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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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19 julio 2010 1 19 /07 /julio /2010 08:37

Los Métodos

de la Teoría del Conocimiento en Geografía.

  Curso, Universidad de Guadalajara, 1985 (37).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica,

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 29 nov 10.

 

 

c)  Características de la enseñanza de la Geografía.

 

Como es lógico considerar, la enseñanza es un reflejo de la investigación y su consecuencia directa; luego entonces, la enseñanza de la geografía de nuestros días, está en consonancia con las contradicciones fundamentales cognoscitivas y su movimiento, expuesto en el inciso anterior.

 

Ello nos explica los planes de estudio tradicionales, en los que, toda vez que la Geografía se considera “sistema de ciencias” y “ciencia de síntesis” de las mismas, la currícula de materias de las diversas instituciones nacionales y extranjeras, así como los programas generales de cursos del Bachillerato, no serán mas que glosarios de ciencias.

 

El estudiante queda preparado así, en forma enciclopédica, en donde no puede decirse que tenga suficientes bases –a partir de esos conocimientos generales y superficiales sobre cada “ciencia geográfica”– como para hacer de ello una especialización; que cuando así se pretende, se cae en el absurdo de llegar por una vía “cómoda y sencilla”, a una especialización ardua y compleja, que amerita, en la mayoría de los casos, cinco años de formación (incluso, en su origen, un área en el Bachillerato, físico-matemática, químico-biológica, o económico-administrativa), con toda una metodología específica, con todo un instrumental y manejo de teorías especializadas.

 

Ante ello, los geógrafos no encuentran más solución que reunirse entre sí par lamentarse de estar siendo “penetrados” por una especie de “invasores superdotados” en tanto capaces de resolver las investigaciones causales sobre los fenómenos, que los geógrafos de carrera no pueden, limitados estos últimos, a las “descripciones explicativas”, en tanto conocedores de la causalidad del fenómeno, pero no investigada motu propio, sino tomada a pesar de todo, de esos mismos “invasores”.

 

La enseñanza de la enseñanza de la Geografía, así, busca resolver la identidad del hacer geográfico, en materias llamadas, de “Geografía Aplicada”, en las que se prepara al estudiante en el manejo de ese saber dualista naturaleza-sociedad considerado en su localización y distribución en la superficie terrestre, a través de ciertos “modelos”: el enfoque evolucionista de principios de siglo, que trata de dar un mayor rigor al saber geográfico que el “modelo” inmediato anterior, el enciclopedista-romántico humbodtiano, o el morfológico-paisajista reclusiano; el ecologismo humano; el funcionalista; el regionalista; el modelo de la percepción del paisaje; el enfoque sistémico abolutizado; el método estructural; hasta las más recientes influencias del economismo y sociologismo de la “geografía radical”, modelos –es decir, sistemas en de parámetros bien determinados para observar cómo trabaja una teoría científica– que elevada a la categoría khuniana de “paradigma” en donde los parámetros del modelo se convierten en premisas teórico-metodológicas; se consideran capaces de determinar la investigación científica toda concreta.

 

Ahora, como el “modelo” o “paradigma” por sí solo no resuelve el problema de los fines del estudio, tan sólo de su teoría metodológica cognoscitiva, otras materias llenan el currículum del plan de estudios, como las relativas a la planificación.

 

En la planificación se resuelve, tanto en la investigación como en la enseñanza de la geografía actual, las finalidades de esta disciplina de conocimientos en el sistema de las ciencias.

 

Si bien todas las ciencias aportan su parte en el acto multifacético que constituye la planificación, es la Geografía, en los términos de esta geografía fenomenista contemporánea dominante, la ciencia que cristaliza dicho acto, como ciencia de la planificación por excelencia; como si la planificación fuese un hecho en extensión exclusiva esencialmente; cuando, no causalmente, son los economistas los que dictan aquí la última palabra, dado que la planificación, es, ante todo, un hecho regido por razones económicas esencialmente, y que luego habrán de tener, necesariamente, una expresión espacial; lo que justifica la intervención de la Geografía; pero como una ciencia más que aporta en ese hecho socio-económico que es, por excelencia, la planificación.

