Seguir este blog
Administration Create my blog

Presentación Del Blog

  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
  • Contacto

Buscar

25 enero 2015 7 25 /01 /enero /2015 23:05

Editorial

 Ley de la Zonalidad Planetaria 1, Riábchikov

La Teoría Causal Asimétrica, de Kóziriev, se ve reflejada en la teoría de la simetría de Katterfel, que Riábchikov retoma explicando la zonalidad geográfica.

 

*

 

Al pensar en el concepto de “Esfera Geográfica”, se forma intuitivamente una noción de espacio, particularmente por lo que toca a la idea de “esfera”, que, ciertamente al restringirla “geográficamente” (en la vieja noción de la “geografía fenomenista”), esa “esfera” se traduce metafóricamente como “ámbito” o “medio”.

 

Riábchikov, no obstante, va a distinguir la idea de “esfera Geográfica”, de la de “medio natural”, y por tal real esfera, estará entendiendo aquella circunscrita entre la estratosfera y la superficie terrestre.  Parte de ella, su composición sustancial, será el medio natural integrado por lo que él denomina como “fases” (lo que bien se identifica, como lo hace Carlos Sáenz de la Calzada, con los antiguos Elementos griegos), la litosfera, la atmosfera, la hidrosfera, y la biosfera.  Y a partir de ahí, dirigirá su atención a dichos componentes, para los cuales la esfera geográfica (el espacio geográfico en la delimitación de Riábchikov), servirá sólo como sistema inercial o de referencia de la estructura y dinámica, en realidad, del medio natural.  Si bien Riábchikov no identifica lo uno con lo otro, también es cierto que prescindirá, de ahí en adelante, de la noción de esfera en tanto espacio.

 

*

Estructura y Dinámica de la Esfera GeográficaFilosofía de la Geografía.


[___]  Análisis Crítico a, Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica, 1976; de A.M. Riábchikov (3/…).

Compartir este post

Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en "Espacio Geográfico" - Revista; Segunda Época
Comenta este artículo
25 enero 2015 7 25 /01 /enero /2015 23:04

Ley de la Zonalidad Planetaria 1, RiábchikovAnálisis Crítico a, Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica, 1976; de A.M. Riábchikov (3/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

08 sep 12.

 

 

 

De la Introducción que Riábchikov hace a su obra, destaca, contra lo que pudiera esperarse, no la definición de “esfera geográfica”, sino la de “medio natural”, y por ello, Riábchikov entiende las “condiciones de vida y producción”, determinado en su desarrollo por tres factores: 1) radiación solar, 2) procesos tectónicos, y 3) ampliación de la producción social.  Del énfasis que ha dado ahí al medio natural, vagamente pareciera identificarse ello a la “esfera geográfica”.

 

Pero al respecto de la esfera geográfica, Riábchikov dedica su primer apartado a la explicación de ello, la cual incluye la litosfera, atmosfera, la hidrosfera, y la biosfera; considerados en su extensión bidimensional, quedan enteramente determinados por la extensión de la superficie terrestre; pero en cuanto se piensa en la coordenada de la tridimensionalidad, empieza la discusión entre diversos geógrafos soviéticos.  Para Riábchikov, la esfera geográfica llega hasta la capa de ozono (otros autores la llevan no más allá de la tropósfera a 18 km d altura, como Ermolaiev o Kalinski; o no más allá de la estratósfera, a 50 km de altura en función del efecto térmico).  Para Kalesnik en particular, fija un límite inferior ya no en la superficie terrestre, sino en la llamada capa de hipergénesis de la Corteza Terrestre (su superficie interna).

 

La esfera geográfica, según Riábchikov, está determinada, es decir, que en ello encuentra sus causas, por siete factores: 1) la masa de la Tierra, 2) la distancia al Sol, 3) la existencia de la Luna (que Riábchikov refiere particularmente a la importancia de las mareas), 4) la esfericidad de la Tierra, 5) su movimiento de traslación, 6) su movimiento de rotación, y 7) la inclinación de su eje (que Riábchikov refiere principalmente, relacionado al ciclo de las Estaciones del Año).  Al respecto de estas causas, ya a mediados de los años ochenta, nos convencimos de que la Luna ciertamente era un factor esencial, pero, geográficamente, no por cuanto al efecto de mareas, sino por cuanto que a que era ella y su masa determinando un campo gravitatorio, lo que realmente delimitaba el espacio geográfico en la intersección de sus campos gravitatorios, así como de mucho tiempo atrás, entendíamos que la inclinación del eje, más que aludir a las Estaciones del Año, era esencial en cuanto a la zonificación geográfica y la dinámica de ésta.

 

Luego Riábchikov aborda un tema eje en su trabajo: el análisis paleogeográfico por el cual se aprecia la evolución y transiciones entre cada una de sus “fases” (esto es, entre cada uno de los Elementos entendidos como la litosfera, la atmosfera, la hidrosfera y la biosfera), dando lugar, en términos de Riábchikov, a las regiones geográficas y el paisaje.

 

Riábchikov introduce aquí, pues, dos nuevos conceptos en su texto.  Acerca de la hettneriana región no va a agregar nada en especial, le da el tratamiento que puede verse en Hartshorne, en donde la región (noción de espacio) y paisaje (noción de medio natural con ciertas propiedades de unidad), tienden a identificarse.

