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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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19 julio 2010 1 19 /07 /julio /2010 08:41

Los Métodos

de la Teoría del Conocimiento en Geografía.

  Curso, Universidad de Guadalajara, 1985 (41).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica,

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 13 dic 10.

 

 

c)  La investigación geográfica,

     a través del materialismo dialéctico.

 

El carácter universal de la ciencia, es lo que da lugar al carácter universal del método científico general, dado en la unidad del método de la teoría del conocimiento y de los métodos (empíricos y racionales) de la sistematización del conocimiento.

 

La investigación geográfica fundad en la teoría del conocimiento dialéctico materialista; en sus propios postulados, principios, leyes, categorías y teorías; obliga a una definición en el conocimiento geográfico, a su vez, de dichos elementos cognoscitivos, los cuales han de guiar la metodología de la sistematización del conocimiento (la observación, la medición, y la experimentación; así como el desarrollo de hipótesis, leyes y teorías geográficas).

 

Y así como hemos visto que los postulados, no obstante ser evidentes y de demostración innecesaria, no son una definición arbitraria y meramente subjetiva, sino el resultado de la repetición cotidiana millones de veces, de una práctica concreta; así mismo, los conceptos fundamentales, las categorías, surgen de la objetividad misma, y, entre todas ellas, hay una que delimita el saber de una sola ciencia, y en torno a la cual operan las demás.

 

La investigación geográfica a través del materialismo dialéctico, nos impone, además de la definición de todo un sistema cognoscitivo, primero, la determinación de una categoría fundamental; a partir de la cual, en segunda instancia, habrán de encontrarse o descubrirse las contradicciones que ponen en marcha su automovimiento.

 

Cada ciencia tiene su propia categoría fundamental, que define su objeto de estudio; así la Física, en el concepto de campo; la Matemática, en el concepto de número; la Química, en el concepto de elemento; la Biología, en el concepto de vida; lo mismo que las ciencias sociales deponen su objeto de estudio en una categoría fundamental; la historia en el concepto de temporalidad; la Economía en el concepto de relaciones sociales de producción; la Sociología en el concepto de sociedad; y, finalmente, la Política, en el concepto de Estado u organización del poder.

 

La Geografía no puede ser ajena a esta determinación, y así, su categoría fundamental, se expresa en el concepto de espacio terrestre (o especialidad el medio geográfico[a]).  La investigación geográfica fundada en la dialéctica materialista, habrá de empezar por aquí, y continuar por el camino del desentrañamiento de las contradicciones esenciales y secundarias del espacio geográfico y de sus propiedades.

 

Una caricatura de una geografía marxista, es aquella en que se pretende sustituir la geografía por el materialismo dialéctico.  O más propiamente dicho, en que se pretende identificar materialismo dialéctico y geografía marxista.  Los geógrafos no necesitamos enseñarle al mundo que la realidad objetiva se mueve, que está en conexión y desarrollo, etc; eso ya lo hace la dialéctica materialista.  Los geógrafos tenemos que exponer tan sólo, por qué y cómo se mueve una faceta de la realidad objetiva; por qué y cómo dicha faceta, en nuestro caso el espacio geográfico terrestre, está en conexión y desarrollo.  Es decir, por qué y cómo refleja o es conforme a las leyes de la dialéctica materialista (y no la dialéctica materialista misma).

 

Ciertamente, nuestro trabajo es mucho muy modesto, mucho más de lo que ningún geógrafo se imagina.  A esto último se auna nuevamente la crítica de Heráclito a Hecateo, válida aún para nuestro tiempo: “La mucha erudición no enseña la sabiduría.  De otro modo se la habría enseñado a (…) Hecateo…  Pues una sola cosa es la sabiduría, conocer la ley que gobierna todas las cosas por medio de todas las cosas”[1].  Los geógrafos pasamos por ser, en la expresión de Nicolás de Cusa, “los doctos ignorantes”, que pretendemos una docta erudición, pero no sabemos exactamente nada propio.

