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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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19 julio 2010 1 19 /07 /julio /2010 08:27

Los Métodos

de la Teoría del Conocimiento en Geografía.

  Curso, Universidad de Guadalajara, 1985 (27).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica,

http://espacio-geografico.over.blog.es/;

México, 25 oct 10.

 

Pudiéramos decir así, que bajo la influencia de Parménides, estuvo el pensamiento geográfico de Herodoto sobre “los hechos y las cosas, así como los pueblos y su historia”[1], lo mismo que de Hecateo (550-480 ane), quien se decía, inclusive, descendiente de un dios.  Los hechos y las cosas, los pueblos y su historia, serían producto del ser; por ello, todo lo que está fuera de la relación con el hombre, carece de importancia (y de hecho no existe), y por lo mismo, no es sujeto de la historia.  Todo lo cual puede deducirse por la crítica de Heráclito a éste, a Hecateo.

 

Entre los siglos V-IV ane, maduró aún más la ciencia griega a la para que en este primer siglo, el V ane, el siglo de Perícles, tuvieron lugar las Guerras del Peloponeso (431-304 ane), entre la próspera democracia esclavista de Atenas, y la conservadora aristocracia esclavista  de Esparta, lo que agudizó la lucha entre las concepciones y teorías materialistas e idealistas.

 

Tras la derrota de la democracia esclavista ateniense en dicha guerra, se favoreció la filosofía idealista de Zenón de Elea (s.V ane), discípulo de Parménides, que trato de demostrar mediante sus “aporías” (contradicciones insolubles: argumentos de la dicotomía, del águila y la tortuga, y de la flecha que vuela), la imposibilidad de movimiento y la no multiplicidad de los fenómenos; y de los sofistas representantes de la aristocracia, que tuvieron a su mejor exponente en Sócrates (469-399 ane), y Platón (427-347), discípulo de aquel.

 

Con Sócrates se da un viraje de la ciencia materialista de la naturaleza, a la ética religiosa contemplativa y antropocentrista, afirmándose ésta; en tanto que, con Platón, se expresa de manera más nítida la separación entre la cosa concreta y su abstracción, haciendo de dicha abstracción y generalización un ser aparte absoluto, una deificación.

 

Bajo la influencia del desarrollo del idealismo dado en estas corrientes filosóficas, estuvieron pensadores que desarrollaron el conocimiento geográfico, como Eudoxo (408-355 ane), discípulo de Platón.

 

En Eudoxo, sus estudios estuvieron referidos a la localización y distribución, así como a las magnitudes geográficas, sólo que en Eudoxo se da, además, una “descripción del mundo”.

 

Considerando la filosofía platónica de Eudoxo, tales “descripciones del mundo” tendrían un contenido general de abstracciones y generalizaciones absolutistas, como en el caso de las “ideas” de Platón, y a manera semejante a los “números” pitagóricos, es decir, de la historia del hecho en general, independientemente de la historia de los hechos singulares; de las relaciones generales, separadas de las relaciones singulares.

 

Ello quiere decir que la propiedad de relación universal, siendo una cualidad de la naturaleza (parte de la cual es la sociedad misma en las consideraciones de esa época), de ella se abstrae y generaliza en forma absoluta, al grado de separar de la naturaleza su propiedad o cualidad de relación general, haciendo de ésta algo especial y divinizado; el hecho histórico en general, ajeno a los procesos históricos singulares concretos; desvinculado de sus causas concretas: o lo que es igual, pues, una “descripción del mundo”, es decir, un conocimiento de sus relaciones más generales, sin la explicación causal de las mismas.

 

La tercera etapa de la Antigüedad, entre los siglos IV-III ane, se caracteriza por la profunda influencia del discípulo de Platón, Aristóteles (384-322 ane), que a su vez, como antes ya hemos dicho, es uno de sus más serios críticos, al desentrañar la naturaleza de las “ideas” platónicas.

 

Aristótes fue elinstructor de Alejandro de Macedonia, y fundó en el 335 ane, su escuela, el Liceo, o Escuela Peripatética, en la cual por vez primera se decidió el conocimiento en las ramas de la Física, de la Lógica, y de la Ética y Política aristotélicas.

 

“A Aristóteles le parecía imposible que la esencia de las cosas se hallara en un mundo trascendente, separada de las cosas mismas”[2], y, en tal sentido, adelataba a Platón, quien con sus “ideas”, a semejanza de los “números” pitagóricos, no podía explicar los fenómenos de la naturaleza.

 

Y así como Aristóteles tenía estas posiciones materialistas, también osciló al idealismo, por ejemplo, en su teoría de la “causa final” (el fin), como “aquello por lo cual” (y para lo cual), se producen todos los fenómenos naturales, tendiendo a ella misma (a la “entelequia”, o forma de todas las formas), “concepción que ve dichos fenómenos a semejanza de la actividad finalista del hombre”[3], de manera antropomorfa.

 

Hubo seguidores aristotélicos de su rama de la Física, así como de su rama de la Política, entre los geógrafos.  De ellos, Demócrito de Falera (280 ane), por ejemplo, muy seguramente –máxime que no había otra opción– fue un geógrafo fenomenista aristotélico, lo mismo que Polibio (210-125 ane), y como de hecho nos ha sido posible confirmarlo, Posidonio (135-51 ane); Tiranión (¿-?), maestro de Estrabón, y Estrabón mismo en sus primeros tiempos.

 

Desgraciadamente no contamos con textos sobre el pensamiento geográfico de varios de estos autores, por lo que sólo podemos juzgar generalizando a partir de su principal actividad, en la esfera de la política romana, que en un sentido geográfico, tendría impreso necesariamente la teoría antropomórfica de la causa final de los fenómenos.  Esto es, teoría por la cual los fenómenos son producto de la enteléquia (forma de las formas) y tienden a ella.

 

La cuarta y última etapa de la Antigüedad, entre los siglos III ane-I dne, es la época del helenismo, y que tiene en Agripa (s.I ane), Estrabón (68 ane-25 dne), y Plinio el Viejo (23-79 dne), a sus más notables representantes en esta escuela de pensamiento geográfico fenomenista.

 

Estos tres autores vivieron ya en el período de descomposición del régimen esclavista, que propiciaba las tendencias reaccionarias que llegaron a convertir a Alejandría, de centro de la ciencia, a centro del oscurantismo religioso; mística en donde hallaron expresión el escepticismo, y el eclecticismo; así como el estoicismo de esta época o del Pórtico Medio, y el neoplatonismo.

 

Para el escepticismo, las cosas eran absolutamente incognoscibles; agnosticismo que sólo en el mejor de los casos podría pasar por duda científica, precisamente, frente al dogma religioso imperante que presuponía la posibilidad del conocimiento, pero en un mundo trascendente, más allá de la realidad; sin embargo, en realidad, fomentaba la apatía científica, y de este modo, favorecía el misticismo.  Esta corriente filosófica “se distingue por su indiferencia hacia los problemas sociales y políticos”[4].

 

De manera semejante al escepticismo al que perteneció Agripa, pero esta otra filosofía en la esfera del poder y como apologista del sistema social esclavista, estuvo el estoicismo, que propugnaba el cosmopolitismo como el ser ciudadano del Imperio Romano, fuera del cual, todo era barbarie indigna de ser sujeto de la historia; así como el vivir conforme a la naturaleza, que implicaba una negación de su conquista científica; y la  indiferencia, la ataraxia, o actitud contemplativa.  Vinculados a esta concepción filosófica estuvieron los geógrafos Estrabón, y Plinio.

 



[1]

[2]

[3]

[4]

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
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