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Thursday 22 july 2010 4 22 /07 /Jul /2010 10:03

Clich--Filosof-a

Ciencia Moderna

y “Paradigma de la Ciencia de la Posmodernidad”.

  Ensayo, 2009 (3)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica,

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 29 jul 10.

 

 

Lógica, Hipótesis y Verdad.

 

Al posmodernista, que no acepta los hechos del desarrollo de la ciencia positiva a lo largo de toda la historia, le parece absurdo remontarse hasta las contribuciones de la Lógica Formal de Aristóteles.  En su relativismo que le hace permisible en el tiempo cambiar de fundamentos teórico-metodológicos al arbitrio de su subjetividad, obviamente, veinticinco siglos es demasiado tiempo, al grado del absurdo, como para seguir apoyándose en las ideas de entonces.  Es decir, reiteramos, lo que sucede es que no acepta la realidad objetiva de la existencia misma de la ciencia positiva, donde los aportes de Aristóteles representan uno de los momentos más significativos de la historia de la ciencia.  Para el relativismo y subjetivismo  posmodernista, senciallamente la historia de la ciencia o la ciencia en su desarrollo histórico, es desechable.

 

El posmodernismo no entiende, porque no le conviene entender si ha de romper con la ciencia de la modernidad ilustrada, qué es la hipótesis en su esencia.  Y así, Lyotard hace de la hipótesis: una proposición meramente disyuntiva útil sólo para discriminar entre varias posibles propuestas.

 

Frente a ello está la definición de la hipótesis en el concepto de la ciencia positiva de la modernidad ilustrada: un juicio categórico universal afirmativo de cuya veracidad deviene el conocimiento nuevo.

 

Mientras para el posmodernismo –he ahí Lyotard-, el asunto de la ciencia es sólo su legitimación, y la verdad, en tanto propuesta subjetiva, es sólo un asunto de validación; para la ciencia positiva ilustrada de la modernidad, el asunto de la ciencia es la demostración objetiva, y la verdad, en tanto propuesta objetiva como reflejo de la realidad objetiva, es por su parte asunto hipotético-deductivo, donde tal hipótesis es un juicio categórico universal afirmativo cuya verificación ha de ser mediante la demostración de la veracidad misma de sus premisas, de las cuales se deduce.

 

 

La Realidad Objetiva y la Relación Sujeto-Objeto.

 

La base material del conocimiento científico ilustrado de la modernidad, es la realidad objetiva, es decir, entendiendo por ésta el mundo de los objetos materiales fuera del pensamiento humano, incluyendo entre estos objetos materiales a otros seres humanos.  Dicho así, nosotros mismos formamos parte del mundo de esos objetos materiales frente al pensamiento de otro sujeto.

 

Al pensamiento del sujeto es pues a lo que se le denomina por ello pensamiento subjetivo, o simplemente subjetividad.  Fuera de ese pensamiento subjetivo, está el mundo de lo objetivo o de la objetividad, es decir, de los objetos materiales fuera del pensamiento del sujeto.

 

Al posmodernista, por definición un idealista subjetivo, no puede sino incomodarle sobremanera tal relación entre objetividad y subjetividad, que en principio ha de reconocer la existencia real de un mundo material independiente del sujeto.  Es por ello que su punto de partida esté a su vez en la negación de la realidad misma.  Para el posmodernista la realidad no es de carácter objetivo, sino, otra vez, una subjetividad arbitraria; el sujeto y su verdad acerca de lo que él relativistamente quiera entender por realidad.

 

Si la realidad como el mundo de los objetos materiales es la base del conocimiento de la ciencia de la modernidad, por demás en consecuencia, filosóficamente materialista; la negación, o por lo menos la confusión acerca de lo que es la realidad entendida como una determinación subjetivista y relativa en el mundo de las ideas, es por oposición, la base del conocimiento del concepto de “ciencia” de la posmodernidad.

 

 

El Concepto de “Ciencia” de la Posmodernidad

y su Lugar Fuera de la Trayectoria del Desarrollo

de la Ciencia Positiva.

