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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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21 octubre 2015 3 21 /10 /octubre /2015 22:04

Elaboración de una Teoría en Geografía. La Objetividad del Espacio, aún en la Crítica de Fred K. Schefer a Hettner. (12/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http//:espacio-geografico.over-blog.es/

23 jun 12.

 

Mucho antes que Nahm, autor de la traducción y comentario al trabajo de Hettner aquí analizado, casi un cuarto de siglo después de publicada la “Geografía.  Su Historia, su Naturaleza y su Método”, de Hettner, de 1927, fue el pragmatista norteamericano Fred K. Schaefer, en 1953, el primero en hacer una crítica a dicha obra en forma de crítica al hettnerianismo de Richard Hartshorne, expuesto en “La Naturaleza de la Geografía”, de 1939.

 

Lo primero que retomamos de Schaefer, es su inconsistente crítica a Hartshorne en el sentido de que ya otro autor, Spethman (1928), hacía de la obra de Hettner, juzgándola una integración de artículos “de hacía veinte años atrás”, y peor aún, dice Schaefer, que Hartshorne los vuelve a retomar en 1939 “con pocos cambios y escasa crítica”[29].

 

Schaefer, teniendo presente la preocupación por los fenómenos en geografía, parece criticar el carácter de ésta como “ciencia integradora” que la haría excepcional; es decir, que Schaefer no ve en esa intención integradora en Hettner, la búsqueda de su propia síntesis, de su propia identidad, que la haría distinta, más no excepcional, a las otras ciencias (y ya no el resultado de una mezcolanza de ellas); y Schaefer caracteriza a la geografía como una ciencia social.  No obstante, apegado a la objetividad, dice dicho autor: “En geografía las variables fundamentales desde el punto de vista de la elaboración de patrones son naturalmente las espaciales…”[30].  La contradicción en Schaefer es, pues, evidente: el espacio (variable fundamental reconocida por él mismo) no está siendo reconocido en sus atributos propios y estudiado según ellos, sino en dependencia, de alguna manera, del tratamiento de una ciencia social.

 

Schaefer tiene como fundamento de la teoría geográfica las obras de Humboldt y Ritter, para quienes, dice Schaefer, el objeto de estudio es la forma en que los fenómenos se distribuyen en el espacio.  No obstante la unilateralidad del hecho al remitirse limitadamente a Humboldt y Ritter, el problema esencial del espacio está presente, y nos parece, de cualquier manera, que el Cosmos de Humboldt, o la Geografía de Ritter, van más allá, como lo han hecho ver muchos otros autores, haciendo ver que más bien su objeto de estudio era una especie de “armonía de la Totalidad”.  Sin embargo, siguiendo a Schaefer en esa idea de los fenómenos y su distribución en el espacio, que en realidad no apareció sino un siglo después con Vidal de la Blache y Emannuel de Martonne, ello le es necesario como antecedente para fundamentar el que, dada la diferencia de los fenómenos, las áreas son diferentes, preparando la falsa acusación de “singularidad” hettneriana de las regiones, pues claramente Hettner habla, primero, de la multiplicidad de fenómenos semejantes, en áreas diferentes; y segundo, no de los fenómenos como tales, sino de los fenómenos abstraídos y generalizados en “unidades morfológicas”.

 

Hay en esa crítica de Schaefer, no obstante, un enunciado extraordinariamente valioso que habla del problema de la objetividad del espacio: “Siguiendo a los geógrafos griegos –dice Schaefer–, este punto de vista (espacial), es denominado corográfico o corológico, según el nivel de abstracción.  La geografía debe prestar atención a la disposición espacial de los fenómenos en un área y no a los fenómenos mismos”[31]; y con gran acierto Schaefer anota que: “de todas las limitaciones que afectan al geógrafo ésta parece ser la más difícil de observar para los geógrafos”[32].  Más aún, dice Schaefer, los geógrafos no siempre distinguen claramente entre relaciones sociales y relaciones espaciales, lo que, extendido a las relaciones de los fenómenos naturales –dice el mismo autor, como tantos otros, acertadamente a nuestro juicio–, hace al geógrafo un aprendiz de todo y oficial de nada.

 

Pero, volviendo a su crítica, aún nos da una valiosa observación más: “Hettner creía que el núcleo de la geografía era lo regional.  Hartshorne pensaba que la geografía sistemática es realmente indispensable para la investigación regional”[33].  El “núcleo” de la geografía dado en “lo regional”, es el espacio como lo esencial; y por “geografía sistemática”, debe entenderse aquí el estudio de los fenómenos por la las leyes y teoría de los fenómenos mismos.

 

Para Schaefer, el fin último de la investigación geográfica en función del análisis espacial de las regiones, es “la estructura social de esa región”[34].  Y Schaefer va a criticar, a su vez, que el estudio de todos los fenómenos en una región con esos fines sociales, constituya un caso de excepcionalidad en la metodología científica.

 



[29]    Schaefer, Fred K; El Excepcionalismo en Geografía; E.U, 1953; con análisis introductorio  a manera de estudio preliminar, de Horacio Capel; Anales de la Asociación Americana de Geógrafos; Vol. N° 43, 1953; Universidad de Barcelona; Barcelona, 198; p.30.

[30]    Ibid. p.33.

[31]    Ibid. p.34.

[32]    Ibid. p.34.

[33]    Ibid. p.39.

[34]    Ibid. p.41 (subrayado nuestro).

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14 octubre 2015 3 14 /10 /octubre /2015 22:04

Elaboración de una Teoría en Geografía. El Prejuicio Ideológico en la Interpretación de Hettner y sus Consecuencias (11/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http//:espacio-geografico.over-blog.es/

23 jun 12.

 

El documento de Hettner de 1905 y la Introducción como estudio preliminar de Gerardo Naham (a la vez traductor del texto), podremos ver cómo en esas deficiencias teóricas e ideológicas, pareciera que se leen textos distintos.

 

Dice Gerardo Nahm en su Introducción: “Alfred Hettner…, impulsará la difusión de la geografía regional desde una perspectiva neokantiana…, que insistirá en la singularidad de la región y el carácter fundamentalmente ideográfico de la aproximación de la geografía”.  Ello quiere decir que las regiones son únicas (su singularidad), y que la naturaleza de la geografía (lo ideográfico) está en ello.