 

Pero acerca del concepto de paisaje es más preciso: <<es el complejo territorial –dice Riábchikov– genéticamente homogéneo, en correlación con los principales componentes (las “fases” o Elementos) de la esfera geográfica>>.  El paisaje es así, hettneriano-hartshornianamente, el conjunto de las unidades morfológicas de una región.  Más aún, Riábchikov va a identificar el paisaje con el concepto de “geosistema”, e incluso con el de “ecosistema”.

 

Se hace notoriamente evidente  el análisis geográfico “fenomenista” en donde las propiedades espaciales (la región, la noción de esfera misma), son solo parte de un sistema de referencia, verdadero sistema inercial respecto del cual lo demás se extiende y se mueve, y así, dice Riábchikov, <<el surgimiento y extensión del paisaje (real objeto de estudio de esa “geografía fenomenista”, en nuestra precisión), se subordina a la ley de la zonalidad planetaria (zonalidad que opera como referencia)>>.

 

En el segundo tema de su obra, Riábchikov aborda la idea central de su modelo: los balances de energía, a partir de dividir en dos sus fuentes naturales, siendo una, la principal, la externa o solar (en el 99.98%), y la otra, la interna o tectonogénica (en 0.02%); de donde dirige la atención al análisis de la distribución de la energía solar sobre el planeta, una de cuyas resultantes principales, es la producción de la biomasa de la Tierra, en particular de la fitomasa, la cual analiza en su ciclo de renovación total, según Riábchikov, de 150 años.

Compartir este post

Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
Comenta este artículo
18 enero 2015 7 18 /01 /enero /2015 23:05

Editorial

Ley de la Zonalidad Planetaria y sus Regiones, Riábchikov 

Ley de la Zonalidad Planetaria.  Riábchikov no refiere esta ley como la primera en la ciencia de la geografía, expuesta por primera vez por Eratóstenes de manera empírica.  Entonces, Eratóstenes aludía con ella a la determinación regular de las características del espacio terrestre, en función de los grados de inclinación del eje de rotación de la Tierra sobre el plano de la eclíptica, formando las “plintias”, o unidades estructurales del espacio terrestre, a las que denominó Sfrágidas (o Esfrágidas).  Riábchikov interpreta dicha ley no en el sentido espacista eratosténico, sino en el sentido de “unidades morfométricas” generales determinadas por el conjunto de elementos del ambiente promedio.

 

*

 

En su momento (1976), el trabajo de Riábchikov no nos satisfizo como real expresión de la ciencia de la geografía, acaso había en él como lo más valioso, el enunciado de las leyes geográficas empíricas de la zonalidad y sectorialidad.

 

Tuvieron que pasar muchos años para que, vista su obra en un contexto histórico más amplio y dotados nosotros de mayores elementos teóricos, pudiésemos valorarla en su justa dimensión no sólo histórica, sino en el significado de sus aportes teórico geográficos.

 

Ahora entendemos, al revisarla para elaborar este análisis, que este trabajo constituyó en realidad el tercer momento histórico dado en el siglo XX, en el esfuerzo de abstracción y generalización en las categorías fundamentales que representaban la contradicción histórica esencial de esta ciencia: el espacio y los fenómenos.  Para Riábchikov, ni ese fue el propósito de su trabajo, ni fue consciente de que eso hacía de manera trascendente; en mucho, porque su estudio no es de geografía teórica, sino, diría Harvey, un “modelo en x” en el campo de la geografía aplicada.  Pero en él se resuelve, de manera dialéctica, en simultaneidad, gracias a la aplicación del método dialéctico materialista en él, el fundamento teórico del espacio y su vínculo al problema de los fenómenos en geografía, mediante la interpretación del espacio como el continuum einsteniano; y en ello estuvo precisamente, el rescate de esa abstracción y generalización teórica.

 

*

Ley de la Zonalidad Planetaria 1, RiábchikovFilosofía de la Geografía.

[___]  Análisis Crítico a, Estrucutra y Dinámica de la Esfera Geográfica, 1976; de A.M. Riábchikov (2/…).

Compartir este post

Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en "Espacio Geográfico" - Revista; Segunda Época
Comenta este artículo
18 enero 2015 7 18 /01 /enero /2015 23:04

Ley-de-la-Zonalidad-Planetaria-y-sus-Regiones--Riabchikov.jpgAnálisis Crítico a, Estructura y Dinámica del Espacio Geográfico, 1976; de A.M. Riábchikov (2/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

08 sep 12.

 

Esta obra de Riábchikov de 1976, en cierta manera, con un “toque geográfico”, forma parte de los primeros estudios globales iniciados a principios de los años setenta, financiados por el Club de Roma, al estilo del más conocido de ellos: Los Límites del Crecimiento, de 1972, de Meadows (éste con un “toque más económico-ambientalista”).

 

Para cerrar esta primera parte del análisis de su trabajo, se hace muy importante comentar la síntesis de la expresión de ideas con las cuales la editorial presenta la obra en el resumen de las solapas de cubierta.  Ello no hace sino confirmar ese espíritu de laos primeros estudios globales.

