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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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3 febrero 2011 4 03 /02 /febrero /2011 00:20

Ex-Libris InvertidoGeografía Básica.  Libro Básico de Consulta, 1994 (20/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

14 abr 11.

 

3  Topografía.

 

El primer tipo de Carta Temática es aquella que se refiere a la representación de los rasgos más superficiales, indistintamente de su naturaleza física, biológica o social, y es conocida a su vez como: Carta Topográfica ( de topos, lugar, y graphé, describir), la cual va a amostrar de un lugar de la Tierra, la localización y distribución de la orografía (montañas), litología (rocas), vegetación, ríos, lagos y lagunas, e infraestructura urbana y rural.

 

Así, uno de los primeros problemas que se planteó a la geografía de los siglos XVI-XVII, fue, precisamente, superar la imprecisa representación de la orografía, hasta entonces representada ingenuamente en forma de vista oblicua, no obstante que en cierta cartografía moderna de temática turística o no técnica, se suele emplear dicha representación con técnicas de sombreado.

 

Philipp Bauche, en 1756, hemos visto, introduce el concepto de isolínea de Curva de Nivel, y con ello se logra una representación científica del relieve, en tanto de una imagen justa del mismo, pero, además, permite determinar valores precisos de elevación y pendiente. (fig.86).


86-Transecto-Oblicuo.jpg

 

Por otra parte, si bien desde la remota antigüedad sumerio-babilonia o egipcia se da un trabajo de deslinde de tierras, que crea socialmente al agrimensor, conocido también como geómetra, y más tarde llamado topógrafo, es hasta principios del siglo XVII, ya sea con Snellius o con Willeboard Shell de Royen, que se diseña un sistema de triangulación, formado cadenas que permiten referir a ellas las posiciones de las cosas mediante su medición con coordenadas polares; es decir, considerando un ángulo medido con la brújula, y una distancia en un lado base del triángulo, obtenido con una cinta métrica, o en grandes distancias mediante el tránsito, y dibujar así, con mayor precisión, la forma y contenido de los mapas. (fig.87).


87-Triangulacion-por-Coordenadas-Polares.jpg

 

El exhaustivo trabajo de triangulación y su verificación, fue optimizado mediante el uso de una nueva herramienta: la fotografía aérea; cuyo primera referencia de su empleo, data de 1904, en que los hermanos Wrigth, de los Estados Unidos, las tomaron de Alaska para su levantamiento topográfico, generalizándose a partir de 1934.

 

Las fotografías aéreas, de manera especialmente tomadas (incluyendo en una fotografía un 60% de la anterior, tomada en la línea de vuelo), permitieron desarrollar una nueva metodología de medición del espacio terrestre: la fotogrametría, puesto que con dichas fotografías tomadas así, y llamadas pares estereoscópicos (fig.88), es posible observar el terreno de manera natural en tercera dimensión, e incuso un par de instrumentos complementarios son el estereoscopio, y la barra de paralaje, que permitirán realizar mediciones de distancia y elevaciones directamente en la fotografía, método conocido como fotogrametría.


88-Fotointerpretacion.jpg

 

Finalmente, pasar de la fotografía aérea a la llamada imagen de satélite, dependió sólo de la puesta en órbita terrestre de éstos, lo que innovó los estudios del planeta.


89-Toma-de-Imagenes-de-Satelite.jpg

 

Y así como vemos que al topógrafo o geodesta, que miden el espacio terrestre para sus propios estudios acerca de la forma y dimensiones de la tierra, no les interesa por ese solo hecho el estudio de la multiplicidad de fenómenos que en ese espacio existen, así mismo al geógrafo, que se vale de esas mediadas y hace las propias en el estudio del espacio terrestre, ello no lo convierte, por ese solo hecho en estudioso de todo cuanto en dicho espacio existe (Fig.90).


90-Tridimenisonalidad-e-los-Campos-Fisicos.jpg 


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3 febrero 2011 4 03 /02 /febrero /2011 00:19

Ex-Libris InvertidoGeografía Básica.  Libro Básico de Consulta, 1994 (19/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

11 abr 11.

 

Dejemos a ese geógrafo fenomenista moderno y contemporáneo aún, limitado y embrollado allí con el pretendido estudio del os fenómenos, porque, a su entender acientífico, al conocimiento del espacio nada hay más qué hacerle; y adentrémonos aquí sí –para el tratamiento con los nuevos modelos del Globo Terráqueo–, al período hipotético-deductivo del desarrollo de la ciencia geográfica entendida como ciencia del estudio del espacio terrestre.

 

Distingamos primero otros posibles modelos de la esfera terrestre, que se fueron dando entre le siglo XV y nuestro tiempo.  Para ello continuaremos usando por comodidad las figuras literarias y de la historia de la cultura en la clasificación de estos globos terráqueos.

 

Al modelo de la esfera clasicista de los siglos XVI-XVIII que orgullosa mostraba sus logros, le siguió entre los siglos XVII-XVIII, el modelo barroquista de la esfera terrestre, es decir, pues, el Globo Terráqueo de adorno, porque en ella no había más qué hacer.

 

Subsecuentemente apareció, propio al siglo XIX, afín con los tiempos, el modelo romanticista-realista (fig.83), de la nueva fiel representación, surgida del mundo del aventurerismo colonialita.  Este Globo Terráqueo del siglo XIX que empezaba el rompimiento con los logros estáticos del clasicismo y la extravagancias insustanciales del barroco, para –en manos de los notables geógrafos de eses siglo–, ser usado con fines temáticos, hizo que la representación de la esfera terrestre dejara atrás una época de “objetivismo fosilizado”[a] de la representación de la realidad tal cual, sin más qué hacerle que no fuera “inventar”.  Con el nuevo subjetivismo propio del momento histórico que se vivía, se favoreció el rescate, nuevamente, el Globo Terráqueo como instrumento de estudio e investigación, traducido en la ciencia como el proceso de abstracción.


83-Globo-Terraqueo-Realista-Romanticista.jpg

 

El modelo realista del Globo Terráqueo fue usado para valorar la naturaleza, las zonas climáticas y su relación con las características regionales de los desiertos, vegetación y fauna, los rasgos etnográfico, etc.  Destacan, porque fueron los primeros en intentar la representación del técnica del relieve considerando la tridimensionalidad, con los mares azules en distintas tonalidades representando una pseudobatimetría o profundidades de los océanos.

 

Había ahí una mezcla de estudios fenoménicos de otro orden: de la Geografía como “ciencia de la localización”, de Vidal de la Blache, con estudios espacistas en el proceso del conocimiento de nuevas propiedades espaciales y sus representaciones cartográficas, por ejemplo, con la medición barométrica de las formas del relieve y su representación tridimensional a escala, o bien, combinando ello con el trazo de las isolíneas propuestas desde 1756 por Philipp Bauche, llamadas Curvas de Nivel, e incluso con la representación mediante la técnica de las isolíneas de ciertos eventos meteorológicos, como la distribución en la intensidad de las precipitaciones pluviales mediante las isoyetas; todo lo cual había sido introducido por los trabajos de Humboldt en la primera mitad del siglo XIX.

 

No obstante, inimaginable para ese momento histórico el Globo Terráqueo en la analogía del Homúnculo[b] (fig.84), pues qué podía ser eso sino, para los geógrafos idealistas, no una subjetividad, sino un monstruoso exceso de abstracción, como para los geógrafos materialistas del mecanicismo de los tiempos, una aberración subjetivista.


84-Globoide.jpg

 

Ello es así, porque los objetivos históricos de esta ciencia en esa época eran otros.  Hoy nuevamente ha cambiado, sobre la base de lo logrado entonces (fig.85).


85-Barimagnetoide.jpg




[a] Por “objetivismo fosilizado”, nos referimos aquí al Globo Terráqueo en la exclusiva representación de lo concreto, y en el cual no hay más esfuerzo de abstracción que la dada por la generalización del modelo a escala; algo equivalente a una especie de “fotografía tridimensional” de un mundo estático.

[b] Históricamente, el Homúnculo es una especie de duendesillo que pretendían crear los brujos medievales.  Actualmente se ha utilizado como modelo anatómico para valorar, por ejemplo, la jerarquización en el tiempo de algunos de los órganos de los sentidos, y así, siendo el sentido del tacto labial en los infantes el que primero se manifiesta, el Homúnculo empezaría por ser un “monstruo” de gigantescos labios, enorme lengua, grandes orejas, y, finalmente, diminutos ojos.  Otra vez, como en tantos otros caos; como en el de la transformación de los metales en oro; lo que los brujos medievales no lograron hacer, la ciencia contemporánea “lo ha conseguido”.  Por analogía, dicho Globo Terráqueo podría denominarse “Globúnculo”.



