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9 noviembre 2014 7 09 /11 /noviembre /2014 23:05

Editorial

 Cuadro-de-Clasificacion-de-la-Geografia[2]

Cuadro de la Clasificación de las Ciencias y el lugar de la Geografía.

La clasificación de las ciencias del positivismo y el marxismo tienen una enorme semejanza por cuanto a la lógica de las ciencias básicas, a partir de las cuales se derivan por combinación el resto de las ciencias y luego surgen ciencias de traslape entre ellas.  En donde está la esencial diferencia, es en cuanto al contenido de tal lógica.  Para el positivismo, resulta del principio subjetivista de una coordinación empírica entre las ciencias.  Para el marxismo, resulta del reflejo objetivo del desarrollo de la realidad objetiva, bajo el principio del desarrollo y subordinación de las ciencias.  En función de ello, siguiendo la idea directa de Engels, elaboramos el cuadro de la clasificación de las ciencias con la ubicación de la Geografía, que, en tanto conocimiento del espacio terrestre, como una ciencia natural, físico-matemática.

 

*

 

La lógica de la clasificación de las ciencias, siguiendo a Engels, es el reflejo de la lógica misma de la realidad objetiva por cuanto al desarrollo de sus formas de movimiento de la materia y de sus sustratos portadores; por ejemplo, el movimiento físico de la materia, y sus sustratos del mundo de la materia inorgánica, rocas, minerales; o el movimiento biológico de la materia y sus sustratos del mundo de la materia orgánica, vegetación, animales.

 

Entre ello, de acuerdo con la teoría de la evolución, el movimiento biológico de la materia deriva del movimiento químico, como éste del movimiento físico, según las transformaciones de sus sustratos portadores (los minerales en su descomposición en elementos, y éstos asimilados a los suelos y luego a las plantas, venidas de otras transformaciones químicas).

 

Aparte de las formas de movimiento de la materia y sus sustratos portadores, están las formas de existencia de la materia, en este caso, el espacio, el tiempo (llegándose a mencionar por algunos autores también al movimiento, respecto de lo cual, luego de estudiar las propiedades del espacio, nosotros tenemos algunas dudas).  Se han mencionado como las ciencias que hacen la teoría de esas formas de existencia, respectivamente, a la Geografía y a la Historia; sin embargo, aquí también tendríamos reservas respecto a la relación tiempo-historia (aun cuando las dejamos de lado no siendo nuestra preocupación central ahora).

 

La Geografía como ciencia del espacio, pero no del espacio en general, ni del espacio cósmico o del espacio cuántico, sino del espacio terrestre, del espacio determinado por la masa terrestre; hace que se ubique como ciencia de condición de existencia de todo lo demás terrestre.

 

*

 

La Síntesis Combinatoria y la Unidad de la Geografía (GroFilosofía de la Geografía.

 

[___]  Análisis Crítico a la Geografía Espacista en la Clasificación de las Ciencias de Kedrov (3/3).

 

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9 noviembre 2014 7 09 /11 /noviembre /2014 23:04

Cuadro-de-Clasificacion-de-la-Geografia[2]Análisis Crítico de la Geografía Espacista en la Clasificación de las Ciencias de Kédrov, 1976 (3/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

08 sep 12.

 

Kedrov, para justificar su toma de posición por la “geografía fenomenista” en su clasificación de las ciencias, tiene que hacer la más amplia crítica en dos páginas, al principal al principal expositor del fundamento de la “geografía espacista”.  Lo hace con Krasnov, con Chizhov y Lukashévich, pero con Hettner desencadena, en 1976, una mayor furia que con la que Fred K. Schaefer había arremetido contra el hettnerianismo en 1953.  Kedrov, en su furia contra Hettner, lo vincula absurdamente con el “determinismo geográfico” de Ratzel, al que cierto es, conoció personalmente, tal como conoció a Richthofen, pero no por ello la posición de Hettner fue en un “determinismo geográfico”.

 

Sin embargo, todo esto tardamos en entenderlo, incluso hasta ahora, que hemos estado en real posibilidad de hacer el rescate histórico y teórico de tales autores, entre ellos, principalmente, de Hettner, que generalizó a sus antecesores desde Krasnov a Chizhov y a Lukashévich.

 

Y, en tal sentido, terminamos este análisis crítico a Kedrov, comentando la cita más esencial de todas las citas, que desde una posición marxista como la de Kedrov en 1976 (que, como hemos ha sido nada consecuente en el análisis de la geografía), explica el estado que guardaba la Geografía en ese entonces, y el cal no podía dejar de ser tal.

 

“En el sistema de Hettner –dice Kedrov– ejercieron gran influjo los conceptos idealistas reaccionarios den boga en aquel entonces.  En el espíritu de estos, Hettner separa metafísicamente la materia y las formas de su existencia, ante todo, la forma espacial”[1].

 

Esas supuestas influencias idealistas reaccionarias, fueron –según Kedrov–, precisamente del neokantismo, por lo cual Hettner separa metafísicamente la materia y el espacio.

 

En un norteamericano pragmático y reaccionario como el geógrafo Fred K. Schaefer en 1953, una iracunda crítica al hettnerianismo a través de la crítica a Hartshorne, se entiende; bien sabía Schaefer lo que estaba haciendo, y le da por oposición, y sacado entre líneas, el valor correspondiente  a ambos; en tanto que, en realidad con Hettner, y filtrado a través de Hartshorne, se introduce la dialéctica en el análisis de la geografía teórica, y, por lo tanto, en los fundamentos de la Geografía como ciencia.  Pero, ¿cómo entender ello en el filósofo Kedrov en 1976?  Kedrov, como filósofo, en realidad, no se muestra ajeno a la polémica en torno a la contradicción histórica esencial en geografía; más aún, inmerso en ella por un momento, toma partido a fin de asumir una decisión clasificadora de la Geografía en el cuadro de la clasificación de las ciencias.

 

Sin embargo, si Kedrov leyó el texto original de Hettner o sólo se dejó guiar por la famosa crítica de Schaefer a Hartshorne, es una asunto irrelevante ante los resultados, pues su opinión es absolutamente coincidente con la de aquel.  Lo que en todo caso extraña, es lo mismo que extraña en el “Excepcionalismo en Geografía” de Schaefer: la lectura  o interpretación dolosa, la, por demás, evidente falsificación de las cosas.

 

Como ejemplo expongamos obligados brevemente.  Hettner se va a referir a los neokantianos Windelband y Rikert como “dos excelentes filósofos” (lo mismo pudo decir de Hegel o de Platón sin faltar a la verdad, y ello no lo hace ni neohegeliano ni neoplatónico), quienes, en la terminología kantiana diferencia entre ciencias nomotéticas e idiográficas.  Hettner explica los conceptos, uno referido a la ciencia de leyes, el otro, “orientado a lo singular”.  “Sin embargo –dice  Hettner–, la diferencia no es nítida, ya que en algunas ciencias se encuentran ambas métodos lógicos”[2].  Es decir, queda claro que Hettner no está de acuerdo con tales conceptos y clasificación de las ciencias.  Más aún, seamos enfáticos obligados por lo drástico del problema.  Hettner afirma: “…aquí se trata sólo de preguntarse  si puede ser determinante para la clasificación y la delimitación de las ciencias.  Y esto –dice Hettner–, lo tengo que negar”[3].  Hettner, pues, explícitamente y con argumentos, niega y no acepta los conceptos kantianos.  Ello, agrega dicho autor, ni corresponde a la evolución de la ciencia, y separa lo que por su contenido es un mismo conjunto.  Entonces, ¿de dónde el absurdo de descalificar a Hettner como kantiano?

