tampoco, como en un primer momento así lo establecimos de nuestras consideraciones, entre 1983 y 1985, el “espacio adyacente a la superficie terrestre”.  El espacio geográfico es, como ya lo afirmábamos desde entonces, en principio, el vacío en la distancia Tierra-Luna, a partir del centro mismo de la Tierra.  Pero, luego, es todas las propiedades espaciales que derivan de “lo vertido” en ello; es decir, no “lo vertido” mismo en sí (de lo que dan cuenta otras ciencias), conjunto de propiedades espaciales que derivan en función de las cosas.

 

*

Notación Aquea del Espacio GeográficoFilosofía de la Geografía.


[___]  Análisis Crítico a, Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica, 1976; de A.M. Riábchikov (6/6).

Compartir este post

Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en "Espacio Geográfico" - Revista; Segunda Época
Comenta este artículo
15 febrero 2015 7 15 /02 /febrero /2015 23:04

Análisis Crítico a, Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica, 1976; de A.M. Riábchikov (6/6).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

08 sep 12.

 

Tal es la hipótesis rotacional de Katterfeld (1962), una hipótesis absolutamente geográfico espacista, que Riábchikov refiere como “hipótesis astrogeofísica”.

 

Dado el movimiento rotacional de la Tierra, ésta adquiere dos ejes de simetría objetivamente dados (R1, polar, y aR2, ecuatorial, en nuestra notación), ligeramente diferenciados en su longitud por 21 m, siendo mayor el eje ecuatorial (aR2); pero dada la presencia de la masa de la Luna (formada simultáneamente a la de la Tierra), y en ese momento, hace 5000 millones de años, siendo su movimiento de traslación  alrededor de la Tierra sincrónico al de rotación de ésta (siempre según Katterfel), ello originó, por efecto de compensación gravitatoria en las masas de ambos cuerpos aún más plásticas que en la actualidad, la formación simultánea tanto de la cuenca del Océano Pacífico al cual estaba perpendicularmente la Luna en forma estacionaria; como del continente de África diametralmente opuesto, un segundo eje de simetría objetivamente dado, cuyos puntos diametralmente opuestos están, uno, en el centro el Océano Pacífico sobre los 165° lw, y el otro en el Congo, próximo a la frontera con Gabón, sobre los 15° lE (eje que en nuestra notación denominamos como cR2), diferente en su longitud en 425 m.

 

Luego, siguiendo a Katterfel, a la vez que aumentaba la masa de la Tierra por acreción, también se contraía aumentando su densidad, pero lo cual provocó la aceleración de la rotación de la Tierra (en dirección W-E), comenzando a formar el movimiento aparente de retrogradación en el movimiento de traslación dela Luna, la cual, ante la descompensación de masas (pues el eje de simetría del Océano Pacífico al África comenzó a desalinearse con la Luna), esta compensó, entonces, haciendo mayor distancia.

 

En el octavo tema de su obra, basándose en esa hipótesis (eminentemente hipótesis-“e”), Riábchikov, en función de ella [f (e)], incide en la explicación de la formación de los océanos, del Océano Pacífico, y África, como antípodas geoestructurales, centrando la atención no en ello, sino en la cualidad dada por tensiones radiales epiro-talasogénicas (“n”), y teorías tangenciales orogénicas por plegamiento o fallamiento (“n”) donde, pues, n = f (e).

 

Así, la propiedad espacial de la Tierra dada por su simetría-asimetría, resulta no el efecto espacial a estudiar, sino la causa de los fenómenos estudiados, por demás en una categorización compleja, en donde esa causalidad, “crea zonas latitudinales activas” y “zonas meridionales activas”; pero, esto es, entendida esas “zonas”, no central y esencialmente en su efecto como espacio, sino en la cualidad de los fenómenos (de ahí lo “activo”).

 

Los megaciclos de 600 millones de años, y los subcíclos de 75 millones de años, paleogeográficamente se centran en la explicación de los fenómenos, y no del espacio terrestre.

 

Ahora, por su parte, en lo azonal (“e”), dice Riábchikov, está en la causalidad de la morfogénesis de loas morfoestructuras (“n”), es decir: n = f (e); cuando en términos de la teoría del espacio, ello se expresa al revés, es decir: en la morfogénesis y las morfoestructuras (“n”), veremos la causalidad de las propiedades del espacio terrestre (“e”), esto es: e = f (n).

 

En su noveno tema, Riábchikov expone ya como “modelo en x”, su modelo planetario de la zonalidad (1959), una teórico o ideal continente homogéneo, en el cual se da esa distribución de la “zonalidad”, en la cual se funden e identifican la noción de espacio (zonalidad) , los fenómenos (el contenido del paisaje).

 

La “zonalidad” de Riábchikov, si bien en su base está la idea del espacio, éste, identificado al contenido del paisaje, acaba entendiéndose como las zonas por sus determinaciones térmicas, o las regiones por sus contenidos loxenográficos (de vegetación).

 

Hacia el final de su trabajo (temas XIII a XVIII), en el más puro estilo de la “geografía fenomenista” de los años setenta, Riábchikov no olvida aludir a la actividad social, al crecimiento de la población, a la autopurificación de la esfera geográfica, y al paisaje actual antropogénico.

 

Para terminar, habremos de expresar ya sólo lo siguiente: nos iniciamos en el campo de la geografía teórica, cuando, aplicando el método de Marx, consistente en ubicar la categoría fundamental y luego de ella derivar el análisis de la contradicción principal, “descubrimos” independientemente el objeto de estudio del la Geografía, esencialmente argumentando su demostración objetiva.

 

Hoy, hacia el final de nuestro estudio, al hacer este análisis crítico a la obra e Riábchikov, Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica, 1976; no podemos sino traer a cuento esa expresión clásica de la relación filosófica entre Marx y Hegel, en donde lo que hizo Marx con su dialéctica materialista, respecto de Hegel, fue ponerlo de pie, cuando en Hegel, con su dialéctica idealista (metafísica), todo estaba de cabeza.  Algo semejante se deja sentir en este análisis crítico a Riábchikov, en donde en nuestra “geografía espacista”, respecto de Riábchikov, lo que hacemos es invertir sus planteamientos, cuando en él, con su “geografía fenomenista”, todo se expresa justo al revés.  Y, paradójicamente, precisamente es en ello donde radica la importancia trascendente de la obra de Aleandr Maximovich Riábchikov.

 

Compartir este post

Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
Comenta este artículo