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3 febrero 2011 4 03 /02 /febrero /2011 00:18

Ex-Libris InvertidoGeografía Básica.  Libro Básico de Consulta, 1994 (18/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

 07 abr 11.

 

Cuadriculado así nuestro mapa, lo siguiente será ir graficando la información acerca de lo que se encuentra en dicha área, obteniendo su localización, ya desde hacerlo con la cinta métrica y brújula, o hasta con el teodolito y distanciómetro.

 

Así, a partir del siglo XVI, habrá que llenar los continentes con todos los datos de todo cuanto existe en ellos, y en este punto interviene Bernardo Varenio (¿1622-1650?), tal como en su tiempo lo había hecho igualmente Estrabón para el Ecumene, sistematizando la geografía descriptiva los fenómenos mediante las Relaciones Geográficas, fenómenos que se habrán de graficar en el mapa y se reconocerán mediante una simbología determinada, tal como ahora lo hacemos respecto de una Carta de Área Local, que por la representación de ciertos datos específicos, se denomina también, Carta Temátia (fig. 78-81).


78-Carta-Topografica-de-Cuernavaca--Carta-Tematica-Basic.jpg 79-Carta-Geologica-de-Morelos.jpg


80-Carta-Climatica-de-Morelos.jpg 81-Carta-de-Uso-del-Suelo-de-Morelos.jpg

 

El espacio geográfico está determinado en sus propiedades por la existencia de las cosas, los objetos o los fenómenos, como se les quiera llamar, tanto naturales como sociales.  Estrictamente, la geografía podría hacerse prescindiendo del conocimiento de qué tipo de fenómeno es el que está determinando las propiedades del espacio.  Sin embargo, cuanto más sepamos acerca de dichos fenómenos, mejor comprenderemos las propiedades esenciales más complejas del espacio mismo.

 

No obstante, ese conocimiento más a fondo acerca de la causalidad de los fenómenos, no implica que el geógrafo sea un estudioso o investigador de los mismos, sino que los toma de los demás especialistas y los expone por su parte de forma descriptiva.  Esto es lo que se llama descripción calificada.  Referirnos a las cosas con propiedad, es a lo que se avoca la descripción calificada, con la cual se realiza la parte geográfica conocida como geografía descriptiva o de Relaciones Geográficas.

 

Se entiende por Relación Geográfica, entonces, a la descripción calificada de los procesos o fenómenos tanto naturales como sociales, mediante lo cual, posteriormente se construirá la Carta Geográfica y se estudiará el comportamiento y tendencias de desarrollo del espacio terrestre.

 

El estudio en Geografía de los fenómenos, tiene por objeto, entonces, no el conocimiento de los fenómenos en sí, sino mediante ellos, de las propiedades más complejas del espacio.

 

Nos referiremos entonces a la Relación Geográfica, para llamar así a las monografías geográficas generales o temáticas (referidas al tratamiento de un fenómeno o conjunto determinado de fenómenos), de todos los tiempos, que recogen principalmente la información estadística o de censo, y las descripciones de un lugar determinado de la Tierra.

 

La Relación Geográfica constituye el acopio de datos que permiten, como en toda ciencia, la investigación causal.  En este caso, esa acumulación previa de datos, tendrá la finalidad de preparar el estudio de las propiedades del espacio terrestre: dónde y cómo están las cosas, cuál es su lugar y situación; cómo se distribuyen, cuáles son sus límites y extensión, qué conexiones y relaciones se establecen entre ellas; así como, en ese orden de coexistencias y relaciones, investigar cuáles son sus propiedades de movimiento, y su comportamiento (isotrópico, homogéneo, uniforme, simétrico, o sus inversos).  Los fundamentos para el levantamiento de Relaciones Geográficas, son los conocimientos acerca de la explicación de las cosas y de la sistematicidad de su tratamiento.

 

A lo largo de este texto nos hemos referido escasas dos veces al Globo Terráqueo, pero las veces que lo hemos hecho ha sido para destacar aspectos relevantes del desarrollo de la ciencia geográfica: en el primer caso, conel Globo Terráqueo de Crates, en el que se conjetura acerca de otras tierras continentales; y en el segundo caso, con el Globo Terráqueo de Behaim, en el que se problematiza la hipótesis de las posibles dimensiones de la Tierra.

 

El Globo Terráqueo ha sido, en los buenos tiempos de la ciencia geográfica, un documento de especial valía en la investigación.  Hoy sólo se le ve reducido a un adorno cuasi nostálgico de esos tiempo.

 

En este capítulo trataremos de rescatar dicho documento en calidad de lo que siempre ha sido para esta ciencia: un modelo del objeto de estudio.  Es decir, rescataremos al Globo Terráqueo a la luz de la metodología contemporánea, como un documento de prueba, de análisis, es decir, como un elemento experimental, y, por lo mismo, de enorme importancia didáctica.

 

A partir aproximadamente del siglo XIX, en que básicamente los parajes más recónditos de nuestro planeta  habían sido ahoyados, un aspecto más vino a sumarse a la problemática del desarrollo de la Geografía como ciencia: los mapas estaban llenos, no había más espacios en blanco ni áreas ocupadas de mítica simbología que invitaba a la exploración y el descubrimiento.  En ello se había cifrado el desarrollo de esta ciencia por toda la era medieval y parte de la época moderna.  La Geografía parecía haber cumplido su cometido social y no había ya más nada qué hacer, que reproducir su historia una y otra vez.

 

Con el mapa del Orbe completado, se avivó nuevamente la concepción estraboniana de la Geografía: ésta –a decir de esa corriente de pensamiento geográfico fenomenista estraboniano– no podía ser más la ciencia de los mapas, este no era si acaso, más que un medio para el estudio del os fenómenos.  La Geografía pasó a enfatizarse entonces más que nunca, como ciencia de los fenómenos.  Esa se veía como única salida a su desarrollo ulterior.

 

Redescubrir que en el mapa, en el fondo, el asunto no es el estudio de los fenómenos, sino el espacio, ha consumido prácticamente ya más de un siglo.  Pero esa situación teórica del geógrafo tuvo sus implicaciones en el Globo Terráqueo, a su vez completado: dejó de ser el modelo dinámico en constante cambio y búsquedad de explicación, para quedar como un modelo petrificado, estático, con el que no había más qué hacer, que usarlo como bella peza de adorno o de museo, para mostrar los logros de la humanidad.

 

Pero hasta allí, lo que había ocurrido, era sólo el cumplimento de los objetivos de una etapa en el proceso del conocimiento geográfico.  EL Globo Terráqueo renacentista no podía ser, justamente, mas que el acabado modelo que centró los esfuerzos de la investigación geográfica de muchos siglos, y en ese sentido, no podía ser, pues, mas que el modelo clasicista del Orbe, la expresión última del rescate del saber helénico llevado a su culminación. (fig.82).


Globo--1578


El mayor orgullo del Globo Terráqueo en el modelo clasicista, consistió, precisamente, en poder mostrar la completitud del conocimiento de la configuración del mundo, de su real forma y dimensiones, y de mostrar la existencia de todos los lugares posibles de conocerse.

 


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3 febrero 2011 4 03 /02 /febrero /2011 00:17

Ex-Libris Invertido  Geografía Básica.  Libro Básico de Consulta, 1994 (17/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

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04 abr 11.

 

Sucediendo a Hiparco, fue ahora Marino (s.I ane), quien propuso un nuevo modelo geométrico de proyección en lugar del plano, con base en un cilindro tangente en el ecuador (fig. 73).


73-Proyeccion-Cilindrica-de-Marino.jpg

 

La Proyección Cilíndrica de Marino, en última instancia, era una Gnomónica Ecuatorial de Hiparco, con la variante de que el plano de proyección envolvía ahora a la esfera terrestre tangente al ecuador.  Esta proyección arrojó enormes deformaciones hacia los polos en el sentido latitudinal, y movió ahora a Ptolomeo (90-168), a buscar y proponer el ajuste, mediante el cono como modelo geométrico de proyección. (fig.74).