 

Gerardo Nahm es el traductor mismo del texto, ni modo que supongamos que no lo haya leído; pero, entonces, cómo es que sobre el mismo texto se dan dos interpretaciones tan diametralmente opuestas: 1) la de Nahm que lo afirma neokantiano, que afirma la singularidad de la región y un carácter ideográfico; y 2) la nuestra, que niega el kantismo en Hettner y afirma su posición dialéctico materialista, por lo que no hay tal singularidad de la región, pues habla de la causalidad semejante para partes distintas de la Tierra, como de fenómenos distintos para regiones diferentes, como niega explícitamente la utilización de la categoría kantiana de lo ideográfico, la cual menciona sólo expuesta por Widelband y Rickert.

 

No hay otra explicación posible: es el prejuicio ideológico llevado hasta el oscurantismo, por el cual se niega la ciencia y el pensamiento marxista o dialéctico materialista.

 

Cuando Hettner justifica la “naturaleza especial” del conocimiento geográfico, no está buscando ni proponiendo ninguna “excepcionalidad” (concepto que Hettner no usa); Hettner está haciendo para la geografía, lo que cualquier teórico ha hecho para con su ciencia, y en este caso, definiendo su propia naturaleza (eliminando esa idea de la geografía como mezcolanza de ciencias”.  De los fenómenos heterogéneos y singulares con que se presenta la geografía, no se sigue el esfuerzo de justificación de la “excepcionalidad”, sino de la identidad propia, en la generalización teórica que supone el viejo problema del estudio de los fenómenos como tales.

 

Es aquí precisamente que, al introducir con el dolo del prejuicio ideológico en una contradicción tan flagrante con los hechos, tal que se hace el oscurantismo, se niega el proceso científico del desarrollo del conocimiento geográfico, y se introduce la confusión.

 

Luego, Nahm expone falsamente que ya que Hettner propugna por lo singular (falso, pues la región en Hettner no es singular), luego entonces, puesto que, correctamente, éstas no pueden existir para lo singular, rechaza la búsqueda de leyes (falso, pues en la homogeneización, Hettner establece precisamente la posibilidad de una ciencia rigurosa de la geografía dada en la ley).

 

Pero mucho antes que Nahm, casi un cuarto de siglo después de “La Geografía.  Su Historia, su Naturaleza y su Método”, de Hettner, de 1927, fue el prgmático norteamericano Fred K. Schaefer, que en 1953 hace una crítica indirecta a dicha obra en forma de crítica al hetnnerianismo de Richard Hartshorne, expuesto en, “La Naturaleza de la Geografía”, de 1939, exponiendo todas esas premisas falsas.  Así, si el geógrafo es el autorizado para hablar de lo suyo, y sin recato se falsean las cosas de tal manera; otros estudiosos ajenos a la geografía no pueden sino retomar lo dicho por las fuentes autorizadas, pero reproduciendo la falacia oscurantista, y entorpeciéndose el avance científico.

 

Ese es el caso del filósofo B.M. Kedrov, que al estudiar la clasificación de las ciencias, no entiende el descomunal avance dado en Hettner, y reproduce las mismas descalificaciones de los prejuicios oscurantistas que ha introducido un sinnúmero de premisas falsas.

 

 

   Ibid. p.10

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7 octubre 2015 3 07 /10 /octubre /2015 22:04

Elaboración de una Teoría en Geografía. La Morfología como la Unidad de la Geografía, en Jorge A. Vivó (10/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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23 jun 12.

 

Hettner, en su ensayo de 1905 aquí comentado, y tal y como lo inserta como Cap.II de su obra de 1927, ese concepto de las “unidades morfológicas” no aparece explícito, y si acaso, sólo para la “ciencia de la geomorfología” que derivaba de los estudios de Richthofen.  La generalización de los fenómenos en “unidades morfológicas” o “unidades geomórficas”, la afirmaría Jorge A. Vivó en sus lecciones de “Geografía Física” (1945), que, partidario de la teoría de la geografía de los paisajes de la Tierra, retoma a Carlos Otto Sawer en sus conceptos de “morfología del paisaje”, y los tipos de morfología de Engels, ampliando el concepto en su clasificación de las “provincias fisiográficas”.

 

El paisaje, dice Vivó, es una asociación de hechos geográficos[*]; puede decirse, de una asociación de hechos coexistentes en el espacio; y esos “hechos geográficos” son “formas características de una región en la superficie terrestre” (o en su conjunto formaciones).  Así, el paisaje, concluye, es un concepto morfológico, de modo que, para él: “El estudio morfológico de los hechos geográficos permite mantener la unidad dela geografía.

 

La riqueza de la teoría hettneriana que Vivó retoma a través de Richad Hartsohorne en su obra “La Naturaleza de la Geografía” (1939), es enorme.  Vivó, al concluir en la morfología como la unidad de la geografía, agregaba: “En realidad, no existen distintas geografías, sino una sola…”, lo demás, da a entender, no son sino aplicaciones.

 

Más aún, hace un juicio categórico universal afirmativo complejo: “Todos los fenómenos característicos de los hechos geográficos caben dentro de las dos divisiones del paisaje, natural y cultural”.  Lo que se encierra en este juicio, es que esos “fenómenos”, como “unidades morfológicas”, son una categoría aplicable a todas las esferas del espacio geográfico (y no únicamente a la litosfera; como, en la no comprensión de la teoría, se ha hecho como “geomeorfología”).  En ese sentido, Vivó ya trataba de “la morfología de la litósfera, de la atmósfera, de la hidrósfera, y de la biósfera”.  Estaba ahí, pues, la gran abstracción y generalización teórica de los fenómenos en las “unidades morfológicas”.  Pero no es que el propio Dr. Vivó no se haya dado cuenta del hecho, como fue el caso en el profesorado que le rodeaba; sino que el problema estuvo, a nuestro juicio, en la falta de una teoría morfológica (en sus términos espaciales, y no geológicos) más amplia y profunda, al recategorizar los fenómenos prescindiendo de ellos en sus propiedades particulares.  El Dr. Vivó nos siguió enseñando geografía en la teoría del paisaje y las “unidades morfológicas”, con la teoría misma de cada uno de los fenómenos, y en ello se diluyó la nueva categorización hettneraiana.

 

Todo esto muestra una deficiencia teórica enorme, en general, en los geógrafos del mundo.  Se entendió la importancia de esa generalización teórica de Hettner, pero no así el desarrollo teórico que implicaba.  Esto es, se entendió la importancia de la forma (que permitía superar la identidad el geógrafo con el especialista en el fenómeno); pero no se desarrolló consecuentemente la teoría de la forma en el conocimiento geográfico, pues, en lugar de ello, se continuó interpretando la forma con la teoría del fenómeno (un error por ignoratio elenchi, es decir, por sustitución de tesis).