 

Se puede apreciar una idea como brillante, como por ejemplo, salvando la metafísica, la idea de la mónada de Leibniz, y se puede explicar aduciendo que, en última instancia, el espacio es la geometría de la mónada, tal como lo pudiéramos decir contemporáneamente del campo de Higgs; y ello. Como un dato aislado, acaso como un modelo analógico, ni nos hace necesariamente leibniznianos ni higgsianos.  De manera semejante, Hettner se refiere a un Kant que antes no ha aceptado, cuando éste en su Geografía Física expone, aparte de las ciencias concretas o sistemáticas, la necesidad de una ciencia del espacio, que sería la Geografía.  Pero, desde luego, tomar aisladamente y en el sentido del desarrollo positivo del conocimiento esa idea de Kant, por demás brillante, no lo hace, por sí sólo, kantiano.

 

Kedrov acusa a Hettner de omitir el tiempo, la historicidad de las cosas, pero Hettner afirma: “En geografía no es posible presentar un cuadro que prescinda de los cambios temporales”[4].  Luego entonces, ¿dónde leyó Kedrov a Hettner?

 

La única razón que vemos, por la cual Kedrov hace eco de las descalificaciones reaccionarias a Hettner, es por dos razones reducibles a una: 1) su necesidad de ubicar a la geografía en la clasificación de las ciencias; pero lo cual queda reducido a, 2) el tener que clasificar la geografía, ciencia del espacio, como ciencia acerca de la forma de existencia espacial de los fenómenos, porque esa era la posición de la dialéctica materialista  “oficial”, que había tomado partido por la teoría del continuum de Einstein, por la cual, no viendo condición sustancial en el espacio que no fuese en la geometría de los cuerpos mismos, todo espacio separado de un cuerpo (todo espacio sin sustancia, y más aún equívocamente dicho: sin “materia”), era una abstracción metafísica.

 

Extraña, por supuesto, sobremanera en Kedrov como filósofo, en que no sería admisible esa identidad entre materia y sustancia, pero a la vez, en donde no se acepta que el espacio podía ser materia sin ser cuerpo.  Eso identificaba al espacio con el vacío y las reminiscencias newtonianas, por lo que, en una posición más modernizada, adopta la teoría del continuum einsteniano en donde el vacío  quedaba negado e identificado  filosófica y metafísicamente con “la nada”.  Krasnov, Chizhov, Lukashévich y Hettner no estaban equivocados; sólo habían adelantado su pensamiento en más de un siglo.  Kedrov no estaba en posibilidad de entenderlos, y a duras penas, nosotros, estamos hasta ahora tratando de rescatar sus ideas.

 



[1]        Ibid. p.80 (Una apostilla nuestra al margen, reza: “comprendido hasta octubre de 1985”).

[2]        Hettner, Alfred; La Naturaleza y los Cometidos de la Geografía; Geocrítica, Universidad de Barcelona, julio, 1987; p. 26.

[3]        Ibid. p.26.

[4]        Ibid. p.46.

 

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2 noviembre 2014 7 02 /11 /noviembre /2014 23:05

Editorial

 B.M.--Kedrov.jpg

Bonifatii Mikhailovich Kedrov (1903-?)

 

*

 

La obsesión por una “geografía fenomenista” en el mismo Kedrov, no se explica, obviamente, por las mismas razones que en los geógrafos; en éstos es literalmente un horror vacui dado en el estudio del espacio; en aquel, la necesidad de resolver la ubicación de la Geografía en la clasificación de las ciencias, teniendo que hacerlo a partir de lo más reconocido por los mismos geógrafos, y por ello aparentemente más “teorizado”, contra un objeto de estudio dado en el espacio poco o nada teorizado aún en 1976.

 

Lo que más había al respecto era lo aportado por Hettner, pero Kedrov se ve en la necesidad de lanzarse en la crítica a aquel retomando la evidente y falsa acusación de “kantiano” ampliamente difundida a partir del pragmático Schaefer en 1953, atacando las pociones dialéctico materialistas contenidas en el planteamiento de Hettner, para justificar Kedrov su propia propuesta clasificatoria.

 

Kedrov opta por una posible solución dialéctica: la dada en el principio de la unidad en la diversidad; pero si ello dialécticamente es aplicable, deja intactos los problemas esenciales de la geografía, no por ello se resuelven las contradicciones gnoseológicas de esta ciencia, y, luego entonces, la aplicación de dicho principio no procede.  Con dicho principio de procedencia externa se pretende resolver la lógica interna de la geografía, y he ahí su defecto esencial.

 

*

 

B.M.--Kedrov.jpgFilosofía de la Geografía.


[____]  Análisis Crítico a la Geografía Espacista en la Clasificación de las Ciencias de Kedrov (2/3).

 

[____]  Los Esatdos de Espacio y la Geografía Única.  (2/2)

 

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2 noviembre 2014 7 02 /11 /noviembre /2014 23:04

B.M. KedrovAnálisis Crítico de la Geografía Espacista en la Clasificación de las Ciencias de Kédrov, 1976 (2/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

08 sep 12.

 

Kedrov no es geógrafo, no está desprendiendo del estudio de los geógrafos rusos la teoría de la geografía, sino, por lo contrario, dada esa teoría del orden de las ciencias como el orden de la geografía, explica, en su interés, la “corriente geográfica” en la clasificación de las ciencias.  Nosotros aquí, haciendo abstracción ya de la “lógica interna de la geografía en el orden de las ciencias” (lo que nos llevó a estudiar esta obra en 1979), estamos tratando de rescatar los aportes de los geógrafos rusos que Kedrov analiza.

 

Y en ello Kedrov anota: “Igual que Chizhov, Lukashévich  no considera la geografía como ciencia particular, sino como expresión de cierto punto de vista general espacial o (respecto de la superficie de la Tierra), geográfico”[1].  Esto es, como se suele decir, una especie muy repetida.  No es que no se considere a la geografía, como una ciencia particular, sino el que ésta, a lo que se refiere en tanto su objeto de estudio, es a eso nuevo complejo: el espacio terrestre.  Ello es lo que está oculto o confuso a la vista de  las críticas como en el caso de Kedrov, no-geográficas, o de ciertos “geógrafos fenomenistas” con un  análisis si no doloso, por lo menos subjetivista (como en el caso de Schefer).

 

Kedrov, para los fines de su discusión de la clasificación de las ciencias, tanto criticando la “corriente geográfica” de clasificación, como fundamentando la ubicación de la Geografía, toma a estos “geógrafos espacistas”  (Krasnov, Chizhov, Lukashévich), para criticarlos; pero con ello nos ha dejado una preciosa joya para la teoría geográfica: ahora podemos ver que Hettner no fue una exceción en el planteamiento teórico espacista, sino que ya venía una corriente teórica objetiva en ese sentido, claramente definida desde la segunda mitad del siglo XIX.  Así, el problema del espacio como objeto de estudio, no apareció con Hettner ya en 1905 o hasta 1927, sino venía ya en el pensamiento de estos otros autores, Krasnov, Chizhov, que luego de la muerte de Humboldt y Ritter, no fueron en la opción ni de richthofen ni de Ratzel.

 

Era inevitable que Kedrov tomara una posición respecto a la determinación de la Geografía, ya como ciencia espacista, o bien como fenomenista, y optó por ésta última, asumiendo el reto de su clasificación en esas condiciones.  Y resultó evidente que se enfrentó a la contradicción esencial: las geografías fenomenistas  -acepta él mismo–, no se pueden unir completamente, menos aún, continua, se pueden subordinar una a la otra, ni tampoco aislar una de otra: “por lo tanto –dice Kedrov justificando la “geografía fenomenista”–, aquí la solución debe buscarse en el reconocimiento de la unidad dialéctica…”[2]; y ello está bien en una posible consideración dialéctica; sería, como él mismo dice, la unidad de lo diferente.  Así, en nombre de ese principio de la dialéctica, quedaba justificada la existencia de geografías varias.

