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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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26 octubre 2014 7 26 /10 /octubre /2014 23:05

Editorial

Clasificación de las Ciencias, 1976; Kedrov 

Kédrov, B.M; Clasificación de las Ciencias; 1976.

Entre las últimas obras de la Academia de Ciencias de la URSS que traducidas al español nos llegaron a México, esta obra de Kédrov refleja perfectamente bien el estado de desarrollo alcanzado por la ciencia soviética en el campo de la clasificación y lógica de las ciencias, como reflejo de la lógica misma del mundo objetivo.   A su vez, una obra que muestra el estudio de los alcances y limitaciones del pensar dialéctico materialista hasta esos años setenta, momentos antes del declive generalizado.

 

*

 

Con una formación en el marxismo que nos impusimos por firme convicción ya desde 1967; cuando apenas éramos estudiantes de la escuela secundaria, al leer un trabajo de Engels en el que demuestra la verdadera naturaleza del anarquismo. “Los Bakuninistas en Acción”, y nos extrajo de esa línea, que pretendíamos como continuadores del pensamiento magonista en México; entre 1979 y 1981 leímos la obra de Kédrov: Clasificación de las Ciencias, 1976; no dejándonos satisfechos.  La dialéctica de éste no alcanzaba a desentrañar la situación de la geografía, y, más aún, lo que él veía en autores como Chizhov, Krasnov, Lukashévich, o Hettner, resultaba opuesto a lo que nosotros veíamos; y criticó justo lo que tenía que ser rescatado mediante la dialéctica materialista, para poder entender la realidad y naturaleza de la Geografía.

 

Sin embargo, siendo nosotros estudiantes y él no sólo una autoridad en la materia de clasificación de las ciencias, sino expresión del marxismo, apenas vagamente nuestra crítica no fue más allá de poner discretamente en duda lo dicho por él, remitiéndonos a Engels en la lógica del conjunto de las ciencias, y, esencialmente, teniendo presente que, solvuntur objeciones en el texto de Kédrov, nos quedábamos en sentido positivo con lo criticado, lo cual, no obstante; prolapso de quince años; tardamos en desentrañar.

 

*

Clasificación de las Ciencias, 1976; KedrovFilosofía de la Geografía.


[____]  Análisis Crítico a la Geografía Espacista en la Clasificación de las Ciencias de Kédrov (1/3).

 

[____]  Los Estados de Espacio y la Geografía Única.  (1/2)

 

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26 octubre 2014 7 26 /10 /octubre /2014 23:04

Clasificacion-de-las-Ciencias--1976--Kedrov.jpgAnálisis Crítico de la Geografía Espacista en la Clasificación de las Ciencias de Kédrov, 1976 (1/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

08 sep 12.

 

La Clasificación de las Ciencias, 1976, de B.M. Kedrov, particularmente en su Tomo II, una de cuyas partes que aquí analizamos, es una obra fundamental para entender los problemas de la ciencia contemporánea.  La trabajamos con cierta profusión en aquellos años de 1979 a 1981 en que elaborábamos nuestra tesis de licenciatura en Geografía, y a través suyo pudimos vislumbrar el estado de la posición en la Unión Soviética respecto de la Geografía, y, por lo tanto, de la existencia de aquella geografía en el “mundo oriental” en la corriente espacista; y, más aún, y ello es lo que motiva este análisis, esta fue una de esas primeras escasas fuentes de donde abrevamos sobre el pensamiento hettneriano, que, como veremos, mal entendido a su vez por Kedrov, lo que nos dificultó aún más la comprensión plena de Hettner por mucho tiempo.

 

En los años 1979 a 1981 trabajamos esta obra con objetivos más amplios: era el conocimiento de los autores y su posición, de su definición del objeto de estudio y método de la geografía, de su solución a la contradicción histórica esencial de esta ciencia, etc.  Ahora que volvemos a ella treinta años después, lo hacemos yendo directamente a los subrayados y discriminando en ello todo cuanto no está ahora en nuestro marco teórico geográfico (espacista); lo que nos plantea una reinterpretación de la lectura rescatando dialécticamente lo que estaba sujeto a una interpretación dada en aquellos años setenta en una línea de pensamiento marxista en ese entonces, y ello es, en esencia, a saber, la interpretación filosófica que se hacía del espacio como conjunto de propiedades objetivas de la geometría de las cosas, por las cuales no es que el espacio como tal exista, sino que la existencia de las cosas es espacial.; aspecto determinante para poder entender las posiciones respecto de la geografía como ciencia estudiosa del mismo.

 

Así, para Kedrov, centrada la geografía en las coas (y no en el espacio que llenan a lo metafísico), de principio, hay ya un gran sesgo que lo va a extraviar en los entreveros del fenomenismo, que él, particularmente, trata entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX en Rusia.

 

Teniendo siempre presente que el problema de Kedrov es el de la clasificación de las ciencias, esa “geografía fenomenista” le va a representar un enorme problema que, como tal, revisa en diversos geógrafos, principalmente del período de la influencia dominante del positivismo, fundado en el principio de coordinación de las ciencias, y de las cuales va a examinar sus diversas corrientes en las teorías clasificadoras (evolucionistas, sociologistas, y geográficas).

 

Para una “geografía fenomenista”, resolver una clasificación de las ciencias, es resolver su “lógica interna”, y de ahí surge la llamada “corriente geográfica” en la clasificación de las ciencias.  Tratará cinco autores esenciales de la segunda mitad del siglo XIX: Semionov Tian-Shanski, Mechinkov, Anuchin, Krasnov, y Chizhov, siendo los dos últimos de particular importancia.

 

Kedrov comienza por analizar las posiciones de Seionov Tian-Shanski, eminentemente ritteriano.  Seguidor de éste ubica a Krasnov, para quien la geografía: “…se dedica –dice Krasnov– al estudio de la superficie de nuestro planeta…, las demás geografías son generalizaciones…, de carácter geográfico de la ciencias…”[1].  Por lo que, ecidentemente, ni por la definición del objeto de estudio que da Krasnov, ni por su explicación teórica de las generalizaciones geográficas; ni a fines de los años setenta como hoy menos; podemos considerar a Krasnov como “geógrafo fenomenista”, sino claramente espacista; que, además, nos está avanzando ya desde el siglo XIX un fundamento teórico de esencial importancia.  De Mechinkov critica Kedrov su fenomenismo que desemboca en planteamientos de determinismo geográfico, y de Anuchin, por lo contrario, se rescata una posición eminentemente fenomenista.

 

Kedrov, sin embargo, como a diferencia de Kranov, si va a reconocer en Chizhov una “geografía espacista”, y de tal importancia, que le dedica un extenso apartado.

 

Chizhov, buscando esa lógica interna de la geografía en la clasificación de las ciencias, elabora la suya en 1896, con un fundamento positivista.  Para Chizhov, apunta Kedrov, la geografía es una ciencia descriptivista (concreta) que falta en la serie básica de la clasificación de Comte, siendo semejante –dice Chizhov– a la astronomía.