 

Todavía más, si a esa ignorancia del desconocimiento teórico se agregan los prejuicios ideológicos de la “oficialidad” institucional, se hace, necesariamente, el oscurantismo.  Una será la lectura del “Tribunal del Santo Oficio”, y otra la del geógrafo dialéctico materialista.  Si ahora a esa ignorancia de la ignoratio elenchi del discernimiento teórico, se agregan los prejuicios ideológicos, se hace, necesariamente, el oscurantismo, la negación de la verdad científica.

 

 

[*]    De este concepto derivó un hecho ridículo muy difundido por los profesores en torno al Dr. Vivó, en su mayoría, provenientes del ámbito de la Educación Básica, que, ajenos a los fundamentos teóricos, hicieron la burda división en “hechos geográficos” como aquello relativamente estable, y “fenómenos geográficos”, como lo perceptiblemente cambiante; lo que nosotros rechazamos por antidialéctico, sin entender, a su vez, la generalización teórica que estaba en el fondo.

   Vivó Escoto, Jorge A; Geografía Física; Editorial Herrero; México, 1945: p. 347.

   Ibid. p.348 (subrayado suyo).

   Ibid. p.348.

   Ibid. p.348.

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5 octubre 2015 1 05 /10 /octubre /2015 22:04

El Fenómeno Objetivo del Espacio.  Preliminares de la axiomatización de la geografía en tanto ciencia rigurosa.  Leyes, y Conclusiones (8/8)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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10 jun 14.

 

Entre Hiparco y Cosmas Indicopleustes transcurrieron siete siglos; entre Cosmas Indicopleustes y Philippe Bauche casi el doble de ese tiempo, trece siglos, tiempo que llevó el recuperar la coordenada de altura de un espacio geográfico tridimensional, con lo que puede referirse:

 

La ley de las isolíneas de nivel, de Phillipe Bauche.  Con la restitución de la coordenada de altura de un espacio tridimensional, más allá del caso metafísico de Indicopleustes, Bauche da continuidad a la geografía dimensional de Eratóstenes, como un caso particular en relación con el radio de la Tierra, como un fragmento de la proyección de éste, por lo que se puede referir en Bauche:

La ley del espacio isométrico relativo.

 

Otro tanto ocurrió con Alejandro de Humboldt con:

 

La ley de isolíneas de campos (térmico, magnético, gravimétrico), y

La ley del espacio geográfico relativo de simetría regular.

 

En el curso del siglo XIX, de fuera del ámbito geográfico, provinieron dos leyes teóricamente deducidas:

 

La ley centrífuga de superficie, de Gaspar Coriolis; y

La ley de la rotación de la Tierra, de León Foucault, como un hecho experimentalmente comprobado.

 

Y al final de ese siglo XIX, primero con Miguel E. Schulz, se da continuidad a la ley de las esfrágidas de Eratóstenes, con:

 

La ley de la regionalidad, de Schulz; y

La ley de la temporalidad de las morfoestructuras, de William Morrison Davis (que él estudia en el caso de la litósfera en la superficie terrestre, pero que es generalizable a las estructuras de la atmósfera, hidrósfera, biósfera y sociósfera); pero con quien se introduce la noción de la cuarta coordenada del espacio geográfico: el tiempo.

 

Y entre fines del siglo XIX y principios del XX, se puede rescatar lo que serían las leyes geográficas por excelencia, en su grado de generalidad y esencialidad, enunciadas incluso como principios (y con lo cual se inicia el debate de la naturaleza de la geografía en el siglo XX).  Por una parte, con E. Chizhov se rescata:

 

La ley del orden de coexistencias.  Y por otra parte se tiene:

La ley de localización, de Vidal de la Blache.  Y luego viene:

La ley corográfica de las unidades morfológicas en un espacio isométrico, de Alfred Hettner, que perfecciona la ley de regionalidad de Schulz.

 

A partir de allí se da un salto cualitativo; hacia mediados del siglo XX, Andrei Kósirev enuncia explícitamente como ley teóricamente deducida (escondida entre sutiles relaciones cuantitativas y descubierta a partir de medidas y registros geodésicos):

 

La ley de causalidad asimétrica, en donde expresa la asimetría del espacio como causalidad de ciertos fenómenos terrestres generales.

 

Supimos de esta ley en los años setenta por su solo enunciado, (sin saber a qué se refería exacta y ampliamente), a través de uno o dos libros de la época soviética sobre divulgación de la ciencia.

 

Pero a Kósirev siguió, a principios de los años sesenta, Genadi Nicolaevich Katterfeld, que desarrollando la teoría de aquel, enunció explícitamente a su vez como ley teóricamente deducida a partir de medidas y registros geofísicos y geodésicos:

 

La ley de triaxialidad asimétrica de rotación (o en su equivalente en nuestra teoría de la simetría geométrica dimensional, a la ley de simetría de una estructura dimensional rómbica del espacio), ya claramente entendida desde la disposición en nuestras manos de su obra.

 

Finalmente se llega a 1976, en que se tiene el aporte de Alexander Maxímovich Riábchikov, de la dinámica del espacio geográfico entendido como el continuum, a través de los balances de energía, que pudiera expresarse como:

 

La ley de continuidad entre los estados de espacio discretos.

 

A partir de allí, por los últimos cuarenta años, no se ha producido ningún aporte más en el campo del conocimiento de las causas esenciales necesarias del movimiento del espacio geográfico; ya sea en el movimiento de su naturaleza interna, ya en el de sus interconexiones, hasta el enunciado nuestro que exponemos a continuación, que se deriva, si bien no de relaciones cuantitativas, si de la necesaria dialéctica del movimiento del espacio geográfico en su naturaleza; esto es, no como un hecho de observación empírica, sino deductivamente descubierta como consecuencia necesaria en el orden de las relaciones físicas de la Tierra en su evolución, con las estructuras básicas de la simetría geométrica dimensional; de donde podemos enunciar:

 

La ley de las relaciones físicas de la Tierra en su evolución, con los sistemas básicos de la simetría geométrica dimensional.

 

 

Conclusión.