 

La opinión a ese respecto es compleja: 1) el principio da lugar a una posible solución correcta, en tanto expresa la unidad dialéctica y material del mundo; pero, 2) la expresión de esa unidad (hecho en el marco de la Geografía), es incorrecta, pues hace de la Geografía una “ciencia de ciencias”, y no resuelve el problema real de la lógica interna de la geografía.  Reductio ad absurdum, lleva al mismo Kedrov a incurrir en el defecto del problema que criticaba: la “corriente geográfica” en la  clasificación de las ciencias, en donde el orden de las ciencias da el orden de la geografía.  La lógica interna de la geografía, tenía que buscarse no en una expresión externa con la que se identificase (las relaciones entre los fenómenos); sino, paradójicamente, en sus relaciones internas.  Para ello, lo primero era aplicar el método dialéctico materialista que Marx nos enseña en El Capital: determinar una categoría fundamental esencial, y elaborar toda la teoría de la geografía a partir de todos los vínculos y relaciones de dicha categoría.  Y esa categoría ahí estaba, ahí había estado siempre: el espacio.  De este modo, ya no se trataría de encontrar la lógica interna de la geografía en la clasificación de las ciencias, sino de encontrar en la clasificación de las ciencias a la Geografía, dada su lógica interna en el estudio del espacio terrestre.  Fue en ese sentido inverso que la obra de Kedrov nos fue muy valiosa.

 

De ello se sigue el que no se trata en geografía del estudio de los nexos concretos y particulares entre los fenómenos (como por mucho tiempo se entendió en la “geografía fenomenista”); sino de los nexos en cierto grado de abstracción y generalización en tanto considerados los estados de espacio.

 

En última instancia, no son los fenómenos y sus relaciones por sus propias leyes y propiedades lo que estudia la geografía, sino lo que estudia son los estados de espacio y sus relaciones, por las propiedades y leyes espaciales o de su espacialidad.  E históricamente, hay que salvar otra premisa falsa de Kedrov: la afirmación de éste, por la cual, el que Krasnov, Chizhov, Lukaéhvich, o Hettner, revelaran que la geografía es la ciencia de las relaciones espaciales, de ello no se sigue, en consecuencia, el que se omitan las relaciones temporales, ello no es así; las relaciones espaciales entre los estados de espacio, suponen a su vez, sus relaciones temporales,  Nos parece que, con todo, no hay (no podría haber), tal mecanicismo en ninguno de tales autores.

 

Como esta premisa falsa, está el inveterado prejuicio del “kantismo hettneriano”.  No hay tal; Hettner niega incluso explícitamente el kantismo, que dice no aceptar, precisamente, previo a hacer alguna consideración sobre las afirmaciones de los neokantianos Wildelban y Rickert, acerca del concepto de espacio en Kant.  Hay otras generalizaciones absurdas que se hacen respecto de Hettner, tan sólo como condición necesaria para negar su fundamentación de la geografía como ciencia del espacio terrestre, como el que “la geografía no es una ciencia encerrada en si misma”[3]; absurdo insostenible dada la práctica misma de la geografía en dicho autor.

 

La geografía, ciertamente, según Hettner, apunta Kedrov, “se extiende a todos los reinos de la naturaleza”[4].  Tiene que ver con todos los fenómenos.  Pero, ¿cómo estudiar al mismo tiempo todos los fenómenos?  Pues, no por ellos mismos en tanto tales, asunto de otros especialistas, sino en su “aspecto”, lado en común, o abstracción y generalización espacial.

 



[1]        Ibid.p.160.

[2]        Ibid. p.476.

[3]        Ibid. p.80.

[4]        Ibid. p.80.

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2 noviembre 2014 7 02 /11 /noviembre /2014 23:01

Ícono Filosofía-copia-1Los Estados de Espacio y la Geografía Única.  Artículo, 2012 (2/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

26 abr 12.

 

No sólo “nos pusimos al día”, más aún, volvimos a adelantar el conocimiento geográfico.  De frente estaba ya, entonces, el tercer paso: qué era, y cómo abordar el estudio de esa dimensionalidad continuo-discreta, a la que denominamos como el vacuum (por oposición al continuum einsteniano).

 

Finalmente, superando el estado de conocimientos del espacio en la dialéctica materialista dada hasta los años ochenta, nos decidimos a exponer la condición material y objetiva  del espacio como un “algo”.  Dejamos de lado su condición subjetiva por la cual se prescindía del vacío y reducía a ser sólo “la espacialidad de las cosas”, el conjunto de las propiedades espaciales de las mismas; subrayando en ello el rechazo a su condición metafísica del vacío entendido como “la nada”.  Adoptamos al vacío como una forma más de movimiento de la materia, una de cuyas cualidades esenciales, es su identidad con el espacio como forma de existencia de la materia.  Todo ello era condición filosófica y física necesariamente para poder dar ese tercer paso.

 

Pero eso filosófico y físico por sí solo no podía ser suficiente; se nos imponía, a su vez como condición necesaria, desprender las cosas de la historia y la lógica geográfica misma.  Hecha esa distancia de treinta años, entonces ya podíamos empezar a dimensionar nuestro propio momento histórico en el desarrollo del conocimiento geográfico, y nos dispusimos a revisar detenidamente ese momento en el contexto de su contemporaneidad dada por lo hecho en el siglo XX, a partir de los postulados de Vidal de a Blache.  Entonces, ahora sí, descubrimos algo nuevo nunca antes ni visto ni tratado por nadie: tanto el proceso de síntesis lógica en geografía, como el proceso de abstracción y generalización de sus categorías fundamentales (el espacio y los fenómenos).  Y de la conjunción de ambas cosas, pudimos entender tres grandes momentos de síntesis en la abstracción y generalización de esas categorías fundamentales.

 

En cuanto al espacio, de las consideraciones del estudio de las propiedades aisladas como localización y lugar de Vidal de la Blache, o de distribución y relaciones de Emnnuel de Martonne, esto es, del espacio como las cosas y sus relaciones, se abstrajo y generalizó el estudio del espacio mismo, si bien no como tal, sino en su consideración como lo corográfico regional (la descripción de la morfología representada en el “paisaje” de los lugares); luego de esas unidades morfológicas o fisiográficas  de los lugares, se abstrajo y generalizó la propuesta del estudio del espacio en el continuum einsteniano, mediante lo entendido como los Elementos (tierra o litósfera, agua o hidrósfera, aire o atmósfera, y fuego o tanto radiación solar como tectonogénesis), en cuanto a sus balances de energía, independientemente expuesto tanto por Riabchikov como por Carlos Sáenz de la Calzada.  Finalmente, en una tercera abstracción y generalización paralela a la de los Elementos, se efectuó la síntesis del espacio como tal, dada en nuestra teoría del vacuum.

 

Y en cuanto a los fenómenos, se abstrajo y generalizó de estos las unidades morfológicas o fisiográficas; para, luego, de ellas, abstraer y generalizar los Elementos; y, por último, abstraer y generalizar todo ello en la síntesis lógica de los estados de espacio; en los cuales se da el estudio del espacio mismo como tal, según sus diversos estados continuos o discretos.

 

Esa síntesis lógica en la abstracción y generalización en los estados de espacio, se supera, finalmente, el problema de las contradicciones metodológicas en el estudio fenomenista (que aún se escondía en el estudio de los Elementos mismos).

 

Esa vieja contradicción histórica entre la “geografía espacista” (cartográfica, regional), y la “geografía fenomenista” (física, económica, política, etc), queda finalmente superada.  Ambas corrientes de pensamiento geográfico han de desaparecer , en su subsunción, en una síntesis de la nueva contradicción dialéctica que mueva ahora al conocimiento geográfico: la teoría de los estados de espacio en geografía.

 

La geografía “dual”, del espacio y los fenómenos; o peor aún, las innúmeras “geografías múltiples” humboltiano-ritterianas del siglo XIX acerca de los fenómenos; ha dejado su lugar a una geografía “monista”, única: la Geografía exclusivamente como ciencia del estudio del espacio terrestre; del espacio geográfico representado en los mapas, en los cuales se analiza el espacio mismo por cuanto a su estructura, composición y movimiento, dados los estados de espacio por sus propiedades y leyes espaciales como tales, es decir, como formas del espacio mismo, en una Geografía única.