 

La manera en que Kedrov interpreta a Chizov es muy interesante: todo el campo de conocimiento constituye una cadena de fenómenos, en donde puede uno imaginarse a cada ciencia como un eslabón, y cita de Chizhov:  “Pero se puede separar no eslabones enteros, sino lados, o aspectos, de la misma cadena de fenómenos y analizarlos de parte a parte en todos sus eslabones…”[2].  Y más aún, tomando de Anuchin una cita que hace éste de Chizhov, dice: “La geografía estudia independientemente sólo un género de dependencia: la condición y la dependencia de los fenómenos heterogéneos, que devienen de las relaciones espaciales”[3].

 

Kedrov, sin dar más elementos, interpreta que Chizhov no se limita a considerar “la yuxtaposición exterior de las cosas” en el tratado de un lado de la cadena, sino lo vínculo internos de los fenómenos o eslabones.  Ahora entendemos que no necesariamente pudiera ser así, sino que, lo que pudiera ser, es que Chizhov se refiere a las propiedades espaciales de los fenómenos.

 

El problema de Kedrov no sólo fue el sesgo del concepto de espacio en la dialéctica, sino una geografía teórica aún poco desarrollada, que no había teorizado –y difícilmente podría haberlo hecho–, sobre el concepto de espacio.

 

Luego Kedrov aborda al geógrafo ruso de la primera mitad del siglo XX: Lukashévich, que lo ubica como continuador de Chizhov y Hettner en el inicio del poder soviético.

 

Lukashévich, hettneriano, en 1919, se inclina por los estudios geológico-geomorfológicos en geografía, y en cuanto al problema de la lógica interna de esta como hasta entonces se intentaba, dada en la clasificación de las ciencias, simpatizaba, a decir de Kedrov, por la clasificación de Comte “con algunas modificaciones”, y entre ellas, el que Lukashévich habla de las ciencias derivadas de la sucesión básica, y entre ellas menciona lógicamente a la Geografía, de una manera que comienza a ser más consistente con los criterios de la clasificación de Engels.

 



[1]        Kedrov, B.M; Clasificación de las Ciencias; Editorial Progreso, T. II; Moscú, 1976; p.134.

[2]        Ibid. p.135 (subrayado suyo).

[3]        Ibid. p.136

 

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26 octubre 2014 7 26 /10 /octubre /2014 23:01

Ícono Geografía Educativa (Globo TerráqueoLos Estados de Espacio y la Geografía Única.  Artículo, 2012 (1/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

26 abr 12.

 

 

El tramo definitivo del camino de la Geografía a estatuirse en ciencia moderna, nos tocó darlo a nosotros en un largo lapso que ha ido de 1981 en que llegábamos independientemente a la conclusión de que el espacio terrestre constituía el objeto de estudio de la Geografía.

 

Si bien eso no fue un “descubrimiento” como tal, pues ello ya estaba en el pensamiento geográfico de todos los tiempos y en esa forma conclusiva ya antes Alfred Hettner (1927) lo había establecido, aun cuando con alguna inconsistencia lógica o insuficiencia en la exposición dl contenido y extensión real del concepto; cierto es también, que ello era tan nuevo como un planteamiento teórico bien olvidado, y algo que logramos hacer, primero, independientemente; y segundo, con el real aporte de la aplicación de la dialéctica materialista, que dio oro ángulo interpretativo.

 

Ocupados toda la década de los ochenta en demostrar que lo que la geografía estudiaba no eran los fenómenos, sino el espacio (lo que ello fuera), cometimos la omisión de no definirlo (en última instancia aún no era ese el propósito).  Esa no fue una tesis aceptada en la práctica sino hasta fines de 1989 en el Foro Académico del Instituto de Geografía, UNAM.

 

A partir de ahí, si por una parte ya se nos había “proscrito” desde 1985 (es decir, se nos aplicó la “muerte geográfica”, y hoy hablamos desde ultratumba), por otra parte, la institucionalidad, tras ese Foro Académico, debió abordar decididamente la investigación sobre ese objeto de estudio desde su realidad y naturaleza.  Si así lo hizo y dados los resultados esos trabajos se convirtieron en ocultamiento de documentos conventuales, malo; pero menos malo que si lo que se hizo, fue nada.

 

Que en los años setenta, y en cierto modo aún en los ochenta, los estudios de la geografía aún seguían produciendo por su contenido una geografía decimonónica, ello era perfectamente entendible: no había una teoría superior, o, por lo menos, aún no era la suficientemente firme.  Pero luego de 1989, la firmeza de esa teoría superior ya era tal, que tuvo que ser reconocida institucionalmente al fin (y ese proceso, para quien sabe de historia de la ciencia, es perfectamente entendible); pero desde ese momento, toda geografía de contenido decimonónico era ya absolutamente condenable, era ya una posición retrógrada.

 

Hasta allí, nosotros íbamos, por lo menos, diez años adelante en el conocimiento geográfico.  Pero con la crisis económico-social de 1994-1995, todo se detuvo; y por quince años nos vimos forzados a salir de la escena del hacer geográfico.  Esa fue la oportunidad para que plagiarios de ideas y usurpadores de teorías sin mérito propio, piratas con patente de “oficialidad” institucional que embusteramente hicieron pasar raras fuentes documentales por el contenido de la nuestra, se hicieron de nuestras ideas y las presentaron, primero, en forma mecánica, ajenas a la dialéctica materialista propia en que fueron expuestas; y segundo, en forma retorcida de modo tal que, “estudiar el espacio”, resultaba estudiar nuevamente los fenómenos y sus relaciones repitiéndose así el contenido geográfico que venía desde el siglo XIX.  El concepto de “espacio” se convirtió, en esa intelligenticia, en no más que un “discurso” intelectualoide, en un sinónimo baladí para referir lo que como estudiosos de la geografía, sería “lo nuestro”.

 

En 2009 volvimos al proscenio, y, nuevamente, en tres años, tuvimos que recuperar aquellos tres lustros perdidos.  Y, en consecuencia, luego de aquel primer paso encaminado a la Geografía en el rigor de la ciencia moderna con un fundamento de su teoría del conocimiento lógicamente consistente, dado desde 1981, dimos, por fin, treinta años después, en el 2010, el segundo paso: expusimos la definición de “espacio geográfico”; eso es: “la dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta”.  Lo que el geógrafo estudia es eso, las relaciones internas y externas de la condición tridimensional, y más aún, tetradimensional incluyendo al tiempo; y así, no de nada metafísico subjetivo, sino de los estados generales continuos y discretos del espacio terrestre.

 


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19 octubre 2014 7 19 /10 /octubre /2014 22:05

Editorial

Barimagnetoide 

Barimagnetoide.  La forma de la Tierra, una propiedad espacial esencial, es, para el autor de esta Revista de Geografía Teórica, la de un complejo de sistemas coordenados, tanto de un un estado de espacio como centro de gravedad o masa de estado de espacio discreto, como de una geometría de un campo magnético o estado de espacio continuo, respecto de la geometría del esferoide y el elipsoide.