74-Proyeccion-Conica-de-Ptolomeo--Construccion.jpg

 

La Proyección Cónica de Ptolomeo, ya del siglo II dne, ajustaba tanto las deformaciones de la Equirectangular de Hiparco, como las de la Cilíndirca de Marino, y, en todo caso, aumentaba la zona de representación correcta ya no reducida en torno a un punto como en las Geométricas Planas, sino en la zona a lo largo de un paralelo.  Su desventaja era la imposibilidad de la representación planisférica de todo el mundo, y una deformación en las zonas extremas, que, notadas por el mismo Ptolomeo, lo llevó a desarrollar la primera proyección ya no geométrica, sino modificada o calculada: la Proyección Homeótera (fig.75), que es la misma Proyección Cónica Simple, modificada por cálculo para ajustar las deformaciones extremas en los paralelos en su sentido longitudinal, y de ahí que la Proyección Homeótera, sea una Proyección Cónica Modificada, que representó el máximo perfeccionamiento del conocimiento y manejo del espacio terrestre hasta su tempo.


75-Proyeccion-Homeotera-de-Ptolomeo.jpg

 

En los siguientes siglos, principalmente entre el siglo VII y el XII posteriores al período de la patrística, el centro de producción geográfica se trasladó de Europa al mundo árabe, quienes viendo imposible la determinación de las longitudes en sus largas expediciones, dadas las condiciones tecnológicas de su tiempo, resolvieron los problemas de la configuración cartográfica y localización, valiéndose ahora ya  de un nuevo instrumento geográfico: la brújula, con la cual se trazan los llamados Mapas Portulanos (Mapas Náuticos o de Puertos), cuyo control está dado por los 32 rumbos magnéticos a partir de la “Rosa Náutica, o de los Vientos”, en combinación con la estimación de distancias.

 

La cartografía árabe fue, en consecuencia, más bien, de orden práctico (semejante a los Itineraria Picta, pero ahora en el ámbito náutico), o de solución del conocimiento del espacio terrestre en forma inductiva, es decir, reconstruyéndolo conforme se le iba conociendo (a diferencia del conocimiento del espacio terrestre por los griegos, que era deductivo, y avanzaba verificándolo).

 

Una vuelta al clasicismo griego que caracterizó el inicio del Renacimiento, fue iniciada con la Carta de Toscanelli (1397-1482), construida mediante un nuevo sistema de proyección: una Proyección Trapezoidal.  Esta proyección del espacio planisférico rescató la idea deductiva de su conocimiento y manejo, es decir, se establecía nuevamente una generalización teórica, y en función de ellas se iba integrando sus partes.

 

Esa generalización teórica tuvo una importancia fundamental: estimuló las expediciones de Cristóbal Colón al Oriente, por la Ruta de Occidente, simplemente porque se establecía efectivamente esa posibilidad teórica, en función de que se replanteaba nuevamente una Tierra esférica.  De acuerdo con la metodología árabe precedente, el recurso hubiera sido el tener que seguir integrando puerto por puerto de los litorales continentales, hasta bordearlos todos, y terminar de reconocer el mundo.

 

Así pues, el conocimiento de la esfera terrestre que se inicia con la determinanción de su magnitud por Eratóstenes, culmina entre los siglos XV y XVI, con la Carta de Toscanelli, el Globo Terráqueo de Behaim, y los viajes de Cristóbal Colón con las conclusiones de Américo Vespucio, que dajan una visión integrada del mundo hasta su tiempo.

 

El siglo XVI remata con la inclusión, por una parte, del sextante (evolucionado del astrolabio), con el cual era posible determinar con presión las posiciones de latitud; y, por otra parte, con la aparición del cronómetro, fundamental en la navegación de altura, mediante lo cual fue posible determinar ya las posiciones en longitud, perfeccionándose con ello las posiciones de los lugares y el delineamiento de los mapas.  Se aunó a ello la extraordinaria aportación de Gerardo Mercator (1512-1594): su Proyección Cilíndrica Tangente Conforme, que inica una nueva era en la náutica.

 

Finalmente, los mapas dejaron de ser los sistemas de proyección y su configuración planisférica, para empezar a ser lo que actualmente conocemos de ellos: 1) un sistema de proyección y de coordenadas geográficas, 2) un canevá cartesiano, 3) una escala, 4) una fecha de edición, 5) un título, 8) las leyendas o toponímios necesarios y suficientes, 9) un recuadro de localización del área que cubre la carta en una región más amplia, y 10) una clasificaciónn (fig.76).


76-El-Mapa-y-sus-Elementos-Principales.jpg

 

En las Cartas de Área Local actuales (por ejemplo, las Cartas de la Dirección General de Geografía, del Instituto Nacional de Esadística, Geografía e Informática), en las que la diferencia angular entre las coordenadas extremas puede ser tan sólo de segundos, se observa una cuadrícula especial (en línea azul).  Dicha cuadrícula no es más que eso, una cuadrícula que corresponde a un elemental sistema de coordenadas cartesianas (x,y).  Sus valores se observan en millones de metros, debido a que los orígenes del sistema se encuentran en la intersección del Antemeridiano y la latitud de 80º φS, conocida como “falsa abscisa”, de modo que todos los valores sean positivos (fig.77).


Proyeccion-de-Mercator

 

Ante el hecho de que un sistema de coordenadas geográficas deja de ser óptimo en una Carta de área local; mas no por ello inútil o innecesario; es suplido por dicho sistema de coordenadas cartesianas, más funcional al estar dado en valores ya no sexagesimales, sino centesimales, para determinar localizaciones y distancias.

 


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3 febrero 2011 4 03 /02 /febrero /2011 00:16

Ex-Libris InvertidoGeografía Básica.  Libro Básico de Consulta, 1994 (16/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

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31 mar 11.

 

2  Cartografía.

 

Entre los griegos, conocedores ya de las propiedades espaciales de la esfericidad de la Tierra y de su simetríaa bipolar, se avanzó ahora sobre el problema de su magnitud.

 

Tocó a Eratóstenes en el siglo III ane, encontrar el método para determinar el perímetro de la esfera terestre.  En realidad, no podía partir más que del punto en que Diceraco le heredó los estudios del espacio terrestre: el conocimiento del punto de la Tierra de sombra cero in situ del gnomon y su valor angular de latitud correspondiente.

 

Eratóstenes reflexionó en que, siendo la Tierra una Esfera, un ángulo medido en el gnomon en algún punto de la Tierra, sería proporcional a una distancia de segmento de círculo sobre el mismo meridiano, entre ese punto, y el punto de sombra cero del gnomon en la fecha del solsticio; tanto como el ángulo total del círculo, lo sería a su perímetro.  Es decir, que habría una relación directamente proporcional entre el ángulo del gnomon, y una distancia; u los 360º del círculo, y su perímetro. (fig. 69).

 
69-C.alculo-Perimetro-de-Eraostenes.jpg

 

Se considera que el ángulo medido por Eratóstenes en el gnomon, fue de 7.2º, y que la distancia del arco de medido entre el lugar de la posición del gnomon y el Trópico ( sombra cero del solsticio), sobre el mismo meridiano, sería, en unidades actuales, de unos 800 km, de manera que si 7.2º correspondían a 800 km, 360º habrían de corresponder al perímetro de la Tierra, que, resolviendo la operación con los datos obtenidos, da un valor de 40,000 km.

 

Físicamente, hemos visto, la noción del espacio era de una naturaleza bidimensional; filosóficamente, de acuerdo con la autoridad de Aristóteles para ese entonces, el espacio terrestre era la superficie, en este caso, de la esfera terrestre.  Conocido el valor del perímetro de dicha esfera, la medida del espacio terrestre (el valor de su extensión superficial), era algo plenamente determinado.

 

Representar los rasgos de la Tierra en un Globo Terráqueo como lo hizo Crates en el siglo II ane, resultaba algo sin dificultad.  La incomodidad, era transportar el Globo Terráqueo mismo.  De ahí que se planteó el problema de representar los rasgos del Globo Terráqueo, en un plano o mapa, a su escala.

 

La transformación geométrica de la esfera en un plano no tiene una solución única: o el plano sufre cortaduras conservando los rasgos verdaeros de los continentes, o se conserva la continuidad en el plano, sacrificando la figura verdadera de los continentes con ciertas deformaciones.  Así empezó la búsqueda de un sistema de proyección cartográfica que fuese idóneo.

 

Hiparco (s.II ane), asumió por primera vez la tarea, construyendo una primera representación, mediante una Proyección Cartográfica No-Verdadera (fig. 70).  Es decir, simplemente trazó un semimeridiano central (la mitad del perímetro de la Tierra), a escala, dividiéndolo en partes iguales, por cuya parte central trazó enteramente el ecuador, a su vez, a escala (resultando del doble de longitud, por lo tanto, que el semimeridiano central), y trazó cada uno de los paralelos, como líneas de igual magnitud que el ecuador, y paralelas a este.


70-Proyeccion-Equirectangular--Hiparco.jpg

 

El ecuador lo dividió a su vez, proporcionalmente en las mismas partes que el semimeridiano central, quedando la red de paralelos y meridianos como una cuadrícula de rectángulos iguales; de donde dicha Proyección tomo su nombre como: Proyección Equirectangular.