 

Hay en todo esto de la objetividad del espacio, dos cosas indubitables: 1) hacia el último cuarto del siglo XX, estaban dadas ya todas las condiciones teóricas para hacer de la geografía, finalmente, una ciencia sistemática rigurosa; y 2) el momento histórico comprendido en este lapso, ha sido exactamente el propio a la necesidad de una gran síntesis, de poner orden y una coherencia lógica consistente al cuerpo de teoría geográfica.  Así reconocimos nuestro tiempo y a ello nos aplicamos en toda nuestra vida profesional.

 

Las bases de la axiomatización del conocimiento son condición fundamental para elaborar una ciencia sistemática, que <<avanza a la luz del conocimiento y de la certidumbre de sus leyes>>, tal cual el principio de la ciencia y del método de la ciencia de la modernidad de la Ilustración; y estas bases no podían elaborarse sino como consecuencia de un análisis histórico objetivo, del cual abstraer y generalizar los fundamentos teóricos necesarios.

 

Si algo caracteriza a la ciencia, es el establecimiento de las leyes que rigen el orden y movimiento del Universo en todos sus aspectos, y en el aspecto geográfico, espacial, la ausencia de enunciados de ley en geografía, podría hacer dudar de la madurez de ésta para considerarse como ciencia sistemática, sin embargo, el que no haya sido enunciadas como tales, ello no quiere decir que tales leyes no existan.  Si estas leyes no han sido enunciadas antes, particularmente de la Ilustración a nuestros días, ha sido, como lo hemos hecho ver en reiteradas ocasiones, por la dificultad histórica que implicó determinar y definir su objeto de estudio; no obstante, resuelto lo cual, hoy podemos rescatar esas leyes objetiva e históricamente dadas, y de ellas hemos dado cuenta aquí en una treintena de las mismas.

 

En consecuencia, con ello estamos ya en posibilidad, en función de la formalización teórica de la teoría del espacio geográfico, de dar cuerpo de teoría a la geografía como ciencia sistemática.

 

 

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30 septiembre 2015 3 30 /09 /septiembre /2015 22:04

Elaboración de una Teoría en Geografía. Los Fenómenos: Propiedades del Espacio (9/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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23 jun 12.

 

Ahora bien, no obstante que Hettner no rechaza las ideas de la geografía de la Totalidad del Cosmos de Humboldt, o de la Geografía de Ritter, el estudio de esa Totalidad la va a sustituir en su concepto de región.  “La geografía en sí, históricamente definida como el conocimiento del espacio terrestre, tiene que encontrar su justificación lógica dentro de un punto de vista distinto al de una ciencia de la tierra”.  Y no siendo entonces el estudio de la Totalidad, como tampoco del espacio como un todo indiviso, dice Hettner: “La geografía es más bien sólo la ciencia de la superficie terrestre según sus diferencias regionales”, a manera de –dice más adelante–, “la comprensión de la realidad terrestre bajo el punto de vista de la ordenación del espacio”.

 

Hay aquí, en la generalización del espacio, por una parte, la gran limitación teórica de Hettner: el que el espacio geográfico sea sólo la superficie terrestre, no obstante lo conceptúe como un hiperplano.  Pero, por otra parte, ha hecho también una generalización de los fenómenos, y en ello Hettner observó ya lo que quizá en De Martonne estaba impreciso, que, dice: “mientras nuestro fin sólo se oriente hacia los fenómenos, permaneceremos en el ámbito de las ciencias sistemáticas”.  Pero nuevamente aquí hemos desdoblado la cita, pues su continuación, en el fondo, va a expresar otra idea, y precisamente la de la abstracción y generalización de los fenómenos: “Únicamente –dice Hettner–, cuando concibamos los fenómenos como propiedades de los espacios terrestres, estaremos haciendo geografía”.

 

Sin embargo el enunciado queda ahí como un misterio, ¿En qué forma, de qué manera, los fenómenos habrían de ser entendidos sólo como propiedades del espacio?  Hettner repite enfáticamente: “la geografía es una ciencia del espacio” y la clave estaría en la idea del estudio de ese espacio, en tanto la organización del mismo.

 

Ciertamente, decíamos ya desde nuestra tesis de licenciatura: todo cuanto existe, existe en el espacio y determina sus propiedades.  La geografía como ciencia del espacio, en consecuencia, efectivamente, tendría que ver con todo cuanto existe, pero tendría que hacerlo de una manera diferente a la del especialista en cada cosa.

 

Una influencia kantiana real en Hettner, que no por ello lo hace un kantiano irredento, está en que Hettner no puede clasificar la Geografía como ciencia natural, aún a pesar de concebir “a la naturaleza y el hombre desde el punto de vista corológico, de donde resultan iguales en todos sus puntos fundamentales”, simplemente porque no ve en el espacio –y he ahí la influencia de Kant– “un algo” como atributo físico objetivo de la realidad, “un algo” realmente existente, sino “un aspecto de las cosas”, si bien no en el extremo de Kant de ese aspecto subjetivamente condicionado por el pensamiento, sí tan sólo como una propiedad objetiva de las cosas mismas.  “El espacio, como tal –expresa Hettner– es un concepto; su significado real sólo lo adquiere a través de su contenido”.  Esto es exactamente igual, a como lo entendía la dialéctica materialista en esos años (y realmente hasta la década de los ochenta).  De ahí que el espacio geográfico entendido como la superficie terrestre, sea, dice Hettner, su organización, que no puede ser sino por las cosas dadas en él.

 

Finalmente, Hettner vela unidad de la ciencia en aquello de donde deviene su homogeneidad, y, para la Geografía: “La homogeneidad es en el sentido de una ciencia corológica o regional; no puede, por consiguiente, basarse en la unidad del paisaje, sino que sólo puede ser establecida a partir de la naturaleza interna de la región”.  Y esa naturaleza interna de las regiones, está en su organización, la cual va a quedar dada, no por el paisaje en su conjunto, ni por sus elementos o fenómenos en tanto tales, sino en la abstracción y generalización de estos en las “unidades morfológicas”.

 

 

   Ibid. p.35.

   Ibid. p.36.

   Ibid. p.37.

   Ibid. p.38 (he ahí, como la condena de Sísifo, 85 años después, 2011, aún en los geógrafos actuales).

   Ibid. p.38.

   Ibid. p.41.

   Ibid. p.42 (subrayado nuestro).

   Ibid. p.44.

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28 septiembre 2015 1 28 /09 /septiembre /2015 22:04

El Fenómeno Objetivo del Espacio.  Preliminares de la axiomatización de la geografía en tanto ciencia rigurosa.  Leyes del Espacio (7/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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7 jun 14.