 


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26 octubre 2014 7 26 /10 /octubre /2014 23:05

Editorial

Clasificación de las Ciencias, 1976; Kedrov 

Kédrov, B.M; Clasificación de las Ciencias; 1976.

Entre las últimas obras de la Academia de Ciencias de la URSS que traducidas al español nos llegaron a México, esta obra de Kédrov refleja perfectamente bien el estado de desarrollo alcanzado por la ciencia soviética en el campo de la clasificación y lógica de las ciencias, como reflejo de la lógica misma del mundo objetivo.   A su vez, una obra que muestra el estudio de los alcances y limitaciones del pensar dialéctico materialista hasta esos años setenta, momentos antes del declive generalizado.

 

*

 

Con una formación en el marxismo que nos impusimos por firme convicción ya desde 1967; cuando apenas éramos estudiantes de la escuela secundaria, al leer un trabajo de Engels en el que demuestra la verdadera naturaleza del anarquismo. “Los Bakuninistas en Acción”, y nos extrajo de esa línea, que pretendíamos como continuadores del pensamiento magonista en México; entre 1979 y 1981 leímos la obra de Kédrov: Clasificación de las Ciencias, 1976; no dejándonos satisfechos.  La dialéctica de éste no alcanzaba a desentrañar la situación de la geografía, y, más aún, lo que él veía en autores como Chizhov, Krasnov, Lukashévich, o Hettner, resultaba opuesto a lo que nosotros veíamos; y criticó justo lo que tenía que ser rescatado mediante la dialéctica materialista, para poder entender la realidad y naturaleza de la Geografía.

 

Sin embargo, siendo nosotros estudiantes y él no sólo una autoridad en la materia de clasificación de las ciencias, sino expresión del marxismo, apenas vagamente nuestra crítica no fue más allá de poner discretamente en duda lo dicho por él, remitiéndonos a Engels en la lógica del conjunto de las ciencias, y, esencialmente, teniendo presente que, solvuntur objeciones en el texto de Kédrov, nos quedábamos en sentido positivo con lo criticado, lo cual, no obstante; prolapso de quince años; tardamos en desentrañar.

 

*

Clasificación de las Ciencias, 1976; KedrovFilosofía de la Geografía.


[____]  Análisis Crítico a la Geografía Espacista en la Clasificación de las Ciencias de Kédrov (1/3).

 

[____]  Los Estados de Espacio y la Geografía Única.  (1/2)

 

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26 octubre 2014 7 26 /10 /octubre /2014 23:04

Clasificacion-de-las-Ciencias--1976--Kedrov.jpgAnálisis Crítico de la Geografía Espacista en la Clasificación de las Ciencias de Kédrov, 1976 (1/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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08 sep 12.

 

La Clasificación de las Ciencias, 1976, de B.M. Kedrov, particularmente en su Tomo II, una de cuyas partes que aquí analizamos, es una obra fundamental para entender los problemas de la ciencia contemporánea.  La trabajamos con cierta profusión en aquellos años de 1979 a 1981 en que elaborábamos nuestra tesis de licenciatura en Geografía, y a través suyo pudimos vislumbrar el estado de la posición en la Unión Soviética respecto de la Geografía, y, por lo tanto, de la existencia de aquella geografía en el “mundo oriental” en la corriente espacista; y, más aún, y ello es lo que motiva este análisis, esta fue una de esas primeras escasas fuentes de donde abrevamos sobre el pensamiento hettneriano, que, como veremos, mal entendido a su vez por Kedrov, lo que nos dificultó aún más la comprensión plena de Hettner por mucho tiempo.

 

En los años 1979 a 1981 trabajamos esta obra con objetivos más amplios: era el conocimiento de los autores y su posición, de su definición del objeto de estudio y método de la geografía, de su solución a la contradicción histórica esencial de esta ciencia, etc.  Ahora que volvemos a ella treinta años después, lo hacemos yendo directamente a los subrayados y discriminando en ello todo cuanto no está ahora en nuestro marco teórico geográfico (espacista); lo que nos plantea una reinterpretación de la lectura rescatando dialécticamente lo que estaba sujeto a una interpretación dada en aquellos años setenta en una línea de pensamiento marxista en ese entonces, y ello es, en esencia, a saber, la interpretación filosófica que se hacía del espacio como conjunto de propiedades objetivas de la geometría de las cosas, por las cuales no es que el espacio como tal exista, sino que la existencia de las cosas es espacial.; aspecto determinante para poder entender las posiciones respecto de la geografía como ciencia estudiosa del mismo.

 

Así, para Kedrov, centrada la geografía en las coas (y no en el espacio que llenan a lo metafísico), de principio, hay ya un gran sesgo que lo va a extraviar en los entreveros del fenomenismo, que él, particularmente, trata entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX en Rusia.

 

Teniendo siempre presente que el problema de Kedrov es el de la clasificación de las ciencias, esa “geografía fenomenista” le va a representar un enorme problema que, como tal, revisa en diversos geógrafos, principalmente del período de la influencia dominante del positivismo, fundado en el principio de coordinación de las ciencias, y de las cuales va a examinar sus diversas corrientes en las teorías clasificadoras (evolucionistas, sociologistas, y geográficas).

 

Para una “geografía fenomenista”, resolver una clasificación de las ciencias, es resolver su “lógica interna”, y de ahí surge la llamada “corriente geográfica” en la clasificación de las ciencias.  Tratará cinco autores esenciales de la segunda mitad del siglo XIX: Semionov Tian-Shanski, Mechinkov, Anuchin, Krasnov, y Chizhov, siendo los dos últimos de particular importancia.

 

Kedrov comienza por analizar las posiciones de Seionov Tian-Shanski, eminentemente ritteriano.  Seguidor de éste ubica a Krasnov, para quien la geografía: “…se dedica –dice Krasnov– al estudio de la superficie de nuestro planeta…, las demás geografías son generalizaciones…, de carácter geográfico de la ciencias…”[1].  Por lo que, ecidentemente, ni por la definición del objeto de estudio que da Krasnov, ni por su explicación teórica de las generalizaciones geográficas; ni a fines de los años setenta como hoy menos; podemos considerar a Krasnov como “geógrafo fenomenista”, sino claramente espacista; que, además, nos está avanzando ya desde el siglo XIX un fundamento teórico de esencial importancia.  De Mechinkov critica Kedrov su fenomenismo que desemboca en planteamientos de determinismo geográfico, y de Anuchin, por lo contrario, se rescata una posición eminentemente fenomenista.

 

Kedrov, sin embargo, como a diferencia de Kranov, si va a reconocer en Chizhov una “geografía espacista”, y de tal importancia, que le dedica un extenso apartado.

 

Chizhov, buscando esa lógica interna de la geografía en la clasificación de las ciencias, elabora la suya en 1896, con un fundamento positivista.  Para Chizhov, apunta Kedrov, la geografía es una ciencia descriptivista (concreta) que falta en la serie básica de la clasificación de Comte, siendo semejante –dice Chizhov– a la astronomía.

 

La manera en que Kedrov interpreta a Chizov es muy interesante: todo el campo de conocimiento constituye una cadena de fenómenos, en donde puede uno imaginarse a cada ciencia como un eslabón, y cita de Chizhov:  “Pero se puede separar no eslabones enteros, sino lados, o aspectos, de la misma cadena de fenómenos y analizarlos de parte a parte en todos sus eslabones…”[2].  Y más aún, tomando de Anuchin una cita que hace éste de Chizhov, dice: “La geografía estudia independientemente sólo un género de dependencia: la condición y la dependencia de los fenómenos heterogéneos, que devienen de las relaciones espaciales”[3].