 

El concepto de “ciencia” de la posmodernidad y su lugar fuera de la trayectoria del desarrollo histórico de la ciencia positiva, no es incluso una especie de “sanción” o descalificación nuestra, sino una autodeterminación.  A la luz de lo dicho anteriormente, ello es algo que habría de entenderse por definición, sólo que abordar el punto en particular, es porque ello enfrenta al posmodernismo a una fatal disyuntiva: 1) o se afirma por sí misma por lo que es (y no por lo que no es frente al modelo de ciencia de la modernidad a la que se opone), con sus propios recursos, como una nueva proposición que contribuye al desarrollo de la ciencia; y en todo caso por definición se verá inmersa en la trayectoria del desarrollo de la ciencia positiva; o 2) negando, como lo hace, su lugar en ese trayecto, habrá de enfrentarse, como se enfrenta, a su vez por definición, a una vuelta al oscurantismo.

 

En la opción primera, sus intentos por afirmarse por lo que es, echa sus fundamentos en el principio de incertidumbre de Heisemberg; en el teorema de la incompletud de Gödel; en la lógica matemática de Frege; y en la teoría del sistema lógico del cálculo proposicional de Hibert (que antes que negar la lógica formal, la desarrollan); echando mano de las situaciones paradójicas de Schrödinger y Tuning.

 

En la opción segunda, de ipso, el concepto de ciencia de la posmodernidad es una negación de sí misma como ciencia positiva ilustrada no obstante la posible consistencia de su propia afirmación por sus propios fundamentos, y por los efectos o resultados de ello, se convierte en una ineludible vuelta al oscurantismo, esto es, a la cultura de la “contracultura” de la modernidad, y con ello al paso de la “cultura del espíritu” y culto disfrazado a la ignorancia como virtud.

 

 

El Principio de Incertidumbre de Heisemberg.

 

Werner Heisemberg (1901-1976), físico alemán, uno de los fundadores de la Mecánica Cuántica.  En 1927 estableció el principio de indeterminación.  Por su trabajo: “Problemas Filosóficos de la Física Atómica”, 1953, Forova, en su Diccionario de Filosofía, lo caracteriza como alguien que evolucionó del positivismo al idealismo objetivo en el espíritu de Platón.

 

Los fundamentadores del posmodernismo recurren enfáticamente al principio de indeterminación, también llamado principio de incertidumbre, en su ánimo de violentar la fundamental ley de la causalidad de la ciencia positiva ilustrada de la modernidad.

 

El enunciado de este principio nace a partir de los estudios sobre el carácter ondulatorio o corpuscular de la luz, por los cuales se concluyó en el carácter dual, onda-corpúsculo, de ella.

 

En la Enciclopedia de la Ciencia y de la Técnica ya se asienta: “Después de este éxito y de haber descubierto que la dualidad onda-corpúsculo era un aspecto general de la física del mundo microscópico, aparecía inevitable la conclusión de que no todas las leyes válidas en el campo macroscópico lo eran en el microscópico, y que para comprender los fenómenos que se desarrollan en este último se necesitaba una nueva teoría, la mecánica cuántica” [1]  Sin embargo, el juicio equivalente inverso, en los hechos, es igualmente procedente: no todas las leyes válidas en el campo microscópico, lo son en el macroscópico.  Esto es, que ese principio de indeterminación válido en la física de lo microscópico de la mecánica cuántica, no necesariamente ha de ser aplicable y válido en la física de lo macroscópico de la mecánica newtoniana.

 

A partir de los experimentos de difracción de la luz para establecer el carácter ondulatorio o corpuscular de la luz, se hizo necesario revisar la hipótesis de origen, conduciendo a la conclusión de que, “los modos con que se efectúan las mediciones de las magnitudes físicas (la aplicación de instrumentos para la medición), produce perturbaciones sobre el sistema sometido a medida”[2]  En algunos casos la perturbación puede reducirse hasta lo despreciable, pero no en todos los casos.  Así, entre la perturbación del sistema y la aplicación de instrumentos de medición hay una relación inversa: cuanto menos corresponda el instrumento de medición con el objeto a medir, siendo éste más pequeño, mayor es la perturbación.  O inversamente; cuanto menos corresponda el instrumento de medición con el objeto a medir, siendo éste más grande, menor es la perturbación.

 

El ejemplo que se pone es cuando se pretende medir una bola de billar mediante un haz de luz, o incluso un solo fotón; evidentemente la perturbación será insignificante.  Pero si lo que habrá de medirse con ese fotón es un electrón, entonces el electrón será fuertemente perturbado.