 

En su contexto geográfico y en la dialéctica materialista, der un tratado de las leyes del desarrollo de la esfera geográfica, y, por supuesto, bajo la auscultación de la geografía teórica, el primer problema que se plantea, es el qué debe entenderse por “esfera geográfica”; y como más adelante analizaremos, su concepto, en la reinterpretación en términos de la teoría del espacio geográfico, tendrá una enorme importancia, más allá de esa obsesión del geógrafo fenomenista por destacar que en ella “vive y trabaja el hombre”, con la influencia de éste sobre el medio natural y sus consecuencias.

 

No hay, pues, de principio, una identidad entre “esfera geográfica” y “medio natural”, pero en el estudio de ese medio natural, “se examinan las correlaciones cuantitativas de la energía natural del Sol”.  Esto es, que este estudio, como geográfico, no se limita a las correlaciones cualitativas, es decir, a la mera descripción empírica de lo dado a la percepción sensible, y, por lo tanto, ofreciendo un nivel, ahora, de verdadera explicación.  De la misma manera se procede con las condiciones hidrotérmicas y la productividad de la fitomasa, haciendo un análisis comparativo con el potencial de generación de energía eléctrica alcanzada socialmente en forma mundial.

 

Como era la inquietud en esos años setenta, se analiza el potencial agrario del planeta y su productividad, así como el fenómeno en ese momento muy reciente, el cual en realidad detonó este tipo de estudios globales, de la creciente contaminación.

 

A diferencia de los cinco o siete estudios globales producidos hasta 1976 (algunos no publicados, sino como meros informes rendidos a sus financiadores, principalmente el Club de Roma), este de Riábchikov va a la esencia del problema: “las contradicciones entre el modo de producción capitalista y su valor social (la naturaleza)”.

 

Termina, al igual que todos los estudios globales de la época: alertando, este en particular, sobre el amago de desequilibrios químicos y déficit del agua, reclamando, como todos, la exploración e introducción de nuevas fuentes de energía; pero, a diferencia de todos, con una propuesta de sello socialista: “pasar a la producción de ciclos cerrados”, y a una tecnología sin empleo de agua.  Treinta y seis años después, esos estudios globales, y este en particular, permanece por su contenido, como si no se hubiesen hecho, de nada han servido para corregir caminos y rumbos, y, antes al contrario, todos sus malos augurios de desastre predichos para estos años dos mil, de no hacerse nada desde ese momento, al no haberse hecho nada, son ya ahora una realidad.

 

Compartir este post

Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
Comenta este artículo
11 enero 2015 7 11 /01 /enero /2015 23:05

Editorial

 Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica

Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica, 1976; de A.M. Riábchikov.

Un objeto aislado en el horizonte, una baliza natural en el derrotero del desarrollo del pensamiento científico geográfico.

 

Cuando Newton explicaba la razón que se atribuía a su “genialidad”, éste sólo se limitó a decir que ello era sólo porque se había parado sobre los hombros de gigantes (Copérnico, Galileo, Brhae, Kepler).  Así es, en geografía, esos son Krasnov, Chizov, De la Blache, De Martonne, Lukasevich, Hettner…  En una figura alegórica geográfica, nos gusta más referirnos, en aquella idea de Newton, a dichos autores, como “balizas en el horizonte”, las cuales nos van marcando el derrotero del desarrollo del conocimiento.  “Balizas” hechas a modo de una vara encajada en el suelo, del artificio de un destacable apilamiento de piedras, y hasta el tubo de aluminio ex profeso con sus marcas rojas y blancas alternadas.  En su manufactura se revela el esfuerzo humano dirigido a un fin.

 

Pero suele ser que de cuando en cuando, en el horizonte aparece algo en calidad de una marca con la que se hace el “levantamiento geográfico del conocimiento”, algo no hecho con deliberado fin en un cierto sentido, sino que aparece ahí, de manera natural, en forma dada, cumpliendo por igual con el miso propósito.  Esas balizas producto del esfuerzo de la manufactura y los artificios del pensamiento en el conocimiento del espacio geográfico, son esa serie de geógrafos antes mecionados, entre michos más.  Pero esa baliza natural, un árbol aislado en la llanura, un estilizado peñasco que de pronto aparece ahí sin que deliberadamente trate con el propósito del conocimiento del espacio geográfico, pero que se presta para el mismo fin, tan sólo abstractamente invirtiendo su naturaleza, es el caso de A.M Riábchikov.

 

Todo lo expuesto por Riábchikov es profundamente acertado, sólo que planteado al revés.  En el sentido que él lo expresa, da lugar, válido, legítimo y necesario, a la ciencia de interacción multidisciplinaria de los estudios globales.  Si de tal experiencia de aplicación multidisciplinaria se abstrae a la geografía entendiendo lo que de ella se aporta, lo que se produce es una inversión de pensamiento y objeto de estudio, en donde se deja de lado la ciencia de interacción de los estudios globales y su objeto de estudio propio que antes acaparaba la atención central, para pasar a la atención central de lo propiamente geográfico.

 

Lograr esa inversión de pensamiento geográfico de Riábchikov llevó varias décadas, pero en esa negación encontró su propia afirmación trascedente, como una de las destacadas obras contemporáneas en el hacer geográfico.