 

*

 

Hasta 1993, haciendo nuestras propias reflexiones teóricas acerca de la estructura del espacio geográfico, llegamos a la conclusión de que éste dependía esencialmente de una masa gravitatoria; que veinte años después reconocimos como el estado de espacio discreto principal entre los componentes estructurales del espacio geográfico; y una geometría de un campo magnético, estado de espacio continuo principal en esa composición, a lo cual denominamos como barimagnetoide, y cuya figura publicamos en nuestra Geografía Básica, 1994.

 

Un segundo paso en esa dirección del conocimiento de la estructura y composición del espacio geográfico, lo dimos al cabo de esos veinte años después, entre 2011 y 2012, en que en una nueva reflexión elaboramos una analogía del espacio con el cristal, lo cual resultó enormemente fructífera para comprender las propiedades dimensionales del espacio, que en tanto espacio geográfico, nos daba una estructura del barimagnetoide tratable en ciertas magnitudes.

 

El tercer y definitivo paso para corroborar la dirección correcta en el entendimiento del espacio geográfico, lo obtuvimos al hacernos, en el 2012, de la obra de Genadi Nicolaevich Katterfeld, La Faz de la Tierra y su Origen, 1962; apenas recién instalada en la Red Internacional de Información por la Agencia Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA), en el 2009.  Esto quiere decir que, hasta antes de ese año en que empezamos a publicar nuestros materiales en este Blog, sólo hubiéramos podido disponer de la esencial teoría de Katterfeld, en un mapamundi ecuatorial y otro polar, representando la asimetría triaxial de rotación, insuficientemente interpretada por Alexandr Maxímovich Riábchikov en su obra, Estructura y Dinámica del Espacio Geográfico, 1976; al punto que la idea esencial: precisamente esa asimetría triaxial de rotación en la interacción de masas líticas plásticas en el origen de su formación, se hacía difícil rescatarla.

 

Hoy, en función de todo ello, se estructura y desarrolla la teoría del espacio geográfico, dando una profunda y rigurosa identidad a la ciencia de la geografía, cuya vasta teoría de su unidad, presentamos aquí en su síntesis, como ponencia al XXI Congreso Nacional de Geografía en México, y con lo cual damos por concluido nuestro compromiso profesional históricamente dado.

 

*

GloboidePonencias y Monografías.

 

[____]  Ponencia al XXI Congreso Nacional de Geografía: “Síntesis de la Teoría Unificada de la Geografía”, México, 2014.

 

 

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19 octubre 2014 7 19 /10 /octubre /2014 22:01

 

Ponencia la XXI Congreso Nacional de Geografía.

“Síntesis de la Teoría Unificada de la Geografía”[*]

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri[**]

http://espacio-geografico.over-blog.es/  

02 ene 14.

 

Una geografía única sobre la base del principio unificador de la abstracción y generalización de las categorías de “fenómenos” y “espacio” en la categoría de “estados de espacio”, permite establecer con consistencia lógica en la homogeneidad, un sistema de conocimientos hipotético-deductivos desde los postulados mismos de toda ciencia, deduciendo en forma axiomatizada principios, categorías, leyes y teorías.

 

 

Postulados.

 

Un postulado es la afirmación que se hace acerca de algo, aparentemente sin necesidad de demostración, es decir, sin aparente necesidad de deducirlo lógicamente de nada; pero, en realidad, ello no se da subjetiva o arbitrariamente, sino es una afirmación deducida de la ancestral práctica histórico-social elemental.

 

Así, una afirmación, la más general y esencial dada desde la más antigua práctica histórico-social en cuanto a la naturaleza del conocimiento geográfico, es la noción que responde al dónde: esto es, a la localización, ya por referencia física, astronómica, o geográfico-geométrica, de donde se sigue que este es un conocimiento físico y matemático aplicado al entendimiento del espacio terrestre en particular, o geográfico en general.

 

Siendo el espacio un atributo físico de la realidad objetiva, de esta manera, un segundo postulado es que la geografía es, en consecuencia, una ciencia natural de la naturaleza inorgánica.

 

A partir de ello puede establecerse su conjunto breve de regularidades observadas y deducidas a manera de leyes más generales, denominadas principios.

 

 

Principios.

 

La geografía, sobre la base de sus postulados, tiene como un primer principio, el ser una ciencia de las interacciones físicas externas entre los estados de espacio.

 

En consecuencia, un segundo principio establece que por estado de espacio ha de entenderse un conjunto de propiedades medibles, o magnitudes, de una condición del espacio o forma de existencia de la materia, en primer lugar, ya como un espacio discreto (planeta) en calidad de cuerpo; para, luego, en segundo lugar, establecer su condición o forma de estado: sólido, líquido, gaseoso, plasmático, coloidal, etc; como condición suficiente, y en donde con mayores magnitudes en unidades consistentes de espacio-tiempo, es posible pasar del conocimiento de unos a otros.

 

El conocimiento de los estados de espacio en sus interacciones físicas externas supone, como un tercer principio, el principio de localización, ya como la forma condensada de una distribución, o bien como la forma desplegada de un conjunto de localizaciones.

 

Las interacciones físicas externas (inmersas en el principio filosófico de relación universal), entre los estados de espacio, establece entonces, una cuarta regularidad general como el principio del orden de coexistencias.  Esto es que, los estados de espacio se localizan y distribuyen en el espacio más general, con arreglo a la interacción física externa de sus magnitudes.

 

 

Categorías Fundamentales.

 

Al tratar el tema de las categorías, lo primero a aclarar es que que estos son conceptos fundamentales, es decir, que encierran en sí mismos desarrollos teóricos básicos, y en ese sentido se distinguen de todo otro concepto en el análisis geográfico.  Por tal razón, esos conceptos fundamentales en calidad de categorías, constituyen, en segundo lugar, un conjunto limitado, pero suficiente,, para reflejar las facetas esenciales del objeto de estudio.

 

Las categorías fundamentales, según lo anterior, forman, entonces, el aparato metodológico más general y esencial, en este caso, del conocimiento geográfico, cuyas propiedad más esencial es su carácter dialéctico.  Es decir, las categorías forman pares de contradicciones (no antagónicas), indisolubles, en las cuales un opuesto se transforma en el otro.  Romper esa dialéctica, es condenar el método más general de la geografía, a un análisis estático y mecánico, incapaz de desentrañar las causas y movimiento dela realidad y naturaleza del objeto de estudio.

 

Todo el “truco” del conocimiento científico en cualquier campo de estudio e investigación (no sólo en geografía), está en la capacidad del manejo amplio y profundo, implicando todos sus fundamentos teóricos, del conjunto de categorías fundamentales, en ese sentido hay en ello implícita una lógica, y es en ello en lo que radica la importancia esencial del aparato de categorías fundamentales.

 

De 1980 en que relacionábamos tres o cuatro pares de categorías, al 2013, ese sistema que hace la lógica de la geografía, comprende por lo menos unos diez pares de categorías.

 

Imaginémonos (en un caso ideal un tanto mecánico), como los geógrafos más primitivos que podamos, haciendo conciencia por primera vez, del mundo que nos rodea.  Observamos a nuestro alrededor, y lo primero que geográficamente conceptuamos, es la pregunta deldónde, dónde se está; y responder a ello supone una lógica, como reflejo de la lógica misma del lugar, dada en su estructura o situación.  Así, dialécticamente, el lugar condensa esa situación, como la situación es el lugar desplegado.