 

Ahora, como aun no hay instrumentos más pequeños que las mismas partículas que se han de medir, una medición en el campo microscópico es perturbado siempre grandemente el sistema.  Es ello lo que planteó la “revisión” del concepto de causalidad.

 

Se dice que un sistema está perfectamente determinado; es decir, que se conocen plenamente las causas y sus efectos correspondientes; cuando se conocen las fuerzas que actúan sobre él pudiendo establecer simultáneamente el lugar y tiempo de los efectos.  Pero ocurre que en un sistema fuertemente perturbado, no es posible establecer dicha relación causal.  Podremos saber en un momento dado con la exactitud de los límites experimentales dónde está la partícula, pero no; o al menos no con la precisión suficiente; cual es su velocidad.  O podremos conocer con exactitud su velocidad, pero no; o al menos no con la precisión suficiente; podremos establecer su localización.

 

Surgió así el principio de indeterminación.  “La medición de una cierta magnitud, que proporciona un valor preciso de los límites experimentales de la magnitud que se mide, perturba al mismo tiempo el sistema, de modo que, en general, el valor de las demás magnitudes resultará más o menos indeterminado.  En consecuencia, será imposible medir simultáneamente con la precisión deseada todas las magnitudes necesarias para la completa determinación del estado del sistema”[3]  El resto de las magnitudes quedarán sometidas al cálculo de probabilidades y a la estadística.  El problema fue resuelto con la teoría de la relatividad de Einstein, por la cual la simultaneidad entre dos hechos (a los que pueden pertenecer dos magnitudes distintas) depende del sistema de referencia.

 

Así, en primer lugar, podemos afirmar que no es que la ley de causalidad sea invalidada, sino que los instrumentos con que se opera, perturban el sistema de tal manera que no permiten correlacionarla adecuadamente con las diversas magnitudes de sus efectos.  Ya el propio Hilbert al referirse a la estructura científica, explicaba que cada componente se sostenía sobre los anteriores y justificaba los siguientes, es decir, que había entre ellos una relación necesaria de causalidad.  Es en ese sentido que Hilbert proponía con su idea de formalización, la explicitación de todos los sistemas de axiomas y reglas de inferencia, tratando de evitar las paradojas.  Y es ello precisamente lo que Gödel le demuestra que no es posible, por lo que todo sistema formal será incompleto.

 

Luego, en segundo lugar, ese principio de incertidumbre o indeterminación para el microcosmos dada la naturaleza de los instrumentos de medición, nada tiene que ver con las relaciones plenamente determinadas del mundo del mesocosmos de la mecánica newtoniana, en donde los instrumentos de medición quedan perfectamente correlacionados (a menos que pretendamos medirlo con los instrumentos de la física relativista, los cuales a su vez, por innecesarios, resultan un absurdo, pues perturbarán el sistema newtoniano haciéndolo indeterminado para más de una magnitud)

 

En consecuencia, en tercer lugar, el planteamiento posmodernista al pretender fundamentarse en el principio de indeterminación de Heisemberg, resulta no sólo un reduccionismo de lo mesocósmico a lo microcósmico, sino de lo mesocósmico social, a lo microcósmico físico; y más aun, de las leyes sociales de causalidad susceptibles de ser plenamente determinadas, a las leyes de la mecánica cuántica, cuya ley de causalidad no queda plenamente determinada, pero no porque ésta no exista ahí y pierda su carácter universal, sino por limitaciones de carácter instrumental.

 

Fue respecto de esto último que Einstein expresó: “Una voz interior me dice que esa no es la solución exacta [la invalidación de la ley de causalidad]: es una teoría que nos ofrece mucho, pero no nos hace penetrar más a fondo en el secreto del Gran Anciano.  En cualquier caso, estoy convencido de que Dios no juega a los dados”[4]

 



[1] Enciclopedia de la Ciencia y de la Técnica; Editorial Océano-Danae, Vol, Nº 7 (v. Ondas y Corpúsculos)

[2]       Idem.

[3]       Idem-

[4] Gispert, Carlos, et al;Atlas Universal de Filosofía; Editorial Océano, Barcelona, España, 2004, (v. En Epistemología, “Indeterminación”, p.474)

 



Por Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - Publicado en: Filosofía
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