 

La enseñanza de la geografía en estos marcos y con ese contenido, no es ajena a una determinación filosófica; es decir, a la determinación de una teoría del conocimiento dada, como ya lo hemos demostrado para todos los casos de la historia; sino que, por lo contrario, responde con fidelidad a específicas concepciones del mundo de nuestros días.

 

En tales circunstancias, es una geografía que no puede responder sino a la filosofía positivista, y sus derivaciones neopositivistas[a]; o al materialismo dialéctico.  Si en el terreno de la investigación el positivismo sella el quehacer científico en los términos de reducirlo a la mera descripción de la realidad, de sus relaciones y génesis evolutivas; en la enseñanza, hace del profesor un informante, así como del estudiante, un receptor memorista de dicha información.

 

Por su parte, el neopositivismo, en su forma de positivismo lógico, que es la corriente que más influye al pensamiento geográfico, convoca al saber universal de la ciencia, a manera de que sólo hay una ciencia única, o el que la ciencia es sólo una[b].  Precepto feliz, que da fundamento a la geografía actual como “sistema de ciencias” y “ciencia de síntesis” de las mismas; es decir, los geógrafos neopositivistas, como todos los geógrafos herederos del pensamiento de Hecateo, son incapaces de ver en la unidad, la diversidad, lo uno en lo múltiple.

 

Así, ya Heráclito había criticado en la Antigüedad a Hecateo, tal como ahora lo hacemos tomando las palabras de aquel, para los geógrafos fenomenistas del neopositivismo de nuestro tiempo: “los de la mucha ciencia, por su saber disperso y no sistemático, que no ven la unidad de la naturaleza…, sino una colección de hechos dispares y sin relación alguna entre sí”[1].

 

Por qué concedemos la razón a Heráclito.  Por qué afirmamos, en consecuencia, que tanto la investigación como la enseñanza de la geografía en esta línea, es un saber disperso y no sistemático.  Por qué, incluso, afirmamos que no se ve la unidad de la naturaleza, a pesar de que éste es precepto básico de esa geografía.

 

Precisamente, porque no entienden la unidad en la diversidad[c]; porque, en vez de la dinámica de la unidad y la lucha de contrarios, ven la dualidad estática naturaleza-sociedad, en base a ese saber disperso y no sistemático, propio de la currícula académicas.

 

Por qué es justa la observación de Heráclito respecto a los geógrafos como Hecateo, como los de la “mucha ciencia”.  Porque el extremo absurdo al que necesariamente tenía que llegar esta concepción de la geografíaa, ha quedado expuesto por Henry Baulig ya desde 1948, que preguntándose si la Geografía es una ciencia, se responde en el sentido –que tomamos de Alan Reynaud–, de que la Geografía no es un conocimiento, porque la Geografía es el conocimiento supremo; lo que Baulig expresa en las siguientes palabras: “quizá una categoría nueva de la inteligencia a la que el espíritu occidental y sólo él, acaba de acceder”[2].  Es decir, la Geografía es así, el éxtasis supremo del saber.  Esta es la imagen que en un momento dado se forja en el estudiante, precisamente, en las circunstancias actuales.

 



[a] En ese entonces, 1985, aún no veíamos la importancia decisiva que estaban adquiriendo sistemas filosóficos como el pragmatismo, el existencialismo, y particularmente el autodenominado “neomarxismo”, de los “nuevos filósofos” de la Escuela de Frankfurt, que ya para entonces empezaban, entre todos ellos, a conformar decididamente el llamado “posmodernismo”, que por entonces identificábamos apenas como un snobismo intelectualoide, sin poder ver en ello la nueva ideología reaccionaria y oscurantista que se estaba formado, y sería finalmente dominante ya en la segunda mitad de los años noventa; siendo, con su esquizofrenia, ya para la primera década de los años dos mil, verdaderamente aterradora.

[b] Proponiendo incluso abolir a la filosofía, esa “ciencia única” (la filosofía positiva) se erigiría como una sustitución de toda filosofía.

[1]

[c] Este pasaje nos hace suponer que este material quizá si haya circulado en copias; e incluso, ahora, 2010, nos hace pensar que, siendo el fundamento de la tesis de nuestro ensayo presentado como ponencia al XI Congreso Nacional de Geografía, 1987, acerca de la unidad espacial del mundo, haya sido la causa, o por lo menos parte de ella, de lo que ocurrió con el caso de la publicación de las Memorias de dicho evento.

[2]

 



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