 

El lugar más general, es la Tierra misma como planeta, y su situación se refleja, en principio, como un “Eje del Mundo” en torno al cual el firmamento “gira alrededor de la Tierra”, donde tal Eje da el sentido más primario y general de orientación, que determina ciertas direcciones básicas, con lo cual es posible dar un salto del mero sistema físico de referencia de carácter empírico concreto, a un sistema de referencia astronómico, que ya supone cierta conceptualización teórica; de modo que el sistema de referencia físico se convierte en ese momento en una estructura afín al sistema de referencia astronómico, más abstracto y general.  Y dialécticamente, así como la orientación condensa un conjunto de direcciones de referencia concreta o abstracta, ese conjunto de direcciones es la orientación desplegada.

 

Habiendo reflexionado en ello como los primeros conocimientos geográficos teóricos fundamentales, entonces el lugar se convierte en una localización; esto es, la Tierra misma se conceptúa como una localización, en este caso, respecto del conjunto de astros del Universo, que forman otras localizaciones; y lo mismo se puede plantear par una localización de la superficie terrestre respecto de otra; y de esta manera, un conjunto de localizaciones hace una distribución, o en términos dialécticos, así como una localización condensa un conjunto de distribuciones, una distribución despliega una localización.  Así, en un conjunto dado, una distribución constituye una localización en sí misma, tal como la localización se entiende como un conjunto de distribuciones.

 

Pero veremos de inmediato que ese despliegue de una localización en su distribución, implicará una extensión (lineal, superficial o volumétrica), y esa extensión podrá suponer o no, límites.  La extensión, dialécticamente, condensa los límites, como los límites despliegan la extensión.

 

En geografía, el concepto de descripción adquiere un carácter más especial que su pura connotación dada en el método de la ciencia como la enumeración simple de cualidades empírica y concretamente dadas.  La descripción en geografía denota el trazo simbólicamente abstracto de los estados de espacio en un análisis espacial (por ejemplo, cartográfico), y estos trazos, en los parámetros de un sistema de proyección de coordenadas y escala, implicarán ya un concepto no sólo cuantitativo acerca de propiedades abstractas, sino un carácter causal de las propiedades del espacio.

 

Luego, esa descripción, como toda descripción, se despliega en un conjunto de comparaciones; o, dialéctica e inversamente dicho, toda comparación, se condensará en una descripción.  Ese geógrafo primitivo que hemos imaginado en las circunstancias más primarias, en este punto estará obteniendo un conocimiento de extraordinario detalle de las propiedades del espacio, particular y geográficamente expresados en el grafos de esta ciencia: el mapa.

 

Con ello, nosotros, en calidad de ese geógrafo primitivo, estaremos en posibilidad de poder empezara establecer  ciertas relaciones entre lo existente; ya porque éstas se despliegan de manera evidente como una conexión directa, ya porque aún sin aparente conexión, esa relación existe; o inversa y dialécticamente dicho, un conjunto de conexiones posibles, se condensarán en una explicación de relaciones.

 

Nuestro conocimiento del espacio como geógrafos primitivos, adquirirá una forma, teóricamente dicho, adquirirá un isomorfismo (o una morfometría); y ésta no puede ser sino la condensación de las contradicciones entre posibles unidades morfológicas, y su situación de anamorfismo (o anamorfometría), que pareciera negarlos pero que, en su caso, por excepción, las afirma.

 

Como primitivos geógrafos del neolítico o quizá ya de la Edad de los Metales, nuestra mirada se dirigiría a las regularidades de mayor evidencia: las simetrías, distinguibles de su ausencia, las asimetrías; e incluso observaríamos que, dialécticamente, algo que a una escala aparece asimétrico, a otra, muestra su perfecto orden de simetría, y viceversa.  Lo asimétrico puede desplegar así a lo simétrico; como lo simétrico, en un momento o escala dada, puede contener la asimetría.

 

Y lo anterior, dado respecto a tres magnitudes del espacio, se traducirá en las categorías de sincronía y asincronía en la coordenada del tiempo.  Lo que en un lapso puede parecer asincrónico, en otro, a otra escala de tiempo, mostrará su plena sincronía, y viceversa.

 

Ese geógrafo de los tiempos ancestrales, como tal, en la pureza del origen, incidirá en las propiedades del espacio objetivamente dado, y antes que ver “fenómenos” como tales, verá estados de espacio uniformes o disformes; esto es, de “forma única” o sin “forma única”; de un bosque no verá las especies de árboles, sino la expresión de las categorías geográficas dadas en su uniformidad o del rompimiento de la misma.

 

En especial hay otras categorías, que ahora mencionaremos para destacar mediante ellas un problema teórico metodológico esencial.  Son, primero, las categorías fundamentales de zonalidad y azonalidad, y sectorialidad y asectorialidad.  Aluden por forma, obviamente, a extensiones espaciales, pero por su contenido, no son arbitrarios convencionalismos de escala o magnitud de espacio, sino estructuras objetivas del espacio geográfico.  El concepto de zonalidad derivó de la teoría de las esfrágidas de Eratóstenes (conforme se vieron uniformidades, sincronías, simetrías, isomorfismo, relaciones, etc), que contrastaron las “zonas climáticas” (donde “clima”, aquí, no significa “estado promedio de la atmósfera”, sino lo que etimológicamente es: una inclinación, referida ésta al grado de latitud en relación con la incidencia de los rayos solares).  Y esas “zonas de inclinaciones”, son las gradaciones tórrida, desértica, templadas, frías, y polares, lo que dio lugar a la asociación actual de “clima” como las condiciones ambientales promedio”, pero gradación que con un sentido más propiamente espacial, objetivamente se refiere a las extensiones latitudinales de la zona ecuatorial de 0°j, a los 23°27’j, o zona de los trópicos, y de los 66°33’ja los 90°j, o zonas polares.

 

Luego, esas zonas latitudinales objetivamente dadas, se ven cortadas, interrumpidas, por la alternancia de continentes y océanos que modifican transversalmente las características del espacio terrestre, y objetivamente forman los llamados sectores.

 

De igual manera, en segundo lugar, se da en el pensamiento geográfico como reflejo objetivo de la realidad objetiva, y no como algo convencional, los conceptos fundamentales de planetaridad y regionalidad, como la relación espacial entre el todo del espacio y la parte del mismo.

 

Pero el tratamiento idealista, subjetivista y mecanicista de estas categorías (zonalidad, sectorialidad, planetaridad y regionalidad), las convierte en meras “tipologías del espacio”, en clasificación de escalas fijas, inamovibles, muertas, despojándolas de toda su riqueza metodológica.

 

Una vez más, debe entenderse que así como una categoría despliega a la otra, aquella es condensación de ésta; por ejemplo, la región despliega la planetaridad, como la planetaridad condensa las regiones; pero, a la vez, planetaridad y región (como en el caso de todas las demás categorías) son lo mismo, en dos categorías semejantes que expresan relaciones distintas en distintos momentos, y, por lo tanto, que se intercambian una a otra.

