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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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19 julio 2010 1 19 /07 /julio /2010 08:36

Los Métodos

de la Teoría del Conocimiento en Geografía.

  Curso, Universidad de Guadalajara, 1985 (36).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica,

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 25 nov 10.

 

 

a)    Trayectoria y perspectivas de la investigación geográfica

en sus dos escuelas fundamentales de pensamiento.

 

Puede decirse que la trayectoria de la investigación geográfica en sus dos escuelas fundamentales, es una trayectoria de dos corrientes encontradas, una de las cuales, podemos caracterizar como desmembradora, y otra como integradora.

 

La corriente desmembradora es, entonces, aquella que, o bien presupone en el geógrafo otra especialidad, o bien le empuja hacia ella.  Esta corriente se distingue, porque sus partidarios, ya se mueven sobre ideas preestablecidas que transforman en prejuicios, ya sobre preceptos subjetivos que convierten en principios.

 

Por ejemplo, preestablecen, como Pierre George, que no existe un método único para la geografía, sino que para ésta existen los métodos varios de las diversas ciencias con las que en un momento dado la geografía entra en relación, para explicar los fenómenos que se estudian.  Tánto se repite esto, que pensar lo contrario significa una especie de ataque que cuestiona la existencia misma de la Geografía toda.

 

Establecen preceptos subjetivos, tales como Estrabón mismo al considerar que la Geografía es una especie de “historia en el espacio”, que hacen de ello un principio que pretenden como deducido lógicamente del desarrollo de la ciencia geográfica, o más bien dicho, de las ciencias geográficas.

 

Estos autores, como Brunhes, ven en la obra de Humboldt –eminentemente naturalista– la sustitución de la antigua geografía descriptiva, inventaria, enumerativa (expresiones que recogemos del colectivo de autores de Josefina Gómez, Muñoz Jiménez, y Nicolás Ortega); por una nueva geografía definitivamente explicativa, sistemática, científica.  Too lo cual sería ciertamente válido, si por Geografía preestablecemos un “sistema de ciencias”, y que cada ciencia constituye una “especialidad de la Geografía”; así, de la descripción del mundo circundante en una “geografía general”, se pasaría a la explicación (producto de la investigación causal) de dicho entrono, a través de cada una de sus partes en las ciencias singulares, entendidas como “geografía especializada”.

 

Es pues, evidente, la artificialidad y el forzamiento de la realidad a un esquema adecuado a nuestras pretensiones. Cabría empezar por pensar qué nos ha hecho considerar a Humboldt como geógrafo.  Nuevamente aquí, la esencia de la respuesta la habremos de hallar en el análisis flosófico, que nos hace ver una situación nada casual.  Citando del colectivo de autores antes mencionado, este “pensamiento geográfico decimonónico, es un proyecto que considera a la ciencia positiva como modelo universal de todo conocimiento válido”[1]; a lo que nosotros agregamos para enfatizar el pensamiento positivista: “en donde el saber no propiamente científico (cotidiano) no es más que metafísica”[2].

 

En términos de la trayectoria del pensamiento geográfico contemporáneo, sus deficiencias se ven, por los geógrafos fenomenistas (entendidos éstos tanto como estudiosos de los fenómenos, como fundados en el principio gnoseológico positivista de la fenomenología), en una especie de incapacidad colectiva, actitud que ya Alan Reynaud critica, haciendo ver que más bien ha de deberse a una insuficiencia teórico-metodológica.  Así, se dice que los geógrafos seguidores de Humboldt, no son capaces de llegar a la explicación, producto de la investigación causal, quedándose únicamente en la “descripción explicativa”, es decir, en descripciones conocedoras de la causalidad, misma a la que estos geógrafos no han sabido llegar por sí mismo, circunscribiéndose a retomarla de otros especialistas[a].

