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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 09:03

 Geografia--Fundamento-de-su-Teoria-del-Conocimiento--Tesi.jpg

Comentario a, 
“Geografía: Fundamento 
de su Teoría del Conocimiento”. 
La Introducción. 

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri 

 

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica

de Geografía Teórica:
http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 16 nov 09.

 

La Introducción, como tal, expone lo debido y muy satisfactoriamente; desde la preocupación esencial que la motivó, hasta el énfasis en la estructura capitular, revelándose en ello nuetra conciencia y necesidad de una exposición lógica, que en ese entonces no podíamos demostrar con los mismos recursos de la lógica; y así, decíamos ahí: “Tal visión de conjunto debe apoyarse fundamentalmente en tomar la definición del objeto de estudio de la geografía de su análisis histórico, en cuya dependencia queda una metodología determinada como hilo conductor…”

 

El título de “Antecedentes”, para el primer capítulo, no es satisfactorio en tanto en éste se va más allá intentando plantear los fundamentos teóricos, y de ahí que digamos: “El capítulo primero no es propiamente ninguna historia de la geografía; es, como su titulo lo indica, un análisis acerca de la historia de la geografía, una interpretación o planteamiento propio del problema, que se distingue de todo otro análisis considerado en el modo de resolverse. Dicho capítulo no desempeña una función meramente formal en el trabajo, no se establece para consignar los antecedentes, sino que, dados conocidos tales antecedentes historiográficos, el análisis sirve para explicarnos la formación histórica de la geografía, y con ello la estructuración de su cuerpo teórico-metodológico y la integración de sus sistema de conocimientos”.

 

El problema fundamental de toda ciencia está en su objeto de etudio, y el análisis geográfico teórico no podía sino empezar por esa discusión.  Pero he aquí que en aquellos años de principios de los ochenta, el objeto de estudio de la Geografía como el espacio terrestre, lo entendíamos como: “el espacio terrestre adyacente a su superficie…”; concepto que, hemos dicho en otra parte, apenas unos tres años después abandonamos como una limitación de nuestro planteamiento original, pero que plagiado una década después, irracionalmente fue arrastrado y propagado así por quince años.

 

Esencialmente, si se afirma que el objeto de estudio es el espacio terrestre, lo primero a hacer es definir lo que se ha de entender por “espacio”.  Pero he aquí nuevamente una situación crucial: esa definición, por un evidente error, nunca la aportamos; pero ello se cruzó precisamente con el hecho de que, en aquel entonces, el problema fundamental consistía en definir el objeto de estudio de la Geografía, en principio, de otros posibles objetos; pero el planteamiento era tan extremo entre definirlo como “las relacines entre los fenómenos” o el “espacio”, que lo que había que entenderse por dicho espacio pasó desapercibido; nosotros lo omitimos, y a nadie núnca se le ocurrió preguntarlo (en mucho también, quizá, dando por supuestamente entendido el concepto).

 

Luego cometimos un eror muy estudiantil ante nuestras deficiencias en lógica, al desconocer que la tesis en sí era un juicio lógico, y afirmar que el título, como tema a tratar en el documento, era en sí dicha tesis entendida como el documento mismo, y así decimos: “Geografía: fundamento de su lógica, de su dialéctica o de sus teoría del conocimiento, ese es el titulo de este trabajo porque esa es precisamente la tesis que se establece”.

 

No obstante, por lo demás, alcanzamos a valorar su función teórica, como cuando asentamos: “Hemos partido de considerar que un documento de tesis no es, evidentemente, un trabajo popularizado de divulgación, sino que, por encima de todo, una tesis científica sirve como procedimiento para edificar una teoría, o como un criterio para comprobar su consistencia científica, y en ese sentido, toda tesis debe significar el esfuerzo por hacer avanzar a la ciencia”; y en ese sentido nos comprometimos y fue la respuesta.