 

Aquella que en un momento dado  expresa la generalidad, en otro se hace lo particular; aquella que en un momento dado define lo particular, en otro, ello mismo expresa lo general.  Estas categorías no son “tipologías” clasificatorias, fijas y mecánicas; sino conceptos abstractos que reflejan la realidad objetiva, y como ella, se mueven, se intercambian y permiten darnos una comprensión más profunda de esa realidad.

 

Leyes.

 

La esencia de una ciencia radica en un conocimiento dirigido por el descubrimiento de las leyes objetivas que explican las regularidades del objeto de estudio.

 

Hay dos tipos de leyes que reflejan esas regularidades: 1) las leyes empíricas, de carácter descriptivo, que explican regularidades objetivas observables directamente por sus simples propiedades cualitativas; y 2) las leyes teóricas, de carácter explicativo causal, que explican regularidades objetivas deducidas luego de ciertas mediciones y análisis de propiedades cuantitativas.  Un as se siguen de otras luego de largos procesos de observación, medición y elaboración de hipótesis.

 

En la ciencia de la geografía, a lo largo de su historia, únicamente se han establecido unas cuantas leyes empírico-descriptivas de orden cualitativo; y, peor aún, estas no se han reconocido como tales sino hasta hace relativamente muy poco tiempo, a partir de los años setenta del siglo XX.

 

Que haya pocas leyes empíricas no es lo grave; es algo, en principio, normal, lo suficiente; lo que verdaderamente motiva a una seria reflexión, es el que en geografía, desde el siglo XVIII en que lo empezaron a hacer todas las ciencias, no se haya enunciado regularidad que implique una ley teórica.  Y la reflexión no va tanto en el sentido de entender por qué ha ocurrido esto; que evidentemente ha sido a falta de claridad en la determinación y definición de su objeto de estudio; sino precisamente ene le sentido de que un trabajo científico objetivo a partir de la ciencia de la geografía dada hasta el siglo XVIII (la cartografía con la propiedad de la conformalidad, de Mercator, la cartografía con la propiedad de equivalencia, de Sanson, la determinación de la coordenada de altitud, por Bauche, e incluso la fuerza de desviación como consecuencia de rotación de la Tierra, por Gaspar Coriolis), de haberse continuado consistentemente, habría hecho luz acerca del objeto de estudio: las propiedades del espacio.

 

Lo cierto es que ello no ocurrió así, en los hechos, el pensamiento geográfico materialista del siglo XVIII, al paso del siglo XIX, fue sustituido por el pensamiento geográfico idealista, y los estudios espacial-cartográficos fueron reemplazados por el fenomenismo naturalista, y un saber enciclopédico que fundamentó el hacer geográfico hasta los años setenta del siglo XX.

 

Al darse un viraje nuevamente al pensamiento geográfico de origen en los años setenta a ochenta, fue entonces que afloró nuevamente el espíritu científico en geografía, y comenzó a hablarse de las primeras leyes empíricas por Riábchikov, en 1976, en su obra Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica.

 

Alexandr Maximovich Riábchikov menciona dos leyes empíricas del espacio terrestre, y en ese sentido, geográficas: 1) la ley de la zonalidad planetaria; y 2) la ley de la distribución sectorial.  La primera enunciada desde la Antigüedad por Eratóstenes; y la segunda, quizá si atribuible a Riábchikov.  Sus regularidades cualitativas están a la vista, son producto de la observación, no tuvieron que ser deducidas teóricamente.

 

Pero siguiendo esa libertad de Riábchikov, puede rescatarse la mencionada ley de la desviación por efecto de rotación (más conocida como ley de Criolis), establecida por Gaspar Coriolis (1742-1843), a principios del siglo XIX), de evidentes efectos espaciales  Pero de igual manera, en orden histórico, pueden enunciarse por nuestra parte como leyes empíricas, ciertas regularidades espaciales básicas como: 1) la ley de a bipolaridad de la Tierra; 2) la ley de la simetría-asimetría hemisférica; 3) la ley del campo de gravedad de la Tierra como determinante del espacio geográfico; 4) la ley de la precesión de los equinoccios; 5) la ley del giro del eje de los nodos; 6) la ley de la sucesión de las estaciones del año; 7) la ley de la sucesión del día y la noche; 8) la ley de la ortodromia; 9) la ley de la loxodromia.

 

Todas ellas refieren, pues, propiedades básicas del espacio terrestre, que se emplean con inexorable regularidad permitiendo la predicción científica en general en geografía.

 

Y si como leyes empíricas espaciales empíricas revelan su importancia, el reto para una geografía unificada, claramente ya determinado y definido su objeto de estudio, está en descubrir, en forma deductiva, sus leyes teóricas.

 

 

Teorías.

 

Las teorías en la ciencia, expresan su avance, su desarrollo.  Las teorías en la ciencia pueden ser de diversos tipos, según aquello a lo que están referidas, y en general, expresando los avances de la ciencia, sus aspectos de punta, que suelen darse en forma contradictoria.

 

En geografía, la teorías, nuevamente como en el caso de  las leyes, sólo hay enunciadas de carácter cualitativo; teorías rigurosas cuantitativas que impliquen medición y experimentación, inferencias hipotético-deductivas, no hay elaboradas en esta disciplina de conocimientos.

 

Ya desde 1969 David Harvey hacía la crítica a ello; pero, nuevamente como para el caso de las leyes, cuando no había claramente determinado y definido su objeto de estudio respecto del cual precisamente teorizar, era vano pretender la aparición d teorías científicamente rigurosas.

 

La importancia de disponer ahora de una teoría única de la geografía ya exclusivamente como ciencia del espacio, es que ello le permitirá centrar sus esfuerzos en los registros propios, afines al objeto d estudio, y en la elaboración de teorías cuantitativas, de medición e hipotético-deductivas acerca de las propiedades del mismo, superando las teorías cualitativo-descriptivas, que sólo disertaban, o acerca de otros campos de estudio, o sobre propuestas acerca de su identidad.

 

Como consecuencia de este nuevo nivel en la investigación geográfica, la previsión científica en geografía será a su vez, de mayor rigor científico, siendo así, ahora, más que por fin educativo básico, realmente de mayor utilidad social.

 

 

Conclusión.

 

 

Lo que nunca creímos que quedaría en nuestras manos, finalmente sí quedó nos quedó elaborarla: la teoría unificada de la Geografía.  Con ello, nuestra contribución profesional ya no fue parcial, sino de una conversión total y sustancial del concepto de esta ciencia, con la más profunda satisfacción profesional, y tanto más, cuanto lo logramos contra toda adversidad, llevada a un extremo insospechado, no creíble por la intolerancia extrema contenida en ella en forma de una represión política por defender públicamente en la Reforma Educativa en México (2012-2013), una educación fundada en el concepto de la ciencia y el método de la ciencia de la modernidad ilustrada.