 

Al configurar los continentes, puede apreciarse la enorme deformación que se produce en sentido longitudinal, siendo tanto mayor dicha deformación, cuanto más nos aproximamos hacia los polos, debido a que los círculos paralelos rectificados, cuanto más próximos a los polos, deberían tener cada vez una mayor extensión o longitud métrica.  Dichas deformaciones no significan que la Proyección o el mapa “estén mal”, sino simplemente que así es esa Proyección.

 

Poco después, el mismo Hiparco diseñó un modelo de proyecciones verdaderas, o proyecciones geométricas planas.  Imaginó proyectar la red de paralelos y meridianos, conocido también como canevá, sobre un plano tangente a la Tierra en tres posibles posiciones: 1) tangente al ecuador, 2) tangente a los polos, y 3) tangente en cualquier punto intermedio entre el ecuador y los polos, o posición oblicua o meridiana.

 

A la vez, cada una de esas tres posibles proyecciones de acuerdo al la posición del plano, se dividió en tres tipos de acuerdo con la posición, ahora, del foco de proyección: 1) en el centro, o gnomónico (fig. 71); 2) diametralmente opuesto al punto de tangencia, o estereográfico (fig. 72); y 3) en el infinito, opuesto al plano de proyección, u ortográfico.  De modo que se tendrá la siguiente serie de Proyecciones Cartográficas posibles:

 

1       Gnomónica Ecuatorial

2       Gnomónica Polar

3       Gnomónica Oblicua.
 

4       Estereográfica Ecuatorial

5       Estereográfica Polar

6       Estereográfica Oblicua.

 

7       Ortográfica Ecuatorial

8       Ortográfica Polar

9       Ortográfica Oblicua.


 71-Proyeccion-Gnomonica-Ecuatorial--Hiparco.jpg 72-Proyeccion-Estereografica-Polar--Hiparco.jpg

 

Con ello, en lo fundamental, la elaboración de los mapas estaba científicamente definida.  Si la primera Proyección, la Equirectangular, deformaba en las regiones polares en sentido longitudinal, ahora las Proyecciones Geométricas Planas eran justas sólo en las proximidades del punto de tangencia del plano de proyección.

 


 

 

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3 febrero 2011 4 03 /02 /febrero /2011 00:15

Ex-Libris InvertidoGeografía Básica.  Libro Básico de Consulta, 1994 (15/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

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28 mar 11.

 

El menhir, es el equivalente pétreo, fijo y permanente, del gnomon, una vara encajada en el suelo en posición vertical, de cuya sombra se podía establecer el círculo horario, y su equivalente sexagesimal en grados (de grada o escalón, dispositivo que de algún modo debió haber sido complemento del gnomon).  De manera que el menhir o gnomon, constituye el primer instrumento geográfico, tal que, incluso, permite determinar una propiedad especial del espacio: el tiempo.

 

Se considera que el valor de distancia de 0.83 cm, conocido como “Yarda Megalítica”, es la unidad de espacio más antigua conocida.  Determinar este valor en ciertas mediciones prácticas, supuso el empleo de un instrumento, el segundo instrumento geográfico: la cinta métrica.

 

Se le empleó necesariamente para levantar los emplazamientos megalíticos de menhires conocidos como Alineamientos, con la exactitud que requerían para su función.  Pero con la cinta métrica, debió aparecer lo que actualmente conocemos como compás, dispositivo sin el cual no hubiera sido posible construir el cromlech.

 

Es decir, el menhir en forma de cromlech o henge, o el gnomon con una escala, formarán otro instrumento de observación y medición, que permitió desentrañar propiedades del espacio aún más complejas vinculadas al tiempo: las Estaciones del Año y sus Solsticios y Equinoccios.

 

Hasta aquí, hacer un mapa sólo requería de una correcta orientación, y una buena estimación de distancias.  Todas esas observaciones cosmográficas en que se apoyó la construcción de esos mapas, apenas eran el inicio del conocimiento de la estructura del espacio terrestre; el siguiente paso, sería discurrir de la “mecánica celeste”, a la “mecánica terrestre”, y ese paso le tocaría darlo a los griegos.

 

El último elemento preparatorio en ese sentido, consistió en la observación de la altura de la Polar, conforme el desplazamiento del observador, ya en dirección Norte o Sur (fig. 66).  Cuando el observador se desplaza al Norte, la altura de la Polar aumenta, al moverse hacia el Sur , la Polar deciende hacia el horizonte.


66-La-Altura-de-la-Polar.jpg

 

Si bien los cromlech fueron el medio de observación de los equinoccios y solsticios; levantados así, megalíticamente para mostrar de ese modo la eternidad de una regularidad y la solidez de una ley natural; no quedó, sin embargo, registro de mediciones.  Esta última fue, por lo tanto, la contribución específica de los griegos como Eudemo y Dicearco, quienes finalmente, uno, aproximó las medidas de los trópicos, y otro las determinó con precisión.

 

Desconocemos el procedimiento que emplearon, pero entre Anaximandro (610-547 ane) y Dicearco (326-296 ane), es decir, entre los siglos VI a III ane, se produjo un enorme salto en el intelecto: se pasó de la concepción plana del mundo, a su concepción esférica (fig. 67); en todo caso, por la especulativa conjetura de Pitágoras (580-500 ane) acerca de la figura geométrica perfecta, y luego, principalmente por la conjetura evidenciada de manera práctica por Aristóteles (384-322 ane), al señalar la curvatura de la Tierra sobre el disco de la Luna, y la esfericidad de la Luna misma, considerada por las sombras de su propio relieve; esto es, justo en el siglo IV ane.


67-Espacio-Geografico-Aristotelico.jpg

 

Es decir, muy probablemente el recurso para determinar los 23º 27’ de latitud para los trópicos; que ya suponía de por sí la concepción de la Tierra como una esfera seccionada por una serie de líneas imaginarias; un ecuador o línea de círculo máximo que divide a la Tierra en dos hemisferios con centro en los polos norte y sur; por los paralelos que definen los valores angulares de latitud (anchura) entre 0º y 90º entre el ecuador y los polos en una serie de círculos paralelos al ecuador; y los meridianos (de “medio día”), que a su vez definen los valores angulares de longitud (largura) entre 0º y 180º tanto al Este como al Oeste a partir de un Meridiano de Origen convencional; o líneas imaginarias que a su constituyen círculos máximos que seccionan la Tierra pasando por sus polos; se logró con la determinación de la sombra cero del gnomon, en relación con la altura de la Polar; que hacía de dichas conjeturas una verdad científica demostrada: la Polar se elevaba, porque el plano por el que se movía el observador hacia ella, no era recto, sino curvo: precisamente el correspondiente a una esfera.

 

Así, no sería difícil concluir que la determinación de la latitud de los trópicos se haya definido con el ángulo de la altura de la Polar medido con el astrolabio, en el punto de sombra cero del gnomon in situ.

 

Si al cuadrante de 90º de una esfera se le restan los 23º 27’ de la latitud de los trópicos, el resultado de 66º 33’, corresponderá a la latitud de los círculos polares; línea paralela al ecuador en la cual los rayos solares tocan tangencialmente la superficie terrestre en el momento de cada solsticio.

 

En cuanto a la medición de esa propiedad especial del espacio: el tiempo, no fue, sin embargo, sino hasta 1882 en que quedó determinado por una distribución regular de valores longitudinales de 15º cada uno, conocidos como Husos; resultado de dividir los 360º del círculo ecuatorial, entre 24 partes u horas.

 

El origen de su medición a partir de un Meridiano Central, ha cambiado en distintos momentos de la historia.  El primero de ellos en el período heleno-romano, se estableció en el Meridiano de Rodas.  Más tarde, en el período del Imperio Español, en las llamadas “Columnas de Hércules” o Estrecho de Gibraltar; y, finalmente, en nuestra época, en el Observatorio de Greenwich, en Inglaterra.  A partir de allí y en dirección hacia el Este (Oriente o Levante), cada 15º se cuenta progresivamente una hora, y en el Antemeridiano, a los 180º, pasando por el Estrecho de Bering y prolongándose por el centro del Océano Pacífico, se establece la Línea Internacional del Cambio del Tiempo (o cambio de día) [fig. 68].


68-Husos-Horarios.jpg

 


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24 mar 11.

 

 

II  El Espacio Bidimensional

 

1  Cosmografía.

 

Por muchos miles de años, el Hombre de Neanderthal fue y vino incesantemente por las ricas praderas y fértiles valles que daban el sustento con agua, pesca y frutos, a las grandes especies migratorias.  Su vida, como la de otras especies, se reducía a su lucha por la sobrevivencia.

