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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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16 octubre 2011 7 16 /10 /octubre /2011 23:02

Ícono Filosofía-copia-1Equiparación de Dios al Ser Humano: Mixtificación del Materialismo Humanista.  Ensayo, 2011 (1/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (jN, lW); 17 oct 11.

 

                                Dios, en cualquier forma de demostración de su existencia que no sea racional (ya por experiencia religiosa en el éxtasis; ontológica per sé, por ejemplo, según San Anselmo; o dado el argumento cosmológico según la causa no causada, como en Santo Tomás); será, por definición, dogmática, y , en consecuencia, excluida de cualquier otra consideración.  Pero la demostración de la existencia de Dios en el argumento moral de Kant, o en el teleológico del supuesto de una inteligencia, como en el caso de William Paley, son, de suyo, argumentos racionales en los que se encuentra  la necesidad de un propósito, y son, por ello, discutibles.

 

                               Se dice que las últimas palabras, al expirar su último aliento, de Plotino (204-270), fueron:, “Buscad siempre que la divinidad que hay en vosotros se reuna con la divinidad que hay en el Universo”1.

 

                              Plotino se reconoce como filósofo idealista, fundador de la escuela filosófica neoplatónica, que afirmaba en la dialéctica de la dualidad, que el mundo, a partir

1  Atlas Universal de Filosofía; Editorial Océano; México, 2004; p.672.

de Idos ininteligible, era su manifestación como “intelecto mundial”, que, al final, se caracterizaba en cada ser único.  Así, cuando habla de la divinidad en cas sujeto, que ha de reunirse en la divinidad del Universo, Plotino, el llamado “filósofo pagano”, se está refiriendo a Dios mismo en sus diversas manifestaciones.  Pero ello es, como se reconoce a su vez en el neoplatónico Johannes Escoto Eriugena (810-877), un fundamento panteísta (de la identidad de Dios y la naturaleza), de donde parece rechazarse el mundo sobrenatural (metafísico); pero, a la vez, más bien, se hace de él toda metafísica en tanto que la existencia del mundo es en un Dios ininteligible, sobrenatural.

 

                                No obstante un argumento de orden teológico que hace de Dios lo Uno; es a tal punto delicado en la posibilidad misma de la negación de Dios, que fue condenado por la iglesia, pues en su dialéctica basta invertir la dominancia de los opuestos, y el sujeto, el ser humano, es Dios mismo, y, por lo tanto, lo Uno resuelto en el ser humano mismo.  O dicho de otra forma, en donde la existencia de Dios, es en el ser humano, como un concepto abstracto perfectamente inteligible.

 

                              De ahí, luego, los aportes de Nicolás de Cusa (1401-1464), en que el ser humano no puede ser mas que docta ignorancia, no sólo respecto de Dios, sino del mundo natural.  Los opuestos coinciden en Dios, pero Dios es incognoscible, y de semejante manera en Spinoza (1632-1677), en un sentido (Dios como la monista sustancia única); Descartes (1596-1650), en el opuesto (Dios en la dualista sustancia y extensión).  En uno es la contradicción en la dialéctica panteísta de la identidad, en el otro es la contradicción en la dialéctica panteísta de la diferencia.

 

                                Materialismo e idealismo han gravitado sobre el mismo problema; sólo que el idealismo se ha remitido al argumento teísta ontológico, en la medida que el materialismo , desprendiéndose de consideraciones metafísicas, ha llevado la discusión de Dios del panteísmo al deísmo, y de ésta al ateísmo.  Es decir, oscilando de la identidad de Dios con la naturaleza, a la separación del conocimiento de Dios en la metafísica de la fe, del conocimiento físico de la naturaleza, hasta llegar  a la negación misma de tal metafísica para dejar al ser humano solamente con el conocimiento físico del Universo.

 

                               Y no obstante, la vuelta a Dios ya única y solamente como concepto abstracto, es como el culto al retorno al argumento del mito.  Es, como dirá Hegel (1770-1831), el salir de la “conciencia infeliz” del sentimiento religioso medieval, en la escisión no conciliable de Dios y el hombre (no obstante en Hegel Dios será la componente positiva).  “El hombre medieval, en otros términos, llega a concebir a Dios, pero en el momento en que actúa este descubrimiento pone a Dios como contrario de sí mismo”2.

 

                                Si bien en Hegel la salida de la “conciencia feliz” es “al revés”, ya en Feuerbach (1804-1872), se hace “al derecho”: “No es Dios quien crea al hombre, sino es el hombre el que crea Dios”.  En la noción de Dios, de hecho, se concretan y proyectan ideas de perfección típicamente humanas…  Todas las cualidades del ser divino son atributos del ser humano”3; en los mejores y más altos valores.

 

                                De ese modo, la religión, con el acto del encuentro con la divinidad, no es otra cosa, según Feuerbach, que el encuentro del ser humano consigo mismo, “con el propio ser, considerado, sin embargo, como otro ser”4.

 

                                Hegel habló de la “conciencia infeliz” (o “conciencia desventurada” como le llama Abbagnano), como un estadio en el desarrollo de la conciencia humana.  Marx usó un concepto semejante: la “falsa conciencia”, esta vez para referirse a un proceso de alienación.  Así, más que una “conciencia desventurada” propia a una etapa de la historia humana, es una “falsa conciencia” como confusión en la que el ser humano se parece a…,  o de hecho es Dios; cuando en realidad es Dios el que se parece a, o de hecho es el ser humano.

 

                               Más aún, pensando a Dios, es como el hombre se construye a sí mismo, Dios es a su imagen y semejanza como cualidad humana al infinito.  Sin embargo, si tal como pensamos a Dios; es como nos pensamos a nosotros mismos, si “la omnipotencia de Dios es la proyección al infinito de la autosuficiencia de la razón humana”5, Dios es, finalmente, sólo un concepto abstracto, entonces el ser humano como el objeto concreto, se piensa a sí mismo en alto grado de idealización.

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2  Ibid. p.913.

3  Ibid. p.919

4  Ibid. p.919

5  Ibid. p.921

 


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