 

Kedrov, sin dar más elementos, interpreta que Chizhov no se limita a considerar “la yuxtaposición exterior de las cosas” en el tratado de un lado de la cadena, sino lo vínculo internos de los fenómenos o eslabones.  Ahora entendemos que no necesariamente pudiera ser así, sino que, lo que pudiera ser, es que Chizhov se refiere a las propiedades espaciales de los fenómenos.

 

El problema de Kedrov no sólo fue el sesgo del concepto de espacio en la dialéctica, sino una geografía teórica aún poco desarrollada, que no había teorizado –y difícilmente podría haberlo hecho–, sobre el concepto de espacio.

 

Luego Kedrov aborda al geógrafo ruso de la primera mitad del siglo XX: Lukashévich, que lo ubica como continuador de Chizhov y Hettner en el inicio del poder soviético.

 

Lukashévich, hettneriano, en 1919, se inclina por los estudios geológico-geomorfológicos en geografía, y en cuanto al problema de la lógica interna de esta como hasta entonces se intentaba, dada en la clasificación de las ciencias, simpatizaba, a decir de Kedrov, por la clasificación de Comte “con algunas modificaciones”, y entre ellas, el que Lukashévich habla de las ciencias derivadas de la sucesión básica, y entre ellas menciona lógicamente a la Geografía, de una manera que comienza a ser más consistente con los criterios de la clasificación de Engels.

 



[1]        Kedrov, B.M; Clasificación de las Ciencias; Editorial Progreso, T. II; Moscú, 1976; p.134.

[2]        Ibid. p.135 (subrayado suyo).

[3]        Ibid. p.136

 

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26 octubre 2014 7 26 /10 /octubre /2014 23:01

Ícono Geografía Educativa (Globo TerráqueoLos Estados de Espacio y la Geografía Única.  Artículo, 2012 (1/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

26 abr 12.

 

 

El tramo definitivo del camino de la Geografía a estatuirse en ciencia moderna, nos tocó darlo a nosotros en un largo lapso que ha ido de 1981 en que llegábamos independientemente a la conclusión de que el espacio terrestre constituía el objeto de estudio de la Geografía.

 

Si bien eso no fue un “descubrimiento” como tal, pues ello ya estaba en el pensamiento geográfico de todos los tiempos y en esa forma conclusiva ya antes Alfred Hettner (1927) lo había establecido, aun cuando con alguna inconsistencia lógica o insuficiencia en la exposición dl contenido y extensión real del concepto; cierto es también, que ello era tan nuevo como un planteamiento teórico bien olvidado, y algo que logramos hacer, primero, independientemente; y segundo, con el real aporte de la aplicación de la dialéctica materialista, que dio oro ángulo interpretativo.

 

Ocupados toda la década de los ochenta en demostrar que lo que la geografía estudiaba no eran los fenómenos, sino el espacio (lo que ello fuera), cometimos la omisión de no definirlo (en última instancia aún no era ese el propósito).  Esa no fue una tesis aceptada en la práctica sino hasta fines de 1989 en el Foro Académico del Instituto de Geografía, UNAM.

 

A partir de ahí, si por una parte ya se nos había “proscrito” desde 1985 (es decir, se nos aplicó la “muerte geográfica”, y hoy hablamos desde ultratumba), por otra parte, la institucionalidad, tras ese Foro Académico, debió abordar decididamente la investigación sobre ese objeto de estudio desde su realidad y naturaleza.  Si así lo hizo y dados los resultados esos trabajos se convirtieron en ocultamiento de documentos conventuales, malo; pero menos malo que si lo que se hizo, fue nada.

 

Que en los años setenta, y en cierto modo aún en los ochenta, los estudios de la geografía aún seguían produciendo por su contenido una geografía decimonónica, ello era perfectamente entendible: no había una teoría superior, o, por lo menos, aún no era la suficientemente firme.  Pero luego de 1989, la firmeza de esa teoría superior ya era tal, que tuvo que ser reconocida institucionalmente al fin (y ese proceso, para quien sabe de historia de la ciencia, es perfectamente entendible); pero desde ese momento, toda geografía de contenido decimonónico era ya absolutamente condenable, era ya una posición retrógrada.

 

Hasta allí, nosotros íbamos, por lo menos, diez años adelante en el conocimiento geográfico.  Pero con la crisis económico-social de 1994-1995, todo se detuvo; y por quince años nos vimos forzados a salir de la escena del hacer geográfico.  Esa fue la oportunidad para que plagiarios de ideas y usurpadores de teorías sin mérito propio, piratas con patente de “oficialidad” institucional que embusteramente hicieron pasar raras fuentes documentales por el contenido de la nuestra, se hicieron de nuestras ideas y las presentaron, primero, en forma mecánica, ajenas a la dialéctica materialista propia en que fueron expuestas; y segundo, en forma retorcida de modo tal que, “estudiar el espacio”, resultaba estudiar nuevamente los fenómenos y sus relaciones repitiéndose así el contenido geográfico que venía desde el siglo XIX.  El concepto de “espacio” se convirtió, en esa intelligenticia, en no más que un “discurso” intelectualoide, en un sinónimo baladí para referir lo que como estudiosos de la geografía, sería “lo nuestro”.

 

En 2009 volvimos al proscenio, y, nuevamente, en tres años, tuvimos que recuperar aquellos tres lustros perdidos.  Y, en consecuencia, luego de aquel primer paso encaminado a la Geografía en el rigor de la ciencia moderna con un fundamento de su teoría del conocimiento lógicamente consistente, dado desde 1981, dimos, por fin, treinta años después, en el 2010, el segundo paso: expusimos la definición de “espacio geográfico”; eso es: “la dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta”.  Lo que el geógrafo estudia es eso, las relaciones internas y externas de la condición tridimensional, y más aún, tetradimensional incluyendo al tiempo; y así, no de nada metafísico subjetivo, sino de los estados generales continuos y discretos del espacio terrestre.

 


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19 octubre 2014 7 19 /10 /octubre /2014 22:05

Editorial

Barimagnetoide 

Barimagnetoide.  La forma de la Tierra, una propiedad espacial esencial, es, para el autor de esta Revista de Geografía Teórica, la de un complejo de sistemas coordenados, tanto de un un estado de espacio como centro de gravedad o masa de estado de espacio discreto, como de una geometría de un campo magnético o estado de espacio continuo, respecto de la geometría del esferoide y el elipsoide.

 

*

 

Hasta 1993, haciendo nuestras propias reflexiones teóricas acerca de la estructura del espacio geográfico, llegamos a la conclusión de que éste dependía esencialmente de una masa gravitatoria; que veinte años después reconocimos como el estado de espacio discreto principal entre los componentes estructurales del espacio geográfico; y una geometría de un campo magnético, estado de espacio continuo principal en esa composición, a lo cual denominamos como barimagnetoide, y cuya figura publicamos en nuestra Geografía Básica, 1994.

 

Un segundo paso en esa dirección del conocimiento de la estructura y composición del espacio geográfico, lo dimos al cabo de esos veinte años después, entre 2011 y 2012, en que en una nueva reflexión elaboramos una analogía del espacio con el cristal, lo cual resultó enormemente fructífera para comprender las propiedades dimensionales del espacio, que en tanto espacio geográfico, nos daba una estructura del barimagnetoide tratable en ciertas magnitudes.

 

El tercer y definitivo paso para corroborar la dirección correcta en el entendimiento del espacio geográfico, lo obtuvimos al hacernos, en el 2012, de la obra de Genadi Nicolaevich Katterfeld, La Faz de la Tierra y su Origen, 1962; apenas recién instalada en la Red Internacional de Información por la Agencia Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA), en el 2009.  Esto quiere decir que, hasta antes de ese año en que empezamos a publicar nuestros materiales en este Blog, sólo hubiéramos podido disponer de la esencial teoría de Katterfeld, en un mapamundi ecuatorial y otro polar, representando la asimetría triaxial de rotación, insuficientemente interpretada por Alexandr Maxímovich Riábchikov en su obra, Estructura y Dinámica del Espacio Geográfico, 1976; al punto que la idea esencial: precisamente esa asimetría triaxial de rotación en la interacción de masas líticas plásticas en el origen de su formación, se hacía difícil rescatarla.