 

Para ese homínido que pernoctaba día con día en distintos refugios naturales o en elementales empalizadas o enramadas, le debió parecer que el Sol –el astro que regía su vida–, debía aparecer indistintamente por cualquier punto del horizonte.  Y es que una noche construyó su empalizada casualmente con la entrada en dirección al oriente, y el Sol le vino a “tocar la puerta”; pero otro día, una nueva enramada en u sitio distinto, quedó emplazada en otra dirección, y entonces al Sol “se le ocurrió” aparecerse por detrás, o por cualquier otro lado.  Al final de cuentas, eso no tenía importancia; por dónde saliera el Sol no significaba nada para su vida, lo importante es que el Sol estaba nuevamente ahí, y por un día más continuaba su existencia.

 

Entre las distintas variedades de homínidos que por muchos miles de años coexistieron, rápidamente evolucionó desde hace más de 400,000 años, un homínido totalmente erecto, al que se reconoce ya como el ser humano: el Pithecantropus erectus, cuyo resultado último es el llamado Hombre de Cro-Magnon, con mayores habilidades y capaz de fabricar utensilios más perfeccionados y herramientas más complejas; y en el curso de miles de años poco a poco fue aprendiendo a hacer más fácil y cómoda la vida.

 

Habitó por largos períodos en grandes cuevas, y todo ello dio lugar al reposo, y con él a la observación y reflexión.  Con ello surgió la creatividad, el arte, y se profundizó el pensamiento mágico-espiritual.  Empezó a ver que el Sol tenía un sitio preferido para aparecer por el horizonte, y que de noche, la Luna y las estrllas tenían un movimiento peculiar, que, en principio, seguía precisamente el movimiento diurno del Sol (fig. 62, 63).


62-El-Firmamento--Primavera-Verano.jpg 63-Firmamento--Otono-Invierno.jpg

 

A fuerza de años de observación natural, simple, guiada por la fascinación y capacidad de admiración que más tarde despertaría la curiosidad propiamente científica, el Hombre de Cro-Magnon, que hasta ahora sabemos que principalmente deambuló por los países de Europa, a los que le condujeron sus antecesores migrando desde África o el Sureste Asiático; pudo irse dando cuenta con el transcurrir de los años, de ciertos detalles en la bóveda celeste; resultó que no todas las estrellas se movían igual, algunas, los planetas, por algún tiempo comenzaban a andar en sentido contrario, e incluso iban y venían y luego no se les volvía a ver por un tiempo; con la Luna ocurría algo semejante ; y el Sol, resultó que no siempre “salía” exactamente por el mismo punto del horizonte, sino que lo iba haciendo día con día cada vez más hacia un punto extremo, y a partir de él, regresaban nuevamente hacia un segundo extremo, y así sin cesar.  Es más, a ese movimiento del Sol le acompañaban durante las noches ciertos grupos peculiares de estrellas, y por una temporada, se presentaban ciertas condiciones  ambientales que hacían más cómoda o más difícil la vida.  Y en ese punto se despertó su curiosidad científica: observar los astros, se tradujo en cuestión de sobrevivencia.

 

Ello condujo a los llamados “Hombres de los Megalitos”, la primitiva sociedad actual en el momento histórico de sus primeros asentamientos permanentes, al establecimiento de los menhires (en lenguaje celta: “piedra larga”), los cromlech o henges (conjuntos especiales de menhires por su disposición rectilínea alineada o circular), y los dólmenes, levantados hace más de 3,500 años con los sumerios, o entre los cuales el más famoso es el familiar emplazamiento de Stnhenge (fig. 64), en el extremo sur de Inglaterra; los cuales eran verdaderos observatorios astronómicos que permitían determinar el momento exacto en que el Sol alcanzaba los puntos extremos de su movimiento aparente en el horizonte a lo largo de un año (fig. 65), puntos conocidos como Sosticios (“estacionamientos del Sol”, con la particularidad de que la duración de los días y las noches son desiguales), así como el momento de su paso por el punto medio llamado Equinoccio (“noches iguales”).


64-Stonhenge.jpg 65 Estaciones del Año

 

Desde entonce se había llegado ya a concluir  que la observación de la salida del Sol por una región permanente del horizonte, le acompañaba la observación de que el paso de las estrellas no era de igual recorrido para todas.  Las que transitaban por el largo camino del Sol, tardaban toda la noche en ocultarse, pero en una cierta dirección del firmamento, el recorrido de las estrellas era breve.  Más curioso aún, algunas de ellas, incluso, no se ocultaban en el horizonte, estaban ahí, noche tras noche y a lo largo de todas ellas, trazando imaginarios círculos concéntricos en torno a un punto , en el cual, por lo demás, se localizaba una estrella, misma que, en consecuencia, estaba permanentemente fija toda la noche.

 

Fue lógico concluir, entonces, que el lugar en que habitaba, ese enorme espacio bajo la bóveda celeste, tenía una dirección absoluta hacia esa estrella permanentemente fija, y que el camino del Sol, la Luna, y las estrellas, era exactamente perpendicular a esa dirección del espacio, lo cual permitía, pudiendo estar en cualquier parte, establecer una ubicación respecto de esos puntos; la Estrella Polar localizable por el Septentrión (las siete estrellas de la Osa Menor), y el Levante, definible por el lado del horizonte por donde el Sol “sale” o se levanta.

 

En ese momento, una vez establecida esa relación, nació el conocimiento acerca de las propiedades del espacio terrestre, y, con ello, el pensamiento o ciencia de la Geografía, que unos tres mil años después, finalmente se sistematizaría como tal entre los griegos.

 

Para entonces habían transcurrido varios cientos de miles de años, y el Cro-Magnon de hace 10,000 años, era ya plenamente el Hombre de la sociedad actual, preparándose para establecerse definitivamente en ciertos lugares, principalmente, de la Mesopotamia.

 

Sin embargo, esa sociedad ahora predominantemente fija, sedentaria, para poder subsistir, requirió de asignar a ciertos individuos, la tarea de explorar cotos de caza, pesca y recolección, en la dirección que fuera, del extenso plano de la superficie terrestre.

 

Hasta entonces, un conocimiento geográfico espontáneo había estado ligado a un espacio unidimensional: el ir y venir de las tribus nómadas, siguiendo las corrientes de la fauna migratoria.  Ahora, ya sedentarizada la sociedad humana, las dimensiones del espacio aumentaban; su mundo ya no sería más los estrechos corredores migratorios, sino todo el plano de la superficie terrestre.

 



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3 febrero 2011 4 03 /02 /febrero /2011 00:13

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21mar 11.

 

El conocimiento de la esfera terrestre se ha completado en cuanto a su dimensión espacial, incluso por cuanto a la configuración de sus continentes y océanos, sustento material del “Medio Geográfico”.

 

La Geografía posterior, en sus expresiones más avanzadas, por una parte, prácticamente va a ceder al campo de la geodesia la ulterior investigación de las proyecciones cartográficas, y por otra parte, va a dedicarse –no casualmente–, a revivir la Geografía Descriptiva fenomenista, enciclopédica, precisamente a partir de los trabajos de Varenio (fig. 58).  Lo importante será ahora nuevamente, como en la época de Estrabón, saber qué hay en los lugares, y dónde y cómo está, a fin de, con ello, completar el nuevo levantamiento cartográfico que se había incluido con la configuración del nuevo mapa de la esfera terrestre.


58-Portada-de-la-Geografia-General--B.-VArenio--1650.jpg

 

El carácter hipotético-deductivo de este período está relacionado con una medición de precisión de la esfericidad de la Tierra que condujo a la determinación cada vez más exacta de sus forma y a las causas que le determinan.

 

Hasta entonces, la Tierra había sido considerada como una esfera perfecta; sin embargo, con la hipótesis física de forma elipsoidal de nuestro planeta tras la polémica entre Newton y Cassini, y resuelta con los trabajos de La Condamine y Maupertuis, que comisionados por la Academia de Ciencias de Francia, se encargan de medir cada uno el valor de 1º de latitud sobre un arco de meridiano; Maupertuis en Círculo Polar Ártico, y La Condamine en el trópico americano, siendo aquí donde la curvatura de un arco de meridiano resultó ser mayor, y, por consiguiente, el valor de distancia de arco de 1º de latitud, menor.