 

Hasta antes de reestudiar esta obra de Riábchikov para su análisis crítico, habíamos creído que a nuestra abstracción y generalización de los conceptos de espacio y fenómenos, había antecedido sólo los momentos históricos de De la Blache y Hettner; pero al reestudiar a Riábchikov dotados ahora de nuevos elementos más desarrollados en la teoría del espacio, reinterpretados, a la luz de los mismos, nos ha permitido descubrir que en él se da en realidad, a manera de género propio, ese tercer momento histórico de abstracción y generalización teórica, facit empirice, a los conceptos de espacio (el continuum), y los fenómenos (los Elementos).

 

*

Estructura y Dinámica de la Esfera GeográficaFilosofía de la Geografía.

 

[___]  Análisis Crítico a, Estrucutra y Dinámica de la Esfera Geográfica, 1976; de A.M. Riábchikov (1/…).

 

Compartir este post

Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en "Espacio Geográfico" - Revista; Segunda Época
Comenta este artículo
11 enero 2015 7 11 /01 /enero /2015 23:04

Estructura y Dinámica de la Esfera GeográficaAnálisis Crítico a, Estructura y Dinámica del Espacio Geográfico, 1976; de A.M. Riábchikov (1/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

08 sep 12.

 

Estructura y Dinámica del Espacio Geográfico, 1976; de A.M. Riábchikov, Jefe de la Cátedra de Geografía Física y Decano de la Facultad de Geografía de la Universidad Lomonosov, es una de las muy escasas obras de geografía que nos llegaron de la época soviética, precisamente luego de publicada en español en 1976, cuando ya estábamos de lleno en nuestros estudios profesionales de Geografía.

 

En ese sentido, esta obra parecía destinada a desempeñar un papel esencial en nuestra formación como geógrafo, pero, en su momento, lo único valioso que extrajimos, fue el criterio de las dos leyes empíricas fundamentales de la geografía: la ley de la zonalidad planetaria, y la ley de la distribución sectorial, esta última que Riábchikov complementa como “distribución sectorial de los fenómenos”, y que ahora nosotros traducimos como “ley de la distribución sectorial de los estados de espacio”.  Lo demás que veíamos en dicha obra, era, de uno u otro modo, lo mismo, aproximadamente, que estudiábamos en nuestras clases en el Colegio de Geografía.

 

Otro geógrafo soviético importante de ese entonces era Nekrasov, con sus estudios de “geografía económica”, o los geógrafos cubanos, a su vez, en diversas áreas.  Ello nos permitió entender  que, no obstante su posición desde el socialismo y su vida en el Estado socialista, no obstante la dialéctica materialista en que tales geógrafos podrían suponerse formados (particularmente os soviéticos, cuyos trabajos reflejaban la geografía “oficial” institucional de allí), o por lo menos influidos, descubrimos que, por ellos, no había una aplicación de la dialéctica materialista a los fundamentos teóricos de la Geografía, sino, a lo más, a la investigación aplicada a sus fenómenos concretos (económicos en “geografía econóica”, o físicos, en “geografía física”).  Es decir, que la geografía era la misma aquí (en el capitalismo), que allá (en el socialismo), y esa era condición suficiente para tener que aceptar a la geografía como ciencia en esos términos de “ciencia de las relaciones entre los fenómenos”, con todas las contradicciones teóricas que ello implicaba y nos hacía tan insustancial tanto la geografía de aquí como la de allá.

 

La sustancialidad de la geografía, debería venir, entonces, no del estudio de un fenómeno particular concreto y de sus relaciones, en un momento dado, con los demás, sino de la comprensión de los fundamentos teórico-científicos de todo ello.  Y así se comenzó a perfilar más decididamente nuestra autoformación en el campo de la investigación en geografía teórica, en aquel entonces, absolutamente impracticada y desconocida en México (incluso lo que nos hacía dudar de la validez de sus estudios como para cristalizarlos en nuestra tesis de grado, por más que de ello era de lo que realmente sabíamos al final de nuestros estudios; y en un feliz encuentro con el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada en un receso durante uno de los Coloquios de de Historia de la Ciencia y de la Tecnología, me invitó a titularme con esa temática, sorprendiéndonos de que sí se pudiera; y entonces, con todo entusiasmo nos abocamos a tratar  de demostrar los fundamentos teóricos  científicos de esa geografía que se nos había enseñado, que, a poco, califiqué bajo el nombre de “geografía fenomenista”).

 

Tendrían que transcurrir muchos años para poder valorar es su justa dimensión este trabajo de Riábchikov, de hecho, hasta ahora, 2012.  Sólo antes, quizá desde el momento mismo que se conoció esta obra, quien la estaba tomando como base del desarrollo científico geográfico, fue  el compañero José C. Martínez Nava; y la razón de ello, luego de 1985, ajena a la misma obra de Riábchikov, era una hipótesis particular en la teoría general del espacio: la hipótesis einsteniana del espacio como el continuum, que el compañero José C. Martínez Nava exploró, no compartiendo por nuestra parte tal derrotero, sino el opuesto; el del, en ese momento indemostrado vacuum, en nuestra propia propuesta.

