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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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5 mayo 2010 3 05 /05 /mayo /2010 08:13

Clich--Filosof-a

Lógica e Investigación Científica.

 Monografía, 2003 (13)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 28 jun 10.

 

 

Errores en la Demostración

 

Finalmente, siendo la demostración de fundamental importancia en el proceso de investigación científica, los posibles errores que se pueden cometer en ella adquieren particular interés.

 

La primera condición para que la demostración sea correcta, es que la tesis habrá de ser intrínsecamente verdadera.  Esto no quiere decir que se sepa de antemano sobre la veracidad de la tesis, sino que si ésta finalmente no se ajusta a la verdad, la argumentación demostrativa no podrá ser acertada.  Dicho de otro modo, nunca podrá hacerse pasar por verdadero lo que es falso; y de ahí la importancia en el rigor de los fundamentos.

 

La falsedad de la demostración puede ser de tres clases: 1) por error de suplantación de tesis, cuando la tesis que se demuestra se identifica con otra que es verdadera y se le hace pasar por ella, así como cuando por toda demostración se recurre exclusivamente a referir citas de autores; 2) por error de falso antecedente, cuando la tesis se infiere de premisas falsas o, exclusivamente, de premisas indemostradas, subterfugio al que deliberadamente recurren mucho los enemigos de la ciencia; y 3) por error de procedimiento en la demostración, dado un proceso discursivo lógicamente incorrecto por la introducción de un cuarto término, en forma de metáfora, sinonimia o metonimia; o por incumplimiento con las reglas de los silogismos.

 

La hipótesis pues, desempeña un papel fundamental en el proceso de la demostración científica, queda entonces revisar las características de la misma.

 

Finalmente, dado el énfasis que hemos puesto en el proceso demostrativo para el conocimiento de la verdad, es necesario aclarar el papel de la Lógica Formal en ello.

 

El papel de la Lógica Formal en el proceso demostrativo para el conocimiento de la verdad, radica esencialmente, como hemos visto, en el planteamiento de la forma o la estructura de la demostración científica, hipotético-deductiva, mediante el silogismo; lo cual se da, independientemente del contenido de los juicios.  Pero, y he aquí lo esencialmente importante a aclarar, de ello no se sigue necesariamente un conocimiento verdadero.

 

La determinación del conocimiento verdadero está en la Lógica Dialéctica, la cual, por su parte, basándose en la Lógica Formal, establece la demostración científica mediante el conocimiento verdadero, ateniéndose ahora directamente al contenido de los juicios.

 

No es, pues, que la Lógica Formal (llamada también aristotélica), haya quedado obsoleta frente a la Lógica Dialéctica (hegeliana en su forma idealista filosófica, y marxista en su forma materialista filosófica), sino sólo que la Lógica Dialéctica superó la limitación de la Lógica Formal en cuanto a lo que realmente determina el conocimiento de la verdad.

 

En la Edad Media, el escolasticismo; que llevó la Lógica Formal a su máximo desarrollo; creyó que bastaba el razonamiento estrictamente apegado a las leyes del silogismo, para obtener de ello el conocimiento verdadero.  Ello explica los desplantes de suficiencia en la demostración de la existencia de Dios en el siglo XI tanto de Anselmo de Canterbury (1033-1109), el que afirmaba que “había que creer para comprender”; como en el siglo XIII, de Tomás de Aquino (1225-1274), que al igual que Anselmo buscando la armonía entre la fe y la razón, consideraba que “la fe podía ser racionalmente fundamentada”.