 

El proceso de axiomatización, que, como fundamento es elevarse deductivamente de lo más simple a lo más complejo, de lo más general a lo más particular, de lo más concreto a lo más abstracto, es, en consecuencia, ir del fenómeno a la esencia, y en ese sentido, al revelarse el orden de las cosas y mostrar las regularidades, ya de su movimiento interno o naturaleza, ya de su movimiento externo como traslación mecánica o interrelación entre las cosas, la axiomatización es condición de necesidad en el proceso de descubrimiento de las leyes que rigen en un objeto de estudio.

 

Cuando en la disciplina de conocimientos geográficos no se había hecho una reflexión de axiomatización, como hasta ahora aquí, ello explica el por qué la geografía no ha operado nunca sobre la base de sus propias leyes, condición más general y esencial de toda ciencia rigurosa.

 

Si bien la ley no se desprende directamente del proceso de axiomatización, el tratarla aquí es justo porque, en cuanto a la ley teóricamente deducida, no hay tal ley posible sin axiomatización.  No obstante hay regularidades observadas como hechos de experiencia; ello no quiere decir que en tal aspecto empírico no haya una axiomatización, sino, en todo caso, el que ésta queda dada por supuesta como razón evidente; y dichas regularidades evidencian las leyes empíricas.

 

La ley científica, es pues, una condición objetiva necesaria del movimiento de las cosas, si bien ésta se esconde siempre en el fondo de las mismas.  Mas es a través de tales ordenamientos y regularidades, que nos es posible descubrirlas.  De tal modo, la ley no es una uniformidad, dada por ese arreglo objetivo de orden en el espacio, ni por esa regularidad objetiva dada en el tiempo, sino una determinación causal necesaria en el orden y movimiento de las cosas.

 

Leyes empíricamente dadas en geografía, así no hayan sido enunciadas en su momento, en un orden cronológico, han sido:


La ley de la dimensionalidad isométrica, de Anaximandro, deducida de su modelo cosmogónico que por primera vez supone una simetría del espacio.

La ley de simetría latitudinal, de Eudemo-Dicearco, uno que la encuentra en general en las mediciones de latitud, y otro que la establece en particular con el “diafragma”, para la región del Ecumene.

La ley de isometría del espacio geográfico, de Eratóstenes, que generaliza la dimenisonalidad de Anaximandro.

La ley de las esfrágidas, que generaliza las consideraciones de Eudemo-Dicearco.

La ley de simetría del estado discreto de la Tierra, de Crates, que sobre la base de lo aportado por sus antecesores, hipotetiza sobre la existencia de “masas de contrapeso”.

La ley de la posición de los Trópicos, de Hiparco, por la cual Hiparco determina la posición de los Trópicos en 23°27’ j, sobre la base del movimiento aparente de traslación.

La ley de la precesión de los equinoccios, de Hiparco, por la cual, sobre la base de la posición de los Trópicos, se descubre dicho movimiento de la Tierra.

La ley de las Proyecciones Planas, de Hiparco, por la que se descubre la manera de transformar la esfera en un plano.

La ley de la Proyección Cilíndrica, de Marino.

La ley de las proyecciones cónicas (simple y modificadas), de Ptolomeo.

La ley de rotación de la Tierra, de Aristarco (implicada en su modelo cosmogónico heliocéntrico), por la cual se explicaba la esencialidad de los movimientos cosmográficos, si bien, aún simplificado el análisis cosmográfico, no se aceptó en su tiempo, particularmente por la autoridad de Ptolomeo.

 

En la Edad Media, en sus inicios, no obstante el modelo metafísico del espacio geográfico de Cosmas Indicopleustes, éste restablece la coordenada de altura en la dimensionalidad del espacio, que había sido eliminada desde Hiparco al trabajar éste ya propiamente con las proyecciones cartográficas.

 

La ley de la trigonalidad del espacio, de Cosmas Indicopleustes, para un espacio geográfico plano.

 

De esta época es el descubrimiento de las regularidades del comportamiento de la orientación magnética en cualquier punto de la Tierra; por lo menos de la conocida de ella hasta ese momento; de donde se puede enunciar:

 

La ley de la orientación magnética constante, que da lugar a la aparición de las Cartas Portulanas.

 

Propiciando el renacer de la ciencia clásica griega, está el fundamental rescate de la ley heliocéntrica de Aristárco por Nicolás Copérnico, con un carácter ya más astronómico que geográfico; no obstante de una naturaleza empírica, cuya demostración teórica aún tardaría tres siglos más.  Así, el Renacimiento en geografía se inicia desde mediados del siglo XV con la Carta Trapezoidal de Toscanelli, y este período se despliega con:

 

La ley de la Proyección de Husos, de Américo Vespucio, o ley de la conservación simultánea de la equivalencia y la conformalidad, por la cual se resuelve el caso inverso a la transformación de la esfera en un plano.

 

A esta importante ley de Vespucio le siguió, unas décadas después:

 

La ley de la Proyección Cilíndrica Tangente Conforme, de Gerardo Mercator; o ley de la conservación simultánea de la forma y la continuidad, de extraordinaria importancia en el ulterior desarrolla de la ciencia de la geografía.

 

La tercera variable matemática básica de la transformación de la esfera en un plano, fue resuelta un siglo después por Nicolás Sanson D’Aveville, de donde:

 

La ley de la Proyección Equivalente de Sanson, o ley de la conservación simultánea de la equivalencia de superficie y la continuidad.

 

 

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23 septiembre 2015 3 23 /09 /septiembre /2015 22:04

Elaboración de una Teoría en Geografía. El Rescate de Hettner y la Esencia de su Pensamiento (8/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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23 jun 12.

 

Hettner explica cómo se diluyen las ciencias abstractas comtianas en una gradación difusa inasible.  Pero cuando se refiere a las ciencias concretas comtianas, cambia el análisis.  “Las ciencias concretas –dice Alfred Hettner tomando en forma positiva el concepto de Comte– se reparten el conocimiento de la realidad.  Estas se refieren a ella cuando se ocupan de las características de las cosas y su diversidad en el espacio y en el tiempo”.  Y de las cosas, el espacio y el tiempo, como tres magnitudes a considerar para comprender la realidad, Hettner estable un símil con el espacio tridimensional, y explica que la ciencia (aun cuando no la particulariza a la geografía), “permanece en cierto modo todavía bidimensional”: es decir, considera sólo las cosas y el tiempo; pero para acabar de comprender esa realidad que se refleja en la ciencia, se hace necesario considerar el espacio.