 

La obra de Riábchikov, Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica, en su reinterpretación posterior a 1985 en que el compañero Martínez Nava y el que esto escribe nos conocimos, y en que, por lo tanto,a nuestra propuesta del espacio, la dialéctica de la esfera geográfica de Riábchikov, dejó de verse por la forma, y empezó a verse en una categoría de abstracción y generalización superior: los Elementos (Tierra, Aire, Agua, y Fuego), que ante la crítica de una noción tan antigua, Riábchikov, en la Introducción, se refiere a ellas (en tanto litosfera, atmósfera, hidrosfera y energía solar), como las “cuatro fases”, incluso paleogeográfica, en el proceso de transferencia de energía.  En Riábchikov se enuncian esos Elementos o “fases”, más la biosfera, algo que en la antigua alquimia de los Elementos, resultaba de la mixtura del agua y la tierra.

 

Ha sido pues, una obra trascendental para el desarrollo del pensamiento geográfico, paradójicamente, no por ella misma, sino por su reinterpretación en la teoría geográfica.  La obra por sí sola, es, en realidad, un modelo de “geografía física” aplicada, con la virtud de no ser, primero, sólo un modelo analógico (no obstante estando en él la teoría antigua de los Elementos), sino, en segundo lugar, un modelo de comprobación (un tipo de modelo que Harvey clasifica como “modelo en x”),  Y ello tendrá particular importancia, porque ofrece una nueva y exitosa solución al estudio de la Totalidad del Cosmos humboldtiano, o del Erdkunde ritteriano.  No obstante, ya veíamos desde el principio que su destino sería el mismo: 1) la repetición al infinito de la “actualización de la Totalidad”, o 2) la fragmentación y el estudio especializado por cada una de las “fases”, dadas, por lo demás, según las leyes de los fenómenos mismos.

Compartir este post

Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
Comenta este artículo
9 noviembre 2014 7 09 /11 /noviembre /2014 23:05

Editorial

 Cuadro-de-Clasificacion-de-la-Geografia[2]

Cuadro de la Clasificación de las Ciencias y el lugar de la Geografía.

La clasificación de las ciencias del positivismo y el marxismo tienen una enorme semejanza por cuanto a la lógica de las ciencias básicas, a partir de las cuales se derivan por combinación el resto de las ciencias y luego surgen ciencias de traslape entre ellas.  En donde está la esencial diferencia, es en cuanto al contenido de tal lógica.  Para el positivismo, resulta del principio subjetivista de una coordinación empírica entre las ciencias.  Para el marxismo, resulta del reflejo objetivo del desarrollo de la realidad objetiva, bajo el principio del desarrollo y subordinación de las ciencias.  En función de ello, siguiendo la idea directa de Engels, elaboramos el cuadro de la clasificación de las ciencias con la ubicación de la Geografía, que, en tanto conocimiento del espacio terrestre, como una ciencia natural, físico-matemática.

 

*

 

La lógica de la clasificación de las ciencias, siguiendo a Engels, es el reflejo de la lógica misma de la realidad objetiva por cuanto al desarrollo de sus formas de movimiento de la materia y de sus sustratos portadores; por ejemplo, el movimiento físico de la materia, y sus sustratos del mundo de la materia inorgánica, rocas, minerales; o el movimiento biológico de la materia y sus sustratos del mundo de la materia orgánica, vegetación, animales.

 

Entre ello, de acuerdo con la teoría de la evolución, el movimiento biológico de la materia deriva del movimiento químico, como éste del movimiento físico, según las transformaciones de sus sustratos portadores (los minerales en su descomposición en elementos, y éstos asimilados a los suelos y luego a las plantas, venidas de otras transformaciones químicas).

 

Aparte de las formas de movimiento de la materia y sus sustratos portadores, están las formas de existencia de la materia, en este caso, el espacio, el tiempo (llegándose a mencionar por algunos autores también al movimiento, respecto de lo cual, luego de estudiar las propiedades del espacio, nosotros tenemos algunas dudas).  Se han mencionado como las ciencias que hacen la teoría de esas formas de existencia, respectivamente, a la Geografía y a la Historia; sin embargo, aquí también tendríamos reservas respecto a la relación tiempo-historia (aun cuando las dejamos de lado no siendo nuestra preocupación central ahora).

 

La Geografía como ciencia del espacio, pero no del espacio en general, ni del espacio cósmico o del espacio cuántico, sino del espacio terrestre, del espacio determinado por la masa terrestre; hace que se ubique como ciencia de condición de existencia de todo lo demás terrestre.

 

*

 

La Síntesis Combinatoria y la Unidad de la Geografía (GroFilosofía de la Geografía.

 

[___]  Análisis Crítico a la Geografía Espacista en la Clasificación de las Ciencias de Kedrov (3/3).

 

Compartir este post

Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en "Espacio Geográfico" - Revista; Segunda Época
Comenta este artículo
9 noviembre 2014 7 09 /11 /noviembre /2014 23:04

Cuadro-de-Clasificacion-de-la-Geografia[2]Análisis Crítico de la Geografía Espacista en la Clasificación de las Ciencias de Kédrov, 1976 (3/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

08 sep 12.

 

Kedrov, para justificar su toma de posición por la “geografía fenomenista” en su clasificación de las ciencias, tiene que hacer la más amplia crítica en dos páginas, al principal al principal expositor del fundamento de la “geografía espacista”.  Lo hace con Krasnov, con Chizhov y Lukashévich, pero con Hettner desencadena, en 1976, una mayor furia que con la que Fred K. Schaefer había arremetido contra el hettnerianismo en 1953.  Kedrov, en su furia contra Hettner, lo vincula absurdamente con el “determinismo geográfico” de Ratzel, al que cierto es, conoció personalmente, tal como conoció a Richthofen, pero no por ello la posición de Hettner fue en un “determinismo geográfico”.