 

Hemos creído ver la unidad del mundo, en la suma mecánica de sus partes; en donde la geografía es ese saber acerca de la unidad del mundo.  Hasta ahora, con el análisis dialéctico materialista, hemos podido ver que el conocimiento acerca de la unidad del mundo, radica en el conocimiento tanto más amplio como más profundo cada vez, de las leyes que le rigen, y que no se necesita una “ciencia” aglutinante que se proponga recoger la “dispersión” de las investigaciones especializadas y superespecializadas, en la búsqueda de esa “unidad el mundo”, pues tal se está dando, precisamente, en la medida de un conocimiento cada vez más exhaustivo de la realidad objetiva; ya que, de acuerdo con la dialéctica materialista, la unidad del mundo está en su propia diversidad y en el conocimiento de la esencialidad de ésta.  “La ley que gobierna todas las cosas por medio de todas las cosas”.  Las leyes de la unidad en su diversidad.

 

Y así, mientras que los geógrafos herederos del parmenideano Hecateo, han creído estudiar la unidad del mundo en las relaciones naturaleza-sociedad, ha sucedido exactamente lo contrario, y lo que menos han comprendido los geógrafos hecateanos de todos los tiempos, has sido, precisamente, las relaciones naturaleza-sociedad; pues la unidad de éstas, no está en su agregado mecánico, sino en su diversidad, en donde todo es, y a la vez, no es.

 

Retomemos aquí, finalmente, el otro aspecto que quedó pendiente en aquellos renglones en que nos referíamos a la “geografía pura” y a la “geografía aplicada”[b].

 

Tal aspecto, hemos dicho, esconde además de una incapacidad del capitalismo dependiente para el despliegue de la ciencia; de tal modo que aquello que no se aplica por su incapacidad, lo ubica como “ciencia pura”; una tentativa de calificación de la ciencia en los países del “Tercer Mundo”, en donde pareciera no haber, en realidad, “ciencia pura”, sino sólo “ciencia aplicada”.

 

Por tal razón, esta calificación de la ciencia en “pura” y “aplicada”, desde el punto de vista del marxismo, es inadmisible[c].  La dialéctica materialita comparte en su lugar, la opinión de que la ciencia es una, y toda ella es aplicable en un momento dado, en consonancia Con la tecnología.

 

Más bien, dicho concepto se refiere a tres grandes tipos de investigación: 1) la investigación fundamental o básica; 2) la investigación teórica[d] o dirigida; y 3) la investigación aplicada[e].

 

La investigación fundamental o básica consiste en la generación de nuevas ideas, en el replanteamiento de los problemas, en la continuidad de la ciencia a la luz de nuevas interpretaciones y en el aporte de nuevas soluciones posibles a problemas esenciales de la teoría de una ciencia.  Requiere, en consecuencia, de una gran capacidad de abstracción, del manejo tanto más profundo, cuanto mejor se desee la investigación, de la filosofía, y de una clara metodología en la historia de la ciencia.

 

La investigación dirigida[f], trata por su parte sobre la demostración de algunas de las hipótesis o teorías planteadas en la investigación fundamental; sobre la comprobación de algunas ideas;  y de ahí su denominación como investigación dirigida, la cual ya no requiere, de manera esencial, del dominio filosófico e histórico, pero que tampoco puede prescindir de ello, a fin de entender en qué dirección debe desarrollarse la verificación de un concepto o teoría.

 

Por otro lado, la investigación aplicada[g], se traza exclusivamente el objetivo de llevar un conocimiento dado a la realidad.  Su pregunta fundamental es: para qué sirve, en qué mejora el bienestar social.  No se cuestiona –si acaso sólo como antecedente– sobre las determinaciones filosóficas e históricas, y, a menos que enfatice acerca de su fundamento metodológico.

 

Así, en tanto que la investigación fundamental y dirigida se centran en los métodos de la teoría del conocimiento, la investigación aplicada lo hace respecto a los métodos de la sistematización del conocimiento[h]

 