 

Hoy, en función de todo ello, se estructura y desarrolla la teoría del espacio geográfico, dando una profunda y rigurosa identidad a la ciencia de la geografía, cuya vasta teoría de su unidad, presentamos aquí en su síntesis, como ponencia al XXI Congreso Nacional de Geografía en México, y con lo cual damos por concluido nuestro compromiso profesional históricamente dado.

 

*

GloboidePonencias y Monografías.

 

[____]  Ponencia al XXI Congreso Nacional de Geografía: “Síntesis de la Teoría Unificada de la Geografía”, México, 2014.

 

 

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19 octubre 2014 7 19 /10 /octubre /2014 22:01

 

Ponencia la XXI Congreso Nacional de Geografía.

“Síntesis de la Teoría Unificada de la Geografía”[*]

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri[**]

http://espacio-geografico.over-blog.es/  

02 ene 14.

 

Una geografía única sobre la base del principio unificador de la abstracción y generalización de las categorías de “fenómenos” y “espacio” en la categoría de “estados de espacio”, permite establecer con consistencia lógica en la homogeneidad, un sistema de conocimientos hipotético-deductivos desde los postulados mismos de toda ciencia, deduciendo en forma axiomatizada principios, categorías, leyes y teorías.

 

 

Postulados.

 

Un postulado es la afirmación que se hace acerca de algo, aparentemente sin necesidad de demostración, es decir, sin aparente necesidad de deducirlo lógicamente de nada; pero, en realidad, ello no se da subjetiva o arbitrariamente, sino es una afirmación deducida de la ancestral práctica histórico-social elemental.

 

Así, una afirmación, la más general y esencial dada desde la más antigua práctica histórico-social en cuanto a la naturaleza del conocimiento geográfico, es la noción que responde al dónde: esto es, a la localización, ya por referencia física, astronómica, o geográfico-geométrica, de donde se sigue que este es un conocimiento físico y matemático aplicado al entendimiento del espacio terrestre en particular, o geográfico en general.

 

Siendo el espacio un atributo físico de la realidad objetiva, de esta manera, un segundo postulado es que la geografía es, en consecuencia, una ciencia natural de la naturaleza inorgánica.

 

A partir de ello puede establecerse su conjunto breve de regularidades observadas y deducidas a manera de leyes más generales, denominadas principios.

 

 

Principios.

 

La geografía, sobre la base de sus postulados, tiene como un primer principio, el ser una ciencia de las interacciones físicas externas entre los estados de espacio.

 

En consecuencia, un segundo principio establece que por estado de espacio ha de entenderse un conjunto de propiedades medibles, o magnitudes, de una condición del espacio o forma de existencia de la materia, en primer lugar, ya como un espacio discreto (planeta) en calidad de cuerpo; para, luego, en segundo lugar, establecer su condición o forma de estado: sólido, líquido, gaseoso, plasmático, coloidal, etc; como condición suficiente, y en donde con mayores magnitudes en unidades consistentes de espacio-tiempo, es posible pasar del conocimiento de unos a otros.

 

El conocimiento de los estados de espacio en sus interacciones físicas externas supone, como un tercer principio, el principio de localización, ya como la forma condensada de una distribución, o bien como la forma desplegada de un conjunto de localizaciones.

 

Las interacciones físicas externas (inmersas en el principio filosófico de relación universal), entre los estados de espacio, establece entonces, una cuarta regularidad general como el principio del orden de coexistencias.  Esto es que, los estados de espacio se localizan y distribuyen en el espacio más general, con arreglo a la interacción física externa de sus magnitudes.

 

 

Categorías Fundamentales.

 

Al tratar el tema de las categorías, lo primero a aclarar es que que estos son conceptos fundamentales, es decir, que encierran en sí mismos desarrollos teóricos básicos, y en ese sentido se distinguen de todo otro concepto en el análisis geográfico.  Por tal razón, esos conceptos fundamentales en calidad de categorías, constituyen, en segundo lugar, un conjunto limitado, pero suficiente,, para reflejar las facetas esenciales del objeto de estudio.

 

Las categorías fundamentales, según lo anterior, forman, entonces, el aparato metodológico más general y esencial, en este caso, del conocimiento geográfico, cuyas propiedad más esencial es su carácter dialéctico.  Es decir, las categorías forman pares de contradicciones (no antagónicas), indisolubles, en las cuales un opuesto se transforma en el otro.  Romper esa dialéctica, es condenar el método más general de la geografía, a un análisis estático y mecánico, incapaz de desentrañar las causas y movimiento dela realidad y naturaleza del objeto de estudio.

 

Todo el “truco” del conocimiento científico en cualquier campo de estudio e investigación (no sólo en geografía), está en la capacidad del manejo amplio y profundo, implicando todos sus fundamentos teóricos, del conjunto de categorías fundamentales, en ese sentido hay en ello implícita una lógica, y es en ello en lo que radica la importancia esencial del aparato de categorías fundamentales.

 

De 1980 en que relacionábamos tres o cuatro pares de categorías, al 2013, ese sistema que hace la lógica de la geografía, comprende por lo menos unos diez pares de categorías.

 

Imaginémonos (en un caso ideal un tanto mecánico), como los geógrafos más primitivos que podamos, haciendo conciencia por primera vez, del mundo que nos rodea.  Observamos a nuestro alrededor, y lo primero que geográficamente conceptuamos, es la pregunta deldónde, dónde se está; y responder a ello supone una lógica, como reflejo de la lógica misma del lugar, dada en su estructura o situación.  Así, dialécticamente, el lugar condensa esa situación, como la situación es el lugar desplegado.

 

El lugar más general, es la Tierra misma como planeta, y su situación se refleja, en principio, como un “Eje del Mundo” en torno al cual el firmamento “gira alrededor de la Tierra”, donde tal Eje da el sentido más primario y general de orientación, que determina ciertas direcciones básicas, con lo cual es posible dar un salto del mero sistema físico de referencia de carácter empírico concreto, a un sistema de referencia astronómico, que ya supone cierta conceptualización teórica; de modo que el sistema de referencia físico se convierte en ese momento en una estructura afín al sistema de referencia astronómico, más abstracto y general.  Y dialécticamente, así como la orientación condensa un conjunto de direcciones de referencia concreta o abstracta, ese conjunto de direcciones es la orientación desplegada.

 

Habiendo reflexionado en ello como los primeros conocimientos geográficos teóricos fundamentales, entonces el lugar se convierte en una localización; esto es, la Tierra misma se conceptúa como una localización, en este caso, respecto del conjunto de astros del Universo, que forman otras localizaciones; y lo mismo se puede plantear par una localización de la superficie terrestre respecto de otra; y de esta manera, un conjunto de localizaciones hace una distribución, o en términos dialécticos, así como una localización condensa un conjunto de distribuciones, una distribución despliega una localización.  Así, en un conjunto dado, una distribución constituye una localización en sí misma, tal como la localización se entiende como un conjunto de distribuciones.

 

Pero veremos de inmediato que ese despliegue de una localización en su distribución, implicará una extensión (lineal, superficial o volumétrica), y esa extensión podrá suponer o no, límites.  La extensión, dialécticamente, condensa los límites, como los límites despliegan la extensión.

 

En geografía, el concepto de descripción adquiere un carácter más especial que su pura connotación dada en el método de la ciencia como la enumeración simple de cualidades empírica y concretamente dadas.  La descripción en geografía denota el trazo simbólicamente abstracto de los estados de espacio en un análisis espacial (por ejemplo, cartográfico), y estos trazos, en los parámetros de un sistema de proyección de coordenadas y escala, implicarán ya un concepto no sólo cuantitativo acerca de propiedades abstractas, sino un carácter causal de las propiedades del espacio.