 

Sin embargo, todo esto tardamos en entenderlo, incluso hasta ahora, que hemos estado en real posibilidad de hacer el rescate histórico y teórico de tales autores, entre ellos, principalmente, de Hettner, que generalizó a sus antecesores desde Krasnov a Chizhov y a Lukashévich.

 

Y, en tal sentido, terminamos este análisis crítico a Kedrov, comentando la cita más esencial de todas las citas, que desde una posición marxista como la de Kedrov en 1976 (que, como hemos ha sido nada consecuente en el análisis de la geografía), explica el estado que guardaba la Geografía en ese entonces, y el cal no podía dejar de ser tal.

 

“En el sistema de Hettner –dice Kedrov– ejercieron gran influjo los conceptos idealistas reaccionarios den boga en aquel entonces.  En el espíritu de estos, Hettner separa metafísicamente la materia y las formas de su existencia, ante todo, la forma espacial”[1].

 

Esas supuestas influencias idealistas reaccionarias, fueron –según Kedrov–, precisamente del neokantismo, por lo cual Hettner separa metafísicamente la materia y el espacio.

 

En un norteamericano pragmático y reaccionario como el geógrafo Fred K. Schaefer en 1953, una iracunda crítica al hettnerianismo a través de la crítica a Hartshorne, se entiende; bien sabía Schaefer lo que estaba haciendo, y le da por oposición, y sacado entre líneas, el valor correspondiente  a ambos; en tanto que, en realidad con Hettner, y filtrado a través de Hartshorne, se introduce la dialéctica en el análisis de la geografía teórica, y, por lo tanto, en los fundamentos de la Geografía como ciencia.  Pero, ¿cómo entender ello en el filósofo Kedrov en 1976?  Kedrov, como filósofo, en realidad, no se muestra ajeno a la polémica en torno a la contradicción histórica esencial en geografía; más aún, inmerso en ella por un momento, toma partido a fin de asumir una decisión clasificadora de la Geografía en el cuadro de la clasificación de las ciencias.

 

Sin embargo, si Kedrov leyó el texto original de Hettner o sólo se dejó guiar por la famosa crítica de Schaefer a Hartshorne, es una asunto irrelevante ante los resultados, pues su opinión es absolutamente coincidente con la de aquel.  Lo que en todo caso extraña, es lo mismo que extraña en el “Excepcionalismo en Geografía” de Schaefer: la lectura  o interpretación dolosa, la, por demás, evidente falsificación de las cosas.

 

Como ejemplo expongamos obligados brevemente.  Hettner se va a referir a los neokantianos Windelband y Rikert como “dos excelentes filósofos” (lo mismo pudo decir de Hegel o de Platón sin faltar a la verdad, y ello no lo hace ni neohegeliano ni neoplatónico), quienes, en la terminología kantiana diferencia entre ciencias nomotéticas e idiográficas.  Hettner explica los conceptos, uno referido a la ciencia de leyes, el otro, “orientado a lo singular”.  “Sin embargo –dice  Hettner–, la diferencia no es nítida, ya que en algunas ciencias se encuentran ambas métodos lógicos”[2].  Es decir, queda claro que Hettner no está de acuerdo con tales conceptos y clasificación de las ciencias.  Más aún, seamos enfáticos obligados por lo drástico del problema.  Hettner afirma: “…aquí se trata sólo de preguntarse  si puede ser determinante para la clasificación y la delimitación de las ciencias.  Y esto –dice Hettner–, lo tengo que negar”[3].  Hettner, pues, explícitamente y con argumentos, niega y no acepta los conceptos kantianos.  Ello, agrega dicho autor, ni corresponde a la evolución de la ciencia, y separa lo que por su contenido es un mismo conjunto.  Entonces, ¿de dónde el absurdo de descalificar a Hettner como kantiano?

 

Se puede apreciar una idea como brillante, como por ejemplo, salvando la metafísica, la idea de la mónada de Leibniz, y se puede explicar aduciendo que, en última instancia, el espacio es la geometría de la mónada, tal como lo pudiéramos decir contemporáneamente del campo de Higgs; y ello. Como un dato aislado, acaso como un modelo analógico, ni nos hace necesariamente leibniznianos ni higgsianos.  De manera semejante, Hettner se refiere a un Kant que antes no ha aceptado, cuando éste en su Geografía Física expone, aparte de las ciencias concretas o sistemáticas, la necesidad de una ciencia del espacio, que sería la Geografía.  Pero, desde luego, tomar aisladamente y en el sentido del desarrollo positivo del conocimiento esa idea de Kant, por demás brillante, no lo hace, por sí sólo, kantiano.

 

Kedrov acusa a Hettner de omitir el tiempo, la historicidad de las cosas, pero Hettner afirma: “En geografía no es posible presentar un cuadro que prescinda de los cambios temporales”[4].  Luego entonces, ¿dónde leyó Kedrov a Hettner?