 

Evidentemente Hettner establece aquí el antecedente del lugar de la Geografía en la clasificación de las ciencias; pero ahora aquí, a su vez, retoma en sentido positivo a Kant, y lo cita de la Geografía Física (1802) de éste: “Podemos referirnos a nuestros conocimientos empíricos bien de acuerdo con conceptos, bien según el tiempo y espacio en que se encuentran realmente”.  Si se hace abstracción del fundamento fenomenológico de Kant por el cual primero son los conceptos y luego las cosas que las enuncian, y el pasaje se rescata con fundamento dialéctico materialista, ello es perfectamente aceptable de Kant, sin que, por lo mismo, seamos kantianos. (es, en todo caso, que en cierto modo, “estamos haciendo a Kant marxista”), y más aún, cuando antes se ha deslindado explícitamente mediante enunciado y argumento.

 

Las ciencias concretas o sintéticas, dice Hettner, encuentran su unidad en la homogeneidad o semejanza de los objetos de los que se ocupan.  “Para las ciencias históricas la afinidad de contenido de sus objetos sólo tiene un valor secundario.  Estas unen en sus estudios una cantidad de objetos pertenecientes a diferentes sistemas y esos objetos reciben su homogeneidad (…) del desarrollo temporal de las cosas”.  Cita esencial en los propósitos de este ensayo, es el que estamos tratando sobre la manera en que Hettner elaboró la segunda abstracción y generalización teórica que nos llevó a la definición del espacio como el objeto de estudio de la geografía.  Es decir, que en el análisis de la temporalidad “de algo”, en principio podemos prescindir de la propiedad particular de “ese algo”.

 

Pero ese criterio, es el único a aplicar al espacio, en el análisis de la espacialidad de “ese algo”, en principio, podemos prescindir de las propiedades de “ese algo”.  La geografía –dice Hettner–, “es la ciencia de la ordenación del espacio terrestre o, como no conocemos el interior de la Tierra, podemos decir sin reparos de la superficie terrestre”.

 

Más aún, la continuación del mismo párrafo hace en realidad otra idea y la recogemos como otra cita, por demás, esencial, para refutar falsas aseveraciones en torno a Hettner (en este caso, como lo que más adelante discutiremos como el “excepcionalismo”): “Si no existiesen relaciones causales entre los diferentes puntos de la Tierra, y si los distintos fenómenos que se dan en un mismo lugar de la Tierra fueran diferentes entre sí, no sería necesaria ninguna concepción corológica”.  O dicho al revés, esa ciencia corológica existe, porque los distintos puntos de La Tierra no son singularidades únicas con causas únicas, ni los fenómenos de un lugar de la Tierra, son diferentes a los fenómenos de otro lugar de la misma.

 

 

    Nahm, Gerardo; La Figura de Hettner y la Geografía Alemana en el Siglo XIX y Principios del XX; en GeoCrítica N° 70, Barcelona, julio, 1987; p.28.

    Ibid. p.12.

    Ibid. p.13.

    Ibid. p.30 (una vieja apostilla nuestra en esta cita, dice: “no somos más que la reproducción de Hettner, pues esa idea del interior desconocido de la Tierra en él, en nosotros fue expresado como “campo de estudio de la geología”).

    Ibid. p.30.

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21 septiembre 2015 1 21 /09 /septiembre /2015 22:04

El Fenómeno Objetivo del Espacio.  Preliminares de la axiomatización de la geografía en tanto ciencia rigurosa.  Teoremas del Espacio (6/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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5 jun 14.

 

Más allá de los enunciados a partir de los empíricos hechos de experiencia históricamente dados que no requieren de mayor demostración, están los teoremas.

 

El enunciado de un teorema ha de ser ya como resultado de un proceso hipotético-deductivo, y en ese sentido, es una premisa de tesis lógica que se afirma a partir de ciertos antecedentes.

 

Así, un teorema no aparece de la nada, sino, por lo contrario, establece como su premisa antecedente el contenido generalizado de los postulados, principios y axiomas.  En éstos, en general, se ha afirmado que la naturaleza del espacio está en su dimensionalidad objetiva; a ello ha de mediarse una premisa de tesis: el enunciado del teorema a demostrarse en la verificación del consiguiente, que operará como subsiguiente premisa antecedente de posteriores teoremas.

 

De este modo, si la premisa antecedente tiene como enunciado general el que: <<el espacio es una dimensionalidad>>, a ello hemos de mediar la afirmación en el enunciado de un primer teorema: <<el sistema coordenado objetivo fundamental, está formado por los ejes, ángulos y planos, de 15° lE, 165° lW (del eje ecuatorial mayor, África-Océano Pacífico); y de 75° lW, 105° lE (del eje ecuatorial menor, América-Océano Índico), respecto del eje de rotación>>.  Esta afirmación ya no es un hecho de experiencia, en su afirmación hay mediciones y registros sistemáticos, que, verificados, de ello es posible deducir nuevos conocimientos.

 

Y así, de esas investigaciones, tal dimensionalidad representada en una geometría, ha quedado vinculada a la masa terrestre, de modo que, en las condiciones más ideales de gravitación –algo a lo que de manera natural ha de tender la masa gravitatoria–, puede deducirse un segundo teorema; que: <<la geometría dimensional gravitatoria, determina la simetría de una estructura de espacio isométrico o regular (a=b=g=90°; a=b=c; x=y=z), siendo la estructura más simple, que concentra la mayor energía>>; luego, de la cual se distingue la condición dada en las primeras mediciones reales, en un tercer teorema: <<la tendencia de desviación del espacio isométrico o regular, en una dirección de lo simple a lo complejo, da por rotación una estructura del espacio tetragonal o elipsoidal de rotación (a=b=g=90°; a≠b=c; x=y≠z)>>.  En ese sentido, dadas mediciones reales más finas que revelan un geoide en un plano ecuatorial dejes de simetría de distinta magnitud, un cuarto teorema: <<la desviación de la tendencia al caso ideal, considerándose además de la fuerza centrípeta por rotación, las fuerzas centrífuga y de asimetría, se tiene la estructura del espacio rómbico, de asimetría triaxial (o de Katterfeld), (a=b=g=90°; a≠b≠c; x≠y≠z).