 

Se comprobó, en consecuencia, que la Tierra no era una simple esfera, sino que ést estaba deformada en un elipsoide de revolución como lo establecía la hipótesis de acuerdo con Newton (fig.59).  Mas tarde, con los vuelos satelitales, el elipsoide también se apareció imperfecto, definiéndose entonces como periforme; pero, finalmente, ni una masa gravimétrica asimétricamente distribuida que le daba una figura periforme, permitió definir su figura, lo cual, finalmente, se determinó como un geoide; es decir, una figura especial que se identifica únicamente con la figura de la Tierra misma; lo cual hizo que la cartografía involucrase cada vez una mayor precisión, y con ello una mayor dificultad de cálculo para el manejo del espacio terrestre.


59-Forma-del-Elipsoide-de-Revolucion.jpg

 

Hasta la época de Sanson y Nicolosi a mediados del siglo XVII, la construcción cartográfica había sido suficiente con conocer el parámetro del radio de la Tierra; en lo subsiguiente, desde los trabajos de Goone, Lambert, Mollwide y Albers, la construcción cartográfica supuso los cálculos sobre un elipsoide de revolución, y por lo tanto el manejo de una mayor cantidad de parámetros, entre ellos, simplemente por ponerlo de ejemplo, ya no un radio, sino tres: un radio mayor, un radio menor, y un radio de curvatura.

 

El saber geográfico hipotético-deductivo que prácticamente se incia en el siglo XVI, se elaborará durante los siglos XVII a XX con personajes tales como Jean Picard (1620-1682), Cassini (1625-1712), D’Anville (1697-1782), La Condamine (1701-1774), Maupertuis (1710-1770); cuyo pensamiento se mueve ahora en función de un planteamiento: la elipsoidalidad de la Tierra, que nutre el saber geográfico espacista.

 

Sin embargo, dos factores velan este hecho: 1) dichos personajes contribuyen más, propiamente, a la especialidad de los conocimientos geodésicos, aun cuando con ello lo hacen indirectamente a los conocimiento geográficos; y 2) la aparentemente acabada imagen espacial del mundo, induce a que la Geografía, ciencia del espacio, sea criticada y suplantada; tal como lo fue en los tiempos de Estrabón, criticada por éste como “visista” y “matematicista”, y a su vez, así, sustituida por una limitada geografía fenomenista, descriptivista y enciclopédica; pero al fin y al cabo, significando la Geografía correspondiente a su tiempo.

 

Hemos dicho antes, que la hipótesis no se reconoce como elemento metodológico sino hasta básicamente el siglo XIX, siendo lo que caracteriza a la ciencia contemporánea.  Sin embargo, aún desde entonces, salvo casos excepcionales a la altura de su tiempo en México, se practica dominantemente la misma geografía teórico-intuitiva o conjetural que viene desde la Antigüedad, debido a los dos factores antes expuestos, lo cual ha sido así, de hecho, hasta inicios de la década de los años ochenta del siglo XX, en que nuevamente el problema del saber geográfico se vuelto a redimensionar.

 

A partir de entonces, el pensamiento geográfico entra en un proceso de revisión histórica y de crítica, y muchas de sus humboltianas y decimonónicas bases fenoménicas dadas ya por definitivas, son replanteadas para tratar de actualizrse al nivel de las ciencias con un fundamento hipotético-deductivo.  El presente texto, corresponde a esta corriente de pensamiento en México.

 

Con un espacio geográfico bidimensional plenamente determinado por un perímetro y superficie de la esfera terrestre conocidas con certidumbre, que dan lugar a una cartografía ampliamente difundida sobre la base de diversos sistemas de proyección con los parámetros de latitud y longitud, desde fines del siglo XVI, y prácticamente desde el siglo XVII, se planteó la necesidad de resolver el manejo de la coordenada de altitud en los mapas, lo cual constituyó el primer paso en dirección al salto cualitativo de un espacio geográfico bidimensional, a uno tridimensional.

 

En 1756, Philip Bauche resuelve un problema que duraba ya siglo y medio: la representación exacta del relieve terrestre, mediante el empleo de isolíneas (líneas que unen puntos, en este caso, de igual elevación sobre el nivel medio del mar), denominadas Curvas de Nivel (fig. 60, 61).


60-Isolineas--P-Bauche--1756.jpg61-Representacion-del-Relieve.jpg

 

Fue un primer paso hacia el estudio del espacio tridimensional, pues en última instancia, el relieve sólo representaba, a escala planetaria, una ligera deformación de la superficie terrestre.

 

El verdadero y asaz salto cualitativo, fue dado por Alejandro de Humboldt en el siglo XIX, con la publicación de su Cosmos, entre 1843 y 1858, en el cual habla ya del método de las isolíneas, ampliamente utilizado desde 1817, en que éste lo desarrolla, sobre los conceptos que tienen que ver con los campos físicos: término, barométrico, geomagnético, etc; y su expresión cartográfica.  Con Humboldt da inicio definitivo entre el siglo XVIII y XIX, del estudio del espacio tridimensional.

 

Para los geógrafos enciclopédicos descriptivistas, otros son los méritos que han destacado de Humboldt, precisamente los fenomenistas, ocultando ese aspecto esencial arriba destacado en el proceso de avance del saber geográfico como ciencia del espacio.  Esa fue la Geografía que había dominado sin consistente objeción, hasta inicios del último quinto del siglo XX.

 

Para fines de 1994 en que se redacta este trabajo, se puede ver ya una geografía científica de perspectivas infinitas.  Estos son apenas, sus primeros fundamentos contemporáneos, y es de esperarse numerosas actualizaciones.

 


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3 febrero 2011 4 03 /02 /febrero /2011 00:12

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14 mar 11.

 

 

4  El Período Hipotético.

 

Por último, el período hipotético se desarrolla propiamente de la etapa renacentista con Gerardo Mercator y Bernardo Varenio, a nuestros días.

 

En el ámbito de las exploraciones modernas, consideramos que éstas se inician el 27 de noviembre de 1520, fecha en que Magallanes encuentra el estrecho que le permite introducirse en el apacible mar que renombra como “Océano Pacífico”, descubierto por Núñez de Balboa en 1513 y que nombró primero como “Mar del Sur”, y que poco después se identificarían como en uno solo.

 

Sebastián Elcano, Piloto de Magallanes, a la muerte de éste en una de las islas del Pacífico, completará finalmente la circunnavegación de la Tierra.  Quedaba así en general, completando el cuadro general del mundo.

 

En 1525 una nueva expedición por la ruta de Magallanes fue pilotada por Sebastián Elcano y como su ayudante Andrés de Urdaneta; y para 1542, saliendo de Nueva España, Ruy López de Villalobos llegaba a Filipinas.

 

El acceso desde Asia hasta América (el viaje opueto), amen de las expediciones de Hui-Shen en el 409, no se registran con éxito sino hasta el 1º de junio de 1565, en que Felipe de Salcedo, nieto de Miguel López de Legazpi, en una nave pilotada por Esteban Rodríguez y acompañado por Andrés de Urdaneta, haca la latitud de 37º y 38º, encontraron los vientos alisios del oeste, que finalmente los condujo, en el llamado “Tornaviaje” (viaje de regreso), hasta el puerto de la entonces Nueva España, Acapulco (fig. 50,51).


50-Vientos-Contraalisios.jpg 51-Derrota-Maritima-de-Andres-de-Urdaneta.jpg

 

Por los dos extremos, las Antípodas han sido finalmente han tenido acceso, y con ello, tanto completada una etapa más en el conocimiento del espacio terrestre, como iniciada una nueva.

 

Este hecho dirigirá ahora la atención hacia una profusa Geografía Descriptiva o fenomenista, elaborada durante los siglos XVI a XVIII, a través de las llamadas entonces, Relaciones Geográficas, que dan cuenta del estado del medio geográfico, o de todos los fenómenos naturales y sociales existentes en los nuevos ámbitos explorados, para que, a partir de ello, particularmente en México entre fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX, el saber geográfico nuevamente concretado en el levantamiento cartográfico de estos lugares; entre los cuales destaca en nuestro interés particular, el Mapa General de la Nueva España, de 1767 (fig. 52), de José Antonio de Alzate y Ramírez, al qu le habrán de seguir los trabajos del siglo XIX del Instituto de Geografía y Estadística y su sucesora, la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística; así como posteriormente, en el último tercio del siglo XIX y principios del XX, de la Comisión Geográfica Exploradora.  Es decir, las propiedades del espacio son finalmente una determinación de los objetos y procesos que ocurren en él.


52-Mapa-de-Alzate.jpg

 

El conjunto de estos esfuerzos fue producto, finalmente, de la expedición colombina a finales del siglo XV con todas sus implicaciones para el saber geográfico, y que con ello renovó los trabajos estrabonianos en los aporte de Varenio a mediados del siglo XVII, respecto a la sistematización de la Geografía Descriptiva.

