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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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1 noviembre 2010 1 01 /11 /noviembre /2010 01:01

 Clich--Filosof-a

Ser y Conciencia.  Ensayo, 2007 (1/5)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 01 nov 10.

 

 

Individuo y Sociedad

 

El Ser Humano es por excelencia un ser social.  Pero también hemos dicho, esa es una de por lo menos dos soluciones irreductibles en la opción de posibilidades.

 

La otra posibilidad plantea, por lo contrario, que el Ser Humano es un ser individual (sólo un Adán y una Eva multiplicados miles y millones de veces)

 

Para resolver tal problema se tiene que plantear el asunto de la definición de “Sociedad”: así, la sociedad será ya un agregado de individuos, o bien, un conjunto de relaciones económicas, políticas y morales, históricamente dadas.

 

La definición de que la sociedad es un agregado de individuos, supondrá la preexistencia del individuo a la sociedad; primero existirán los individuos, y en un momento dado, éstos decidirán asociarse integrando la sociedad.  En ese sentido, la sociedad será un agregado de individuos.

 

La definición de que la sociedad es un conjunto de relaciones históricamente dadas, supondrá por su parte, que la sociedad precede al individuo, o dicho de otra manera, que todo individuo nace en sociedad y queda enteramente determinado por ella.

 

Para argumentar la certidumbre del primer caso, tendrá que demostrarse la existencia de ese momento histórico (no mítico e indemostrable), en el cual los individuos vagaban solos y aislados por la faz de la Tierra, y el momento y razones por las cuales decidieron agregarse para integrar la sociedad.

 

Para argumentar la certidumbre del segundo caso, tendrá que demostrarse, por lo contrario, que la existencia del ser humano ha sido tanto más social, hasta la desaparición del individuo mismo, cuanto más nos remontamos en la historia.

 

Y un poco de conocimientos de historia nos permite entender que el argumento de certidumbre que corresponde a la realidad es precisamente el segundo: la existencia del ser humano ha sido tanto más social, hasta la desaparición del individuo mismo, cuanto más nos remontamos en la historia.  Jamás encontramos en la historia el caso en que el ser humano haya nacido suelto y yecto en el mundo.  Simplemente no habría sobrevivido.  La dependencia de unos seres humanos a otros en los orígenes de nuestra especie para garantizar la sobrevivencia de ésta era tal, que la noción de individuo prácticamente no existía.  Todos eran Uno.

 

El proceso ha sido al revez.  El individuo ha venido apareciendo cada vez más como tal, conforme la sociedad ha venido avanzando en la historia.  Ello quiere decir que la noción de “individuo” es inherente a la capacidad de organización social, históricamente dada, para la sobrevivencia de nuestra especie.  El ser humano como individuo, pues, como dijeran Marx y Engels, es un ser social por excelencia.

 

 

Ser y Conciencia

 

Hay un dilema: el Ser es en tanto es su propia conciencia, o la conciencia es en tanto lo que es el Ser.  Desde Parménides hasta Hegel y los idealistas contemporáneos pasando por Platón, San Agustín y Tomás de Aquino, el primer enunciado representaría su posición.  Mas desde Tales de Mileto hasta Marx y los materialistas contemporáneos pasando por Heráclito, los Humanistas e Iluministas, el segundo enunciado constituiría por su parte su posición.

 

Si la conciencia es primero, primero son las ideas, y entre éstas, la Idea Absoluta y suprema: Dios; luego Dios crea el Ser, esto es, el mundo de las cosas materiales, y entre ellas, al ser humano.

 

Si por lo contrario, el Ser es primero, primero es el mundo de las cosas materiales, y entre ellas esa especie evolucionada de la naturaleza que es el ser humano capaz de elaborar ideas, y entre ellas, esa suprema que representa a Dios; luego el ser humano crea a Dios.

 

Y no hay una solución única para las dos proposiciones, ambas son contradictorias y excluyentes entre sí; más aun, dicha contradicción es antagónica, lo cual quiere decir que ante una posición, la otra queda aniquilada; y cada ser humano, en lo más profundo de su intimidad, habrá de optar por una, y en la práctica sólo una, posición.  Dependiendo de ello quedará toda su concepción del mundo; dependiendo de ello quedará toda la consistencia o inconsistencia de sus ideas.

 

La pretendida solución única para ambas posiciones ha sido desarrollada históricamente en el pensamiento filosófico denominado Eclecticismo (de eklego, elijo), que pretende, entre dos posiciones extremas, elegir lo bueno de cada una y elaborar una tercera opción.  El problema en ello, su insuficiencia, está en que: 1) una opción que se forma tomando de lo que aportan otras, no aporta por sí misma, y en consecuencia, va a la zaga, 2) una posición que pretende elegir lo bueno entre otras opciones, se enfrenta al problema del criterio de qué es lo bueno en ellas, y 3) si en su máxima reducción lo bueno en una posición es su propuesta de Dios como una entidad real en un mundo sobrenatural creador de todo cuanto existe, y lo bueno en otra posición es la propuesta contraria, esto es, que Dios no existe como entidad real y no existe mundo sobrenatural alguno, sino que el Ser Humano es el creador de la idea de Dios y por lo tanto Dios no es mas que un concepto; el eclecticista tendría que afirmar al mismo tiempo el absurdo de que Dios existe, pero no existe.  De ahí que, como dijera Engels, la filosofía del eclecticismo, es la peor de todas las filosofías.  Resulta la posición aparentemente cómoda, e ideal para aquel con pereza de pensamiento, y a la vista del que sabe, sólo resultará un ignorante.

 

Si el Ser, el mundo de las cosas materiales, se explica como los resabios de la inmanencia de Dios, Dios no sería al fin, Todo-Perfección.  Si el Ser, por el contrario, es creación divina, algo que no es Dios mismo, sino producto de Él, y por lo tanto, independiente de Dios mismo, entonces el Ser tendrá un propósito, y en consecuencia tendrá que ser explicado el propósito divino del Ser, el propósito del mundo de las cosas materiales.  Pero al hacerlo, se enfrentará el antiguo problema teologal de la predestinación: Dios creó el Ser, bajo condición necesaria, “para algo” (la predestinación), y el ser humano nada tiene que ver en su propio destino; y si Dios no creó el Ser, si el Ser es sólo la libre inmanencia de Dios, los resabios del desboradamiento de Dios mismo; ello hará, finalmente, al ser humano con su propio destino en sus manos, alguien que puede prescindir de Dios en tanto una entidad real en un mundo sobrenatural, para crear el Paraíso en el Reino de la Tierra, siendo él mismo, Dios.

 

El Ser Humano es por excelencia un ser social.  La determinación del Ser por la conciencia; que en el caso del ser humano siempre será la determinación del ser social; implicará la determinación del ser social por la Conciencia Absoluta (Dios, Dios –esa Conciencia Absoluta en la mitología hebrea– crea a los seres humanos a partir de Adán)  En lo opuesto, será el ser social el que determine la conciencia; pero en este caso, la conciencia importante no será la Conciencia Absoluta o Dios, sino lo importante será la determinación de la conciencia social (en todo caso, de ésta como el Logos o “Zeus”), esto es, del Ser Humano que como Dios, toma en sus manos su propio destino.

 

Y es así que –dice Marx– el ser social, determina la conciencia social.  Y de ello generalizamos nosotros en términos de la teoría del humanismo: el Ser Humano-Dios social, determina la conciencia del Ser Humano-Dios social.

 


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