 

 

 

Nuestra vida profesional se inició prácticamente con la ponencia al IX Congreso Nacional de Geografía que resumía nuestra tesis de licenciatura en esta especialidad: “Geografía: Fundamentos de su Teoría  del Conocimiento” (1983).  Luego participamos en el X Congreso Nacional de Geografía (1985), y en el XI Congreso Nacional de Geografía (1987).  Tras una larga “proscripción” impuesta por la geografía “oficial” institucional (una persecución inquisitorial institucional oscurantista por poco más de veinte años, que hasta 1994, antes de la crisis económico-social, pudimos contrarrestar, quedando tras ella en calidad de la no-existencia por quince años, hasta el 2009 en que creamos nuestro Blog: espacio-geografico.over-blog.es, y en los cinco años siguientes (2009-2014), no sólo recuperamos ese tiempo “perdido”, sino con las ideas maduras, pudimos culminar todo el trabajo teórico que implicaba la consolidación de la Geografía como ciencia rigurosa, prevista ya en nuestra tesis de licenciatura, primera en el campo de la geografía teórica en México.

 

 

 

Apasionados de la simetría, circunstancialmente en el año 2010 tuvo lugar el XIX Congreso Nacional de Geografía (diez congresos después del primero en que participamos), y con una “ponencia virtual”, forzamos nuestra presencia moral en el hacer de la ciencia de la geografía en México; de la misma manera lo hicimos con el XX Congreso Nacional de Geografía (2012), y finalmente en este XXI Congreso Nacional de Geografía (2014), con el cual ponemos punto final a nuestra vida profesional, y con ello al compromiso moral e intelectual para con la geografía en México, que al final, gracias a la Red Internacional de Información (Internet), se convirtió en compromiso moral e intelectual con la comunidad mundial de geografía.  Cuando transcribimos esta conclusión, puesto lo más posible en orden nuestros últimos materiales, ya es 14 de marzo de 2014, a unos días de dedicarnos de lleno a un enfrentamiento con el Gobierno del D.F. por su represión nazi-fascista sobre nuestra persona ya por un año.

 

 

 

Lo que dejamos a las futuras generaciones de geógrafos no es mucho, simplemente es todo; requerirán de una gran entereza ética profesional (en una lucha contra el oscurantismo), para poder avanzar en nuestra propuesta, que en tanto objetivamente dada, es el desarrollo objetivo mismo de la ciencia de la Geografía; no hay otro modo, y los falsos caminos, como el plagio de ideas, como la historia de la ciencia lo prueba una y otra vez, más tarde o más temprano evidenciarán la deshonestidad, y breves momentos de “gloria”, serán tornados en vergonzosa eternidad para la historia, que no perdona.

 

 

 

 

Recibimos una disciplina de conocimientos en el más absoluto caos, desarticulada en múltiples geografías dadas en innúmeras aplicaciones confundidas como “ramas” de especializaciones de la Geografía misma; sin definición científicamente fundada de su objeto de estudio; sin definición de método propio; pretendiendo ser todo y siendo nada a la vez; sin orden histórico, sin fundamento teórico lógico.  Entregamos una ciencia de la Geografía con pleno fundamento en todo ello coherentemente determinado y definido.  Por nuestra parte, en el compromiso moral, intelectual y profesional que nos impusimos, hemos cumplido.  Damos por terminada nuestra vida profesional con todas sus contribuciones hechas, no por “México”, o por la “geografía mexicana” ni nada de esas pamplinerías ya absurdas.  Nuestras contribuciones han sido por la ciencia, que hoy ya no puede ser sino proletaria, al servicio del proletariado como la clase social depositaria del futuro.

 

 

 

 



[*]    Ponencia al XXI Congreso Nacional de Geografía, Monterrey, N.L; 20-27 de octubre de 2014; presentada en forma “virtual” al ser publicada el lunes 20 de octubre de 2014 en http://espacio-geografico.over-blog.es/

 
 

[**]  Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía, sc (SMTHG).  Editor de: <<“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica>>.


 
 

 

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12 octubre 2014 7 12 /10 /octubre /2014 22:05

Editorial

 Cristalografía

La Cristalografía como Modelo Analógico para la teoría del espacio geográfico a partir de los estados de espacio.

 

Al final del análisis, Harvey destaca la importancia y la función de los modelos, en particular, del modelo analógico.  En él ha de buscarse, dice Harvey con profundo acierto, el vínculo dado en la dicotomía, como él le llama a la contradicción histórica esencial del conocimiento geográfico, entre los postulados morfométricos (espacio), y los postulados derivados (fenómenos).

 

La limitación del método positivista al que se acoge Harvey en la inducción empirista exclusiva de Mill, lo lleva  concluir que el recurso, en mucho, será la intuición (pudiera decirse quizá, el método de la inducción incompleta); pero aplicando la dialéctica deductivo-inductiva, así sea a partir de leyes empíricas y teorías generales, superamos esa limitación de Harvey, que él veía casi como labor imposible.

 

En nuestro caso aplicamos el método dialéctico materialista a partir de la categoría esencial de “espacio”, y si bien nos tardamos treinta años en resolver, ya no fue por la limitación del método, sino por la dificultad en la conceptualización del objeto de estudio.

 

*

 

D Harvey (pablotaricco.blogspot.com  Filosofía de la Geografía.

 

 

 

 

[___]  Análisis Crítico a, El Papel de las Teorías, Leyes y Modelos en la Explicación en Geografía; Tercera Parte de la “Explicación en Geografía”, 1969, de D. Harvey (5/5).

 

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12 octubre 2014 7 12 /10 /octubre /2014 22:04

Cristal de Sal Gema; MineralogíaAnálisis Crítico a, El Papel de las Teorías, Leyes y Modelos en la Explicación en Geografía; Tercera Parte de la “Explicación en Geografía”; de D. Harvey, 1969 (5/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

12 jul 12.

 

Suele aceptarse tan fácil un modelo empírico sin más justificación en calidad de teoría, “hasta –dice Harvey– la total consagración del modelo como quintaesencia de la propia realidad”[1].  Y se hace necesario recordar, dicho por Harvey, en 1969 hace poco más de cuarenta años siendo tan válido aún hoy o más, que como lo era entonces.  Ello habla de un profundo atraso y estancamiento en geografía; pero hay una salvedad: ello ocurre en la geografía “oficial” institucional; otra cosa es lo que ocurre en ciertas prácticas de una geografía independiente.

 

Es en esa geografía “oficial” institucional en donde se cumple lo dicho por Harvey: “que el maestro proponga el modelo (a menudo plenamente del papel de ésta), que los discípulos lo consagrarán ciegamente”[2], y esa “consagración” consiste en tomar dicho modelo temporal y de prueba, como teoría acabada, dice el mismo Harvey.  Esta adicción ciega en geografía a los modelos, lleva a Harvey a expresar incluso que: “la historia del pensamiento geográfico podría, por eso, considerarse como historia de modelos mal aplicados”[3].

 

No obstante toda esa limitación de método, por último, Harvey, nos ha dado un apunte valioso a nuestro propósito: “…en términos de investigación básica (o investigación teórica) –dice Harvey–, la función principal  de l modelización en geografía, debe apuntar a la creación de teoría geográfica”[4].  Se refiere, obvio, a los modelos analógicos los cuales cumplen esa función inicial.  Y justo ahora eso es lo hemos estado haciendo.