 

Luego, esa descripción, como toda descripción, se despliega en un conjunto de comparaciones; o, dialéctica e inversamente dicho, toda comparación, se condensará en una descripción.  Ese geógrafo primitivo que hemos imaginado en las circunstancias más primarias, en este punto estará obteniendo un conocimiento de extraordinario detalle de las propiedades del espacio, particular y geográficamente expresados en el grafos de esta ciencia: el mapa.

 

Con ello, nosotros, en calidad de ese geógrafo primitivo, estaremos en posibilidad de poder empezara establecer  ciertas relaciones entre lo existente; ya porque éstas se despliegan de manera evidente como una conexión directa, ya porque aún sin aparente conexión, esa relación existe; o inversa y dialécticamente dicho, un conjunto de conexiones posibles, se condensarán en una explicación de relaciones.

 

Nuestro conocimiento del espacio como geógrafos primitivos, adquirirá una forma, teóricamente dicho, adquirirá un isomorfismo (o una morfometría); y ésta no puede ser sino la condensación de las contradicciones entre posibles unidades morfológicas, y su situación de anamorfismo (o anamorfometría), que pareciera negarlos pero que, en su caso, por excepción, las afirma.

 

Como primitivos geógrafos del neolítico o quizá ya de la Edad de los Metales, nuestra mirada se dirigiría a las regularidades de mayor evidencia: las simetrías, distinguibles de su ausencia, las asimetrías; e incluso observaríamos que, dialécticamente, algo que a una escala aparece asimétrico, a otra, muestra su perfecto orden de simetría, y viceversa.  Lo asimétrico puede desplegar así a lo simétrico; como lo simétrico, en un momento o escala dada, puede contener la asimetría.

 

Y lo anterior, dado respecto a tres magnitudes del espacio, se traducirá en las categorías de sincronía y asincronía en la coordenada del tiempo.  Lo que en un lapso puede parecer asincrónico, en otro, a otra escala de tiempo, mostrará su plena sincronía, y viceversa.

 

Ese geógrafo de los tiempos ancestrales, como tal, en la pureza del origen, incidirá en las propiedades del espacio objetivamente dado, y antes que ver “fenómenos” como tales, verá estados de espacio uniformes o disformes; esto es, de “forma única” o sin “forma única”; de un bosque no verá las especies de árboles, sino la expresión de las categorías geográficas dadas en su uniformidad o del rompimiento de la misma.

 

En especial hay otras categorías, que ahora mencionaremos para destacar mediante ellas un problema teórico metodológico esencial.  Son, primero, las categorías fundamentales de zonalidad y azonalidad, y sectorialidad y asectorialidad.  Aluden por forma, obviamente, a extensiones espaciales, pero por su contenido, no son arbitrarios convencionalismos de escala o magnitud de espacio, sino estructuras objetivas del espacio geográfico.  El concepto de zonalidad derivó de la teoría de las esfrágidas de Eratóstenes (conforme se vieron uniformidades, sincronías, simetrías, isomorfismo, relaciones, etc), que contrastaron las “zonas climáticas” (donde “clima”, aquí, no significa “estado promedio de la atmósfera”, sino lo que etimológicamente es: una inclinación, referida ésta al grado de latitud en relación con la incidencia de los rayos solares).  Y esas “zonas de inclinaciones”, son las gradaciones tórrida, desértica, templadas, frías, y polares, lo que dio lugar a la asociación actual de “clima” como las condiciones ambientales promedio”, pero gradación que con un sentido más propiamente espacial, objetivamente se refiere a las extensiones latitudinales de la zona ecuatorial de 0°j, a los 23°27’j, o zona de los trópicos, y de los 66°33’ja los 90°j, o zonas polares.

 

Luego, esas zonas latitudinales objetivamente dadas, se ven cortadas, interrumpidas, por la alternancia de continentes y océanos que modifican transversalmente las características del espacio terrestre, y objetivamente forman los llamados sectores.

 

De igual manera, en segundo lugar, se da en el pensamiento geográfico como reflejo objetivo de la realidad objetiva, y no como algo convencional, los conceptos fundamentales de planetaridad y regionalidad, como la relación espacial entre el todo del espacio y la parte del mismo.

 

Pero el tratamiento idealista, subjetivista y mecanicista de estas categorías (zonalidad, sectorialidad, planetaridad y regionalidad), las convierte en meras “tipologías del espacio”, en clasificación de escalas fijas, inamovibles, muertas, despojándolas de toda su riqueza metodológica.

 

Una vez más, debe entenderse que así como una categoría despliega a la otra, aquella es condensación de ésta; por ejemplo, la región despliega la planetaridad, como la planetaridad condensa las regiones; pero, a la vez, planetaridad y región (como en el caso de todas las demás categorías) son lo mismo, en dos categorías semejantes que expresan relaciones distintas en distintos momentos, y, por lo tanto, que se intercambian una a otra.

 

Aquella que en un momento dado  expresa la generalidad, en otro se hace lo particular; aquella que en un momento dado define lo particular, en otro, ello mismo expresa lo general.  Estas categorías no son “tipologías” clasificatorias, fijas y mecánicas; sino conceptos abstractos que reflejan la realidad objetiva, y como ella, se mueven, se intercambian y permiten darnos una comprensión más profunda de esa realidad.

 

Leyes.

 

La esencia de una ciencia radica en un conocimiento dirigido por el descubrimiento de las leyes objetivas que explican las regularidades del objeto de estudio.

 

Hay dos tipos de leyes que reflejan esas regularidades: 1) las leyes empíricas, de carácter descriptivo, que explican regularidades objetivas observables directamente por sus simples propiedades cualitativas; y 2) las leyes teóricas, de carácter explicativo causal, que explican regularidades objetivas deducidas luego de ciertas mediciones y análisis de propiedades cuantitativas.  Un as se siguen de otras luego de largos procesos de observación, medición y elaboración de hipótesis.

 

En la ciencia de la geografía, a lo largo de su historia, únicamente se han establecido unas cuantas leyes empírico-descriptivas de orden cualitativo; y, peor aún, estas no se han reconocido como tales sino hasta hace relativamente muy poco tiempo, a partir de los años setenta del siglo XX.

 

Que haya pocas leyes empíricas no es lo grave; es algo, en principio, normal, lo suficiente; lo que verdaderamente motiva a una seria reflexión, es el que en geografía, desde el siglo XVIII en que lo empezaron a hacer todas las ciencias, no se haya enunciado regularidad que implique una ley teórica.  Y la reflexión no va tanto en el sentido de entender por qué ha ocurrido esto; que evidentemente ha sido a falta de claridad en la determinación y definición de su objeto de estudio; sino precisamente ene le sentido de que un trabajo científico objetivo a partir de la ciencia de la geografía dada hasta el siglo XVIII (la cartografía con la propiedad de la conformalidad, de Mercator, la cartografía con la propiedad de equivalencia, de Sanson, la determinación de la coordenada de altitud, por Bauche, e incluso la fuerza de desviación como consecuencia de rotación de la Tierra, por Gaspar Coriolis), de haberse continuado consistentemente, habría hecho luz acerca del objeto de estudio: las propiedades del espacio.

 

Lo cierto es que ello no ocurrió así, en los hechos, el pensamiento geográfico materialista del siglo XVIII, al paso del siglo XIX, fue sustituido por el pensamiento geográfico idealista, y los estudios espacial-cartográficos fueron reemplazados por el fenomenismo naturalista, y un saber enciclopédico que fundamentó el hacer geográfico hasta los años setenta del siglo XX.

 

Al darse un viraje nuevamente al pensamiento geográfico de origen en los años setenta a ochenta, fue entonces que afloró nuevamente el espíritu científico en geografía, y comenzó a hablarse de las primeras leyes empíricas por Riábchikov, en 1976, en su obra Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica.

