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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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19 julio 2010 1 19 /07 /julio /2010 08:42

Los Métodos

de la Teoría del Conocimiento en Geografía.

  Curso, Universidad de Guadalajara, 1985 (42/42).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica,

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 16 dic 10.

 

 

d)    El carácter de la predictibilidad en la geografía.

 

Es sólo hasta aquí que podíamos llegar a abordar uno de los puntos de mayor importancia en el hacer científico, precisamente: el carácter predictivo de la ciencia.

 

La ciencia, en sentido lato, es conocimiento; pero a la vez, la finalidad de éste, cobra sentido y razón de ser, en tanto permite preveer las líneas y tendencias de los acontecimientos, y de esa manera, el futuro.

 

En su forma más generalizada, el conocimiento tiene por finalidad orientar y dirigir la acciones de la sociedad en la búsqueda de un mayor bienestar humano.

 

Sólo puede reconocerse la posibilidad de la previsión científica, sobre la base: 1) de la universalidad de la ciencia dada como un conocimiento objetivo y concreto; 2) de la posibilidad de penetrar en la esencia de los fenómenos; y 3) del desenvolvimiento tanto de la naturaleza como de la sociedad, sujetas a leyes.

 

Ello conlleva la concepción materialista del mundo y la aplicación del método dialéctico, que ve el conocimiento precisamente como un reflejo de la realidad objetiva; pero como conocimiento científico, no un reflejo simple, especular, sino que presupone la iniciativa misma del hombre en la indagación de la realidad objetiva penetrando del fenómeno a la esencia, mediante los recursos metodológicos-cognoscitivos (como el análisis de las contradicciones, las transiciones de la cantidad en calidad, la observación y experimentación, así como las teorías hipotético-deductivas).  La ciencia acumula hechos, pero no se reduce a ello, sino que los sintetiza y deduce de ello nuevos conocimientos, incluso, sobre hechos que aún no se han dado, y de esa manera, los predice.

 

De ahí que bien podemos generalizar el pasaje en que Máximo Gorki se refiere a Lenin, aplicándolo a todo hombre de cienica: “saber preveer, y saber y poder hacer esto…, porque se vive en el futuro con la mitad del alma…”[1], lo cual contiene necesariamente, el anhelo de una vida mejor.

 

Ahora, “la previsión científica puede ser de dos géneros: 1) respecto a los fenómenos desconocidos; y 2) respecto a los fenómenos que aún deben surgir en el futuro si se dan determinadas condiciones”[2].

 

Así, en tanto la previsión científica se constituye como una extensión de las leyes conocidas hacia los fenómenos desconocidos o que aún no han surgido, la previsión científica en geografía supondrá previamente el manejo de un sistema de leyes objetivas.

 

Pero hemos visto a lo largo de este trabajo, que tales leyes no se podrán establecer, sino en la medida de una definición e indagación de un objeto de estudio bien determinado.

 

La geografía de este último quinto del siglo XX, ha iniciado ya ese camino; por ahora sólo habré de referirme al nivel de previsión científica que es posible en geografía, en el terreno de esa definición e indagación misma de su objeto de estudio; y ésta se da en los términos de predecir que en los próximos años, espera a esta disciplina de conocimientos, una revolución científica, en tanto habrá de replantearse en 180º su quehacer científico.  De la vieja geografía de los profesores, sólo quedará el recuerdo de su candor e “inocencia” metodológica.  La Geografía pasará de ser un saber culto, a ser un saber riguroso a la altura de cualquier ciencia natural, al servicio de las necesidades sociales concretas del desarrollo de la producción material[i].

 

Esta predicción se finca en el análisis dialéctico del desenvolvimiento de sus contradicciones fundamentales, a saber, que planteándose hasta ahora el ser una ciencia de las relaciones naturaleza-sociedad, y de ahí su carácter de ciencia de síntesis en tanto un sistema de ciencias; dicha unidad de contrarios no constituye el verdadero motor de su objeto de conocimiento.  Ampliar dicha unidad de contrarios a la fórmula: naturaleza/sociedad-espacio, se aproxima a una solución real, pero que no la alcanza, en tanto en ella se subordina el espacio a las relaciones naturaleza-sociedad como objeto último de estudio.

 

En tanto en esta contradicción se inviertan los opuestos y se interpenetren mutuamente en una solución semejante donde sea el concepto de espacio el que domine como objeto último de conocimiento, la Geografía hallará su saber rigurosamente científico.

 



[1]

[2]

[i] Revisado este trabajo veinticinco años después, se hace obligada una consideración respecto a esta previsión hecha en 1985: en general, ha sido exacta; no hemos tenido que desdecirnos en nada, hace no sólo veinticinco años, sino incluso hace treinta años, ya teníamos la razón; tal viraje, obligado por la fuerza de la verdad objetiva, se puso en marcha “oficial” e institucionalmente desde 1989, luego de los resolutivos del I Seminario sobre las “Tendencias y Perspectivas de la Problemática Profesional y Académica de la Geografía”, efectuado en el Instituto de Geografía, UNAM, en septiembre de este último año.  Hoy es ya de un verdadero candor la metodología ejemplificada en la obra de Leo Waibel, o de los estudios regionalistas al estilo romanticista humboltiano.  Pero, ciertamente, el proceso no está completado; hacia mediados de los años noventa, este planteamiento teórico fue usurpado en el ámbito de la educación normalista al cobijo de la Secretaría de Educación Pública (se omite la fuente verdadera de las ideas, y, embusteramente se hacen pasar a otras fuentes como el origen de dichos planteamientos), y de esta manera, capacitando en ello a los docentes, se mediatiza, distorsionándolo (con perversidad deliberada e ignorancia oscurantista) con un espacio geográfico identificado con el medio geográfico, y de un espacio geográfico conceptuado subjetiva y filosófico-idealistamente, como el “espacio socialmente construido”, o el “espacio humanizado”; como conceptos que hasta 2010 parecen ser los que dominan en la enseñanza de la geografía.  No se ha avanzado, pues, en una teoría científica del espacio geográfico, y esto ha detenido el viraje a medio camino; no se ha completado la inversión de los opuestos (con una idea clara del estudio del espacio terrestre), y más lejos está aún la subsunción del opuesto negado en la contradicción, para alcanzar una Geografía rigurosamente científica y única; pero –reafirmando la predicción, verificada parte de ella ya en la práctica histórico social– el proceso es ineluctable, y sin duda las nuevas generaciones completaran la revolución.

 



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