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Thursday 8 april 2010 4 08 /04 /Abr /2010 10:01

Clich--Filosof-a

El Origen Barroco

del Pensamiento Crítico de la Historia

en la Tradición Moderna:

la Ciencia Nueva, de Vico, 1725 [a] (1/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri[b]

http://espacio-geografico.over-blog.es/; México, 8 abr 10.

 

 

Preámbulo.

 

Giambattista Vico (1688-1744), quien vivió en Nápoles, sociólogo fundador de la teoría cíclica del desarrollo histórico, en donde el principio divino; la “historia... guiada por la Providencia”[1], –se nos dirá en la Introducción a la obra por Rocío de la Villa Ardura–, como un factor externo, es el autor de las leyes de la historia, sin negar el factor o lógica causal interna del desarrollo social.  Su obra principal: Principios de una Ciencia Nueva en Torno a  la Naturaleza Común de las Naciones, 1725[2].

 

Vico, <<en la secularización de la historia como un cambio en la manera de interpretarla>>; clasifica en tres los ciclos del desarrollo histórico y los denomina con un cierto sentido filogenético antropomorfo, como “edades, la de los dioses, la de los héroes, y la de los hombres”[3], los cuales se repiten históricamente hacia un Juicio Final eternamente aplazado, como dirá José Ferrater Mora, <<en sustitución de la teoría de Agustín de Hipona de la historia como salvación del alma>> que dominó durante toda la Edad Media; y no obstante su pensamiento cuasiplatónico o influencia del idealismo filosófico de donde deviene en él –atrapado en las paradojas propias de su tiempo–, el “origen barroco” de la ciencia de la modernidad; esto es, un origen de pensamiento que responde a los intereses de la nueva burguesía conservadora, aliada a la retrógrada vieja nobleza monárquica; bajo las influencias historiográficas de Tácito y de Bacon; Vico establecerá que <<la ciencia debe comenzar a partir de donde comienza su objeto>>[4], expresión pura de la influencia del pensamiento materialista filosófico.

 

La obra de Vico a mediados del s.XVIII, tiene como antecedente directo la concepción teológica de la historia, no obstante ya plenamente moderna, de Bossué; clérigo preceptor de Luis XV, al que ofrece el desarrollo de la religión, como el desarrollo monárquico del imperator; y donde su Ciencia Nueva,  surge como consecuencia de hacer frente al idealismo, en mucho, metafísico, del racionalismo cartesiano (Descartes, Spinoza, Leibniz) del s.XVII; justo cuando empirismo y racionalismo a su vez se contraponen y aun no se ven como dos momentos de un mismo proceso: el proceso del conocimiento verdadero. Vico se va a identificar más, así, con su contemporáneo el obispo Berkeley (1683-1753), “filósofo idealista subjetivo que plantea que el hombre aprende inmediatamente a partir de sus propias ideas, y de que los objetos existen dependiendo de su perceptibilidad”[5]; que con Locke (1632-1704), filósofo materialista que rechazando la doctrina cartesiana defiende el empirismo; por lo cual, ciertamente, “no es posible encontrar en Vico la perspectiva progresista de la modernidad”[6].  Más aun, Vico va a hacer frente al racionalismo cartesiano, pero desde esa posición muy particular del empirismo idealista subjetivo.  En ese sentido, Vico puede entenderse como un precursor de esa síntesis del empirismo y racionalismo como dos momentos del proceso real del conocimiento, o como se dice en la Introducción a su obra por Rocío de la Villa: “Con Vico aparece ya la razón problemática de la modernidad”[7].  La parte del racionalismo de Vico estará en su afán por la poética, la Lógica poética (<<clave maestra>> de la Ciencia Nueva, dice Vico); así como en el verum-factum, estará fundado por su parte el empirismo, por más que en él –nos dice la introductora a su obra– “ha de primar la tópica frente a la analítica”[8], tópica que, mediante el ingenio para la invención del argumento, las cosas se mostrarán concatenadas y relacionadas.

 

Creemos que, <<no eludiendo la idea de la cultura como una “nada”>>, sino viendo en ella el debate de los intereses de las clases sociales; con justedad la introductora a la obra, Rocío de la Villa Ardura, refiere en Vico el origen barroco del pensamiento crítico moderno, pues ello, por oposición, nos plantea la posibilidad de definir por su parte, si bien aparecido doce años después, el origen clasicista de ese pensamiento crítico moderno (éste, por su parte, una forma de pensamiento que responde ahora a los intereses de la burguesía progresista y el naciente proletariado); el cual, finalmente, encontramos en el también historiador y ya parte del enciclopedismo; reconocido incluso como el “padre de la Ilustración”: François Marie Arouet de Voltaire (1694-1778), cuya obra en relación con el tema tratado es, Ensayo Sobre las Costumbres y el Espíritu de los Pueblos, 1756 (Essai sur les moerus et l’espirit des nations); y Ensayo Sobre Historia General, 1769.

 

Ambos, Vico y Voltaire, representan, o <<vuelven a presentar, la modernidad>>, al lanzarse a la crítica de sus antecesores, tanto de Descartes como de Leibniz; pero Vico lo hará desde posiciones de un materialismo inconsecuente, prácticamente suplido por una posición idealista subjetiva; y de ahí la posición barroca[c] de su pensamiento crítico –de la nueva ciencia–, de un barroco que como movimiento histórico cultural (e incluso no casualmente reducido a movimiento literario, pues era a través de la obra literaria que se expresaba en ese momento histórico tanto la filosofía como el conjunto de las ciencias), expresa la nueva ciencia; adecuando el pensamiento religioso y filosófico idealista, a las nueva condiciones; la cual niega el progreso histórico-social y a lo más reduce la historia a ciclos de crecimiento y decadencia que se repiten, sin que ello implique idea de “progreso”, no obstante el concepto sea mencionado[d], sólo como forma de desarrollo de un ciclo.