 

Estas deficiencias, coincidiendo con Reynaud, nopueden deberse a la incapacidad colectiva, como tampoco del todo a insuficiencias en el avance de otras ciencias, que, por lo contrario, han demostrado fehacientemente la ampliación y profundización del conocimiento; sino precisamente a esto que dichos geógrafos no quieren reconocer: la necesaria especialización del conocimiento, que ha puesto en evidencia la insuficiencia teórico-metodológica de la Geografía en su línea fenomenista de pensamiento, que, como hemos dicho, trata de resolverse adaptando modelos diversos impulsados desde otras ciencias.

 

Se ve, en esta crisis de fines del siglo XIX (nosotros situamos su origen incluso hacia 1870), y mediados del siglo XX, una pérdida de identidad de la Geografía.  Y ahí donde los geógrafos fenomenistas ven dicha pérdida de identidad, los geógrafos espacistas encabezados por Hettner, por lo contrario, ven el deslinde, en la especialización de las ciencias, con el descubrimiento del verdadero objeto de estudio de la Geografía, antes oculto por las “affectiones” varenianas de los fenómenos[b].

 

Curiosamnte, los geógrafos fenomenistas, ven en la especialización de las ciencias, una “invasión a la Geografía”.  Han sido, pues, víctimas del propio monstruo teórico-metodológico o cognoscitivo que engendraron.  Su experimento genético artificioso, como tenía que ser, desembocó en el fracaso.  No se puede cambiar subjetivamente el derrotero de una ciencia que se constituye como reflejo objetivo de una faceta de la realidad objetiva.  No puede hacerse una geografía “racional” geomorfologista, ecologista, economista o sociologista, si no es esa la faceta de la realidad objetiva que en su origen se planteó estudiar.  El “dualismo” fenomenista[c], ha de ser reemplazado por el monismo espacial.

 

Y todo aquello que parecía ser el objeto de estudio (las relaciones naturaleza-sociedad[d]), finalmente pasó a ser el estudio del sistema de referencia, de la investigación causal del espacio; y, en esos términos, y sólo en esos términos, se valida y justifica una geografía estudiosa de los fenómenos y sus relaciones[e].

 

Por qué será que los geógrafos fenomenistas insisten en encontrar la salida cognoscitiva al saber geográfico en la búsqueda de “modelos” o “paradigmas”, evolucionistas, funcionalistas, estructuralistas, etc; y no en el análisis histórico concreto (el análisis concreto de la historia concreta, como se dice en el marxismo).  Será acaso porque temen encontrarse con la verdad, la cual no se ajusta a sus pretensiones.

 

Todo esto nos muestra algo que no puede negarse el ser geografía, pero nos muestra precisamente, lo que es un saber geográfico limitado; no por la incapacidad colectiva de todos los geógrafos (lo que resulta irracional), sino porque esa geografía, corresponde a un momento histórico concreto, a su avance y límite de sus propias teorías, así como a un desarrollo específico del conjunto de las ciencias y de los reclamos socio-económicos y políticos de su momento histórico.

 

Por nuestra parte, dicha limitación del saber geográfico en esa corriente de pensamiento, deviene de su interpretación a la contradicción fundamental de la Geografía (entendida ésta en su sentido dialéctico, es decir, como motor o dinámica interna de dicha corriente de pensamiento), la cual se conforma, para éstos, teniendo en un opuesto la relación naturaleza-sociedad como polo dominante, al cual se subordina el espacio, como el opuesto, en el polo subordinado.

 

De cómo interaccionan ambos opuestos de la contradicción en el proceso del conocimiento, es como se expresa ese saber geográfico: esto es, cómo se dan las relaciones entre los fenómenos en su vinculación en el espacio.

 

Esta contradicción supone el conocimiento del fenómeno en su esencia y en su desarrollo, y cuanto más profundo y amplio dicho conocimiento, tanto mayor el discernimiento de sus relaciones, estas últimas, que ya no serán tanto como expresión fundamental de su existencia espacial, sino como relación de causalidad de un fenómeno a otro.  De ahí que, con la especialidad de las ciencias, este fundamento teórico-metodológico se hace endeble.