 

Al concluir Harvey su tercera parte de su obra, trata con tres aspectos importantes: 1) el propósito (“objeto de estudio”); 2) la forma (el método); y 3) la estrategia de la investigación en geografía.

 

Harvey vuelve a su condición de método: el punto de partida es juzgar a la geografía empíricamente como dada; la geografía es, así, tal cual se conoce; luego, retoma nuevamente a Hettner, y hace ver cómo en él se dan los postulados básicos de la teoría geográfica: los dados, dice Harvey, en la dicotomía entre los postulados morfométricos propios de la geografía, y los postulados derivados de otras ciencias (es decir, esa condición de la contradicción esencial de la geografía entre espacio y fenómenos).  En esa condición, el propósito (objeto de estudio), queda impreciso, y como algo a determinar en el proceso inductivo.  Y en cuanto a la forma, Harvey se refiere al proceso explicativo, para el que, sin leyes ni teorías, “en estas condiciones –dice Harvey–, bien pudiera ser que las explicaciones basadas en el conocimiento intuitivo sean más efectivas”[5].  Nunca Harvey, en consecuencia fiel al positivismo de Mill, se pronuncia por el método deductivo,  y por la generalización teórica de la cual deducir; una y otra vez se devuelve a la empírica inducción, y en ello mata las posibilidades de resolver.

 

De ahí que exponga, en ese 1969, trágicamente para la geografía: “Todavía no estamos en posición de crear una teoría geográfica rigurosa, pero sería muy útil que procediéramos en nuestras investigaciones con los requisitos de esta teoría en nuestra mente.  No hemos conseguido aún un cuerpo teórico adecuado, ni parece que lo consigamos en un futuro inmediato”[6].

 

Han transcurrido poco más de cuarenta años desde que Harvey expusiera tales problemas.  Si en su posición empirista inductiva exclusiva nos propusiésemos continuar, bien podrían irse otros cuarenta años más.  Pero nosotros hemos procedido con un método dialéctico en el que lo empírico y lo teórico se intercambian, y la inducción y la deducción se convierten en formas desplegadas una de otra.  Y hemos partido, no de la generalización de innúmeras cosas particulares, sino de la categoría fundamental esencial: el espacio, y luego hemos estudiado todo lo vinculado y relacionado a ello.

 

Si desde que nos planteamos tal procedimiento han transcurrido buena parte de esos cuarenta años (poco más de treinta en realidad), ello ya no ha sido por la limitación de método, sino por las dificultades intrínsecas en ese objeto de estudio, que ha sido uno de los más difíciles en resolver en la historia del pensamiento humano.

 

Pero Harvey habló también de la estrategia para alcanzar, según la idea de su método, tal fin.  Y coincidiendo con Chorley y Haggett, retoma la idea didáctica: “proponerse que la geografía adopte un paradigma de un nuevo tipo muy diferente, basado en modelos”[7].  Y con ello, eso que Harvey ha criticado como irracional adicción, se convierte finalmente en lo mismo en que incurre, quizá, dice Harvey, con la atenuante de que, conscientes de ello, logrando hacer a un lado la irracionalidad o ceguera con que hasta entonces se empleado.

 

Harvey termina así su importante tercer apartado: “El Papel de las Teorías, Leyes y Modelos en Geografía”, en su tratado sobre la explicación en esta disciplina de conocimientos.

 



[1]        Ibid. p.177.

[2]        Ibid. p.178.

[3]        Ibid. p.178.

[4]        Ibid. p.181.

[5]       Ibid. p.187.

[6]       Ibid. p.187.

[7]       Ibid. p.188.

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5 octubre 2014 7 05 /10 /octubre /2014 22:05

Editorial

Investigación, Diagrama de Flujo, Sector Teoría 

Sector del Diagrama de Flujo del Proceso de Investigación, en relación particular con los elementos de la teoría.

[Fuente: Hernández Iriberri, Luis Ignacio; http//espacio-geografico.over-blog.es/]

 

En este cuarto fascículo en el que continuamos el análisis  crítico a la obra de Harvey, el texto de éste incide en lo previsible a futuro en el proceso de fundamentación de la geografía como ciencia, lo que Harvey centra en el desarrollo de teorías, que particularmente la ve a partir de la abstracción y generalización en el trabajo de modelos, esencialmente, dice Harvey, en los nexos entre teoría de la forma espacial propia de la geografía y la teoría derivada de los fenómenos en los modelos.

 

Como trabajo esencial, entonces, estaba ya para Harvey desde 1969, el hacer la mayor formalización de la teoría posible.  Haggett mismo, desde 1965, ya había dicho que la calidad de la geografía se juzgaría por el grado de elaboración de la teoría, y esta formalización de la teoría se radica en los procedimientos de la lógica.

 

Nosotros, en la práctica, nos enfrentamos de manera natural ya a esa necesidad de pasar a la formalización de la teoría, en tanto disponemos ya de todos los elementos de la misma: la teoría del espacio geográfico, en función de la abstracción y generalización teórica de los estados de espacio.  Ha sido precisamente esa necesidad lo que nos ha devuelto a la lectura crítica de esta obra de Harvey, la que, sin duda, nos ha reportado: 1) la convicción de que podemos elaborar la formalización de la teoría; y 2) la corroboración de los elementos necesarios para ello.

 

*    

Investigación, Diagrama de Flujo, Sector TeoríaFilosofía de la Geografía.

 

 

 

[___]  Análisis Crítico a, El Papel de las Teorías, Leyes y Modelos en la Explicación en Geografía; Tercera Parte de la “Explicación en Geografía”, 1969, de D. Harvey (4/5).

 

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5 octubre 2014 7 05 /10 /octubre /2014 22:04

Investigacion--Diagrama-de-Flujo--Sector-Teoria.JPGAnálisis Crítico a, El Papel de las Teorías, Leyes y Modelos en la Explicación en Geografía; Tercera Parte de la “Explicación en Geografía”; de D. Harvey, 1969 (4/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

12 jul 12.

 

En la complejidad de generalizar la teoría, de ahí en adelante, Harvey se pierde en los “postulados derivados”, con referencia a los “postulados morfométricos”, y no obstante, nos dejará el enunciado exacto y preciso del “sentido de la teoría general en la geografía: el “explorar los nexos entre las teorías de la forma espacial, propias de la geografía, y las teorías derivadas del proceso temporal”[1].

 

Junto con ello, nos deja las pautas para la formalización de la teoría en geografía, si bien, dice Harvey, “dada la naturaleza de los conceptos geográficos, el desarrollo de la teoría formal en geografía parece muy remota”[2]; a ella –así confiaba Harvey–, se habría de llegar alguna vez.  Y ello es justo lo que hacemos ahora.

 

En esas pautas de formalización de la teoría, Harvey nos dice, primero, que hay dos formas de elaborarla: a) mediante una aclaración de los postulados básicos y de un cálculo aproximado; y b) aplicando las técnicas de modelado.