 

Las demostraciones de la existencia de Dios son de tres tipos: cosmológica (Dios como “causa primera”; Platón, Aristóteles, Leibniz, Wolff); 2) teleológica[*] (Dios como razón de la armonía de la naturaleza; Sócrates, los estóicos); y 3) ontológica[**] (Dios como ser perfecto en el concepto de todos los seres humanos, pero concepto que es reflejo del ser perfecto realmente existente; Agustín, Anselmo, Tomás de Aquino).  Los silogismos para la demostración de la existencia de Dios como la “causa primera”, o mediante la armonía de la naturaleza, dado el carácter concreto del contenido de los juicios (el análisis de la relación causal, o la teoría de la evolución en sus formas en la investigación científica ya desde el Iluminismo), hicieron que fueran desechados.  El argumento de demostración más sólido pareció ser, pues, por su carácter abstracto, la demostración ontológica.  Sólo el desarrollo de la ciencia de la Lógica con los aportes de la dialéctica de Hegel en la primera mitad del siglo XIX, y más aun con la posición materialista en la dialéctica en Marx en la segunda mitad del mismo, pudo hacer evidente el error en el silogismo de la demostración ontológica de la existencia de Dios.

 

El argumento de Anselmo consiste en que, la Perfección real, Dios, es muy superior a la Perfección imaginada en el concepto, ya que la Perfección real, Dios, existe; en tanto que la Perfección imaginada en el concepto no existe, pues es sólo idea.  He ahí, pues, un entimema, y por lo estudiado de ello, lo podemos analizar.

 

 

La perfección real existe

Dios es perfección real

.......................................

Luego, Dios existe

 

 

Por cuanto a la forma o estructura del silogismo, no habría ninguna objeción.  Pero por cuanto al contenido de los juicios del silogismo, puede afirmarse que, aquí sí, se comete aquí el error del círculo vicioso en la demostración: se quiere hacer la demostración de algo, mediante otra cosa que a su vez requiere ser demostrada.  Esto es, se quiere demostrar la existencia de Dios, mediante el concepto de que Dios es perfección, y este juicio bien podría pasar por los atributos de un postulado, de no ser por que, justo, habría que demostrar antes, mediante las pruebas de razón suficiente, que la Perfección real (o Dios) existe.

 

Anselmo no ofrece más pruebas de razón suficiente que la misma argumentación lógica: Pero acaso no exista Dios –dice Anselmo–, “...puesto que el corazón del lerdo dice: Dios no existe.  Sin lugar a dudas, cuando el mismo lerdo escucha mis palabras (Dios es la mayor perfección en que se puede pensar) entiende lo que escucha y lo recibe en su intelecto, pese a que no sea capaz de entender que Dios exista”[1].  Y como este ejemplo sigue en algunos más.

 

De acuerdo con el contenido de los juicios, ese silogismo sólo es válido, en tanto la aceptación del dogma de fe, de que Dios existe y es perfección real.

 

La diferencia entre el argumento de Anselmo cuyas pruebas son puramente lógicas, y el argumento de Tomás de Aquino, está en que éste intentó ofrecer pruebas de la experiencia, como el movimiento o la relación causa-efecto, dadas en la misma física aristotélica.  Así, Dios existe, porque Él es el “Motor Inmóvil” y “la Causa Incausada” o “Causa Primera”.

 

 

 

El “Primer Motor” y “Causa Primera” existen

Dios es “Primer Motor” y “Causa Primera”

...........................................................................

Luego, Dios existe

 

 

Nuevamente, desde el punto de vista de la Lógica Formal, nada hay que reprochar al silogismo por cuanto a su forma; pero desde el punto de vista de la Lógica Dialéctica que se atiene al contenido de los conceptos y los juicios, el juicio de tesis: <<Dios es “Primer Motor” y “Causa Primera”>>, requeriría primero, de su propia demostración mediante la razón suficiente de sus pruebas, más allá del puro axioma por el cual se acepta como dogma, que Dios existe, demostrado por el hecho de que Dios existe.



[*] Teleológica (de teleos, fin).

[**] Ontología (de ontos, ser).

[1] Gay, José; et al; Atlas Universal de Filosofía; Editorial Océano, Barcelona, 2004; p.693.

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía
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