 

Una desviación mayor del caso ideal permite enunciar un quinto teorema: <<la torsión del espacio sobre el plano del ecuador (u otro plano paralelo), corresponde a una estructura del espacio monoclina (ab=g=90°; a≠b≠c; x≠y≠z), sobre la base de la triaxialidad>>.  Pero más aún, esa torsión de la estructura del espacio no sólo es posible que ocurra en el plano rotacional, sino incluso en el eje (o semiejes) de rotación (de masa y geométrico); de donde se deduce un sexto teorema: <<la desviación del caso ideal en una estructura de espacio triclino (abg≠90°; a≠b≠c; x≠y≠z), expresa la dinámica del espacio con referencia al plano del ecuador>>; y, de igual manera, pero expresando la máxima dinámica del espacio, se tiene la estructura del espacio en donde todo vuelve a ser de manera semejante al espacio isométrico, pero con la variación de que ninguno de los ángulos de simetría es igual a 90°; lo cual nos plantea nuevamente, ahora en una estructura romboédrica, la estructura más simple de máxima energía, pero, a su vez, de máximo de movimiento (a=b=g≠90°; a=b=c; x=y=z).  En consecuencia, se tendrá el enunciado como séptimo teorema: <<en un máximo de alteración de los ángulos de simetría, se concentra no sólo un máximo de energía, sino un máximo de movimiento>>.

 

La complejidad teórica de este séptimo teorema, habla ya, de suyo, de un proceso de demostración de todo un cuerpo de teoría formalizado.  Puede decirse que a partir de él, se salta ya a la teoría del espacio geográfico como tal.

 

Queda sólo un octavo teorema, relativo a la condición de la estructura simétrica del espacio, más que a un estado de su movimiento.  En cristalografía, ateniéndose principalmente a las caras o lados de un cristal, se le denomina como “sistema de simetría hexagonal”, pero que, en función de los criterios geográficos, dirigidos más bien a los ejes de simetría, le hemos denominado preferentemente como espacio de simetría tetraaxial (a=b=90° g=120°; a=b≠c; x=y≠z), en el que se expresan en su totalidad los ejes y planos de simetría posibles de la esfera.

 

 

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16 septiembre 2015 3 16 /09 /septiembre /2015 22:04

Elaboración de una Teoría en Geografía. La Gnoseología de Hettner en Tiempos de Hitler (7/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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23 jun 12.

 

Hettner critica ese subjetivismo kantiano: “…este camino les llevó, al carecer de un conocimiento de la causa de la geografía, a definiciones que se encontraban en contradicción con la evolución histórica de esta disciplina…”, y en esa crítica, Hettner destaca con toda claridad el principio dialéctico materialista de historicidad.

 

Más aún, de acuerdo con ese principio de historicidad, Hettner habla del “sistema lógico de las ciencias”, que si bien pudiese ser por una posición positivista, ello se descarta, pues mientras que en Comte ese sistema lógico es estático, de un orden meramente mecánico de coordinación entre las ciencias, en Engels es producto del movimiento de la materia y de su desarrollo histórico en su incesante transformación, que dan lugar a un desarrollo y subordinación entre ellas.  Es en ese sentido que  lo expresa Hettner: “Por otro lado (frente a la diferencia subjetivista que Hettner llama filosófica), aparecen definiciones (de la Geografía), realizadas a partir  del desarrollo histórico de la ciencia (objetiva), pero que, en cambio, no tiene una posición sólida en el sistema lógico de las ciencias”; es decir, en ese desarrollo y subordinación entre ellas conforme su evolución y objeto de estudio, lo que Hettner expresa con toda claridad: “La labor puede considerarse como solucionada, sólo cuando se haya demostrado la justificación lógica de las ciencias en su desarrollo histórico y se haya determinado su relación con las restantes ciencias, así como la singularidad de sus métodos científicos”.

 

Todo ello con Kant no tiene nada qué ver, que no sea forzando demasiado los conceptos; incluso no tiene que ver ni con Comte, por más que con éste pareciera estar muy próximo.  Hettner no se expresa en esos pasajes ninguna posición gnoseológica fenomenológica ni trascendental kantiana, ni positivista comtiana, sino más bien, sorprendentemente, dialéctico materialista engelsiana.  Todo ello está en conexión con el problema de la clasificación de las ciencias, que tanto en Kant como idiográficas y nomotéticas, como en Comte según una empírica yuxtaposición y coordinación ambigua en abstractas y concretas, como es en Engels, en tanto un desarrollo y subordinación, es muy precisa; y en lo dicho, Hettner no ha expresado ni una categorización kantiana ni comtiana.

Para Kant, las ciencias se clasifican en idiográficas (de lo singular) y nomotéticas (de lugar), como una determinación externa a ellas, subjetivamente.  Para Engels se clasifican según el movimiento de la materia reflejada en ellas, es decir, objetivamente, por la naturaleza de su objeto de estudio.  Hettner no refiere la idea kantiana al hablar de ello, sino que, expone: “…para la ciencia en general, sólo puede ser decisiva las consideraciones internas, sólo el contenido de la ciencia como tal”, esto es, el objeto de estudio.

 

Cuando Hettner introduce en su texto los conceptos kantianos de lo idiográfico y nomotético, lo hace refiriéndose a Windelband y a Rickert, quienes así lo proponen, y, dice Hettner enfático acerca de tales nociones en Kant: “…se puede ser determinante por la clasificación y delimitación de las ciencias…, esto lo tengo que negar”.

 

Comte, en su clasificación de las ciencias, no introduce el principio de historicidad, y esto, finalmente, es definitivo para entender  la verdadera posición gnoseológica de Hettner: “Una clasificación realizada a partir de estos presupuestos –dice Hettner refiriéndose a los presupuestos kantianos–, resultaría en cualquier caso diferente a la distinción y delimitación real de la ciencia, tal y como la ciencia ha ido evolucionando históricamente.  Hettner concluye así su posición: “La verdadera distinción entre la ciencias se establece por los objetos de estudio”.

 

Y por si quedara alguna duda de la posición de Hettner, este deslinda explícitamente, a su vez, del mismo Comte.  Critica su clasificación empírica subjetiva que divide las ciencias en abstractas y concretas, las que califica de “no-metódicas”, lo cual es una negación de Comte.

 

Este deslinde explícito no sólo de palabra, sino con argumentos refutativos en Hettner, tanto de Kant como de Comte, es de fundamental importancia tenerlo presente, para poder entender luego, qué y cómo es que  Hettner rescata dialécticamente, lo que hay de positivo tanto en uno como en otro[*].