 

La única razón que vemos, por la cual Kedrov hace eco de las descalificaciones reaccionarias a Hettner, es por dos razones reducibles a una: 1) su necesidad de ubicar a la geografía en la clasificación de las ciencias; pero lo cual queda reducido a, 2) el tener que clasificar la geografía, ciencia del espacio, como ciencia acerca de la forma de existencia espacial de los fenómenos, porque esa era la posición de la dialéctica materialista  “oficial”, que había tomado partido por la teoría del continuum de Einstein, por la cual, no viendo condición sustancial en el espacio que no fuese en la geometría de los cuerpos mismos, todo espacio separado de un cuerpo (todo espacio sin sustancia, y más aún equívocamente dicho: sin “materia”), era una abstracción metafísica.

 

Extraña, por supuesto, sobremanera en Kedrov como filósofo, en que no sería admisible esa identidad entre materia y sustancia, pero a la vez, en donde no se acepta que el espacio podía ser materia sin ser cuerpo.  Eso identificaba al espacio con el vacío y las reminiscencias newtonianas, por lo que, en una posición más modernizada, adopta la teoría del continuum einsteniano en donde el vacío  quedaba negado e identificado  filosófica y metafísicamente con “la nada”.  Krasnov, Chizhov, Lukashévich y Hettner no estaban equivocados; sólo habían adelantado su pensamiento en más de un siglo.  Kedrov no estaba en posibilidad de entenderlos, y a duras penas, nosotros, estamos hasta ahora tratando de rescatar sus ideas.

 



[1]        Ibid. p.80 (Una apostilla nuestra al margen, reza: “comprendido hasta octubre de 1985”).

[2]        Hettner, Alfred; La Naturaleza y los Cometidos de la Geografía; Geocrítica, Universidad de Barcelona, julio, 1987; p. 26.

[3]        Ibid. p.26.

[4]        Ibid. p.46.

 

Compartir este post

Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
Comenta este artículo
2 noviembre 2014 7 02 /11 /noviembre /2014 23:05

Editorial

 B.M.--Kedrov.jpg

Bonifatii Mikhailovich Kedrov (1903-?)

 

*

 

La obsesión por una “geografía fenomenista” en el mismo Kedrov, no se explica, obviamente, por las mismas razones que en los geógrafos; en éstos es literalmente un horror vacui dado en el estudio del espacio; en aquel, la necesidad de resolver la ubicación de la Geografía en la clasificación de las ciencias, teniendo que hacerlo a partir de lo más reconocido por los mismos geógrafos, y por ello aparentemente más “teorizado”, contra un objeto de estudio dado en el espacio poco o nada teorizado aún en 1976.

 

Lo que más había al respecto era lo aportado por Hettner, pero Kedrov se ve en la necesidad de lanzarse en la crítica a aquel retomando la evidente y falsa acusación de “kantiano” ampliamente difundida a partir del pragmático Schaefer en 1953, atacando las pociones dialéctico materialistas contenidas en el planteamiento de Hettner, para justificar Kedrov su propia propuesta clasificatoria.

 

Kedrov opta por una posible solución dialéctica: la dada en el principio de la unidad en la diversidad; pero si ello dialécticamente es aplicable, deja intactos los problemas esenciales de la geografía, no por ello se resuelven las contradicciones gnoseológicas de esta ciencia, y, luego entonces, la aplicación de dicho principio no procede.  Con dicho principio de procedencia externa se pretende resolver la lógica interna de la geografía, y he ahí su defecto esencial.

 

*

 

B.M.--Kedrov.jpgFilosofía de la Geografía.


[____]  Análisis Crítico a la Geografía Espacista en la Clasificación de las Ciencias de Kedrov (2/3).

 

[____]  Los Esatdos de Espacio y la Geografía Única.  (2/2)

 

Compartir este post

Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en "Espacio Geográfico" - Revista; Segunda Época
Comenta este artículo
2 noviembre 2014 7 02 /11 /noviembre /2014 23:04

B.M. KedrovAnálisis Crítico de la Geografía Espacista en la Clasificación de las Ciencias de Kédrov, 1976 (2/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

08 sep 12.

 

Kedrov no es geógrafo, no está desprendiendo del estudio de los geógrafos rusos la teoría de la geografía, sino, por lo contrario, dada esa teoría del orden de las ciencias como el orden de la geografía, explica, en su interés, la “corriente geográfica” en la clasificación de las ciencias.  Nosotros aquí, haciendo abstracción ya de la “lógica interna de la geografía en el orden de las ciencias” (lo que nos llevó a estudiar esta obra en 1979), estamos tratando de rescatar los aportes de los geógrafos rusos que Kedrov analiza.

 

Y en ello Kedrov anota: “Igual que Chizhov, Lukashévich  no considera la geografía como ciencia particular, sino como expresión de cierto punto de vista general espacial o (respecto de la superficie de la Tierra), geográfico”[1].  Esto es, como se suele decir, una especie muy repetida.  No es que no se considere a la geografía, como una ciencia particular, sino el que ésta, a lo que se refiere en tanto su objeto de estudio, es a eso nuevo complejo: el espacio terrestre.  Ello es lo que está oculto o confuso a la vista de  las críticas como en el caso de Kedrov, no-geográficas, o de ciertos “geógrafos fenomenistas” con un  análisis si no doloso, por lo menos subjetivista (como en el caso de Schefer).