 

A diferencia de Vico, en esa acertada idea de que <<toda concepción histórica tiene un valor estratégico, un Telos, es decir, una función de a quién o a qué sirve>>, con Voltaire, y con él lo que pudiéramos llamar por oposición el origen clasicista del pensamiento crítico de la modernidad; éste por supuesto más partidario de Locke que de Berkeley; expresaba en su pensamiento materialista un tanto más consecuencia (sin que fuese plena entendiendo el momento histórico que les tocó vivir), y por lo tanto, podemos decir que éste, “padre de la Ilustración”, miembro importante ya del enciclopedismo en la segunda mitad del s.XVIII, representante del “Tercer Estado”, la burguesía emergente, principalmente la progresista, y su aliado natural, en general el proletariado; ambas clases sociales, deseosas de transformaciones revolucionarias, por lo que ello explica que en la interpretación de la historia, con Voltaire, se introduzca ya tanto el concepto de “filosofía de la historia”[9], como, principalmente, la idea de “progreso histórico”[10], en donde la repetición de la historia no constituye un ciclo cerrado.

 

A continuación, analizamos la obra Ciencia Nueva, de Vico, por cuanto a determinar su esencia, misma que queda dada en el examen tan sólo del Libro Primero, y apenas una quinta parte del Libro Segundo (acaso en total, un tercio de la obra por la consideración de los parágrafos).  El resto de la obra, se refiere a una especie de aplicaciones de tal definición, a diversos campos del saber.

 



[a] Ensayo final, Seminario Dr. Ignacio Díaz de la Serna.  Título inspirado en las palabras de la Introducción, p.14 (de donde se infiere que habrá, por su parte, un origen clasicista de la misma tradición moderna del pensamiento crítico, traducidas ambas “tradiciones” como la influencia del pensamiento en la doctrina idealista filosófica –el Barroco–, o materialista filosófica –el Clasicismo).

[b] Seminario de Arte y Filosofía; II Semestre, Doctorado en Filosofía, CIDHEM; 2 de junio de 2006.

[1] De la Villa Ardura, Rocío; Introducción; en Vico, Giambattista; “Principios de una Ciencia Nueva en Torno a  la Naturaleza Común de las Naciones”; Tercera Edición, 1744; Editorial Técnos, Madrid, 1995; p.13.

[2] De la cual, para elaborar este ensayo, hemos tenido a la vista la tercera edición, de 1744, año mismo de su fallecimiento.  Con la Introducción al texto de Rocío del la Villa Ardura, de 1995.

[3] Vico, Giambattista; Principios de una Ciencia Nueva en Torno a  la Naturaleza Común de las Naciones; Tercera Edición, 1744; Editorial Técnos, Madrid, 1995; p.79.

[4] De la Villa Ardura, Rocío; Introducción; en Vico, Giambattista; “Principios de una Ciencia Nueva en Torno a  la Naturaleza Común de las Naciones”; Tercera Edición, 1744; Editorial Técnos, Madrid, 1995; p.15.

[5] Forova, N.T; Diccionario de Filosofía; Editorial Progreso, México, 1984. v. Berkeley.

[6] De la Villa Ardura, Rocío; Introducción; en Vico, Giambattista; “Principios de una Ciencia Nueva en Torno a  la Naturaleza Común de las Naciones”; Tercera Edición, 1744; Editorial Técnos, Madrid, 1995; p.33.

[7]  Ibid. p.16.

[8] Ibid. p.17.  Aun cuando el análisis de la obra de Vico tendrá un ángulo insospechado: nuestras “impresiones de fin de siglo”, en <<la identificación del momento actual, con la reflexión viquiana>>, cuando lo falso se expresa como lo verdadero (p.32), lo que nos conecta con el problema de la posmodernidad, que, desde nuestra crítica, es la real “barbarie retornada” medieval (pero cuya consideración aquí, omitimos), a fin de no encimar dos planteamientos, éste (que es el final), y el del origen barroco del pensamiento crítico (que es su principio), limitándonos al análisis y comentarios de los Principios de la Ciencia Nueva.

[c] Lo cual no se expresa en un sentido peyorativo que aluda a ese <<recargamiento “confuso” de ideas materialistas e idealistas>>, de lo cual hacemos abstracción, ubicando a Vico en su propio tiempo, en donde ello era por lo tanto, una condición de necesidad.  Como haremos ver, el barroco en Vico expresa más bien una posición social clasista de la alianza de la nobleza y una burguesía conservadora; en contraposición a Voltaire, que en su clasicismo expresa la posición de clase social de la alianza de la burguesía progresista con el proletariado emergente.

[d]  Op.Cit. p.168 (§ 349)

[9] Forova, N.T; Diccionario de Filosofía; Editorial Progreso, México, 1984. v. Voltaire.

[10] Abbagnano, Nicola; Diccionario de Filosofía; FCE, 2ª edición, México, 1966; v. Progreso.

 



Por Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - Publicado en: Filosofía
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