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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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19 julio 2010 1 19 /07 /julio /2010 08:25

Los Métodos

de la Teoría del Conocimiento en Geografía.

  Curso, Universidad de Guadalajara, 1985 (25).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica,

http://espacio-geografico.over.blog.es/;

México, 18 oct 10.

 

 

a)     Bases de la teoría unificada de la Geografía.

 

 

Vista la existencia objetiva desde el origen del pensamiento geográfico, de dos formas a que pueden reducirse el conocimiento sobre esta faceta de la realidad, el planteamiento de una Geografía única, íntegra y en desarrollo, significa el problema supremo de la geografía contemporánea.

 

A la solución del mismo le hemos llamado: teoría unificada de la Geografía; haciendo un símil con el problema de la teoría unificada de la Física, desdoblada en la física relativista de una parte, y la física cuántica de la otra, a cuya solución se abocó ya el propio Einstein a través de su teoría del campo unificado, que constituye el intento de un aparato matemático común para los procesos cuánticos y relativistas.

 

La teoría unificada de la Geografía, siguiendo la idea anterior, así lo creemos en lo particular, tiene su solución a través de la teoría del espacio geográfico, misma que previsiblemente ha de contener el intento explicativo del significado del análisis cualitativo del medio geográfico, como sistema físico de referencia del espacio geográfico, como sistema físico de referencia del espacio geográfico mismo; es decir, del espacio como el “recipiente” de todos los objetos materiales, o del espacio como una cualidad posicional del mundo de los objetos materiales (retomando la manera en que Einstein reduce los variados conceptos de espacio a dichas formas), en un aparato teórico conceptual y metodológico común para los procesos fenomenistas y espaciales.

 

Resolver las bases de una teoría unificada de la Geografía, significa ir a la cofa, a la punta de la raíz del problema que subyace en ella; y, por otro lado, desentrañar en términos filosóficos la naturaleza de la contradicción planteada en su origen.

 

El problema, hemos visto reiteradas veces, se significa en dos formas fundamentales del saber geográfico, y su naturaleza contradictoria, cristaliza cuando dicho saber geográfico constituye ya todo un sistema de conocimientos bien determinado, precisamente entre el siglo III ane con Eratóstenes, quien introduce el nombre de Geografía para este sistema de conocimientos, y el siglo I dne con Estrabón, quien deja una extensa obra geográfica de su estilo.

 

Allí se planteó por vez primera en toda su crudeza, el problema de dos concepciones de la geografía, en una contradicción que se ha considerado desde entonces como antagónica, es decir, en la cual la existencia de una forma de pensamiento geográfico.

 

Es precisamente en el primer libro de la “Geografía” de Estrabón, en sus Prologómenos, en donde queda discutido este asunto, desde el punto de vista de la filosofía estoicista de la que Estrabón era partidario.

 

El planteamiento de esas dos formas excluyentes del pensamiento geográfico, supuso en sí mismo un primer intento de solución a una teoría unificada de la Geografía, aun cuando esta se redujo a una burda simplificación del problema.

 

Es decir, los geógrafos estoicistas, primero se ocuparon en separar , en distinguir dos formas de pensamiento geográfico, e incluso en antagonizarlas; luego recurrieron a su unificación mecánica por la vía de la simplificación, excluyendo como parte del saber geográfico, al pensamiento espacista de Eratóstenes, como el verdadero saber geográfico; sin dejar de reconocer la importancia auxiliar de la cartografía.

 

El recurso estraboniano para tal procedimiento unificador, consistió, primero, en analizar la Geografía de Eratóstenes de casi tres siglos antes (tal cual analizaríamos hoy la Geografía General de Varenio), fuera de su contexto historico, y sin entender bien a bien el pensamiento geográfico de Eratóstenes e Hiparco y sus logros (tal como si hoy achacásemos a Varenio sus errores sin considerar que éstos, en buena medida, fueron producto de su momento histórico, y le criticásemos no haber visto lo que hoy nosotros vemos, bajo la discusión de teorías geográficas diferentes); después, en respaldarse en la autoridad que le daba ya a él, a Estrabón, las nuevas condiciones del ejercicio pleno del Imperio Romano.

 

De una parte, Eratóstenes o Hiparco se apoyaban en la astronomía (la física en términos de Estrabón), y la geometría, para resolver los problemas de las teorías geográficas de su tiempo; por otra parte, Posidonio y Estrabón, se apoyaban enlo histórico (como lo propio a la civilización), y en el auxilio del saber general de las ciencias de la naturaleza y la sociedad de su época, en lo cual fincaban sus teorías sobre lo que, a su juicio, debía ser realmente el saber geográfico.

 

Es en esto último donde radica la esencia del problema, cuya solución tuvo un segundo intento serio dieciséis siglos más tarde, con la obra de Varenio, por lo que toca el planteamiento de su sistemática científica, frente a los trabajos de los geógrafos renacentistas, llamados “cartógrafos”; de tal modo que, lo que Estrabón fue a Eratóstenes, Varenio lo fue a Mercator: sus negadores absolutistas y triunfantes en su influencia en el pensamiento geográfico de los siglos posteriores.

 

 Los geógrafos contemporáneos han querido ver en la obra de Humboldt, un naturalista, expresión de la geografía de Estrabón y Varenio, un tercer intento y solución definitiva al problema, por sobre las ideas de Chizov y Hettner, que en cierto modo enfilaban por una geografía heredera de Eratóstenes y Mercator.

 

No obstante, habremos de reconocer todos que las teorías geográficas han sido siempre, la teoría de las esfrágidas, y la teoría de la regiones.  La primera sobre el espacio divisible, y la segunda sobre los fenómenos que cualifican el espacio.

 

Así, sobre la base de no incurrir en una nueva negación absolutista y metafísica, sino en función de una consideración dialéctica, habremos de considerar a esta contradicción como no-antagónica, en la que el espacio como polo dominante de la contradicción, habrá de satisfacer, mediante una teoría propia del espacio geográfico, la solución semejante para ambas.

 

El no-antagonismo de la contradicción, se finca en la identidad cualitativa en el pensamiento geográfico, de las esfrágidas y las regiones; unas como secciones de un espacio proyectado, otras como sinónimo de un espacio calificado.  Sin que esto último signifique la concreción y objetivación del anterior, el que en ese sentido resultaría ser la abstracción y subjetivización del espacio geográfico; todo lo cual sería una interpretación errónea[*].

 

La identidad entre ambos conceptos, está en que una esfrágida es, a su vez, una región, aun cuando calificada geométricamente; tanto como una región, es una esfrágida calificada de manera fenomenista.  Así, esfrágida y región, guardan entre sí, la relación del objeto a su sistema de referencia.



[*] Esta fue una de las primeras maneras en que estábamos desentrañando las propiedades del espacio terrestre.  Hoy, 2010, lo explicamos como las esfrágidas en tanto abstracción del espacio concreto (ciertamente susceptible de proyectarse geométricamente); y las regiones, ciertamente a su vez, como las propiedades concretas de un espacio concreto.  Al mismo tiempo que, en consecuencia, la esfrágida es un desarrollo categorial de la región.

 



 

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
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