 

Kedrov, para los fines de su discusión de la clasificación de las ciencias, tanto criticando la “corriente geográfica” de clasificación, como fundamentando la ubicación de la Geografía, toma a estos “geógrafos espacistas”  (Krasnov, Chizhov, Lukashévich), para criticarlos; pero con ello nos ha dejado una preciosa joya para la teoría geográfica: ahora podemos ver que Hettner no fue una exceción en el planteamiento teórico espacista, sino que ya venía una corriente teórica objetiva en ese sentido, claramente definida desde la segunda mitad del siglo XIX.  Así, el problema del espacio como objeto de estudio, no apareció con Hettner ya en 1905 o hasta 1927, sino venía ya en el pensamiento de estos otros autores, Krasnov, Chizhov, que luego de la muerte de Humboldt y Ritter, no fueron en la opción ni de richthofen ni de Ratzel.

 

Era inevitable que Kedrov tomara una posición respecto a la determinación de la Geografía, ya como ciencia espacista, o bien como fenomenista, y optó por ésta última, asumiendo el reto de su clasificación en esas condiciones.  Y resultó evidente que se enfrentó a la contradicción esencial: las geografías fenomenistas  -acepta él mismo–, no se pueden unir completamente, menos aún, continua, se pueden subordinar una a la otra, ni tampoco aislar una de otra: “por lo tanto –dice Kedrov justificando la “geografía fenomenista”–, aquí la solución debe buscarse en el reconocimiento de la unidad dialéctica…”[2]; y ello está bien en una posible consideración dialéctica; sería, como él mismo dice, la unidad de lo diferente.  Así, en nombre de ese principio de la dialéctica, quedaba justificada la existencia de geografías varias.

 

La opinión a ese respecto es compleja: 1) el principio da lugar a una posible solución correcta, en tanto expresa la unidad dialéctica y material del mundo; pero, 2) la expresión de esa unidad (hecho en el marco de la Geografía), es incorrecta, pues hace de la Geografía una “ciencia de ciencias”, y no resuelve el problema real de la lógica interna de la geografía.  Reductio ad absurdum, lleva al mismo Kedrov a incurrir en el defecto del problema que criticaba: la “corriente geográfica” en la  clasificación de las ciencias, en donde el orden de las ciencias da el orden de la geografía.  La lógica interna de la geografía, tenía que buscarse no en una expresión externa con la que se identificase (las relaciones entre los fenómenos); sino, paradójicamente, en sus relaciones internas.  Para ello, lo primero era aplicar el método dialéctico materialista que Marx nos enseña en El Capital: determinar una categoría fundamental esencial, y elaborar toda la teoría de la geografía a partir de todos los vínculos y relaciones de dicha categoría.  Y esa categoría ahí estaba, ahí había estado siempre: el espacio.  De este modo, ya no se trataría de encontrar la lógica interna de la geografía en la clasificación de las ciencias, sino de encontrar en la clasificación de las ciencias a la Geografía, dada su lógica interna en el estudio del espacio terrestre.  Fue en ese sentido inverso que la obra de Kedrov nos fue muy valiosa.

 

De ello se sigue el que no se trata en geografía del estudio de los nexos concretos y particulares entre los fenómenos (como por mucho tiempo se entendió en la “geografía fenomenista”); sino de los nexos en cierto grado de abstracción y generalización en tanto considerados los estados de espacio.

 

En última instancia, no son los fenómenos y sus relaciones por sus propias leyes y propiedades lo que estudia la geografía, sino lo que estudia son los estados de espacio y sus relaciones, por las propiedades y leyes espaciales o de su espacialidad.  E históricamente, hay que salvar otra premisa falsa de Kedrov: la afirmación de éste, por la cual, el que Krasnov, Chizhov, Lukaéhvich, o Hettner, revelaran que la geografía es la ciencia de las relaciones espaciales, de ello no se sigue, en consecuencia, el que se omitan las relaciones temporales, ello no es así; las relaciones espaciales entre los estados de espacio, suponen a su vez, sus relaciones temporales,  Nos parece que, con todo, no hay (no podría haber), tal mecanicismo en ninguno de tales autores.

 

Como esta premisa falsa, está el inveterado prejuicio del “kantismo hettneriano”.  No hay tal; Hettner niega incluso explícitamente el kantismo, que dice no aceptar, precisamente, previo a hacer alguna consideración sobre las afirmaciones de los neokantianos Wildelban y Rickert, acerca del concepto de espacio en Kant.  Hay otras generalizaciones absurdas que se hacen respecto de Hettner, tan sólo como condición necesaria para negar su fundamentación de la geografía como ciencia del espacio terrestre, como el que “la geografía no es una ciencia encerrada en si misma”[3]; absurdo insostenible dada la práctica misma de la geografía en dicho autor.

 

La geografía, ciertamente, según Hettner, apunta Kedrov, “se extiende a todos los reinos de la naturaleza”[4].  Tiene que ver con todos los fenómenos.  Pero, ¿cómo estudiar al mismo tiempo todos los fenómenos?  Pues, no por ellos mismos en tanto tales, asunto de otros especialistas, sino en su “aspecto”, lado en común, o abstracción y generalización espacial.

 



[1]        Ibid.p.160.

[2]        Ibid. p.476.

[3]        Ibid. p.80.

[4]        Ibid. p.80.

Compartir este post

Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
Comenta este artículo