[a] “Espacio”, y “espacialidad”, ciertamente, son dos categorías distintas que expresan relaciones semejantes.  Por la categoría de “espacio”, en general, se entiende algo en sí mismo; pero por la categoría de “espacialidad”, lo que se entiende, es algo con esas propiedades, algo entendido mediante los atributos del espacio.  Este par de conceptos no se hacen exactamente equivalentes en la marxología del siglo XX, y de ahí que nos refiramos a ambos simultáneamente, y a uno con ciertas reservas entre paréntesis.  En las consideraciones dialéctico materialistas del siglo XX, no podía aceptarse el concepto de espacio, mas que como reflejo objetivo de ciertas propiedades de la forma de existir de los objetos (tridimensionales, en distribución, en relaciones de coexistencia, etc); pero el espacio como concepto, no reflejaba un “algo” independientemente de los mismos objetos; esto es, que el espacio como tal, como un “algo”, no existía.  El concepto de espacio era, pues, sólo una abstracción y generalización de ciertos atributos de la forma de existir de los objetos (como el concepto “árbol”, es una abstracción y generalización de los atributos de los objetos pino, fresno, oyamel, etc; que existen en esa forma).  El espacio como un “algo”, lo identificaba con el vacío, y a éste con la “nada”, de donde resultaba que el espacio entendido como un “algo”, parecía responder a un principio metafísico (a manera de una “idea” realmente existente, un Universal, el Espíritu, o un ente objetivo).  Einstein, aun cuando con un fundamento positivista, se daba cuenta de esa contrariedad, de donde negó la existencia del vacío y estableció el concepto del continuum.  En 1985, pues, hablar del espacio más allá de entenderlo como la espacialidad de las cosas, en el contexto del fundamento dialéctico materialista, resultaba una herejía; lo que en la marxología se denominaba “revisionismo”.

Así, si a esas fuentes de nuestro fundamento gnoseológico sumamos la opinión misma de Einstein, y a ello añadimos nuestro propio desconocimiento de algo que apenas empezábamos a estudiar, se entenderá, entonces, nuestra duda y los dos enunciados simultáneos; aun cuando uno, con reservas entre paréntesis, ya decía mucho desde entonces, pues veinticinco años después, evolucionado aquel contexto histórico filosófico-físico, ya podemos afirmar con más fundamentos: el espacio es un “algo”, es vacío, y éste, una forma de movimiento de la materia altamente complejo, aún apenas empezado a estudiar por la ciencia.

[1]

[b] Esta discusión, en el contexto de los años setenta a ochenta del siglo pasado, formaba un muy amplio y difundido debate, que motivó incluso uno de los coloquios internacionales de la Sociedad Latinoamericana de la Historia de la Ciencia y de la Tecnología en proceso de formación, a partir de una sutileza que hoy, en el 2010, pudiera parecer irrelevante: la muy fina identidad y diferencia entre “ciencia” e “investigación científica”.  Es decir, que en un momento dado, en lo abstracto, son lo mismo, pero en otro momento dado, en lo concreto, hay razón para ver una diferencia, pues la categoría de “ciencia pura”, pareciera negar el que la ciencia, toda, tiene finalmente un carácter aplicado hasta lo más utilitario, en beneficio de la sociedad.  No obstante, otra cosa es el hecho bajo el concepto de “investigación”, y más que “investigación pura” con dejos idealistas filosóficos, “investigación teórica, fundamental, básica, de punta, o de frontera”.

[c] Nótese, en este caso, que se habla de “ciencia” (no de “investigación”), y en ese sentido, tales afirmaciones siguen siendo válidas.

[d] Aquí se aprecia una debilidad aún, en la clasificación de los conceptos.

[e] Tan complejo y sutil era el problema en un debate que venía de tiempo atrás, que, por “investigación dirigida”, debe entenderse lo que hoy denominamos “investigación aplicada” (del desarrollo de modelos); y por “investigación aplicada” en aquel entonces, lo que luego denominamos “investigación operativa” (de lo que pudiera entenderse como la “ingeniería de la ciencia”).

[f] Léase “aplicada”, en su comprensión actual.

[g] Léase, “operativa”, de “ingeniería”, eminentemente práctica, de solución concreta de problemas.

[h] Ahora precisaríamos la idea, en el sentido de que la investigación fundamental o teórica, se hace, preeminentemente, en relación con los métodos de la teoría del conocimiento; la investigación dirigida o aplicada, se hace desplegando los métodos de la sistematización del conocimiento; y la investigación operativa, se hace reproduciendo en cada caso concreto la misma sistematización del conocimiento, pero desarrollando preeminentemente soluciones técnicas.

 



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