 

 

    Nahm, Gerardo; La Figura de Hettner y la Geografía Alemana en el Siglo XIX y Principios del XX; en GeoCrítica N° 70, Barcelona, julio, 1987; p.23.

    Ibid. p.24.

    Ibid. p.24.

    Ibid. p.24.

    Ibid. p.25.

    Ibid. p.26.

    Ibid. p. 26 (subrayado nuestro).

   Ibid. p.26 (que podría pasar por positivista, de no ser por el principio dialéctico materialista de historicidad).

[*]    La referencia descontextualizada precisamente de ello, es lo que hace de Hettner un kantiano o un comtiano, y de ahí la precaución.

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14 septiembre 2015 1 14 /09 /septiembre /2015 22:04

El Fenómeno Objetivo del Espacio.  Preliminares de la axiomatización de la geografía en tanto ciencia rigurosa.  Orden y Clasificación del Espacio Terrestre (5/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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16 ene 13.

 

Hemos visto que el espacio, como espacio geográfico terrestre, aparece cuando una masa lítica protoplanetaria lo determina en la dimensionalidad de su geometría, pero, a su vez, en este caso, cundo fueron dos masas líticas las que así lo determinaron por la interacción de sus campos de gravedad, en un ámbito en el que generalmente se conoce como exósfera, y de igual manera, hemos visto, generando un campo magnético potente.  Luego, las transformaciones que ocurren  en el curso de millones de años en este sistema de masas gravitatorias, hacen aparecer esos nuevos elementos en las condiciones de existencia, constituyendo –como lo denomina Riábchikov– “fases” o estados de espacio particulares en condiciones semejantes a la litosfera: la atmósfera, la hidrosfera, la biosfera y la sociosfera, precisamente en ese orden de aparición.

 

Espacio Terrestre

Orden y Clasificación de sus Estados de Espacio Particulares

 

 

1    Litósfera

a)  Campo de gravedad (exósfera)

b) Campo magnético (magnetósfera)

           Estados de Espacio          2    Atmósfera

a) Campo térmico

b) Campo de presión

3    Hidrósfera

4    Biosfera

5    Sociosfera

 

Luego, así como la litósfera genera dos campos, el gravimétrico y el magnético, a manera de estados de espacio particulares; la atmósfera va a generar, a su vez, dos campos más a manera de estados de espacio particulares: el campo térmico, y el campo de presión atmosférica (y hasta aquí están nuestras consideraciones, no sólo a principios de 2013 que redactamos este artículo, sino a mediados de 2014 que lo transcribimos),

 

El estudio de los elementos dados en una masa rocosa, gaseosa, hídrica, biológica o sociológica, ahora en nosotros, bajo la categoría de estados de espacio, resulta, por decirlo así, en una consideración alotrópica de dichos elementos (esto es, que puede tener un mismo elemento de base –lítico, gaseoso, hídrico, biológico, o social–, pero que se presenta, generalizadamente, en otro estado físico).  Por dos siglos (siglo XIX y XX), el estudio del espacio terrestre subyacente en toda consideración geográfica, se hizo –en forma particularizada o reductiva– a través del estudio de los fenómenos, resultando ya hacia el inicio del último tercio del siglo XX, en algo totalmente deleznable, en el sentido correcto de la palabra: de “lo que se disgrega o deshace, que se desliza con mucha facilidad”; esto es, como desintegración dela geografía al deslizarse y disgregarse en otras ciencias, deshaciendo a la geografía misma históricamente dada.  Con la categoría de estado de espacio, aun cuando el objeto es el mismo (litósfera, atmósfera, hidrósfera, biósfera, sociósfera, o cualquiera de los campos que éstos generan), las propiedades de éste son ya otras, sujetas, a su vez, a otras leyes distintas al estudio de los fenómenos como tales; esto es, en consecuencia, sujetas a sujetas a las leyes del espacio, en una rígida consistencia lógica en la cual la geografía adquiere una integración e identidad propia, haciéndose como ciencia rigurosa o sistemática.

 

Inherente a la condición de estados de espacio y sus específicas propiedades, esas masas (lítica, gaseosa, hídirica, etc), sin incurrir en “reduccionismo” (puesto que no estamos estudiando ni el fenómeno biológico ni el social como tales, como formas de la vida o de la sociedad, lo que tendría que ser apegándonos a sus propias leyes; sino abstrayendo y generalizando “alotrópicamente” para explicarlas como estados de espacio.  Así, no estamos, pues, pretendiendo estudiar los fenómenos con otras leyes que no le son propias, sino estudiando estados de espacio, con las leyes propias del espacio.  Y en condición de estos de estados de espacio, son agregados de densidad, cuyo orden y clasificación es el siguiente:


 

1   Litósfera          5.52 gr/cm3

2   Exósfera          1/13.6 x10-3 a 1/13.6 x10-7

                                                     Estados de Espacio           3  Atmósfera        1 Torr; 760 mmHg; o 13.6 gr/cm3

4   Hidrósfera       1 gr/cm3

5   Biósfera           2 bill ton (peso seco)

6   Sociósfera       4.6 hab/km2

 

De esa clasificación primaria de tales componentes del espacio terrestre en su calidad de estados de espacio discretos, habrá otra para los estados de espacio continuo.  Si el anterior ordenamiento hubiese sido con un criterio geológico, habría sido dado por la historia natural del planeta; pero, geográficamente, será por cuanto a las propiedades morfométricas que revelan la espacialidad, en lo cual la densidad es determinante en ese ordenamiento, que da una nueva secuencia de clasificación:

 

Litósfera

Hidrósfera

Biósfera

Sociósfera

Atmósfera

 

En esa secuencia, siempre y cuando se determine por sus propiedades espaciales, los subestados de espacio pueden seguirse dividiendo y clasificando.

 

El espacio terrestre en el todo, como en sus partes, ha tenido un origen y evolución, por lo tanto, tiene un movimiento que no sólo es mecánico, de traslación, sino de automovimiento, interno, de desarrollo propio.  Así, el estudio del espacio terrestre, contra lo que se decía aún en los años setenta y ochenta del siglo XX, en cuanto a que, siendo el vacío, y el vacío “la nada”, a ese espacio no podía estudiársele sino eso: nada.  Hoy, corregida esa falsa lógica, su estudio depara en una infinita riqueza de conocimientos fundados en la sistemática de las propiedades y leyes del espacio geográfico.

       

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