 

El problema fue ahora considerar, en esa esfera terrestre bien definida, cartográficamente reproducible con satisfactoria precisión, qué había, dónde estaba, y cómo estaba.

 

El mapa de Ptolomeo en su Proyección Cónica (fig. 53), fue el que más aportó en ese sentido en la Antigüedad.  En el que se observa de Norte a Sur, la configuración de Europa desde la región de Thule, el norte de Inglaterra, hasta la parte central de África (conocida con cierta seguridad hasta las proximidades del ecuador), y de Oeste a Este (Occidente a Oriente, o Poniente a Levante, nombres que reciben estos puntos cardinales aludiendo a la salida y ocultamiento del Sol), desde las proximidades del Atlántico, hasta un extremo asiático mal entendido en su configuración dadas las vagas informaciones que entonces podían recibirse de esas regiones: nos referimos al problema de la comprensión de la extensión real del Sinus Magnum, el Océano Pacífico, pobremente representado en la cartografía europea, tras el llamado Quersoneso Áureo, o Península de Malaya[a] (fig. 54).


53-Mapa-de-Ptolomeo.jpg 54-Fragmento-del-Mapa-de-Ptolomeo.jpg

 

Fuera de este mapa, todo lo demás era conjetura, esencialmente, en cuanto a confirmar ya el dato de Eratóstenes en cuanto al perímetro de la Tierra (40,000 km), o ya el de Estrabón (28,000 km)[b]; derivando de ello, tanto la extensión real del Orbis Terrarum, como del Océano Mundial que rodeaba a aquel; y como una necesidad lógica, la existencia o no del llamado Orbis Alterius, u “otros mundos”, conjeturados ya por Crates, y que generalizadamente pasaron a llamarse en común Antípodas.

 

Hubieron de transcurrir casi quince siglos para que estas conjeturas fueran retomadas en la investigación geográfica, tanto con la Carta Geográfica de Toscanelli, como con el Globo Terráqueo de Behaim.

 

Es en este par de documentos que dichos problemas quedan replanteados: tienen en común la consecuencia de la ambivalencia en la que en ambos documentos se da una disyuntiva: o Asia se tiene que alargar hacia el oriente para compensar el perímetro eratosténico, o una longitud más real de Asia, tendría que compensarse con el perímetro de estraboniano, empequeñeciendo la Tierra.  Y aquí es sabido cómo esa segunda conjetura fue la que finalmente sirvió de argumento a Cristóbal Colón para su expedición al Oriente, por la Ruta de Occidente.

 

No sólo los trabajos de Toscanelli y Behaim fueron los únicos que aportaban datos en este período.  Ciertamente, para el siglo XV, se tenían noticias vagas vinculadas a la leyenda, de tierra en el Atlántico; las Hespérides, la Antillia, las cuales se reportaban comúnmente en los mapas portulanos de la época, y estimulaban las expediciones.  Pero lo determinante fueron las noticias aportadas por Marco Polo, a su regreso del Lejano Oriente.  Por lo realizado por Marco Polo, en el cabo del Quersoneso Áureo, se tenía, necesariamente, un estrecho que daba paso a Cipango (Japón), y a Catay (China), y su provincia sureña de Manguí, separadas por el Sinus Magnum, luego reproducido con algunas modificaciones en el mapa conocido, como “Orbis Typus Universalis”, de Waldesemüller (fig. 55), todavía en 1513, preparado para una de las últimas ediciones de los Atlas Geográficos llamados “Geografía de Ptolomeo” (o simplemente Ptolomeos), o en el Planisferio de Waldesemüller titulado, “Universalis Cosmographia Secundum Ptholomaei”, de 1507 (fig. 56), que es en el que mejor se aprecia este hecho; o, finalmente, el mapa de Johannes Ruysh, “Universalior Cogniti Orbis”, publicado en el Ptolomeo de Roma de 1508 (fig. 57).


55-Orbis-Typus-Universalis--Waldesemuller--1513.jpg 56-Universalis-Cosmographia--Waldeseemuller--1507.jpg 57-Universalior-Cogniti-Orbis--J-Ruysch--1508.jpg

 

Esta península corresponde a las tierras que recibirán el nombre de América, precisamente por primera vez en el planisferio de Waldeseemüller del Ptolomeo de 1507, en donde en esa masa de tierra aparece dos veces en el cuerpo del planisferio; una como consecuencia de las noticias vagas e imprecisas llegadas desde Asia; de donde cabe inferir que de allí se reportaba ya más de un vago conocimiento de lo que sería llamado posteriormente “continente americano”, conocimiento de éste tan cierto, que iba desde sus costas en el Océano Pacífico, hasta las atlánticas, posiblemente hasta la península de la Florida; y otra vez, su representación en el mismo cuerpo del planisferio, como consecuencia del proceso de su conocimiento por la Ruta de Occidente (incluso puede verse que las tierras americanas aparecen otras dos veces en el mapamundi capitular de la orla del planisferio, por las mismas razones)[c].

 

Por la Ruta de Occidente rumbo al Asia, ese paso daba, en consecuencia, acceso a la India, a la tierra de la especiería, objetivo último de Colón[d].  En ese intento se suscitó todo lo ampliamente conocido del “descubrimiento”, respecto de los europeos, de estas tierras.

 

Pero desde el punto de vista del conocimiento del espacio terrestre, es importante referir lo que Juan de la Cosa vislumbró, pero no logró confirmar al sorprenderlo la muerte en un desembarco en combate con los nativos, y que Colón tampoco logró, a pesar de percibirlo claramente ya en su cuarto viaje, paradójicamente, dado que tardó mucho en sacar conclusiones; y que Américo Vespucio finalmente pudo establecer: a saber, que ni la porción de tierras continentales al norte eran Asia, ni las tierra exuberantes de Brasil eran el hallazgo del Paraíso (como Colón llegó a suponerlo).  En consecuencia, que ese era un “nuevo Mundo” (que, a pesar de contravenir los preceptos religiosos, estas tierras eran también habitadas y habitables), y, por lo tanto, que el dato eratosténico de las dimensiones de la Tierra era el válido; por lo que la distancia que aún los separaba realmente de Asia, era esa cuarta parte faltante[e] que obligaba a reducir el perímetro de la Tierra, o a extender Asia al Oriente (entre paréntesis, razón por la cual –en nuestra opinión–, está correctamente asignado a estas tierras el nombre de América, si finalmente tenemos que optar por una decisión eurocentrista).

 

Hemos referido con detalle este pasaje de la historia del conocimiento del espacio terrestre, en función de entender los preciosos mapas de esta época, que claramente revelan el proceso de investigación geográfica.

 



[a] Para ampliar la información sobre este interesante problema geográfico, recomendamos consultar principalmente a Edmundo O’Gorman, en, “La Invención de América”.

[b] Erróneamente atribuido a Posidonio, ya que el mismo Estrabón refirió las mediciones a él, mezclándolas inconsistentemente con parámetros dados por Eratóstenes.

[c] Para una interpretación de las trascendentales implicaciones de este hecho, véase: Vargas Martínes, Gustavo: Fusan: Chinos en América Antes de Colón; Editorial Trillas, Col. Linterna Mágica, Nº 14, 1ª edición; Mëxico, 1990.

[d] Probablemente, y quizá lo más seguro, es que su propósito mismo fuese adelantar lo que luego intentó Magallanes.

[e] Otra opinión es que esa “cuarta parte”, se refiere “al cuarto continente”, opinión errónea, puesto que, paradójicamente, éste se desconocía.

 



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3 febrero 2011 4 03 /02 /febrero /2011 00:11

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10 mar 11.

 

Con la información de todas estas exploraciones, geógrafos como Al Fargani, o Al Juarizmi, perfeccionaron la espacista Geografía de Ptolomeo; o se elaboraron los Atlas del Islam del siglo X, realizados por geógrafos espacistas como Balij, Istajri e Ibn Hawqal.

 

La cartografía árabe, como la realizada por Idriso (s.XII, 1164), de Ibn Said (s.XIII, 1274), o Abu-l-Fida, se distingue por revelar una referencia magnética de las direcciones de los vientos, de donde inversamente, ese control magnético dado mediante la “Rosa de los Vientos” (fig. 43), caracteriza a los mapas náuticos o portulanos (fig. 44), a diferencia de los mapas realizados por Marino o Ptolomeo en la Antigüedad, que bajo un sistema de proyección orientado de manera natural de acuerdo con la dirección y orientación del espacio, se prescinde de la Rosa de los Vientos, dado incluso su desconocimientote la brújula.


