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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 10:21

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Comentario a, “Geografía: Fundamento...”.

Consiguiente lógico de la crítica

a la geografía espacial-cartográfica.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/

; México, 06 may 10.

 

Por tanto, aquí la solución debe buscarse en el reconocimiento de la unidad dialéctica…”, como “una oposición existente entre los distintos aspectos del complejo geográfico común a los fenómenos que se operan en la superficie de la tierra” (Kedrov).

 

Cierto, no hay otra posible solución que en la dialéctica; sólo que ésta no será del todo acertada, sino hasta en tanto sea bien ubicada la contradicción esencial; y, como puede deducirse por todo lo discutido hasta aquí, Kedrov estaba aún muy lejos de establecer claramente esa esencial unidad de contrarios; ello, no obstante, no le es reprochable a él, tanto como a los propios geógrafos fenomenistas de los cuales ha retomado sus conclusiones: <<la oposición entre los fenómenos que operan en la superficie terrestre>>.

 

Esa, la relación naturaleza-sociedad, es, ciertamente, una contradicción; pero no es la contradicción esencial de la Geografía, sino apenas una contradicción secundaria en el campo de la teoría de la Geografía como ciencia fenomenista.  Esta contradicción secundaria es semejante a la que pudiera enunciarse como la principal en el campo de la teoría de la Geografía como ciencia espacista: esto es, la relación vucuum-plenuum.  Pero la contradicción principal general y común a toda la teoría de la Geografía, resulta ser, precisamente, la relación naturaleza-sociedad en un opuesto de la contradicción, y el espacio terrestre, en el otro opuesto (simplificadamente, la contradicción fenómenos-espacio; esto es, formas de movimiento por una parte, y formas de existencia, por otra).

 

Cuando Kedrov da su solución, no puede sino anteponer la evidencia objetiva: “tropezamos con una contradicción real del conocimiento científico” (Kedrov), es decir, no se dio cuenta de que trabajaba sólo con un lado de la contradicción principal, y ello no le podía resolver el todo.

 

De ahí también, y esto será de fundamental importancia, “la crítica de Kedrov a la geografía espacial-cartográfica de positivista, en tanto separa la materia de las formas de existencia, en particular el espacio”.

 

Este pasaje será de esencial impotancia, decíamos, porque justo a partir de él, es que nosotros nos atrevemos a dar el salto para definir al espacio como un “algo”.

 

Criticar a la geografía espacista de fundamentarse en el positivismo, no es tanto una refutación de la misma, como un intento de justificación de quien critica insuficientemente en su posición dialéctico materialista.  Ello, al final, en el análisis de las contradicciones, se hace irrelevante.  Pero no así esa parte en donde Kedrov afirma que lo que se está haciendo, es <<separar la materia de las formas de existencia>>, esencial problema filosófico dialéctico materialista en la teoría del espacio.

 

Ciertamente, tal crítica sólo es válida en el campo del positivismo, y de ahí la primera acusación.  Pero resolviéndolo en los exclusivos términos de la dialéctica, la discusión se centra en esa última afirmación crítica de Kedrov, de <<separar la materia de las formas de existencia>>.  Aquí, la materia, está siendo representada por los fenómenos, y la forma de existencia, por el espacio.  Lo que se está diciendo por Kedrov, es que ambas cosas no pueden existir independientemente una de la otra; esto es, en la marxología del momento, de que los fenómenos no existen en “algo” independiente llamado espacio (lo que se considera incluso como metafísica), sino que su existencia es espacial; es decir, con una serie de atributos espaciales.

 

Entonces no teníamos elementos, y tuvimos que dejar al tiempo, a que físicos, matemáticos, y filósofos, nos dijeran con más precisión qué era el espacio.  Y pasaron treinta años, y ciertamente hubieron cosas nuevas, particularmente en el campo de la física cuántica; pero también, por nuestra parte (no quedando más remedio ante el derrumbe de la Unión Soviética y la “desaparición del mapa” de la Academia de Ciencias de la URSS), en la elaboración filosófico-dialéctica, para lo que, como quiera, fuiemos adquiriendo elementos.

 

En el enunciado de Kedrov se daba un problema muy elemental: acaso las formas de existencia (espacio, tiempo, movimiento), no son materiales?  Aún no entendidas como “algo”, sino como simples propiedades de las cosas, esas propiedades han de ser objetivas y concretas, expresión de su condición material.  Se distinguía al espacio como algo no-material, en tanto dejara de formar parte de la cosa o fenómeno; y material, en tanto fuese el objeto mismo.  Pero de inmediato brincaba el viejo problema democritiano: ¿y cómo entender, entonces, tanto el movimiento, como lo existente entre dos átomos?  Einstein respondió que con el continuum  Y nosotros agregamos que, como un “algo” parte de éste, está el vacuum, como condición esencial del espacio, y éste como estado transitorio de la materialidad del mundo; de ahí nuestra definición del espacio, como: “la dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta”.

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
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