 

Alexandr Maximovich Riábchikov menciona dos leyes empíricas del espacio terrestre, y en ese sentido, geográficas: 1) la ley de la zonalidad planetaria; y 2) la ley de la distribución sectorial.  La primera enunciada desde la Antigüedad por Eratóstenes; y la segunda, quizá si atribuible a Riábchikov.  Sus regularidades cualitativas están a la vista, son producto de la observación, no tuvieron que ser deducidas teóricamente.

 

Pero siguiendo esa libertad de Riábchikov, puede rescatarse la mencionada ley de la desviación por efecto de rotación (más conocida como ley de Criolis), establecida por Gaspar Coriolis (1742-1843), a principios del siglo XIX), de evidentes efectos espaciales  Pero de igual manera, en orden histórico, pueden enunciarse por nuestra parte como leyes empíricas, ciertas regularidades espaciales básicas como: 1) la ley de a bipolaridad de la Tierra; 2) la ley de la simetría-asimetría hemisférica; 3) la ley del campo de gravedad de la Tierra como determinante del espacio geográfico; 4) la ley de la precesión de los equinoccios; 5) la ley del giro del eje de los nodos; 6) la ley de la sucesión de las estaciones del año; 7) la ley de la sucesión del día y la noche; 8) la ley de la ortodromia; 9) la ley de la loxodromia.

 

Todas ellas refieren, pues, propiedades básicas del espacio terrestre, que se emplean con inexorable regularidad permitiendo la predicción científica en general en geografía.

 

Y si como leyes empíricas espaciales empíricas revelan su importancia, el reto para una geografía unificada, claramente ya determinado y definido su objeto de estudio, está en descubrir, en forma deductiva, sus leyes teóricas.

 

 

Teorías.

 

Las teorías en la ciencia, expresan su avance, su desarrollo.  Las teorías en la ciencia pueden ser de diversos tipos, según aquello a lo que están referidas, y en general, expresando los avances de la ciencia, sus aspectos de punta, que suelen darse en forma contradictoria.

 

En geografía, la teorías, nuevamente como en el caso de  las leyes, sólo hay enunciadas de carácter cualitativo; teorías rigurosas cuantitativas que impliquen medición y experimentación, inferencias hipotético-deductivas, no hay elaboradas en esta disciplina de conocimientos.

 

Ya desde 1969 David Harvey hacía la crítica a ello; pero, nuevamente como para el caso de las leyes, cuando no había claramente determinado y definido su objeto de estudio respecto del cual precisamente teorizar, era vano pretender la aparición d teorías científicamente rigurosas.

 

La importancia de disponer ahora de una teoría única de la geografía ya exclusivamente como ciencia del espacio, es que ello le permitirá centrar sus esfuerzos en los registros propios, afines al objeto d estudio, y en la elaboración de teorías cuantitativas, de medición e hipotético-deductivas acerca de las propiedades del mismo, superando las teorías cualitativo-descriptivas, que sólo disertaban, o acerca de otros campos de estudio, o sobre propuestas acerca de su identidad.

 

Como consecuencia de este nuevo nivel en la investigación geográfica, la previsión científica en geografía será a su vez, de mayor rigor científico, siendo así, ahora, más que por fin educativo básico, realmente de mayor utilidad social.

 

 

Conclusión.

 

 

Lo que nunca creímos que quedaría en nuestras manos, finalmente sí quedó nos quedó elaborarla: la teoría unificada de la Geografía.  Con ello, nuestra contribución profesional ya no fue parcial, sino de una conversión total y sustancial del concepto de esta ciencia, con la más profunda satisfacción profesional, y tanto más, cuanto lo logramos contra toda adversidad, llevada a un extremo insospechado, no creíble por la intolerancia extrema contenida en ella en forma de una represión política por defender públicamente en la Reforma Educativa en México (2012-2013), una educación fundada en el concepto de la ciencia y el método de la ciencia de la modernidad ilustrada.

 

 

 

Nuestra vida profesional se inició prácticamente con la ponencia al IX Congreso Nacional de Geografía que resumía nuestra tesis de licenciatura en esta especialidad: “Geografía: Fundamentos de su Teoría  del Conocimiento” (1983).  Luego participamos en el X Congreso Nacional de Geografía (1985), y en el XI Congreso Nacional de Geografía (1987).  Tras una larga “proscripción” impuesta por la geografía “oficial” institucional (una persecución inquisitorial institucional oscurantista por poco más de veinte años, que hasta 1994, antes de la crisis económico-social, pudimos contrarrestar, quedando tras ella en calidad de la no-existencia por quince años, hasta el 2009 en que creamos nuestro Blog: espacio-geografico.over-blog.es, y en los cinco años siguientes (2009-2014), no sólo recuperamos ese tiempo “perdido”, sino con las ideas maduras, pudimos culminar todo el trabajo teórico que implicaba la consolidación de la Geografía como ciencia rigurosa, prevista ya en nuestra tesis de licenciatura, primera en el campo de la geografía teórica en México.

 

 

 

Apasionados de la simetría, circunstancialmente en el año 2010 tuvo lugar el XIX Congreso Nacional de Geografía (diez congresos después del primero en que participamos), y con una “ponencia virtual”, forzamos nuestra presencia moral en el hacer de la ciencia de la geografía en México; de la misma manera lo hicimos con el XX Congreso Nacional de Geografía (2012), y finalmente en este XXI Congreso Nacional de Geografía (2014), con el cual ponemos punto final a nuestra vida profesional, y con ello al compromiso moral e intelectual para con la geografía en México, que al final, gracias a la Red Internacional de Información (Internet), se convirtió en compromiso moral e intelectual con la comunidad mundial de geografía.  Cuando transcribimos esta conclusión, puesto lo más posible en orden nuestros últimos materiales, ya es 14 de marzo de 2014, a unos días de dedicarnos de lleno a un enfrentamiento con el Gobierno del D.F. por su represión nazi-fascista sobre nuestra persona ya por un año.

 

 

 

Lo que dejamos a las futuras generaciones de geógrafos no es mucho, simplemente es todo; requerirán de una gran entereza ética profesional (en una lucha contra el oscurantismo), para poder avanzar en nuestra propuesta, que en tanto objetivamente dada, es el desarrollo objetivo mismo de la ciencia de la Geografía; no hay otro modo, y los falsos caminos, como el plagio de ideas, como la historia de la ciencia lo prueba una y otra vez, más tarde o más temprano evidenciarán la deshonestidad, y breves momentos de “gloria”, serán tornados en vergonzosa eternidad para la historia, que no perdona.

 

 

 

 

Recibimos una disciplina de conocimientos en el más absoluto caos, desarticulada en múltiples geografías dadas en innúmeras aplicaciones confundidas como “ramas” de especializaciones de la Geografía misma; sin definición científicamente fundada de su objeto de estudio; sin definición de método propio; pretendiendo ser todo y siendo nada a la vez; sin orden histórico, sin fundamento teórico lógico.  Entregamos una ciencia de la Geografía con pleno fundamento en todo ello coherentemente determinado y definido.  Por nuestra parte, en el compromiso moral, intelectual y profesional que nos impusimos, hemos cumplido.  Damos por terminada nuestra vida profesional con todas sus contribuciones hechas, no por “México”, o por la “geografía mexicana” ni nada de esas pamplinerías ya absurdas.  Nuestras contribuciones han sido por la ciencia, que hoy ya no puede ser sino proletaria, al servicio del proletariado como la clase social depositaria del futuro.

 

 

 

 



[*]    Ponencia al XXI Congreso Nacional de Geografía, Monterrey, N.L; 20-27 de octubre de 2014; presentada en forma “virtual” al ser publicada el lunes 20 de octubre de 2014 en http://espacio-geografico.over-blog.es/

 
 

[**]  Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía, sc (SMTHG).  Editor de: <<“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica>>.


 
 

 

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