 

Un comentario acerca de la conjugación de estos dos modos de formalizar la teoría, lo expone citando a Haggett (1965): “A largo plazo –dice ahora Haggett–, la calidad de la geografía en este siglo se juzgará menos por el grado de elaboración de las técnicas o lo exhaustivo de sus detalles, que por el rigor del razonamiento lógico”[3].

 

Ciertamente nos rebasó el siglo, pero fue contra nuestra voluntad, más aún, paradójicamente, fue por una “proscripción” de los propios geógrafos (que en la nula conciencia histórica en general, o de la conciencia de la historia de la ciencia en particular, se dan a la condena histórica por ese continuado hecho en nuestra persona); pero, finalmente, tanto como Harvey como Haggett lo previeron en la importancia de la formalización de la teoría con rigor lógico, ahora estamos en plena condición para satisfacer ese rigor de formalización.

 

Por último, en este apartado sobre el papel de las teorías, leyes y modelos en geografía, de la obra de Harvey, éste aborda precisamente el tema de los modelos.

 

Harvey se va a apoyar ahora en la obra, Modelos en Geografía, 1967, de Richard Chorley y Peter Haggett, quienes afirman que un modelo, es un mecanismo psicológico (gráfico), normativo (comparativo), organizativo (organización de datos), explicativo, y creador (de la elaboración de la teoría).

 

Correctamente, Harvey retoma la idea de que un modelo es diferente a la teoría, y que es peligroso su confusión; sin embargo, en nuestra opinión, Harvey plantea la relación entre modelo y teoría como una relación de causa-efecto inversa: “un modelo –expone Harvey– es la expresión formalizada de una teoría”[4]; pero, a nuestro parecer, ello bien podría ser exactamente al revés: la teoría formaliza el modelo.  El hecho es que es un proceso dialéctico en donde ambas cosas se dan simultáneamente.

 

Ciertamente, el modelo es la interpretación de la teoría, el resultado de ésta, como lo expresa Harvey; pero el modelo, a nuestro juicio, es también la prueba mediante la cual se formaliza la teoría; es decir, el resultado del modelo.  Es pues, como el mismo Harvey afirma, “un tipo de experimento mediante el cual la abstracción teórica se explica”[5]; esto es, en el sentido de la corroboración de la teoría.  Pero existe un segundo caso, nos advierte Harvey, en sentido inverso, en donde el modelo sirve para transferir la teoría a otro ámbito.  Sin embargo, este segundo caso, es ya la transferencia de una teoría formalizada, completándose la lógica dialéctica.

 

Bajo esas consideraciones generales, Harvey da una clasificación de los modelos: 1) el llamado “modelo en x”, que se entiende como la simple prueba de la teoría “x”; 2) los modelos análogos, en este caso, el uso de sistemas que guardan cierta similitud en general con la teoría, y aporta ciertas ideas u orientación en el desarrollo y formalización de la teoría, y ante el que hay que prevenir, enfáticamente nos dice el mismo Harvey, del peligro de la identidad entre el modelo análogo y la teoría; 3) modelos matemáticos, de tipo determinístico, estocástico, o probabilístico; y 4) modelos de sistema, como lo pudiera ser el llamado de “caja negra”.

 

Finamente, Harvey considera que los modelos son una interpretación o representación de la teoría, pero más aún, muy acertadamente expuesto, Harvey va a apuntar que los modelos, son un paso para la elaboración de la teoría.

 

En ese sentido, los modelos no son, pues, en general, un asunto opcional arbitrario, sino un recurso de método..  Pero es aquí donde Harvey va a hacer otra acotación importante, al pasar de las condiciones generales a los modelos en geografía: “Los geógrafos en la práctica –dice Harvey–, han usado (o abusado de, a veces) el concepto de modelo…”[6].  Mas Harvey incide en el punto y agrega: “la adicción a los modelos…, (lleva al geógrafo a) un apego a modelos que son representaciones parciales de teorías que están a su vez incompletas o no tienen un desarrollo explícito.  Pero a veces –y debemos reafirmar que es Harvey el que lo expresa–, la adicción va acompañada de ceguera intelectual”[7].

 



[1]        Ibid. p.145.

[2]        Ibid. p.146.

[3]        Ibid. p.149.

[4]        Ibid. p.160.

[5]        Ibid. p.161.

[6]        Ibid. p.177.

[7]        Ibid. p.177.


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28 septiembre 2014 7 28 /09 /septiembre /2014 22:05

Editorial

D-Harvey--pablotaricco.blogspot.com.jpg 

David Harvey (1935…), geógrafo inglés, uno de cuyos trabajos para nuestro campo de estudios, la geografía teórica, es la obra Explicación en Geografía, 1969, relativa a la formalización de las teorías, leyes y modelos en Geografía.

[Fuente: pablotariccio.com]

 

Si algún pasaje pudiera ser revelador del momento exacto que correspondía a esta lectura analítica de la obra de Harvey, es el que ahora compendiamos en este fascículo.

 

Hemos hecho ver en editoriales y fascículos anteriores, la limitación de Harvey impuesta por el método positivista bajo la influencia de Stuart Mill.  Ello se convirtió en un angustioso drama en el que podemos ver cómo ya en 1969 se aproximó Harvey a la solución de una teoría unificada de la Geografía, y por las limitaciones de método se quedó en el dintel.

 

Esa teoría única de la Geografía como ciencia buscada desde la segunda mitad del siglo XIX en la que finalmente se sintetizaron lo que Harvey llama “las ciencias empíricas de los procesos derivados” (los fenómenos naturales y sociales), y “las leyes morfométricas propias de la geografía” (el espacio).

 

Harvey es absolutamente explícito y preciso, nos muestra que tal síntesis habrá de ser mediante el procedimiento lógico de la confrontación de la antítesis y la tessi como le llama Hegel, o de la subsunción de los opuestos en la contradicción, como la denominara Marx.

 

A ello Harvey se refiere como la “solución a la dicotomía” en una diferente noción de síntesis.  Hasta entonces, la noción de síntesis en geografía, había sido exclusivamente, como la refiere Alan Reynaud (1976), la de una “síntesis combinatoria”; es decir, la simple coordinación  mecánica (por sus relaciones externas), del conjunto de los fenómenos en el espacio; ahora Harvey habla de la necesidad de la síntesis lógica, es decir, de su mediación en el silogismo para obtenerla como el consiguiente.

 

Harvey, inmerso en el positivismo de Mill, anticipó, no obstante, que tal síntesis sería ciertamente, aun cuando difícil de lograrla.  Él la veía como resultado del ascenso de lo empírico concreto y particular.  Ciertamente, nos tomó treinta años el lograrlo, pero ahora en la dialéctica materialista de Marx en que nos sustentamos, deduciendo de lo teórico, abstracto y general.

 

*

 

Investigación, Diagrama de Flujo, Sector TeoríaFilosofía de la Geografía.

 

 

 

[___]  Análisis Crítico a, El Papel de las Teorías, Leyes y Modelos en la Explicación en Geografía; Tercera Parte de la “Explicación en Geografía”, 1969, de D. Harvey (3/5).

 

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