 

Un punto particularmente interesante expuesto en esa Introducción, se refirió al esfuerzo de objetividad: “Originalmente –decimos ahí– este trabajo se encaminó en el sentido de encontrar el fundamento de la lógica y sistemática de la geografía actual, de la geografía comúnmente conocida y que con sus respectivos avances históricos se entiende como la única forma de esta disciplina de conocimientos;  es decir, como la <<ciencia del estudio de los fenómenos tanto naturales como sociales considerados en su distribución en la superficie  terrestre>>; como una disciplina de conocimientos que constituye un sistema de ciencias; como una ciencia de síntesis de las relaciones sociedad-naturaleza; como una disciplina humanística o social, mixta; que no una ciencia natural en tanto estudiosa, no de los fenómenos naturales y sociales y sus relaciones, sino de un atributo físico de la realidad: el espacio.  En esta vía se tropezó a cada paso con innumerables contradicciones, como se verá en el cuerpo de la argumentación de esta tesis.

 

Un último recurso fue la negación de toda esta geografía; una negación no metafísica, absolutista, sino una negación dialéctica, relativista, mediante la cual se niega toda la geografía anterior, pero se retoma de ella todo lo que en la misma existe de positivo, sobre la base de una categoría fundamental y esencial que opera como eslabón determinante de todas las propiedades, vínculos y relaciones de la teoría geográfica: el espacio.  Esto es, valga la extensión de la cita, nos referimos ahí al mometo del salto en el pensamiento, que nos llevó, más que a todo un nuevo planteamiento; que en realidad venía de antiguo, y así lo decíamos: “Una nueva teoría de geografía, tan solo por ser una teoría de la geografía bien olvidada”; a la fundamentación rigurosa del mismo, siendo ello el real aporte de la tesis; de ahí que, conscientes de ello, agregamos: “La tesis se transformó en ese momento de teoría para fundamentar la lógica y sistemática de la teoría geográfica, en criterio para comprobar la consistencia científica de la teoría establecida de la Geografía; y al empuje de los nuevos argumentos, toda esa Geografía se derrumbó”.

 

Treinta años después, de ellos quince deficientemente difundidas sus ideas, ameritan retomar lo que ya desde su Introducción en aquel entoncs decíamos: “El valor y merito que esta tenga como procedimiento, y mas propiamente como fundamento del procedimiento de obtención de nuevos resultados científicos, estarán determinados por la profundidad, amplitud y corrección con que refleje tanto las premisas sociales, como teóricas del desarrollo de la Geografía, y en la misma medida en que refleje las leyes objetivas de su propio movimiento y de la faceta de la realidad estudiada”.

 

No obstante con justedad científica nos preveníamos ante las dudas por lo descomunal en aquel cambio tan radical en la manera de pensar la geografía: “Consideramos esta tesis como una aportación mínima al desarrollo de la Geografía, aunque la misma estuviese totalmente equivocada.  Tesis como esta, a nuestro juicio, harán avanzar mas a la geografía como ciencia, que cien ensayos economistas regionales o mil monografías  ecologistas de otros tantos municipios, pues una ciencia que tiene conocimiento de su propia estructura y de su desarrollo lógico, testimonia su madurez”.

 

El que ya teníamos desde entonces una definición del espacio geográfico o terrestre tal como apenas hasta ahora la hemos enunciado, aparece desde la Introducción mimsa de aquella tesis: “…los discontinuos –se dice ahí en cierto modo de manera incorrecta, siendo el concepto de lo “discreto”, el más acertado– que generan las propiedades del espacio continuo o geográfico…”.

 

En suma, releemos nuestro documento, lo analizamos ahora con minuciosidad, lo confrontamos con los hechos ya históticamente dados de treinta años, y nos explicamos el por qué alguna vez el profesor que fungió como Director de nuestra tesis de Maestria en Geografía, desesperado al ver que para toda argumentación nos remitíamos a nuestro documento aquí analizado, alguna vez nos reprochaba con una exprsión que nunca olvidamos: <<Pareciera que su tesis es su Biblia>>, a lo que nosotros, en el pensamiento, sólo pudimos responder: “Pues sí, así es…; pero acaso no es que así tenía que ser, acaso no es esa la función de la tesis defendida”.  Y hoy, sin duda, con todas sus deficiencias reconocibles y en cierto modo justificables, aún sigue siendo ese antiguo Libro por excelencia.


 

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