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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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22 julio 2010 4 22 /07 /julio /2010 08:01

Clich--Filosof-a

Ciencia Moderna

y “Paradigma de la Ciencia

de la Posmodernidad”.

  Ensayo, 2009 (1).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 22 jul 2010.

 

El Fundamento Teórico

 

La primera tesis del planteamiento posmodernista a considerar, es: el fundamento teórico, o lo que se suele denominar en general como “Marco Teórico”.

 

El fundamento teórico primero de todo fundamento, de acuerdo con los aportes de la ciencia positiva, es el fundamento filosófico.  Es decir, un Marco Teórico se inicia definiendo la posición filosófica que se comparte; en primera instancia, ya sea ésta materialista, o bien idealista.  Luego habrá de considerarse la variante del pensamiento materialista, así como en el idealismo una de dos subsecuentes posiciones: ya sea del idealismo objetivo, o bien del idealismo subjetivo.  Por último quedará especificar, ser consciente, del sistema filosófico específico (por ejemplo: materialista dialéctico, o bien el neoplatonismo, el kantismo o neokantismo, el positivismo o neopositivismo, la “filosofía de la vida” o nietzscheismo, el funcionalismo o estructural-funcionalismo, el existencialismo, etc)

 

Luego, ese fundamento teórico lo es, en primer lugar, de la concepción del mundo o “cosmovisión” de quien lo sustenta; pero en segundo lugar, a partir de ello, lo es como fundamento teórico metodológico.

 

Sin embargo al respecto, el “paradigma de la posmodernidad” (por lo menos en la exposición de los posmodernistas), afirma que ese asunto del Marco Teórico es algo relativo elegible ad hoc, en tanto método general, de acuerdo con el objeto de la investigación.

 

Esto no sólo quiere decir que una concepción general del mundo en nuestro pensamiento es posible adecuarla a necesidades circunstanciales y que lo mismo puedo ser hoy materialista, que mañana idealista, e incluso en un momento dado las dos cosas a la vez en una cómoda posición eclecticista.  Y evidentemente entonces, dado ese relativismoextremo, no se entiende en lo absoluto lo que significa el fundamento filosófico (es decir, que lo mismo puedo afirmar la existencia de un mundo sobrenatural, metafísico; que optar por un exclusivo mundo material dado por la realidad objetiva; o peor aun, a conveniencia ecléctica, decir que las dos cosas pueden ser, de algún modo, al mismo tiempo); sino más allá de ello, está ese principio relativista al que especialmente se acoge el criterio posmodernista.

 

 

El Principio del Relativismo

 

El “paradigma de la posmodernidad” (por lo menos en la práctica de sus exponentes) afirma que el conocimiento es relativo.  A ello condescendemos: efectivamente, el conocimiento es relativo.  Luego entonces, afirma el posmodernista, puedo elegir opcional y alternativamente un fundamento teórico metodológico, de acuerdo a mis necesidades.  Y en este punto ya no estamos de acuerdo.  La razón del desacuerdo es que el posmodernista ve el conocimiento relativo, como el conocimiento cambiante subjetiva o arbitrariamente en el tiempo; y no como lo entiende la ciencia positiva de la modernidad: como el conocimiento “relativo a...”, como el conocimiento “en relación con...”, o el conocimiento “en función de...”; en donde esa relación se refiere precisamente a su vínculo con un fundamento teórico metodológico, es decir, en relación con un sistema filosófico, dependiente pues, de un Marco Teórico.

 

Así, quien expone un conocimiento sin explicitar su fundamento teórico metodológico, en principio, está exponiendo un conocimiento absoluto, un conocimiento, como se suele decir, sin relación a nada, o mejor dicho, con relación a nada (frente a lo cual nada hay qué decir, convirtiéndose en “acto de fe”, en dogma; y lo curioso es que eso es precisamente lo que hacen los posmodernistas que afirman que el conocimiento es relativo; mas en lo cual tendrían razón si lo relativo fuese a su vez lo que afirman: lo cambiante subjetiva o arbitrariamente en el tiempo)  De ahí lo fundamental que les resulta defender ese principio del relativismo, incluso extremo, en el cual todo puede ser conforme a lo que a cada cual se le ocurra, porque, dicen, cada cual tiene su verdad.