43-Rosa-de-los-Vientos.jpg 44-Mapa-Portulano.jpg

 

Para entonces, finslaes del s.XIII, entre 1271 y 1295, Marco Polo había realizado su viaje a China, y en 1298 publicaba sus relatos en el Libro de las Maravillas del Mundo (o El Millón); que estimularon, entre otros, los viajes al Asia de Montecorvino (1290-1330), y Niccolo Conti (1419-1444).

 

Finalmente, el antecedente que anuncia un nuevo período en el desarrollo del conocimiento geográfico, ocurre en los inicios del siglo XIV (cfr. 1300), cuando el rey Muhammad de Gao, con su flota, decide –hasta donde manejamos información–, en forma práctica, explorar el Oriente por vía de la ruta de Occidente, y del cual nunca más se tuvo noticia.  Ello quiere decir, en cierto modo, que la idea de un mundo esférico estaba ya de nuevo presente[a], como se subrayará en el siguiente siglo a parir de Toscanelli.

 

Ahora, paralelamente a las exploraciones europeas, pero desde un punto de vista “sinocentrista”, puede referirse aisladamente a Chang-Chen del siglo II ane, quien con fines comerciales expedicionó  a la India y al Medio Oriente.  Pero realmente, ya en forma continuada, fue la actividad comercial encubierta en la difusión del budismo lo que movió las exploraciones chinas, y a partir del hindú Buddabahadra (quien en el 398 es autorizado a visitar China y profesar el budismo), tiene lugar a su vez, con su discípulo Fa-Hsien, tienen lugar dichas exploraciones (fig. 45).


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Fa-Hsien recorre entre el 399 y el 414, las tierras de Buda, lo mismo que Hsuan-Tsang, entre el 629 y el 645, cruzó el Desierto de Gobi y llegó a Samarkanda (Uzbekistán), y Turquestán, para de ahí pasar a la India; y luego de su período de visita, regresar a China por el Valle del Indo y Kabul; y finalmente, Chang-Wen-Ming (643-713), hizo su peregrinaje a los lugares santos vía marítima, en el 671.

 

Particular importancia tienen las navegaciones exploratorias de los chinos hacia el “extremo oriente” (fig.46), que los llevaron a entrar en contacto con las tierras de Fusang, atribuidas a los territorios de México, con Hui-Shen, ya en el año 409, y cuyas informaciones se registran aún en los primeros mapas del siglo XVI.


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Suele referirse a las exploraciones chinas la “expedición de los diez mil”, de Kao-Sien Tschi en el 747, a través del Hindu Kush, hasta Cachemira y el Pamir, a fin de cortar el contacto entre árabes y tibetanos que amenazaban el dominio chino en Asia Central.

 

Así, la principal motivación de las exploraciones chinas, estará en la llamada “diáspora budáica”, a partir de cuyas informaciones y descripciones, el geógrafo Chia-Tan (730-805), compuso su Geografía de la Región Entre Asia y Bagdad.  Las noticias para los chinos acerca de Europa fueron indirectas y menos relevantes, hasta el viaje de 1287 de Bar Sauma, a través de Constantinopla y el Medio Oriente, hasta Nápoles y París.

 

Y, volviendo al “eurocentrismo”, luego de la larga noche medieval; con Toscanelli (1397-1482), se da inicio al Renacimiento en la ciencia de la Geografía (fig. 47), pues con él, en forma teórica, se conjetura sobre la posible Ruta de Occidente para alcanzar las Indias (la India Gangética o propiamente la India; y la India Transgangética o China), en el supuesto error en el cálculo del perímetro de la Tierra por Ertóstenes, que debía suplirse por el cálculo del geógrafo maestro de Estrabón en la Antigüedad: Posidonio, que, por error del mismo Estrabón, representaba un valor de una cuarta parte menos del valor del perímetro calculado por Eratóstenes.


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A Toscanelli le siguen una pléyade de geógrafos espacistas conocidos en ese entonces también como Cosmógrafos o Cartógrafos, pues en ello van a expresarse sus estudios, o a estar sus aportaciones.

 

Entre estos va a destacar, Martin Behaim (1459-1507), que construye un Globo Terráqueo (1492)[b] [fig. 48], previo a los viajes de Colón, y en el cual se plasma la conjetura del necesario alargamiento de Asia en dirección al Oriente, si bien no forzando las distancias, sí adicionando a ésta como una gran península, lo que en realidad es América; mostrándose así las vagas informaciones que provenían de China.  Y ese “alargamiento” de Asia, tuvo que hacerse ante la disyuntiva del valor estraboniano del perímetro de la Tierra.


48-Globo-Terraqueo-de-Martin-Behaim--1492.jpg

 

Destacan en ese momento histórico los viaje mismos de Cristóbal Colón (1451-1506), cuyo mérito consistirá en demostrar la factibilidad de la vía al Oriente por la Ruta de Occidente; Juan de la Cosa (m 1510), quien traza el primer mapa del oriente americano; y Américo Vespucio (1451-1512), quien prueba, no tanto que al arribo de Colón había sido a otro continente y no a las Indias Orientales por la Ruta de Occidente (hecho que el mismo Colón ya prácticamente estaba dispuesto a tener que reconocer), sino que prueba que el cálculo de Eratóstenes estaba en lo correcto; de donde, orgulloso, escribe a su amigo Piero Soderini, y através del cual dicha carta llega a Matin Waldeseemüller; haber encontrado la “cuarta parte faltante” del perímetro de la Tierra (la diferencia entre los 40,000 km de Eratóstenes, y los casi 30,000 de Estrabón[c]); esto es, que la hipótesis (conjetura), finalmente se hacía teoría plenamente establecida.

 

Por último, destaca Gerardo Mercator (1512-1594),quien construye la Proyección Cilíndrica Tangente Conforme (fig. 49), que lleva su nombre, con la propiedad del trazo de la loxodrómica (línea que mantiene un rumbo constante en un mapa al conservar los mismos ángulos respecto de cada meridiano), como línea recta, lo que facilitó la navegación marítima de altura.


49-Proyeccion-Cilindrica-Tangente-Conforme-de-Mercator--1.jpg

 

Durante el medievo hasta los trabajos de Paolo del Pozo Toscanelli y de Martin Behaim en el siglo XV, el estudio del espacio terrestre no va ser más relevante que el acopio de información acerca de la forma del Orbis Terrarum, o mundo terrestre, por el cual se entendía la región continental habitada, la cual, en la terminología de la geografía descriptiva moderna, se refiere como “medio geográfico”.

 

Finalmente, del lado de la escuela fenomenista del saber geográfico descriptivo, de manera importante, estará Bernardo Varenio[d] (1622-1650), quien aporta una sistemática para el conocimiento del medio geográfico dado en las llamadas Relaciones Geográficas, basado en la clasificación de las ciencias de su tiempo.

 



[a] En realidad nunca dejó de estarlo en las mentes más instruidas y cultas de todos los tiempos.

[b] Globo Terráqueo que, luego, en el año 2010, haciendo una breve investigación sobre la historia de los Globos Terráqueos, descubrimos que fue el primero en ser construido en el proceso inverso a la elaboración de una Carta Geográfica.  Es decir que, mientras que la Carta Geográfica se construye transformando la esfera terrestre en un plano; el Globo Terráqueo de Behaim se construyó transformando el plano en la esfera terrestre, mediante la Carta Geográfica en Proyección de Husos, misma que, por esa razón, atribuimos a él mismo.

[c] De la misma manera que en 2010 descubrimos el caso de la Proyección de Husos en la construcción del Globo Terráqueo por Behaim, también descubrimos que los cálculos de Posidonio, en sí mismos, eran plenamente consistentes y daban un perímetro semejante al calculado por Eratóstenes, y que, por lo tanto, el error había sido cometido por Estrabón, al despojar la consistencia de los datos en ambos, mezclándolos, y obteniendo de ello un valor menor, luego, desde Estrabón mismo, falsamente atribuido a Posidonio.

[d] En realidad, al respecto, siempre hemos abrigado dudas del lugar histórico de este autor –que a decir de Horacio Capel, quien lo retoma de otro autor, parece ser que Varenio plagió ese concepto de la Geografía de otro personaje apellidado Keckerman, por lo que en justicia, ahora nos referimos a ambos combinadamente como Keckerman-Varenio–, pues, bien estudiada su obra y traducida del latín sin el sesgo del geógrafo fenomenista con que lo hace Capel, bien esa concepción de la geografía puede clasificarse en realidad, como espacista.  Quizá algún día nos demos tiempo para analizarla con detenimiento.

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
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