 

Con la inversión en la relación de los opuestos de esa contradicción fundamental de la Geografía, se está en el terreno del pensamiento espacista, en donde ahora el opuesto subordinante es el espacio, determinado por las relaciones naturaleza-sociedad, en el opuesto subordinado[f].

 

De cómo interaccionan ahora aquí ambos opuestos de la contradicción en el proceso del conocimiento, es como se expresa esta otra forma del saber geográfico esencialmente dicho: esto es, por su parte, la naturaleza del espacio, determinada por las relaciones entre los fenómenos.

 

De ello se sigue que esta contradicción supone el conocimiento de la realidad, naturaleza y propiedades del espacio, así como de sus regularidades fundamentales; y cuanto mayor sea la definición de una teoría espacial general, mayor el discernimiento, a su vez, de las propiedades y leyes de la forma espacial de existencia de los procesos y fenómenos.

 



[1]

[2]

[a] Y más aún, cuando dicho geógrafo se especializa tanto en el fenómeno (en necesario biólogo en el campo de la zoología en su rama entomológica para poder estudiar con fundamentos la vida y obra de la <<amantis religiosa>>) llegando a ser capaz, en consecuencia, de realizar la investigación causal esencial del mismo, lo que queda de él como geógrafo, sólo es el recuerdo de una vía de profesionalización en que simultáneamente, lo que ha tenido de “facilita”, lo ha sido de tortuosa.

[b] Aquí hay un error, inducido por la lectura aún no lo suficientemente crítica, del Estudio Preliminar que hace Horacio Capel a la obra de Varenio.  Las “affectiones” varenianas, se refieren literalmente a las “afecciones” o “efectos” en un fenómeno, producido por la causa de otro.  Varenio, como médico, entendía en general por esas “affectiones”, una relación entre los fenómenos, particularmente de índole causal.  Horacio Capel, al traducir y comentar la obra de Varenio, interpreta por tales “affectiones”, equivocadamente, las “propiedades” de los mismos.  En 1985 no habíamos hecho una lectura e interpretación a fondo de la obra de Varenio, compleja, no tanto por sí misma, como por el necesario contexto histórico a considerar (la Ilustración holandesa ya a mediados del siglo XVII).  Al traducirse las “affectiones” de los fenómenos como “propiedades” de los mismos, se induce la idea de que, de lo que se trata, entonces, es del estudio de los fenómenos en sí mismos, cual especialistas en ellos.  Tomado el concepto de “affectiones” en un sentido más propio como “relación” (en particular de causalidad), la idea cambia, entendiéndose, entonces, una conexión física externa entre ellos, en una necesaria relación de coexistencia espacial; como lo descubrimos mucho después.

[c]      Se entiende aquí por tal “dualismo”, el enunciado “naturaleza-sociedad”.

[d] Ahora (al entender lo expuesto en la nota b), agregamos: “las relaciones naturaleza-sociedad en sus propiedades, mas no en su coexistencia espacial”)

[e] Este trabajo, más allá del curso dado en la Facultad de Geografía de la Universidad de Guadalajara en ese mismo año de 1985 (y del que no recordamos si dejamos copia), no fue publicado ni dado a conocer ya por ninguna otra forma; ello explica, en parte, el por qué la comunidad de geógrafos no entendió este punto, considerando siempre como una negación absoluta nuestra el estudio de los fenómenos en geografía, cuando no puede haber en ello sino un vínculo dialéctico, mediado por el concepto de “Estados de Espacio”.

[f] Incluso aquí, en 1985, aún entendíamos el concepto “determinado”, limitado exclusivamente como categoría de causalidad, no viendo en ello una dialéctica más amplia, entendiéndolo a su vez como “negación”.

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
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