 

 

El Criterio de la Verdad y el Principio del Subjetivismo.

 

El que, como dicen los posmodernistas, cada cual tiene su verdad, destaca ahora el principio del subjetivismo, es decir, el principio de que las cosas son; no como lo son en la realidad objetiva, en los hechos; sino conforme cada cual lo piensa.  La afirmación de que cada cual tiene su verdad, establece la verdad no objetivamente, sino bajo el criterio de la verdad subjetiva.

 

Este es un punto crucial, pues toda la historia de la ciencia positiva ha tenido como objetivo final, precisamente establecer la verdad; mas el criterio acerca de lo que ha de ser verdadero, supone: 1) su objetividad, es decir, el que el hecho corresponda al mundo de los objetos materiales fuera del pensamiento e independiente de los deseos o voluntad; 2) su comprobación en la práctica histórico social, esto es, su comprobación empírica en los hechos de la realidad objetiva históricamente dada, así como en la proyección futura; y 3) la demostración de la veracidad de las premisas del juicio hipotético-deductivamente inferido, en el cual se afirma esa verdad.

 

Así, la verdad subjetiva; o sea la simple opinión de alguien, en el caso de que ello lo aceptemos como “su verdad”; nada tiene qué hacer frente a la verdad objetiva, esto es, ya no una simple opinión, sino producto de una demostración rigurosa.

 

La importancia que tiene para el posmodernismo la subjetivización de la verdad; pues con ello descalificaría el modelo de la ciencia de la modernidad; ha implicado un razonamiento mediante el cual lo primero ha sido la relativización de la ciencia como un “saber” más en el conjunto de los “saberes” humanos.

 

El argumento se inicia diciendo que, aparte del saber científico, existen no sólo con igual derecho, sino principalmente con igual validez, otro tipo de “saberes”, incluso particularmente referidos como “saberes tradicionales”, o de un “conocimiento alternativo”: como pueden ser la astrología, la herbolaria, la quiromancia, la cartomancia, el chamanismo, el granicerismo, el espiritismo, y la mitomancia entre otros más de un “saber” ocultista, denominados erróneamente como “ciencias ocultas” (y sólo válido el concepto de “ciencia” en tanto por ello se entienda limitadamente “conocimiento”), como son los diversos tipos de esoterismo y magia.

 

Que la ciencia –entendiendo por ello la “ciencia positiva”- es un saber, no hay duda, podemos estar de acuerdo.  Que aparte del saber científico existen otros tipos de “saberes”, los existen; independientemente de su carácter tradicionalista, “alternativo”, u ocultista.  Que tales “saberes” aparte del científico deben tener igual derecho para existir, creemos que lo deben tener; como de facto lo tienen ya por razones rituales, ya por fe popular; bajo el acotamiento legal mismo que impida la libre estafa o que atente contra la salud pública.

 

Incluso que la validez de los “saberes” equivalga a la validez de la ciencia, es algo que, bajo ciertas restricciones pudiera aceptarse.  Esto es, que cuando mediante la astrología, la cartomancia, o el chamanismo, como cualesquiera de los otros “saberes”, se alivia no sólo el espíritu de alguien, sino incluso su salud, no hay razón alguna para negarle validez.

 

Mas el razonamiento de los posmodernistas desemboca en que, entonces –dicen-, el resto de los “saberes” son tan verdaderos como lo es el saber de la ciencia.

 

El error, la premisa falsa del posmodernismo en este razonamiento, está en identificar validez con veracidad.  Y no todo lo que es válido ha de ser por ese solo hecho verdadero.  Un hecho verdadero supone establecer los criterios de la verdad antes explicados, pero si cualesquiera de los “otros saberes” se apega a explicar su conocimiento mediante dichos criterios de la verdad, ese conocimiento hará de ese “saber”, un saber científico.  Así, en el conocimiento de los “otros saberes” no se propone siquiera el conocimiento de las causas y esencialidad de un fenómeno; el fenómeno se acepta como existente, y por diversas razones producto de la mera asociación y absolutamente subjetivas (el “espíritu o ánima de las cosas”, una “fuerza sobrenatural”, el “poder especial” del médium), se atribuye su manifestación.

 


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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía
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